El pasado sábado 29 de noviembre fui al acogedor pub Black Bourbon de León a ver el concierto de los virtuosos guitarristas Diego Sanjorge yJosé Rubio. Siendo sincera, esta crónica la escribo yo, que no soy precisamente una experta en técnicas, tácticas y tecnicismos de guitarras eléctricas, más allá de valorar si lo que escucho me gusta más o menos… Y me gustó, mucho, más de lo que podía imaginar. Claro, que los dos únicos participantes en el evento me lo pusieron muy fácil. Cada uno llevaba su portátil con sus bases pregrabadas, y tocaba en directo su guitarra en variados temas instrumentales. Pero lo hicieron con mucha intensidad, mucha pasión y toda su entrega.
Empezó el joven DIEGO SANJORGE, desconocido para mi hasta ese momento. Después, charlando con él amistosamente en el puesto de merchandising, e investigando un poco, supe que había sido alumno precoz del mismo José Rubio (y visto lo visto, alumno aplicado), y miembro de la banda de PACHO BREA, y después de IRON HUNTER y AD LIBITUM. En esta noche lluviosa, este gallego, treintañero pero ya veterano, venía con su proyecto en solitario, y por eso tocó temas de sus discos “Myth” (2017) y “Oneiromancy” (2022). Después de escuchar sus arpegios rapidísimos y sus variaciones melódicas, me cuesta creer que, como dijo, llevaba tres años sin tocar esos temas. Se notó enseguida su virtuosismo, su amplia formación musical, y su extensa experiencia en los escenarios.
En éste de León, él solo con su guitarra Schecter Hellraiser C7 de 7 cuerdas (no soy experta en guitarras, pero investigo) no dudó en saludarnos, presentar sus temas explicando interesantes detalles de cada uno, y se mostró empático y simpático, muy de agradecer. Supo alternar ritmos muy diferentes en cada canción, mezclando escalas más melódicas y alegres con solos más tenebrosos y oscuros, y, para rematar, nos deleitó con alguna balada de aires celtas, con violines y pianos sonando en la base pregrabada que le acompañaba.
Solo estuvo en las tablas una media hora, pero fue suficiente para convencernos de ir al puesto de merchan a comprar sus discos, y de seguirle a partir de ahora mucho más. Nos gustó y nos convenció.
Y sin mucha pausa le tocó al maestro del primero. Ya conocíamos a JOSÉ RUBIO, que a estas alturas ya no necesita presentación (WARCRY, JOSÉ ANDRËA, URÓBOROS, RONNIE ROMERO, NOVA ERA, etc.), y al que ya hemos visto por León en varias ocasiones, incluso en este mismo formato íntimo y en este mismo Black Bourbon. Esta noche nos daba el último concierto en su gira, en la que presenta su último disco instrumental, “Black Rose” (2023). Y de hecho, era su último concierto del año. Y, como es de esos músicos imparables, ya está pensando en entrar a grabar otra vez, lo cual nos alegra.
De nuevo un solo músico en el escenario, en este caso con dos guitarras: su habitual ESP blanca, con la que hizo casi todo el concierto, y una flamante guitarra naranja, según dijo, recién comprada ese mismo día (aquí me falla la investigación, lo siento). Comenzó con aires celtas, con temas de su disco «Celtic Lands» de 2019 (del que, por cierto, una servidora se llevó la última copia disponible en el merchan), llevándonos a Irlanda con «Shamain» y a Escocia con «The Rampages Of Robin Redcap«. Fue muy de agradecer que el cordobés residente en Galicia nos presentara cada tema detalladamente, diciendo de qué disco salía y qué contaba o representaba cada corte. Eso hizo al ofrecernos más adelante sus «Kelpie’s Song» y «Craigh Na Dum«, del ya mencionado disco, los cortes «Lionheart» o la trepidantemente rítmica «Land Of Terror» (la única en la que usó su guitarra recién comprada), ambas del LP «Forbidden Dreams» (2019), y «Releasing The Beast» (de su disco «Sensations» de 2016), a menudo con arranques suaves que remataban en sonidos más rápidos e intensos.
Además de tocar temas propios, nos deleitó con algunas versiones, perfectamente ejecutadas, de grandes guitarristas de fama mundial, como Michael Schenker («Into The Arena«), Joe Satriani («Satch Boogie«) y el que, sin duda, es uno de sus guitarristas favoritos (y mío también), Gary Moore, de quien no solo tocó «The Loner«, sino que introdujo su tema propio «The Jacket Over The Grave» (precisamente de su último disco, «Black Rose«, el que motivaba esta interesante gira), contándonos la popular leyenda del hombre que conoce a una joven, la lleva a su casa, después la busca y solo encuentra su vieja tumba, y afirmando que el maestro norirlandés había sido su gran inspiración en este tema. Y sin duda, fue su gran maestro, porque Rubio literalmente la interpretó sin fallar una nota ni perder una pizca de pasión, una maravilla.
