Hacía apenas un mes que habíamos visto por última vez a la buena gente de Drunken Buddha, fue en la última edición del Vidiago Rock, pero como somos unos enfermos de esto, qué se le va a hacer, tocó echarse otra vez a la carretera. Esta vez rumbo a Lanio donde unos enamorados del rock como los hermanos Jorge y Fer retomaban la actividad en directo en su coqueto y recogido local. Con apenas un escueto plano como ubicación del concierto y nuestro recuerdo del paso de Beast Inside hace algo más de un año por allí arrancamos hacia la localidad salense para dar buena cuenta de un bolo más de Diego Riesgo, Michael Arthur Long, Kay Fernández, Mario Herrero y Fran Fidalgo.
Tirando de tópicos, “Sea Of Madness” desata pronto la locura en Lanio. Tanto, que una cuerda de la preciosa Les Paul de Diego no aguanta semejante envite. Y dio igual porque uno de los parroquianos se ofreció amablemente a cambiarla allí mismo. Anécdota inicial para un show en el que nos las prometíamos muy felices.
Y es que esta gente parece que siempre funciona. Da igual que estemos en un festival (el tristemente desaparecido Rock Nalón) que en un recinto reducido, cortes como “Devil’s Breath” siempre sacan lo mejor del hard / heavy y lo embuten en unas interpretaciones siempre a la altura. Drunken Buddha dan siempre la impresión de ser la típica banda que se lo pasa en grande haciendo lo que hacen. La química que se observa entre ellos es contagiosa, desde luego.
Para “Purple Skin”, ya con la Les Paul negra de vuelta, Arthur Long pone a prueba los bancos del local, improvisada pasarela, y solo sonrisas pueblan nuestros rostros. Que además el sonido, sin ser el de los grandes recintos, solo faltaba, alcanzó para disfrutar de los asturianos sin mayores contrariedades. “Can’t Hold Your Gaze” sonó tan fulgurante como acostumbra. Aquí aprovecharían para deslizar algún tema nuevo, “Sweet Huntress”, y comentar que “está todo en manos de Juan Martínez” según palabras del propio frontman del Buddha.
Las bromas, el buen rollo, la camaradería fueron la norma una vez más. Sirva como ejemplo, los pequeños destellos de “Carolina” (M-Clan) o “Soldadito Marinero” (Fito y Fitipaldis) con que nos distrajo Diego desde su Gibson. Todo como anticipo de uno de los cortes más intensos de la noche, no otro que “Hang ‘Em High”, con Arthur Long ya descamisado y paseando el micro sobre nuestras cabezas.
Su habitual “Mr Big”, original de unos tales Free, calmó un poco los ánimos, exaltados y enfebrecidos ya, justo antes de que “Monster” pusiera de relieve, una noche más, el lado más musculoso y grave del quinteto. Y si en la primera fue Diego quien se destapó con un gran solo, en esta sería Mario quien dejaría destellos de su gran clase tras las teclas. Y es que, más allá de los gustos de cada cual, y con la actual base rítmica de Kay y Fran ejerciendo de perfecto parapeto, son una banda de muchos quilates.
Y tienen cintura. Porque tras la crudeza monstruosa, llega el turno de uno de sus cortes más pegadizos e incluso radio friendly. Al menos de un tiempo en que la radio no era coto cerrado y casi exclusivo del atúnconpan. Estoy hablando, claro, del “Dance Of The Serpent Queen” que ya apunta a fijo en su setlist durante largo tiempo. Llegó no sin que antes Arthur Long quisiera tener un pequeño recuerdo para con “la prensa”. Lo decía al principio: somos unos enfermos. Es lo que hay.
Encarando ya la parte final del set, no falló “Walking In The Shadow Of The Blues” a la hora de extraer la cara más sensual de la banda. Y no solo por el pecho descubierto de su vocalista. “Hay que hacer aquí un festival de tonada”. Aunque si hubo un corte que realmente me enganchó a estas alturas fue “Lady Stardust”, en especial con ese crescendo final que traman entre Fran y Kay, al alimón con otro solazo de Diego.
