Crónica: Black Bomber (Gijón 20/6/2026)

Las actuaciones en sala escasean en estas fechas dominadas por festivales al aire libre, pero quienes disfrutamos del formato íntimo —ese en el que la cercanía con los músicos multiplica la experiencia— tuvimos la suerte de vivir, el pasado 20 de junio, una noche memorable en la gijonesa sala Bola 8. Allí recibimos la segunda visita a Asturias de los leoneses Black Bomber, que presentaban su tercer álbum de estudio, «Heading To Hell» (reseña), del que ya dimos buena cuenta en esta página. Una velada cargada de sorpresas que comenzaron ya en los aledaños de la sala al ver la cantidad de gente congregada, venida de distintas partes de Asturias (Pravia, Puerto de Vega, Oviedo…) e incluso de León. Un preludio perfecto para una noche de reencuentros y camaradería.

La segunda sorpresa, esta vez menos amable, llegó cuando Pedro, guitarrista de la banda, me confesó que su bajista había abandonado el grupo esa misma mañana, justo antes de cargar la furgoneta. Un golpe duro para una formación que bebe directamente de la escuela de Motörhead, y que me hizo temer que el concierto pudiera resentirse. Con esa inquietud crucé las puertas de la sala.

A las 21:45 horas, Pedro Megatherion (guitarra y voces), Isi Gallego (batería), Javi LesPaul (guitarra) y Migui Albatross (voz) tomaron el pequeño escenario. Lo primero que hicieron fue explicar la ausencia del bajista y prometer que la suplirían con una dosis extra de actitud. Y vaya si cumplieron.

Abrieron con “Without Control”, tema que inauguró su discografía en el EP Baptized In Beer (2015), enlazándolo con “Unlucky Man” y “Raise Your Finger Up”, ambos de su primer LP Vol. 1. Desde el primer minuto quedó claro que el sonido era sorprendentemente sólido pese a la falta de bajo, un desafío que resolvieron con solvencia.

Migui anunció que era momento de visitar su último trabajo, comenzando por la homónima “Heading to Hell”, durante la cual Javi se lanzó por primera vez al foso para ejecutar un solo entre el público, que lo recibió con fervor. La sala, a estas alturas, era un auténtico horno, y solo estábamos empezando.

Sin descanso, atacaron “Rot In Jail”, un tema donde la sombra de Lemmy es especialmente evidente, para después regresar a su anterior álbum con “Blacklisted”. La voz rasgada de Migui encajaba a la perfección con el sonido crudo de las guitarras y la batería demoledora de Isi. Con “Rock ’N’ Today, Hangover Tomorrow” volvieron a su último disco, provocando los coros más multitudinarios de la noche. Un tema diseñado para el directo, con un estribillo pegajoso que invita a cantar.

Siguen recorriendo su discografía con “The Arsonist” y “My Fuckin’ Motorbike”, dos piezas de su primer LP que permitieron a quienes no conocíamos en profundidad su trayectoria apreciar su evolución musical: del rock más directo de sus inicios a un sonido más pulido y contundente. “You’re Wrong” dejó uno de los solos más potentes de la noche, con Javi nuevamente entre el público y Pedro y Migui recorriendo el escenario sin descanso. La complicidad entre ellos era evidente, y su disfrute contagioso.

El fantasma de la falta de bajista volvió a aparecer varias veces a lo largo de la actuación, más como desahogo emocional —sin duda les supuso un palo doloroso— que como queja técnica pues el sonido era demoledor. En un momento dado, incluso hicieron un “casting improvisado” preguntando si había algún bajista entre el público. Juanjo (Edén) subió al escenario para brindar con ellos, aunque sin llegar a tocar.

Tras este pequeño respiro tocaba incendiar de nuevo la sala con la muy apropiada “Burn Your Church”, que enlazaron sin respiro con “Outlaw”. El público intuía que el final se acercaba y comenzaron los tímidos gritos de “¡Otres tres!”, a lo que Migui respondió afirmando que todavía les quedaban algunas balas más en el cargador.

Sonaron “Beware Of Me” y “Whisky Priest”, uno de los temas más adictivos de su último trabajo gracias a su riff pegajoso, quizá el único momento donde la ausencia del bajo fue más notable. Siguen con la rápida “Lords Of War”, con la dupla de guitarras echando el resto y supliendo con nota la carencia mencionada.

La traca final comenzó con “Rock’n’Roll Overdose”, coreada y bailada pese al calor sofocante, y culminó con su himno “Black Bomber”, con Migui entre el público compartiendo el micrófono con los asistentes.

Pero no podía ser el final. Todos, músicos y público, estábamos con ganas de más y, tras la insistencia del famoso cántico ¡Otres tres! y pese a afirmar que no sabían ningún tema más, se arrancaron con una improvisada versión de “Ace Of Spades” un homenaje inevitable a su mayor influencia que puso el broche de oro a una magnífica actuación.

En definitiva, una gran noche de rock’n’roll sin concesiones de esas que cualquier amante del género —y especialmente de Motörhead— sabría apreciar. En mi caso, superó con creces mis expectativas. Si tienes ocasión de ver a Black Bomber, no lo dudes: su directo es pura energía.

Agradecer a la sala Bola 8 las facilidades brindadas, a la banda su cercanía tanto antes como después del concierto, y enviar un saludo especial a los muchos amigos y conocidos que allí nos congregamos. Que nunca nos falten noches como esta. Nos vemos en la siguiente; hasta entonces, salud y rock and roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Sonny Vincent (A.M.C. Bocanegra 30/5/2026)

El punk no es una cuestión de juventud, sino de pura supervivencia. Ver a Sonny Vincent subirse a un escenario a sus casi 74 años es la prueba viviente de que la energía arrolladora de los pioneros de la escena punk rock neoyorkina de los 70 sigue corriendo por sus venas de forma salvaje y se mantiene intacta al paso del tiempo. Después de varios conciertos en Alemania en febrero, el legendario artista decretó que mayo de 2026 sería el momento del regreso definitivo: dieciocho fechas por toda España bajo un nombre que no dejaba lugar a dudas, The Return of Sonny Vincent – Iberian Tour 2026.

Para comprender el peso emocional de este regreso, es obligatorio mirar hacia atrás, al abismo de una década de silencio absoluto que lo precedió. En 2016, un trágico incendio en su hogar de Carolina del Norte devastó su vida. Su hijo, su nuera y su nieto sufrieron quemaduras de extrema gravedad. Sonny abandonó la música y los escenarios para convertirse en el pilar de su familia. Su nuera no logró sobrevivir a las heridas, pero tras años de una durísima batalla, su hijo y su nieto han conseguido ir recuperándose paulatinamente. En esa lenta y dolorosa reconstrucción familiar, Sonny volvió a encontrar la chispa necesaria para colgarse la guitarra y retomar los escenarios.

El pasado sábado 30 de mayo, esta desgarradora historia de resistencia hizo una parada en Valles, una diminuta aldea de menos de 80 habitantes, escondida entre las imponentes montañas del concejo de Piloña. El milagro de llevar a un mito de la «Gran Manzana» a un paraje de cuento fue obra de la Asociación Bocanegra, un colectivo que celebra ya 18 años de trabajo y aportaciones culturales en esta zona rural asturiana.

Y para acompañar al legendario vocalista, compositor y guitarrista estadounidense, con una carrera musical que abarca más de 3 décadas y 28 discos, se rodeó de los músicos barceloneses Alex “Carmonkey”, batería de Cachemira, Martí “Cleve” Carter a la guitarra y Oscar “Jawa” al bajo, éstos dos últimos miembros de la banda The Capaces, quienes ya habían acompañado al artista neoyorquino en su último tour por la costa este de los EE.UU.

Pasados apenas cinco minutos de las once y cuarto, la hora prevista para el inicio del concierto, Sonny Vincent se subió al escenario vestido completamente de negro y con muy buen aspecto, escoltado por los músicos catalanes. No acusaron ningún signo de cansancio, a pesar de hacer doblete, ya que Sonny y sus músicos venían en furgoneta desde Reinosa, donde por la mañana habían ofrecido un concierto en sesión vermut. Sin discursos ni ceremonias, abrieron fuego con “My Guitar”, un misil de menos de dos minutos extraído de su álbum «The Good, The Bad & The Ugly« (2003) que caldeó el ambiente de forma instantánea.

Durante 45 minutos no hubo tregua. Canciones cortas, frenéticas, muchas por debajo de los dos minutos, como si cada una fuera un puñetazo bien dirigido. Entre las más “largas”, si es que tres minutos pueden considerarse largos en el universo punk de Sonny Vincent, sonaron «Hey You», «Juicy Lucy» y «Jockers And Clowns». La más extensa de la noche fue «Always A Catch«, con sus 4 minutos y 31 segundos que parecieron un pequeño maratón dentro del set.

El bloque más salvaje llegó con una ráfaga de temas velocísimos, cuya energía invadió toda la sala: “Bad Attitude”, “Part 2 Screw You”, “Madras Prison”… apenas tiempo para respirar entre uno y otro. Acto seguido, la banda asaltó “The End Of Light”, corte de su disco en solitario «Snake Pit Therapy« (2021), y que comparte título con su libro autobiográfico, disponible esa noche en el puesto de merchandising.

