Lion Rock Fest 2026: Michael Schenker & Robin McAuley Cabeza De Cartel

La cuarta edición del Lion Rock Fest ya tiene fecha, primeras bandas y cabeza de cartel confirmados. La cita con el hard rock del más alto nivel regresará el sábado 7 de noviembre de 2025 al Palacio de Congresos y Exposiciones de la capital leonesa.

A falta de cerrar el plantel de bandas Michael Schenker ejercerá como cabeza de cartel gracias a un show especial con Robin McAuley a la voz. A falta de cerrar esta nueva entrega compartirán escenario con la formación sueca Art Nation, maestros del rock melódico con toques progresivos, la formación británica Midnite City y el combo hard rock suizo Fighter V.

Oferta de lanzamiento de entradas anticipadas disponible hasta las 23:59 horas del martes 5 de mayo a través del siguiente enlace:
https://www.ticketmaster.es/event/

Crónica: Honara + Narwhale (Langreo 1/5/2026)

Narwhale & Honara repetían en la Sala Telva año (y unos meses) después de aquél cuatro de enero de 2025 (crónica). Una buena ocasión para medir la temperatura de unos, comprobar cómo ha sentado el cambio a la voz de los otros. Sí, los primeros siguen enfrascados en el estupendo “El Espacio Interior” aunque miran ya al futuro. Y los segundos estrenan voz en la figura de Lara, quien viene a tomar el testigo de Carmen García. Veamos cómo se dieron las descargas de unos y otros.

Pasan cinco de las nueve cuando “Los Anillos De Saturno” disparan a los Narwhale más tranquilos y atmosféricos. Es un inicio tendido, casi relajado, desde luego a la contra de lo que viene dictando el libro de estilo desde el albur de los tiempos. Pero en una banda como esta, y en especial cuando Aitor Lucena acompaña con sus coros a la voz principal de Javier Fernández, todo encaja. Entre Diego Aparicio y el propio Aitor traman buenos riffs y solos llamativos, acertando a teñir todo de una cualidad casi espacial.

Todo resuena por la Telva como en un ensalmo. Buen sonido del que disfrutó la banda el pasado viernes. En “Océanos De Tiempo”, también de aquél “El Espacio Interior” de 2022. Narwhale transitan con un deje más melancólico imbricado en su particular visión del rock / metal progresivo. Un poso algo más tristón que viene a confluir con esa mayor gravedad final, con el Rickenbacker de cinco cuerdas de Javier retumbando por cada rincón de la sala. A este punto no creo que nadie pueda poner en duda la pericia técnica, me atrevería a decir que incluso el buen gusto, con el que se manejan.

“Suenan guay” exclamaba alguien a mis espaldas. “Nebulosa Barnard 33” deja de entrada uno de mis riffs favoritos y también un mayor músculo progresivo. Largos desarrollos, composición concienzuda y no poca habilidad a la hora de llevarlo todo al directo. Siempre con el pulso firme de Víctor Puente tras baterías. Todo hasta confluir en esa estupenda turné solista entre Diego y Aitor. Y no, ni son la banda más activa arriba de las tablas ni tampoco el escenario de nuestra querida Telva da para mucho más. Pero resultan todo lo concisos y precisos que exige una propuesta como la suya.

La sorpresa entonces iba a llegar con la recuperación del corte que daba título a su álbum de 2019 “Heart Of the Corpse-Whale”, traducido ahora a nuestro idioma, y que dispuso ante nosotros a los Narwhale más tensos y oscuros. También a los más graves y rotundos, con ciertos dejes que por momentos me retrotraían a los primeros álbumes de las luminarias suecas Opeth. La banda vibra, y nosotros con ellos, en un tramo central algo desbocado, muy nervioso, que propulsó al cuarteto hacia su cara más hiriente. Víctor Puente está fantástico a través de la instrumental “Pantanos De Neptuno”, corte con el que el show va abrazando ya su recta final. Ésta invoca en “Los Rojos Vientos De Marte” la mejor cara del cuarteto asturiano. Con Javi llevándosela más que nunca a su terreno en voces y la banda al completo redondeando la que, pienso, es una de sus composiciones definitivas. Desde lo lírico hasta lo musical. Un gran cierre y unos versos que me gusta tener siempre presentes.

