Reseña: Nurcry «Renacer» (Art Gates Records 2024)

Tercera entrega del proyecto que lidera el músico Ángel Gutiérrez y al que acompañan esta vez Kike Fuentes al micro, Manu Acilu y Juanjo Alcaraz en guitarras, Pedro Díaz “Peri” al bajo y Jason Simmons en baterías. “Renacer” fue grabado, mezclado y masterizado en los V3STUDIOS por el compañero de Kike en Nocturnia Manuel García de Acilu Ojanguren y está en la calle desde el pasado noviembre vía Art Gates Records.

Indómito” ahorra en todo tipo de artificios para atacar ya desde el primer instante con un heavy / power de raíz clásica, trufado de melodía. Un trabajo en cuanto a guitarras que llama la atención cuando el reloj ni siquiera alcanza el minuto y que da muestras de por dónde pueden ir los tiros en este “Renacer”. Fuentes parece más que cómodo en estas estrofas. Clásicas y acomodadas, en la más pura tradición del rock estatal. Hay inflexiones, versos incluso, que me traen el recuerdo de los Ñu más potentes. Remata un buen estribillo, esas voces dobladas que lo conforman no podrían estar mejor rematadas, si bien echo en falta unos coros con algo más de presencia. El solo, apoyado por el doble bombo que dibuja ahora Simmons, dista del conformismo sin rozar lo ególatra y termina de poner el lacito a un buen arranque.

Niño Invisible” rebaja en parte la intensidad para deslizarse hacia el hard rock y, sobre un riff no falto de gancho, tramar uno de los cortes más extensos del trabajo. Me agradan los adornos que lucen estas primeras estrofas. Como decía antes, el trabajo que lleva el disco en lo referente a guitarras da signos de haber sido cuidada con esmero. Quizá el disco no disponga ante el oyente una producción estelar. Sea como fuere, Fuentes dibuja un buen estribillo aquí. Pegado a ese hard lleno de clase y feeling, que no desentonaría en un álbum de 91 Suite. Puede que al solo, más en un tema que se va más allá de los cinco minutos, le viniera bien algo más de recorrido. Aún así, aprecio la forma en que transforma en calma su vigor inicial. A buen seguro uno de los más curiosos y llamativos de todo “Renacer”.

De letra protestona y hasta cierto punto irreverente, ataque directo a comportamientos superficiales tan presentes y habituales en redes sociales, “Megalomanía” traza sobre un riff a lo Judas Priest un corte que, a ratos, me recuerda a mis paisanos de Monasthyr. Aporta, solidario a ese espíritu algo más transgresor y gamberro, uno de los solos más vitriólicos de todo el largo. Atractivo y bien trazado para completar esta composición chulesca y pegadiza. Vibrante incluso. No descarto que tanto al insufrible de Llados como a sus pobres acólitos les piten los oídos.

Bella Luna” es puro heavy metal a la antigua usanza. La producción apoya ese clasicismo con una presencia sinfónica un tanto tibia. Todo lo contrario que una base rítmica que gana peso y comanda con pulso firme esta cuarta entrega. Muy elegante Fuentes aquí y cierto deje a los bilbaínos Valkyria esparcido por las distintas estrofas. Rápida, ni tan siquiera tres minutos y medio, pero dueña de efectivo solo doblado en su parte final.

Salto Al Vacío” recupera en parte aquél aire más macarra de “Niño Invisible”, lo reformula con un heavy metal que me recuerda a los primerísimos Mägo de Oz y lo cierra con un solo a la Iron Maiden. Uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y que, desde luego, suena mucho más pasional que cerebral. De resultas de todo esto, este salto al vacío se ha convertido en uno de los cortes que más fuerte han arraigado tras las sucesivas escuchas del álbum. Ni inventa nada ni lo pretende pero vaya si funciona.

Salvajes”, ahora sí corte más rácano de todo el largo, tiene un deje más urbano, a medio camino entre el hard de toda la vida, ciertos momentos bien podrían recordar a los (siempre) infravalorados Leize. Fuentes entrega otro estribillo pegadizo y con gancho, mientras que las buenas guitarras de Gutiérrez y el Lethargus Juanjo Alcaraz dejan dibujos rebosantes de clase. Llaman la atención esas voces filtradas del epílogo. Al final otra de esas en las que Nurcry parecen haber dado con la tecla, entregando así la mejor versión del proyecto.

Fénix” regresa a su lado más heavy, linda con el power con esos coros del inicio, también en esa desnudez de las primeras estrofas, con Fuentes cantando ahora en tonos más graves. El nombre de mis paisanos WarCry sobrevuela a ratos. También el de Dünedain o incluso el de Tierra Santa durante ciertos versos. El solo que ocupa buena parte del puente central me resulta uno de los más redondos y acertados de todo el trabajo. Nurcry en una clave muy orgánica aquí, sin efectos ni trucos de salón, trazando heavy metal del de toda la vida sin excesos ni dobleces.

Grita Al Cielo” pone la nota de color al ofrecer ahora un medio tiempo que me agrada más por sus intenciones que por la factura y los resultados que ofrece. Quizá, y esto es algo puramente subjetivo, porque no llego a conectar del todo con su aspecto lírico. Sea como fuere, Fuentes está fantástico, en especial a la hora de alcanzar los tonos más altos, y el solo que irrumpe camino del epílogo no abusa en ningún caso de florituras innecesarias, redundantes o ególatras. Pero es cierto que echo en falta una producción algo más ambiciosa que termine de apuntalar ese tramo final.

Ciego Errante” sorprende con un prólogo algo más oscuro y que no desentonaría en según qué disco de post-grunge. Fuentes, de hecho, traza inicialmente una línea de voz en cierto modo disociada del resto del álbum mientras el corte se afana por lindar con el rock alternativo en no pocos momentos. Hay riffs que me recuerdan, sí, a aquellos The Cranberries de la tristemente desaparecida Dolores O’Riordan. Aquí lo interesante viene de la forma en que Nurcry trasladan esa raíz más alternativa hacia un terreno más afín a la raíz del disco a través de un más que interesante crescendo. No dudo será uno de los cortes más divisores de todo “Renacer” pero, pienso, la banda sale más que airosa del envite.

Galileo”, que ya pudimos disfrutar en la primera edición del Luarca Metal Days (crónica aquí), me recuerda ahora a aquella “Wheels Of Fire” del álbum que retornaba a Rob Halford a su banda de toda la vida. Llamativas esas guitarras más broncas que acompañan a las estrofas para uno de los cortes más rácanos, también más directos, de todo el tracklist. En cualquier caso sobresalen esas armonías de Fuentes en estribillos, las más graves que irrumpen a término de los mismos o los solos doblados previos al epílogo. Curiosa cuanto menos.

7 Brujas” sí que trae consigo esa producción más ambiciosa que eché en falta anteriormente. Sirve ésta para acomodar la cara más épica de Nurcry, que a su vez es también la más heavy, con Simmons entregando una potente pero también diversa línea de batería. Me agradan las melodías con las que engarzan estribillos y estrofas. La forma en que Fuentes ensucia su registro para acompañar ese tono más vibrante de la composición y, enlazando con lo que dije al principio, el cuidado trabajo en cuanto a guitarras que ofrecen Manu y Juanjo aquí. Aún cuando su aspecto lírico no me conquista del todo, otra de mis favoritas.

Eterna Oscuridad” de nuevo rebaja esas altas pulsaciones para ofrecer un medio tiempo que me agrada menos por trazo, algo recurrente, y más por las diversas ejecuciones que entregan los chicos. De nuevo muy orgánicos Nurcry aquí mientras Fuentes alcanza a ratos tonos realmente agudos aquí y vibrante ese solo del puente. Correcta, ni me desagrada ni me engancha.

Para el final queda el bonus “Cuestión de Rock ‘n’ Roll” de inicio tendido pero cuyo desarrollo habrá de ofrecer a los Nurcry más heavies y enfebrecidos. Sorprende ese bajo tan alto en la mezcla, en contraste con su presencia más discreta a lo largo de todo el álbum. Un corte desenfadado como más que agradable broche a este nuevo álbum.

