Reseña: Ravenblood «Absence» (Autoproducción 2025)

Tras un lacónico “Absence” se esconde el nuevo trabajo de los catalanes Ravenblood, primero desde la entrada de Darío García en baterías. A su alrededor completan la formación Arnau Vallvé Gispert y Jose Luis Gil Hidalgo en guitarras, Raúl Romero al bajo y Daniel Pérez en voces. La banda no ha tenido a bien facilitarnos quién se encuentra detrás de las distintas labores de grabación, mezcla y masterización, así como del artwork. Sí que el álbum salió, en rigurosa edición limitada, allá por el quince de enero.

La pequeña “Intro” que abre la puerta a lo nuevo de los catalanes tiene un nosequé que me recuerda a alguna de las muchas bandas sonoras que ha compuesto el bueno de Danny Elfman, conjugado con tonos más épicos (y esperables) de una banda como esta. El caso es que da pie al tema título, un “Abscence” donde Ravenblood pronto se adhieren a esa corriente del melodeath más épico y fulgurante. Despachada con velocidad, también con buen gusto, hay estrofas realmente trabajadas aquí. Las baterías tienen un papel, quizá, a ratos algo predominante sobre la mezcla, que viene a oscurecer alguna de las buenas melodías que trazan Jose y Arnau. En cualquier caso, muy eficaz ese tono más melancólico de los estribillos y el doble bombo que los soporta. Agradable construcción del tronco central, que desemboca en ese cuidado solo final. Una interesante dupla inicial.

“Fracture” no se aleja de esa misma senda pero parece confluir hacia contornos que me recuerdan, particularmente en el prólogo, a los primeros trabajos de gente como Children Of Bodom, Norther, Kalmah… Ravenblood añaden algo más de groove y picante a la composición, atenúa las comparaciones y camina así por una senda más reconocible. La mezcla equilibra bien entre arreglos sinfónicos y los elementos puramente metálicos y la banda emerge con personalidad y fuerza. Hay buenos dibujos de Raúl al bajo en la partes más tranquilas. Un buen solo de guitarra antecede al epílogo. Y aunque echo en falta una línea de batería más rica en detalles, huelga decir que ésta no ahorra ni en blast beats ni tampoco en el uso del doble bombo, mostrándose más servicial que efectista. Otro buen añadido al tracklist.

In Our Veins” resulta en un artilugio que trae al frente el lado más técnico de los catalanes. Colisiona un power alemán con su habitual death melódico y el resultado es, pienso yo, uno de los más lúcidos del álbum en lo que a amalgama de ritmos se refiere. Y es que la banda acierta al hilvanar ese trote más directo con entornos más crudos y desolados, con Dani exhibiendo tonos realmente oscuros. Tanto el trazo sobre el que se apoya el solo, como el solo en sí mismo, son estupendos. Uno de esos cortes diversos y bifocales pero que gana peso con cada escucha.

Marked By Madness” se adhiere en mayor medida al libro de estilo del género. Por ahí puede haber quien eche en falta algo más de riesgo. De picante. Composición puede que algo previsible, salvada si acaso por el buen nivel técnico de la banda. También por el cuidado uso de arreglos. Un poco a la contra del corte anterior y aquél trazo más intrincado, “Marked By Madness” representa una adhesión casi total a los primeros días del género, destapándose finalmente como una apuesta tan disfrutable como predecible.

Notable el cambio de sonido que entrega la caja de batería en esta “Ravenblood” que viene a dar nombre a la banda. Otra andanada de death melódico en la más pura tradición del género, con la producción otorgando gran peso ahora a la voz de Dani. Buenos cambios de ritmo, con la base rítmica empastando al centímetro. Un trazo, a modo de montaña rusa, de lo más certero y eficaz. Tanto la construcción del puente, como el fuerte peso que adquieren los arreglos aquí, potencian la cara más sinfónica de la banda, que acierta a trazar un tramo final con un gancho de mil demonios. Fácilmente uno de mis momentos favoritos de todo el largo. Estupenda.

Devourer Of Tales”, que “Intro” al margen pasa por ser el corte más rácano de todo el álbum, mantiene altas las pulsaciones a lo largo de un prólogo vibrante y descosido, rematado por unas más que vistosas líneas de guitarra. Composición que de nuevo vuelve a echar mano de un death melódico veloz y directo con la (fuerte) carga sinfónica como gran contrapunto. Hay momentos casi marciales junto con baterías realmente ágiles y veloces. El epílogo, con ese doble juego entre voz y guitarras, es estupendo. Por ponerle algún pero, bien merecía un final no tan abrupto. Un corte que disfruto en cualquier caso.

Arreglos mediante, “Throne Of Fire” ofrece el prólogo más épico del álbum. Sorprende sin embargo que la banda lo abandone después en favor de un metal más cercano a los distintos vértices sobre los que pivota este “Abscence”. Hay tonos realmente oscuros de Dani durante estribillos. Son estos de un cariz que sorprende por rocoso y pesado. También por el hábil contrapunto que suponen las distintas melodías que los acompañan. Llamativo uso de coros durante el puente pero, en resumidas cuentas, otro de los cortes que se queda a la cola del vagón de cabeza.

Trapped In Silence” arranca desde un prólogo que rezuma elegancia entre el fuerte poso sinfónico que dejan los arreglos. Es precisamente esa carga sinfónica la que acompaña a Dani durante estrofas para luego dejar paso a los buenos engarces que realizan Arnau y Jose. Es un corte por donde se traslucen algunos momentos de calma. Nunca una calma tensa, sino más bien un anticipo de esos momentos más vibrantes y enfebrecidos. Me gusta el equilibrio que consigue la banda aquí. También como la mezcla acierta a equilibrar la voz de Dani con respecto al resto de líneas. Todo parece estar donde debe y la nota final se beneficia de ese esmero en las distintas labores de grabación y mezcla. Otra de mis favoritas de entre las once.

De lo más juguetón y pegadizo ese arranque de “Reborn In Darkness”, quizá uno de los momentos más amables de todo el largo. Que me agrada por la forma tan elegante en que la banda va circulando hacia unas estrofas con poca (diría que ninguna) rima con todas cuantas pueblan estas once nuevas composiciones. Representan el momento más cercano al goth que les recuerdo, oxigenando una cara B del álbum que corría cierto riesgo de reiteración. No dudo será uno de los cortes que más diversidad de opinión genere entre sus habituales. Algo a lo que quizá contribuya la fuerza sinfónica del puente central. El clímax final, enfangado por la suma de todas las líneas, supone uno de los pocos debes en cuanto a producción de este nuevo trabajo. Con eso y con todo un corte a buen seguro diferente a casi todo cuanto hayan hecho y fácilmente el que mayor personalidad posee de esta nueva cosecha.

La final “Leaving In Sanity”, con la caja volviendo a aquél sonido más plano de la propia “Ravenblood”, ofrece de primeras a los Ravenblood más amables, también los más atmosféricos, para lo que termina siendo un interesante juego entre los Ravenblood más furibundos y los más elegantes y casi podría decir pomposos. Un cierre bien equilibrado, que si bien no resume al disco, sí que ofrece pinceladas de algunas de las ideas que lo preñan. La buena ración solista que entregan en su parte final, el buen trato de los arreglos durante esa demostración técnica y el calmado fade out final suponen el toque final a otro interesante trabajo de los barceloneses.

No he comentado nada al respecto durante toda la reseña pero es cierto que el apartado lírico del álbum puede pecar de una cierta acumulación de lugares comunes. Orgulloso disco de género al fin y al cabo. En cuanto a composición se refiere, sus fans de siempre tienen razones más que sobradas para estar contentos. La banda vuelve a contener y resumir lo más granado de la escena nórdica, alcanzando incluso una cierta brillantez en cortes como la inicial “Abscence”, “In Our Veins” o la propia “Ravenblood”, sin olvidar el cierto atrevimiento de “Reborn In Darkness” o la distinción final que procura “Leaving In Sanity”. Sin que me conquiste en su totalidad, una más que interesante y cuidada adición a su cada vez más interesante catálogo.