Puede que fuera una plaza pequeña y ni así quiso el vocalista olvidarse del habitual baño en champán de “Medicine Man”. Tampoco de guardar lo mejor de su garganta para la más atemperada “Strangers & Fools”, o dedicarnos un par de versiones que no estaban en mi guión particular. A saber: “Smoke On The Water” de Deep Purple y “Paranoid” de Black Sabbath. El final, una noche más, vino a corresponder a su habitual revisión del “Highway Star”, es cierto que ya con el sonido algo enmarañado pero sin perder un ápice de fuerza ni ganas. Muy grandes. Esperando ese tercer álbum como agua de mayo.
Atraviesan un momento dulce y se nota. Sea en festivales, sea en salas, parece que siempre cumplen. Nos preguntaba el propio Michael Arthur Long por las veces que les hemos visto y yo, francamente, creo haber perdido la cuenta ya. Solo sé que la del pasado viernes, a buen seguro, no fue la última. Así me parta un rayo. Vaya un abrazo para ellos, también para la buena compañía y ya saben: nos vemos en el siguiente.
El cierre al cartel de la segunda entrega del Lion Rock Fest tenía lugar el pasado domingo durante el concierto de Winger en LaRiviera madrileña. Con una verdadera explosión de alegría era recibida la noticia de la suma del combo neoyorquino Tyketto al cartel del festival leonés.
Ante la más que probable posibilidad de que el «Power Up Tour» sea la gira de despedida de los australianos AC/DC tocaba arrancar hacia latitudes cálidas en una maratoniana jornada de miércoles que dejó más satisfacciones de las esperadas.
Y es que desde el inicio a cargo de unos The Pretty Reckless encabezados por la vocalista Taylor Momsen, las vibraciones no podían ser mejores. Puntualidad, buen sonido, y un sol de justicia para una temperatura que rondaba los 35 grados al inicio de su actuación. Si bien el estadio de La Cartuja aún ofrecía un pobre aspecto respecto a los 60.000 espectadores que lograrían convocar los «aussies«, los neoyorquinos no se guardaron nada en el zurrón. Arranque ganador con «Death By Rock n’ Roll» para presentar sus credenciales y saludar al respetable con un correcto castellano. Con un repertorio que obvió medios tiempos que adornan sus últimas obras de estudio apostaron por un set «eléctrico» que calentó aún más el ambiente.
Al tercer tema tocaba aligerar vestuario y rendir homenaje a una de sus influencias, Soundgarden, a través de «Loud Love«, original del combo liderado por el malogrado Chris Cornell. El momento bizarro del día llegaría instantes después cuando un murciélago se aferraría a la pierna de Taylor, sin mayores consecuencias pero dando pie a una irónica auto presentación como bruja que vino como anillo al dedo para «Witches Burn» mientras preguntaba al estadio de nuevo en español: ¿Dónde están mis mujeres?
Aunque han dado la impresión de haber crecido a la sombra de Halestorm, la banda tiró de galones para vencer y convencer en Sevilla. El incesante goteo de gente cubría los vacíos en grada y pista, mejorando sensiblemente el aspecto del recinto para el tramo final de su set. Sesenta minutos coronados por una extensa «Heaven Knows» en la que tomaron protagonismo Ben Phillips a la guitarra y Mark Damon al bajo y cerrar con «Take Me Down» cumplida con creces la labor encomendada pues no fueron pocos los puños al aire que logró su descarga.
Pasaban unos minutos de la nueve y media cuando desde las pantallas laterales del escenario arrancaba la intro del «Power Up Tour«. Camino de 4 años desde la publicación de su última obra de estudio, jua AC/DC regresaba a España y «If You Want Blood (You’ve Got It)» sería el punto de partida de la cuarta cita de su recién iniciada gira europea. Si bien las incorporaciones del batería Matt Laug y el bajista Chris Chaney despertaban curiosidad en su desempeño en la formación, el estado físico de los Young, Angus y Stevie, y sobre manera el vocal de Brian Johnson eran objeto de análisis en los primeros compases del show.
«Back In Black» mete en faena a La Cartuja, ya no hay vuelta atrás, el variopinto público cae rendido al combo australiano desde el inicio y corea las míticas estrofas mientras Brian solventa un problema con su micrófono. Hubo tiempo para repasar «Power Up» a través de 2 temas «Demon Fire» y «Shot In The Dark» estratégicamente intercalados entre himnos atemporales como «Shot Down In Flames«, «Thunderstruck» que ponía el recinto patas arriba o «Hells Bells» y la aparición de una gran campana en el escenario. Detalle siempre ganador pese a perder el factor sorpresa con el transcurrir de las giras.
