Crónica: Exhorder + Mortal Maze (Valladolid 12/4/2025)

Había ganas de visitar de nuevo la pequeña y coqueta sala Porta Caeli de Valladolid, un lugar donde, desde hace unos años, suelen recalar numerosas bandas dentro de sus giras por la península y, sobre todo, bandas de la escena thrash. Así pudimos disfrutar allí de unas Nervosa cuando eran un trío comandado por Fernanda Lira o unos clásicos como Flotsam & Jetsam, entre otros. En esta ocasión, hicieron su parada en la sala vallisoletana los llamados precursores del groove metal, Exhorder, que venían presentando su último disco y para los que abriría una banda de la escena castellano-leonesa, Mortal Maze, y tuvimos la oportunidad de acercarnos a Valladolid para vivir otra gran noche de thrash metal.

En Porta Caeli cuentan con la ventaja de tener un escenario muy bajito, donde podemos casi fundirnos con las bandas que allí tocan, y eso es un plus que nos retrotrae a otras épocas de mayor cercanía entre público y bandas. De modo que los conciertos se hacen muchísimo más disfrutables, y más, si se cuenta con una parroquia respetuosa, como ha sido esta vez.

Eran las ocho en punto, cuando suenan los primeros acordes de Mortal Maze abrían la noche. En el escenario, guitarra, bajo y voz, todos juntos de cara al batería, de espaldas al público, para dar la vuelta de golpe y mostrar, ya en las primeras notas, que aquello iba a ser energía pura y dura, y así fue. La banda, formada en 2016, cuenta en su haber con una demo y un LP homónimos Mortal Maze (reseña), del que desgranaron un puñado de temas, a toda velocidad, lo que fue una hora escasa de auténtica intensidad. La formación la componen Héctor Velasco, voz y guitarra, Iván Velasco a la batería, Fernando López, bajo y coros, y Diego de la Viuda, guitarra y coros.

Los segovianos eran muy conscientes del papel que les había tocado y no desaprovecharon ni un segundo. Se metieron en un bolsillo, desde el inicio, a la aún exigua audiencia que ya pisaba la sala con temas como “Mortal Maze” y “Ghost” Aunque el sonido de las guitarras no estuvo del todo fino, Héctor fue uno de los responsables de esa conexión con el público. Nada desdeñable su chorro de voz, con cortes rasgados, además de los buenos acompañamientos de Diego y Fernando a los coros, mostrándose toda la banda muy activa y resolutiva para conferir esa velocidad y entusiasmo contagioso.

En “The Eyes Are Cut” se presentan y señalan a la gente conocida que les había acompañado. Acabado este tema, sacan al escenario una caja de botellas de cerveza que van regalando a los asistentes, a modo de introducción de “One More Beer” (ya sabemos que la cerveza forma parte de la identidad de algunas bandas thrashers), y mostrar así también que traían un imán-abridor de botellas con el logo de la banda como parte de sus objetos de venta. Añade Héctor que el primero que se acabe su birra, tendrá detalle en el merch, saltando, a continuación, para tocar entre el, ya más que entregado, público. De vuelta al escenario, continúan con “From Here To The Nothingness” , “Kalypso” y “Social Zombie”, donde el cantante vuelve a tocar y cantar entre el público.

Agradecen los Mortal Maze la invitación a participar en el evento, a los Exhorder, a quienes se dirigen en inglés, aprovechando la presencia de Kyle Thomas en el puesto de merchandising, a los técnicos de sonido y a todos los presentes, que ya coreaban “Mortal” a pleno pulmón. La actuación no acaba aquí. Se despiden los de Segovia con un popurrí de temas de rock & roll clásicos llevados al thrash: Johnny B. Good, Jailhouse Rock, Rock Around The Clock…, colofón que, a posteriori, se comentaba que pudieron haber evitado, dado el buen sabor de boca que habían dejado sus temas propios.

Cambio de logo en la pantalla que sirve de telón de fondo de la sala. Es turno para la banda americana. Exhorder llegaba a Valladolid en la gira de presentación del que es su cuarto LP: Defectum Omnium, editado en 2024, bajo el sello Nuclear Blast. Un álbum un tanto ecléctico, experimental, en el que encontramos no sólo thrash, sino otra amalgama de sonidos desde el sludge, el groove que les caracteriza y hasta hardcore. En la formación actual nos encontramos a Kyle Thomas, voz y guitarra, como único miembro que permanece de la formación original, Sasha Horn, a la batería, Jason Viebrooks, al bajo y Pat O’Brien (ex Cannibal Corpse, entre otros) a la guitarra.

Eran las 21:17 horas cuando la banda de New Orleans ocupa el pequeño escenario de la sala ante la expectación de un público ya un poco más numeroso y heterogéneo en edad, algo que nos sorprendió para bien, teniendo en cuenta que Exhorder no es una banda actual ni mucho menos mainstream. Arrancan con uno de sus temas míticos, el que da título a su álbum más conocido: “Slaughter In The Vatican”. A continuación, viene “Unforgiven”, único tema que rescataron de su álbum “The Law”, mientras Sasha, el inquieto batería, demanda con su baqueta que empiecen los circle pits.

Year Of The Goat” fue el primero de los cuatro temas elegidos de este “Defectum Omnium” que venían a presentar pero que mezclaron, muy acertadamente, con los más emblemáticos de la banda desde sus inicios. Aprovecha aquí Kyle para presentarse y el mosh ya era patente, después tiene unas palabras de agradecimiento para los Mortal Maze, para los que pide “algo de ruido” y presenta el siguiente tema del álbum reciente, recordando la época de pandemia por el COVID y el confinamiento, dedicando el tema a los que nos dejaron. Esto es “The Tale Of Unsound Minds”.

Death in Vain”, otro clásico del «Slaughter«, genera otra oleada de pogos energéticos y frenéticos, al ritmo de los impíos riffs del señor O’Brien. Un nuevo paréntesis de Kyle Thomas recordando que era sábado y preguntando si alguien tenía que trabajar al día siguiente. Nos habla de la rutina: levantarse, ir al colegio o ir a trabajar, volver a casa, levantarse al día siguiente y así una y otra vez, pero “hoy el tiempo es nuestro”, “My Time”, único tema que tocan delMourn The Southern Skies”, donde Jason Viebrooks cambia su bajo y donde Pat O’Brien vuelve a mostrarse impertérrito, sin dar pie a concesiones.

Esta vez sin perder un segundo, suena “Forever And Beyond Despair”. A partir de aquí, la noche ya estaba más que caldeada y las caras de satisfacción y entrega eran notorias. Cae la versión de los Black Sabbath, que suelen incluir en sus directos: “Into The Void”. Como comentaba antes, daba gusto ver a un buen puñado de jovencitos, totalmente entregados, como si hubiésemos vuelto a finales de los 80. Suena “Divide And Conquer”, último tema que presentan de su reciente disco, con amago de wall of death.

No eran aún las diez y veinte de la noche y Kyle Thomas comienza a despedirse, no sin antes recordar que la banda ya tiene su trayectoria y que todo comenzó allá por 1986, suena “Exhorder”, la gente corea el nombre de tema y banda y los músicos aceleran. El espectáculo se cierra definitivamente con “Desecrator”, un tema más que significativo del sonido groove metal (a los presentes nos vino, de inmediato, Pantera a la cabeza) y con un “Valladolid, We F*** Love You. We Are Exhorder” se despiden, siendo las 22:32 horas.