Uno de los puntos álgidos de la velada llegó con la electrizante “Aw Maw”, clásico editado originalmente como sencillo por su banda Liquid Diamonds, que hizo vibrar los cimientos de la sala. Sin levantar el pie del acelerador, continuaron con la más reciente “Silver”, incluida en la edición estadounidense de «Spiteful«, donde colaboraron figuras como Glen Matlock (Sex Pistols) y Rat Scabies (The Damned), seguido de cerca por la cortísima «Come For You«, de ritmo frenético y el ambiente terminó de incendiarse con “Let’s Get Zooed Out” y “Mk Ultra”, dos misiles de su época en Testors.

El cierre oficial llegó con “Shameless Face”, también de «Spiteful«, tras la cual la banda abandonó el escenario. Pero el público, entregado, no estaba dispuesto a dejar marchar a Sonny Vincent y sus músicos tan fácilmente. Entre gritos de “¡otres tres!”, a los pocos minutos regresaron para un bis improvisado con temas fuera del setlist, pertenecientes a la época de su mítica formación de los setenta, Testors. Sonaron entonces los demoledores «Motor Drive» «I See». Sobre el escenario, el batería Carmonkey y los músicos de The Capaces demostraron una compenetración salvaje, imprimiendo toda la fuerza, rabia y contundencia de la música original de Testors. Un broche de oro de puro punk neoyorquino que dejó la sala vibrando.

Al encenderse las luces, el puesto de merch se convirtió en el punto de encuentro idóneo para asimilar la descarga. Allí tuvimos la oportunidad de adquirir algún recuerdo, hacernos unas fotos y charlar con Alex, Martí y Oscar. Los músicos catalanes, clave indispensable para confeccionar esta crónica, compartieron con nosotros un puñado de impagables anécdotas de carretera y recuerdos vividos junto al propio Sonny Vincent. Algunas de esas historias —las confesables— sirven también para dar color a esta crónica. Porque lo que ocurrió en Valles no fue solo un concierto: fue un acto de resistencia, un recordatorio de que el punk no es una estética ni una pose, sino una forma de seguir adelante cuando todo lo demás se derrumba. Y Sonny Vincent, a sus casi 74 años, lo encarna mejor que nadie.

Por mi parte, solo queda agradecer como siempre a los compañeros y amigos de Heavy Metal Brigade por el apoyo, a las pequeñas asociaciones como la Bocanegra por sus 18 años de supervivencia y enriquecimiento cultural en el entorno de Valles (Piloña), a Carmonkey y a los músicos de The Capaces por su ayuda a la hora de dar forma a esta crónica y a todos los que nos seguís y apoyáis la música en vivo. Nos vemos próximamente…hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!! 

Texto y Fotos: Aurora Menéndez

Crónica: Z! Live Rock Fest (Sábado 13/6/2026)

Tercera y última jornada del Z! Live 2026, que amenazaba calor sofocante y buenas descargas con nombres pesados como los de Epica, Krisiun, Soziedad Alkoholika o Tesseract.

El del sábado era un cartel de lo más heterogéneo. Todos lo son a su manera ¿no? Los metaleros de Oñati Latzen están repartiendo buena leña cuando irrumpimos por el recinto. Venía el cuarteto presentando su “Denboraren Orbainak”, que ha supuesto su vuelta tras más de 25 años, y lo hicieron con un buen número de fieles en primera fila que incluso llegó a corear alguno de los temas. La jornada empezaba con buen pie.

Los barceloneses Romanthica vendrían entonces a poner la nota gótica al cartel. Otra de las bandas que acudió a Zamora huérfana de bajista y que en su amalgama sónica dejaba rastros entre H.I.M. y Depeche Mode, todo bajo esa voz a la Carlos Escobedo de David Gohe. Puede que la suya sea una propuesta que reclamase una mayor oscuridad, y no el sol de la media tarde. En cualquier caso, y juegos con ropa íntima al margen, me resultaron agradables.

Con Dominum llegaba el turno de los no muertos. Los de Nuremberg, máscaras mortuorias mediante, supieron hacer las delicias del público más joven. Banda desenfadada donde las haya, disfrutona incluso, lo cierto es que contemplé su descarga con cierto agrado, pero siempre desde fuera. Muchas de sus melodías me dejaban un regusto al bueno de Danny Elfman, compositor de buena parte de las bandas sonoras de las pelis de Tim Burton.

Dr. Dead se mostró como un frontman de lo más voluntarioso, buscando conectar con la gente en todo momento. Venían con un disco recién editado debajo del brazo, ese “Night Is Calling” que Napalm Records ha puesto en la calle, siguiendo en lo musical la estela de los Battle Beast y compañía. Metal en su versión más lúdica. Tomándole la palabra a Lago, mi pirata compañero de andanzas, son “un grupo de festival”. Ni más ni menos. Y si no, que me expliquen esa versión del “Thriller” de Michael Jackson.

Algo que viene a contrastar con el rapidísimo death metal de los brasileños Krisiun. Los de Ijuí desatarían una tormenta de blast beats incesantes, descerrajando riffs flamígeros con toda naturalidad. Sorprende la intensidad que son capaces de desplegar y muy apreciable lo orgánico que resulta su modo de entender el metal extremo. No hay detalles de cara a la galería y tanto Alex Camargo (bajo) como Moyses Kolesne (guitarra) están todo lo graves que se esperaba. Hace tiempo ya de su último álbum de estudio, aquél “Mortem Solis” de 2022, pero a bordo del Copper Stage no cupieron excusas.

Desde que arramplan con “Kings Of Killing”, estamos ante lo mejor de cuanto el death metal brasileño tiene para ofrecer. En ese caos sin medida, Moyses Kolesne dejó solos de toda clase. A veces caóticos a lo Slayer, otras veloces a lo Angelcorpse, y junto con sus compañeros saciaron a todo aquél ávido de sensaciones fuertes. Que tras todo un set de aporrear parches sin descanso, Max Kolesne aún tuviese tiempo de entregarse a un igualmente intenso solo de batería, creo que habla muy bien de él. De la forma en que arribó en Zamora. Indómitos.

Después del death metal de los brasileños Krisiun le iba a llegar el turno a los djent progresivos (o viceversa) Tesseract. Los británicos resultaron una de las bandas más esperadas de la última jornada, a tenor de cuanta gente se reunió en torno al Silver Stage. Desde la cuidada escenografía hasta esa voz de mil registros de Daniel Tompkins, funcionaron con la precisión que se esperaba de ellos.

A ratos más atmosféricos, al otro hundidos de pleno en las procelosas aguas del metalcore, la suya estaba siendo una descarga de lo más precisa y contundente. Nosotros aprovechamos para hacer una visita rápida al merch, huérfano de nuestra curiosidad en el par de jornadas previas. Para cuando regresamos al recinto están casando clase y músculo con mano maestra, convenciendo a propios y extraños.

Soziedad Alkoholika no necesitan presentaciones. Los vitorianos llegaron a Zamora con todo su compromiso intacto, prestos a dar una lección de thrashcore intenso y flamígero, literalmente hablando. Ya avisaba Juan que “rezar no nos iba salvar”. Y tenía razón.

Él y su voz puede que hayan perdido algo de gravedad con el paso de los años. Pero lo que es su banda, sigue igual de encabronada que siempre. Y están tocando a un volumen verdaderamente alto a su paso por el Copper Stage. Llamaradas y riffs directos a nuestras yugulares. Una jornada más, no iban a hacer prisioneros. “Colapso Final”, y en especial el verso “El mundo es una bomba apunto de estallar…” llevan resonando en mi cabeza desde el sábado. Es de una violencia que viene a contrastar con el punch más groove de “Palomas y Buitres”, uno de sus temas insignia. Otro tanto “Cienzia Asesina” y la ya clásica introducción de Juan con la armónica.

El set es, por momentos, todo un desfile de clásicos. “Ratas”, “Piedra Contra Tijera”, “Peces mutantes”… y aunque siempre haya alguien que te amargue la existencia, qué bueno ver que siguen tan ingobernables como siempre. Dando toda su mala leche en “Motxalo” y sin dejarse nada dentro en “Nos Vimos En Berlín”. El tema vio la luz allá por 1990 y la situación no ha cambiado ni un ápice. Perra vida.

Epica llegaban a Zamora con la mosca detrás de la oreja de muchos zlivers. La suya en el festival era una presencia motivada por la caída de Twisted Sister y el cambio, a mil millas en lo musical, enfadó a más de un poseedor de ticket. Pero como cronistas de la verdad que somos, lo cierto es que me atrevería a decir que el suyo fue uno de los shows no solo del sábado sino del evento en su totalidad.

Ya de entrada cuentan con una potente puesta en escena, con la gran plataforma para teclista (Coen Jansen) y batería (Ariën Van Weesenbeek), amén de su electrónico correspondiente. Todo arranca desde esa intro que da pie a “Cross The Divide”, de su más reciente “Aspiral” de 2025, y que sería, a la postre, uno de los pocos cortes sencillos de todo el set. Porque quien piense que esta es una banda de singles sencillos a la Battle Beast, desde luego no conoce bien a Mark Jansen. Él está dejando buenas voces graves en la clásica “Sensorium”. Y me gustó que los pies de micro ocuparan el escenario cuando fueran únicamente necesarios. Todo revierte así en una escenografía cuidada al milímetro, que va desde la explosión de confeti inicial al uso de todo tipo de fuegos pirotécnicos.

Al frente está una Simone Simons tan segura como siempre, pero que maneja ahora muchos más registros que en aquél otro encuentro con la banda allá por 2008. Imprescindibles las teclas de Coen, si bien a veces los coros disparados restaban cierta organicidad al conjunto. Ellos acertaron a conmutar su cara más power con la más amable. Composiciones largas, en varios momentos, que ya digo hablan muy bien de Mark como compositor. Su hermano bajaba a veces al piso, teclado de mano mediante, y se mezclaba con los Isaac Delahaye (guitarra) y Rob Van Der Loo (bajo). Una banda que se muestra muy activa sobre las tablas. Y aunque todo resulte, a ratos, pensado hasta el último detalle, la sensación es la de estar ante una banda realmente grande.