Hablando de maestría, nos dejó impresionados con el tremendo solo, ¿a modo de improvisación?, cargado de rapidísimas escalas, vibratos, tappings y demás técnicas de guitarra, casi imposibles de escuchar en directo, salvo que te encuentres con un artista de este calibre. Nos contó otra de sus debilidades, la novela oscura, especialmente la de Edgar Allan Poe, para introducir su tema «The Crow» (también del «Black Rose«). Supuestamente el concierto acababa ahí, pero no íbamos a dejar que se fuera tan rápido. Tras responder a la petición de un fan tarareando el estribillo de «Siempre Estás Allí» de Barón Rojo (el único momento vocal de la noche, sin micrófono), nos deleitó con todo un popurrí de solos de canciones mundialmente conocidas, repasando lo más importante de la historia del rock internacional (perdonadme que no recuerde todos, pero sonaron desde AC/DC hasta el ya inevitable final con el «Parisienne Walkways» de Gary Moore y el «Coast To Coast» de Scorpions, pasando por Iron Maiden, Judas Priest, Deep Purple y varios más). Parecía no tener fin, y nosotros estábamos disfrutando al máximo.
Pero llegó a su fin, y saludar después a ambos maestros virtuosos y compartir unos minutos de camaradería con ellos fue la guinda de este pastel que tanto nos gustó. Por eso, agradezco a ambos artistas que vinieran a León y se entregaran de esa manera, y les pido que vuelvan pronto. Y por supuesto, agradezco al pub Black Bourbon, especialmente a nuestra querida Patry, su acogedor recibimiento y todas las facilidades. Así da gusto.
El guitarrista cordobés José Rubio afrontará el próximo sábado 29 de noviembre en la Black Bourbon leonesa una de las últimas fechas de la presentación en vivo de su último trabajo instrumental «Black Rose» editado allá por 2023 vía Demons Records y del que dimos cumplida reseña en su momento. Como artista invitado contará con el guitarrista gallego Diego Sanjorge.
Con apertura de puertas a las 21:30 horas e inicio a las 22 horas, la entrada anticipada tiene un coste de 10€ a través del siguiente enlace:
A través del siguiente comunicado Saratoga anuncia el adiós definitivo de Jero Ramiro a la banda tras el concierto que la banda ofrecerá el 10 de enero de 2026 en Las Ventas (Madrid). Además confirman que el guitarrista peruano Charlie Parra ( Kobra And The Lotus, Fozzy, Kuarantine) será su relevo en la formación madrileña.
Queremos compartir con todos vosotros unas palabras importantes sobre el presente y futuro de la banda. Nuestro guitarrista Jero Ramiro nos ha comunicado hace unos meses querer dejar SARATOGA y no grabar el nuevo disco que tenemos entre manos. El concierto del 10 de enero de 2026 en Las Ventas (Madrid) será el último que realizará con SARATOGA y después de esa fecha, Jero dejará definitivamente la banda.
Respetamos profundamente su decisión, agradeciéndole esta segunda etapa junto a nosotros y deseándole lo mejor tanto en lo personal como en lo profesional. Al mismo tiempo, queremos anunciar con mucha ilusión que Charlie Parra se incorpora como guitarrista oficial de SARATOGA.
Charlie ya forma parte de la banda desde hace años como nuestro guitarrista en América, y ahora llega a España para continuar esta nueva etapa con nosotros. Su calidad, energía y pasión darán una fuerza renovada a nuestra música. Muy pronto os compartiremos más detalles sobre el nuevo disco de estudio que ya estamos grabando y sobre la gira por España y América, donde podréis vivir en directo este futuro cargado de música, fuerza y emoción.
Gracias a tod@s vosotr@s por estar siempre ahí, apoyándonos en cada paso en todos los momentos buenos y malos de la banda. ¡Nos vemos en los escenarios!
Debut en el largo para el guitarrista guipuzcoano Patxi Luque, quien condensa todo su ideario musical en estas diez composiciones con el heavy metal como punto de partida. En comandita con Pedro J. Monje (guitarras rítmicas, baterías, bajos, sintes y arreglos), Alejandro Espinosa (teclados en “Welcome To The Real World”) y Eneko Sagastume, Iban Herzog, Iñaki Munita, Óscar Rodríguez y Mikel Feijoo (coros), este “Love & Hate” que el propio guitarrista se encargó de producir, ha contado con grabación, mezcla y masterización del propio Monge junto a Aitor Ruiz en los Chromacity Studios. Con diseño gráfico de Jan Yrlund (Dark Grove Design), está siendo distribuido a nivel nacional e internacional por SteelOnSteel Distro, distribuidora de Pako Mate.
Atruena la tormenta a modo de bienvenida. “Welcome To The Real World” propone una tranquila intro sintética que la guitarra de Luque se encarga de quebrar en pedazos. Su habilidad con las seis cuerdas inunda un cuidado prólogo y, por ahí, el disco no podría irrumpir con mayor elegancia. Tras esa calma inicial surge todo el espectro metálico de Luque, envuelto en un medio tiempo que, no pocas veces, me recuerda a mis paisanos de Bestia Negra. Larga instrumental para dar la bienvenida un poco a la contra de lo usual en este tipo de álbumes. El bajo crepita bajo una cuidada selección de riffs y Luque rompe camino del final con un llamativo duelo solista para después finiquitar allí donde empezó. Una más que curiosa primera entrega.
