A veces la vida es cuestión de pequeños pasos. Mala Reputación, seis años después de su anterior Ep “La Belleza”, regresan con otro “mini” buscando mantener viva la llama a la par que abrazan nuevos rumbos. Kiko Martínez en batería y coros, Michi Candás en bajo, coros, y la pareja Daviz Rodríguez & Juan Santamaría en guitarras y coros vuelven con un “Queda Entre Nosotros” compuesto de cinco temas cocinados entre Pablo Senatory Daniel Sevillano en el OVNI Estudio de Bonielles.
“Mírame” propicia un arranque vitalista, vibrante incluso, con buenas melodías de guitarra y el OVNI dejando patente, un trabajo más, que pocos estudios de este nivel en nuestra región (¿en nuestro país?) en lo que a rock se refiere. Todo sazonado por las ya clásicas letras intimistas, nada panfletarias, que vienen siendo santo y seña de la banda desde hace ya tiempo. Y es que “hasta las sombras más oscuras tiemblan con rayos de luz”. Pausan con un bien traído puente y rematan después con un epílogo con visos de himno. Si ellos así lo quieren, me parece un opener fantástico.
“El Hilo” fue la encargada de adelantar al Ep y, muy especialmente en lo sentimental me parece la más redonda de las cinco. Un prólogo tranquilo, que bien podría recordar al de “Fuego”, quizá uno de los cortes más definitorios de su trayectoria. Aquí me agrada esa construcción tan natural, sin prisas, sin apreturas. El buen trabajo tras esas primeras estrofas, apoyadas en esa fina línea de bajo. Luego llega ese estribillo. Redondo, con gancho, con pegada, estupendo. Un corte que me agrada tanto en lo gramático como en lo puramente sensorial. No por nada el verso “y aunque todo el mundo tiemble decidimos no caer” lleva soldado a mi subconsciente desde hace semanas. Realmente fantástica.
Luego “Accidente” pone en primera línea a los Mala Reputación más directos, más abiertamente rockeros, no por nada se trata del corte más rácano de todo el Ep. Con eso y con todo, alberga un juego entre voces de lo más hábil, ese tono entre vitalista y melancólico en el que tan bien se manejan y algún solo, engarzando estrofas, de lo más pintón. Lo que sorprende aquí es ese nervio más alternativo que surge camino del epílogo, soldado a la cara más ruidosa de los asturianos. Entra a la primera y la disfruto como el que más.
“Mi Capitán” parece recoger el testigo de su predecesora. Siguen aquí el testigo de ese rock más ruidoso, especialmente en su prólogo, y un tanto más liviano en sus primeras estrofas. Es un corte, no obstante, de pura idiosincrasia Mala Reputación. El más extenso de los cinco y, desde luego, aquí da toda la sensación de que se han tomado su tiempo a la hora de componer y trazar cada línea de guitarra, cada giro, cada recodo. Aún sin abandonar esa cualidad tan rockera, tan ruidosa incluso, el puente aquí vuelve sobre señas de identidad habituales. Esa cierta ligereza, la inconfundible voz de Daviz Rodríguez y esas guitarras tan cuidadas. Me enganchó ya de primeras y aún ha ido creciendo con el correr de las escuchas.
Y es verdad que con “Lluvia y Barro” no conecto en la misma manera en que lo hago con el resto del Ep. Pero aún así me agrada de nuevo esa construcción tan orgánica, tan tranquila, sin prisas ni compromisos. Es rock amable, de un sonido cristalino, con cuya letra eso sí conecto en menor medida que con el resto de presentes en el Ep. Claro que lo mismo me ocurrió en su día con un corte como “Océano y Lluvia” y, sin embargo, a día de hoy podría decir que pasa por ser uno de mis favoritos de entre la producción más reciente de la banda.
Y es que el de Mala Reputación es un rock de maceración lenta. Fiado en gran parte a lo sentimental pero sin caer tampoco en la lágrima fácil. Un rock a veces tan tendido y delicado como ruidoso y vibrante. Apenas (no llega) veinte minutos que vuelven a demostrar, pienso yo, que hoy por hoy son una de las formaciones más elegantes, distinguidas incluso, dentro de nuestro infatigable rock and roll. Sin panfletos, sin maniqueísmos, pero teniendo muy claro qué y cómo quieren contar las cosas. Su visión crítica del mundo que nos rodea, su modo también para, desde lo interior, hablarnos de lo universal. Si las cosas siguen el cauce previsto, será un placer verles en el próximo Unirock.
Debut en formato Ep para los metaleros vizcaínos de nuevo cuño Stolen Soul. O lo que es lo mismo: Argo en baterías, Andima con la guitarra solista, Aritza con la rítmica, Iker al bajo y Ángel a las voces. “Seek Revenge” fue estrenado a finales de octubre del pasado 2025.
Y se trata de un Ep donde los chicos no pierden el tiempo. “Alive” arremete, sin introducciones ni zarandajas de ningún tipo, con un metal directo y sin concesiones. Alterna brío y groove, compone estribillos lacónicos y entre las estrofas uno puede seguir el rastro de gente como Hamlet o System of a Down. Lo bueno es que la banda parece haberse tomado el tiempo suficiente a la hora de componer. Es algo que parece latente en esa escritura intrincada. En la buena gama de riffs que la soporta. Hay una producción muy equilibrada. Desde el bajo al solo de Andima, todo adquiere su debida cuota de protagonismo. El solo de éste último, por cierto, no va falto ni de extensión ni tampoco de clase. Un buen arranque, con las posiciones firmes y gancho más que funcional.
