La primera edición del festival Botillo Rock presenta un cartel más que interesante que reunirá el 19 de julio en la plaza de toros de León a un platel de lujo compuesto por EL DROGAS, LA FUGA, SAUROM, MALAPUTA, ROCK CON Ñ y DRY RIVER.
ACTUALIZACIÓN: La organización asegura que el evento se llevará a cabo en una fecha que se anunciará muy con algunos cambios en el cartel que mantendrán el nivel original. Las entradas adquiridas siguen teniendo validez y traerán consigo un pase front stage para todas los que han confiado en esta primera edición del festival.
Gijón acogerá por segunda vez el In Edit, el festival de cine documental musical más importante del mundo. Del 15 al 18 de mayo la programación que reúne estrenos, producciones internacionales y encuentros con directores consolidando a Gijón como la única sede en España tras Barcelona, que acoge de forma exclusiva el festival. Nacido en Barcelona en el año 2003 se ha convertido en referencia mundial del cine documental música con ediciones en Países Bajos, EE.UU., Perú, Colombia, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Portugal, Alemania, Holanda, Francia, Alemania o Grecia, exportando una fórmula que combina música, cine y cultura. Con sede en la Escuela de Comercio y el Centro Cultural Antiguo Instituto Jovellanos las proyecciones tendrán carácter gratuito previa reserva en la web oficial del festival: https://es.in-edit.org/gijon/
La programación arrancará el jueves 15 de mayo con el estreno en Asturias de la segunda proyección en su historia de «Sólo Pienso En Ti«, documental inspirado en la icónica canción de Víctor Manuely dirigido por Hugo de la Riva que narra la historia de amor entre Mariluz y Antonio, dos personas con discapacidad que desafiaron los estigmas sociales para construir una vida juntos.
El viernes llegará el turno para el mejor documental musical internacional del la pasada edición del In-Edit. “Soundtrack To A Coup D’État”, del cineasta belga Johan Grimonprez, quien a través de una narrativa visual poderosa y una banda sonora cuidadosamente seleccionada, investiga el papel de Estados Unidos en el golpe de estado en el Congo en 1960 y el asesinato de Patrice Lumumba, al tiempo que reflexiona sobre el uso de la música como forma de resistencia y denuncia. También el viernes se proyectará “This Is A Film About The Black Keys”, documento visual dirigido por Jeff Dupre. Una mirada íntima y electrizante de la trayectoria de The Black Keys, icónico dúo de rock estadounidense formado por Dan Auerbach y Patrick Carney.
Un recorrido por los orígenes de la banda en Akron (Ohio), sus primeros discos grabados en sótanos y su meteórico ascenso a la fama mundial, a través de material inédito, entrevistas y el retrato humano de sus protagonistas.
El sábado 17 de mayo la programación arrancará al mediodía con “Scream Of My Blood: A Gogol Bordello Story”. Dirigido por Nate Pommer y Eric Weinrib, ofrece un retrato visceral y político del líder de Gogol Bordello, Eugene Hütz, así como del recorrido de la banda a través de dos décadas de música, activismo y revolución cultural. En la tarde el turno será para la proyección de «Mogwai: If The Stars Had A Sound«, inmersión cinematográfica en el universo sonoro y emocional de Mogwai, la influyente banda escocesa de post-rock. La jornada la cerrará «The Stones and Brian Jones«, exploración sobre Brian Jones, figura enigmática y fundamental, fundador de The Rolling Stones, cuya vida estuvo marcada por el talento, la rebeldía y la tragedia. Una reflexión sobre el precio del genio y las tensiones internas que marcaron los inicios de una de las bandas más grandes de la historia del rock.
El cierre dominical estará protagonizado por «Elis y Tom: Había Que Ser Contigo«, homenaje a la legendaria colaboración entre la cantante brasileña Elis Regina y el pianista estadounidense Tom Jobim, dos de los artistas más influyentes de la música popular brasileña. El festival contará además con dos sesiones DJ’s en horario de vermut dirigidas por los DJ’s gijoneses Kairos y Antón Arrieta en el Zephyr Bar.
Segundo round del Vidiago Rock, éste con las descargas de Grippers, Weak, The Wizards, The Movement y Aneuma. Jornada sabatina que incrementó el número de fieles y vino a desarrollarse sin grandes percances excepto por el hecho de que, por una vez y sin que sirva de precedente, llegamos tarde al recinto. Para cuando atravesamos la puerta, arriba del escenario encontramos al cuarteto punk madrileño Grippers. Un punk el suyo muy a la británica, o quizá me sugestione la camiseta de GBH que lucía la bajista y voz Rachel, que pareció hacer las delicias de eso que antes llamaban “el respetable”.
En el poco rato que les pudimos ver me gustó esa actitud, tan inherente al género, pero también la energía que derrocharon. Qué mejor manera de arrancar la tarde del sábado, aún cuando la suya es una propuesta bastante alejada de la música que tengo por costumbre escuchar. Me agradaron lo suficiente como para esperar un encuentro en mejores condiciones en un futuro. ¡Prometo hacer los deberes!
De la capital del estado venían también los chicos de Weak. El suyo resultó un punk más a la americana, teñido por una cierta melancolía en sus líneas de voz, y que en cierto modo vino a contrastar con el sus convecinos. Las propias Grippers disfrutaban del set en primera fila. Lo cierto es que en lo que a mí respecta, me costó conectar con la banda. No así a un Vidiago que dispensó movimiento y buenos bailes al cuarteto. Pero al final no es el suyo el estilo al que más acostumbrado tengo el oído y se notó.