El concierto se nos antojó un poco escaso pero con una intensidad que no veíamos desde hacía tiempo. Exhorder son maquinaria pesada, gozaron de un sonido muy bueno desde el principio hasta el final de su actuación, dejando bien patente su calidad técnica. Agradecer, una vez más a Heavy Metal Brigade por dejarme firmar esta crónica, a los colegas asturianos, cántabros y pucelanos que allí nos encontramos. Muchas gracias M.A.M. por la cesión de las fotos y nos vemos en el siguiente.

Texto: Erundina Artidiello
Fotos Móvil: M.A.M.

Reseña: Aneuma «Flesh & Bone» (Art Gates Records 2025)

Siempre digo que en este negocio solo se trata de seguir el curso natural de las cosas. Tras un segundo disco que marcó un paso adelante con respecto al debut, después de proclamarse subcampeones de toda una W.O.A. Metal Battle y ver cómo llamaban atención de un sello como Art Gates Records, era por fin el turno de confirmar la progresión ascendente con un tercer trabajo. Y lo han hecho Laura (voz) Borja y Abel (guitarras), Jorge Fernández (batería) y (para esta ocasión) Fernando Pérez (bajo) confiando una vez más en los Breakdown Studios de Nefta Vázquez donde ya trajeran al mundo sus dos primeros álbumes. La presión, intuye uno, no habrá sido pequeña. Veamos qué tal han resuelto la difícil papeleta.

Light The Torch Of Strength” presentó “Flesh & Bone” en sociedad mientras dejaba claras muchas de las líneas maestras de este tercer trabajo. La primera que salta al oído es ese bajo ahora tan predominante en la mezcla. De manera muy marcada en estrofas, de hecho. Otra es la labor de un Jorge Fernández tras parches infligiendo más nervio y pegada, algún blast beat incluso, al que es (a día de hoy) uno de los cortes más vibrantes, por veloces, en la historia del quinteto. El resto de la receta es bien conocida por su creciente fanbase: la voz rota de Laura Alfonso, la profunda carga melódica que proporcionan las guitarras de Abel & Borja, el clasicismo que abrazan casi a cada acorde… Rematan con un estupendo solo en su parte final y aunque siento que, en términos de composición y estructuras no es el corte más avanzado del disco, se las arregla para resultar, más que un arranque, casi que una llamada de atención sobre sus intenciones.

El prólogo de “Tear Down The Walls” parece querer seguir donde lo dejara aquella “Circles Of Fire” del anterior “Venom”. Un riff pleno de gancho que cederá protagonismo a unos Aneuma ahora menos nerviosos pero algo más retorcidos. De nuevo, y en esto no iban a fallar, todo el entramado melódico de la composición brilla a la altura. Me gusta esa línea de batería y la forma en que empasta todas las intensidades de esta segunda entrega. Sin florituras de cara a la galería, precisa, elegante incluso. En el debe no dejo de echar en falta un bajo que crepite del modo en que lo hacía en “Light The Torch Of Strength”. Pero en el haber están el buen solo que adorna el tramo final. Bien construido desde esas melodías iniciales y más hábil de lo que intuí en primeras pasadas al disco. Laura traza una buena línea de voz aquí. Sin salirse de su hosco registro habitual pero logrando sonar realmente amenazante en alguno de lo versos. Aquél riff del prólogo regresará para el epílogo y la sensación que me queda como oyente es la de que estamos ante unos Aneuma cada vez más maduros y seguros de sí mismos.

Return From The Land Of The Dead” enfanga un punto más el sonido de los asturianos. Un tercer corte en el que la banda abraza una pesadez que me recuerda a ciertos momentos de aquél “Climax” con el que debutaran en 2022. Relativamente breve, quizá de modo inconsciente asimile ese avanzar tan a medio gas a cortes de mayor duración, lo que no quita para que todo el entramado guitarrero que ofrecen los dos Suárez aquí me resulte más que notable. Aprecio que el bajo de Fernando Pérez vuelva a crujir como hiciera en el corte inicial. También el modo en que Laura se desgañita a lo largo de los estribillos. Pero cuando llega ese cambio de ritmo de la parte final y Abel contrapone su registro al de Laura, siento que la composición bien merecía un epílogo algo más extenso.

Sea como fuere, el tracklist ofrece ahora “Overcome”, corte más extenso del álbum y, desde ya, uno de las composiciones más libres, retorcidas y me atrevería a decir que ambiciosas en la aún corta trayectoria de Aneuma. Todo parte desde un inicio poco menos que vibrante, con la base rítmica y ambas guitarras jugando a encontrarse sobre un trazo de lo más ambivalente. Luego llegan las estrofas y Jorge Fernández vuelve a brillar mientras empasta este trazo casi laberíntico. Será el corte que más escuchas exija al oyente, como puede deducirse de su mayor duración. Pero entre guiños a la escuela nórdica y ciertos detalles que me recuerdan a los Machine Head de la era Phil Demmel, la banda ha trazado un corte que, no obstante, alcanza su particular clímax abrazando el mayor clasicismo de la muy elegante sección solista. Dentro de “Flesh & Bone” caben entregas con más gancho pero ninguno marca la medida de las ambiciones de la banda del modo en que lo hace “Overcome”.

Con “Hear Me Now” regresa una mayor pesadez. También la que puede ser la interpretación más desgarrada de Laura Alfonso hasta ahora. Abel contrapone su registro y entre ambos construyen unas líneas de voz en la más pura tradición del quinteto. Un funcional ejercicio de equilibrismo entre los Aneuma más pesados y los más melódicos. Sin ni mucho menos alcanzar las fronteras del doom pero, qué duda cabe, dando algún que otro paso en esa dirección. Lo que me sorprende aquí es la construcción de su sección solista. Clásica pero juguetona, contrapuesta a todas cuantas uno encuentra a lo largo de este tercer trabajo.

Así las cosas, los Aneuma de “Under The Spell” resultan mucho más reconocibles, aún cuando puede ser esta la composición más marcadamente melódica de las ocho. El corte pierde la mayor vibración del prólogo para acometer un ligero cambio de ritmo por el que se colará una encarnación más melancólica, me atrevería a decir que inédita en toda su discografía, y que siempre me recuerda a bandas como Sentenced, Lake Of Tears, To/Die/For, etcétera. Los solos se avienen sobre un ritmo más vivo para después desembocar en los Aneuma más clásicos del comienzo. En muchos aspectos otro los cortes con más personalidad del disco y una muestra más del cada vez más amplio imaginario que manejan.

De hecho es que “Flesh & Bone” ofrece un avanzar casi marcial en no pocos momentos. Que sin llegar a contornos que tengan nada que ver con el industrial, sí que en esos engarces entre estrofas se siente un poso casi maquinal. Lo que me agrada en cualquier caso es que la banda los aborda sin por ello dejar de sonar profundamente orgánicos. Aquí no hay aditivos de ningún tipo que disfracen lo que no deja de ser un corte tan leal a su sonido en forma como transgresor en su fondo.

El cierre corresponde al corte más fugaz del álbum, un “Violet” de poso mucho más clásico en el que reside uno de los mejores binomios guitarra y voz de todo “Flesh & Bone”. Lastrada en parte por lo escueto de su duración, esos poco más de tres minutos, no me parece en ningún caso un corte desdeñable. En especial cuando la composición acoge el mayor nervio de su tramo final apoyada con firmeza por el doble bombo de Jorge Fernández. Correcta. Ni me engancha ni me disgusta.