La alineación se muestra compacta y en un gran estado de revista mientras un risueño e infatigable Brian Johnson siembra alguna duda en su estado vocal. No vamos a negar que le costaba llegar en tono en muchos momentos pero tampoco que son 76 años los que le contemplan para despachar un set muy digno en esta primera cita sevillana. «Shoot To Thrill» recibe una de las grandes ovaciones de la velada destapando el gran trabajo a los coros de Stevie Young y Chris Chaney. Mejoró con el transcurso del show aún más el aspecto de la grada, las escasas zonas vacías se cubrieron y en la pista no cabía un alfiler. Detalle curioso a comentar es la escasa o casi nula interacción con el público hasta los agradecimientos al final del concierto, lo que creaba unos incomodos segundos de silencio entre canciones que personalmente considero el punto negativo de la noche.
El tramo final del show no se desprendía de los clásicos, «Highway To Hell» , «Whole Lotta Rosie» y una «Let There Be Rock» extendida hasta el infinito con el habitual solo de un excelso Angus Young, situado en la plataforma elevadora que coronaba el apéndice que se adentraba entre el público alojado en la parte más cercana al escenario. Pequeña pausa antes de los bises mientras una lluvia de confeti vuela sobre nuestras cabezas. El sentimiento que cubre La Cartuja es de satisfacción garantizada, eso sí, sin sorpresas para los habituales seguidores de la banda.
La dupla final arranca con «T.N.T.» y se cierra con la traca de salvas de cañón en «For Those About To Rock (We Salute You) tras más de 2 horas de actuación. Si bien la banda había reducido su setlist en 3 temas respecto al inicio de la gira huelga decir que en defensa del estado vocal de Brian para el resto del tour, el sentir del público mayormente fue de aprobación con lo ofertado a orillas del Guadalquivir. Cincuenta años en la brecha no se cumplen todos los días. Si fue una despedida rayó a gran altura, y si la salud los respeta para defender con dignidad su legado solo deseamos volver a compartir el momento. Larga vida al rock n’ roll y larga vida a AC/DC.
Ya teníamos ganas en Heavy Metal Brigade de pisar la renovada Sala Estilo de Oviedo. El recinto, anteriormente conocido como Sir Laurens, y del que guardamos un más que grato recuerdo, ha sufrido un cambio de gerencia, resucitando ahora con la intención de convertirse en punto de referencia para la música en directo en nuestra región. Tatami, Ravenblood y Ciclón, cuyo último álbum “Magia” paso hace escasas fechas por estas páginas, tendrían la ardua labor de contra programar a toda una final de la Champions League. Sigue tirando mucho el fútbol en esta Asturias nuestra, qué duda cabe, y tal vez por ahí que la entrada no fuese ni mucho menos la esperada.
Pero somos unos enfermos de la música en directo. Y para cuando los locales Tatami, con un viejo conocido de este medio como es el batería Rafa, ex de Bestia Negra, toman el escenario de la nueva Estilo, el fútbol pasa a ser la menor de nuestras preocupaciones. Originalmente un cuarteto, acudirían a la cita en formato trío. Y su música, una amalgama de ritmos cercanos al garaje, solidarios a pequeños ramalazos que fluctúan entre el punk y el rock más esencial, Ilegales era un nombre que merodeaba a ratos mi subconsciente, lo tuvieron difícil ante una audiencia en gran medida metalera.
Arrancan con “Robaliza” y lo cierto es que me cuesta conectar con ellos. Por pereza o por desconocimiento. Una cierta frialdad que se palpaba en el ambiente. Pero “Despierdo” destapa una versión más encorajinada del eventual trío y al alimón con “Días Extraños”, atraviesan mis momentos favoritos del set. De ahí al final he de reconocer que me engancho solo a ratos. Un pequeño percance con una de las guitarras trató incluso de aguarles la fiesta. Al final acabé por disfrutar de la pegadiza “Acedecera” o la más fangosa “Resistencia” con la que se despidieron, pero hoy no puedo por más que pensar en que la suya fue una elección algo extraña.