Hay cortes con una pizca más de nervio. El sonido, enlazando con la jornada del viernes, no pudo ser mejor. Lo cierto es que la banda irrumpió bien engrasada por la localidad llanisca. Y a falta de convencer a los miembros de esta casa, ya digo que una buena porción del público disfrutó de lo lindo con ellos. Supieron mantener mi atención pero, sin que ello vaya en menoscabo de sus esfuerzos, es cierto que fueron poco a poco perdiendo parte de mi interés.
Si lo que importa es la costumbre, es cierto que el oído está más habituado al particular heavy metal de los vascos The Wizards y su fantástico “The Exit Garden” del pasado año (reseña). Era nuestro tercer encuentro con ellos desde la edición del álbum en cuestión y los bilbaínos desde luego no decepcionaron.
Y fíjate que en las primeras estrofas de la inicial “The Exit Garden” vi algo justo de voz a Ian Mason. La banda que comanda, no obstante, estaba tan engrasada como se esperaba. Las SG de George Dee y Phil The Pain, el Rickenbaker de Count Baraka, todo viene a casar con la impronta retro (vintage que se dice ahora) del quinteto. Y ellos, a bordo de uno de los mejores sonidos de todo el fin de semana, supieron saciar nuestra sed. “Full Moon In Scorpio”, de hecho, extrae su mejor versión en lo técnico. Su inequívoco cambio de ritmo cayó de pie en Vidiago. Hubo moderado movimiento entre la gente. A algunos les costó entrar en calor.
No así un Mason que fue mejorando prestaciones con el correr de los temas. De hecho para “Oniros” diría que está dando una versión más que óptima de sí mismo. Su figura siempre inquieta sobre el escenario contrasta con la cierta quietud de sus compañeros. Una quietud que no logra esconder el pedazo de músicos que son. El excelente momento que atraviesan. Aquí tanto el solo primero como el puente más alucinado después brillaron de lo lindo. La banda tuvo tiempo igualmente de recuperar “Curse Of Hecate” de su álbum homónimo de 2015. Y nuestras cabezas se agitaron a placer con la siempre eficaz “Holy Mountain Mind”. Antes Mason había ironizado sobre cual era el mejor equipo de la región (“¡El Caudal!”) y demostrado que no hay audiencia que se le resista.
Pero si hubo un corte que me agradó sobremanera el sábado, ese fue “Crawling Knights”. El inicio tranquilo. El gran trabajo de guitarras que George Dee y Phil The Pain ofrecen después. Todo a bordo de un sonido tan cristalino como potente, cómo crujía el bendito Rickenbaker aquí, donde fue quedando la sensación de que estamos ante una banda llamada a hacer grandes cosas. Lo cierto es que la gente se arrancó por palmas en “Halftones To Eternity”. Y la pareja guitarrera de The Wizards respondió doblándose con una seguridad y un feeling por poco inconmensurables. Era el tramo final del set y Mason, ya descamisado, se vaciaría en consecuencia.
No faltó el ya clásico chascarrillo del propio frontman sobre el merchan y las sustancias de dudosa legalidad, pero tampoco el recuerdo a la organización del Vidiago por haber contado con ellos. Tras la estupenda y siempre vibrante “Equinox Of Fire” pediría el propio vocalista que nos acercáramos, que se venía la última canción del set. Hubo aún un buen solo con el pie al wah en “Calliope (Cosmic Revelations)”. Precisamente en el solo correspondiente a la más pesada “Stardust”, Mason acaba de rodillas ante la pantalla de George Dee. Baja después a ofrecer alcohol a las primeras filas. Sesenta minutos justos de set y una formación que no hizo prisioneros a su paso por Vidiago. Tremendos.
Muchos, puede que una gran mayoría, no éramos conscientes de la que se nos venía encima con el trío danés The Movement. Su estética mod contrasta con el fuerte alma punk de sus canciones. Banda comprometida como pocas, pasó por Vidiago sin dejar a nadie indiferente. Ángel Cueli ya había avisado en la presentación de lo que eran capaces y los chicos, desde luego, no defraudaron.
Lukas Sherfey, guitarra y voces, Alexander Page en baterías y Sebastian Page al bajo forman la inquieta, también comprometida, alineación de los daneses. Y desde el primer momento no dan respiro. Sebastian acompaña en coros, se arrastra por el escenario (las rodilleras eran por algo), salta desde el bombo de la batería, reta al público… fue el punto focal del trío y desde luego que en Vidiago se vació de lo lindo. Por allí se colaron pequeños speechs de Fidel Castro, de Charles Chaplin en “El Gran Dictador”…
Lo efervescencia tanto en lo físico como en lo gestual de Sebastian puede distraer a veces. Lo cierto es que cuando llegó el turno de sacar algo de músculo en cuanto a técnica, Sherfey se destapó con algún que otro solo de mérito. Sudó de lo lindo la voz de The Movement, que no abandonó su look inicial así el sudor cayese en cascada. A buen seguro se les puede acusar de que casi todas su canciones se parezcan, ahí radica su secreto que dirían Los Petersellers, pero en ningún caso de que dejaran hasta su último aliento en Vidiago. Los oés a su país de origen que les dispensó el público al final del set pueden ser el perfecto resumen de lo vivido durante el tiempo que estuvieron sobre el escenario. Una más que grata sorpresa.
