Crónica: The Rumjacks (Oviedo 23/5/2026)

Nueva visita de la banda de celtic punk The Rumjacks a la península, presentando los temas de su último trabajo discográfico «Dead Anthems«, con parada en la ovetense sala Gong que, pese a estar en las lindes de los estilos musicales cubiertos por esta casa, no nos quisimos perder.

Formados en Sídney (Australia), en 2008, The Rumjacks se han consolidado como una formación puramente internacional en la que militan músicos australianos, italianos o estadounidenses. Sus enérgicos directos, caracterizados por fusionar ska, punk y folk con música tradicional irlandesa, folclore australiano e himnos de taberna, los han llevado a recorrer Europa con frecuencia. De hecho, apenas ha transcurrido un año desde su última visita en este mismo escenario, y ya han pasado casi diez años desde que pisaron por primera vez la capital del Principado, actuando en aquella ocasión en La Lata De Zinc.

Con algo de retraso sobre la hora prevista, a las 21:15 horas suena la intro mientras la banda asaltaba las tablas. Ante un imponente telón de fondo con el logotipo del grupo, tomaron posiciones: Mike Rivkees (voz, tin whistle, guitarra acústica), Gabriel Whitborne (guitarra, coros), Pietro Della Sala (batería), Adam Kenny (mandolina, bouzouki, banjo, coros), Johnny McKelvey (bajo, coros) y Kyle Goyette (acordeón, coros), respaldados por su propio técnico de sonido desde el lateral. Mi primera inquietud fue cómo lograrían desplegar semejante arsenal humano e instrumental en el reducido espacio de la sala Gong. Sin embargo, cualquier duda se disipó tras los primeros acordes: el sexteto funcionó como una maquinaria perfectamente engrasada, donde cada músico defendía su espacio y permutaba posiciones con dinamismo.

El arranque fue demoledor con “Come Hell Or High Water”, guiada por un riff veloz y un ritmo casi marcial dictado por la batería de Pietro. Acto seguido enlazaron con “Kirkintilloch”, cuyo estribillo comenzó a calentar las gargantas del respetable; ambas cartas de presentación de su nuevo disco. Tras estos primeros envites quedó claro que, al margen del calor ambiental, la velada exigiría sudor: los primeros y tímidos pogos no tardaron en estallar en el centro de la pista. Al frente, Mike Rivkees derrochaba actitud y magnetismo, alternando su labor vocal con el uso de diversos instrumentos de viento de forma ágil y contundente.

Antes de dar paso a la ya clásica “A Fistful O’ Roses”, Johnny McKelvey espoleó a la concurrencia: «Es sábado por la noche y estamos en una jodida fiesta; ¡quiero veros bailar y correr!». La sugerencia se acató como una orden. La intensidad de los bailes se multiplicó de inmediato y la locura colectiva continuó con “Smash Them Bottles”, corte donde el banjo de Adam Kenny asumió el protagonismo con un ritmo frenético que invitaba al descontrol.

La exaltación era aún más palpable en las primeras filas, con algún espontáneo queriendo abrazar a los músicos e incluso ofreciéndole de fumar a Adam Kenny, quien, con algo de reparo en un primer momento pero agradeciéndolo más tarde, aceptó. Mientras, los pogos y los bailes eran constantes en el centro de la pista. El sonido quiso jugarles alguna mala pasada y, en numerosas ocasiones, sufrían microcortes que silenciaban las PA; aun así, gozaron de una más que notable calidad.

Continuaron con “Bullhead”, “Through These Iron Sights” y “Sainted Millions”, tres piezas clave de «Hestia» (2021), del que darían un buen repaso: hasta ocho temas interpretarían del mencionado disco. Estas composiciones más antiguas competían en igualdad de intensidad con novedades como “Father’s Fight”, momento en el que Mike exigió un «jodido circle pit» que convirtió la pista en un torbellino

Rivkees gobernaba el escenario combinando con destreza vocal e instrumentación, saltando de las flautas a la guitarra acústica en transiciones impecables, secundado por las cuerdas tradicionales de Adam Kenny. Las canciones de taberna se sucedían sin tregua, provocando que el público coreara cada estrofa. El clímax llegó con el que probablemente sea su himno más célebre: “An Irish Pub Song”. El adictivo riff de flauta irlandesa desató los bailes y pogos aún más salvajes.