Texto: David Naves

Reseña: Soundcrush «The Hunt» (Autoproducción 2025)

Nueva autoproducción para los chicos de Soundcrush, la banda que lidera en guitarra y voces Ales Sánchez, a quien rodean esta vez Luis Sánchez al bajo, Iván García en baterías y Víctor Diedena a la otra guitarra. “The Hunt” se grabó en los estudios EGM y se adorna con un arte nacido en el seno de la propia formación asturiana.

Llama la atención esta “Consequences PT2” y esa sensación a llamada a las armas que entrega. Y que dura lo que tardan en irrumpir las primeras líneas de voz y guitarra. Desprende cierto aire misterioso con esas voces en susurro. Curiosa introducción a un álbum al que da nombre esta “The Hunt” en la que Soundcrush juegan, pienso que de forma hábil, a conjugar su cara más trotona, con la más técnica y groovie. Hay una estupenda línea de batería soportando y enlazando los distintos ritmos. Buenos detalles en los engarces entre estrofas. “The Hunt” tiene gancho en un estribillo al que no cuesta esfuerzo adherirse. El puente, que echa mano de una pequeña narración, acomoda igualmente un vistoso y agradable solo de guitarra. La composición regresa después a la pesadez inicial y por ahí el disco arranca con un dúo más que interesante.

Exemplary Punishment” acentúa la pesadez del cuarteto, basando ahora su avance en un riff que bien podría parecer heredado de los seminales metaleros franceses Gojira. Soundcrush suenan más rocosos aquí. Más desesperados incluso. Pero me gusta la forma en que han construido estas estrofas. Las voces que sitúa Ales sobre ellas. Caben coqueteos con el metal sureño. También feroces y rabiosos blast beats, cercenados sin descanso por Iván García. El solo, que llegará camino del epílogo, podría pasar por mi favorito de todo el largo. Por sí mismo pero también por el cuidado riff en que se apoya. Cuidada es también la escritura de su tramo final, que lo mismo acoge trazos casi marciales, que se inunda de doble bombo o recupera aquellos blast beats más violentos. Una coctelera de apenas cuatro minutos en la que caben muchas de las caras de la banda.

I, The Beyonder” vuelve a dar ejemplo de la buena técnica que manejan. Si bien ahora el cuarteto se permite el lujo de entregar un metal más atmosférico y espacial, así como un mayor juego entre registros vocales. En las partes más vivarachas surge un riff pleno de gancho y efectividad. Es en las partes más groovies que el nombre de Caedis, a quienes vimos por aquí a finales del pasado año (crónica), sobrevuela con cierto peso. Bandas, asumo, con más de un par de referentes comunes. Composición poliédrica, como lo son muchas del cuarteto, y que en cierto modo viene a poner la nota de distinción dentro de este “The Hunt”.

Me cuesta más conectar con “Unprocessed”. Quizá porque el riff en que apoyan estas primeras estrofas no tenga el brillo que sí ofrecen otros tantos dentro del álbum. Son unos Soundcrush ahora más pétreos y marciales, más directos y por ahí casi refractarios al discurso más ambicioso (por diverso) que suele alimentar a sus composiciones. Con eso y con todo, aprecio de igual forma el buen solo de su tronco central o ese metal más trotón que irrumpe a continuación. Pero en suma me agrada menos que otras ofertas dentro de este nuevo álbum.

La pequeña “Of Pain And Fear” viene para poner la nota de color con ritmos apaciguados y un fuerte poso melancólico en sus melodías. Un pequeño y elegante oasis en mitad del desierto que bien merecía un desarrollo un tanto más ambicioso. Sea como fuere conduce hasta una “Hands Of The Emperor” de inicio igualmente tranquilo, donde creo distinguir cierto gusto por los Machine Head más elegantes, pero que viene a mudar en un medio tiempo de fuerte poso atmosférico y aires cercanos al post-grunge más casual. Hay grandes voces limpias aquí, rodeadas de eficaces solos de guitarra y, sobre todo, la sensación de que la banda ha querido mimar con sumo cuidado una composición tan diferente como esta. Se dejará notar en la forma en que todo confluye en el solo de guitarra final y el desgarro mismo del epílogo. Estupenda doble entrega.

Ascending” retorna a cauces más habituales para ellos. Pesadez y desgarro, intensidad y técnica. Tal vez eche en falta un bajo con más peso aquí, en particular allí donde los riffs manifiestan esa vena más pesada y rocosa. Pero de nuevo me agrada la forma en que la banda conjuga esa mayor pesadez con ramalazos más abiertamente atmosféricos. Que si bien algo esporádicos, suponen un contrapunto, de nuevo muy Gojira, de lo más eficaz. Fácilmente otra de mis favoritas dentro de este nuevo trabajo.

Así las cosas, la final “No Mercy” vuelve a traer a esos Soundcrush más monolíticos y pesados. Algo que se evidencia además en el uso de voces realmente oscuras y agrias en estrofas, que vienen a contrastar con las más limpias (que no del todo amables) que se dejan oír en estribillos. Un riff de esos que invita a agitar cuello se acompasa sobre una más que eficaz línea de batería. Groove metal quintaesencial que no olvida ni acentos más atmosféricos ni tampoco el buen nivel técnico inherente al cuarteto. Inteligente cierre.

Es un álbum breve, sí. Apenas dos minutos por encima de la media hora. Rigores de la auto producción, supone uno. Un tanto a la contra en un tiempo donde los álbumes kilométricos parecen estar a la orden del día. Soundcrush han echado mano del libro de estilo para construir nueve temas donde cabe casi de todo. Pesadez, atmósfera, buena técnica y una diversidad más amplia de la que intuí en un primer momento. Disco de género como es, resulta apreciable cómo la banda se atreve con una dupla central, la que forma “Of Pain And Fear” en comandita con “Hands Of The Emperor”, que viene a dejar clara la medida de sus ambiciones. Otro dúo, el que forman los dos primeros temas del álbum, así como la estupenda “Ascending”, suponen a mi modo de ver motivos más que de sobra para acercarse a lo nuevo de los asturianos. Razones más que de sobra para seguir confiando.

Texto: David Naves

Reseña: Adrift «Dry Soil» (Monolito Records 2025)

Bajo la denominación “Dry Soil” se esconde el cuarto trabajo de los madrileños Adrift. Un total de seis temas producidos al alimón entre la propia banda y Santi García, quien se encargó de grabar y mezclar estas pistas en el Ultramarinos Costa Brava entre enero y febrero del pasado 2024. La formación actual se compone de Jaime García en baterías, Daniel Chavero al bajo, David López en guitarras y Jorge García en guitarra y voces. Con masterización de Víctor García (Aathma, Toundra, Ikarie, Bloodhunter…) y diseño y fotos de Jorge García (Ból! Estudio), el disco vio la luz vía Monolito Records el pasado 31 de enero.

Irrumpe denso “Overload” para sentar así las bases (o algunas de ellas) sobre las que se desarrollará el álbum. Hay cierta tensión en esos primeros riffs, en el juego que proponen ambas guitarras durante el prólogo. También una cuidada línea de batería de Jaime García. Me agrada la construcción de las estrofas, que vienen a contrastar con el desgarrado, indómito y definitivamente árido registro de Jorge García. Etiquetados a veces como “death metal experimental”, es esta una formación que no se doblega al blast beat incesante, que surca caminos más próximos al sludge más atmosférico. La producción, o cómo la mezcla acierta a equilibrar todos los elementos presentes, pone a estos Adrift, perdonen el tópico, a la altura de cualquier banda foránea. Sirva el poso más espacial que precede al epílogo como muestra.

Todo resulta de lo más orgánico. Sin maniqueos trucos de salón capaces de pervertir su manera de entender el metal extremo. Y “Concrete” es la mejor prueba de ello. Adrift arremeten más vivarachos ahora, con un bajo que percute con insistencia en ambos canales. Jaime García vuelve a dejar otra inquieta línea de batería, que acompaña a unas guitarras que ganan peso y crudeza aquí. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de todo el álbum, lo que no quita para que la banda lo recubra de buenos cambios de ritmo, apostados siempre en ese post metal crudo y arenoso. Lo mejor es el modo en que la banda parece terriblemente cómoda en este registro algo más vivaracho, entregando por igual atmósfera, músculo y desgarro.