Es cierto que les teníamos muy recientes. Pero sola la promesa de algún tema nuevo en su setlist nos convencía de sobra para aguantar en Vidiago hasta las últimas consecuencias. Segundo show con Jane a cargo de las cuatro cuerdas (cinco, a fuerza de ser precisos) y una banda que sigue con la flechita para arriba.
Y que como viene siendo habitual arranca desde la intro para enlazar con “Your Doom”. Esos coros iniciales de Abel, tan esquivos otras veces, sonaron claros y diáfanos en Vidiago. Una vez más el sonido iba a ser redondo, si bien pequeños acoples enturbiaron el correcto desarrollo de los asturianos. Laura, su micrófono esta vez con cable y ya es raro, volvió a mostrar ese carácter verdaderamente volcánico que la caracteriza. Luciendo el mismo emblema con el que terminara hace unas semanas en Gijón (cuánta razón), comandó al quinteto con pulso de veterana. Abel nos mandaría al suelo. Que tiene sentido pues la banda enfrentó luego “Break Out From Hell”.
Tengo la impresión de que “Flesh & Bone” se quedará en sus setlists durante largo tiempo. Su riff se pega como pocos de entre su catálogo. Si además Laura extrae ofrece una interpretación tan dinámica en lo físico, como rotunda en lo vocal, pocos peros caben. La propia frontwoman de origen luarqués pediría entonces luces rojas para “Guide Them To The Light”, de aquél “Venom” que en marzo cumplía su primer año de edad. Y aunque algún acople vino a hacer de las suyas aquí, Borja dibujó otro solo marca de la casa. Dedicada por Laura a Jaime de Burial Records, que había alcanzado la cincuentena durante la semana, “Never Again” extrajo la versión más completa del aparentemente infatigable batería Jorge Rodríguez.
“Fall Apart” deja entonces uno de los gritos más desgarrados que le haya oído a Laura Alfonso. Y fíjate que, a día de hoy, han sido unos cuantos. Desde que inaugurara aquél debut de 2022 uno de los cortes que mejor les funciona en directo. Otro tema apertura, en este caso “Yell To The Sky”, y Jane ya parece como si llevase desde el primer día dentro de la disciplina de Aneuma. En muchas fases del show arrimada a la batería de Jorge, pero siempre segura, risueña incluso, pese al poco tiempo transcurrido desde su entrada en la banda. Y sé que insisto mucho en esto, corriendo el riesgo de ser pesado, pero en una escena cada vez más artificial (o artificiosa), siempre es un gusto encontrar formaciones tan orgánicas como esta.
En “Tear Down The Walls” incluso se permiten el lujo de sacar algo más de pecho en lo que a puro despliegue técnico se refiere. En esto no fallan Abel y Borja. “Chain Reaction” produce efectivamente una reacción, un corte tan sobrado de gancho como efervescente en cuanto a solos. El propio Borja había doblado en coros a Abel aquí. Y hablando de solos, sobrevino entonces el del batería Jorge Rodríguez, quien a solas buscó equilibrar velocidad con un cierto enganche con el público. Regresó la banda al completo para “Circles Of Fire”, otra de esas que parece siempre cae de pie, de nuevo con Borja doblando en coros. Entrado ya el tramo final del set, no se resentía la voz de Laura, aún cuando no era poco el esfuerzo acumulado hasta aquél entonces.
Faltaba un tema apertura, en este caso “Light The Torch Of Strength”, y de nuevo me sorprende el hecho de dejar el que es (hasta la fecha) su corte más violento para el tramo final. Jorge se vació de nuevo y el quinteto ofreció así su cara más letal. Los setlists de Aneuma han ido ganando en diversidad con el paso de los discos y se nota. El final, “Creatures”, incluso produjo algún (tímido) circle pit. Fue el colofón a dos días de buen ambiente y mejor música…
… de nuevo con el equipo de Heavy Metal Brigade presente. A una hora de casa pero como en familia. Muchas caras conocidas, arriba y abajo del escenario, y unos cuantos nuevos recuerdos en la memoria. Un festival con un ambiente casi familiar, que tiene muy claro que en la variedad está el gusto y que supo escoger propuestas que abarcaron desde el punk al heavy metal pasando por el stoner o cualquiera que sea la etiqueta que os parezca correcta para una banda como Aneuma. Salvo tragedia, volveremos en 2026.
Por nuestra parte nada más. Agradecer a la buena gente del Vidiago Rock el trato dispensado a lo largo de ambas jornadas, las facilidades dispuestas en favor de la elaboración de esta crónica y la compañía a la mucha buena gente con la que departimos a lo largo del fin de semana. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
La Asociación Cultural Vidiago Rock desvela los horarios de la XXI edición del festival Vidiago Rock. El evento que tendrá lugar los próximos 2 y 3 de mayo en la localidad llanisca de Vidiago reparte así el tiempo entre las bandas participantes:
Punk rock, metal y stoner serán los sonidos de referencia que harán vibrar Vidiago durante dos jornadas espectaculares. Abono aun disponible a través del siguiente enlace a Entradium: https://entradium.com/es/events/vidiago-rock-festival-vidiago
Primera edición del Breakdown Metal Fest y allí que procesionó el equipo de Heavy Metal Brigade presto a dar cumplida cuenta de las descargas de Chamako Wey!, Nuestroctubre, Absalem y Serrabulho. Cuatro propuestas bien diferenciadas para un menú más que óptimo, amén de un perfecto antídoto a la beatería reinante.
