Crónica: Cain’s Dinasty + Brutalfly (Oviedo 15/3/2024)

Primera venida de los alicantinos Cain’s Dinasty a Oviedo en una fecha algo insidiosa, pues coincidía con la descarga de los brasileños Angra en Gijón. Acompañados del trío local Brutalfly, vinieron a reunir a unas treinta personas entorno al Gong Galaxy Club, que dicho así puede sonar algo rácano, y de hecho lo es, pero para como están las cosas no me resulta del todo desdeñable. Desde luego les honra el echarse a la carretera, más de ochocientos kilómetros, para traer su peculiar power metal en una fecha como la del pasado viernes.

Brutalfly fueron como digo los encargados de abrir la velada cuando pasaban pocos minutos de las nueve. Y lo hicieron con el tema que daba nombre a aquél debut de 2022 “I Was An Experiment”. Siempre sólidos, ayudados por un sonido que quizá no brilló tanto como otras noches en la sala ovetense pero que, desde luego, no empañó sus evoluciones sobre las tablas. Didi, guitarra y voz, de nuevo bajo el sombrero y las gafas, acompañado por la base rítmica de Lagarto y Mochy. No hacía mucho de nuestro anterior encuentro con ellos, aquél en tierras cántabras allá por diciembre del pasado año, y viene al caso porque anda inmerso el trío en una cierta encrucijada, mirando ya de cara a un próximo trabajo que venga a amplificar los muchos rasgos del debut.

Pero volviendo al show que nos ocupa, y como viene siendo ya tradición en la Gong, Txeffy no quiso perderse esta fiesta, irrumpiendo en escena para una “Thrashstorm” tan cruda y retorcida como siempre. El set miraría entonces al futuro con un par de cortes del próximo álbum, siendo “The Moon Hasn’t Blood” el primero y que ya escucháramos aquella fría noche en Los Bancos de Atrás en Unquera. “Train To Hell” fue el otro, que sorprende por una gama de riffs más clásicos, dentro de lo que cabe, para una banda como esta.

Pudimos disfrutar de “Brutalfly”, arranque en falso mediante. “¡Era broma eh!”. Esta banda tampoco sería la que es sin estos pequeños troleos entre ellos y que de alguna forma vienen a hablarnos de la química y el buen rollo que se respira dentro del trío. El trío recupera ahora “Shaman”, que ya aparecía en el Ep de 2015. Didi arroja al suelo sus gafas de sol y Gil (Bestia Negra) aparece sobre las tablas para acompañarle durante “Evil Room”. El propio frontman del trío nos habla de la importancia en el cuidado de la salud mental en la introducción de “The Oniric WhatsApp of High Bird” (si he transcrito correctamente desde el tracklist) y se dibuja aquella sensación de anticipación que comenté al principio. Esa encrucijada entre la banda que son y la que pretenden ser en un futuro.

Hubo tiempo hasta para pedir diversos brindis. “Por Txeffy, por Gil, por Leonidas” y todos los presentes en una fecha tan difícil como esta. “What Time Is It? It’s Time To Die” acercó por fin a público y escenario mientras que “Zerdatillium” sirve como cierre y también muestra de lo bien que empastan los hermanos Veloz en bajo y baterías. Huelga decir que Brutalfly tampoco serían lo que son de no ser por ellos.

Pasan de las diez cuando los alicantinos Cain’s Dinasty irrumpen en el escenario del Gong Galaxy Club. Su puesta en escena, telones laterales, máscaras de la peste negra del sigo XVII, maquillaje y, en definitiva, toda la imaginería que se le presupone a una banda como esta. El propio Rubén Picazo aparece en escena portando un lucero en su mano izquierda y oculto tras una máscara cornuta para sorpresa de algunos. Su power metal vira en ocasiones hacia territorios más extremos, voces mediante, con el propio Picazo acometiendo un hábil y meritorio baile entre registros. Es ahí donde los coros de los guitarras Joaquín Leal y Alejandro Ramírez se revelan poco menos que fundamentales.

Me reconozco recién llegado al peculiar modo de entender el power metal de la banda y por ahí me sorprendieron las letras en castellano, en contraste al inglés de sus discos. Sea como fuere la banda muestra un nivel técnico digno de mención a lo largo de cortes vibrantes como “Breaking The Bloodlines”, con Picazo aprovechando para perderse entre el público. “Cuando no quede sitio en el infierno, los muertos caminarán por la tierra” proclama el frontman, anticipando “March Of The Dead”, a la larga una de mis favoritas de la jornada, con Ramírez y Leal dando muestras de la mucha clase y la no poca química que existe entre ellos.

Tears Of Pain” nos teletransporta a su debut de 2008 con alguna que otra melodía de raíz muy Maiden y la banda parece estar pasándoselo en grande. Todo pese a pequeños percances de Picazo con el micrófono. Es el propio vocalista quien vuelve del backstage bandera en mano, la pasea por encima de nuestras cabezas y pide el apoyo del público tras sus llamativas lentillas azules. Fue quizá el momento de mayor enganche con la gente, a excepción hecha del corte con el que despedirían el set.

Screaming Lungs” o “Pulmones Que Sangran”, si entendí bien a Picazo, extrajo lo mejor de Ramón Valero (bajo) y Emilio Benavent (batería). Tras ella llegarían los agradecimientos para Brutalfly y el hecho de que se pegaran más de ochocientos kilómetros de furgo para estar con todos nosotros el pasado viernes. A veces da la impresión de que el metal todo lo puede. Y si no, un buen trago de “sangre” como el que se dio el vocalista antes de atacar “Legacy Of Blood”, a buen seguro el corte más excesivo por incendiario de todo el set.

El cierre al que antes aludía correspondería a su particular revisión del “Silent Night, Bodom Night” de, claro, Children Of Bodom, banda que se nos revela como influencia no capital pero qué duda cabe que sí muy importante para Cain’s Dinasty. Final con Leal y Ramírez a gran nivel y el público más entregado de la jornada.

Puede que la puesta en escena de los valencianos pida escenarios mayores. Lo cierto es que hay que agradecerles que se liaran la manta a la cabeza para presentarnos su peculiar performance en una fecha, perdón por la insistencia, tan complicada como la del viernes. Toca por tanto mandar un agradecimiento enorme a ambas bandas por facilitar esta crónica, saludar a Manuel Hernando, Angie, Leonidas, Diañu y Pelayo, Sandra y en especial a todos aquellos que mi cabeza ahora no recuerda. Nos vemos en el siguiente.