Ravenblood, claro, son un animal muy diferente. Adalides del death melódico en su encarnación más clásica y nórdica, tienen en Asturias su segunda casa. Numerosas las ocasiones en que se han dejado caer por aquí, más las que no llegaron a fructificar, y al final una banda que parece haber echado raíces en el Principado.
Lo ajustado de los horarios provoca que el set comience minutos antes incluso del horario marcado. Y es que faltan cinco para las ocho cuando disparan la intro y “King Among Slaves” pone todos sus cilindros a funcionar. Gozaron de buen sonido ya desde un primer momento. Equilibrado y con pegada, con un Daniel Pérez que sigue erigido en perfecto maestro de ceremonias para una banda como esta.
“Aprovechando que no voy tan borracho como la última vez”, el propio Pérez quiso tener un momento para brindar los habituales agradecimientos a organización bandas, técnicos y, en especial al público, todo para después encarar una “Purge” que pone en la palestra a los Ravenblood más musculosos, con unos José Luis Gil y Arnau Vallvé en guitarras tan solventes como siempre.
La más pesada “Out Of The Universe” pone Estilo a dar palmas y desde aquí ya parece que el resto del set va a ir mucho a favor de obra. Insisto, banda muy querida por estas tierras y que ha sabido ganarse el cariño del público asturiano a base de entrega pero también de buen rollo. Salta a la vista con pequeños comentarios que se suceden entre público y banda, especialmente Daniel Pérez, en determinados momentos del set.
Pérez, de rodillas en los primeros versos de “Crow’s Call”, parece contagiarse del calor que el público les brindaba. Porque puede que fuéramos pocos, pero sin duda estábamos muy por la labor. La poderosa “Resurgent” acierta a la hora de aunar intensidad y técnica. Da paso a una “Silence & Death”, nacida al albur del confinamiento, y que especialmente en esta encarnación en vivo, ha terminado por convertirse en una de mis favoritas del estupendo “Resurgent” de 2021 (reseña aquí). “Gracias por venir a apoyar la escena en un día como hoy” proclamó Pérez, y puede parecer que me cebo con la inconveniencia de la fecha. Al menos nosotros no salimos de Estilo tirando petardos y comportándonos como neanderthales endogámicos.
Pero volviendo a lo que nos ocupa, y casi a modo de resumen de toda su trayectoria, se despidieron con la muy vetusta “Pathfinder” y la homónima “Ravenblood” que, al parecer, verá la luz en su próximo álbum de estudio. Esperamos ansiosos, ya lo sabéis. Por lo pronto fue un placer volver a disfrutar de su cuidado melodeath en la que, a buen seguro, no será la última venida de los chicos al Principado. ¿Verdad?
He de reconocer que Ciclón eran hasta hace pocas fechas una banda que se encontraba fuera de mi radar. No puede uno llegar a todo por mucho que se empeñe. Pero esta venida a tierras asturianas puso mi atención sobre “Magia” (reseña aquí) y las sensaciones no fueron para nada malas. Al contrario.
Faltan apenas dos minutos para las nueve cuando los madrileños irrumpen sobre las tablas del renovado recinto ovetense. Lo hacen en formato cuarteto, si bien cabrían sorpresas al respecto a lo largo del set. Por lo pronto y toda vez superan la casi obligada intro, “Ave De Fuego” ya pone de relieve los buenos coros del bajista Javi Endara. También la buena química entre Kike y Pablo Yagüe, guitarristas de la formación con base en la capital.
Vimos bien de voz al propio Kike. Su look, y el de toda la banda en sí, no puede ser más clásico. Con una puesta en escena reducida a lo esencial, la clave está en las buenas canciones que trazaron. También en ese espíritu menos fiestero y más reivindicativo que entregan en “Ése Es El Juego” y que les emparenta, en cierta forma, con los ineludibles Barón Rojo. Pero hablando de puesta en escena y como quiera que las circunstancias se empeñan siempre en llevarme la contraria, la banda recibe la visita de V, del cómic “V de Vendetta” de Alan Moore y David Lloyd. La lluvia de confeti que propició, pilló por sorpresa a más de uno.