Siempre es un gusto encontrarse con la buena gente de Chamako Wey!. La formación sigue inalterada desde anteriores descargas, lo mismo que ese metal, en efecto fronterizo, y que tanto gusta de confrontar intensidad y groove. Muy firme al doble bombo Mike Jiménez, y fíjate que una vez más enfrentaba los pedales en calcetines. En líneas generales, el sonido en la Lata de Zinc parece mejorar a cada semana que pasamos por allí. Gran labor de Ovana una noche más.
Daniel Larriet no se quiso olvidar de los debidos agradecimientos. Encaró después “Fariseos” con su hosco registro habitual. Inquieto en la medida que lo permitía el coqueto escenario de la Lata de Zinc, haciendo buen uso de esa tarima y animándonos a que fuéramos entrando en calor. Fue un set algo más corto que otras veces pero en el que aún tuvieron tiempo de presentar un corte de nuevo cuño, “La Tempestad”, que desató a los Chamako Wey! más violentos de la jornada. Larriet, de hecho, lo encaró desde alguno de los registros más agrios que le recordamos.
Adri “Mostro” dejaría un buen solo en “Zombie Caníbal”. Fue precisamente su guitarra la que después vino a dar problemas, amenazando con echar por tierra el set de los asturianos. Solventados los problemas, el público respondió con calor a las embestidas del quinteto y, por ahí, supo dar inicio con buen pie al Breakdown Metal Fest. Y es que “Pendejos Fronterizos” rara vez falla en su propósito. Seguimos atentos a sus evoluciones.
Desde Zaragoza nos llegaba el cuarteto de metalcore Nuestroctubre. Su arranque de set posee una violencia tal que casi suena a llamada de atención sobre las posibilidades de la banda. “Muerte Por Defunción” puede dar pinceladas de su sonido pero en ningún caso resumir toda su propuesta. Porque sin salirse de las lindes del género saben construir temas que resultan atractivos por diversos. Su frontman Víctor Iglesias no dudaría en mezclarse entre la gente ya desde los primeros compases de “Irrompible”. Que si había que bailar, preguntó. Aún con eso, lo mejor por su parte fue el amplio abanico de registros que manejó. Yendo desde agudas voces limpias a gritos desgarrados o directamente guturales con toda naturalidad.
La fiesta montada abajo del escenario no distrae de las tremendas líneas de batería que está dejando Axell Valladares. Velocidad y grooves endemoniados casando a la perfección. Hubo un wall of death en la medida en que lo permite una sala como la Lata de Zinc y, por lo general, su propuesta pareció caer de pie en la tarde noche ovetense. Tras los agradecimientos de Víctor Iglesias, la banda desató su cara más melódica a través de “Monedas Sin Cruz”. A pinceladas, fueron dando muestras de ese amplio rango de influencias y sonidos que manejan. Xexu Jerez dejó buenas melodías con su Gibson aquí. Tras el pequeño escarceo con esa cierta calma, llegó el turno de apretar el acelerador y entregar una violentísima “El Camino Del Oriente”. Intensos y descosidos ahora, Iglesias contaría aquí con un buen apoyo en coros del bajista Zankare para un epílogo que de nuevo regresa a contornos más amables.
Al grito de “fuera fascistas de nuestra escena” arremeten con “Entre Los Escombros De Mi Mente”, de nuevo con el frontman perdiéndose entre la gente, lo que vino a multiplicar la algarabía general. Xexu Jerez amagó en un momento dado con redirigir hacia “Killing In The Name Of”, que al final quedó apenas en un fugaz guiño a los angelinos. Sea como fuere, alguno de los breakdowns que trazaron aquí desde luego hicieron honor al nombre del festival. Para el cierre quedó “El Cálculo Exacto”, donde Xexu dibujó alguno de los riffs con más gancho de todo el set. Puede que ciertos speechs de Víctor Iglesias se alargaran un tanto más de la cuenta. Sea como fuere damos fe de que más de uno se quedó con su nombre. Banda a tener muy en cuenta.
De lo bueno por conocer a una banda para la que Asturias es ya una segunda casa. Volvían Absalem a la Lata de Zinc en defensa de “Mortem”, su último Ep, y la gente en la Lata pareció muy por la labor. Porque se prodigan bastante por estas tierras y en este tiempo se han ido ganando su pequeña legión de seguidores. Pero, claro, porque (intro mediante) arrancan con “Charcoal Heart” y pocas veces habrán sonado más compactos. Es esta su cara más desgarrada, ejemplificada en el ambivalente registro de Gin. También la más hábil toda vez uno ve la seguridad con que Mike Gómez encara el solo. Es un tópico decir que toda banda es una familia pero en Absalem uno realmente respira la sensación de verdadera hermandad entre sus miembros. Algo que termina por transmitirse a quienes tienen en frente.
Ellos vuelven a “The Forest”, primera composición de su trayectoria y, como grupo en plena evolución que son, pronto queda clara la distancia entre aquellos iniciáticos Absalem y los actuales. Víctor Villar la remata con un firme blast beat, sonando muy enteros en sus muchos registros. Gin nos dio las gracias por asistir. Y aprovechó para dedicar “Sad Since 1995” a quienes hubieran tenido “una infancia complicada” teniendo que lidiar con “una madre tóxica, un padre ausente, ahora sois más fuertes”. Absalem se adentraron así en una encarnación más sentida y melancólica, con la bajista Carolina García en coros saliendo en apoyo de su compañera. Gin, por su parte, se arrodilló sobre la tarima, miró al frente y terminó alzada en pie uno de los cortes, pienso, capitales para el cuarteto.
