Reseña: Itinerum «Resurgence» (Demons Records 2025)

Las huestes sinfónicas guipuzcoanas Itinerum están de vuelta. Tras debutar en 2022 con “Dream And Fly” y tras la edición de varios singles a modo de anticipos, “Resurgence” devuelve la actualidad al combo formado por Jorge Banobre al bajo, Anne en voces, Fede en guitarras y Ruben Conejo en baterías. A ellos hay que sumar las colaboraciones de Leire Tejada y Unai (ex 13 Left to Die, ex Minerva) en voces. Los nueve temas que hoy nos presentan vinieron al mundo en los Chromaticity Studios de las hábiles manos del Vhäldemar Pedro J. Monge (Incursed, Valkyria, Rise to Fall…) y fueron posteriormente adornados por las fotos de José Luis García y el arte de MG Media Productions. Autoeditado en formato digital y en CD bajo el paraguas de Demons Records allá por el mes de junio.

La mano maestra de Monge se asegura de que todo esté donde debe. “The Nobodies” le procura un elegante inicio al disco. De entre las profundidades surge la voz de Anne y todo transcurre dentro de las leyes del metal sinfónico contemporáneo. Itinerum, no obstante, muestran aquí una cierta alternancia en cuanto a ritmos. Viene esta a enriquecer una escritura hábil aún en su clasicismo. Buenos riffs engarzando estrofas y una mezcla bien medida otorgando equilibrio a esa segunda estrofa. Puedo echar en falta un estribillo con algo más de gancho, lo que no quita para que Anne parezca manejarse con soltura en esos tonos más exigentes. Entre el puente y el epílogo surge un buen contrapunto en modo de voces graves y la banda amplía ahí su conocido espectro sonoro. Un buen arranque rematado con una pizca más de músculo y contundencia.

My Serenity” sí que parece disponer de ese gancho que eché en falta en “The Nobodies”. Corte de esos que requerirá de ciertas ayudas en vivo, pero que se mantiene gracias al buen ojo del cuarteto a la hora de jugar con los distintos ritmos e intensidades. De ahí, tal vez, que fuera una de las elegidas para presentar al disco en sociedad. Anne está realmente hábil en estribillos. Varios nombres acuden a mi subconsciente en cortes como este. Desde mis paisanos de Last Days Of Eden a nombres internacionales como Epica, Edenbridge o, en ciertos momentos, Within Temptation. Posee riffs más útiles que vistosos y a buen seguro echo en falta algún despliegue solista un tanto más ambicioso. Con eso y con todo, acertada elección como single, pienso yo.

Mother Of Chaos”, a la larga composición más extensa de las nueve, ofrece a unos Itinerum más épicos y rotundos. No es que Anne se vaya ahora a tonos más graves, pero sí que las guitarras de Fede destilan ahora una mayor oscuridad. Siempre, como digo, dentro de las fronteras del género y sabiendo salir airosos cuando llega la hora de trazar otro buen estribillo. La banda aprovecha esa mayor duración para ofrecer más detalles en lo melódico, estrofas bien trabajadas y un sensible esmero en cuanto al tratamiento de los respectivos arreglos. Algo que se dejará notar en gran medida durante sus estrofas. De nuevo hay un pequeño contrapunto vocal antecediendo al epílogo. Algo escueto, pero que en cualquier caso desemboca en un buen juego entre el registro limpio de Anne y la guitarra de Fede. Una de mis favoritas del largo.

Con Leire Tejada a bordo, que ya colaborara en el debut de 2022, “Till Dawn Do Us Apart” nos devuelve a esos Itinerum más agrios y rotundos, lo que redunda en una Anne cantando en tonos realmente altos. Siempre segura y sin sobresaltos, todo sea dicho. Por contra, es uno de esos cortes que siento bien merecían algo más de espacio. Ellos engranan su cara más alternativa con la más épica y rotunda y el resultado son algo más de tres minutos de metal sinfónico potente y bien ejecutado, pero que, como digo, quizá merecía un desarrollo algo más ambicioso.