“Rise Above” porta un aire más melódico. Casi cercano a bandas como Sinaia o A Day to Remember. Las voces adquieren un mayor color, disfruto de esa mayor alternancia que muestran. También de la línea de batería de Argo y la buena base rítmica que compone al alimón con Iker. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de los cinco, pero fue el que más arraigó ya desde las primeras escuchas. Y si bien como digo es una entrega atravesada por una mayor melodía, la banda tampoco abandona el nervio aquí. De resultas de todo ello “Rise Above” se erige ágil, eficaz y muy disfrutona.
“Restless”, por su parte, arranca desde posiciones algo más heavies. Dan fe de ello esas guitarras dobladas del prólogo. También ese riff pesado, muy clásico, que conduce hacia las primeras estrofas. Ahí me agrada el modo en que dichas estrofas han sido construidas. El modo en que van transitando hacia posiciones más contemporáneas. Puede que estas sean las mejores voces de Ángel en todo el Ep. Desgarradas, que no inteligibles. El puente central acoge una mayor pesadez, un groove muy marcado y bien medido, con el bajo de Ikerrestallando a placer. Luego Andima coloca otro buen solo y “Restless”, retorcido epílogo mediante, consigue llegar a buen puerto. Un corte de fuerte personalidad dentro del Ep…
… que, “Whispers” mediante, vira de nuevo hacia el metal más pesado y groovie. Entrega más extensa de este “Seek Revenge”, da desde luego la impresión de que la banda ha querido echar el resto en lo que a composición se refiere. Avanza con pesadez en sus primeras estrofas. Después ofrece unos llamativos coros, a voz limpia, para de nuevo confluir en ese metal rocoso y casi monolítico. En su tronco central y para acomodar el solo, la banda opta por ritmos más vivos primero y más pesados después. Ahí donde emerge de nuevo el Ángel más vociferante. También otra buena ensalada de riffs crudos y pesados. A fin de cuentas, un corte de esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con las escuchas. Doy fe.
El cierre corresponde a “Bellow”, donde sobresale el modo en que la banda acierta a alternar ritmos en las que pueden ser algunas de las estrofas más redondas del Ep. De nuevo esa alternancia en voces tan bien resuelta. De lo prístino de sus estribillos al puro desgarro posterior. De nuevo muy bien Ángel aquí. Sin tampoco inventar nada, Stolen Soul se las arreglan para componer un último corte, cuanto menos, atractivo en cuanto a técnica y ejecución se refiere.
Metal contemporáneo entre nervio, pesadez y melodía. Son cinco temas en los que (casi) cada uno parece adherirse a una corriente en particular. Que lo mismo vibra cerca de los Machine Head más thrash que alberga guiños más melódicos o se funde hacia el groove más rocoso y pesado. Lo mejor, en todo caso y amén de la buena producción del Ep, es que todas esas influencias confluyen hacia un nexo común. Hay buenos detalles en el plano técnico, Ángel compone buenas líneas de voz y la base rítmica empasta esa variedad estilística sin grandes apuros. Nada mal tratándose de un primer trabajo. El punto de partida de Stolen Soul no podría haber pintado mejor.
Una leyenda que se extingue. “Megadeth” es, según parece, la última parada en la trayectoria de la legendaria formación norteamericana. Es, al mismo tiempo, la primera para Teemu Mäntysaari (Wintersun), reemplazo del brasileño Kiko Loureiro (ex Angra) en guitarras. En baterías Dirk Verbeuren (The Project Hate MCMXCIX), al bajo James LoMenzo (ex Black Label Society) y, claro, a la voz y guitarra el ínclito Dave Mustaine. Chris Rakestraw junto a los propios Mäntysaari & Mustaine produjeron los once cortes que ocupan esta obra final. Adornado por el arte de Blake Armstrong, el álbum ha visto la luz vía BLKIIBLK Records, sello hermano de Frontiers.
“Tipping Point” es un buen inicio. Seco y contundente. Y aunque no porte riffs extraordinarios, dispone buenos detalles en lo técnico, una producción sólida y un ritmo que recuerda a los mejores Megadeth. Aunque no logre deshacerme de la misma sensación que, en su día, me provocó “Spit Out the Bone” de Metallica: recuerda a sus mejores tiempos pero es, a ratos, tan auto consciente que roza la parodia. Tampoco me malinterpretéis: me parece un más que decente inicio de álbum. Al menos es capaz de decirme algo, cosa que otros cortes apertura recientes del viejo Dave ni alcanzaban.
“I Don’t Care”, si logro deshacerme de esa letra tan infantil, me agrada por el modo en que, a grandes rasgos, me recuerda a una de las obras magnas del americano: “Peace Sells”. Dirk Verbeuren está más que ágil tras los parches. Es el mejor fichaje que ha hecho Mustaine en años y aquí pone de su parte para sacar adelante un corte vivaracho, de riffs más serviciales que ágiles, donde el nivel técnico en cuanto a solos vuelve a estar a buen a la altura. Y aunque ya digo que me cuesta creer que una letra como esta haya sido compuesta por un tipo que el próximo septiembre cumplirá los 65, también pienso que merecía algo más que esos poco más de tres minutos que marca en el reloj.
