Presentaban disco State Of Crime & Science, o S.O.C.S. para quienes prefieran la forma abreviada, y no íbamos a ser nosotros quienes dejáramos pasar tan indicada cita. ¿Lugar? Las instalaciones de FNAC del centro comercial poleso Parque Principado. Allí pues que nos dirigimos, pues qué mejor plan para un jueves tarde que un poco de buena música.
Somos gente de costumbres y la de llegar con tiempo a los sitios siempre nos ahorra quebraderos de cabeza. Para cuando alcanzamos la cafetería de FNAC, nos llama la atención la batería electrónica que domina el escenario. Al fin y al cabo, el espacio es reducido (aunque en peores plazas nos hemos visto) y tampoco era cuestión de atronar a medio centro comercial.
A modo de romper el hielo, Osana K. manda una serie de agradecimientos: el primero, a Diego Teksuo, encargado de producir las canciones que integran el álbum, conjunción de los Ep’s “Through The Mirror” (2023) y “State Of Crime & Science” (2025). Del mismo modo, tampoco se quiso olvidar de los fotógrafos responsables de las fotos del libreto ni de Tunguska Media Factory, discográfica de la banda.
En cuanto al pequeño show que nos regalaron, todo comienza con la siempre sólida “The Hole”. Buen solo de Marc Segond con el pie en el wah aquí. La propia Osana está fantástica en “Vortex”. Y mientras que la banda le insufla un aire más melancólico a “Cursed Gift”, “Last Days” nos devuelve a esos State Of Crime & Science siempre ambivalentes. “Through The Mirror”, que daba nombre a su Ep de 2023, me sigue pareciendo una de sus composiciones más redondas.
El sonido, pese al entorno, fue más que óptimo. Algún que otro curioso se asomó a ver cuál era el origen de tanto decibelio. Todo concluyó con la propia S.O.C.S., que viene a dar nombre al disco y que, ojalá, les brinde buenos réditos en el futuro. De carisma y clase van sobrados.
Disco debidamente presentado y con el equipo de Heavy Metal Brigade presente. También nuestro compañero Jorge López Novales, a quien mandamos un saludo. Otros van con destino a la propia banda, a Dann Margo y Jesús Rebor (Automatic Kafka). Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Tercera y definitiva jornada del décimo Z!LiveRock Fest con la participación de Opensight, Ankhara, Dynazty, Rhapsody Of Fire, Gotthard, Lita Ford, Sepultura, Dark Funeral y Nanowar Of Steel. Un último envite con un leve descenso de la temperatura y en este sentido, el más apacible de todo el festival.
Opensight iban a ser los encargados de iniciar los fastos de la jornada sabatina. Se definen como “cinematic metal”, vienen del Reino Unido y representaron una de las ofertas más curiosas del día. Porque de entrada llaman la atención los atuendos que visten. También lo tendido, a veces elegante, de su propuesta. Un rock / metal alternativo a veces tranquilo, que llamó la atención de un buen puñado de zlivers. Algunos incluso venidos desde allende los mares para verles. Curiosos.
Pero qué duda cabe que los gallegos Ankhara parecieron suscitar un mayor interés entre el público. Si además echan mano de un repertorio eminentemente clásico, como fue el caso, todo parece indicar que supieron entender su lugar dentro del cartel. Vimos muy animado a Pacho Brea, incombustible voz del quinteto. También a un Alberto Marín cuya frugalidad gestual contrastó con la mayor quietud de Cecilio. Entre ambos traman buenos riffs y solos ya desde la inicial “3:40” pero bajo un sonido no del todo óptimo en el Copper Stage.
Un sonido que se iría aclarando casi a la vez que la propia garganta de Pacho Brea. Un set por tanto de menos a más, donde no olvidaron clásicos como “Demasiado Tarde” o “Un Paso Más”. Siempre dentro de su habitual heavy metal de corte clásico y recibiendo no poco calor por parte del público. De manera más que notoria, de hecho, cuando llegó el turno de uno de sus cortes insignia, ese “No Mires Atrás” que les ayudó a establecerse como nombre a tener en cuenta a finales del pasado siglo. Pese a pequeños problemas, Alberto Marín rompería una cuerda de su guitarra, buen arreón de nostalgia a plena tarde.
Le llegaba el turno entonces al combo sueco Dynazty. La banda, liderada en voces por el AmarantheNils Molin, acudía a Zamora en defensa de su último largo “Game Of Faces” y las expectativas estaban por las nubes. Ellos se adhieren a esa nueva onda de metal pegadizo y facilón que tantos y tan buenos réditos otorga a bandas como Battle Beast o su derivada Beast In Black.
El sonido que consiguieron fue bueno y el estado de forma de Molin aún mejor. La inicial “Game Of Faces”, del mencionado nuevo álbum, ya deja a las claras que estamos ante una banda muy segura de sí misma. También que esta es otra de esas formaciones que no parece dejar nada al azar. Todo cuanto acontece sobre las tablas resulta pensado al milímetro y, por tanto, un tanto mecánico a ratos, lo que no quita para que el público del Z!Live se divirtiera con ellos. Sea como fuere, “Natural Born Killer” parece añadir algo más de enjundia al quinteto.
Amén de un amplio repaso por toda su discografía, hubo espacio para un pequeño solo de batería. También para descargar la no poco pegadiza (pegajosa incluso) “Heartless Madness”. Es cierto que el juego con el público que Molin llevó a cabo al final del set se nos hizo más largo de la cuenta. Pero con eso y con todo Dynazty parecen una banda destinada a dar muchas alegrías. Ver veremos que decía aquél.
Unos que tocaron la gloria ya desde el inicio de su carrera fueron Rhapsody Of Fire, justo antes de que la formación clásica saltara por los aires al punto de que el teclista Alex Staropoli sea ya el único remanente de esa época dorada.
Los italianos irrumpieron por Zamora con el aura de aquellos primeros álbumes merodeando por el Copper Stage. Sensación que se consolida toda vez arremeten con “Unholy Warcry” para gozo de sus más acérrimos. Que los había y en buen número. El set, no obstante, iba a obedecer en mayor medida a cortes más cercanos en el tiempo. Véase un “Rain Of Fury” de aquél “The Eighth Mountain” de 2019. Giacomo Voli, siempre risueño, ejerció como perfecto maestro de ceremonias. La sombra de Fabio Lione es alargada, pero el de Correggio mostró un registro que le viene como anillo al dedo a la formación transalpina.
Servidor, qué sorpresa, les disfrutó más en los momentos más trotones. También cuando el público se animó con ellos en cortes como “I’ll Be Your Hero” o Voli nos puso a saltar en la más veterana “The March Of The Swordmaster”. Es cierto que las voces pregrabadas en “Challenge The Wind” restan cierta organicidad al set. Nunca ha sido esta la banda más natural del panorama europeo de todas formas. Pero cuando atruena todo un Christopher Lee para “The Magic Of The Wizard’s Dream” no queda otra que transigir. Y mientras que en “Chains Of Destiny” demuestran que aún pueden ser una de las mejores bandas de power metal si se lo proponen, quien más quien menos se preparaba para una (no por esperada menos divertida) dupla final compuesta por, cómo no, “Dawn Of Victory” y “Emeral Sword”. Buques insignia de los italianos y también vehículo para el lucimiento de un muy seguro Roberto De Michelia las seis cuerdas.
El inevitable “gloria, gloria perpetua” que gritamos en la primera, el modo en que Zamora coreó la segunda, incluso el pequeño wall of death que Voli propuso aquí, quedarán para siempre en nuestro subconsciente. Aún cuando me divertí con ellos, sí que es verdad que eché en falta algún corte más de sus primeros álbumes. Nunca llueve a gusto de todos.
Turno entonces para el siempre elegante hard rock de los suizos de Lugano, Gotthard. Otros que venían defendiendo nuevo álbum, un notable “Stereo Crush” con el que, de hecho, da inicio la descarga.
“AI & I” es un buen arranque para ellos. Nic Maeder, la sombra de todo un Steve Lee nunca será pequeña, parece cada vez más mimetizado con la banda. Son casi tres lustros los que lleva al comando de la banda y en Zamora mostró un estado de voz realmente envidiable. “Thunder & Lightning”, que puede ser una de las composiciones más redondas del mencionado nuevo álbum, no faltó en el set. Tampoco el recuerdo al fenomenal “LipService” de la mano de “All We Are”. Ni siquiera su habitual versión del “Hush” de Joe South e inmortalizada por Deep Purple. Un arranque de set que puso nuestras expectativas por las nubes.
Y no quiero decir que aburrieran de ahí al final. No fue el caso. Pero sí tuve la impresión de que el set pasó por ciertas lagunas en las que el público del Z!Live pareció reaccionar solo a ratos. Sea como fuere, la clase y el inmenso carisma que derrochan, puede con todo. Nadie va a descubrir al gran Leo Leoni (guitarra) a estas alturas del cuento y mucho menos yo. “Mountain Mama”, café para los muy cafeteros, nos retrotrae treinta años en el tiempo. Pura nostalgia en forma de hard rock.
No desfallecía Maeder en el tramo final mientras el sonido en el Silver Stage era el de las grandes ocasiones. Para cuando llega el ineludible final con “Lift U Up” hemos visto una muy buena versión de Gotthard en cuanto a técnica y feeling. En su línea siempre elegante y distinguida, que no es poco.
De vuelta al Copper Stage, la legendaria Lita Ford no lo iba a tener tan fácil. De entrada porque el sonido al comienzo del set está muy lejos de ser el óptimo. Tal es así que, por un instante, llegué a pensar que habría paradinha y reinicio. No fue el caso y, finalmente, la nacida en Londres tiró para adelante al tiempo que los técnicos se afanaban en reconducir la situación.
Toda vez el sonido alcanza un cierto equilibrio, lo cierto es que vemos a una gran Ford. Sesenta y seis años contemplan a la nacionalizada estadounidense, que mostró en Zamora un rock orgánico y lleno de actitud. Con todo un Bobby Rock en baterías (como se encargó de recordarnos más de una vez), la versión de Elton John “The Bitch Is Back” llegó precedida por la pregunta de Lita sobre cuantas “bitches” había en el recinto. Fue uno de los puntos álgidos pero mentiría si dijera que no fue un setlist algo extraño. Alguna balada que fue recibida con una cierta frialdad en Zamora. Los solos, como el que arrancó el propio Rock, y al que siguieron los propios de Patrick Kennison (guitarra) y Marten Andersson (bajo), quizá se alargaron más de lo que me gustaría. Máxime teniendo en cuenta cómo de ajustado es el tema de los horarios en los festivales.
