Agenda: Nashville Pussy + Leather Boys en Gijón

Nueva parada en nuestros escenarios para los enérgicos Nashville Pussy, la formación liderada por Blaine Cartwright a la voz y su esposa Ruyter Suys a la guitarra. La cita con el combo afincado en Atlanta tendrá lugar el viernes 11 de octubre en la Sala Acapulco de Gijón acompañados por Leather Boys.

Presentarán su último lanzamiento discográfico «Ten Years Of Pussy«, doble recopilatorio editado el pasado mes de julio para conmemorar sus 10 años en el sello SPV.

La última gran banda de rock estadounidense como llegó a calificarlos el gran Lemmy de Motörhead compartirá escenario con Leather Boys que continúan presentando su biografía «Fairy Tales For The Underground» que llega a la segunda edición con la suma de un nuevo capítulo y varias fotos del último año de gira.

Entrada anticipada online 20€ a través del siguiente enlace:
https://entradium.com/events/concierto-nashville-pussy

Venta física en la Librería Paradiso de Gijón y el Bar Route 66 de Avilés.

Agenda: Mojo Thunder en Avilés

Arranca la programación del ciclo de conciertos Factoría Sound para el tercer trimestre del añoy el hard rock vuelve a estar presente. Desde Kentucky Mojo Thunder volverán al escenario de la Factoría Cultural avilesina para presentar su nuevo trabajo de estudio «The Infinite Hope» editado el pasado mes de agosto vía Agelaius Music.

El cuarteto se caracteriza por su aglutinar la intensidad en sus interpretaciones con armonías sureñas dando lugar a un sonido híbrido que denominan «southern alternative«. Un viaje sonoro que transita tanto por el clasicismo sureño aquellos Black Crowes de la época del «Shake Your Money Maker«, el hard rock de The Georgia Satellites o el acercamiento al blues de AC/DC.

Entrada anticipada y bonos disponibles a través del siguiente enlace:
https://uniticket.janto.es/palaciovaldes/public/janto/main.php

Crónica: Valliniello Sound Fest III (Avilés 14/9/2024)

Tercera edición del Valliniello Sound Fest desde el C.E.I.P. Fernández Carbayeda con la participación de las bandas Fer Espina & The Riders, Sacavera, Kinkis Gruñones, Materia Muerta, Servet, Leather Boys, Betty & Barney Hill y Communal Connection. A ellas hay que sumar la sesión vermú con Rock & Rockets y la celebración de la IV Ruta Motera Nocturna “Estrellas Avilés”. En una jornada bajo un sol inclemente pero con un viento que azotó el recinto durante la jornada, Una cita que nos perdimos en su segunda edición, dichosos solapes, y que busca hacerse su hueco dentro de la nutrida oferta festivalera de la región.

Abrieron Fer Espina & The Riders, una banda que se ha hartado a rodar por escenarios de todo pelaje y que vino a dar el pistoletazo de salida a la larga sesión vespertina. Carisma y muchas tablas de las que se rodea Espina, con Dany León en guitarras y Alejandro Blanco en baterías. Gente curtida en mil batallas.

“Vamos a hacer un poquito de rock and roll” proclama la voz del trío y en ello que se enfrascaron pasados escasos minutos de las siete de la tarde. Con Gus Bocanegra y Nefta Vázquez a los mandos del sonido, nos prometíamos una jornada de lo más apacible en este sentido. Inconveniente del viento al margen.

Espina entrega lo mejor de su particular registro en “Todo Está Bien”. León entregó riffs con gancho y la banda fue metiendo en calor al público con toneladas de clase y saber hacer. Salta a la vista cuando León echa mano del slide para “Gong”, renombrada para la ocasión con el nombre del festival y en donde la banda acierta a la hora de buscar la conexión con la gente. No faltó el aplauso para la organización. Tampoco esa “El Ojo Que Todo Lo Ve” que abría y nombraba a su álbum de 2023. Supieron cumplir con la siempre ardua tarea de abrir un festival y la gente se lo pasó bien con ellos. El tercer Valliniello Sound Fest no podía empezar con mejor pie.