Ya en un tono muy diferente, Kike explicó que el próximo tema iba dedicado “a toda aquellas personas cuya vida es una cárcel”. Era el turno, claro, de “En Tu Celda”, corte que destapó a unos Ciclón más musculosos, que no obviaron de todas formas una buena ensalada de solos doblados de guitarra. Aunando fuerza y sentimiento, a buen seguro una de mis favoritas de su descarga.
Pero mientras “Sol Naciente” dibuja uno de los mejores riffs de su descarga, amén de mostrar aun Kike muy seguro en voces, conociendo sus límites pero también sus fortalezas, Endara viene a dejar las cosas claras cuando se acerca al micro y exclama “me cago en Dios y en el puto fútbol”. La suya es una adición de gran envergadura para la banda. Muy activo sobre las tablas, carismático y atento siempre a la hora de ejercer como escudero de Kike en tareas vocales.
Ciclón tampoco quisieron ser menos que sus compañeros de cartel, a los que aprovecharon para mandar sentidos saludos. “Hay que ser un desertor del reino de la ignorancia”, avisa Kike, cara a introducir (claro) “Desertor”. Aquí me agradó “Ciudad Perdida” y la forma en que ese acercamiento a postulados más hard oxigenó el set de los madrileños. Pero tras el recuerdo a mánager, técnicos, gente del merchan etcétera, turno de volver a la senda del añejo heavy metal con “Kamikaze”, de aquél “Fuera De Control” de 2015.
“Creemos en el heavy metal y queremos hacerlo una vez más” nos devolvía a su álbum del pasado octubre. La banda estaba en una gran versión. Muy agradecida del calor recibido por parte de quienes preferimos anteponer la música en vivo al fútbol de masas. Pero la tiranía de los horarios impone siempre su ley.
Y es que echando un vistazo al setlist del show fueron varios los cortes que dejaron en el tintero. De la que ni quisieron ni pudieron olvidarse fue de esa “Magia” que da nombre a su último álbum. Tampoco de “Caballeros Del Rock”, presente ya en su demo “Ciclón” de 2008. Lluvia de confeti al cierre y en el subconsciente la sensación de haber visto a una banda que realmente disfruta con lo que hace. Que acierta a la hora de contagiar su buen rollo. Y que tiene un cancionero que encapsula, con sumo cuidado, lo mejor de nuestro querido heavy metal. Baste echar un vistazo al artwork de su tercer álbum.
Por nuestra parte nada más que agradecer a la organización del evento todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar saludos a la gente de Tatami, Ciclón y Ravenblood y también a los habituales de siempre que nunca fallan. Salvo causa de fuerza mayor pasamos lista en la próxima edición del Perversiones.
Noche de contrastes la propuesta para la noche del 25 de mayo en Avilés con las descargas de Sküld, Bestia Negra, Soundcrush y Grave Noise. Una de las últimas citas en salas que nos quedan, la temporada de festivales aguarda a la vuelta de la esquina, y la oportunidad de reencontrarnos con algunos de esos buenos amigos que hemos ido haciendo en el camino.
Pero una cita en la que no nos íbamos a librar de los retrasos. Y es que el turno de Sküld estaba anunciado para las ocho y media pero no fue hasta pasadas las nueve que irrumpieron sobre las tablas del Malecón. Y lo hicieron, intro mediante, con “Odin” y ese deje a los viejos Iron Maiden culminando en el primer buen duelo solista de la jornada. El sonido no era el mejor. Cabe decirlo, uno de tantos aspectos a mejorar por el recinto avilesino.
Un Malecón que no presentaba la mejor de las entradas, cabe decirlo. Pero quienes sí acudimos a este particular asalto nos topamos con una Lorena que, a pesar de problemas en su garganta, supo lidiar con los tonos a menudo exigentes que reclama la banda. Alternando idiomas, también temas propios y versiones, deslizaron un más que decente “Flight Of Icarus”. No terminan de ser fáciles las versiones de una banda con la personalidad tan acentuada y sobre todo el bagaje y la importancia de Iron Maiden, por mucho que hayamos escuchado decenas, cientos de ellas.
“Esta es una canción que habla sobre la mierda de mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos” comentan como antesala de “Dear Son”, que a buen seguro extrajo a los Sküld más oscuros de la cita. La banda le ponía empeño y ganas. Tuvieron a bien incluso adelantarnos que participarán en la próxima edición del “Perversiones” ¿Con qué canción? ¿Qué tal si os pasáis el ocho de junio por Puerto Vega y lo comprobáis in situ? Nosotros, salvo causa de fuerza mayor, ya sabéis donde estaremos.