Texto y Fotos: David Naves

Crónica: Cherokee + Colmena en Avilés (9/3/2024)

La primera venida a tierras asturianas de los hard rockeros vigueses Cherokee no era mal motivo para coger los bártulos y dejarnos caer por esa que llaman Villa del Adelantado. El quinteto se hacía acompañar de los locales Colmena, con quienes ya habían compartido cita por tierras portugalujas en la jornada anterior. Doblete astur galaico pues que vino a darse más o menos como sigue.

Pasan pocos minutos de las diez cuando Colmena hacen suyo el escenario del Paseo Malecón, sito en la Avenida Conde de Guadalhorce, para atacar con una “No Bajes La Guardia” que viene un poco a resumir la propia idiosincrasia de la banda de reciente creación. Ha querido la casualidad que nuestro segundo encuentro con ellos se produzca en el mismo lugar que el primero, aquella noche en que acompañaran a los rockeros de Nashville Stone Senate, por lo que la cita tuvo un ligero sabor a déjà vu. No acompaña el sonido durante este primer corte, pero en honor a la verdad hay que decir que la cosa iría mejorando con el correr de los temas hasta situarse dentro de los cauces normales que una cita como esta requiere.

No falta “Qué Asco Das”, con ella llegó la polémica, en la que el frontman Luismi Rose destapa su encarnación más enérgica y nervuda. Su interpretación, mucho más pasional en la revisión del clásico “Born To Be Wild”, se hizo acompañar de un gran Toni Bustamante a las seis cuerdas. Nadie va a descubrir al ex Brecha a estas alturas y mucho menos quien escribe. Por otro lado, de justos es reconocer que la entrada no fue como para tirar cohetes. Amplísima oferta no ya este pasado fin de semana, que también, sino casi podría decir que casi todos en general y por ahí que a veces dé la impresión de que ésta supera con creces a la demanda.

En cualquier caso y volviendo a lo que nos ocupa, lo cierto es que vimos a unos Colmena muy seguros en otro corte de propia cosecha como es “Wild Browser”, con Serto agigantándose, y ya es decir, desde las cuatro cuerdas. Desde luego tablas no les faltan y aunque la labor de Josín Martínez a la batería pueda resultar más discreta y callada, lo cierto es que el cuarteto parece tener las cosas bien claras. Funciona ahí “Situaciones Críticas”, poco a poco afianzada en el set, seguida de una “primicia”, la versión del “Speed” de Billy Idol. Bustamante brilla con luz propia en “Slave To The Grind”, original de Skid Row, si bien da la impresión de que los chicos están más cómodos en creaciones propias como “No Quiero Verte Caer”.

Rose aprovecha para dedicar a Lemmy y por extensión a todos nosotros el “Born To Raise Hell” de Motörhead. Toni tuvo un ligero percance con su guitarra aquí, un cable que se desconecta, gajes del oficio que diría aquél, y quizá por ahí que el Leather Boys le dedicara uno de los temas. Fran Vázquez, voz de Cherokee y cumpleañero en la jornada del sábado, no quiso perderse “Immigrant Song” de Led Zeppelin, sumándose así a la fiesta y anticipando lo que vendría después. Y aunque echáramos de menos un teclado en su particular revisión del “Highway Star” de Deep Purple, bien está ese final con “El Macarra Del Quinto”, con Luismi mezclándose con el público, y la forma en que, al igual que el corte apertura, viene un poco a resumir la idiosincrasia del cuarteto astur. Estamos atentos a sus próximas evoluciones.

El de Cherokee, que suben a escena pasadas las once y media, fue uno de esos bolos en los que una banda ha de pelear contra todo tipo de adversidades. Y fue ahí donde salió a relucir lo mejor y puede que también lo peor del combo vigués. El propio comienzo del set no podría ser más accidentado. El sonido es una bola indescifrable sin presencia de guitarras y Fran Vázquez opta por parar y volver a empezar. “No pasa nada, esto es rock and roll” exclama la también voz de Bella Bestia, y rentrée mediante todo vuelve a cauces normales.

Sentimos así finalmente una “El Flautista” donde el sevillano ya da muestras de atravesar un buen momento en lo que a voz se refiere. Desechó agudos a lo largo de la noche y aunque sus charlas entre tema y tema se alargasen alguna que otra vez más de la cuenta, no seré yo quien niegue su entrega ni su carisma. Es el propio vocalista quien dedica a ColmenaNo Hay Perdón”, uno de los singles de ese “III” que ya pasara por estas páginas (reseña).

Declaración de intenciones mediante, “Quien venga para ver si somos unos virtuosos que se vaya a su puta casa” exclama el curtido vocalista, pero lo cierto es que Gerardo Fernández mostró buenas hechuras desde su preciosa Strato, además de servir de firme apoyo al propio Vázquez en coros. Y puede que “Al Límite Del Juego” destapara la bien sabida frialdad del público asturiano, algo contra lo que batalló el vocalista, que de aquí en adelante aprovecharía para presentar a los suyos en cada pausa. Cherokee parecen muy cómodos en la muy hard “No Mires Atrás”, pero es “Fuiste Mía”, traslación al idioma de Cervantes del “Angelia” de Richard Marx, la que pone la nota de distinción y candidez en el setlist.

Sí o No”, que me recordó sobremanera a Beethoven R., extrajo al Fran Vázquez más carismático de la noche. Y mientras la banda aprovecha para reivindicarse durante el tema homónimo “Cherokee”, uno no puede por más que atestiguar cierta frialdad entre los asistentes. Bien porque éramos pocos, bien porque el público asturiano es como es. En cualquier caso, hacer nuestro el alegato de Vázquez por la música en directo en particular y las bandas españolas en general. Esas que se hacen a la carretera “fin de semana sí, fin de semana no”, para disfrute de unas audiencias cada vez más difíciles.

Así las cosas, mientras que “El Traidor” pone de relieve a los Cherokee más heavies de la noche, muy sólido Fernández aquí, “Déjame”, inspirada por el legado de Sangre Azul según contó el propio Vázquez, da con los huesos de éste entre el público. No quisieron despedirse, eso sí, sin volver a una encarnación más poderosa, la que entregan en “Sin Miedo”, “vamos a marcharnos con caña”, que vino a poner el broche final de una noche de firme batallar contra los elementos.