Este medio fue testigo de los primeros pasos de Honara, recién estrenado el estupendo “Resemblance”, y vuelve a serlo ahora que la nutrida formación asturiana estrena frontwoman. Lara renueva a la banda, pone voz al habitual maridaje entre rock progresivo y fino post-metal del sexteto y, lo mejor de todo, es que ya desde el comienzo parece plenamente integrada en la disciplina. En los rigores que exige una propuesta como esta.

En el juego entre las voces de la propia Lara y el bajista Antonio Alcaide reside uno de los muchos vértices sobre los que pivota todo su argumentario musical. No, como dije arriba, tampoco es un escenario este que dé para mucho aspaviento. Máxime con una alineación tan numerosa. Pero cuando inundan todo de un mayor rigor progresivo, a ratos pensaba en los ineludibles Tool, todos los engranajes funcionan. De todas maneras, es esta una banda que parece fiar más en la construcción de atmósferas que al desbarre solista más auto indulgente. Por ahí una de las líneas que les separan de sus compañeros de cartel, si bien no son pocas las que los unen.

Lara se presentó a ella misma y nos animó a pasar una buena noche. Alcaide introdujo “Sonar” y entre aires post-metálicos y un deje que, sí, me seguía recordando a la banda de Maynard James Keenan, ellos fueron transitando tranquilos pero seguros. Conscientes en todo momento, o tal parecía, del terreno que pisaban. Sin gestos de cara a la galería. Con una cierta organicidad incluso. Animaron a la gente a acercarse y en “Coil”, intro de teclas mediante, emergió su faceta más atmosférica. Todo sobre una cuidada línea de batería, con la banda alternando entre esa creación de capas y un post-metal elegante, tendido, rebosante de clase. El de Cult Of Luna era un nombre que iba y venía durante la descarga. ¿Lo mejor? Que si en Lara anidaba algún tipo de nerviosismo, que a buen seguro que sí, desde luego apenas se notó. Punto para ella.

Vipassana” son desde luego los Honara más graves y rotundos. Una solidez que magnificó el buen sonido del que disfrutaron. La Sala Telva no es el Movistar Arena (ni falta que hace) pero se agradece que cuiden detalles tan importantes como este. La banda encaró esta recta final decidida a dejar negro sobre blanco su cara más potente. Es algo que ponen de relieve toda vez atacan “The Cage”. Antes, habían quedado sendos agradecimientos a la sala, al técnico de sonido (estupendo trabajo), a sus compañeros de Narwhale… dice mucho de ellos, pienso yo, que se decidieran a cerrar con la que, siento, resulta una de sus composiciones más ambiciosas. Es un cierre que, desde luego, permite vislumbrar de qué es capaz una formación como esta. Solo esperamos que consigan afianzar el actual line up y que el obligado rodaje, el sábado se irían rumbo a tierras madrileñas, entregue los debidos frutos. Crecer y crecer, es así como va esto, por lo que espero que vuelvan a transcurrir otros dieciocho meses hasta que nuestros caminos se crucen de nuevo.

Descarga espejo de aquella que os contamos en enero del pasado año. Dos bandas pertenecientes a generaciones completamente distintas pero unidas por unos cuantos nexos comunes. Juventud y veteranía al servicio de dos de las propuestas más llamativas y personales que la vieja Asturias tiene para ofrecer ahora mismo. Vaya un abrazo para todos ellos, un saludo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Blues & Decker (Gijón 30/4/2026)

El ciclo de conciertos Arte En El Barrio organizado por la Fundación Municipal de Cultura y Educación de Gijón nos proporcionaba la tarde del pasado jueves 30 de abril una nueva oportunidad para disfrutar de Blues & Decker en vivo. No son muchas las oportunidades de coincidir a pesar de editar en octubre del pasado año un gran trabajo como es «II: The Return» así que no quedaba más que aprovecharla.

Ante una sala que presentaba un magnífico aspecto Gustavo Pérez (guitarra y voz), Guzmán Lanza (guitarra solista), Kike Cuetos (bajo) y Diego Reyes a la batería disfrutaron de unos 70 minutos para repasar su trayectoria en un show que apenas dio pausa y en el que predominó la versión más hard de su elegante blues rock. La primera sorpresa de la velada llegaba con el inicio del show y es que arrancar con «Back In The Cadillac«, tema original del zurdo californiano Coco Montoya deja patente desde el primer momento que la formación había preparado una cita especial. En estos primeros compases también rendirían homenaje a Allman Brothers Band y al indispensable B.B. King.