Tras algunos pequeños inconvenientes dando al traste con el buen desarrollo del set, desembocaríamos en “Long Distance Reader”, ofreciendo la cara más power del quinteto. A la chita callando, concierto a concierto, la banda parece ir ganando enteros. Y no le teme a nada. Lorena aprovecha las virtudes del inalámbrico para bajar al foso en “The Rumor” y el público, en especial el más joven, parece agradecer de muy buena gana el gesto. Ya de vuelta sobre las tablas anunciaría “las dos últimas”, no otras que “Blood Eagle” y su particular revisión del “Toxicity” de System Of A Down, especialmente dedicada a Txeffy (Kraken A Feira, Actvs Mortis), quien se encontraba a los mandos de la nave en la jornada del sábado. Lo que hacen podrá gustar más, podrá gustar menos, pero siempre dan la sensación que disfrutan con lo que hacen y se nota.
Otro tanto se podría decir de la buena gente de Bestia Negra. Defensores del metal más clásico, arribaban al Malecón Asssault con un ramillete de canciones que, a estas alturas, conocemos más que de sobra. Por ahí que el objetivo de la velada fuese tratar de captar a quienes aún no hubieran tenido el gusto de encontrárselos.
Son alrededor de las diez y veinticinco cuando suena la introducción previa a la descarga de Bestia Negra y se masca cierta expectación en el Malecón. Banda incansable en los últimos tiempos y a la que ya hemos visto en escenarios de todo pelaje. Por ahí que, al menos en nuestro caso, no disfrutemos de aquello tan agradable que es el factor sorpresa. Pero “Winds Of War” ya pone las cosas claras. Sus riffs marca de la casa, el hosco registro de Gil al frente y un muy seguro Carlos Reboredo en baterías, Bestia Negra resultaron tan divertidos como acostumbran.
Al fin y al cabo, pocos riffs más eficaces que el de “Angel Of Death”, así como el peculiar modo en que Gil encara los distintos versos. Y es que pasa el tiempo y su voz parece no haber perdido ni un ápice de gravedad. Una banda que gusta siempre de recuperar “Faster Than A Bullet”, como ya bien sabréis alguno, el primer tema que parieron en comandita. Algún que otro acople quiso su particular cuota de protagonismo. No al punto de aguar del todo la descarga pero sin duda tan molesto como incómodo.
En cualquier caso, muy fino Román en los solos. Prácticamente escondido en uno de los laterales del escenario, resguardado tras ese rictus casi siempre tan serio, parece ir a más en cada descarga. Gil, siempre maestro de ceremonias que diría un clásico, anuncia “una canción a la que le tengo especial cariño, aunque mi favorita es otra que viene luego”. Era el turno, claro, de la extensa (y de nuevo muy Maiden) “The Harbinger”. Jose antes del puente y Román después dibujaron buenos solos aquí. Bestia Negra en su mejor versión.
“Gift From Gods” sirvió para recordar la figura del legendario Randy Rhoads, también para que Gil cumpliera con las debidas presentaciones y finalmente para que el micro dejara de funcionar, teniendo el frontman que echar mano del ídem del bajista Nacho para los dos temas finales: “Fear”, con el equipo de la sala petardeando cosa mala, y la final “Hate” con Bestia Negra encabronados en consecuencia. Ni hubo versión de Motörhead como tantas otras noches ni fue la cita más fácil, ni tampoco más concurrida para ellos, pero supieron pelear frente a los inconvenientes y salir airosos una noche más con su particular modo de entender el heavy metal. Por muchos años.
La de Soundcrush era, claro, una propuesta casi contrapuesta a la de Bestia Negra. Su thrash bebe de las fuentes del groove, del metal más técnico incluso, hasta de Gojira. Enfermedad de Luis Sánchez mediante, acudían a la cita en formato trío. No iba a ser, por tanto, una noche fácil para ellos. Pero desde luego tienen tablas y buenos temas, como demuestra ese “Primal Flame” con el que dieron inicio al set.
La calidad técnica que atesoran pronto sale a relucir. Es cierto que al sonido le falta algo de punch en los primeros compases. La falta del bajo pero también una batería que atropellaba las guitarras de Ales Sánchez y David Vega. Fino aquí a los mandos Txeffy, reconduciendo la situación y permitiendo al eventual trío ofrecer su mejor cara. “Unleashed” da una versión casi marcial de su habitual thrash metal. Iván García se desvivía tras su kit de batería y desde luego no dejaron a nadie indiferente. Precisión y pegada a partes iguales, su desarrollo propulsó más que nunca a la banda.
“Una más tranquila, que os vemos muy apagaos, para que os apaguéis más todavía” comenta con cierta sorna Ales a modo de introducción a “Manifest”. Y es verdad que estábamos algo parados. Cuesta lanzarse a veces cuando el público escasea. Soundcrush suenan aquí ya realmente potentes y equilibrados, más teniendo en cuenta las circunstancias, con unos David y Ales derrochando clase y rabia por igual. “No vemos a nadie movese, vamos a ver si lo conseguimos” con otro de los recuerdos a aquél “Screams Of The Voiceless” de 2018, del que extrajeron “Sudden Evil” para que, por fin, viéramos algo de agitación en las primeras filas.
“Alpha”, del Ep homónimo del año pasado destapó estupendos solos de Ales y David. Provocó también un acople de lo más molesto. Un zumbido rozando lo incognoscible inundó nuestros oídos, poniendo a prueba los nervios y también la paciencia de más de uno. Solucionado el percance, tercer recuerdo a su largo de seis años atrás gracias a “Among Humans And Their Balance”, con un tímido moshpit del que aún hoy conservo un vívido recuerdo (es lo que tienen los pisotones).
Con “Vacuity” recordarían una noche más a los cada vez más fundamentales Gojira, tremendo Sánchez a los parches aquí, y con “Beyond Olympus Pt. I” terminarían de vaciarse para otro set corto, algo más de cuarenta minutos, pero tan intenso como nos tienen acostumbrados.
Grave Noise son, qué duda cabe, un animal muy diferente. Tal y como sucede con Soundcrush, su punto de partida es el thrash metal. Pero los burgaleses lo entienden de un modo mucho más clásico. A mis oídos, muy en la onda estadounidense de bandas como Exodus o Testament. Una banda a la que, no vamos a negar, tenemos especial cariño y a la que no veíamos desde la pasada edición del Atalaya Rock.
Tal y como entonces, venían presentando aquél meritorio “Roots Of Damnation” de 2022 y sobre las tablas de la Malecón vinieron a demostrar por qué son una de las más firmes promesas del género dentro de nuestro territorio. Fueron, de hecho, los que mejor sonido disfrutaron de todo el Malecón Assault. Algo que se hace patente ya desde la inicial “Rotten System”, cuando apenas faltan diez para la una.
A puras Jackson blancas, Iker y Edu la emprendieron a riffazos «old school» para regocijo de los fans más clásicos que ocupaban el recinto. Vimos y sobre todo oímos muy bien a Iker Sanz, guitarra y sobre todo voz del cuarteto, afianzándose como un líder de garantías para una banda como esta. “Mutant Goat”, perteneciente a aquél “From The Cradle To The Grave” de 2018, extrajo coros verdaderamente graves y rotos del bajista Toño. Y es que ya digo que el sonido, sin ser el de los grandes escenarios, desde luego daba espacio a cada elemento sin por ello escatimar un ápice en pegada. Estaba claro ya para entonces pero vino a reafirmarse con la estupenda turné solista que montaron entre los dos Sanz aquí.
Tras los agradecimientos a Soundcrush por haberles invitado y puesto que, en palabras de Iker “hablar no se nos da muy bien, pues vamos a tocar”. Era el turno de “Disorder”, que en su encarnación en vivo y por el propio registro vocal, me recordó sobremanera a unos Testament de álbumes relativamente recientes como el fenomenal “Dark Roots Of Earth”. Aquí la tuerca de uno de los platos de la batería de Fer Mediavilla se iría de excursión. Era mucha la fuerza que desarrollaba el ex-Sarkástika, sirva la pequeña anécdota como el mejor resumen.