Otro riff con gancho, y esta será una tónica durante todo el álbum, es el de “Dejadme Respirar”. Surge aquí el Luque más heavy. Por la velocidad de las baterías primero y la irrupción de su registro después. El músico guipuzcoano aporta una voz aquí que, a ratos, me recuerda al Mille Petrozza de la última etapa de Kreator. Y pienso que ese registro casa muy bien con el tipo de metal vibrante que propone aquí. Algo rácana en lo que al reloj se refiere, tres minutos y medio, se guarda el solo para un epílogo donde éste se funde con los coros. Un tramo final que, siento, bien merecía algo más de desarrollo…
… pero para ello ya están cortes como este “Rollercoaster” que habrá de irse más allá de los seis minutos. Construida desde otro buen riff en su prólogo y adornada por buenos guitarrazos de Luque en el camino hacia las estrofas, puede pasar por una de las composiciones más redondas de todo “Love & Hate”. Patxi pasa aquí al inglés y, particularmente en estrofas, resulta difícil no recordar a los Vhäldemar del propio Monge. Me gustan esas melodías que sitúa bajo el estribillo, también el buen solo que introduce en el corazón mismo de la canción. Se gusta el músico vasco, y hace bien, en una sección final que irrumpe calma para después adquirir un mayor peso. Mucha clase de Luque aquí.
“Siempre Estaré Aquí”, encargada de presentar el disco en sociedad, parte de un metal ahora un tanto más amable y melódico. Un riff sin mayores complicaciones para un corte que parece buscar en todo momento la conexión con el oyente. Luque varía su registro ahora hacia tesituras más limpias, procurando una línea de voz más tendida. Hay algo en estas estrofas que me recuerda a (los siempre infravalorados) Leize. Esta versión ahora mas melódica no quita para que Luque introduzca otro cuidado y eficaz solo de guitarra. Si bien hay alguna estrofa cuya propia construcción me chirría a ratos, un corte más que digno a la hora de amplificar el rango tonal del álbum.
De nuevo instrumental, esta “Love & Hate” que da nombre al debut sirve ahora a un Luque más ampuloso y adornado. Buenos detalles de la producción de Monge aquí, quien de todos modos procura no opacar al guipuzcoano con ese gran andamiaje arreglístico. Patxi Luque por su parte se desquita con algunos solos bien pensados y mejor ejecutados. Nunca demasiado complacientes o fuera de su propio discurso. Entendiendo perfectamente el corte que tiene entre manos y sabiendo operar en favor de éste y no al revés. Será en su tronco central cuando las baterías se aceleren y Luque obre en consecuencia. Pero incluso ahí pienso que el músico vasco ha sabido medir muy bien sus esfuerzos. Estupenda.
Ya de primeras “Hey Crew” parece resultar algo más aventurada y atrevida. Sobre un heavy metal muy 80’s ensambla curiosos coros y un solear que, en este tramo inicial, no me podría recordar más al bueno de Joe Satriani. La sombra de discos como “Surfing With The Alien” o “Flying In A Blue Dream” parece alargada en el músico y compositor vasco. Es camino del puente central que Luque enfrenta alguno de los solos más flamígeros de todo “Love & Hate”, destapando el tarro de las esencias, que diría un clásico, so riesgo de aburrir a los oyentes menos habituados a este tipo de demostraciones (un tanto) ególatras. No conecto del todo, y casi parece un oxímoron, con el aliento que Luque introduce mediado el corte. Estas llamadas a alzar los puños y similares, cuando se producen en grabaciones de estudio, siempre me resultan algo mecánicas y artificiales. Con eso y con todo otro corte que viene a hablar y no precisamente mal de las habilidades solistas de Luque.
“Mi Veneno”, composición más extensa del álbum, inicia desde la más pura calma y vira de nuevo hacia territorios más amables. Luque, claro, exhibe ahora un mayor músculo melódico para un corte que podría aparecer sin tampoco desentonar en un próximo Lion Rock Fest. No me resulta el riff más redondo de todos cuantos se dan cita aquí. Apenas una excusa para que el guipuzcoano seduzca con la candidez inicial de sus solos y sorprenda con el mayor fulgor que esta adquiere conforme discurre por su largo tercio final. El solo final, obra ahora de Monge, se adhiere a ese mismo discurso sin desentonar ni tampoco apabullar. Entendiendo perfectamente el guión y dejando que sus dedos fluyan por el mástil sin mayores excesos. Diría que es la canción que más peso ha ido ganado con el correr de las escuchas.
Con “My Way (Reimagined)” parece regresar el Luque más heavy y vibrante. Que en cierto modo sí, por mucho que un buen número de los solos que el músico plantea en esta enésima instrumental vuelvan a recordar al insigne guitarrista de Westbury. Y aunque siento que hay buenas ideas aquí dentro, plasmadas por Luque con todo rigor y eficacia, tras varias pasadas al tracklist no logro deshacerme de la idea de que es la más discreta de las cinco instrumentales.