La propia Gin tiene razón cuando dice que, al final, la familia de verdad es la que uno elige. Ella está fantástica en los tonos más cristalinos de “Loyal To The Bone”, aún cuando nos había comentado a la tarde que no se veía al cien por cien. A decir verdad todos brillan aquí. Víctor tras baterías y Carolina desde el bajo, Mike con otro buen solo de guitarra y la propia Gin manejándose entre registros sin mayores problemas. Durante el breakdown de “Lord Of The Flies” sucede un animoso circle pit que en cualquier caso no (me) distrajo de la buena labor de Mike con su impecable Solar blanca. “Obscura” siempre me ha dado la sensación de ser una de sus composiciones más redondas. Víctor la enfrenta primero de pie sobre su kit de batería y más adelante firme desde el doble bombo. Cómo conjugaron melodía e intensidad aquí da un poco la medida de la banda que pueden llegar a ser.
Tras los agradecimientos por parte de Gin, llega el turno de “Heads Will Roll”, donde su mayor dependencia de las pregrabaciones se puede excusar en el mayor gancho que despliegan. Al final todo es una cuestión de equilibrio. La gente se arrancó por palmas. Y, a pedido de la también vocalista de Gemtonics, recibió con las linternas de sus móviles la final “Haunted”. Un buen cierre que viene a confirmar que siguen por el camino correcto.
Al primer Breakdown Metal Fest le quedaba una última bala. Los grinders portugueses Serrabulho resultaron algo así como la decantación de los aspectos más escatológicos de Gutalax y su posterior reemplazo por una cierta fascinación por el eurobeat de finales de los los noventa, principios de los dos mil. En lo personal y desde que vi allí mismo a los japoneses Acid Mothers Temple & The Melting Paraiso U.F.O. que no recordaba fiesta semejante. Y de todas maneras lo de aquella noche ni se le acerca a lo acontecido el pasado jueves santo.
De primeras ya llama la atención cómo van vestidos cuando vuelven al escenario tras la prueba de sonido. El bajo con pelusilla de Guilhermino Martins. El recogedor encintado al micrófono de Carlos Guerra. Todo casa con esa visión abierta y desvergonzadamente lúdica del grind en particular y del metal extremo en general. Algo que llega hasta sus líricas, esa inicial “Rest In Piss”, pero que no logra esconder que, en el fondo, son una banda tan sólida como cualquier otra. Comprometida incluso. Porque Guerra no tarda ni cinco segundos en bajar al público e inaugurar el primero de los muchos circle pits que desataron. Apenas destellos de la que se nos venía encima.
Durante las partes más bailongas, esas en las que el clásico “tupa tupa” irrumpe para desatar esa faceta más lúdica, dudaba sobre si estábamos en la Lata de Zinc o en mitad del algún Obscene Extreme. La banda parecía disfrutar de lo lindo y el público del B.M.F. respondió hasta las últimas consecuencias. Pero sería de necios negar que, cuando apretaron el acelerador y buscaron una cierta (mínima) gravedad, sonaron realmente contundentes y sólidos. Lo dije más arriba pero quiero insistir: gran labor de Ovana a los mandos de la Lata. Diría que fue en “B.O.O.B.S.” cuando Guerra pidió a las féminas del público que se animaran a subir al escenario. Ante tal congestión de seres humanos arriba de las tablas, los chicos se las arreglaron como pudieron. Si sus interpretaciones no fueron aquí todo lo precisas que cabía esperar, a quién le importa.
Guilhermino Martins anunció entonces que el próximo tema estaba cantado (que en el caso de Serrabulho viene a ser un decir) en mirandés, un “Grind e Grossa” que a la sazón representaría otro de los momentos de cierto impasse en el set. Por entre el público circularon balones de playa, globos y hasta Krusty el Payaso. A Axl Rose se le saltarían todos los empastes si escuchase la que Serrabulho tenían preparada para “Sweet Grind O’Mine”, revisión claro del “Sweet Child O’ Mine” de Slash y compañía. Guerra acomete la primera estrofa con cierta gravedad, después la segunda a puro gorrineo. Las caras de algunos. Las sonrisas de otros. No creo que nadie quedara indiferente. Ni con esa particular revisión ni tampoco cuando Guerra anuncia que van a hacer el “circle pit romántico”. Dispuso al público por parejas y este respondió en gran número al pedido del cantante. Per se uno de los puntos álgidos del set.
Pero es que no contento con ello, el propio Guerra nos invitó a seguir sus pasos fuera de la sala mientras sus tres compañeros se quedaban sobre el escenario. Quien más quien menos dudó en un primer instante. Justo lo que tardó el frontman en cruzar la puerta y salir por las escaleras hasta el primer piso de la Lata de Zinc, atravesar el parque y llegar hasta el Café Bar Saona para pasmo e incredulidad pura de sus parroquianos. Pensábamos que nos iríamos de vuelta a la sala. Pero no. Vio Guerra a los chicos de Chamako Wey! sentados en una terraza adyacente y allí que nos fuimos a hacerles compañía. Parte de esta excursión fue grabada por el propio Nefta (vídeo) y quedará ya para la posterioridad como uno de los momentos más locos vividos desde que arranqué a escribir para este medio.
A la vuelta a la sala, porque lo mejor es que el show aún no había terminado, a Serrabulho aún les quedaban algunos trucos en el zurrón. El primero ese “quiero cagar y no puedo” (“Quero Cagar e Não Posso”) que repetían insistentemente, con Pelayo, hijo de Kabbrath, emitiendo diversos gruñidos desde el escenario. Aquí Guerra propuso un wall of death pero de culos contra culos. El wall of death a la inversa, podríamos decir. La cosa terminó con una nueva invasión de escenario. Y con la dedicatoria a Krusty, claro, del “Don’t Fuck With Krusty”. Pasaban quince de las doce cuando cesó la fiesta pero, mientras recogían bártulos y demás, nos dejaron con una impagable selección de clásicos: Ace Of Base, Vengaboys y demás gemas del eurobeat más memorable. Un show que, nunca mejor dicho, quedará para los anales (sic) de nuestra vasta mitología conciertil.
Gran primera edición del Breakdown Metal Fest. La fiesta que montaron los portugueses de Serrabulho acapara gran parte de esta crónica, pero sería de necios negar los buenos shows que tanto Chamako Wey! como Nuestroctubre y Absalem habían dejado antes que ellos. Un jueves santo en comandita con unos cuantos correligionarios, metal en cuatro formas bien distintas y el firme deseo de que el festival tire para adelante en el futuro. En jueves santo o cuando sea. Si los idus nos son propicios, allí estaremos.
Por nuestra parte nada más. Agradecer a Breakdown Productions las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, mandar saludos a la mucha buena gente con la que departimos en algún momento dado de la noche y ya saben: nos vemos en el siguiente.
La apertura iba a recaer en los chicos de Sound Of Silence y, por una vez, di gracias a los retrasos (en el reloj, el otro lo llevo de serie) que me permitieron llegar justo a tiempo para “Tensa Calma”. Este arranque ya deja claro que ni el entorno ni lo diverso del paisanaje iba a hacer mella alguna en su habitual sonido. La banda, que venía de proclamarse vencedora en la semifinal de la W.O.A. Metal Battle Spain celebrada en Corvera, se desfogó como acostumbra. Muy buen sonido, aún en el pequeño escenario Roces, y los habituales chascarrillos de Nefta: “se acabó la hora de la siesta”. Igualmente rotunda, “Nunca Seré Feliz” deja ver sin embargo a un siempre risueño Viti Redondo al bajo. Pero quizá fue “Felices Bajo Tierra” mi favorita de esta parte inicial del set. La incansable pegada de Jorge Rodríguez (Aneuma, Escuela De Odio) tras los parches, Nefta animándonos a apreciar el solo de Rubo o pidiendo que respondiéramos a sus “¡Eh!” mientras echaba en cara a los del fondo que no se sumaran: “me faltan los de atrás, me faltan subgraves”.
Puede parecer que insisto mucho en las anécdotas de Nefta pero ello no va en detrimento del nivel que despliega la actual formación. Al contrario. Sea cual sea el escenario y las circunstancias que les rodean, parece que esta gente siempre cumple. Máxime cuando se atreven a tirar de nostalgia y recuperan (si no me equivoco) “Sacrificio De Una Vida Atormentada” de aquél álbum de 2009 “El Funeral De Las 10 Almas”. El doble bombo de Jorge Rodríguez volvía a marcar el camino y lo cierto es que la gente se implicó de lo lindo aquí. Llegó entonces el turno para una de mis favoritas (no me escondo) como es “Océano De Traición”, que vio como Rubo acometía de rodillas el primer puente y se destapaba con un solo, a puro tapping, más adelante. La sensación que fue quedando es la de que venían con los deberes bien hechos.
No quiso Nefta olvidarse de los debidos agradecimientos. Y, de paso, coger un poco de aliento. Que si queríamos “otro poco de heavy metal”, preguntó, para después acometer las primeras estrofas de “Un Nuevo Ano… checer” (sic) en tonos agudísimos para sorpresa nuestra y disfrute de un Viti Redondo que se deshacía en carcajadas a su lado. El caso es que, juegos con el registro de Nefta al margen, Nague y Rubo brillan aquí. Primero doblándose con habilidad y después siendo Rubo quien deje otro estupendo solo de guitarra. En “Viendo Al Cielo Llorar”, que bien podría ser un resumen de las dos jornadas vividas en La Felguera, su cara más melódica empastó con la más rotunda y grave. Hubo una llamada al circle pit. “Esas melenas al viento, esas tachuelas en el corazón” exclamaba de nuevo irónico Nefta. Los tres hachas de la banda se reunieron en curioso círculo (¿o triángulo?) aquí y el inquieto vocalista no perdió la ocasión de volver a pasar entre las piernas de Redondo ni tampoco de bajar a mezclarse con la gente.
“Densa Niebla” puso fin al tormento de los herejes, también llamados vecinos y casuals, que con o contra su voluntad vieron cómo el ciclón asturiano de nuevo hizo honor a su leyenda. Dice mucho de ellos, además, que dejaran para este cierre un corte de arranque tan violento e inmisericorde como este, lo que permitió a Jorge Rodríguez dar otra lección de pegada y en especial de resistencia. Sensacionales.
Los Bárcenas, qué duda cabe, son un animal bien diferente a Sound of Silence. Banda de versiones que, bajo el paraguas del punk más americano (con matices), hace las delicias de cualquier fan del género. A priori no pensé que me engancharía a su propuesta. Pero cuando de pronto disparan el “Ecuador” de Sash! (el latazo que diste aquél año, niño, ni olvido ni perdón) uno de pronto entiende que se viene tremenda fiesta. Héctor García, voz del combo, le agradecería a Nefta el haberles dejado la “Tarima Of Silence”. Chascarrillo que repetiría unas cuantas veces a lo largo del show. Como el de llamar al festival de distintas maneras (“fican, ficas, ficaa…”). Jugando con el inglés, a mí se me ocurría “Fican’t”.