En “Inner War” sorprenden esos aires medio orientales que portan las primeras voces de Anne. Bajo ellas hay alguno de los riffs más llamativos de todo “Resurgence”. Fede parece haber echado el resto aquí en ese aspecto. Aupados por la firme base rítmica, Itinerum pisan el acelerador aquí. Y aún sin que la aguja llegue a zona roja, sí que se deja sentir ese mayor mordiente. Lo que me agrada es cómo todo va de los tonos más alternativos de las estrofas a los más clásicos en estribillos. Todo bajo la atenta mirada de un Pedro J. Monge que no parece haber dejado ningún detalle al azar. Notable.

No diré que “Under Rain” resulta algo más pop, pero sí que parece buscar el adherirse a esa nueva corriente de metal facilón que bien puede ir desde (ciertos momentos de) Nightwish hasta los infecciosos Battle Beast. Anne, claro, parece de lo más cómoda aquí. Plantea buenas estrofas y mejores estribillos. Estos últimos pasan por ser, fácilmente, los más pegadizos (y en cierto modo memorables) de todo “Resurgence”. Buena labor solista de Fede en su tramo final y un corte con visos darles buenos réditos en directo.

Me gusta cómo juegan con el piano y esas guitarras más rotundas en “Symphony Of Rage”. También la (cierta) desnudez que acompaña ciertos versos de la primera estrofa. El crescendo que trazan luego no podría ser más clásico ni tampoco estar mejor resuelto. El bajo de Banobre adquiere un mayor peso en esa desnudez de las estrofas. Y si bien echo en falta una batería con algo más de presencia, poca queja más cabe al respecto de la producción y mezcla de este séptimo corte. Y es que Fede deja un correcto solo como anticipo al epílogo y, al final, todo parece estar donde debería.

Askja” entronca con aquél aire más medio oriental de “Inner War”, mostrando de paso a la Anne más ambiciosa y atrevida de todo el álbum. La facilidad con que se maneja entre los diferentes tonos, las buenas estrofas que ha trazado y cómo su línea de voz aquí parece diferir en cierto modo de otras tantas presentes dentro de este segundo álbum. Como contrapunto surgen voces graves, así como un groove más acentuado. Así todo, la banda no descarrila del sendero. Esto sigue siendo metal sinfónico con todas las de la ley. Pero con eso y con todo, uno agradece la mayor liberad que el cuarteto parece haberse tomado aquí. Sienta bien a estas alturas del álbum, proporcionando cierta frescura incluso.

Unai vendrá a sumar esfuerzos a una “Inequality” que presenta orgullosa al riff más marcial de todo “Resurgence”. Un corte alterno en voces pero de trazo clásico y casi diría habitual, con Anne moviéndose (muy segura) en esos tonos más altos de estribillos y Fede mostrando buena mano a la hora de ejecutar el solo. Itinerum cierran así su segundo trabajo con las que pueden ser las dos composiciones más diferentes (aquella en lo gramático, ésta en lo tonal) de entre esta nueva colección de temas. ¿Simple casualidad o un aviso de por donde pueden ir los tiros en un futuro? Habrá que esperar a un hipotético tercer trabajo para salir de dudas.

Mientras tanto, “Resurgence” es algo más de media hora de buen metal sinfónico en la onda de las bandas mencionadas durante el texto. De producción lustrosa y con ciertos destellos de una mayor extrañeza durante el tramo final. Anne ha realizado un gran trabajo con sus líneas de voz y si bien echo en falta despliegues solistas un tanto más ambiciosos, no es ésta una queja que concierna a Itinerum en particular sino más bien al género casi en su totalidad. En “Mother Of Chaos” creo que rayan a buen nivel y, como digo, tanto “Inner War” como “Inequality” se atreven, aunque sea de forma tímida, a jugar con las expectativas (y no fallan). Desgraciadamente se canceló su paso por Avilés para una nueva edición del Rock In Ria y no quedará otra que buscar otra ocasión para pasar revista a estas nuevas composiciones.

Texto: David Naves

Reseña: Vulvarine «Fast Line» (Napalm Records 2025)

El llamado universo de las Riot Grrrl se ha visto recientemente sacudido por el segundo largo de las vienesas Vulvarine. Ellas son Bea Heartbeat en baterías, Robin Redbreast al bajo, Sandy Dee en guitarras y Suzy Q en voces. Engel Mayr en el Studio Mäusepalast, Thomas Zwanzger en Stressstudio y Dietmar Baumgartner en Sonar Music Productions fueron los encargados de traer al mundo los once cortes de este “Fast Lane”. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por el propio Engel Mayr en el Studio Mäusepalast y finalmente masterizadas por Lukas Wiltschko de LW Sonics. Con la misma Sandy Dee aportando su arte para la portada del álbum, esta segunda entrega de las austríacas vio la luz vía Napalm Records a finales del pasado mes de marzo. Un trabajo que llevará a la Factoría avilesina el próximo 31 de octubre al ahora renovado cuarteto tras la incorporación de Lauree Blaze como nueva voz.

Un pildorazo de puro rock and roll inaugura el álbum. “The Drugs, The Love And The Pain” pronto da muestras del fino registro de Suzy Q. Hay una apañada colección de riffs, más eficaces que vistosos. También una producción en el punto justo entre pegada y discernimiento. Equilibrada y muy cuidada. Si bien siento que al estribillo no le habría venido mal una pizca más de mal café, pocas pegas caben al respecto del solo que sucede después, así como a la hábil construcción de ese tramo final. En resumidas cuentas un arranque agradable y funcional.

Ancient Soul” añade algo más de empaque por parte de las vienesas. No solo por una construcción algo más estirada sino por unas buenas estrofas y unos aún mejores estribillos. Tienen estos un deje algo más melancólico, que por alguna razón me llevan a pensar en Thin Lizzy. Sobresalen igualmente los buenos engarces entre estrofas. Las baterías que deja ahí Bea Heartbeat merecen toda la atención. También las que dan apoyo al buen solo del tramo final. Uno de esos cortes con toda la pinta de funcionar como un tiro sobre las tablas.

Heads Held High” magnifica aún más ese rock más melancólico y casi apesadumbrado. Sin que salten las alarmas, sin que esto deje de ser un disco de rock and roll con todas las letras, pero donde Sandy Dee está dando una auténtica lección de clase y feeling. Orgullosamente auto reivindicativa en lo lírico, pluscuamperfecta y clásica en cuanto a trazo y estructuras, quizá eche en falta un solo de guitarra más pronunciado durante ese buen tramo final. Con eso y con todo una de las que más ha arraigado en mi subconsciente tras el correr de las escuchas.

Uno de los cortes más extensos de este segundo trabajo es “Demons”, con Bea Heartbeat cabalgando a medio gas y la banda trazando ahora un cuidado medio tiempo. Suzy Q aúpa su registro en estrofas y se acompaña de cuidados coros en estribillos. Y aunque los distintos enganches entre estrofas no brillen como lo hacen en otros cortes dentro del disco, qué finas están las austríacas a lo largo de este rock menos brillante, más sucio, algo decadente incluso. Sandy Dee se reserva otro buen solo como anticipo del epílogo y, al cierre, todo me termina por funcionar. Un corte con una vibración muy especial dentro de este “Fast Lane” y quizá uno de los más redondos.

La base rítmica inaugura esta “Alright Tonight”, un corte que anuncia un rock más oscuro, deudor aunque sea de modo lejano, de unos The Cult de comienzos de los 80, con Suzy Q dibujando otro estribillo lleno de carisma y feeling. A ratos uno puede echar en falta el nervio que entregan otros cortes dentro del álbum. Pero la buena producción así como la muy cuidada construcción de las estrofas, precioso el tono que entrega la guitarra de Sandy Dee, sacan la cara por otra de esas composiciones distintas, marca de la casa. Diferente, que no peor.

Equal, Not The Same” recupera en parte el nervio, mostrando ahora a unas Vulverine más próximas al punk. El nombre de las infatigables The Lizards ha estado yendo y viniendo tras las sucesivas escuchas. El caso es que Dee vuelve a brillar en lo que a melodías se refiere. También en cuanto a riffs. Fue elegida como anticipo en modo de videoclip y toda vez estalla el solo de la propia Dee, cuesta nada y menos entender los motivos. De los once puede no ser el corte que mejor las represente. Pero es una entrega redonda, con gancho y buenos detalles desde el plano técnico. Win win.

Fool” sorprende con ese avanzar algo más marcial de sus estrofas, que contrasta con el más casual y rockero de los estribillos para conformar un corte sencillo, directo y sin mayores florituras. Con las baterías desnudas de Bea Heartbeat uno bien podría pensar de un modo más o menos casual en White Stripes. Con eso y con todo nadie puede negar que esto sigue siendo rock and roll sin concesiones. Con una línea de voz, perfectamente armada, que cabalga amarrada a unos riffs llenos de gancho y brillo. Estupenda.

Vulvarine insertan entonces “Polly The Trucker”, entrega más extensa de “Fast Lane” y la que viene a entregar uno de los riffs más frontales y áridos del disco. Ello sin descabalgar de su habitual rock directo y formal, pero desde luego ofreciendo ahora una mayor enjundia. Ese nervio, quizá esa mala leche, que se puede echar en falta en otras entregas. El típico que te vuela la cabeza en su traslación al directo. Hay buenos coros en estribillos aquí. Sigue brillando la buena producción que tiene el álbum. Pero si algo me agrada es tanto el solo como ese rock más pesado y contundente en que se apoya de inicio. El cambio de ritmo, tan clásico como efectivo, que acometen después. Y su cuidada resolución. Hasta el fugaz guiño a nuestro idioma. Si esto no es rock de altura, no sé qué lo será.

Explota entonces “Dark Red” y el disco, lejos de perder impulso, ofrece aquí unas de sus entregas más redondas. También más potentes. Con una selección riffera que las aproxima (a destellos) hacia los terrenos del heavy metal más casual. Sandy Dee brilla sobremanera aquí. También una base rítmica empastada como en pocos momentos a lo largo del álbum. El corte entrega nervio en estrofas, equilibra con estribillos contundentes y desemboca en un solo disfrutón por desmelenado y atrevido. La cabra tira al monte, claro, pero siento muy cómodas a las austríacas en esta encarnación más nerviosa y potente. Prueba al fin y al cabo de la cintura con la que han enfrentado la escritura de este segundo largo.

Cheri Cheri Lady”, con la colaboración de Filippa Nässil (Thundermother) en guitarras, fusila a placer el original de Modern Talking arrimándose a la cara más punk de Vulvarine. Ruge el bajo de Robin Redbreast en estrofas y vuela el doble bombo de Bea Heartbeat en estribillos para una versión libérrima y disfrutona. El cierre es para la pequeña “She’ll Come Around”, pequeño escorzo acústico, bailando entre las fronteras del grunge y el alternativo para un curiosísimo broche final.

Entre la versión de Modern Talking y el pequeño detalle acústico de “She’ll Come Around” puede que “Fast Lane” desfallezca en su tramo final. Da igual. Antes el disco ha dado razones más que suficientes para confiar. Sea con las buenas hechuras de “Polly The Trucker”, el nervio bien entendido de “Equal, Not The Same” o esa pulsión más metálica de “Dark Red”, amén de los muchos y buenos riffs que Sandy Dee dibuja a lo largo del álbum, Vulvarine han entregado un segundo disco destinado a hacer mucho, mucho ruido en años venideros. Si nada lo impide esperamos ser testigos.

Texto: David Naves

Reseña: Onirophagus «Revelations From The Void» (Personal Records 2025)

Tercer largo para los doomies de L’Hospitalet de Llobregat, Onirophagus. Una banda que forman Sir Vellum (guitarra, bajo), Uretra (batería), Moregod y Obzen (guitarras) y Paingrinder (voz). Con ayuda de Kari Kankaanpää (Sepulchral Curse) en voces y Lady Nott (God’s Funeral) en violines, entregan vía Personal Records un “Revelations From The Void” grabado y mezclado por el Balmog Javi Félez (Altarage, Totengott, Graveyard, Teitanblood…). Los cinco temas que lo componen serían posteriormente masterizados por Jaime Gómez Arellano (Oranssi Pazuzu, Angel Witch, Ulver, Skepticism, Cathedral…) y debidamente adornados por el arte de Paolo Girardi (Grima, The Black Dahlia Murder, Officium Triste, Power Trip…), “Revelations From The Void” vio la luz el pasado diecisiete de enero.