En perspectiva puede que nos sobrasen algunas de las extensas pláticas entre canciones del líder de la formación. Era su cincuenta cumpleaños así que no se lo tendremos del todo en cuenta por esta vez. No fue la cita más numerosa en cuanto a asistencia ni éste supo a veces responder como debiera. Plaza siempre difícil Asturias, qué os vamos a contar que no sepáis. Por nuestra parte nada más. Agradecer a la promotora del evento por todas las facilidades, mandar un abrazo grande a Colmena y Cherokee y un afectuoso saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Mortal Coil + Host (Oviedo 1/3/2024)

Había cierta sensación de salto al vacío en la cita de este pasado viernes. Arribaban al Gong los gallegos de Narón Host, acompañando en su presentación en la capital asturiana a los locales Mortal Coil. Y es que poca era la información que teníamos de unos y otros cuando entrábamos de nuevo por las puertas de nuestro querido recinto ovetense, lo que hizo que nuestra incertidumbre fuese en aumento conforme iba entrando gente. Algo de lo que cabe congratularse es de la buena entrada que vivimos. Qué duda cabe que alguien hizo bien los deberes las fechas previas al evento pues aunque no me atreva a dar una cita estimada, desde luego no fueron pocos los tickets vendidos, ya fueran de forma anticipada o en taquilla. Mucho músico entre el público, además, lo que nos congratula enormemente, y una jornada que se dio más o menos como sigue.

Son las nueve cuando el quinteto gallego Host hace suyo el escenario de la sala Gong. Y lo hacen llenando el recinto de un metal orgánico, sin más florituras que las que propician bajo, batería, dos guitarras y la voz de un esforzado Madlame. “Panties In The Third Floor” supone el pistoletazo de salida de composiciones que vagan por un páramo indeterminado entre Corrosion Of Conformity, Down o Crowbar con bruscos giros hacia un thrash que, de tan enérgico, en ocasiones llega a lindar con el metal extremo.

Ahí se creció Madlame tras el micro, revistiendo los temas de una notable y ágil alternancia entre registros. Su voz puede recordar por momentos al Eddie Vedder más agrio. También perderse en tonos oscuros y profundos, sin perder nunca el foco y sabiendo buscar la complicidad de un público, por otro lado, receptivo a la propuesta de los gallegos. No podemos decir que sea la banda más activa sobre las tablas. Cierto es que el escenario tampoco da demasiado juego para una formación de cinco miembros. Destaca aquí la buena pareja que forman el Perpetual Borja García y Brais en guitarras y los buenos riffs y solos que dibujaron sobre las tablas.

“Vamos a tocar una balada” anticipa, claro, “Dégoût De Soi”, uno de los cortes más incendiarios y violentos de su setlist y quizá de los que mejor conectaron con el siempre frio e incluso distante público asturiano. Antecedió a “Mistfield”, instrumental donde algunos de los riffs no dejaban de recordarme a “The Call Of Ktulu” de los cuatro jinetes. Y de ahí al cierre los Host más brutos, culminando en una “Puta Situación” cabrona como pocas.

Sobre Mortal Coil, claro, eran muchas las incógnitas, aunque ya digo que al público pareció no importarle. Bandas de mucho más nombre y caché han pasado por nuestros escenarios sin registrar una entrada como la del viernes. Arrancan con una instrumental aún sin nombre, literalmente “Canción I” en el setlist, donde ya queda patente el metal de fuerte poso thrash por el que parecen sentir predilección en el seno de la joven banda asturiana. Idea que magnifica la primera de las versiones de la noche, no otra que “Inner Self” de los Sepultura del “Beneath The Remains”. Casi nada.

Con la ayuda inestimable de Pelayo al micro descerrajan “Pull The Plug” de los no menos seminales Death, para agrado de una audiencia que parecía disfrutar a lo grande. Gran ovación a término y tremendo mérito que, del amplísimo catálogo de clásicos de Megadeth, eligieran precisamente “Tornado Of Souls” del totémico “Rust In Peace”. El solo, llevado a cabo por el también vocalista Alex Kai, puso de relieve las habilidades del joven frontman astur.

Es el propio Kai quien quizá llegue un tanto justo durante su particular revisitación del “No Remorse” de los no menos imprescindibles Metallica, todo lo contrario que durante otro de los temas de factura propia, del mismo modo aún sin nombre, y que dejó pequeñas pistas del buen nivel como compositores que poseen, amén de por dónde pueden ir los tiros en una próxima e hipotética primera entrega discográfica. Sea como fuere, le llegó el turno a uno de mis cortes favoritos de Slayer, “South Of Heaven” y esa proverbial línea de batería del grandísimo Dave Lombardo. Padre de todos nosotros. Mortal Coil la solventan con oficio. Y aunque de nuevo echo en falta algo más de mal café por parte de Kai, lo cierto es que pocas pegas más se les pueden poner.

Turno para otra creación propia y después para que, por segunda semana consecutiva, viéramos a Txeffy sobre las tablas del Gong. Sin máscara esta vez, para un demoledor “Troops Of Doom” de Sepultura. Y en la semana en que hemos sabido que Lemmy Kilmister (Motörhead) tendrá una estatua en su Burslem natal, qué menos que cerrar con “Ace Of Spades”. Si además lo hacen con Lorena (Sküld) al micro, aunque fuera de modo totalmente improvisado, pues qué mejor. Un gra cierre, no podía ser de otra forma.

Cierto que lo disfrutamos. Cierto también que la juventud del proyecto perdona el alto número de versiones que conformaron su set. No sería la primera banda de la región que empieza haciendo versiones ajenas y termina fichando por un sello tan potente como Hammerheart Records. Así que por ahí paciencia, trabajo y esfuerzo. Después de todo los temas propios que nos mostraron el viernes no podrían tener mejor pinta y la banda parece dispuesta a comerse el mundo, damos fe.

Por nuestra parte solo queda agradecer una semana más al personal del Gong por su gran labor, sonido, luces, siempre se siente uno como en casa allí dentro, y mandar un afectuoso saludo a los muchos habituales con quienes intercambiamos impresiones a lo largo de la jornada. Más que nunca fuisteis legión y me vais a perdonar que no alcance a nombraros a todos y todas. Ya sabéis: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: As Life Burns + Chamako Wey (Oviedo 24/2/2024)

Quince años no se cumplen todos los días y por ahí que los chicos de As Life Burns quisieran celebrarlo como mejor saben: dejándose caer por una de las salas de referencia dentro del ecosistema asturiano como es el Gong Galaxy Club y haciéndose acompañar para la ocasión de la buena gente de Chamako Wey. Se preveía buena entrada pese a lo desapacible de la jornada y no puede decirse esta vez que el público asturiano diera la espantada.