Pero cuando ella reconduce con nada menos que “Cherry Bomb” (The Runaways), los zlivers vibran en consecuencia. Se descubre entonces a la mejor Lita Ford. Diría que también el tramo más sólido del set con esa revisión del “Black Leather” de los Sex Pistols. Lita, con una llamativa guitarra de doble mástil ahora, pidió que alumbráramos con nuestros móviles e introdujo entonces “Close My Eyes Forever”, aquél dueto de 1988 con un tal Ozzy Osbourne, para finalmente echar el cierre con “Kiss Me Deadly”. Aquí y entre ella y Kennison dejaron uno de los duelos solistas más llamativos de todo este Z!Live. Una descarga con ciertos problemas de inicio, a ratos falta de ritmo pero cerrada con una gran dosis de clase.
El cabeza de cartel de la última jornada, los brasileños Sepultura, no padecerían los mismos problemas de vuelta en el Silver Stage. No solo eso sino que aparecerían por Zamora en un estado de forma tal que cuesta creer que este vaya a ser, de verdad, su último baile.
El arranque con “Beneath The Remains”, desde luego, despeja cualquier posible duda. Atrás, el jovencísimo Greyson Nekrutman (que había cumplido los justo 23 el día antes) comandó con mano firme al cuarteto. Delante, Derrick Green emergía pletórico tanto vocal como físicamente. No habíamos alcanzado el segundo tema del setlist (“Inner Self”) y la gente ya coreaba al combo brasileño. Tal es el cariño que esta tierra les profesa y la furia con la que irrumpieron en el Silver Stage. Pero quedaba aún mucha cera que repartir. Ellos procuraron un repaso lo más extenso posible a su discografía y un Andreas Kisser, por el que parecen no pasar los años, cercenó riffs y solos con precisión de veterano pero ímpetu de colegial. Brilla Nekrutman a las baquetas en la clásica “Desperate Cry” mientras todo Z!Live corea tan lacónico estribillo.
Pero como digo este set iba a hacer un exhaustivo repaso por (casi) toda su trayectoria. Da fe de ello esa “Phantom Self” que vino a destapar su cara más groove y pesada. Algo que afianza una “Attitude” que pone a dar palmas al festival. En este punto, “Means To An End”, del interesante “Quadra” de 2020, quizá pase algo inadvertida. Todo lo contrario que “Kairos”, del álbum homónimo, con un más que esforzado Derrick Green. A su lado, siempre discreto, el bajista Paulo Xisto cimentaba su leyenda de tipo tranquilo y afable. A estas alturas del show, casi me atrevería a decir que el suyo fue el mejor sonido de todas cuantas bandas pasaron por Zamora a lo largo de las tres jornadas. “Propaganda”, por desgracia, sigue tan vigente o más que cuando apareciera en el polémico “Chaos A.D.” allá por 1993.
Kisser tomó entonces el micro para, en perfecto castellano, mandar los debidos agradecimientos primero, enfrentar la clásica, añeja y furibunda “Escape To The Void” después. Dar cera, pulir cera. Sin hacer prisioneros y con Nekrutman volando a los parches. Es increíble tal grado de vitalidad pero sobre todo de entrega en una banda que está como digo a fechas de rubricar su epitafio. Como también lo es el gordor que emana del escenario en los cortes más graves y pesados. “Choke”, con un Green que mantenía alto el pistón, puede ser el mejor de los ejemplos. Así las cosas, “Kaiowas” mediante, la banda se tomaría un pequeño respiro. Y se rodearía de varios invitados. En lejanía pudimos distinguir entre otros a Alberto Marín y Redd Reddington de Opensight aporreando baquetas arriba del escenario.
En lo personal y con “Dead Embryonic Cells” iba a llegar otro de mis momentos favoritos del set en particular y del festival en general. Su breakdown se magnificó en la traslación al directo. Ver a centenares de cabezas agitarse al son que marcaba Kisser con su guitarra fue realmente toda una experiencia. A ellos aún les quedaba cera por dar. Incluso cupo el recuerdo a Lemmy Kilmister que procuró su conocida revisión del “Orgasmatron”. El clásico de Motörhead fue la primera piedra de un tramo final realmente avasallador: “Troops Of Doom”, “Territory”, “Refuse / Resist” (con todo el Z!Live brincando) y nada menos que la brutal “Arise”. Que Nekrutman aquí aún tuviera tiempo de un pequeño solo de batería creo habla y bien de cómo de cargadas tenía las pilas a su paso por Zamora. Un solo que precedió a “Ratamahatta” y esta, a su vez, al obligado final con “Roots Bloody Roots”, donde más de uno se desgañitó hasta las últimas consecuencias. Imparables. De largo uno de los shows más sólidos y potentes de todo el fin de semana. Sepultura do Brasil, porra!
Del thrash mestizo de Sepultura al black metal de Dark Funeral, el cartel iba a dar un giro poco menos que dramático. Como dramática es esa puesta en escena entre fondos y telones. Ellos emergen enfundados en sus habituales armaduras y corpse paint, en un horario mucho más propicio que en mi anterior encuentro con ellos (¡hace veinte años!) en el que algún desalmado decidió colocarles a plena tarde y bajo un sol de justicia. Con una quietud muy llamativa, aparecen en escena y pronto desenfundan su libro de estilo “Unchain My Soul”. Y sin que la cosa deviniese en catastrófica, sí que noté una cierta falta de pegada en su sonido.
Sepultura y el Silver Stage nos malacostumbraron durante cien minutos y al Copper le costó aguantar el ritmo. Especialmente sensible fue toda vez la banda redujo hacia ritmos más a medio gas en “My Funeral”. A Heljarmadr, que desde 2014 pone voz a los suecos, se mostró como un frontman activo y sin mayor tacha. Incluso se atrevió a lanzar un “amigos y amigas” a los muchos zlivers que aún aguantaban el tirón. Después de la pequeña interacción llegó “Nosferatu” y, con ella, la versión más nerviosa y furibunda del combo nórdico.
Tras el cansancio acumulado de los tres días, este fue un show no apto para pusilánimes. Una espinita que tenía ganas de sacarme después de tanto tiempo y una banda que confirmó su estatus ya casi legendario pese a los problemas. Que no pasen otras dos décadas hasta la siguiente.
Qué mejor cierre para un festival como este que los siempre afables y dicharacheros Nanowar Of Steel. Otra de esas formaciones que generan tantas filias como fobias pero que despidió el décimo Z!Live como mejor sabe: montando la madre de todas las bacanales (sonoras).
Nosotros nos retiramos. No teníamos cuerpo para más pero sí una buena tirada por carretera hasta nuestro lugar de descanso. Con eso y con todo fueron tres grandes jornadas con el hard rock y el metal como protagonistas. Un montón de nuevos recuerdos en la memoria, nuevas amistades, mejores momentos y todo bajo una climatología que, al fin, supo y quiso respetar al Z!Live.
Y fue grande porque la organización puso de su parte para que así fuera. La puntualidad de los horarios. El buen sonido del que, en líneas generales y salvo pequeñas excepciones, disfrutaron las bandas presentes. El festival crece pero parece hacerlo con los pies en el suelo. Por ahí que no quiera olvidarme de agradecer a Iuri Carlos, contacto entre organización y medios, su infatigable labor durante los tres días. Trato exquisito y cercano. Así da gusto trabajar, si es que a lo que hacemos desde Heavy Metal Brigade se le puede llamar trabajo.
Del mismo modo, sería torpe por mi parte dejarme a Lago (Piratas De Liberalia). La compañía y las confidencias también hacen festival. Finalmente, enviar un saludo también a las muchas caras conocidas con las que nos cruzamos del jueves al sábado y tocar madera para que, si todo acontece como esperamos, estar ocupado dentro de un año con la crónica de 2026. Nos vemos en Zamora.
Segunda jornada delZ! Live Rock Fest donde nos las prometíamos muy felices gracias a un cartel con Salduie, Morphium, Noctem, Angelus Apatrida, Alestorm, Accept, Saurom y Lujuria. De nuevo con una meteorología que respetó a los zlivers y muchas ganas de pasar un gran día.
Pero empecemos por el principio. La jornada arrancaba al mediodía con los acústicos Kinnia y Débler Eternia, en la Plaza de Viriato a los que lamentablemente no pudimos acudir, cosas de tener nuestra base de operaciones a casi 100 kilómetros del festival. La velada anterior había sido larga con el desplazamiento desde Asturias y tocaba cargar baterías para lo que se avecinaba.
Ya en la tarde azotaba el sol en Zamora cuando los maños Salduie irrumpen en el Silver Stage y la gente tarda nada y menos en subirse a su particular folk metal. Muchos y variados los instrumentos que desplegaron sobre las tablas pero potente y nítido el sonido que emanaba del escenario. Las performances, arriba y abajo del mismo, sumaron a su propuesta. Y entre cortes bien construidos y altas dosis de diversión, resultaron el mejor antídoto al calor reinante.
Del folk metal de Salduie saltaríamos al thrash fulgurante de los cartageneros Injector. Y podríamos decir que el cuarteto fue una de las grandes sorpresas del viernes. No porque inventaran nada sino por la firmeza y a ratos también el feeling que entregó su propuesta. Con el guitarra Dani MVN llevando la voz cantante y Mafy ayudando en coros, enfrentaron a la audiencia del Z! Live sin ningún tipo de miramientos y, a fe mía, sumaron un puñado de nuevos afines a su causa.
Desataron incluso algún circle pit y en general hubo bastante movimiento durante el set. Ellos no se olvidaron de derrochar buenos detalles técnicos, siempre encapsulados en cortes rápidos, a veces violentos, pero siempre con un toque de cierta clase. Puro thrash old school para el día más estatal del Z! Live.
Con Morphium llegaría el tercer giro de tuerca de la jornada. Metal contemporáneo con elementos que iban desde el groove hasta el gothic, todo embalado en composiciones hábiles con Alex Bace al micro como inquieto maestro de ceremonias. Aunque contundentes, curiosamente, me agradaron en sus momentos más melancólicos. El público del Z! Live pareció disfrutar de sus breakdowns más marcados y violentos. Que me agradaran aún practicando un tipo de metal que no acostumbro a consumir, me parece el mejor de los halagos.
Hubo como digo bastante movimiento al frente del Silver Stage. El propio Bace no quiso perder la oportunidad de mezclarse con los suyos y bajó varias veces hasta las vallas, para ya casi al final, ser llevado en volandas por decenas de zlivers. Venían de girar por medio mundo y desde luego se les notaron las tablas y el rodaje. Una banda con un sonido propio y que, a buen seguro, no dejó a nadie indiferente a su paso por Zamora.