Edge” toma el testigo a base de reincidir en esos biorritmos más altos. En un riff que, tras cada escucha, no deja de recordarme a los (tristemente) desaparecidos Moho, Adrift proponen un viaje inclemente en el que cruzan guitarras de un poso casi psicodélico con riffs heredados directamente del black metal. Contorsionando géneros, tejiendo cuidados cambios de ritmo sin olvidar su cara más descosida y visceral. Sorprende, aún en un álbum como este, la tensa calma de su extenso tronco central, con Adrift transitando por un páramo inhóspito y desolado. Desesperado festín riffero, que Jorge García recorre en su habitual registro ominoso y descosido. Toda esa amalgama sónica viene a contrastar con la más acusada calma que irrumpe más adelante, con el bajo de Chavero superpuesto ahora a ambas guitarras. Guitarras algo efectistas aquí, que toman en este tramo final sonoridades más próximas al stoner, sin que ello venga a traicionar el espíritu mismo del tema que las acoge. Que pese al amplio abanico de influencias que manejan sean capaces de mantener un nexo común entre todas ellas creo que habla muy bien tanto de la producción de la que gozan estos seis temas como de su buen hacer como compositores.

Restart” puede ser la que inicia de forma más amable de todo el tracklist. Es metal algo trotón, que despliega un nivel técnico sin florituras ni excesos. Operante siempre en favor de la propia composición que las aloja. Lo que sorprende aquí sin embargo son esas voces limpias, de aire casi ritualista, y la forma en que conjugan con el siempre árido y roto registro de Jorge García. Un corte que viene a romper con muchas de las ideas preconcebidas del álbum a estas alturas, siendo lo suficientemente hábil para mantenerse dentro de las propias fronteras del género. Hay riffs que tranquilamente pueden recordar a King Crimson, engarzados por unas baterías de Jaime García ahora un tanto más lineales. El tramo final se empecina en devolvernos a esos Adrift más atrevidos y atmosféricos sobre unas baterías casi marciales, desembocando finalmente en un curioso epílogo. Estupenda.

Agradecida calma la que propone el prólogo de “Blood Kills The Soil” con esas guitarras ahora algo tímidas, que vendrán de nuevo a contrastar con el iracundo registro de Jorge. Un penúltimo corte que afianza la cara más atmosférica de los madrileños, apoyada en una producción que parece entender a la perfección el material que tiene entre manos. Hay un poso algo más psicodélico aquí, que imbuye unas estrofas por momentos atrevidas e incluso desafiantes. Hay una mayor linealidad aquí y sin embargo puede que se trate del corte más excéntrico y diferente de los seis.

La final “Bonfire” parte desde un prólogo de fuerte poso atmosférico, aupado por una serie de arreglos de un cariz casi cinemático. Adrift se toman su tiempo ahora, de hecho composición más ambiciosa del álbum, y pronto dibuja guitarras que, sin ir más lejos, podrían recordar a los Tool más recientes. La voz de Jorge aparece ahora algo más hundida en la mezcla, generando una cierta extrañeza conforme transcurren las primeras estrofas. Las baterías de Jaime García recuperan aquél brillo de comienzos del álbum, ayudando a que la banda teja pequeños pero hábiles crescendos. Todo confluye en un puente central cercano a la ensoñación onírica. No diré que me recuerda a Alcest pero sí que intuyo un lejano guiño al shoegaze en estas atmósferas ahora apaciguadas. El cuarteto trama un largo epílogo en el que brillan sobremanera los riffs de Jorge y David, que terminarán por confluir en el cierre más abrupto que recuerdo en mucho tiempo. Un final estupendo en cualquier caso.

Uno de esos discos que solo entrará a una primera escucha a los muy duchos en el metal más desesperado y sofocante. Un viaje atmosférico por contornos a veces nada amables, que desafía al oyente casi a cada paso pero que, aún ahí, sabe tejer pequeños remansos de calma y sosiego. Con una gama riffera capaz de tender puentes entre el progresivo más clásico, el death a veces aberrante y el black más avezado, (casi) siempre bajo la angustiosa voz de Jorge García, Adrift han trazado un álbum que les debería confirmar como punta de lanza del post metal dentro de nuestras fronteras. Si tanto “Dry Soil” como estas palabras os llaman la atención, el próximo jueves día 6 de febrero tenéis una cita con ellos en el chigre cultural ovetense La Lata de Zinc.

Texto: David Naves

Reseña: Xeria «Fuego» (CD Music 2024)

Acompañando a la buena gente de Celtian en el Gong Galaxy Club de Oviedo este próximo 31 de enero estarán los chicos de Xeria, lo que nos parecía una razón tan buena como cualquier otra para detenernos un momento en su segundo largo “Fuego”, editado en marzo del año pasado a través de CD Music. Participaron en la grabación de este trabajo el teclista Víctor Herrera, el guitarra Carlos Z, el bajista Félix Gacho, el batería César Manjarrés y la voz Marina Sweet. Nueve temas grabados en Estudios Dynamita con el Last Days Of Eden Dani G. (Arenia, Rage, Monica Naranjo…) encargado igualmente de las distintas labores de mezcla y masterización.

Esta “Fuego” que dará nombre al disco abre con toda la pompa y boato propios del mejor metal sinfónico actual. Marca de la casa en la factoría Dani G., el combo vallisoletano se adentra en una composición atractiva por diversa. Resulta llamativa ya la construcción de las propias estrofas. Esos crescendos delicados y bien cuidados. Arrimados al metal melódico más cadencioso con medido equilibrio en la mezcla. Es cierto que en estribillos las guitarras pierden algo de presencia bajo esos coros tan predominantes. Por contra, me agrada cómo Marina parece en todo momento ser consciente tanto de sus virtudes como de sus flaquezas, trazando líneas interesantes durante estribillos. Como interesante es ese solo previo al epílogo. Un comienzo elegante y con gancho.

Siempre Amanecer”, que pasa por ser el corte más rácano en cuanto a duración se refiere, inicia de nuevo tenue, adoptando no obstante un cariz casi cinemático, que la producción quiebra de cara a la irrupción de la faceta más puramente metálica de la banda. Por ahí emerge un riff no muy lejano de los que el propio Dani G. implementa en sus Last Days Of Eden. Pero quien brilla en ese inicio es Manjarrés tramando una atractiva línea de batería. Un protagonismo que desvanece en estribillos para que sea Marina Sweet quien brille con luz propia. Estos tienen gancho y aunque haya quien eche en falta algo más de picante, lo cierto es que la banda equilibra con algunas guitarras realmente rotundas aquí. Y aunque el solo que Carlos Z puede pecar de escueto, bien está un corte que parece mostrar a unos Xeria cómodos y en plena forma.

Una Lágrima Más” prosigue en mostrar sin asomo ninguno de disimulo el fuerte poso sinfónico de la banda. Originales estrofas las que dibujan los vallisoletanos aquí para un corte donde el combo realmente da la sensación de disfrutar con lo que hace. Bajo la voz de Marina durante estrofas surgen del mismo modo llamativos arreglos y cuidados detalles de Carlos Z a las seis cuerdas. Entregando uno de esos estribillos que entran ya desde la primera escucha, no sorprende que éste fuera finalmente uno de los elegidos para su traslación al terreno del videoclip. El disfrutón solo que irrumpe en ese tramo final redondea una de las ofertas más equilibradas, certeras y eficaces de todo el largo.

Sangre Fría”, corte más ambicioso en cuanto a duración de los nueve, parte desde la más absoluta bruma para después deslizarse hacia la cara más melódica de los pucelanos. Medio tiempo de cadencia amable, con una Marina Sweet muy cómoda en esas primeras estrofas. La producción multiplica su voz más adelante y el corte, en líneas generales, parece discurrir por la vertiente más elegante de la banda. Sin excesos, con el bajo de Gacho dibujando buenos detalles bajo todo el andamiaje puramente sinfónico que le rodea. Pero si algo eleva a esta cuarta entrega es un puente central que vendrá a abrazar tanto una buena gama riffera como un inteligente uso de los arreglos. El propio solo de guitarra, el uso de sintes retrofuturistas y la forma en que la composición retorna a estribillos. De los nueve, el que más hace valer el buen ojo compositivo que, a día de hoy, anida en el seno de Xeria. Estupenda.