Sin levantar el pie del acelerador, mantuvieron el ritmo endiablado con otra de sus composiciones recientes, “Lizzie Borden”, una pieza de corte narrativo sobre una joven que asesina a su familia con un hacha. Aquí, el banjo y la mandolina sostienen el peso melódico, dotando al tema de una atmósfera de balada criminal acelerada.

La tregua llegó de la mano de “Rhythm Of Her Name”, el pasaje más templado del setlist. Rivkees aparcó las flautas para empuñar la guitarra acústica y regalarnos una interpretación sumamente emotiva, impulsada de fondo por el latido incesante de la batería de Pietro. Esa línea melancólica pero vigorosa continuó con “An Irish Goodbye On St Valentine’s Day”, un corte que, a pesar de relatar un desamor, mantiene las pulsaciones altas gracias a su vibrante barniz de fiesta folk. En este ecosistema, el acordeón de Kyle Goyette es un pilar fundamental: engalana las canciones con elegancia y refuerza el genuino aroma tabernero.

Johnny volvió a tomar la palabra para evocar aquella primera visita a Oviedo en una pequeña sala a la vuelta de la esquina. Aseguró que la razón por la que siempre regresan es la notable respuesta de su público y agradeció la fidelidad mostrada a lo largo de esta década. Acto seguido, la banda encaró un vibrante medley que arrancó con “Uncle Tommy”, encadenando sin pausa hasta cuatro temas donde las armonías vocales se convirtieron en las absolutas protagonistas.

El tiempo volaba a una velocidad de vértigo. La recta final se divisaba en el horizonte cuando el vocalista presentó a los miembros de la banda y arrancaron los primeros compases de “Across The Water”, impregnada del inconfundible aire marinero que aporta el acordeón. En ese instante, un asistente no quiso dejar pasar la oportunidad de coronar la noche: se subió al escenario para abrazar uno a uno a los músicos y se lanzó de espaldas al público para marcarse un épico crowd surfing por toda la platea.

Mike seguía reclamando circle pits y la audiencia respondió con creces: corriendo, chocando y bailando sin tregua. La descarga continuó con la combativa e imprescindible “Hestia”, donde la mandolina volvió a reclamar su sitio en primera línea. A esas alturas el sudor empapaba el recinto e inundaba las tablas del escenario, provocando algún amago de resbalón que obligó al técnico de sonido a abandonar la mesa unos segundos para secar el suelo.

Johnny preguntó si teníamos ganas de más, consiguiendo una clamorosa respuesta antes de enfilar la muy celebrada “Light In My Shadow”. El público parecía no querer quedarse con una gota de sudor en su cuerpo y los acompañó con pogos cada vez más intensos jaleándolos, cuando se retiraron del escenario, pidiendo más.

The Rumjacks no se hicieron de rogar. Tras un breve respiro, regresaron a las tablas para interpretar “Goodnight & Make Mends” una pieza de tinte nostálgico con sabor a despedida. Fue entonces cuando aconteció uno de esos imprevistos que engrandecen el directo: Gabriel rompió una cuerda de su guitarra. Lejos de detenerse, continuó la ejecución con cinco cuerdas para enlazar con la festiva y tradicional “I’ll Tell Me Ma!”, coreada a pleno pulmón, que sirvió de broche de oro a una actuación breve —poco más de una hora— pero intensa y llena de energía. Se despidieron invitándonos a pasar por el puesto de merch, donde dieron muestras de su cercanía y cariño al público astur.

En definitiva, una gran noche de fiesta en la que perfectamente te sentías transportado a esas tabernas irlandesas donde las pintas de Guinness corren a raudales y la música invita al baile y la celebración. Solo queda agradecer a la promotora HFMN Crew y a la sala Gong por las facilidades brindadas, además de enviar un saludo especial a mis acompañantes que nunca fallan. Que nunca nos falten noches como esta. Nos vemos en la siguiente; hasta entonces, salud y rock and roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Laurie Wright (Avilés 25/4/2026)

Laurie Wright fue el encargado de abrir el pasado 25 de abril el nuevo ciclo de conciertos de Factoría Sound en la Factoría Cultural avilesina. Es uno de los jóvenes artistas emergentes de la música británica que cuenta con numerosos seguidores en su país y tuvimos la fortuna de poder disfrutar de su buen hacer en Avilés, tras una breve gira por el territorio nacional para presentarnos su último trabajo «Power Of 3«, lanzado en septiembre de 2025.