Apparition” pueden ser los Epica más pesados y oscuros, mientras que en “Storm The SorrowZamora la emprende a palmas. La propia Simone se aupaba a veces a la parte central de la tarima, compartiendo espacio con Coen y Ariën. Gran voz la suya y doblete de guturales el que ofrecieron Mark e Isaac aquí. Es cierto que “Never Enough” puede pecar de facilona. Pero pienso que luego “Arcana” está dando la verdadera medida de una banda como esta. Por no hablar del modo en que la emoción desborda durante una sentida rendición de “Tides Of Time”. Sensacional Simone aquí.

Pero es a lomos del estribillo quasi perfecto de “The Grand Saga Of Existence – A New Age Dawns Part IX” que la banda está componiendo otro de mis momentos favoritos de esta edición. Por el gran sonido que fueron capaces de desarrollar pero también por el modo en que enganchó con la gente. Me atrevería a decir que uno de los momentos de mayor comunión banda / público de todo el fin de semana. Tanto o más cuando enlazan con la más clásica “Cry For The Moon”, que llegó tras un pequeño speech de la propia Simone, y que me retrotrajo a aquél show en Bergara. Como pasa el tiempo. Al igual que pensara durante el bolo de H.E.A.T, están llamados a coger el testigo de las grandes bandas del pasado y liderar festivales allá donde vayan. Si lo hacen sin traicionar sus esencias, no podré ser más feliz.

Así las cosas, la papeleta para la buena gente de Brothers Of Metal no se la deseo ni al peor de mis enemigos. Pero, un poco como Dominum unas horas antes, los de Malung (Suecia) supieron tirar de una propuesta divertida y eficaz imbricada en su power metal a dos voces, las de Ylva Eriksson y Joakim Lindbäck. Entre melodías épicas, ciertos riffs de aire muy pirata (cómo no pensar en Running Wild) y alguna melodía a la Blind Guardian colmaron a los más fiesteros.

Imaginería muy nórdica y que deriva incluso en su puesta en escena, resultaron otra de esas bandas que parecen haber nacido con el directo como principio y final. El público del Z! Live, que les acompañó en buen número, así pareció entenderlo. Y entre esas líricas de mitología nórdica y un power más vivaracho que contundente, supieron continuar la fiesta hasta la llegada de Lèpoka.

Los folk metaleros de Castellón de la Plana serían los encargados de cerrar la presente edición del Z! Live. Y lo iban a hacer como corresponde: por todo lo alto. Un par de grandes barriles de cerveza adornan la escena. Y ellos, enfundados en su siempre lúdica manera de entender esta música, pondrían a botar a quienes aún retenían fuerzas tras las tres jornadas de calor, arena y sudor.

Seguimos En Pie”, después de todo. Puede que, como dijo el propio Dani Nogués, muchos les consideren “la disco móvil del metal”. Pero cuando, a pesar de lo nutrido de su line up, están gozando de un sonido claro y contundente, a quién le importa tal o cual consideración. Es, como tantos otros nombres de esta crónica, una banda para el directo. Y en él, en el entusiasmo que despliegan ante la audiencia, está su gran baza. Una estupenda elección como cierre a la presente edición, si me preguntan.

Edición de la que, en líneas generales, hemos salido más que satisfechos. Son muchas horas y hay momentos en los que el cansancio pesa. Y lo hace por encima de otras muchas consideraciones. Pero en honor a la verdad hay que decir que el cumplimiento de los horarios fue exquisito durante los tres días. Que el calor acompañó en casi idéntica medida al buen sonido (salvo momentos puntuales) del que gozaron todas las bandas del cartel y que, una vez más, la convivencia entre nuestra parte (los medios) y la contratante (la organización) tuvo en la figura de Iuri Carlos al perfecto enlace.

Siempre habrá detalles por mejorar. Como la decisión de situar al merch (digamos) no oficial fuera del recinto y no en su interior, como sin ir más lejos, estaba situado en la edición de 2025. Habrá razones para tal movimiento. Pero mentiría si no dijera (o directamente omitiese) que el gesto generó no pocas quejas. Reel viral inclusive.

Por nuestra parte nada más. Mandar un abrazo grande a José Miguel “Lago” de Piratas de Libertalia por las muchas horas aguantando mi cuestionable sentido del humor, un saludo a las muchas y diversas caras conocidas que saludamos (o no) a lo largo de los tres días y un agradecimiento final a la organización por confiar en este humilde medio un año más. Que todo se dé bien y nos volvamos a ver las caras dentro de doce meses. De momento, ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Z! Live Rock Fest (Viernes 12/6/2026)

Segunda jornada del Z! Live, la más apegada a los sonidos más clásicos, y que contó con nombres tan importantes como Su Ta Gar, Blaze Bayley, Saxon o Coroner.

Nosotros llegamos para cuando los vallisoletanos Xeria están en los últimos compases del set. La banda, a la que habíamos visto hacía apenas una semana como teloneros de Argion (crónica), trajo su metal sinfónico a Zamora y, por lo que pudimos ver, supo conectar con los más madrugadores. Una muy voluntariosa Marina Sweet al micro acertó a despertar al público, allanando el camino a una jornada que se preveía larga e intensa.

Y que continuó con los londinenses Kardinal X. Heavy metal con trazas de Grave Digger, Accept o Iron Maiden y esa voz tan a lo Blaze Bayley del risueño Nick Majluf. Ellos venían presentando su último álbum “Redemption” y parecieron ser del agrado de los más clasicómanos. Divertidos, a ratos me recordaban a mis paisanos de Bestia Negra. El buen oído de Shaun Dunne para los solos atrajo mi atención, pero todo terminó de encajar cuando Majluf soltó unos versos del “Siempre Estás Allí” de nuestros Barón Rojo. Guiño que, huelga decir, encandiló al público. Agradaron.

Burning Witches toman entonces el Silver Stage cara a ofrecernos otra ración de heavy metal. El quinteto de origen suizo venía con el interesante “Inquisition” (2025) bajo el brazo y no perdió la oportunidad de agradar en el Z! Live. Una banda que parece haber encontrado una cierta estabilidad con su actual line-up y que, a tenor de lo visto, enardeció a buena parte del público.

Tuvo gran culpa una muy voluntariosa Laura Guldemond al micro. Y no porque se calzase aquellos cuernos en los primeros estertores del set, aunque también. Al final, todo suma. El registro de la neerlandesa casa y de qué forma con ese heavy metal tan orgánico. Y temas como “Evil Witch” o “Black Widow”, de aquél debut homónimo de 2017, les funcionaron. Reconozco que las disfruté en mayor medida durante sus momentos más trotones. En cualquier caso, creo que dieron buen nivel el pasado día 12.

Luego Su Ta Gar se iban a dar un atracón de nostalgia en el Copper Stage. Los de Éibar trajeron su thrash de tintes heavies (o viceversa) y su compromiso intactos. No son muchas las ocasiones en las que se puede uno cruzar con ellos (recuerdo aquél Derrame Rock de ¡2002!) pero, como diría El Drogas, siempre es “un gusto”. Porque el caso es que siempre atruenan. Una banda no tan reconocida como merecería, dueña de un directo potente, crudo a ratos, y que supo hacerse fuerte frente al calor reinante.

El escenario escupía fuego mientras ellos daban cumplido repaso a su extensa trayectoria, picoteando entre álbumes como “Jainko Hilen Uhartean” (2006) o “Itsasoz Beteriko Mugetan” (2003) o yéndose directamente hasta el debut, cuya portada adornaba el escenario, “Jaiotze Basatia” (1991). Es precisamente ahí, con “Begira”, que Aitor Gorosabel está dejando uno de los mejores solos del set. No faltaron agradecimientos a la organización, algo de fuego pirotécnico y la certeza de que siempre es un gusto encontrárselos. Después de todo, y como reconoció el propio Aitor, resulta de lo más “emocionante” alcanzar “cuarenta años de trayectoria cantando en euskera”. Que sean muchos más y nosotros los veamos.

Llegaba el turno de recibir al bueno de Blaze Bayley, quien para servidor ya casi es uno más de la familia. Después de todo, era esta la tercera vez que cruzábamos nuestros caminos en un lapso de apenas dos años. Con la entrada de Tom Atkinson en guitarras y Luke Appleton pasando ahora al bajo, el de Birmingham dio cumplido repaso a su etapa en Iron Maiden, siguiendo parecido guión al de su paso por Gijón en 2024 (crónica).

Casi parece un sueño que hayan pasado treinta años desde que el bueno de Bayley cantase para la doncella. Todo arranca, de modo sorprendente, guiñando el ojo al “Doctor, Doctor” de UFO, para después reconvenir hacia “Lord Of The Flies”. Armado con su característico micrófono, con el paso del tiempo Blaze Bayley se ha ido confirmando como un verdadero currante del heavy metal. Siempre cumple y en Zamora no iba a ser menos. Todo me funciona, en técnica incluso, pero no es hasta “Sign Of The Cross” que captan mi total atención. Fue de las mejor recibidas del set y desde luego la más coreada. Aunque con “Born As A Stranger” nos recordó que el material propio también le funciona.