Llegaba el turno de Sacavera, una de las grandes incertezas de esta edición del Valliniello, de tanto en cuanto este iba a ser su primer contacto con un escenario. Cuando llenéis el Wizink, recordad quienes estuvimos apoyando desde el primer día. Bromas aparte, había ganas por ver de qué era capaz el trío formado por los ex Automatic Kafka Michell Ardura (guitarra y voz) y Arturo «Will» (batería) junto al bajista Javier González.

Lo cierto es que no era mucha la idea que teníamos de la banda cuando salen a escena. Apenas un pequeño videoclip colgado en su perfil de Youtube. Pero mentiríamos si dijéramos que nos disgustaron. Porque la banda acertó a amalgamar rock urbano y punk con pinceladas de metal y demostró tener las cosas bien claras. Tuve la suerte de contemplar en compañía de cierto teclista las evoluciones de la banda y ambos coincidíamos en que la encarnación en vivo de la banda superaba a lo poco que habíamos escuchado de ellos.

“Esta se la vamos a dedicar a Netanyahu, a ver si se muere de una puta vez”, exclamó Michell como introducción a esa “Que Viene El Lobo” con unos Sacavera perfectamente conjuntados. Que su encarnación en directo mejora con creces al pequeño destello en Youtube es algo que salta al oído cuando la banda enfrenta “Extinción” y uno puede comparar ambas versiones. Y mientras que “Guajes” desliza la cara más árida del trío, éste sorprende con una más que curiosa revisión del “Helter Skelter” de los Beatles. “Que tito McCartney nos perdone” pedía después Michell. Agradecimientos, “La Pieza Del Puzzle” y final de un buen primer bolo para ellos. Son músicos experimentados y se notó. Engancharon con la audiencia pese a lo recentísimo de su nacimiento y, desde aquí, prometemos hacer todo lo posible por estar al quite de sus siguientes pasos.

Llegaba entonces el turno del grupo más Kinki de la región. Sobre la banda de Pablo Zapico (voz), Quilo Zapico (guitarra), Gus Suárez (bajo) y Rodrigo Moy (batería) recaería buena parte del infortunio de esta edición del Valliniello Sound Fest. Y es que parece que no hay concierto, y mucho menos festival, que esté libre de inconvenientes e imprevistos.

De primeras vinieron a cebarse con el bajo de Gus. El instrumento en cuestión se negaba a despertar de la siesta. “Faltaron dos minutos pa’ cancelar”, ironizaba luego Pablo. Puede ser por la propia idiosincrasia de la banda o por el pequeño retraso que se acumuló, pero lo cierto es que su salida con “Solfeo” no pudo ser más rotunda. Unos Kinkis muy gruñones que congregaron a un buen número de correligionarios frente al pequeño escenario móvil del festival.

El propio Pablo Zapico se las prometía muy felices con su inalámbrico. Sucedió entonces que éste vino también a fallar, por lo que tendría que echar mano finalmente del que Gus estaba usando para sus coros. Al final va a ser verdad aquello el “nadie regala nada” que proclama la letra de “Proletarios”. “Pa’ nosotros a veces tocar ye un sacrificio” comentó el vocalista en referencia a ese corte de su primer Ep. Problemas al margen, lo cierto es que la gente se enganchó al cuarteto. Y supo tomarse a broma su versión del “Soy Rebelde” de Jeanette, con la letra adecuadamente morfoseada al imaginario Kinki.

Me agradó sobremanera “Guantazos”, con la banda transitando desde su cara más festiva y socarrona a la más árida para un corte en el que, dio la sensación, pusieron no poco empeño. “Qué vos parez si bailamos un poco”, pregunta Zapico antes de entregarse a la en efecto bailable “Lonely Boy” de The Black Keys. Que me agradó en cierta medida, aunque no tanto como el curioso groove que le insuflaron a “Nordeste”. Muy firme Moy a los parches. Ágil en los momentos más festivos, certero en los más rápidos, propulsó a una banda que dio en todo momento la sensación de estar disfrutando de lo lindo.