Sintes asoman también en el prólogo de “Contra Las Estrellas”, que después cabalga a lomos de una sencilla pero eficaz línea de piano. Los primerísimos Within Temptation sobrevolando mi subconsciente tras cada escucha. El caso es que la banda adopta después un metal melódico que viene a recordar a trabajos más recientes de la propia banda neerlandesa. Sea como fuere, Marina Sweet vuelve a moverse como pez en el agua durante estas estrofas. Algo más exigida en estribillos, pueden no ser estos los más redondos de todo el largo. Y da igual porque Xeria derivan luego hacia una versión más iracunda y, pienso, salen más que airosos del envite. Hay un buen solo de guitarra de Carlos Z aquí. Quizá porque tiene detalles que me recuerdan al mejor Alberto Rionda. También un cierre cuyo trazo me resulta de lo más atractivo. Otra a contar entre mis favoritas.

Al Pasar De Largo” rebaja las revoluciones, deriva sin excusas al terreno de la balada distinguida y elegante, implementa tímidos arreglos de cuerda y, claro, muestra a una Marina Sweet en su encarnación más amable. Mucha pompa en estribillos, tan cuidados como grandilocuentes. Carlos Z se descuelga con un solo torrencial, en una vena puramente clásica, que antecede a los Xeria más sinfónicos y recargados del final. Dani G. maneja con precisión de orfebre el encaje entre todas las líneas que se dan cita en el epílogo, constituyendo uno de los puntos álgidos del álbum en este sentido. A la altura de la mejor producción foránea, francamente.

Tras la calma, bien está el mayor brío de “La Luna Siempre Brilla”. Un corte donde la banda cuenta con la colaboración al micro de Kenzy (Megara) para, entre ambas voces, construir un metal sinfónico eficaz en estrofas, ganchero en estribillos, y finalmente hábil en el despliegue puramente técnico. Fantástico solo de Carlos Z aquí. Impecable en lo que a producción se refiere, no obstante un corte con ciertos altibajos.

Sin salirse un ápice de los férreos límites del género, me agrada la forma en que “Cerraste El Show” acierta a ofrecer un mayor nervio durante estrofas. No diré que la banda suena marcial aquí, pero sí que se dejan sentir esas gotas más de picante. Se agradecen incluso. Por contra, cierto es que su aspecto lírico no me entusiasma, particularmente en estribillos, pero la banda vuelve a mostrarse cómoda y concentrada en lo puramente musical. Hay buenos riffs de Carlos Z bajo estrofas, llamativos arreglos y voces rotas bajo el registro más amable de Marina. A pesar de todo, el corte con el que más me ha costado conectar de los nueve.

Edén”, con Rafa Blas (Mägo De Oz) a bordo, entrega un consistente duelo vocal sobre un metal sinfónico enraizado en la versión más leal posible al género. Me poderosamente la atención los riffs con los que Carlos Z va engarzando las estrofas. También los distintos arreglos y adornos que acompañan a estas. La propia Marina está más que hábil a la hora de construir sus líneas vocales. Delicada a un tiempo, torrencial al otro, confronta (es un decir) al albaceteño con clase y saber hacer. Echo en falta un solo de guitarra más ambicioso en este tramo final y, de paso, asumo mi culpa por ser tan insistente al respecto a lo largo de las diferentes reseñas. En cualquier caso, un más que eficaz cierre a este “Fuego”.

Este es uno de esos álbumes que, reza el tópico, gana peso con cada nueva escucha. Cierto que en su tramo final, el correspondiente a los cortes “La Luna Siempre Brilla” y “Cerraste El Show” estoy cerca de desconectar del mismo. Pero es que antes, temas como “Una Lágrima Más” o “Sangre Fría” habían dejado las expectativas por las nubes. Una gran producción, que no sorprende viendo la figura que se encuentra detrás de la misma, y una Marina Sweet que (me da la impresión) ha crecido una barbaridad desde aquél “Tierra” de 2019. Carlos Z está muy fino a la hora de elaborar buenos riffs de guitarra. Y aunque ya digo que a ratos eche de menos un aporte solista algo más ambicioso y efervescente, poca duda más cabe al respecto de su desempeño. Así pues, solo queda ver qué tal luce en directo este segundo trabajo el próximo viernes junto a Celtian.

Texto: David Naves

Reseña: Laguna “Of Men And Myths” (Autoproducción 2023)

Habiendo iniciado su carrera con Mötorhead y Queens Of The Stone Age en el punto de mira, el trío barcelonés Laguna, Pekiss (batería), Joan (guitarra, voz) y Pol (bajo, coros), pronto ensamblaron a su música influencias que abarcan desde Tool hasta Black Sabbath pasando por Electric Wizard. Al menos eso es lo que viene a comunicar la nota de prensa que nos llegó al correo desde tierras catalanas. “Of Men And Myths” vino al mundo en los Akrasonic Productions y se encuentra en la calle desde septiembre del pasado año.

Con el clásico rasgueo del vinilo primero y un avanzar acústico en cierta rima con los Swans menos experimentales que arranca el debut de los barceloneses. La pequeña “Dogma, Pt. I” hace mucho por ocultar la intensidad que recorrerá el tracklist, deviniendo en una pequeña isla de tranquilidad antes de que la tormenta se desate.

Que lo hará, principalmente, a través de las monolíticas guitarras de “Of Men And Myths, Pt. I”, engarzadas y sin embargo contrarias a una base rítmica tan pegajosa como omnipresente. Me agrada la forma en que dibujan los diferentes cambios de ritmo. Las melodías reverberantes bajo estrofas. Y esa voz grave y rotunda, aguardentosa y a ratos incluso malsana. Aires marciales engranan con pequeños eslabones donde bajan las revoluciones y se eleva la voz de Joan. Mucho sludge en superficie y un corte que encapsula un amplio ideario sin pecar de falta de identidad. Al contrario.

Paragon” desciende en el reloj para entregar a los Laguna más crudos y a la vez asépticos. Con Joan desgañitándose a conciencia y Pekiss trazando una más que diversa y llamativa línea de batería. Sus riffs tienen un trazo casi circular. Y si bien lo escaso de su duración corta de raíz el posible alcance de la composición en sí, no dejo de divisar destellos con los que comulgo de muy buena gana. Fugaz varahada de rock negruzco y asfixiante.

Surge “Dogma, Pt. II” como resorte quizá a la brevedad de su predecesora. El corte más extenso de este debut se eleva desde el dominante percutir de Pekiss en el prólogo hacia unas primeras estrofas donde unos Tool del “Ænima” parecen hacerse con los mandos de la nave. Más adelante y juegos con los canales al margen, Laguna juegan a exponer su cara más retorcida primero, la más vistosa después, con Joan en casi perfecto émulo catalán de Adam Jones. La sequedad inunda su tronco central. También el ruido, con Pekiss azotando esos platos como si le debiesen dinero. El largo epílogo conjuga, no sin ciertas dosis de riesgo, toda una amalgama de tonalidades e influencias que difícilmente podrás apreciar al vuelo en una sola escucha. Una filtrada voz femenina e incluso cierto aire a jam session inundan este fantástico por retorcido tercio final. “Strong dogmas are crashing down”. Y tanto que sí.

Con “Dogma, Pt. III” parecen regresar los Laguna más monolíticos, en rima con aquél segundo corte del álbum. Y pese a ello es un corte que disfruta mientras huye de ciertos formalismos. En gran medida por la forma en que Joan encara los sucios, alucinados incluso, solos de guitarra. Si bien puede que en lo tocante a riffs conecte en mayor medida con otras ofertas dentro del disco, el trío barcelonés se las arregla para firmar un corte sin mayores dobleces más allá de su propia extrañeza. Denso sin rozar lo miserable pero frontal como un muro de granito. A buen seguro un pilar en sus directos.