Desde los primeros acordes quedó claro que Wright no venía solo a mostrar novedades. Su directo fue un recorrido vibrante por su trayectoria y raíces musicales vinculadas a las calles de Camdem Town en Londres, mezclando temas recientes con canciones de sus anteriores proyectos. El público pudo sumergirse en ese sonido tan suyo, un amalgama de influencias donde conviven el movimiento punk, el rock & roll, el rhythm & blues británico de los 60, el pub rock, el soul y el britpop, todo bajo una marcada estética y actitud mod.

El cantautor británico arrancó su show acompañado de su banda, integrada en esta ocasión por los músicos Ciaran O’Keeffe (armonía y coros), Leo (bajo y coros) y James R. J. Parker (batería). Iniciaron su descarga con “My Rock & Roll”, tema de riffs enérgicos que abre su tercer álbum de estudio y con el que desde los primeros acordes comenzaron a caldear el ambiente en la Factoría. Sin dejar que el público recuperara el aliento, viajaron a su debut «Get On The End Of It!« (2023) para rescatar “Butter Side Up Boy”, donde Ciaran O’Keeffe tomó el protagonismo con su armónica que marcó el pulso de toda la canción. Este instrumento volvió a cobrar fuerza en “The Lodge”, un tema que habla de superación personal y adicciones, interpretado con una intensidad que atravesó la sala.

El pulso del concierto no aflojó cuando irrumpió “Talk Of The Town”, una de las joyas más vibrantes de su último disco, originalmente lanzada en una versión acústica en 2020 y que interpretada por toda la banda en vivo transmite mucha más fuerza y energía. A partir de ahí, Laurie Wright y su banda nos interpretaron tres temas de «We’re Only Warming Up» (2024). Primero llegó “Who’s Laughing Now?”, tema en el que la voz rasgada del cantautor toma protagonismo y vuelve a poner la superación personal y la resiliencia en el centro del relato. Después, “All Bad?”, donde la batería de James R.J. Parker marcó el terreno con un golpeo firme y protagonista. Y para rematar el bloque, “We’re Only Warming Up”, la canción que da nombre al álbum, arrancó con un solo de guitarra distorsionada y acelerada de Wright, al que pronto se sumó una armónica desatada, auténtica protagonista de la pieza. Lo que siguió fue un torbellino de aires punks y psicodélicos marcado por un ritmo veloz, percusión contundente y la certeza de que el concierto seguía en ascenso, sin intención alguna de levantar el pie del acelerador.

Sin dejar que el pulso bajara continuaron con “I’ve Crakcked It”, de su primer trabajo, con marcadas influencias punk y donde cobra especial importancia la guitarra distorsionada de Laurie Wright. Acto seguido llegó uno de los momentos más celebrados de la noche “It Was All Part Of The Plan” extraída de su segundo álbum «We’re Only Warming Up» (2024), corte optimista y vibrante lanzado originalmente como sencillo en colaboración con la banda británica The Molotovs antes de integrarse en el disco y que desató una descarga de optimismo y buen rollo entre los espectadores. Laurie Wright y su banda mantuvieron el ritmo en lo más alto al encadenar “Could You? Would You Mind?”, más melódica y de ritmo más rápido que las anteriores, de su último álbum «Power Of 3» (2025) y siguieron con “Easy Street”, con fuerte influencia britpop de su primer trabajo de estudio «Get On The End Of It» (2023). La recta final volvió a poner el foco en las composiciones de su último trabajo. Primero llegó el turno de “Picking Up The Pieces Of My Mind”, una canción que aborda sin rodeos la salud mental y el lento proceso de reconstrucción personal y “Bambi Legs”, que cambió por completo el clima de la sala con su mezcla vibrante de influencias ská, reggae y rhythm & blues, un cóctel inesperado que añadió frescura y movimiento a un tramo del concierto que ya avanzaba con paso firme.