Si bien aún pienso que el mejor disco de la banda está por llegar, este “Flesh & Bone” desde luego confirma la progresión ascendente que en su día marcara “Venom”. A grandes rasgos porque supone una ampliación de su rango de influencias. Es lo primero que llamó mi atención tras las primeras escuchas del disco. “F&B” va desde el puro nervio del tema apertura a vibrar cerca del goth en ”Under The Spell” o atreverse a probar el avanzar casi marcial del tema título. Y lo hace sin abandonar nunca esa organicidad que les ha caracterizado desde el primer disco. La música de Aneuma, hasta que ellos mismos no demuestren lo contrario, se maneja dentro de unos márgenes absolutamente sinceros. Nada resulta artificial en sus álbumes y este primero para Art Gates Records desde luego no es la excepción. Si además entregan algo como “Overcome”, quizá su composición más completa y ambiciosa hasta la fecha, el camino a seguir parece más que despejado para ellos. Seremos testigos.

Texto: David Naves

Reseña: Barbarian Swords «Fetid» (Base Record Production 2024)

Fetid” es el quinto largo para los black doom con base en Barcelona Barbarian Swords: Panzer en bajo, teclados y guitarras, Steamroller también en guitarras y Von Pax en voces. Con el Onirophagus Uretra a cargo de las baterías, fue Javi Bastard el encargado de llevar a buen puerto, Moontower Studios mediante, los seis cortes que componen este nuevo trabajo. Adornado por el arte de Juanjo Castellano (Æolian, VoidCeremony, Obscure Infinity, Paganizer, The Black Dahlia Murder…) lleva en circulación desde abril del pasado año vía Base Record Production.

Inaugura “Cherokee Firestorm”, que fuera además carta de presentación del largo, y pronto Barbarian Swords ofrecen un metal de pulsos lentos para un black doom muy orgánico, con una producción y mezcla que saben de sobra el tipo de material que tienen entre manos. Sorprende el fuerte pulso atmosférico que emana de ciertas melodías y la forma en que se contraponen al sólido riff de las estrofas. Uretra dibuja asimismo una redonda línea de batería a través de esas partes más ligeras. La mayor pesadez del tronco central entrega una fantástica labor en cuanto a construcción de riffs y melodías. Son estos los Barbarian Swords más sinfónicos, trazando un largo epílogo tan fangoso como alucinado para un buen arranque.

Six Feet Of Justice”, que habrá de irse hasta los ocho minutos, continúa inmersa en esos pulsos lentos, por momentos casi aletargados, donde el nombre de Skitliv acude raudo a mi subconsciente. Hay una forma de atacar sus líneas de voz tremendamente visceral por parte de Von Pax en estas estrofas. Su registro declama casi con desesperación y desde luego con crudeza. Las guitarras insisten en esos tonos casi atmosféricos para un contrapunto hábil del que emanan los mejores Barbarian Swords. Esas guitarras casi grandilocuentes habrán de consolidarse en un tronco central donde los catalanes ofrecen su mejor cara. El largo epílogo gana en nervio y, riff mediante, emerge un cierto aire a los Celtic Frost más pesados. Uretra entrega otra buena línea de batería en esta parte final, construyendo uno de mis trazos favoritos de todo el largo.

Sorprende “Tancredus, Smash!!” con la fuerte presencia de teclas en su prólogo. La de My Dying Bride es una de las influencias que vienen citadas de manera explícita en la información que nos adjunta el sello y, desde luego, es un nombre que acude a mi subconsciente con cada nueva escucha. Son estos unos Barbarian Swords, claro, en su versión más doom. Orgullosamente negativistas, emana de este arranque una luz negra que engulle todo aquello que toca. Panzer y Steamroller construyen riffs cual monolitos, firmes, pétreos, casi monocordes, mientras el corte transita hacia la más pura desesperanza. Su tramo final, igualmente desasosegante, parece construido a prueba de pusilánimes. Von Pax entrega una línea de voz de lo más visceral y solo el mayor brillo que irrumpe al final se antepone a la negrura. Pese a que pueda acusar una mayor simpleza que sus compañeras de tracklist, o quizá precisamente por ello, una de las construcciones más sólidas de este último largo.

Genocidal Theogony” arremete ahora con un prólogo elegante, casi distinguido. La banda muta de nuevo en su versión más abiertamente atmosférica y por ahí el corte lucha por encontrar su propia identidad dentro del álbum. Hay arreglos y ambientes en tonos teñidos de una cuidada épica, contrapuestos a estrofas que nada tendrían que envidiar a Skepticism, Shape Of Despair o Evoken. Pero si por algo me atrae esta cuarta entrega es por ese tronco central de ambientes enrarecidos y al que remata un solo de guitarra tan tímido como alucinado. Y huelga decirlo, estupenda mezcla del Balmog Javi Bastard. En especial durante los momentos con mayor presencia de arreglos. El suyo es un nombre que cada vez suena con más fuerza dentro de nuestro underground y no resulta difícil entender los motivos.

Esa mayor carga atmosférica vuelve a darse cita aquí. Alimenta el buen prólogo de una “Even Brave Men Fear Death” que a ratos parece construida en resumen del propio álbum que la alberga. Porque hay presencia de los Barbarian Swords más sinfónicos, teñida de su habitual desesperanza, pero también lugar para un buen trabajo en cuanto a melodías de guitarra. Las que irrumpen aquí tienen un ADN que llega a lindar con el funeral doom. La mayor ligereza de su tronco central no omite al Von Pax más gritón y cerril, construyendo diría que por pura colisión otro de los momentos más llamativos de todo el redondo. El epílogo, con esa fuerte presencia de teclas primero y buenos riffs después, es fantástico.

Tirando de tópicos, puede ser el de “Not Even Light” el riff más rompecuellos de todo el álbum. Al menos el que Panzer y Steamroller trazan durante el prólogo. Como corte más extenso de los seis y haciendo uso de un tópico más: Barbarian Swords parecen haber echado el resto aquí. La construcción de las primeras estrofas es, cuanto menos, llamativa. Enfrenta esos riffs tan marcados a un Von Pax de nuevo cerril e inmisericorde, para terminar por enlazarse en una fusión medida al milímetro. Toda vez el corte supera esas primeras estrofas, emergen buenas melodías de guitarra, solidarias a una cuidada línea de batería. A modo de anticipo del largo epílogo, emerge un desquiciado solo de guitarra. Y durante ese tramo final, igualmente enfermizo, un cierto deje a la pura improvisación rompiendo la propia tónica del álbum y rematando con un halo de extrañeza este “Fetid”.

Monumento al nihilismo y la negatividad. Barbarian Swords, junto con el batería Uretra, trazan seis cortes orgullosamente oscuros y de los que apenas emana luz a tímidos destellos. La producción y mezcla de Javi Bastard remata con sumo cuidado y mejor equilibrio mientras Von Pax se desgañita a placer para gozo de quienes disfrutan con el metal extremo en su encarnación más negativista. Se puede acusar al combo catalán de cierta repetición de esquemas en ciertos momentos pero nunca de que hayan afrontado este envite sin convicción. Al contrario. Bienaventurados pues quienes se enfrenten a este “Fetid” pues así podrán decir que han vislumbrado el universo teñido por un rayo de luz negra.

Texto: David Naves

Reseña: Ornamentos Del Miedo «Escapando A Través De La Tierra» (Meuse Music Records 2024)

Vuelta al redil del ex Mass Burial Ángel Chicote y su proyecto de funeral doom atmosférico Ornamentos Del Miedo, apenas un año después de su anterior obra “El Cosmos Me Observa En Silencio”. Estrenado en marzo del pasado año, “Escapando A Través De La Tierra” traía de nuevo a la actualidad a esta one man band con base en Burgos a través de seis cortes grabados allá por noviembre de 2022, mezclados y masterizados posteriormente en Sinergia y puestos en circulación, en tirada limitada a doscientas copias, a través del sello belga Meuse Music Records.