No lejos de esa senda más agria se sitúa “Omen”, que dibujan a partir de un riff de Joan con un gancho de mil demonios. Es un corte rotundo al que acentúan la firme batería de Pekiss pero donde echo en falta más presencia del bajo de Pol. Y aunque no comulgue del todo con la forma en que implementan ese deje más groovie durante el epílogo, lo cierto es que me sorprendo a mí mismo meneando los pocos pelos que me quedan con ese avanzar directo y sin miramientos.

Pesadísimo el prólogo de una “God In The Machine” que, toda vez llegan las estrofas, transige hacia un metal más nervioso, que finalmente dará paso a unos estribillos retorcidos, pedregosos incluso. El bajo de Pol se retuerce y distorsiona al tiempo que acompaña a uno de los desempeños vocales más rabiosos y también diversos de todo “Of Men And Myths”. Sin alcanzar la desatada diversidad de “Dogma, Pt. II”, surgen de nuevo aquí los Laguna más ambiciosos, que coronan con un epílogo donde crudeza y atmósfera se entrechocan y dibujan uno de los momentos más oscos y malencarados de este debut. Estupenda.

Tras la tormenta, uno casi agradece la calma que “Of Men and Myths, Pt. II” acoge durante el prólogo. Una calma que, más adelante, se quebrará de forma brusca, hosca incluso, pero que en cualquier caso sirve a Laguna para finiquitar su debut de forma intensa y rotunda. Un cierre que tal vez merecía algo más de espacio y desarrollo.

Sí, quizá se me haga algo corto este debut. No obstante y aún así encuentros muchos asideros a los que agarrarme. La banda conjuga sus muchas ideas preñándolas las más de las veces de unas dosis de intensidad y mal café dignas de un leñador al que le han tocado de más los cojones. Lo mejor de todo es que pese a esa rabia que parece emanar del disco, la banda para nada desbarra a la hora de construir sus temas. Es algo que, claro, sale a relucir en las entregas más extendidas, pero también en la más pequeña “Dogma, Pt. III”. Buenas sensaciones en líneas generales y una banda a la que habrá que seguir con atención.

Texto: David Naves

Reseña: Tierra Santa «Un Viaje Épico» (Maldito Records 2024)

Nuevos rumbos para la gente de Tierra Santa apenas un par de años después de su anterior “Destino” de 2022. Aquí siguen Roberto Gonzalo (bajo y voz), Francisco Gonzalo (batería), Juan Antonio San Martín (teclados), Dan Díez (guitarra) y Ángel San Juan (guitarra y voz). Este “Un Viaje Épico” que hoy nos traen, estrenado el pasado mes de noviembre vía Maldito Records, cuenta una vez más con Javi San Martín para las distintas labores de grabación, mezcla y masterización, llevadas a cabo en los Estudios Sonido XXI de Esparza de Galar (Navarra).

Un Viaje Épico” que comienza con un prólogo de corte sinfónico que subvierte el habitual arranque vibrante y nervioso por una primera estrofa calmada y elegante. Muy a medida del registro de Ángel, cada vez más consciente de sus debilidades, también de sus fortalezas. Toda vez la composición supera su larga introducción, tenemos ante nosotros a los Tierra Santa de siempre. Esto es, heavy metal sencillo, con gancho, de cuidadas estrofas y ritmo ágil. Buenas melodías de guitarra bajo estribillos y mejores solos después. La formación riojana rimando aquí con sus primeros discos en contraposición al rumbo más cercano al hard que venían desarrollando en sus anteriores trabajos. Como nota al pie, estupendos esos dibujos del vídeoclip a lo “Take On Me” de A-Ha:

Los riffs en que apoyan “Mañana” pronto remiten a la conocida querencia de la banda por los Iron Maiden de primera mitad de los ochenta. La sensación que queda es la de que será una fija en sus directos. Despreocupada pero con gancho, de nuevo tiende buenos dibujos de guitarra como fiel acompañamiento a Ángel durante estribillos. Pero es que el solo que trazan aquí puede ser fácilmente el más ágil de todo el disco. Sin salirse un centímetro de su libro de estilo pero nuevamente remitiendo a sus primeros trabajos. Por poner una pega, el final bien merecía algo más de desarrollo y no ese entristecido fade out.

Tierra Santa añaden una pizca más de picante en una “Inmortal”, que se beneficia de la buena labor de Francisco Gonzalo a los parches. También de ese bajo tan Harris de Roberto. Y no, Ángel no es Bruce Dickinson. De hecho parece algo exigido en según qué momentos del estribillo. Sea como fuere, brilla la banda aquí en los aspectos técnicos como (quizá) no lo hacía en un par o tres de discos. Funcional.

Tiene nervio ese arranque de “Excalibur”, esas guitarras más broncas y esa batería ágil y sin complicaciones. Pero si algo me agrada aquí es la forma en que han construido las distintas estrofas. También el apoyo que brinda San Martín desde los teclados. Quizá el corte con más gancho de los diez, lastrado si acaso por lo rácano de su duración. La producción de “Un Viaje Épico” no podría ser más natural. Casi invisible de hecho, en el sentido de que no trata de desvirtuar a esta banda ni transformarla en aquello que no es y, por ahí, siento que no podría ser más acertada. Desde luego técnico y músicos se conocen de sobra.

Ícaro” parece nacer con la intención de ser el gran emblema del álbum, con permiso de la propia “Un Viaje Épico”. Al igual que aquella parte desde un arranque tranquilo y calmado, con un esforzado Ángel dejando una buena primera estrofa. El riff y las melodías que surgen después no van faltas de gancho. Tierra Santa trazan de nuevo un heavy metal que viene a recuperar aquél mayor nervio de sus primeros días. Y lo hacen, de nuevo, a través de cuidadas melodías y medidas estrofas. En lo personal puede que le hubiera otorgado algo más de peso a las teclas de San Martín. Por contra, conecto en gran medida con ese pequeño puente previo al epílogo. Desde luego una de las que más han crecido tras las sucesivas escuchas del disco.

Siempre que arranca esta “El Regreso De Un Héroe” no puedo evitar pensar en un pequeño abanico de nombres: Medina Azahara por este colchón de teclas. Judas Priest, particularmente la era Faulkner, por el riff que acompaña a esas primeras estrofas. Y quizá también Freedom Call por ese tono algo más alegre que arrastra la composición. Un tema construido muy a favor del siempre peculiar a la par que reconocible registro de Ángel. La segunda de las estrofas viene acompañada por buenos dibujos de guitarra, también por un (discreto) juego entre canales. Retrotrae a los mejores tiempos de los riojanos con un estribillo marca de la casa. Sin inventar nada, seguramente nunca lo hayan pretendido, puede ser este otro de los cortes donde más alto brilla el quinteto dentro de este épico viaje.

Solo Hay Un Camino” persiste en esa búsqueda de la cara más heavy de la banda. Lindante con el power incluso, aunque sea de forma tímida. De entre todos los riffs que adornan las estrofas de este nuevo trabajo, pueden ser éstas mis favoritas. El disco, ya en su tramo final, va confirmando cierto abandono de aquél hard rock que alimentó trabajos anteriores, echando mano de su bien conocido libro de estilo y dejando, aquí al menos, una interesante sección solista. Composición lastrada, si acaso, por lo rácano de su duración.

Renacer” parte de un riff algo más sucio, lo que termina de dar otro aire a esta octava entrega. Sencilla, directa, se eleva camino de estribillos gracias a esos buenos detalles de guitarras tras las voces de Ángel. Apenas tres minutos y es una pena, pues anidan algunas buenas ideas aquí dentro. De hecho diría que éste es el Ángel más poderoso en tareas vocales de todo el trabajo. Pero ese metraje algo pírrico viene a jugar en contra del solo de guitarra, fugaz y algo encorsetado.

Será finalmente “Abre Tu Corazón” la que venga a entroncar con aquellos aires más hard de discos anteriores. La rima con Van Halen, teclados mediante, resulta casi evidente aquí. Fue uno de los adelantos y, por ahí, uno entiende esa propuesta más amable y optimista, si bien está muy lejos de representar al disco que la contiene. De hecho y junto a la final “Gracias” diría que son las dos grandes excepciones.

Porque si “Abre Tu Corazón” representaba el salto al hard rock, “Gracias” resulta en una balada de trazo clásico y cuidados arreglos donde vuelven a brillar las teclas de San Martín. Muy ochentera, no cabía esperar otra cosa de una banda como esta, para un final cuidado y elegante.

Entiendo “Un Viaje Épico” como una vuelta a sus raíces. Sin lugar excesos ni grandes complicaciones, más heavy en la hipotética cara A y dejando los cortes más diversos para el final, intuyo que tratando por ahí que la escucha resulte lo más agradable posible. “Ícaro” o muy especialmente “El Regreso De Un Héroe” me parecen buenos temas. “Inmortal” tiene detalles interesantes y “Abre Tu Corazón” demuestra una vez más su añoranza por el hard de finales de los ochenta. En definitiva y es de lo que se trata, sus fans estarán más que contentos de que esta banda vaya a seguir unos cuantos más en la carretera.

Texto: David Naves

Reseña: Celtian «Secretos De Amor Y Muerte» (Maldito Records 2024)

Secretos De Amor y Muerte” supone el cuarto trabajo para los folkies de Alcalá de Henares Celtian. La banda, que hubo de cancelar su último paso por tierras asturianas la misma mañana del show, ha entregado un álbum con Txus di Fellatio y Alberto Seara como productores, encargándose este último además de las obligadas tareas de grabación y mezcla. David Landeroin en baterías y Raúl Plaza al bajo forman la base rítmica de los madrileños, con Diego Palacio en flautas, Txus Borao al violín, Sergio Culebras en guitarras y Xana Lavey al micro. Colaboraciones de Jorge Salán, Rafa Blas, Rafael Carpena, F. Antonelli y Javier Díez, masterización de Dave Donnelly (Dokken, Debler Eternia, Mägo de Oz, Hammerfall…) y arte de Ela Benítez, el trabajo ha sido puesto en circulación por la gente de Maldito Records.

La Lira Encantada” abre los cincuenta y dos minutos de esta nueva obra con un marcado gusto por la épica. Pero una épica tranquila, que a ratos me recuerda al mejor Howard Shore, y que conduce con elegancia hasta una “La Profecía” donde la banda desliza ya todo su arsenal. Una cuidada producción acompaña a las buenas melodías vocales de Lavey. Me agrada el tono en que se desarrollan las distintas líneas de guitarra. La mezcla, un prodigio de equilibrio, permite a la banda respirar en los momentos más amables y atacar en los más rotundos. Su redondo estribillo me parece uno de los muchos hallazgos de esta nueva obra. Un arranque que parece entregar a una banda en plenitud.

Adalina” vendrá a entregar la cara más amable de la banda. Esa que permite a Lavey extraer sus registros más dulces, para desde ahí construir un corte rico en matices y cambios de ritmo, atravesado por otro estribillo pleno de gancho y finalmente abrazar alguno de los riffs más graves y rotundos que les recuerdo. Sin olvidar ni el piano que acompaña a la vocalista durante estrofas ni tampoco la extensa sección solista que irrumpe camino del epílogo, el corte resulta finalmente una de las composiciones más ágiles y atrevidas de este “Secretos De Amor y Muerte”.

Más directa, divertida incluso, “Serena” entrega a unos Celtian mucho más evidentes. Que no obstante ofrece un cuidadísimo trabajo en cuanto a arreglos, una estupenda línea de bajo por parte de Plaza y a la Lavey más heavy. Habrá quien eche en falta algo más de picante, en especial a lo largo de sus estrofas. Por contra, el estribillo resulta del todo ganador. Marca de la casa, rara vez fallan en esto los alcalaínos.

«Maleficio de sangre» sí agradará a quienes busquen algo más de mordiente. Partiendo del riff tan marcado y grave del prólogo, la banda entrega una composición que, a ratos, me recuerda a unos Mägo de Oz del “Finisterra”. Acompaña una Lavey pletórica, alcanzando los tonos altos del estribillo con total fiabilidad. Y aunque el peso de la parte puramente sinfónica es notable, me agrada la forma en que su cara más metálica predomina en la mezcla aquí. De manera evidente durante estrofas y pasando casi de puntillas durante los solos de guitarra, flauta y violín. El equilibrio casi perfecto.

Hasta El Final” linda ahora con el power metal, firmemente apoyada en el doble bombo del Delalma David Landeroin. Contrasta ese mayor brío con una línea de voz más cercana a las lindes del folk metal. Del contraste entre ambas influencias surge otro corte con gancho y bien construido donde, si acaso, echo en falta un aporte solista más ambicioso.

Camino En La Tempestad” parte con todo lo oído hasta ahora dentro del álbum para mecerse por sonidos más cálidos, por los que se cuelan al mismo tiempo sonoridades medio orientales y un cierto parecido a aquella “Astaroth” de la banda de Txus di Fellatio. Sea como fuere, medio tiempo con empaque, que contrasta con el mayor brío de ese estribillo a puro doble bombo. Composición bifocal, de nuevo repleta de matices y también de contrastes, que viene finalmente a dar testimonio de su buen nivel como compositores. Rematada por la cuidada y equilibrada mezcla de Seara y con uno de los solos más redondos de todo el largo, ha terminado por convertirse en una de mis favoritas de entre las trece.

Más sencilla, también más juguetona, “No Vuelvas a Llorar” nos devuelve a los Celtian más festivos y amables. Brilla de nuevo Plaza al bajo mientras la producción opta por revestir a esta octava entrega de toques más contemporáneos, en contraste con el pulso más folk que comanda a buena parte de las composiciones. Finalmente la banda en su clave más vital y optimista.

Caricia Mordaz” es otro de los grandes aciertos (y van) de este nuevo trabajo. Primero por la forma en que está construida. Mucho menos lineal de lo que aparenta. Después por una Xana Lavey que traza aquí una de las líneas de voz más exigentes que le recuerdo. También por una de las bases rítmicas más sólidas de todo el tracklist. Y finalmente por un aporte solista de lo más atractivo, ambicioso sin rozar lo masturbatorio. Francamente estupenda.

Renacer”, con el bueno de Jorge Salán a bordo, sorprende por cómo plantea un heavy metal de sabor añejo y lo insufla de los habituales matices folk del sexteto. Con unas estrofas construidas con sumo cuidado, irrumpen luego unos estribillos no fallidos, pero a los que encuentro algo por debajo de la media del disco. Salán, por si alguien dudaba está fantástico en el solo.

Conecto en mayor medida con “Sueños de Cristal”. Y fíjate que tampoco es que se salga de los vértices sobre los que acostumbra a pivotar la propuesta de los madrileños. Pero entrega guitarras más rotundas y, en general, ofrece a unos Celtian más heavies. Ofrece además el solo con más feeling de todo el largo. Tanto en guitarra como en flauta, estupendos Culebras y Palacio aquí. Ha ido ganando con cada una de las escuchas y tiene pinta de que seguirá haciéndolo en el futuro.

Oh, Catarina”, apenas un escorzo sinfónico con la voz de Lavey muy en primer plano, deja la pequeña nota de color antes de que “Tras El Letargo” recupere el nervio más power y ponga fin al disco. Con Rafa Blas ofreciendo ágil réplica a la vocalista granadina, la banda parce haber echado el resto aquí. Hay química entre ambas voces. También riffs que sacrifican un mayor brillo en pos de alimentar ese pulso más trotón. Sorprende sin embargo el derroche sinfónico del que echan mano en el puente. Contrapunto a ese mayor nervio y un detalle que, pienso, suma y redondea la composición. Gran cierre.

Celtian cada vez más Celtian. La influencia de Mägo de Oz sigue siendo muy palpable a lo largo del disco pero esta es una banda cada día más identificable. El álbum, doy fe, gana una barbaridad con cada escucha. Lo atraviesa una producción de lujo, estupenda labor de Alberto Seara, que lustra cada uno de los temas con precisión de orfebre. En ellos caben influencias de todo tipo. Desde andanadas puramente sinfónicas, flirteos con el power metal o incluso pequeños detalles de corte retrofuturista. Y por supuesto grandes melodías y mejores estribillos. Su pujante y creciente legión de fans tiene, desde luego, motivos más que de sobra para sonreír.

Texto: David Naves

Retrosprectiva: «El Clan De la Lucha» / «Tierra De Lobos»

La nueva gira de Saratoga, montada por el cuarteto en recuerdo de los álbumes “El Clan De La Lucha” (2004) y “Tierra De Lobos” (2005) parecía una excusa tan buena como cualquier otra para volver sobre dos álbumes clave en la trayectoria de los madrileños. La banda, disfrutando aún del aldabonazo que supuso arrancar el siglo con el tremendo “Agotarás”, echaría mano del productor Big Simon con visos a darle una vuelta de tuerca al sonido que el cuarteto venía desarrollando desde la entrada de Leo Jiménez al micro y Dani Pérez a las baterías.

El resultado de aquellas sesiones de grabación fue la edición vía Avispa de un álbum que, escuchado hoy, parecía querer servir de punto de inflexión para la banda. Partiendo de un artwork de Manuel Manrique, la sensación es la de estar ante una banda más oscura. Más sucia incluso. “San Telmo 1940” se atiene ahora a un sonido sin duda no tan diáfano. Este segundo tema del álbum portaba de hecho uno de los estribillos más llamativos y diferentes de toda su trayectoria hasta entonces.

Las guitarras de Jero ganaban en rotundidad en “Lejos Del Tiempo”, con esas inconfundibles voces dobladas de aquél Leo Jiménez al que dieron en llamar “La Bestia”. Una “bestia” que brillaba en “Maldito Corazón”, fácilmente una de mis composiciones favoritas de Jero Ramiro en toda su extensa trayectoria, que llevaba al cuarteto a lindar con las fronteras del power metal. Impecable Dani Pérez durante todo el álbum. Verdadero “núcleo irradiador” que diría el ahora caído en desgracia Íñigo Errejón.

Y mientras que “Decepción” siempre me recordó a otro de los proyectos de Jímenez, los (pienso) algo infravalorados Stravaganzza, con “Ángel De BarroNiko del Hierro iba a parir otro de los clásicos imborrables de la banda. Las baterías de Pérez aquí pueden contarse dentro de las mejores que llegara a registrar al albur de la iguana. Pero es que las de “No” pueden ser las estrofas más cercanas al thrash de Exodus o Megadeth que hayan firmado nunca.

Si Amaneciera”, obra de Jero Ramiro, es por pleno derecho la gran balada de la banda. Ninguna, que mi atribulada cabeza recuerde mientras escribo esto, ha alcanzado a medrar de la misma manera en el imaginario colectivo. Fuera incluso de los círculos afines al heavy metal, lo que explica que, aún hoy, pase por ser el tema con más reproducciones en Spotify.

Así las cosas, cierto es que escuchados hoy, cortes como el agrio “Quizá El Sol No Saldrá” (Niko) o la más clásica “Blanco y Marfil”, de Jero para su inseparable Stratocaster, palidezcan ante la pujanza de la primera mitad del álbum. Pero “Nuevo Mundo” tenía riffs interesantes y “Tu Nombre Mi Destino” proponía un interesante juego entre el tono luminoso de su prólogo y ese desarrollo más oscuro y pesado, rimando en lo lírico con aquella “San Telmo 1940” de comienzos del álbum. Un álbum que se cerraba con el power arrebatado de “Buscando El Perdón”. La pequeña colaboración del Mägo de Oz Mohamed es casi tan emblemática como esos pequeños guiños (pienso) del riff al “Detox” de Strapping Young Lad. Uno de los mejores cierres de su ya larga trayectoria.

Pero “Tierra De Lobos” era otra historia. La banda parecía querer recuperar un sonido más cercano al de “Vientos De Guerra” o “Agotarás”, lo que puede explicar que Niko regresase a la producción, con Big Simon relegado únicamente a tareas de mezcla y master.

En cualquier caso el disco se abre con “Barcos De Cristal”, ataque frontal de Leo Jiménez a los trolls de internet que, ya entonces, la tenían tomada con el madrileño. El sonido que despliega el álbum, desde luego, resulta un tanto más luminoso, lo que viene a contrastar con los tonos más rasgados que el vocalista de Fuenlabrada desarrolló en alguna de estas estrofas. “Necrophagus” ampliaba esa senda tan metálica, lindando con los momentos más thrash del disco anterior sobre una poderosa base rítmica de Niko y Dani.

Contigo, Sin Ti” rimaba sin embargo con los Saratoga más clásicos, afianzada por esa producción más “limpia” que poseía el álbum. ¿Puede ser este uno de los estribillos más curiosos de su carrera?. ”Ave Fénix”, composición del propio Leo, reincidía en esos Saratoga más pesados y agrios, guiñando a Pantera incluso, desembocando finalmente en uno de los estribillos más memorables del tracklist, con Leo entregando tonos verdaderamente rasgados y Jero enfrascado en uno de los mejores solos del álbum.

Del propio Jero era una “Quinto Infierno” que, un poco al alimón con aquella “Blanco y Marfil” del disco anterior, sonaba a pura auto reivindicación. Una de tantas líricas sobre lo que supone la vida en la carretera para una banda como esta. “Fe”, firmada por Niko, suponía el primer momento de calma del álbum, situado hábilmente en el corazón mismo del mismo (y con la dichosa rima “camino, destino” a cuestas, sí). Leo primero y Jero después brillando aquí en sus respectivas facetas.

Fuerza De Choque”, obra de Jero y que entroncaba a su vez con aquél espíritu de la anterior “Quinto Infierno”, suponía un heavy metal vibrante en la más pura tradición de la iguana. Igualmente trotona, “Prisión En Vida” nos introducía en la segunda mitad del álbum dejando en su prólogo unos llamativos detalles técnicos por parte de un siempre vibrante Dani Pérez a los parches, pieza fundamental e indisociable del sonido de Saratoga durante aquellos años.

El Jardín De La Niebla”, que se apoyaba en un más que interesante riff de Jero, puede pasar por ser uno de los cortes más infravalorados de los dos álbumes. Aunque, por la propia construcción de alguna de sus estrofas, de difícil traslación al directo. “Siento Que No Estás” viene un poco a ser la “Si Amaneciera” de este álbum. Obra de Leo Jiménez, siempre he pensado que pasa por ser una de las mejores baladas que jamás salieran de su bolígrafo.

Firmada por Jero, “Tierra De Lobos” daba nombre al disco a fuerza de poner todos los cilindros en funcionamiento. Esa pesadez de las estrofas en directo contraste con el metal más desbocado que acompaña a los estribillos. Dani brillando con el doble bombo y, doy fe, uno de los grandes pepinazos en vivo durante aquellos tiempos ahora lejanos. Una efervescencia que quizá venga a jugar en contra de otra composición del guitarrista, esta “Pura Sangre” en una clave un tanto más clásica que cerraba el CD.

Es de perogrullo pero dos álbumes fundamentales en la trayectoria de los madrileños. En lo personal reconozco que, tras tanto tiempo transcurrido, he vuelto en mayor medida a “El Clan…” y no tanto a su continuación. El añorado productor Big Simon dejó una huella imborrable ya en el seno de Saratoga, acompañando al cuarteto en uno de sus momentos de mayor efervescencia creativa. “Tierra De Lobos”, que no obstante deja (en mi opinión) buenos momentos, sería la última creación de un line up que, gustos al margen, resulta imprescindible a la hora de conocer, explicar y entender el heavy metal de nuestro país. Si nada se tuerce, un buen puñado de estos temas que hoy revisitamos volverán a la vida este próximo sábado en la Sala Tribeca Live. No quepa duda de que allí estará Heavy Metal Brigade.

Texto: David Naves

Reseña: Harakiri For The Sky «Scorched Earth» (AOP Records 2025)

Los austriacos Harakiri For The Sky se encuentran en ese momento de su carrera en el que cada nuevo álbum sacude a la escena post-black con inusitada fuerza. Controvertidos por naturaleza, la suya es una obra que acostumbra a no dejar indiferente a nadie. J.J. en voces y M.S. a cargo de toda la parte instrumental, profundizan en este “Scorched Earth” en toda su gama de registros habitual. Con la ayuda de Kerim “Krimh” Lechner (Dååth, Act of Denial, Septicflesh…) en baterías y de Jorge Cisternas (Humanotone), Tim Yatras (Austere, Autumn’s Dawn, Germ) y Serena Cherry (Noctule) pergeñan ocho cortes a los que adorna el arte de Brvno Gonzalez y que ha de ver la luz el próximo dieciséis de enero vía AOP Records.

Heal Me”, con colaboración de todo un Tim Yatras, entronca con la vertiente más elegante del dúo austríaco. Una tímida y simple línea de piano se abre camino por un cuidado prólogo hasta la irrupción de las primeras estrofas. J.J., siempre roto y desgarrado, traza una línea de voz en la más pura tradición harakiriana. Pero por si algo me gusta este primer corte es por los bellos adornos de las guitarras, así como por esos violentos cambios de ritmo por donde se colará su bien conocido post-black metal. Asegura la nota de prensa que nos han hecho llegar desde el sello que esta es una banda que sigue evolucionando con cada disco y el poso más alternativo de este puente central puede ser un ejemplo de ello. Que me agrada por cómo enlaza y funde esa tradición más vibrante de la banda con alguna línea de guitarra que bien podrían haber firmado unos Anathema del “Judgement”. Un más que prometedor arranque de álbum:

Larga introducción de nuevo con el piano como protagonista. “Keep Me Longing” pone de relieve a los HFTS más elegantes para después, y de forma brusca, dar salida a un arrebatado blast beat por parte de Lechner. Aún en esas partes más violentas, nunca desaparece el marcado carácter atmosférico que circunda su modo de entender el black metal. Así, el corte va desarrollándose sobre una maraña de cambios de ritmo, no tanto de tono, donde brilla el gran trabajo de M.S. en todo lo concerniente a guitarras. Buenos riffs y mejores melodías que enlazan estrofas siempre tristes y desesperanzadas. Para satisfacción de sus fans de siempre, el dúo ni mucho menos arriesga aquí. Me agrada el equilibrio que muestra la mezcla cuando la parte final funde voces, base rítmica, piano y arreglos sin que ninguna línea opaque a las demás. Y siento como una punzada en el corazón que el sello no haya tenido a bien comunicarnos quiénes han sido los responsables de grabación, mezcla y demás. Sea como fuere, cuando el piano sí que adquiere un mayor protagonismo durante el epílogo, no han sido pocas las veces que se me ha puesto la piel de gallina. Un clásico ya en lo que a sus discos se refiere, una fuerza emocional que no ha perdido un ápice de fuerza en estos años.

Sorprende la mayor luz que trasmite ”Without You I’m Just A Sad Song” durante su prólogo. No tanto la forma en que este se funde con la voz de J.J. conforme irrumpen las primeras estrofas. El contraste conseguido, de hecho, resulta en uno de mis momentos favoritos de todo el largo. Después, cual pequeño riachuelo, surge el lado más post-rock de la banda. HFTS van trazando así uno de los cortes con mayor personalidad del álbum. Esa misma personalidad que tanto enfrenta a los fans del género, siendo esta siempre una de esas agrupaciones ante las que parecen no caber medias tintas. Pero incluso su detractor más furibundo podrá reconocer la valía de las buenas melodías que M.S. enfrenta a la (siempre) desgarrada voz de su compañero de fatigas. En los marcados cambios de rumbo, cuando las guitarras adquieren una mayor gravedad, vuelve a ponerse de relieve la equilibrada mezcla que porta el disco. Buenos solos emergen además conforme la se acerca el epílogo. Y de nuevo la forma en que estos se funden con la voz no podría ser más acertada. Nada nuevo en su libro de estilo pero ejecutado con la seguridad y la firmeza que acostumbran. El final no solo es elegante sino que, además, porta alguna guitarra de gancho indudable. Quizá mi favorita de las ocho.

No Graves But The Sea” sorprende con un prólogo que acerca a los austríacos a las fronteras del doom de formaciones como los primeros Katatonia. Apenas un guiño antes de que la banda nos devuelva hacia un post-black lleno de baterías vibrantes y al que M.S. adorna con solos ágiles y eficaces. Un corte que me genera opiniones encontradas. Y es que su composición, ese clásico juego entre tonos, no podría ser más clásico. Por ende, tampoco resultar más eficaz. Tiene momentos de calma, también de furia, pero echo en falta algo más de riesgo. Ambos músicos están más que acertados en sus distintas parcelas y el invitado Lechner pergeña una más que interesante línea de batería. Pero se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que pasa algo inadvertida al lado de otros cortes de este “Scorched Earth”.

With Autumn I’ll Surrender”, que estrenaran allá por octubre de 2024, arremete ahora con una versión más contenida de su consabido black atmosférico. Nada de contorsiones ni experimentos con gaseosa. Desconozco si el tema nació ya con visos a anticipar al álbum pero no cuesta trabajo reconocer dónde traman una oferta más conservadora en comparación al mayor riesgo de, sin ir más lejos, “Without You I’m Just A Sad Song”. Lo que no quita para que coexistan buenos cambios de ritmo con melodías eficaces y todas su desesperanza y agonía habituales. Es la producción quien trata, aún de forma tímida, de sacar a la banda de ese cierto conformismo, de ese pequeño aletargamiento, con varios detalles en lo que al sonido de las guitarras rítmicas se refiere. Particularmente en las partes más calmadas. Esas donde, curiosamente, brilla el buen hacer de Lechner a los parches. Un cierto cúmulo de clichés, en definitiva, que no por ello un corte que sobre en ningún caso.

En “I Was Just Another Promise You Couldn’t Keep” sí que aprecio un mayor riesgo, aún cuando el prólogo no podría ser más leal a los postulados sobre los que se ha desarrollado la carrera del dúo. Hay buenos riffs en estos primeros compases. También unas voces que ganan en detalles con respecto al resto de entregas. Las partes más calmas se arriman más que nunca al precipicio del post-rock y HFTS colisionan hábilmente con su desgarro habitual. Buen juego vocal el que se trama aquí. Especialmente en las partes más violentas. En las más acompasadas M.S. pone todo de su parte para que las guitarras aporten todo el color posible a la composición. Podría decirse incluso que este es el corte más brillante de los ocho en lo que a trabajo de guitarras se refiere. Una banda que se aferra a sus tradiciones sin que ello implique anquilosarse en una única manera de entender el black metal.

Too Late For Goodbyes” con Lechner a puro blast beat en un inicio descosido, que pronto atemperan con la irrupción de las primeras estrofas. Es el último corte en varias de las ediciones del álbum, y lejos de condensar en una única composición muchas de las ideas que porta el álbum, HFTS retornan a sus orígenes con otro de esos cortes bifocales en los que tanto y tan bien se manejan. En una de sus habituales y pequeñas islas de tranquilidad surge la cristalina voz de Serena Cherry, verdadero contrapunto al registro desgarrado y melancólico tan habitual en J.J.. Un más que digno y funcional cierre a un (pienso) muy buen disco de los austríacos…

… salvo en las ediciones cuyo honor corresponde a “Street Spirit (Fade Out)”, versión de las luminarias alternativas británicas Radiohead, que la banda transfiere a su terreno con el tino con el que ya remozaran cortes ajenos en el pasado. “Mad World” de Tears For Fears sin ir más lejos. Voces limpias y un (hasta cierto punto) respeto por el original para alivio de los fans de la banda de Thom Yorke.

“Una instantánea del mundo en que vivimos” proclama la nota de prensa. Harakiri For The Sky amplían sus registros para seguir donde lo dejara el interesante “Mære” de 2021. Un compendio de muchas de las ideas que les han hecho cabeza visible de un género y, como apunté por ahí atrás, les han granjeado tantas filias como fobias. No solo por el tipo de propuesta que realizan como por la manera en que han sido capaces de edificar un sonido al que poder llamar propio partiendo de unas premisas básicas tan marcadas. En un género que a veces puede pecar de cierto anquilosamiento, el dúo emerge como ese faro que nos desvía del desastre. Aunque sea en un mundo en ruinas.

Texto: David Naves