Reseña: Aposento «No Safe Haven» (Xtreem Music 2024)

Es el cuarto disco para las huestes death metaleras riojanas Aposento. La banda, que ya pasara por Heavy Metal Brigade con aquél “Conjuring The New Apocalypse” de 2020, vuelve ahora con un “No Safe Haven” bajo el brazo en el que encontramos a Manolo Sáez y Manu Reyes en guitarras, Pablo Vázquez al bajo, Raúl Ceballos en baterías y Carlos García en voces. Diez temas grabados en los Rock Lab Studios con el Tierra Santa Dan Díez a los controles y posteriormente mezclados y masterizados por el Vomit The Soul Davide Billia (Aphotic, Putridity, Holycide…) en los MK2 Studios de Ivrea (Italia). Con fotos de Unai Endemaño y arte de Naroa Etxebarria (Centinela, Sönambula, Nakkiga…) el disco vio la luz vía Xtreem Music.

El arranque de “No Safe Haven” no podría ser más abrupto. Tampoco más leal al propio legado de la banda logroñesa. Death metal descosido y vibrante, con unas primeras estrofas realmente encolerizadas y violentas. Para cuando la composición toma un rumbo algo más próximo a la pesadez de unos Incantation, sale a relucir la mejor cara de estos Aposento, que insuflan de puro death de corte clásico una entrega de apertura en la que todos sus cilindros parecen en funcionamiento. Percute el doble bombo un incansable Ceballos. Si acaso, echo en falta una presencia más continuada del bajo de Pablo Vázquez, discernible en la mezcla sólo a ratos. Sea como fuere un más que buen arranque:

Para cuando llega “Tortured And Abused” ahí sigue Ceballos con el doble bombo a pleno rendimiento. Me agrada ese riff de las primeras estrofas. También la forma en que Carlos García despliega sobre él unas estrofas oscuras y rabiosas. En especial durante las partes más violentas y rápidas, hay riffs que me llevan a pensar en la primera época de Cannibal Corpse. También en Hate Eternal (lo que si uno ha seguido la trayectoria profesional de Erik Rutan no deja de tener su gracia). La producción otorga quizá un peso excesivo al doble bombo pero sin duda la banda ha sabido cómo conjugar aquí las distintas caras que alimentan su modo de entender el death metal.

Pero agradezco la forma en que “Uncertain Death” le cambia el paso al disco. No es que su trazo abandone los rasgos que configuran buena parte de los temas, pero sí que la pesadez desde la que parte y los mil y un cambios de ritmo que alberga en su desarrollo la convierten en una de las entregas más técnicas de este cuarto álbum. Se deja sentir por ahí el influjo de los mejores Suffocation, solidario a un puente central más trotón y que bien podría recordar a bandas como Possessed, primeros Sepultura, Malevolent Creation… Composición híbrida en todo caso y una de las que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Por contra, la más breve “A Texas Funeral” arremete de primeras con un death metal furibundo y descarnado para el que no deja de ser uno de los trazos más nerviosos de todo el largo. El de Autopsy es un nombre que revolotea por mi subconsciente con cada nueva escucha. Ceballos apenas tiene descanso a lo largo de unas primeras estrofas que Carlos García, inasequible al desaliento, descerraja a placer. El puente central opta por una bajada en la intensidad donde surgen una serie de riffs algo más recurrentes. Sí me agrada el trazo que conforma el epílogo y la forma en que construyen ese viraje hacia ritmos más ágiles primero y decididamente violentos después. Sin que me desagrade, a ratos siento algo descompensada la suma de sus partes.

The Bad Seed” conjuga su death metal más feroz con aquellas pequeñas andanadas casi lindantes con el thrash que dibujaba “Uncertain Death”. Lo que surge finalmente es un corte bien construido, equilibrado, con Ceballos dando una clase de velocidad pero sobre todo de técnica y la pareja Reyes & Sáez entregando riffs eficaces, memorables incluso. Ese que surge en las partes más pesadas tiene un gancho de mil demonios. Al final un corte que viene a dar la razón a quien fuera que optó por él como una de las cartas de presentación de este “No Safe Haven”.

Where Darkness Reigns”, entrega más rácana de este nuevo trabajo, ofrece de primeras un riff algo exógeno para un disco como este. Tras él, Aposento construye otra buena andanada de ese old school death metal sobre el que tan bien se manejan pero que sucede en apenas un suspiro. El buen nivel técnico que manejan se deja apenas intuir durante un tramo central que recupera aquél paso casi marcial del inicio. No descarto genere más división de opiniones que ningún otra canción de la decena.

Quien sabe si a modo de antídoto, los riojanos colocan aquí “Let It Bleed”, composición más extensa de “No Safe Haven”, y que da inicio con un riff que siempre me recuerda a “Seasons In The Abyss” de unos tales Slayer. Lo que sucede después, sin embargo, tiene poco o nada que ver con los estadounidenses. Es un death metal cerril y directo, dominado ahora sí por una estupenda serie de riffs y donde Ceballos vuelve a lucir tras los parches. Por velocidad, sí, pero también por la forma en que su línea de batería acierta a amalgamar sus muchos ritmos sin mayores problemas. Su tronco central me recuerda sobremanera a unos Avulsed de sus primeros álbumes. Quizá eche en falta un solo que termine de redondear la oferta pero aún así otra de mis favoritas.

The Devil’s Bargain” opta por otro prólogo machacón, casi marcial, mientras Reyes & Sáez dibujan en comandita otro estupendo riff de guitarra. Echo en falta un bajo más alto en la mezcla que termine de apuntalar la base rítmica. Especialmente en las partes más pesadas. En aquellas veloces, mientras la batería de Ceballos vuela, Carlos García entrega una interpretación todo lo agria y oscura que requiere un tema como este. Sin ser la entrega que más me enganche de las diez, sí que reconozco como aciertos su trazo ágil o varios de los riffs que la forman.

As Your Life Ends” entrega ahora a unos Aposento en una clave mucho más pesada. También técnica. Por ahí la mezcla recupera para la acción el bajo de Pablo Vázquez y el ex Valdûr aprovecha para revestir con detalle otra de esas composiciones un poco a la contra del resto. Buenos riffs los que dejan Reyes y Sáez, hábiles a la hora de conjugarse para una entrega, ya digo, alejada de los ritmos tan violentos que dominan otras ofertas de este nuevo decálogo. Con ese epílogo en fade out, a buen seguro habría optado por ella como último corte del álbum…

… y no una “Parásitos” que vuelve a recuperar a los Aposento más nerviosos. Un corte con García en tonos verdaderamente oscuros y que me recuerda a los Incantation más ennegrecidos. Pura oscuridad riojana para un cierre sin apenas concesiones. A ratos pienso en bandas como Father Befouled, Undergang, Dead Congregation… Me agrada, sí, pero me queda la sensación de que “As Your Life Ends” habría funcionado mejor como cierre.

La maquinaria sigue bien engrasada y a poco que gustes de death metal a la vieja usanza raro será salgas decepcionado de este “No Safe Haven”. Es además un disco más ágil y diverso de lo que puede parecer a simple vista (o escucha), con un ramillete de influencias que abarcar desde nombres clásicos y elementales como Incantantion o Possessed a rasgos más contemporáneos pero no por ello desleales a la tradición. Buena caza.

Texto: David Naves

Reseña: Ghost «Skeletá» (Loma Vista Recordings 2025)

Skeletá” es el sexto trabajo del combo sueco Ghost, continuación del fantástico “Impera” de 2022. Tobias Forge se parapeta esta vez tras la figura de Papa V Perpetua para un verdadero festín de hard rock de regusto ochentero. Amén de una tonelada de voces coristas, le acompañan gente como Fredrik Åkesson (Krux, Opeth) en guitarras, Salem Al Fakir (que ya colaborara en el “Prequelle”) en teclados o Max Grahn (Dissectum, The Shattering) en baterías y coescritura de varios temas. Con el propio Forge como productor y con la ayuda de Andy Wallace (Dream Theater, White Zombie, Gojira, Soulfly…) y Dan Malsch (Doro, Suicide Puppets, Wicked Maraya…) en las mezclas junto al artwork de Zbigniew Bielak (Carcass, Vader, Gorguts, Paradise Lost…), el disco vio la luz vía Loma Vista Recordings el pasado 25 de abril.

A muchos se les llevarán los demonios tan solo con oír la tendida y poco menos que angelical introducción al álbum que propone “Peacefield”. Un coro in crescendo que desembocará en un tímido riff, taimado por una producción un tanto indolente, y en donde Forge, perdón, Papa V Perpetua introduce una de las líneas de voz más ochenteras que han entrado por mis oídos desde el último álbum de The Night Flight Orchestra. Muy lejos de aquél arranque fulgurante de “Impera” pero un corte, y esta es una máxima que se repite a lo largo de todo “Skeletá”, con un gancho de mil demonios. Rock de estadio, si lo queréis llamar así, auténtica seña de identidad de la banda a estas alturas de su (aún corta) trayectoria y un estupendo solo de Åkesson.

Lachryma”, y ese videoclip a lo “Vampira” de la Devin Townsend Band, llevan dando vueltas por mi cabeza durante semanas. El modo en que los sintes me recuerdan a los siempre amables The Midnight. La mayor enjundia que portan las guitarras ahora y el mismo hecho de que el riff podría habitar en sus dos primeros discos sin desentonar. Unos Ghost más conscientes ahora de su faceta más autoparódica. Puede que las nuevas generaciones hayan encontrado a sus Kiss particulares, pero Forge no se olvida de otra serie de estribillos pegajosos, eficaces, redondos. Tampoco de colar uno de los solos más redondos de todo “Skeletá”. Ni siquiera de ese cambio de registro del epílogo. Tan ochentas. Tan virguero. Temazo.

Hablaba antes de esa cierta autoconsciencia tan inherente a una banda como esta y puede ser “Satanized” la que más incide en ese sentido. Unos Ghost que de nuevo juegan a hibridar los tonos más oscurantistas de “Opus Eponymous” con su actual deriva hacia el hard rock de masas. Otro estribillo para el recuerdo, pero también algún deje más oscuro en los engarces entre estrofas. Y una producción de auténtico lujo. Todo está donde debe y brilla en consecuencia. La línea de bajo, no podría ser más sencilla, ni tener más clase ni incitar más a menear la cabecina. En esto no fallan los de Forge y menos desde que, nueve millones de oyentes mensuales en Spotify mediante, lo económico ha dejado de ser un inconveniente para ellos. Juguetona como pocas dentro del álbum.

Algo tienen las teclas iniciales de “Guiding Lights” que siempre me llevan a pensar en, fíjate, U2. Que para mí fortuna nada más lejos toda vez Papa V Perpetua arranca a cantar aquí. Nunca tan agudo como en sus representaciones en vivo, pero con un carisma lo inunda todo. Balada, medio tiempo si así lo preferís, de un melancólico y también un elegante como pocas veces esta banda ha sido capaz de trazar. Por eso me da una cierta rabia lo escueto de su duración, ni tres minutos y medio, que termina por desembocar en una culminación algo abrupta. Repentina incluso, impropia de una banda tan acostumbrada a cuidar tanto los detalles como esta.

Bonito el juego entre teclas que propone de entrada “De Profundis Borealis”. Ese prólogo se rompe con alguna de las guitarras más crujientes de “Skeletá”. Y Ghost combinan así una cierta oscuridad, tan propia de su país de origen, con otra línea de voz de esas que sólo unos herederos directos de ABBA pueden alumbrar. El resultado es otro corte grandilocuente, por momentos excesivo, sustentado por una firme línea de batería, y que tirando de tópico crece una barbaridad con cada escucha. La multitudinaria banda en su encarnación más heavy, quitando razones a algunos, y sacando adelante un nervio que parecía ya perdido. Todo el tramo final, ese que alberga el cuidado solo de guitarra, me funciona. Es cierto, el riff que lo soporta es de una sencillez casi alarmante, pero engancha de lo lindo. Me enfada que no entre en las elegidas de cara al directo en la actual gira de presentación del disco, francamente.

Hablando de riffs sencillos, el de “Cenotaph” no podría ser más elemental. Aquí de repente cobra especial protagonismo el bajo del propio Forge, altísimo en la mezcla, para otro de esos cortes con un marcado aroma al mejor hard de los 80. Tamizado por otra línea de voz marca de la casa, podría contarlo entre los cortes medianos de “Skeletá”. Fredrik Åkesson, eso sí, está fantástico en el solo de guitarra. Casi más cercano a los Opeth de Mikael Åkerfeldt en los que también se desempeña. Me atrevería a decir que incluso al Petrucci más meloso en la recta final del mismo. Pero en suma una de las entregas que me ha pasado más desapercibida de las diez.

Missilia Amori”, y tal vez esté solísimo en esto, pero tiene algo que me recuerda a Rush. Lo alto que está cantando Forge ahora. Ese bajo de nuevo tan presente en la mezcla. Medio tiempo contagioso, que sin caer en los ambientes más oscuros de “Satanized” ni rimar tampoco con sus primeros discos, es lo suficientemente hábil como para conjugar ambas corrientes en un curioso ejercicio de puro equilibrismo. Al final un corte que me retrotrae al hard de finales de los 80 con ese epílogo de nuevo grandilocuente (si bien algo engolado) tan habitual en el género.

Desde los ágiles dibujos de guitarra del prólogo en “Marks Of The Evil One” al bajo sintetizado de las estrofas, pasando por esas voces filtradas de Forge. Todo aquí casa con esa idea de llevar a esta banda hasta los confines del hard rock. El de sus paisanos H.E.A.T. ha sido un nombre que ha estado yendo y viniendo cada vez que alcanzaba este corte en cierto modo optimista y vibrante en la más pura tradición del género. Forge se reserva eso sí un epílogo de trazo sencillo pero rematado con otro hábil solo de guitarra. Puede que mereciera algo más que ese triste fade out final. Con eso y con todo otro estribillo de los que han acabado por echar raíces en mi subconsciente.

Pero “Umbra” es, para mí, la canción de este nuevo disco. Por gancho pero sobre todo por lo ambicioso de su sección solista. Incluso por algo tan simple como haber recuperado el cencerro. El Forge de las primeras estrofas no podría recordar más al de los primeros álbumes. En ellas me gustan los acentos de teclado casi tanto como lo hacen los contrapuntos que acompañan al vocalista en los estribillos. El juego entre canales que la producción otorga a la batería. La cuidada selección de riffs. Los crescendos. Y como digo ese juego entre guitarra y teclados del puente. Magnífica y, para servidor, desde ya una de las mejores obras que haya parido esta banda.

Excelsis” me deja siempre la sensación de que habría funcionado en mejor medida en mitad del tracklist que no dispuesta como cierre y después de algo como “Umbra”. A la sazón canción más extensa de este sexto trabajo, balada elegante, con Tobias en tonos obligadamente amables, arropado por una cuidada línea de bajo pero también por un tímido Hammond y, claro, una de esas producciones que no reparan en gastos. El solo, o al menos la parte inicial del mismo, debería hacer las delicias de todo buen fan de Gary Moore. Lástima que en un corte de seis minutos, Forge le haya otorgado un desarrollo algo reducido… pero un final que me agrada en cualquier caso.

Resumiendo y aunque es verdad que en el tronco del mismo se suceden cortes que alejan a “Skeletá” del sobresaliente, bastante es que en plena cresta de la ola Forge y los suyos sigan apostando por las guitarras, las buenas composiciones, la gran producción y el buen hacer en lo técnico. En términos absolutos es cierto que “Impera” me gustó más. Pero “Umbra” puede ser fácilmente una de las entregas más redondas de toda su discografía. Los juegos tonales que se suceden a lo largo del mismo, hibridando su luz actual con la oscuridad del pasado, siento le dan al disco un aura muy especial. Y mientras que “De Profundis Borealis” pueda pasar desapercibida para muchos, por aquello de no haber entrado siquiera en los setlists de la gira, la sensación general que tengo a día de hoy es la de que queda Ghost para rato.

Texto: David Naves

Reseña: Ofensivos «Calvos, Egos y Likes» (Autoproducción 2025)


Vuelven Ofensivos y con ellos su ácida visión de la línea temporal que nos ha tocado en gracia sufrir. La remozada formación asturiana se compone ahora de Sebi al bajo, Viña en batería y coros, Viti en guitarra y coros, Fran a la voz, López en guitarra y voces, Kike en voces y Java en sonido y vídeo. De traerlo a la vida se encargó el propio Pablo Viña, quedando las labores de masterización en manos de Adrián Huelga y los Flying Faders Studios. Finalmente, Yolanda Martínez se encargó del diseño gráfico.

El caso es que sorprende el pequeño prólogo de “Republica Capilar Del Turkistan” con esos aires medio orientales. Aires que no llegan a leve brisa. Pronto Ofensivos acometen con habitual mezcla de punk y metal, alternando voces y acometiendo su conocida acidez lírica. Vibra Viña en baterías, ofreciendo a estos Ofensivos un nervio muy marcado. Ya lo dice la letra: “donde hay pelo, hay alegría. La vida no es triste aquí en Turquía”. Un primer corte que forma junto con los dos siguientes la primera de las tres trilogías que alberga este nuevo álbum. Los arreglos del prólogo vendrán a rimar con los que ocupaban el pequeño puente, allanando el camino a ese epílogo más acentuado. Un buen arranque.

Pecados Capilares”, con esa intro a lo “El Club De La Lucha”, ofrece ahora una mayor pesadez. Aquí me agrada la faceta riffera que ofrecen. Intuyo para mis adentros que por la mayor tendencia al metal que deriva de ella. El caso es que me agrada la construcción de esta segunda entrega. Las líricas, que por espíritu me recuerdan a aquella “Ciudadano Terrorista” de Def Con Dos, ahorran en metáforas y, por ahí, resultan de lo más leales a la trayectoria de la banda. El caso es que aquí hay un puente que incluso podría pecar de elegante. Sorprendente (para bien) en un álbum de estas características. Testimonio, quiero pensar, de cuanto han cuidado estas nuevas composiciones.

Quizá ante la sola idea de que el oyente podría estar tomándose demasiado en serio este nuevo álbum, Ofensivos fusilan “Las Chicas Son Guerreras” (Coz) hasta las últimas consecuencias. “Los calvos son guerreros” tal vez contenga alguna de las estrofas mas deliciosamente hirientes que hayan trasladado a un disco jamás. Bienvenidas sean.

Ofensivos suenan mucho más reconocibles durante “El Llados Oculto De La Luna”, con los seguidores del infame influencer de origen insoportablemente pijo. El tipo es de Tres Cantos, que son con los que me quiero dar en los mismos dientes cada vez que veo el impacto que vendehumos como éste tienen en los más jóvenes. Por ahí toda la mala baba que Ofensivos (o quien sea) vierta contra él la recibiré siempre de muy buen grado. Además los asturianos lo han hecho insuflando ahora un pulso más rockero contra el que no queda otra que rendirse.

En los engarces entre estrofas de “Sexo, Autotune y Regueton” habita el que puede ser uno de mis riffs favoritos de todo el largo. Algo más acomodada en las mencionadas estrofas, aquí lo importante es desde luego el mensaje. Y sin ser yo el máximo enemigo del autotune (cuando se usa bien, como Daniel Gildenlöw y sus Pain Of Salvation en la fantástica “Wait” por poner un ejemplo), uno no puede más que asentir ante muchas de las afirmaciones que la banda lanza aquí. En el puente, que fusila el “Dale Don Dale” de Don Omar, quienes me vienen a la cabeza son Söax, por aquello de que ellos hacen lo propio con el “Gasolina” de Daddy Yankee. A centenares de millas en lo musical los unos de los otros pero muy solidarias en cuanto a líricas.

El Viejo” me pasa algo más desapercibida con respecto a otras integrantes del tracklist. En lo musical aprecio su ágil línea de batería y alguno de los buenos riffs que Viti y López trazan aquí. Más tendida y desprovista de ese mayor nervio que sí tienen otras entregas, su letra echa mano de una cierta escatología tamizada por la habitual acidez de los asturianos.

Tiktok Necesita Un Amiguito” resulta en una cómica cuña “comercial” de apenas veinte segundos con la red social de origen chino en su punto de mira. Así las cosas, “Roñones” recupera el nervio perdido. En lo musical puede ser uno de los cortes más trabajados no del álbum. El riff del prólogo, de hecho, no anda muy lejos del grunge más casual. Viña ha trazado otra ágil línea de batería. Y, sobre ella, Ofensivos muestran una mayor gravedad ahora, repleta de pequeños pero efectivos toques melódicos en lo que a guitarras se refiere. Porta además de una de sus letras más maduras, un puente generoso en lo técnico y un epílogo de no poco gancho. Fácilmente el corte más sorprendente de los diez.

En cierto modo más funky y juguetona, “Alexa” pone sobre la mesa la indolencia con la que hemos aceptado poner nuestra vida (o un gran porcentaje de la misma) en manos de grandes conglomerados multinacionales como Amazon, Google, Facebook… y la pérdida de libertades que tal acción trae aparejada. Ofensivos de nuevo obvian metáforas aquí, vuelven a arrimarse al ideario Def en lo musical y entregan una de sus líricas menos humorísticas y más dolorosamente certeras. Darse con la tapa del ataúd no sería lo peor que le podría pasar a George Orwell si le diera por levantar la cabeza.

Si estuviste en aquél Perversiones de 2024 (crónica), recordarás esta “Payasos En La Tele” que a la sazón les convertiría en ganadores de aquella edición. Una tan improbable como imposible colisión entre alguna de las coletillas más populares de Def Con Dos, Emilio Aragón y los propios Payasos De La Tele. Anda que estarán contentos unos y otros. Desprovista del factor sorpresa del resto de cortes pero, para un fan de Strawberry y cía como el abajo firmante, un gozo de principio a fin. Placer culpable, si lo queréis llamar así.

No sé muy bien si la palabra correcta es madurez pero sí que con respecto al anterior “Perdón Por El RetrasoOfensivos me resultan ahora más certeros en lo lírico y compactos en lo musical. Y es que la banda, o esa impresión tengo, ha dado un paso adelante desde aquél tercer trabajo. Siguen siendo divertidos. La primera de las trilogías lo es a conciencia. Pero conforme se suceden los temas advierto una mayor gravedad, si se le puede llamar así, que me sorprendió en primeras escuchas y me enganchó en las sucesivas. Un álbum, y en su caso no es el primero, que resulta una cierta anomalía en estos tiempos en que algunos se empecinan en asegurar que, hoy día, muchas de las cosas que se dicen a lo largo y ancho del tracklist “no pueden decirse”. Ellos las han dicho. Entonces ¿cuál es tu excusa?

Texto: David Naves

Crónica: Perversiones (Puerto de Vega 26/4/2025)

Novena edición del Perversiones y el invento volvió a demostrar ser una de las cosas más divertidas que uno puede hacer vestido. Otro de esos eventos que empiezan a ser tradición para nosotros y una excusa perfecta para una jornada entre diversión y buenos amigos. Contraprogramando a toda una Copa del Rey con Barça y Madrid disputándose su enésimo entorchado, la organización hasta dispuso una televisión fuera de la carpa desde la que los más futboleros no perdieron ripio de los Vinicius, Yamal y compañía. Era una pequeña novedad. El resto lo conocéis de anteriores ocasiones: la mencionada carpa, food truck, barra, puestos de merch y de la propia asociación…

Somos gente previsora y nos gusta llegar con tiempo, aun cuando nos separa un buen trecho desde casa. Pero una vez alcanzamos Puerto de Vega y recogemos nuestras acreditaciones, el ambiente parece ser el de siempre. Mucha cara conocida, no solo músicos y una jornada que se presumía de lo más agradable.

Eran las nueve de la noche Carmen Omar, emblema ya de este certamen, tomó el micrófono para acometer las debidas presentaciones al tiempo que hacía algo de historia para los novatos. Presentaría además a todas y cada una de las bandas participantes. ¿Los primeros en liza? Unos Down Of Decay (variación de World Of Decay) reventando a placer el “Blinding Lights” de The Weeknd. Ocurrió un par de veces o tres a lo largo de la velada que no conocía al original y por ahí puedo decir que se me hizo (evidentemente) extraña. Se va quedando uno atrás, para qué mentir. Sea como fuere, Flo aprovechó el inalámbrico para perderse entre la pasmada audiencia y, por ahí, fueron el mejor de los rompehielos.

Sküld vinieron entonces a desubicar a su gusto el “Fireworks” de la cantante (y momentánea seudo-astronauta) norteamericana Katy Perry. Jugaban en casa y se notó. Insertaron un pequeño guiño al “Can I Play With Madness” de unos tales Iron Maiden y finalmente hicieron honor a las muchas tablas que acumulan.

Metalversión, que ya de por sí parece una banda construida a la medida de un evento como este, dieron lo mejor de sí para el “Ven, Devórame Otra Vez” de Lalo Rodríguez. Desde primeras filas se dejó notar que pronto sería una de las favoritas, si bien quedaba muchísima noche por delante.

Cabe decir que los cambios entre banda y banda, con Eneko Ramos y el propio José Carlos Peláez echando un cable, fueron raudos y ágiles. Tremendo curro se pegaron. Le llegó el turno entonces al “antivacunismo”, esto es, Invulnerables reventando a conciencia el “Amante Bandido” del ínclito Miguel Bosé. También con guiño a Iron Maiden pero con algún problema técnico al final. Puede ser por ello que me pasaran algo más inadvertidos. Los concursos, aún uno donde se respira tan buen ambiente como este, tampoco son ajenos a los puñeteros duendes del directo.

Cubo de Kubrick, banda íntegramente femenina, creo entendieron perfectamente el espíritu del Perversiones. Se llevaron a su rinconcito particular el “Aserejé” de Las Ketchup (qué ganas de encontrármelas un día y preguntarles si alguna vez han pagado royaltie alguno a The Sugarhill Gang por el atraco). Desde el momento en que sonó el último de los acordes, una de mis favoritas a la victoria final.

Cöver Crush, a buen seguro una de las imágenes más llamativas de esta edición, fueron libres y a la vez correctos con el clásico popular “La Llorona”. Trágica como es, ¿puede que no casara al dedillo con el espíritu del evento? Sí. ¿La disfruté? Pues bastante. Y el público también.

Volvían entonces Metalversión. Esta vez para dejar una “Bailar Pegados” del sabadellense Sergio Dalma, de nuevo dejando la sensación de que le tienen muy bien cogida la medida al Perversiones.

Llegaba entonces el turno a la formación ferrolana Host, presencia cada vez más habitual en nuestros escenarios. Acudían esta vez sin el Perpetual Borja García y (por lo tanto) en formación cuarteto. Suya una de las mayores de-construcciones de la noche, una por momentos irreconocible y crujiente “Everybody (Backstreet’s Back)” de una de la boybands por excelencia: Backstreet Boys.

Pese a no conocer “La Mi Mozuca” de Melendi que vinieron a re-interpretar, Leitmotiv me ganaron ya con solo salir a escena con la gaita y las monteras piconas. Que además me agradaran pese a no conocer la original del (para mí insufrible, inaguantable, insoportable y podría seguir) cantautor asturiano creo que dice solo cosas buenas de ellos.

A Donnadie les salvó la elección del tema: «La Vida Es Un Carnaval» de la siempre dicharachera Celia Cruz. Trasladada a su particular idiosincrasia, vendría finalmente a ser otra de las que no cayó en saco roto.

Desde Pola de Lena le llegaba entonces el turno a unos debutantes, los chicos de Dominus Tempus, que se atrevieron con todo un “Sexy And I Know It” de LMFAO, performer inclusive, le guiñaron el ojo al “Seven Nation Army” de The White Stripes (la “vieja confiable” que me dijo una vez el bueno de Felipe SM) y fueron casi desde el primer instante otro de mis favoritos a la victoria final. Como se verá más adelante, sigo siendo igual de terrible con los pronósticos.

Habría turno para dedicarle un sentido y merecido aplauso a la infatigable Carmen Omar. Y para recibir a unos Plasma y su particular revisión del “Me Enamoré De Ti, y Qué” de Alejandro Vezzani. Otra que, en lo personal, quizá me pasó algo desapercibida.

Por motivos que algunos conoceréis, “Embrujada” de Tino Casal me toca bien de cerca. Valvulina hicieron bien en despiezarla a placer y llevársela a su propio terreno. Confío en que el legendario cantante asturiano, allá donde esté, supiera perdonarles tamaño atrevimiento.

No conecté del todo con Ovejas Negras, que pervirtieron el “Voy A Mil” de aquellos Olé Olé aún con Vicky Larraz al frente.

Pero fuera por la estética marinera o por el contrabajo eléctrico de Manu, los que sí llamaron mi atención serían Los Repuntos. Y es que al final, qué mejor entorno para algo como “Tra Ka Trá” que Puerto de Vega.

Otros debutantes fueron Broken Lights. Con una puesta en escena esmerada, performer inclusive, se adueñaron de “La Barbacoa” (Georgie Dann) e hicieron las delicias del respetable, que diría un clásico.

No Zone, de quienes podría decirse son una evolución de los fugaces Mortal Coil, despiezaron a placer el “Dragostea Din Tei” de los inenarrables moldavos O-Zone. Fácilmente los mejores solos del Perversiones y a buen seguro el doble bombo más festivo que hayamos visto desde los incalificables portugueses Serrabulho.

Maloserá tiraron de clase para traer a Puerto de VegaAntes Muerta Que Sencilla” de María Isabel.

Conocimos a White Noize en el pasado Monorock, es lo que tiene estar de chigre en chigre cada fin de semana, y creo poder decir que, tras el “I Will Survive” de la inmortal Gloria Gaynor, mostraron un nerviosismo mayor que en la cita corverana. Nada que no cure el paso del tiempo, también te digo.

Volvían para cerrar las buenas gentes de Sküld, caracterizados a lo Kurt Cobain para un curiosísimo mash up entre “Smells Like Teen Spirit” (Nirvana) y “Yo Quiero Bailar” de Sonia y Selena. Agregaron “El Xiringüelu” en su parte final, de nuevo entendieron muy bien el espíritu de un certamen como este y se ganaron el favor del público, creo sinceramente que no solo por el hecho de jugar en casa.

Llegaba el turno entonces para las habituales deliberaciones. También para que los ganadores de la pasada edición, no otros que la buena gente de Ofensivos, trajeran a Puerto de Vega su siempre ácida visión de la línea temporal que nos ha caído en gracia. A base de punk con trazas de rap y metal, amén de un estupendo “Calvos, Egos y Likes” bajo el brazo, pues sí que había ganas de verles.

Lo primero en saltar a la vista, como siempre, es su llamativa puesta en escena. De pronto Viti es un trasunto del merluzo intragable de Llados. López parece serlo de Iker Jiménez. Nada queda al azar si has escuchado su cuarto álbum. Pero lo mejor es que desde que arrancan con “República Capilar del Turkistan” suenan tan sólidos y redondos como, de hecho, viene a evidenciar su último álbum. Porque arremeten con la mayor pesadez de “Mis Pecados Capilares” y uno se pregunta si, alguna vez, habrán alcanzado semejante grosor en su propuesta. Del mismo modo tuvieron tiempo igualmente de virar al pasado y recordar la inefable “Susana Grisú”, que incluso provocó un (tímido) circle pit. A nosotros nos llegaría el turno para reponer fuerzas, así que nos fuimos un rato al backstage.

Y fue desde uno de los laterales del escenario que uno pudo observar no tanto las evoluciones de la banda, que también, como la reacción de la gente a ellas. Así las cosas, en “Sexo, Autotune y Reguetón” queda la sensación de que están la mar de cómodos sobre el escenario. Vista desde bambalinas, la reacción del público cuando Kike emerge caracterizado cual ninja para, claro, “Ninja Gafapasta”, es todo lo hilarante que uno espera.

Aguerridos, divertidos, ácidos, irónicos, Ofensivos. Pero López se guardaría un momento para agradecer a la organización por todo el trabajo llevado a cabo a lo largo de la jornada. Él más que nadie que vea los toros desde la barrera puede dar fe del tremendo esfuerzo físico y mental que trae aparejado una cita como esta. “Mal, Muy Mal” hace poco honor a su nombre y ya apunta a que se quedará en sus setlists durante largo tiempo.

Nosotros nos quedamos también. Había que conocer a los ganadores. Horas antes de sentarme a redactar esta humilde crónica, la propia organización del evento había compartido en sus redes el trío vencedor. Le refresco la memoria a los más despistados:

—Banda elegida por el público: Cubo de Kubrick

—Banda creada para el evento: Down of Decay

—Banda consolidada: Sküld

Destacar, para evitar posibles suspicacias, que el último de los premios, y que conlleva la presentación en vivo en la edición de 2026, fue la votada por los propios músicos participantes, como bien se encargó en señalar el bueno de José Carlos. Quedaba, pues, volver a disfrutar de los tres cortes en cuestión. Pero añado que es un gusto ver representación de la alcaldía en la correspondiente entrega de premios. Uno entiende que esta es una manera como cualquier otra de señalar la resonancia (y no solo en cuanto a decibelios) que tiene en la localidad una asociación como es Unirock. Cruzamos los dedos para que dure.

So riesgo de resultar repetitivo, gran trato recibido un año más. Puerto de Vega nos acogió como a hijos pródigos, procuró en todo momento nuestro confort y de su parte puso todas las facilidades para la redacción de esta crónica. Un gusto, pero eso ya lo saben. Así que por esta parte nada más que mandar un gran abrazo a toda la asociación, saludar a las muchas gentes con las que departimos a lo largo de la jornada y ya saben: salvo catástrofe nos vemos allí el 23 de agosto.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Breakdown Metal Fest (Oviedo 17/4/2025)

Primera edición del Breakdown Metal Fest y allí que procesionó el equipo de Heavy Metal Brigade presto a dar cumplida cuenta de las descargas de Chamako Wey!, Nuestroctubre, Absalem y Serrabulho. Cuatro propuestas bien diferenciadas para un menú más que óptimo, amén de un perfecto antídoto a la beatería reinante.

Siempre es un gusto encontrarse con la buena gente de Chamako Wey!. La formación sigue inalterada desde anteriores descargas, lo mismo que ese metal, en efecto fronterizo, y que tanto gusta de confrontar intensidad y groove. Muy firme al doble bombo Mike Jiménez, y fíjate que una vez más enfrentaba los pedales en calcetines. En líneas generales, el sonido en la Lata de Zinc parece mejorar a cada semana que pasamos por allí. Gran labor de Ovana una noche más.

Daniel Larriet no se quiso olvidar de los debidos agradecimientos. Encaró después “Fariseos” con su hosco registro habitual. Inquieto en la medida que lo permitía el coqueto escenario de la Lata de Zinc, haciendo buen uso de esa tarima y animándonos a que fuéramos entrando en calor. Fue un set algo más corto que otras veces pero en el que aún tuvieron tiempo de presentar un corte de nuevo cuño, “La Tempestad”, que desató a los Chamako Wey! más violentos de la jornada. Larriet, de hecho, lo encaró desde alguno de los registros más agrios que le recordamos.

Adri “Mostro” dejaría un buen solo en “Zombie Caníbal”. Fue precisamente su guitarra la que después vino a dar problemas, amenazando con echar por tierra el set de los asturianos. Solventados los problemas, el público respondió con calor a las embestidas del quinteto y, por ahí, supo dar inicio con buen pie al Breakdown Metal Fest. Y es que “Pendejos Fronterizos” rara vez falla en su propósito. Seguimos atentos a sus evoluciones.

Desde Zaragoza nos llegaba el cuarteto de metalcore Nuestroctubre. Su arranque de set posee una violencia tal que casi suena a llamada de atención sobre las posibilidades de la banda. “Muerte Por Defunción” puede dar pinceladas de su sonido pero en ningún caso resumir toda su propuesta. Porque sin salirse de las lindes del género saben construir temas que resultan atractivos por diversos. Su frontman Víctor Iglesias no dudaría en mezclarse entre la gente ya desde los primeros compases de “Irrompible”. Que si había que bailar, preguntó. Aún con eso, lo mejor por su parte fue el amplio abanico de registros que manejó. Yendo desde agudas voces limpias a gritos desgarrados o directamente guturales con toda naturalidad.

La fiesta montada abajo del escenario no distrae de las tremendas líneas de batería que está dejando Axell Valladares. Velocidad y grooves endemoniados casando a la perfección. Hubo un wall of death en la medida en que lo permite una sala como la Lata de Zinc y, por lo general, su propuesta pareció caer de pie en la tarde noche ovetense. Tras los agradecimientos de Víctor Iglesias, la banda desató su cara más melódica a través de “Monedas Sin Cruz”. A pinceladas, fueron dando muestras de ese amplio rango de influencias y sonidos que manejan. Xexu Jerez dejó buenas melodías con su Gibson aquí. Tras el pequeño escarceo con esa cierta calma, llegó el turno de apretar el acelerador y entregar una violentísima “El Camino Del Oriente”. Intensos y descosidos ahora, Iglesias contaría aquí con un buen apoyo en coros del bajista Zankare para un epílogo que de nuevo regresa a contornos más amables.

Al grito de “fuera fascistas de nuestra escena” arremeten con “Entre Los Escombros De Mi Mente”, de nuevo con el frontman perdiéndose entre la gente, lo que vino a multiplicar la algarabía general. Xexu Jerez amagó en un momento dado con redirigir hacia “Killing In The Name Of”, que al final quedó apenas en un fugaz guiño a los angelinos. Sea como fuere, alguno de los breakdowns que trazaron aquí desde luego hicieron honor al nombre del festival. Para el cierre quedó “El Cálculo Exacto”, donde Xexu dibujó alguno de los riffs con más gancho de todo el set. Puede que ciertos speechs de Víctor Iglesias se alargaran un tanto más de la cuenta. Sea como fuere damos fe de que más de uno se quedó con su nombre. Banda a tener muy en cuenta.

De lo bueno por conocer a una banda para la que Asturias es ya una segunda casa. Volvían Absalem a la Lata de Zinc en defensa de “Mortem”, su último Ep, y la gente en la Lata pareció muy por la labor. Porque se prodigan bastante por estas tierras y en este tiempo se han ido ganando su pequeña legión de seguidores. Pero, claro, porque (intro mediante) arrancan con “Charcoal Heart” y pocas veces habrán sonado más compactos. Es esta su cara más desgarrada, ejemplificada en el ambivalente registro de Gin. También la más hábil toda vez uno ve la seguridad con que Mike Gómez encara el solo. Es un tópico decir que toda banda es una familia pero en Absalem uno realmente respira la sensación de verdadera hermandad entre sus miembros. Algo que termina por transmitirse a quienes tienen en frente.

Ellos vuelven a “The Forest”, primera composición de su trayectoria y, como grupo en plena evolución que son, pronto queda clara la distancia entre aquellos iniciáticos Absalem y los actuales. Víctor Villar la remata con un firme blast beat, sonando muy enteros en sus muchos registros. Gin nos dio las gracias por asistir. Y aprovechó para dedicar “Sad Since 1995” a quienes hubieran tenido “una infancia complicada” teniendo que lidiar con “una madre tóxica, un padre ausente, ahora sois más fuertes”. Absalem se adentraron así en una encarnación más sentida y melancólica, con la bajista Carolina García en coros saliendo en apoyo de su compañera. Gin, por su parte, se arrodilló sobre la tarima, miró al frente y terminó alzada en pie uno de los cortes, pienso, capitales para el cuarteto.

La propia Gin tiene razón cuando dice que, al final, la familia de verdad es la que uno elige. Ella está fantástica en los tonos más cristalinos de “Loyal To The Bone”, aún cuando nos había comentado a la tarde que no se veía al cien por cien. A decir verdad todos brillan aquí. Víctor tras baterías y Carolina desde el bajo, Mike con otro buen solo de guitarra y la propia Gin manejándose entre registros sin mayores problemas. Durante el breakdown de “Lord Of The Flies” sucede un animoso circle pit que en cualquier caso no (me) distrajo de la buena labor de Mike con su impecable Solar blanca. “Obscura” siempre me ha dado la sensación de ser una de sus composiciones más redondas. Víctor la enfrenta primero de pie sobre su kit de batería y más adelante firme desde el doble bombo. Cómo conjugaron melodía e intensidad aquí da un poco la medida de la banda que pueden llegar a ser.

Tras los agradecimientos por parte de Gin, llega el turno de “Heads Will Roll”, donde su mayor dependencia de las pregrabaciones se puede excusar en el mayor gancho que despliegan. Al final todo es una cuestión de equilibrio. La gente se arrancó por palmas. Y, a pedido de la también vocalista de Gemtonics, recibió con las linternas de sus móviles la final “Haunted”. Un buen cierre que viene a confirmar que siguen por el camino correcto.

Al primer Breakdown Metal Fest le quedaba una última bala. Los grinders portugueses Serrabulho resultaron algo así como la decantación de los aspectos más escatológicos de Gutalax y su posterior reemplazo por una cierta fascinación por el eurobeat de finales de los los noventa, principios de los dos mil. En lo personal y desde que vi allí mismo a los japoneses Acid Mothers Temple & The Melting Paraiso U.F.O. que no recordaba fiesta semejante. Y de todas maneras lo de aquella noche ni se le acerca a lo acontecido el pasado jueves santo.

De primeras ya llama la atención cómo van vestidos cuando vuelven al escenario tras la prueba de sonido. El bajo con pelusilla de Guilhermino Martins. El recogedor encintado al micrófono de Carlos Guerra. Todo casa con esa visión abierta y desvergonzadamente lúdica del grind en particular y del metal extremo en general. Algo que llega hasta sus líricas, esa inicial “Rest In Piss”, pero que no logra esconder que, en el fondo, son una banda tan sólida como cualquier otra. Comprometida incluso. Porque Guerra no tarda ni cinco segundos en bajar al público e inaugurar el primero de los muchos circle pits que desataron. Apenas destellos de la que se nos venía encima.

Durante las partes más bailongas, esas en las que el clásico “tupa tupa” irrumpe para desatar esa faceta más lúdica, dudaba sobre si estábamos en la Lata de Zinc o en mitad del algún Obscene Extreme. La banda parecía disfrutar de lo lindo y el público del B.M.F. respondió hasta las últimas consecuencias. Pero sería de necios negar que, cuando apretaron el acelerador y buscaron una cierta (mínima) gravedad, sonaron realmente contundentes y sólidos. Lo dije más arriba pero quiero insistir: gran labor de Ovana a los mandos de la Lata. Diría que fue en “B.O.O.B.S.” cuando Guerra pidió a las féminas del público que se animaran a subir al escenario. Ante tal congestión de seres humanos arriba de las tablas, los chicos se las arreglaron como pudieron. Si sus interpretaciones no fueron aquí todo lo precisas que cabía esperar, a quién le importa.

Guilhermino Martins anunció entonces que el próximo tema estaba cantado (que en el caso de Serrabulho viene a ser un decir) en mirandés, un “Grind e Grossa” que a la sazón representaría otro de los momentos de cierto impasse en el set. Por entre el público circularon balones de playa, globos y hasta Krusty el Payaso. A Axl Rose se le saltarían todos los empastes si escuchase la que Serrabulho tenían preparada para “Sweet Grind O’Mine”, revisión claro del “Sweet Child O’ Mine” de Slash y compañía. Guerra acomete la primera estrofa con cierta gravedad, después la segunda a puro gorrineo. Las caras de algunos. Las sonrisas de otros. No creo que nadie quedara indiferente. Ni con esa particular revisión ni tampoco cuando Guerra anuncia que van a hacer el “circle pit romántico”. Dispuso al público por parejas y este respondió en gran número al pedido del cantante. Per se uno de los puntos álgidos del set.

Pero es que no contento con ello, el propio Guerra nos invitó a seguir sus pasos fuera de la sala mientras sus tres compañeros se quedaban sobre el escenario. Quien más quien menos dudó en un primer instante. Justo lo que tardó el frontman en cruzar la puerta y salir por las escaleras hasta el primer piso de la Lata de Zinc, atravesar el parque y llegar hasta el Café Bar Saona para pasmo e incredulidad pura de sus parroquianos. Pensábamos que nos iríamos de vuelta a la sala. Pero no. Vio Guerra a los chicos de Chamako Wey! sentados en una terraza adyacente y allí que nos fuimos a hacerles compañía. Parte de esta excursión fue grabada por el propio Nefta (vídeo) y quedará ya para la posterioridad como uno de los momentos más locos vividos desde que arranqué a escribir para este medio.

A la vuelta a la sala, porque lo mejor es que el show aún no había terminado, a Serrabulho aún les quedaban algunos trucos en el zurrón. El primero ese “quiero cagar y no puedo” (“Quero Cagar e Não Posso”) que repetían insistentemente, con Pelayo, hijo de Kabbrath, emitiendo diversos gruñidos desde el escenario. Aquí Guerra propuso un wall of death pero de culos contra culos. El wall of death a la inversa, podríamos decir. La cosa terminó con una nueva invasión de escenario. Y con la dedicatoria a Krusty, claro, del “Don’t Fuck With Krusty”. Pasaban quince de las doce cuando cesó la fiesta pero, mientras recogían bártulos y demás, nos dejaron con una impagable selección de clásicos: Ace Of Base, Vengaboys y demás gemas del eurobeat más memorable. Un show que, nunca mejor dicho, quedará para los anales (sic) de nuestra vasta mitología conciertil.

Gran primera edición del Breakdown Metal Fest. La fiesta que montaron los portugueses de Serrabulho acapara gran parte de esta crónica, pero sería de necios negar los buenos shows que tanto Chamako Wey! como Nuestroctubre y Absalem habían dejado antes que ellos. Un jueves santo en comandita con unos cuantos correligionarios, metal en cuatro formas bien distintas y el firme deseo de que el festival tire para adelante en el futuro. En jueves santo o cuando sea. Si los idus nos son propicios, allí estaremos.

Por nuestra parte nada más. Agradecer a Breakdown Productions las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, mandar saludos a la mucha buena gente con la que departimos en algún momento dado de la noche y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Festival Internacional de la Cerveza Artesano d’ Asturies (11/4/2025)

Nueva edición del Festival Internacional de la Cerveza Artesano d’ Asturies y, con él, motivos más que suficientes para coger nuestras herramientas y poner rumbo a Llangreu. En un día que se presumía soleado y tornó en desapacible, tuvimos la oportunidad de presenciar las descargas de Maverick, Fer Espina & The Riders, Lady Llagar, País Punk Rock, Skontra y Havenlost. Todo ello en el entorno de la Pinacoteca Eduardo Úrculo, en el barrio de El Puente.

Pese a ciertas polémicas que han derivado en la alteración de la denominación del evento, el recinto vino a ser el de siempre: Un par de escenarios, numerosas mesas en las que sentarse y degustar cervezas de todo tipo, food trucks… todo lo que un evento de estas características necesita para atraer a un buen número de amantes tanto del lúpulo como de la buena música.

Desde el escenario Roces le tocaba a Maverick ser los primeros del turno de tarde. Y lo que podemos decir de ellos es que parecen haber aprovechado bien el tiempo. Son varias ya las veces que les hemos visto y su progresión no podría tener mejor pinta. Quizá porque algunos detalles que dejan ahora sus temas se arriman cada vez más al metal, alternado con ese punk a la americana que les caracteriza. “Somos de Mieres, la otra cuenca”, exclamó su frontman Misael, “y es un placer estar aquí hoy”. Hubo gente insultantemente joven que no perdió ripio de las evoluciones del renovado quinteto. Y es que tal y como rezó una de sus letras, “siempre hay razones para pelear”. Y tanto que sí.

Ya digo que parecen una banda cada vez más entera. Aún a pesar de las alteraciones en su line up con las nuevas incorporaciones de Saúl en guitarras y Oriol al bajo. Se podría decir incluso que “El Miedo En Vuestros Ojos” muestra unas hechuras muy metálicas. Sorprendieron no obstante con la versión del “All I Want” de A Day To Remember y dejaron su cara más vibrante en “Travis Bickle”, por el personaje de Robert De Niro en la inmortal “Taxi Driver”. Pensaba mientras veía a Misael bajar a mezclarse con la gente que cada vez me recuerdan más a bandas como Free City o Sinaia. La gente se lo pasó bien, incluso los más peques. Hubo algunos pogos y en general mucha diversión frente a ellos. Esperando repetir en la próxima edición del Rockvera Fest y confirmar su crecimiento.

Sin movernos del escenario Roces le iba a llegar el turno a Fer Espina & The Riders, esta vez con todo un Sergio Álvarez en baterías y, como siempre, Dany León en guitarras. “Todo Está Bien” pronto dispone el habitual sonido clásico del trío. Aquí Espina comanda con voz amable y buen hacer al bajo. Sin alardes ni dobleces. Y esta puede ser una apreciación particular pero hacía tiempo que no veía tan risueño a León sobre un escenario. No faltó “Gong”, cuya letra de nuevo se vio convenientemente alterada conforme al lugar en el que discurría el evento. Muy fino León aquí con el slide y de lo más participativo Espina buscando la interacción con el público al final. Me gustó la revisión del “Son Como Hormigas” de Barón Rojo por la forma en que la trasladaron a su particular modo de entender el rock and roll.

Dany León se calzaría entonces los zapatos de todo un Jeff Beck en “Going Down”, dibujando así una de las aportaciones solistas más vibrantes de toda la jornada. Alternando producción propia con cortes como “A La Primera” y versiones como esa “Yer Blues” en la que el propio Espina pide un aplauso para su compañero en mitad del solo. “Canción Del Pantano” nos inundó de blues sureño mientras que el cuento orwelliano que supone “El Ojo Que Todo Lo Ve” puede ser lo más cerca que estuvieron del hard rock. “Fuego y Carbón”, de hecho, depara a los Fer Espina & The Riders más vibrantes, mientras que “Volteretas” desata una estupenda línea de bajo. El trío vería finalmente acortado el show con respecto al que anunciaba su setlist, lo que no quita para que pasáramos otro buen rato en su presencia.

Llegó el turno entonces de Lady Llagar, alter ego de Mariajo Baudot cuya propuesta tiene poco o ningún encaje con la música que solemos tratar en un medio como este. Ello no quita para que su propuesta, nos resultase amena cuanto menos. Reivindicación y mucha sororidad por su parte. También un punto entre lo canalla y lo tradicional que bien podría rimar con la figura del omnipresente Rodrigo Cuevas. Lady Llagar no deja títere con cabeza y hace bien. En solitario, a veces a modo karaoke, otras con el único apoyo de una pandereta, se atrevió a masacrar “Ay Mamá” de Rigoberta Bandini o “Du Hast” de Rammstein, pero no “Como Una Ola” de la más grande. Porque a Rocío Jurado se la respeta, señores. O como diría la propia Llagar: “pacones”.

País Punk Rock nacía para la ocasión con la idea de rendir tributo al punk rock regional. Un evento único que levantó no poca expectación en el recinto del festival. La alineación de la banda era la formada por Dany León y Juan Bertrand en guitarras, José Manuel Tejedor a la gaita, Luis Vázquez De La Torre en baterías y Carlos Álvarez al bajo. Y junto a ellos, una ristra de vocalistas que tuvo en la figura de Sandra Luisquiños a una de las dos mujeres del show. “Autodefensa Muyer” de Ochobre inauguró así el set. También la certeza de que el sonido en el Escenariu Revibeer iba a estar a la altura de las circunstancias. Se fue Luisquiños e ingresó Bertón (Skontra) para dejarnos una “Y Sigo En Pie” de su propia banda. Fue entonces que le llegó el turno a Pablo Martínez (Desakato), quien honró a otro de nuestros grandes nombres: Mala Reputación.

Hubo mucha implicación por parte de un público bastante joven, tanto que se debate siempre sobre si hay o no relevo en nuestro rock and roll. No quiso Pablo olvidarse de los obligados agradecimientos. Tampoco de comentar, no sin cierto grado de ironía, que hacía tiempo que no se subía a un escenario “a facer tantu ruíu”. Llegaba el turno entonces de rescatar “Foriatu Na Mio Ciudá” de Misiva, que este 2025 cumple precisamente su primera década de vida. También de Misiva es una “Invencibles” en la que quien irrumpe al micro es un Diego Teksuo al que (seguramente) nunca habíamos escuchado tan alto de revoluciones.

Le llegaba entonces el turno al propio voceras de Misiva, un risueño Humber Sierra que afrontó el clásico de DixebraNun Llores”, no sin antes dejar claro que la banda de Xune Elipe era una de las razones por las que cantaba en asturianu. La gente se implicó de lo lindo aquí. Solo faltaba. Volvió entonces Bertón, esta vez para un muy bien recibido “Fálame” de Mala Reputación. Aunque si hubo un corte que de verdad encendió a la gente en esta primera parte del set, este fue “Cuando Salga El Sol” de Desakato, con el propio Pepo arriba de las tablas. Se hacía algo raro ver a Maxi (Fe de Ratas) sin su habitual guitarra, pero puede que “Miseria Frente A Miseria” no haya sonado nunca tan potente y rotunda. Se fueron Pepo y Maxi e ingresó Marisa Valle Roso para rescatar “El Monstruo De Mi Habitación” de los pujantes La Mørgue. “Ahora en escenario orgullo de la cuenca, orgullo de Asturies: Ramón Blanco” anunció. Y allí que se subió la voz de Los Berrones con su inseparable Stratocaster. “La Del Estudiante” nos retrotrajo a la adolescencia a muchos. Blanco tiró aquí de ironía: “vamos a hacer una pequeña oración por la salud de Bergoglio”. Se fue Valle Roso y retornó Diego Teksuo para, quién lo iba a pensar, “La De Sindo El Cabreru”.

Se fue entonces Blanco y retornó Maxi Compán para un corte que, dado el entorno, epicentro mismo de la minería en nuestra región, tenía un centenar de significancias: “Mañana Fría” de Dixebra. Ni que decir tiene que fue una de las mejor recibidas de toda la noche. Volvió Marisa para cerrar el prólogo de “Cada Vez”, momento muy sentido en Llangreu. Tanto o más cuando regresa Pepo para el resto de canción. Él mismo sería el encargado de animar al resto de compañeros a que regresaran arriba de las tablas para el gran fin de fiesta. Ocasión única que respondió a todas nuestras expectativas, desde luego.

Llora la gaita de Kristian al son de “En el Pozo María Luisa”, emblemático himno popular de los valles mineros asturianos, como arranque del set de Skontra. La banda vino a Llangreu a dejar clara su actual posición como punta de lanza del más combativo punk astur. Con Bertón como maestro de ceremonias y aún ante un nutrido grupo de seguidores supieron sacar punta a los oscuros tiempos que nos ha tocado vivir. Enlazando un tema tras de otro, siempre con ritmos vivos y sin dejar una sola proclama por el camino.

Bertón no se quiso olvidar de los habituales agradecimientos. Y la banda acertó a doblar gaita y guitarras con no poca pericia. Su propuesta está a bastantes millas del tipo de música que escucho habitualmente, por lo que tomé algo de distancia con respecto a sus evoluciones. Sea como fuere no fue poca la gente que se quedó a verles. A pesar de lo muy desapacible de la jornada y las altas horas. De hecho hubo quien se implicó en buena medida durante “Sal A La Cai”. Un set que no estuvo exento de sorpresas, como lo fue ver a Juan Bertrand (Söax, La Tarrancha) subiéndose a las tablas para “Y Sigo En Pie”. Más que cumplidores.

En los madrileños Havenlost iba a recaer la siempre ardua tarea de cerrar la jornada. Con los relojes marcando las tres de la madrugada y practicando un hardcore melódico ajeno al resto del cartel, aquello pintaba a desolación total. Algo que, no obstante, en ningún caso amilanó al quinteto. Es una pena que éste tuviera un sonido tan enfangado al comienzo. Pero honra a los chicos que no se amilanasen frente a toda esa serie de circunstancias. Sergio Andaluz se mostró de hecho muy activo tras el micro y la banda fue, tema a tema, mejorando sus prestaciones. Poder verles en un escenario en condiciones, y no en las estrecheces de una sala como la Ángeles y Demonios (con todo nuestro cariño, grandes momentos vividos allí) nos dio un poco la verdadera medida de la banda que pueden llegar a ser.

Cuando el sonido se aclaró, brilló la hábil alternancia entre sus partes más tranquilas, que lindan casi con el post rock, con las más furibundas y enrabietadas. Tuvieron tiempo de desgranar cortes de su último Ep, un “Memories & Pleas” estrenado este mismo año, y de mostrar que, en el fondo, son una banda profundamente orgánica. Me agradó sobremanera “Wanderer”, quizá una de sus composiciones más diversas, y en general pienso dejaron buenas sensaciones a su paso por Llangreu.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Aneuma «Flesh & Bone» (Art Gates Records 2025)

Siempre digo que en este negocio solo se trata de seguir el curso natural de las cosas. Tras un segundo disco que marcó un paso adelante con respecto al debut, después de proclamarse subcampeones de toda una W.O.A. Metal Battle y ver cómo llamaban atención de un sello como Art Gates Records, era por fin el turno de confirmar la progresión ascendente con un tercer trabajo. Y lo han hecho Laura (voz) Borja y Abel (guitarras), Jorge Fernández (batería) y (para esta ocasión) Fernando Pérez (bajo) confiando una vez más en los Breakdown Studios de Nefta Vázquez donde ya trajeran al mundo sus dos primeros álbumes. La presión, intuye uno, no habrá sido pequeña. Veamos qué tal han resuelto la difícil papeleta.

Light The Torch Of Strength” presentó “Flesh & Bone” en sociedad mientras dejaba claras muchas de las líneas maestras de este tercer trabajo. La primera que salta al oído es ese bajo ahora tan predominante en la mezcla. De manera muy marcada en estrofas, de hecho. Otra es la labor de un Jorge Fernández tras parches infligiendo más nervio y pegada, algún blast beat incluso, al que es (a día de hoy) uno de los cortes más vibrantes, por veloces, en la historia del quinteto. El resto de la receta es bien conocida por su creciente fanbase: la voz rota de Laura Alfonso, la profunda carga melódica que proporcionan las guitarras de Abel & Borja, el clasicismo que abrazan casi a cada acorde… Rematan con un estupendo solo en su parte final y aunque siento que, en términos de composición y estructuras no es el corte más avanzado del disco, se las arregla para resultar, más que un arranque, casi que una llamada de atención sobre sus intenciones.

El prólogo de “Tear Down The Walls” parece querer seguir donde lo dejara aquella “Circles Of Fire” del anterior “Venom”. Un riff pleno de gancho que cederá protagonismo a unos Aneuma ahora menos nerviosos pero algo más retorcidos. De nuevo, y en esto no iban a fallar, todo el entramado melódico de la composición brilla a la altura. Me gusta esa línea de batería y la forma en que empasta todas las intensidades de esta segunda entrega. Sin florituras de cara a la galería, precisa, elegante incluso. En el debe no dejo de echar en falta un bajo que crepite del modo en que lo hacía en “Light The Torch Of Strength”. Pero en el haber están el buen solo que adorna el tramo final. Bien construido desde esas melodías iniciales y más hábil de lo que intuí en primeras pasadas al disco. Laura traza una buena línea de voz aquí. Sin salirse de su hosco registro habitual pero logrando sonar realmente amenazante en alguno de lo versos. Aquél riff del prólogo regresará para el epílogo y la sensación que me queda como oyente es la de que estamos ante unos Aneuma cada vez más maduros y seguros de sí mismos.

Return From The Land Of The Dead” enfanga un punto más el sonido de los asturianos. Un tercer corte en el que la banda abraza una pesadez que me recuerda a ciertos momentos de aquél “Climax” con el que debutaran en 2022. Relativamente breve, quizá de modo inconsciente asimile ese avanzar tan a medio gas a cortes de mayor duración, lo que no quita para que todo el entramado guitarrero que ofrecen los dos Suárez aquí me resulte más que notable. Aprecio que el bajo de Fernando Pérez vuelva a crujir como hiciera en el corte inicial. También el modo en que Laura se desgañita a lo largo de los estribillos. Pero cuando llega ese cambio de ritmo de la parte final y Abel contrapone su registro al de Laura, siento que la composición bien merecía un epílogo algo más extenso.