Pero volviendo a lo estrictamente musical, Nacho Martínez, que fuera integrante de Maverick, rompió una de las cuerdas de su guitarra muy al comienzo del set. Ante la tesitura, la banda optó por tirar para adelante con una sola guitarra. A fuerza de ser sinceros, reconozco que algunas de sus versiones me eran completamente ajenas. Pero cuando Nacho soluciona el percance con la cuerda e irrumpen clásicos como “Should I Stay or Should I Go” (The Clash), el cerebro hace clic y me cuesta nada y menos subirme al carro. “Os juro por dios que no ensayamos nunca. Pero pa’ esti nos juntamos… y salió mal” ironizaba entonces Héctor García. “Ahora va una pa’ Donald Trump”, que no fue otra que “American Idiot” de Green Day. Con mucho una de las mejor recibidas. El vocalista le dedicaría entonces “She”, también del trío de Rodeo, a Rebe (si mis notas no me engañan) porque “hace un año empezó algo muy bonito” .
Que si habíamos jugado al Fifa 98, preguntó entonces García. Y acometió “Song 2”, aquella broma que Damon Albarn compuso en apenas quince minutos a modo de mofa del movimiento grunge y que, casualmente, acabaría convertida en uno de sus mayores hitazos. Lo que es este negocio, chico, no te lo acabas nunca de creer. Para “God Save The Queen” hubo incluso un espontáneo muy Kinki. También mucha fiesta, que iría a más toda vez Los Bárcenas disparan una curiosa versión del “The Kids Aren’t Alright” de Offspring y proceden a interpretarla después con Héctor perdido entre la gente. Aún con todas las reservas que a uno le puedan producir las bandas tributo, o las bandas de versiones como es el caso, tremendo fiestón el que montaron.
Como quiera que tenía muy recientes a los chicos de Söax, tocó hacer su poco de turisteo y socialización por las calles de La Felguera. El rock and roll también es esto, aunque sea de vez en cuando. A nuestro regreso al recinto lo primero que llama mi atención es ver a Iris deIndocentes al comando de la batería. Con una tablet donde (deduzco) podía leer las distintas partituras, soportó el peso de la banda con la seguridad que dan los buenos músicos. Y ella lo es, desde luego. Para cuando nos cobijamos bajo la amplia carpa del Escenariu Revibeer, Adrián Muñiz enfrentaba “Béla Tar” con su habitual efusividad en lo gestual. Aquí dejaban patente su cara más alternativa, cerrada por el propio vocalista a puro desgarro. Al igual que aquella noche en la Telva, no faltó el recuerdo a The Beatles (“Come Together”) ni tampoco una de sus composiciones más recientes como es “Agradecidos”. Estupendos detalles de Juan Bertrand a la guitarra aquí.
En honor a la verdad hay que decir que los parroquianos del festival siguieron las evoluciones de Söax con cierta distancia. Lo que no quita para que servidor disfrutase con esa cara más socarrona, también más reivindicativa (a su manera) de “Gasolina”, con el alma mater del proyecto Ramón Prada alternando bajo y teclas. Volverían de nuevo a jugar con lo tonal y ofrecer una cara más seria gracias a la revisión de “Frente A Frente”, composición original de Manuel Alejandro. Un fino y acomodado solo de Bertrand adornó una parte final en la que Muñiz, inalámbrico mediante, bajó a mezclarse con la gente. Aún tuvieron tiempo de entregar algún corte de nuevo cuño, agradecer a Iris Martínez el haberles salvado el bolo, reinventar “Bubbles” de Biffy Clyro con Muñiz de nuevo abajo o cerrar con la siempre eficaz “Cuento”. Pocas sorpresas más allá del reemplazo en baterías. Como dije al comienzo los tenía muy recientes, pero me agradaron igualmente.
Para Onza, claro, la expectación era máxima. Mucha gente, en su gran mayoría muy joven se arrimó al Escenario Revibeer presta a disfrutar de Pepo Martínez y su nueva banda. En honor a la verdad hay que decir que el suyo no es el tipo de música que acostumbro a escuchar. También que en este segundo encuentro con ellos, siendo el primero aquél en tierras corveranas (crónica) parecí entender mejor su propuesta.
La gente llevó en volandas al quinteto desde el minuto uno, algo a lo que ayudó el fantástico sonido del que disfrutaron. El arranque es demoledor. O, al menos, testimonio de la cara más nerviosa del proyecto. Algo que atempera el mayor poso melódico de “Lo Que Arde”. Pepo, la gorra y la camiseta por dentro del pantalón, dio una lección de cómo comunicar con la gente. También de como alternar entre registros sin ataduras ni dobleces. De su desempeño el sábado caben pocas dudas. En plena forma. Con “Sin Miedo” quedó claro que la gente había hecho bien sus deberes. Efusividad a la que hay que sumar la infatigable labor coral de Javi y Faisán, batería y bajista respectivamente.
En “Destierro” Pepo aprovecha para comentar una pequeña anécdota sobre su último paso por la capital del reino, cuando preguntó cuántos tenían abuelos en el pueblo y en la sala poco menos que se hizo el silencio. Huelga decir que en La Felguera no fue el caso ni con la pregunta ni tampoco con esos Onza de nuevo más rotundos que aparecieron. A mitad de “Limpajumar” nos quedaríamos sin sonido por PA, siendo éste junto con los problemas de Pepo con los in ears (“para un día que no cargo yo la furgo me dejo los míos en casa) serían los únicos percances reseñables del set. Pepo tendrá su propia interpretación de “El Duelo”, que para eso es su creación. Pero uno no puede por más que interpretar esta letra como una puerta abierta a una futura e hipotética reunión de Desakato. Lo cierto es que abajo generó una sensación muy bonita y también muy intensa. La gente se lo estaba pasando de lo lindo.