El alma eléctrica de Blues & Decker inundó el recinto, logrando que algunos despegaran sus posaderas de la butaca y arrancaran a bailar por los pasillos laterales. La música y los prejuicios nunca han sido buenos compañeros de viaje. Para mi sorpresa solamente 3 temas de su nueva obra tendrían cabida en el repertorio, «Back To The Roots«, «Never Happened To Me» y «The Omen«, también para decepción del amigo que solicitó en más de una ocasión «Odyssey«. En contraposición pudimos degustar temas de su gran ópera prima como «Stealin’ The Soul» y «Blues Is Dead. Long Live The Blues!» con un Guzmán Lanza derrochando feeling a la guitarra.

La segunda sorpresa del show llegaría tras la confesión por Gustavo Pérez de la admiración de la banda por Morgan dando pie a la colaboración de Sara Cuetos, que aportaría la voz a la revisión de «Attempting«, tema original del combo madrileño. La cita transcurría a una velocidad de vértigo y la única nota discordante la producía un sonido que sin llegar a ser deficiente no hacía justicia al desempeño de Gus y Guzmán a las guitarras. Kike por su parte se mostraba infalible marcando una intachable marcha imperial mientras un infatigable Diego Reyes no daba tregua a su kit de batería despojado ya de la indumentaria superior habitual de la formación.

La banda se mostró en perfecto estado de revista tras 14 temas derrochando energía, ganas de pasarlo bien y elegancia. Como colofón, agradecimientos de rigor a los responsables de la propuesta, al público congregado y desvelar una próxima cita en las instalaciones del Jardín Botánico Atlántico gijonés. Placer culpable para el que escribe, si un malvado cruce de caminos no lo evita, allí estaremos de nuevo.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Agenda: Breakdown Fest (Oviedo / Torrelavega)

Apenas siete días para el arranque del Breakdown Fest, que tendrá lugar en Oviedo y Torrelavega los días 8 y 9 de mayo respectivamente. La parada asturiana tendrá lugar en la Sala Estilo y contará con la participación de Sound Of Silence en su primer concierto tras la publicación de su nueva obra de estudio «A New Level Of Suffering», Incordian, The Zeronaut y Titano.

Entrada anticipada online 15€ a través del siguiente enlace:
https://ticketandroll.com/evento/breakdown-fest-oviedo

Al día siguiente el festival se traslada a Cantabria, concretamente a la Sala New Moon para compartir cartel con Incordian, The Zeronaut y la formación local Murdeity.

Entrada anticipada online 10€ a través del siguiente enlace:
https://ticketandroll.com/evento/breakdown-fest-cantabria

Route Resurrection: Kamijo Spain 2026

Kamijo, voz de la legendaria formación sinfónica japonesa Versailles, de la mano de Route Resurrection ofrecerá un único concierto en España dentro de su gira europea para el 2026.

La cita con el «pequeño rey» tendrá lugar el sábado 26 se septiembre en la madrileña Sala Nazca ena una velada que promete elegancia oscura y arreglos orquestales épicos coronada por una de las presencias escénicas más cuidadas e impactantes. Todo bajo el paraguas de intimidad que aporta una sala a la experiencia.

Entrada anticipada disponible desde las 12 horas del 5 de mayo a través del siguiente enlace:
https://www.resurrectionfest.es/route/kamijo-tour-2026/

Crónica: Obús + Barón Rojo (León 18/4/2026)

León se está conviertiendo poco a poco en nuestra segunda casa. A nuestra habitual salida para disfrutar de cada edición del Lion Rock Fest se van sumando eventos que todo amante del rock no debería dejar escapar, hace apenas unos meses la gira de despedida de Medina Azahara es un buen ejemplo. En esta ocasión el reclamo era comprobar el estado actual de dos auténticas leyendas del metal patrio como Obús y Barón Rojo. Con las huestes lideradas por Fortu Sánchez tocaba reencontarse, lejano estaba su paso por el festival avilesino La Mar De Ruido en el verano del 2024. Más fresco en la memoría habita la convincente actuación de los hermanos De Castro en el último Festival Unirock celebrado en agosto del pasado año en Puerto de Vega.

Llama la atención la escasa convocatoria de público a pocos minutos de la apertura de puertas. Posiblemente la amplitud del recinto amplificara en el subconsciente la sensación de vacío, una percepción que afortunadamente con el transcurrir de la velada mejoró gracias a una afluencia cercana al millar de nostágicos, dato que manejo por intuición y no por conocimiento oficial. Poco rostro juvenil entre los espectadores, no así de veteranos incondicionales, melómanos que disfrutaron en su adolescencia de un doble póker de discos que se grabarían a fuego en nuestra memoria colectiva. «Larga Vida Al Rock n’ Roll«, «Volumen Brutal«, «Metalmorfósis«, «En Un Lugar De La Marcha» o «Prepárate«, «Poderoso Como El Trueno«, «El Que Más» y «Pega Con Fuerza» contienen alegatos que aún siguen vigentes más de 40 años después.

Bajo una interminable luz roja da inicio el tiempo para Barón Rojo. Armando De Castro ejecuta el inolvidable riff del tema homónimo en una guitarra Steinberger inspirado en aquel modelo de minúsculo cuerpo y carente de clavijero que popularizara Paul Stanley a finales de los años 80. Rafa Díaz parapetado tras una pantalla de metacrilato me produce una triste sensación de ausencia, nunca podré digerir con esa opción estética para el directo. Compensa con creces esa falta de conexión con el magnifíco baterista José Luis Morán al bajo, que no dejó de moverse y animar a la parroquia durante todo el concierto.

La quietud de Carlos De Castro está lejos de sorprender a estas alturas, tampoco sus limitaciones a la voz, Armando por su parte aguanta el tipo con relativa suficiencia. Poco importa a una audiencia que en su mayoría abandona la faceta crítica en la puerta del recinto y solo desea rememorar una vez más esos himnos atemporales que llevaron a la banda a rivalizar con grandes nombres del rock universal, pues no son pocos los que aún recuerdan su asalto al Festival Reading en el verano de 1982. Con la retirada como un péndulo ejecutor sobre la cabeza Barón Rojo navega cada concierto sobre una ejecución pulcra. Su calidad técnica es aval suficiente en la mayoría de ocasiones y su legado minimiza la quietud sobre el escenario y la dependencia de la nostalgia.

«Yo nunca podría vivir sin tus cuerdas de acero tocar…» deja bien claro que con un mínimo de salud para subir a un escenario hay Barón Rojo para rato. No es necesario el esfuerzo cuando soportas más de 70 años en los huesos, posiblemente, pero cuando la respuesta del público es corear al unísono tus canciones y dibujar sonrisas en el rostro, todo compensa. Si vuelven a los escenarios Eric Clapton que convive con una neuropatía periférica, Nicko Mcbrain con las secuelas de un ictus o Bono diagnosticado de glaucoma hace dos décadas, el mensaje está claro, la música alimenta el espíritu y combate los malos momentos. Con los últimos acordes de «Hijos de Caín» el Barón sobrevoló León esquivando seguro y elegante la tormenta que se acercaba y el aparato eléctrico que iluminaba la noche del pasado sábado. Una despedida poetica para una banda de leyenda.

Turno para Fortu y los suyos. Acompañado en esta ocasión por su inseparable «hermano» Paco Laguna a la guitarra, Carlos Mirat a la batería y el infatigable Guillermo Montesinos al bajo, el burgalés criado en Vallecas volvío a ejercer de maestro de ceremonias en la velada leonesa. Propuesta en la antítesis de sus predecesores, de la elegancia y la pulcritud pasamos a la energía y actitud característica del cuarteto madrileño. «Necesito Más» marca el pistoletazo de salida de un show que iría perdiendo fuelle con el transcurrir de los minutos, algo comprensible cuando los grandes protagonistas podrían ser nuestros propios abuelos. Dato fácil de entender y por el que reciben la mayor de las admiraciones de un servidor.

El sonido en líneas generales estuvo correcto aunque ambas bandas tardaron un par de temas en conseguir una buena interacción con los técnicos de la mesa. La puesta en escena, minimalista por no decir ausente la de Barón, y más elaborada la de Obús gracias a un corporativo telón de fondo y un par de paneles laterales con la imagen de una calavera. Fortu empieza a desplegar su arsenal escénico y la temperatura empieza a subir en el Pabellón de Exposiciones. Cada pieza de artillería logra mantener a raya la tormenta mientras el público, ajeno a la climatología exterior, continuaba disfrutando de la poderosa guitarra de Paco Laguna y la vitalidad de un hiperactivo Montesinos.

La anecdota de la noche llegaría de manos de Nirvana, nieta de Fortu, que adelantaría unos días la celebración del cumpleaños de su abuelo con la entrega en el mismo escenario de una tarta al protagonista de la efeméride. Con todo el cariño hacia su abuelo invirtió la cifras que coronaban el presente aunque el número 27 no aporta buenos recuerdos a la  música. Bromas aparte, momento muy divertido y todo un placer para la vista que los peques abracen el rock en estos tiempos donde predomina la música de fácil digestión y mejor evacuación.

Pasado el ecuador de su actuación, el ritmo frenético que logran temas como «El Que Más» «Pesadilla Nuclear» o «Te Visitará La Muerte» se tornó pausado gracias a varios soliloquios y agradecimientos de Fortu, probablemente para tomar resuello y afrontar con solvencia la parte final del set. Previsible también el habitual número circense de persusión protagonizado por Mirat, ya sea con una escalera o en este caso una valla de obra, despliega toda su habilidad en el centro del escenario mientras Fortu tomaba el testigo a la batería. Tampoco sorprende la bajada del carismático vocalista al foso para darse un baño de masas con el público. La maquinaria está engrasada, perfectamente sincronizada y en buen estado de revista.

«Vamos Muy Bien» anticipa un fin de fiesta protagonizado por «Autopista» y «Solo Lo Hago En Mi Moto«. Despedida y agradecimientos en una velada de contrastes. Sin ganadores ni perdedores, solamante diferentes maneras de ofrecer un producto al que los paladares más exigentes encontraran matices ácidos. Casi 50 años en la brecha manteniendo una audiencia fiel no está al alcance de cualquiera, el estado de forma de Fortu anticipa muchas noches de nostalgia y deleite sonoro. Dos leyendas con cuerda para rato  y trazas de agrandar su legado, tiempo al tiempo.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Empire of Disease + Caballo Moldavo + Brutalfly (Oviedo 18/4/2026)

Una vez más, y ya se está convirtiendo en una costumbre, se presentaba un fin de semana repleto de eventos. La presentación de “While Everything Collapses” de los bilbaínos Empire of Disease, el regreso a los escenarios de Brutalfly después de alrededor de un año en el dique seco y la «vuelta a la cuadra» con los Caballo Moldavo, eran motivos más que suficientes para acercarme a la Lata de Zinc el pasado sábado.

Primera sorpresa, el orden de las bandas: abrirían los moldavos y darían el cierre Brutalfly, dejando la parte central para los vascos, que al fin y al cabo era el plato principal. Aunque el bolo se anunciaba para las 20 horas, la cosa se retrasó prácticamente una hora.

Caballo Moldavo nos reciben con “Bienvenidos Al Valle Del Cielo”, con el personal haciéndose de rogar en la planta superior, aunque cuando suena “Alimentándose En Secreto” la concurrencia ya es importante. Primeras palabras del reverendo y a continuación suena “El Cuervo”, basado en el relato de Edgar Allan Poe. Llega la hora de “Réprobos”, tema que dio título a su primer EP y que presentan como «hardcoreta». Es el momento elegido por el frontman para bajar y mezclarse con sus feligreses. Vuelve al escenario con “El Blues Del Innombrable”, que ya se puede considerar un clásico de la banda. “Marcados” da título al LP que llevan defendiendo desde finales del pasado año. Apuntar a este respecto que se les nota cada vez más rodados: la sólida base rítmica de Johnny y el hermano Lynnot, los afilados riffs de Leónidas y la personalísima voz del reverendo G. Throat.

Deteniéndome en la labor vocal, no sé si fueron cosas mías, pero me da la impresión de que este ha introducido registros más agudos en algunos temas, lo que les da un cariz distinto y demuestra su versatilidad. Llega la hora de adentrarnos en “El Pantano”. A pesar de ser la única canción de su primera obra que no ha sido regrabada para la segunda, es sin duda una de las preferidas del público. Marca además un punto álgido en el concierto, que se mantendrá hasta el final con “Mi Muerte Centinela”, “Misa Negra” y aún tienen tiempo de cascarse la versión del “Revolve” de Melvins antes de poner punto y final con “Al Otro Lado Del Viento”. En definitiva: un completo repaso a su repertorio y un gran concierto de los asturianos. Su metal monolítico no deja indiferente a nadie.

Toca cambio de backline y parece el momento de salir a tomar el fresco (y, por qué no, un refrigerio). Entono el «mea culpa», porque por culpa de este impás volví a la sala con el primer tema de Empire of Disease empezado (“Hamunaptra”) y no fui el único… De hecho, cuando suena “Depravity” la sala aún tiene un aspecto semidesértico. Con “Torture Chamber” a Gorka se le ve incomodo con el sonido de su guitarra hasta el punto que hay momentos en que es la de Borja la única que sale con claridad al exterior. Terminado este y tal vez para dar tiempo a su compañero, Pintxo bromea con el hecho de que la gente siga con la peregrinación desde la parte superior. También nos dice que hace justamente un mes que el nuevo LP está en la calle y que le van a dar un repaso completo (algo que yo particularmente agradezco en los conciertos de presentación). Con “The Beast Inside Me” continúan los problemas con ese cabezal de ampli hasta el punto que parece echar humo, pero Leónidas está ya al quite e instala el suyo en un gesto que le honra.

Solucionado este problema, continúan a la carga con “The Art Of Manipulation”. A estas alturas queda bien a las claras que nos encontramos ante unos auténticos «tocones». Iban domina los tempos de su batería cual metrónomo con una técnica espectacular y Xabi no para un segundo con su bajo. Es hora de recuperar viejos temas y esto ocurre con “War Machines”, perteneciente a su primer EP, “Silence Is Violence” (2019). También es el momento en que el cantante invita al público a sumarse a un «wall of death» del que algunos nos apartamos prudentemente… Vuelven a retomar el “While Everithing Collapse”, precisamente con la canción que le da título. Continúan con “No Risk, No Glory”, una declaración de principios de lo que supone estar en la escena underground, para dar paso a “With All My Hate”, tema que daba título a su primer LP (2021). Con “More Than A Hundred” finalizan su concierto y con ello la presentación completa de su última obra. Al personal le supo francamente a poco, pero al clásico grito de «otres tres», Pintxo responde de forma jocosa «haber bajado antes». En total, 10 temas para completar un setlist en el que tal vez eché en falta algún tema de su anterior LP, “Shadows In The Abyss” (2023), pero que dejó en Oviedo buena muestra del death metal melódico con tintes metalcore en el que atrevo a decir que están en la vanguardia del panorama estatal. En resumen, una auténtica apisonadora.

Y nos quedaba el postre de este banquete sónico. Por diversas circunstancias no había tenido la fortuna de ver aún a Brutalfly en directo, pero el thrash agresivo de los asturianos ya lleva tiempo en mis listas de reproducción. Para que no me pasase como con la banda anterior, esta vez esperé pacientemente el cambio logístico a pie de escenario. Comenzaron con “The Moon Hasn’t Blood” y a continuación sonaron “Shaman” y “Mechanic Soul”, de su EP homónimo de 2015. Didi nos presenta “Moretty (J.M.P.M)”, tema dedicado a José María Pedrero Morán y continúan la descarga con “Pigmalion”. Se nota que, a pesar del obligado parón, la máquina sigue engrasada, a lo que hay que sumar una dosis importante de ganas de tocar.

El trío suena compacto: la base rítmica de los hermanos Veloz se ve cumplimentada por la afilada Jackson de Mr. Stone, amén de su desgarradora voz: ingredientes fundamentales del thrash de vieja escuela. El concierto continúa con “The Oniric WhatsApp By The High Bird” para dar paso a “When You Betray Me… You Betrayed You Too”, una canción que es un alegato contra el bullying en cualquiera de los órdenes de la vida. Y aún quedaba tiempo para una sorpresa por parte de Didi: «una canción a capella en Si mayor y sostenido en el tiempo infinito… ¿Melissa: quieres casarte conmigo?». Y la interesada dijo SI. Ni que decir tiene que al bajar del escenario todo fueron felicitaciones y parabienes. Lo dicho: que sigan siendo felices.

Fue el mejor punto y final a una tarde-noche repleta de energía, buen ambiente y música a todo trapo hasta reventar los oídos. ¡Nos vemos en la próxima!

Texto y fotos: Tômi Röckdríguez

Crónica: Unexpectance + After Salem (Oviedo 18/4/2026)

Dos de dos. El pasado viernes acudíamos a la presentación del nuevo álbum de Beast Inside y, antes casi de darnos cuenta, nos volvíamos ver las caras con nuestra querida Gong para ver cómo Unexpectance hacían lo propio con el estupendo “Solus Ipse” (reseña). Por suerte para ellos, no estaban solos ante el envite. La buena gente de After Salem, banda que continúa donde lo dejaran Absalem, acudían prestos en apoyo de los ovetenses.

No solo el nombre ha cambiado en el seno de After Salem. La banda estrena nombre, sí, pero también logo (obra de Belén Lobeto) y batería, siendo ahora Marco Valera (Dumange, The Black Panthys Party, Nicotine Bubblegum…) el encargado de marcar el ritmo del cuarteto. El resto sigue inalterado en las figuras de Mike Gómez (guitarra), Carolina García (bajo) y Gina Barberia (voz). Pero tras el casi lleno de la jornada anterior, el sábado tocó enfrentarse a la cruda realidad. Muchos los bolos coincidentes en diferentes puntos de la geografía y poca gente con que llenarlos. Ello no es óbice para que estos renovados After Salem salgan a cuchillo, como por otro lado viene siendo costumbre en la banda. El mencionado nuevo logo ocupa el fondo del escenario. Y “Charcoal Heart” supone un arranque donde Mike Gómez pone de su parte en el fuerte pulso melódico de la composición. Buen sonido, además, del que disfrutan ya desde el comienzo. No terminaba de tenerlas todas conmigo, dado lo vivido en la jornada anterior, pero al final salió cara.

Gina, como siempre, hizo gala de su habitual dualidad vocal. Delicada en el limpio, desgarrada en el roto, su baile entre registros es santo y seña de la banda. Y “Lord of the Flies” deja tanto un buen puente, con ese breakdown tan bien cortado, como un buen solo por parte de Mike. Todo funciona porque la remozada base rítmica aportó toda la contundencia que se esperaba. “Sad Since 1995” es fácilmente uno de los cortes más idiosincráticos de esta banda. Gin se la dedicó a quienes hubieron de lidiar con “una madre tóxica, un padre ausente…” y todo entregó un poso más atmosférico, también más melancólico, que no hizo sino aumentar la paleta sonora del cuarteto.

Para o más bien sobre la familia que sí elegimos, “Loyal to the Bone” le sirve a Gina para brillar desde su registro más limpio, en fuerte contraste con ese epílogo descarnado y contundente. Siempre con un ya muy seguro Marco Valera en baterías. Y al final, si bien la entrada ni se acercó a lo visto la jornada anterior, si que, menos mal, dejó de ser el solar que nos encontramos al llegar. Fue la propia vocalista la que no quiso olvidarse de Belén Lobeto, a quien agradeció la creación del nuevo logo. Del rabioso presente saltaron curiosamente a los lejanos inicios, esa “The Forest” que siempre recuerdan, el primer corte que compusieron y que, en contraste con la dirección actual de la banda, permite contemplar de un plumazo cómo de grande ha sido su evolución. Una de las que más y mejor acertó a conectar con la gente.

Y vuelta de nuevo al presente para el debut en vivo de su última creación, una “Cherry Blossom” que debutara en vídeo hace escasa fechas y portadora de un riff que, pienso, gana una barbaridad en su traslación al directo. Y casi como resorte a ese poso algo más delicado, colocan “Heads Will Roll”, de seguro uno de sus cortes más juguetones. Imprescindibles esos coros de Carolina aquí y una banda que acertó a sonar más grave y rotunda. Para el cierre quedó “Haunted”, que Gina introdujo asegurando que versa sobre “una tía que se enamora de un fantasma”, algo que “le pasa a muchas”, apostilló Carolina, con ironía y también con razón. Para qué engañarnos. Lo mejor es que quedó claro el buen nivel que poseen. También que si había nervios derivados del cambio de formación, estos no traslucieron al resultado final. A afianzar esta nueva etapa. Esperamos ser testigos.

El fenomenal “Solus Ipse” bien merecía una entrada de relumbrón. No fue el caso y es un fastidio siempre que coincide tanta oferta en una única fecha. Sea como fuere, Unexpectance no iban a perder la oportunidad de darle a su tercer largo el tratamiento que se merece. Con un sonido tan contundente y redondo como nos tienen acostumbrados, todo se dispuso en pos de un bolo de los buenos.

Sobre todo porque Vaan resultó mucho más asentado que en mi anterior encuentro con la banda, aquél show en compañía de Hiranya en 2024 (crónica). Es algo que salta a la vista y sobre todo al oído nada más arrancan con “Noesis”, una de las propuestas más firmes de ese tercer largo, con el frontman alternando entre graves y rasgados sin dejar de moverse por todo el escenario. Buenos detalles de Aitor G. Stamper en el puente y en líneas generales una banda sonando tan comprometida como compacta. Muy segura de sí misma.

Y es que dio toda la impresión de que alcanzaban la Gong con los deberes más que bien hechos. Que quería movimiento, exclamaba la voz de Unexpectance. Y para ello dispusieron el vigor y la fuerza de “Sophrosyne”, donde vivieron a fuerza de colisionar furibundos blast beats de Luis Barrientos con su cara más atmosférica. Miki Méndez, puede que algo discreto en lo gestual, dibujó no obstante un estupendo solo aquí. Para “Momiji” son abundantes los detalles melódicos que dibuja ahora Nacho Peña. La diversidad con que se desempeñan, el modo en que Barrientos hilvana todos y cada uno de ellos. Y, al frente, un Vaan dejándose la piel por implicar a la gente. Un público, cabe decir, que si bien menos numeroso que la cita previa, sí que mucho más animoso.

Fue el propio vocalista quien introdujo el que fuera segundo single del nuevo álbum apostillando que “nos iba a dar con él en toda la cara”. Y es que “Ataraxia” destapó, aún si cabe, la cara más violenta del quinteto. También los tonos más desgarrados del frontman. Una celebración del metal más contemporáneo que Miki López cierra con otro gran solo de guitarra. De verdad, y sin querer leer cartillas de ningún tipo, que empecé a sentir lástima por quienes no pudieron (o no quisieron) acercarse a verles. Luis Barrientos marcó la brutal entrada de “Ethos”, propulsando al quinteto hacia su cara más furibunda y devastadora. El movimiento entre el público se magnificó. Unexpectance no aflojaban y el público, al que se sumó Vaan en el tramo final, tampoco. Gustos individuales al margen, a estas alturas del set empezaba a pensar que, hoy por hoy, son la formación más solida y contundente de nuestra (tan denostada) escena. Lo escribo como lo siento.

Pero como no solo de “Solus Ipse” vive uno, llegó el turno de volver la mirada hacia el anterior “Vortex” y rescatar aquél tema apertura “Guerra Interior”, donde brillaron los buenos detalles de Nacho Peña justo en las partes más violentas del corte. Y tras otro buen solo de Miki Méndez, la llamada de Vaan al wall of death. Que si bien no fue el más numeroso que hayamos visto allí dentro, dejó claro que el público del sábado sí que estaba por la labor. La voz del quinteto agradeció de hecho ese movimiento por parte de la gente. Y arremetió con una “Nematomorpha” que nos devolvía la cara más salvaje del quinteto, con un doble bombo verdaderamente lacerante por parte de de Luis Barrientos.

Antes de “EmpíreoVaan anuncia que se van tomar un descanso, momento que aprovecha Barrientos para un pequeño e improvisado solo de batería. Fue, en efecto, una de las pocas pausas que se permitió una banda muy segura y convencida en todo momento de sus posibilidades. Y ya fuera por el pequeño break que se tomaron o por otra serie de motivos, lo cierto es que sentí que su gama riffera se recrudecía de manera notable en su paso al directo. Al cierre quedó un breakdown de los que invitan a romper suelo y cercenar cervicales. Lástima que uno no esté ya para según qué trotes. No faltó el debido agradecimiento a la buena gente de After Salem. También a nosotros por ser “un público de puta madre”. “Hybris” se alimentó entonces de una mayor brutalidad (si cabe) pero también de una cierta carga atmosférica. Nacho Peña ayudó haciendo tapping aquí y, entre todos, acertaron a enfrentar su cara más elegante con la más violenta.

Para “Gnosis” ya me fue quedando la impresión de que Vaan había aguantado mejor el tipo que en mi anterior cita con ellos. El rodaje, los ensayos etcétera desde luego han ido dando sus frutos. El vocalista hace muy suya “Hipersomnia”, una de las ofertas más redondas del anterior álbum. Para el cierre quedó “Samsara”, con la banda vaciándose hasta su último aliento y Vaan perdido entre la gente. Benditos inalámbricos.

Soy más partidario de contar lo que sucede y no tanto de hacer quinielas, pero desde luego Unexpectance tienen ante sí un futuro que debería brindarles no pocas alegrías. Ellos han hecho sus deberes, está por ver si la gente hará los suyos. También lucen los renovados After Salem, quienes se mostraron tan elegantes y a la vez metálicos como acostumbraban bajo su anterior apelativo. Un placer siempre ver a unos y otros y contarlo por aquí. Vaya pues un abrazo así como un agradecimiento por todas las facilidades y mis sinceras disculpas por lo raudo de mi huida. Tened por seguro que nos volveremos a encontrar. De momento ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Erundina Artidiello