“Hey, God?” sigue siendo pura idiosincrasia Megadeth. En lo bueno y en lo malo. El riff principal, sin que nadie se haya roto los cuernos en componerlo, tiene ese gancho y esa pegada tan clásica de la banda. Aquí y allá hay buenos adornos entre los versos. Verbeuren está de lo más disfrutón tras los parches. Desde luego uno de los baterías más sólidos que han acompañado a Dave desde la partida del tristemente desaparecido Nick Menza. Todo resulta una plegaria al modo Mustaine. Un diálogo entre este y su Dios, aparentemente ausente, que no obstante sabe sacar lo mejor de la banda en cuanto a despliegue técnico. Me agrada.
Y al menos “Let There Be Shred” hace por insuflar un poco más de nervio al asunto. Orgullosa y absolutamente auto referencial, me funciona de tanto en cuanto parece directamente extraída de las sesiones del indiscutible “Rust In Peace”. Aunque tenga que despegarme de su aspecto lírico, al que encuentro de nuevo un tanto naif, lo cierto es que musicalmente acierta a mantener alto el nivel en cuanto a despliegue técnico se refiere. Al menos mientras Verbeuren transita por las partes más veloces y no tanto en otras que he sentido algo más forzadas. Otro corte que salvo de la quema en cualquier caso.
Entonces llega “Puppet Parade”, Mustaine vira hacia su registro más hosco y empiezan mis problemas con este, aparentemente, último trabajo. No comulgo en gran medida con esas estrofas casi susurradas. Pero es que tampoco con unos estribillos mecánicos, sin atisbo alguno de alma. Y es una pena porque, al menos en lo puramente musical, su puente central sorprende con tonos algo más alternativos, que quizá recuerden al periplo noventero de la banda, aquél que entregara álbumes como el recordado por unos, odiado por otros “Youthanasia”. Pero a grandes rasgos (y aunque la sección solista vuelva a estar a la altura) me resulta un corte muy carente de chispa.
“Another Bad Day” resulta llamativa, al menos, por ese fuerte poso melódico del prólogo. Y Dave vuelve a poner algo más de ímpetu en voces. No como para recordar al de sus mejores tiempos, tampoco es cuestión de exigirle tanto a estas alturas del cuento, pero sí que con un poco más de nervio e incluso pasión. Lo que no quita para que el corte en su conjunto, no deje de sentirse (otra vez) algo mecánico y sin alma. Como digo él hace un mayor esfuerzo tras el micro. Pero ni por estructura, ni por los solos que alberga en su tronco central resulta un corte capaz de capturar mi atención. ¿Me habré vuelto yo demasiado exigente con estas viejas glorias? ¿Por qué esto iba a ser mejor que, yo que sé, el nuevo de Exodus?. Aquél puede que tampoco sea el mejor trabajo de Gary Holt y compañía, pero al menos han probado a hacer cosas distintas. A llevar su thrash metal un par de pasos más allá. Todo lo contrario a lo que sucede aquí.
“Made To Kill”, y su prólogo a mayor gloria del belga Dirk Verbeuren, puede ser lo más digno de esta segunda mitad del disco. De trazo sencillo que no simple, de ritmos vivos y riffs a un rato inteligentes, al otro de lo más serviciales, funciona del mismo modo como vehículo para enseñar la pericia técnica de la banda y también de testigo de que el viejo Dave, cuando le da la gana, aún es capaz de trazar cortes de metal candente, vigoroso incluso, al nivel de otros tantos músicos de su misma generación. No descarto que, con el paso de los meses, acaba siendo mi favorita de las diez (más una).
“Obey The Call” borra pronto esa sonrisa. Mustaine vuelve a esos tonos casi anodinos de “Puppet Parade” y el corte, a grandes rasgos, vuelve a ser incapaz de capturar un mínimo de mi atención. Ni siquiera me parece que las melodías con las que el de La Mesa se acompaña en los distintos versos sean dignas de un álbum de Megadeth. Y suerte que, al menos, alguna de las distintas secciones solistas que trazan aquí poseen un mínimo de alma y nervio. Pero es que estamos hablando del que no deja de ser el álbum homónimo de la banda. El que se supone que es el último trabajo de una leyenda de esto. Con razón hay fans a quienes les resulta dolorosa la sola escucha del álbum. Y no les culpo.
Pero la que me duele especialmente es “Obey The Call”, que desaprovecha su elegante prólogo en pos de otro desarrollo mecánico, tenue, casi indolente, con Dave vocalizando con una desidia, una apatía impropias del hombre que una vez comandó la que fue, fácilmente, la banda más avanzada del género. Supongo que el tiempo a todos nos alcanza. Cuatro minutos largos que parecen diez y recuerdan a los peores momentos de unos Metallica post “Death Magnetic”. Ni siquiera ese epílogo acelerado y vistoso en lo solista logra sacarme del sopor.
“I Am War”, que levante la mano quien este prólogo no le recuerda a Accept, al menos tiene ciertos riffs con gancho. Dave vuelve a cantar sin grandes pretensiones. Pero al menos se reviste de buenas melodías bajo estribillos y permite que LoMenzo gane ciertos enteros en la mezcla. Ese mayor empaque de la base rítmica opera en favor del corte en general. La banda suena más sólida ahora, si bien es otro corte que, desde el punto de vista gramático, no viene a ofrecer grandes sorpresas, engarzando con ese espíritu algo dejado de los últimos trabajos de Mustaine. Cumpliendo con el expediente, al menos.