No faltó “The Ghost Plague”, single de ese último largo. Un largo que, por lo que pudimos conocer de primera mano, pronto tendrá sucesor. Aquí, como de costumbre, somos todo orejas. Pero volviendo al set de la banda nacida a caballo entre Soria y Burgos, quienes mejores que ellos para confeccionar y descargar una “No One Higher” sobre eso que han venido en llamar la “España vaciada”. Nos sumamos a las palabras Iker: “nadie es más que nadie”.
El antifascismo de la tan directa como nada metafórica “Fuckcism” destapa a los Grave Noise más agrios. Todo con, ya digo, el mejor sonido de la noche, y la banda sin ahorrar un solo esfuerzo. Qué les depara el futuro, no lo sabemos, pero desde luego así es cómo se cimentan las buenas trayectorias. Ejemplos a pares. Toda vez hechas las debidas presentaciones, llegó el tuno de otro de los grandes hallazgos del álbum de hace un par de años: “Broken Land”. Anunció entonces Iker que quedaban solo tres temas, “habrá que gastar algo de zapatilla”. Y eso hicimos con la pegadiza “In God We Trash”.
Sólidos como cimiento de rascacielos, a buen seguro vimos la mejor versión de Grave Noise. Finos técnicamente hablando, potentes e incluso pasionales. Fue una pena el escaso público que el evento logró convocar pero, desde luego, quienes sí acudimos a la llamada lo disfrutamos en buena medida. Máxime cuando “Terror” entrega de pronto su thrash más vitriólico y nervioso. Penúltima andanada de un set que cerrarían con esos detalles tan Gojira de la estupenda “Perpetual Anxiety”. Un placer tenerles de nuevo por estas latitudes. Si la próxima ya es con nuevo álbum bajo el brazo, mejor que mejor.
Denodada lucha de cuatro bandas contra los elementos. También contra una entrada menor de lo que nos habría gustado. Parecerá que me cebo con una sala que está acogiendo no pocos eventos relacionados con el rock y el metal pero lo cierto es que mientras otros recintos parece han ido aprendiendo de sus errores, el Malecón se está quedando atrás de una manera muy notable. ¿Explica este hecho por sí solo la pobre entrada del pasado sábado? No lo sabemos con total certeza pero a nadie se le escapa que puede ser una de las múltiples aristas del problema.
Sea como fuere, ya dije por ahí atrás que lo disfrutamos. Cuatro bandas con idiosincrasias muy marcadas pero un nexo común con las raíces mismas del mejor heavy metal. Fue un placer disfrutar de ellas, también de la mejor de las compañías así como de las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica. Vaya desde aquí nuestro más sincero agradecimiento y, como siempre, nos vemos en el siguiente.
La temporada de conciertos en sala da sus últimos coletazos para dar la bienvenida a la llegada de los festivales. Así pues toca aparcar locales como la renovada Sala Estilo, antigua Sir Laurens, que el próximo 1 de junio albergará el paso por la capital asturiana de los madrileños Ciclón, el combo extremo catalán Ravenblood y los locales Tatami.
Desde Vegadeo llegan buenas noticias. Habrá nueva entrega del festival A Vega Rock que contará en la que será su séptima edición con Aneuma, Zålomon Grass, Materia Muerta y Catalina Grande, Piñón Pequeño como protagonistas. Un cartel variado que ofrece buenas dosis de metal, hard rock, hardcore y punk para disfrute de un amplio espectro de público.
La cita tendrá lugar el sábado 3 de agosto en su clásica ubicación, el recinto ferial de la localidad, manteniendo el carácter gratuito característico de su trayectoria.
Inmersos en plena gira 30º aniversario la formación sueca Diamond Dogs desembarcará en la Factoría Cultural de Avilés el próximo jueves 30 de mayo. Y lo celebrarán interpretando íntegramente su disco más exitoso «Too Much Is Always Better Than Not Enough» editado en el 2002, además de varios de los himnos confeccionados durante su extensa trayectoria.
Cómo es habitual en el ciclo de conciertos dirigido por Factoría Sound la sala presentará de nuevo una gran aspecto, con todas las entradas vendidas desde hace 2 meses. Con apertura de puertas a las 20 horas Sulo Karlsson y los suyos tomarán posesión del escenario a partir de las 21 horas para desgranar ese característico rock n’ roll de fuerte influencia británica setentera.