El propio vocalista no perdió la oportunidad de saludar a una fan con un tatuaje de la banda en su brazo. Fue antes de una “Lucha Interior” donde me fue quedando la sensación de que este segundo encuentro con ellos entendí en mejor medida su propuesta. Tuvieron además el detalle de recordar al País Punk Rock del día anterior previo paso a revisionar a sus compañeros de Misiva y despedirse mientras certificaban su gran momento de forma.
El de Porretas iba a ser el mayor chute de nostalgia del fin de semana. Su descarga, máxime en la localización en que se llevaría a cabo, tan cerca del estadio municipal Ganzábal, sabía a Derrame Rock. De hecho y salvo que mis periodos de alto consumo etílico me jueguen una mala pasada, juraría que mi anterior y último encuentro con ellos fue en otro estadio, en este caso el desaparecido Carlos Tartiere de Oviedo junto a Siniestro Total. Año 2002.
Lo primero que uno se da cuenta con respecto a la descarga de Onza es cómo la edad media de los presentes ha aumentado de manera más que notable. Y para que luego digan de los mayores, lo que se vio incrementado en igual medida fue el movimiento en primeras filas ya desde las postrimerías del set. “Si Lo Sé Me Meo” sirve como resumen perfecto del modo en que siempre han conjugado crítica social con ese humor tan característico. De toda la vida una de las propuestas más abiertamente lúdicas de nuestro rock and roll. Si además para cuando desgranan “Joder Qué Cruz” el sonido del escenario Revibeer es redondo incluso en primera línea, qué más se puede pedir.
Bode lleva la voz cantante en estos Porretas, secundado desde el bajo de Pajarillo. Y así, perfectamente engrasados y con el ímpetu de unos jovenzuelos, irían desgranando un clásico detrás de otro. No negaré que tomé cierta distancia con el set. Tampoco que casi cada acorde traía recuerdos a mi subconsciente de manera inmediata. Para cuando despliegan “Hortaleza”, las primeras filas son un bullir de pogos, bailes, sonrisas y mucho movimiento. Un movimiento que aún iría a más en “Última Generación”, diría que la mejor celebrada de esta primera mitad del set.
Cómo no, había que recordar la figura del tristemente desaparecido Roberto Mira “Rober”, a su memoria dedicó Bode una muy sentida “Y Aún Arde Madrid”. A término y de manera súbita, un par o tres de voces comenzaron a cantar “¡Puxa Asturies Dixebrá”, cántico al que pronto se sumaron una buena cantidad de parroquianos. Porretas respondieron con una “La Hemos Cagao” que tal vez pasara algo desapercibida. Porque la gente recibió de mejor modo una “Resistiré” que, a estas alturas ya parece más propia del cuarteto que de sus intérpretes originales. Y el garruleo, si es que se le puede llamar así, aún iría a más en “La Del Fúrbol”, en buena medida por el juego que la banda provoca con cada estribillo. Pueden haber pasado más de dos décadas desde el anterior encuentro y aún así uno ve venir desde lejos el tramo final. Inaugura su ya clásico “Popurrí” (“Pongamos Que Hablo De Madrid”, “Diga Qué Le Debo”, “Peligrosa María”, “Insurrección”, “En Blanco y Negro”…), sigue la ineludible “Marihuana” y finiquita la propia “Porretas”. Qué rato más bueno.
Para el final y con el cansancio de ambas jornadas haciendo mella, llegaba el turno de Rat-Zinger. La puesta en escena, esas ratas retroiluminadas a cada lado del escenario, me recordaron inmediatamente al divino crocotauro los chicos de Caedis. Sería ese el único paralelismo con la formación madrileña. Rat-Zinger pusieron el pie a tabla y en el rato que disfrutamos de sus evoluciones no se despegarían de esos ritmos siempre vibrantes y encolerizados. Con todo un Dann Hoyos en guitarras, su punk metalizado (o viceversa) apostamos no dejó indiferente a nadie. Su mezcla de actitud, técnica y velocidad desde luego no cayó en saco roto. Al igual que nos ocurrió con la buena gente de Frakture tras el último Karma Fest, esperamos encontrarnos con Rat-Zinger en condiciones algo más propicias para nosotros.
Y estas serían, a grandes rasgos, nuestras impresiones de cuanto aconteció en las dos jornadas del Festival Internacional de la Cerveza Artesano d’ Asturies. Punk, hardcore, metal, rock alternativo… lo cierto es que fue una oferta lo suficientemente amplia como para permitirnos salir un tanto de nuestra zona de confort. Algo que siempre agradecemos. Confiemos en la vuelta del festival en 2026 y que la lluvia dé una tregua para entonces. Mandar un cariñoso saludo a las buenas gentes con las que nos cruzamos en ambas jornadas y nuestro agradecimiento a la organización del evento por haberlo hecho posible pese a las dificultades.
Por último, fue en las últimas horas del sábado cuando nos enteramos del fallecimiento del gran Alberto Toyos, verdadero emblema de la escena asturiana y figura capital en el amor que mucha gente tiene por la música en esta vieja Asturias. Vaya un sentido recuerdo para él y el mayor de los abrazos a familiares y amigos.