Regresa la voz de Luque para la tranquila y sosegada “Mi Sangre (Reimagined)”, de la que destacaría la tendida voz del guitarrista y esos buenos detalles melódicos con los que adorna las primeras estrofas. Escrita al gusto clásico, esto es, con una mayor carga alimentando la primera llegada del estribillo, y subida después a ese mayor peso, Patxi Luque trama en este doble juego otro de los cortes que más ha llamado mi atención. Incluso me atrevería a decir que en ninguna otra canción del disco canta tan bien como aquí. Otra de mis favoritas.
El cierre es para la igualmente tranquila “No Estoy Ahí”. Balada en gran medida acústica con Luque en un formato casi de cantautor, que no dudo exaspere a más de uno. En cualquier caso un pequeño escorzo a modo de reposado y elegante cierre.
El cara a cara entre ambos seres que puede verse en el propio artwork del álbum casi parece representar la lucha entre las instrumentales del disco contra las canciones con voz de este “Love & Hate”. En las primeras Luque demuestra un gran nivel ejecutivo. Hay solos realmente eficaces aquí, brillantes incluso, y una serie de riffs (casi) nunca faltos de gancho. En los temas cantados hay pulsos muy heavies. Sale por ahí el nombre de Vhäldemar, que con Monge a bordo supongo que era algo inevitable. Pero también hay momentos que me recuerdan a nombres ineludibles como Iron Maiden o Judas Priest. También y de manera recurrente Joe Satriani, músico por el que Luque parece profesar indisimulada admiración. Y quién no. En cualquier caso no podemos olvidar que se trata de un debut y, por ahí, uno puede detectar y hasta perdonar ciertos errores de bulto. Estrofas algo forzadas aquí. Alguna canción que se vuelve algo redundante allá. Pero francamente pienso que son los menos, algo que viene a hablar bien del cariño y el cuidado que el guipuzcoano ha puesto en estas diez composiciones. Háganse el favor de escucharlas.
El power trio psicodélico francés Dätcha Mandala regresa a nuestros escenarios para presentar su tercer álbum de estudio «Koda» en una extensa gira estatal con parada en el espacio multidisciplinar Kuivi Almacenes.
La cita asturiana con el trio afincado en Bordeaux tendrá lugar el sábado 1 de marzo con acceso gratuito.
El tour cuenta con la formación madrileña Mr. Goliath, proyecto personal del talentoso guitarrista Pablo Kayadi, como banda invitada. Presentará su nuevo material, continuación de su último álbum “La Era De Piedra” editado en abril del 2022.
Nuevo episodio de la serie de entrevistas obra de nuestro infatigable colaborador Edu Meier a rostros muy reconocibles de nuestra escena. En esta ocasión el protagonista es Titi Muñoz, músico, fotógrafo y multipremiado realizador audiovisual con más de 20 años de experiencia en televisión y producciones cinematográficas. que nos brindará un extenso repaso por sus diferentes trayectorias profesionales.
Edu: Si no te importa Titi me gustaría comenzar por los inicios de tu carrera musical. ¿Cómo y cuándo comenzaste a tocar la guitarra?
Titi: Siempre quise tocar la guitarra y desde muy pequeño siempre pedía para navidades una guitarra eléctrica, cosa que nunca pasó, jajajajaa, pero mi primer contacto con el instrumento fue con unos 7 u 8 años con una guitarra española medio rota que me regalaron mis tíos. Realmente lo que quería era tocar la guitarra eléctrica pero mis padres me dijeron que si aprendía a tocar me comprarían una eléctrica, así que me puse con ello pero como vivíamos a las afueras de Avilés en mi barrio solo había un bar, un «economato” y una iglesia y en el único sitio que daban clases cerca era en la iglesia, así que me apunté. El primer día me enseñaron a tocar “Ay del chiquirritín” cuando llegue a casa les dije a mis padres que no volvía, me preguntaron ¿por qué? y les contesté que aquello no me sonaba a Jimi Hendrix. Unos años más tarde con 15 o 16 años cuando iba al instituto yo era muy mal estudiante y una profesora les aconsejo a mis padres que me castigaran trabajando todo el verano para que supiera lo que era trabajar y apreciara los estudios, así que mi padre me llevo a trabajar con él en las vacaciones de verano hasta que acabé con su paciencia, jajajajajajaa, pero estuve el tiempo suficiente como para poder comprarme mi primera guitarra eléctrica.
Edu: ¿Qué te inspiró a dedicarte a la música?
Titi: Pues mi hermano y yo tuvimos la gran suerte de que a mis padres les gustaba mucho la música y tenían mucho conocimiento musical, mis primeros recuerdos siempre es poniendo y escuchando música, mis padres ya tenían una gran colección de discos y crecimos escuchando Jimi Hendrix, Black Sabbath, Janis Joplin, The Doors, Ten Years After, Canned Heat, The Who y un gran etc. Mis padres siempre comentan que cuando era un bebe dormía fatal y la única forma de dormirme era poniendo un disco de Jimi Hendrix, así que queda claro que fueron mis padres los que me inspiraron a dedicarme a la música, además siempre nos apoyaron y nos ayudaron mucho, cosa que agradezco mucho.
Edu: ¿Qué bandas y guitarristas te influenciaron más al inicio de tu carrera y cómo han moldeado tu estilo?