The Clansman” resultó otra de mis favoritas. Y a tenor de cómo gritaba la gente a mi alrededor, también del público. Mucha camiseta de la Doncella se dejó ver el viernes por Zamora. Ellos y los demás gritamos hasta las últimas consecuencias en cortes más facilones como “Man On The Edge” o “Futureal”. Un atracón de nostalgia que cierra el bonachón vocalista tras su habitual mensaje motivacional y el siempre pegadizo “The Angel And The Gambler”. Siempre cumplidor.

H.E.A.T. y no se me enfade nadie, son unos auténticos personajes. Cuando “The Heat Is On” de Glenn Frey suena por PA, uno incluso se pregunta hasta qué punto se toman en serio a sí mismos. Pero a nada que “Disaster” procura esa salida en tromba de los chicos, nuestras retinas están fijas en la hiperactividad de un Kenny Leckremo avasallador.

Cuidada puesta en escena, con batería y teclados sobre una plataforma y ese trasunto de HAL 9000 vigilando cual ojo eléctrico desde el electrónico. “Rock Your Body” puede ser uno de sus temas más idiosincráticos, al tiempo que “Dangerous Ground” ofrece la cara más vibrante de la banda. Pero es “Hollywood” la que amalgama uno de sus mejores estribillos junto a un gran solo de Dave Dalone.

Era mi segundo encuentro con ellos y, mediado el set, ya pensaba en que esta banda lo tiene todo para cubrir el hueco de los grandes nombres del pasado. Presencia escénica, uno de los frontman más infatigables de toda la escena hard rock pero sobre todo composiciones funcionales y muy muy pegadizas. En esas estaba cuando aprovechan para guiñar al “War Pigs” de Black Sabbath y recordar al tristemente desaparecido Ozzy Osbourne. Luego “Back To The Rythm” puede ser otra de mis favoritas. El público disfrutó de lo lindo y a mí me quedó la sensación de que, ahora mismo, tienen el mundo a sus pies.

El tiempo parece haberse detenido cuando Byff Byford y sus Saxon toman el Silver Stage. Una banda que apareció por Zamora en plena forma, como demuestra esa salida en tromba de “Hell, Fire & Damnation”. La formación británica, desde 2023 con todo un Brian Tatler (Diamond Head) a bordo, enardeció a un público entusiasta, que supo llevar en volandas a los de Barnsley. “Power & Glory” deja un riff estupendo. Fue ya aquí que comenzó la lluvia de chalecos desde el público. El primero de todos sería exhibido por el propio Byford. A la vejez, riffazos de puro y añejo heavy metal. El propio Tatler está dejando un gran solo en “Dogs Of War”. Y mientras que los distintos discos de la banda iban pasando por el electrónico, Byford se calzaba el chaleco y luego Tatler sentaba cátedra desde su Flying V. Todo iba sobre ruedas (de acero).

Sacrifice” es la cara más heavy de los británicos, valga la redundancia y en “Solid Ball Of RockByford salta y agita el cuello como si no fueran 75 los años que cumplió el pasado mes de enero. Al final se calzarían los chalecos que les fueron tirando desde el público. La sintonía entre unos y otros parecía total. Máxime cuando Saxon la emprenden con la inmortal “Heavy Metal Thunder”, historia viva de la banda en particular y del género en su totalidad. Con “Dallas 1PM” recordamos el magnicidio de Dallas (mostrado de forma explícita en el electrónico) y “Strong Arm Of The Law” ofreció la cara más grave del quinteto.

Tras una pequeña deliberación con el público, éste terminó por elegir “Broken Heroes” en detrimento de “The Eagle Has Landed”. Puede que la banda no escape a las garras de la I.A.. Poco importa cuando arremete con “Motorcycle Man” y Tatlet dibuja otro fantástico solo de guitarra. “Never Surrender”, a la vista está, es pura idiosincrasia Saxon. Pero cuando un avión sobrevuela el recinto y atruena “Strangers In The Night”, todo casa para plantar un gesto de honda satisfacción en nuestros rostros. El rus final del set es, no cabía otra, de verdadera antología. Por lo que contiene pero también por el modo de transmitirlo. A saber: “Wheels Of Steel”, la nota épica que deja “Crusader” y una “Denim And Leather” que no podría describir mejor al género. Finalmente “Princess Of The Night” echa el cierre, con el curioso juego meta referencial que supone con respecto a los titanes Metallica, máxime ahora que Brian Tatler se ha sumado a la banda. No pasan los años por esta gente. El heavy metal es el verdadero secreto de la eterna juventud.

Después iba llegar el turno de recibir a las leyendas suizas del thrash metal técnico Coroner. Nombre de verdadero culto en la escena mundial, la banda no hizo prisioneros de ningún tipo a su paso por el Copper Stage. Ya desde esa “Consequence”, que refiere a su primer álbum en más de treinta años “Dissonance Theory”, sorprende la ruidera que son capaces de montar entre los cuatro. También el buen sonido, en líneas generales, pese al volumen altísimo al que se desarrolló su descarga.

Ni de lejos la banda más activa de cuantas pasaron por Zamora, pero a fe mía que una de las que mejor supo hilvanar la técnica que envuelve sus temas con una traslación al directo salvaje y rotunda. “Sacrificial Lamb”, también de aquél trabajo del pasado octubre, dio fe de ello. Pero cuando vuelven a aquél “Mental Vortex” de 1991 y rescatan “Divine Step (Conspectu Mortis)”, dibujan desarrollos de técnica exquisita y los combinan con un nervio más propio de tiernos mozalbetes, estamos ante otra de las grandes descargas del fin de semana. Me consta que lo contra intuitivo que, a ratos, resulta su thrash metal, echó para atrás a más de uno. Pero cuando miran hacia la década de los 80 y rescatan “Masked Jackal” (“nuestro primer videoclip”) sus fans más acérrimos se relamen frente al Copper Stage.

Mucha, muchísima la cera que repartieron. Con un gran despliegue de Diego Rapacchietti tras los parches, Coroner hicieron honor a su leyenda y supieron llenar ese hueco entre el thrash más avant-garde y la técnica más exquisita. Todo sin desperdiciar absolutamente nada en lo que a pegada se refiere. Fantásticos.

Para el cierre quedaba el folk metal de aires celtas que propusieron los madrileños Ekyrian. Propuesta la suya que casaba con la sacrosanta orden de divertir el cierre. A eso vinieron y eso fue lo que hicieron. Gozando además de buen sonido, no era fácil con una alineación tan numerosa. Pero los madrileños, un poco como Dragony en la víspera, fueron todo pundonor y fiesta.

Un cierre animoso y agradable a otra jornada verdaderamente maratoniana. Quedaba la del sábado.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: GBH + Infección (Oviedo 11/6/2026)

Fue el pasado 28 de noviembre del 2025 cuando los legendarios GBH actuaban por primera vez en Asturias, en los Locales Mercurio de Mieres. Un concierto rememorando la esencia punk y underground de los 80. Tocaron solo ante un centenar de personas que abarrotaron el pequeño recinto y que debió de dejarles a los británicos un muy buen sabor de boca, ya que, casi siete meses después deciden completar su pequeña gira por España, recalando de nuevo en escenarios asturianos, en este caso, en la ovetense sala Gong.

No repiten, eso sí, con sus compañeros españoles de gira, los valencianos Deaf Devils (como ya lo hicieran en Mieres, en su primera cita asturiana). En esta ocasión, los acompañarían los locales Infección. Era jueves y, como comentaba, no había pasado mucho tiempo desde su anterior visita, sin embargo, los incondicionales no fallaron, registrándose una entrada, digamos, que aceptable, teniendo en cuenta estas circunstancias.

Y es que contar con la presencia de una de las leyendas pioneras del hardcore punk británico, volvió a ser motivador para los amantes del género. Algunos, provistos de sus vinilos, consiguieron que fuesen firmados por la banda. Con una afluencia de público aún floja, comienzan los Infección, a las nueve y media de la noche. Nos preguntan de mano si no vamos a trabajar mañana, se presentan y al lío. La formación luarquesa celebraba su quinceavo aniversario sobre las tablas, dando un repaso a su, no obstante, escueta discografía.

Arrancan con “No Nos Callarán” de su homónimo álbum del 2017, seguida de “No Te Dejes Atrapar” de su último trabajo “Desdichados”. La dupla Deiviz (bajo y voz) y Geni (guitarra, voz) funcionaba a la perfección, confiriendo un mayor dinamismo a los temas, turnándose en las voces, acompañados de Jose, a la otra guitarra, y Manu a la batería. Para “Hipocresía” el ambiente ya estaba empezando a caldearse. Los ventiladores de la sala se agradecieron bastante. El hardcore punk directo, divertido y reivindicativo de Infección se concreta en el siguiente tema, que arranca movimiento entre la gente.

Para presentar “Mi propio Dios” recuerdan la visita del Papa de estos días y también mencionan a Pirri, de Escuela de Odio, deseando compartir escenario con ellos, antes de “Otro Fascista”. Nos preguntan después si en Oviedo tenemos vecinos repunantes y suenan, entonces, unas líneas de bajo saturadas y crudas marcando el inicio de “Mata A Tu Vecino”, dejando patente su peculiar humor. Y empiezan a despedirse, aunque aún sonarían tres temas más. Cuando creíamos que cerraban definitivamente con “Desdichados”, rematan con una versión de Parálisis Permanente, “Un Día En Texas”. Tres cuartos de hora que cundieron mucho.

Unos diez minutos después, Colin Abrahall, voz y miembro fundador de GBH, toma el micro para iniciar la actuación de la banda, pillando desprevenido al público e incluso a Ross Lomas, el bajista, que no se había colocado aún en su espacio. Un comienzo ya sin miramientos para desgranar más de una veintena de temas sacados de sus discos más míticos: “City Baby Attacked By Rats”, “City Baby’s Revenge” y “Leather, Bristles, Studs And Acne”, fundamentalmente, vamos, todo un revival de la época de los 80. Sorprendente fue también la ausencia del otro miembro fundador, Colin “Jock” Blyth, quien tuvo que ser sustituido por otro guitarrista para la ocasión, por encontrarse enfermo. Como decía, inicio contundente y rapidísimo con “Diplomatic Immunity” y “Drugs Party In 526”, seguidas de la inconfundible “Sick Boy”, celebrada por la concurrencia que, ya estaba más centrada y disfrutando de lo lindo. Retrocedemos a 1981 con “Slit Your Own Throat” y “Am I Dead Yet?”, piezas potentes que marcan el sello personal de GBH en su forma de interpretar el punk.

Aquí Abrahall se detiene para saludar y para presentar una versión muy original del “War Pigs” de Black Sabbath, en honor a su paisano Ozzy. Con “Maniac” de su disco debut, comienzan los primeros movimientos entre el respetable. Pieza pegadiza y movida, al igual que las siguientes “Gunned Down”, y “I Am The Hunted”. Otra breve parada para preguntar cómo estamos. Colin se desprende de su habitual chupa de cuero y continúa la descarga que nos transporta a la época dorada del punk británico. Dos espontáneos no dudan en subir la escalerilla que lleva al escenario de la Gong, para abrazar a un resignado Ross Lomas y acercarse, luego, al fabuloso batería Scott Preece, con el que se hacen varias fotos en plena actuación. Nadie se inmutó. Después de más de 40 años sobre los escenarios, los de Birmingham a buen seguro que han tenido que lidiar con situaciones más comprometidas. Sin parar caen “Heavy Discipline”, otra versión, la de los Slaughter And The Dogs: “Boston Babies”, provocando movimiento en las primeras filas y “Bellend Bop”, tocada a gran velocidad. Aprovechan para interpretar un tema de más reciente factura, “I Never Asked For Any Of This”, de su último disco y con el que demostraron que no han perdido un ápice de frescura.

Buen trabajo a la guitarra y aún más destacable el de la batería, en cortes como “Generals”. Pequeña pausa para saludar a los Infección y traca final que bordan con dos temas míticos: “Give Me Fire” y “City Baby’s Revenge”. Aunque se despidieron, nos preguntaron si queríamos escuchar alguna más, con la lógica respuesta positiva de los asistentes, siendo el momento de “Time Bomb”, la canción que abría su primer disco, con ese sonido cañero de la guitarra y que sonó de manera muy intensa, para despedirse con su versión del “Bomber”, de los Motörhead, para la que el manager de los GBH, se colgó el bajo de Ross y así interpretar ese conocido tema, poniendo el punto final a una colección de clásicos inmortales dentro de la música punk de todos los tiempos.

Gran velada nos ofrecieron ambas bandas. Ambas gozaron, también, de un buen sonido, aunque el ambiente distó un tanto de aquel más underground de su primera visita. GBH, dejaron patente que aún tienen cuerda para rato y que son una institución en el género y les agradecemos que hubiesen decidido repetir visita. Por muchas más así. Un saludo a todos y hasta la siguiente.

Texto y Fotos: Erundina Artidiello

Crónica: Z! Live Rock Fest (Jueves 11/6/2026)

Y el templo del metal reabrió sus puertas. Un año más Zamora acogió una de las citas más interesantes de toda la temporada de festivales, reuniendo a un puñado de primeras espadas en un cartel de lo más heterogéneo y atractivo. Buen tiempo y mejor compañía para cruzar el Negrón y entregarnos a tres días de buen tiempo y mejor música. Cita ineludible ya para esta casa, todo arrancó, bajo un sol de justicia allá por el jueves 11 de junio, con la ya clásica división entre stages (Silver a un lado, Copper al otro) y nombres como Bury Tomorrow, Opeth o Emperor ejerciendo de principales reclamos.

Pero antes de que llegara el turno de los Mikael Åkerfeldt, Ihsahn y compañía, a Headon les cayó en gracia la siempre poco agradecida tarea de abrir el evento. Los de Andy Martínez, a lomos de un sonido cada vez más contemporáneo, lidiaron como mejor pudieron con ese papel siempre complicado. Un heavy metal imbricado de rasgos metalcore y mucho groove en cortes de nuevo cuño como la inicial “Memento” o la postrera “Un Nuevo Sol”, para después cerrar, eso sí, con una sorprendente versión / deconstrucción del “Fiesta Pagana” de Mägo de Oz. Un cierre que torció el gesto a más de uno.

Luego los valencianos de Noah Histeria vendrían a poner la nota técnica de la jornada. Era el día de Opeth, después de todo. Ellos engranaron su peculiar modo de entender el rock progresivo sin dejar indiferente a nadie. Un rock orgullosamente heterogéneo, que amalgama desde riffs cercanos al djent a dejes más atmosféricos sin olvidarse de algún pequeño ramalazo a la Tool o incluso un pequeño poso flamenco. Todo bajo la peculiar voz de Doc y su llamativa presencia escénica para uno de los sets más atrevidos de la primera jornada.

El contraste para con los chicos de Serious Black no iba a ser pequeño. Super banda nacida precisamente en España y fundada por Mario Lochert (ex Visions of Atlantis) y Roland Grapow (ex Helloween), arribaban a Zamora presentando aún su “Rise Of Akhenaton” de 2024. Con dos guitarras y sin bajista, el suyo resultó un heavy metal de lo más agradable para la media tarde. Bajo un sol que apretaba lo suyo, Nikola Mijić se desvivió por meterse a la gente en el bolsillo. La gente conectó enseguida con su power melódico. Sería el propio Mijić quien nos comunicara que el bueno de Lochert se había quedado en tierras alemanas debido a un ataque al corazón. Cortes como “Rock With Us Tonight” entraron cual cuchillo en mantequilla y disculpamos el aroma tan Edguy de otros como “Mr. Nightmist”. “Senso Della Vita” puso el guiño transalpino y, al final, todos coreamos el nombre de Mario, a quien desde aquí mandamos nuestros mejores deseos.

Los belgas Evil Invaders le añadirían entonces algo más de picante al cartel. Speed metal hiriente, a mil por hora, descerrajado sobre una audiencia ávida de sensaciones fuertes, que supo vibrar con los de Leopoldsburg como si les fuera todo en el empeño. Como si no quedasen dos días y medio aún por delante. Sin nuevo material desde aquél “Shattering Reflection” de 2022 pero con el ánimo intacto, Joe comandó a los suyos con pulso firme y sin dejarse absolutamente nada. Concisos, precisos, ellos defendían desde las tablas que lo suyo era puro thrash metal. Quién soy yo para llevarles la contraria. Baile de etiquetas al margen, me atrevería a decir que fueron la gran sorpresa de la primera jornada. Verdaderos underdogs, se atrevieron incluso con una versión del “Witching Hour” de Venom. A buen seguro se llevaron unos cuantos nuevos fans debajo del brazo.

Bury Tomorrow vendrían entonces desde Southampton para darle un bocado de metalcore al Z! Live. Lo bueno es que Daniel Winter-Bates apareció por Zamora con su voz, de mil registros, aparentemente intacta. Arrimados a ese metalcore a medio camino entre Parkway Drive o While She Sleeps, pondrían Zamora patas arriba. Muy intensos arriba de las tablas pero risueños, buscando en todo momento el calor del público mientras engrasaban su metalcore intenso y vibrante. Reconozco que no practican el tipo de metal que más acostumbro a escuchar. También que la gente, en especial la más joven, los disfrutó de lo lindo. Máxime cuando tuvo la oportunidad de llevar en volandas, literalmente, al bueno de Winter-Bates. Gran directo.

Llegaba el turno de los padres del black sinfónico. Aún apretaba el sol cuando Emperor tomaban el Copper Stage. Un enorme telón de fondo y dos kits de batería frente a él. “Into The Infinity Of Thoughts” atruena nuestros tímpanos ante la siempre curiosa presencia escénica de un confiado Ihsahn. Siempre al frente tras sus ya inconfundibles gafas de pasta y apoyado por un Trym Torson en plena forma tras los parches. Historia viva del género, prescinden del corpse paint de muchos de sus coetáneos apoyados en teclas por todo un Jørgen Munkeby de los Shining noruegos.

Ihsahn alterna voz rasgada y limpia en “In The Wordless Chamber” y el sonido gana en pegada para magnificar la pegada de “With Strength I Burn”. Hubo vítores aquí para la formación noruega, síntoma éste de lo bien que se estaba dando el set. Acompañaba un ocaso que iba, poco a poco, tiñendo de oscuridad el zurdo de los escenarios. El de “The Loss And Curse Of Reverence” resultó un black metal casi centrífugo, veloz y salvaje, aupado por las teclas de Munkeby y el poso más sinfónico. Y aunque desde luego no la banda más activa arriba de las tablas, Tony “Secthdamon” Ingebrigtsen al margen, sorprende la vitalidad de estos veteranos.