Flores Muertas” trae consigo un prólogo que destapa la cara más tensa del proyecto. Rompe, e inaugura el festín de riffs, con un sonido nunca sobresaliente pero sí lo suficientemente bien construido para que las carencias a este respecto sean las mínimas. La lista de influencias entrega nombres como Esoteric, Thergothon, Evoken o los más cercanos Evadne. Hay un buen equilibrio entre las diversas líneas presentes en la mezcla, si bien la que mas capta mi atención es la que Chicote dibuja con su seis cuerdas. Contrasta con el mayor peso que otorga a los teclados en su parte central, que redunda en un mayor protagonismo de su cara más atmosférica. El desesperado final, anticipo de la propia desolación que desprende el álbum, atenaza y engulle toda luz circundante. Un arranque con el que conecto de muy buena gana…

… pero entiendo que lo extenso de las composiciones se le pueda atragantar a más de uno. En cualquier caso, “Cielos Púrpuras” reincide en esa senda del doom más ceremonial, revestido una vez de una poderosa carga atmosférica, y que entrega aquí uno de mis riffs favoritos de todo el álbum. Hay además una mayor diversidad en cuanto a cambios de ritmo y estructuras. Siempre sin alardes de cara a la galería ni pasos fuera de las férreas lindes del género. La voz de Chicote, rota a la vez que lejana, declama esta lírica con toda gravedad y pesadumbre. Y mientras que el tránsito hacia el tronco central de la composición otorga una mayor preponderancia a la faceta más puramente ornamental del proyecto, de camino al epílogo ejerce el debido contraste a través el mayor protagonismo que cobran los distintos solos y melodías de guitarra. En cierto modo más atrevida y ágil que su predecesora, de la que recoge su mismo espíritu al tiempo que diversifica la forma de llevarlo adelante.

Aún con una duración de ocho minutos, “Pozo Infecto” es la oferta más rácana de todo el tracklist. En cierto modo, y sin tampoco resultar idéntica, me recuerda al típico corte más radio friendly (es un decir) que habita en según qué álbumes de los daneses Saturnus: “The Calling” de “The Storm Within”, “A Father’s Providence” de “Saturn In Ascension”. No tanto por los parecidos que pudiera haber entre unos y otros como por la forma en que ejercen de parapeto ante la mayor negrura que los circunda. Ahonda en esa idea el hecho de portar la lírica menos sentimental y más crítica de las seis que atraviesan “Escapando A Través De La Tierra”.

Fragmentos De Espejos Rotos” retorna a la senda firmemente marcada por los dos primeros cortes del disco. Tanto por duración, superando holgadamente la decena de minutos, como por esa desesperación nada impostada que emerge desde cada rincón. Viene apoyada por un riff algo ajeno, donde creo percibir ecos de bandas de black depresivo como pudieran ser los desaparecidos Sterbend, Drowning The Light o incluso Austere. Chicote logra por ahí que esta cuarta entrega adopte una personalidad más marcada, que hace mucho por desligar a la composición de otras producciones del género. Lastrada en parte por una sucesión de riffs algo distraídos durante su parte central, me agrada más por su contraste con el resto de entregas que por los propios méritos de la canción en sí.

La homónima “Escapando A Través De La Tierra” emergerá desde las fuentes mismas de la desolación a través de un prólogo atmosférico del que surge un riff que devuelve las tornas con las que Ángel Chicote construyó el arranque del álbum. Ese incofundible doom agónico y proverbial. Desgarrado a la par que grandilocuente, coronado por mi lírica favorita de todo el tracklist:

Escapando a través de la tierra solo eres un alma con un cadáver a cuestas

Conforme avanza, tensa a la vez que tenue, irrumpen una serie de riffs a través de los cuales parece irrumpir algo más de luz. Alimentan una faceta más melódica de esta one man band, proyectando inesperada vida allí donde solo habían muerte y cenizas. Así, lo que empezó como un corte más y gracias al buen trabajo de Ángel en composición, se posiciona como uno de los más interesantes y llamativos del trabajo al que da su nombre. Al menos en opinión del abajo firmante.

Donde La Línea Termina” hace mucho por entregar la cara más abiertamente alucinada de Ornamentos Del Miedo. Se intuye tras su prólogo y retorna antes de las estrofas, dibujando pasajes entre lo ignoto y lo amenazante. Turbio y oscuro, Chicote traza no obstante unas líneas de voz en la más pura tradición del género. El contraste de estas con lo alucinado de muchos riffs, de algunas estructuras incluso, choca a su vez con un tronco central mucho más genérico, se podría decir que característico, donde no cabe rastro de la acusada demencia que dominara el tercio inicial de la canción. Un clasicismo que vendrá a adueñarse del epílogo de forma orgullosa. Este cuarto de hora largo termina convertido así en un viaje que parte desde lo alucinatorio, transita por la calma y llega al final sumido en la más pura desesperación. Estupenda.

Leía hace unos días una crítica de Eugenio Fuentes sobre ”Baumgartner”, la más reciente novela del Premio Príncipe de Asturias Paul Auster, titulada “quebrantos al borde del abismo” y por esas casualidades que tienen la vida y el arte, me parece una expresión igualmente capaz a la hora de resumir el último trabajo de Ornamentos Del Miedo y/o Ángel Chicote. Funeral doom a un tiempo clásico, al otro atrevido, sumergido en las profundidades para extraer de ellas los aspectos más oscuros de la psique humana. Recomendable para fans del género en particular y amigos de la negrura en general.

Texto: David Naves

Reseña: Automatic Kafka «Immortal» (Tunguska Media Factory 2025)

Segundo álbum y muchas novedades para la gente de Automatic Kafka. La que primero salta al oído es la del nuevo vocalista Dolfo Alligator (Black Coffee, Electric Alligators, Half Black…) pero también en baterías con la entrada de Leo Duarte (Alquimia, Last Days Of Eden…) y la segunda guitarra de Jota (Daédrica, Oxidixe). Completan la actual alineación Dann Margo al bajo y Broonko Lee en guitarras, éste último encargado además de producir el álbum junto a Rebor y Julio Camba. Masterizado nada menos que por Barry Sage (The Rolling Stones, Madness o Pet Shop Boys…), “Immortal” será presentado el próximo 29 de marzo en Mieres.

Crazy Horse” supone un arranque vivaracho, de rock mestizo y buenas melodías, que de inmediato parte peras con aquél debut de 2020. En parte por el agudo registro de Dolfo, que viene a contrastar con el más alternativo y soundgardenesco que Fab Martorano dispusiera para el debut. También por una producción que posa ahora sus miras en un rock de regusto más setentero. Aquí me gusta la forma en que encaran las estrofas. El estribillo llega no obstante más apaciguado, bien remarcado por el bajo de Margo. Me gustan los juegos entre ambas guitarras del puente y los detalles de Duarte ahí. El solo acude no sin que la producción introduzca los tímidos arreglos de Pablo Canalís, a tono con el propio aspecto lírico de la composición. Me agrada.

Immortal (Kiddo)”, por el icónico personaje de Uma Thurman en el díptico Tarantiniano “Kill Bill”, parte de uno de una de las estrofas mas curiosas del álbum. Duarte traza una curiosa línea de batería y la banda sigue enfrascada en ese rock aseado y de regusto clásico y aseado. Dolfo parece muy cómodo en estos estribillos agudos y con gancho. Me llama la atención ese puente central, tranquilo y un tanto alucinado. Sensación que se ve incrementada por esos susurros que acompañan al solo. Que hablando de tal, habría aceptado de buena gana uno un tanto más ambicioso. La banda se desquita no obstante durante el epílogo, con la mezcla equilibrando cada línea a la perfección.