Titi: Como comenté Jimi Hendrix fue el que me motivó a tocar la guitarra pero lo que hizo que formará mi primera banda por el año 1993 fue un grupo de mi barrio que se llamaban “Crab Louse”, porque hasta aquel momento pensaba que para tocar en una banda había que ser un virtuoso y ellos tocando versiones de Ramones y Nirvana que me hicieron darme cuenta que no había que ser Joe Satriani para tocar en una banda. De aquella escuchaba mucho hardcore, punk y metal, cosas como Gorilla Biscuits, Bad Religion, NOFX, Sepultura, Slayer, Pantera, Brujería, Napalm Death, etc. pero las bandas me más me han influido para hacer Posession fueron Dystopia, His Hero Is Gone y Aclys. Con el tiempo pudimos compartir escenario con las tres bandas.
Edu: Cuéntanos un poco sobre la historia de Posession. ¿Cómo se formó la banda y qué significa para ti haber sido parte de ella?
Titi: Mi hermano y yo habíamos montado una banda de grind paralela a nuestras bandas que teníamos de aquella, mi hermano tocaba en una banda de rapcore que se llamaba “Black Pawn” y yo tocaba en “La Berza Contundente”, cuando ambos proyectos llegaron a su fin, formamos nuevas bandas a finales del año 1997, mi hermano con Xuxo, Pablo García y Javi Soul se juntaron para hacer algo similar a Black Pawn. Navarro, Kitos, Grego, Chávez, Chichi y yo habíamos formado una nueva banda, que si no recuerdo mal se llamaba “Xploit” ensayábamos en Gijón y un día volviendo de ensayar sabía que mi hermano estaba en su local con su nueva banda que se llamaban “Hate”, de aquella nuestro amigo Pablo Culebro me había dejado un disco de una banda que se llamaba de “Dystopia”, estaba flipado con ellos y la voz del cantante era super desgarradora y me pareció impresionante, cuando llegue al local tocaron dos o tres temas para que los escuchara, los temas eran muy cañeros y me gustaron, Soul el cantante hacia tiempo que no iba a ensayar, les dije que tocarán los temas que quería improvisar y cantar como Dino (el cantante de Dystopia) el resultado nos gustó mucho, así que empecé a ensayar con ellos y de paso tocar la guitarra. El estilo que hacíamos era bastante novedoso y extremo para la época y cuando nuestros amigos nos venían a ver ensayar decían que parecía que estábamos poseídos, tres meses mas tarde, en febrero de 1998 nuestro amigo Pablo Culebro nos llamo para tocar con Growing Up y como no teníamos nombre decidimos llamarnos Posesion.
Edu: ¿Cuál ha sido tu experiencia más memorable tocando en vivo con Posession? ¿Alguna anécdota que te gustaría compartir?
Titi: Es difícil escoger una, cuando empezamos la escena era brutal y tengo muy buenos recuerdos de muchos conciertos pero creo que de los conciertos más memorables que dimos fue en Bélgica en el festival “Vort´n Vis “era uno de los festivales más conocidos y míticos de la escena en aquella época, en la actualidad se sigue haciendo y se llama “Ieper Fest”. Anécdotas creo que podría escribir un libro, jajajajaja, la escena era muy underground de aquella y nosotros tocábamos allí donde nos llamaban, no nos importaba las condiciones, nosotros queríamos tocar y pasarlo bien. Generalmente después de los conciertos nos íbamos de fiesta y no solíamos dormir, nos volvíamos para casa del tirón por la mañana, así que te puedes imaginar las aventuras, hemos llegado a dormir en la calle en pleno invierno aunque generalmente dormíamos unas pocas horas en la furgoneta. Recuerdo un concierto en un okupa, creo fue en Donosti, el concierto fue un desfase de la ostia, llegó un momento que había tanta gente en el escenario que vi a mi hermano emerger de una bola de gente que rodaba por el escenario, jajajajajaja, después del concierto estamos bastante cansados y algunos queríamos ir a dormir, el sitio tenía dos plantas, la planta baja era la sala de conciertos y la de arriba era un bar, nos habían dicho que tenían sitio para quedarnos así preguntamos a los organizadores donde podíamos dormir y uno de ellos nos señalo un altillo con unos cuantos colchones llenos de mierda que había encima de la barra del bar, así que decidimos irnos de fiesta. Por ponerte otro ejemplo de las condiciones de los conciertos, recuerdo la primera vez que tocamos en Valencia, después del concierto nos llevaron a piso, nos dieron las llaves y nos dijeron que teníamos la cena preparada en la cocina, cuando llegamos a la cocina había una pota de lentejas y dos gatos comiéndose nuestra cena.
Edu: Sobre tu labor como creador audiovisual. ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar con WarCry en la realización de sus vídeos?
Titi: Hace unos años Víctor y yo nos conocíamos de vista y coincidíamos mucho en el Lúpulo Feroz. Hablábamos de vez en cuando y un día charlando me comento que WarCry tenían muy abandonado el tema de hacer vídeos pero que si algún día hacían un videoclip les apetecía trabajar conmigo, obviamente yo encantado de poder trabajar con ellos pero ahí quedo la cosa. En 2019 anuncia un parón indefinido, cuando me enteré pensé que no iba a tener la oportunidad de trabajar con ellos pero después de la pandemia anuncian se regreso y un nuevo disco “Daimon”. Días más tarde Víctor me llama por teléfono y me comenta que quería hablar conmigo para hacer un videoclip, así que nos reunimos para hablar de la idea para el vídeo de la canción “Solo Sé”. Ahora ya he perdido la cuenta de los vídeos que les he hecho, estoy muy contento y agradecido de poder trabajar con ellos, es una gran experiencia y además son muy buena gente.
