Reseña: Ornamentos Del Miedo «Escapando A Través De La Tierra» (Meuse Music Records 2024)

Vuelta al redil del ex Mass Burial Ángel Chicote y su proyecto de funeral doom atmosférico Ornamentos Del Miedo, apenas un año después de su anterior obra “El Cosmos Me Observa En Silencio”. Estrenado en marzo del pasado año, “Escapando A Través De La Tierra” traía de nuevo a la actualidad a esta one man band con base en Burgos a través de seis cortes grabados allá por noviembre de 2022, mezclados y masterizados posteriormente en Sinergia y puestos en circulación, en tirada limitada a doscientas copias, a través del sello belga Meuse Music Records.

Flores Muertas” trae consigo un prólogo que destapa la cara más tensa del proyecto. Rompe, e inaugura el festín de riffs, con un sonido nunca sobresaliente pero sí lo suficientemente bien construido para que las carencias a este respecto sean las mínimas. La lista de influencias entrega nombres como Esoteric, Thergothon, Evoken o los más cercanos Evadne. Hay un buen equilibrio entre las diversas líneas presentes en la mezcla, si bien la que mas capta mi atención es la que Chicote dibuja con su seis cuerdas. Contrasta con el mayor peso que otorga a los teclados en su parte central, que redunda en un mayor protagonismo de su cara más atmosférica. El desesperado final, anticipo de la propia desolación que desprende el álbum, atenaza y engulle toda luz circundante. Un arranque con el que conecto de muy buena gana…

… pero entiendo que lo extenso de las composiciones se le pueda atragantar a más de uno. En cualquier caso, “Cielos Púrpuras” reincide en esa senda del doom más ceremonial, revestido una vez de una poderosa carga atmosférica, y que entrega aquí uno de mis riffs favoritos de todo el álbum. Hay además una mayor diversidad en cuanto a cambios de ritmo y estructuras. Siempre sin alardes de cara a la galería ni pasos fuera de las férreas lindes del género. La voz de Chicote, rota a la vez que lejana, declama esta lírica con toda gravedad y pesadumbre. Y mientras que el tránsito hacia el tronco central de la composición otorga una mayor preponderancia a la faceta más puramente ornamental del proyecto, de camino al epílogo ejerce el debido contraste a través el mayor protagonismo que cobran los distintos solos y melodías de guitarra. En cierto modo más atrevida y ágil que su predecesora, de la que recoge su mismo espíritu al tiempo que diversifica la forma de llevarlo adelante.

Aún con una duración de ocho minutos, “Pozo Infecto” es la oferta más rácana de todo el tracklist. En cierto modo, y sin tampoco resultar idéntica, me recuerda al típico corte más radio friendly (es un decir) que habita en según qué álbumes de los daneses Saturnus: “The Calling” de “The Storm Within”, “A Father’s Providence” de “Saturn In Ascension”. No tanto por los parecidos que pudiera haber entre unos y otros como por la forma en que ejercen de parapeto ante la mayor negrura que los circunda. Ahonda en esa idea el hecho de portar la lírica menos sentimental y más crítica de las seis que atraviesan “Escapando A Través De La Tierra”.

Fragmentos De Espejos Rotos” retorna a la senda firmemente marcada por los dos primeros cortes del disco. Tanto por duración, superando holgadamente la decena de minutos, como por esa desesperación nada impostada que emerge desde cada rincón. Viene apoyada por un riff algo ajeno, donde creo percibir ecos de bandas de black depresivo como pudieran ser los desaparecidos Sterbend, Drowning The Light o incluso Austere. Chicote logra por ahí que esta cuarta entrega adopte una personalidad más marcada, que hace mucho por desligar a la composición de otras producciones del género. Lastrada en parte por una sucesión de riffs algo distraídos durante su parte central, me agrada más por su contraste con el resto de entregas que por los propios méritos de la canción en sí.

La homónima “Escapando A Través De La Tierra” emergerá desde las fuentes mismas de la desolación a través de un prólogo atmosférico del que surge un riff que devuelve las tornas con las que Ángel Chicote construyó el arranque del álbum. Ese incofundible doom agónico y proverbial. Desgarrado a la par que grandilocuente, coronado por mi lírica favorita de todo el tracklist:

Escapando a través de la tierra solo eres un alma con un cadáver a cuestas

Conforme avanza, tensa a la vez que tenue, irrumpen una serie de riffs a través de los cuales parece irrumpir algo más de luz. Alimentan una faceta más melódica de esta one man band, proyectando inesperada vida allí donde solo habían muerte y cenizas. Así, lo que empezó como un corte más y gracias al buen trabajo de Ángel en composición, se posiciona como uno de los más interesantes y llamativos del trabajo al que da su nombre. Al menos en opinión del abajo firmante.

Donde La Línea Termina” hace mucho por entregar la cara más abiertamente alucinada de Ornamentos Del Miedo. Se intuye tras su prólogo y retorna antes de las estrofas, dibujando pasajes entre lo ignoto y lo amenazante. Turbio y oscuro, Chicote traza no obstante unas líneas de voz en la más pura tradición del género. El contraste de estas con lo alucinado de muchos riffs, de algunas estructuras incluso, choca a su vez con un tronco central mucho más genérico, se podría decir que característico, donde no cabe rastro de la acusada demencia que dominara el tercio inicial de la canción. Un clasicismo que vendrá a adueñarse del epílogo de forma orgullosa. Este cuarto de hora largo termina convertido así en un viaje que parte desde lo alucinatorio, transita por la calma y llega al final sumido en la más pura desesperación. Estupenda.

Leía hace unos días una crítica de Eugenio Fuentes sobre ”Baumgartner”, la más reciente novela del Premio Príncipe de Asturias Paul Auster, titulada “quebrantos al borde del abismo” y por esas casualidades que tienen la vida y el arte, me parece una expresión igualmente capaz a la hora de resumir el último trabajo de Ornamentos Del Miedo y/o Ángel Chicote. Funeral doom a un tiempo clásico, al otro atrevido, sumergido en las profundidades para extraer de ellas los aspectos más oscuros de la psique humana. Recomendable para fans del género en particular y amigos de la negrura en general.

Texto: David Naves

Crónica: The Picturebooks + Nicotine Bubblegum (Gijón 30/5/2025)

En Heavy Metal Brigade aún no sabemos qué es eso del descanso dominical. La sala Acapulco acogía la vuelta a nuestros escenarios del dúo alemán The Picturebooks, quienes tan buen sabor de boca nos dejaran en su anterior visita (crónica). Acompañados para la ocasión de unos Nicotine Bubblegum, a quienes seguramente hemos visto menos de lo que nos gustaría, las razones eran más que suficientes para abandonar las rutinas y el asueto.

Como custodios de la verdad que procuramos ser en esta casa, lo cierto es que Acapulco presentaba un aspecto algo desolador cuando Nicotine Bubblegum toman el escenario. Y tuvieron que hacerlo con la batería y el piano de The Picturebooks restando no poco margen de maniobra. Pero les bastó una “The Fire In The Hole” para ejemplificar la gran personalidad que desprenden como banda. Y que, a día de hoy, tienen poca rima con ninguna otra formación de esta cascada y vieja Asturias. Ese comienzo desató la cara más ruidosa del cuarteto. A ratos costaba oír con claridad a Luismi Rose (Leather Boys) de tanto como crujía la guitarra de Grigera. En “Space Eyes”, de aquél Ep homónimo de 2018, sería el batería Marco Valera quien adquiriría un mayor protagonismo.