En la recta final del show Laurie Wright nos interpretó “The Meaning Of My Life”, de su segundo álbum «We’re Only Warming Up» (2024), con un bajo muy marcado a cargo de Leo y batería acelerada de James R. J. Parker. Sin dejar que la energía decayera, la banda siguió con “Shit Show” de su primer disco «Get On The End of It!» (2023), de ritmo frenético y que el artista interpreta con un fraseo muy rápido, casi rapeando, con el que puso a toda la Factoría a bailar y saltar en un auténtico torbellino de energía. Acto seguido, retomaron su segundo disco con “Bodaloo”, canción de indie británico actual con aires retro. Como broche de oro antes de los bises, el setlist nos condujo hacia “Wendy McKenzie”, tema que no dejó a nadie indiferente por su singularidad, ya que más que cantada parece narrada por el propio Wright de forma apasionada y acelerada; a pesar de superar los siete minutos de duración, su magnetismo hizo que a todos los asistentes se nos pasara volando.

A grito de “otres tres” por parte del público de la Factoría y sin que Laurie Wright supiera el significado de lo que le estaban gritando, ni fuera parte del plan, remató el show precisamente con otras tres canciones. El primer disparo del bis fue “The Promoter”, uno de los temas más celebrados de su último trabajo, que desató una marea de saltos y palmas. Le siguió “On My Tod”, de su segundo álbum “We’re Only Warming Up” (2024) tema acelerado con actitud punk, de guitarreo rápido y directo y batería marcada a cargo de James R. J. Parker, que mantuvo la adrenalina hasta el último momento. Y el colofón de la noche corrió a cargo de “West End Lover”, de su álbum debut, con un pegadizo estribillo y guitarras enérgicas; de manera espontánea Laurie Wright terminó lanzándose entre el público en un desatado “crowd surfing” que dejó a la Factoría vibrando incluso después de que la última nota se desvaneciera.

Por mi parte, solo queda agradecer en estas líneas a los buenos amigos que me acompañaron y aconsejaron ir a ver en vivo a Laurie Wright, a Heavy Metal Brigade por su apoyo incondicional a la escena, a Factoría Sound con sus siempre interesantes propuestas musicales y al propio Laurie Wright, que aunque no lea estas líneas, me facilitó enormemente la labor para poder escribir esta crónica y por ser un ejemplo de superación, capaz de transformar las sombras en canciones luminosas. Nos vemos próximamente… hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!!

Texto y Fotos: Aurora Menéndez

Agenda: The Rumjacks en Oviedo

Retorno a los escenarios asturianos para The Rumjacks, los piratas de Nueva Gales Del Sur. Con su personal fusion de punk y folk como bandera son por derecho propio una de las bandas más distintivas del punk celta.

Inmesos en la presentación de su nuevo trabajo de estudio «Dead Anthems» a través de la extensa gira estatal que arranca hoy en Barcelona, recalarán en el ovetense Gong Galaxy Club el próximo sábado 23 de mayo previo paso por Valencia, Jerez de la Frontera, Valladolid y el lucense Riot Gz Fest para cerrar el tour con paradas en Madrid y Bilbao.

Entrada anticipada online 19€ + gastos a través del siguiente enlace:
https://salagong.com/evento/the-rumjacks/

Crónica: The Hangmen (Avilés 8/5/2026)

¿Por qué The Hangmen llevan 40 años en activo? Que mejor forma que ir en persona y comprobarlo. Si ya al poco de poner las entradas en venta, arrasaron, con un fulminante «sold out» en nuestra querida segunda casa, la Factoria Cultural. Sólo quedaba disfrutarlo.

Pistoletazo de salida de la banda angelina con retraso pero con recámara cargada. A las 21:13 horas hacen sus honores Jimmy James (guitarra), Angelique Congleton (bajo) y Jorge Disguster (batería) sin olvidarnos del único superviviente y miembro fundador, Bryan Small al frente. Primer disparo con su octavo y más reciente álbum, “Stories To Tell” con el tema “Broken Heartland” donde el sonido de garage comienza y hace presencia en toda la sala. Para dar paso a un tema del albúm «Metallic I.O.U.«, “Loner, Junkies & Liquor Stores”, historia evocando temáticas de desolación y vida marginal. Nos deleitan y regalan un nuevo tema “Real Blues”, que esperemos que se convierta en su próximo álbum. El calor comienza ser palpable tanto del público como sobre el escenario.