“The Last Note” es la despedida final. Un Dave más hosco y oscuro que de costumbre nos recibe en el prólogo. Nada de tristes baladas. Si va a decir adiós, que éste se rubrique con un corte para el recuerdo. Que es el caso… solo a ratos. Porque del mismo modo que me llaman la atención ciertas decisiones (el llamativo uso de guitarras acústicas ), me resulta de nuevo algo mecánica y falta de alma en estrofas. A ratos, también en estribillos. Elegía a mayor gloria del pelirrojo:
“The final curtain falls, a quiet end to it all”
Y tanto que sí.
Para el cierre queda una “Ride The Lightning” que muchos nos preguntamos si era realmente necesaria. Versión (o no, pues él mismo constaba en los créditos como bien sabréis a menos que hayáis aterrizado en este planeta antes de ayer) del clásico que daba nombre al segundo de Metallica, y aquella donde más salen a relucir las (actuales) carencias de Mustaine al micro. Intachable en lo musical, solo cabía esperar eso de una alineación como esta, pero que, pienso ahora, se queda a mil millas del original que Hetfield y compañía grabaran allá por 1984.
Si este es verdaderamente el adiós de la banda, ésta ha venido a firmar el que puede ser su trabajo más flojo (o desequilibrado) en años. Y fíjate que cuando el disco arranca con “Tipping Point” me las prometía felices. Una idea inicial que la apatía de Dave Mustaine, cierto conformismo en la construcción de las canciones, incluso algunas letras algo infantiloides mandaron al cuerno. Una pena. Dirk Verbeuren, que puede ser sin mucho esfuerzo uno de los mejores baterías vivos, deja apenas tres o cuatro detalles memorables a lo largo del álbum. De LoMenzo apenas hay noticias y suerte que entre el pelirrojo y Teemu Mäntysaari han dibujado algunos buenos riffs y mejores solos. Todo, en cualquier caso y ahora mismo lo siento así, muy por debajo de lo que muchos esperaban como elegía a una de las bandas más importantes no ya del thrash sino del heavy metal en general. No diré que me dan ganas de llorar, pero casi. Hasta siempre y gracias por todo.
La leyenda británica Deep Purple lanzará al mercado el 3 de julio a través de su sello habitual Earmusic un nuevo disco de estudio bajo el título «SPLAT!«.
01 The Only Horse In Town 02 Sacred Land 03 Ghost In The Machine 04 Mercury Rising 05 Echoes Of The Colosseum 06 SPLAT! 07 Midnight Revelations 08 Neon Horizon 09 The Last Stand 10 Final Curtain Call
De nuevo con la producción de Bob Ezrin, el disco promete recuperar el sonido más potente y directo del grupo. En palabras de Ian Gillan, este nuevo álbum conecta con la energía y dinámica de clásicos como “Highway Star” o “Smoke On The Water”, reivindicando el espíritu de los años 70. El álbum vira a una obra conceptual concebida por Gillan que plantea el fin de la humanidad no como destrucción, sino como transformación. El lanzamiento llegará acompañado de una extensa gira mundial con 86 conciertos en 28 países, que incluye 6 paradas en nuestros escenarios (Gredos, Pamplona, Málaga, Jerez, Barcelona y Madrid). Entradas disponibles a través del siguiente enlace: https://www.getrock.es/conciertos/deep-purple
Segundo largo para las huestes thrash pamplonicas Electrikeel, el trío que forman Xabier Recalde en bajo y voz (Arkhos, ex-Evil Killer), Jon Laguna en baterías (ex-Grave Dust, ex-MDO) y Asier Bendoiro en guitarra y voces (ex-Grave Dust). “Solve et Coagula”, que sucede a aquél “Straight Outta Depths” de 2023, se compone de diez cortes grabados, mezclados y finalmente masterizados por el Legen BeltzaEkaitz Garmendia (Altarage, Wormed, Numen, Elizabeltz…). El arte que adorna la portada es obra de Raccooneyes Art, mientras que Ana EG cargó con los diseños del álbum. En la calle vía Demons Records desde el pasado mes de marzo.
Lo mejor de “To The Bitter End” es la inmediatez con la que te introduce en el mojo del álbum. Sin adornos. Solo thrash lacerante, vociferado con toda rabia y conducido sobre riffs más eficaces que vistosos. Ahí funcionan los pequeños escorzos melódicos que exuda la guitarra de Bendoiro. También esas partes más crudas y pesadas, ahí donde emerge, aportando un mayor grosor, el bajo de Recalde. No pasa por ser el corte más técnico del álbum pero es una buena llamada a las armas. Concisa y directa, rematada en su tercio final por un buen solo de guitarra. Desnudo de rítmica, tal y como sonaría en vivo.
“Feel The Eel” recoge esa cualidad tan orgánica del primer corte, apostando ahora por un prólogo más pesado y rocoso. Ellos desatan luego su habitual thrash directo y febril, acunando riffs (ahora sí) que no sacrifican una cierta técnica. Es una construcción más abierta y dinámica, con ambas voces jugando a encontrarse sobre buenos cambios de ritmo. Me agrada ese metal lacerante que irrumpe camino del tronco central. El modo en que desarrollan esa pesadez. También cómo el solo arranca, de nuevo, sin el apoyo de una guitarra rítmica, ayudando a amplificar esa faceta tan puramente orgánica de su manera de entender el thrash metal.