Notable tercer disco de los madrileños. Mucho más orgánico de lo que preveía antes de las primeras escuchas, a ratos la producción es casi invisible, lo que no obstante permite a la banda entregar su mejor cara como intérpretes. Las influencias, con la excepción que supone “Ciego Errante”, son en gran medida clásicas y, por ahí, la banda parece más que cómoda. “Salto Al Vacío” no me podría resultar más pegadiza, “Indómito” me resulta el mejor de los arranques y luego cortes como “7 Brujas” o el bonus final entregan una cara más descarada y heavy de Nurcry con la que conecto en cierta medida. Notable trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: Adrift «Dry Soil» (Monolito Records 2025)

Bajo la denominación “Dry Soil” se esconde el cuarto trabajo de los madrileños Adrift. Un total de seis temas producidos al alimón entre la propia banda y Santi García, quien se encargó de grabar y mezclar estas pistas en el Ultramarinos Costa Brava entre enero y febrero del pasado 2024. La formación actual se compone de Jaime García en baterías, Daniel Chavero al bajo, David López en guitarras y Jorge García en guitarra y voces. Con masterización de Víctor García (Aathma, Toundra, Ikarie, Bloodhunter…) y diseño y fotos de Jorge García (Ból! Estudio), el disco vio la luz vía Monolito Records el pasado 31 de enero.

Irrumpe denso “Overload” para sentar así las bases (o algunas de ellas) sobre las que se desarrollará el álbum. Hay cierta tensión en esos primeros riffs, en el juego que proponen ambas guitarras durante el prólogo. También una cuidada línea de batería de Jaime García. Me agrada la construcción de las estrofas, que vienen a contrastar con el desgarrado, indómito y definitivamente árido registro de Jorge García. Etiquetados a veces como “death metal experimental”, es esta una formación que no se doblega al blast beat incesante, que surca caminos más próximos al sludge más atmosférico. La producción, o cómo la mezcla acierta a equilibrar todos los elementos presentes, pone a estos Adrift, perdonen el tópico, a la altura de cualquier banda foránea. Sirva el poso más espacial que precede al epílogo como muestra.

Todo resulta de lo más orgánico. Sin maniqueos trucos de salón capaces de pervertir su manera de entender el metal extremo. Y “Concrete” es la mejor prueba de ello. Adrift arremeten más vivarachos ahora, con un bajo que percute con insistencia en ambos canales. Jaime García vuelve a dejar otra inquieta línea de batería, que acompaña a unas guitarras que ganan peso y crudeza aquí. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de todo el álbum, lo que no quita para que la banda lo recubra de buenos cambios de ritmo, apostados siempre en ese post metal crudo y arenoso. Lo mejor es el modo en que la banda parece terriblemente cómoda en este registro algo más vivaracho, entregando por igual atmósfera, músculo y desgarro.

Edge” toma el testigo a base de reincidir en esos biorritmos más altos. En un riff que, tras cada escucha, no deja de recordarme a los (tristemente) desaparecidos Moho, Adrift proponen un viaje inclemente en el que cruzan guitarras de un poso casi psicodélico con riffs heredados directamente del black metal. Contorsionando géneros, tejiendo cuidados cambios de ritmo sin olvidar su cara más descosida y visceral. Sorprende, aún en un álbum como este, la tensa calma de su extenso tronco central, con Adrift transitando por un páramo inhóspito y desolado. Desesperado festín riffero, que Jorge García recorre en su habitual registro ominoso y descosido. Toda esa amalgama sónica viene a contrastar con la más acusada calma que irrumpe más adelante, con el bajo de Chavero superpuesto ahora a ambas guitarras. Guitarras algo efectistas aquí, que toman en este tramo final sonoridades más próximas al stoner, sin que ello venga a traicionar el espíritu mismo del tema que las acoge. Que pese al amplio abanico de influencias que manejan sean capaces de mantener un nexo común entre todas ellas creo que habla muy bien tanto de la producción de la que gozan estos seis temas como de su buen hacer como compositores.

Restart” puede ser la que inicia de forma más amable de todo el tracklist. Es metal algo trotón, que despliega un nivel técnico sin florituras ni excesos. Operante siempre en favor de la propia composición que las aloja. Lo que sorprende aquí sin embargo son esas voces limpias, de aire casi ritualista, y la forma en que conjugan con el siempre árido y roto registro de Jorge García. Un corte que viene a romper con muchas de las ideas preconcebidas del álbum a estas alturas, siendo lo suficientemente hábil para mantenerse dentro de las propias fronteras del género. Hay riffs que tranquilamente pueden recordar a King Crimson, engarzados por unas baterías de Jaime García ahora un tanto más lineales. El tramo final se empecina en devolvernos a esos Adrift más atrevidos y atmosféricos sobre unas baterías casi marciales, desembocando finalmente en un curioso epílogo. Estupenda.

Agradecida calma la que propone el prólogo de “Blood Kills The Soil” con esas guitarras ahora algo tímidas, que vendrán de nuevo a contrastar con el iracundo registro de Jorge. Un penúltimo corte que afianza la cara más atmosférica de los madrileños, apoyada en una producción que parece entender a la perfección el material que tiene entre manos. Hay un poso algo más psicodélico aquí, que imbuye unas estrofas por momentos atrevidas e incluso desafiantes. Hay una mayor linealidad aquí y sin embargo puede que se trate del corte más excéntrico y diferente de los seis.

La final “Bonfire” parte desde un prólogo de fuerte poso atmosférico, aupado por una serie de arreglos de un cariz casi cinemático. Adrift se toman su tiempo ahora, de hecho composición más ambiciosa del álbum, y pronto dibuja guitarras que, sin ir más lejos, podrían recordar a los Tool más recientes. La voz de Jorge aparece ahora algo más hundida en la mezcla, generando una cierta extrañeza conforme transcurren las primeras estrofas. Las baterías de Jaime García recuperan aquél brillo de comienzos del álbum, ayudando a que la banda teja pequeños pero hábiles crescendos. Todo confluye en un puente central cercano a la ensoñación onírica. No diré que me recuerda a Alcest pero sí que intuyo un lejano guiño al shoegaze en estas atmósferas ahora apaciguadas. El cuarteto trama un largo epílogo en el que brillan sobremanera los riffs de Jorge y David, que terminarán por confluir en el cierre más abrupto que recuerdo en mucho tiempo. Un final estupendo en cualquier caso.

Uno de esos discos que solo entrará a una primera escucha a los muy duchos en el metal más desesperado y sofocante. Un viaje atmosférico por contornos a veces nada amables, que desafía al oyente casi a cada paso pero que, aún ahí, sabe tejer pequeños remansos de calma y sosiego. Con una gama riffera capaz de tender puentes entre el progresivo más clásico, el death a veces aberrante y el black más avezado, (casi) siempre bajo la angustiosa voz de Jorge García, Adrift han trazado un álbum que les debería confirmar como punta de lanza del post metal dentro de nuestras fronteras. Si tanto “Dry Soil” como estas palabras os llaman la atención, el próximo jueves día 6 de febrero tenéis una cita con ellos en el chigre cultural ovetense La Lata de Zinc.

Texto: David Naves

Reseña: Laguna “Of Men And Myths” (Autoproducción 2023)

Habiendo iniciado su carrera con Mötorhead y Queens Of The Stone Age en el punto de mira, el trío barcelonés Laguna, Pekiss (batería), Joan (guitarra, voz) y Pol (bajo, coros), pronto ensamblaron a su música influencias que abarcan desde Tool hasta Black Sabbath pasando por Electric Wizard. Al menos eso es lo que viene a comunicar la nota de prensa que nos llegó al correo desde tierras catalanas. “Of Men And Myths” vino al mundo en los Akrasonic Productions y se encuentra en la calle desde septiembre del pasado año.

Con el clásico rasgueo del vinilo primero y un avanzar acústico en cierta rima con los Swans menos experimentales que arranca el debut de los barceloneses. La pequeña “Dogma, Pt. I” hace mucho por ocultar la intensidad que recorrerá el tracklist, deviniendo en una pequeña isla de tranquilidad antes de que la tormenta se desate.

Que lo hará, principalmente, a través de las monolíticas guitarras de “Of Men And Myths, Pt. I”, engarzadas y sin embargo contrarias a una base rítmica tan pegajosa como omnipresente. Me agrada la forma en que dibujan los diferentes cambios de ritmo. Las melodías reverberantes bajo estrofas. Y esa voz grave y rotunda, aguardentosa y a ratos incluso malsana. Aires marciales engranan con pequeños eslabones donde bajan las revoluciones y se eleva la voz de Joan. Mucho sludge en superficie y un corte que encapsula un amplio ideario sin pecar de falta de identidad. Al contrario.

Paragon” desciende en el reloj para entregar a los Laguna más crudos y a la vez asépticos. Con Joan desgañitándose a conciencia y Pekiss trazando una más que diversa y llamativa línea de batería. Sus riffs tienen un trazo casi circular. Y si bien lo escaso de su duración corta de raíz el posible alcance de la composición en sí, no dejo de divisar destellos con los que comulgo de muy buena gana. Fugaz varahada de rock negruzco y asfixiante.

Surge “Dogma, Pt. II” como resorte quizá a la brevedad de su predecesora. El corte más extenso de este debut se eleva desde el dominante percutir de Pekiss en el prólogo hacia unas primeras estrofas donde unos Tool del “Ænima” parecen hacerse con los mandos de la nave. Más adelante y juegos con los canales al margen, Laguna juegan a exponer su cara más retorcida primero, la más vistosa después, con Joan en casi perfecto émulo catalán de Adam Jones. La sequedad inunda su tronco central. También el ruido, con Pekiss azotando esos platos como si le debiesen dinero. El largo epílogo conjuga, no sin ciertas dosis de riesgo, toda una amalgama de tonalidades e influencias que difícilmente podrás apreciar al vuelo en una sola escucha. Una filtrada voz femenina e incluso cierto aire a jam session inundan este fantástico por retorcido tercio final. “Strong dogmas are crashing down”. Y tanto que sí.

Con “Dogma, Pt. III” parecen regresar los Laguna más monolíticos, en rima con aquél segundo corte del álbum. Y pese a ello es un corte que disfruta mientras huye de ciertos formalismos. En gran medida por la forma en que Joan encara los sucios, alucinados incluso, solos de guitarra. Si bien puede que en lo tocante a riffs conecte en mayor medida con otras ofertas dentro del disco, el trío barcelonés se las arregla para firmar un corte sin mayores dobleces más allá de su propia extrañeza. Denso sin rozar lo miserable pero frontal como un muro de granito. A buen seguro un pilar en sus directos.

No lejos de esa senda más agria se sitúa “Omen”, que dibujan a partir de un riff de Joan con un gancho de mil demonios. Es un corte rotundo al que acentúan la firme batería de Pekiss pero donde echo en falta más presencia del bajo de Pol. Y aunque no comulgue del todo con la forma en que implementan ese deje más groovie durante el epílogo, lo cierto es que me sorprendo a mí mismo meneando los pocos pelos que me quedan con ese avanzar directo y sin miramientos.

Pesadísimo el prólogo de una “God In The Machine” que, toda vez llegan las estrofas, transige hacia un metal más nervioso, que finalmente dará paso a unos estribillos retorcidos, pedregosos incluso. El bajo de Pol se retuerce y distorsiona al tiempo que acompaña a uno de los desempeños vocales más rabiosos y también diversos de todo “Of Men And Myths”. Sin alcanzar la desatada diversidad de “Dogma, Pt. II”, surgen de nuevo aquí los Laguna más ambiciosos, que coronan con un epílogo donde crudeza y atmósfera se entrechocan y dibujan uno de los momentos más oscos y malencarados de este debut. Estupenda.

Tras la tormenta, uno casi agradece la calma que “Of Men and Myths, Pt. II” acoge durante el prólogo. Una calma que, más adelante, se quebrará de forma brusca, hosca incluso, pero que en cualquier caso sirve a Laguna para finiquitar su debut de forma intensa y rotunda. Un cierre que tal vez merecía algo más de espacio y desarrollo.

Sí, quizá se me haga algo corto este debut. No obstante y aún así encuentros muchos asideros a los que agarrarme. La banda conjuga sus muchas ideas preñándolas las más de las veces de unas dosis de intensidad y mal café dignas de un leñador al que le han tocado de más los cojones. Lo mejor de todo es que pese a esa rabia que parece emanar del disco, la banda para nada desbarra a la hora de construir sus temas. Es algo que, claro, sale a relucir en las entregas más extendidas, pero también en la más pequeña “Dogma, Pt. III”. Buenas sensaciones en líneas generales y una banda a la que habrá que seguir con atención.

Texto: David Naves

Reseña: Tierra Santa «Un Viaje Épico» (Maldito Records 2024)

Nuevos rumbos para la gente de Tierra Santa apenas un par de años después de su anterior “Destino” de 2022. Aquí siguen Roberto Gonzalo (bajo y voz), Francisco Gonzalo (batería), Juan Antonio San Martín (teclados), Dan Díez (guitarra) y Ángel San Juan (guitarra y voz). Este “Un Viaje Épico” que hoy nos traen, estrenado el pasado mes de noviembre vía Maldito Records, cuenta una vez más con Javi San Martín para las distintas labores de grabación, mezcla y masterización, llevadas a cabo en los Estudios Sonido XXI de Esparza de Galar (Navarra).

Un Viaje Épico” que comienza con un prólogo de corte sinfónico que subvierte el habitual arranque vibrante y nervioso por una primera estrofa calmada y elegante. Muy a medida del registro de Ángel, cada vez más consciente de sus debilidades, también de sus fortalezas. Toda vez la composición supera su larga introducción, tenemos ante nosotros a los Tierra Santa de siempre. Esto es, heavy metal sencillo, con gancho, de cuidadas estrofas y ritmo ágil. Buenas melodías de guitarra bajo estribillos y mejores solos después. La formación riojana rimando aquí con sus primeros discos en contraposición al rumbo más cercano al hard que venían desarrollando en sus anteriores trabajos. Como nota al pie, estupendos esos dibujos del vídeoclip a lo “Take On Me” de A-Ha:

Los riffs en que apoyan “Mañana” pronto remiten a la conocida querencia de la banda por los Iron Maiden de primera mitad de los ochenta. La sensación que queda es la de que será una fija en sus directos. Despreocupada pero con gancho, de nuevo tiende buenos dibujos de guitarra como fiel acompañamiento a Ángel durante estribillos. Pero es que el solo que trazan aquí puede ser fácilmente el más ágil de todo el disco. Sin salirse un centímetro de su libro de estilo pero nuevamente remitiendo a sus primeros trabajos. Por poner una pega, el final bien merecía algo más de desarrollo y no ese entristecido fade out.

Tierra Santa añaden una pizca más de picante en una “Inmortal”, que se beneficia de la buena labor de Francisco Gonzalo a los parches. También de ese bajo tan Harris de Roberto. Y no, Ángel no es Bruce Dickinson. De hecho parece algo exigido en según qué momentos del estribillo. Sea como fuere, brilla la banda aquí en los aspectos técnicos como (quizá) no lo hacía en un par o tres de discos. Funcional.

Tiene nervio ese arranque de “Excalibur”, esas guitarras más broncas y esa batería ágil y sin complicaciones. Pero si algo me agrada aquí es la forma en que han construido las distintas estrofas. También el apoyo que brinda San Martín desde los teclados. Quizá el corte con más gancho de los diez, lastrado si acaso por lo rácano de su duración. La producción de “Un Viaje Épico” no podría ser más natural. Casi invisible de hecho, en el sentido de que no trata de desvirtuar a esta banda ni transformarla en aquello que no es y, por ahí, siento que no podría ser más acertada. Desde luego técnico y músicos se conocen de sobra.

Ícaro” parece nacer con la intención de ser el gran emblema del álbum, con permiso de la propia “Un Viaje Épico”. Al igual que aquella parte desde un arranque tranquilo y calmado, con un esforzado Ángel dejando una buena primera estrofa. El riff y las melodías que surgen después no van faltas de gancho. Tierra Santa trazan de nuevo un heavy metal que viene a recuperar aquél mayor nervio de sus primeros días. Y lo hacen, de nuevo, a través de cuidadas melodías y medidas estrofas. En lo personal puede que le hubiera otorgado algo más de peso a las teclas de San Martín. Por contra, conecto en gran medida con ese pequeño puente previo al epílogo. Desde luego una de las que más han crecido tras las sucesivas escuchas del disco.

Siempre que arranca esta “El Regreso De Un Héroe” no puedo evitar pensar en un pequeño abanico de nombres: Medina Azahara por este colchón de teclas. Judas Priest, particularmente la era Faulkner, por el riff que acompaña a esas primeras estrofas. Y quizá también Freedom Call por ese tono algo más alegre que arrastra la composición. Un tema construido muy a favor del siempre peculiar a la par que reconocible registro de Ángel. La segunda de las estrofas viene acompañada por buenos dibujos de guitarra, también por un (discreto) juego entre canales. Retrotrae a los mejores tiempos de los riojanos con un estribillo marca de la casa. Sin inventar nada, seguramente nunca lo hayan pretendido, puede ser este otro de los cortes donde más alto brilla el quinteto dentro de este épico viaje.

Solo Hay Un Camino” persiste en esa búsqueda de la cara más heavy de la banda. Lindante con el power incluso, aunque sea de forma tímida. De entre todos los riffs que adornan las estrofas de este nuevo trabajo, pueden ser éstas mis favoritas. El disco, ya en su tramo final, va confirmando cierto abandono de aquél hard rock que alimentó trabajos anteriores, echando mano de su bien conocido libro de estilo y dejando, aquí al menos, una interesante sección solista. Composición lastrada, si acaso, por lo rácano de su duración.

Renacer” parte de un riff algo más sucio, lo que termina de dar otro aire a esta octava entrega. Sencilla, directa, se eleva camino de estribillos gracias a esos buenos detalles de guitarras tras las voces de Ángel. Apenas tres minutos y es una pena, pues anidan algunas buenas ideas aquí dentro. De hecho diría que éste es el Ángel más poderoso en tareas vocales de todo el trabajo. Pero ese metraje algo pírrico viene a jugar en contra del solo de guitarra, fugaz y algo encorsetado.

Será finalmente “Abre Tu Corazón” la que venga a entroncar con aquellos aires más hard de discos anteriores. La rima con Van Halen, teclados mediante, resulta casi evidente aquí. Fue uno de los adelantos y, por ahí, uno entiende esa propuesta más amable y optimista, si bien está muy lejos de representar al disco que la contiene. De hecho y junto a la final “Gracias” diría que son las dos grandes excepciones.

Porque si “Abre Tu Corazón” representaba el salto al hard rock, “Gracias” resulta en una balada de trazo clásico y cuidados arreglos donde vuelven a brillar las teclas de San Martín. Muy ochentera, no cabía esperar otra cosa de una banda como esta, para un final cuidado y elegante.

Entiendo “Un Viaje Épico” como una vuelta a sus raíces. Sin lugar excesos ni grandes complicaciones, más heavy en la hipotética cara A y dejando los cortes más diversos para el final, intuyo que tratando por ahí que la escucha resulte lo más agradable posible. “Ícaro” o muy especialmente “El Regreso De Un Héroe” me parecen buenos temas. “Inmortal” tiene detalles interesantes y “Abre Tu Corazón” demuestra una vez más su añoranza por el hard de finales de los ochenta. En definitiva y es de lo que se trata, sus fans estarán más que contentos de que esta banda vaya a seguir unos cuantos más en la carretera.

Texto: David Naves

Reseña: Celtian «Secretos De Amor Y Muerte» (Maldito Records 2024)

Secretos De Amor y Muerte” supone el cuarto trabajo para los folkies de Alcalá de Henares Celtian. La banda, que hubo de cancelar su último paso por tierras asturianas la misma mañana del show, ha entregado un álbum con Txus di Fellatio y Alberto Seara como productores, encargándose este último además de las obligadas tareas de grabación y mezcla. David Landeroin en baterías y Raúl Plaza al bajo forman la base rítmica de los madrileños, con Diego Palacio en flautas, Txus Borao al violín, Sergio Culebras en guitarras y Xana Lavey al micro. Colaboraciones de Jorge Salán, Rafa Blas, Rafael Carpena, F. Antonelli y Javier Díez, masterización de Dave Donnelly (Dokken, Debler Eternia, Mägo de Oz, Hammerfall…) y arte de Ela Benítez, el trabajo ha sido puesto en circulación por la gente de Maldito Records.

La Lira Encantada” abre los cincuenta y dos minutos de esta nueva obra con un marcado gusto por la épica. Pero una épica tranquila, que a ratos me recuerda al mejor Howard Shore, y que conduce con elegancia hasta una “La Profecía” donde la banda desliza ya todo su arsenal. Una cuidada producción acompaña a las buenas melodías vocales de Lavey. Me agrada el tono en que se desarrollan las distintas líneas de guitarra. La mezcla, un prodigio de equilibrio, permite a la banda respirar en los momentos más amables y atacar en los más rotundos. Su redondo estribillo me parece uno de los muchos hallazgos de esta nueva obra. Un arranque que parece entregar a una banda en plenitud.

Adalina” vendrá a entregar la cara más amable de la banda. Esa que permite a Lavey extraer sus registros más dulces, para desde ahí construir un corte rico en matices y cambios de ritmo, atravesado por otro estribillo pleno de gancho y finalmente abrazar alguno de los riffs más graves y rotundos que les recuerdo. Sin olvidar ni el piano que acompaña a la vocalista durante estrofas ni tampoco la extensa sección solista que irrumpe camino del epílogo, el corte resulta finalmente una de las composiciones más ágiles y atrevidas de este “Secretos De Amor y Muerte”.

Más directa, divertida incluso, “Serena” entrega a unos Celtian mucho más evidentes. Que no obstante ofrece un cuidadísimo trabajo en cuanto a arreglos, una estupenda línea de bajo por parte de Plaza y a la Lavey más heavy. Habrá quien eche en falta algo más de picante, en especial a lo largo de sus estrofas. Por contra, el estribillo resulta del todo ganador. Marca de la casa, rara vez fallan en esto los alcalaínos.

«Maleficio de sangre» sí agradará a quienes busquen algo más de mordiente. Partiendo del riff tan marcado y grave del prólogo, la banda entrega una composición que, a ratos, me recuerda a unos Mägo de Oz del “Finisterra”. Acompaña una Lavey pletórica, alcanzando los tonos altos del estribillo con total fiabilidad. Y aunque el peso de la parte puramente sinfónica es notable, me agrada la forma en que su cara más metálica predomina en la mezcla aquí. De manera evidente durante estrofas y pasando casi de puntillas durante los solos de guitarra, flauta y violín. El equilibrio casi perfecto.

Hasta El Final” linda ahora con el power metal, firmemente apoyada en el doble bombo del Delalma David Landeroin. Contrasta ese mayor brío con una línea de voz más cercana a las lindes del folk metal. Del contraste entre ambas influencias surge otro corte con gancho y bien construido donde, si acaso, echo en falta un aporte solista más ambicioso.

Camino En La Tempestad” parte con todo lo oído hasta ahora dentro del álbum para mecerse por sonidos más cálidos, por los que se cuelan al mismo tiempo sonoridades medio orientales y un cierto parecido a aquella “Astaroth” de la banda de Txus di Fellatio. Sea como fuere, medio tiempo con empaque, que contrasta con el mayor brío de ese estribillo a puro doble bombo. Composición bifocal, de nuevo repleta de matices y también de contrastes, que viene finalmente a dar testimonio de su buen nivel como compositores. Rematada por la cuidada y equilibrada mezcla de Seara y con uno de los solos más redondos de todo el largo, ha terminado por convertirse en una de mis favoritas de entre las trece.

Más sencilla, también más juguetona, “No Vuelvas a Llorar” nos devuelve a los Celtian más festivos y amables. Brilla de nuevo Plaza al bajo mientras la producción opta por revestir a esta octava entrega de toques más contemporáneos, en contraste con el pulso más folk que comanda a buena parte de las composiciones. Finalmente la banda en su clave más vital y optimista.

Caricia Mordaz” es otro de los grandes aciertos (y van) de este nuevo trabajo. Primero por la forma en que está construida. Mucho menos lineal de lo que aparenta. Después por una Xana Lavey que traza aquí una de las líneas de voz más exigentes que le recuerdo. También por una de las bases rítmicas más sólidas de todo el tracklist. Y finalmente por un aporte solista de lo más atractivo, ambicioso sin rozar lo masturbatorio. Francamente estupenda.

Renacer”, con el bueno de Jorge Salán a bordo, sorprende por cómo plantea un heavy metal de sabor añejo y lo insufla de los habituales matices folk del sexteto. Con unas estrofas construidas con sumo cuidado, irrumpen luego unos estribillos no fallidos, pero a los que encuentro algo por debajo de la media del disco. Salán, por si alguien dudaba está fantástico en el solo.

Conecto en mayor medida con “Sueños de Cristal”. Y fíjate que tampoco es que se salga de los vértices sobre los que acostumbra a pivotar la propuesta de los madrileños. Pero entrega guitarras más rotundas y, en general, ofrece a unos Celtian más heavies. Ofrece además el solo con más feeling de todo el largo. Tanto en guitarra como en flauta, estupendos Culebras y Palacio aquí. Ha ido ganando con cada una de las escuchas y tiene pinta de que seguirá haciéndolo en el futuro.

Oh, Catarina”, apenas un escorzo sinfónico con la voz de Lavey muy en primer plano, deja la pequeña nota de color antes de que “Tras El Letargo” recupere el nervio más power y ponga fin al disco. Con Rafa Blas ofreciendo ágil réplica a la vocalista granadina, la banda parce haber echado el resto aquí. Hay química entre ambas voces. También riffs que sacrifican un mayor brillo en pos de alimentar ese pulso más trotón. Sorprende sin embargo el derroche sinfónico del que echan mano en el puente. Contrapunto a ese mayor nervio y un detalle que, pienso, suma y redondea la composición. Gran cierre.

Celtian cada vez más Celtian. La influencia de Mägo de Oz sigue siendo muy palpable a lo largo del disco pero esta es una banda cada día más identificable. El álbum, doy fe, gana una barbaridad con cada escucha. Lo atraviesa una producción de lujo, estupenda labor de Alberto Seara, que lustra cada uno de los temas con precisión de orfebre. En ellos caben influencias de todo tipo. Desde andanadas puramente sinfónicas, flirteos con el power metal o incluso pequeños detalles de corte retrofuturista. Y por supuesto grandes melodías y mejores estribillos. Su pujante y creciente legión de fans tiene, desde luego, motivos más que de sobra para sonreír.

Texto: David Naves

Retrosprectiva: «El Clan De la Lucha» / «Tierra De Lobos»

La nueva gira de Saratoga, montada por el cuarteto en recuerdo de los álbumes “El Clan De La Lucha” (2004) y “Tierra De Lobos” (2005) parecía una excusa tan buena como cualquier otra para volver sobre dos álbumes clave en la trayectoria de los madrileños. La banda, disfrutando aún del aldabonazo que supuso arrancar el siglo con el tremendo “Agotarás”, echaría mano del productor Big Simon con visos a darle una vuelta de tuerca al sonido que el cuarteto venía desarrollando desde la entrada de Leo Jiménez al micro y Dani Pérez a las baterías.

El resultado de aquellas sesiones de grabación fue la edición vía Avispa de un álbum que, escuchado hoy, parecía querer servir de punto de inflexión para la banda. Partiendo de un artwork de Manuel Manrique, la sensación es la de estar ante una banda más oscura. Más sucia incluso. “San Telmo 1940” se atiene ahora a un sonido sin duda no tan diáfano. Este segundo tema del álbum portaba de hecho uno de los estribillos más llamativos y diferentes de toda su trayectoria hasta entonces.

Las guitarras de Jero ganaban en rotundidad en “Lejos Del Tiempo”, con esas inconfundibles voces dobladas de aquél Leo Jiménez al que dieron en llamar “La Bestia”. Una “bestia” que brillaba en “Maldito Corazón”, fácilmente una de mis composiciones favoritas de Jero Ramiro en toda su extensa trayectoria, que llevaba al cuarteto a lindar con las fronteras del power metal. Impecable Dani Pérez durante todo el álbum. Verdadero “núcleo irradiador” que diría el ahora caído en desgracia Íñigo Errejón.

Y mientras que “Decepción” siempre me recordó a otro de los proyectos de Jímenez, los (pienso) algo infravalorados Stravaganzza, con “Ángel De BarroNiko del Hierro iba a parir otro de los clásicos imborrables de la banda. Las baterías de Pérez aquí pueden contarse dentro de las mejores que llegara a registrar al albur de la iguana. Pero es que las de “No” pueden ser las estrofas más cercanas al thrash de Exodus o Megadeth que hayan firmado nunca.

Si Amaneciera”, obra de Jero Ramiro, es por pleno derecho la gran balada de la banda. Ninguna, que mi atribulada cabeza recuerde mientras escribo esto, ha alcanzado a medrar de la misma manera en el imaginario colectivo. Fuera incluso de los círculos afines al heavy metal, lo que explica que, aún hoy, pase por ser el tema con más reproducciones en Spotify.

Así las cosas, cierto es que escuchados hoy, cortes como el agrio “Quizá El Sol No Saldrá” (Niko) o la más clásica “Blanco y Marfil”, de Jero para su inseparable Stratocaster, palidezcan ante la pujanza de la primera mitad del álbum. Pero “Nuevo Mundo” tenía riffs interesantes y “Tu Nombre Mi Destino” proponía un interesante juego entre el tono luminoso de su prólogo y ese desarrollo más oscuro y pesado, rimando en lo lírico con aquella “San Telmo 1940” de comienzos del álbum. Un álbum que se cerraba con el power arrebatado de “Buscando El Perdón”. La pequeña colaboración del Mägo de Oz Mohamed es casi tan emblemática como esos pequeños guiños (pienso) del riff al “Detox” de Strapping Young Lad. Uno de los mejores cierres de su ya larga trayectoria.

Pero “Tierra De Lobos” era otra historia. La banda parecía querer recuperar un sonido más cercano al de “Vientos De Guerra” o “Agotarás”, lo que puede explicar que Niko regresase a la producción, con Big Simon relegado únicamente a tareas de mezcla y master.

En cualquier caso el disco se abre con “Barcos De Cristal”, ataque frontal de Leo Jiménez a los trolls de internet que, ya entonces, la tenían tomada con el madrileño. El sonido que despliega el álbum, desde luego, resulta un tanto más luminoso, lo que viene a contrastar con los tonos más rasgados que el vocalista de Fuenlabrada desarrolló en alguna de estas estrofas. “Necrophagus” ampliaba esa senda tan metálica, lindando con los momentos más thrash del disco anterior sobre una poderosa base rítmica de Niko y Dani.

Contigo, Sin Ti” rimaba sin embargo con los Saratoga más clásicos, afianzada por esa producción más “limpia” que poseía el álbum. ¿Puede ser este uno de los estribillos más curiosos de su carrera?. ”Ave Fénix”, composición del propio Leo, reincidía en esos Saratoga más pesados y agrios, guiñando a Pantera incluso, desembocando finalmente en uno de los estribillos más memorables del tracklist, con Leo entregando tonos verdaderamente rasgados y Jero enfrascado en uno de los mejores solos del álbum.

Del propio Jero era una “Quinto Infierno” que, un poco al alimón con aquella “Blanco y Marfil” del disco anterior, sonaba a pura auto reivindicación. Una de tantas líricas sobre lo que supone la vida en la carretera para una banda como esta. “Fe”, firmada por Niko, suponía el primer momento de calma del álbum, situado hábilmente en el corazón mismo del mismo (y con la dichosa rima “camino, destino” a cuestas, sí). Leo primero y Jero después brillando aquí en sus respectivas facetas.

Fuerza De Choque”, obra de Jero y que entroncaba a su vez con aquél espíritu de la anterior “Quinto Infierno”, suponía un heavy metal vibrante en la más pura tradición de la iguana. Igualmente trotona, “Prisión En Vida” nos introducía en la segunda mitad del álbum dejando en su prólogo unos llamativos detalles técnicos por parte de un siempre vibrante Dani Pérez a los parches, pieza fundamental e indisociable del sonido de Saratoga durante aquellos años.

El Jardín De La Niebla”, que se apoyaba en un más que interesante riff de Jero, puede pasar por ser uno de los cortes más infravalorados de los dos álbumes. Aunque, por la propia construcción de alguna de sus estrofas, de difícil traslación al directo. “Siento Que No Estás” viene un poco a ser la “Si Amaneciera” de este álbum. Obra de Leo Jiménez, siempre he pensado que pasa por ser una de las mejores baladas que jamás salieran de su bolígrafo.

Firmada por Jero, “Tierra De Lobos” daba nombre al disco a fuerza de poner todos los cilindros en funcionamiento. Esa pesadez de las estrofas en directo contraste con el metal más desbocado que acompaña a los estribillos. Dani brillando con el doble bombo y, doy fe, uno de los grandes pepinazos en vivo durante aquellos tiempos ahora lejanos. Una efervescencia que quizá venga a jugar en contra de otra composición del guitarrista, esta “Pura Sangre” en una clave un tanto más clásica que cerraba el CD.

Es de perogrullo pero dos álbumes fundamentales en la trayectoria de los madrileños. En lo personal reconozco que, tras tanto tiempo transcurrido, he vuelto en mayor medida a “El Clan…” y no tanto a su continuación. El añorado productor Big Simon dejó una huella imborrable ya en el seno de Saratoga, acompañando al cuarteto en uno de sus momentos de mayor efervescencia creativa. “Tierra De Lobos”, que no obstante deja (en mi opinión) buenos momentos, sería la última creación de un line up que, gustos al margen, resulta imprescindible a la hora de conocer, explicar y entender el heavy metal de nuestro país. Si nada se tuerce, un buen puñado de estos temas que hoy revisitamos volverán a la vida este próximo sábado en la Sala Tribeca Live. No quepa duda de que allí estará Heavy Metal Brigade.

Texto: David Naves

Reseña: Honara «Resemblance» (Autoproducción 2025)

Aún con los ecos de su concierto junto a Narwhale resonando en el subconsciente (crónica) toca volver sobre aquellas canciones y resumir aquí las sensaciones que nos deja este “Resemblance” con que debutan los asturianos Honara. La banda, formada por Antonio Alcaide, Guillermo Villán, Carmen García, Moisés Fernández, Robert Smith y Raúl Fernández entrega nueve temas grabados entre noviembre de 2022 y diciembre de 2023 con producción del propio Alcaide y Nacho Angulo de Treeline Audio como ingeniero de sonido, encargado igualmente de mezcla y master. Con fotos de Frankie Sánchez y diseño artístico de Raúl Fernández, el álbum vio finalmente la luz el pasado siete de enero.

Threshold” procura una tranquila entrada al álbum. El bajo, como ya me sucediera el pasado sábado, me recuerda al bueno de Justin Chancellor, a la sazón bajista de las luminarias progresivas estadounidenses Tool, y la composición avanza tranquila entre dejes oníricos y un elegante uso de los distintos arreglos. Para cuando las guitarras ganan terreno e irrumpe la voz de Carmen, el disco hace gala de una estupenda producción. Para nada habitual en no pocos debuts que llegan hasta nuestras manos.

El caso es que “Sonar”, con colaboración de José Mora (TotengottMad RoversHumo), adopta tesituras tranquilas, arrimadas a un progresivo que sigue teniendo cierta querencia por la banda de Maynard James Keenan. La mezcla, que no podría ser más equilibrada, coloca la voz de García muy en primer término, con los coros más rotos y agrios como brusco contrapunto durante estribillos. Brilla ahí la amplia formación astur, arrimándose hacia terrenos más propios del sludge más atmosférico. La comparación con Cult Of Luna es, a ratos, inevitable. Tras atravesar un puente intenso y desatado, con Honara dando su mejor versión, todo culmina en un epílogo retorcido, más próximo al prog, que ya da muestras de las pocas barreras que el sexteto ha puesto en lo que a composición se refiere.

Da buena cuenta de ello el primero de los temas largos del álbum, este “Earthworm”, y no solo porque su prólogo me recuerde a una banda que podríamos denominar como post-Tool, no otros que los suecos Soen. La composición sin embargo, y toda vez supera ese prólogo, vuelve a enfrentar ambos registros vocales, separando sus caminos de la banda de Joel Ekelöf mientras echa mano de riffs ruidosos pero eficaces. Brilla Villán tras baterías. Tanto en las partes más descosidas como en las más tranquilas y atmosféricas. De hecho este remanso de paz que implementan aquí y los dibujos que hace el propio Villán parecen emparentar de manera más o menos directa con los que Gavin Harrison propone para bandas como Porcupine Tree o The Pineapple Thief. Me agrada ese rápido crescendo que devuelve las guitarras más broncas. También el contraste que ejerce ahí la melodiosa voz de Carmen. Ágil epílogo finalmente, con la banda retorciendo riffs primero y enfrentando ambos registros después. Lo dicho: parecen haberse puesto muy pocas barreras a la hora de construir los temas y se nota.

The Cage”, entrega más extensa de las nueve, arranca de nuevo sobre la versión más intensa y desgarrada del sexteto. Confrontando una vez más ambos registros sobre un metal de fuerte poso atmosférico y otra llamativa línea de batería de Villán. En las partes más calmas hay voces de Carmen que me recuerdan a Gin Barberia (Absalem). Sea como fuere me agradan los distintos contrapuntos que el combo asturiano propone aquí. Sobre todo, por cómo consiguen alcanzar un sonido al que poder llamar propio, en contraste con dejes más marcados e identificables que encuentro en otras composiciones de este debut. Luego el trazo transita hacia territorios más tranquilos, revestido no obstante de una cierta tensión. Surge ahí una interesante sección solista, amén de un interesante juego entre canales, anticipo de una larga trama instrumental que opera siempre en favor de la composición en sí, con la banda más ocupada en tejer buenos riffs que solos masturbatorios y/o ególatras. Carmen sorprende aquí con alguna de las notas más altas de todo el álbum. Justo para que retorne después la calma y “The Cage” fluctúe hacia un prog rock que me recuerda ahora a los primeros álbumes de Steven Wilson en solitario. Finalmente, el cierre habrá de recuperar la versión más encolerizada del sexteto. Que no obstante se maneja siempre dentro de unos márgenes de calculada agresividad. Sin salidas del tiesto ni sobreesfuerzos de cara a la galería. Buque insignia de “Resemblance” y uno de los temas más diversos y atrevidos que haya entregado la escena asturiana desde el confinamiento para acá.

La banda se toma entonces un pequeño respiro a través de la breve “Samatha”. Pequeña instrumental de parajes tranquilos y guitarras amables, donde de nuevo la producción entrega un cuidado juego entre canales, imprescindible escucha con buenos auriculares, y unas cuidadas teclas ejercen de perfecto colchón.

De nuevo con José Mora a bordo, “Coil”, abraza una cierta extrañeza en su prólogo, derivando casi hacia la psicodelia, vuelve a tomar forma a través del cuidado bajo de Alcaide. Llamativos esos sintes que introducen aquí y que vienen a incidir en ese cariz más psicodélico del arranque. Pero si algo me gusta aquí es el riff que irrumpe de pronto, cargado de gancho, y esas voces tan Tool de las primeras estrofas. En cierto modo uno de los temas más enigmáticos del álbum, que lejos de esconder su amor por la banda estadounidense, parece abrazarse a su legado hasta las últimas consecuencias. No es un corte falto de garra. En especial toda vez alcanza su tramo central. Sí que es un tema que, escuchado (y reescuchado) del sábado para acá, deja una de las líneas de batería más cuidadas de todo el largo. Estupendo Villán a los parches. Hay una mayor rotundidad en su tramo final. Guitarras más graves y rotundas para un epílogo pesado, casi monolítico, que no obstante no olvida un cierto poso atmosférico. La de Gojira podría ser una rima fácil, si bien algo lejana. Sin que me desagrade en absoluto, sí pienso que a ratos ciertas influencias pesan algo de más.

Vipassana”, corte más rácano de los nueve, entrega a Honara en su versión más reposada y tranquila. Carmen se mueve sobre aguas tranquilas, dejando el lado más amable de su cuidado registro. Funciona y de qué modo esa calma a la hora de contrastar con las voces más agrias. Ambos registros enfrentados, que no fundidos, en violentos cambios tonales pero un corte que bien merecía algo más de desarrollo.

Me atrapa la melancolía que emana de “Wanderer”. Honara profundizan aquí en su registro más onírico, con Carmen García muy cómoda en estas primeras estrofas y la banda tomando la senda del progresivo más atmosférico. Bandas como Klone, los Riverside más recientes, incluso ciertos momentos de Anathema, para un corte que va tejiendo un cuidado crescendo hasta desembocar en esa narración del epílogo. Otro de los cortes más diferentes de este hábil debut.

Covenant”, que presentó “Resemblance” en sociedad hace escasas fechas, arranca sobre la cara más agria y nervuda de Honara, exhibiendo voces rotas a las que contraponen, pienso que de manera más que eficaz, el habitual registro prístino, calmado incluso, de Carmen García. Un cierre poderoso, rotundo incluso, pero que (como adelanto) puede llevar a engaño a quienes piensen que este es el único registro que la banda despliega a lo largo de “Resemblance”. En cualquier caso bien está el gancho que tienen esos riffs del epílogo y la juguetona voz limpia que se desarrolla durante ese tramo final.

Poderoso debut. Aún cuando uno puede detectar ciertos pecados de juventud algo habituales en bandas noveles como esta, sorprende hasta donde han sido capaces de llevar su propuesta, que brilla y de qué forma en lo que a composición se refiere. Sus influencias, o muchas de ellas, están plasmadas aquí sobre una producción impropia de una banda novel. La mezcla es estupenda. También lo es el uso de arreglos. Y aunque mi impresión con respecto a ciertos temas ha cambiado en el paso del directo al estudio, mi impresión general del álbum no podría ser mejor. Empezar una trayectoria con tales grados de seguridad y confianza de ningún modo puede ser mala señal. Qué depara el futuro para una banda como esta aún no lo sabemos. Pero la primera piedra está puesta y difícilmente podría resultar más satisfactoria.

Texto: David Naves

Crónica: Honara + Narwhale (Langreo 4/1/2024)

Otro sábado más en Heavy Metal Brigade en el que tocó redoblar esfuerzos. La historia que fue, los veinte años de Mystereo, más la que será, la presentación de “Resemblance”, debut de los post metaleros ovetenses Honara. La cita, con sede en la langreana Sala Telva, contaba además con unos viejos conocidos de esta casa como son los progresivos Narwhale. A apenas un par de paradas de tren y con la incertidumbre de cuánto público podría concitar un evento de estas características en unas fechas tan apuradas y fastidiosas como estas.

Pero hete aquí que, enlazando con aquél fugaz paso de Green Desert Water por Kuivi Almacenes (crónica), para nada es desdeñable la entrada que presenta la Telva cuando, a falta de quince para las nueve, Javi anuncia “Somos Narwhale, gracias a Honara por invitarnos y esperemos que os guste”, para después proceder una noche vez más con esa “Nebulosa Barnard 33” que abre “El Espacio Interior”, segundo álbum de los avilesinos. Y en honor a la verdad cabe decir que la banda pareció mostrarse tan precisa como siempre. Comenté en su día que Aitor Lucena parece haber caído de pie en el seno del cuarteto. Abajo del escenario Ales Sánchez (SoundCrush), a quien Lucena sucede en el puesto, no perdía ripio de las evoluciones de la banda.

Aportando igualmente en coros, Lucena y la formación al completo brilla en “Océanos De Tiempo”, con ese marcado contraste entre la atmósfera inicial y el mayor nervio del último tercio. Javi, con su (a este paso) célebre Rickenbacker de cinco cuerdas, comanda a los remozados Narwhale con una pizca más de mala leche en la voz que en citas anteriores. Algo que salta al oído en una “Los Anillos de Saturno” más desgarrada que nunca. Atrás, Víctor Puente apuntalaba desde el doble bombo una de las partes más vibrantes del set. Aquí cupo una sorpresa, que no fue otra que la traslación al español de “Heart Of The Corpse-Whale”, (en contraste con la más habitual “Glaucus” que nos han dejado otras veces) que se transforma ahora en “El Corazón De La Ballena Cadáver” y deja alguno de mis riffs favoritos de todo el set, amén de una más que interesante y llamativa línea de batería.

El sonido fue bueno en líneas generales, más allá de que, desde mi posición, en un par de ocasiones costase escuchar los solos de Diego Aparicio. “Vamos a tocar “Pantanos de Neptuno”, un tema instrumental, así descansáis un poco de mis barrabasadas” proclamaba irónico Javi Fernández. Y puede sonar a perogrullada pero tanto Lucena como Aparicio dieron la impresión de disfrutar de lo lindo aquí. Una noche más, para el final quedó una “Los Rojos Vientos de Marte” que Javi quiso dedicar a todos quienes nos habíamos desplazado para verles. Piel de gallina siempre que tiene uno la suerte de escuchar ese corte en directo. Esperando ya por la siguiente.

El primer problema para Honara iba a ser el de acomodar tan nutrida formación a un escenario de las dimensiones justas. Adelanto mediante (enlace), Honara parecen venir a llenar un hueco en la escena asturiana con su fusión de post metal, progresivo y rock atmosférico. Su debut, por si alguien lo dudaba, se vino para casa, por lo que pronto tendréis cumplida reseña del mismo en estas páginas.

La banda, teclado, dos guitarras, bajo, voz y batería se acomodó como pudo al escenario de la sala y procedió a presentarnos “Resemblance”, si el setlist no me engaña, en idéntico orden al del CD. Así pues, cuando pasan nueve de las diez “Threshold” hace los honores desde una intro de Antonio Alcaide al bajo que no pudo recordarme más a Tool. El propio Alcaide dio la réplica en la voz grave a la más melódica de Carmen García, mostrando ahí un buen equilibrio entre ambos registros. Puede que el sonido no fuera tan nítido como el que habían mostrado Narwhale. Los nervios, a buen seguro y con una sala tan llena, hicieron de las suyas.

Pero la banda se mostró firme y supo sobreponerse a pequeños inconvenientes. De hecho el bombo de la batería de Guillermo Villán, extrañamente inquieto, incordió y de qué manera durante la descarga. Pero nada amilanó a los chicos. “Sonar”, que en su traslación al vivo extrae un mayor nervio de la banda, me recordó a ratos a los Cult Of Luna más enfebrecidos. Una fiebre siempre en contraste con la esforzada voz de Carmen García. Algo que me agradó fue cuan orgánicos estaban sonando. Cosa rara en estos tiempos y llevando el tipo de propuesta que llevan. De igual forma me agradó que la buena gente de Narwhale se quedase a verles y disfrutase de sus evoluciones sobre las tablas en primera fila.

En el debe que, tratándose de una presentación, no habría estado mal que la banda introdujese alguno de los temas. Sea como fuere, por ahí quedó algún pequeño solo de teclado que, oh herejía, a ratos me recordó al legendario Ray Manzarek (The Doors). Y es que al final esta parece una banda que bebe de un amplio abanico de influencias y sabe hacerlas suyas, sonando siempre coherentes y nunca artificiales. Alcaide aprovechó para los obligados agradecimientos. El bajo de Honara había intercambiado su posición con la vocalista en un intento de procurar que el bombo no acabase de paseo por La Pomar. “Coil” mediante, regresaron aquellos aires Tool del comienzo, mientras que “Vipassana” ofreció a continuación la cara más atmosférica del sexteto. Y más agradecimientos. En este caso a sus compañeros de cartel y al técnico de sonido, quien imagino tuvo no poca tarea en la tarde del sábado.

Así las cosas, con un set que iba tocando ya al final, “Wanderer” dejó un prólogo que me recordó a los Porcupine Tree de discos como “Deadwing” o “In Absentia”. La banda sonando más elegante que nunca. Algo que vendría a contrastar con el mayor nervio que desplegaron en una “Covenant” que, tuve la impresión, ganó varios enteros con respecto a su encarnación de estudio. Una buena primera toma de contacto con ellos, una sala con una fantástica entrada y una banda que, ahora mismo, pinta más que interesante.

No me gusta personalizar en las crónicas pero sí quisiera pedir disculpas por lo pronto de mi huida. El último tren del día esperaba. En cualquier caso una buena manera de empezar la turné anual de conciertos descubriendo a unos más que interesantes Honara. Agradecer a ambas bandas el trato dispensado y las facilidades, mandar un abrazo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto y Fotos: David Naves

Reseña: Harakiri For The Sky «Scorched Earth» (AOP Records 2025)

Los austriacos Harakiri For The Sky se encuentran en ese momento de su carrera en el que cada nuevo álbum sacude a la escena post-black con inusitada fuerza. Controvertidos por naturaleza, la suya es una obra que acostumbra a no dejar indiferente a nadie. J.J. en voces y M.S. a cargo de toda la parte instrumental, profundizan en este “Scorched Earth” en toda su gama de registros habitual. Con la ayuda de Kerim “Krimh” Lechner (Dååth, Act of Denial, Septicflesh…) en baterías y de Jorge Cisternas (Humanotone), Tim Yatras (Austere, Autumn’s Dawn, Germ) y Serena Cherry (Noctule) pergeñan ocho cortes a los que adorna el arte de Brvno Gonzalez y que ha de ver la luz el próximo dieciséis de enero vía AOP Records.

Heal Me”, con colaboración de todo un Tim Yatras, entronca con la vertiente más elegante del dúo austríaco. Una tímida y simple línea de piano se abre camino por un cuidado prólogo hasta la irrupción de las primeras estrofas. J.J., siempre roto y desgarrado, traza una línea de voz en la más pura tradición harakiriana. Pero por si algo me gusta este primer corte es por los bellos adornos de las guitarras, así como por esos violentos cambios de ritmo por donde se colará su bien conocido post-black metal. Asegura la nota de prensa que nos han hecho llegar desde el sello que esta es una banda que sigue evolucionando con cada disco y el poso más alternativo de este puente central puede ser un ejemplo de ello. Que me agrada por cómo enlaza y funde esa tradición más vibrante de la banda con alguna línea de guitarra que bien podrían haber firmado unos Anathema del “Judgement”. Un más que prometedor arranque de álbum:

Larga introducción de nuevo con el piano como protagonista. “Keep Me Longing” pone de relieve a los HFTS más elegantes para después, y de forma brusca, dar salida a un arrebatado blast beat por parte de Lechner. Aún en esas partes más violentas, nunca desaparece el marcado carácter atmosférico que circunda su modo de entender el black metal. Así, el corte va desarrollándose sobre una maraña de cambios de ritmo, no tanto de tono, donde brilla el gran trabajo de M.S. en todo lo concerniente a guitarras. Buenos riffs y mejores melodías que enlazan estrofas siempre tristes y desesperanzadas. Para satisfacción de sus fans de siempre, el dúo ni mucho menos arriesga aquí. Me agrada el equilibrio que muestra la mezcla cuando la parte final funde voces, base rítmica, piano y arreglos sin que ninguna línea opaque a las demás. Y siento como una punzada en el corazón que el sello no haya tenido a bien comunicarnos quiénes han sido los responsables de grabación, mezcla y demás. Sea como fuere, cuando el piano sí que adquiere un mayor protagonismo durante el epílogo, no han sido pocas las veces que se me ha puesto la piel de gallina. Un clásico ya en lo que a sus discos se refiere, una fuerza emocional que no ha perdido un ápice de fuerza en estos años.

Sorprende la mayor luz que trasmite ”Without You I’m Just A Sad Song” durante su prólogo. No tanto la forma en que este se funde con la voz de J.J. conforme irrumpen las primeras estrofas. El contraste conseguido, de hecho, resulta en uno de mis momentos favoritos de todo el largo. Después, cual pequeño riachuelo, surge el lado más post-rock de la banda. HFTS van trazando así uno de los cortes con mayor personalidad del álbum. Esa misma personalidad que tanto enfrenta a los fans del género, siendo esta siempre una de esas agrupaciones ante las que parecen no caber medias tintas. Pero incluso su detractor más furibundo podrá reconocer la valía de las buenas melodías que M.S. enfrenta a la (siempre) desgarrada voz de su compañero de fatigas. En los marcados cambios de rumbo, cuando las guitarras adquieren una mayor gravedad, vuelve a ponerse de relieve la equilibrada mezcla que porta el disco. Buenos solos emergen además conforme la se acerca el epílogo. Y de nuevo la forma en que estos se funden con la voz no podría ser más acertada. Nada nuevo en su libro de estilo pero ejecutado con la seguridad y la firmeza que acostumbran. El final no solo es elegante sino que, además, porta alguna guitarra de gancho indudable. Quizá mi favorita de las ocho.

No Graves But The Sea” sorprende con un prólogo que acerca a los austríacos a las fronteras del doom de formaciones como los primeros Katatonia. Apenas un guiño antes de que la banda nos devuelva hacia un post-black lleno de baterías vibrantes y al que M.S. adorna con solos ágiles y eficaces. Un corte que me genera opiniones encontradas. Y es que su composición, ese clásico juego entre tonos, no podría ser más clásico. Por ende, tampoco resultar más eficaz. Tiene momentos de calma, también de furia, pero echo en falta algo más de riesgo. Ambos músicos están más que acertados en sus distintas parcelas y el invitado Lechner pergeña una más que interesante línea de batería. Pero se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que pasa algo inadvertida al lado de otros cortes de este “Scorched Earth”.

With Autumn I’ll Surrender”, que estrenaran allá por octubre de 2024, arremete ahora con una versión más contenida de su consabido black atmosférico. Nada de contorsiones ni experimentos con gaseosa. Desconozco si el tema nació ya con visos a anticipar al álbum pero no cuesta trabajo reconocer dónde traman una oferta más conservadora en comparación al mayor riesgo de, sin ir más lejos, “Without You I’m Just A Sad Song”. Lo que no quita para que coexistan buenos cambios de ritmo con melodías eficaces y todas su desesperanza y agonía habituales. Es la producción quien trata, aún de forma tímida, de sacar a la banda de ese cierto conformismo, de ese pequeño aletargamiento, con varios detalles en lo que al sonido de las guitarras rítmicas se refiere. Particularmente en las partes más calmadas. Esas donde, curiosamente, brilla el buen hacer de Lechner a los parches. Un cierto cúmulo de clichés, en definitiva, que no por ello un corte que sobre en ningún caso.

En “I Was Just Another Promise You Couldn’t Keep” sí que aprecio un mayor riesgo, aún cuando el prólogo no podría ser más leal a los postulados sobre los que se ha desarrollado la carrera del dúo. Hay buenos riffs en estos primeros compases. También unas voces que ganan en detalles con respecto al resto de entregas. Las partes más calmas se arriman más que nunca al precipicio del post-rock y HFTS colisionan hábilmente con su desgarro habitual. Buen juego vocal el que se trama aquí. Especialmente en las partes más violentas. En las más acompasadas M.S. pone todo de su parte para que las guitarras aporten todo el color posible a la composición. Podría decirse incluso que este es el corte más brillante de los ocho en lo que a trabajo de guitarras se refiere. Una banda que se aferra a sus tradiciones sin que ello implique anquilosarse en una única manera de entender el black metal.

Too Late For Goodbyes” con Lechner a puro blast beat en un inicio descosido, que pronto atemperan con la irrupción de las primeras estrofas. Es el último corte en varias de las ediciones del álbum, y lejos de condensar en una única composición muchas de las ideas que porta el álbum, HFTS retornan a sus orígenes con otro de esos cortes bifocales en los que tanto y tan bien se manejan. En una de sus habituales y pequeñas islas de tranquilidad surge la cristalina voz de Serena Cherry, verdadero contrapunto al registro desgarrado y melancólico tan habitual en J.J.. Un más que digno y funcional cierre a un (pienso) muy buen disco de los austríacos…

… salvo en las ediciones cuyo honor corresponde a “Street Spirit (Fade Out)”, versión de las luminarias alternativas británicas Radiohead, que la banda transfiere a su terreno con el tino con el que ya remozaran cortes ajenos en el pasado. “Mad World” de Tears For Fears sin ir más lejos. Voces limpias y un (hasta cierto punto) respeto por el original para alivio de los fans de la banda de Thom Yorke.

“Una instantánea del mundo en que vivimos” proclama la nota de prensa. Harakiri For The Sky amplían sus registros para seguir donde lo dejara el interesante “Mære” de 2021. Un compendio de muchas de las ideas que les han hecho cabeza visible de un género y, como apunté por ahí atrás, les han granjeado tantas filias como fobias. No solo por el tipo de propuesta que realizan como por la manera en que han sido capaces de edificar un sonido al que poder llamar propio partiendo de unas premisas básicas tan marcadas. En un género que a veces puede pecar de cierto anquilosamiento, el dúo emerge como ese faro que nos desvía del desastre. Aunque sea en un mundo en ruinas.

Texto: David Naves