Defienden un repertorio de su extensa carrera, que realmente es lo que nos vienen a demostrar y celebrar, un cuarenta aniversario, que a pesar de cambios de discográficas y sobrevivir a sus adicciones, les queda mucho rock underground que dar. Magistral combinación de clásicos del álbum «Cactusville» (2019), “Looking For Blood” y “Man In Black´s Hand”, y del «East Of Western» (2012) como “Homesick Blues” y el mítico “Railroad Man” donde el propio, Bryan comenzaba a despojarse de sus atuendos, chaqueta vaquera y más tarde de su camisa. Para quedarse con su camiseta de tiras para sacar al mismísimo verdugo interior, con una apuesta en escena impecable tanto su voz como con el juego de su guitarra. Un Bryan carismático y seductor.

Hacen participe en el escenario a Lucas Miralpeix, compañero en su gira española por su paso de las 11 ciudades afortunadas. Tocando un instrumento inusual, llamado cowbell (cencerro) en un tema de su último álbum “Bayou Moon”. Un magistral Jimmy James, que si ya me impactó su forma de tocar la guitarra con riffs limpios con el uso del “slide”, acabó enamorándome con su armónica. Cierre de tema con brindis de cerveza incluido y super merecido.

Dan paso a temas del albúm «The Hagmen» (1989) como “Coal Mine”, con cortes más recientes y la versión que han hecho suya del “Russian Roulette” de The Lords Of The New Church y broche final con “Blood Red” de «Loteria» (2004) Si Bryan demostró ser seductor y carismático sobre tablas, Jimmy la explosión de un buen cocktail “on the rocks”, con un show magistral de baile de dedos. Sin olvidarnos de una discreta Angelique, que le robé dos sonrisas 🙂 con una base rítmica de diez al bajo. Todo ello acompañado por la intensidad y energía arrolladora de Jorge, el batería.

Está clara la respuesta de que porque siguen en activo. Bolo demoledor con una energía arrolladora que no dejó indiferente a nadie. ¡¡Un bolazo!! Esperemos volver pronto a disfrutarlos al más puro rock and roll. Porque The Hangmen tienen muchas más “stories to tell”.

Gracias a The Hangmen por conversar conmigo un ratito, os espera otro cachopo!! Gracias a la Factoría Cultural de Avilés dentro de su apuesta de ciclos musicales y a Factoria Sound por hacerlo posible.

Texto y Fotos: Carmen González

Rockvera 2026: Primeras Confirmaciones

La proxima edición del Rockvera Fest que tendrá lugar el sábado 5 de septiembre en el Teatro El Llar de Corvera va tomando forma. La Asociación Monorock va desvelando a cuentagotas un cartel que ya cuenta con las confirmaciones de la banda vasca de heavy metal Valkyria, el combo metalcore astur Teksuo y los manchegos Maldito Matas, una de las formaciones de punk rock con mayor proyección del panorama estatal.

Valkyria ya posee una trayectoria consolidada en la escena nacional gracias a su potente directo y tres discos de estudio «Principio y Fin«, «Tierra Hostil» e «Indómito» en su haber. Fuerza, melodía y un sello propio los ha colocadoo como una de las bandas a tener en cuenta en el heavy metal patrio.

Teksuo presentará su más que notable nuevo álbum de estudio «The Glow Before I Go» (reseña) candidato a uno de los grandes lanzamientos del año. Consolidados como una de las propuestas más interesantes del metal más vanguardista en la escena nacional, regresan al Rockvera Fest para dejar patente una imparable evolución sonora.

Por su parte Maldito Matas presentará su último disco «Himnos Desde El Infierno» en la que que será la su primera actuación en Asturias.

El festival, de carácter gratuito, matiene su ya característica mezcolanza de géneros musicales en su cartel para volver a convertirse en cita imprescindible para los amantes el rock, el punk y el metal.

Crónica: Megara + Maverick (Gijón 18/4/2026)

El pasado sábado 18 de abril, tuvo lugar en la Sala Acapulco de Gijón la presentación del último trabajo discográfico de la banda madrileña Megara titulado “Año Cero” (4Ñ0 C3R0), acompañados por los mierenses Maverick con quienes compartieron escenario en este concierto organizado por Tunguska Media Factory.