Edu: ¿Cuáles son los mayores retos que enfrentas al capturar la energía y la esencia de un concierto en un video?
Titi: El mayor reto es poder capturar yo solo todo tipo de planos y recursos para poder hacer un montaje ágil y con ritmo, llevo cuatro cámaras y tres las coloco por el escenario, una la utilizo yo que no paro de moverme por todo el recinto y el escenario para poder tener diferentes valores de planos, la energía y la esencia la ponen ellos y el público, yo solo solo tengo documentar lo que está sucediendo y estar atento para no perderme los mejores momentos.
Edu: ¿Tienes algún enfoque particular o estilo cuando editas estos videos?
Titi: Para mí es importante que todo vaya al ritmo de la música, tanto los cambios de planos como acciones y movimientos en la imágenes, también intentar compensar la parte instrumental con los recursos durante todo el vídeo.
Edu: ¿Qué aspectos consideras más importantes al realizar estos trabajos?
Titi: Lo más importante son las localizaciones, que cada plano sea como una fotografía con buena composición, iluminación y encuadre.
Edu: Respecto a la nominación Fivoviedo (Festival Internacional de Videoclips de Oviedo). ¿Qué significa esta nominación en tu carrera?
Titi: Las nominaciones siempre son un alegría y son un reconocimiento al trabajo, aunque he de reconocer que no me gustan mucho los festivales, concursos, etc. más que nada porque me ponen muy nervioso pero en el caso de Fivo, me gusta apoyarles por el esfuerzo que hacen en organizar un festival de videoclips, es muy posible que sea el único de España.
Edu: ¿Cómo ha sido trabajar con Avalanch?
Titi: No es la primera vez trabajo con Avalanch, realicé el videoclip de ”El Ángel Caído” y el DVD en directo “Hacia La Luz” cuando formaron “Avalanch All Stars“. Trabajar con ellos ha sido una gran experiencia y una gran responsabilidad, ya que trabajar con grupos de este nivel sabes que el trabajo lo va a ver mucha gente y hay estar a la altura de la banda y de lo que sus fans esperan de ellos. En el caso del videoclip “El Dilema De Los Doses” cuando Alberto Rionda me llamó, me pregunto si se podía hacer algo muy profesional y cinematográfico sin tenerse que ir fuera y tenía muy claro lo que quería hacer ya que todas las escenas están basadas en canciones de Avalanch. En principio iba a ser un videoclip pero toda la idea no iba a encajar en la duración de la canción, así que decidimos hacer cortometraje y cada escena llevará una versión de un tema de Avalanch como banda sonora, se estrenará en el 2025 porque se va a presentar en festivales de cine, como el proyecto se quería hacer para presentar la gira de este año, decidimos hacer un videoclip utilizando algunas imágenes del corto sin desvelar toda la historia y rodamos un playback de la banda en una de las localizaciones del corto para tener una base musical e insertar las imágenes de ficción. Estoy muy agradecido de que hayan decidido trabajar aquí conmigo.
Edu: ¿Qué te hace sentir ser la referencia, como director, de las bandas de metal asturianas?
Titi: Para mí es un orgullo y un placer poder trabajar con todas las bandas que me llaman y quieren trabajar conmigo para realizar sus vídeos, las bandas de metal es algo especial, ya que el estilo es lo que me gusta y más he escucho, aunque creo que es un reto mayor trabajar con estilos que no me gustan tanto, me sacan de mí zona de confort y se aprende mucho más.
Edu: ¿Alguna ronda de contactos de fuera de la región?
Titi: Me llaman muchos grupos de fuera de Asturias, que recuerde he trabajado con grupos de Galicia, León, País Vasco, Valencia, Madrid, Albacete, Aragón.
Edu: ¿Hay aspectos de tu experiencia como músico que influyen en tu trabajo audiovisual?
Titi: Si claro, cuando empecé a estudiar audiovisuales en el año 2000 lo primero que hice fue un videoclip para Posession, lo vieron otros grupos y empezaron a llamarme hasta día de hoy. Hay muchos grupos me comentan que se nota que soy músico, porque en la edición se ven en imagen los instrumentos tiene protagonismo en la canción, también que no se vean los fallos de ejecución y la sincronización del vídeo con la música, eso si no eres músico puede pasar desapercibido.
Edu: ¿Algo reseñable (por si todo esto parece poco a alguien) a lo que tengamos que estar atentos en el futuro?
Titi: Jejejejejejee ahora mismo tengo varios proyectos pero no puedo desvelar nada pero hay que estar atento a mis redes sociales, iré publicando cosas estos meses pero hay una sorpresa para los fans de Posession. Mi amigo Víctor Sauco ha trabajado muchos años en un proyecto que pronto verá la luz, creo que será el adiós que no hemos podido hacer a toda la gente que nos ha seguido y apoyado durante todos los años que hemos estado activos.