Siempre se hace raro un concierto de black metal a pleno sol. De ahí que los valencianos Noctem no lo fueran a tener nada fácil. Apretaba el astro rey cuando la banda, la imagen es lo primero, tomó el Copper Stage. Violentos y rabiosos, como mandan los cánones. Dispuestos a dar una buena ración de metal extremo a los más valientes. Servidor aprovechó entonces para echar un vistazo en los puestos de merchandising. También para estrechar lazos, que es algo para lo que también sirven eventos como este. Para cuando volví frente al escenario, la banda se deshacía en agradecimientos a quienes aún apoyan la escena extrema en nuestro país. Prometo mayor atención la próxima ocasión.
Y de Valencia a Albacete. El cuarteto thrash Angelus Apatrida no necesita de muchas presentaciones. La banda llegaba a Zamora en un gran momento de forma, empañado si acaso por la polémica surgida hace escasas fechas en torno al fondo de inversión KKR. En lo musical se mostraron tan sólidos como siempre. Si, además, el sonido acompaña, como fue el caso, la banda da con la tecla y bien pronto confirma su estatus. Para cuando suena “Indoctrinate”, hay liada una tremenda en Zamora. Guillermo derrochó voz y carisma, como en él viene siendo habitual, y Angelus Apatrida rubricaron otro gran set.
“Cold” nos recordó al mencionado “Aftermath”. El sonido era realmente atronador. Me atrevería a decir que uno de los mejores de la jornada. Ellos sin embargo no perdieron la ocasión de revisitar cortes más antiguos, como ese ya lejano “Give ‘Em War” o la más reciente “Sharpen The Guillotine”, con el mejor Guillermo de la jornada. En mi sincera opinión uno de los mejores estribillos de todo su repertorio y un cuarteto que sonaba todo lo sólido y potente que de él se esperaba. Como diría un clásico, no han inventado el pan pero saben hacer buenas tostadas. Ajenos a polémicas, reivindicaron su posición como punta de lanza del thrash estatal. Atravesando su mejor momento.
Del thrash punzante de Angelus Apatrida al metal pirata y fiestero de Alestorm. La banda llegaba a Zamora a escasas fechas de la edición de “The Thunderfist Chronicles”, su nueva obra de estudio. Y ya de entrada llama la atención su puesta en escena. El fondo verdinegro y los enormes patos inflabes. En definitiva se preveía fiesta y fiesta fue lo que ofrecieron.
No fue poca la gente que se acercó a verles. Pero me sorprendió la buena acogida que tuvo un corte de reciente creación como “Killed To Death By Piracy”. Pegadizos y disfuncionales, todo sea por la fiesta, se percibió tanto movimiento arriba como abajo del escenario. Ellos siguieron desgranando temas sin un segundo que perder. El set, de hecho, había comenzado con cinco minutos de adelanto con respecto al horario marcado. No serían ellos quienes se ahogaran justo en la orilla. “The Sunk’n Norwegian” fue quizá mi favorita de esta primera parte del set…
… pero es verdad que su propuesta corre a veces el riesgo de volverse un tanto repetitiva. No pareció ser el caso de una audiencia, muy joven por cierto, que disfrutó a lo grande de cortes como “Mexico” o “Zombies Ate My Pirate Ship”. Yo por mi parte agradecí alguno de los temas más lentos, por aquello del cambio de dinámica, pero en líneas generales diría que me agradaron. Son la cara más lúdica del género y como tal hay que entenderles.
El choque generacional entre el público de Alestorm y el de Accept fue, de largo, una de las notas más curiosas del viernes. Los más talluditos se plantaron frente al Silver Stage prestos a recibir a la legendaria formación alemana, ya con el espigado Wolf Hoffmann como único superviviente de sus años de gloria. ¿Pero qué importa cuando la banda, Mark Tornillo mediante, parece estar en mejor forma que nunca?
Al show de Accept se le puede achacar lo estudiado / premeditado que resulta todo. Dispusieron una cuidada puesta en escena, correspondiente a la gira de su último álbum “Humanoid”, pero el suyo sin embargo sería un set con la nostalgia como bandera. Con tres guitarras arriba del escenario, son “The Reckoning” y la propia “Humanoid” las que inauguran el set. Tornillo se mostró tan seguro, tan potente, como de él se esperaba. Parco en movimientos, es verdad, pero sin mácula en cuanto a despliegue vocal. Siempre en ese tono raspado que le caracteriza, comandando con mano firme a la bien engrasada maquinaria teutona.
Pero es cuando suenan “Restless And Wild” y “London Leatherboys” que el Z! Live es uno con la banda de Hoffmann. Reconozco que no me esperaba algo como “Straight Up Jack”, corte de su último álbum, pero dueño de un riff de los de toda la vida. La audiencia, claro, recibió de mucha mejor gana el pequeño medley (“Demon’s Night”, “Starlight”, “Losers And Winners” y “Flash Rockin’ Man”) que introdujeron. Mucha clase en riffs, un sonido nítido y potente, quizá eché en falta el sacar un mayor jugo al electrónico de fondo. Pero ya digo que en lo musical apenas cupieron pegas.
Porque eran el cabeza de cartel del viernes y ejercieron como tal. En particular cuando encararon la recta final desgranando un clásico detrás de otro. Todo sin que Tornillo perdiera la voz ni Hoffmann la sonrisa. “Princess Of The Dawn” sería de hecho uno de los cortes más coreados no ya de la jornada en concreto sino que del festival en general. Otro tanto se podría decir de “Metal Heart”. Estribillos que son verdadera historia de esto. La tripleta final, no por esperada, resultó menos gozosa: “Fast As A Shark” representó la nota más trotona del set, mientras que “Balls To The Wall” puso a prueba nuestras gargantas y ya finalmente “I’m A Rebel” cerró con su cara más lúdica y festiva. Un set ágil y diverso, desarrollado apenas sin mácula y en el que Accept, sobre todo, dejaron la sensación de tener cuerda para rato. Pocas bandas de su quinta estarán, a día de hoy a nivel semejante.
Pero al cartel del viernes aún le quedaba mucha guerra que dar. Y es que todos unos Saurom vendrían entonces a tomar posiciones en el Cooper Stage. Acudían los de San Fernando en defensa del aún caliente “El Principito” y no fueron pocos los que se posicionaron prestos a disfrutar de su conocido folk metal.
Y la cosa empieza siguiendo los mandatos del libro de estilo. Esto es, recurriendo al comienzo de su último álbum de estudio. Miguel A. Franco pareció mostrar un buen estado de voz y la banda sonó todo lo redonda que los suyos esperaban. Al menos en las inmediaciones de la mesa de sonido donde me encontraba. Lúdicos sin llegar al desparrame de Alestorm. Heavies sin llegar a la hondura (y en cierto modo) la crudeza de Accept, pero una banda que ha ido forjando su leyenda a base de esfuerzo y buenas canciones.
Y aunque reconozco que nunca me han llegado a enganchar, es encomiable el modo en que conectan con la gente. Una banda con el directo como fin, y no al revés, como tantas veces ocurre con formaciones del género. Sonaron muy redondos y es de agradecer. En el camino de ser verdaderos referentes toda vez los grandes nombres vayan cayendo en el inevitable retiro.
Para el cierre quedaba el particular heavy metal de los segovianos Lujuria. Óscar Sancho, luciendo un abrigo de cuero y tachas que ni Rob Halford, fue una vez más maestro de ceremonias. Nosotros, como quiera que les veremos en la próxima edición del Luarca Metal Days, y teníamos no menos de cincuenta minutos de coche hasta nuestro centro de operaciones, optamos por una pronta retirada. Somos fuego por dentro, corazón de heavy metal, sí, pero de vez en cuando también nos merecemos un descanso. Quedaba aún la jornada del sábado y había que reponer fuerzas. Nos vemos sin falta en Luarca.
Una década cumplía el Z! Live Rock Fest en este 2025 y no era esta una cita que Heavy Metal Brigade fuera a dejar pasar. Con un cartel dividido en tres jornadas y un puñado de bandas de lo más diverso, el IFEZA y la ciudad de Zamora volvían a acoger un año más a gentes llegadas de todos los puntos de la península y fuera de ella. A grandes rasgos, nombres ya legendarios como Dream Theater, Accept o Sepultura junto a propuestas emergentes como Dynazty, Kissin’ Dynamite o Alestorm sin olvidar el metal extremo de Nile y Dark Funeral o la cosecha local con Angelus Apatrida, Injector o Ankhara eran aliciente suficiente.
El arranque de un evento de estas características siempre conlleva una pequeña incertidumbre. Un moderado nerviosismo. Pero toda vez recogemos las acreditaciones y accedemos al recinto, gran idea por cierto la de permitir a los medios el uso del parking anexo, hacemos nuestra habitual composición de lugar y accedemos a la que sería nuestra casa por los próximos tres días. Lo primero que uno ve son los habituales puestos de merchandising. El de las bandas, tanto como el oficial del festival, se encontraba sin embargo dentro del recinto cubierto del IFEZA. Fuera de él y bajo los rigores que el cielo zamorano gustara de imponer, se erigían uno junto a otro, ambos escenarios: Copper Stage a la izquierda, Silver Stage a su lado. Frente a ellos un buen número de bancos y mesas donde descansar y recargar fuerzas. Y, al fondo, los habituales food trucks, la zona de emergencias y los aseos. Una disposición muy diáfana, el recinto es lo suficientemente grande como para acoger a unas cuantas más de las diez mil personas diarias que, dijo la organización, llegaron a ocupar su sitio frente a las tablas.
Todo tiene su comienzo y su final. After Lapse, los prog metaleros de origen madrileño, iban a ser los encargados de inaugurar esta décima edición. Ni pronto ni tarde. El cumplimiento de los horarios rozaría lo estricto a lo largo de las tres jornadas. Ellos demostraron tener buen tino a la hora de armar buenos riffs y con ellos canciones entre lo elegante y lo vistoso. Con un voceras de circunstancias, Erik Rayne apenas llevaba dos semanas con ellos, sacaron adelante el set con toda solvencia. Nos agradaron.
Había ganas de ver a los daneses Vola. “Friend Of A Phantom” me parece uno de los discos más frescos de 2024 y su paso por el Copper Stage lo refrendó pero con matices. “We Will Not Disband” enseña ya la mejor cara del guitarra y voz Asger Mygind. Llama la atención la presencia de hasta tres teclados sobre el escenario. La banda haría buen uso de ellos para desarrollar ese prog que a veces roza con el djent. Ahí, en la cara más rota de la banda, Vola dan su verdadera medida. Hicieron un cuidado repaso por toda su discografía, pero me sorprendió que “Break My Lying Tongue”, single de su último largo, no constara entre las elegidas. Confiando en tener mejor suerte la próxima vez que me los encuentre.
Vuelta entonces al Silver Stage para disfrutar de los alemanes Kissin’ Dynamite. Es cierto que el mal sonido desluce “Back With A Bang”. Pero cuando los técnicos llevan a cabo su tarea y todo reconduce hacia posiciones de mejor equilibrio sonoro, los de Burladingen están rayando a gran nivel. En una encrucijada entre hard rok y heavy metal, representan la cara más lúdica del género sin perder fuerza ni eficacia. El pegadizo estribillo de “Monster”, sus a veces cuidadas coreografías, incluso la capa que Hannes Braun lució en uno de los temas. Todo sumó para que el público del Z! Live terminara por entregarse a ellos. Puede que sonaran no tan orgánicos como me esperaba. En cualquier caso, tremenda fiesta la que montaron.
El cartel del viernes iba a dar un giro aún más dramático con la llegada de los norteamericanos Nile. Los de Greenville (Carolina del Sur) no necesitan muchas presentaciones. Leyendas absolutas del death más técnico y brutal, llegaban al Copper Stage dispuestos a no dejar títere con cabeza. Su fama les precede y “Stelae Of Vultures” ya da muestras de su conocida brutalidad. Pero el sonido no llegó nunca a ser del todo redondo y, por ahí, su paso por Zamora resultaría un tanto agridulce. En cualquier caso, George Kollias está dando una masterclass de cómo enfrentar su kit de batería. Siempre tan seguro en la velocidad, por momentos inhumana, que es capaz de desplegar cada noche (tarde en este caso).
Ellos seguirían alternando temas de nuevo cuño, como ese “To Strike With Secret Fang” de su nuevo álbum, con piezas remotas como “Sacrifice Unto Sebek” o la muy coreada “Kafir”. Las voces rotas del también Morbid AngelDan Vadim Von y el OlkothZach Jeter contrastan con la mayor oscuridad de un seguro e incluso tranquilo Karl Sanders, verdadero alma mater del proyecto. “In The Name Of Amun” puede pasar algo inadvertida, de nuevo pequeños problemas técnicos aguaban las evoluciones del cuarteto. Pero cuando cierran con “Black Seeds Of Vengeance” y todos coreamos con ellos, Nile parecen confirmar su estatus pese a los inconvenientes.
Steve “Zetro” Souza abandonaba de nuevo Exodus a principios de este año por lo que el Z! Live iba a ser un buen termómetro de cómo ha caído en el seno de la banda la vuelta de Rob Dukes. El neoyorquino, cincuenta y siete años le contemplan, irrumpió en plena forma en el Silver Stage. El thrash metal más hiriente se haría carne en Zamora gracias a “Bonded By Blood”, que anda cumpliendo cuarenta años en este 2025, y donde ya Gary Holt y Lee Altus dejan claro que la suya sería una de las duplas guitarreras más y mejor compenetradas del evento.
Sorprende la vitalidad de una banda como esta. Porque Tom Hunting esta aporreando el kit de batería con un ímpetu casi adolescente. Y poco importa que “Zetro” ya no esté porque Dukes está dando su mejor nivel en “War Is My Shepherd”. Muy activo, siempre desafiante de lado a lado del escenario y dueño de una voz rotunda y lacerante como pocas. El duelo solista de “Brain Dead” me reafirma el nivel de la dupla Holt & Altus. Era jueves pero no fue poca la gente que se arrimó a disfrutar del mejor thrash metal, algo que habla y no precisamente mal de la salud del festival. Y es que nadie querría perderse a los americanos y acabar en la “Blacklist” de Dukes y los suyos. Aquí se repitió el juego del frontman con la guitarra de Holt mientras Altus soleaba al otro lado. Clásico gimmick ya de los estadounidenses.
Tras las habituales presentaciones llegaría el turno de volver al legendario “Bonded By Blood” para recibir una “A Lesson In Violence” que vino a confirmar su estatus de leyendas absolutas del género. Anthrax, Metallica, Megadeth y Slayer (a donde ha vuelto precisamente Holt) podrán ser el denominado Big Four del thrash, pero Exodus pasaron por Zamora a un nivel que ya quisiera cualquiera de las bandas mencionadas. Lo pensaba mientras caía un pequeño giño al “Raining Blood” de los propios Slayer antes de una brutal “The Toxic Waltz”. El wall of death que detonó “Strike Of The Beast” fue el broche perfecto a una descarga en la que Exodus no hicieron prisioneros. Con la vitalidad de unos adolescentes pero las tablas y la confianza que les otorga su ya dilatada trayectoria. Uno de los grandes shows del jueves.
A nadie se le escapa que la de Meshuggah iba a ser una historia bien distinta. La banda más sui generis del jueves. De todo el cartel, me atrevería a decir, padres putativos de lo que algunos dieron en llamar djent y que en Zamora establecieron, una vez más, su curioso estatus de banda de culto con reconocimiento masivo. Su propuesta a la vez monolítica e intrincada, su llamativa puesta en escena, los poderosos juegos de luces que desplegaron
… pero sobre todo la forma y el modo en que sonaron. Cerca, o en las inmediaciones mismas de la mesa de sonido, pocas veces he visto a una banda de este calibre sonar del modo en que lo hicieron los suecos. Pocos ajustes hicieron falta. Desde que desatan a la bestia con “Broken Cog”, de aquél “Immutable” de 2022, no queda otra que rendirse a la gran paradoja nórdica. Los solos de guitarra resultan extraños. Casi contraintuitivos. Pero cuando el ya poco menos que legendario Tomas Haake enfrenta ritmos más vivos, pocas cosas en este mundo rozan siquiera los niveles de furia e intensidad que desatan Jens Kidman y compañía.
Caía la noche en Zamora y de forma exponencial se magnificaba su puesta en escena. El humo, las llamativas, casi cegadoras luces. Y al frente, por muchos momentos inmóvil, Jens Kidman, cincuenta y nueve años recién cumplidos, comandaba a los suyos sin que su garganta pareciera acusar el esfuerzo. En contra suya se puede argüir su quietud arriba de las tablas. Que a ratos todo parezca en exceso premeditado y medido. Poco importa cuando redirigen a ese clásico ya ineludible que es “ObZen” y entregan una “Combustion” llevada a unas cotas de intensidad y precisión por momentos inmensurable. Una experiencia, y aquí cobra especial importancia el cómo, envuelta en un cierto halo trascendental. Casi místico.
Por ahí, claro, uno entiende que su propuesta no resulte del gusto de una amplia mayoría. Pero “if you know, you know” que diría aquél. Porque “Born In Dissonance”, ya caída la noche en Zamora, aún parece añadir unas cuantas décimas en lo que a magnitud se refiere. Serio, impertérrito Haake tras el kit, con la seguridad que da ser una de los baterías más influyentes y respetados a nivel mundial. Maestro indiscutible en una jornada en la que el Z! Live había conseguido reunir a tres de los bateristas más icónicos del metal mundial. El doble cierre, que no por habitual pierde un grado de eficacia, correspondió una noche más a la dupla “Bleed” más “Demiurge”. La primera, dueña con uno de los riffs más emblemáticos y celebrados del género, eleva el grado de trascendencia de la descarga para después desembocar en uno de esos cierres que quedarán para siempre en nuestras retinas. Colosales.
La cabeza de cartel del jueves correspondía a la vuelta de Mike Portnoy al seno de Dream Theater. Banda clave en el desarrollo y posterior establecimiento del metal progresivo como fenómeno de masas, el teatro de los sueños acudía a Zamora inmerso en los fastos de celebración de su cuarenta aniversario. Se dice pronto.
Banda fetiche del abajo firmante, acudí a la cita con sentimientos encontrados: feliz por la vuelta del hijo pródigo a las baquetas, inseguro con respecto a qué cara iba a ofrecer esta vez un James LaBrie quien, a su paso por Avilés en 2023 (crónica), había sembrado un mar de dudas. Suena la pieza que el gigante Bernard Herrmann compuso para la banda sonora de “Psicosis” y la sola irrupción de la banda provoca una de las mayores ovaciones del jueves. Ellos atacan con la reciente “Night Terror” y Portnoy no tarda en deshacerse en gestos y saludos al público. Petrucci dejaría ya aquí muestras de la inmensa clase y maestría que acumula en sus dedos.
En estos primeros compases LaBrie, si bien lejos ya de sus mejores años, pareció ser consciente tanto de sus virtudes como de sus debilidades. Su timbre nunca ha sido del agrado de muchos, pero me da la sensación de que supo defenderse mejor que en anteriores ocasiones. Con eso y con todo, no seré yo quien niegue que ciertos momentos de la dupla “Act I: Scene Two: II. Strange Déjà Vu” & “Act I: Scene Three: II. Fatal Tragedy” le vengan un tanto grandes al canadiense. De la sobria puesta en escena llaman mi atención los leds que adornan el (a veces inclinado) teclado de Jordan Rudess. El impasible teclista dio su mejor versión en la no poco icónica “Under A Glass Moon”, del legendario ya “Images And Words”. Ni cerca de lo vivido con Meshuggah, este es un animal bien diferente, pero sí que la tensión aumentó gracias a “Panic Attack”, con John Myung de repente altísimo en la mezcla (y ya es raro).
Portnoy se iría entonces al lado derecho del (inmenso) kit de batería para, desde allí, enfrentar una “The Enemy Inside” con LaBrie muy seguro en estrofas y no tanto en estribillos. El de Penetanguishene sigue con su recién adquirido hábito de irse al backstage durante los solos y, por ahí, la banda pierde uno de su mayores activos durante no pocas fases del show. Sea como fuere, Mike volvería al lado natural para una “A Rite Of Passage” de la que me sorprendió el caluroso recibimiento que tuvo por parte del público. Como celebrado fue también el solo de Petrucci en “The Dark Eternal Night”, uno de los cortes más contundentes del set, acompañado por ese doble juego vocal entre LaBrie & Portnoy y rematado por la buena outro de Rudess.
Portnoy volvería a cambiar su posición tras el kit para “Peruvian Skies” donde, una vez más insertarían dos pequeños escorzos de Pink Floyd y Metallica (Wish You Were Here y Wherever I May Roam respectivamente). Rudess echó mano entonces de su teclado portátil y añadió algo de color al set. En “As I Am” y, curiosamente cuando mejor estaba sonando, el micro le jugó una mala pasada a LaBrie. A perro flaco. Fue otro de los picos de intensidad de la jornada, tremendo una vez más Petrucci, y el broche soldado a fuego que supone la siempre exigente “Pull Me Under”. Ni cerca del nivel que me gustaría pero mucho mejor que en mi anterior encuentro con ellos.
La descarga de Rotting Christ era poco más que una incógnita para servidor. Banda que, pese a su dilatada trayectoria, nunca me ha llegado a enganchar, pero que congregó a un nutrido número de fans frente al Copper Stage. “35 years of evil existence” rezaba el electrónico de fondo. Su puesta en escena, sobria y oscura, casó con el dark metal que vinieron a desarrollar.
Dark metal, sí, porque si bien hay momentos en que la velocidad se dispara y las revoluciones aumentan, pienso esta banda poco tiene que ver con nombres como Noctem o Dark Funeral. Sea como fuere, los griegos se empecinaron desde el primer momento en buscar el enganche con su público mediante esos coros marca de la casa. El sonido acompañó. Y si bien sobre las tablas la quietud durante muchos momentos era casi total, abajo no dejó de haber movimiento. No era aún muy tarde y en el Z! Live aún quedaban ganas de pasarlo bien.
“Like Father, Like Son” acrecenta ese enganche con la audiencia. Sakis Tolis, guitarra y voz de los atenienses, demostró tanta seguridad como carisma. “Non Serviam” nos retrotrajo al disco homónimo de 1994 y la versión de Thou Art Lord “Societas Satanas” incluso desencadenó un wall of death frente al Copper Stage. El cierre, no obstante, fue para “The Raven”, que acrecentó la épica más oscura de los griegos. Sólidos, serios y sin mayor mácula. No me enganchan pero pocas pegas caben sobre su desempeño.
Si complicada es la tarea de abrir un festival, tanto o más lo es la de cerrarlo. El nutrido combo madrileño Vita Imana acudía a Zamora tres años después de entregar su último álbum de estudio, aquél “VI” de 2022, presta y más que dispuesta a no dejar títere con cabeza. Banda con poca rima dentro del cartel (Sepultura al margen), vino a poner la nota groove al cierre del jueves.
Intensos como demonios pero con el color que dan siempre las percusiones de Miriam Baz. El Cuernos De ChivoMero Mero no ceja en su empeño de mantener bien despierta a la audiencia. Y entre riffs contundentes y mucho mal café, cerraron la primera jornada como de ellos se esperaba. Vibrantes y concisos. Un martillo pilón que sabe perfectamente cuál es su lugar y obra en consecuencia. Un buen final de jornada.
Presentación en solitario de “Luna Negra”, el nuevo trabajo del trío asturiano Alto Volto, que recibiría la calurosa acogida de un entregado Gong Galaxy Club. Allí se plantó el equipo de Heavy Metal Brigade dispuesto a no perder comba del evento. El álbum pasó hace escasas fechas por la web (reseña) y tocaba comprobar qué tal sonaban sus nuevas obras en vivo.
De entrada en la sala ya nos llaman la atención un par de detalles: los teclados a un lado del escenario, anticipando invitado, y la pequeña silla al frente del mismo. Cuando pasan diez de las nueve, salimos de dudas: Borja García irrumpe en solitario sobre las tablas, echa mano de la acústica y comienza el show por el cierre de su último trabajo, esto es, la acústica “India”. Ya con la banda al completo (Diego Motta al bajo, Juan Villamil a la batería) arrancan el set en eléctrico con una pequeña intro de puro rock and roll.
De ahí saltan a “Baila” y el sonido en la Gong parece el de las grandes ocasiones. La notable presencia del bajo de Motta, la pegada de Villamil atrás y ese acelerón que le imprimen al final. Parecía que todo iba ir sobre ruedas. Motta y no es novedad, de nuevo se iba a revelar fundamental no ya con su cuatro cuerdas si no que también con sus coros. En “Atontado” añaden color a la cara más ruidosa del trío. Es solo rock and roll pero Alto Volto demostrarían tener un discurso musical lo suficientemente amplio como para desplegar canciones de personalidades bien diferenciadas. Siempre con clase y carisma. Villamil brilla igualmente en “Veneno” mientras Borja deja alguno de mis riffs favoritos de la jornada.
El propio vocalista y guitarra sería quien nos anunciara que tocaba irse “veinte años atrás” a aquél primer álbum homónimo para recuperar “Before You Came”. García exprimió a placer su Gibson negra y dio la impresión de que no ha pasado el tiempo por ese riff. La sala comenzó a animarse aquí, aunque ya digo que todos estábamos muy por la labor el pasado viernes. Siguiendo con el recuerdo a aquella primera obra, Borja echa mano del slide en “One”, deshaciéndose de él, curiosamente, justo antes del solo. “Xuan Villamil a la batería, un puto crack” exclamaría el rizado frontman a término.
Es entonces que, “Insomnio” mediante, volvemos a “Luna Negra”, con Borja García echando mano de aquella Fender rojiblanca que inmortalizamos el año pasado en Vidiago. “El insomnio si te pilla en casa estás jodido, pero si te pilla fuera de puta madre” había dejado dicho el vocalista. Sea como fuere, son estos Alto Volto más vibrantes quienes propician que la temperatura en la sala empiece a bullir. En “Ojo Chaval” sería Motta quien cambiaría de bajo. Un corte en el que deja un pequeño escorzo en solitario antes del solo de guitarra. Que Alto Volto sea una de esas bandas que no para de derrochar clase y buen hacer no quita para que, sobre las tablas, se sucedan todo tipo de bromas entre canciones. Como cuando Borja reconoce haberse dejado la toalla en el backstage. “Somos Babylon Chat” se oyó entonces. Ya convenientemente aseados, el trío daría un giro al set con la tranquila “Maldita Mi Suerte”. Igualmente cómodos en esta cierta calma, BorjaGarcía dejaría aquí su mejor cara como vocalista.
Llegaría entonces el momento de que el The Electric BuffaloSam Rodríguez irrumpiese sobre el escenario y, así, el eventual cuarteto enfrentaría “Wake Up”, a buen seguro uno de sus grandes himnos. La presencia de Sam amplifica el rango sonoro altovoltiano y la sala se entregaría en consecuencia aquí. En especial cuando se alargan según qué solos y uno siente gritos y vítores entre el público. Para “On The Road” iban a sonar más norteamericanos que nunca. Muy efusivo en solos aquí Borja. Y es que como apostilló al final: “Gracias amigos, el blues nunca falla”. No será Heavy Metal Brigade quien ponga en contradicho sus palabras. Borja volvería a la Les Paul para “Hey, Hey!!”, donde por aquello del título, no faltaron bromas con Julio Iglesias (“julio se acerca, vigilad vuestros culos”). Brillaba el trío y Sam Rodríguez con ellos. Quizá una de las nuevas composiciones que más enteros ganó con respecto a su encarnación de estudio.
La banda encarrilaría entonces el repaso final a “Luna Negra” como cierre del set. Aquí puede que “La Celebración” pasara un tanto inadvertida. Todo lo contrario que “Habitaciones Frías”, con un Borja muy fino en el uso del wah. Las bromas en las presentaciones no opacaron “Ella”, la mayor aproximación al funk (con matices) de todo el set. Se irían al backstage entonces, no sin que antes Borja bromeara diciendo “ahora es cuando cantáis lo de otres tres y todo eso”.
Y precisamente tres serían los cortes con que cerrarían el set, siendo “Ramblin’ Rose”, original de MC5 el primero de ellos. Auténtica banda fetiche de Borja. De vuelta a la producción propia, “Now You Know” confirma nuevamente su estatus de clásico ineludible. Y con Sam de vuelta arriba del escenario, todo culmina en “Border Song”, que cerraría el set rezumando clase y feeling a raudales. Hora y tres cuartos de puro y auténtico rock and roll.
“Luna Negra” quedó pues debidamente presentado, augurando buenos tiempos para el trío asturiano. La gente respondió, acompañó y vitoreó finalmente a la banda y nosotros estamos hoy felices por haber sido testigos. Mandar nuestro agradecimiento a la banda por haberlo hecho posible, a ti por leer esta crónica y a la gente con la que charlamos antes, durante y después del concierto. Salvo catástrofe, nos vemos en Zamora.
Tras la forzosa cancelación del año pasado, el 10 de mayo sería la fecha elegida por las huestes de Txus Di Fellatio y sus Mägo De Oz para el reencuentro con el público asturiano, y lo harían en el recinto previsto en 2024, no otro que el renovado Gijón Arena en la que sería mi primera visita a este nuevo chigre de la ciudad. Vendrían acompañados de la banda de folk metal Celtian, que visitaba de nuevo el Principado tras el exitoso concierto, acompañados por Xeria, en la ovetense sala Gong el pasado 25 de enero.
La larga cola que se formó en los momentos previos a la apertura de puertas daba buena muestra de las ganas que los gijoneses teníamos de disfrutar de esta enésima encarnación de la banda madrileña. La espera en el exterior estuvo amenizada por unos voluntarios de la Cruz Roja que invitaban a los pacientes espectadores a participar en un concurso inspirado en el rosco de pasa-palabra con el que podías ganar una chapa conmemorativa.
Tras atravesar los oportunos controles de seguridad y acceder a la plaza de toros de Gijón lo primero que me encontré fueron dos amplios puestos de merch, uno de Celtian con camisetas, discos y recuerdos de todo tipo y otro de Mägo De Oz en el que, pese a estar bien surtido, eché en falta discos o CD’s que los asistentes pudieran llevarse a casa.
El coso gijonés, dotado de una cúpula transparente que nos cobijó de la intensa lluvia que tampoco quiso perderse el espectáculo, tenía todo lo necesario para permitirnos disfrutar del concierto: puestos de comida y bebida, una amplia zona con asientos para personas con movilidad reducida y una visibilidad estupenda desde cualquier parte del recinto. He de decir que todo ello me causó muy buena impresión y espero que ese potencial se aproveche al máximo para eventos culturales del siglo XXI y no para otras trasnochadas tradiciones.
Con algo de retraso sobre la hora prevista, a las 20:10 horas, mientras suena la intro de su último trabajo de estudio, salen a escena la vocalista Xana Lavey, Diego Palacio (flautas, gaita), Txus Borao (violín), Sergio Culebras (guitarra), Raúl Plaza (bajo) y David Landeroin (batería), y comienza a sonar “La Profecía”. Si la primera impresión del recinto fue muy buena, al apreciar la calidad del sonido se tornó superlativa, una nitidez que permitía apreciar las habilidades de los músicos de forma sobresaliente.
Tras esa primera melodía y sin dejar el disco que vienen presentando, el fantástico «Secretos De Amor y Muerte» de 2024, continúan sin perder un segundo con “Sueños De Cristal”, acompañados por un público entregado que coreaba cada estrofa. Es digna de admiración la simpatía que provoca esta banda y también cómo, pese a su juventud, ya cuentan con una importante cantidad de fieles seguidores.
Xana introduce el siguiente tema con su voz más oscura, (“buenas noches Gijón esto es “Maleficio De Sangre”), quizás mi favorita de todo su repertorio, por la combinación de la cristalina voz de su cantante con la más gutural que parece surgida del mismo averno. A destacar también el solo de guitarra de Sergio, que parece hacer chillar a su instrumento. Los músicos, en especial Diego y Raúl, no dejan de moverse por el escenario, lo que da un especial dinamismo a la ejecución de sus temas.
Tras agradecer nuestra presencia pasan al tema “Niamh” de su segundo disco (primero con Xana a la voz) “En Tierra De Hadas”. La proyección de imágenes evocadoras, (sirenas, ríos, llamas…) en el video wall que sirve de telón de fondo acompaña, creando una atmosfera casi mágica con el transcurrir del tema. Imágenes que, intercaladas con el logo de la banda, adornarían toda su actuación.
Antes de seguir con su siguiente composición, Diego se apodera del micro para agradecer nuestra presencia, (“Qué bonito está esto, solo podía ser aquí, Puxa Xixón y Puxa Asturies”), para dar paso al momento más emotivo del show que le dedicó visiblemente ilusionado a su abuelo Avelino de 83 años, presente en el recinto. Txus sale a escena vestido con una camiseta del Sporting De Gijón que, casualmente había ganado un importante partido ese día. Resultó bonito (fue muy prestoso, decimos por aquí) que ambos músicos reivindicaran sus raíces gijonesas en un recinto tan emblemático de la ciudad.
Continúan con “El Hijo Del Ayer”, tema de su tercer disco “Sendas De Leyenda”, con Xana deleitándonos con su voz más dulce. Al terminar, la vocalista agradece a Mägo de Oz por incluirles en la gira, regresando a continuación a su último trabajo con la alegre y festiva “Serena”, en la que Diego cambia su arsenal de flautas por la gaita y en la que Xana, al igual que durante todo el concierto, anima al respetable a mover sus brazos y bailar al ritmo de la música.
Se despiden con “En Tierra De Hadas” pidiéndonos que saltemos, dándolo todo con Diego haciendo alarde de su buen hacer tanto con la flauta como con la gaita, intercambiando ambos instrumentos a lo largo de la interpretación. Finaliza el show con el multi instrumentista grabando con su móvil las reacciones del público, que coreó cada estrofa en todos los temas y que, sin duda, se quedó con ganas de más.
Celtian consiguió con su actuación que nos sumergiéramos en un bosque de hadas y magia a través de leyendas y mitología contadas en forma de canciones de manera delicada y contundente. No es de extrañar el gran favor del público con el que cuenta y que, sin duda, irá en aumento.
Se sigue acumulando retraso sobre la hora programada y no sería hasta las 21:23 horas cuando comenzara a sonar la intro y a reproducirse un video (en el que se realiza la búsqueda de la página deseos.com) que sirve de entrada al metaverso conducidos por Alicia. Al compás de la introducción, la enésima encarnación de Mägo de Oz comienza a ocupar sus posiciones sobre el escenario y el tenebroso riff inicial de “Alicia En El Metaverso” empieza a sonar. Víctor De Andrés, ataviado como el Sombrerero Loco, se deja notar y destaca en estos primeros compases regalando riffs y posturas desde cada zona del escenario.
Primera interacción de Rafa Blas con el respetable con un «¿Cómo estáis, Gijón?». Para continuar con el primer gran clásico de la noche, no otro que “Molinos De Viento”, mientras imágenes de Don Quijote y Sancho Panza ilustran el video wall, muy presente en todo el concierto engalanando cada canción con imágenes acordes con su temática. Muy bien recibida “Satania”, con el público acompañando en los coros a todo pulmón mientras las secuencias reproducidas en el video wall adornan el tema.
Nuevamente, Rafa al micro nos pregunta qué tal estamos y nos agradece nuestra asistencia a la segunda parte de la gira “Feliz No Cumpleaños”, para retomar las composiciones del su último plástico con “Luna De Sangre” (a mi parecer uno de los mejores temas de este “Alicia En El Metaverso”), donde la aportación de Xana en las voces complementa a la perfección la energía y excelente labor de Rafa. Desde estos primeros temas la comunión con el público fue permanente, que lo demostraba coreando cada uno de los temas, desde los más clásicos hasta los más actuales.
Tras una pequeña pausa en la que los numerosos músicos se reubican en el escenario, continúan con la también muy bien recibida “Diabulus In Música” de su lejano «Gaia II«, con ese potente riff de guitarra que compartían entre Jorge, Ix y Víctor con continuos movimientos por el escenario.
Llega a continuación otro momento de lucimiento de Xana, que se hace cargo de la voz principal para presentarnos la colaboración de David, su compañero en Celtian a la batería, e interpretar una versión de “Jolene” de la americana Dolly Parton. Sinceramente me dejó un poco extrañado que decidieran interpretar una versión con la ingente cantidad de clásicos con los que cuenta la banda, sensación que no apaciguó la brillante actuación de Xana. Moha aprovecha el final del tema para regalarles unas chocolatinas a los más jóvenes de la audiencia, los cuales, pese a su corta edad, estaban disfrutando de lo lindo.
Xana continúa llevando el peso de la voz en “Te Traeré El Horizonte” de su disco “Ira Dei”, muy bien arropada tanto por la presencia del violín de Moha como por el pesado riff a tres guitarras. De vuelta Rafa al escenario presenta el sentido homenaje que Txus le dedica a su hija “Por Si Un Día Te Pierdes”, que interpretan sentados sobre el escenario mientras una sucesión de imágenes del aguerrido batería junto a su hija adorna el video wall añadiendo aún más emotividad al tema, que provocó alguna que otra lágrima entre el respetable.
Retoman los temas más enérgicos y festivos con la “La Posada De Los Muertos”, especialmente coreada por el público que se desgañitaba y levantaba su bebida en su icónica estrofa “alza tu cerveza…”. Pequeña pausa en la que Víctor nos da las buenas noches y nos regala un Puxa Asturies diciendo que es un paraíso en el mundo, y agradeciendo a Diego por haberles invitado una fabada casera que, según sus palabras, estaba espectacular. También nos dirigió unas palabras de agradecimiento por apoyar la música en directo y mostrando su hartazgo hacia los músicos enlatados como Maluma o Karol G, a los que dedica un “¡¡¡jódete!!!” para pasar a presentar “Hasta Que El Cuerpo Aguante” de su lejano “Finisterra”, con un Rafa pletórico presentando un nuevolook que mantendría hasta el final del concierto.
De nuevo se retiran los músicos del escenario dejando a Jorge Salan la encomiable labor de regalarnos un brillante solo con su guitarra que acompañó con una continua búsqueda de complicidad del respetable al que provocaba a una batalla separando el coso en tres áreas izquierda, centro y derecha para comprobar cuál tenía más fuelle y gritaba más fuerte. Jorge termina su solo apoyando la guitarra sobre la tarima y tocando agachado, casi arrodillado.
Encaran la parte final del show con Rafa presentando «La Venganza De Gaia» en la que cada uno de los músicos tienen su cuota de protagonismo tras la que se despiden para volver a los pocos minutos con Blas emulando a Freddie Mercury, pidiéndonos acompañarle en sus “eeeooo”.
Comienzan los bises con Moha al micro proclamando “Puxa Gijón y Puxa Asturies” e invitando al público más joven a acompañarlos sobre el escenario, consiguiendo que algunos de los niños de las primeras filas se subieran a las tablas siendo recibidos por Txus, que aprovechó para regalarles un juego de baquetas a cada uno. Sigue Moha con sus agradecimientos mencionando a la promotora, a Gijón y a la familia de Diego que tan bien los había recibido, para pasar a interpretar la clásica “La Costa Del Silencio” con un público que coreó cada estrofa como si le fuese en ello la vida.
Amago de finalizar el show haciéndose una foto de grupo para presentar a continuación “Fiesta Pagana” que desato aún más la euforia entre el respetable que saltaba y cantaba como si el concierto acabara de comenzar.
Poco más de hora y media, que supo a poco, fue lo que Mägo De Oz nos ofreció en el coso gijonés. La entrega y la pasión mostradas por cada uno de los miembros de esta nueva encarnación del grupo, junto con una complicidad y unas habilidades musicales envidiables, hicieron del concierto una gran experiencia que en breve podremos repetir, pues está prevista su actuación en la fiesta de losexconxuraos de Llanera el próximo mes de julio. Aunque seguro que antes nos encontramos por algún sarao. Hasta entonces, salud y rock and roll.
Últimos coletazos de la temporada de salas y llenazo en Estilo para recibir al cuarteto sueco The Baboon Show. Su fama les precede, varias las veces que han visitado la región y una legión de fans que no parece hacer otra cosa que crecer. Acompañaron a los nórdicos la agrupación punk langreana The Brassieres. Así las cosas, rumbo a Oviedo con las pilas bien cargadas.
Falta un minuto para las ocho cuando la formación íntegramente femenina The Brassieres se aúpa al escenario de la sala Estilo. De entrada llama la atención esa formación a dos voces que ofrecen. El suyo es un punk tan clásico y sin artificios en lo musical como orgullosamente turbofeminista en lo lírico. Enlazaron temas casi con el mismo ahínco con el que dejaron toda clase de proclamas, siempre con la sororidad por bandera.
A falta de un telón de fondo con el logo de la banda, bien está ese cartel en apoyo de las Las Seis de la Suiza que mostraron. De entre los cortes que descargaron, me agradó sobremanera “Akelarre”, quizá por esa construcción algo diferente. Recuerdos a Marie Curie, cánticos de “Yo sí te creo” o en contra de La Manada de tan infausto recuerdo. El de “Hijas De La Hidra” puede ser su estribillo más redondo de la noche. Sin olvidar los habituales agradecimientos, buscaron conexión con la gente en este tramo final y supieron cumplir con su papel.
Buena entrada la que registraba Estilo para recibir a The Baboon Show. Pero ya de entrada me llama la atención la cantidad de gente joven que ocupaba las primeras filas. Público de todas las edades para recibir al cuarteto y el hype por las nubes. Suena “You Shook Me All Night Long” y Estilo se arranca por el estribillo. El clásico de AC/DC precedió a la propia intro de los Baboon, quienes salieron a revientacalderas ya desde la inicial “Be A Baboon”. Convirtiéndonos a su religión desde los primeros acordes…
El sonido, una noche más, iba a ser redondo, no falla Gus Bocanegra a los mandos de la nave, y el cuarteto da lo mejor de sí en “God Bless You All”, con la gente a coro ya desde estos compases iniciales, se preveía ya una noche para el recuerdo… y apenas llevábamos dos temas. No me sorprendió ver tan enchufado al público. Tampoco la hiperactividad de Cecilia Boström en “Forward In Reverse”. Auténtico punto focal de la banda, pozo de energía sin fondo y que pasó por Oviedo sin hacer prisioneros. Simon Dahlberg se permitió un pequeño guiño al “Run To The Hills” (Iron Maiden) en “You Got A Problem Without Knowing It”. Junto a la bajista Frida Ståhl ayudó en coros y se mostró como un guitarra de muchos quilates siempre que la ocasión así lo requirió.
El propio Dahlberg da un respiro a su compañera en las primeras estrofas de “It’s A Sin”. Y en lo que Boström se hizo con algo de resuello, corrió a mezclarse con la gente hasta terminar subida a una de las barras de Estilo. Benditos inalámbricos. “Rolling” puede ser uno de los cortes más redondos de este primer tercio de set. Pero mientras Dahlberg hace sus (más que dignos) pinitos en nuestro idioma, la voz de The Baboon Show se va a por un respiro al backstage, volviendo para una “No Afterglow” en la que paseó el pie de micro sobre nuestras (ya empapadas) cabezas. Gran solo de guitarra aquí, por cierto. Cecilia Boström acabaría siendo llevada en volandas durante “Oddball”. “Than you for the flying”, espetaría a término.
“Could You Be It” supuso de algún modo un pequeño cambio de tercio. Banda y audiencia se permitían un pequeño y agradecido respiro. Era mucha la actividad dentro de la sala y tanta o más la deportividad con la que algunos, cámara en mano, sobrellevaban los golpes y empujones. Aquello, al fin y al cabo, era un maldito concierto de rock and roll. Hay un pequeño piano pregrabado en “Gold”, uno de los poquísimos detalles artificiales que se permitieron. Pero cuando ellos vuelven a su versión más encendida y vibrante, esa que perpetran en “The Shame”, realmente da la impresión de que recintos como este se les quedan ya muy pequeños. Boström no se olvidó de Trump, Putin y demás fauna infecta mediante un pequeño y anti reaccionario speech. Ellos y ellas acometieron entonces “Class War” para dejar otro de los cortes más distintos de la noche.
El incansable Niclas Svensson abandonaría su puesto tras baterías y al alimón con el resto de la banda procedería a introducir “Me, Myself And I”. Huelga decir que gran conexión con la gente aquí y un último corte, antes de los bises, que nos supo a gloria. A pesar del calor. A pesar de los empujones. Porque al fin y al cabo y como apostillara un tal Lemmy Kilmister: “If you think you are too old to rock and roll, then you are”.
Con la banda de vuelta, Dahlberg vuelve a llevar la voz cantante en “Lost You In A Second”, a buen seguro el corte con más feeling de su vasto setlist. Boström, aún en este tramo final, se mostró tan plena de carácter como inasequible a cualquier tipo de cansancio o desaliento. Empapada en sudor, su voz no se resintió lo más mínimo. Bien es verdad que en esta parte final, Dahlberg le ofreció su apoyo (y de nuevo en nuestro idioma) durante “Playing With Fire” (“estoy caliente, estoy siempre caliente”), pero aún así. Y mientras que el de “Hurray” puede ser el riff más clásico de toda la jornada, “Radio Rebelde”, crowdsurfing de Boström mediante, supone un final de altura, con la sala entregada, sudada y extasiada ante el que será, a la postre, uno de los conciertos del año en nuestra región. Sin debate ni discusión.
Calor, decibelios y rock and roll. The Baboon Show ni inventan nada ni lo pretenden tampoco. Pero es tal la entrega de energía, la ristra de grandes canciones, el carisma que derrochan (y fíjate que Simon Dahlberg apenas lleva dos años con ellos) que no queda otra que rendirse. Una crónica esta que difícilmente hará justicia a lo vivido el pasado sábado en Estilo. Y no me duelen prendas en reconocerlo. En cualquier caso mandar un saludo a ambas formaciones, dar las gracias a la gente de HFMN Crew por haberlo hecho posible y enviar abrazos a la mucha y buena gente con la que pasamos el antes, el durante y el después. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Nueva parada en nuestros escenarios para la buena gente de Ravenblood. La banda de Cornellà de Llobregat acudía a la capital del Principado inmersa en la gira presentación de “Absence”, cuarto trabajo de su trayectoria, y del que ya diéramos cumplida cuenta por aquí. Y quiso la casualidad que, por segunda vez, lo hicieran acompañados por los locales Tatami, a quienes se sumó esta vez el trío Brutalfly. Una oferta pues de lo más variopinta para una apacible tarde noche de contrastes en la ovetense Sala Estilo.
Tatami serían pues los encargados de romper el hielo con su tranquilo y acostumbrado rock and roll. Y ya fuera por lo diferente de la propuesta con respecto al resto del cartel, lo tempranero del horario (19:00 cuando arrancan) o incluso por el buen día que hacía fuera (vete tú a saber) lo cierto es que no fue mucha la gente que traspasó las puertas de Estilo para atender a sus evoluciones.
Nosotros podemos decir que nos gustaron más que en nuestro anterior encuentro con ellos. De primeras vuelve a llamar la atención esa formación a dos guitarras y batería. Gus Bocanegra a los mandos de la nave, extrajo la mejor versión de la banda. Hay estrofas, diría que incluso algún estribillo que otro, en los que el nombre de Ilegales ronda mi subconsciente. Y aunque ya digo que en esta ocasión nos resultaron más enteros, lo cierto es que a ratos eché en falta una pizca más de distorsión. Al final la cabra siempre tira al monte. Es inevitable. Rock tranquilo, que a ratos adquiere una pizca más de nervio, y donde incluso cabe un pequeño guiño a las leyendas australianas AC/DC. No nos disgustó su particular resistencia.
Brutalfly traerían entonces su enrevesado thrash metal y ya desde el primer momento queda claro que tratar de encorsetar su propuesta bajo una etiqueta concreta es como tratar de tapar el sol con el meñique. Siempre imprevisibles, aparecieron por Estilo con un set plagado de temas que aún no han visto la luz, y que integrarán, si todo va como se espera, su esperado segundo álbum de estudio.
Escenario adornado con los dos murales laterales más el telón de fondo. Su arranque hace honor al apellido de los hermanos Veloz. Descosidos y nerviosos desde un primer momento, pronto disienten hacia su habitual maraña de cambios de ritmo. También de afinaciones, con Didi haciendo uso y abuso de los muchos pedales que tenía a sus pies. Convenientemente bañados en luz roja, puede que “Train To Hell” ofreciera algún resquicio más asequible. El público, que llegaba con cuentagotas a la sala, se animó aquí. Ellos sin embargo no olvidan tampoco aquí esa naturaleza tan híbrida de sus composiciones.
Y ante un sonido tan redondo como el que estaban teniendo, quedó claro la pura organicidad de su propuesta. Más allá de los mil y un efectos que Didi emplea a lo largo del set, tanto él como la base rítmica de Lagarto y Mochy, su metal resulta tan laberíntico como real. “Moretty”, precedida de una pequeña dedicatoria de Didi, puede ser el perfecto ejemplo de esto que comento. Como siempre, vimos muy compenetrada a la banda. Su propuesta así lo exige. Pero esta es una de esas formaciones que realmente da la impresión de disfrutar con lo que hace. Brilló Didi aquí en su faceta como vocalista, sacando provecho de sus distintos registros. El propio vocalista pidió un aplauso para “el Rey Lagarto” antes de “Shaman”, recuperada de aquél Ep debut que en septiembre de este mismo año cumple ya diez años. Ahí el trío bordea su cara más oscura, amplificando aún más si cabe su amplia paleta sonora.
Me sorprendió “Pigmalion” por cómo introdujo alguno de los estribillos con más gancho que les recuerdo. En consecuencia, el calor en la sala fue en aumento. También mis ansias de escuchar su segundo largo de una vez. En esas estaba cuando el trío vuelve a aquél iniciático Ep y resucita una “Mechanic Soul” donde Mochy introduce ritmos cercanos al d beat. Era un tema para bailar, había asegurado Didi. Y era verdad. Encarando ya la recta final “High Bird” puede ser un tema que sorprenda aún sin salirse de su retorcimiento habitual, tremendo Mochy a los parches aquí, al tiempo que “Zerdatillium”, ya casi ineludible en sus directos, deja uno de los solos más locos de Didi. Que ya es decir. Quedaba una. No venía ni en el setlist pero no podía faltar. Didi le preguntó a la audiencia, y quien más quien menos respondió, emulando al mismísimo Roy Batty, que era el tiempo de morir. “What Time is It? It’s Time to Die” daría por finiquitado el set. Muy inesperado en cuanto a selección de temas pero donde vino a quedar claro que esta es una banda que planta cara al futuro con total seguridad. Ya muy atentos a lo que esté por venir.
Acudían Ravenblood prestos a presentar “Absence”. También al que es su nuevo batería desde el pasado mes de diciembre: Darío García. Así pues, y clavando el arranque de ese último trabajo, la banda vino a sonar tan redonda como acostumbra. Cambio en baterías mediante, son muchos los años que llevan ya a sus espaldas y se notó. Sus anteriores visitas nos habían dejado ya muy buen sabor de boca. La del sábado vino a confirmar que se encuentran entre lo mejor que el género tiene para ofrecer dentro de nuestras fronteras.
Es un death melódico al modo clásico. Lleno de buenas melodías y donde la labor de Arnau y Jose en guitarras resulta encomiable. El primero ya deja un gran solo en la propia “Absence”, avisando en cierto modo de la que se nos venía encima. A Ravenblood se les puede achacar una cierta quietud arriba de las tablas. Una parsimonia que contrasta con la hiperactividad de Dani, al micro, quien camiseta de Aneuma mediante, no dejaría de moverse a lo largo y ancho del escenario, al tiempo que buscaba la siempre necesaria conexión con el público. A término comentaría que Asturias era su “segunda casa”. Y no mentía. Estaba el frontman con los habituales agradecimientos cuando la banda, Darío mediante, arranca pedal a tabla con “Purge”. Parecía que no había tiempo que perder. La base rítmica que completa Raúl al bajo trotaba de lo lindo aquí. Y la banda ofreció su primera alternancia solista de la noche. Arnau y Jose jugaron con sus respectivas guitarras, si bien es cierto que al segundo costaba oírle con total claridad.
Percance que se fue subsanando conforme fueron deslizando un corte tras otro. Dani, ahora sí, tuvo tiempo de sobra para ofrecer unos agradecimientos como dictan los cánones. Me gustó “In Our Veins” por cómo conjugaron la elegancia inicial con un trote más enérgico después. Siempre dentro de las fronteras del estilo y con un Dani de lo más risueño tras el micro. El propio vocalista se iría al de rodillas al suelo. Ovación final y el público de Estilo que parecía estar pasándolo en grande. “Out In The Universe” llega no sin que antes Darío tuviese un pequeño percance con uno de los pedales. Alguna que otra pista pregrabada puede que ofrezca a unos Ravenblood menos orgánicos. Y da igual porque la violencia que desatan aquí destierra cualquier duda. Y al tiempo que “Resurgent” puede ser una de sus composiciones más redondas, compendio de todo cuanto una banda como esta tiene para ofrecer, “Reborn In Darkness” se haría de rogar por culpa del portátil que disparaba las pregrabaciones. Había que reiniciar. Las culpas, a Windows, Apple o quien corresponda. Toda vez aquello se recondujo, lo cierto es que fue un corte que procuró cierto resuello al quinteto.
Que es justo lo que ellos necesitaban para después atacar con “Fracture”. Brilló Arnau aquí. En lo que a composición se refiere puede que sean estos los Ravenblood que más disfruto. Diversos a la par que sólidos. La banda acertó a conjugar esa mezcla de pegada y melodía, marca de la casa, para el que me resultó otro de los puntos álgidos del set. No desfallecía Darío tras baterías aún a pesar de los percances. Dice mucho del buen momento de forma en que llegaron a Oviedo lo firmes que sonaban aún en esta parte final. Aquí volverían la vista al pasado, rescatarían aquella “Pathfinder” de su primer álbum y, junto con la propia “Ravenblood” de su último disco, abrocharían pasado, presente y futuro en un gran final. Antes Dani había agradecido el apoyo que la gente les dispensó. Aguantó el tipo durante todo el set, se deshizo en recurrentes bromas capilares (¡Mari Carmen!) durante el tiempo que estuvo sobre las tablas y, al alimón con los suyos, ya digo confirmó el buen momento que atraviesan. Su segunda casa, desde luego.
Diversión y contrastes. Una jornada bien agradable, buena compañía y tres propuestas bien diferentes. Lo pasamos bien antes, durante y después. Por eso no quisiera terminar esta crónica sin agradecer a FnR Promotora y a los músicos por todas las facilidades, mandar un saludo a los habituales de siempre, también a la buena gente de Aneuma y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Concierto organizado por la plataforma Tono Joven, comunidad nacida el pasado 2024 para dar visibilidad a artistas emergentes de habla hispana y que actualmente engloba más de 130 artistas en España y países como México o Colombia y que contaba en esta ocasión con los locales Mystereo yAutomatic Kafka como punta de lanza.
Primera visita para una servidora a la gijonense Sala Buddha. Agradable estancia de orgánicas líneas, cálidos tonos y voluptuosas formas que invitan a relajarse y mimetizarse con el ambiente. No obstante algo pequeña para lo que se acabó congregando allí. Escenario al fondo, al abrigo de la escalera, no muy alto, facilitando la labor fotográfica, y coqueto para la sala. A medida que iba congregándose la gente, se iba formando un barullo agradable alrededor de la sinuosa curva-contracurva de la barra. Iker Lamuño, fundador y presidente de Tono Joven, sin dejar de sonreir, tímidamente, hizo las presentaciones de las bandas y los correspondientes agradecimientos a los patrocinadores del evento. Gran trabajo de los responsables del sonido, su pericia nos ofreció un sonido transparente incluso en primera fila.
Abren la velada Mystereo, banda de rock alternativo y poliédrico difícilmente etiquetable compuesto por Adrián Muñiz a la voz, Alex Camargo (ausente en ésta ocasión) y Bruno Suárez en guitarras, Sixto Santamaría al bajo y Alex Fernández a la batería. La última vez que coincidimos fue en enero con motivo de su 20º Aniversario celebrado en la Sala Acapulco (crónica) donde habían expuesto artillería de sus cuatro discos de estudio editados hasta la fecha. En ésta ocasión, gran parte del setlist lo dedican a «Panic«, su último trabajo, editado en 2022.
Arranca la intro, Alex a la batería flanqueado por Bruno y Sixto esperando la llegada, cual advenimiento, de Adrián que se incorpora de un salto al centro del escenario dando paso a «Helicopter Blues«, con el frontman subido a uno de los bafles, simulando un helicóptero volteando cable y micro sobre su cabeza. Guitarra y bajo se mantuvieron tan estáticos como la batería, esquinados al máximo para que Adrián se pudiera revolver a placer.
Las agradables luces rojas del primer tema, enseguida dieron paso a una iluminación neutra y directa, que si bien restaba magia y disipaba una letárgica atmósfera, mostraba los volúmenes en su contundencia, lo que facilitaba las capturas a los fotógrafos, como servidora, menos avezados. Turno para «Pupeteers«, tras la cual la voz hizo las presentaciones y la bienhallada y tras un problemilla con su monitor, enseguida solventado, se arrancaron con «Numbers» donde se deshizo de la camisa de cortes hawaianos para seguir con su habitual atuendo de negro con contrastados tirantes. Demasiado grande para ese espacio, como Alicia tras beberse la pócima (¿o era comer la galleta?), sin ser óbice de continuas y sinuosas cadencias de movimientos desmayados y vacilones. “Hay muchas enfermedades mentales por ahí, por favor, liberadlas” sugería Adrián, con tono persuasivo.
En algún momento del set, tras un ligero percance, Bruno bromeó: “Sonábamos como Metallica en Ride The Lightning” Tras «Panic Attack«, una de mis favoritas, pequeña pausa para hidratarse, aprovechando para mencionar el merchan y sugerir, con una sonrisilla de niño que pide otro trozo de tarta, que miremos su mucho material en Youtube sin olvidar darle a la campanita de notificaciones. Tras «Play First», alargaron la intro de «Digital Holocaust»,para presentar a la banda pidiendo, con fingida sorna, un fuerte aplauso para cada uno. Con esta última Adrián se terminó de desmelenar (literalmente) mezclándose con una asistencia que practicaba suaves pero alegres y animados pogos. Ese disfrute del público me evocó una especie de post visualización del disfrute genuino y analógico en esas horas de liberación e incertidumbre que provocó el reciente e inquietante lunes de apagón eléctrico.
Durante los bises, “estaba todo previsto”, con la bella «Polaris«, Bruno hizo un extenso solo que transportaba al éter. Tras la actuación, hubo una pausa en la que los representantes de Tono Joven procedieron al sorteo de merchandising, bien acogida iniciativa que sumaba color a la velada.
Tiempo para Automatic Kafka, la banda afincada en la cuenca del caudal sigue inmersa en la gira promocional de su último disco «Immortal» (reseña) tras su presentación en el Mieres Centru Cultural el pasado 29 de marzo (crónica). Actualmente son Dolfo Alligator (Black Coffee, Electric Alligators, Half Black…) a la voz, nuevo efectivo incorporado junto al baterista Leo Duarte (Alquimia, Last Days Of Eden…) y Jota (Daédrica, Oxidixe) a la segunda guitarra y los veteranos Dann Margo al bajo y Broonko Lee a la guitarra solista, con Jesús Rebor (coproductor del álbum junto a Julio Camba) a los coros.
Con ellos acaba de colmarse la sala y revolvernos como sardinas en lata, lo que no mermó un ápice las ganas de disfrute de los allí reunidos. Una vez la nutrida formación repartida por el escenario y aledaños está lista para empezar una cerveza rueda por las tablas a modo de botadura de un barco. Buen augurio mientras añade Jota despreocupadamente “Ah! no era la mía”. Con el escenario recién bautizado, arrancan máquinas con «Audio Garden«, su homenaje al malogrado Chris Cornell.
Bronco presenta el tema siguiente «Burn«,aleccionando a la asistencia “¿quemamos un poco esto o qué?”, “fuego metafórico” matiza Dolfo, mientras aprovecha para dedicar la canción y todo el concierto a Javier Hidalgo, artista y gran amigo, difunto esa misma semana.
Para «The Red» cuentan con la colaboración de una amiga en los coros, mientras se preparaba, Dolfo se deshace de su ya característico chaleco vaquero para atacar con garra la canción. Sigue la energía con «Resistance» inspirada en la figura de Randle McMurphy, personaje interpretado por JackNickolson en la película “Alguien Voló Sobre El Nido Del Cuco”. ¡A vuestros pies buen público! exclama Alligator mientras se calza la emblemática chaqueta amarilla de Beatrix Kiddo para interpretar «Immortal (Kiddo)«. La contundencia de las cuerdas aquí me recuerda el icónico momento en que Beatrix sigue en moto a O-Ren Ishii hasta su sangriento final en la Casa de las Hojas Azules.
Tocaba el turno a una accidentada «Metamorphosis», dedicada a alguien del público a quien Bronco había golpeado accidentalmente con el mástil durante otra actuación. En plena ejecución súbitamente se silencia todo, un asistente había tropezado en la escalera con los cables dispersos arrancando uno de ellos. Tras interesarse toda la banda por su estado, Bronco le llevó hasta el centro del escenario, mientras le aplaudíamos todos, sentándole en lugar privilegiado y rodeado por la banda que tocó el resto del tema arropándole, hasta que, una vez repuesto, se lanzó a bailar junto a ellos. Tras pedir una ovación para Luis, el técnico de sonido y agradecer a Tono Joven, Bronco nos invitó a ulular, “hacemos un poco el indio”, para recibir el último tema de la velada y primero del disco,«Crazy Horse»,inspirado en el inmortal jefe tribal Tasunka Witko «Caballo Loco».
Con ganas de volver a pisar el Buddha. Solo me resta agradecer la amabilidad de los chicos de Tono Joven, a ambas bandas, en concreto a DannMargo por su gentileza, y al personal de la sala por las facilidades dadas. Y, como dice un amigo, nos vemos en la siguiente.