Crónica: Green Desert Water (Oviedo 26/12/2024)

Ni dos meses habían transcurrido desde nuestro anterior encuentro con las huestes de Green Desert Water. Además estas fechas entre navidades y año nuevo siempre son complicadas. Pero la posibilidad de descubrir (de desbloquear) un nuevo escenario pudo más que cualquier otra consideración. Ofrecía la tercera, esperemos que definitiva, ubicación del Kuivi la oferta más afín a este medio desde su inauguración y para allá que nos fuimos. Un evento que no pierde su característica terraza pero gana techo al fin, amén de contar ahora con una enorme sala multiespacio que, deseamos, nos procure unas cuantas alegrías.

Súmenle la pinchada de DJ Leña y qué mejor plan se les ocurre para una tarde noche de jueves. Y es que no fue poca la gente que se arrimó a Almacenes ávida de buen rock and roll. Mucha cara conocida, músicos y fauna diversa de esa que siempre presta ver. Así las cosas, cuando pasan cinco minutos de las nueve y vemos a Kike con aquella guitarra con que debutara en la ubicación original del Kuivi, el trío arremete con el inicio tendido y elegante de “Black Harvest”, sentando los pilares de otra buena noche para ellos. Tremendo el solo con el pie al wah que dibujó Sanchís aquí.

Buen sonido en líneas generales, que era una de mis preocupaciones nada más vi el alto techo del recinto, si bien a ratos la voz de Kike Sanchís se perdía en la mezcla. La banda, apoyada en firme sobre la base rítmica de Juan Arias (bajo) y Dani Bárcena (batería), enlaza entonces las habituales “Sacred Tree” y “Dead Sacred Tree” con un gran manejo de los cambios de ritmo. El público algo frío quizás. De ahí que no falten los “¡Eh!” tan habituales en el guitarra y frontman del trío. “Vamos a tocar una algo suavilla, a ver si os gusta” anunció el propio Bárcena, para proceder con “Kabul” y realizar un pequeño pero cuidado y medido acercamiento a las fronteras del blues…

… que enlazan con “Too Many Wizards” dejando por el camino su cara más ruidosa. Por ahí fueron construyendo un set de lo más ágil. Sin traicionar su sonido y siendo capaces de sorprender aún cuando, ya digo, les teníamos más que frescos. Lo que si estaba en el guión era el descamisado de Bárcena (un clásico ya), las presentaciones a cabo de éste y la cierta sorna con que introdujo el siguiente tema: “vamos a tocar un clásico del último disco. Un ballenato”, que no era otro que, claro, “The Whale”. Green Desert Water en su clave más, valga la redundancia, desértica, casi monolítica, poniendo a prueba las paredes de esta tercera ubicación del Kuivi. Estupendos riffs aquí y más que eficaces coros de Bárcena durante estribillos.

Pero es que “Shelter Of Guru” y aunque en cuanto a puesta en escena me sobrase algo de luz, demostró que si se lo propone este puede ser el trío más heavy del Principado. Vimos además aquí al Sanchís más esforzado en tareas vocales de toda la noche, sacando adelante su interpretación más visceral sin perder un ápice de clase. El cierre llega con el recuerdo al primer disco, “Solar Plexus”, también con los Arias y Bárcena más ruidosos y enfebrecidos de todo el set. Un set que se nos hizo algo corto, poco más de cuarenta y cinco minutos si mis anotaciones no me engañan, pero que sirvió para descubrir un recinto de inmensas posibilidades. Un espacio que la a veces tan aburrida Oviedo venía reclamando desde hace ya mucho tiempo.

Green Desert Water se están convirtiendo (si no lo son ya) en una de nuestras bandas fetiche por méritos propios. Única formación en tocar en las tres ubicaciones que ha tenido el evento hasta ahora (con sus correspondientes crónicas en esta página) y a la que sólo le podemos pedir un tercer trabajo que confirme y amplíe las buenas sensaciones que dejaron “Solar Plexus” y “Black Harvest”.

Por nuestra parte nada más que pedir disculpas por lo raudo de nuestra huida. Era día de colegio que diría aquél, y tocaba recogerse pronto. Mandar eso sí un abrazo a Leña, a la propia banda y a los habituales que nunca fallan. Vayan desde aquí nuestros más que sinceros deseos de que entréis con buen pie en el año de la mala rima y ya sabéis: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Yermo «Yermo» (Negre PlanY 2023)

Yermo nace de la necesidad del músico vallisoletano David Muñoz de dar salida una serie de influencias que le venían rondando por la cabeza desde hace un tiempo. Así, el también Arwen o Sun Of The Dying, configura un álbum amalgama una serie de ideas que abarcan un amplísimo espectro dentro del metal extremo. O al menos eso es lo que nos comunican desde el sello. El pasado uno de diciembre y vía Negre PlanY veía la luz un álbum compuesto por seis temas donde cuenta con la ayuda inestimable de Héctor del Villar (ex José Rubio’s Nova Era) y el Crusade Of Bards Eduardo Guilló compañero en los propios Sun Of The Dying.

Un piano, no podía ser de otra forma, da inicio al álbum a través del calmado y elegante prólogo de “Cencellada”. Muñoz parece arrimado aquí al tipo de metal que desarrolla en Sun Of The Dying, arrastrando un doom satinado ahora de arreglos tan poderosos como melancólicos. Buenas melodías de guitarra engarzadas entre las distintas estrofas, coros grandilocuentes y un trazo a ratos alterno, muy dado a intercalar pequeñas islas de tono casi intimista con nerviosas arrancadas donde la batería vuela hacia terrenos más propios del death metal más al uso. Me agrada por ese desarrollo ágil, que no retorcido, si bien a ratos me resulta un tanto descompensada en lo que a sonido se refiere. Cuestión esta que he ido asimilando con el correr de las escuchas, de todos modos. Un muy buen arranque.

Cuando Éramos Esclavos”, con Héctor Del Villar en voces y entrega más rácana en lo que a duración se refiere, opera ahora más cercana a las fronteras del post-black metal. Del black atmosférico incluso, si bien la afinación de sus guitarras no alcanza los habituales tonos crujientes de bandas como An Autumn For Crippled Children, Ghost Bath, Violet Cold… Metal veloz, interesante en su doble juego vocal y donde quizá eche en falta unas baterías con un sonido más nítido y potente. Aquél carácter más sinfónico del tema inicial se da cita aquí como anticipo de su puente central. Acoge este un tímidos solo de guitarra, teñido de la misma tristeza que impregna casi cada rincón del álbum.

En pleno corazón del debut se encuentran los dos cortes más extensos del mismo, siendo el primero de ellos este “Gris” y su tranquilo arranque. Tonos casi oníricos en este prólogo y un cierto recuerdo a aquellos Anathema de álbumes como “Judgement” o “A Fine Day To Exit”. Muñoz se toma su debido tiempo a la hora de llevar la composición hacia terrenos más asimilables. Y lo hace a través de voces lejanas primero, y un cuidado cambio de ritmo después, transitando hacia una suerte de metal que, mientras junto estas líneas, no deja de recordarme a los franceses Alcest, pero también a los momentos más apaciguados de mis queridos Kauan. Muñoz echa mano de su buen hacer a las teclas para adornar con ellas el tranquilo tronco central. Surge precisamente ahí la cara quizá más cinemática de Yermo, seguida por un hábil crescendo, estupenda línea de batería mediante, que culmina con la banda, o digamos mejor el proyecto, echando mano de su lado más preciosista. Las voces más graves, al menos en la copia digital que nos han hecho llegar desde el sello, resultan un tanto lejanas en la mezcla final. Pero Yermo finiquitan esta tercera entrega con firmeza y buen gusto. Todo me resulta ordenado, sin trabas ni tampoco trucos de salón. Cada idea parece tener su espacio, nada resulta forzado ni mecánico. Francamente estupenda.

El Peso Del Sol” parece echar mano del libro de estilo de los Esoteric, Thergothon o Mournful Congregation para dibujar un prólogo de doom ampuloso y recargado, apesadumbrado y melancólico, donde ahora crepita un bajo que abandonará la mezcla más adelante para que solo y voz piano compongan uno de los entornos más desnudos de todo el debut. Esa calma la quiebra Muñoz a través de un brusco cambio de ritmo que introduce a los Yermo más desgarrados. Desesperados incluso. Fantásticas líneas de voz, apoyadas sobre otra inteligente y bien trazada composición en crescendo. Puedo no comulgar del todo con los coros que Muñoz implementa más adelante. Quizá porque me suenan algo ajenos. Lo cierto es que su largo final parece abrazar un mayor convencionalismo. Al menos en lo que a doom de corte casi funerario se refiere. De ahí que me resulte algo predecible. De ahí también que no le falte ni pizca de elegancia ni tampoco de efectividad.

Encarando la recta final de Yermo surge esta “Un Mar De Polvo” donde Muñoz musica a Miguel de Unamuno sobre una base en cierta rima con la anterior “Cuando Éramos Esclavos”. En su acercamiento a postulados más propios del post-black, el de Valladolid propone un corte en gran medida apaciguado, que tiene un pequeño acento folk antes de que su puente central traiga de vuelta a Yermo en su encarnación más vivaracha, rayana en un post-black de nuevo cuño. Me agrada la forma en que los arreglos sinfónicos ganan terreno camino del epílogo, justo antes de que Muñoz reconduzca reproduciendo aquellas mismas estrofas del arranque.

La final “Vyšehrad”, con su compañero en Sun Of The Dying Eduardo Guilló a cargo de las voces, sin sorprenderme en lo que a trazo se refiere, lo cierto es que sabe sacar partido de ese trazo efervescente, del hábil uso de los arreglos y de una producción, ahora sí, potente y equilibrada. El disco se despide en la más pura calma, no sin que antes se contrapongan lo magnánimo de sus arreglos con lo desgarrado de sus voces. Un cierre notable si me preguntan.

Muchas y buenas ideas en el debut de Yermo. A quienes conozcan de las andanzas de Muñoz en Sun Of The Dying no le cogerán por sorpresa los largos desarrollos de “Gris” y el discurrir lento y melancólico que el disco abraza a lo largo y ancho de prácticamente los seis temas que lo componen. Entre ellos hay acercamientos al post-black o incluso tímidos guiños al shoegaze. Pero “Yermo” es principalmente un álbum de doom metal en el que el también teclista de Arwen ha sido lo suficientemente inteligente como para plasmar un abanico de influencias y una diversidad gramática que, combinadas, contribuyen a elevar la nota a un debut que descabalga, si acaso, por una producción, a ratos, un tanto desigual. Bien es cierto que no tanto como para desanimar al oyente más picajoso pero desde luego lejos de otras propuestas similares que he tenido el placer de disfrutar a lo largo de 2023. Trabajo bien hecho, en definitiva, el músico vallisoletano tiene motivos más que de sobra para estar contento.

Texto: David Naves

Reseña: Dismal Crux «The Hope Of Things To Come» (Autoproducción 2023)

Dismal Crux es una one-man band comandada por el músico granadino Óscar R. P. y que hoy nos presenta un segundo largo de nombre “The Hope Of Things To Come”. El proyecto continúa así el paso dado con su debut de 2022 “Wraiths Of The Reaper”. El trabajo vio la luz de forma independiente en agosto del 2023.

Roza los dos minutos “As Above So Below”, páramo instrumental que hará las veces de introducción en este “The Hope Of Things To Come”. Oscura y orgánica, acomodada en ambientes que fácilmente podrían recordar a los Black Sabbath más primigenios, conduce en su elegante crescendo hasta una “Fall Of The Watchers” que no abandonará esa raíz proto-doom para dar forma a un primer corte igualmente oscuro y tenebroso. Óscar lo conduce sobre un clásico juego entre tonos y registros, donde en ocasiones la voz atropella al resto de elementos. Tampoco de forma catastrófica, cabe decir. Un buen solo apoya su tronco central, que vendrá a dar paso a la cara más descarnada de Dismal Crux, donde habrán de colarse paisajes cercanos a los seminales Celtic Frost. Todo configura un arranque interesante, desligado de las habituales cabalgadas tan frenéticas como facilonas.

Shadow Bringer” no se desliga de ese metal clásico pero rugoso. Al contrario, prosigue en recrear un doom un tanto arcaico, que muy a ratos parece descubrir la fascinación del granadino por bandas como Reverend Bizarre, Witchfinder General, Pentagram… Me gustan los riffs que Óscar plantea aquí. También la forma en que construye un corte no tan lineal como aparenta. El registro más cazallero de las estrofas le sienta como un guante a las distintas rugosidades de este corte, en definitiva, arrastrado y pedregoso. Y si bien pienso que el solo que adorna su tronco central bien merecía algo más de recorrido, bien está lo que bien acaba.

Revenant” alterna cierto aire a lo viejos Cathedral, la ahora desaparecida pero siempre confiable banda de Lee Dorrian, con un doom más tristón que por momentos parece entroncar con aquél que bandas como Anathema, Paradise Lost o My Dying Bride propugnaran a principios de los noventa. Es un corte breve, apenas tres minutos y medio, ágil a la hora de alternar sus distintas influencias y a la vez interesante en lo que a riffs y melodías se refiere. Estupenda además en su epílogo por la forma en que Óscar armoniza las distintas líneas de guitarra y voz:

Mucha presencia del bajo en una “Scion Of The Lords” que primero amenaza con desviar hacia un heavy metal más vibrante para después adoptar unas oscuridades que, por el registro de Óscar aquí, casi parecen guiñar al tristemente desaparecido Peter Steele. Aquél pulso más vivaracho que se intuía en el prólogo vendrá a manifestarse en un tronco central que el músico granadino remata con un hábil cambio de ritmo que bien podría recordar a unos Iron Maiden de comienzos de los ochenta. El epílogo nos devuelve a Dismal Crux en su encarnación más doom, configurando finalmente uno de los cortes más poliédricos del álbum. Pienso también que uno de los más redondos.

Bezoar Of Hate”, a la sazón entrega más extensa de este “The Hope Of Things To Come”, acompañada de las voces más agrias de Óscar, hibrida doom con heavy tradicional. Y lo hace con tiento, entregando una construcción ágil y una serie de riffs quizá no espectaculares pero que encajan al milímetro aquí. En particular a la hora de enlazar las distintas estrofas. Precediendo a su epílogo se sitúan una serie de solos que, esta vez sí, disponen del espacio necesario para ser algo más que meras anécdotas. En lo que a mí respecta otro de los cortes ganadores de este segundo trabajo.

Mark Of The Dark” resulta más sencilla. Podría decirse incluso que menos ambiciosa. Se construye sobre una serie de riffs que bien podrían recordar a Steve Harris y los suyos. Influencia que parece ponerse de manifiesto a través de los diversos cambios de ritmo que el de Granada ha implementado aquí. El mayor elemento disruptor será finalmente un registro vocal hosco y grave, que vendrá a aportar una mayor gravedad al que, por otro lado, no deja de ser un corte algo desangelado en comparación con otras entregas.

Netzagh” regresa a las pulsiones más doom de Dismal Crux. Pero lo hace apoyándose en un colchón de teclados apenas inédito dentro del álbum. Y es curioso porque Óscar enseña no obstante un registro que parece situarse en un punto indeterminado entre Nocturno Culto (Darkthrone) y Grutle Kjellson (Enslaved). Ha lugar a un cambio de ritmo ágil, diseñado a mayor gloria de un solo de guitarra escueto pero pintón. El trazo que va desde el cierre de este solo hasta el epílogo no podría estar mejor cuidado ni resultar más elegante.

El cierre es para una “Smitin’ th’ Wicked” que vendrá a apoyar sus ritmos más vivos en un riff simple pero con un gancho de mil demonios. El de Celtic Frost podría ser un nombre recurrente en este final ágil en su encrucijada rítmica y vistoso en lo que a solos y melodías se refiere. Un buen broche a este “The Hope Of Things To Come”.

Como decía aquél: si pestañeas te lo pierdes. Es obra de un solo músico y tampoco es plan de ponerse exigentes en lo que a duración se refiere. Es más, porta una producción nada desastrosa vistos los precedentes, amén de una serie de cortes ágiles e inteligentes. Llamativos por la amplia gama tonal que desarrollan y que en algunos casos alcanzan a brillar por encima del resto. Pienso especialmente en “Scion Of The Lords” o “Bezoar Of Hate”. También “Netzagh” y ese registro algo diferente de Óscar o “Smitin’ th’ Wicked” y su indisimulado aire a lo Celtic Frost. Un álbum en definitiva llamativo y que bien merecía nuestra atención.

Texto: David Naves

Reseña: Golgotha «Spreading The Wings Of Hope» (Ardua Music 2024)

Sexto trabajo para los baleares Golgotha dentro de una trayectoria que arrancara allá por la década de los noventa con el largo “Melancholy”. Activos hasta 1998, reactivados momentáneamente en 2005 y ya de nuevo en 2014, conforman la banda a día de hoy Vicente J. Paya (guitarra y voz), Tomeu Crespí (baterías), Andrew Espinosa (bajo) Dan García (guitarra) y María J. Lladó (voz). La banda cuenta además con el Nexus 6 y TodoMal Javier Fernández a las teclas, encargado además de producir, mezclar y masterizar las grabaciones de los propios Paya y Crespí. En la calle vía Ardua Music desde el pasado mes de junio.

Predomina la parsimonia y la elegancia propias del género en “For Every Tear”. Doom melódico de cuidados arreglos y buenas melodías de guitarra que, duelo vocal al margen, bien podría recordar a muchos momentos de los americanos Novembers Doom. A su vez, el cierto goticismo que emana de las teclas que adornan esos engarces entre estrofas no deja de tener sus semejanzas con los seminales My Dying Bride. Lladó, a quien ya escucháramos en el anterior álbum de la banda, también al frente de otro de los múltiples proyectos de Paya, los stoner Bis•nte, entrega una interpretación contenida, constreñida incluso, amparada en el contraste que su voz produce con el registro roto del también integrante de los thrashers Holycide. Arranque en la más pura tradición del género, en cierto modo orgánico y desde luego de lo más funcional.

Gilded Cage”, que fuera una de las cartas de presentación de este sexto largo, entrega unas mayores pulsaciones que de inmediato siempre me recuerdan a los temas menos áridos de Saturnus. Conforme se sucede ese animoso prólogo, Golgotha desnudan su habitual doom para que Lladó sitúe su cadencioso registro sobre apenas una tímida batería y un igualmente timorato piano. Por ahí me agrada la forma en que estas reconducen hacia estribillos, así como el brusco contraste que los gruñidos de Paya provocan aquí. Es un corte agradablemente engañoso, que tira del manual del estilo pero se permite una serie de guiños en cuanto a estructuras que la convierten al mismo tiempo en una entrega con gancho y, a la vez, vistosa y ágil. Acertadísima su traslación al terreno del videoclip, aunque fuera en forma de vídeo lírico.

A Solitary Soul” ofrece en cambio un inicio mucho más pesado. Rotundo incluso. Ese riff inicial, tan sencillo como machacón, ofrece toda una gama de contrastes con la voz de Lladó. La banda ofrece sin embargo tonos más livianos que acompañan con sus habituales voces rotas. Una dualidad que la banda acierta a alimentar con alguno de los arreglos más llamativos de todo el redondo. Siempre de manera más casual que tímida, alimentando por ahí el rango sonoro del disco, convirtiendo a esta tercera entrega en una de las más personales de la banda. Firme Crespí al doble bombo y elegante Javier Fernández en teclas. Pero si algo me engancha sobremanera aquí es el solo de guitarra que precede al potente epílogo, lleno de clase y feeling. Estupenda.

Hear Their Cries” nos transfiere de pronto a la cara más nervuda de los baleares. Son estos unos Golgotha que, sin salirse de las a veces estrictas lindes del género, se adentran en un juego de intensidades que viene a construir otro de los cortes más llamativos del tracklist. Pequeña porción de blast beats inclusive. Quizá eche en falta algo más de nervio por parte de Lladó, si bien los tonos más altos que despliega aquí no me desagradan en absoluto. Todo se apacigua camino del epílogo, momento en el que irrumpe uno de esos solos de guitarra que siempre me dejan con ganas de más. Un corte finalmente con altos y bajos, interesante por el juego de contrastes pero a ratos irregular.

Human Vultures” propone de entrada un doom crudo y orquestado que me recuerda a bandas del ramo como Mourning Beloveth o incluso propuestas más funerarias como pudieran ser Mournful Congregation o Evoken. Apenas un pequeño guiño de la banda pues toda vez Lladó irrumpe en las primeras estrofas, Golgotha reconducen hacia un doom melódico mucho más amable y convencional. Sin abandonar en ningún caso el clasicismo, apostando de nuevo por el doble juego vocal y entregando una gama riffera que me engancha solo a ratos. Todo lo contrario que esas estupendas melodías del tronco central, así como el cuidado solo posterior:

Closed Heart”, corte más rácano del álbum, engancha desde el primer momento gracias al gran trabajo de Paya y García, especialmente inspirados a la hora de construir un prólogo tan elegante y vistoso como clásico. Ejerce este gran contraste con las estrofas que proponen después. Angostas, acompañadas de un riff seco, casi marcial. Golgotha entregan así la que es, con mucho, la composición más diferente de todo el tracklist. Hábil a la hora de proponer una particular relectura del género sin que ello signifique perder del todo su propia identidad. Todo un ejercicio de equilibrio que la banda aprovecha para reconducir en un epílogo que, de nuevo, vuelve a recordarme a la banda de Paul Kuhr.

Sobre parecida raíz construyen una “Spreading The Wings Of Hope” que de nuevo entrega a unos Golgotha en su faceta más melódica, apostándolo todo a otro ejercicio de contrastes donde destacará Crespí tras baterías. Es la suya una labor de lo más eficiente aquí a la hora de amalgamar las distintas intensidades por las que transita la composición. Paya, por su parte, está particularmente oscuro en su interpretación vocal. Y mientras que Fernández viene a aportar las teclas más cinemáticas de todo el álbum, todo termina encajando cara a construir uno de mis cortes favoritos del trabajo al que da nombre.

Es el propio Fernández quien sugiere desde el piano “Hope As Guide”. El cierre del álbum parece querer reconducir de nuevo hacia un doom mucho más canónico, que ejemplifica la crudeza de sus primeras estrofas. Su contraste con Lladó no va a coger por sorpresa a estas alturas del álbum, lo que no quita para que la mallorquina entregue una gran interpretación. El crescendo que conduce hacia el epílogo funciona por sutil, mientras que las voces filtradas de la propia Lladó aquí me llevan de nuevo a pensar en Bis•nte. Interesante broche final.

El doom metal como principio y final. No obstante la banda, formación asentada mediante, se permite ciertos picoteos fuera del género que llenan de matices lo que, a grandes rasgos, no deja de ser un disco de género hecho y derecho. No negaré que siento el registro de Lladó más apropiado para su otra banda, Bis•nte, lo que no quita para que la mallorquina entregue aquí unas cuantas interpretaciones de nivel. Al final un disco ameno, quién dijo que el doom era algo aburrido, y que muestra a una banda, casi treintañera ya, en gran estado de forma. Ya podían aprender algunos.

Texto: David Naves

Crónica: Hiranya + Unexpectance en Oviedo (30/11/2024)

Doble ración de metalcore y melodeath la que propuso la Lata de Zinc con el renacimiento de Unexpectance y la venida de los madrileños Hiranya. Muchas eran las alternativas que ofrecía la jornada del sábado y no poca la gente que se congregó en la sala ovetense.

No era un todo vendido pero desde luego que bullía la expectación en la Lata. Unexpectance presentaban en sociedad a su nueva voz y qué menos que dejarnos caer por allí. Pasan tres de las nueve y media cuando irrumpe la intro del estupendo “Vortex” y la banda desata su particular “Guerra Interior”. Pablo “Vaan”, al frente ahora del quinteto asturiano, se mostró algo frío en estos primeros compases. Pero el resto de la banda sonó tanto o mejor de lo esperado. Son grandes músicos y ni mucho menos seré yo quien les descubra a estas alturas. Sonidazo mediante, una noche más gran trabajo de Ovana a los mandos de la Lata, Unexpectance no se arredraron ante el envite y deslizaron ya varios temas de nueva creación. El primero de ellos, “Sophrosyne” que readapta aquella «Exluminix» del tercer álbum en solitario del propio Stamper, muestra ya a un “Vaan” mucho más cómodo a través de las estrofas.

También que la banda sigue sabiendo cómo conjugar su cara más atmosférica con la más violenta, esa que se apoya en los blast beats de un Luis Barrientos nunca falto de determinación. En “Gnosis” y sin obviar los momentos más técnicos, sí que noté a la banda algo más árida y rocosa. “Hipersomnia”, en cambio, procura una entrada en falso con la que ironiza el propio vocalista: “os engañamos, somos Unexpectance”. Tuve ya aquí la impresión de que el set, al mismo tiempo que su propio vocalista, iba a dibujar una línea ascendente desde desde la frialdad inicial hasta el nivel que uno espera de una formación como esta. Es ahí donde otro corte nuevo, “Momiji”, entrega su cara más melancólica. Estupendos los guitarristas Miki Méndez y un Nacho Peña que dibujó aquí uno de los mejores solos de todo el set para uno de los temas nuevos que mejor conexión logró con el público.

Con un “Vaan” crecido ya con respecto a los albores del set, Unexpectance entregan su mejor cara en las finales “Última Palabra” y una “Pandemonium” que pocas veces habrá sonado tan rotunda, dejándonos una vez más con ese final apaciguado pero elegante que echaba el cierre a su segundo álbum de estudio. Un set de menos a más como dije por ahí pero la sensación de que la banda sigue tan bien ensamblada como siempre, con esa forma calculada en que amalgaman agresividad, técnica y elegancia. Puede que en ciertos momentos notara a su nueva voz algo verde, pero nada que el necesario rodaje no cure con el paso del tiempo. En mi más humilde opinión, no faltan razones para creer.

Por su parte Hiranya dieron síntomas de llegar perfectamente ensamblados a la capital asturiana. Y fíjate que, por circunstancias, hubieron de hacerlo sin su batería habitual. Víctor, apenas dos ensayos con la banda, se hizo con la responsabilidad de comandar a los madrileños. Y el quinteto salió igualmente airoso. Me sorprendió que usaran como introducción nada menos que “Techno Syndrome”, del célebre videojuego “Mortal Kombat” (¿no habíamos quedado en que las canciones chorra se disparaban al final?) pero es cierto que en los primeros momentos del set, es precisamente la batería quien se lleva por delante a las guitarras. Incluso la voz de Sara Bowen. Algo que desdibuja la inicial “Far Away” pero nada que no se subsanara con el correr de los temas. A revientacalderas en cualquier caso, el quinteto pareció venir con sus ganas de agradar intactas.

Enlazando temas, “Shoeless” ya parece dar una versión mejorada de Hiranya. Muy activa la propia Bowen sobre las tablas de la Lata. También sobre el habitual podio en el centro del escenario. Este lado más melódico que deslizan aquí no quita para que Johnny W. deje voces realmente agrias como contrapunto. Se percibía buena química entre ellos y quienes nos quedamos a verles desde luego disfrutamos del set. Pero a la banda le tocó pelear, esta vez con alguna que otra intro más tímida de lo deseado, algo que Bowen aprovecha para mandar los agradecimientos de rigor.

Para cuando todo regresa a cauces normales y entregan “Paradox”, de lo mejor que su álbum homónimo tiene para ofrecer (reseña aquí), desde luego estamos ante una más que digna versión de la banda. Brilló aquí la vocalista, enfrentando si mayores problemas esas líneas de voz tan ambivalentes sin olvidarse de la debida conexión con la audiencia. Porque esta parece una de esas formaciones que encuentra en el directo su razón de ser. Que realmente disfruta con lo que hace. Y, gustos individuales al margen, es algo que desde luego se contagia.

Es ahí donde “Broken Bones” pone de relieve su cara más melódica, a la par que melancólica, al tiempo que agiliza un set que pronto transige hacia su cara más agria. Sí. Porque desde luego “Defeated” sonó el sábado mucho más rotunda que su encarnación de estudio. Hiranya ganan en contundencia y actitud en su traslación al directo, algo que habla muy bien del quinteto madrileño. Que esto se produzca además con un batería de circunstancias creo que habla muy bien de ellos. No faltó su versión del “The Greatest” de la australiana Sia para poner la cara más pop al asunto. Es un decir, claro.

Pero por si a alguien le podía la modorra, Hiranya regresarían entonces hacia su anterior trabajo para traer uno de los cortes más viscerales del set, no otro que “Oiwa”, donde sí se pudo ver algo de movimiento entre la gente. Poco, si me preguntan, pero ya saben cómo las gasta el público asturiano en estas situaciones. Bowen presentó “Bad Dream” y quien más, quien menos pareció salir del letargo. Estupendas guitarras aquí y un renacido público que exclamó el habitual otres tres. Un pequeño bis en el que se pudo oír el célebre “¿Que no, Lisa, que no?” de Homer Simpson y que conduciría a un final potente y descosido en la más pura tradición del género. Agrandados pese a las circunstancias.

Como ya digo dos bandas en momentos bien distintos pero un par de buenos shows que sumar a la interminable lista de eventos cubiertos a lo largo de estos once meses. El año va tocando a su fin, se vienen encima las dichosas festividades navideñas y por ahí es un lujo anestesiar de los quehaceres cotidianos con doble ración de melodía y contundencia. Nada más que agradecer a sala y bandas por las facilidades, mandar otro abrazo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto y Fotos: David Naves

Reseña: Inversus «Evil Seeks Evil» (Autoproducción 2023)

Ep de cinco temas para el combo ilerdense de death metal Inversus y que forman Javi García en baterías, David Tudela al bajo y coros, Oriol Cornet en guitarra y Hastur también en guitarra y voces. Este “Evil Seeks Evil” que hoy nos presentan se grabó y mezcló en el Nomad Studio de la mano de Xavier Esterri (Cauldron, Ouija, Blindpoint…) para después ser masterizado en Crossfade Mastering. Con artwork de Garage Caos, el trabajo vio la luz en junio del pasado 2023.

Lejos de adherirse al clásico arranque nervioso y furibundo, Inversus dibujan un prólogo de fuerte carácter melódico. “Evil Seeks Evil” se manifiesta como un pulso entre el agrio registro de Hastur y unas guitarras que expelen riffs un tanto casuales, revestidos aquí y allá de buenas melodías. Nada que sorprenda a estas alturas pero que en cualquier caso engancha con un estribillo muy bien medido. La mayor tensión del puente central, con la batería de Javi García ágil a la hora de alternar ritmos, alimenta el fondo de un primer corte al que remata el elegante solo que anticipará el epílogo. Un arranque algo previsible, que no fallido.

Nazino”, en alusión a la tragedia del mismo nombre bajo el paraguas de la Unión Soviética, y a la que también Avulsed dedicaran un corte en su disco “Nullo (The Pleasure of Self-Mutilation)” de 2009, echa mano de una mayor pesadez en sus guitarras, lo que en contraste a su mayor variedad en ritmos, deriva en un corte bifocal, de nuevo ágil, con rastros de los Sepultura pre “Chaos A.D.” apareciendo aquí y allá. También los Dark Tranquillity más clásicos y canónicos. Y entre medias espacio para que la banda desarrolle una serie de ideas que funcionan con suerte desigual. Se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que la narración que enmarca tronco central resulta un tanto impostada. Todo lo contrario que la buena ración de solos que despachan después o esos riffs tan machacones como pegadizos.

Bastard Of Lilith”, que se atreve a bordear el doom en un cuidado prólogo, alterna las habituales pulsiones death del combo catalán con pequeñas derivas hacia territorios más propios de bandas como Paradise Lost, Novembers Doom o Daylight Dies para terminar por trazar uno de los cortes más sólidos de todo el Ep. Muy digno en lo que a despliegue técnico se refiere, apoyado en buenos riffs y muy variado en lo que a ritmos se refiere. Pero al contrario que me sucedía en la anterior “Nazino”, siento que aquí todo empasta con mayor firmeza y solidez. Quizá porque su andamiaje, salvo detalles, rezuma clasicismo por todos sus rincones. También porque la producción del Ep sabe cómo jugar con los distintos tonos que la banda incorpora aquí. Un acierto pleno.

Lejos de reconducir hacia un death más canónico, “Dreams Of Blood” prosigue la deriva del tema anterior al tiempo que tiñe la música del cuarteto de un poso más gótico que sorprende primero y engancha después. Aquí vuelve a sobrevolar el nombre de Novembers Doom. También el de Insomnium o, barriendo para casa, el de los valencianos Evadne. De resultas de ese ambiente más tendente hacia el goth surge un corte interesante en lo tonal, que si bien vuelve a mostrar una estructura eminentemente clásica, deja la impresión de que Inversus, a quienes admito no conocía hasta que “Evil Seeks Evil” cayera en mis manos, se sienten más que cómodos en esta suerte de doom death melódico.

Sons Of Chaos” sí reconduce hacia el lado más death de su música. Aunque con matices. Y es que el corte final resulta una suerte de híbrido entre el par de cortes previos, especialmente en estribillos, y aquellas pulsiones más nerviosas del tema título o “Nazino”. Hastur vocifera como alma que lleva el diablo justo antes de que el corte derive hacia un puente central quasi atmosférico, que anticipa no obstante un epílogo más rayano en el heavy metal más clásico, lustrado por un solo de guitarra que bien merecía algo más de espacio. Otro corte pluriinfluencial pero sólido. Bien armado y sólido. Acertada carta de presentación del Ep.

Se trata de un Ep mucho más diverso de lo que adiviné en una distraída primera escucha y que viene un poco a hablar de las inquietudes y propósitos de una banda, a tenor de lo escuchado, aún intactas. Bien es verdad que la propuesta no resulta siempre todo lo sólida que debiera. Que fruto de la rica paleta de géneros que manejan, haya cortes un tanto descompensados. Pero en definitiva y cuando la banda acierta el tiro, véase “Bastard Of Lilith”, queda la sensación de que se conocen el libro de estilo al dedillo. A rematar con un hipotético tercer largo que acentúe los aciertos y destierre los errores de este meritorio “Evil Seeks Evil”.

Texto: David Naves

Reseña: Hiranya «Hiranya» (Autoproducción 2024)

A finales del mes de mayo veía la luz el nuevo material de los melodeath / metalcore madrileños Hiranya. La banda, que debutara allá por 2016 con un primer largo “Breathe In” al que seguiría “Breathe Out” tres años más tarde, está formada por Iván Méndez en baterías, Daniel Martínez (Phoenix Rising) y Johnny W (Dawn Of Tears) en guitarras, Jio al bajo y Sara Bowen en voces.

Este trabajo homónimo, que presentarán el próximo sábado en la ovetense Lata de Zinc en compañía de los renovados Unexpectance (más info aquí), cuenta con la colaboración del Hibernia Gabriel Jester, fue grabado y mezclado por Carlos Santos (Aathma, Wormed, Toundra, Saor, Barbarian Prophecies, Hamlet….) en los Sadman Studios de Verín (Ourense) y finalmente masterizado por Jens Bogren (Amorphis, The Ocean Collective, Arch Enemy, Borknagar, Haken, Soilwork…) en los Fascination Street Studios de Örebro (Suecia).

Acherontia” es la pequeña intro tras la cual se abre paso este nuevo trabajo de los madrileños. De su corto desarrollo, a la par que de sus relajados aires electrónicos, uno intuye por dónde pueden ir los tiros en esta nueva obra. Para cuando “Poison” se abre camino, el nombre de Absalem puede ser fácilmente el que primero acude a mi subconsciente. Muy elegante Bowen en estas primeras estrofas, en un tono cálido que, más tarde, habrá de dar paso a su lado más rugiente. Es un primer corte con gancho, apoyado firmemente en riffs tan recurrentes como pegadizos. Y mientras que el puente desata la cara más agria de la formación, todo vuelve a su cauce a través de un cuidado epílogo.

Bad Dream” parece querer extraer de la banda algo más de contundencia. También de retorcimiento. Sin llevarles a las lindes del progresivo pero, desde luego, entregando riffs más trabajados y diversos. Algo más producida que su predecesora, ofrece a una Sara Bowen al límite de sus posibilidades, alternando entre registros en una línea de voz que en ocasiones me recuerda a la buena gente de Ankor. Me agrada esa rotundidad del puente, también el buen solo que irrumpe a continuación. El epílogo, cuyo deje electrónico viene a lindar con la introducción del álbum, extrae ahora a los Hiranya más amables. Quizá eche en falta algo más de duración. Por contra, uno de los temas que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Nombraba antes a Ankor y puede ser “Defeated” el corte que más acerca a estos Hiranya a la banda que lidera Jessie Williams. El quinteto madrileño propone aquí un prólogo de marcado pulso atmosférico, que dará paso a alguna de las estrofas más diferentes y llamativas de todo el trabajo. Equilibrada y con gancho, arrimada en buena medida a su cara más melódica, viene rematada por un solo tan escueto como rebosante de feeling. El crescendo final, con la producción regresando aquél deje más atmosférico del prólogo y fundiéndolo con una cuidada melodía de guitarra, amén de la magnética voz de Sara, pasa por ser otro de los momentos cumbre del álbum.

Broken Bones” ofrece de primeras a unos Hiranya en una clave más tranquila y sosegada. Medio tiempo de poso melancólico, que no triste, donde sale a relucir una estupenda línea de batería por parte de Méndez. Sin florituras ni excesos pero terriblemente eficaz. Cuidada igualmente en lo que a riffs y melodías se refiere, se eleva finalmente gracias a otra gran labor de Sara Bowen en voces. Buenas armonías las que entrega en estos estribillos y llamativo ese puente casi desnudo y la forma en que trasciende hacia el pop sin temor alguno. Poderoso contraste el que produce éste contra los Hiranya más desgarrados que descubre el epílogo. Redonda, estupenda.

Paradox” por su parte nos devuelve a los Hiranya más contundentes y vibrantes. También a los más retorcidos, mostrando uno de los trazos más atractivos de todo el tracklist. Con la producción sumando sintes de corte retrofuturista, aportando pequeños destellos alternativos incluso y Méndez dibujando ahora una laberíntica línea de batería, todo casa para entregar a la banda en su mejor versión. Caben desde breakdowns descosidos a flirteos con el melodeath más casual. Armonías que alternan los dos registros de Bowen. Es el corte más extenso de los siete y ciertamente da la sensación de que la banda ha querido echar el resto aquí. Cruzo los dedos para que no falte en su setlist del sábado.

The Greatest”, versión de la cantante y compositora australiana Sia y donde cuentan con la colaboración de Gabriel Jester, transforma el pop electrónico de la original en un metal de contrastes, con una fuerte alternancia entre registros mientras la banda traza (violentos) crescendos lo suficientemente hábiles como para reverenciar a la fuente sin olvidarse de su propia personalidad como banda.

Más un Ep que un álbum completo si nos atenemos al reloj, apenas veintidós minutos, lo cierto es que sirve a la vez como toma de contacto con el combo madrileño y testimonio de su buen momento de forma. Al menos en lo que a composición se refiere y si bien hay algún corte (“Bad Dream”) que siento merecía un recorrido algo más ambicioso. Sea como fuere encuentro buenos trazos en estos temas. También riffs hábiles y un gran trabajo de Sara Bowen al micro. A la versión de Sia no le falta agilidad y “Paradox” resume por sí sola de qué es capaz una banda como esta. Salvo causa de fuerza mayor este sábado comprobamos qué tal suena Hiranya en vivo.

Texto: David Naves

Crónica: Total Death (Gijón 23/11/2024)

Noche de extremos la que nos propuso el Tizón Sound gijonés con la venida de los locales Burnt To Death, los madrileños The Ancient Arrival y los burgaleses Nasty Surgeons. Como quiera que tampoco queríamos perdernos la presentación de Eden en la remozada Sala Estilo, al equipo de Heavy Metal Brigade le tocó una noche más separar sus caminos. En lo que al bolo de Gijón concierne, lo primero que llama mi atención es la cantidad de gente que espera en la puerta dado el carácter extremo y underground (en este caso literalmente hablando) de una cita como esta.

No es una propuesta amable la de Burnt To Death pero había muchas ganas de comprobar de primera mano qué tal funciona la actual iteración de la banda con Javi Pity en baterías y Alex Kai al bajo. El trío proclama con su intensidad habitual ese death metal de acentos black y lo cierto es que parecen bien ensamblados ya desde el inicio. Incluso me atrevería a decir que se denota una cierta química entre ellos a pesar de lo reciente del line up.

The Real Horror (Begins)” arrastra de inicio algún guiño más melódico. Lo cierto es que Solarfall parecía como niño con juguetes nuevos, haciendo tapping y deslizando solos loquísimos en cortes como “Just a Carcass”. De Javi Pity poco que contar que no se sepa. Es un seguro de vida en estas situaciones, manejando los altos biorritmos del trío con total seguridad y eficacia. Y si bien el propio Solarfall adujo ciertos problemas con monitores, lo cierto es que hacía fuera (y considerando que el Tizón no es el Wizink, ni falta que hace) el sonido que desarrollaban era más que óptimo.

Parte del público respondió con pogos. En mitad de una última pausa para afinar, también con unos vítores cargados de una cierta sorna. Muchos eran los amigos del trío la otra noche en Gijón y ya se sabe que donde hay confianza… el remozado trío descerraja entonces “Germinating The Seed Of Doubt” y “Deepest Sea” como colofón a un buen set. Anunciaron nuevo Ep y ellos ya saben que desde aquí somos todo orejas.

Son las nueve y media cuando le llega el turno a los madrileños The Ancient Arrival. Su música, enmarcada dentro de las lindes del deathcore de gente como Thy Art Is Murder o Whitechapel, también Worm Shepherd o Mental Cruelty, tenía algo de salto al vacío entre dos bandas de raíz mucho más clásica. Fue algo que saltó a la vista cuando el cuarteto tomó el coqueto escenario, pues cabe destacar que no fuimos muchos quienes nos quedamos a disfrutar de sus evoluciones.

La banda, que carece de bajista y forman Ángel Antón y Eduardo Palomo en guitarras, Saúl Sánchez en baterías y Roberto Fernández en voces, acudió a Gijón a presentar temas de su último Ep “Servants Become Death”. También a dejar algún que otro adelanto. En lo personal agradecí cuando lindaban con el death metal más vibrante. Sobresalió ahí Saúl mientras Roberto se convertía en el perfecto maestro de ceremonias del cuarteto. El propio vocalista aseguró que “I, Abomination” se trataba de su tema más “bruto”. Y lo cierto es que extrajo una versión descarnada y cruda de los capitalinos.

Agradecí lo orgánicos que sonaron. En contrapunto a propuestas más artificiosas y aún con la falta de un cuatro cuerdas en escena, se desenvolvieron bien y apuesto a que más de uno se quedó con la copla. “La parte guapa del show empieza ahora” prometió entonces el activo vocalista como anticipo a “Purification Season”, corte que amalgama muchos de los vértices sobre los que pivota el contemporáneo sonido de los madrileños. Adelantaron incluso algún tema de su futuro Ep “Disillusion Devastation” y cerraron con “The Myth” tras un show sin grandes alardes ni mayores errores.

Llegaba entonces el turno de Nasty Surgeons. Los de Burgos, con el polifacético Raúl Weaver al frente, han conseguido, en apenas ocho años de trayectoria, posicionarse como uno de los nombres más interesantes del death grind patrio. Gracias a buenos álbumes, siempre adornados por el fino arte de Juanjo Castellano, pero sobre todo a buenos shows como el del pasado sábado.

Ramón Mur en baterías, Fabián A. Hernandez al bajo, Gonzalo Navazo en guitarras y el mencionado Weaver en guitarra y voces hacen suyo el Tizón pasadas las diez y media. Suena una pequeña intro, seguida de “Fetal Hunt”, y el cuarteto no podría sonar más intenso y potente. Sorprende que en una sala pequeña como esta se puedan alcanzar tales niveles de contundencia.

Ataviados con el correspondiente atuendo de cirujanos y bañados en la sempiterna luz roja de la sala, Nasty Surgeons no hicieron prisioneros. Su primera vez en Asturias, si no entendí mal a Raúl, y la seguridad de que venían con las pilas bien cargadas. Si tal y como me comentaría Fabián después, la banda no se encontraba al cien por cien, solo cabe preguntarse cómo de arrolladora es su mejor versión. Porque para cuando la dupla “Cotard Delusion” & “Liston Knife” cae sobre nosotros, desde luego pocas dudas caben al respecto de su desempeño.

Weaver derrochó tanto carisma como mal café. Pero si algo sorprende en el cuarteto es la impasibilidad de Ramón Mur tras baterías mientras descerraja un blast beat tras otro con total solvencia. Para “Coronary Artery Bypass Surgery” y su final ardiente y descosido ya se pudieron ver algunos tímidos pogos en el Tizón. “Vamos con una más lenta, que se os ve muy cansados” ironizaba Weaver previo paso a descargar “Intracraneal Bleeding”, pura demencia y vitriolo en forma de death grind. Fue no obstante en “Ogre Of Aptos” y no sin que antes Weaver se acordase de Noel Kemper (Gruesome Stuff Relish) donde rebajaron (en parte) los pulsos, acertando a sonar más rockeros. Más carcassianos si cabe, con el propio Raúl dejando uno de sus mejores solos de la noche.

Tuvieron tiempo incluso de ir adelantando nuevo trabajo a través de una “Vagina Dentata”, imprescindible esa segunda voz de Fabián, que ni mucho menos compromete su furibunda propuesta. Al contrario, me atrevería a decir que resultó en uno de los cortes más violentos y abruptos del set. Violencia que mantendrían en “Dr. Death” y en parte abandonarían a través de los ritmos más d beateros de “Multiple Organ Dysfunction Syndrome”, a buen seguro el corte más distinto (que no diferente) de toda su descarga.

Para el final fueron quedando “The Executioner’s Song”, inolvidable e inconfundible su fugaz pero cachonda intro, una “Open Cadaver” donde Weaver mandaría los debidos agradecimientos y una “The Resurrectionist” en la que los más valientes se atrevieron con un pequeño wall of death. La sensación final que quedó fue la de que esta es una de esas bandas cuya encarnación en vivo mejora de manera sustanciosa con respecto al estudio. Era su primera visita a estas tierras y, a tenor de lo visto, esperamos que no sea la última.

El metal extremo parece seguir gozando de buena salud en la región. No fue poca la gente que se acercó el sábado al Tizón y desde aquí solo cabe felicitarse por ello. Una de esas noches que vienen a borrar el fatalismo que nos inunda a nada que un par de bolos no salen como uno espera. Sea como fuere y pese a los inevitables solapes, una carnicería de lo más gozosa y divertida. Agradecer a bandas y sala todas las facilidades, mandar un cariñoso saludo a los muchos habituales con quienes departí en mayor o menor medida y disculpas por lo repentino de mi huida. El búho aguardaba. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto y Fotos: David Naves

Reseña: Eveth «Sellando El Destino» (Maldito Records 2024)

Es el quinto trabajo de los mallorquines Eveth, la banda que forman David Kamstedt en guitarra y voz, Alberto Barrientos en baterías, Biel Recio al bajo, David Dalmau en voces y Rafa Socias en guitarras. “Sellando El Destino” se compone de doce cortes producidos y grabados por Miquel Àngel Riutort “Mega” (Æolian, Angelus Apatrida, Trallery, Perpetual Night…) en el Psychosomatic Recording Studio de Inca y masterizados finalmente por el Pyramaze Jacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Rob Rock, Sinner, Crystal Gates…) en sus propios Hansen Studios de Dinamarca. Adornado por el arte de Fernando Ricciardulli (Chromatic Chaos), se encuentra en la calle desde el tres de abril vía Maldito Records.

Un Nuevo Mundo” ahorra en introducciones artificiales y nos conduce casi de inmediato hacia un power de ritmos medios al que soportan una serie de riffs recurrentes pero muy eficaces. Por contra, hay algo en la forma en que Dalmau afronta estas estrofas que, a ratos, logra sacarme de la composición. Eveth se elevan, no obstante, en unos estribillos directos y con gancho. También por la buena ración solista que proponen y ejecutan Recio y Kamstedt. Un arranque con altibajos. Con luces y sombras que diría aquél.

Despiértame” sí que dispone de un riff de garantías para adornar un prólogo de puro power enaltecido y triunfante. Dalmau parece ahora mucho más cómodo y el empaque de la base rítmica, si bien desprovisto de artificios de ningún tipo, parece acertar a la hora de comandar un corte ágil por escritura y también por ejecución. Me agrada de igual forma el solo que acude en el tronco central y ese pulso más tranquilo que subyace. Quizá porque me recuerda a los chicos de Tálesien. Clase y pegada bien conjugadas en segundo corte algo rácano con el reloj.

Aunque Me Cueste La Piel” sorprende ahora con ese extraño arranque pero más con la oscuridad que muestran ahora sus primeros riffs. El juego que proponen sus estrofas, primero desnudas, luego poderosas, ni es nuevo ni puedo afirmar que esté mal construido o ejecutado. El estribillo acude pronto a la cita para redondear uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y fin. Ciertas armonías vocales podrán recordar a la forma en que Rob Halford construye sus líneas en estudio para Judas Priest, con Dalmau eso sí moviéndose en tesituras mucho más terrenales que las del británico. Ni tan siquiera cuatro minutos de duración pero unos Eveth que parecen la mar de cómodos aquí.

Más minutaje y también más nervio el que ofrece “Hijos De Las Estrellas”, con los baleares derivando ahora hacia un power metal a ratos poderoso, a ratos elegante, apoyado en una suerte de riffs aquí y allá algo manidos, pero que en su mezcla de músculo y sentimiento logra trazar uno de los cortes más atractivos de este quinto álbum. Hay una idiosincrasia muy cañí en la forma en que la banda traza estos estribillos y los conjuga con esa letra optimista y alentadora. El tipo de canción que el power patrio lleva facturando desde hace décadas, lo que no quita para que la banda gane la batalla gracias a un buen trabajo a nivel técnico y también de producción.

Mi Verdad” rompe con la tónica imperante en esta primera mitad del álbum al construir una balada / medio tiempo con no pocos guiños a los Iron Maiden más tranquilos y reposados. La banda vira más adelante hacia un metal más nervudo, que me recuerdan sobremanera a la buena gente de Argion. Noto más cómodo a Dalmau conforme el corte adquiere una mayor intensidad mientras transita hacia su tronco central, donde se dan cita unos solos un tanto discretos. Extraña elección como adelanto, desde luego.

Porque quien sabe si “Dueña Del Amanecer”, con esos ritmos más vivos y ese heavy / power más energizado y vibrante, no engancharía en mayor medida con el público más casual del género. Hay un estupendo trabajo de guitarras aquí, en los riffs que soportan las estrofas, las melodías con que las engarzan y finalmente con la obligada explosión solista del tronco central. Por trazo nada que sorprenda pero un corte que cumple con sus objetivos al fin y al cabo.

Aprendiendo A Partir”, con Marc Riera (Azrael, Dark Elf) a bordo, continúa en esa senda más vibrante, adornada por otra buena labor de Kamstedt y Recio, donde más que a Iron Maiden, a quien encuentro cierto parecido es a los riojanos Tierra Santa. Me agrada el riff más musculoso que anticipa al solo de guitarra, y desde luego le habría otorgado algo más de presencia o desarrollo. Sea como fuere un corte que acabará por sobresalir más por el aire fresco que proporciona la voz invitada que por los propios méritos de la composición en sí.

Lazos Rotos” calma de nuevo las aguas, arranca en balada desnuda y sin artificios para después trascender hacia un medio tiempo de mayor carga emocional en la mejor tradición del género. Un buen Dalmau y el buen trazo que muestra su solo de guitarra no logran, sin embargo, desposeerla de un cierto aire a déjà vu.

Espejo De Luna”, con la producción otorgando ahora gran protagonismo al bajo de Biel Recio, funciona a la hora de ofrecer la cara más chulesca y ochentera del combo balear. Hay un deje muy marcado a los mejores Accept en los riffs en que apoyan las distintas estrofas y, desde luego que Dalmau traza sobre ellas alguna de las mejores líneas de voz de todo el trabajo. Bien es cierto que la sección solista palidece, pienso yo, en relación a muchas otras dentro del CD, pero con eso y con todo una de mis favoritas de “Sellando El Destino”.

Y ejerciendo casi como negativo de esa cara más despreocupada, “El Mandato” opta en cambio por ofrecer a Eveth en su encarnación más veloz y poderosa. Power metal del de toda la vida. Del que ahorra en sutilezas y no necesita de producciones rimbombantes ni arreglos recargados para cumplir sus propósitos. Del mismo modo Dalmau traza unas líneas de voz desprovistas de excesos innecesarios ni alardes imposibles. Firmes y vibrantes.

De nuevo muy Maiden el prólogo de “Versos Al Diablo”, con el bajo de Biel Recio convertido en debido émulo de Steve Harris. Y aunque luego el corte acoge una viveza de heavy metal de toda la vida, todo deriva de nuevo hacia una idiosincrasia más castiza. Aquí me agradan sobremanera las armonías vocales del estribillo y la mayor pesadez sobre la que se desarrolla. Clásica en construcción pero eficaz en cualquier caso.

Viento y Fuego” viene a sellar el álbum desde un prólogo en clave de balada clásica que, más pronto que tarde, deriva hacia el habitual metal vivaracho de los mallorquines. Sita a medio camino entre los primeros Tierra Santa y Avalanch, Vhäldemar… agradará, o más bien debería, que uno nunca sabe, a todo fan del género con su profusión de riffs cabalgantes, sus hábiles cambios de ritmo y la manera en que Dalmau afronta sus diferentes líneas de voz. Un cierre a lo grande.

Casi cincuenta minutos de un heavy metal de guiños power que viene un poco a resumir lo mejor, a veces también lo peor, del metal facturado dentro de nuestras fronteras. Hay muchos riffs aquí que no deberían coger de nuevas al oyente habitual del estilo. La buena noticia es que, de tanto en cuanto, contribuyen a crear buenos temas. Pienso en cosas como “Aunque Me Cueste La Piel” , “Espejo De La Luna”, “Despiértame”, “Hijos De Las Estrellas” o la final y muy resultona “Viento y Fuego”. Orgulloso y a ratos eficaz disco de género.

Texto: David Naves