Un muro de diez minutos desafía al oyente nada más darle al play. Desde que desata su imponente prólogo, “Revelations From The Hollow Valley” muestra a la banda en su versión más descarnada e hiriente. Puro desgarro emana de la garganta de Paingrinder. Me gusta cómo han trazado estas primeras estrofas, el doble juego vocal y esa cierta épica que de ellas se desprende. No faltan buenas melodías como soporte de esas voces. Y aunque los riffs en este comienzo no alcancen el brillo que veremos más adelante, lo cierto es que Onirophagus saben de sobra ya como trazar grandes piezas de doom death a rezumar de melancolía y también de atmósfera. El cambio de ritmo llega sin sutilezas, entregando ahí un riff no falto de gancho. La banda se arrima al death aquí. Aumenta esa carga atmosférica mediante arreglos, acelera los pulsos y va tramando así un corte apertura atractivo por diverso. El puente tranquilo que anticipa al vibrante epílogo te podrá recordar a según qué momentos de My Dying Bride. Fantástico juego entre canales de una mezcla que exige el uso de unos buenos auriculares para un disfrute óptimo. Un gran arranque.

Desde una perspectiva puramente temporal, pudiera parecer que “Landsickness” no alcanza a las aspiraciones del tema apertura. Sea como fuere la banda cuenta aquí con la ayuda de Kari Kankaanpää para un corte cuyo reposado arranque podría llevar a engaño. Uretra compone aquí una cuidada línea de batería. Tan hábil en las partes más arrastradas como firme en las más vibrantes. Por su carga arreglística, el nombre de mis paisanos de Totengott acude a mi subconsciente tras cada escucha. El puente bordea el death metal sin más miramientos, entregando la cara más trotona de la formación catalana.

The Tome” pone de relieve a los Onirophagus más abiertamente doom para un prólogo tan elegante como pragmático. Paingrinder lo rompe y lo enfanga con las que podrían ser las voces más rotas y oscuras de todo el álbum. Hay un cuidado trabajo de guitarras aquí, especialmente en la faceta melódica, que vendrá a funcionar como perfecto contrapunto a lo negruzco del aspecto vocal. De nuevo me agrada el cambio de ritmo que proponen. Cómo transforman el doom death más iniciático en un metal más vibrante, sin por ello abandonar la oscuridad y el desasosiego propios del género. La sombra de Celtic Frost es alargada en los momentos más trepidantes del puente. Sin embargo el pulso se detiene y las guitarras se adornan en ese final casi aletargado. Pero lo cierto es que se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que esta parte final bien merecía algo más de desarrollo. Otro corte interesante en cualquier caso.

Black Brew” opta ahora por un inicio clásico y bien arreglado. Aquí vuelve a destacar Uretra tras los parches. Un corte que pronto rompe esa calma del comienzo para, doble bombo mediante, adoptar un metal más vibrante y conciso. La composición va a así mostrando su naturaleza híbrida, enraizada en las fuentes mismas del género y donde destaca, una vez más, un gran trabajo en lo que a melodías se refiere. Lo extenso de su metraje, que habrá de superar los ocho minutos, contribuye a que todo fluya con total naturalidad. Sin bruscos cambios de ritmo ni tampoco adornos cara a la galería. La banda incluso se permite el lujo de atravesar un puente, entre lo agónico y lo alucinado, que supone uno de los momentos más atrevidos de todo el largo y que funciona como punto de inflexión de cara a la parte final. Un epílogo que abrazará un metal de nuevo vibrante y de lo más eficaz para uno de los cortes más llamativos del álbum.

Para el final quedan los quince minutos de “Stargazing Into The Void”. Un prólogo tranquilo, donde Lady Nott vendrá a poner la nota de distinción desde el violín, construyendo un arranque que podría contarse como el más elegante de todo “Revelations From The Void”. La voz acude ahora en tonos limpios, alimentando a esos Onirophagus más distinguidos. Se enfangará después, mostrando un doom de fácil rima con el resto del álbum y construcción ágil. Los catalanes toman aquí el camino de la diversidad tonal, amalgamando muchas de sus influencias con total naturalidad. Porque si algo me agrada de este corte final es la forma en que todo parece fluir sin mayores esfuerzos, de manera acomodada incluso, pero que resulta finalmente atractiva por la visión tan amplia de los propios músicos. Hay cierta distinción durante las partes más tranquilas. También auténtico nervio en las más descosidas. Un riff de un gancho tremendo alrededor del minuto siete y un caminar hacia el corazón mismo de la composición donde, de nuevo, todo parece fluir sin imposturas de ningún tipo. La sola construcción del epílogo justifica por sí misma al álbum que la contiene. Todo un ejercicio de finura y buen gusto a la hora de trazar y ejecutar un metal diverso y atractivo sin que ello implique abandonar las líneas maestras sobre las que se ha desarrollado el trabajo. Más bien al contrario: abrazándolas sin medida y exprimiéndolas hasta las últimas consecuencias. Así es como se cierra un disco.