Sea como fuere, el tracklist ofrece ahora “Overcome”, corte más extenso del álbum y, desde ya, uno de las composiciones más libres, retorcidas y me atrevería a decir que ambiciosas en la aún corta trayectoria de Aneuma. Todo parte desde un inicio poco menos que vibrante, con la base rítmica y ambas guitarras jugando a encontrarse sobre un trazo de lo más ambivalente. Luego llegan las estrofas y Jorge Fernández vuelve a brillar mientras empasta este trazo casi laberíntico. Será el corte que más escuchas exija al oyente, como puede deducirse de su mayor duración. Pero entre guiños a la escuela nórdica y ciertos detalles que me recuerdan a los Machine Head de la era Phil Demmel, la banda ha trazado un corte que, no obstante, alcanza su particular clímax abrazando el mayor clasicismo de la muy elegante sección solista. Dentro de “Flesh & Bone” caben entregas con más gancho pero ninguno marca la medida de las ambiciones de la banda del modo en que lo hace “Overcome”.

Con “Hear Me Now” regresa una mayor pesadez. También la que puede ser la interpretación más desgarrada de Laura Alfonso hasta ahora. Abel contrapone su registro y entre ambos construyen unas líneas de voz en la más pura tradición del quinteto. Un funcional ejercicio de equilibrismo entre los Aneuma más pesados y los más melódicos. Sin ni mucho menos alcanzar las fronteras del doom pero, qué duda cabe, dando algún que otro paso en esa dirección. Lo que me sorprende aquí es la construcción de su sección solista. Clásica pero juguetona, contrapuesta a todas cuantas uno encuentra a lo largo de este tercer trabajo.

Así las cosas, los Aneuma de “Under The Spell” resultan mucho más reconocibles, aún cuando puede ser esta la composición más marcadamente melódica de las ocho. El corte pierde la mayor vibración del prólogo para acometer un ligero cambio de ritmo por el que se colará una encarnación más melancólica, me atrevería a decir que inédita en toda su discografía, y que siempre me recuerda a bandas como Sentenced, Lake Of Tears, To/Die/For, etcétera. Los solos se avienen sobre un ritmo más vivo para después desembocar en los Aneuma más clásicos del comienzo. En muchos aspectos otro los cortes con más personalidad del disco y una muestra más del cada vez más amplio imaginario que manejan.

De hecho es que “Flesh & Bone” ofrece un avanzar casi marcial en no pocos momentos. Que sin llegar a contornos que tengan nada que ver con el industrial, sí que en esos engarces entre estrofas se siente un poso casi maquinal. Lo que me agrada en cualquier caso es que la banda los aborda sin por ello dejar de sonar profundamente orgánicos. Aquí no hay aditivos de ningún tipo que disfracen lo que no deja de ser un corte tan leal a su sonido en forma como transgresor en su fondo.

El cierre corresponde al corte más fugaz del álbum, un “Violet” de poso mucho más clásico en el que reside uno de los mejores binomios guitarra y voz de todo “Flesh & Bone”. Lastrada en parte por lo escueto de su duración, esos poco más de tres minutos, no me parece en ningún caso un corte desdeñable. En especial cuando la composición acoge el mayor nervio de su tramo final apoyada con firmeza por el doble bombo de Jorge Fernández. Correcta. Ni me engancha ni me disgusta.

Si bien aún pienso que el mejor disco de la banda está por llegar, este “Flesh & Bone” desde luego confirma la progresión ascendente que en su día marcara “Venom”. A grandes rasgos porque supone una ampliación de su rango de influencias. Es lo primero que llamó mi atención tras las primeras escuchas del disco. “F&B” va desde el puro nervio del tema apertura a vibrar cerca del goth en ”Under The Spell” o atreverse a probar el avanzar casi marcial del tema título. Y lo hace sin abandonar nunca esa organicidad que les ha caracterizado desde el primer disco. La música de Aneuma, hasta que ellos mismos no demuestren lo contrario, se maneja dentro de unos márgenes absolutamente sinceros. Nada resulta artificial en sus álbumes y este primero para Art Gates Records desde luego no es la excepción. Si además entregan algo como “Overcome”, quizá su composición más completa y ambiciosa hasta la fecha, el camino a seguir parece más que despejado para ellos. Seremos testigos.

Texto: David Naves

Reseña: Barbarian Swords «Fetid» (Base Record Production 2024)

Fetid” es el quinto largo para los black doom con base en Barcelona Barbarian Swords: Panzer en bajo, teclados y guitarras, Steamroller también en guitarras y Von Pax en voces. Con el Onirophagus Uretra a cargo de las baterías, fue Javi Bastard el encargado de llevar a buen puerto, Moontower Studios mediante, los seis cortes que componen este nuevo trabajo. Adornado por el arte de Juanjo Castellano (Æolian, VoidCeremony, Obscure Infinity, Paganizer, The Black Dahlia Murder…) lleva en circulación desde abril del pasado año vía Base Record Production.

Inaugura “Cherokee Firestorm”, que fuera además carta de presentación del largo, y pronto Barbarian Swords ofrecen un metal de pulsos lentos para un black doom muy orgánico, con una producción y mezcla que saben de sobra el tipo de material que tienen entre manos. Sorprende el fuerte pulso atmosférico que emana de ciertas melodías y la forma en que se contraponen al sólido riff de las estrofas. Uretra dibuja asimismo una redonda línea de batería a través de esas partes más ligeras. La mayor pesadez del tronco central entrega una fantástica labor en cuanto a construcción de riffs y melodías. Son estos los Barbarian Swords más sinfónicos, trazando un largo epílogo tan fangoso como alucinado para un buen arranque.

Six Feet Of Justice”, que habrá de irse hasta los ocho minutos, continúa inmersa en esos pulsos lentos, por momentos casi aletargados, donde el nombre de Skitliv acude raudo a mi subconsciente. Hay una forma de atacar sus líneas de voz tremendamente visceral por parte de Von Pax en estas estrofas. Su registro declama casi con desesperación y desde luego con crudeza. Las guitarras insisten en esos tonos casi atmosféricos para un contrapunto hábil del que emanan los mejores Barbarian Swords. Esas guitarras casi grandilocuentes habrán de consolidarse en un tronco central donde los catalanes ofrecen su mejor cara. El largo epílogo gana en nervio y, riff mediante, emerge un cierto aire a los Celtic Frost más pesados. Uretra entrega otra buena línea de batería en esta parte final, construyendo uno de mis trazos favoritos de todo el largo.

Sorprende “Tancredus, Smash!!” con la fuerte presencia de teclas en su prólogo. La de My Dying Bride es una de las influencias que vienen citadas de manera explícita en la información que nos adjunta el sello y, desde luego, es un nombre que acude a mi subconsciente con cada nueva escucha. Son estos unos Barbarian Swords, claro, en su versión más doom. Orgullosamente negativistas, emana de este arranque una luz negra que engulle todo aquello que toca. Panzer y Steamroller construyen riffs cual monolitos, firmes, pétreos, casi monocordes, mientras el corte transita hacia la más pura desesperanza. Su tramo final, igualmente desasosegante, parece construido a prueba de pusilánimes. Von Pax entrega una línea de voz de lo más visceral y solo el mayor brillo que irrumpe al final se antepone a la negrura. Pese a que pueda acusar una mayor simpleza que sus compañeras de tracklist, o quizá precisamente por ello, una de las construcciones más sólidas de este último largo.

Genocidal Theogony” arremete ahora con un prólogo elegante, casi distinguido. La banda muta de nuevo en su versión más abiertamente atmosférica y por ahí el corte lucha por encontrar su propia identidad dentro del álbum. Hay arreglos y ambientes en tonos teñidos de una cuidada épica, contrapuestos a estrofas que nada tendrían que envidiar a Skepticism, Shape Of Despair o Evoken. Pero si por algo me atrae esta cuarta entrega es por ese tronco central de ambientes enrarecidos y al que remata un solo de guitarra tan tímido como alucinado. Y huelga decirlo, estupenda mezcla del Balmog Javi Bastard. En especial durante los momentos con mayor presencia de arreglos. El suyo es un nombre que cada vez suena con más fuerza dentro de nuestro underground y no resulta difícil entender los motivos.

Esa mayor carga atmosférica vuelve a darse cita aquí. Alimenta el buen prólogo de una “Even Brave Men Fear Death” que a ratos parece construida en resumen del propio álbum que la alberga. Porque hay presencia de los Barbarian Swords más sinfónicos, teñida de su habitual desesperanza, pero también lugar para un buen trabajo en cuanto a melodías de guitarra. Las que irrumpen aquí tienen un ADN que llega a lindar con el funeral doom. La mayor ligereza de su tronco central no omite al Von Pax más gritón y cerril, construyendo diría que por pura colisión otro de los momentos más llamativos de todo el redondo. El epílogo, con esa fuerte presencia de teclas primero y buenos riffs después, es fantástico.

Tirando de tópicos, puede ser el de “Not Even Light” el riff más rompecuellos de todo el álbum. Al menos el que Panzer y Steamroller trazan durante el prólogo. Como corte más extenso de los seis y haciendo uso de un tópico más: Barbarian Swords parecen haber echado el resto aquí. La construcción de las primeras estrofas es, cuanto menos, llamativa. Enfrenta esos riffs tan marcados a un Von Pax de nuevo cerril e inmisericorde, para terminar por enlazarse en una fusión medida al milímetro. Toda vez el corte supera esas primeras estrofas, emergen buenas melodías de guitarra, solidarias a una cuidada línea de batería. A modo de anticipo del largo epílogo, emerge un desquiciado solo de guitarra. Y durante ese tramo final, igualmente enfermizo, un cierto deje a la pura improvisación rompiendo la propia tónica del álbum y rematando con un halo de extrañeza este “Fetid”.

Monumento al nihilismo y la negatividad. Barbarian Swords, junto con el batería Uretra, trazan seis cortes orgullosamente oscuros y de los que apenas emana luz a tímidos destellos. La producción y mezcla de Javi Bastard remata con sumo cuidado y mejor equilibrio mientras Von Pax se desgañita a placer para gozo de quienes disfrutan con el metal extremo en su encarnación más negativista. Se puede acusar al combo catalán de cierta repetición de esquemas en ciertos momentos pero nunca de que hayan afrontado este envite sin convicción. Al contrario. Bienaventurados pues quienes se enfrenten a este “Fetid” pues así podrán decir que han vislumbrado el universo teñido por un rayo de luz negra.

Texto: David Naves

Crónica: Scanner + Corvus V (Oviedo 5/4/2025)

El sábado pasado nuestra querida Gong Galaxy Club acogió una nueva edición del Festival Diario De Un Metalhead con la participación de los leoneses Corvus V y la leyenda germana Scanner. Noche pues de contrastes, el metal moderno de los primeros junto al power/speed metal de lo segundos y una sala presentó sus mejores galas.

Y es que no fue poca la expectación creada ante la nueva llegada de los alemanes a nuestra región. Pero antes cabía presenciar las evoluciones de los chicos de Corvus V. La banda leonesa se subió al escenario, convenientemente decorado, oculta tras llamativas máscaras. Llamó igualmente la atención el tipo de metal que entregaron. Muy contemporáneo, con fuertes ramalazos a los madrileños Sôber y poseedor de una amplia paleta de influencias.

De primeras llama la atención la presencia y los varios registros que maneja Rub Serra tras el micro. Punto focal de un quinteto que, frente a la tiranía de las pregrabaciones, acudía a la cita con teclista de carne y hueso. En líneas generales el sonido que desarrollaron fue más que óptimo. Mucho ha crecido y mejorado la sala en este aspecto en los últimos años. Queda claro ya en cortes como “Si Vis Pacem”, tras la cual y a excepción hecha de su batería Diego Duro, abandonarían las curiosas máscaras. Y Sahe, pie al wah, brillaría en el solo de “Una y Otra Vez”. Buenos riffs los que tejió a lo largo del set, a los que hay que sumar los buenos coros que entregó. Baza fundamental de los leoneses.

Y mientras que en “El Sacrificio” aciertan a sonar más gruesos y rotundos, la gente pareció agradecer de mejor grado el mayor brío de “Mr Hyde”. Otro buen solo de Sahe aquí precedió a un Serra obcecado en buscar la conexión con la gente. En “El Miedo y Yo” quien se multiplica es Duro tras los parches. O por ser más preciso, tras el doble pedal, anticipo en cierto modo de lo que se nos vendría encima con el cabeza de cartel. Me engancharon en “Vudú”, quizá por ese aire más juguetón que desprendió. El riff es pegadizo y el buen rollo que se vislumbra en el seno de la formación acaba transmitido al público, que pareció conectar con ellos en este tramo final.

Sensación que iría a más cuando se atrevieron no solo a atacar “Children Of The Grave” (Black Sabbath) sino a ser lo suficientemente inteligentes como para llevársela a su propio terreno. Puede que el wall of death que propuso Serra para “Viento Austral” no concitase a tanta gente como al vocalista le hubiera gustado, lo que no quita para que ofreciera aquí uno de los estribillos más redondos del set. Sorprendieron en “Inferno” por la forma en que se arrimaron, sin ningún tipo de complejos, al industrial más maquinal para finalmente despedirse en la vertiente más atmosférica de “Desde Las Sombras”. Buenos detalles de teclas aquí y una banda que derrochó carisma y buen hacer.

Llegaba el turno de Scanner, que se presentaban en la Gong sin más detalles escénicos que un gran telón de fondo. Puesta en escena elemental para su power/speed metal orgánico y potente hasta las últimas consecuencias. Allí estaba Axel Julius, único superviviente de la formación que diera a luz a “Hypertrace” allá por 1988. Una banda que nació al albor de la primera ola del power alemán pero que nunca alcanzó el éxito de primeros espadas como Helloween primero y consecuentemente Gamma Ray después.

Y da igual porque desde que arrancan con “The Earth Song” y muestran un grandísimo estado de forma, poco importa si tienen cien o cien mil seguidores. Sascha Kurpanek se mostró incansable con el doble bombo y dio toda una lección de finura en la pegada. Julius de hecho dejaría un gran solo ya en este primer corte y Efthimios Ioannidis, oculto tras unas llamativas gafas de sol, dejó claro que su garganta no acusaba los rigores de las muchas fechas que acumula. Si a alguien aún no le quedaba claro que este era un show de auténtico power metal old school, “Not Alone” ejerció entonces de perfecto ancla con su pasado más glorioso. La banda sería lo suficientemente inteligente para circular por casi toda su discografía en lugar de agarrarse sólo a la nostalgia de los buenos tiempos. Porque “The Judgement”, del disco del mismo nombre, parece ofrecer la mejor versión de los alemanes. Brilló aquí un siempre risueño Ioannidis, que demostró el sábado ser uno de esos vocalistas que se crecen en el directo en relación al estudio.

Aunque si hay alguien que parece disfrutar de lo lindo ese es el bajista Jörn Bettentrup. Inquieto, sonriente y buscando conectar con la gente en todo momento. Alternó dedos y púa conforme la ocasión lo requería y se dejó la piel como perfecto escudero de las potentes arremetidas de Kurpanek. “R.M.U.” nos devolvió entonces al debut de la banda, otro corte de ritmos vivos y baterías fulgurantes en los que tanto y tan bien se manejaron. Ni que decir tiene que la gente en la Gong recibió de muy buena gana un clásico como este. En especial cuando Rybarski & Julius dibujan un solo hábil, eléctrico (valga la redundancia) y rebosante de clase. La compenetración entre ambos era tal que cuesta creer el poco tiempo que llevan tocando juntos. Desde luego llegaron a Asturias habiendo hecho los deberes. Vítores al término y una banda que no dudó entonces en visitar su último álbum de estudio para rescatar una “Warriors Of The Light” que aguantó el tipo frente a sus cortes más clásicos a fuerza de amalgamar clase, técnica y tablas.

Ioannidis comentó entonces que “sometimes in your life you need a little… Wonder!” y procedió con uno de los emblemas de la banda. Inteligente situación en el set, además, de tanto en cuanto procuró algo de resuello a la formación con base en Gelsenkirchen. La Gong respondió en estribillos y Julius devolvió todo ese cariño en forma de solo de guitarra. Rictus serio a lo largo del set pero un guitarrista que brilló con luz propia. Sin gestos de cara a la galería ni imposturas de cualquier tipo. Sobrio y elegante. Toda vez la banda se había tomado su pequeño descanso, tocó atacar entonces la furibunda “F.T.B.”, de nuevo soportada por un infatigable Kurpanek. Fue tal la pegada del batería aquí que Ioannidis no dudó en dedicarle el siguiente corte del set, un “Rubberman” en el que la Gong Galaxy Club se desgañitó de lo lindo. No así un Ioannidis que pareció ser consciente en todo momento tanto de sus fortalezas como sus debilidades, de ahí que llegara tan entero al tramo final. Su registro y el color que éste da a los temas podrán gustar más o menos. Yo mismo no soy el mayor fan de su particular timbre. Pero consideraciones subjetivas al margen, lo cierto es que defendió los temas con el mayor aplomo posible. Bien por él.

Eutopia” volvió a otorgar un cierto descanso a los chicos. Amplificó las miras del setlist, dejó estupendas melodías dobladas de Rybarski & Julius y regaló finalmente otro gran solo de éste último, de nuevo tan impertérrito como seguro y fiable. Y tal y como ocurriera anteriormente, tras el pequeño receso llegó el momento de volver a cabalgar a lomos del mejor power/speed teutón. “Terrion” miró al pasado para traer al presente lo mejor de la escuela alemana. Ni que decir tiene que la Gong respondió en consecuencia. Aún más cuando Ioannidis dejó que fuéramos nosotros quienes cantáramos tan icónico estribillo. Julius una vez más devolvió todo ese calor con un solo, repleto de tapping, que puede contarse entre los más vistosos de la jornada. Ironizó el frontman griego con que no le importaría volver a tocar allí al día siguiente. Tal era el calor que recibían y lo mucho que estaban disfrutando arriba de las tablas. Algo que atestigua cómo la más reciente “Scanner’s Law” aguantó el tipo sin problemas insertada entre los grandes clásicos de la banda. Testimonio además de la mucha fe que los de Julius tienen en ese “The Cosmic Race” de 2024.

Pero una cosa es que “Scanner’s Law” aguante el tipo y otra muy distinta es la que se forma en la Gong conforme la banda ataca “Warp 7” y encara así los bises finales. Kurpanek se mostraba aún infatigable tras baterías y no era poca la tarea acumulada que llevaba hasta ese momento. Otro tanto un Axel Julius algo más atrevido ahora en lo gestual. Quedaban dos cortes. Uno fue “Buy Or Die”, que Ioannidis quiso dedicar a la gente del merchandising. Y otro, el final a medio gas de “Across The Universe”, no sin que antes el vocalista introdujera una pequeña estrofa de “Heaven and Hell” (Black Sabbath). No llegó a hora y media pero me atrevería a decir que fue uno de los mejores shows de power/speed metal que he presenciado recientemente. Además aún tuvieron el detalle de subir a Larry Runner al escenario para felicitarle por su 56 cumpleaños. Vayan igualmente desde aquí nuestras felicitaciones.

Ya sabéis lo que dicen de que no hay quinto malo. Eran dos propuestas bien diferentes y por ahí temí cierta frialdad para con la buena gente de Corvus V. Que me pareció que no fue tal, si bien ya digo que estaban un poco fuera de su elemento. En cualquier caso y en lo que a mí respecta ya digo que me agradaron. Otro tanto unos Scanner que hicieron honor a su leyenda. Julius tiene desde luego motivos para estar más que satisfecho. Por nuestra parte nada más. Agradecer a la gente de Kivents todas las facilidades, a la concurrencia por la agradable compañía y ya saben: si nada lo impide nos veremos el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Miguel Rubio