En “Egomaniac Frenzy” encontramos alguno de los riffs con más gancho de todo el álbum. Sin perder esa vena tan puramente thrash, lo cierto es que este es un corte que puede resultar algo más fácil de digerir para una gran mayoría. Ya digo, aún cuando los chicos están pariendo metal debidamente flamígero y lacerante. Pero hay una cierta cualidad aquí que la debería convertir, de inmediato, en una fija en sus directos. Algo que el avance tan machacón de su (llamativo) tronco central no hace sino refrendar.
Otra que parece construida con el directo como principio y fin es “Flesh Dematerializer”. Ya desde uno de esos prólogos que parecen llamar al circle pit, Bendoiro está más que hábil a la hora de acometer los distintos riffs. Sin tener una construcción tan cerebral como pueda ser la de “Feel The Eel”, lo cierto es que este es uno de los temas que primero y mejor arraigó en mi subconsciente. Thrash siempre orgánico, cercenado sin ningún tipo de cortapisa y rematado por otro buen solo previo al epílogo. Contundente y sin complejos. Así sí.
Partiendo desde un prólogo de lo más elegante, el tema título “Solve et Coagula”, desata luego una de esas tormentas de thrash violento y cerril tan habitual en el trío, que se arrima aquí incluso a las lindes del black metal (pienso en bandas como Toxic Holocaust, Sabbat, primeros Sodom…), fundiendo rabia y descontento, mal café y técnica, no sin cierta pericia. Y aunque eche en falta un solo más ambicioso (en cuanto a desarrollo) que termine de apuntalar ese tramo final, no me cuesta entender los motivos por los cuales esta quinta entrega terminó por dar nombre al disco al segundo de los pamplonicas.
Me agrada ese aire tan Anthrax que emana del prólogo de “At The Brim Of Madness”. También el modo en que los riffs de Bendoiro se oscurecen después, buscando quizá una mayor enjundia a este sexto corte. El trío afianza aquí ese viraje hacia territorios más extremos que anticipara el tema título. Thrash violento, con la base rítmica de Recalde y Laguna empastada al milímetro. Es un corte que me agrada igualmente por esa construcción tan diversa, enfrentando (colisionando casi) ese nervio más black con un metal más pesado y machacón. Una producción que no escatima en pegada, esas voces siempre agrias, indómitas, y un mayor desarrollo que la media de cortes del álbum. Algo que opera en favor de ese buen solo de guitarra. Lástima de fade out final, eso sí.
“Caballo Blanco” pasa por ser uno de los cortes más llamativos de esta nueva hornada. Arranca como un medio tiempo muy marcado por el black metal más orgánico para después perderse en una tormenta de thrash rabioso y directo, marca de la casa. Relativamente breve, no alcanza los cuatro minutos, y sin embargo dueña de uno de los solos menos contenidos de los muchos que Bendoiro ha reunido esta vez. Me agrada y me descoloca casi en la misma medida.
Así las cosas, “Outlaws From Outer Worlds” parece retornar hacia una versión mucho más canónica de Electrikeel. Esto es: mala baba y metal directo, todo a una, con la salvedad de que estamos ante el corte más extenso de los diez. Y desde luego da la sensación de que la banda se ha tomado muy en serio esta octava entrega. El trazo es diverso, ágil, lleno de buenos cambios de ritmo. Éstos se suceden apoyados en buenos riffs de Bendoiro, si bien a ratos echo en falta un bajo que apuntale a la base rítmica en mayor medida. Hay un estupendo solo de guitarra firmemente apoyado en su tronco central, un puente que dará la cara más progresiva del trío y un cierre muy funcional. Si no me engaña la chuleta es el corte más extenso de su (aún corta) discografía y me atrevería a afirmar que han salido más que airosos del envite.
“Mysterious Ways”, aunque menos ambiciosa, resulta en un metal de lo más disfrutón. Con un arranque que parece fundir a Motörhead con los Dark Angel más cerriles, luego puede pasar algo inadvertida a estas alturas del disco. En esencia es un corte que sigue las grandes líneas maestras del trío con un Laguna desatado tras los parches. Entremedias emergen buenos (si bien algo tímidos) detalles melódicos, otro notable solo de guitarra y su clásico ataque a dos voces. Funcional.
Para el final queda la violentísima, aunque breve, “Death In Plastic”. Un pildorazo cercano al grind para cerrar, a full de mal café, este buen “Solve et Coagula”.
Rabia sin complejos. Electrikeel no se andan con miramientos. Mucho nervio y poco relajo en un segundo álbum que los emparenta con las formaciones más furibundas del género. Lo que está bien es esa producción angosta pero discernible, esa cualidad tan orgánica de su thrash metal (el álbum da la sensación en muchos momentos de haber sido grabado a puro directo), el trazo ambivalente de cortes como “Feel The Eel” o la mayor ambición que muestran en “Outlaws From Outer Worlds” o “At The Brim Of Madness”. Entremedias hay cortes que me dejan algo frío, otros que incluso me descolocan, pero con eso y con todo un más que interesante álbum de puro thrash metal.
De nuevo a través del sello norteamericano Small Stone Records verá la luz el 19 de junio «Eerie Meadows» el tercer álbum de estudio para los ovetenses Green Desert Water. Compuesto por 8 temas la formación compuesta por Kike Sanchís (guitarra y voz), Juan Arias (bajo) y Dani Bárcena (batería) nos presenta un trabajo grabado y mezclado por Sergio Tutu en Tutu Estudios, coproducido por Diego Martínez y Sergio Tutu y finalmente masterizado por Chris Goosman en Baseline Audio Labs (Michigan).