Quizá sea “Doc” la que más me recuerda a “Metamorphosis”, el debut de los asturianos. En parte por el riff que Broonko y Jota disponen aquí. También por un Dolfo menos agudo durante las primeras estrofas. Es en estribillos que la composición adquiere un mayor vigor y la banda parece retornar así a contornos más clásicos, encauzando hacia el espíritu que domina en gran medida a este “Immortal”. Estupendo el solo que surge en el tronco mismo de la composición y una discreta pero más que efectiva labor de Duarte bajo él. Tal vez la que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

De los ocho cortes de este segundo trabajo “Resistance” puede ser fácilmente el más exógeno de todos. De nuevo abrazado a un espíritu que parece conectar con “Metamorphosis”, sorprende con los coros que acompañan a Dolfo durante estrofas. Lastrada en parte por lo rácano de su duración, supone un cierto ejercicio de equilibrismo entre el clasicismo que emana de los riffs y algunos tonos no tan altos por parte de Dolfo. Aunque rematada por un curioso solo en su parte final, siento que me deja con ganas de más.

The Taster”, en memoria de la leyenda Bon Scott, repta más que avanzar por un rock cadencioso y lleno de feeling. Dolfo, una vez más, parece de lo más cómodo a lo largo de las sinuosas estrofas. También cuando la intensidad sube de camino a los estribillos. Algún cambio de ritmo puede resultar algo brusco dentro de la naturalidad con la que fluyen estas composiciones. Pero en esa construcción ambivalente, pienso, reside gran parte de su encanto. Con la base rítmica de Margo y Duarte brillando por igual en ambos registros, al final este homenaje a la desaparecida leyenda de los igualmente legendarios AC/DC se revela como uno de los grandes hallazgos de este segundo trabajo.

Audio Garden” tiende un puente entre la cara más alternativa de la banda y unas influencias que parecen emanar del blues más casual. Dolfo atempera su registro en estrofas y, por ahí sí que surge un cierto paralelismo con Martorano. La nueva voz de los Kafka teje aquí su interpretación más diversa, ampliando su gama de registros y, por ahí, beneficiando a uno de los cortes con mayor personalidad de “Immortal”. El solo y la forma en que ambas guitarras juegan a encontrarse ahí, me parece fantástico.

El prólogo de “Burn” puede ser lo más cerca que esta banda ha estado nunca del heavy metal más primario y seminal. Otra composición ambivalente, a un tiempo algo extraña, al otro clásica y funcional. Mención especial al buen trabajo de Duarte tras los parches, unificando esta escritura un tanto retorcida con suma clase. Las guitarras vuelven a doblarse camino de un cierre en el cual emergerán los Kafka más alegres y vivarachos. Breve, poco más de tres minutos y medio, pero creo que otra de las grandes sorpresas de este segundo trabajo.

La final “The Red” ahonda en esa vena más vivaracha, mostrando ahora un músculo más marcado y detalles en la interpretación de Dolfo que, de nuevo, retrotraen al debut de 2020. La banda parece abrochar así pasado y presente en un corte final por el que vuelven a colarse pequeños guiños metálicos (esos coros previos al puente) y que funciona a la hora de mostrar la cara más intensa del quinteto sin que ellos signifique traicionar sus líneas maestras. Poderoso final.

Immortal” supone todo un viaje. Para nada “Metamorphosis” era un álbum monótono y lineal pero sí que para este segundo trabajo la banda parece haber ampliado su margen de maniobra. La paleta de colores kafkiana se asoma por igual al rock de los setenta que al heavy metal más primario sin abandonar los dejes más alternativos que alimentaron al debut. De resultas de esa mezcolanza surge una banda diferente, aparentemente más versátil y capaz, más ambiciosa incluso, que es lo que se debería de pedir siempre a un segundo disco. Máxime si ha habido alteraciones en el line up, como ha sido el caso. Ya solo queda ver qué tal funcionan estas nuevas composiciones en vivo. Nos vemos el próximo sábado 29 en el Mieres Centru Cultural.

Texto: David Naves

Reseña: Fran Tejado «Everest» (Autoproducción 2025)

En nuestro empeño por escudriñar todo cuanto la vieja Asturias tiene para ofrecernos, hoy nos iremos un poco por las ramas. “Everest” supone el debut en solitario de Fran Tejado, que fuera integrante de Human o Inntermezzo, y que se ha acompañado para esta ocasión de las percusiones de Imanol Castela (Monasthyr, Rivendel Lords) y las guitarras de Jesús Barreiro. Con producción y mezcla de Álvaro Cocina (Eden, Inntermezzo, Nuevecondiez), seis son los temas que componen este Ep:

Un Día” emerge desde la bruma para después revelar una intro sintetizada que me recuerda (y no poco) a los siempre interesantes doomies ucraniaos Kauan. Un corte sin embargo que parece beber tanto del rock alternativo y atmosférico de unos Klone o el metal de los Sôber más elegantes. Incluso el post-rock a lo Explosions In The Sky. Me gusta la forma en que Tejado amolda su registro a lo largo de la composición. También el modo en que esta se va elevando conforme camina hasta el desatado epílogo. Antes de ese final Barreiro ha dispuesto un brevísimo solo de guitarra, abrochando en cualquier caso un estupendo comienzo de Ep.

Se filtra la voz de Tejado en el prólogo de esta “Aún Respiro”, que ahonda ahora en una vena más desnuda y acústica. Aquí destaca la notable producción de la que goza el Ep. Emerge, junto a la voz de Fran, una más que cuidada línea de bajo. Medio tiempo, balada si así lo queréis, de trazo tan ambivalente como clásico. Interpretada con mimo, si acaso echo en falta un solo de guitarra algo más ambicioso que termine de rematar este epílogo.

Bailemos (Everest Version)” remoza su encarnación original, mejorando la producción y sonido de aquella versión más primaria para así dar la verdadera medida de su propio potencial. Y es que, en muchos sentidos, puede ser esta la entrega más equilibrada del Ep. Un inicio tranquilo, aunque de baterías ágiles, que adquirirá un mayor peso conforme se acerque a estribillos y luzca incluso un buen solo de guitarra en su tronco central. De nuevo muy cuidada en lo que a composición se refiere y dueña de un más que interesante juego tonal. Guiños post-rock inclusive. Estupenda.

¡Que Se Callen!” retrata ahora al Tejado más calmado y acústico, pisando un terreno cercano al del primer cantautor que se os venga a la cabeza. Pero aún ahí, y particularmente por los propios arreglos de la composición, queda impresa la propia personalidad del compositor asturiano. Nada parece superfluo aquí. Por eso cuando se deja oír la voz de Pablo Iglesias, ex secretario general de Podemos, en un fugaz sample, no alcanzo a entender del todo su idoneidad. En cualquier caso, un canto a la libertad llamativo de tanto en cuanto se produce desde la más pura calma.

El Peor Retrato”, composición más breve de las seis, continúa por esa vena más desnuda de distorsión, una vez más acompañada por otra fina línea de bajo. También por leves arreglos y guitarras. Fran aporta un cierto desgarro a su interpretación ahora, que viene a contrastar con la tranquilidad que le rodea. Otro tanto se podría decir del solo de guitarra que emerge en la parte final. De los temas tranquilos del Ep fácilmente mi favorito.