Luego llegó el turno de cambiar el telón, dejar sonar el “Ave Satani” que el grandísimo Jerry Goldsmith compusiera para el clásico de Richard DonnerLa Profecía” y recibir a Mortiis al bajo y un Faust que ocuparía el set colocado a la derecha del escenario. Así, con la formación clásica sobre las tablas, encaran la parte final del set. Esa ocupada en recordar el seminal Ep homónimo de 1993. Este tramo final, “I Am The Black Wizards” mediante, fue fácilmente uno de mis momentos favoritos de todo el festival. Y fíjate que no fueron pocos durante los tres días. En el negocio de la música a veces todo parece posible, pero jamás me imaginé, a estas alturas, viviendo algo así. Y puede que Ihsahn sufriera con su registro limpio en este tramo final. Pero a fe mía que supieron hacer honor a su leyenda. Se fueron, de nuevo con la formación actual, tras “Ye Entrancemperium”, dejando la difícil papeleta a la organización de encontrar una rima similar de cara a la edición de 2027.

La de Opeth era una espinita que llevaba toda una vida queriendo sacarme. La banda del ínclito Mikael Åkerfeldt, auténtico baluarte del metal extremo progresivo, concitó sumo interés a su paso por el Silver Stage. Y la formación pergeñó un setlist a la altura de su leyenda. Presentando una de las escenografías más cuidadas del primer día, con su nombre proyectado en el fondo electrónico, era su primer concierto en tres meses. Åkerfeldt irrumpe en escena sombrero mediante. Y todo lo demás, como suele decirse, es historia.

Una historia que comienza por el principio del final. O lo que es lo mismo, el primero de cuantos parágrafos contiene su último álbum de estudio “The Last Will And Testament”. Decir que Opeth clavan este primer corte es quedarse muy corto. Todo engrana tal y como deseábamos. Hasta el guitarra Fredrik Åkesson brilla en coros. Pero cuando la banda vuelve la vista veinte años atrás y rescata “The Grand Conjuration”, Zamora es un clamor con ellos. Puede que los tonos más graves de Åkerfeldt no tengan la contundencia de antaño. Pero la interpretación es todo lo cuidada y fina que uno espera. A un nivel que, en este mismo recinto, solo recuerdo a unos tales Dream Theater en la pasada edición.

Por supuesto, no sería un concierto de Opeth sin ellas, no faltaron las celebérrimas chanzas de Åkerfeldt. Ni tampoco el saludo a sus casi vecinos de Emperor, quienes contó el vocalista, ayudaron a la banda sueca en sus primeros pasos en la música. Vaya pues desde aquí mi agradecimiento también a Ihsahn y los suyos. Todo encauza hasta el nuevo disco con “§7”. Con su sorna habitual y por aquello del tiempo parados “en casa, jugando al Wolfenstein”, reconoció el vocalista que andaban nerviosos. Desde luego que, si era el caso, tampoco se apreció demasiado.

Con “The Devil’s Orchard”, del denostado “Heritage” de 2011, emergería su cara más setentera. Y yendo aún más atrás, la traslación al vivo de “To Rid The Disease” explora a los Opeth más etéreos y espaciales. El bajista Martín Méndez, de origen uruguayo él, tomó entonces el micro y lanzó unas palabras en nuestro idioma. Todo para introducir el parágrafo número 3 del último álbum, con un gran solo de Åkesson y, aumento de tensión mediante, allanar el camino de cara a una tremenda reinterpretación de “Godhead’s Lament”, con el público coreando el solo incluso.

El sonido que envolvía al set, huelga decirlo, era el de las grandes citas. Me atrevería a decir que de los más redondos del fin de semana. Aquella cara más atmosférica vuelve mientras encaran el prólogo de “The Drapery Falls”, con Åkerfeldt esta vez a cargo del solo. Que en esto no falla el sueco, así cambie veinte veces de guitarra a lo largo de la noche. Presentaciones, apodos mediante, y cierre con “Deliverance”, convertida ya en verdadero himno de la banda y cuyo epílogo, amén de magnificarse en su traslación al vivo, pienso forma parte ya del hipotético panteón del metal progresivo en particular y la buena música en general. Puede que aún no tengan el poso de unos Dream Theater o el arrastre de bandas más clásicas como Accept o Saxon. Pero vinieron a gran nivel, a pesar del tiempo en el dique seco, y dejaron a este humilde fan con una sonrisa para lo que restaba de festival.

Claro que a la jornada del jueves aún le quedaba guerra que dar. Rascaba algo de frío cuando los renovados Delalma hacían suyo el Copper Stage. La banda comandada por Manuel Seoane, y que ahora lideran en voces Ronnie Romero y José Andrëa, mostró otra de las escenografías más cuidadas del primer día. El arco de la parte central, sus habituales luceros, y esas canciones a caballo entre el hard y el heavy metal que les hacen tan peculiares.

Pero como no todo sale siempre tal y como uno espera, a la banda y en especial al propio Seoane le tocó lidiar con algún que otro problema de sonido en el inicio del set. Algo que deslució en gran parte a un buen opener como es “Compaña”. Ronnie Romero, aún no se acostumbra uno a oírle cantar en nuestro idioma, estuvo tan fino al micro como siempre. Él se iría del escenario y su lugar lo ocuparía entonces José Andrëa para que “Néboa” se hiciese carne en Zamora. El vocalista de origen boliviano pronto mostró ese deje tan particular al cantar y que le hace realmente único. Lo que contrasta es la voz del chileno Romero cuando encara la estupenda “Mañana Vuelve A Oscurecer” de aquél debut homónimo de 2023 con Ramón Lage al frente.

Con Andrëa de vuelta en las tablas, la banda y una bailarina en llamas encaran “La Ira Del Mirlo”, con el ex Mägo de Oz ofreciendo su mejor versión de la noche. El Headon Andy Martínez quiso unirse a la fiesta de los mirlos y sumó esfuerzos junto con Romero para “Delalma A Través”, donde Seaone está dibujando uno de sus mejores solos de la jornada. “Con mucho respeto para Ramón (Lage)” afrontaría José AndrëaEl Mirlo”. Para el cierre quedaron dos que dieron no poco rédito: “Cosas Por Decir” y, sobre todo, “Cárcel De Cristal”, verdadero himno de la banda a estas alturas. Un set de menos a más para una banda que, si encuentra un cierto grado de estabilidad, puede dar muchas alegrías a los fans del hard / heavy en nuestra lengua. Marquen mis palabras.

Para el cierre quedaba una de las ofertas más dicharacheras del día: los austríacos Dragony, ya con Maria Nesh como miembro de pleno derecho. Los vieneses venían presentando su “Hic Svnt Dracones” de 2024 y pusieron todo de su parte para cerrar la primera jornada con una buena ración de power metal alegre y juguetón. Casualidades de la vida, era la segunda de las bandas del día con algún ex miembro de Visions Of Atlantis a bordo. El mundo del power es un pañuelo.

Un broche donde sorprende el baile entre registros de la propia Maria Nesh. Había momentos en que, por su forma tan lúdica de entender el género, me recordaban a bandas como Battle Beast o, por extensión, Beast In Black. Con pareja en voces y un sonido que funciona muy bien a la hora de procurar sano y ligero divertimento en jornadas maratonianas como estas. A nosotros nos llegó el turno de recoger bártulos y buscar el obligado descanso. Quedaban aún dos días por delante.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Burning + Final Rock Gijón (Gijón 5/6/2026)

El pasado viernes 5 de junio acudí a la final del segundo Concurso Pop-Rock Villa de Gijón «Rock Gijón«, rebautizado como «Premio Alberto Toyos» (en recuerdo del mítico locutor de radio asturiano, fallecido el año pasado), en la antigua plaza de toros, a su vez rebautizada como Gijón Arena. Organizado por Rafa Caballero, Christian Carrio, Divertia y Nómadas en Acción Multiproducciones, para apoyar y dar visibilidad a nuevos proyectos musicales, y tras tres semifinales previas, llegábamos a la gran final, en la que los rockeros Ribanos y los algo más poperos Milana Bonita rivalizarían de forma amistosa para ganar los generosos premios de la noche: aparte de llevarse cada uno un buen premio en metálico, los vencedores (que luego desvelaré) tendrán el privilegio de participar en los populares conciertos de la programación del «Verano de Gijón/Xixón». Al atractivo de presenciar esta final se añadía la actuación final de un grupo histórico del rock nacional, los madrileños Burning, celebrando sus más de 50 años de carrera.

La entrada era gratuita en la plaza de toros reconvertida en sala de conciertos, con una moderna y elegante decoración, y con algunos puestos para poder cenar y refrescar la garganta. Bajo la carpa transparente, un gran escenario profusamente decorado recibía a Begoña Natal, locutora de Cadena SER Asturias, la maestra de ceremonias de esta noche. La informadora asturiana recordó enseguida a Toyos, detalló la lista de organizadores y participantes, y los premios a repartir.

Solo 5 minutos después, aún a pleno sol, salían los luarqueses Ribanos, envueltos en una intro que dio paso a una tremenda descarga de energía y electricidad. Los hermanos José (guitarra) y Roberto Ribano (voz y bajo), y Rubén Mol a la batería, comenzaron dando una lección maestra de rock n’ roll en estado puro, con temas como «Poderosa Canción«, y se inclinaron más hacia el blues con «Trae Contigo Tu Amor«, una curiosa versión traducida del legendario tema «Bring It On Home To Me» de Sam Cooke. Cayeron después algunos temas de su disco homónimo, como su single «Doble O nada«, la áspera «No Lo Soporto«, o el tema de su videoclip «Vamos a Cuba«, por citar algunas.

En mitad del intenso «Dos Estrellas» se presentaron, empezando por Rubén «la ametralladora», que había solventado algunos problemas en su batería. Y, tras 40 minutos de gran entrega, finalizaron con mucha fuerza, con «La Soga«, agradeciendo a todo el equipo organizador y técnico. Fue una actuación muy interesante, con muchas partes instrumentales, demostrando que son músicos de alta calidad, mucha actitud y mucha potencia en la batería y en el bajo, y con extensos solos de guitarra afilados e intensos, además de letras inteligentes y actuales. Parecían posibles ganadores, pero aún faltaba ver a la segunda banda.

Milana Bonita sacó a su amplia formación y todo su arsenal para competir por la victoria. Todos demostraron también una gran actitud, destacando Ana Belén León en la voz principal, Diego Fernández en la guitarra e Isaac Alonso en los teclados. Tras una intro atmosférica, empezó la acción con la rítmica “Ave Tropical”, mostrando ya ganas de pasarlo y hacer pasarlo bien. Y ya con un gran protagonismo del teclado, por encima de otros instrumentos.

Después siguieron cayendo los temas de su disco, también homónimo, como “Abril” (muy popero), “Ruido”, “Arder” (donde la guitarra de Diego cobraba algo más de protagonismo), “Y Tú Aquí” y “La Marea” (dedicada a sus fans y amigos más fieles). En “BailandoAna recordó que solo tres chicas habían participado en el certamen y reivindicó el papel creciente de la mujer en el mundo del rock, y “Desierto” sonó sensual y atmosférico. Tras presentar a la banda y agradecer a la organización y producción del evento, se despidieron con sus dos singles, “Dardu”, cantado en asturiano, muy tradicional e intenso, y “Humo”. Fue una apuesta muy moderna y actual, el rock se renueva, aunque sea sonando más pop.

Begoña Natal volvió al escenario con Oliver Suárez, concejal y presidente de Divertia Gijón, y tras dar unos minutos más de deliberación al jurado, compuesto por profesionales de la escena musical, y a las bandas para reunirse a su lado, se anunció quién ganaba. La espera se amenizó con un emotivo vídeo homenaje a Alberto Toyos, el gran comunicador y promotor de la escena musical asturiana, fallecido hace un año.

Después, “basándose en criterios de calidad, innovación, creatividad, puesta en escena, proyección dentro del sector y gestión”, Milana Bonita fue la triunfadora de la noche, y recibieron su gran cheque ganador, con aplausos de todos los presentes. Desde aquí les felicitamos por su victoria y les auguramos un brillante futuro. Por ahora, tienen un concierto más garantizado, el que darán en las fiestas del “Verano de Gijón”. Y también felicitamos a Ribanos, por su gran actuación, brillante también.

Y llegó el momento que todos esperábamos. Le tocaba el turno a Burning, que salían con tantas ganas que saludaban ya cuando aún no les habían encendido las luces. Arrancaron su repaso de rock urbano, callejero, macarra y hasta algo descarado, con “Jack Gasolina”, y le siguieron éxitos perdurables como “Algo Está Ardiendo”, “La Bestia Azul” y “Eres Para Mi”. Y Johnny Cifuentes presentó a media banda: Josete Blanco al bajo, Nico Roca en la percusión, Miquel Ferrer en la batería… y dejó a los demás para después, que son muchos.

Siguieron regalando un himno tras otro, con “No Pares De Gritar”, la emocionante “Tú Y Yo”, “Weekend”, “Las Chicas Del Drugstore” (en el que hubo un buen diálogo entre voz y guitarra), “Coge La Onda”, y Johnny siguió presentando: David Pérez al saxo, Dani Álvarez a la guitarra ritmica y, por supuesto, su querido Nico Álvarez en la guitarra solista. “Como Un Huracán” fue un precioso recuerdo al añorado Jorge Martínez (Ilegales) y a quienes ya no están, seguido de “Sé Cómo Vivir, No Cómo Morir”, la versión de The Rolling StonesStar, Star” en castellano, “Dejarlo Que Sangre”, “Muévete En La Oscuridad”, “Esto Es Un Atraco”, y “Mueve Tus Caderas”, manteniendo a todo el público loco y contento, bailando sin parar.

Como si fueran Cenicientas modernas, justo a medianoche se fueron corriendo, pero volvieron enseguida con la insuperable traca final: “No Es Extraño Que Tú Estés Loca Por Mi”, la pegadiza y popular “¿Qué Hace Una Chica Como Tú En Un Sitio Como Éste?”, “Una Noche Sin Ti”, y se despidieron tras casi dos horas ininterrumpidas, siempre jaleados por un público enfervorecido, en su mayoría sus fans de toda la vida, pero también nuevos seguidores más jóvenes. Es normal, con un Johnny imparable, un frontman con una actitud admirable e inagotable que vivía el concierto y cada canción con la misma ilusión de hace 50 años, que disfrutaba en su teclado e interactuando con sus fans, con gestos cariñosos y hasta pícaramente obscenos, en buen estado físico y vocal, el diablo sabrá por qué. Es normal, si va acompañado de una banda muy cohesionada en una forma, actitud y entrega (calidad y profesionalidad aparte) excepcional, sin divismos ni protagonismos mal entendidos.

Nico Álvarez, “el Keith Richards español”, brilló tocando y moviéndose a un nivel superior. Y el acompañamiento del resto de instrumentos fue excepcional, incluso con una percusión y un saxo poco habituales en nuestros grupos de rock, pero que hacen que cada canción suene mucho más completa y agradable. Más de cinco décadas de actividad no han frenado al veterano rockero madrileño, que ha sabido renovar su banda para seguir estando en lo más alto, y además dando aún shows magníficos, esperamos que por muchos años más.

Por todo esto, agradecemos a las bandas su gran entrega y participación, felicitando a los ganadores, y a toda la organización del evento, por su maestría y brillantez, no puedo ponerle pegas a nada. Y también agradezco mucho a los técnicos de Tunguska, que me dieron todas las facilidades para poder hacer esta crónica.

Texto y fotos: Mar Fuertes

Crónica: Argion + Xeria (Oviedo 6/6/2026)

Pocas citas van quedando ya en salas pero el fin de gira de Argion llevaba tiempo marcado a fuego en nuestras agendas. A los chicos, que acudieron en compañía de los vallisoletanos Xeria, los recibió una calurosa y abarrotada Sala Gong, recinto que empieza a quedarse pequeño para una banda como esta. Algo estarán haciendo bien.

Algunos minutos antes de la hora prefijada, no había un segundo que perder, un baño de luces led recibe al cuarteto vallisoletano Xeria. Metal sinfónico, cierto que sobre mucha pista pregrabada, pero que supo conectar con la gente en primeras filas. “Una Lágrima Más”, de hecho, deja un buen aporte solista por parte de Carlos Z. Es él quien traza el buen riff en que se apoya “Mi Reina”, al tiempo que Marina Sweet sacó algo más de garra en el epílogo.

Ya digo que implementaron una buena tanda de pistas pregrabadas, pero diría que, en líneas generales su sonido tendió a bueno. No costaba distinguir cada elemento y entendíamos perfectamente a Marina mientras cantaba. Tras asegurar que tenían ganas de volver, ya les vimos aquí mismo acompañando a Celtian en enero del pasado año (crónica), al tiempo que aprovecharon a mandar un agradecimiento a Argion por pensar en ellos para tan especial cita. Lo que me gustó fue el mayor brío que desplegaron en “Edén”, uno de esos temas que se magnificó en su traslación al directo.

Con un último disco de 2024, “Fuego” (reseña), esta es una banda que ya mira al futuro. “Arena Entre Los Dedos”, que confronta su cara más leve con buenos detalles en lo técnico, culmina en otro buen solo de Carlos Z. Era estreno, aseguró Marina Sweet, y lo cierto es que les funcionó. Ella supo recoger esa conexión con el público (de todas las edades, pero con mucha cara joven) y usarlo para aupar una buena interpretación de “Fuego”, llevada por el calor del público, y donde confrontan su cara más heavy con la más melódica. El tipo de metal que hacen puede gustar más o menos, incluso el modo de llevarlo al directo, pero saben muy bien cómo jugar con los contrastes, cómo construir canciones que enganchan al público. Y la del sábado fue una descarga que habló bien en este sentido.

Y es que “por muy oscura que sea la vida”, afirma Marina, “La luna siempre brilla”. Pudo ser este el estribillo que mejor les funcionó de todo el set. Ella, sentada en uno de los podios al final, quiso ser partícipe de ese calor. “Que a la música no se le puede poner ninguna mordaza”, exclamó. Y tenía razón. Es una banda de mensajes siempre positivistas, como lo es la letra de “Contra Las Estrellas”, donde quien brilla es un seguro César Manjarrés tras baterías. “Tienes Miedo” echaría finalmente el cierre, con una Marina Sweet de lo más convincente al micro y Carlos Z soleando a puro tapping. Agradaron a un público muy por la labor…

… y que recibe de muy buena gana a los chicos de Argion. El quinteto, ya con Richard de la Uz plenamente integrado dentro de su disciplina, despedía su actual tour con la seguridad que da todo el camino recorrido por Pablo Suárez y compañía desde aquella tarde de 2024 (crónica). Diversos estandartes adornan los pies de micro. Un gran telón adorna el fondo. Y tres podios dominan la parte frontal del escenario. En cada uno de ellos, una palabra: Sois Nuestro Pilar. El arranque de set no podría resumir mejor al tipo de banda que son: power metal muy trotón, con Miguel Pérez volando tras los parches y Pablo ayudando en coros primero, doblando solos con Sergio Bernardo después. “Un Largo Viaje” muestra de entrada unas melodías llenas de gancho. Estaban sonando redondos, ya en estos primeros envites, y la sala supo responder a esa entrega, algo que ejemplifica el grito final que acomete Richard de la Uz. “En Argion contamos historias”, aseguró el vocalista, “como esta de la ciudad eterna”. Aquí alternan su habitual power histórico con dejes más pesados. Un reino de contrastes en el que se hacen fuertes. Un público entregado, Richard brillando en voces y Miguel dejándose la piel al final. El rodaje de todos estos años se nota. Vaya si se nota.