Con portada y artwork obra de Ossobuko Studio, el álbum cuenta con diseño adicional por Alexander Von Weiding y coros de Álvaro Bárcena. Apenas 37 minutos de duración para un disco que explora desde la inicial de «Northern Lights» hasta el cierre «Meteora» temas como la pérdida, el poder primigenio y la supervivencia espiritual. Dueños de un estilo propio el nuevo trabajo trae consigo un paso adelante en su característica fusión de psicodelia intensa y melodías arraigadas en los 70’s, expresando de forma fluida la fuerza del grunge y las vibras más boogies. «The Blacksmith» es su primer sencillo promocional y puede escucharse a continuación:
El lanzamiento en CD y formato digital contará con una edición limitada de 200 copias en vinilo azul de 180 gr. con salpicaduras naranjas y verdes disponible ya la reserva a través del bandcamp del sello.
Un nuevo comienzo para la iguana. Jero Ramiro abandonaba la disciplina de la banda el pasado mes de enero, dando pie a que el peruano Charlie Parra del Riego, quien ya girara con el cuarteto por tierras americanas, fuera finalmente quien pasara a ocuparse de las seis cuerdas. Junto al de Lima siguen el bajista de toda la vida Niko del Hierro, la voz de Tete Novoa y la batería de Arnau Martí. El álbum se grabó en los New Life Studios de su Madrid, con los ArwenJosé Garrido y Daniel Melián a cargo de la producción. Asimismo, éste último corrió también con las tareas de mezcla. Enrique Soriano sería el encargado finalmente de masterizar los diez cortes en Crossfade Mastering (Valencia). En la calle desde el 24 de abril vía Maldito Records.
El caso es que el disco no pierde el tiempo y va directo al grano. “Inteligencia artificial (IA)”, sí, unos Saratoga en estado puro, ofrece una buena muestra de la cara más melódica de la banda. Novoa arremete con su ya clásico registro y completa unas estrofas, pienso, bien pensadas y construidas. Un estribillo marca de la casa, una producción más que correcta y buenos cambios de ritmo en los engarces entre coro y estrofas. Parra despacha un buen primer solo y, en resumen, resulta un primer corte que no creo sorprenda ni tampoco decepcione.
“A Toda Velocidad” se arrima sin remedio a la cara más power de la banda. Esa que ha ido y viniendo especialmente en trabajos más recientes con Novoa al frente. Parra exhibe músculo solista ya desde el prólogo mientras Martí y del Hierro aportan la contundencia debida. Firmes, sólidos, sin florituras, más serviciales que vistosos. Un corte para que Novoa deslice sus bien conocidos tonos altos y la banda, en conjunto, facture uno de esos cortes con visos a funcionar como un verdadero tiro en directo. El frenético solo de Parra, a tono con el corte que lo alberga, puede ser fácilmente uno de mis favoritos de todo el largo.
“Silencio” pone de relieve entonces a los Saratoga más pesados, casi oscuros, en una onda que me viene recordando al (pienso que) algo infravalorado “El Clan De La Lucha”. Novoa está definitivamente más grave al abordar estas estrofas. Hay riffs de Parra que se ennegrecen en consecuencia. Y, al final, uno solo echa en falta un desarrollo algo mayor que apuntale alguna de las buenas ideas que la banda ofrece aquí. Con eso y con todo, me agradan las melodías que el propio Parra acomoda bajo muchos de los versos. O cómo del Hierro se guarda un pequeño escorzo antes del solo de guitarra, quien sale una vez más que airoso con un buen desarrollo técnico.
“Alma De Cristal” viene a entroncar con la larga tradición de baladas / medios tiempos de la banda madrileña. Del arranque elegante, muy hard rockero, a esas primeras estrofas apenas a guitarra acústica y voz. Una voz, la de Tete Novoa, que ofrece aquí una de sus interpretaciones más redondas, realizada sobre un aspecto lírico de lo más reconocible. En primera instancia es un corte más funcional que vistoso. Casi académico en ese crescendo que va dibujando, pero donde me cuesta conectar con el solo que dibuja Parra. Para el cierre quedan pequeños detalles sinfónicos, un piano muy bien metido y esos coros casi gospel del mismo epílogo. No puedo decir que la desprecie en su totalidad. Tampoco que me entusiasme.
Y da igual porque “Vientos De Libertad” vuelve a traer a los Saratoga más clásicos. Una de esas composiciones donde la banda deja la sensación de sentirse más que cómoda. Novoa rasga en estrofas y sube hasta tonos imposibles estribillos. De nuevo clásico pero muy funcional. El bajo de del Hierro gana no poco peso aquí. Junto con Martí ofrece una base rítmica, consistente, y es que gustos de cada cual al margen, rara vez fallan en esto. Tampoco lo hace Parra con otro solo donde vuelve a ofrecer su mejor cara. Una lírica, diría más que ninguna otra de todo el largo, que no podría resultar más auto reivindicativa. Pura idiosincrasia Saratoga, desde luego.
“Alma Perdida” ofrece un buen prólogo al que siguen hábiles melodías por parte de Parra. Por eso me sorprende que los riffs que trama después sean serviciales, casi utilitarios, mientras Novoa conjuga esa interpretación algo más oscura a lo “Silencio” para desembocar en un buen estribillo. Y digo bueno por el modo en que el de Pinto no necesita de tonos imposibles, más bien al contrario. Un Novoa más contenido, más terrenal y quizá otro de los cortes que podrían funcionar de cara al directo. Estupendo epílogo con Parra adornando los tonos, ahora sí, más altos de Novoa. Me agrada, me funciona.
Parra se mostrará de nuevo efusivo en el prólogo de “Basta Ya De Horror”. El corte juega a alternar el poso más clásico de las estrofas con el mayor nervio de los estribillos. Todo bajo una letra antibelicista, reivindicativa al modo Saratoga, que si bien no me atrapa, entronca con la más pura tradición del cuarteto. En cualquier caso resulta un corte muy fiel al ya extenso legado de los madrileños. Buenos cambios de ritmo, un Parra más que hábil (estupendo ese solo del tramo central) y Novoa doblando voces aquí y allá. Me convence solo a ratos.
“Todo Acabó”, marcada desde el prólogo por una llamativa labor de Martí tras baterías, es otro de los cortes más sorprendentes del álbum. Sin llegar a desprenderse del sonido más clásico de la banda logra sonar algo más oscura al tiempo que desliza un mayor nervio en lo técnico. Y aunque todo esto venga aparejado a un aspecto lírico que no me agrade del todo, no deja de resultar una canción que oxigena y amplifica el rango sonoro del álbum.
Niko del Hierro toma las labores vocales en “Te Vistes De León”, otra de las que viene a entroncar con el espíritu más sucio y a la vez clásico. La más breve de las diez, muestra de nuevo a un Parra más que hábil a las seis cuerdas. Todo se acompaña de un aspecto lírico que, no quisiera yo decir que está dedicado a las cuitas del bajista para con Jero Ramiro, pero desde luego la sensación que ofrece es esa. La más breve de las diez y la que, presumo, hará correr más “ríos de tinta” que diría aquél.
Regresa Novoa al micro para la final “Somos Fuego”, que me resulta un cierre más que hábil. Lo primero porque tiene, a mi juicio, uno de los mejores estribillos del disco. También por lo hábil que está del Hierro a la hora de acompañar a Martí en base rítmica. Parra traza un muy buen solo antes de un puente de corte casi atmosférico, con un gran trabajo de Novoa en voces. Fue el primer corte que escuché perteneciente a este nuevo disco y también el que más ha crecido desde entonces. Tal vez porque, por algún motivo, me recuerda a “Buscando El Perdón”, una de mis favoritísimas dentro del basto catálogo de los madrileños. Gran cierre.
No siento ahora mismo que el disco sea un diez pero desde luego que, tras la traumática salida de Jero Ramiro de la disciplina de la banda, servidor contaba con enfrentar un desastre y, siento ahora mismo, “En Estado Puro” dista mucho de la catástrofe, por mucho que haya ideas y propuestas con las que aún me cueste conectar. Aprecio no obstante esa cierta suciedad que irrumpe a veces, lo integrado que parece ya Charlie Parra del Riego, por ahí quedan unos cuantos solos de mérito, amén del desempeño de un Tete Novoa que sigue a gran nivel. Es un frontman que, me consta, despierta tanto filias como fobias, pero a fuerza de ser justos, aquí vuelve a parecer en su salsa. En el agudo más alto pero también en los tonos más oscuros. Niko del Hierro, puro oficio, deja una gran labor a las cuatro cuerdas, amén de uno de los cortes más llamativos (aunque sea por motivos extra musicales) de todo el largo y, junto con Arnau Martí, construye una más que eficiente base rítmica. Heavy metal de toda la vida, con sus trazas de power & hard de siempre y una banda que, treinta años de carrera, se dice pronto, no piensa levantar el pie del acelerador. Ni tan mal, oiga.
Son nada menos que dieciocho años los trascurridos desde su anterior largo “Tiempos De Cambio”, que viera la luz allá por 2008, y que por fin encuentra su continuación en este “Máscaras y Demonios”. Javi Ochoantesana y Tuko (guitarras), Diego Saiz (bajo) y los más recientes fichajes Javier Murga (batería) y la colaboración de Dani G. (voces) integran a día de hoy la alineación del quinteto. Este cuarto largo consta de diez cortes producidos, grabados, mezclados y finalmente masterizados por el propio Dani G. en sus Estudios Dynamita. Vio la luz el pasado quince de abril vía Maldito Records.
La “Obertura Del Mesías” pone todo el peso sinfónico para revestir esas guitarras del prólogo. Es una intro mayestática, grandilocuente, acomodado anticipo de esta “30 Monedas De Plata” donde los cántabros vendrán a poner toda la carne en el asador. Power metal avasallador, de incesantes dobles bombos y fuerte carga sinfónica. Y un Dani G. que, claro, recuerda sobremanera al que grabara buenos álbumes con Darksun. Al margen del registro del también frontman de November, hay algo en esta dupla inicial que me recuerda a la buena gente de Vhäldemar. En especial toda vez irrumpe la frenética y muy cuidada sección solista. “30 Monedas De Plata”, finalmente, puede no ofrecer grandes sorpresas en lo que a estructura y composición se refiere pero muestra a una banda en plena forma.
“Tan Cerca Tan Lejos”, a su vez, recuerda a los Stratovarius más vibrantes. Siempre con el buen sonido de los Estudios Dynamita y con Dani G. componiendo una más que interesante línea de voz. No cesa Murga en percutir desde el doble bombo mientras Tuko y Ochoantesana trazan riffs más serviciales que distinguidos. Me agradan esos engarces entre estrofas, dinámicos, vistosos. Es power metal incesante, en vibraciones altas, que nos retrotrae a principios / mediados de la primera década de los 2000, orgulloso en el despliegue técnico y sin complejos. Que no teme dibujar solos bien apostados, extensos y cuidados. Y que, a pesar de toda esa carga sinfónica que despliegan, acierta a sonar orgánico, potente.
“Barco De Papel”, que pasa por ser otro de los cortes más rácanos de todo el álbum, se desliza ahora hacia una senda más heavy, más clásica, que a ratos bien podría recordar a ciertos momentos de los gallegos Ankhara. A grandes rasgos queda la sensación de que “Máscaras y Demonios” se toma un pequeño descanso aquí. Todo ello sin que Murga afloje con el doble bombo ni Ochoantesana con los solos de guitarra, ahora de un marcado corte neoclásico. Funcional. Al fin y al cabo ofrece todos los rigores y alguna de las habituales faltas de los singles adelanto.
“Algún Día”, y el tan inequívoco como inevitable deje a Helloween que ofrece ya desde el prólogo, tal vez sean los Adgar más redondos de todo el CD. Afilados, directos, de buenas estrofas y mejores estribillos. Power metal quintaesencial, auto referencial en cuanto a líricas, y donde mayor peso adquiere la buena producción de la que gozan estas canciones. De la decena, quizá la que más me recuerda a los Adgar de siempre. Orgulloso power metal, guerrero y vigoroso, entre las calabazas ya mentadas y un aspecto lírico que parece salido de los Avalanch del “Llanto De Un Héroe”. No hubiera despreciado una sección solista algo más amplia. Con eso y con todo, fácilmente una de las entregas más firmes de este nuevo trabajo.
“La Huida”, por fin, se atreve a cambiarle el paso al disco. Ofrece, ya de entrada, un aire más hard / heavy, pasando por ser, pienso ahora mismo, el corte con más gancho de todos los aquí reunidos. Desde los riffs que traman Tuko y Ochoantesana a esa línea de voz al más puro estilo Dünedain, pienso en un corte como “A Un Paso Del Cielo”, todo casa para ofrecer a los Adgar más accesibles y también pegadizos.
Así las cosas, “Puños De Acero” vuelve al power más clásico y académico. A bordo de otras de esas líricas auto referenciales, reivindicativos al modo tan habitual dentro del género, Adgar componen un corte agradable, distendido incluso, con Murga marcando firme el ritmo tras baterías y Tuko & Ochoantesana dibujando otra buena sección solista antes del epílogo. No es la que más me ha calado en las distintas escuchas al disco pero agradará a quienes busquen power metal bien construido y ejecutado.
Ahondando aún más si cabe en esa vigorosa forma de entender el power metal, aquí por momentos casi fulgurante, “Las Oscuras Golondrinas” propone a los Adgar más zapatilleros. Velocidad, doble bombo y voces, agudísimas ahora, del bueno de Dani G.. Sin muchas sorpresas en cuanto a estructura, apostando por una escritura tan clásica como funcional. Válida más por el extra de picante que le aporta al disco que por cualquier otra cosa.
Pero sin salirse de esos preceptos firmes, casi férreos, es cierto que “Entre La Espada y La Pared” entrega un (leve) deje más chulesco que le sienta pero que muy bien a esta parte final del álbum. Con todo el aire de ser un tema que podría dar buenos réditos en vivo, Dani G. vuelve a ofrecer aquí su no poco amplia gama de registros. Un corte con pegada, bien adornado desde las guitarras de Tuko y Ochoantesana. Tanto en riffs como en esos duelos solistas previos al epílogo. Metal conciso y batallador, otra de las que siento mejor logradas de entre las diez (aún cuando me chirríe alguna de las (no) rimas).
El cierre es para la pequeña “Punto y Final”, junto con “La Huida” lo más diferente de todo el álbum. Unos Adgar en una clave algo más oscura, dentro de lo que cabe, y una serie de ideas que bien daban para algo más que esos escasos 3:24 que marca en el reloj. A ratos veloz, a otros más machacona y finalmente grandilocuente en esos estribillos, ampulosos y recargados, marca de la casa. No la desprecio pero tampoco puedo decir que me enganche.
No voy a negar que, “Entre La Espada y La Pared” al margen, el disco se me desinfla en su parte final. Y es una pena porque en lo que sería su hipotética cara A ofrece píldoras de fino y potente power metal. Tan orgullosamente clásico como despreocupadamente vigoroso y contundente. Dejando traslucir sus influencias, ejecutando buenos riffs y mejores solos. Con un Dani G. desbocado en voces y Murga infatigable tras baterías. Power elemental para devolver al primer plano de la actualidad a los cántabros de la mejor manera posible.
La formación asturiana de power metal Victoria compuesta por Fran Rivas (Delalma, Eyrem) a la voz, Diego Prendes (batería/teclados), Roberto Mon (guitarras) y Víctor G. López (bajo) estrena el vídeo lírico «Transgresora Realidad» como segundo sencillo de su trayectoria.
Tras darse a conocer el pasado año con la canción «Al final…«, la historia de una niña de 12 años que, en septiembre de 1937, fue evacuada de Asturias desde el Puerto de El Musel en Gijón, debido al avance de las tropas franquistas, poniendo rumbo, junto a padres, maestros y cientos de niños, a tierras rusas para regresar 20 años después a su tierra, nos presentan una nueva historia dura y reflexiva sobre una transformación casi obligatoria para poner punto final a todo aquello que nos puede llegar a lastimar.