Humo” parece flirtear incluso con el flamenco más leve de un modo que me recuerda, aunque sea de manera vaga, a Manolo García. Quizá sea por esas palmas de las primeras estrofas. Tejado parece muy cómodo a lo largo de esta línea vocal, ayudado en estribillos por una cuidada línea de piano. Hay solos acústicos y eléctricos, una mayor pegada final que me siempre me recuerda a unos Anathema del (fenomenal) “Weather Systems” y un epílogo de lo más cuidado y reposado conformando un buen final.

Un EP que transcurre desde el cierto nervio inicial a la calma y la introspección del final, con “¡Que Se Callen!” ejerciendo de pinza entre ambos espíritus. Muchas son las influencias que me sobrevuelan cada vez que acudo al play. Otras tantas las del propio Tejado que no alcanzo a vislumbrar por falta de referentes. En cualquier caso un viaje de lo más personal para un Ep que ha ido ganando su peso tras el correr de las escuchas, con especial hincapié en temas como “Bailemos” o “Un Día”. Bien merece que le dediquéis un par de escuchas o tres.

Texto: David Naves

Reseña: Patxi Luque «Love & Hate» (Autoproducción 2025)

Debut en el largo para el guitarrista guipuzcoano Patxi Luque, quien condensa todo su ideario musical en estas diez composiciones con el heavy metal como punto de partida. En comandita con Pedro J. Monje (guitarras rítmicas, baterías, bajos, sintes y arreglos), Alejandro Espinosa (teclados en “Welcome To The Real World”) y Eneko Sagastume, Iban Herzog, Iñaki Munita, Óscar Rodríguez y Mikel Feijoo (coros), este “Love & Hate” que el propio guitarrista se encargó de producir, ha contado con grabación, mezcla y masterización del propio Monge junto a Aitor Ruiz en los Chromacity Studios. Con diseño gráfico de Jan Yrlund (Dark Grove Design), está siendo distribuido a nivel nacional e internacional por SteelOnSteel Distro, distribuidora de Pako Mate.

Atruena la tormenta a modo de bienvenida. “Welcome To The Real World” propone una tranquila intro sintética que la guitarra de Luque se encarga de quebrar en pedazos. Su habilidad con las seis cuerdas inunda un cuidado prólogo y, por ahí, el disco no podría irrumpir con mayor elegancia. Tras esa calma inicial surge todo el espectro metálico de Luque, envuelto en un medio tiempo que, no pocas veces, me recuerda a mis paisanos de Bestia Negra. Larga instrumental para dar la bienvenida un poco a la contra de lo usual en este tipo de álbumes. El bajo crepita bajo una cuidada selección de riffs y Luque rompe camino del final con un llamativo duelo solista para después finiquitar allí donde empezó. Una más que curiosa primera entrega.

Otro riff con gancho, y esta será una tónica durante todo el álbum, es el de “Dejadme Respirar”. Surge aquí el Luque más heavy. Por la velocidad de las baterías primero y la irrupción de su registro después. El músico guipuzcoano aporta una voz aquí que, a ratos, me recuerda al Mille Petrozza de la última etapa de Kreator. Y pienso que ese registro casa muy bien con el tipo de metal vibrante que propone aquí. Algo rácana en lo que al reloj se refiere, tres minutos y medio, se guarda el solo para un epílogo donde éste se funde con los coros. Un tramo final que, siento, bien merecía algo más de desarrollo…

… pero para ello ya están cortes como este “Rollercoaster” que habrá de irse más allá de los seis minutos. Construida desde otro buen riff en su prólogo y adornada por buenos guitarrazos de Luque en el camino hacia las estrofas, puede pasar por una de las composiciones más redondas de todo “Love & Hate”. Patxi pasa aquí al inglés y, particularmente en estrofas, resulta difícil no recordar a los Vhäldemar del propio Monge. Me gustan esas melodías que sitúa bajo el estribillo, también el buen solo que introduce en el corazón mismo de la canción. Se gusta el músico vasco, y hace bien, en una sección final que irrumpe calma para después adquirir un mayor peso. Mucha clase de Luque aquí.

Siempre Estaré Aquí”, encargada de presentar el disco en sociedad, parte de un metal ahora un tanto más amable y melódico. Un riff sin mayores complicaciones para un corte que parece buscar en todo momento la conexión con el oyente. Luque varía su registro ahora hacia tesituras más limpias, procurando una línea de voz más tendida. Hay algo en estas estrofas que me recuerda a (los siempre infravalorados) Leize. Esta versión ahora mas melódica no quita para que Luque introduzca otro cuidado y eficaz solo de guitarra. Si bien hay alguna estrofa cuya propia construcción me chirría a ratos, un corte más que digno a la hora de amplificar el rango tonal del álbum.

De nuevo instrumental, esta “Love & Hate” que da nombre al debut sirve ahora a un Luque más ampuloso y adornado. Buenos detalles de la producción de Monge aquí, quien de todos modos procura no opacar al guipuzcoano con ese gran andamiaje arreglístico. Patxi Luque por su parte se desquita con algunos solos bien pensados y mejor ejecutados. Nunca demasiado complacientes o fuera de su propio discurso. Entendiendo perfectamente el corte que tiene entre manos y sabiendo operar en favor de éste y no al revés. Será en su tronco central cuando las baterías se aceleren y Luque obre en consecuencia. Pero incluso ahí pienso que el músico vasco ha sabido medir muy bien sus esfuerzos. Estupenda.

Ya de primeras “Hey Crew” parece resultar algo más aventurada y atrevida. Sobre un heavy metal muy 80’s ensambla curiosos coros y un solear que, en este tramo inicial, no me podría recordar más al bueno de Joe Satriani. La sombra de discos como “Surfing With The Alien” o “Flying In A Blue Dream” parece alargada en el músico y compositor vasco. Es camino del puente central que Luque enfrenta alguno de los solos más flamígeros de todo “Love & Hate”, destapando el tarro de las esencias, que diría un clásico, so riesgo de aburrir a los oyentes menos habituados a este tipo de demostraciones (un tanto) ególatras. No conecto del todo, y casi parece un oxímoron, con el aliento que Luque introduce mediado el corte. Estas llamadas a alzar los puños y similares, cuando se producen en grabaciones de estudio, siempre me resultan algo mecánicas y artificiales. Con eso y con todo otro corte que viene a hablar y no precisamente mal de las habilidades solistas de Luque.

Mi Veneno”, composición más extensa del álbum, inicia desde la más pura calma y vira de nuevo hacia territorios más amables. Luque, claro, exhibe ahora un mayor músculo melódico para un corte que podría aparecer sin tampoco desentonar en un próximo Lion Rock Fest. No me resulta el riff más redondo de todos cuantos se dan cita aquí. Apenas una excusa para que el guipuzcoano seduzca con la candidez inicial de sus solos y sorprenda con el mayor fulgor que esta adquiere conforme discurre por su largo tercio final. El solo final, obra ahora de Monge, se adhiere a ese mismo discurso sin desentonar ni tampoco apabullar. Entendiendo perfectamente el guión y dejando que sus dedos fluyan por el mástil sin mayores excesos. Diría que es la canción que más peso ha ido ganado con el correr de las escuchas.

Con “My Way (Reimagined)” parece regresar el Luque más heavy y vibrante. Que en cierto modo sí, por mucho que un buen número de los solos que el músico plantea en esta enésima instrumental vuelvan a recordar al insigne guitarrista de Westbury. Y aunque siento que hay buenas ideas aquí dentro, plasmadas por Luque con todo rigor y eficacia, tras varias pasadas al tracklist no logro deshacerme de la idea de que es la más discreta de las cinco instrumentales.