El propio Moy arremete con fuerza en una “Frecuencia” que ha ido escalando poco a poco como una de mis favoritas del cuarteto. Zapico bajó aquí a darse su particular baño de masas en la medida en que se lo permitía el cable de su micrófono. O del micrófono de Gus. Su rock punk metalizado arraigó en Valliniello. Ya digo que fue la banda que más público acertó a congregar y, quien más quien menos, disfrutó de buenos cortes finales como “Bipolar” o “Intemperie”. Pero como aseguró Zapico, “dentro de cada alma heavy, de cada alma rockeru, hay un alma festiva”, que precedió al “Ritmo De La Noche” con el que se despedirían. Son una propuesta de lo más peculiar dentro de nuestro ecosistema de bandas y, quizá por ahí lo mucho que enganchan aún a pesar de los problemas. Será por tablas.

Turno entonces para una de las dos propuestas extremas de esta tercera edición, la que trajeron consigo los ribadenses de Materia Muerta. Una furiosa amalgama de hardcore y death metal por donde se imbrican pequeñas trazas punk, ritmos d-beat e incluso algo de crust.

Venían presentando “La Bestia”, largo estrenado allá por el mes de enero (y al que convendría echar una oreja) y ya desde la inicial “Destripador” salta a la vista que los gallegos no vinieron a Valliniello a cumplir el expediente. Ni mucho menos. Nacho, vocalista, tuvo de hecho a bien pasar todo el set entre la gente. Lo digo siempre: virtudes del inalámbrico. Lo cierto es que su death metal de trazas hardcore, o viceversa, cayó de pie entre el público avilesino, que recibió de muy buena gana lo agrio de su propuesta.

Sumó que el propio Nacho no solo pasase todo el show mezclado con la gente sino que se implicara en los distintos circle pits que se sucedieron. “Venimos de Ribadeo y estamos presentado nuestro segundo trabajo”, aseguró sin que su voz denotase en ningún caso el esfuerzo. El de batallar con ese registro tan osco y el de las muchas carreras que se pegó.

Arriba del escenario la banda arremetía segura su nada amable propuesta. En “Muros De Papel” casi parecían un cuarteto de d-beat. Mientras tanto, Nacho le dedicaba “Sueño Eterno” a las víctimas del COVID. Fue la nota melancólica y amarga que marcó un pequeño (y merecido) descanso de la mucha violencia que estaban entregando. Deiviz, de los asturianos Infección, no quiso perderse la fiesta, sumando voces para “Sociedad Programada” como ya hiciera en el último disco de la banda y extrayendo por ahí la vena más punk del momentáneo quinteto. El propio Queipo, guitarra de los gallegos, lucía una camiseta de la banda asturiana. Al final qué no es el punk sino hermandad.

Lo cierto es que fue aquí que hicimos un pequeño alto en la crónica para tomar un tentempié, que ya eran muchas las horas que llevábamos allí y casi otras tantas las que nos quedaban. Para cuando regresamos, Nacho recorría todo el Valliniello Sound Fest como alma que lleva el diablo. Como si le persiguiese un perro con hambre de hueso.

Pero la banda no son solo las correrías de su vocalista. Porque sonaron intensos, a ratos violentos, dando cera casi sin pausa y enganchando con el público en todo momento. Se despidieron, si mis castigados oídos no me engañan, deslizando el breakdown de “Roots Bloody Roots” (Sepultura) y a buen seguro más de un vallinieller se quedó con su copla. Tremendos.

Faltaban veinte para las doce cuando el vocalista Aitor nos recibía con un lacónico “Servet al aparato”. El quinteto venía a inundar Valliniello de buen punk rock y, aunque su música esté fuera de las lindes de lo que solemos tratar en esta casa, lo cierto es que hicieron pasar un buen rato a quienes resistíamos el viento gélido que seguía azotando el recinto.

La banda, con David de Black Panthys Party a cargo de una de las guitarras, entregó un punk cargado de melodía y reivindicación casi en idéntica proporción. Algo que ya deja claro la inicial “La Herida” y que “La Mitad Del Mundo” no hace sino ratificar. Aitor acertaba aquí al buscar al público. Una audiencia algo menguada a aquellas horas pero que supo abrirse de orejas para disfrutar de las bien diferenciadas propuestas que entregaba el cartel.

No faltó un pequeño recordatorio a Nefta Vázquez, que andaba al pie del cañón procurando el mejor de los sonidos para ellos, y en cuyo estudio grabaron un Ep que han ido desgranando en su perfil de bandcamp. Tras los agradecimientos de rigor me agradó el tono social de “Rivière”, con los trastornos del espectro autista como telón de fondo. También “Arquitectura Hostil”. Porque quién no ha visto cómo eso que llaman “sociedad del bienestar” construye sus ciudades antagónicas a las necesidades de los más vulnerables.