Pasan seis de las nueve cuando los nuevos Chamako Wey hacen acto de presencia sobre el escenario ovetense. “Letras Pendejas” promete la camiseta del ahora frontman Dani Larriet, flamante ganador del Premio Amas a mejor vocalista en la víspera y que atacó con renovados bríos un setlist de pildorazos breves pero intensos. Y como cabe hablar de todo, lo bueno y lo malo, no queríamos pasar la oportunidad de celebrar la nueva iluminación de la sala. El recinto sigue mejorando noche tras noche y quede aquí la mención.

Volviendo a lo que nos ocupa y desde que la banda arranca con “The Butcher”, somos testigos de ese conglomerado a medio camino entre el stoner más cabrón y los Brujeria más decididos. “Sigo Sintiendo Frío” exclama el vocalista. La tan traída y comentada frialdad del público astur, que el sábado pareció hacer suyo el incómodo frío del exterior, no quitó para que la banda diera su versión más nervuda en una “Fariseos” que pondría a prueba los sólidos cimientos del Gong.

Desde Sanlúcar de Barrameda, Mike Jiménez ataca descalzo el doble bombo. Buena gestión de la batería la que desplegó a lo largo de la noche en una formación en la que permanecen los miembros originales Adrián “Mostro” en guitarras y Jandro Fanjul al bajo junto a Adrián Amieva también a las seis cuerdas. Preciosa Les Paul, por cierto.

No faltaron agradecimientos a los protagonistas de la noche. Tampoco al personal del Gong, en especial a Isaac Prieto, infalible una noche más a los mandos de la nave. Así las cosas, “Zombie Canibal” entrega la versión más agria y rotunda de Larriet, mientras que “Edgecrusher” recuerda a los seminales Fear Factory en una versión desde luego mucho más terrenal que el original de 1998.

Hubo lugar incluso para las sorpresas. Y es que hacía tiempo que no nos topábamos con el Txeffy enmascarado. “Txeffy Misterio” como le definió el propio Larriet. La anécdota, eso sí, se produce cuando el Actvs Mortis arriba al escenario antes de lo marcado en los setlists. Cosas del directo. En cualquier caso dejan un “La Migra” de Brujeria que supo a gloria a más de uno. El cierre con “Pendejos Fronterizos”, ahora sí, puso fin a una descarga de una banda que, ahora mismo, puede presumir de poseer un sonido único y reconocible. Al menos dentro de la región. Como siempre atentos ya a sus próximas evoluciones.

As Life Burns, huelga decirlo, son un animal muy diferente de sus teloneros. Y, como dije antes, tampoco quince años se cumplen todos los días. De ahí la buena entrada que registra la sala cuando poco más allá de las diez, la agrupación metalcore toma por asalto las tablas del recinto ovetense.

We Are Animals” ya da muestras del buen sonido del que van a disfrutar. Un arranque a revientacalderas en el cual el bombo de la batería parece decir basta. Atento a todo, Dolfo, antiguo integrante de la banda, parece el primero en percatarse. Afortunadamente, la cosa no pasó a mayores.

Vimos a un Mikel muy centrado. Frontman dado a grandes esfuerzos y aunque el escenario del Gong no sea el de los grandes festivales, desde luego vimos a un líder ejerciendo como tal. También a una banda que supo vaciarse y disfrutar, desgranando buenos temas como “The Prophecy” o en especial “Until The Clean Mind Breaks”, con su inconfundible mezcla de nervio y técnica. Cabe destacar aquí la labor de Guillermo Rodríguez “Willy”, voz en Were The Waves Are Born, bajista también en la jornada del sábado y cuyos coros desde luego ayudaron a corregir y aumentar la consabida propuesta de los de la cuenca.

Y mientras que “Again This Brightness” desencadenó los mayores circle pits de la velada, “Debris Hills”, dedicada por Mikel a Dolfo, convierte el Gong en un mar de linternas de móvil iluminando el escenario. No faltó, claro, “Bring The Torch”, con el correr de los meses una de las favoritas de quien escribe. Tampoco un doble estreno.

Whispers”, que sorprende tanto por la mayor pesadez que exuda como el poso más atmosférico que la acompaña. Y “Where The End Is Never Seen”, que cual negativo de su predecesora, revuelve a los As Life Burns más brutos y cerriles. Un cierre poderoso pero un show que supo a poco. Apenas cuarenta minutos. Aún con eso, al menos nos quitamos la espina que nos quedó tras su infructuoso paso por la última edición del Karma Fest, donde todo lo que pudo salir mal, salió aún peor. Qué duda cabe que nos volveremos a encontrar, seguramente ya con nuevo material en la calle del que, por supuesto, daremos buena cuenta por estas líneas.

Por nuestra parte nada más. Agradecer como siempre a la buena gente de la sala Gong Galaxy Club por todas las atenciones, mandar un gran saludo a las dos bandas, también a la buena gente de Mortal Coil (¡nos vemos el viernes!), a Dolfo, Jorge López Novales, Diañu, Pelayo, Angie, Txeffy y todos los que mi atribulada cabeza ahora no recuerda. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: The Picturebooks (Avilés 15/2/2024)

No pisábamos la Sala Club del Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer de Avilés desde hace casi un año por lo que la venida del dúo The Picturebooks (Fynn Claus Grabke en voz y guitarras, Philipp Mirtschink en batería y coros) a tierras asturianas bien merecía nuestra atención. Con una buena entrada pese a tratarse de un día entre semana, con caras conocidas de entre esos que no fallan nunca pero en general con un mayor eclecticismo que en eventos similares, nos dispusimos a disfrutar del show de los alemanes.

Adalides del autodidactismo, pasan cinco de las nueve cuando aparecen en escena. Con una puesta en escena muy elemental, donde destaca la amplia batería de Mirtschink, todo parte desde la inicial y proto-hímnica “PCH Diamond” con Flynn Claus empecinado en buscar la obligada conexión con la audiencia. Cabe destacar, claro, el gran sonido del que disfrutaron. La ahora remozada Sala Club aún ha sido capaz de ganar algunos enteros con respecto a su anterior disposición. Ahí se hicieron grandes los alemanes como digo ya desde los primeros compases. En especial cuando arremeten con una “I Feel You”, original de Depeche Mode, de la que se apropian en ritmo y forma. Ese riff tan pegajoso como inconfundible y Flynn cantando desde las cuerdas mismas de su guitarra.

