El que quiere buscar pretextos para no ir a un concierto, esta vez lo tenía fácil: noche desapacible, una única banda en el cartel… Pero son eso; excusas. Pocas salas dan las facilidades que los Kuivi Almacenes de Oviedo ofrecen al público, y especialmente el parking propio a pocos pasos es todo un puntazo. Si además le sumamos que S.O.C.S. llevaban sin pisar los escenarios desde que en octubre el Seronda Rock avilesino sirviese de despedida al batería Iván Fernández, y que este concierto suponía la presentación de Mathias Monzón a los parches, pues no se me ocurría mejor plan. El uruguayo no es ya un desconocido en los ambientes rockeros de Asturias (tal vez algunos lo descubrieseis en las jam del Savoy) y desde febrero contribuye a que la banda se haya convertido, literalmente, en la más internacional de estos lares.
No pudieron empezar mejor: si aún no los conoces, “S.O.C.S.”, su tema homónimo, es un buen punto de partida para ver de que va esto. Un riff inicial que te puede llevar a pensar en AC/DC, pero que inmediatamente te traslada a sonidos próximos al post-rock-metal, con la voz de Osana llevándote hacía un delicioso universo melódico. Y es que la etiqueta de inclasificables les viene que ni pintada. Continúan con “Lost”, tema que se remonta a los inicios de la formación y que supuso su primera nominación a mejor canción rock en los Premios AMAS 2022, algo que ha terminado convirtiéndose en una tradición. Hasta cinco atesoran y todas pasaron por el setlist.
“Last Days” sirve para presentar en sociedad al nuevo miembro. Se trata de uno de esos temas pegadizos que se quedan fácilmente en la mente del que lo escucha. Ligera bajada de intensidad para “Cursed Gift”, con pasajes que incluso pueden llevarte a atmósferas folk. “Through The Mirror” es otra de esas canciones potentes y pegadizas. El tándem Marc – Víctor suena demoledor. “Self-Delusion” comienza con un ramalazo funky que deriva en una energía contagiosa en la que brilla especialmente la base rítmica. José y Mathias son sobrios en la puesta en escena, pero soberbios en su sonoridad.
Llega el momento de la habitual versión del “Losing My Religion” de R.E.M. algo que habla de la amplitud de influencias que converge en la banda. En este punto, la frontwoman bromea a cerca de que esta ya se la sabía el nuevo a las baquetas. Continúan con “The Rain”, otro de esos temas con regusto del pasado, y no solamente en lo musical, según cuenta Osana. Esta es otra de las canciones que les valió nominación a los AMAS, lo mismo que la siguiente, “The Hole” y no es para menos. En lo personal es otra de mis preferidas, con pasajes que incluso tienen sabor a los Metallica del álbum negro.
Entramos en la recta final y para ello cambio incluso de idioma. Todo apunta a que compositivamente se sienten más cómodos en el de Shakespeare, pero está muy bien que nos dejen estas pinceladas en el de Cervantes. El tempo de “Tanto Por Hacer” nos pone ante una balada que ablanda hasta al metalero más aguerrido. En cuanto a “Vortex”, es ya por derecho propio otro de sus temas bandera. Lo tiene todo (menos el esquivo premio).
Y llega la hora de cerrar el bolo. Una vez más es “Should I?” el reservado para ello, otro de aquellos temas con que se estrenaban en 2021. Un broche que no por esperado es menos festejado, dejando el clímax en todo lo alto. A la treintena larga de asistentes nos supo a poco la hora y cuarto de concierto, pero es un buen motivo para reencontrarnos con esta fantástica banda en el futuro. De momento habrá que conformarse con escucharlos enlatados.
Y el metal extremo, en sus distintas formas, de nuevo se hizo carne en la capital del Principado. Regresó el Breakdown Fest y lo hizo con Estilo como epicentro, reuniendo en la remozada sala a los canarios The Zeronaut, los ciudarealeños Incordian, los vigueses Titano y los asturianos Sound of Silence. En un fin de semana sobre saturado de oferta, aún cuando se cayó alguna de las citas, el sarao que nos ocupa no lo tenía nada fácil…
Ni tampoco The Zeronaut cuando toman el escenario de la sala. Poca gente aún, algo que, de todas formas, lejos de arredrar a los de las islas, nos conminó a seguir bien de cerca su death melódico de corte clásico. Una forma de entender el melodeath que, de entrada, me recordaba a los catalanes Ravenblood (mi última visita a esta sala había sido precisamente para verles, lo que son las cosas) y un sonido donde, al comienzo, se echaba en falta una batería con más presencia. Inconvenientes que se irían arreglando con el trascurso del set y que, de todos modos, tampoco empañaron su descarga.
Pero ellos tienen buenos temas. “Dead Machines” cae como una losa sobre la sala. Víctor Nassar, bajista y voz, había ironizado con que querían “traer algo de sol pero no cabía en la maleta”. Aquí se mostraron sólidos, casi rocosos, añadiendo unas pizcas de pesadez a su metal extremo. El propio Nassar agradeció a la gente su presencia allí, “somos pocos pero dispuestos”, para después arremeter con la cara más vigorosa del cuarteto. “Under The Righteous’ Flag” entrega una visión algo más épica. Lástima que no pudiéramos oír esa segunda voz de Ruymán Santana. En cualquier caso, bien están esos solos que trama junto con Francisco González. “Ahora vamos a bajar un poco el tono”, adelantó Nassar. Y procedieron a descargar “Through The Night”, con un tiento más heavy en melodías con pasajes más tranquilos y, ahora sí, esa segunda voz de Santana.
Nos veía “muy peinaos” aún Nassar, de ahí que procedieran con “In The Throes Of Bliss”, que encerraba su cara más vibrante y nerviosa. No fue mucho el rato del que dispusieron, apenas media hora, pero a fe mía que lo aprovecharon. Sin olvidarse de los debidos agradecimientos, cuesta (como es lógico, por otro lado) ver a bandas de las islas por estos lares, procedieron con un tramo final donde destacaron los solos doblados de “Slowly We Rust” o esa pesadez final de “What Lies Below”. A buen seguro que más de una cabecita se quedó con su copla.
Le llegaba el turno entonces a los thrashers Incordian. La banda, que hubo de cancelar su paso por el Mosh Fest (crónica) hace ahora un año, tenía el viernes una ocasión que ni pintada para sacarse esa espinita. Y desde luego le pusieron ganas y empeño. Arribaron a Oviedo en formato cuarteto, lo que de todas formas no amilanó a los chicos. Y es que ya desde la inicial “Su Ley y Su Dios” ponen todo de su parte para que la gente se lo pase en grande. Tal es así que ya desde ese arranque se pudo ver algo de movimiento frente al escenario. “Gasolina y Llamas” propone después a unos Incordian rebosantes de pesadez y groove. Paco Sánchez al micro, no cesaba de moverse por todo el escenario, buscando siempre la conexión con la gente a cada momento.
Sería el propio frontman quien aparecería con una señal de tráfico por el escenario, pidiendo a los presentes que se movieran en círculos. Todo para una “De-Mente” que, sí, desató algún que otro circle pit en Estilo. Con sentidos deseos de fallecimiento para algún que otro genocida, que cada cual se haga su composición de lugar, “¿Dónde Está La Muerte?” destapa su cara más venenosa. Blast beats en baterías y mucho baile frente al escenario, Incordian no hacían prisioneros. Todo ese thrash incendiario y venenoso no oculta, no obstante, la cara más lúdica del eventual cuarteto. Y es que “vamos a hacer una romántica”, exclamó Paco Sánchez, y lo que resultó de ello fue “Peste”, esa pequeña broma perteneciente a su último largo “De-Mente” (reseña).
Y no, Diva Satanica no estaba allí para sumar sus voces en “La bestia Ya Despierta”. Lo que despertó, sin embargo, fueron las ganas de fiesta tanto de los presentes como del propio vocalista, quien no dudó en bajar a mezclarse con el público. Para la recta final quedan la tan fugaz como cómica “Muerte x Churro”, “Mugre Humana” (con Txeffy sumando voces en estribillos) o la muy bailonga “Thrashtornaos”. Si usted tiene un problema y se los encuentra, “¡cuidado con el cerdo!”. Tan contestatarios y protestones como divertidos y contundentes.
Titano, recentísima formación deathcore viguesa, asaltaba la capital asturiana con apenas una referencia bajo el brazo, el Ep “Apex”, y muchas ganas de derribar la sala hasta sus mismos cimientos. Se les puede echar en falta (o no) el escaso material con el que irrumpieron en el Breakdown Fest, pero de ningún modo el buen sonido del que gozaron y lo compactos que acertaron a sonar.
Porque ya desde que atruena esa Harley Benton de ocho cuerdas y nos inundan las diversas bombas de sonido, uno palidece ante la pegada de los gallegos. Triple M en voces mostró una gran habilidad a la hora de bailar entre registros agrios y oscuros. Haciendo buen uso del podio que colocó al frente del escenario y retando en todo momento al público. Fue la cara más visible de una banda por otro lado sobria en lo escénico. En cualquier caso, “Last Of The Brood” añadió algo más de nervio a su deathcore. Y, en consecuencia, la batería sufrió los rigores del directo. Un kit que a un tris estuvo de echar por tierra su descarga.
En cualquier caso los disfruté cuando exhibieron algo más de músculo técnico. También un pulso más melódico. Y aunque me costó reconocer la versión que introdujeron (“Disengage” de Suicide Silence según nos chivaron, nos hacemos mayores sin remisión), la gente a mi alrededor la recibió de muy buena gana, coreando incluso las melodías provenientes de la ocho cuerdas de Dyable. Precisamente él junto al batería ElvisHernández se quedarían a solas sobre las tablas para darle un descanso a Triple M. Él y la banda al completo volvieron para intentar demostrar su mejor cara. Que fue el hecho… solo a medias. Al punto de que Titano acabaría por repetir el corte porque las cosas se hacen bien o no se hacen. Para el cierre quedaría, qué cosas, otra repetición, la del primer corte que habían tocado, “Deo Vashara”, dejando claro que son una banda joven, algo escasa aún de repertorio, pero con mimbres suficientes para armar mucho ruido en la escena deathcore estatal. Queda dicho.
El pasado viernes, Sound of Silence se tiraron desde un octavo y sin red. “A New Level Of Suffering” (reseña) veía la luz hace escasas fechas y la presentación del mismo resultaba, quizá, algo temprana. Dio igual. Tienen la lección tan aprendida, suenan tan sólidos y engrasados, que uno piensa cómo es que esta banda no ha alcanzado cotas mayores en su ya larga travesía por la escena estatal.
Y es que ya en “Life After Magma” queda patente que van a hacer lo que quieran con nuestras cabezas. Con nuestros cuellos. No hay concesión de ningún tipo. A degüello, Jorge Rodríguez marca el paso y la dupla Nague & Rubo empasta riffs y melodías sin perder agresividad ni tampoco clase. El tema que da título a ese último trabajo los devuelve a sus raíces más melodeath y, al final, a Nefta, voz del quinteto, le sobraban la sudadera y hasta los pantalones. En “Ritual Massacre” están sonando intensos como demonios. De un lado al otro de las tablas, Viti paseaba su bajo y también su gesto risueño mientras engranaba con las violentas andanadas de Jorge en baterías. “Uncertainty / Path To Hope”, Rubo con sus poses de toda la vida, y unos Sound of Silence que acertaron a sonar más melancólicos de cara al epílogo.
Hasta aquí llegaba la presentación del nuevo álbum. De ahí en adelante el set consistiría en un cumplido repaso a obras anteriores, con alguna que otra sorpresa. Hubo “Tensa Calma”, si bien Nefta hacía poco honor al título, correteando de un lado al otro del escenario, subiéndose al podio y no dejando una sola gota en el tintero como, por otra parte, viene siendo habitual en él. Hablaba antes de las poses habituales de Rubo. Otro de los gestos que acostumbran a repetirse es el de Nefta pasando por entre las piernas de Viti. Un clásico ya de la banda asturiana y que sucede en “Nunca Seré Feliz”. Sí que eran felices, no obstante, quienes se encontraban frente al escenario. Pienso que no era para menos.
Dmitry Stalingrado dio un pequeño descanso a Nague para “Felices Bajo Tierra”. “Abajo, arriba, abajo…” bromeaba Nefta antes del breakdown. Incluso hubo ronda de espontáneos aquí. PelayoLópez primero, Gin (After Salem) después. Más que nunca: una fiesta. Esto se llama “Sacrificio…” (de una vida atormentada) exclamó Nefta. Y, con él y su banda, nos retrotraímos hasta el álbum de 2009 “El Funeral De Las 10 Almas”. Hubo wall of death aquí, con presencia del propio frontman (“espera que voy p’allá”) y en general mucho movimiento entre sus fieles. Para el tramo final fueron quedando viejas perlas del quinteto. A saber: “Un Nuevo Anochecer” o “Viendo Al Cielo Llorar”, pero mi favorita de este tramo final, qué le vamos a hacer si la cabra siempre tira al monte, es “Densa Niebla”, con un Nefta llevado en volandas, una vez más (y van…) y la banda confirmando que sigue tan enérgica, efectiva e incluso disfrutona como siempre. Todo clase y pegada.
Puede que el público no respondiera en el número que barruntamos algunos antes de llegar a la sala. Puede que la oferta del pasado fin de semana, como dije más arriba, fuese de todo punto desproporcionada, hipertrofiada… Pero ello no quita para que las cuatro bandas aquí presentes dieran lo mejor de sí para otro buen Breakdown Fest. Que no muera la idea, siga viva en el futuro y nosotros que lo veamos (y lo contemos). Por mi parte nada más. Agradecer a Nefta el trato y las facilidades dispuestos en favor de esta crónica, mandar un saludo tanto a bandas como a los habituales de siempre, de toda la vida, y ya saben: nos vemos en el siguiente.
El pasado sábado 18 de abril, tuvo lugar en la Sala Acapulco de Gijón la presentación del último trabajo discográfico de la banda madrileña Megara titulado “Año Cero” (4Ñ0 C3R0), acompañados por los mierenses Maverickcon quienes compartieron escenario en este concierto organizado por Tunguska Media Factory.
La fecha elegida para esta presentación posiblemente no fue la más acertada debido a la confluencia de eventos musicales y deportivos ese mismo día, lo que propició una afluencia de público, sobre todo en el inicio, bastante más escasa de lo esperado, aunque esto no restó un ápice de motivación en los músicos e incluso en el público, muy entregado y participativo especialmente a medida que iba transcurriendo la velada. Como estaba previsto, sobre las 21:30 horas, los encargados de abrir fuego fueron los asturianos Maverick, banda que llevo siguiendo desde que los vi por primera vez en el Teatro El Llar de Corvera en la edición del Rockvera Fest 2025 (crónica) hasta más recientemente en el Kuivi acompañando a Teksuo y As Life Burns en el concierto de presentación del último trabajo de Teksuo “The Glow Before I Go” (crónica).
Integrados por Misael (voz) y Carlos (batería), antiguos miembros de All My Fault y por Torri (guitarra), Oriol (bajo) y Guille (guitarra), es una banda punk de múltiples influencias y letras comprometidas, con un ritmo ágil y un poso de melancolía que se deja ver en ciertos temas. Iniciaron su descarga con “Mil Golpes” y “Cometas”, en las primeras canciones acusaron alguna pequeña incidencia o desajuste que hizo que el sonido, al menos desde las primeras filas, no fuera tan bueno como en otras ocasiones pero que pudieron solventar rápidamente. Superado ese arranque nada les frenó, el quinteto se asentó y empezó a mostrar su mejor versión. Supieron conectar muy bien con todo el público y nos presentaron una miscelánea de temas de su primer disco intercalándolos con composiciones nuevas. Personalmente agradecí que Misa fuera presentándonos sus canciones y la cercanía de los músicos, muy participativos. Tras estos primeros temas, Misa nos comenta que están encantados de estar en la Sala Acapulco, agradecen el trato que les han dispensado y muestra también sus agradecimientos hacia todos los asistentes y Tunguska Media Factory. Continuaron presentándonos temas de su primer disco como “Para Un Amigo”, “Aire” y “La Espiral”, este último uno de los más potentes de su repertorio en el que la banda despliega toda su fuerza y energía.
Tras la primera descarga, bajaron ligeramente el ritmo con temas más melódicos como “Por No Hablar” o “Luces de Ciudad”, de la que nos cuentan trata sobre la “morriña” que sienten quienes se ven obligados a marcharse lejos de su hogar. Un momento emotivo que equilibró muy bien la intensidad del resto del set. Continuaron presentándonos “Travis Bickle”, con marcado sonido “punk-hardcore”, incluida en su primer disco, de la que nos cuentan está inspirada en el protagonista del filme Taxi Driver (1976), dirigida por Martin Scorsese. A continuación, le llegó el turno a “Tus Rincones”, también de su álbum debut, más melódica que la anterior y con potentes riffs de guitarra. Durante la interpretación de “Los Días más Oscuros”, la banda dejó atónitos a todos al detenerse en seco. Tras unos segundos de estatismo absoluto sobre las tablas, rompieron el silencio con el estribillo de “Scatman” de Scatman John, un giro inesperado que provocó sorpresas y sonrisas entre el público. En la recta final, nos presentaron “Su Legado”, del disco nuevo, cuya temática rinde tributo a la figura de los abuelos. Tras agradecer nuevamente el trato dispensado a la Sala Acapulco, la asistencia del público e invitarnos a acercarnos al puesto de merchandising, la banda soltó su artillería pesada: “No Hay Final” y “El Miedo En Vuestros Ojos”, temas con los que dieron por concluido el show a las 22:22 horas, dejándonos a todos con ganas de volver a ver en directo a esta joven banda.
Turno para los madrileños Megara, que se suben a las tablas sobre las 23 horas, tras una espera que se hizo quizá demasiado larga. A diferencia de sus predecesores era la primera vez que tenía oportunidad de ver a la eurovisiva banda integrada por Kenzy Loevett (voz), Rober (guitarra), Ra Tache (batería) y Dim (bajo). Mi primera impresión, fue de sobriedad en el escenario, a pesar del llamativo maquillaje de los artistas y su vistosa vestimenta en tonos fucsia y negro, en honor a su estilo musical catalogado como “fucksia rock”. Eché en falta una puesta en escena más teatral y algún tipo de pantalla o decoración en el escenario más acorde a lo que nos muestran en sus videoclips y en otras actuaciones. Cierto es que posteriormente nos avisaron que en este show no iba a haber ninguna bailarina ni incluso más humo, a petición de la propia Kenzy que lo pidió expresamente por ser muy perjudicial para la voz.
La primera canción que interpretaron fue “Karma” tras una intro con el escenario vacío y una voz grabada simulando a un robot que nos va narrando un texto que hace referencia a A.U.R.A., una supuesta inteligencia artificial ficticia que forma parte de la narrativa de su etapa más reciente, vinculada a su último álbum y gira, que termina con las palabras: “Bienvenidos al Año Cero”. Tras lo cual van subiendo al escenario los músicos y a grito de “Gijón” por parte de Kenzy inician el show con dos cortes de su último trabajo: “Karma” y “13 Razones”. Desde el inicio, quedó claro que íbamos a ver un espectáculo diferente a lo que estamos acostumbrados, el estilo de la banda en sí es una mezcla de música electrónica, rock y pop y en el escenario tiene tanta importancia los coros y pistas pregrabadas como la música interpretada en directo por los músicos. Cabe destacar la fuerza de Kenzy en el escenario, con una potente voz y la interacción con el público de las primeras filas, a los que entre otras cosas pregunta quién era la primera vez que les veía actuar y comenta que también para ellos es la primera vez que actúan en Gijón, y que es un concierto un poco diferente porque vienen de presentar el disco en Madrid, una presentación con mucho más atrezzo y bailarines en el escenario y les dijeron que no podían llevar más gente, ni traer una bailarina, por este motivo el concierto fue más cercano e íntimo a los que vienen realizando en esta gira.
Continuaron con temas de trabajos anteriores a este “Año Cero” que nos venían a presentar, como “Bienvenido Al Desastre” y “Estanque De Tormentas”. Retomaron de nuevo su último álbum con “Del Revés”. El ambiente empezó a caldearse y pese a que el público no era muy numeroso no dejaron de saltar y corear las canciones, como ocurrió en el caso de “Hocus Pocus” o“Saturno”. Seguidamente retomaron con cortes de su último trabajo de estudio como: “11.11”, tema lanzado por primera vez en 2024, con el que representaron a San Marino en el festival de Eurovision. En “Vértigo” destaca especialmente el uso de sintetizadores y efectos digitales que le confieren al tema “tintes futuristas”. A continuación Kenzy nos presenta “Oniria”, no sin antes preguntar al público si quiere que cante la balada porque por un pequeño problemilla de voz que tuvo igual no puede. La respuesta de todos fue un “sí” unánime e incluso un espectador pidió una más y les dijo que eran extraordinarios.
Tras bajar el ritmo con la balada, la sala se volvió a caldear con la pegadiza “Boom Boom Bah”, los espectadores se animaron y no dejaron de bailar y botar. En la recta final continuaron con “Involución” y “Oxigeno”, de sus primeros trabajos. Acto seguido, los músicos se retiran del escenario, quedando únicamente Ra Tache al mando de la batería e interpretando un impresionante solo. Tras los habituales gritos de “¡otres tres!” los músicos regresaron de nuevo a las tablas para interpretar no tres, sino cuatro de los temas más potentes de su show: “Truco o Trato”, “Cicatrices”, “Arcadia” – con la que consiguieron quedar en cuarta posición en el Benidorm Fest 2023 – y la que da nombre a su gira y último trabajo “4ño C3ro”, con la que finalizarían a las 00:23 horas.
Al apagarse los focos, apenas quedábamos unos pocos en el interior de la Sala Acapulco, pese a la previa invitación de Kenzy a acercarnos al puesto de merchandising para conocer a Pablo, el responsable del stand. Los músicos regresaron entonces para saludar, hacerse fotos y repartir púas entre quienes aún permanecíamos allí, mostrándose cercanos y amables hasta el último minuto. Fue una lástima la coincidencia de eventos ese fin de semana y el hecho de que su propuesta, probablemente más arriesgada y distinta a lo que suele programarse en las salas de nuestra tierra, no lograra congregar a un público más numeroso.
Por mi parte, sólo queda agradecer a Heavy Metal Brigade por su confianza y permitirme publicar estas líneas, a la Sala Acapulco, los amigos que nos acompañaron y personas que apoyan a la música en vivo. Nos vemos próximamente…hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!!
El pasado 24 de abril fue una noche para recuperar, con nostalgia, los grandes éxitos e himnos intergeneracionales de los añorados Platero y Tú. Un evento marcado como imprescindible en mi agenda y que suponía el regreso a los escenarios asturianos —concretamente a la Sala Acapulco de Gijón— de los bilbaínos La Gripe y Tú.
Para quien no los conozca, La Gripe está integrada por la sección rítmica de los Platero tras su disolución: Jesús García a la batería y Juantxu Olano al bajo, junto con Txema Olabarri a la guitarra y la voz. Tras tres discos publicados y varias giras como power trío, decidieron, por “petición popular” y tras las magníficas sensaciones que dejó un concierto homenaje a Platero y Tú celebrado en diciembre de 2023 en la capital vizcaína, embarcarse en una gira dedicada a rescatar los clásicos de su banda de origen. Ya como La Gripe y Tú, incorporaron a Fran Malanoche a la voz y guitarra, logrando un sonido aún más próximo al de los Platero.
La apertura estaba prevista para las 21 horas, pero el aspecto de la sala en esos primeros minutos resultaba bastante desalentador: apenas una decena de personas en el interior. Parecía que el desastre estaba servido. Hacia las 21:30, Juantxu y Txema abandonaron el camerino para mezclarse con ese poco público, dando lugar a un meet and greet improvisado en el que no dudaron en hacerse fotos con quien lo solicitara, generando charlas distendidas, risas e incluso —me atrevería a decir— preparando una de las sorpresas del concierto. Un gesto de cercanía que los engrandece.
Para las 22:00, hora anunciada para el inicio, el ambiente había mejorado notablemente, con unas 200 personas dispuestas a revivir esas canciones que forman parte de la banda sonora de la vida de muchos de nosotros. Con un escenario sobrio, sin artificios, la banda apareció pasados unos minutos de la hora prevista. Juantxu se dirigió al público: “Buenas noches, ¿estamos todos? Los del baño, que empezamos”. Y arrancaron con fuerza, enlazando “Tiemblan Los Corazones”, “No Quieres Saludar” y “Voy A Acabar Borracho”, que culminaron deseándonos buenas noches y salud.
Mis sospechas se confirmaron desde esos primeros compases: iba a ser una velada de auténtico karaoke. La audiencia, muy entregada, coreaba cada estrofa al ritmo que marcaban los músicos, algo que el propio Juantxu reconoció: “Sois pocos pero cantarines”, comentó. La energía que desprendían desde el escenario era impresionante, especialmente su cantante, que no dejaba de saltar, correr o gesticular, llegando siempre a tiempo al micro. El sonido era excelente; no así la iluminación, con unos proyectores traseros que generaban contraluces que dificultaban ver a la banda y un deslumbramiento molesto en más ocasiones de las deseadas. Aun así, la música mandaba, y tocaba continuar con otro de los momentos más esperados: la archiconocida “Alucinante”.
Juantxu, quizá el más comunicativo con el público, aprovechó mientras afinaban para contar un chiste y ganarse aún más a la audiencia antes de retomar su etapa con Platero con otra terna imbatible: “Entre Dos Mares” —con un eskerrik asko, Gijón por parte de Fran al terminar—, “Cómo Has Perdido Tú” y “Tras La Barra”, que dedicaron, como no podía ser de otra manera, “a los camareros, camareras y a todo el que tenga una cerveza o un vaso en la mano”.
Bromearon diciendo que el calor que les transmitíamos les obligaba a volver a afinar antes de dedicar “Me Dan Miedo Las Noches” a todo el que esté enamorado, lo vaya a estar o lo estuvo en el pasado. La enlazaron sin pausa con “Ya No Existe La Vida” y “No Hierve Tu Sangre”. Quizá fuera Fran Malanoche quien tuviera la tarea más complicada: sustituir a Fito en temas tan arraigados en la memoria colectiva supone un desafío enorme, pero Fran demostró con solvencia que está a la altura, aportando un toque personal que los actualiza y hace suyos. Su actitud sobre las tablas —sin parar de moverse, acercarse a las primeras filas, intercambiar gestos cómplices con sus compañeros— y su calidad musical tanto a la guitarra como a la voz contribuyeron a que su interpretación perdure en nuestra memoria.
Para “Mari Madalenas” subió Juanma, uno de los técnicos, que acompañó a Juantxu en los coros. Antes del solo, un “Suelta la fiera, Txema” nos preparó para otra interpretación memorable, con gestos, cercanía y una entrega admirable. Continuaron con “El Roce De Tu Cuerpo”, y ni el calor ni los focos molestos impidieron que la cantáramos a pleno pulmón. “Joder, ¡cómo canta Gijón!”, exclamó Juantxu al terminar. Preguntó si estábamos cansados y, tras un rotundo “¡No!” del público, siguieron con “Tu Pelo Rojo”, tema original de Sedientos, antiguo grupo de Txema, con la voz principal a cargo de Natxo, liberando a Fran, que junto a Juantxu se ocupó de los coros. La batería introdujo “Barrancos Rocosos”, otro de los temas de La Gripe, nuevamente con Natxo como voz principal. La banda funciona como una máquina perfectamente engrasada: cada uno ocupa su lugar en cada momento, y entre todos logran una conexión total con su público.
Retomaron el repertorio de Platero con “Por Fin”, en la que Juantxu volvió a pedir la colaboración de Juanma: “¿Dónde está el puto corista?”, bromeó. Llegó el turno de “Un Abecedario Sin Letras”, muy reconocido y coreado, que supuso otro de los puntos álgidos del set, que no decayó cuando, entre bromas —“Dejamos la música del siglo pasado para pasar a tocar música culta”—, presentaron “Inmanol”. Para “Ramón”, un tema que, según dijeron, nunca les habían pedido que dejaran de tocar pese a tratar sobre un hombre maltratado, Txema cambió de instrumento y salió con una guitarra de doble mástil (perdonad que no sea entendido en guitarras, pero creo que era una Harley Benton DC-Custom II), que mantuvo en “Al Cantar”, dedicada a los amigos que ya no están, a los que están lejos y a los que no han podido venir. Tras esta, se retiraron al camerino.
Poco tardaron en regresar. Tomando de nuevo la palabra, Juantxu preguntó si se ceñían al guion o arriesgaban, y se respondió a sí mismo diciendo que seguirían el plan y luego verían. Y lo que marcaba el guion era que la guitarra de Natxo empezara a sonar entre el público introduciendo “Cantalojas”, durante la cual aprovecharon para presentar a todo el equipo: empezando por Txema, Fran —del que comentaron que además de batería era su chófer y hacía alguna tarea más—, sin olvidarse de Sonia en el merch, Juanma, técnicos de sonido, de luces… Personalmente, siempre disfruto este tipo de agradecimientos en los que se reconoce la labor de quienes están detrás de los focos.
La locura volvió a desatarse con la siguiente, uno de sus himnos más emblemáticos: “Hay Poco Rocanrol”, con Fran cantando entre el público. Y llegó otra de las sorpresas de la noche, la salida de guion a la que Juantxu se había referido y que nos pidió que no grabáramos: una improvisación por parte de uno de los asistentes, al que invitaron a subir para interpretar junto a ellos “A Un Tipo Listo”. Sospecho que esa participación se gestó en las charlas del meet and greet. Sin duda, un detalle que hizo único el concierto de Gijón.
Encararon la recta final con “Juliet” y, tras un efusivo “Mil gracias, Gijón”, se despidieron con “Si Tú Te Vas”, en la que invitaron al niño que estaba junto a mí —quien, como ya dije, se sabía todos los temas al dedillo— a subir al escenario y cantar junto a ellos. Seguro que se llevó un recuerdo imborrable. Tras el concierto, nuevamente tanto Juantxu como Txema se mezclaron con el público y no dudaron, pese al comprensible cansancio, en hacerse fotos y charlar con todo el que se lo pidió, poniendo un broche de oro a una actuación ya de por sí extraordinaria.
Quiero aprovechar estas últimas lineas para agradecer a la banda esa cercanía mostrada y a la sala y su personal todas las facilidades que, como siempre, nos ofrecieron. Nos vemos en el siguiente, hasta entonces, salud y rock and roll.
Narwhale & Honara repetían en la Sala Telva año (y unos meses) después de aquél cuatro de enero de 2025 (crónica). Una buena ocasión para medir la temperatura de unos, comprobar cómo ha sentado el cambio a la voz de los otros. Sí, los primeros siguen enfrascados en el estupendo “El Espacio Interior” aunque miran ya al futuro. Y los segundos estrenan voz en la figura de Lara, quien viene a tomar el testigo de Carmen García. Veamos cómo se dieron las descargas de unos y otros.
Pasan cinco de las nueve cuando “Los Anillos De Saturno” disparan a los Narwhale más tranquilos y atmosféricos. Es un inicio tendido, casi relajado, desde luego a la contra de lo que viene dictando el libro de estilo desde el albur de los tiempos. Pero en una banda como esta, y en especial cuando Aitor Lucena acompaña con sus coros a la voz principal de Javier Fernández, todo encaja. Entre Diego Aparicio y el propio Aitor traman buenos riffs y solos llamativos, acertando a teñir todo de una cualidad casi espacial.
Todo resuena por la Telva como en un ensalmo. Buen sonido del que disfrutó la banda el pasado viernes. En “Océanos De Tiempo”, también de aquél “El Espacio Interior” de 2022. Narwhale transitan con un deje más melancólico imbricado en su particular visión del rock / metal progresivo. Un poso algo más tristón que viene a confluir con esa mayor gravedad final, con el Rickenbacker de cinco cuerdas de Javier retumbando por cada rincón de la sala. A este punto no creo que nadie pueda poner en duda la pericia técnica, me atrevería a decir que incluso el buen gusto, con el que se manejan.
“Suenan guay” exclamaba alguien a mis espaldas. “Nebulosa Barnard 33” deja de entrada uno de mis riffs favoritos y también un mayor músculo progresivo. Largos desarrollos, composición concienzuda y no poca habilidad a la hora de llevarlo todo al directo. Siempre con el pulso firme de Víctor Puente tras baterías. Todo hasta confluir en esa estupenda turné solista entre Diego y Aitor. Y no, ni son la banda más activa arriba de las tablas ni tampoco el escenario de nuestra querida Telva da para mucho más. Pero resultan todo lo concisos y precisos que exige una propuesta como la suya.
La sorpresa entonces iba a llegar con la recuperación del corte que daba título a su álbum de 2019 “Heart Of the Corpse-Whale”, traducido ahora a nuestro idioma, y que dispuso ante nosotros a los Narwhale más tensos y oscuros. También a los más graves y rotundos, con ciertos dejes que por momentos me retrotraían a los primeros álbumes de las luminarias suecas Opeth. La banda vibra, y nosotros con ellos, en un tramo central algo desbocado, muy nervioso, que propulsó al cuarteto hacia su cara más hiriente. Víctor Puente está fantástico a través de la instrumental “Pantanos De Neptuno”, corte con el que el show va abrazando ya su recta final. Ésta invoca en “Los Rojos Vientos De Marte” la mejor cara del cuarteto asturiano. Con Javi llevándosela más que nunca a su terreno en voces y la banda al completo redondeando la que, pienso, es una de sus composiciones definitivas. Desde lo lírico hasta lo musical. Un gran cierre y unos versos que me gusta tener siempre presentes.
Este medio fue testigo de los primeros pasos de Honara, recién estrenado el estupendo “Resemblance”, y vuelve a serlo ahora que la nutrida formación asturiana estrena frontwoman. Lara renueva a la banda, pone voz al habitual maridaje entre rock progresivo y fino post-metal del sexteto y, lo mejor de todo, es que ya desde el comienzo parece plenamente integrada en la disciplina. En los rigores que exige una propuesta como esta.
En el juego entre las voces de la propia Lara y el bajista Antonio Alcaide reside uno de los muchos vértices sobre los que pivota todo su argumentario musical. No, como dije arriba, tampoco es un escenario este que dé para mucho aspaviento. Máxime con una alineación tan numerosa. Pero cuando inundan todo de un mayor rigor progresivo, a ratos pensaba en los ineludibles Tool, todos los engranajes funcionan. De todas maneras, es esta una banda que parece fiar más en la construcción de atmósferas que al desbarre solista más auto indulgente. Por ahí una de las líneas que les separan de sus compañeros de cartel, si bien no son pocas las que los unen.
Lara se presentó a ella misma y nos animó a pasar una buena noche. Alcaide introdujo “Sonar” y entre aires post-metálicos y un deje que, sí, me seguía recordando a la banda de Maynard James Keenan, ellos fueron transitando tranquilos pero seguros. Conscientes en todo momento, o tal parecía, del terreno que pisaban. Sin gestos de cara a la galería. Con una cierta organicidad incluso. Animaron a la gente a acercarse y en “Coil”, intro de teclas mediante, emergió su faceta más atmosférica. Todo sobre una cuidada línea de batería, con la banda alternando entre esa creación de capas y un post-metal elegante, tendido, rebosante de clase. El de Cult Of Luna era un nombre que iba y venía durante la descarga. ¿Lo mejor? Que si en Lara anidaba algún tipo de nerviosismo, que a buen seguro que sí, desde luego apenas se notó. Punto para ella.
“Vipassana” son desde luego los Honara más graves y rotundos. Una solidez que magnificó el buen sonido del que disfrutaron. La Sala Telva no es el Movistar Arena (ni falta que hace) pero se agradece que cuiden detalles tan importantes como este. La banda encaró esta recta final decidida a dejar negro sobre blanco su cara más potente. Es algo que ponen de relieve toda vez atacan “The Cage”. Antes, habían quedado sendos agradecimientos a la sala, al técnico de sonido (estupendo trabajo), a sus compañeros de Narwhale… dice mucho de ellos, pienso yo, que se decidieran a cerrar con la que, siento, resulta una de sus composiciones más ambiciosas. Es un cierre que, desde luego, permite vislumbrar de qué es capaz una formación como esta. Solo esperamos que consigan afianzar el actual line up y que el obligado rodaje, el sábado se irían rumbo a tierras madrileñas, entregue los debidos frutos. Crecer y crecer, es así como va esto, por lo que espero que vuelvan a transcurrir otros dieciocho meses hasta que nuestros caminos se crucen de nuevo.
Descarga espejo de aquella que os contamos en enero del pasado año. Dos bandas pertenecientes a generaciones completamente distintas pero unidas por unos cuantos nexos comunes. Juventud y veteranía al servicio de dos de las propuestas más llamativas y personales que la vieja Asturias tiene para ofrecer ahora mismo. Vaya un abrazo para todos ellos, un saludo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.
El ciclo de conciertos Arte En El Barrio organizado por la Fundación Municipal de Cultura y Educación de Gijón nos proporcionaba la tarde del pasado jueves 30 de abril una nueva oportunidad para disfrutar de Blues & Decker en vivo. No son muchas las oportunidades de coincidir a pesar de editar en octubre del pasado año un gran trabajo como es «II: The Return» así que no quedaba más que aprovecharla.
Ante una sala que presentaba un magnífico aspecto Gustavo Pérez (guitarra y voz), Guzmán Lanza (guitarra solista), Kike Cuetos (bajo) y Diego Reyes a la batería disfrutaron de unos 70 minutos para repasar su trayectoria en un show que apenas dio pausa y en el que predominó la versión más hard de su elegante blues rock. La primera sorpresa de la velada llegaba con el inicio del show y es que arrancar con «Back In The Cadillac«, tema original del zurdo californiano Coco Montoya deja patente desde el primer momento que la formación había preparado una cita especial. En estos primeros compases también rendirían homenaje a Allman Brothers Band y al indispensable B.B. King.
El alma eléctrica de Blues & Decker inundó el recinto, logrando que algunos despegaran sus posaderas de la butaca y arrancaran a bailar por los pasillos laterales. La música y los prejuicios nunca han sido buenos compañeros de viaje. Para mi sorpresa solamente 3 temas de su nueva obra tendrían cabida en el repertorio, «Back To The Roots«, «Never Happened To Me» y «The Omen«, también para decepción del amigo que solicitó en más de una ocasión «Odyssey«. En contraposición pudimos degustar temas de su gran ópera prima como «Stealin’ The Soul» y «Blues Is Dead. Long Live The Blues!» con un Guzmán Lanza derrochando feeling a la guitarra.
La segunda sorpresa del show llegaría tras la confesión por Gustavo Pérez de la admiración de la banda por Morgan dando pie a la colaboración de Sara Cuetos, que aportaría la voz a la revisión de «Attempting«, tema original del combo madrileño. La cita transcurría a una velocidad de vértigo y la única nota discordante la producía un sonido que sin llegar a ser deficiente no hacía justicia al desempeño de Gus y Guzmán a las guitarras. Kike por su parte se mostraba infalible marcando una intachable marcha imperial mientras un infatigable Diego Reyes no daba tregua a su kit de batería despojado ya de la indumentaria superior habitual de la formación.
La banda se mostró en perfecto estado de revista tras 14 temas derrochando energía, ganas de pasarlo bien y elegancia. Como colofón, agradecimientos de rigor a los responsables de la propuesta, al público congregado y desvelar una próxima cita en las instalaciones del Jardín Botánico Atlántico gijonés. Placer culpable para el que escribe, si un malvado cruce de caminos no lo evita, allí estaremos de nuevo.
Retorno a Oviedo para unos Ofensivos enfrascados en la presentación en directo de su nueva obra de estudio «Calvos, Egos Y Likes«. La cita en los Kuivi Almacenes marcó una muesca más en el revolver de una formación especialista en retratar a muchos de los protagonistas de esta caótica sociedad actual.
El reparto a pie de escenario de banderines de la milagrosa Turquia da la primera pista del que será el tema de apertura del repertorio. Viajamos a la «República Capilar Del Turkistan» a expiar nuestros «Pecados Capilares» y lo primero que nos llama la atención es la alineación de la banda. El protagonismo a las guitarras recae en Viti (Ochobre, Sound Of Silence) y Dani Verdes (Infección) liberando a López, que se explayaría a gusto a la voz. La amplitud del escenario dejó campar a sus anchas a un sexteto que completaban Pablo Viña a la batería, el Padre Eusebio al bajo y Fran a la segunda voz. Septeto si contamos a Java a cargo del sonido.
En la previa a la velada se anunciaba invitado especial, que no tardo en pisar las tablas. Sin la pomposidad de Ghost, Ofensivos contaron con su propio sumo poncífice, el Papa Penedictus, interpretado por su antiguo componente Emi. Momento que me hizo recordar al bueno de Kike Collado, encargado de las performances en nuestro último encuentro con la banda. «Susana Grisú» y «Los GuajesDe San Ildefonso» contarían con el trio de voces en escena mientras el público disfrutaba de la sátira e irreverencia del combo afincado en Avilés.
Hubo tiempo hasta para trolear a su propia audiencia. Bajo la promesa del regalo de un CD al primero que lograra hinchar completamente uno de los globos repartidos entre la audiencia, alguno se dejó el aliento en una tarea imposible. «Cosa de Aliexpress» remataría como sentencia el López ante la imposibilidad para llevar a buen puerto el desafío. Camino de mitad del show se constata un gran trabajo a las guitarras el del estreno de la dupla Viti / Dani. Fundamental su aporte al lado metalero de un grupo en el que sobresalió la noche del sábadola demoledora base rítmica que forman el Padre Eusebio y un Pablo Viña espectacular a los parches.
No acabó ahí la interacción con la parroquia. Eucaristia con galletas en forma de dinosaurio de la mano del Padre Eusebio a pie de escenario y turno para «Cuidado Con Paloma«, versión de Emilio Aragón con la que vencerían en las Perversiones del Unriock en el 2024. Buen momento para saludar y agradecer la presencia de la familia Peláez de Sküld que se encontraba entre el público. Nos adentrabamos en el recta final del concierto y habían caido palos para Llados, Albert Rivera, Abascal y una de las redes sociales más exitosas, el inevitable Tik Tok. En la variedad está el gusto.
«Mal Muy Mal» y «Violencia Infantil» ponen el cierre a su paso por el Kuivi. Una velada diferente en lo lírico a lo que acostumbramos por estos lares y siempre satisfactoria en lo gestual. El regreso a casa con una sonrisa mientras recuerdas las chanzas del carnicero vegano nunca viene mal.
Tercera parada en directo para la nueva encarnación de los hard rockeros Secta con Fernando González (La Dieta de Worms, Coverage) a cargo de la voz. Tras su paso por León y Gijón cerraban la presentación de su última obra de estudio “Panzer” en las instalaciones del Kuivi ovetense antes de centrarse en rematar un nuevo disco que parece muy próximo.
La cita con acceso libre atrajo la noche del pasado viernes al segundo escenario del Kuivi, ahora dentro del recinto que alberga el escenario principal, tanto a caras nuevas como algunos incondicionales de la banda. Público de número razonable que no ahorró en ganas de pasar un buen rato con el hard rock de indisimulada influencia por la banda en otros tiempos de los hermanos Young. Los de siempre, Ger Gilsanz y Juan Pablo en guitarras, Pelayo Vázquez al bajo y Pablo Pravia a la batería con Fer como nuevo punto focal de la formación disfrutarían de un buen sonido durante la la velada y es que tener al Blues&DeckerDiego Reyes a los mandos siempre es garantía en ese aspecto. La puesta en escena totalmente orgánica, apenas una tenue iluminación y un amplio escenario limpio de monitores y ornamentos, bienvenida la era de los in-ear al viejo rock n’ roll.
Apenas 75 minutos de show para desgranar temas de sus primeros trabajos «Nada Nos Va A Parar» y «Panzer» a los que Fer trata de dar su toque personal. Toda transición lleva su tiempo y se nota el trabajo que va desarrollando el vocalista de origen argentino en ese sentido. La sombra precedente es alargada y cuando más se distancie de ella para abrazar un estilo propio mayor recompensa reportará el esfuerzo. Sin duda la llegada del nuevo disco, que parece ser llevará por título «Ave Fénix«, toda una declaración de intenciones, ayudará mucho en ese sentido.
Temas como «La Casa Del Blues«, «No Quiero Llorar» o «Nada Nos Va A Parar» sacan a relucir la raíz metalera de un vocalista al que la memoria jugó alguna mala pasada con las letras. Tampoco se libraría del mal fario la guitarra de Ger Gilsanz, que se volvería muda en varios momentos de la velada. Nada que el grupo no pudiera solventar con prontitud y tablas, proporcionando un show ágil y divertido que el público disfrutó con verdaderos momentos de pasión.
Una actuación que aunque dejó poso de brevedad sirvió para quemar una etapa de rodaje imprescindible en estos nuevos Secta. También para presentar un tema nuevo, el que dará título al nuevo trabajo discográfico. Atentos estaremos a las novedades que se vayan presentando para dar cumplido informe de la imprescindible evolución que debe marcar el futuro de la formación.
León se está conviertiendo poco a poco en nuestra segunda casa. A nuestra habitual salida para disfrutar de cada edición del Lion Rock Fest se van sumando eventos que todo amante del rock no debería dejar escapar, hace apenas unos meses la gira de despedida de Medina Azahara es un buen ejemplo. En esta ocasión el reclamo era comprobar el estado actual de dos auténticas leyendas del metal patrio como Obús y Barón Rojo. Con las huestes lideradas por Fortu Sánchez tocaba reencontarse, lejano estaba su paso por el festival avilesino La Mar De Ruido en el verano del 2024. Más fresco en la memoría habita la convincente actuación de los hermanos De Castro en el último Festival Unirock celebrado en agosto del pasado año en Puerto de Vega.
Llama la atención la escasa convocatoria de público a pocos minutos de la apertura de puertas. Posiblemente la amplitud del recinto amplificara en el subconsciente la sensación de vacío, una percepción que afortunadamente con el transcurrir de la velada mejoró gracias a una afluencia cercana al millar de nostágicos, dato que manejo por intuición y no por conocimiento oficial. Poco rostro juvenil entre los espectadores, no así de veteranos incondicionales, melómanos que disfrutaron en su adolescencia de un doble póker de discos que se grabarían a fuego en nuestra memoria colectiva. «Larga Vida Al Rock n’ Roll«, «Volumen Brutal«, «Metalmorfósis«, «En Un Lugar De La Marcha» o «Prepárate«, «Poderoso Como El Trueno«, «El Que Más» y «Pega Con Fuerza» contienen alegatos que aún siguen vigentes más de 40 años después.
Bajo una interminable luz roja da inicio el tiempo para Barón Rojo. Armando De Castro ejecuta el inolvidable riff del tema homónimo en una guitarra Steinberger inspirado en aquel modelo de minúsculo cuerpo y carente de clavijero que popularizara Paul Stanley a finales de los años 80. Rafa Díaz parapetado tras una pantalla de metacrilato me produce una triste sensación de ausencia, nunca podré digerir con esa opción estética para el directo. Compensa con creces esa falta de conexión con el magnifíco baterista José Luis Morán al bajo, que no dejó de moverse y animar a la parroquia durante todo el concierto.
La quietud de Carlos De Castro está lejos de sorprender a estas alturas, tampoco sus limitaciones a la voz, Armando por su parte aguanta el tipo con relativa suficiencia. Poco importa a una audiencia que en su mayoría abandona la faceta crítica en la puerta del recinto y solo desea rememorar una vez más esos himnos atemporales que llevaron a la banda a rivalizar con grandes nombres del rock universal, pues no son pocos los que aún recuerdan su asalto al Festival Reading en el verano de 1982. Con la retirada como un péndulo ejecutor sobre la cabeza Barón Rojo navega cada concierto sobre una ejecución pulcra. Su calidad técnica es aval suficiente en la mayoría de ocasiones y su legado minimiza la quietud sobre el escenario y la dependencia de la nostalgia.
«Yo nunca podría vivir sin tus cuerdas de acero tocar…» deja bien claro que con un mínimo de salud para subir a un escenario hay Barón Rojo para rato. No es necesario el esfuerzo cuando soportas más de 70 años en los huesos, posiblemente, pero cuando la respuesta del público es corear al unísono tus canciones y dibujar sonrisas en el rostro, todo compensa. Si vuelven a los escenarios EricClapton que convive con una neuropatía periférica, Nicko Mcbrain con las secuelas de un ictus o Bono diagnosticado de glaucoma hace dos décadas, el mensaje está claro, la música alimenta el espíritu y combate los malos momentos. Con los últimos acordes de «Hijos de Caín» el Barón sobrevoló León esquivando seguro y elegante la tormenta que se acercaba y el aparato eléctrico que iluminaba la noche del pasado sábado. Una despedida poetica para una banda de leyenda.
Turno para Fortu y los suyos. Acompañado en esta ocasión por su inseparable «hermano» Paco Laguna a la guitarra, Carlos Mirat a la batería y el infatigable Guillermo Montesinos al bajo, el burgalés criado en Vallecas volvío a ejercer de maestro de ceremonias en la velada leonesa. Propuesta en la antítesis de sus predecesores, de la elegancia y la pulcritud pasamos a la energía y actitud característica del cuarteto madrileño. «Necesito Más» marca el pistoletazo de salida de un show que iría perdiendo fuelle con el transcurrir de los minutos, algo comprensible cuando los grandes protagonistas podrían ser nuestros propios abuelos. Dato fácil de entender y por el que reciben la mayor de las admiraciones de un servidor.
El sonido en líneas generales estuvo correcto aunque ambas bandas tardaron un par de temas en conseguir una buena interacción con los técnicos de la mesa. La puesta en escena, minimalista por no decir ausente la de Barón, y más elaborada la de Obús gracias a un corporativo telón de fondo y un par de paneles laterales con la imagen de una calavera. Fortu empieza a desplegar su arsenal escénico y la temperatura empieza a subir en el Pabellón de Exposiciones. Cada pieza de artillería logra mantener a raya la tormenta mientras el público, ajeno a la climatología exterior, continuaba disfrutando de la poderosa guitarra de PacoLaguna y la vitalidad de un hiperactivo Montesinos.
La anecdota de la noche llegaría de manos de Nirvana, nieta de Fortu, que adelantaría unos días la celebración del cumpleaños de su abuelo con la entrega en el mismo escenario de una tarta al protagonista de la efeméride. Con todo el cariño hacia su abuelo invirtió la cifras que coronaban el presente aunque el número 27 no aporta buenos recuerdos a la música. Bromas aparte, momento muy divertido y todo un placer para la vista que los peques abracen el rock en estos tiempos donde predomina la música de fácil digestión y mejor evacuación.
Pasado el ecuador de su actuación, el ritmo frenético que logran temas como «El Que Más» «Pesadilla Nuclear» o «Te Visitará La Muerte» se tornó pausado gracias a varios soliloquios y agradecimientos de Fortu, probablemente para tomar resuello y afrontar con solvencia la parte final del set. Previsible también el habitual número circense de persusión protagonizado por Mirat, ya sea con una escalera o en este caso una valla de obra, despliega toda su habilidad en el centro del escenario mientras Fortu tomaba el testigo a la batería. Tampoco sorprende la bajada del carismático vocalista al foso para darse un baño de masas con el público. La maquinaria está engrasada, perfectamente sincronizada y en buen estado de revista.
«Vamos Muy Bien» anticipa un fin de fiesta protagonizado por «Autopista» y «Solo Lo Hago En Mi Moto«. Despedida y agradecimientos en una velada de contrastes. Sin ganadores ni perdedores, solamante diferentes maneras de ofrecer un producto al que los paladares más exigentes encontraran matices ácidos. Casi 50 años en la brecha manteniendo una audiencia fiel no está al alcance de cualquiera, el estado de forma de Fortu anticipa muchas noches de nostalgia y deleite sonoro. Dos leyendas con cuerda para rato y trazas de agrandar su legado, tiempo al tiempo.