En ciertos momentos y dado lo poco panfletario de sus líricas, pensé en aquellos En Diskordia que acompañaron a Chabacanos una semana atrás (crónica). El punk, o al menos el modo en que uno lo entiende, siempre ha de ser ante todo compromiso. Y aunque pueda disfrutar de propuestas más festivas, este verano os hemos traído alguna que otra, lo cierto es que en mayor medida disfruto de propuestas más serias, como era el caso.

Notas En Un Bloc” alude a la falta de relevo en el punk en particular y en el rock en general. Qué os vamos a contar que no sepáis. Estupendos coros del bajista Juan aquí. “Un Final Que No Empezó” puso la última pica del set y se fueron con la satisfacción del deber cumplido.

Al grito de “Leather Boys, qué hijo putas sois” recibió el Valliniello Sound Fest a la banda avilesina. Algo se palpaba en el ambiente que prometía una más de las inclasificables descargas del quinteto. Toda vez han recuperado su formación más habitual, aquí siguen presentando una biografía, “Fairy Tales From The Underground”, de la que seguimos esperando una segunda edición…

Mientras llega, qué mejor que disfrutar del rock despreocupado, desprejuiciado, deslenguado (y podría seguir) de la banda. “Rebirth” marcó el inicio del set. Auténtico emblema «Leather» ya y que apunta a tema apertura de aquí a los restos. La banda, como muy pocas de las muchas veces que les hemos visto, había salido a revientacalderas. Quién sabe si por saberse en casa y con la obligación de agradar o porque, para aquellas horas, ya era mucho el frío que azotaba Valliniello. Enlazando un tema tras otro, pocas veces “Don’t Cheat On Me” ha sonado tan vacilona.

Hedonistas como de costumbre, rockeros de pura cepa, me agradó el toque sucio, casi aguardentoso que le imprimieron al propio “Fairy Tales From The Underground”. Vimos bastante bien de voz a Leather Rose y fíjate que no serían pocas las horas que llevaría en pie para levantar un festival como este. A modo de pequeña confesión podemos contar que nos encontramos con él mediada la tarde y, trozo de empanada en mano, nos confesó que aquél era el primer bocado que daba en todo el día.

Leather Sex presenta “Aphrodisiac Grape” como el único tema metalero que tienen. “Un cruce entre Kreator y The Cult” y que en efecto destapa la cara más potente del quinteto. Leather Boys con Heavy Metal Brigade ya difícilmente se benefician del factor sorpresa. Ese momento en que Leather Sex cuenta cómo su mujer lo sacó de la heroína y aprovecha para dedicarle “St. Mary´s Dance” a ella en particular y a los buenos caldos en general. Aquí no queda otra que subirse al carro y disfrutar de su propuesta.

En lo personal puede que echara en falta la visceralidad de un corte como “The Curb”. Pero la banda la había tocado en aquella sesión vermú junto a Drunken Buddha del pasado mes de junio (crónica), así que tampoco cabe tanta queja. Menos cuando “Leather Gunner” entrega a los Leather Boys más frenéticos que hayamos disfrutado en bastante tiempo. Tras “Born In The 70’s”, con el público a coro, no faltó el pequeño agradecimiento por parte de Rose a la buena gente de Rock & Rockets. Leather Latin Lover, inalámbrico mediante, baja del escenario para la final “R’N’R Blowjob” y su hueco en las tablas lo ocupa Leather Fucker, al tiempo que aprovecha para hacer coros primero y contribuir a la catarsis final después. Quienes no estuvieran allí, a buen seguro las fotos darán cumplida fe de mis palabras. Son pura diversión y como tal hay que entenderlos.

Betty & Barney Hill venían desde Arriondas suponiendo la oferta más diferencial, rotunda y atrevida de todo el certamen. A caballo entre el metal extremo, la electrónica y el rap metal, uno acusaba ya el frío y el cansancio. Qué mejor pues que la nada almibarada propuesta de Milja (voz), Dani (batería), Sergio (guitarra) y Aram (Dj).