Aprovechó aquí el risueño frontman para comentar que se trataba del primer show en 2024 para ellos. También para anticipar la salida de un próximo álbum de estudio. Y es que el dúo da la impresión de atravesar un gran momento de forma, algo de lo que dan cuenta los distintos singles que nos adelantaron. Uno de ellos, “Back To L.A.” quise entenderle a Flynn, retumbó por el Niemeyer con un verdaderamente iracundo Mirtschink, que golpeó su instrumento como si éste le debiese dinero. Y no una suma precisamente pequeña.

Aquí recordaría Flynn su anterior paso por tierras asturianas, en concreto Gijón, acompañados de unos tales Kadavar que os sonarán a más de uno. Aquello fue hace ahora casi diez años y la experiencia adquirida parece dar sus frutos. Es verdad que alguno de los monólogos del rubio guitarrista se pueden hacer pesados, al tipo le gusta hablar más que a Mikael Åkerfeldt (Opeth) pero no negaré que la historia de “I Need That Ooh” y la forma en que su propio padre casi pierde la vida en el rodaje nos tocó la patata. Pero la música siguió, serpenteando entre el rock de los setenta, el alternativo e incluso el rock de estadio, el dúo parece tener pocas cortapisas a la hora de crear. Y es que lo mismo recuerdan a Cream que a Muse o The White Stripes. Desde luego tendrán, porque la gente se lo pasó en grande.

Especialmente cuando Mirtschink se deja la piel en la marcada línea de batería de “State Trooper”, original de un tal Bruce Springsteen. No faltó el canto a la vida en la carretera, sus pros y contras, que supone “Howling Wolf”, tras la cual vendrían los agradecimientos de Flynn a Toni Ramone, promotor del evento. Presentarían aquí otro nuevo single, “Masquerade”, no sin que la guitarra de Flynn buscase su propia cuota de protagonismo, negándose a afinar en condiciones. “Well, Shit Happens”. Gajes del directo. El pequeño inconveniente pareció alimentar las ganas del vocalista, que proclamó aquello de “You Guys Are Fucking Amazing” a término de una incendiaria “The Rabbit And The Wolf” de aquél “Imaginary Horse” que allá por octubre del presente año cumplirá la década.

Pero todo tiene un final. Y aunque a Mirtschink no parecían fallarle aún las fuerzas, tremenda demostración de pegada durante toda la noche, qué duda cabe que la gente quiso una vez más “otres tres”, a lo que alguien de entre la audiencia tuvo a bien explicarle a Flynn qué significaban tan sencillas palabras. El caso es que “Your Kisses Burn Like Fire” hace honor a su nombre, mientras que “Zero Fucks Given” no pudo resultar más idiosincrática de un dúo como este. Íbamos quizá con las expectativas justas y ni que decir tiene que el dúo las sobrepasó con creces. Se fueron prometiendo volver y no podemos por más que esperar a que cumplan con su palabra.

Por nuestra parte nada más. Agradecer tanto a Toni Ramone como al propio personal del Centro Niemeyer por todas las facilidades y mandar un caluroso saludo a Sergio Blanco, José Antonio FD, Hector Lynott, Toni Bustamante y el resto de habituales que mi cabeza ahora no acierta a recordar. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Rock In Ría (Avilés 10/2/2024)

Punto y aparte tras la reciente última entrega del avilesino Rock In Ría, da un paso al costado FNR, personificado en la figura de Fon Fernández y el tiempo dirá como se presentarán venideras ediciones. Metidos en harina, la celebrada el pasado sábado congregaba a más de medio centenar de almas en la Sala Malecón, habitual sede del festival, que acudían a la llamada de Polémika, Strikeback, Budasam y Evil Impulse, quienes ofrecían una variada paleta de colores en la oferta musical del evento.

A eso de las 21 horas arrancaban las hostilidades con la propuesta más periférica al metal del Rock In Ría y es que Polémika defienden un punk rock con varias pinceladas de carácter diferencial. Pueden navegar con soltura por un rock más clásico, compartir varios componentes con Chabacanos sin duda lo hace más fácil, el punk ácido y reivindicativo, incluso el reggae. Animaron sin desfallecer la siempre ingrata labor de abrir un evento de estas características, demostrando que en los 12 años de trayectoria que les contemplan se han labrado un buen puñado de acólitos que no dudaron el tomarse una buena ración de pacharán cortesía de la propia banda durante «Silencio (A Esta Ronda Invito Yo)«.

Ghe al micro sacó el concierto adelante tirando de tablas y amor propio para superar una reciente perdida familiar. Una lloradita y a seguir, sentenció como mantra para defender una «Fuerzas De Flaqueza» que puso sin duda el punto más emotivo de su actuación. Aprovecharon para mostrar sus credenciales en los apenas 40 minutos de dispusieron llevando acertadamente a su terreno el clásico de Neil Young «Rockin’ In The Free World» y poner un gran cierre a su paso por el Rock In Ría.

Los gallegos Strikeback retornaban a los escenarios asturianos apenas 3 meses después de asaltar Gijón junto a Opposer y Tyrant (crónica aquí). Volvieron a interpretar íntegramente su nuevo EP «World In Decay» del que el compañero David Naves, ausente en esta ocasión por enfermedad, ha dado buena cuenta hace escasas fechas (reseña). Saltaron a escena con su habitual premisa de no hacer concesiones ni tomar prisioneros ante un público muy dispuesto y que no necesitó mucha ayuda para entrar en calor. «B.S.F.» encendió la mecha que hizo entrar en ebullición la Malecón con unas buenas dosis de thrash metal. Nefta Vázquez a los mandos del sonido exprimía cada decibelio que la sala ofrecía para envolvernos en un sonido potente y nítido que no nos abandonaría en toda la velada.

Su voceras Liber recordaba su primer paso por la sala hace ya la friolera de 9 años antes de bajar del escenario y formar parte de los primeros pogos de la noche. No falto la habitual invasión de escenario por su familia «postiza» asturiana con la que incluso Liber compartiría varias estrofas al micro y es que la cercanía de los gallegos, energía y actitud siempre es bien recibida por estos lares. El buen puñado de fotos y visitas a su «merchan» creemos que dan buena prueba de ello.

Tocaba bajar las revoluciones que no la intensidad. Sorprendieron a la parroquia unos Budasam, que con el hard rock en español por bandera demostraron tablas y clase en cantidades más que considerables. Se presentaban con novedades en la formación. Tras la salida del guitarra Carlos Mercury de la formación afincada en Bilbao tomaba el relevo a las 6 cuerdas Yñigo Diaz de la Campa de los también hard rockeros Ready Aim Fire. Parco en palabras Iván González a la voz, dejó que la música hablara, apoyado por una base rítmica impecable. Destacando la gran pegada de Ander Mendoza, 17 añitos le contemplan y Jabi Vilumbrales al bajo y coros.

Mediado su set, tras «Nada Es Para Siempre» nos vimos sorprendidos por un nuevo relevo a la guitarra, en esta ocasión sería Aritz Yarza quien formaría dupla con un superlativo Kike Buda. Lejos de samples y artificios, Budasam sortearon con maestría la posible huida de público tras Strikeback haciendo que los apenas 45 minutos que dispusieron se diluyeran sin darnos cuenta para dejarnos con ganas de más. Sin duda un gran punto a su favor.

Enfilamos la recta final con unos Evil Impulse que llegados de Ciudad Real no mostraron flaquezas a pesar del largo trayecto recorrido. Su thrash / groove encendió de nuevo a los amantes de los sonidos más potentes con Antonio Ramírez como punto focal gracias a su gran despliegue a la voz e interacción con el público. En constante evolución desde sus inicios allá por el 2012 tras resurgir como el ave fénix de las cenizas de Kondena presentaron un nuevo tema «The Culture Of The Ephemeral» que formará parte de su próximo disco cuya edición física corre a cargo de los avilesinos Factoría Del Ruiu y que contará de nuevo con el diseño y artwork de Yayo Alonso.


Se presentaban también con novedades en la formación ya que Dani Márquez de los madrileños Barbara Black ha tomado el relevo de Pedro Torres al bajo. Disfrutamos del cover de Mastodon «Blood And Thunder» mientras enfilamos el tramo final del show más extenso del Rock In Ria. Digno de mención un Rodrigo De Lucas, infatigable todo el set. El también batería de Tete Novoa y We All Fall hizo exhibición de pegada a los parches para dejar a la audiencia con los oídos picuetos. Se fueron como llegaron, arengando al personal y con el deber cumplido. Deseando que la conexión de la banda con Asturias les traiga de nuevo a estas tierras y escenarios.

Se cerraba así una 17ª edición que marcará un antes y después en la historia del festival. FNR se va dejando el listón alto en una última entrega compartida con Izkar Producciones a los que deseamos la mejor de las suertes en la apuesta por la continuidad del Rock In Ría.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Zålomon Grass (Factoría Cultural Avilés 3/2/2024)

Llegaban los Zålomon Grass a nuestra querida Factoría Cultural avilesina inmersos aún en la presentación de “Space Opera”, del que os dimos cumplida cuenta hace escasas fechas por aquí, y la cita bien valía sobreponerse al pequeño proceso gripal que me lleva acechando desde mediados de semana. «Sold Out» en la puerta, casi una constante ya en los conciertos que plantea el recinto, y la casi total seguridad de tener un bolo de los buenos ante nosotros.

El arranque cuando pasan pocos minutos de las diez no puede ser más eléctrico, en forma y fondo, vemos a un trío (G. Mckenzie en voz y guitarras, David Rodd en bajo y coros y Mauro Comesaña en batería y coros) decidido a divertirse y divertirnos. Responde una Factoría muy por la labor ya desde los primeros instantes. Público siempre fiel y disfrutón y una banda que si bien arrancó con un sonido algo enmarañado, iría ganando enteros con el correr de los temas.

Temas como “Heard It On The News” de ese estupendo primer largo nos dejan bien a las claras el nivel que atesoran como músicos. Es aquí que Rodd luce sobremanera desde su Fender de cuatro cuerdas para regocijo de los más puristas. La banda, con una puesta en escena de lo más básica y elemental, lo fía todo a sus ganas de comerse el mundo y parecen vencer en el cometido. Aquí G. Mckenzie aprovecha para los obligados agradecimientos y Avilés responde con el calor que en él es habitual.

Es precisamente G. Mckenzie quien abusa de sus seis cuerdas primero en “All Hands On Deck” para después terminar por los suelos al tiempo que despliega solos de feeling casi inabordable. El trío vigués parece tener en él a un frontman de altura, pues no fue menor el nivel de entrega que mostró en tareas vocales. Zålomon Grass vinieron a sonar más poderosos y contundentes que en su encarnación de estudio y uno no puede por más que pensar el cabreo que tendrán a día de hoy quienes se quedaron sin entradas para el concierto.

Esa encarnación más nervuda vino a manifestarse a través de una “Cosmic Relief” con G. Mackenzie haciendo uso y abuso de su CryBaby. Enganchó el trío aquí, pues no fue pequeña la ovación que se llevaron al término de la misma. “Vamos a tocar algo más suave”, anuncia el espigado guitarrista, y la banda brinda un tremendo “Private Show”, no exento de percances, pues el parche del bombo poco más y entrega bandera blanca. Al final nada que no arreglase un poco de cinta americana.

Se sucedían los temas y los vigueses no parecían capaces de desfallecer. No fueron pocas las veces que agradecieron el apoyo de la gente. La importancia de mantener viva la llama de la música en directo. Algo que en la Factoría cuidan con sumo cuidado. A la vista están los resultados. “Too Late Now”, una de mis favoritas del “Space Opera”, llena el recinto de ritmos calmos y tranquilos, amplifica el aire más bluesero de su encarnación de estudio y da cumplida muestra de la cintura que poseen los chicos a la hora de ampliar el rango de influencias que manejan.

Groove To Prove”, huelga decir que con la banda sonando redonda pese a los pequeños percances por otro lado habituales del directo, se convierte en un verdadero pildorazo. Uno se pregunta cómo una banda con apenas cuatro años de vida es capaz de mostrar tantas tablas en vivo. Hay formaciones que parecen nacer con estrella y Zålomon Grass desde luego la mostraron el viernes. El final, como no podía ser de otra forma, correspondió a una “The Drill” a la que, parece, será muy difícil destronar de su privilegiada posición como broche final de sus shows. Si pasan por vuestra ciudad ni lo dudéis e id a verles. Ya nos lo agradeceréis después.

Es verdad que fue uno de esos shows que van de menos a más. Especialmente en lo tocante al sonido. Pero en cuanto encarrilaron y el público conectó con ellos, fue otro bolo para el recuerdo. Uno piensa que si en apenas cuatro años han demostrado ya tal nivel de cohesión, feeling e incluso pegada, inasequible al desaliento Comesaña tras baterías, qué no tendrá el futuro reservado para ellos.

Por nuestra parte nada más. Agradecer una vez más a Omar Fernández por todas las facilidades y mandar saludos a Michael Arthur Long (Drunken Buddha), Oscar Osmow, Carlos Suárez y Javier de Coupaud (Mad Rovers), José Antonio Fernández y a quien mi cabeza, embotamiento mediante, no acierta ahora a recordar. Ahora si me disculpan voy a tomarme un «requemao» caliente como la piel del sol. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Soundcrush + Narwhale en Oviedo (27/1/2024)

Presentación en la ovetense Lata de Zinc de “Beyond Olympus Pt.1”, el Ep que trae de vuelta a los chicos de Soundcrush. Acudían además a la cita acompañados de la buena gente de Narwhale, por lo que nuestra presencia allí era poco menos que ineludible.

El regreso a la actividad de Soundcrush provoca la salida del que fuera hasta hace algunas fechas guitarrista de la formación asturiana, Ales Sánchez, cuyo puesto ocupa ahora y para nuestra sorpresa, Aitor Lucena (ALMS) de cuyo álbum “The Trial” ya dimos igualmente buena cuenta en este medio (reseña). El reemplazo, sobre el papel y nunca mejor dicho, suena bien y estamos ya ansiosos por ver qué nos depara en un futuro próximo.

Pero de momento vemos a unos Narwhale que se adaptan pronto al cambio. Son por muchas razones una banda especial para nosotros. También peculiar, única incluso dentro del actual ecosistema astur, algo que queda patente ya desde la inicial y extensa “Nebulosa Barnard 33”. Desarrollos nada sencillos, mil y un recovecos y Javier Fernández, frontman y líder del cuarteto, luciendo un precioso Rickenbacker de cinco cuerdas.

Puede ser que no les viéramos tan seguros como en citas pasadas a falta del obligado rodaje que siempre demanda un cambio en la formación. Y sin embargo, o tal vez por ello, “Anillos de Saturno” desde luego sonó más rocosa y nervuda que nunca. Tanto o más que “Glaucus”, de su anterior trabajo, que de nuevo muta al idioma de Cervantes y, a su vez, ofrece la cara más cruda de Fernández como vocalista. Para el final quedaría una “Los Rojos Vientos de Marte” que el propio bajista y frontman de la banda tiene a bien dedicar a Manuel Hernando y Angie, grandes seguidores de la agrupación avilesina, y también a este humilde medio. Como no puede ser de otra manera atentísimos ya a sus próximas evoluciones.

Pasan pocos minutos de las diez y media cuando los renacidos Soundcrush irrumpen en las tablas de la Lata de Zinc. Y al igual que sus compañeros de cartel, no sin novedades en su alineación, pues como os contamos hace un par de semanas Dmitry Stalingrado (Soldier, Sound Of Silence) sería quien ocupara finalmente el puesto de bajista en sustitución del titular y lesionado Luis Sánchez.

Pero por supuesto y huelga decirlo que el baile de miembros no merma la intensidad del cuarteto. Ales se muestra feroz desde la inicial “Primal Flame” y el público, cabe decir mucho más joven que en otros eventos que hemos cubierto recientemente, pronto conecta con la abrupta pero al mismo tiempo técnica propuesta del combo astur. “¡Volvemos!” proclama el ya ex Narwhale, y lo hacen con el poderoso recuerdo a su anterior álbum que supone “Unleashed”.

De igual manera, tuvo tiempo un muy activo Sánchez para agradecerle a Stalingrado el haber “salvado el bolo” y aprovechar de paso para presentar al madrileño Iván en baterías. Gran sonido del que disfrutaron, cabe desde aquí agradecer la buena labor de Ovana a los mandos de la nave y una audiencia que se lo pasaba en grande con con buenos cortes de metal a un tiempo afilado y al otro pesado como “Manifest”.

“Cuatro años sin tocar” son muchos, qué duda cabe, si bien a tenor de cómo se lo pasó la gente en “Alpha”, tampoco es que se notase en exceso. Poderosos solos los que intercambian aquí el Teksuo David Vega y Ales Sánchez y primeros pogos de la noche en física repuesta por parte del respetable. Iván en baterías se dejaría la piel en la exigente “Vacuity”, revisión al modo Soundcrush del clásico de Gojira, y cierre con el corte que titula a su último Ep. ¿Se nos hizo corto? Qué duda cabe, pero en las circunstancias en las que se dio el evento y con los diversos cambios de formación que han sufrido tanto unos como otros, no quita para que nos diéramos por satisfechos. Queda afianzar ambos line-up, confiar en una óptima recuperación por parte de Luis Sánchez y cruzar de nuevo nuestros caminos más pronto que tarde.

Por nuestra parte nada más. Mandar un cariñoso abrazo tanto a ambas formaciones como a Pei (Soldier), Susana Crespo, Manuel Hernando y Angie, Juanjo (Noche de lobos), Txeffy (Actvs Mortis, Kraken a Feira) por la agradable compañía. Y, como siempre, nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Blaze Bayley + Absolva (Gijón 26/1/2024)

Nueva venida del ex Iron Maiden Blaze Bayley a Asturias, concretamente a la gijonesa sala Acapulco, enfrascado esta vez en una gira aniversario en recuerdo de sus años al abrigo de la Doncella. Venía el de Birmingham acompañado de los heavies de Manchester Absolva, quienes a su vez presentaban su álbum de dos mil veintidós “Fire In The Sky”. Con un formidable número de entradas vendidas, anunciaba el veterano vocalista en la víspera del evento que firmaría entradas antes del comienzo del show. Grande el detalle y mayores las colas que se formaron junto a la mesa en la que se apostaba el músico con hercúlea paciencia. Mucha camiseta de Maiden en definitiva, alguna que otra bandera incluso, y el equipo de Heavy Metal Brigade bien apostado en primera fila cara a traeros una crónica a la altura de las circunstancias.

Atruena el “Hells Bells” a modo de anticipo de la descarga de unos Absolva que pronto arremeten con el tema título de su último álbum. Y más pronto que tarde se hace patente que son una de esas bandas que nos devuelven la fiebre de lo real que diría el crítico de cine Luis Martínez. Porque introducción al margen, aquí no ha lugar a pistas pregrabadas ni automatismos artificiales de ninguna clase. Solo puro y añejo y bien destilado heavy metal, con una banda entregada aunque con el freno echado, lo que es normal. Y es que, apunte para despistados, tendrían que volver a salir a escena tras su descarga pues son también la banda de apoyo del cabeza de cartel.

Aún así enlazan temas, casi sin tiempo que perder, disfrutando de buen sonido (al menos en las primeras filas donde nos encontrábamos nosotros) y planteando un cuidado repaso a toda su discografía, quedó claro ya desde el comienzo que poseen un nivel técnico nada desdeñable. Seguros pese a las florituras solistas que despliegan en el guiño a su primer álbum “Never A Good Day To Die” o sólidos mientras la intensidad sube en “Fistful Of Hate”. Tal y como dijo el propio Chris Appleton: “We Are Absolva And Play Heavy Metal”, que al fin y al cabo era de lo que se trataba. Ni que decir tiene que al público parece que le agradó su propuesta.

Chris Appleton, a quien acompañan en coros su hermano y también guitarrista Luke Y el bajista Karl Schramm, quiso dedicar a la audiencia “Side By Side” y la comunión pareció ser total. Absolva destaparían el tarro de las esencias, que diría un clásico, en un final de show ciertamente fulgurante. Ni siquiera faltó un “Scream For Me Gijón” que de pronto nos retrotrajo a más de uno a aquél show de la doncella en esta misma ciudad allá por el año dos mil tres. Se dice pronto. Los disfrutamos, ya lo creo que sí. Si iban con el freno echado, que sería obvio dadas las circunstancias, tampoco podemos decir que se notara en exceso.

Apenas veinte minutos para que los chicos de Absolva cogieran algo de aire y ya estaban de nuevo sobre las tablas con Bayley al frente. Quién sabe si quizá por ello, quiso el de Birmingham empezar el set enfrentándose, es un decir, al público cara a buscar la complicidad de este. Ni que decir tiene que la gente entendió la gracia y supo conectar con el patilludo vocalista, un tipo que al igual que cierto asturiano que pisara este mismo escenario semanas atrás, ha sabido sobreponerse a años de duras críticas y dardos envenenados a base de esfuerzo y trabajo.

Blaze Bayley, quien hubo de someterse a una operación de cuádruple bypass el mes de abril del pasado año, pareció mostrarse plenamente recuperado ya desde la inicial “Lord Of The Flies”, aupado por una audiencia que correspondía con gritos y vítores a cada gesto del británico. Y aunque en lo personal he de decir que no soy el mayor fan de su etapa en Iron Maiden, ni siquiera de la propia banda en general, en honor a la verdad he de reconocer que disfruté de algo como “Sign Of The Cross”, tema que empasta con el peculiar registro de Blaze como pocos de cuantos grabara al abrigo de Harris y compañía.

No faltaron los agradecimientos del frontman, que nos meterían de lleno en una “Judgement Of Heaven” recibida con una cierta división de opiniones, todo hay que decirlo, al contrario de una “Virus” que Bayley introduce proclamando aquello de “We Are Brothers And Sisters In Music”. Desde luego que sí. Risueño, feliz incluso, con su tan amplia como habitual galería de gestos y expresiones, quiso el vocalista dar un paseo por su última (y bastante meritoria) obra de estudio. Un repaso que comienza con una muy apropiada aunque algo recurrente “Warrior”. Y mientras que “War Within Me” pone de relieve que el inglés aún guarda ases en la manga en lo que a composición se refiere, es Chris Appleton quien sobresale con una epatante ración solista en “Pull Yourself Up”. Un corte que recoge como pocos la peculiar idiosincrasia del ex Maiden.

Si mérito tienen los Appleton, tanto o más el bueno de Martin McNee tras baterías. Aguantar ambos shows con la seguridad y la pegada con la que lo hizo es algo que ninguna crónica del evento debería obviar. Pero así las cosas y tras el recuerdo a “War Within Me”, tocaba retomar a la doncella, algo que se produce a través de “When Two Worlds Collide” y su inequívoco patrón bombo caja durante el solo y al que, sin ir más lejos, tanto deben bandas como Battle Beast y similares. No cejó el frontman en buscar el apoyo de la gente en una “Lightning Strikes Twice” en la que se le pudo ver más risueño que nunca.

Aunque si hubo un tema que de verdad cayó de pie el viernes ese fue, claro, “The Clansman”. Aquí y como reza el tópico, la comunión entre banda y público fue total, con los Appleton dando amplia muestra de la mucha clase que atesoran. Blaze parece haber encontrado la horma de su zapato en estos chicos. La comunión entre ellos, el buen rollo que desprenden y la seguridad con la que afrontan el set convence incluso a fans no tan proclives como el aquí firmante.

En “Como Estáis Amigos”, compuesta a pachas entre Blaze y su entonces compañero en Iron Maiden Janick Gers con la guerra de las Malvinas como trasfondo, el brummie recuerda el caluroso recibimiento que el tema tuvo en su primera visita a tierras argentinas con la Doncella, ejemplificando aquello tantas veces dicho de que el pueblo está por encima de los gobernantes. Tampoco se olvidó el británico de reconocerles a Absolva el esfuerzo que suponía el doblete no ya de esta noche sino de todo el tour. Que de hecho y para “Man On The Edge” aún les quedaran fuerzas para echarse sendas carreras a lo largo del escenario ejemplifica el buen momento en que se encuentran. Que cierto es la Acapulco no sea el Madison Square Garden pero su poco de juego sí que da. El cierre, anticipado por cualquiera de los presentes, correspondió a la siempre disfrutona “Futureal”, broche final y también punto álgido de una agradabilísima velada de auténtico metal a la vieja usanza.

Queda por mi parte escuchar su próximo álbum de estudio, un “Circle Of Stone” que debería ver la luz allá por finales de febrero, y asistir a un show más centrado en su propia discografía y no tanto en el par de álbumes que grabara junto a Steve Harris y los suyos. Habituales de mis crónicas sabrán que no me gusta personalizar en ellas. Que prefiero ceñirme a las cosas que ocurren y no tanto a mis propios gustos personales. Que por supuesto no dejan de ser precisamente eso, personales. Lo digo porque quiero poner énfasis en el hecho de que, aun siendo el suyo con Maiden un periplo que me es un tanto ajeno, disfruté en buena medida la pasada noche de viernes. Algo que viene a hablar para bien de lo vivido. Vaya por tanto el agradecimiento a la organización del evento por hacerlo posible, un abrazo a los habituales de siempre, no faltáis nunca y es de agradecer, y el deseo firme de que sigan los llenazos en la Acapulco (y en Gong, Lata, Tizón, Factoría…). Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz