Una vez más el pequeño pueblo vinícola de Clisson, en el oeste de Francia, volvió a transformarse en el epicentro mundial del metal con la celebración de la 18ª edición del Hellfest Open Air. Del 19 al 22 de junio, lo que comenzó en 2006 como una continuación del Fury Fest y que se ha consolidado como uno de los festivales más importantes del circuito global volvió a dejar patente su poder de convocatoria al colgar de nuevo el cartel de “entradas agotadas” meses antes de su inicio.
Más de 180.000 asistentes acudieron a una cita donde la diversidad del público fue mas que notable. Desde veteranos del metal hasta nuevas generaciones que acudían por primera vez, atraídos por un cartel que conjugaba leyendas consagradas con propuestas emergentes. Temperaturas que superaron los 30 grados, convirtiendo el recinto en un auténtico infierno metálico. Las fuentes de agua se convirtieron en puntos neurálgicos, con largas colas de metalheads buscando un alivio que la organización supo aportar gracias a medidas adicionales de hidratación y zonas de sombra, demostrando un verdadero compromiso con su público.
En lo estrictamente musical el cartel de esta entrega apostaba por una mezcla explosiva de estilos y generaciones en sus seis escenarios y más de 180 bandas. Una oferta musical tan vasta como intensa en la que destacaron el retorno a los escenarios de Linkin Park con una actuación cargada de emoción y nostalgia. Su repertorio no dejó atrás clásicos como «In The End» y «Numb«, rescatando temas más recientes que marcaron su evolución sonora.
Judas Priest, en plena gira de despedida, ofreció un show épico que repasó sus cinco décadas de trayectoria con un Rob Halford, de imponente presencia, que demostró que aun es verdadero “metal god”. Muse, apuesta arriesgada que resultó ser todo un acierto, sorprendió con una puesta en escena futurista y un sonido impecable, fusionando rock alternativo con elementos electrónicos. En su su primera participación en Hellfest ofrecieron un set cargado de clásicos como «Plug In Baby«, «Supermassive Black Hole« o «Knights Of Cydonia«. Por su parte bandas como Scorpions, Pentagram, Cypress Hill y Korn reafirmaron su legado con unas actuaciones más que solventes.
Como comentamos anteriormente Hellfest no vive solo de grandes nombres. Alcest, Knocked Loose, Chat Pile o Gutalax ofrecieron actuaciones memorables en los escenarios secundarios, demostrando que el festival también apuesta por la vanguardia y la diversidad sonora. Una de las novedades más celebradas fue la programación del Mainstage 2 del viernes, dedicado exclusivamente a bandas lideradas por mujeres o compuestas íntegramente por ellas. Más de 40 grupos femeninos participaron en esta edición, reivindicando su espacio en un género históricamente dominado por hombres a través de las actuaciones destacadas como las de Jinjer, Brutus, Venus Syndrome que fueron recibidas con entusiasmo y grandes ovaciones. Por ejemplo, la banda canadiense Spiritbox, liderada por Courtney LaPlante, presentó su nuevo trabajo «Tsunami Sea«, que fue recibido como una revelación. Su mezcla de metalcore atmosférico y voces etéreas les posiciona como una de las bandas del futuro. Su actuación fue uno de los momentos más intensos del festival.
Hellfest 2025 no solo mantuvo el nivel de ediciones precedentes, sino que lo expandió hacia nuevas fronteras. A través de la diversidad sonora, que abarcó desde el black metal más crudo hasta el death-pop industrial, pasando por el garage disco y el metal sinfónico, esta edición rompió barreras estilísticas. Una entrega que abordó la inclusión real con una programación femenina que no fue simbólica, sino protagonista, con un escenario completo dedicado a ellas. Ofreció momentos inesperados como el dueto entre VOWWS y Gary Numan o la presencia de Cypress Hill en un festival de metal además de conmemorar el legado de bandas como Judas Priest y Scorpions a través de actuaciones cargadas de historia. Una celebración del pasado, el abrazo al presente y la proyección de lo que será el futuro del metal. Si el infierno tiene banda sonora, sin duda sonó en Clisson este pasado mes de junio.
Teníamos relativamente recientes a los chicos de Salduie, aquella soleada tarde del mes de junio en el zamorano Z! Live Rock Fest (crónica), pero su venida en solitario a Gijón y la promesa de un set completo de parte de los maños, bien merecían la pena. La gijonesa sala Acapulco iba a ser la encargada de acogerles en la jornada del sábado, con Heavy Metal Brigade al quite de sus evoluciones.
Dos telones a ambos lados del escenario nos dan la bienvenida. Un mar de leds toman la parte trasera del mismo junto con un par de podios. Delante, una llamativa osamenta adorna el pie (en este caso) de gaita de David Serrano. Todo dispuesto pero la nutrida formación folk se hizo de rogar. Y es que no es hasta apenas pasadas las diez que atruena la intro y emergen desde el backstage, afrontando “Dvatir”, corte que da nombre a su más reciente Ep (reseña). Lo que me llama la atención desde este comienzo es el buen sonido que despliegan. Algo nada fácil, intuye uno, dados los diversos elementos que nutren sus composiciones: gaitas, flautas, guitarra, base rítmica y las voces de Nehemías Sebastián (limpio) y Diego Bernia (rasgado). Otro hecho que vino a marcar la descarga serían los pocos descansos que se permitieron. Apenas unas pequeñas proclamas precedían a cada corte, que sí teníamos “sed de sangre romana” preguntó Sebastián, y ellos se fueron raudos a ofrecer su cara más potente con “Tvrma Sallvitana”, retrotrayendo a aquél “Belos” de 2016.
Ya habían pasado por Asturias anteriormente, aquél Karma Festde 2023 (crónica), pero era esta la primera vez que pisaban Gijón, como bien se encargó Sebastián de recordarnos. Les iba a llegar el turno entonces para demostrar su lado más versátil en “Caraunios”, del álbum “Ambaxtos” de 2021 (reseña). Sebastián con la flauta, Víctor Felipe con el bouzouki irlandés, David Serrano con las gaitas y esa particular conjunción que nace del choque entre los registros del propio Sebastián y Diego Bernia. Quizá uno esperase una mejor entrada. Cierto no obstante que la propia fisionomía de la sala engaña a veces. En cualquier caso los chicos no se amilanaron, dando lo mejor de sí y sonando de manera más que aceptable pese a lo complicado, por diverso, de la propuesta.
“La Profecía De Clunia” nos devolvía entonces a “Dvatir”. Con Sebastián echando mano de la gaita primero y cantando en tonos altísimos después. El frontman de la voz limpia de Salduie no cejó de animar ni moverse de un lado del escenario a lo largo de todo el set. Aguantando el envite con una suficiencia que habla muy bien del estado de forma con el que se presentó en Gijón. Un corte que, en esta traslación al directo, amplificó en gran medida la cara más épica del sexteto. Así las cosas, como todo buen concierto de folk metal que se precie, no iba a faltar la alusión a las bebidas espirituosas (que diría un clásico) que iba a proponer Bernia. “A Brindar” pues, aunque fuese de manera simbólica en el mayor de los casos. Se podría decir que eran los Salduie más desenfadados, también los que buscaron un mayor contacto con la gente.
Acapulco se iría animando, bien con gritos, bien con bailes, mientras se sucedían los temas. En cualquier caso, y contra lo que pueda pensarse de una banda como esta, lo cierto es que su sonido fue bastante orgánico. En “Carus De Sekaiza” dividieron al público en dos facciones, consiguiendo con ello un wall of death al modo Salduie. Tras la pequeña batalla, iba a llegar una cierta calma al set. Felipe cambiaría su preciosa guitarra blanquinegra por el bouzouki y entre “Caelia” y “Ambaxtos”, iluminada esta última por los flashes de nuestros móviles, aprovecharían para ganar un cierto y merecido respiro. La labor de Sergio Serrano (batería) y Daniel Galbán (bajo) puede pasar algo desapercibida. Lo cierto es que suyo fue el pegamento que unió al set en todo momento, seguros y, sobre todo, versátiles. Tras el pequeño impasse regresó la electricidad en una “El Canto De Las Madres” donde Sebastián dejó una de las mejores líneas de voz de la noche.
Diego Bernia, que se había ido a camerinos antes de que sus compañeros arremetieran con “Imbolc”, emergió después con un llamativo atuendo, máscara inclusive, poniendo la nota de color a estas alturas del set. Aún cuando lo suyo es folk metal directo y vibrante, a ratos sorprenden los breakdowns que introducen. Y aunque no sean Lorna Shore (ni falta que hace), el de “Netón” pudo ser fácilmente el más agrio y marcado de la jornada. Pero si hay un corte que quizá destaque de todo el set, ese es “El Agua Del Tejo”. Puede ser una apreciación puramente subjetiva, pero en su versión en vivo sentí que, con él, Salduie han encontrado uno de esos temas destinados a permanecer en sus setlists durante años. Tremenda respuesta de la gente aquí. No faltan una pequeña performance, Sebastián dándole de beber a Bernia, ni siquiera el cuerno de David Serrano. Fácilmente mi momento favorito de la noche.
Para el cierre quedaban tres que nunca fallan: “Descarnatio”, con Felipe llamando al moshpit y Galbán bajando a perderse entre la gente. Sebastián no se quiso olvidar de los habituales agradecimientos y la banda enfrentó otro de sus grandes himnos, “Numancia”, pura idiosincrasia Salduie, para después cerrar con la siempre festiva “Hidromiel”, con Acapulco a sus pies (literalmente hablando) y Bernia dándose su particular baño de masas. Vinieron y convencieron.
Y es que a todos nos gustan los festivales pero la temporada de salas sirve para ver de verdad el estado de forma de una banda. Y Salduie se fueron de Gijón con nota. Un gran sonido, aún en las siempre problemáticas primeras filas, unos cuantos buenos temas, mucha conexión con la gente y hora y media (minuto arriba, minuto abajo) en la que dieron su mejor versión. Ahora mismo, lo sentimos así, una banda que parece llamada a hacer grandes cosas.
Nueva actuación tras su paso en agosto por el festival avilesino “La Mar De Ruido” de los locales El Plan. En esta ocasión lo hacían dentro de los actos organizados por la Asociación Art Street, que trata de acercar la música en directo a los vecinos de Avilés. El evento no podía tener mejor ubicación, a las puertas del Teatro Palacio Valdés, en una calle repleta de terrazas donde disfrutar del espectáculo tomando una cerveza bien fría.
La cita ya contaba con buena afluencia de público desde muchos minutos antes de las 20:30, hora marcada como inicio, lo que auguraba una buena acogida de los avilesinos, aunque las circunstancias hicieron que no lo tuvieran nada fácil.
Ya antes de empezar sufrieron un retraso debido a un evento que estaba teniendo lugar en el interior del Teatro Palacio Valdés, el cual no permitió a los músicos probar sonido hasta su finalización. La profesionalidad de Juan Carayol (Marvel, Omenomejodas) en guitarra y voces y Toño García al bajo y voces, con Charly (Madera Rock) tras los parches, quedó demostrada ya en estos primeros contratiempos que, teniendo que decidir entre no probar o recortar el show, optaron por la primera opción, intentando complacer lo máximo posible al nutrido público que allí nos congregábamos.
Aun así, serían las 20:50 horas cuando arrancaron con su actuación, y lo harían con su grito de guerra, la casi instrumental “Hey”, buen tema para caldear el ambiente y que a buen seguro han convertido ya en su clásica apertura. El sonido, como era de temer, no era del todo fino en esos primeros compases, con un bajo que predominaba sobre el resto de instrumentos, algo que fue solventado para su siguiente tema, no otro que “Mentirosa Compulsiva”, con el eficaz ChiriPeláez (Madera Rock) a cargo de la mezcla.
Para “Lo Importante” el sonido era todo lo bueno que se podía esperar, y la simpatía de Juan nos metió de lleno en la actuación. Siguieron con “Amy Jade”, cantada por Toño (y con un aire que por momentos me recordaba a Barón Rojo, una novedad para el que escribe), de precioso y pegadizo riff. Me llamó la atención lo prolíficos que son en la labor compositiva, pues ya cuentan con un abundante número de temas en su repertorio y siempre me sorprenden, como en esta ocasión, con nuevo material.
Continúan con “Inalcanzable”, donde Juan acaba mezclándose entre el público durante el brillante solo. A diferencia de otras ocasiones, el grupo se centró en ir descargando temas sin pausa ni presentación, a buen seguro que el retraso inicial tuvo parte de culpa, así que, sin apenas descanso continuaron con “No Es Normal”, que versa sobre la gente que disfruta sin importarle demasiado lo que piensen los demás. Gran lección que todos deberíamos aplicar.
La siguiente sería la rocanrolera “Si No Te Puedo Tener”, que enlazarían con una de mis favoritas, no otra que “Un Buen Plan”, tema que da título a su primer disco, no editado en formato físico, pero ya disponible en plataformas digitales como ellos mismos se encargaron de recordar y desde aquí os invito a escuchar.
Para su particular oda a la cerveza, “Doble Rubia”, el ambiente era inmejorable y nadie podía parar de moverse con eseriff que recuerda a AC/DC. La combinación de las voces de Juan y Toño con los aportes de Charly en los coros son una apuesta ganadora. Vi a Toño más activo que en anteriores ocasiones, se nota que va ganando confianza sobre las tablas y el conjunto sale beneficiado de ello. Incluso fue el encargado de agradecer la labor de Art Street por su apoyo a la difusión de la música en vivo e indicarnos que podíamos contribuir con nuestra aportación en la caja dispuesta a tal efecto.
Para presentar la siguiente Juan sí que se tomó algo de tiempo, asegurando que la tocarían siempre que actuaran en la villa, para deleitarnos con la más que animada “Hoy Es Fiesta En Avilés”, con nueva visita de Juan al abundante público. A destacar la labor de Charly, infalible durante todo el concierto.
Continuaron con “La Primera Vez”, única balada de la banda hasta la fecha, dedicada a todas las parejas presentes y, cómo no, a la cerveza. El sonido comenzó de nuevo a hacer de las suyas con un molesto ruido antes de presentar “Todos Los Gatos Son Negros”, y por si eso no fuera suficiente, como dice el tema, la mala suerte se cebó con la banda, manifestándose en forma de transeúnte conflictivo que comenzó a increpar a parte del público, lo que derivó en empujones, caídas, vasos rotos y comentarios sobre lo oportuno de recurrir a la presencia policial, obligando a los buenos de El Plan, bastante desconcertados, a detener la actuación durante unos minutos. Decidieron continuar retomando el tema con la tensión reflejada en sus rostros.
Toño se hace con el micro para presentarnos un tema, nada menos que en alemán (dejando patente la versatilidad del conjunto), la rockera “Noch Ein Bier”, nuevamente de temática cervecera. Aún algo descompuestos por la trifulca presentan “Inquieto”, que pese a las circunstancias recondujo la actuación a las lindes del buen rock.
En ese punto y tras los retrasos acumulados, comentaron que solo podrían tocar un tema más y, ante la insistencia de los presentes, decidieron arrancarse con su más que conocida (a tenor de los gritos del respetable) “Un Buen Cachopín”, muy coreada. Tras pedir permiso a los organizadores y ante la solicitud de la audiencia de “otres tres”, pusieron fin a su actuación, ya más calmados, con el grito de guerra “Yo Lo Que Quiero Es”, animando a los presentes a cantar su estribillo, lo que hicimos sin dudar.
Un placer disfrutar de nuevo de El Plan, estupenda banda que va ganando adeptos tras cada actuación. Una pena que los contratiempos que se presentaron les obligaran a dejar fuera una buena parte del set list, en particular su revisita a un antiguo tema de los míticos Marvel. Dejaron claro que son un grupo que se crece ante las dificultades, ofreciendo un gran concierto y consiguiendo el respaldo de los presentes.
Muchas gracias al grupo y a la organización por las facilidades, espero tener ocasión más pronto que tarde de volver a verlos sobre un escenario. Hasta entonces, salud y rock n’ roll.
Europe venían a la ciudad y en Heavy Metal Brigade no íbamos a desaprovechar la oportunidad de traeros todo cuanto la velada diera de sí. Acompañados de los leoneses Be For You y los asturianos Baja California, los mentideros hablan de una cifra de tickets vendidos superior a los cinco mil. Una venta nada desdeñable habida cuenta del complicado mes en que nos encontramos o que ellos tuviera cita gratuita, la jornada siguiente, en tierras salmantinas, lo que a buen seguro restó un buen puñado de fieles seguidores del combo nórdico.
Son casi las ocho cuando Be For You hacen suyo el escenario de La Ería. Dos grandes pantallas electrónicas en los laterales más el pantallón del fondo ayudan al quinteto, que ya desde la inicial “Nothing Last Forever” ofrece visos de su gran clase. Pese a proceder de la comunidad vecina, no es una banda que se prodigue en gran medida (nosotros les vimos en aquél primer Lion Rock Fest de tan grato recuerdo) por aquí y la sensación que fue quedando es la de que venían con todo para conquistar la complicada plaza asturiana. Ángel Díez se desvivía al micro por implicar a la gente. “This Distance Between Us” deja, de hecho, elegantes líneas de teclado, ejecutadas siempre por el también guitarrista Alfredo Arold. “Light” deja quizá su lado más crudo, siempre dentro de las férreas fronteras del hard melódico, mientras que el final “The Things I Never Told You” funciona como perfecto broche. No fue mucho el rato del que dispusieron, gajes de este tipo de citas, pero a buen seguro, quien más quien menos, se quedó con su copla.
Los locales Baja California no lo iban a tener tan fácil. Percances de última hora recortarían inevitablemente el set, de tal modo que para cuando irrumpen sobre el escenario, uno percibe un cierto nerviosismo en las filas de los asturianos. Así las cosas, que su arranque fuera con algo llamado “El Mejor Error” no deja de arrastrar consigo un cierto grado de ironía auto impuesta. Desatados tras dejar atrás los nervios del arranque, de seguro vemos a una banda mucho más a su gusto en “Reina De Hielo”, con Manu Roz alentando a su banda y también a los muchos fans que se acercaron a verles.
Para los más despistados, el electrónico de fondo acompañaba con versos sueltos de alguno de los temas. Y por ahí uno percibe que “Polvos Mágicos” y dada la reacción de la gente para con la canción, puede pasar por ser una de sus composiciones más redondas. Dada la ubicación del evento, Roz quiso tener un gesto con el equipo de la ciudad, calzándose la azul zamarra del Real Oviedo. Fue ahí, en “Dueños De La Noche”, que Javi dejó uno de los mejores solos del set, jaleado por la audiencia a petición del propio vocalista. Hubo tiempo de bajar a la valla y buscar con la mirada a sus no pocos correligionarios. Y de cerrar finalmente con la siempre enérgica “Electricidad”. Atendiendo al propio setlist de la descarga, los percances que comenté al comienzo se llevaron por delante buenos temas como “Mil Mañanas” o “Años Atrás”, restando amplitud y versatilidad al set, pero como diría aquél, bien está lo que bien acaba.
Cuánta iba a ser la nostalgia que emanaría de Europe a su paso por Oviedo. La banda, muerta de éxito en 1992 y revivida, JohnNorum mediante, once largos años después, demostró ante todo estar atravesando un momento más que dulce. Lo cierto es que seguía el goteo de gente a escasos instantes de que la intro nos pusiera sobre aviso. Antes habíamos coreado el “Rock You Like A Hurricane” de Scorpions que sonó por PA como si el propio Klaus Meine se encontrase en el recinto.
El potente arranque con “On Broken Wings” ya deja entrever que el sonido durante el set va a ser el de las grandes citas. Y que Joey Tempest parece haber hecho un pacto con alguna oscura entidad maligna. Muy activo ya desde las primeras estrofas pero, sobre todo, dueño aún de registro tan limpio y firme como elegante y potente. Un frontman en toda la extensión del término. El que brilla en la más tranquila (y muy coreada ya) “Rock The Night” es su fiel escudero John Norum. El de Vardø confeccionó una gran selección de riffs y solos amén de mostrarse aparentemente afable y no dejar de regalar púas a las primeras filas casi en todo momento.
Sea como fuere, siento que uno de sus puntos fuertes como banda, es el modo en que ni mucho menos se ciñen en exclusiva a la nostalgia a la hora de trazar los setlists. Ahí destaca esa pronta “Walk The Earth”, con el electrónico de fondo a juego, y que no hizo sino amplificar el discurso de su habitual hard rock. Creemos que es algo que les honra. Con eso y con todo, cuando la banda pone en el punto de mira a sus fans más acérrimos, y recupera la siempre potente “Scream Of Anger”, uno no puede por más que pensar cómo es que Europe parecen estar en mejor estado de forma que nunca. Pertrechado tras el kit de batería, el zurdo Ian Haugland pondría toda la carne en el asador.
Ellos optaron entonces por la que puede ser una de mis favoritas de todo el set, “Sign Of The Times”, del fenomenal “Out Of This World” de 1988, introducida por las teclas de Mic Michaeli, estrella en la sombra de la agrupación nórdica y auténtico pegamento de su particular sonido. Con especial acento, claro, en los cortes de su primera etapa. Elegancia, distinción y Oviedo rindiendo palmas en el tramo final. “¡Oviedo! , ¡Cachopo! , ¡Sidra!” bromeaba Tempest desde la parte frontal del escenario. Allí había dispuestos dos grandes podios, que tanto él como Norum no dudaron en usar a lo largo de la hora y media que nos brindaron. Por ahí, la relativamente reciente “Hold Your Head Up” puede que quedara algo deslucida. Y es una pena porque Norum dejaría un buen solo aquí, amén de unos coros más que dignos.
Pero claro, todo palidece cuando Michaeli introduce una del cajón de las ineludibles: no otra que “Carrie”, aquél inmortal baladón del “The Final Countdown” de 1986. La Ería se desgañitó al tiempo que inmortalizaba con sus teléfonos móviles tan indicado momento. La descarga iría entonces del amor, a la guerra. “War Of Kings” supuso un soplo de aire fresco, sirviendo además para que Haugland se desfogara en su tramo final. Tempest se iría entonces para volver de inmediato acústica en ristre. Ahí, bromas con el público mediante (me voy, me quedo…) y al alimón con miles de gargantas ofreció una “Open Your Heart” en su versión más tranquila y acomodada. Otro de los puntos álgidos.
En “More Than Meets The Eye” el veterano vocalista (62 años) demostró que aún le quedaba suficiente gasolina en el tanque. Del rush final, “Last Look At Eden” es la única de su segunda etapa que aguanta frente al gigantesco empuje de sus canciones más clásicas. Sea como fuere, lo cierto es que resultaron de lo más disfrutables fuera cual fuera el registro. Como cuando Tempest emerge con una blanquísima Les Paul para enfrentar “Ready Or Not” primero y enlazar, ya sin la seis cuerdas, con una “Superstitious” donde se permiten el lujo de introducir un guiño al “No Woman, No Cry” de Bob Marley, amén de las habituales presentaciones. Más clase que el que la inventó.
Para los bises, no por predecibles menos divertidos, quedaron “Cherokee”, con una pequeña intro de batería de Haugland, y su himno por antonomasia, “The Final Countdown”, con la banda dando saltos, mostrando una pasión inasequible al paso de los años, La Ería dejándose las cuerdas vocales y ese casi proverbial solo de John Norum, fácilmente uno de mis veinte, diez, incluso cinco solos favoritos de la historia de esto. Casi nada.
Como historia fue lo que los suecos escribieron a su paso por la capital. Difícil, muy difícil lo tiene el Ayuntamiento para, de hoy en un año, encontrar un nombre capaz de reunir a alrededor de cinco mil fieles en La Ería y que sea capaz de ofrecer un show de nivel semejante. Conduciendo de vuelta a casa, los nombres que se nos ocurrían se podían contar con los dedos… de una sola mano.
Huelga decir, porque es enfermedad ya, que la noche siguió para el esforzado equipo de Heavy Metal Brigade, pues aún tuvimos tiempo de acercarnos hasta la Plaza Feijoo para contemplar un buen rato a la buena gente de Zålomon Grass, trío de vintage rock y psicodelia por el que hay cierta predilección en esta casa. Pero esa, como suele decirse, es otra historia. Por ahora no queda más que agradecer a promotora y Ayuntamiento por las facilidades prestadas, mandar un saludo a la mucha buena gente con la que departimos a lo largo de la tarde / noche y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Orientado en esta ocasión a la fusión entre el metal y el cosmos la experiencia en la tierra prometida germana no está al alcance de cualquier bolsillo. Para un español entre 600 y 800 euros es el precio a pagar por disfrutarla. Eso si “rain or shane” como es habitual en Wacken, la moneda está en el aire cada año. Entrada, viaje en avión u organizado, manutención, alojamiento y transporte diario son varias de las costosas tasas por las que metalheads de todo el mundo hacen cábalas cada año para acudir a la esperada cita con el llamado festival más grande del mundo. Aún así, el cartel de todo vendido volvió a lucir una edición más.
Abrieron el festival Dogma, banda femenina de impactante imagen, uniformadas como monjas, poses provocativas y “corpse paint” al más puro estilo King Diamond. Si bien no disfrutaron del mejor sonido posible al inicio del show, con el transcurso de los temas la experiencia fue mejorando considerable sobre todo tras la interpretación de un medley de temas clásicos de Pantera, Iron Maiden y Slayer destacando en la selección “Crazy Train” y “Paranoid” en homenaje al añorado Ozzy Osbourne.
Mas de quince años después de su paso por el festival Metalway celebrado en Zaragoza regresaba Lita Ford a los escenarios europeos. Inmersa en la celebración de sus 50 años en la música recogió el aplauso de una audiencia que esperaba ansiosa su retorno. Parca en palabras, sonrisa en boca todo el concierto, apostó a caballo ganador. Himnos de su trayectoria en solitario, de su paso por The Runaways y como no podía ser de otra manera rendir pleitesía a Ozzy Osbourne a través de “Close My Eyer Forever”, el carismático dueto que grabaron juntos allá por 1988 y que fue recibido por el público en un mar de aplausos.
Entrada la noche llegaba el turno para Nestor. La actual referencia mundial dentro del hard rock melódico tuvo que lidiar con la peor climatología del día, que no fue obstáculo para que ofrecieran uno de las mejores actuaciones de la jornada. Plenos de elegancia sobre las tablas, actitud y energía, la parada alemana de su gira “In The Name Of Rock ‘n’ Roll” no hizo más que acrecentar dicho status a través de un gran sonido y un inesperado pero gran detalle del vocalista Tobias Gustavsson. Agradecer en alemán al público su apoyo y entrega al final del show. Se llevaron una gran ovación, no era para menos.
La jornada de jueves contaba con varias celebraciones imperdibles. Grave Digger ofrecían un show especial 45º aniversario y Michael Schenker nos recordaría su imborrable paso por los británicos U.F.O. Los metaleros ofrecieron en su onomástica un concierto cargado de historia, energía y colaboraciones memorables, personificadas en Uwe Lulis, ex-guitarrista de la banda y Jamiro Boltendahl, hijo del vocalista Chris Boltendahl. Conmutaron una puesta en escena más austera de lo que se podría esperar de una fiesta de estas características por una atmósfera de celebración y nostalgia para demostrar que el heavy metal clásico sigue vivo.
Apenas un par de horas antes de tomar posesión del Faster Stage Michael Schenker nos recibía en sala de prensa para presentar en sociedad su próximo disco de estudio. Bajo el título de “Don’t Sell Your Soul” y vinilo en mano, el genial guitarrista teutón se mostró cercano y sonriente mientras desvelaba que el inminente show contaría con varias sorpresas que no debíamos perder. “My Years With UFO” no defraudó a nadie. Colección de clásicos a través de la garganta de un superlativo Erik Grönwall, aparición de Slash en el escenario en “Mother Mary” para gozo y algarabía de la parroquia, dejando para la parte final del show la colaboración en “Let It Roll” de un Michael Voss (Casanova, MSG, Wolfpakk) productor del nuevo álbum y el estreno en primicia del primer adelanto del mismo. Un concierto histórico para reafirmar su legado y afrontar el futuro con fuerzas renovadas.
Llegados al ecuador del festival y tras comprobar que Axl Rose ha dejado muy atrás sus mejores tiempos, de nuevo tocaba degustar una fiesta de aniversario. Arrancaba el día grande de esta edición del festival con la celebración de los 50 años de trayectoria de los suizos Krokus. Confirmación de última hora tras la caída del cartel de Saxon, su desempeño sobre las tablas echó por tierra cualquier tipo de anhelo por los británicos. Con una formación casi original en el escenario, Marc Storace en voces, Fernando Von Arb, Mark Kohler y Mandy Meyer a las guitarras además de Chris Von Rohr al bajo, ofrecieron uno de los espectáculos más orgánicos de toda la programación del Wacken. Directos y sin artificios se llevaron la aprobación y respeto de un público que reconoció el legado de los helvéticos gracias a su autenticidad y potencia.
Victory abrazan los tiempos actuales gracias a la energía intacta de Herman Frank, su guitarrista fundador y la sólida interpretación de su actual vocalista Gianni Pontillo. Lejos de ser uno de los shows más multitudinarios del festival, un buen número de apasionados por el hard rock clásico se congregaron con entusiasmo para disfrutar de las evoluciones de la banda nacida en Hannover. La selección de temas nuevos y clásicos ofreció una atmósfera de nostalgia que afortunadamente evitó caer en lo predecible. Algo difícil de conseguir y que significaría a la postre uno de los puntos fuertes de su show.
La segunda celebración del día sería para los 40º años de la publicación de “Balls To The Walls” de Accept, a cargo de su vocalista original Udo Dirkschneider. Con una actuación que dejo huella en el “holy ground” alemán, Udo respondió así a devoción total de un público que disfrutaba de un momento histórico, la interpretación íntegra del icónico álbum. En un magnífico estado vocal, el carismático voceras volvió a contar con su gran amiga Doro Pech sobre el escenario para interpretar la balada “Winterdreams”. Un show que se convirtió en un viaje auténtico a la era dorada del heavy metal.
Llegaba el turno para el que sorpresivamente sería la verdadera estrella del cartel de esta edición. Con un “infield” a rebosar Papa Roach se presentaron en Wacken para dejar patente y sin discusión alguna que poseían el mayor poder de convocatoria del evento. El que era su primer show como cabezas de cartel en un festival europeo congregó a más de 80.000 asistentes, desterrando cualquier duda sobre su posición en el line up. Su vocalista Jacoby Shaddix reflejaba la emoción del momento en su cara mientras agradecía la energía que llegaba desde el público. Una conexión intensa que se amplificaría con el recuerdo dedicado a Chester Bennington y Ozzy Osbourne a través de la sentida interpretación de las canciones “In The End” de Linkin Park y “Changes” del malogrado príncipe de la tinieblas. Con una producción de alto nivel, pirotecnia, fuegos, luces y sonido impecables, ofrecieron una experiencia catártica para reafirmar su posición de privilegio en la élite del metal moderno.
Dimmu Borgir no pisaba un escenarios en Wacken desde el año 2012 y no escatimaron esfuerzos por dejar su impronta en esta edición a través de un experiencia envolvente, oscura y majestuosa. Shagrath y los suyos ofrecieron un ritual sonoro de atmósfera hipnótica y solemne. Humo, luces ténebres y proyecciones simbólicas dieron lustre a un show que combinó teatralidad, brutalidad y elegancia sinfónica. No necesitaron interacción con el público, gracias a la intensidad desplegada sobre el escenario lograron mantener a la audiencia en trance durante todo el repertorio. La interpretación de “Cataclysm Children” tras más de una década fuera del setlist sería uno de los punto álgidos de una sinfonía infernal que reafirma a la banda como uno de los titanes del black metal sinfónico.
Afrontamos la última jornada con la formación austriaca Vulvarine, que a finales de octubre se pasarán por la Factoría Cultural avilesina y la incertidumbre de comprobar que Blackie Lawless se enfrentaría al exigente público alemán. Para sorpresa de casi todos ganó la mejor versión. La de un renovado frontman, activo, dueño del escenario y muy comunicativo. Con bastantes kilos menos y una voz cercana a su mejor época, su primera bala iría directa al corazón de la audiencia. Y es que arrancar su tiempo con “I Wanna Be Somedody” dejó patente que su tercera actuación en Wacken sería para recordar. Un repertorio repleto de clásicos que nos ofreció un viaje emocional a los años dorados de la banda.
Otra de las bandas que demostró su actual posición de privilegio dentro de la escena musical serían Gojira. El gigantesco impulso recibido tras su paso por la ceremonia de apertura de los pasados Juegos Olímpicos celebrados en París los ha llevado a encabezar carteles tan representativos con el del festival alemán. Su actuación refrendó una imparable evolución musical, nacida del groove metal técnico hasta los pasajes atmosféricos y melódicos que ofrecen actualmente. Ofrecieron uno de los shows más electrizantes del festival, apoyados por una puesta en escena que aportó pasajes visuales psicodélicos y proyecciones ambientales que envolvieron en una dimensión casi cinematográfica su concierto. Su impecable técnica sumado a sus habituales mensajes de conciencia ecológica, introspección y resistencia conectaron muy pronto con un público entregado al buen hacer de los franceses.
Desgraciadamente King Diamond sería el mayor damnificado por las condiciones climatológicas de esta edición. Y es que el bueno de Kim Bendix Petersen convocaría una audiencia que bien cabría en cualquier sala de conciertos de tipo medio. Eso no fue óbice para que ofreciera una puesta en escena a la altura de su legado, música, narrativa y teatralidad por momentos escalofriante. Armado con una voz que resiste impoluta el paso del tiempo convirtió su paso por un escenario inspirado en las mansiones victorianas tan presentes en su discografía, en una obra de teatro macabra. Hasta la lluvia ayudó a amplificar la experiencia, dando un aura casi ritual a su paso por Wacken.
Esta edición ya es historia, retorno al hogar a casa y vuelta a disfrutar de las comodidades que ofrece el día a día pero en el fondo ya sentimos emoción por lo que ofrece el próximo año. ¡Allí nos vemos, llueva o truene!
Segunda jornada del StoneFest, que bajo los mismos rigores climáticos, iba a juntar a las bandas Repugnance, Ikarass, Asagraum, Totengott y Firtan. Vuelta pues a la sala de Kuivi Almacenesprestos a dar cumplida cuenta de tan suculento menú, más focalizado en el metal extremo, diverso y arriesgado, pero que congregó a un buen número de fans en las entrañas del remozado recinto ovetense.
Los legendarios death grinders mierenses Repugnance serían los encargados de calentar el ambiente. Clásicos donde los haya, su primer referencia de la que tengo conocimiento (la demo “Perpetual Penitence”) data nada menos que de 1991. Se dice bien y pronto. Ellos pusieron al frente su pasado más recóndito con una presencia y un buen hacer a la altura de su leyenda.
Pablo Deodato comanda desde baterías y Miguel Distorsión enfrenta los temas con la pasión de un colegial. En un minucioso repaso a su trayectoria, cupieron riffs de un corte más rockero. Puro rot n’ roll mierense para empezar el sábado con el mejor pie, con los propios Wizard Master, que habían tocado el día antes, sin perder ripio desde su puesto de merch. Se conjugaron voces, se tramaron algunos bailes. Y no faltó la de “vamos a tocar una lenta” para después proceder con su cara más distorsionada y violenta. Así sí.
Los durangueses Ikarass serían a la larga los grandes tapados del día. Con solo un disco en su haber, aquél “Relapse Into Desolation” de 2020, trajeron su post-metal a la Amenra para deleite de propios y extraños. Sucede a veces que uno acude al directo dispuesto a dejarse sorprender y la banda cumple con creces esas expectativas. Ya ese arranque atmosférico en crescendo ofrece visos de su clase. Enfrascados siempre en la búsqueda de atmósferas cargadas de post-metal tenso y desgarrado.
De su música emanó una tristeza que, golpe a golpe, les acercaba al doom más atmosférico. No fue poca la gente que se arrimó a verles. Ellos siguieron vagando por territorios inhóspitos, enfrentando pasajes limpios, casi cristalinos, a una aspereza que rayaba en la desesperanza. Ahí tiene gran parte de culpa el particular registro de Imanol M. Aginako al micro. Siempre a puro desgarro, frontman que se dejó la piel y la garganta sobre el escenario del StoneFest. Su música se apoyó en buena medida sobre lo emocional. Por ahí entiendo que a algún profano se les hicieran cuesta arriba. Yo no puedo más que reconocer que disfruté de su descenso hacia los abismos del alma.
Ayudó en buena medida el buen sonido del que gozaron. Una constante durante todo el fin de semana y debe ser puesta en valor. Las luces, o a ratos la ausencia de estas, amplificaba todo cuanto su descarga tuvo de sensorial. Me consta que más de uno y de dos se quedaron con su nombre y bien ganado se lo tienen.
El cartel iba a dar entonces un giro dramático con la venida de las neerlandesas Asagraum. Su black metal al modo clásico incendió la sala de Almacenes Kuivi. Al cuarteto se le puede acusar de cierto hieratismo, roto por la propiaObscura, alma mater de la formación, cuando presentaba los temas con sus cuernos apuntando al cielo.
Corpse paint mediante, su puesta en escena no pudo ser más clásica y elemental. El comienzo de set, feroz y descarnado, me llevó a pensar en bandas como Endstille, primeros 1349, Gorgoroth… Ellas enfrentaron su black metal con total convicción, con A. Morthaemer dejándose la piel tras el kit de batería, ya fuera con blast beats incesantes o un firme uso del doble pedal. Enorme labor la suya.
A ratos resultaba llamativo su black metal a plena luz de los focos. O cómo el calor imperante en la sala peleaba contra el frío que emanaba del escenario. Riff tras riff fueron componiendo un set que, a ratos, pudo pecar de cierta linealidad. Fue ahí donde Obscura conjugó un medio tiempo mientras ofrecía su voz más limpia. Oxigenó la descarga y les dio algo de resuello antes de un epílogo de nuevo violentísimo. Para el cierre quedó un cierto regusto a los Darkthrone del “Hate Them”, uno de mis álbumes favoritos del célebre dúo nórdico, y que disfruté de lo lindo.
Totengott contrapondrían entonces su habitual doom / thrash al avezado black metal de las neerlandesas. El trío, enfrascado aún en la gira presentación de su tercer largo “Beyond The Veil”, ofreció igualmente buenas dosis de intensidad y mal café. Ese que siempre deriva de “Marrow Of The Soul”, aguerrido arranque de set con un José Mora a tumba abierta tras baterías.
“The Architect” amplificaba entonces su rango de acción. Son unos Totengott más atmosféricos, pero cuando llega el turno de ofrecer una pizca más de mordiente, estamos viendo una más que óptima versión del trío. Nacho arengó desde el escenario y el público supo responder en consecuencia. Es lo que tiene jugar en casa. Son muchas las veces que les hemos visto, pero no deja de sorprender cómo nunca dudan en enfrentar alguno de sus temas más extensos, en este caso “The Abyss”, que daba título a su segundo largo, y que para quien escribe siempre tendrá un significado muy especial.
Con “Beyond The Veil” dejaban fluir su vena más thrash, con un Chou Saavedra que había cambiado su guitarra, y que enfrentó esta línea vocal con especial vehemencia. Nacho había sacado de backstage sus habituales “trofeos”. Calaveras animales que alguno que otro entre el público hizo suyas. Antes del cierre hubo bromas de Chou con la calefacción. Mucho era el calor que nos atenazaba en la sala. Por supuesto, no se quiso olvidar de los agradecimientos. Pero para cuando arremeten con “The Golden Crest”, estamos viendo al Saavedra más activo que recordamos. Siempre cumplen y el sábado no fue la excepción.
Ni mucho menos contaba con poder ver a una banda como Firtan al lado de casa. Los alemanes, una de las formaciones más prometedoras del nuevo black metal alemán, llegaban al StoneFest con el impulso del fenomenal “Ethos” de 2024. Es algo que, pienso, conviene poner en valor. Citas como esta no abundan dentro de nuestro territorio. Contad con que haremos todo lo que podamos (y un poco más de lo que podamos, si es que eso es posible, que diría el inefable Mariano Rajoy) porque eventos alternativos como este proliferen en la Asturias de los macrofestivales horteras.
De Firtan lo primero que llama la atención es su puesta en escena. Esos ropajes roídos, el make up ennegrecido que portan. Y claro, la presencia de Klara Bachmair al violín. Figura de no poca relevancia en la banda, como se puede ver ya desde la inicial “Hrenga”. Su desempeño amplificaba el carácter un tanto espacial de ese inicio. En “Wermut Hoch Am Firmament”, no obstante, iban a concitar su cara más desenfrenada, caótica incluso, con C.S. dejando alguno de los solos más desquiciados de todo el fin de semana. Phillip Thienger comentó entonces que era su primera vez en España, y al alimón con su banda procedió a enfrentar un black metal de cariz más melódico. Aquí lució de nuevo Klara Bachmair durante un puente tranquilo, que nos condujo hacia terrenos casi oníricos.
Firtan fueron tramando un set atractivo por diverso. Como muestra un botón: de la gravedad inicial de “Arkanum” a la inusitada violencia de “Faðir”, con el Thienger más visceral de la noche. Bañados en luz verde, sonaban intensos, compactos y realmente redondos. Y aunque quizá por el cansancio acumulado de ambas jornadas, disfrutase en mayor medida de sus cara más atmosférica, lo cierto es que cuando pusieron toda la carne en el asador sorprendieron con black metal hiriente y visceral. Por ahí tal vez que se fueran a bambalinas y dejaran a Bachmair y su violín a solas sobre el escenario. Uno de los momentos más especiales de todo el festival. Sin olvidarse de los debidos agradecimientos, se despidieron haciendo gala de su cara más grandilocuente y también desesperada en un final memorable. Bolazo, si me preguntan.
A grandes rasgos, todo esto dio de sí la jornada del sábado. Una propuesta valiente, un ramillete de bandas nada habituales por la región y una organización de diez. Poco más podemos pedir. Si acaso que el calor no os atenace del mismo modo en futuras ediciones. Por ello queríamos mandar un sentido agradecimiento a la organización del StoneFest, a los técnicos de sonido, a las diferentes bandas y a la mucha gente con la que departimos en algún momento a lo largo del fin de semana. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Nueva edición, por partida doble, del histórico StoneFest. Regresó uno de nuestros festivales alternativos por antonomasia. Y lo hizo estrenando nueva sede, Kuivi Almacenes, para llenar un viernes de stoner y sludge, más un sábado más centrado en el metal extremo. Un plato bien diverso para gusto de casi todos, y que viene un poco a quitar razones a quienes llevan tiempo quejándose de que a esta región ya solo vengan las cuatro, cinco, seis bandas de siempre. Phoenix Cvlt, Bifäz, Voul, Mars Red Sky y Wizard Master eran los elegidos para la primera jornada y allá que nos fuimos, prestos a dar cumplida cuenta de todo cuanto aconteciera.
Llegamos a tiempo para recoger nuestras acreditaciones, acceder a la sala y ser recibidos por las sonoridades oscuras y la temática religiosa de los asturianos Phoenix Cvlt. El trío, con Aitor Lucena (Narwhale, ALMS) en guitarra y voces, procuró una apertura al festival entre lo vibrante y lo alucinado. Se leyeron versículos, se descerrajó una buena suerte de riffs y se optó por una versatilidad, un atrevimiento en las estructuras, que fue, en definitiva, el mejor anticipo a lo que estaba por venir.
No fue mucho el rato del que dispusieron. Quizá de ahí el modo en que enlazaron un corte tras otro. Y qué llamativo resulta cuando Lucena abandona su guitarra y arremete con la travesera, adoptando así el trío un aire aún si cabe más alucinado, con un bajo distorsionado hasta sus últimas consecuencias. El de los sevillanos Orthodox fue un nombre que acudió a mi subconsciente en varios momentos de la descarga. “Sacrificio”, del pequeño Ep “La Profecía” cerró el breve set dejando, pienso yo, un buen sabor de boca. Muy atentos al material que está por venir de los de La Felguera.
Los cántabros Omar (batería, voces) y Carlos (guitarra, voces), es decir, Bifäz, vendrían entonces a darle una vuelta de tuerca más al cartel. Se presentaban en el StoneFest con apenas un Ep en su haber, aquél “Extinción” de 2024, prestos a inundar la sala de su conocida amalgama de sludge y stoner. Aquí me agradó el arranque tan espacial que propusieron. Hábil escondite de la intensidad que desplegarían más adelante. Y es que si por algo destacó el dúo fue por el modo en que supieron alternar ritmos arrastrados con otros más trotones, siempre sin perder esa cualidad tan riff oriented de su música. Carlos, a veces sentado, otras de pie, hizo buen uso de un buen número de pedales y efectos, amplificando sobremanera el rango sonoro del dúo.
Recayeron las labores de sonido en el Blues&DeckerDiego Reyes y Kuivi Almacenes respondió a la altura de lo que se esperaba. Bifäz prosiguieron entregando voces agrias y mucha diversidad en cuanto a texturas, algo que sorprende tratándose de solo dos músicos sobre las tablas. Y ya que estamos con los parecidos, no logro deshacerme de lo mucho que me recordaban a los primeros High On Fire en las partes más veloces. Mucho ruido y mucha mala baba, cerrando un set tampoco demasiado extenso en una vertiente mucho más atmosférica, que en cualquier caso no obvia un cierto nervio. Nos agradaron.
Le iba llegar el turno entonces a Voul: Alberto en guitarras, El Adrift Dani al bajo y Edu, ex de los míticos sludge madrileños Moho, en baterías. Trío sin mayor intención que la de derrumbar Kuivi Almacenes hasta los cimientos. Mucha, muchísima la intensidad que emana del escenario ya desde los primeros compases de “Fear”. Y sí, a ratos me recordaban a los propios Moho. También a Eyehategod, si bien diría que no alcanzaron a sonar tan desesperanzados. Y sí que tendieron ritmos y riffs hacia el hardcore.
Decir que Edu se dejó el alma en cada golpe sería hacer escasa justicia a la vehemencia que empleó a lo largo de todo el set. Sin desfallecer un ápice, arremetió contra su kit de batería como si en el empeño le fuera la vida misma. Según nos dijo, alrededor de dieciocho años llevaba sin tocar en Oviedo. Se dice pronto. En el set hubo momentos de cierta alternancia. Ahí me gustó el equilibrio entre calma y nervio que propusieron, con una muy fina labor de Alberto, inequívoca pose con su Telecaster, en ambos registros.
A lomos de esa batería descosida, acometen un sludge feroz y violento ahora. Puede que el wall of death propuesto por Edu resultase infructuoso (“ha salido regular esto”), pero cuando ellos se concentran en su faceta instrumental, realmente estamos ante una banda de un nivel altísimo. Como altísimas fueron las pulsaciones en la final “Fucked Up System”, minuto y pico de pura agresión sonora. Tremendos.
Así las cosas, el festival iba a virar de la intensidad y la rabia de Voul hacia el tendido stoner de aires psicodélicos de los franceses Mars Red Sky. Los de Burdeos, enfrascados aún en la gira de presentación de aquél “Dawn Of The Dusk” de 2023, vendrían a poner la calma allí donde antes habitó el nervio.
De entrada llama la atención su puesta en escena. Esa batería naranja, situada tan al frente del escenario. El gong tras ella. Su sonido se avino a un stoner clásico, comandado en voces por el casi etéreo registro de Julien Pras. Su aparente fragilidad contrastó con su buen hacer a las seis cuerdas, con especial acento en la creación de riffs a menudo elegantes y siempre eficaces. MatGaz tras la llamativa batería no vino a dejarse la piel del modo en que Edu lo había hecho con anterioridad, pero de justos es decir que trazó, seguramente, muchos de los licks más llamativos de toda la jornada.
A ratos, y particularmente cuando el trío suma sus voces, alcanzaron a sonar más contundentes. Siempre sin perder de vista esa manera tan cuidada y personal de entender el género. A ratos más psicodélicos, sorprende no obstante el uso de algún que otro apoyo externo. Pequeños detalles que quizá resten en lo orgánico pero que vinieron a sumar en lo alucinatorio. Las últimas líneas de voz de Julien Pras, muchas veces impasible, aparentemente algo tímido, vinieron a sumar a ese cariz casi etéreo de finales del set. Curiosos, me agradaron.
Para el cierre quedaba una propuesta más homogénea. Los romanos Wizard Master y su stoner elemental, casi canónico, ofreció quizá sorpresas a su paso por el StoneFest. Lo que no quita para que el agitar de cuellos y melenas en primeras filas fuese prácticamente una constante a lo largo de la descarga. De entrada llaman la atención los chalecos que lucen. “We don’t believe in anything” (“no creemos en nada”) proclama Mano Sinistra, voz y guitarra de los italianos. A tenor de lo oído en la sala de Kuivi Almacenes, sí hay algo en lo que creen.
Y es que el cuarteto ofreció una lección de como facturar stoner rock, con trazas doom, sin abandonar ese regusto a los primerísimos Black Sabbath tantas veces inherente al género. Telúricos, orgánicos, armados con buenas dosis de fuzz, derrochando grosor y siempre bajo ese peculiar registro de Mano Sinistra. Quizá lo extenso de sus temas, también el empacho de riffs que nuestros cuerpos habían acumulado durante la jornada, contribuyeran a que nos resultaran algo lineales. Otros, en relativa proporción, supongo que disfrutarían con tan férrea adhesión a los preceptos del stoner rock.
Hubo algún que otro percance con el bombo de la batería, solucionado al vuelo y sin que la descarga se detuviera en ningún momento. Ni un segundo que perder, no obstante tampoco quisieron olvidarse de los habituales agradecimientos. Para el cierre y mi sorpresa, dejan algún riff de un cariz más sureño, también una cierta calma, justo cuando coincidíamos en que el set corría el riesgo de retorcerse sobre sí mismo más de la cuenta. Fue por tanto un buen final, con una más que aceptable afluencia de público para un viernes de vuelta a la rutina, con los muchos gastos que esta acarrea de modo inevitable. A nosotros ya solo nos quedaba redactar esta crónica y velar armas ante la segunda jornada. Esa, como suele decirse, es otra historia.
Regresó el RockveraFest y lo hizo por todo lo alto. La alta afluencia de publico, ya desde la sesión vermú de la mañana, vino a confirmar por un lado la buena salud del festival, de la cual nos alegramos, pero también el acierto del cartel elegido. A saber: Ochobre y Tribute Against The Machine por la mañana, Maverick, November, La Tarrancha, Leize y Dünedain. Una oferta, como viene siendo santo y seña de la casa, de lo más diversa, que se desarrolló en una jornada de altas temperaturas. El calor llegó a ser sofocante a lo largo del día, pero nada en comparación con el cariño que la fiel audiencia brindó a las distintas formaciones del cartel.
Nosotros cumplimos con lo nuestro y llegamos pronto. Recogimos nuestras acreditaciones, atento y raudo el equipo del Rockvera ya desde primeras horas, y bajo un sol de justicia nos acercamos a ver a la buena gente de Ochobre. “Entamaremos esto, peña”, nos pregunta Reichel Machinee. La también voz de La Mørgue derrochó fuerza y carisma ya desde el arranque. La gente se fue sumando gradualmente y su particular manera de entender el punk rock cayó de pie el pasado sábado en Corvera. La descarga, que se produce en la calle, en la puerta misma del teatro el Llar, iba sobre ruedas, aunque muchos buscaron la sombra de los árboles o del propio recinto y no seré yo quien les culpe.
Sea como fuere, Ochobre no perdieron la oportunidad de traer de vuelta a Java, anterior batería de la formación, para tocarse un tema con la banda. Punk rock contestatario y mucha energía para empezar el día de la mejor manera: disfrutando de buena música en vivo y de una banda que realmente parece disfrutar sobre las tablas. O, en este caso, el asfalto. Ochobre se despedirían con su ya habitual “¡Autodefensa, muyer!”. Al igual que sucedería más adelante con La Tarrancha, su sonido se encuentra en las antípodas del tipo de bandas que os solemos traer por aquí. Aun con eso, siempre es un gusto encontrárselos.
Tribute Against The Machine son ya unos clásicos del certamen. El cuarteto, en riguroso homenaje a Tom Morello y cia, ofreció en la matinal corverana muchas de las razones que convirtieron a R.A.T.M. en una de las bandas más excitantes del planeta música. Apuesta segura para la organización, ya era mucha la gente que se agolpaba a aquellas horas. “Bombtrack” dio una vez más el pistoletazo de salida y T.A.T.M., que gozaron de un gran sonido ya desde las primeras notas, pusieron a bailar a Corvera. A los propios que ya estábamos, a algún que otro extraño que pasaba por allí.
Al set le faltan pocas joyas del repertorio original. “Bulls On Parade”, “Guerrilla Radio”… Los AzureNacho (batería), Rojo (bajo) ponen la base rítmica, J.M. Navarro “Nava” se mete en la piel de Zack De La Rocha y el OnzaMarkos hace las veces de Tom Morello. Puede ser que “Snakecharmer” pase algo inadvertida, que es justo lo contrario que ocurre con “Take The Power Back”. En “TownshipRebellion”, Nava puso a prueba nuestras articulaciones mandándonos al suelo. En el corazón mismo del set iba a tener lugar un pequeño homenaje a Daniel “Danielín” Jiménez de Anarquía Positiva, recientemente fallecido. Don Nadie se sumó al cuarteto y juntos interpretaron “Toma El Poder” de la histórica formación asturiana.
Puede que echara en falta un corte como “Sleep Now In The Fire”, por lo mucho que el riff invita a mover nuestros desgastados cuerpos. Pero cuando ves al público volverse totalmente loco (y mira que era temprano) con “Killing In The Name” (“¡la lechuga está pocha!” cantaron algunos), caben pocas quejas más allá de aquellas achacables a las bandas tributo.
Maverick nos parecen una banda en constante crecimiento y su paso por el Rockvera vino en gran medida a refrendar esta idea. No es ya el ímpetu con el que hacen suyo el escenario del Llar, algo que se presupone en una formación joven como ellos. Es la forma en que han sabido dar forma a un setlist que bebe del punk pero se alimenta de influencias muy diversas. Es algo que explica la mucha gente que, cuando faltan cinco para las siete, está sin perder ripio en el teatro.
Pero como los duendes del directo son así de puñeteros, ellos se quedaron sin sonido por PA en uno de sus cortes iniciales. Toda vez resueltos los inconvenientes, recordaron sus primeros pasos como banda a través de la iniciática “La Espiral”. En “Cometas” su habitual punk multi influencial se alimentó de riffs más contundentes, mientras que “Luces De Ciudad” ofrece ahora a unos Maverick más diversos, alternando calma y melancolía con rabia y sentimiento. No faltó su ya habitual revisión del “All I Want” de A Day To Remember, ni tampoco sus buenos pogos y bailes durante “Travis Bickle” o los agradecimientos al gran Felipe Suárez, fotógrafo oficial del festival y mierense como ellos. Lo dicho, andan con la flechita para arriba y nos alegramos infinitamente.
A November, superbanda de hard rock de reciente creación, les iba a tocar lidiar con los nervios del estreno. Venían además con sorpresa, la presencia de Kay Fernández (compañero del guitarra Diego Riesgo en Drunken Buddha) tras la batería y un disco, “The Long Way Home”, que pasó con buena nota por esta página. Dice algo bueno de la nueva banda de Dani G. (Darksun, Last Days Of Eden) la mucha gente que se acercó a verles, aun cuando al disco le faltan unos días para su presentación en sociedad.
Pero es que “Tear Down The Kings” ya demuestra que Dani G. está de lo más cómodo en esta nueva piel de puro hard rock. Con la chaqueta y las gafas, dirigió a los suyos con gesto risueño, entregando buenas líneas de voz ya desde el comienzo y sabiendo delegar en sus compañeros según la ocasión lo precisara. Como cuando Diego Riesgo toma la tarima (y el podio) para su primer solo de la tarde. Ellos se traían muy estudiado el set. “One Of A Kind” suena chulesca incluso. November enlazan con “Egomaniac” y, por entrega tanto de ellos como del atento público del Rockvera, todo parece estar donde debe.
Alex Tilles, Gibson SG en ristre, echaría mano del slide para el riff de “Vegas Queen”, quizá uno de los cortes que más creció en esta traslación al directo. Estábamos en Las Vegas, después de todo, como bien se encargó Dani G. de recordarnos. Del mismo modo, comentó la suerte que tuvieron de tener nada menos que a Bumblefoot colaborando con ellos en el corte “Never Lose Your Hopes”. Aquí Diego haría de nuevo suyo el podio y deleitaría a Llar con uno de los mejores solos del set. Me atrevería a decir que de la jornada incluso. Dani G. haría suyo entonces el teclado que se encontraba junto al kit de batería, asegurándonos que, “aunque nunca llueve eternamente, a veces el cielo se nos cae encima”. Era el momento, claro, de “Skyfall”. Inciso en clave de balada, que amplió los márgenes del show dejando su nota más emotiva. Nos agradó lo profundamente orgánicos que sonaron. No hubo más coros aquí que los que Fer Espina, Alex Tilles y, ocasionalmente Diego Riesgo, nos brindaron.
Tuvo que ser precisamente durante una estupenda interpretación del tema que da nombre al debut, “The Long Way Home”, que una cuerda de la preciosa Les Paul de Riesgo dijera basta. Él no se achicó ante el percance, quienes le conocéis sabéis de sus muchas tablas, y toda vez concluido el corte echó mano de otra seis cuerdas y encaró la recta final como si nada hubiera pasado. Dani G. aprovecharía entonces para llevar a cabo los obligados agradecimientos. También las presentaciones. Y comentar lo curioso que resultaba montar “un proyecto de rock americano y presentar el disco en Las Vegas”. Para el final quedó producción propia, “When The Door Is Closed” y ajena, con el clásico de Gotthard “Anytime, Anywhere”. No se nos ocurre mejor puesta de largo. Un acierto y grande de la organización y una banda con mimbres suficientes como para conseguir grandes cosas. Esperamos ser testigos.
La Tarrancha supondría entonces un giro radical al cartel. Su ska punk pondría a saltar y bailar al Rockvera, empastando reivindicación y fiesta con soltura y decisión. Un poco como sucediera con Ochobre a la hora del vermú, su sonido tiene difícil encaje en un medio como este. A decir verdad, sus conciertos siempre resultan agradables y, por ahí, nos ganan.
El trombón de Fabien Díez echa humo. Ellos llevaban veinte años sin tocar en el Llar, como bien se encargó de recordarnos Delfo Valdés, voz de la numerosa formación asturiana. En lo personal y de las veces que he coincidido con la banda, podría decir que la del sábado pasado fue la que más me enganchó de todas. La conexión con la gente, el sonido tan redondo que ofrecieron. Todo fraguó para ver una gran versión de ellos. Hubo recuerdo a Las Seis de la Suiza, cantos antimilitares, pogos, bailes, fusión y mucha energía. Incluso una pequeña re interpretación de “Cherry Coke”, sintonía de cierto refresco de los años noventa. Se despidieron con “Aprendiendo A Correr”, mostrándose infalibles una noche más.
A Leize le tocaba llenar el Rockvera con su clásica encrucijada entre rock urbano y heavy metal. Banda con cierto estatus de culto, que no se prodiga en exceso por nuestra región, pero que recibió un calor y un cariño por parte del público como hemos visto muy pocas veces. De entrada llama la atención la intro que utilizan, no otra que la sintonía de “El Hombre y La Tierra”, la celebre docuserie del malogrado Félix Rodríguez De La Fuente.
Tras ella, “Acosándome” supone un pistoletazo de salida de puro rock and roll enérgico y vibrante. Félix Lasa, puro carisma, dirigió al cuarteto sin perder la sonrisa. Muy risueño, mostrando su característico registro y dejando claro, ya desde el arranque, que esta iba a ser una noche para el recuerdo. Y es que Leize, visto lo visto el sábado, parecen atravesar un momento más que dulce. Porque cuando atruena el doble bombo de Ibi Sagarna en “La Rueda”, el Llar corea aquello de “por tu libertad nadie luchará” y ellos enlazan con el pulso más hard de “Caminando”, no queda otra que rendirse.
Fue un gran inicio de show. Y Mikel Lazkano, preciosa Epiphone blanquinegra en ristre, disfrutó de lo lindo sobre el escenario. O sobre la oportuna tarima. “Futuro Para Mí” mostró entonces un cariz más urbano. Leize fueron construyendo canción a canción, riff tras riff, un set atractivo por diverso. Es algo que se hace notar cuando enfrentan “Mi Lugar”, de aquél “Deriva” de 2019, y de pronto emerge un rock and roll clásico y elemental, con quizá el Lasa más chulesco de todo el set. El siempre inquieto bajista Toño Rodríguez y Lazkano se harían uno en la tarima durante el solo. Alberto P. Velasco, bajista de Dünedain, no perdía ripio desde un lateral del escenario.
“Hundiéndome En La Noche” pondría altas dosis de feeling al set. Del solo aquí se encargó el propio Félix Lasa. Al público se le contagió el buen rollo que se respira entre ellos. También su energía. Toño no paró un solo instante, sudando de lo lindo, dejándose la piel con un único propósito: defender el legado de Leize tal y como se merece. Pero es que además, el de “No Me Da La Gana”, con esa catarsis grupal en la tarima, pudo ser otro de los mejores solos de todo el festival. Ellos pondrían entonces una pizca de calma. Lasa se quiso acordar de quienes han sufrido la devastadora ola de incendios de las semanas anteriores, dedicándoles “A Tu Lado” del ineludible “Buscando… Mirando” de 1989. La gente se desgañitó de lo lindo aquí.
La más reciente “Imparable”, es pura idiosincrasia Leize en forma y letra, pero es “No Podrán” la que entrega una versión más poderosa del cuarteto, inasequible aún al desaliento. El final, no por esperado resulta menos contundente. Y es que quien más quien menos se volvió absolutamente loco cuando enfrentaron cortes como “Sospechoso”, o los emblemáticos “Buscando… Mirando”, “Devorando Las Calles” y “Muros”, con todo el recinto coreando aquello de “Si sobrevives, cuéntame la verdad”. Unos Leize por los que no parece pasar el tiempo. Rejuvenecidos con la entrada de Mikel Lazkano en 2019 y que pasearon su legado sin mácula por el Rockvera. Toda una lección de rock and roll.
El heavy / power metal de Dünedain iba a suponer el broche a esta nueva (y creemos que triunfal) edición del festival. Sin embargo, no iba a ser una cita fácil para ellos. O, por ser más precisos, para su vocalista Nano, quien aparecía el sábado por Corvera con su pierna derecha completamente inmovilizada. Cualquier otro habría cancelado el show. Pero, como quedó demostrado el sábado, Nano no es cualquiera.
Y es que termina la intro y Dünedain irrumpen a revientacalderas en escena con “A Un Paso Del Cielo”. Miguel Arias iba a dar una lección de doble pedal durante toda la noche. Desde luego que no traicionarían su esencia, conduciéndose por caminos tranquilos y reposados. En absoluto. Su power metal brilló en Corvera como nos tiene acostumbrados. Y si bien Nano vio inevitablemente mermados sus movimientos sobre las tablas, ahí estaba el bajista Alberto P. Velasco para recorrerse el escenario de lado a lado sin dejar de buscar la conexión con la gente. “Legado” deja voces agudísimas, marca de la casa, mientras que “Vuela” entregó alguno de los riffs más llamativos de todo el set. La reciente “Fénix”, estrenada el pasado mes de junio, ya apunta a que podría quedarse largo tiempo en su setlist.
La que lleva tiempo instalada en ellos es “1000 Golpes”, a día de hoy su canción con mas reproducciones en su canal de Spotify, y que desde luego no me esperaba a estas alturas del set. Antes de “Unidos” hay un agradecimiento a “la gente que sigue creyendo en el heavy metal”. Es uno de sus cortes más definitorios e idiosincráticos, pero también un pequeño soplo de aire fresco en un set sustentado, en gran parte, por sus cortes más trotones y rotundos. Buenos solos doblados de Tony Delgado y Mariano Sánchez aquí. Detalle de buen jugador el no querer olvidarse del resto de bandas del cartel. Para ellos fue “La Misma Canción”. Y es que, al final y diferencias estilísticas al margen, estamos todos en el mismo barco.
Pero yo sufría cada vez que el lesionado Nano se subía a la tarima. El frontman fue todo esfuerzo y pundonor en la noche del sábado y de justos es insistir. Ellos encararon la recta final, ya con un calor cercano al agobio en el Llar, pero sin dejarse un ápice de energía por el camino. “Mi Alma Sigue En Pie”, como es natural, recordó a los Dünedain más pretéritos, pero es “Tu Sueño” la que pone a saltar al público del Rockvera. Eran muchas las horas que el equipo de Heavy Metal Brigade llevaba al pie del cañón. Pero cómo abandonar cuando uno ve los esfuerzos de Nano por sacar adelante el set. El empuje de la gente. Los puños al viento…
En “Por Los Siglos” hubo un pequeño agradecimiento al bueno de Jorge Sanz (Monasthyr), y la banda encaró la recta final con “Corazón De Invierno”, poniendo el broche a un nuevo Rockvera cuando faltaban cinco para las dos de la madrugada. Bastante bien considerando las circunstancias en las que habían acudido a la cita.
Y qué cita. Da gusto ver que se montan iniciativas como esta y ver cómo el público responde. Es un festival ya con solera y se nota. Los fallos, que los hubo y son inevitables, apenas alcanzaron el rango de meras anécdotas. Una propuesta gratuita, de baldre, siempre preocupada de ofrecer un cartel diverso y atractivo. Una jornada en la que te cruzas con mucha buena gente y en la que resulta físicamente imposible tener un rato para saludarles a todos. Vaya desde aquí el abrazo para todos.
También, como es obligado, para una organización que de nuevo nos trató seguramente mejor de lo que nos merecemos. Siempre es un placer sumar a causas como esta, aunque sea con una humilde crónica como la que tenéis ante vuestros ojos. Si el festival mantiene intacto el espíritu que le ha hecho grande, por nosotros no va a quedar. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Vuelta a los orígenes, tal cual rezaba el leit motiv de esta nueva edición del festival Unirock. El evento regresaba a su ubicación original, en la explanada del puerto, y recuperaba así parte de su encanto, de su identidad. Amén de una jornada previa copada por actividades para los más pequeños y el habitual programa de radio, el sábado arrancaba con la clásica sesión vermú de Blister y el idiosincrático Tributo Al Rock. El broche de oro lo ponía un cartel que juntaba este 2025 a La Mørgue, Blues & Decker, Rage y Barón Rojo, una vieja aspiración de la organización y que finalmente se materializó el pasado fin de semana.
Con Miguel Rubio como avanzadilla para ser testigo de las evoluciones de esta nueva encarnación de Blister arrancaba la jornada de sábado. Con retraso sobre la hora prevista, en torno a la una menos veinte, comenzaba una actuación que como ya viene siendo habitual, pues no son pocos los Unirock que llevan a sus espaldas, sería la encargada de calentar motores antes de los platos fuertes del festival. No siempre es fácil la tarea de abrir un evento de estas características y más aún tratándose de una sesión vermú pero eso no amilanó en absoluto a la experimentada banda que iba recibiendo con sus clásicos del rock de todos los tiempos el incesante goteo de asistentes que se acercaba al parque del muelle.
Contaban en esta ocasión con el impagable apoyo de Pablo García (Warcry) completamente integrado en la formación y repartiendo solos y carreras por el escenario sin parar. Como me confesaría después del bolo, disfrutó mucho sobre las tablas, al igual que el resto de componentes, y eso se transmitió a la cada vez más nutrida audiencia. Con un repertorio cargado de himnos atemporales de Whitesnake, Deep Purple o Led Zeppelin entre otros, llegaría uno de los momentos más especiales del set. “Crazy Train” del añorado OzzyOsbourne sería presentado por Pablo agradeciendo y recordando al tristemente fallecido vocalista. “Sin él y Black Sabbath no existiría Warcry”, proclamó antes de arrancar.
El sonido, salvo un pequeño percance que dejo a media banda en silencio durante unos minutos, fue espectacular, como no podía ser de otra manera contando con Dani Dynamita al timón. No faltaron los cabezudos del festival. Janis Joplin, Tina Turner, Lemmy, John Lennon y Freddie Mercury hicieron su aparición al ritmo del “Walking By Myself” que inmortalizara Gary Moore. Encararon la parte final de su extensa actuación, más de dos horas, con “The Final Countdown” y una versión muy especial del “Paradise City” de los angelinos Guns N’ Roses, acompañados para la ocasión por el incombustible Dani Dynamita. Poniendo así el broche a una actuación que hizo disfrutar y sirvió de aperitivo (o vermú) perfecto para lo que estaba por llegar.
Cambio de tercio en la tarde, tributo al rock mediante. Rigurosamente puntuales, La Mørgue hacían suyo el escenario para derrochar tres cuartos de hora de su habitual mezcolanza de punk, psychobilly y hardcore. El quinteto desplegó altas dosis de energía y buen rollo. Y Reichel Machinee no quiso olvidarse de pedir un brindis por el Unirock y su gente. La también voz de Ochobre está dando una gran versión de sí misma durante “Monstruo En Mi Habitación”. La gente respondió en consecuencia. Mucho movimiento en primeras filas y un sonido que resultó todo lo nítido y diáfano que cabía esperar. No fallaron los técnicos a la formación astur.
“Hemos venido a celebrar la vida”, afirmó Reichel. Y qué mejor para ello que otro de sus cortes definitorios, “Nación Swingcore”. En “Barco Fantasma” incluso vimos sendos pogos entre un público con no pocas ganas de fiesta. Cierto es que eran horas aún tempranas como para estar dormidos pero el tipo de música que hacen y la forma en que la despliegan sobre las tablas, de seguro reviven al mas pintado. Y aunque no desarrollen el tipo de música que más acostumbro a escuchar, siempre es un placer encontrárselos.
Pasaban quince de las nueve cuando suena la (muy épica) intro que habría de dar el pistoletazo de salida al show de Barón Rojo. O, al menos, esa era la intención de los legendarios hermanos de Castro. Un inconveniente de última hora con el inalámbrico de Armando, por un momento, amenazó con arruinar el set. Se mascaba la tragedia, diría aquél, y quien más quien menos se temió lo peor. Y, sin embargo, cuando todo reconduce y finalmente atacan “Los Desertores Del Rock”, todo parece estar donde debe. El sonido desde luego está a la altura pero ya desde estos primeros compases llama la atención no tanto el rictus serio como la cierta quietud de Carlos De Castro sobre las tablas, en comparación con un Armando mucho más activo e incluso risueño, aún a pesar del accidentado arranque. Quizá no me esperaba algo como “Fugitivo”, de aquél irregular “Arma Secreta” de 1997, pero le sirvió a Rafa Díaz para desfogarse con el doble bombo. Por su parte, José Luis Morán al bajo, no dejó de moverse y animar a la buena gente del Unirock a lo largo de la noche. Y es que todo suma…
… pero de justos es reconocer que Barón Rojo llevan tiempo adoleciendo la falta de un vocalista de ciertas garantías que defienda este repertorio como se merece. O no. Porque Puerto De Vega gritó y se desgañitó frente a los de Castro hasta sus últimas consecuencias, en un arrebato de pasión y nostalgia de unas solidez y hermandad a prueba de afonías. Es algo que salta ya a la vista (y al oído) en “Hermano Del Rock ‘N’ Roll”, con banda y fans fundidos en un único ser indivisible. Hay un gran solo de Armando en “Incomunicación”. Es él quien carga ahora con buena parte de la faceta solista del Barón, en detrimento de un Carlos más concentrado en tareas vocales y rítmicas. Y puede que “Invulnerable” o “El Baile De Los Malditos” pasaran algo más desapercibidas. Pero cuando Armando enlaza un buen solo de guitarra con el comienzo de “Concierto Para Ellos”, no queda sino poner voz en grito ante tan icónico estribillo. Buen solo de Carlos aquí, por cierto, de los pocos que nos brindó en la jornada del sábado.
De aquí al final y, como suele decirse, todo fue a favor de obra. Un público entregado a la causa y un cancionero inasequible ante el paso del tiempo. En “Botas Sucias” incluso se permiten el lujo de jugar con el “(I Can’t Get No) Satisfaction” de sus satánicas majestades. Un mar de cuernos recibe a “Los Rockeros van Al Infierno”. Armando echó mano aquí del slide para el solo. Tendrían tiempo de insertar un pequeño extracto de “Diosa Razón”, de aquél “Metalmorfosis” de 1983, para volver finalmente al epílogo de “Los Rockeros…”. No fue el único guiño en esta recta final. Por ahí esa pequeña porción del “Another One Bites The Dust” de Queen, que luego redirigen hacia “Cuerdas De Acero”. Carlos, de justos es reconocerlo, llega ya muy justo a una “Hijos De Caín” que recibe, no obstante, una cascada de cariño por parte de la gente. Puede que la garganta del legendario músico madrileño le fallara el pasado sábado, pero desde luego, el público del Unirock no quiso ni por asomo fallarle a él. La ineludible “Resistiré” y el arranque de nostalgia y también de melancolía que supone “Siempre Estás Allí” pusieron el broche final al quien sabe, penúltimo show del cuarteto en nuestra región. Si realmente va a ser así, desde luego no es un mal final, Barón.
Pierde uno la cuenta de las distintas formaciones con las que Peavy Wagner y sus legendarios Rage han pasado por Asturias. La actual, con Vassilios «Lucky» Maniatopoulos en baterías y Jean Bormann en guitarra y coros arribó a Puerto De Vega en perfecto estado de revista. Un power trío que no necesitó más aditamento que un gran telón de fondo para mostrar su mejor versión.
Y es que resulta imposible no dejarse llevar por ellos cuando arremeten con una “Sent By The Devil” en su versión menos sinfónica y más rotunda. Podía ser el primer corte el set, pero Lucky propulsó al trío sin dejarse nada en el tintero. Uno se preguntaba cómo demonios iba el de Bottro a aguantar todo un set a este ritmo. Pero lo hizo. Como no queriendo ser menos que su compañero, Bormann se recorrió de lado a lado el escenario durante la igualmente clásica “Shadow Out Of Time”. Y Wagner, siempre carismático y risueño, mostró un gran estado de voz. Desde hace ya tiempo sin los agudos imposibles de su juventud, pero afianzado en una rango de registros que le sientan como un guante a su particular modo de entender el heavy metal.
Pero no solo de nostalgia vive esta banda. Tiempo hubo de dar a conocer a los más despistados singles de su futuro álbum de estudio. “Solitary Man” pareció aguantar el tipo frente a sus clásicos de siempre. Y “Shadow Out Of Time” mostró en vivo un cariz algo más contemporáneo, con esas voces rasgadas de Bormann y el marcado breakdown final. Era tal el despliegue de fuerza de Lucky tras el kit que su batería acabaría por izar la bandera blanca. Y podría apostar dinero a que no he visto un cambio de bombo más rápido en mis muchos años de ver música en directo. Digno de un pit stop en Fórmula 1. Aplausos desde aquí a quienes lo hicieron posible. Ya con el kit restituido, atacan la reciente revisión de “Straight To Hell”, uno de sus grandes clásicos y que vive ahora una segunda juventud tras su inclusión en la banda sonora del film “Manitou’s Canoe”. Mucha interacción con la gente y Bormann hincando su rodilla en el suelo, en una pose que lleva camino de convertirse en icónica del guitarra alemán.
Otro de los cortes de nuevo cuño, “Freedom”, pareció acogerse a esos infecciosos patrones bombo – caja que tanto y tan buen resultado le han dado a bandas como Battle Beast, mientras que “A New Land”, de aquél “Resurrection Day” de 2021, ya apunta a que podría quedarse en sus sets por largo tiempo. Su estribillo se pega que da gusto y Wagner está fantástico en la traslación al directo de esta línea vocal. Rage en una gran versión, en definitiva. Pero es que luego enlazan dos clásicos irrefutables como “Great Old Ones” (justo cuando cierto guitarrista me comentaba que echaba en falta algún tema del “Soundchaser”) con nada menos que “Black In Mind” y uno cae en la cuenta de la auténtica leyenda del metal que tiene ante sus ojos. Sólidos y carismáticos, nunca fallan.
Jean Bormann probó con el español antes de de “Until I Die”, donde la también voz de Tri State Corner “Lucky” Maniatopoulos acabaría echando el resto tras baterías. Vítores a término y un Wagner cuya garganta parecía no acusar los esfuerzos. Tampoco un Bormann que corría de lado a lado por el escenario del Unirock. En “Refugee” incluso se atreven con un puente reposado que casi roza con las fronteras del reggae. Quedaban dos. “Don’t You Fear The Winter”, sin la que uno ya no entiende conciertos de esta gente, y “Higher Than The Sky” con el habitual juego con el público y con Wagner juntando sus manos para formar un corazón. Una banda que se ha ganado nuestro cariño y respeto a fuerza de mantenerse orgullosamente fieles a sí mismos y ofrecer grandes shows como el del sábado. Volverán y esperamos poder estar allí.
No me canso de decirlo, muy poco grata la tarea de cerrar un festival. La a veces ignominiosa tarea de echar el cierre correspondió esta vez a los asturianos Blues & Decker. Ellos, desde luego, no se arredraron. Era bueno el sonido que emanaba del escenario y mucha la clase que parecían atesorar. Propuesta diferente y original a lo que eventos de este tipo nos tienen acostumbrados más allá de la medianoche. Pero un triunfo para la organización si uno atiende a la mucha gente que se quedó a verles tras el paso por Puerto De Vega de la apisonadora germana Rage.
En lo personal, los disfruté en mayor medida cuando más arrastrados sonaban. Ahí cuando emergen solos nada fugaces, llenos de feeling, ya fueran con slide o con el pie al wah, mientras demostraban tener más clase que una universidad. Sudaron la camiseta, o en este caso, los trajes, y dejaron cumplido testimonio de cuan vibrante y diverso puede ser el buen blues rock. Tuvieron tiempo incluso de presentar temas nuevos, como “Back To The Roots”, y concitaron la atención, en casi rigurosa primera fila, de algún que otro insigne guitar hero de la región. Incluso tendrían tiempo de aupar al escenario a Ángel Lanza, a la sazón padre del guitarra Guzmán, para con su armónica, sumar esfuerzos al cuarteto. Coronaron con un gran duelo solista final y despidieron una nueva edición del festival tal y como se merecía.
O no, porque al Tributo al Rock aún le quedaba alguna bala en la recámara. Nosotros fuimos recogiendo. Fue una jornada un tanto maratoniana para Heavy Metal Brigade, pero ahí estuvimos un fin de semana más al pie del cañón. Porque nos gusta y porque nos divierte, que cantaban Los Ronaldos. Siempre es un placer viajar hasta Puerto De Vega y disfrutar de un evento en un enclave de esos que llaman idílicos y que concita la atención de tanta y tan buena gente. No nos quedó constancia de ningún incidente reseñable. Sí del mucho esfuerzo que la organización lleva a cabo de mañana a madrugada, que aún les quedaba la novedosa jornada vespertina del domingo. Para ellos tiene que ir nuestro agradecimiento un año más. Por el trabajo, por las facilidades y por como todo son brazos abiertos hacia esta humilde casa. Ya estamos esperando volver.
Por nuestra parte nada más. Mandar un saludo a las muchas caras con las que departimos a lo largo de la jornada y vayan buenos deseos para todos. Ya saben: nos vemos en el siguiente.