Todas las despedidas son tristes, amargas, difíciles, pero los legendarios Medina Azahara pusieron todo el empeño en que la suya pintara en nuestros rostros la mayor de las sonrisas. La formación cordobesa traía “Todo Tiene Su Fin” al ciclo de conciertos “Luanco Al Mar”, en un marco realmente incomparable como lo es el muelle viejo de la localidad gozoniega.

El recinto, ubicado en el corazón mismo de la coqueta urbe costera, a pie de mar, concentra frente al escenario las sillas de las entradas “vip” y, tras ellas, reserva para el resto una valla metálica desde la cual, muchos como servidor, seguimos las evoluciones del evento intentando no perder detalle. Lo que sí que se perdió fueron unos minutos muy valiosos, había quien tenía que trabajar al día siguiente, toda vez arranca la intro y para cuando la banda irrumpe sobre las tablas, ningún tipo de sonido atraviesa las PA. Fue un fastidio, ya digo, un verdadero incordio. Los técnicos, carrera arriba, carrera abajo, se afanaban en arreglar el desaguisado y no fue hasta la tercera intentona que todo encarriló hacia la normalidad.
Y ahí, cuando todo pareció estar en su sitio y Medina Azahara pasearon por la mezquita, brillaron a la altura que esperábamos. Podría decir incluso que, de entrada, los noté algo más sueltos y rodados, me dio la impresión, que cuando les pudimos ver a finales del año pasado en tierras leonesas (crónica). Sea como fuere, se hace extraño presenciar cómo el gran Manuel Martínez arenga al público de primeras filas (“¡Arriba!” repetía de tanto en cuanto), obteniendo poca o ninguna respuesta del respetable. Y es una pena porque para cuando suena “Algo Nuevo”, la banda engranando esa encarnación más heavy, lo cierto es que están sonando realmente redondos. Paco Ventura, a puro tapping, dejó uno de esos solos tan característicos suyos.

En lineas generales y pese al arranque en falso, daba la impresión de que la banda disfrutaba sobre las tablas. Manuel Martínez, con la voz en gran estado, se movía por todo el escenario. Nada mal para un frontman que pasó la barrera de los 75 este último abril. Manuel Ibáñez, teclista de la formación desde el álbum “Aixa” de 2003, dejó una de las líneas más características en “Palabras De Libertad”, al tiempo que Ventura dibujaba otro solazo a lomos de un marcado doble bombo. Muy seguro en todo momento Fernando Prats tras baterías. Pegada puede que discreta pero siempre firme. Y no, Antonio Orozco no se encontraba en el recinto, pero igualmente no quisieron olvidarse de una siempre disfrutona “El Vaivén Del Aire”. Amén de con las teclas, gran labor de Manuel Ibáñez en coros aquí.

Es cierto que alguno de los speech de Manuel Martínez se alargaban un tanto de más, como ese del que echa mano para introducir “Junto A Lucía”, uno de los cortes en los que más se deja sentir su idiosincrasia como banda, fue recibida con cierta frialdad en las filas sentadas. De la valla para atrás, allí donde el número de camisetas de Medina Azahara era amplia mayoría, la algarabía fue mucho mayor. Qué duda cabe. A la puesta en escena de los cordobeses ayudan los leds que ocupan el escenario, justo delante de batería y teclados, así como el electrónico de fondo y un (algo conservador) uso de la pirotecnia. De todas formas y en honor a la verdad, cabe destacar que “Sólo Un Camino” sí que pareció sacar de su letargo a más de uno. Especialmente cuando Manuel ofrece su micrófono al público durante estribillos. Fue un recurso este del que tampoco abusó y, ya digo, pese a los años que marca su DNI mostró un gran estado de forma el pasado domingo.

En “Danza Al Viento”, siempre tan pegadiza, volvimos a ver invasión femenina de las tablas. De nuevo reseñable labor de Manuel Ibañez aquí. El electrónico de fondo disparó el videoclip y por él se colaron antiguos integrantes de la formación andaluza como Manuel Reyes (batería) o José Fernández (bajo). Pero es “Al-Hakim… Otro Lugar” la que viene a cambiar el paso al set, aportando junto con “El Soldado” un poso más calmado y tranquilo. Más serio incluso. Un cierto reposo antes de encarar el tramo final del set. Otra larga introducción de Manuel Martínez, no descarto más extensa que la propia canción en sí, llega cuando recuerda la peripecia que les llevó a alzarse con el triunfo a mejor canción rock en los premios de la música con, claro, “Córdoba”. “Qué chapa, Manué” llegó a exclamar alguien detrás de mí. Servidor en lo que se fijó más fue en la guitarra a lo Zakk Wylde que esgrimió Paco Ventura. Dado el caso, un recuerdo a Ozzy, aunque fuese pequeño, tampoco habría estado mal.

El recordado fue, no podía ser de otra manera, Miguel Ángel Mart, para los despistados hijo de Manuel Martínez, que fuera líder de Estirpe, y que nos dejó cuando corría el año 2021 a causa de un cáncer. Por mucho que algunos ya pasáramos por semejante trance aquella fría noche de diciembre, la sola imagen de Manuel Martínez vuelto hacia el electrónico mientras contemplaba y oía a su hijo cantar, hiela la maldita sangre. Iluminamos con nuestros móviles, Paco Ventura dejó su solo de un feeling arrebatador y todos, absolutamente todos, procuramos una sentida ovación como muestra de pésame y también de cariño. Lo escribí en aquella crónica invernal e insisto ahora: Te recordaremos siempre, titán, no te atrevas a dudar.

Así las cosas, el set necesitaba un acicate con el que salir de la congoja. Y qué mejor para ello que recordar a otra figura que nos fue arrebatada antes de tiempo: Jesús De La Rosa y sus irrepetibles Triana. Por allí que sonaron “El Lago”, con las revoluciones a tope, y una “Tú Frialdad” muy coreada por la gente. ¡Viva el rock andaluz! En “Velocidad”, con Manuel Martínez dando mucha cancha al público, quedan dos estupendas raciones solistas por parte de Paco Ventura y el otro Manuel, Ibañez. Y fuera cosa de las sillas u otro tipo de motivo, bien es verdad que “Al Padre Santo de Roma” no recibe el calor que sí noté allá por el mes de diciembre, lo que no quita que la banda estuviese a buen nivel mientras que, a su manera, recordaba a Camarón De La Isla.

Ni que decir tiene que el éxtasis, o algo que se le acerca, se vive en “Necesito Respirar”, clásico imborrable, estribillo coreado por cientos de miles de fans a lo largo y ancho de todo el orbe hispanohablante, y en el que tanto banda como público se regodean a placer. Martínez dejó cantar el comienzo, Ibañez se paseó con el teclado de mano y todo brilló en consecuencia. El cierre corresponde, eso sí, “A Toda Esa Gente” primero, y “Todo Tiene Su Fin” de Módulos después, alargada para que la voz de Medina Azahara presente a técnicos, mánager y músicos. Guiño a “The Final Countdown” mediante, un final, aparentemente definitivo (que en este negocio uno nunca sabe bien a qué atenerse) con una banda que mantiene su legado impoluto, dignos como pocas formaciones de su misma quinta pueden presumir.

Los de esta gira final son conciertos terriblemente emocionales: uno siente nostalgia por los que ya no están, a la vez que agradecimiento por unas canciones que nos han acompañado toda la vida y cierto orgullo de ver cómo siempre han sabido llevar su incomparable Córdoba por bandera. Una historia que, de acabar aquí, lo hace a lo grande. De darse así, ya digo que me parece un final honorable, elegante, ni más ni menos que el que este emblema de nuestro rock and roll merecía.
Por nuestra parte nada más. Agradecer a la organización todas las facilidades dispuestas en favor de esta humilde crónica, mandar un abrazo a la compañía del antes, el durante y el después, mucho ánimo para quienes están a punto de volver al tajo y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz















































