El Juicio Final”, con esa intro a lo “Torquemada”, propulsa a los asturianos sobre otro buen estribillo y la seguridad de saber que todo estaba saliendo a favor de obra. Estupendo solo de Sergio aquí, por cierto. La vida son etapas, aseguró Richard. Para abrir una, hay que cerrar otra. “Por eso quiero dedicar esta canción a los animales que siempre están junto a mí”. Corte editado allá por noviembre de 2025 pero que, de parte del público, recibe tratamiento de verdadero clásico. Una de esas que parece haber llegado para quedarse.

Fue aquí que llegó el turno para el primer invitado de la noche. Y es que allá que se subió Manu Roz (“grande en todos los sentidos”) de Baja California para ayudar a recuperar “Melina” de Camilo Sesto y, sin abandonar del todo su cara más heavy, insuflarle una mayor melodía al set. El nervio regresaría, clavicordio mediante, con “La Orden”. Un registro este en el que parecen del todo cómodos y que, además, sirve para exhibir algo más de músculo en lo que a técnica se refiere. Como ese pequeño escorzo del bajista Iván Canedo durante el puente. Con “Anne Bonny” le llegaría el turno a Marina Sweet, quien volvió sobre las tablas para uno de esos temas que siempre caen de pie en los shows de Argion. Buen solo de Pablo al tiempo que Richard ondeaba la bandera de su pie de micro sobre nuestras cabezas. Fue antes de mandarnos al suelo, poner a prueba las articulaciones de los más talludos (culpable, señoría) y plantar unas cuantas sonrisas otros tantos rostros.

Luego Pablo tomaría el micro para dedicarle la siguiente a todos cuantos le ayudaron en sus momentos más difíciles. Su banda, los primeros, y una buena ristra de nombres después. A todos, agradecerles que cuidaran de él y así, egoístamente, poder echar un buen rato con su banda como lo echamos el sábado. La sala respondió vitoreando su nombre. Algo tiene el chaval para haber caído de pie en una escena, la asturiana, tantas veces llevada por celos y envidias de todo pelaje. “Prisionero Del Tiempo” sirve, además, para cambiarle el paso al set y darle un pequeño respiro a la banda. El propio Pablo dibujó un buen solo aquí y el público acompañó a palmas en la parte final. Había que estar en la sala el pasado sábado para ver lo mucho que han crecido de la pandemia para acá. Palabra.

Así las cosas, “Soldado Errante” nos devuelve una banda más clásica y funcional, donde Sergio volvería a hacer de las suyas desde su Ibanez roja. Después Iván tomaría el micro para anunciar una sorpresa. Quienes habían apostado a la venida de Víctor García a la Gong resultaron finalmente ganadores. El público vitoreó a la voz de WarCry mientras él, tablas le sobran, pidió que dichos vítores se dirigieran a los propios Argion. Así, a dos voces, enfrentaron “Águila De Sangre”, a estas alturas uno de los cortes definitivos de los asturianos. Para cuando llevamos una hora exacta de set y atacan con “Mi Héroe”, Richard está aguantando más que bien el tipo.

Pero ellos no podían irse sin que fuéramos nosotros quienes cantáramos. Ni sin que oyéramos el violín de otro de los invitados, Txus Borao de Celtian, que acompañó a los chicos en “Sobre El Mar”, quizá una de sus canciones más indiosincráticas. El cierre, no podía ser de otra forma, fue para “Fuerza y Honor”, con Richard de la Uz llevado en volandas, literalmente hablando, por buena parte de la sala Gong, Broche definitorio a la buena noche de metal que nuestras retinas acababan de registrar. Son Argion. Y cuentan historias.

Lo cierto es que se dio bastante bien. Xeria cumplieron perfectamente su papel y Argion dejaron muestras de lo mucho que han crecido en los últimos tiempos. El futuro, a tenor del ambiente que se respiraba el sábado, parece muy dulce para ellos. Que tengan seguros, vallisoletanos y asturianos, que en la medida en que las circunstancias nos lo permitan, estaremos ahí para dar fe de sus andanzas.

Por nuestra parte nada más. Mandar un saludo a sala y bandas por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica y otro tanto a los habituales de siempre. Nos vemos en el jueves en Zamora.

Texto: David Naves
Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Saturna (Avilés 5/6/2026)

Punto y final al actual ciclo de conciertos de la Factoría Sound con la venida de los barceloneses Saturna, quienes pusieron un broche de orgulloso rock clásico con un set conciso y sin aditamentos. En formato cuarteto, sin más apoyo que la portada de su último álbum “The Reset” proyectada a sus espaldas y muchas, muchas ganas de agradar.

Aunque el arranque de set que proponen, a buen seguro jugó con las expectativas de más de uno. Si alguien esperaba un inicio palpitante, ellos proponen una calmada introducción, con ciertos ecos del “Child in Time” de Deep Purple, bordean luego una cierta psicodelia y se decantan finalmente por un blues de lo más ortodoxo. Diablos, y esto apenas hacía que comenzar. Bullían las guitarras de Max Eriksson (The Mothercrow, Lucifer) y James Vieco en un cuidado ejercicio de estilo. Luego en “Get Over” sí que irrumpe esa faceta más vibrante, me costaba evadirme de unos Judas Priest de la primera mitad de los setenta, demostrando en apenas unos pocos minutos cómo de amplia es su paleta sonora. Todo resulta, huelga decirlo, tremendamente orgánico. Sin trampa ni cartón, sincero y real. Apegado a la más elemental de las esencias.

Sin embargo la voz de Vieco, en ciertos momentos, recordaba al tristemente desaparecido Chris Cornell. Aquella es una pérdida de esas que se dicen irreparables. Saturna, que en “Few Words” tienen uno de los mejores cortes de su último largo, aciertan en la traslación al directo con una inestimable labor de Enric Verdaguer tras baterías. También de Eriksson, quien firmaría otro fino solo aquí. El sonido, además, era el de las grandes citas y, poco a poco, la gente fue entrando en el juego del cuarteto. En “Black Purple” incluso se atreven a exhibir un mayor músculo. Fuertemente armado sobre uno de mis riffs favoritos del set, me pareció estar viendo a una gran versión de la banda. Luego las luces de la Factoría Cultural bañan a los chicos en luz verde al tiempo que ellos emergen con un deje más a la Black Sabbath, fluctuando entre el proto-doom y un rock de tintes desérticos. De nuevo buenos solos de Eriksson & Vieco aquí. Su paleta sónica seguía creciendo.

Pero mentiría si dijera que la Factoría pareció recibir de mejor grado el rock más vivaracho de “Into the Sun”, que me llamó profundamente la atención, lo que son las cosas, por ese puente más lisérgico y alucinado que lo atraviesa. Es una banda cuyas composiciones no siempre parecen seguir el rumbo inicialmente marcado y realmente les aprecio por ello. En lo que Eriksson se colgaba una desvencijada Fender rojiblanca, nos dejan “Your Whimsical Selfishness”, otra de las grandes ofertas de su último álbum, con un Vieco más Cornell que nunca. Sería precisamente él quien nos anunciara que, si todo va como debe, en septiembre deberíamos tener nuevo disco de Saturna. Tras lo visto y oído el viernes, contando los días. Por el momento nos tendríamos que conformar, es un decir, con regresar a “The Reset” para que nos dieran en la cara con “A Way To Reset”. Otro gran riff y una vuelta hacia su cara más cenagosa que les funcionó a los de la Ciudad Condal.

Siguiendo por esa senda más arrastrada, Vieco vaga por el escenario en “Smile”. De lado a lado. De hecho diría que denoté su mirada algo perdida mientras encaraba los primeros versos. Entre él y Eriksson armaron otra de mis secciones solistas favoritas de la noche. Fundamental toda la noche pero especialmente en este rock más telúrico el precioso Rickenbacker de Rod Tirado. Sentía que estaban a un nivel altísimo. Sensación que se acrecentó por el rush final del set, ese que acoge “The Never Ending Star”, tremenda aún perdiendo las teclas que acompañan a la versión de estudio, o cuando se lanzan a por todo un “Whipping Post” de The Allman Brothers Band, desatando una eclosión solista final que la Factoría disfrutó con no poco gozo. Despedirse, como lo hicieron, con un par de nuevas composiciones, creo habla y no mal de la fuerte personalidad que poseen. Irrenunciables. Futuras visitas por su parte quedan marcadas a fuego desde ya en nuestros calendarios. Palabra.

En cualquier caso, un gran cierre al presente ciclo de Factoría Sound. Una sala que presentó una buena entrada (el propio Vieco agradeció que fuésemos más que en su anterior visita asturiana) y un público que vibró con el cuarteto. “Otres diez” pedían algunos. “Son tan buenos que jode”, exclamó alguien a mi espalda. La gente se fue satisfecha, doy fe. Aún con la resaca de la hora y pico de rock que nos regalaron, no puede uno por más que pensar en ese álbum que debería ver la luz tras los rigores estivales. Mientras llega, vaya un saludo a la concurrencia habitual, a la propia banda y a quienes pusieron de su parte de cara a la confección de esta crónica. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz