La formación afincada en Gijón ha regresado a Magoo Studio para crear su tercer álbum de estudio con Juan Martínez en labores de producción, mezcla y masterización. Al igual que en obras anteriores el artwork ha corrido a cargo de Yori Moriarty. Retomaran su actividad en directo el sábado 6 de diciembre como parte del festival solidario Raposu Rock que tendrá lugar en la Sala Acapulco de Gijón.
“Solus Ipse” es el tercer largo en la trayectoria de los asturianos Unexpectance y trae consigo algún cambio que otro. El más notorio, el que ahora lleva a Vaan a encargarse de las tareas vocales. Junto a él están Nacho Peña y Miki Méndez en guitarras, Aitor G. Stamper al bajo y Luis Barrientos a la batería. Los asturianos debutaron en 2016 con “La Metástasis De La Desesperanza”, ofrecieron un más que notable “Vortex” en 2022 y vuelven ahora con energías renovadas y un álbum que cierra su particular mirada a la trilogía sobre la obra de Dante. El trabajo fue grabado por ellos mismos, contando eso sí con las muchas habilidades de Daniel Sevillano para la mezcla. El proceso de masterizado corrió a cargo del propio Nacho Peña. “Solus Ipse”, al que adorna el arte del artista japonés Biljee Shimpei, tiene prevista su salida al mercado el próximo quince de enero.
El concepto griego “Sophrosyne” puede que aluda a la templanza, moderación o sensatez, pero en manos de Unexpectance supone un aldabonazo de ardiente metal moderno. Vaan arremete, a puro desgarro, las primeras estrofas. Y el corte, Luis Barrientos mediante, transita por momentos realmente agrios, confrontando violentos blast beats con un metal pesado y conciso. En la más pura tradición del combo asturiano, surgen pequeñas islas de tranquilidad. Y, desde ahí, transitan hasta su cara más atmosférica. Pero lo que me agrada es la forma en que la composición respira. Compuesta en lo musical por Stamper, da comienzo al álbum conteniendo muchas de las ideas que habrán de alimentarlo desde aquí hasta el final. Pero sin que nada resulte atropellado ni tampoco artificial. Rematada con un imaginativo solo previo al epílogo, supone una más que notable toma de contacto con este “Solus Ipse”.
“Momiji” representa “el acto de contemplación del cambio de color de las hojas del arce japonés”. Composición de Peña tanto en lo musical como en lo lírico, sorprende primero con la fuerza sinfónica del prólogo, después con el gran trabajo llevado a cabo en lo que a melodías se refiere y finalmente con ese juego de Vaan entre registros. Esa dualidad otorga una mayor dimensión a esta segunda entrega. La nueva voz de Unexpectance acierta a sonar más agónico aquí. Y Barrientos vuelve a alternar esas partes más vibrantes con un metal realmente pesado y contundente. Fue una de las cartas de presentación del álbum, aún cuando se trata de la entrega más extensa de este tercer disco. En toda la composición anida una cierta elegancia, la que propician esos arreglos de tono casi grandilocuente. Y que contrastan, como ya digo, con el metal más nervioso y vibrante con el que lo rodean. Un juego de intensidades marca de la casa y en el que los asturianos parecen más que cómodos.
“Ataraxia”, o lo que es lo mismo, “estado de imperturbabilidad, serenidad y tranquilidad del ánimo, libre de pasiones, temores y deseos desmedidos”, entrega ahora a unos Unexpectance mucho más orgánicos. De nuevo composición total de Peña, siento que el trabajo en cuanto a riffs es encomiable. Sus primeras estrofas son tan agrias como reconocibles. Y es que no cuesta seguir el rastro de sus líneas maestras hasta cortes del anterior “Vortex” como “Hipersomnia” o “Neurapraxia”. La banda a pleno rendimiento, siendo muy consciente de todas sus fortalezas, y con un Vaan desbocado frente al micro. Las melodías que van inundado las estrofas, el groove tan adecuado que surge más adelante o esa vibración tan cercana al melodeath que surge a destellos. Si bien hay (a ratos) una cierta sobre producción que puede enfurruñar a los más clasicistas, ellos vuelven a cerrar con otro solo digno de atención. Fue la otra carta de presentación de “Solus Ipse” y no seré yo quien ponga peros a la decisión.
“Gnosis”, o el “conocimiento absoluto e intuitivo, especialmente de la divinidad, que pretendían alcanzar los gnósticos”, trae consigo un llamativo prólogo primero, y un riff con un gancho de mil demonios después. También unas ambientaciones llenas de presencia y clase. Medio tiempo pesado, arrastrado, con ya digo un gran trabajo en lo que a riffs se refiere y con un Vaan del que emana una cierta desesperanza a ratos. Composición de Peña en lo musical, representa en gran medida a los Unexpectance mas crudos y arrastrados. Apenas un pequeño cambio de ritmo conducirá hasta el breakdown del epílogo. Y si bien siento que a éste se le podría haber sacado un poco más de jugo, algo me dice que la propia crudeza que desprende bien podría convertirla en próxima favorita de sus seguidores.
Regresa Stamper a las labores compositivas en “Noesis”. En filosofía, noesis es un concepto del pensamiento griego que se refiere a “la acción de pensar o actividad del pensamiento”. Nacho Peña pone en esta ocasión la letra a la que puede ser una de las composiciones más heavies de todo el álbum. Aún cuando su arranque, ese curioso prólogo, no podría ser más exógeno. Pero la forma en que adornan las primeras estrofas, cómo crepita en ellas el bajo del propio Stamper, unidas a esa vibración mayor durante estribillos ciertamente otorga otro cariz a la banda primero, al disco después. Contiene otra gran labor en lo melódico, fundiendo ese pulso más clásico con ambientaciones cercanas al metalcore más al uso. De resultas de todo ello surge finalmente un corte en constante mutación, de esas que ganan una barbaridad con las sucesivas escuchas, y que no cogerán de nuevas a quienes recuerden trabajos en solitario del bajista Aitor G. Stamper.
A “Nematomorpha”, nombre de unos parásitos inductores del suicidio, le corresponde entregar a los Unexpectance más violentos y despiadados de todo “Solus Ipse”. Nombres como Lorna Shora o Mental Cruelty acuden siempre a mi subconsciente aquí, lo que da un poco la medida del mal café que el quinteto ha vertido en esta sexta entrega. Sin que la producción se resienta lo más mínimo, todo me funciona aquí. La violencia que despliega Vaan tras el micrófono. La pesadez y también la crudeza que emana de ciertos riffs. Lo diversa que resulta esa línea de batería de Barrientos. Ese groove tan descosido. Otro corte coctelera, en el que caben un sinfín de ideas, pero que aún así resulta extrañamente cohesivo. Coherente incluso. Nacho Peña mostrando su mejor cara como compositor, tramando un corte diverso y, de todos modos, redondo.
“Ethos”, o lo que es lo mismo, el “conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad”, pone a Barrientos a volar tras el kit de batería, mientras traza un prólogo incendiario, nervioso, casi fulgurante. Luego la producción recrea colchones sonoros durante las estrofas, mientras que solos rebosantes de técnica y clase ejercen de debido engarce entre estas. Cabe también un buen trabajo en la parcela melódica. Y si bien a estas alturas del álbum su estructura puede no resultar ya tan llamativa, lo cierto es que ellos aciertan a entregar otra composición ganadora. Diversa, como lo son casi todas las aquí presentes, bien arreglada y con un Vaan que, de nuevo, recupera esos tonos algo más desesperados. Tremenda.
“Samsara”, el “ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento en las religiones de la India como el hinduismo, budismo, jainismo y sijismo”, también un magnífico documental de Ron Fricke, son unos Unexpectance un tanto refractarios al resto del álbum. Es algo que se palpa en la tranquilidad del prólogo y en ese quiebre tan violento que propician las primeras estrofas. De estas surge una banda que se arrima, ahora sin medida, a las fronteras del death melódico, con Barrientos llevando firme el pulso y los riffs de Peña y Méndez quedando como alguno de los más llamativos de todo el álbum. Agria, directa y cruda, dueña de breakdowns salvajes y grooves incendiarios, esta octava entrega viene a dar cumplida muestra de las pocas barreras que los chicos han puesto frente a la hora de sentarse a componer. Su último verso no podría resultar más definitorio: “Romperé las cadenas de esta pesadilla. Forjaré un nuevo paraíso, Y allí gobernaré”.
“Hybris”, concepto griego que “puede traducirse como arrogancia, altanería, insolencia, soberbia, ultraje, desenfreno o desmesura”, nos devuelve a unos Unexpectance en cierto modo más clásicos. Muy presente, algo virguero incluso, el bajo de Stamper ahora, durante unas primeras estrofas en búsqueda de una cierta grandilocuencia. La banda entrega un penúltimo corte lleno de pulsos altos y voces agónicas. Hay buenos acentos melódicos, una batería muy poco lineal y de nuevo ideas que me retrotraen al anterior “Vortex”. Quizá porque hay voces de Vaan aquí que me recuerdan, y no poco, al que fuera anterior vocalista del combo, el actual Chamako Wey!Daniel Larriet. Mucha atención al solo final.
“Empíreo”, que corresponde a “la iluminación a través del conocimiento, el final del viaje”, es fácilmente una de sus entregas más diversas y atrevidas. Un cierre en donde anidan muchas de las ideas que manejan a la hora de sentarse a escribir. Sus primeras estrofas son violentísimas, con Barrientos a puro blast beat en compañía de un Vaan ciertamente vibrante. Hay guiños más melódicos, fugaces pasajes tranquilos, plenitud de cambios de ritmo… puede que, a ratos, no resulte tan cohesiva como otros muchos cortes de este “Solus Ipse”. Por contra, esa cualidad tan impredecible, a buen seguro la convierte en uno de sus cortes más atrevidos. Esto, como siempre, irá en los gustos, los usos y las costumbres de cada uno.
Escuchado varias veces, aún siento que resta jugo por exprimir del tercer álbum de los asturianos. No sorprende la calidad de la producción. “Vortex”, maltratado como tantos otros trabajos por la dichosa pandemia, ya dejaba el listón alto en este sentido. Pero la entrada de Vaan al micro parece haber otorgado una mayor dimensión al conocido metal contemporáneo de los asturianos. Muy firmes ya desde la propia composición, el álbum es un compendio de capas, intenciones, ritmos e intensidades, desplegadas las más de las veces con altas dosis de equilibrio y mesura. Hay pequeños guiños al death melódico, casi inherentes a este tipo de álbumes, grooves matadores, algún que otro breakdown verdaderamente afilado y una gran, grandísima labor en lo que respecta a las guitarras de Peña y Méndez. En melodías, en solos pero de manera muy esencial en cuanto a riffs. Lo siento así. De resultas de ello emana un álbum donde uno atisba ya una palpable madurez en el seno de Unexpectante. Empresa harto difícil si uno tiene en cuenta lo dramáticos que suelen suponer los cambios de voz en formaciones como esta. Todo un logro.
Decimoquinto trabajo, si mis cuentas son correctas, para las huestes germanas Primal Fear. El primero tras las salidas de los guitarras Tom Naumann y Alex Beyrodt junto a la del batería Michael Ehré, y la consiguiente llegada de Thalìa Bellazecca a las seis cuerdas y André Hilgers a las baquetas. Junto a las caras nuevas, siguen los de siempre: Mat Sinner (bajo y voz), Ralf Scheepers (voz) y Magnus Karlsson (guitarra), ejerciendo también como coproductores del disco. Con el ex Pink Cream 69Dennis Ward a cargo de las grabaciones y Jacob Hansen en mezcla y master, Reigning Phoenix Music, 2M Producciones, Chaos Reigns y Soyuz Music pusieron los distintos formatos de “Domination” en circulación el pasado cinco de septiembre.
Terrible decisión, por cierto, no sólo la de emplear inteligencia artificial para el artwork del disco, sino también la de rastrear de manera intensiva sus redes sociales en busca de todo comentario que aluda al respecto. Detalle feo por partida doble en una banda de semejante trayectoria, pero vayamos a lo que de verdad nos interesa.
“The Hunter” es un arranque sin muchos miramientos. Directo pero bien estructurado, con el clásico alarido marca registrada de Ralf Scheepers. Un estribillo correcto, que me recuerda a unos Helloween de la era Deris y una mezcla equilibrada y con pegada. El solo, dividido en tres partes, podría recordar a aquellos duelos Downing vs Tipton que convirtieron a Judas Priest en mi banda de heavy metal favorita sobre la faz de la tierra. Un primer corte, en definitiva, amarrado con total orgullo al libro de estilo del género.
Y ahora que menciono a Judas Priest, el prólogo de “Destroyer” bien podría haber formado parte de álbumes recientes del sacerdote. Llegadas las estrofas, estos son unos Primal Fear algo más marciales. Más rocosos, en cierto modo. Que aunque dejen un estribillo que no me acabe de funcionar del todo, aciertan a ofrecer una contundencia que, pienso, le sienta de lujo a su vetusto heavy metal. El solo, que vuelve a optar por ese formato duelista, bien merecía algo más de desarrollo. A término un corte que me resulta algo desigual, de esos que me enganchan solo a ratos.
“Far Away” opta por entregar una mayor épica ya desde el prólogo. Primal Fear contraponen la pesadez del corte previo con un power metal a la Gamma Ray que hará saltar los empastes al mismísimo Kai Hansen. La pronta, prontísima llegada del estribillo evidencia lo mucho que un corte como este ha sido pensado y meditado con el directo como fin último. Luce sobremanera Ralf aquí, pero también un André Hilgers inspiradísimo y esforzado tras el kit de batería. La sección solista, de arranque tranquilo y desarrollo (casi) desbocado puede ser fácilmente una de las más atractivas de todo el álbum. Auto consciente pero muy disfrutona.
“I Am The Primal Fear”, donde no descarto que Wolf Hoffmann (Accept) pida derechos de autor por el riff de las estrofas, retorna a los Primal Fear más rocosos y pesados. Y aunque puede ser en cortes como este donde más brille la estupenda producción de la que goza este “Domination”, lo cierto es que es el adelanto que más desapercibido me pasó de los cuatro. Sea como fuere, Scheepers defiende, como gato panza arriba, esta línea de voz y el solo no desmerece a otros presentes en este largo tracklist. Pero ya digo que ni me apasiona ni me engancha.
“Tears Of Fire” es un medio tiempo elegante, muy de la escuela de Magnus Karlsson, bien construido, que a ratos deja una cierta sensación de déjà vu, de que ya has escuchado un corte así no solo en álbumes previos de Primal Fear sino en varios de los muchos proyectos en que anda enrolado el de Höör. Sea como fuere, aprecio la buena construcción de las estrofas o la pasión con que Scheepers dispone los distintos versos. El estribillo, correcto y aseado, puede no ser tampoco el más lúcido de los muchos aquí presentes. Y no pasa nada porque, ahora sí, la sección solista me parece que captura con precisión el espíritu de la canción que lo alberga. No me habría importado una duración algo mayor para ese solo, después de todo es un corte que alcanza los cinco minutos, pero en definitiva puedo entender los motivos por los que acabó siendo otro de los adelantos de este “Domination”.
Honestamente, siento que si estos Primal Fear, ya veteranos, produjeran más cortes a lo “Heroes And Gods”, dado además el actual ecosistema del metal mundial, tan dado a encumbrar discos tanto y tan sobre producidos, podrían acceder a ese olimpo del que parecen vetados casi desde su propia concepción. Es un corte hábil a la hora de implementar una mayor épica, atractivo por esa pizca más de músculo y picante con que Scheepers afronta sus estrofas y finalmente memorable por lo ganchero del estribillo. Riesgo, algo más de mordiente, aunque sea con trucos de producción, que falta le hace a más de uno (y de tres) cortes a lo largo de todo “Domination”. Incluso el solo, de nuevo estructurado en dos partes, me funciona. Diferente y no por ello peor, más bien todo lo contrario.
“Hallucinations” es una pequeña instrumental que viene a partir el disco en dos. Y que sirve de tranquilo acomodo a la canción de mayor recorrido del trabajo, una “Eden” tan melancólica como grandilocuente, y que me agrada siempre y cuando logre abstraerme de lo recurrente (no quisiera decir ñoño) de su apartado lírico. Puede que algo sobre producida a ratos, pero con un gran Scheepers, un solo de lo más elegante, la Ad InfinitumMelissa Bonny dejando buenos detalles vocales en el epílogo y que, después de todo y junto a la pequeña intro que la precede, supone un gran soplo de viento fresco dentro de “Domination”.
“Scream” recupera entonces a los Primal Fear más orgánicos. Y quisiera decir que para bien, pero el corte se va diluyendo hasta convertirse en, quizá, el más indolente de todo el tracklist. Esa cualidad tan orgánica, que la producción rompe en estribillos, deriva en un trazo donde la banda deja en todo momento la sensación de ir con el piloto automático puesto. Puedo apreciar las buenas voces que está dejando Scheepers camino a estribillos y ese solo, cuanto menos, correcto, pero a la larga y de los trece, fácilmente con el que menos he conectado de todos.
“The Dead Don’t Die”, desconozco si por la desigual comedia de Jim Jarmusch, recupera el influjo Accept que ya portaba “I Am The Primal Fear” para otro corte de heavy metal orgulloso y proverbial, que me funciona en estrofas y no tanto en estribillos. En las primeras hay riffs de los que arraigan a la primera. Pero en los segundos siento los versos algo atropellados. La sección solista, producción mediante, parece aludir de nuevo a la banda de Hoffmann. Supone uno que, tras tanto tiempo, las influencias de Sinner y compañía, no dejan de ser las que son.
“Crossfire”, donde la mezcla otorga ahora un mayor protagonismo al bombo de Hilgers, supone un heavy metal sencillo, pulcro, que sin cargar las tintas en cuanto a garra y fuerza, deja buenos detalles por parte de Scheepers y una sección solista sorprendentemente lúcida. Con eso y con todo, otro de los cortes más flojos, por conformista, de todo “Domination”.
“March Boy March” de nuevo busca una cierta épica mediante el prólogo. Luego esos coros desaparecen en pos de unos primeros riffs tranquilos que, a su vez, darán paso a los Primal Fear más feroces e incendiarios. Interesante por cómo rompen, para bien, el tono del álbum, ampliando el discurso del mismo. Es cierto que el estribillo es algo tontorrón, esa frase repetida una y otra vez de modo algo lacónico. Pero luego el trazo es ágil, la producción aporta detalles interesantes sin opacar nunca la faceta puramente metálica del quinteto y todo desemboca en otra interesante sección solista. Atrevida, aunque creo que más relevante por cómo amplifica el rango de acción del disco que por sí misma.
El cierre es para la balada “A Tune I Won’t Forget”, que arranca desde la timidez de sus primeros compases hasta la grandilocuencia del Ralf Scheepers más agudo y distinguido. Trazada en crescendo de un modo que no debería sorprender a nadie, y cerrada no diré que en falso pero sí de un modo, tal vez, demasiado abrupto. Lo mejor, esa sensación tan elegíaca que despliega, si bien dudo profundamente que este vaya a suponer el último álbum de la banda de Mat Sinner y aquél que una vez se soñó vocalista de Judas Priest.
No. Nunca han sido una banda que llegara a engancharme del todo. Y ya en pleno 2025, “Domination” entrega una vez más todo un ramillete de cortes que, sin llegar en ningún caso al desagrado (“Crossfire” al margen), tampoco puedo decir que me entusiasmen. Con la entrada de Bellazecca en guitarras albergué quizá ciertas esperanzas que después las escuchas del disco no alcanzaron a materializar. No obstante intuyo que será otro álbum a atesorar por sus fans más irredentos. Los más casuales seguiremos echando en falta algo más de mojo.
Sound Of Silence nos presentan nuevos detalles de «A New Level Of Suffering» su próxima obra de estudio que verá la luz en febrero del 2026.
01 Empty Abyss 02 Life After Magma 03 A New Level Of Suffering 04 Agonized Souls 05 Sorrowful Above The Earth 06 Ritual Massacre 07 The Cosmos Devourer 08 Uncertainty 09 Path To Hope
Grabado, mezclado y masterizado por Nefta Vázquez en Breakdown Studios «A New Level Of Suffering» será el segundo capítulo de una obra dividida en 4 actos continuación directa de «Primvs Capite«. Allá por el mes de junio veía la luz el tema homónimo como primer adelanto.
Nuevo Ep para el trío extremo asturiano Burnt To Death: Javi Pity (Legacy Of Brutality) en baterías, Kai al bajo y Solarfall en guitarra y voces. Cinco temas en total grabados, mezclados y finalmente masterizados en Kollapse Studio por Iván Ferro y adornados por el arte de Ikosidio. La banda cuenta además con las colaboraciones de Richard Shaw (ex Cradle Of Filth) y David G. Álvarez “Davish” (Angelus Apatrida).
“Confined” pronto busca establecer el tono imperante dentro del Ep. Un inicio arrastrado y crudo, que rápido dará paso al black / death orgánico y nervioso del trío. Pienso en los Morbid Angel más musculosos durante ese prólogo. Luego la banda transfiere toda su rabia y fiereza a través de una llamativa labor de Pity tras los parches. Me agradan esos riffs que adornan las estrofas, ese mayor brillo que portan. Para el epílogo, y sobre un avanzar de nuevo rocoso, casi monolítico, irrumpe un buen solo de guitarra. Marca de la casa Solarfall, donde creo oír ecos de los mejores Slayer, sin olvidar el deje más melódico que muestra al cierre.
“The Devil’s Blood” es de inicio la cara más abiertamente black de los asturianos. Belphegor podría ser uno de los nombres que acuden a mi subconsciente. Javi Pity trota como si en el empeño le fuera la vida, tanto con los blast beats primero, como con el doble bombo después y esas partes más acompasadas que siguen. Vibraciones altas para un corte directo, muy funcional, roto por esas islas de metal arrastrado y rocoso. Un trazo bien construido y mejor ejecutado. Es cierto que algunos riffs en las partes más a medio gas me pueden resultar algo recurrentes. En cualquier caso Solarfall dispone un solo falto de cualquier tipo de complejos y Burnt To Death construyen otro corte cuanto menos llamativo.
“Inhuman”, con el Plague Of Angels y ex Cradle of FilthRichard Shaw a bordo, es otra buena andanada de metal hiriente y descosido. La banda en pulsos muy altos, con una base rítmica de Pity y Kai propulsando un trazo directo y sin muchas florituras. Me engancha ese riff de las estrofas, también el cariz más abiertamente black que la composición adquiere después, así como ese solo del mencionado Shaw que atraviesa el corazón mismo de esta tercera entrega. Toda vez sucede éste, “Inhuman” muta para transitar por un metal más tendido, siempre bajo esa característica voz de Solarfall. Quizá eche en falta una mayor presencia del bajo en este cierre más apaciguado (es un decir) pero en cualquier caso, un corte ágil a la hora de navegar entre dos aguas.
En “Against You” Burnt To Death ofrecen un corte más juguetón, atreviéndose a colisionar tanto voces como ritmos para la que me resulta la composición más llamativa de las cinco. La más en cierto modo caótica, donde el Angelus ApatridaDavish deja un solo auténtica marca registrada del albaceteño. Tras el solo de mi tocayo irrumpe un metal de nuevo frontal y monolítico, y el eventual cuarteto abrocha ese trazo menos obvio y más atrevido de esta cuarta entrega.
Para el cierre queda “Black Dragon”, tema más extenso del Ep, y donde los asturianos parecen haber echado el resto. Hay un gran trabajo riffero ya en el mismo prólogo. Después sucede un violento cambio de ritmo e irrumpen los BTD más feroces y despiadados. Un black que tiende a recordarme a la escuela nórdica, con Solarfall ejecutando unas voces que no me podrían recordar más a ciertos álbumes de los noruegos Mayhem, firmemente apoyado por el conciso avanzar de Pity tras baterías. La composición juega entonces a hibridar ese black tan reconocible con momentos más cercanos al death metal más clásico. Es justo ahí donde cabe un más que correcto solo de guitarra, antes de que encaremos un largo cierre que sorprenderá por el toque más pesado y a la vez grandilocuente que propone. Y que me agrada de tanto en cuanto está conseguido de una manera puramente orgánica, sin trucos de salón, directo a las mismas tripas. Estupendo epílogo.
Porque si una cosa tienen estos Burnt To Death es la cualidad tan pura y real que emerge de su metal extremo. En unos tiempos en que nadie parece escapar de adornos y triquiñuelas diversas, el trío propone un viaje a las mismas esencias del género para extraer de él cinco cortes brutales por sinceros. Sus influencias, que las hay y se filtran a lo largo de todo el Ep, pienso que están dispuestas con inteligencia sobre las canciones. Algo a lo que ayuda, como digo, esa cualidad a veces tan híbrida de sus composiciones. Metal extremo sin ningún tipo de excusas ni complejos.
El llamado universo de las Riot Grrrl se ha visto recientemente sacudido por el segundo largo de las vienesas Vulvarine. Ellas son Bea Heartbeat en baterías, Robin Redbreast al bajo, Sandy Dee en guitarras y Suzy Q en voces. Engel Mayr en el Studio Mäusepalast, Thomas Zwanzger en Stressstudio y Dietmar Baumgartner en Sonar Music Productions fueron los encargados de traer al mundo los once cortes de este “Fast Lane”. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por el propio Engel Mayr en el Studio Mäusepalast y finalmente masterizadas por Lukas Wiltschko de LW Sonics. Con la misma Sandy Dee aportando su arte para la portada del álbum, esta segunda entrega de las austríacas vio la luz vía Napalm Records a finales del pasado mes de marzo. Un trabajo que llevará a la Factoría avilesina el próximo 31 de octubre al ahora renovado cuarteto tras la incorporación de Lauree Blaze como nueva voz.
Un pildorazo de puro rock and roll inaugura el álbum. “The Drugs, The Love And The Pain” pronto da muestras del fino registro de Suzy Q. Hay una apañada colección de riffs, más eficaces que vistosos. También una producción en el punto justo entre pegada y discernimiento. Equilibrada y muy cuidada. Si bien siento que al estribillo no le habría venido mal una pizca más de mal café, pocas pegas caben al respecto del solo que sucede después, así como a la hábil construcción de ese tramo final. En resumidas cuentas un arranque agradable y funcional.
“Ancient Soul” añade algo más de empaque por parte de las vienesas. No solo por una construcción algo más estirada sino por unas buenas estrofas y unos aún mejores estribillos. Tienen estos un deje algo más melancólico, que por alguna razón me llevan a pensar en Thin Lizzy. Sobresalen igualmente los buenos engarces entre estrofas. Las baterías que deja ahí Bea Heartbeat merecen toda la atención. También las que dan apoyo al buen solo del tramo final. Uno de esos cortes con toda la pinta de funcionar como un tiro sobre las tablas.
“Heads Held High” magnifica aún más ese rock más melancólico y casi apesadumbrado. Sin que salten las alarmas, sin que esto deje de ser un disco de rock and roll con todas las letras, pero donde Sandy Dee está dando una auténtica lección de clase y feeling. Orgullosamente auto reivindicativa en lo lírico, pluscuamperfecta y clásica en cuanto a trazo y estructuras, quizá eche en falta un solo de guitarra más pronunciado durante ese buen tramo final. Con eso y con todo una de las que más ha arraigado en mi subconsciente tras el correr de las escuchas.
Uno de los cortes más extensos de este segundo trabajo es “Demons”, con Bea Heartbeat cabalgando a medio gas y la banda trazando ahora un cuidado medio tiempo. Suzy Q aúpa su registro en estrofas y se acompaña de cuidados coros en estribillos. Y aunque los distintos enganches entre estrofas no brillen como lo hacen en otros cortes dentro del disco, qué finas están las austríacas a lo largo de este rock menos brillante, más sucio, algo decadente incluso. Sandy Dee se reserva otro buen solo como anticipo del epílogo y, al cierre, todo me termina por funcionar. Un corte con una vibración muy especial dentro de este “Fast Lane” y quizá uno de los más redondos.
La base rítmica inaugura esta “Alright Tonight”, un corte que anuncia un rock más oscuro, deudor aunque sea de modo lejano, de unos The Cult de comienzos de los 80, con Suzy Q dibujando otro estribillo lleno de carisma y feeling. A ratos uno puede echar en falta el nervio que entregan otros cortes dentro del álbum. Pero la buena producción así como la muy cuidada construcción de las estrofas, precioso el tono que entrega la guitarra de Sandy Dee, sacan la cara por otra de esas composiciones distintas, marca de la casa. Diferente, que no peor.
“Equal, Not The Same” recupera en parte el nervio, mostrando ahora a unas Vulverine más próximas al punk. El nombre de las infatigables The Lizards ha estado yendo y viniendo tras las sucesivas escuchas. El caso es que Dee vuelve a brillar en lo que a melodías se refiere. También en cuanto a riffs. Fue elegida como anticipo en modo de videoclip y toda vez estalla el solo de la propia Dee, cuesta nada y menos entender los motivos. De los once puede no ser el corte que mejor las represente. Pero es una entrega redonda, con gancho y buenos detalles desde el plano técnico. Win win.
Fool” sorprende con ese avanzar algo más marcial de sus estrofas, que contrasta con el más casual y rockero de los estribillos para conformar un corte sencillo, directo y sin mayores florituras. Con las baterías desnudas de Bea Heartbeat uno bien podría pensar de un modo más o menos casual en White Stripes. Con eso y con todo nadie puede negar que esto sigue siendo rock and roll sin concesiones. Con una línea de voz, perfectamente armada, que cabalga amarrada a unos riffs llenos de gancho y brillo. Estupenda.
Vulvarine insertan entonces “Polly The Trucker”, entrega más extensa de “Fast Lane” y la que viene a entregar uno de los riffs más frontales y áridos del disco. Ello sin descabalgar de su habitual rock directo y formal, pero desde luego ofreciendo ahora una mayor enjundia. Ese nervio, quizá esa mala leche, que se puede echar en falta en otras entregas. El típico que te vuela la cabeza en su traslación al directo. Hay buenos coros en estribillos aquí. Sigue brillando la buena producción que tiene el álbum. Pero si algo me agrada es tanto el solo como ese rock más pesado y contundente en que se apoya de inicio. El cambio de ritmo, tan clásico como efectivo, que acometen después. Y su cuidada resolución. Hasta el fugaz guiño a nuestro idioma. Si esto no es rock de altura, no sé qué lo será.
Explota entonces “Dark Red” y el disco, lejos de perder impulso, ofrece aquí unas de sus entregas más redondas. También más potentes. Con una selección riffera que las aproxima (a destellos) hacia los terrenos del heavy metal más casual. Sandy Dee brilla sobremanera aquí. También una base rítmica empastada como en pocos momentos a lo largo del álbum. El corte entrega nervio en estrofas, equilibra con estribillos contundentes y desemboca en un solo disfrutón por desmelenado y atrevido. La cabra tira al monte, claro, pero siento muy cómodas a las austríacas en esta encarnación más nerviosa y potente. Prueba al fin y al cabo de la cintura con la que han enfrentado la escritura de este segundo largo.
“Cheri Cheri Lady”, con la colaboración de Filippa Nässil (Thundermother) en guitarras, fusila a placer el original de Modern Talking arrimándose a la cara más punk de Vulvarine. Ruge el bajo de Robin Redbreast en estrofas y vuela el doble bombo de Bea Heartbeat en estribillos para una versión libérrima y disfrutona. El cierre es para la pequeña “She’ll Come Around”, pequeño escorzo acústico, bailando entre las fronteras del grunge y el alternativo para un curiosísimo broche final.
Entre la versión de Modern Talking y el pequeño detalle acústico de “She’ll Come Around” puede que “Fast Lane” desfallezca en su tramo final. Da igual. Antes el disco ha dado razones más que suficientes para confiar. Sea con las buenas hechuras de “Polly The Trucker”, el nervio bien entendido de “Equal, Not The Same” o esa pulsión más metálica de “Dark Red”, amén de los muchos y buenos riffs que Sandy Dee dibuja a lo largo del álbum, Vulvarine han entregado un segundo disco destinado a hacer mucho, mucho ruido en años venideros. Si nada lo impide esperamos ser testigos.
La formación internacional Reveal liderada por Tino Hevia (Nörthwind, Darksun) estrena «It’s My Time» como segundo adelanto de su próximo EP para el sello FC Metal.
El trabajo estará compuesto por 5 nuevas canciones grabados por Rob Lundgren a la voz, Jorge “Yorch” Ruiz al bajo, el mentado Tino Hevia a la guitarra, Helena Pinto a los teclados, David Figuer a la guitarra solista y Dani Cabal en baterías.
01 Heaven And Hell 02 Living With The Pain 03 The Age Of Knowledge 04 It’s My Time 05 Am I The Evil
«It’s My Time» refleja la lucha, la pasión y el sacrificio transformados en una fuerza abrumadora de heavy metal a través de un videoclip que captura a una banda con actitud feroz e inflexible, donde la energía del power metal cobra vida en cada riff, cada ritmo y cada grito. La interpretación se apoya en un frenético juego de luces y colores que aumenta su intensidad, creando una sensación de velocidad imparable y poder dramático. El resultado es un asalto visual y musical implacable, épico y rápido. Más que una actuación, el videoclip es una declaración de la voluntad de Reveal de seguir adelante, cueste lo que cueste.
Segundo largo para los heavies ilicitanos de War Dogs, la banda que forman Alberto Rodríguez en guitarra y voces, José V. Aldeguer en batería y teclados, Manuel Molina al bajo y Edu Antón en guitarras. “Only The Stars Are Left” se compone de un total de diez temas grabados durante la primera mitad de 2024 y posteriormente mezclados y masterizados en Wizard Tower Studios por el Seven SistersKyle McNeill (Destral, Chantrice, Oath…) y al que adornanel diseño de Ana Skie y la pintura “El Caballero En La Encrucijada” (Knight At The Crossroads) del pintor ruso Víktor Vasnetsov. En la calle vía Fighter Records desde octubre del pasado año.
Fugaz “The Hour Of Fate”, introduce con pulso breve un álbum no precisamente escueto. A la elegancia que portan sus guitarras acústicas, War Dogs contrapondrán una “The Prosecution” donde todos sus cilindros parecerán en funcionamiento. Primero porque el riff que han dibujado para este primer corte tiene un gancho de mil demonios. Segundo porque sorprende ese inicio a medio gas, ese metal apaciguado revestido de una cierta épica en su caminar tímido y casi aletargado. Para cuando llegan las estrofas ya se vislumbra la cara más trotona de los ilicitanos y en el momento que la composición alcanza el estribillo, todo parece en su sitio. Tras el micro, Alberto Rodríguez comanda sin excesos y el bajo de Molina no podría evocar más a Steve Harris. Sí, la sombra de la Doncella sigue siendo alargada en la banda. También los buenos solos y el saberse más que conscientes de sus virtudes y también de sus limitaciones. Estupenda dupla inicial.
Riff mediante, “Riders Of The Storm” ahonda en ese parecido con Iron Maiden. El punto a favor viene a través de un desarrollo que parece empeñado en desligarse de la banda británica a fuerza de insuflar a las distintas ejecuciones un aire más a lo Riot o Brocas Helm. Cirith Ungol incluso en los momentos más pasionales. La banda dibuja entre medias buenos riffs, acompaña con certeros cambios de ritmo y, si algo echo en falta ahora, es una mayor presencia de Molina en la mezcla. Su bajo se diluye en la mezcla y este tercer corte pierde por ahí algo de empaque. Pero cuando emerge la sección solista, con el hábil duelo entre ambas guitarras, War Dogs están mostrando su mejor cara.
La más tranquila “Heaven’s Judgement” agiganta esos dejes épicos que “Riders Of Storm” entregaba a cuentagotas. Parte de un inicio calmo y reposado donde ya se deja intuir ese carácter tan grandilocuente como añejo. Su cambio de ritmo conduce hacia otro riff repleto de gancho. Clásico corte que irá ganando peso conforme transcurran las escuchas, plantea sobre esa épica desgastada un interesante juego de contrapuntos entre guitarra y voces en alguna de las estrofas más hábiles de todo el largo. El estribillo, y la forma en que se acompaña de los distintos coros, de nuevo trae a mi memoria a los neoyorquinos Riot, mientras que el solo que ocupa el centro mismo de la composición resulta más que notable.
“Astral Queen” pone a trotar a los valencianos. Consiste en un heavy metal mucho más evidente y directo. También disfrutón. Alberto Rodríguez de nuevo estira su registro sin excesos innecesarios, manteniéndose en tonos donde se encuentra a gusto y obviando cualquier impostura. La firme batería de Aldeguer acompaña apenas sin pausa a uno de los cortes que, probablemente, no fallará en sus directos. La sección solista, resultona, vistosa incluso, termina por redondear la apetecible oferta.
“Fallen Angel” contrarresta ese vigor con su avanzar pesado y arrastrado. Siempre dentro de los finos márgenes del género pero sin que ello signifique perder ni un ápice de identidad ni tampoco de carácter. En parte porque el riff de sus cuidadas estrofas brillará con luz propia. Sobre el papel ofrece un trazo más evidente, lineal incluso, el disco atraviesa por su vertiente más clásica, pero se elevará finalmente gracias al fenomenal solo que precede al epílogo.
“Vendetta”, que la banda entregó como adelanto del álbum, recupera el vigor de cortes anteriores para acometer un heavy metal que, en un primer término, derrocha tanto vigor como clasicismo. Alberto Rodríguez entrega sus tonos más épicos aquí y el hecho de que uno de los cortes más extensos del disco fuese elegido para su traslación al terreno del video lyric tiene mucho de declaración de intenciones. Salta a la vista cuando uno oye los buenos solos doblados que han dibujado aquí. También el más neoclásico que irrumpe a continuación y que debería hacer las delicias de todo buen amante de los guitar hero más al uso. El epílogo, que recupera aquél riff del inicio y lo alimenta de ese trotar tan característico, remata una de las ofertas más redondas de este segundo trabajo.
“Only The Stars Are Left” sorprende con ese inicio calmado y tranquilo. War Dogs traman inicialmente una balada que pronto transige hacia su vena más clásica. Trotan el riff y Aldeguer con él para proponer otro corte con clase y al que tampoco le falta gancho. Me gustan las melodías que acompañan a Rodríguez durante estribillos. También la forma en que las guitarras se doblan más adelante. Y en estos tiempos de solos fugaces que parecen avergonzarse de sí mismos, qué gran placer produce encontrarse con la vasta sección solista que la banda propone aquí. Extenso, hábil y memorable en toda la extensión de la palabra, apoyado por un firme doble bombo en distintas fases del mismo y desde ya uno de los grandes hallazgos del trabajo al que da nombre.
“The Seventh Seal”, cuya narración inicial remite directamente al clásico sueco de culto “Det sjunde inseglet” de Ingmar Bergman, recurre a un heavy metal fogoso y atractivo, trotón en su base rítmica y donde se suceden riffs que ganan en gancho lo que pierden en solidez. Por ahí me engancha el solo que circunda su tronco central, especialmente cuando ambas guitarras juegan a encontrarse en un vistoso juego del gato y el ratón. Tan evidente y clásica como eficaz.
Para el final queda una “The Vengeance Of Ryosuke Taiwara” donde el tópico dirá aquello de que los chicos han puesto aquí todo su empeño. Es la oferta más extensa del álbum y, como tal, resume muchas de las influencias que han alimentado a los cortes precedentes. Vuelven aquellos coros tan Riot de “Heaven’s Judgement”, Alberto Rodríguez sorprende con la que quizá sea la interpretación vocal más ambiciosa de su trayectoria y la banda se permite incluso un pequeño oasis de tranquilidad con cierto regusto a Queensrÿche. Ese puente tranquilo y el crescendo que, solo mediante, la composición va dibujando camino del epílogo, se me antojan el broche perfecto a este segundo trabajo de los ilicitanos.
Orgullosos representantes dentro de nuestras fronteras de eso que algunos han dado en llamar “New Wave of Traditional Heavy Metal”, War Dogs parecen no estar para experimentos. Y sin embargo la sensación que queda es la de que la banda ha dado un paso de gigante desde aquél “Die By My Sword” de 2020 (reseña). Esto sigue siendo metal clásico, de toda la vida, pero los chicos parecen mucho más conjuntados y seguros ahora, evidenciando cómo el obligado rodaje les ha ido convertiendo en mejores músicos y, a tenor de temas como “Vendetta” o “The Prosecution”, también mejores compositores. Atravesado además por solos de gran mérito, (fantásticos los de “Only The Stars Are Left” o “The Vengeance Of Ryosuke Taiwara”) y con un Alberto Rodríguez cada vez más seguro en su desempeño tras el micro, la banda tiene motivos más que suficientes para estar satisfecha.