La fecha elegida para esta presentación posiblemente no fue la más acertada debido a la confluencia de eventos musicales y deportivos ese mismo día, lo que propició una afluencia de público, sobre todo en el inicio, bastante más escasa de lo esperado, aunque esto no restó un ápice de motivación en los músicos e incluso en el público, muy entregado y participativo especialmente a medida que iba transcurriendo la velada. Como estaba previsto, sobre las 21:30 horas, los encargados de abrir fuego fueron los asturianos Maverick, banda que llevo siguiendo desde que los vi por primera vez en el Teatro El Llar de Corvera en la edición del Rockvera Fest 2025 (crónica) hasta más recientemente en el Kuivi acompañando a Teksuo y As Life Burns en el concierto de presentación del último trabajo de TeksuoThe Glow Before I Go(crónica).

Integrados por Misael (voz) y Carlos (batería), antiguos miembros de All My Fault y por Torri (guitarra), Oriol (bajo) y Guille (guitarra), es una banda punk de múltiples influencias y letras comprometidas, con un ritmo ágil y un poso de melancolía que se deja ver en ciertos temas. Iniciaron su descarga con “Mil Golpes” y “Cometas”, en las primeras canciones acusaron alguna pequeña incidencia o desajuste que hizo que el sonido, al menos desde las primeras filas, no fuera tan bueno como en otras ocasiones pero que pudieron solventar rápidamente. Superado ese arranque nada les frenó, el quinteto se asentó y empezó a mostrar su mejor versión. Supieron conectar muy bien con todo el público y nos presentaron una miscelánea de temas de su primer disco intercalándolos con composiciones nuevas. Personalmente agradecí que Misa fuera presentándonos sus canciones y la cercanía de los músicos, muy participativos. Tras estos primeros temas, Misa nos comenta que están encantados de estar en la Sala Acapulco, agradecen el trato que les han dispensado y muestra también sus agradecimientos hacia todos los asistentes y Tunguska Media Factory. Continuaron presentándonos temas de su primer disco como “Para Un Amigo”, “Aire” y “La Espiral”, este último uno de los más potentes de su repertorio en el que la banda despliega toda su fuerza y energía.

Tras la primera descarga, bajaron ligeramente el ritmo con temas más melódicos como “Por No Hablar o Luces de Ciudad, de la que nos cuentan trata sobre la “morriña” que sienten quienes se ven obligados a marcharse lejos de su hogar. Un momento emotivo que equilibró muy bien la intensidad del resto del set. Continuaron presentándonos “Travis Bickle”, con marcado sonido “punk-hardcore”, incluida en su primer disco, de la que nos cuentan está inspirada en el protagonista del filme Taxi Driver (1976), dirigida por Martin Scorsese. A continuación, le llegó el turno a “Tus Rincones”, también de su álbum debut, más melódica que la anterior y con potentes riffs de guitarra. Durante la interpretación de “Los Días más Oscuros”, la banda dejó atónitos a todos al detenerse en seco. Tras unos segundos de estatismo absoluto sobre las tablas, rompieron el silencio con el estribillo de “Scatman” de Scatman John, un giro inesperado que provocó sorpresas y sonrisas entre el público. En la recta final, nos presentaron “Su Legado”, del disco nuevo, cuya temática rinde tributo a la figura de los abuelos. Tras agradecer nuevamente el trato dispensado a la Sala Acapulco, la asistencia del público e invitarnos a acercarnos al puesto de merchandising, la banda soltó su artillería pesada: “No Hay Final” y “El Miedo En Vuestros Ojos”, temas con los que dieron por concluido el show a las 22:22 horas, dejándonos a todos con ganas de volver a ver en directo a esta joven banda.

Turno para los madrileños Megara, que se suben a las tablas sobre las 23 horas, tras una espera que se hizo quizá demasiado larga. A diferencia de sus predecesores era la primera vez que tenía oportunidad de ver a la eurovisiva banda integrada por Kenzy Loevett (voz), Rober (guitarra), Ra Tache (batería) y Dim (bajo). Mi primera impresión, fue de sobriedad en el escenario, a pesar del llamativo maquillaje de los artistas y su vistosa vestimenta en tonos fucsia y negro, en honor a su estilo musical catalogado como “fucksia rock”. Eché en falta una puesta en escena más teatral y algún tipo de pantalla o decoración en el escenario más acorde a lo que nos muestran en sus videoclips y en otras actuaciones. Cierto es que posteriormente nos avisaron que en este show no iba a haber ninguna bailarina ni incluso más humo, a petición de la propia Kenzy que lo pidió expresamente por ser muy perjudicial para la voz.

La primera canción que interpretaron fue “Karma” tras una intro con el escenario vacío y una voz grabada simulando a un robot que nos va narrando un texto que hace referencia a A.U.R.A., una supuesta inteligencia artificial ficticia que forma parte de la narrativa de su etapa más reciente, vinculada a su último álbum y gira, que termina con las palabras: “Bienvenidos al Año Cero”. Tras lo cual van subiendo al escenario los músicos y a grito de “Gijón” por parte de Kenzy inician el show con dos cortes de su último trabajo: “Karma” y “13 Razones”. Desde el inicio, quedó claro que íbamos a ver un espectáculo diferente a lo que estamos acostumbrados, el estilo de la banda en sí es una mezcla de música electrónica, rock y pop y en el escenario tiene tanta importancia los coros y pistas pregrabadas como la música interpretada en directo por los músicos. Cabe destacar la fuerza de Kenzy en el escenario, con una potente voz y la interacción con el público de las primeras filas, a los que entre otras cosas pregunta quién era la primera vez que les veía actuar y comenta que también para ellos es la primera vez que actúan en Gijón, y que es un concierto un poco diferente porque vienen de presentar el disco en Madrid, una presentación con mucho más atrezzo y bailarines en el escenario y les dijeron que no podían llevar más gente, ni traer una bailarina, por este motivo el concierto fue más cercano e íntimo a los que vienen realizando en esta gira.

Continuaron con temas de trabajos anteriores a este “Año Cero” que nos venían a presentar, como “Bienvenido Al Desastre” y “Estanque De Tormentas”. Retomaron de nuevo su último álbum con “Del Revés”. El ambiente empezó a caldearse y pese a que el público no era muy numeroso no dejaron de saltar y corear las canciones, como ocurrió en el caso de “Hocus Pocus” o“Saturno”. Seguidamente retomaron con cortes de su último trabajo de estudio como: “11.11”, tema lanzado por primera vez en 2024, con el que representaron a San Marino en el festival de Eurovision. En “Vértigo” destaca especialmente el uso de sintetizadores y efectos digitales que le confieren al tema “tintes futuristas”. A continuación Kenzy nos presenta “Oniria”, no sin antes preguntar al público si quiere que cante la balada porque por un pequeño problemilla de voz que tuvo igual no puede. La respuesta de todos fue un “sí” unánime e incluso un espectador pidió una más y les dijo que eran extraordinarios.

Tras bajar el ritmo con la balada, la sala se volvió a caldear con la pegadiza “Boom Boom Bah”, los espectadores se animaron y no dejaron de bailar y botar. En la recta final continuaron con “Involución” y “Oxigeno”, de sus primeros trabajos. Acto seguido, los músicos se retiran del escenario, quedando únicamente Ra Tache al mando de la batería e interpretando un impresionante solo. Tras los habituales gritos de “¡otres tres!” los músicos regresaron de nuevo a las tablas para interpretar no tres, sino cuatro de los temas más potentes de su show: “Truco o Trato”, “Cicatrices”, “Arcadia” – con la que consiguieron quedar en cuarta posición en el Benidorm Fest 2023 – y la que da nombre a su gira y último trabajo “4ño C3ro”, con la que finalizarían a las 00:23 horas.

Al apagarse los focos, apenas quedábamos unos pocos en el interior de la Sala Acapulco, pese a la previa invitación de Kenzy a acercarnos al puesto de merchandising para conocer a Pablo, el responsable del stand. Los músicos regresaron entonces para saludar, hacerse fotos y repartir púas entre quienes aún permanecíamos allí, mostrándose cercanos y amables hasta el último minuto. Fue una lástima la coincidencia de eventos ese fin de semana y el hecho de que su propuesta, probablemente más arriesgada y distinta a lo que suele programarse en las salas de nuestra tierra, no lograra congregar a un público más numeroso.

Por mi parte, sólo queda agradecer a Heavy Metal Brigade por su confianza y permitirme publicar estas líneas, a la Sala Acapulco, los amigos que nos acompañaron y personas que apoyan a la música en vivo. Nos vemos próximamente…hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!!

Texto y Fotos: Aurora Menéndez