La larga y tendida introducción electrónica que proponen al inicio del set ya deja visos de por dónde pueden ir los tiros. Una banda que coge el metalcore incipiente de Killswitch Engage, la electrónica alternativa de Die Antwoord y el rap metal más cafre y los conjugan en composiciones mucho más cuidadas de lo que parece a simple vista.

Porque lo único que supera a su propia visceralidad, tremendo Milja en muchas fases del set, son esos temas largos, llenos de demenciales cambios de ritmo y por donde colaron alguno de los breakdowns más brutos que hayamos escuchado en todo el verano. Desde la parte de atrás del escenario Aram ponía voces de apoyo y bases electrónicas para apuntalar la curiosa propuesta de los parragueses.

En los momentos más frenéticos me recordaban a cierto tema de Strapping Young Lad. Conjugando esa faceta más visceral con arranques más atmosféricos, lo cierto es que resultó difícil aburrirse ante la cascada de influencias que desarrollaron a lo largo del set. Fue ya en la parte final, y que la banda me perdone por no conocer los nombres de los temas, que Milja entregó algunas voces realmente gorrinas. En definitiva una propuesta tan atrevida como disruptiva y ante la que no cabe indiferencia alguna.

Cerraban los chicos de Communal Connection y desde luego la del Valliniello Sound Fest III no iba a ser una noche memorable para la banda. A buen seguro esta será una espina que se querrán quitar en un futuro lo más cercano posible. Que su guitarra y voz, el Mournival Alberto Menéndez se fuera pidiendo disculpas a quienes aún andábamos por allí creo que viene un poco a resumir sus evoluciones sobre el escenario avilesino.

Y estas son, a grandes rasgos, nuestras impresiones del tercer Valliniello Sound Fest. Desde esta casa siempre serán de agradecer propuestas como esta que se atreven a dar oportunidades a bandas nacientes. Y aunque el viento nos azotara de manera inclemente durante toda la jornada y pequeños percances a lo largo de la jornada mandaran al cuerno el horario establecido, no podemos más que ponerle buena nota a la organización y desear que nos veamos las caras en 2025.

Gracias a la Asociación Cultural Valliniello Sound City por todas las facilidades dispuestas de cara a la ilustración y la redacción de esta crónica. Un cariñoso saludo a los muchos amigos y músicos que nos encontramos a lo largo de la jornada y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: El Drogas + Ciclonautas (Gijón 8/9/2024)

Enésima visita de El Drogas a tierras asturianas y sigue sin menguar el cariño que el público de la región dispensa siempre al navarro. Acompañado esta vez del trío de rock Ciclonautas, el ciclo de conciertos del Patioh echó el cerrojo con una buena entrada y dos más que interesantes y atractivas descargas.

Son las nueve y media cuando el trío Ciclonautas, es decir, Alén Ayerdi (batería), Javier “Txo” (bajo) y Mai Medina (guitarra y voz) hace suyo el coqueto escenario del Patioh. Y lo hace procurando un arranque tendido, nada apresurado, que nos introdujo con cuidada elegancia en su curiosa forma de entender el rock and roll.

Una banda que navega en gran medida por desarrollos muy cuidados. Ese solo con slide que Medina dibuja en la inicial “Abrazado A Un Misil” me sirve como pincelada. El sonido fue claro, nítido, por momentos cristalino. Con la Telecaster sonando como sólo una Telecaster puede sonar, entregaron la más vibrante “Matando Al Suicida” donde ya fuimos testigos del no poco carisma que atesora el vocalista rosarino.

Medina cambiaría sin embargo a Gibson para una “Tristes Corazones” en la que dibujaría uno de mis riffs favoritos de todo el show. Sencillo, sí, pero con un gancho terrible. En “Bombo Sicario” vuelve la Telecaster y, aunque fuera a pequeños destellos, mi mente se desplazó hacia otro trío al que pudimos ver este verano, Corazones Eléctricos, sabe Dios por qué motivo. Sea como fuere y mientras encaraban el tronco central del set, algunos incómodos acoples vinieron a empañar la que estaba siendo una más que notable descarga del trío en tierras asturianas. Lleno de buenos detalles, como ese estupendo solo de Medina con el pie al wah en “Agua Va”, una de las más coreadas por la gente.

Porque el caso es que en las primeras filas no fueron pocos quienes vinieron con los deberes bien hechos, arropando al trío de tal forma que, no dudo, se sintiera como en casa. “Estamos bien, estamos a gusto” proclamó Medina. No quisiera yo terminar esta crónica sin mentar la base rítmica que propulsa al trío. Las elegantes y cuidadas líneas de bajo de “Txo”, la pegada firme y segura de Ayerdi, batería de Marea para más señas, inundaron el Patioh de sensualidad y rock and roll.

El propio Ayerdi se las vio con el hi hat de su batería durante “Kamikaze”, aprovechando más tarde para meterlo en vereda mientras Medina anunciaba que le iba a dedicar una canción a su hermano, que se encontraba “del otro lado”, que resultó ser, claro, “Los Hermanos”, con la gente a palmas y llevando en volandas al trío. Una línea de bajo de lo más insinuante recorrió “Souvenir”. “Si tienen palmas, tírenlas” urgía Medina. Lo que sucedió fue que más que palmas, la gente demostró tener gargantas. También saberse la letra al dedillo. Y obraron en consecuencia.

“¿Quien dijo carnaval?” preguntó el vocalista en referencia a alguien del público. “Pues para ti que va”. Aquí “Txo” tendría un detalle para con una guaja de las primeras filas. No nos cansaremos de insistir en lo mismo: hay que cuidar siempre a los más pequeños. Lo cierto es que el público gijonés despidió con una gran ovación al trío. A buen seguro no fuimos pocos los que acudimos al Patioh a dejarnos sorprender y la insinuante y rockera propuesta de Ciclonautas colmó nuestras expectativas de manera más que sobrada.

Faltan cinco para las once cuando Eugenio Aristu “Flako” (bajo y coros), Txus Maraví (guitarra y coros), Nahia Ojeta (batería) y Enrique Villarreal “El Drogas” (voz) hacen suyo el Patioh de la Laboral, dispuestos a poner un broche dorado a un ciclo que llenó de música en vivo el verano gijonés. Y desde que la banda, en loor de multitudes que diría un clásico, arremete con “En La Silla Eléctrica”, me llama la atención el sonido “gordo” y contundente del bajo de Aristu. Benditos Rickenbacker. El cuarteto sale a revientacalderas. El Drogas, sesenta y cinco años le contemplan, no perdió ocasión de bajar al foso de fotógrafos y buscar la máxima conexión posible con su gente ya desde el comienzo.

El público, era de esperar, respondió casi a cada gesto del navarro. Se puede argüir en su contra esa búsqueda constante de la nostalgia que procura esta gira cuarenta aniversario. Lo cierto es que la banda, del primero al último, se vació en el empeño. Ritmo endiablado el de un concierto que apenas da descanso durante su largo primer trecho. Porque además “Barrio Conflictivo” sonó realmente fulgurante el pasado domingo. El Drogas dedicaría “Mañana Será Igual” a Las seis de la Suiza, paseándose con su bandera por el escenario de la Laboral. Un gesto que, por pequeño que sea, desde luego le honra, y que sería muy aplaudido por el público gijonés.

A Toda Velocidad” suena casi a leitmotiv de la propia descarga, con la banda descerrajando un corte tras otro sin apenas pausa, sudando de lo lindo para satisfacción de los más exigentes. “Nada, hemos venido a joder la marrana y la vamos a seguir jodiendo”. El Drogas mandaría una dedicatoria a la figura de David González, poeta gijonés fallecido en 2023.

Gran solo el que deja Maraví en “Problemas” con un Ojeta dejándose la piel a cada golpe. El Nahiak Nahi percutió la batería con firmeza, casi que con furia, durante toda la velada. Sucede en el puesto a todo un animal escénico como Brigi Duque y a fe mía que no cejó en su empeño. La banda, que venía de tocar la noche anterior en Palma de Mallorca, pareció no notar el esfuerzo y derrochó todo el carisma y entrega que de ella se esperaba.

El sol, desde luego, no calienta por igual en todas las cabezas. Qué duda cabe que “Víctima” sería otra de las mejor recibidas. Fue aquí donde El Drogas quiso hacer un pequeño alto en el camino, descender las revoluciones y tomarse un pequeño respiro tras el fulgurante inicio de set. Acústica en mano deslizó una más tranquila “Sin Lámpara” y cogió algo de aire cara a lo que estaba por venir. Que era nada menos que otra de las más coreadas, no otra que “Sean Bienvenidos” de aquél “Hombre Mate Hombre” que en estos días cumple la veintena.

Agradecí el tono áspero que la banda le imprimó a “Bahía De Pasaia”, con un Drogas paseándose a escasos centímetros de su gente. Ya fuera inalámbrico en mano o apoyado en su larguísimo pie de micro, desbordó carisma a cada momento. Con su llamativa vestimenta, el pañuelo y sus ojos ocultos tras las habituales gafas de sol, atacaría maracas en mano una “No Sé Qué Hacer Contigo” que pondría uno de los contrapuntos a sus habituales líricas reivindicativas. El pamplonica tuvo tiempo incluso de bromear con el resultado del derby de la jornada anterior. “Flako” y Maraví se darían su particular baño de masas durante el solo de “Okupación”.

No faltó el habitual juego con los bastones durante “Tentando A La Suerte” para más tarde volver a entregar otra de esas líricas socarronas, marca de la casa, en la siempre divertida “Todos Mirando”. La banda al completo busca la complicidad con la gente a través de uno de los grandes himnos no ya de Barricada sino del rock en lengua de Cervantes, no otro que “Oveja Negra”, con el Patioh de la laboral rugiendo de lo lindo. Hablaba antes de la pegada de Ojeta y fue precisamente aquí que la caja de su batería dijo basta. El cambio de la misma por los técnicos de la banda fue tan rápido que quien más, quien menos, apenas se percató del incidente. Qué gusto da cuando se hacen las cosas bien. El final llega con otra de las ineludibles como es “No Hay Tregua” y eso de las doce y cuarto la banda se toma un respiro…

… de casi tres minutos, y vuelve para “Esta Es Una Noche De Rock & Roll” donde la comunión entre banda y público fue total. A término aún se afanaba Ojeta en afinar la caja suplente. Las paradiñas en “Animal Caliente” para que el público se dejara la voz y el inevitable cierre con “En Blanco y Negro” pondrían finalmente de relieve la vigencia de un legado, el de Barricada, que resiste indemne al paso del tiempo, honrado por cuatro músicos que parecen en auténtico estado de gracia. “A Gusto”, exclamó Villarreal qué sé yo cuantas veces a lo largo de la jornada. Sentimiento mutuo este, qué duda cabe.

Hora y tres cuartos a toda velocidad. El Drogas tiró de carisma y apoyado en el legado de una banda inmortal como lo es Barricada, encandiló a un público que no falló a la enésima llamada. Sigue muy en forma el pamplonés ya mediada la sesentena y parece tener cuerda para rato. Siempre es un gusto verle y a buen seguro que, cuando regrese por estas calles, el cariño que le dispensará el público asturiano será tanto o mayor que el derrochado en el pasado Día de Asturias.

Por nuestra parte nada más. Agradecer a la organización del ciclo de conciertos del Patioh todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un saludo a los habituales que nunca fallan y, ya saben, nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Agenda: Concierto especial de Secta en Avilés

Los hard rockeros Secta presentarán «Panzer» su segundo álbum de estudio (reseña) en la Factoría Cultural de Avilés el próximo viernes 27 de septiembre.

Un fecha especial en la que interpretarán íntegramente este segundo disco, realizarán un repaso casi íntegro a su álbum debut y prometen varias sorpresas para ofrecer un repertorio único.

Entrada única 10€ en taquilla. Apertura de puertas 21:30 horas.

Ilegales reedita «Agotados de Esperar el Fin»

Cuarenta años después de su publicación original «Agotados de Esperar el Fin«, el segundo disco de estudio de Ilegales verá luz en una edición remasterizada por Dani Sevillano y repleta de extras.

El lanzamiento viene a compensar una producción muy criticada en su época tanto por los medios como por la propia banda ya que la mayor parte del álbum cuenta con líneas de batería y bajo sintetizadas además de dar un excesivo sonido agudo a la voz de Jorge Martínez. Muy pronto estará disponible la preventa en la tienda oficial de la banda:
https://ataque360.com/categoria-producto/artistas/ilegales/