Regresa la voz de Luque para la tranquila y sosegada “Mi Sangre (Reimagined)”, de la que destacaría la tendida voz del guitarrista y esos buenos detalles melódicos con los que adorna las primeras estrofas. Escrita al gusto clásico, esto es, con una mayor carga alimentando la primera llegada del estribillo, y subida después a ese mayor peso, Patxi Luque trama en este doble juego otro de los cortes que más ha llamado mi atención. Incluso me atrevería a decir que en ninguna otra canción del disco canta tan bien como aquí. Otra de mis favoritas.

El cierre es para la igualmente tranquila “No Estoy Ahí”. Balada en gran medida acústica con Luque en un formato casi de cantautor, que no dudo exaspere a más de uno. En cualquier caso un pequeño escorzo a modo de reposado y elegante cierre.

El cara a cara entre ambos seres que puede verse en el propio artwork del álbum casi parece representar la lucha entre las instrumentales del disco contra las canciones con voz de este “Love & Hate”. En las primeras Luque demuestra un gran nivel ejecutivo. Hay solos realmente eficaces aquí, brillantes incluso, y una serie de riffs (casi) nunca faltos de gancho. En los temas cantados hay pulsos muy heavies. Sale por ahí el nombre de Vhäldemar, que con Monge a bordo supongo que era algo inevitable. Pero también hay momentos que me recuerdan a nombres ineludibles como Iron Maiden o Judas Priest. También y de manera recurrente Joe Satriani, músico por el que Luque parece profesar indisimulada admiración. Y quién no. En cualquier caso no podemos olvidar que se trata de un debut y, por ahí, uno puede detectar y hasta perdonar ciertos errores de bulto. Estrofas algo forzadas aquí. Alguna canción que se vuelve algo redundante allá. Pero francamente pienso que son los menos, algo que viene a hablar bien del cariño y el cuidado que el guipuzcoano ha puesto en estas diez composiciones. Háganse el favor de escucharlas.

Texto: David Naves

Reseña: Frakture «Subyugamentes» (Demons Records 2024)

Desde que el frío y el cansancio se adueñaran de nosotros tras dos maratonianas jornadas en el último Karma Fest que teníamos una deuda con la gente de Frakture. Combo thrash con influencias hardcore radicado en Bilbao y que forman Ieltxu al bajo, Imanol en baterías, Serru y Rubén en guitarras e Iván en voces. Este “Subyugamentes”, su primer larga duración, fue grabado por Haritz Harreguy (Idi Bihotz, Soziedad Alkoholika, Latzen…) en los Harreguy Studios, co-mezclado por la propia banda y posteriormente masterizado por Víctor García (Aathma, Wormed, Toundra, Bloodhunter…) en el barcelonés Estudio Ultramarinos. Con arte de Cosmic Tentacles y colaboraciones del Escuela de Odio Pirri y el S.A. Juan Aceña, el álbum vio la luz en agosto del pasado año en formato vinilo a través de los sellos Demons Records, Romantic Songs Recordings y Four Skulls.

Frakture colocan al principio la pequeña “Narxisista” y esta procura una más que cuidada introducción al álbum. Tras ella, los vascos arremeten con su bien conocida amalgama de thrash trotón y voces cercanas al hardcore en las que Iván parece desenvolverse como gato panza arriba. Es uno de los temas más breves del debut. También uno de los más vibrantes, con una base rítmica bien empastada y que apenas da descanso. Puro nervio.

Un tanto más melódica pero igualmente furibunda, “Antinazis” profundiza en ese recuerdo a los primerísimos Soziedad Alkoholika. Y lo hace con unas voces llenas de cólera, pero también con una más que interesante selección de riffs. Los cambios de ritmo proceden a destapar el lado más técnico de Rubén y Serru, si bien es la rabia quien termina imponiéndose a través de una composición orgullosamente clásica. Hardcore metal rabioso y protestón.

Eleberri Berria” sin embargo les acerca a las lindes del crossover. Una encrucijada entre el nervio de las dos entregas previas, un pulso ahora más pesado y un trazo algo más enrevesado y laberíntico. Incluso partes que coquetean con el groove más casual. Oxigena al disco pero qué duda cabe que Frakture parecen sentirse mucho más cómodos en las partes más veloces y descosidas. Con eso y con todo uno de los cortes con mayor personalidad de todo “Subyugamentes”.

Criminalizados” puede no sorprender tanto en cuanto a construcción. Por contra, se cimenta sobre uno de los riffs con más gancho de todo el tracklist. Tiene un poso casi marcial, sobre el cual la banda va poco a poco acercándose al hardcore. Muy firme Imanol con el doble bombo para un corte que tampoco obvia algún que otro hábil detalle técnico. Lo justo para que la composición respire y sin traicionar el espíritu del disco en ningún caso.

Otro buen riff es el que entregan en “Subyugamentes”, cuyo prólogo deja detalles que me hacen pensar en unos Sepultura del ineludible “Arise” de 1991. Después y toda vez irrumpen las primeras estrofas, todo toma un cariz mucho más cercano al hardcore y ahí, por pura colisión, Frakture construyen otro de los temas más equilibrados y reconocibles de todo el debut. Llamativo también por trazo y adornado por pequeños injertos a lo Andreas Kisser, una de mis favoritas conforme se han ido sucediendo las distintas escuchas del disco.

Zu Zeu”, que fuera una de las cartas de presentación del álbum y en el que la banda retorna al euskera, profundiza en ese thrash sepulturero al que tiñen de un poso más hardcore que bien podría recordar a mis paisanos de Escuela de Odio. En un puente de paso más tranquilo irrumpirá uno de los solos más interesantes del tracklist, pero en líneas generales, Frakture dan poco respiro aquí.

Sorprende el casi elegante prólogo de “Gelchales”. También la forma en que la banda lo conjuga con ese metal de paso casi marcial, desarrollado sobre otro riff ganchero y pegadizo como pocos. Thrash machacón enfrentado a los Frakture más atmosféricos para otra entrega repleta de personalidad, donde la banda juega a expandir el abanico de sus influencias. Lo que no cambia es la agresividad de Iván tras el micro. Otro de esos cortes que elevan la nota final.

Stop Ablación”, con Pirri a bordo, desde luego hace por recuperar la cara más abiertamente hardcore del quinteto. Pocas sorpresas en su trazo, si bien los bizkainos vuelven a apoyarse aquí en una más que interesante gama de riffs. Me agrada también el contraste que se produce aquí entre los blast beats de Imanol primero y ese puente central más pesado y rocoso después. Buenos solos de cara al final, con la banda trazando uno de los epílogos más cuidados de todo “Subyugamentes”. Estupenda.

Antsietatea” es el corte más extenso de los doce. Una poderosa andanada de un thrash que roza (sin tocar) el d-beat, dejando entre medias un trazo hábil y bien equilibrado. El de Su Ta Gar es un nombre que sobrevuela a ratos, sentimiento quizá influido por la letra en euskera que la banda adopta aquí. Eficaz esa calma que desarrollan durante el puente. Uno de los pequeños oasis de tranquilidad dentro de este encolerizado debut, al que remata un buen solo de guitarra en su tramo final. Otra de mis favoritas.

De estribillos en inglés pero estrofas en castellano, “Fucking Bastards” recupera esa onda más Sepultura para otra agresión de thrash incendiario y rutilante, que no obvia ni la voz visceral de Iván ni tampoco los buenos solos de guitarra, con especial atención al que emerge justo antes del epílogo.

Ez Dugu Ahaztuko”, con colaboración de Juan Aceña, representa el corte más fugaz del álbum. Pequeño escorzo thrash core que, huelga decirlo, recuerda y de qué manera a los primeros trabajos del invitado. Por ahí me agrada que la banda no obvie pequeños detalles en el plano técnico pero es verdad que, al menos en mi caso, su pequeña duración no ha jugado precisamente a favor.