Edu: ¿Qué consejo le darías a los jóvenes músicos que están empezando en el mundo del metal o a aquellos interesados en la producción audiovisual?
Titi: Para los músicos decir que las bandas llevan mucho trabajo y que no es solo subirse a un escenario, también hay que ir a tocar a donde sea aunque no se vendan entradas anticipadas, ya que si no sales a tocar no te van a ver y nunca van a hablar de la banda, lo digo por experiencia, nosotros hemos ida a tocar muy lejos para cuatro personas y darlo todo para esa gente, volver al año siguiente y meter más de 300, hay que tirarse a la carretera.
En el tema audiovisual hay que trabajar mucho, como todo para ser bueno hay que dedicarle muchas horas, ver muchos trabajos audiovisuales de directores reconocidos ya sea de cine o de videoclips. Personalmente me fijo mucho en trabajos de animación y videojuegos, son más cinematográficos y si te fijas cada vez hay más películas y series basadas en videojuegos, cuando antes era al revés, se hacían videojuegos de las películas, para mí también es importante estudiar y fijarse en cuadros y fotografías ya que es la base de todo.
Edu: Mirando hacia atrás, ¿hay algo que habrías hecho de manera diferente en tu carrera?
Titi: Seguramente cambiaría muchas cosas aunque he aprendido más de las cosas mal hechas de las que estaban bien, pero cuando estuve estudiando en el Instituto de Radio televisión Española en Madrid y tuve la oportunidad de quedarme a trabajar allí pero decidí volver y trabajar en Asturias. Aunque me va bien aquí y cada vez tengo mas proyectos fuera de Asturias, creo que solo por saber que hubiese pasado si me hubiese quedado a trabajar allí creo que eso sería lo único que cambiaría, tengo amigos que lo hicieron y ahora son grandes directores de series muy conocidas como El Ministerio Del Tiempo, La Casa de Papel y Reina Roja.
Edu: Muchísimas gracias Titi, llevamos varios meses (hablo por todo quisqui porque no creo que me equivoque mucho) viendo todo lo que estás haciendo y es una pasada, tan solo un minuto de uno de tus vídeos te apetece estar allí donde estas poniendo el objetivo.
Titi: Gracias por tus palabras y muchas gracias por el interés, un abrazo!!
Abismo Eternoes el «nuevo» proyecto de Javier A. Vijande, guitarra de Herética Aunque nacido en el año 2015 para dar rienda suelta a su creatividad más oscura a través de letras profundas, sonidos melódicos y temas emocionales, no ha sido hasta este 2024 en que ha visto la luz el primer sencillo de presentación.
Lo que comenzó con un par de maquetas de bajo presupuesto, con el paso del tiempo ha evolucionado su sonido en el estudio, fusionando elementos de heavy metal clásico con influencias más modernas de power metal para imprimir un sonido moderno a través de riffs agresivos, baterías frenéticas y melodías épicas. El disco verá la luz bajo el sello discográfico «El Reino«, obra del propio Vijande. La portada y diseño han corrido a cargo de Ricardo Martinelli.
“Black Rose”, es el quinto y nuevo trabajo instrumental del guitarrista cordobés José Rubio. Un álbum grabado, mezclado y masterizado por el propio músico en los Meigasound Studios, a excepción hecha de las baterías del ex SaratogaAndy C., que vinieron al mundo en los KV62 de la capital del estado. Junto al mencionado batería completan la nómina de participantes José Rubio Jr. también en baterías, Celso Grande y Zoraida Vidal en teclas y Galilea Rubio al bajo. El álbum vio la luz en noviembre del pasado 2023 vía Demons Records.
La elegante calma que inunda el prólogo de “Black Rose” bien podría funcionar como bienvenida de algún disco de power melódico al uso europeo. Me agrada el crescendo que Rubio plantea aquí. La calma que irrumpe tras el mentado prólogo y ese viraje hacia territorios shred a la vez más potentes y reconocibles. Buenos cambios de ritmo adornan la composición mientras el granadino desarrolla todo su buen hacer a las seis cuerdas. Siempre sin olvidarse de trazar un corte atractivo ya desde el papel. Y es que me agrada la forma en que conjuga las partes más reposadas con las más intensas. Soleando sin abusar y manejándose siempre en el territorio del buen gusto. Los fans del metal más convencional se verán igualmente recompensados como ese pulso más power que emerge en su tercio final. Surge ahí el Rubio más heróico, al tiempo que la producción echa el resto en lo que a pegada se refiere. Un gran arranque.
Pianos para la entrada casi misteriosa de “Ghost In The Shadow”. Rubio acompaña en rasgueos que me recuerdan al Alberto Cereijo más liviano al tiempo que construye un prólogo de nuevo elegante y distinguido. El ex WarCry quiebra después esa calma y reconduce hacia un hard / heavy tan firme como clásico. Por trazo, es verdad, no alcanza a sorprender en la forma en que lo hizo el tema título. No obstante, Rubio está más que inspirado a lo largo de la serie de solos que vendrá a disponer aquí. También en cuanto a riffs. Incluso se reserva pequeñas pausas cuyo leitmotiv no parece ser otro que el directo. Y sí, su faceta más puramente guitar hero inunda un tercio final que haría las delicias de todo buen fan de Vinnie Moore. Echo en falta que aquél tono mistérico del prólogo no regrese a la composición en algún momento pero con eso y con todo un corte que disfruto en buena medida.