El sonido se fue afinando y la banda dio una buena versión en cortes como “Youth Leisure”, que desde su arranque calmado y melódico transitó hacia un final con Nicotine derrochando nervio y pegada. Me llamó la atención el solo lleno de efectos en “Palindrome”, quizá porque me recordó a las luminarias progresivas Tool. Si tal y como Luismi dijo que llevaban tiempo sin tocarla, lo cierto es que no se notó. De hecho me atrevería a decir que fue de los cortes con más gancho del set. El propio vocalista introdujo entonces “123” sin olvidar mención a Gin Barberia (Absalem), quien le acompaña al micro en la versión de estudio. “Ella no ha podido venir, trataré de hacerlo lo mejor que pueda pero la voz es la que tengo” exclamó irónico. Estupendo ese aire más atmosférico del puente y un Grigera que brilló a las seis cuerdas. Sus riffs siempre tienen personalidad. Sus solos se llenan de efectos. Y, por ahí, la alternativa propuesta del cuarteto brilla en consecuencia. Tras el pequeño reconocimiento a Sergio Saavedra, infatigable técnico de sonido de la sala, llegó el momento de echar el cierre con “War”. Aquí la banda dio su nota más descarnada. Esta vino a contrastar con la mayor sobriedad del solo. Pero con la base rítmica desbocada al final y Luismi desgarrando el grito antibelicista del epílogo, Nicotine Bubblegum terminaron por cumplir en la siempre ingrata tarea de romper el hielo.

La intro que disparan The Picturebooks y que tiene mucho de música negra, me recordó de pronto a los siempre interesantes Zeal & Ardor. Y tiene sentido pues el dúo enlaza entonces con una “Primate Dancer” cuyas estrofas me recuerdan de hecho a la siempre atrevida banda suiza. O al menos tal era la intención del dúo. Todo hubo de parar pues la batería parecía no estar sonando por PA. Percance que Sergio Saavedra, siempre atento, solucionó a la mayor brevedad. Así pues Fynn Grabke (guitarra , piano y voz) y Philipp Mirtschink (batería y percusión) volverían a empezar y todo transcurriría ya sin mayores problemas. No gozaron de la entrada que nos habría gustado. Máxime si uno recuerda cuán concurrido fue su anterior paso por la región. En cualquier caso se entregaron como si de un sold out se tratase. Mirtschink pone toda su furia en cada golpe y Grabke se va al piano para echar mano del megáfono. El sonido, huelga decirlo, era el de las mejores noches.

Algo que salta a la vista en la revisión de “I Feel You”, (en mi opinión) uno de los cortes definitivos del pop de los noventa, y que el dúo alemán lleva a su propio terreno. El corte se desnuda a veces incluso de guitarras, dejando que Mirtschink llene los vacíos con furibundos golpes al sufrido kit de batería. Grabke canta alguna de las estrofas a través de las cuerdas de su Gibson. Pueden ser solo dos músicos en escena pero conocen mil trucos cara a conseguir sonar potentes y resultar atractivos. “Sabemos que tenéis que trabajar mañana”, comenta en inglés Grabke, “but this is a fucking rock show”. Y tanto que sí. Quiso el vocalista aquí recordar anteriores pasos por la región. También despachar los habituales agradecimientos. Y junto con un Mirtschink que echa mano de las mazas, entregar la cara más cruda y visceral del dúo en “I Need That Oooh”. Medio ocultos bajo el humo, la experiencia adquiría tintes casi trascendentales.

En “PCH DiamondMirtschink arranca golpeando el kit con sus manos desnudas. Grabke echaría mano después del slide en su meñique, conjugándose para mostrar la cara más oscura del dúo. Philipp Mirtschink regresaría a las baquetas para uno de los cortes con más gancho, no otro que “Masquerade”, de su último trabajo “Albuquerque”. Al igual que en su anterior paso por el Centro Niemeyer, The Picturebooks no se olvidaron de revisitar el “State Trooper” de Bruce Springsteen, con Grabke reconociendo que “Nebraska” es su álbum favorito de aquél al que apodan el “Boss”. Acapulco se arrancó por palmas y ellos respondieron dejándose la piel en un iracundo final. Y mientras que “Electric Nights” pudo ser otro de sus cortes con más gancho, “Back To L.A.” viene a explicar lo que supone para un dúo como ellos haber llegado desde Gütersloh a la ciudad de los sueños. Aquí Grabke se fue hacia el teclado para disparar el sinte, volvió después al micrófono y entre ambos construyeron otro de los cortes más llamativos del set.

Cambio de guitarra mediante, preciosa Epiphone azul y blanca, “The Rabbit And The Wolf” procura la cara más iracunda del dúo. Acapulco de nuevo dando palmas y Mirtschink azotando la campana del kit con total vehemencia. Grabnek nos explicó entonces que el origen de “Why Mother Why” reside en una pesadilla que sufrió tiempo atrás. Aquí dispararon coros en uno de los pocos alardes artificiales de la noche. Un corte más tendido que procuró un merecido respiro a los chicos. Con el batería volviendo a las mazas, “E.L.I.Z.A.B.E.T.H.” desliza ahora un mayor acercamiento al blues, fragmentado eso sí a través de sus muchas y diversas influencias. “The Hands Of Time” llega no sin que antes Grabke haga sus pinitos en nuestro idioma y, a puro spanglish, anecdotice sobre las cuitas con el español en diversos territorios del país. Incluso amenazó con hacer una versión del “Suavemente” de Elvis Crespo (gran idea para el Perversiones, si me preguntan).

Grabke se desgarra en “Your Kisses Burn Like Fire” que pone Acapulco a coro. Un corte clásico y que parece soldado a perpetuidad en los sets del dúo. Se fueron a camerinos y sería el propio vocalista quien, en solitario y con la acústica en ristre, enfrentara “Running Wild And Free”. Esta, junto con la final (e ineludible) “Zero Fucks Given” funcionan a la vez como cierre y resumen de la propia idiosincrasia del dúo. Fantásticos.

No eran ni las once cuando sonaron las últimas notas en la Sala Acapulco. Domingo al fin y al cabo. Pese al escaso número de entradas vendidas se fueron prometiendo volver. En nuestra mano está que el boca – oreja funcione y posteriores visitas del dúo colmen las expectativas. A nosotros no nos queda ya nada más que agradecer al personal de Acapulco el trato y las facilidades, mandar un saludo a la concurrencia y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Automatic Kafka presenta «Immortal» (Mieres 29/3/2025)

A veces tan solo se trata de seguir el curso natural de los acontecimientos. Tras el Studio Report primero y la reseña después, quedaba presentar como se merece este segundo álbum de los rockeros asturianos Automatic Kafka. Presentación en solitario en un Mieres Centru Cultural al que tocó volver tras largos meses de ausencia y que recibió “Immortal” superando los cien tickets vendidos. No era ni mucho menos la única cita del sábado, lo que habla y no precisamente mal de la expectación creada.

Así pues y cuando faltan algo más de diez minutos para las nueve de la noche, Automatic Kafka toman el escenario tras haber mutado en sexteto. Jesús Rebor, a la sazón uno de los ingenieros tras el sonido de “Immortal”, iba a poner una voz más a servicio de la banda. Formación especial para una ocasión especial. Me gustó que todo arrancara desde “Audio Garden” por la forma en que ejerció de puente entre los Kafka del debut y esta nueva iteración. Dolfo se parapetó detrás del pie de micro, agarrándose a él y caminando por la parte frontal del escenario. Su registro es una de las claves de la banda, mientras que su garganta parecía más que dispuesta a dar su mejor versión. El Daédrica Jota demostró también estar ya integrado de pleno derecho en el seno de la formación asturiana, dibujando un primer solo que auguraba todo lo bueno que se avecinaba.

Con “Burn”, dedicada a la figura del no menos inmortal Jimi Hendrix, la banda extrae su cara más intensa. Atrás y en un plano aparentemente más discreto, el bajista Margo apuntala los estribillos con una buena ración de coros. Detalle que sería una constante durante toda la noche. El sonido, que aún en las siempre esquivas primeras filas era estupendo, vino a ejemplificar el cuidado con el que la banda se había tomado la cita. Broonko y Jota doblan el solo con pericia y Leo Duarte sustenta el mayor nervio posterior. Estábamos ante una gran versión de los Kafka y aquello no había hecho más que empezar.

Se nos instó por su parte a abandonar las butacas. Recuerdos de la pandemia casi como del Vietnam, pero la gente se mostró reacia a levantar sus sagradas posaderas. Fue el momento entonces de echar la vista atrás y recuperar el primero de los cuatro temas que recuperarían del debut, no otro que “Aliens”, con Dolfo aportando su particular registro a uno de los cortes con más gancho de la banda. De vuelta al segundo trabajo, me dio la sensación de que “The Red” gana gran peso en su traslación al directo. Buenos coros de Rebor aquí, ejerciendo junto con Margo como perfecto escudero de Dolfo Alligator. Sería el propio Margo el encargado de agradecer a medios y público nuestra presencia allí. También de tener un pequeño detalle con su vástago Thiago en la víspera del cumpleaños de éste. Tras la correspondiente celebración con la gente entonando el “cumpleaños feliz”, llegó el turno de uno de los cortes más distintos del set: “Resistance”, sobre las peripecias del personaje de Jack Nicholson en “Alguien Voló Sobre El Nido Del Cuco”, y que brindó la cara más versátil de Automatic Kafka. Estupendo solo de Broonko aquí, por cierto.

De vuelta al primer álbum, “Wanted Fame” arrancó de manera más o menos espontánea las palmas del público. El teatro del Mieres Centru Cultural no es pequeño pero la buena venta de tickets hizo el resto. La gente llevaba en volandas al eventual sexteto y todo estaba saliendo a pedir de boca. Máxime cuando Jota clava el solo y todo fluye con altas dosis de feeling y buen rollo. Margo introdujo entonces “The Taster” comentando algunos entresijos del disco, aquello de que cada canción tenga como background a un personaje en concreto, y junto con Leo Duarte a los parches compuso una de las bases rítmicas más interesantes, por alternas, de todo el set. En general la banda pareció mostrarse muy a gusto en ambos registros. Llegaba entonces el turno de una de mis favoritas del segundo trabajo. No otra que “Doc”, con Dolfo contando una pequeña anécdota del rodaje de la entrañable “Regreso Al Futuro” en que se inspira. Duarte se entregó aquí y tanto Rebor como Margo salieron de nuevo en apoyo de Dolfo para que todo cuadrase.

Y de una de mis predilectas de este segundo trabajo, a (quizá) mi favorita del primero: “Streets Of Universe”. El registro de Dolfo altera en parte la fisonomía que no el espíritu de la que, pienso, es una de sus composiciones más fundamentales. Quizá por el gancho de ese estribillo tan redondo o lo juguetón del riff. No lo sé. El caso es que tanto yo como quienes tenía alrededor disfrutábamos de lo lindo. De qué se trata si no. Broonko se tomaría un momento para hablar de la propia “Immortal (Kiddo)” que da nombre y aporta color al disco. Aprovechó también para dedicársela a Pablo Canalís, quien había perdido recientemente a su abuela pero ni así quiso perderse la cita. Dolfo se enfundó entonces la característica sudadera amarilla y el directo transformó al tema título en uno de los más juguetones del set. Leo Duarte volvería a brillar aquí, y la banda tejería un cierto misterio con ese puente extraño y tranquilo.

Tuvo que ser finalmente en “Metamorphosis” que la gente se animara a despegar sus sagrados culos de las butacas para acompañar a la banda a pie de escenario. Dolfo soltaría al fin el pie de micro y Broonko aprovecharía el inalámbrico para bajar a mezclarse con el público. Le seguiría Dolfo después y la fiesta no pudo resultar más catártica. Pero quedaba echar el cierre. Pablo Canalís acompañó a Rebor en escena y a toda la banda con sus muchas habilidades durante la final “Crazy Horse”, principio del nuevo álbum y cierre del show del sábado. De nuevo con Broonko perdiéndose entre la gente, ofreciendo su guitarra y, en resumidas cuentas, rubricando el final más festivo posible. The cherry on top que dirían los anglosajones.

Nos imaginamos que no eran pocos los nervios con que Automatic Kafka afrontaban una cita como esta. Pero salir a escena y verse rodeados de tantos y tan buenos amigos, intuimos, ha de resultar el más efectivo de los calmantes. Quedó pues bendecido “Immortal”, un disco que debería brindar bastantes alegrías al quinteto. Sumamos además la anécdota de haber presenciado a la banda en formato amplio, con los buenos aportes de Jesús Rebor y Pablo Canalís, a quien mandamos el mayor de los afectos. Por nuestra parte nada más que agradecer a la banda por el detalle y las facilidades y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Mosh Fest (Gijón 22/3/2025)

Segunda jornada del Mosh Fest, esta vez con la presencia de Opposer, Tyrant, Frakture y Bellako para otra noche de emociones fuertes en la Sala Acapulco.

Los encargados de abrir las hostilidades esta vez fueron los clásicos thrash / death cántabros Opposer, ante quienes me gustaría disculparme pues un percance de ultimísima hora me llevó a perderme el arranque del set. Para cuando aparecí de nuevo por la Acapulco resultó que el habitual cuarteto había mutado en quinteto por una noche. A un lado del escenario, camiseta del “British Steel” mediante, Jesús se desempeñaba en coros tras haber disertado primero de la guitarra y después del bajo en el seno de la formación de Reinosa.

Presentado temas de su (hasta la fecha) último álbum, aquél “R3cod3d” de 2022 (reseña), vimos muy cómodo e incluso risueño a José Herrera, el seguro y eficaz frontman del eventual quinteto. La banda aprovecho también para mirar al pasado y recuperar una “Distorted Reality” cuya propia pesadez fue el rasgo que mejor atestiguó el haber sido compuesta allá por los convulsos años noventa. Herrera tendría tiempo de explicar la presencia en escena de Jesús. También de presentar una “Satanás” en la cual el publico presente respondió como se esperaba.

Respondió también una sala, técnico de sonido Sergio Saavedra mediante, que con toda precisión supo extraer la mejor cara del clásico combo thrash death. Quedó bien claro en la clásica “Forbidden”, uno de sus grandes clásicos. Riff ganchero como pocos y ese “tupa tupa” tan reconocible. La pura zapatilla de “Straight To Hell” incluso desató un circle pit en el corazón mismo de la sala. Opposer siendo fieles a sí mismos y la gente respondiendo en consecuencia. Nos gustaron.

A poco para que el reloj marcase las 20:30 que los responsables del tinglado, los thrash groove gijoneses Tyrant se auparan al escenario de la Acapulco. Cuarteto con el que hemos coincidido menos de lo que nos gustaría pero que supo rodearse de un buen puñado de buenos amigos. Por ahí y a excepción de los propios Bellako, sería el show que desprendió mayor camaradería entre banda y público de todo el fin de semana. Por eso cuando “Hatred” retumba en la sala y el batería Danko Guerra extrae su mejor versión, no queda más que entregarse al tirano.

Quizá me sorprendió más el ritmo vivo que le insuflaron a “Davidian”, original de unos tales Machine Head, que la propia elección de la versión en sí. La banda tuvo tiempo incluso de invitar a Edgar (Sydius) a que se uniera a la fiesta en un tema compuesto para la ocasión y que me agradó por la forma en que conjugó la pesadez inicial con un epílogo más trotón y descosido. Sumado al juego que dio la presencia de dos voces arriba del escenario, sería a la larga uno de los momentos álgidos del set. No faltó el aplauso para el guitarra Nico Suárez, cabeza pensante detrás del evento, que, huelga decirlo, recibiría una de las mayores ovaciones de la jornada.

Claro que Edgar no sería el único invitado de la noche. Por ahí aparecería más tarde Diego Mata (As Life Burns), aportando un mayor peso específico a la banda al sumar dos guitarras sobre el escenario. La que enseñó entonces Nico Suárez, rosa y con el logo de Hello Kitty, se llevaría no pocas miradas. Más aún cuando se lanzó a un largo solo, a puro tapping, en el momento de mayor derroche técnico del set. En general provocaron mucho movimiento, algún circle pit incluso, y se despidieron con la homónima “Tyrant” mientras Heketor Lorenzo mostraba su registro más agudo. Dicharacheros, potentes y muy disfrutones.

Lo comenté cuando escribí la reseña de “Subyugamentes” y me gustaría insistir ahora: teníamos una deuda con la gente de Frakture tras el último Karma Fest. La agrupación bizkaina llegó a tierras gijonesas presta a derribar la Acapulco con su thrash core incendiario y reivindicativo. Qué duda cabe que con una inteligencia artificial cada vez más presente en nuestra cotidianidad, usar el main title de la banda sonora perteneciente a “Terminator 2”, el clásico de la ciencia ficción de James Cameron, resulta de lo más pertinente. Tras él, Frakture mezclaron un cóctel de furia thrash, pasión hardcore y pura reivindicación servido en composiciones a veces fugaces pero siempre vibrantes. Es mucho el mal café que derrocha Tali al micro, rematando casi cada corte del set con furibundas proclamas seguidas a menudo del inevitable “me cago en dios”.

Sin el frío que pasamos el pasado septiembre ni la cantidad de horas que estuvimos entonces al pie del cañón, lo cierto es que esta vez sí que disfrutamos de estos indómitos y peleones Frakture. Indómitos por lo violentísimos que llegan a resultar a ratos. Y peleones por el arrojo de Imanol, batería de la banda, operado hace escasas fechas. Lo digo siempre: a veces parece que el metal todo lo puede. “Fucking Bastards” esgrimió orgullosa esos dejes tan Sepultura. Pero puede ser el tema título “Subyugamentes” el que dé la mejor medida del quinteto. Imprescindibles esos coros de Serru.

No quiso Tali olvidarse de un buen amigo, Pirri de Escuela De Odio, justo antes de desatar la cara más abiertamente hardcore de la formación. Ésta vino a colisionar con la mas machacona, casi marcial incluso, de “Criminalizados”. Y finalmente la cuadratura del círculo salió en cuanto la banda enfrentó la clásica “Refuse/Resist” de los brasileños Sepultura, una de sus influencias más palpables. Desataron altos niveles de violencia en “Antinazis”, dedicada por Tali a la buena gente de Bellako, y se fueron con el tema título Frakture. A gran nivel pese a las circunstancias.

Para nosotros, el de Bellako era un concierto un tanto a la expectativa. Siempre nos puede la curiosidad y en la jornada del viernes, un saludo a César “Lagarto” de Brutalfly, nos habían hablado solo cosas buenas del quinteto radicado en Mataró. De entrada nos agradó su puesta en escena. El telón de fondo pero sobre todo que el escenario, ahora huérfano de monitores, ofreciera un aspecto lo más diáfano posible. Incluso las banderas que cubrían los amplis daban su toque especial.

Finiquita la (bailonga) introducción y si en algo pone empeño Rober tras el micro es en pedir movimiento en las primeras filas. Que nos acercáramos a la valla. Buscaron la implicación de los suyos desde el primer momento y se notó. Porque se desata su particular hardcore y el público se implica ya en las primeras estrofas. Mucha gente joven en primeras filas, tanto que se debate sobre si hay o no relevo, que bailó, vibró y se lo pasó en grande con ellos. También los propios Bellako. De hecho Xavi, bajista, dejaría una de las imágenes del festival cuando fue llevado en volandas por el público en “Trepanación”. Su primer crowdsurfing de la noche. Que no el último.

Los altos niveles de intensidad que desarrollan no escapan de una técnica algo más marcada (“En Nombre De La Muerte”). Y no obstante resultan incluso divertidos en cuanto a su forma de implicar a la gente o en las propias letras de sus temas (“Planta Madre”) y por ahí, por mucho que no sea el mayor fan del tipo de propuesta que realizan, no quedó otra que rendirse. Invitaron a todo el mundo a subirse al escenario. Y quien lo hizo fue no otro que Pelayo, aprovechando para mandar felicitaciones a su progenitor. Para el final quedaron temas como “Siglo XXI”, pogos, circle pits y un grado de implicación por parte del público que pintó gestos risueños en los rostros bellakos.

Rober aprovechó para agradecer a Nézar el haberles salvado el culo tras baterías, puesto que el titular Arnau no pudo venir a Gijón (tampoco el día antes a Villabona) por motivos laborales. Que aún con un batería de circunstancias ofrecieran tales niveles de fiesta e intensidad creemos habla muy bien de la implicación de toda la banda. El público del Mosh Fest respondería con un multitudinario wall of death (vídeo) y al final quedó claro que el festival no podría haber tenido un mejor final. Nos vemos en la segunda edición.

Un festival que parece haber nacido con buen pie. El propio tamaño de la sala Acapulco puede llevar a engaño pero la entrada, principalmente el viernes, pareció cumplir con las expectativas. Con el único borrón de la caída de Incordian, dichosos percances de última hora, lo cierto es que disfrutamos de lo lindo ambas jornadas. Por ahí no queda más que agradecer al personal de la sala por el trato dispensado una noche más, a Mosh Crew Producciones todas las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, mandar un saludo a los muchos habituales con quienes departimos a lo largo del fin de semana y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Mosh Fest (Gijón 21/3/2025)

Nace un nuevo festival y con él las ganas de abandonar el sillón y echarnos a la carretera. Auspiciado por la gente de Mosh Crew Producciones y con la Sala Acapulco como epicentro, en su jornada del viernes y tras la caída de Incordian vino a reunir a las bandas Down To Suffer, Sydius y Legacy Of Brutality. Amalgama de géneros para una primera cita con buena venta de tickets y muchas ganas de metal y diversión.

Llegaba uno un poco a la expectativa con Down To Suffer y lo cierto es que el quinteto supo sobreponerse a la siempre engorrosa tarea de abrir fuego. Originarios de Castro Urdiales, trajeron a la Acapulco su colisión de hardcore y metal al gusto de la parroquia más joven. Que la había, para enfado de agoreros y negacionistas, y de hecho recibió al quinteto de muy buena gana.

Porque su propuesta puede gustar más o menos pero, introducciones pregrabadas al margen, lo cierto es que acertaron a sonar de lo más orgánicos. Técnicos incluso, si bien en primeras filas costaba discernir alguno de los solos. Desde que arrancan con “Burn The Heretic” el frontman Josu no ceja en buscar la conexión con la gente. Inquieto y muy activo en relación a sus compañeros, risueño incluso, se erigió en el principal punto focal de los cántabros.

Aludiendo a ese -core a ratos orgánico, en cortes como “Hollow” incluso me dio la impresión de que sonaron más atmosféricos. Siempre dentro de las lindes del género pero acertando a extraer una serie de influencias que sumaron atractivo al set. Josu no se quiso olvidar de agradecer a la organización el haber contado con ellos. En “The Way It Ends” incluso bajó a mezclarse entre la gente. La sala, que ahora dispone vallas entre público y escenario, ha perdido nuestra querida tarima y, por ahí visto alterada una parte de su encanto.

Pero volviendo a los de Castro Urdiales y si tuviera que quedarme con un corte de todo el set, ese podría ser “Losing Light” por cómo acertó a destapar su cara más técnica sin traicionar las señas de identidad del género. Lo hicieron todo por agradar. Josu incluso e inalámbrico mediante se perdió entre el público en un momento dado. Alguna introducción se me hizo algo pesada y aquél speech de J. Robert Oppenheimer (“I am become death, the destroyer of worlds”) ya me resultaba manido antes de la película de Christopher Nolan. Dicho lo cual, en líneas generales y si me atengo al tipo de metal que hacen y el público al que se dirigen, siento que cumplieron con su papel.

Desde 2023 y si no me falla la memoria en el mismo escenario junto a Burnt To Death y Angelus Apatrida (crónica) que no pasábamos revista a la buena gente de Sydius. La formación metalcore asturiana vino a poner de relieve en esta primera jornada que se encuentra en un momento más que dulce. Porque ya fuera por el tipo de metal que practican o por el hecho, obviamente favorable, de jugar en casa, la recepción que tuvieron no pudo ser mejor. Sin más detalles en cuanto a puesta en escena que el pequeño telón de fondo y la caja de la batería adornada con el logo de la banda, dejaron claro que son uno de los secretos mejor guardados de nuestra escena.

Una banda con su nicho particular, ese metalcore en nuestro idioma frente al inglés que abrazan una gran mayoría de formaciones dentro del género. Y en la figura de Edgar a un frontman que no quiso ser menos que su homólogo en Down To Suffer. Muy en forma y sonando francamente redondos ya desde los primeros compases de “Acta Est Fabula”, que representó la cara más árida de los asturianos. Imprescindibles esos coros de Jandro aquí. En “Autodestrucción” casi bordean el melodeath. Son una banda algo hierática sobre las tablas. Ahí emerge como contrapunto un Jandro que se las vio y deseó con el cable del micro, emperrado en enredarse en uno de los monitores.

Hubo un llamamiento a la unidad por parte del vocalista. También un agradecimiento a la organización. Y después una “Aporía” de pulso casi marcial y dueña al final de un breakdown pesado cual transatlántico. No quiso Edgar olvidarse de Incordian, quienes faltaron a la cita debido a un percance de Sergio, batería de los manchegos, que impidió su presencia en la cita del viernes. Después llegaba el turno de “Yo Reniego”, donde quien no renegó fue una audiencia que no dudó en sumarse al wall of death propuesto por el frontman. Engancha ese riff final, con unos Sydius ya digo sonando muy redondos y compactos. Y la gente se lo pasó en grande. Mosheando, corriendo en animados circle pits (siempre en sentido antihorario, ¿os habéis fijado?) y en general disfrutando de lo lindo. Con “Directo Al Subsuelo” llegaron los Sydius más rotos y descarnados. Máxima conexión con la gente aquí y “Némesis” cerrando un set, poco más de media hora, que nos supo a bien poco.

Máxima expectación para ver la nueva venida de Legacy Of Brutality a la sala Acapulco. Fue allí donde presentaron su último largo, “Travellers To Nowhere” con Heavy Metal Brigade presentes, y volvieron el viernes a reclamar aquello que por derecho les pertenece. Quiso no obstante el micrófono de la pantalla de Borja Suárez retrasar el inicio previsto por el quinteto. Cable y micrófono nuevos mediante y cuando pasan veinticinco de las doce, la banda arremete al fin con “Travellers To Nowhere” y la Acapulco vibra con los de Puerto De Vega.

Más allá del tema capilar, no hubo bromas esta vez como en aquella noche de 2023, por Simón parece no correr el tiempo. Tan imparable en lo gestual como en lo vocal, descerrajando su inconfundible registro sobre los muchos detalles melódicos de Borja. Sorprende este nivel de confianza en una banda que ha rodado mucho menos de lo que nos gustaría, algo que viene a denotar lo mucho y bien que se conocen. Solo faltaba. La banda acorta los veinte minutos de “Travellers To Nowhere” para reconducir hacia “Path Of Forgotten Souls” sin solución de continuidad y con un Javy Pity desatado tras su enorme kit de batería.

Puede que Yoye y Lalo, guitarra y bajista respectivamente, tengan un comportamiento más discreto que sus compañeros. Pero más allá de su cierto hieratismo, pocas dudas caben al respecto de sus evoluciones sobre las tablas. De hecho cuando se desencadena “Beyond The Walls Of The ColosseumLegacy Of Brutality parecen en mejor forma que nunca. Mucha jarana entre la audiencia y un set que acertó a repasar su ya extensa discografía. Simón, soportado por los impecables blast beats de Pity, ametralló al público de la Acapulco. Tendría tiempo el frontman de dispensar los obligados agradecimientos. También de recordarnos la fiesta posterior al show. Y, por supuesto, de seguir descerrajando death metal sin que su voz pareciese resentirse lo más mínimo.

“Vamos a tocar una lenta”, anunció entonces el de Puerto De Vega, que resultó ser no otra que “The Druid”, donde entre ritmos más pesados y machacones la banda pareció tomarse un pequeño y merecido descanso. Mucho groove aquí y Borja dibujando el que a la postre sería uno de los solos más vistosos de la noche. Y como la vida son contrastes, Simón preguntaría a la audiencia, hasta tres veces, si tocaban una rápida, que devino en “Realm Of The Banished Gods” y su ineludible coro final. “Gods forbidden, forsaken, forgotten…” bramó la Acapulco hasta dejarse la garganta.

No quiso Simón olvidarse de cómo en su anterior visita no tuvieron tiempo a descargar el set completo que tenían preparado. No así esta vez, aprovechando para volver a un corte de hace diecinueve años. Puede que más de un asistente ni siquiera hubiese nacido por aquél entonces. Era el turno de “Land Of Empty Graves”, todo un regalo para los fans más leales al combo de Puerto De Vega. Como regalo es ese cierre volviendo “Travellers To Nowhere” dejando claro que su leyenda sigue intacta. Incólume. La ley de conservación de la energía establece que ésta ni se crea ni se destruye, solo se transforma, y desde luego que Legacy Of Brutality convirtieron la suya en nuestro regocijo. Imparables.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Patxi Luque «Love & Hate» (Autoproducción 2025)

Debut en el largo para el guitarrista guipuzcoano Patxi Luque, quien condensa todo su ideario musical en estas diez composiciones con el heavy metal como punto de partida. En comandita con Pedro J. Monje (guitarras rítmicas, baterías, bajos, sintes y arreglos), Alejandro Espinosa (teclados en “Welcome To The Real World”) y Eneko Sagastume, Iban Herzog, Iñaki Munita, Óscar Rodríguez y Mikel Feijoo (coros), este “Love & Hate” que el propio guitarrista se encargó de producir, ha contado con grabación, mezcla y masterización del propio Monge junto a Aitor Ruiz en los Chromacity Studios. Con diseño gráfico de Jan Yrlund (Dark Grove Design), está siendo distribuido a nivel nacional e internacional por SteelOnSteel Distro, distribuidora de Pako Mate.

Atruena la tormenta a modo de bienvenida. “Welcome To The Real World” propone una tranquila intro sintética que la guitarra de Luque se encarga de quebrar en pedazos. Su habilidad con las seis cuerdas inunda un cuidado prólogo y, por ahí, el disco no podría irrumpir con mayor elegancia. Tras esa calma inicial surge todo el espectro metálico de Luque, envuelto en un medio tiempo que, no pocas veces, me recuerda a mis paisanos de Bestia Negra. Larga instrumental para dar la bienvenida un poco a la contra de lo usual en este tipo de álbumes. El bajo crepita bajo una cuidada selección de riffs y Luque rompe camino del final con un llamativo duelo solista para después finiquitar allí donde empezó. Una más que curiosa primera entrega.

Otro riff con gancho, y esta será una tónica durante todo el álbum, es el de “Dejadme Respirar”. Surge aquí el Luque más heavy. Por la velocidad de las baterías primero y la irrupción de su registro después. El músico guipuzcoano aporta una voz aquí que, a ratos, me recuerda al Mille Petrozza de la última etapa de Kreator. Y pienso que ese registro casa muy bien con el tipo de metal vibrante que propone aquí. Algo rácana en lo que al reloj se refiere, tres minutos y medio, se guarda el solo para un epílogo donde éste se funde con los coros. Un tramo final que, siento, bien merecía algo más de desarrollo…

… pero para ello ya están cortes como este “Rollercoaster” que habrá de irse más allá de los seis minutos. Construida desde otro buen riff en su prólogo y adornada por buenos guitarrazos de Luque en el camino hacia las estrofas, puede pasar por una de las composiciones más redondas de todo “Love & Hate”. Patxi pasa aquí al inglés y, particularmente en estrofas, resulta difícil no recordar a los Vhäldemar del propio Monge. Me gustan esas melodías que sitúa bajo el estribillo, también el buen solo que introduce en el corazón mismo de la canción. Se gusta el músico vasco, y hace bien, en una sección final que irrumpe calma para después adquirir un mayor peso. Mucha clase de Luque aquí.

Siempre Estaré Aquí”, encargada de presentar el disco en sociedad, parte de un metal ahora un tanto más amable y melódico. Un riff sin mayores complicaciones para un corte que parece buscar en todo momento la conexión con el oyente. Luque varía su registro ahora hacia tesituras más limpias, procurando una línea de voz más tendida. Hay algo en estas estrofas que me recuerda a (los siempre infravalorados) Leize. Esta versión ahora mas melódica no quita para que Luque introduzca otro cuidado y eficaz solo de guitarra. Si bien hay alguna estrofa cuya propia construcción me chirría a ratos, un corte más que digno a la hora de amplificar el rango tonal del álbum.

De nuevo instrumental, esta “Love & Hate” que da nombre al debut sirve ahora a un Luque más ampuloso y adornado. Buenos detalles de la producción de Monge aquí, quien de todos modos procura no opacar al guipuzcoano con ese gran andamiaje arreglístico. Patxi Luque por su parte se desquita con algunos solos bien pensados y mejor ejecutados. Nunca demasiado complacientes o fuera de su propio discurso. Entendiendo perfectamente el corte que tiene entre manos y sabiendo operar en favor de éste y no al revés. Será en su tronco central cuando las baterías se aceleren y Luque obre en consecuencia. Pero incluso ahí pienso que el músico vasco ha sabido medir muy bien sus esfuerzos. Estupenda.

Ya de primeras “Hey Crew” parece resultar algo más aventurada y atrevida. Sobre un heavy metal muy 80’s ensambla curiosos coros y un solear que, en este tramo inicial, no me podría recordar más al bueno de Joe Satriani. La sombra de discos como “Surfing With The Alien” o “Flying In A Blue Dream” parece alargada en el músico y compositor vasco. Es camino del puente central que Luque enfrenta alguno de los solos más flamígeros de todo “Love & Hate”, destapando el tarro de las esencias, que diría un clásico, so riesgo de aburrir a los oyentes menos habituados a este tipo de demostraciones (un tanto) ególatras. No conecto del todo, y casi parece un oxímoron, con el aliento que Luque introduce mediado el corte. Estas llamadas a alzar los puños y similares, cuando se producen en grabaciones de estudio, siempre me resultan algo mecánicas y artificiales. Con eso y con todo otro corte que viene a hablar y no precisamente mal de las habilidades solistas de Luque.

Mi Veneno”, composición más extensa del álbum, inicia desde la más pura calma y vira de nuevo hacia territorios más amables. Luque, claro, exhibe ahora un mayor músculo melódico para un corte que podría aparecer sin tampoco desentonar en un próximo Lion Rock Fest. No me resulta el riff más redondo de todos cuantos se dan cita aquí. Apenas una excusa para que el guipuzcoano seduzca con la candidez inicial de sus solos y sorprenda con el mayor fulgor que esta adquiere conforme discurre por su largo tercio final. El solo final, obra ahora de Monge, se adhiere a ese mismo discurso sin desentonar ni tampoco apabullar. Entendiendo perfectamente el guión y dejando que sus dedos fluyan por el mástil sin mayores excesos. Diría que es la canción que más peso ha ido ganado con el correr de las escuchas.

Con “My Way (Reimagined)” parece regresar el Luque más heavy y vibrante. Que en cierto modo sí, por mucho que un buen número de los solos que el músico plantea en esta enésima instrumental vuelvan a recordar al insigne guitarrista de Westbury. Y aunque siento que hay buenas ideas aquí dentro, plasmadas por Luque con todo rigor y eficacia, tras varias pasadas al tracklist no logro deshacerme de la idea de que es la más discreta de las cinco instrumentales.

Regresa la voz de Luque para la tranquila y sosegada “Mi Sangre (Reimagined)”, de la que destacaría la tendida voz del guitarrista y esos buenos detalles melódicos con los que adorna las primeras estrofas. Escrita al gusto clásico, esto es, con una mayor carga alimentando la primera llegada del estribillo, y subida después a ese mayor peso, Patxi Luque trama en este doble juego otro de los cortes que más ha llamado mi atención. Incluso me atrevería a decir que en ninguna otra canción del disco canta tan bien como aquí. Otra de mis favoritas.

El cierre es para la igualmente tranquila “No Estoy Ahí”. Balada en gran medida acústica con Luque en un formato casi de cantautor, que no dudo exaspere a más de uno. En cualquier caso un pequeño escorzo a modo de reposado y elegante cierre.

El cara a cara entre ambos seres que puede verse en el propio artwork del álbum casi parece representar la lucha entre las instrumentales del disco contra las canciones con voz de este “Love & Hate”. En las primeras Luque demuestra un gran nivel ejecutivo. Hay solos realmente eficaces aquí, brillantes incluso, y una serie de riffs (casi) nunca faltos de gancho. En los temas cantados hay pulsos muy heavies. Sale por ahí el nombre de Vhäldemar, que con Monge a bordo supongo que era algo inevitable. Pero también hay momentos que me recuerdan a nombres ineludibles como Iron Maiden o Judas Priest. También y de manera recurrente Joe Satriani, músico por el que Luque parece profesar indisimulada admiración. Y quién no. En cualquier caso no podemos olvidar que se trata de un debut y, por ahí, uno puede detectar y hasta perdonar ciertos errores de bulto. Estrofas algo forzadas aquí. Alguna canción que se vuelve algo redundante allá. Pero francamente pienso que son los menos, algo que viene a hablar bien del cariño y el cuidado que el guipuzcoano ha puesto en estas diez composiciones. Háganse el favor de escucharlas.

Texto: David Naves

Reseña: Frakture «Subyugamentes» (Demons Records 2024)

Desde que el frío y el cansancio se adueñaran de nosotros tras dos maratonianas jornadas en el último Karma Fest que teníamos una deuda con la gente de Frakture. Combo thrash con influencias hardcore radicado en Bilbao y que forman Ieltxu al bajo, Imanol en baterías, Serru y Rubén en guitarras e Iván en voces. Este “Subyugamentes”, su primer larga duración, fue grabado por Haritz Harreguy (Idi Bihotz, Soziedad Alkoholika, Latzen…) en los Harreguy Studios, co-mezclado por la propia banda y posteriormente masterizado por Víctor García (Aathma, Wormed, Toundra, Bloodhunter…) en el barcelonés Estudio Ultramarinos. Con arte de Cosmic Tentacles y colaboraciones del Escuela de Odio Pirri y el S.A. Juan Aceña, el álbum vio la luz en agosto del pasado año en formato vinilo a través de los sellos Demons Records, Romantic Songs Recordings y Four Skulls.

Frakture colocan al principio la pequeña “Narxisista” y esta procura una más que cuidada introducción al álbum. Tras ella, los vascos arremeten con su bien conocida amalgama de thrash trotón y voces cercanas al hardcore en las que Iván parece desenvolverse como gato panza arriba. Es uno de los temas más breves del debut. También uno de los más vibrantes, con una base rítmica bien empastada y que apenas da descanso. Puro nervio.

Un tanto más melódica pero igualmente furibunda, “Antinazis” profundiza en ese recuerdo a los primerísimos Soziedad Alkoholika. Y lo hace con unas voces llenas de cólera, pero también con una más que interesante selección de riffs. Los cambios de ritmo proceden a destapar el lado más técnico de Rubén y Serru, si bien es la rabia quien termina imponiéndose a través de una composición orgullosamente clásica. Hardcore metal rabioso y protestón.

Eleberri Berria” sin embargo les acerca a las lindes del crossover. Una encrucijada entre el nervio de las dos entregas previas, un pulso ahora más pesado y un trazo algo más enrevesado y laberíntico. Incluso partes que coquetean con el groove más casual. Oxigena al disco pero qué duda cabe que Frakture parecen sentirse mucho más cómodos en las partes más veloces y descosidas. Con eso y con todo uno de los cortes con mayor personalidad de todo “Subyugamentes”.

Criminalizados” puede no sorprender tanto en cuanto a construcción. Por contra, se cimenta sobre uno de los riffs con más gancho de todo el tracklist. Tiene un poso casi marcial, sobre el cual la banda va poco a poco acercándose al hardcore. Muy firme Imanol con el doble bombo para un corte que tampoco obvia algún que otro hábil detalle técnico. Lo justo para que la composición respire y sin traicionar el espíritu del disco en ningún caso.

Otro buen riff es el que entregan en “Subyugamentes”, cuyo prólogo deja detalles que me hacen pensar en unos Sepultura del ineludible “Arise” de 1991. Después y toda vez irrumpen las primeras estrofas, todo toma un cariz mucho más cercano al hardcore y ahí, por pura colisión, Frakture construyen otro de los temas más equilibrados y reconocibles de todo el debut. Llamativo también por trazo y adornado por pequeños injertos a lo Andreas Kisser, una de mis favoritas conforme se han ido sucediendo las distintas escuchas del disco.

Zu Zeu”, que fuera una de las cartas de presentación del álbum y en el que la banda retorna al euskera, profundiza en ese thrash sepulturero al que tiñen de un poso más hardcore que bien podría recordar a mis paisanos de Escuela de Odio. En un puente de paso más tranquilo irrumpirá uno de los solos más interesantes del tracklist, pero en líneas generales, Frakture dan poco respiro aquí.

Sorprende el casi elegante prólogo de “Gelchales”. También la forma en que la banda lo conjuga con ese metal de paso casi marcial, desarrollado sobre otro riff ganchero y pegadizo como pocos. Thrash machacón enfrentado a los Frakture más atmosféricos para otra entrega repleta de personalidad, donde la banda juega a expandir el abanico de sus influencias. Lo que no cambia es la agresividad de Iván tras el micro. Otro de esos cortes que elevan la nota final.

Stop Ablación”, con Pirri a bordo, desde luego hace por recuperar la cara más abiertamente hardcore del quinteto. Pocas sorpresas en su trazo, si bien los bizkainos vuelven a apoyarse aquí en una más que interesante gama de riffs. Me agrada también el contraste que se produce aquí entre los blast beats de Imanol primero y ese puente central más pesado y rocoso después. Buenos solos de cara al final, con la banda trazando uno de los epílogos más cuidados de todo “Subyugamentes”. Estupenda.

Antsietatea” es el corte más extenso de los doce. Una poderosa andanada de un thrash que roza (sin tocar) el d-beat, dejando entre medias un trazo hábil y bien equilibrado. El de Su Ta Gar es un nombre que sobrevuela a ratos, sentimiento quizá influido por la letra en euskera que la banda adopta aquí. Eficaz esa calma que desarrollan durante el puente. Uno de los pequeños oasis de tranquilidad dentro de este encolerizado debut, al que remata un buen solo de guitarra en su tramo final. Otra de mis favoritas.

De estribillos en inglés pero estrofas en castellano, “Fucking Bastards” recupera esa onda más Sepultura para otra agresión de thrash incendiario y rutilante, que no obvia ni la voz visceral de Iván ni tampoco los buenos solos de guitarra, con especial atención al que emerge justo antes del epílogo.

Ez Dugu Ahaztuko”, con colaboración de Juan Aceña, representa el corte más fugaz del álbum. Pequeño escorzo thrash core que, huelga decirlo, recuerda y de qué manera a los primeros trabajos del invitado. Por ahí me agrada que la banda no obvie pequeños detalles en el plano técnico pero es verdad que, al menos en mi caso, su pequeña duración no ha jugado precisamente a favor.

Cierra el tema que viene a dar nombre a la banda, un “Frakture” cuya onda bien podría recordar a los brasileños Ratos De Porao, conjugado después con esa vena más técnica que ha ido yendo y viniendo a través de los distintos cortes. Un buen ejercicio de equilibrio con la banda brillando, quizá más que nunca, en ese apartado. Pero un cierre desesperanzado, casi agónico, en lo que a lírica se refiere. Casi una llamada de auxilio y, por ahí, una adición más que interesante para un llamativo final.

El disco vibra casi siempre a buen nivel. Como persona no habitual de este tipo de propuestas, siento que me faltan referentes a la hora de desentrañar las distintas influencias de la banda. Pero la de Sepultura, citada de manera explícita en la nota de prensa, se deja notar y de qué forma a lo largo del tracklist. El de Soziedad Alkoholika es otro nombre fuerte en muchos momentos, por lo que no puedo alcanzar a imaginar lo que habrá supuesto para ellos contar con todo un Juan Aceña para este debut. Aunque sea en la brevísima “Ez Dugu Ahaztuko”. Un interesante debut y una escucha más que obligada para todo fan del thrash core más comprometido y vehemente.

Texto: David Naves

Reseña: State Of Crime & Science «S.O.C.S.» (Tunguska Media Factory 2025)

Nueva entrega en formato Ep para la buena gente de State Of Crime & Science. Bautizado como la propia banda, lo componen cinco temas mezclados y masterizados por Diego Teksuo y que ven la luz vía Tunguska Media Factory. Asiduos de este medio se sabrán la formación de carrerilla. Refresco la memoria al resto: Osana K. en voces, Víctor Pérez Torres y Marc Segond en guitarras, José R. Ibáñez al bajo e Iván Fernández en baterías.

SOCS” ahorra en introducciones banales y va directamente al grano. De entrada me agrada el riff que Torres y Segond traman aquí. También la curiosa línea de batería de Iván Fernández. Esa rotundidad inicial desaparece toda vez irrumpen las estrofas. Calmas, en la más pura tradición de la banda. Si es que se puede usar el término en una formación de (aún) tan corta trayectoria. El formal pero efectivo build-up hacia estribillos procura la irrupción de la mejor Osana, que brilla aquí con una de las mejores líneas de voz que le recuerdo. Encuentro detalles reseñables en ambas guitarras camino del solo. Y de éste me agrada que, cuando llega, lo haga sin florituras de cara a la galería. No negaré que he estado dándole vueltas desde que estrenaran el videoclip allá por el mes de octubre y que, a día de hoy, me parece uno de sus temas más redondos.

Cursed Gift”, corte más extenso de los cinco, redirige ahora hacia tonos de una marcada melancolía. En la desnudez de sus primeras estrofas brilla la base rítmica de Ibáñez y Fernández, si bien el bajo del primero resulta algo enterrado en las partes más nervudas. Por cosas de la mezcla o quizá del (tantas veces odioso) Spotify. Hay algo en el estribillo que entrega Osana K. aquí que me trae efluvios del mejor post-grunge. La vocalista de S.O.C.S. brilla camino del epílogo, manejándose con gracia tanto en los tonos altos del tronco central como en los más sosegados del final. Tal vez eche en falta un solo de guitarra algo más ambicioso. En cualquier caso uno de los cortes con mayor personalidad del Ep.

Difícil no subirse a una “Vortex” con el gancho que poseen esos riffs del prólogo. La banda abandona el idioma de Shakespeare aquí para hibridar su habitual rock alternativo con un groove (apenas) desconocido para ellos. La producción filtra aquí y allá la voz de Osana y siento que acierta al hacerlo. Cuidadas guitarras limpias bajo las estrofas más tranquilas y un corte de esos que se agarra al subconsciente sin remedio. Tan híbrido como en ellos es habitual pero, ya digo, armado con una carga riffera pegadiza como pocas, de los cinco puede ser el que más brillo obtiene de la meticulosa mezcla de Diego Teksuo.

Self-Delusion”, que disfrutamos en primicia en nuestro desplazamiento hasta Ribadeo (crónica), vuelve a abrazar un cierto groove, algo de la melancolía de la anterior “Cursed Gift” y por ahí construye otro de los cortes con mayor cuerpo del Ep. Rugen las guitarras aquí. De hecho diría que estas son las más broncas que les recuerdo. Al menos en lo que al estudio se refiere. Emerge de nuevo un cierto aire post-grunge en las estrofas más tranquilas. Redondea Osana con un estribillo hábil y con clase. Me agradan los detalles que entregan las guitarras camino del epílogo. También los buenos coros que irrumpen aquí. Eficaz.

Last Days”, cierre y a la vez entrega más escueta del Ep, puede ser el corte que más recuerda al rock alternativo de los noventa. Lastrado en parte por lo escueto de su desarrollo, que no alcanza los tres minutos y medio, agrupa en cierto modo muchos de los vértices sobre los que acostumbran a pivotar sus composiciones: estrofas limpias, más intensidad en estribillos y brillo desde las guitarras en esas partes más nerviosas. También una base rítmica que no falla a la hora de bailar entre ambos registros. Una quinta entrega no fallida pero sí que tal vez algo discreta.

La edición física aún no ha visto la luz en el momento en que redacto esta reseña. Lo de dentro, esto es, la música, vuelve a pintar bastante bien. La banda sigue cómodamente instalada en ese cada vez más particular rock alternativo. Acertando en los juegos tonales y demostrando que saben moverse tanto en los registros amables como en los más iracundos. Siempre con clase y nunca con excesos, moderados pero firmes, distinguidos del resto de bandas de la vieja Asturias y en clara línea ascendente.

Texto: David Naves

Reseña: Nukore «The Blackout» (Revolution Records 2024)

The Blackout” es el nombre con el que los metaleros vitorianos Nukore han bautizado a su más reciente obra de estudio. Un total de ocho temas grabados en los SilverStar Studios de Iker Bengoa, viejo conocido de la banda. Ellos son Rafa Bataglia (batería), Ander Martínez-Olaskoaga (guitarra y coros), Álvaro Foronda (bajo y coros) y Aitor Asso (voz). El álbum vio la luz vía Revolution Records el quince de noviembre del pasado año.

Hunger Games” ofrece un inicio más enrevesado y atrevido de lo que uno podría esperarse. Un hardcore / metal de pulso tenso, diversidad en líneas de voz y un riff, pesado y arenoso, con un gancho de mil demonios. La de Biohazard podría ser una rima recurrente aquí. La banda aprovecha para contraponer su cara más atmosférica y uno va poco a poco atisbando la fortísima personalidad que desprenden estas composiciones.

Hate Is A Burden” prosigue esa senda de hardcore metal pesado y groovie, destacando otro buen riff aquí a cargo de Martínez-Olaskoaga. Desgarro y mucha variedad vocal para alimentar ahora una faceta un tanto más alternativa en estribillos. Efectos varios acuden a las guitarras de Ander y el coro, repetido de forma incesante, acaba por instalarse en el subconsciente sin mayores esfuerzos. El puente viene finalmente a alimentar a esos Nukore aún más oscos y pesados del epílogo. Otro buen corte de metal retorcido y fronterizo.

Tendrá que ser “Pay & Obey” la que venga a añadir algo más de nervio y picante a la mezcla, con una banda ahora en una encarnación más cercana al crossover thrash. Suicidal Tendencies, S.O.D. o ciertos momentos de Anthrax podrían ser rimas recurrentes aquí. El corte de todos modos ve rebajado ese brío inicial para acometer un pulso algo más sureño (ese riff no engaña) y Nukore van así alimentando la amplia gama de registros que manejan para este nuevo trabajo.

Planet B” viene soportada por dos grandes pilares. Uno es el estupendo riff de las estrofas. De nuevo sin escatimar en gancho ni pegada. El otro es la hábil línea de batería y la forma en que se amolda a los muchos registros que la banda maneja aquí. Tantos, que uno siente la composición algo encorsetada dentro de sus tres minutos y medio (no llega). Sea como fuere y cuando las revoluciones suben, el cuarteto acierta a hibridar thrash y hardcore sin mayores esfuerzos. A buen seguro una que será ineludible en sus directos.

Lost”, que pasa por ser el corte más extenso de este “The Blackout”, retorna a aquellos Nukore más atmosféricos del comienzo para traer al frente un metal de voces casi rapeadas, atravesadas por un tono ahora más apagado y melancólico. Medio tiempo tejido con todo el cuidado, que no obstante procura no obviar las fuertes señas de identidad del cuarteto vitoriano. Me gustan estos estribillos. También esas voces más rotas y desesperanzadas que irrumpen en el puente. Junto a “This Light Of Mine” el corte más diferente de los ocho y testimonio clave de lo versátil de su propia versatilidad como banda.

Con “Ward Dog” regresan unos Nukore más elementales. Puede que el riff que Martínez-Olaskoaga introduce aquí no me atraiga tanto como otros dentro del disco. Todo lo contrario que unas voces limpias para estribillos que no me podrían recordar más al mejor Christian Olde Wolbers (Vio-Lence, ex-Fear Factory). Del mismo modo pienso que el puente central bien merecía algo más de brillo en lo que a técnica se refiere. Un solo que terminase de rematar lo atractivo de su trazo. Por ahí un corte al que encuentro algo desigual.

De las ocho puede ser “This Light Of Mine” la que más brilla en cuanto a sonido y producción se refiere. Desde su caminar apaciguado, en cierta rima con la anterior “Lost”, se deshace no obstante del tono melancólico de aquella, dejando en el aire un cierto aire de revancha. Hay buenos cambios de ritmo, comandados con pulso firme por Bataglia, cara a construir alguna de las estrofas más redondas de todo el largo, con Martínez-Olaskoaga, ahora sí, entregando una interesantísima gama riffera. ¿Lo peor? Esos poco más de tres minutos que marca en el reloj.

Claro que si hablamos de duraciones rácanas, qué decir de la final “Don’t Do It!”. Si parpadeas te la pierdes, que decía aquél. Y no obstante Nukore se las arreglan para componer un corte atractivo por diverso. Bien arreglado y rebosante de personalidad. Un final tan fugaz como el álbum mismo.

… que por duración casi parece un Ep, pero que en cualquier caso entrega ocho temas de fuerte personalidad, bien producidos y en los que cabe casi de todo. La banda parece querer obviar cualquier tipo de relleno y por ahí el disco transita sin grandes errores, si bien pienso que alguno de los temas bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. Si llegados a este punto os pica la curiosidad, la banda estará junto con el combo hardcore asturiano Jeremías El Babuino en el Tizón gijonés este próximo viernes 28 de febrero.

Texto: David Naves