Cierra el tema que viene a dar nombre a la banda, un “Frakture” cuya onda bien podría recordar a los brasileños Ratos De Porao, conjugado después con esa vena más técnica que ha ido yendo y viniendo a través de los distintos cortes. Un buen ejercicio de equilibrio con la banda brillando, quizá más que nunca, en ese apartado. Pero un cierre desesperanzado, casi agónico, en lo que a lírica se refiere. Casi una llamada de auxilio y, por ahí, una adición más que interesante para un llamativo final.

El disco vibra casi siempre a buen nivel. Como persona no habitual de este tipo de propuestas, siento que me faltan referentes a la hora de desentrañar las distintas influencias de la banda. Pero la de Sepultura, citada de manera explícita en la nota de prensa, se deja notar y de qué forma a lo largo del tracklist. El de Soziedad Alkoholika es otro nombre fuerte en muchos momentos, por lo que no puedo alcanzar a imaginar lo que habrá supuesto para ellos contar con todo un Juan Aceña para este debut. Aunque sea en la brevísima “Ez Dugu Ahaztuko”. Un interesante debut y una escucha más que obligada para todo fan del thrash core más comprometido y vehemente.

Texto: David Naves

Reseña: In-Sanity «Searching» (El Subko Producciones 2025)

Largo tiempo ha transcurrido desde que los thrashers asturianos In-Sanity debutaran en esto con la demo “Searching” allá por 1994. Compuesta por cuatro temas que la banda recupera y actualiza ahora con una formación en la que encontramos a Salvador “El Poyo” García (batería), Chus (bajo), Diego (guitarra y voz) y Víctor Casado (guitarra). Este álbum debut que hoy nos traen, y que lleva el mismo título que aquella demo de mediados de los noventa, ha sido grabado por la propia banda en su estudio, Diego a los mandos, para ser posteriormente mezclado y masterizado por Dani Sevillano (Unexpectance, Azure, Malverde…). El artwork corresponde a Tony Nekrosia y las fotos vienen firmadas por Eva Bustamante.

Toda vez supera esa introducción de tintes operísticos, “Wounded” va directamente al grano con un thrash metal de tintes heavies de lo más funcional. Directo, sin grandes florituras, con Diego moviéndose cómodo por tonos altos, que no imposibles. Me gustan esos engarces entre estrofas y los riffs que la banda dispone en ellos. Equilibrada una mezcla donde, si acaso, echo en falta un bajo con algo más de presencia que termine de apuntalar esa buena base rítmica. En cualquier caso In-Sanity dibujan aquí una vistosa y bien trazada sección solista. Un arranque directo y sin grandes complicaciones.

El tranquilo prólogo de “End of Wait” anticipa un metal más pesado y rugoso, con Diego moviéndose ahora en tonos ahora más amables. Medio tiempo donde el bajo de Chus gana ahora el peso y la presencia que eché en falta en el tema inicial. El cuarteto reivindica aquí su vena más heavy, acertando a sonar más americanos, con riffs que me recuerdan a según qué momentos de Metal Church en las partes más vibrantes. Me agrada la sección solista por el trazo tan diverso en que se apoya. También por ese deje tan maidenesco que dejan las guitarras dobladas camino del epílogo y la firme pegada de Salvador. Ágil por diversa.

Suffocated”, que ya se encontraba en aquella vieja demo de 1994 y parece querer recobrar ese pulso más thrash de “Wounded”, acierta a fundir ese nervio con las influencias más heavies del cuarteto. De resultas de ello surge uno de los cortes con más gancho de todo el largo. Parte de la culpa reside en la fina elección de riffs. También en unos cambios de ritmo ágiles por donde asoman trazos no muy distantes del power metal más iniciático. Fácilmente el tema que más brilla de los nueve en lo que a producción y mezcla se refiere, rematado por una sección solista de las que ya no se estilan.

De la más breve “Insanity” podría esperarse unas revoluciones más altas. La banda aprovecha para dibujar un prólogo que siempre me recuerda a la primera etapa de los alemanes Rage. Apenas un guiño pues los asturianos optan aquí por una instrumental donde funden su amor por el thrash más incipiente al tiempo que lo inundan de solos que, a ratos, me traen de nuevo a la memoria a la banda de Steve Harris. Un corte en el que la banda parece disfrutar pero con el que conecto solo a ratos.

Gloomy” se desliga del resto de temas del tracklist al ofrecer ahora un metal más pesado y en cierto modo oscuro por donde parecen colarse las influencias más alternativas de la banda, esos adornos que acompañan a Diego en las estrofas, construyendo otro de los cortes con más personalidad de “Searching”. Casi a modo de contrapunto, la sección solista se apoya sobre ritmos más vivos, enseñando finalmente un trazo de lo más clásico. Aún con lo diferente del tono. Estupendo Chus aquí, dibujando finas líneas de bajo tanto en esas partes más pesadas como en las más veloces del puente central. Quizá la que más ha llamado mi atención de las nueve.

Before” resulta mucho más predecible, lo que no tiene por qué ser necesariamente algo malo. In-Sanity retornan al thrash / heavy más al uso, mostrando sin embargo alguna de las guitarras más rotundas y potentes de todo “Searching”. Acompaña Poyo con el doble bombo. Pero por si algo me gusta este sexto corte es por ese puente tranquilo, en la más pura tradición de los mejores Metallica. La forma en que implementan un mayor nervio ahí, el pequeño solo de bajo primero y el más ambicioso de guitarras después consolidan otro de los grandes hallazgos de este debut.

Searching & Victimized” sorprende ahora con un nervio casi punk. Curiosamente, la forma en que Diego construye estas primeras estrofas y el riff en que se apoyan suele recordarme al clásico de la Reina “Stone Cold Crazy”. Más allá de peculiaridades, es un corte de trazo sencillo, casi elemental, que hace todo y más por derivar hacia la vertiente más despreocupada y thrash de los asturianos. Si bien pienso que el solo final merecía algo más de desarrollo, un corte que ya venía en aquella demo de 1994 y con toda la pinta de funcionar en directo.

The Balance”, que por prólogo y primeras estrofas parece escapada de una sesión de grabación del mismísimo Ronnie James Dio, nos inunda ahora de un hard / heavy por el que se colará lo más granado de la escuela ochentera. Me agrada la línea de batería que trama Poyo aquí. Las guitarras no dudan en entregar dejes que me recuerdan a Europe, Dokken, primeros Def Leppard y compañía. Noto a Diego más exigido aquí, en especial durante el tranquilo puente. Por contra, me agrada la forma en que construyen todo el tramo final. Junto con “Gloomy” lo más diferente de todo el tracklist.

De ahí tal vez que hayan querido cerrar con la mucho más nerviosa y thrash “Living In Fever”, también de aquella iniciática demo de 1994. Un corte que no sorprenderá en cuanto a construcción pero que sirve a In-Sanity para sacar todo el pecho posible en cuanto a técnica. La última sección solista del álbum resulta tan extensa que el corte casi parece una excusa para su propio esparcimiento. Divertido broche final.

Qué son treinta años. La banda asturiana, resucitada en 2020 tras dos décadas en dique seco, entrega un debut que ejerce de pinza entre aquella primera demo y un puñado de nuevas composiciones donde se dan cita no pocas influencias. “Searching” abraza primeramente el thrash más clásico y formal para después picotear entre el heavy y el hard sin olvidarse de la cierta oscuridad de “Gloomy” o el nervio casi cercano al punk de “Searching & Victimized”. Imperfecto pero funcional debut.

Texto: David Naves