“The Crow” presentó al disco en sociedad allá por el 31 de octubre. Es otro corte de arranque misterioso y apaciguado, que más tarde virará hacia un hard algo chulesco y que finalmente desarrolla al Rubio más versátil. Aquí cobrará vital importancia una producción que viene a acentuar la vertiente más abiertamente metálica de este “Black Rose”. O a ofrecer el debido apoyo a ese pulso más groove que va y viene a lo largo de la composición. Acierta Rubio aquí a la hora de conjugar los diversos tonos y colores. Y si bien este sigue siendo el disco de un guitarrista, es apreciable la forma en que ha entregado un corte que, aun en su naturaleza instrumental, resuena a esfuerzo colectivo. En gran parte por vivir de algo más que puros guitarrazos. De hecho hay aquí una estupenda línea de batería y un notable trabajo en cuanto a arreglos y producción. Otra de mis favoritas.
“Tears”, una vez más, arrancará desde la más pura calma. De hecho el prólogo, que irá yendo y viniendo a lo largo del corte, me ha recordado a El Altar Del Holocausto, por extraño que pueda parecer. El caso es que Rubio y al contrario que en cortes precedentes, construye desde esa calma una balada puede que menos sorprendente que otros cortes de este “Black Rose”, en gran parte por una duración, tres minutos y medio, algo escueta.
“Piece Of My Soul” rompe con los prólogos tranquilos y sosegados para ofrecer desde el primer segundo la cara más desenfadada y vibrante de un José Rubio que parece disfrutar como niño con juguetes nuevos al tiempo que evoca a los grandes próceres de las seis cuerdas. El riff que sitúa aquí el granadino puede ser fácilmente el más ganchero de todo el disco. Y si bien por construcción y salvo pequeños insertos del bajo Galilea Rubio, resulta menos laberíntica y algo más predecible que otras ofertas semejantes, lo cierto es que mentiría si dijese que no ha sido este el tema que más vueltas ha estado dando por mi cabeza los últimos días.
“The Jacket Over The Grave” parece imbuida del espíritu del mejor Gary Moore. Algo que ya de por sí sería excusa suficiente como para acercarse a esta penúltima entrega del disco. Y si bien Rubio ni es Moore ni lo pretende tampoco, que los paralelismos están ahí resulta, pienso, innegable. Conecto aquí con ese puente desnudo de toda base rítmica y la forma en que la composición irá reconduciendo hacia ese páramo más intenso y encendido del epílogo. Siempre sin traicionar el propio espíritu melancólico y desgastado que el corte arrastra desde el prólogo y logrando por ahí erigirse como otro de los grandes triunfos de este nuevo trabajo.
“Zero”, corte final de “Black Rose” y a la vez entrega más extensa del álbum, diez minutos de nada, se construye desde un prólogo a ratos laberíntico donde la influencia de un tal John Petrucci resulta más que evidente. Quizá no tanta la de los propios Dream Theater o ni siquiera Liquid Tension Experiment, sino más bien los propios discos en solitario del nacido en Kings Park. Hay una fabulosa línea de batería sobre la cual Rubio desarrollará su vertiente más abiertamente progresiva, sin olvidar ni la intensidad del metal más directo ni los arreglos del más pomposo. Más adelante el corte vendrá a recorrer por terrenos más decididamente heavies, a un tiempo derrochando solos de calidad y al otro dejando espacio para el brillo del resto de músicos implicados en la grabación. Hay algo del Vai más loco en la serie de solos que finiquita al puente, seguida por un Rubio que recupera su faceta más shred, y cerrada por las teclas más teatrales del disco. Y mientras que el epílogo nos devuelve al Rubio más a la Petrucci, no puedo evitar pensar que difícilmente te harás con un corte como este en una primera escucha. Exige, sin imponer, toda nuestra atención. Y la recompensa con un trazo ágil, unas ejecuciones a gran nivel y una factura difícilmente reprochable. Un gran cierre.
Para quienes tenemos el talento musical de un zapato, la tarea de composición de obras como esta vive rodeada de una cierta intangibilidad. De misterio incluso. Rubio ha trazado un álbum hábil a la hora de deslizar sus muchas (y pienso que evidentes) influencias sin que estas alcancen nunca a emborronar unas composiciones donde sigue muy presente la personalidad, a tenor de lo oído más diversa que nunca, del músico granadino. De hecho músicos y fans más avezados en guitarristas de todo pelaje que servidor a buen seguro descifrarán muchos nombres más allá de los recurrentes Vai, Satriani, los dos Moore o Petrucci que han acudido prestos a mi subconsciente a través de las distintas escuchas a este más que interesante “Black Rose”. Como digo diverso y a la vez coherente. Bien adornado, mejor producido y cuya mayor pega, para muchos, será su propia naturaleza instrumental. Al resto, buena caza.