Revelations From The Void” muestra a unos Onirophagus en plena forma. No solo abrazando su habitual doom death sino que atreviéndose además a retorcer las costuras del género cara a construir un sonido al que poder calificar como propio. Hay momentos de una cierta épica, acompañados de su habitual desgarro, y escaladas furibundas hasta el death metal más iniciático. Incluso se permiten el lujo de introducir aquél pasaje alucinado de “Black Brew”. Un compendio de buena escritura y mejor ejecución para el álbum que debería confirmar a los de L’Hospitalet de Llobregat como una realidad del género.

Texto: David Naves

Reseña: Volbeat «God Of Angels Trust» (Vertigo Records 2025)

La maquinaria danesa no se detiene. Instalados desde hace años en el continuo gira-disco-gira, Volbeat vuelven ahora con un “God Of Angels Trust” que hace el número nueve en su trayectoria desde que debutaran hace ahora veinte años con “The Strength / The Sound / The Songs”. Aquí siguen el batería Jon Larsen junto al carismático guitarra y voz Michael Poulsen y el (ya no tan) nuevo bajista Kaspar Boye Larsen, a bordo de la formación nórdica desde 2016. Pero el trío no está sólo en este nuevo envite. Flemming C. Lund (The Arcane Order) ha tomado parte como guitarra solista en un puñado de temas, Mia Maja vuelve para colaborar en coros y Martin Pagaard Wolff realiza pequeños aportes también en guitarras. Con el propio Poulsen ejerciendo como productor junto al Pyramaze Jacob Hansen (Amorphis, Xandria, Temperance, Arch Enemy…), quien de nuevo tomó las riendas de la grabación, mezcla y master de esta nueva entrega. Editado en formatos físico y digital por la gente de Vertigo Records el pasado seis de junio.

Devils Are Awake” va directa al grano. Ni intros ni zarandajas más allá del propio prólogo tan orgánico como fugaz. Michael Poulsen pronto entrega sus primeras estrofas, disponiendo ese timbre tan carismático y reconocible. Con mucho una de las voces de mayor personalidad del actual panorama europeo. Hay buenos riffs, sencillos pero con gancho. Una producción, sí, que coloca la voz del propio Poulsen muy en primer plano. La banda y su productor Jacob Hansen saben bien de las debilidades y también las fortalezas del sonido Volbeat. Por eso me gustan esos riffs más oscuros en que se apoyan los estribillos. También la cierta melancolía que se desprende de ellos. A modo de broche, Flemming C. Lund dispone un buen solo en el tramo final. Un arranque a puro Volbeat. Conciso y con los adornos justos.

By A Monster’s Hand” trae al frente un riff que siempre me recuerda a los Metallica post «St. Anger«. El propio modo en que Poulsen ataca las primeras estrofas tiene algo del mejor James Hetfield. Aún así, Volbeat son lo suficientemente inteligentes para impregnar su aura particular aquí y allá, procurando que, influencias al margen (y la de los cuatro jinetes es alargada a lo largo y ancho de su trayectoria) sea su personalidad y no otra la que termine por configurar sus composiciones. Aquí además hay un buen cambio de ritmo, que C. Lund reviste con solos más funcionales que vistosos.

El bajo al comienzo de “Acid Rain” parece rimar con el de Lemmy Kilmister. Pero este es otro de esos cortes encuadrados en la larga tradición de temas hard rockeros (y algo melosos) del trío nórdico. Poulsen, claro, está fantástico en estas tesituras más amables y el corte se pega que da gusto. Es su fórmula de siempre, ya has escuchado esta canción otras veces. Y, sin embargo, toda vez penetra en tus oídos, no hay vuelta atrás. Toda una trayectoria cimentada en base a cortes como este. Tan sencillo y predecible como irresistible.

Demonic Depression” viene a contrarrestar la cierta pomposidad de “Acid Rain” trayendo de vuelta a los Volbeat más nervudos. Y aunque en cortes así eche en falta a un Poulsen en tesituras algo más graves, bien está el modo en que la producción de Hansen acentúa el registro del de Ringsted. Otro gran estribillo, verdadera especialidad de la casa, pero sobre todo un Jon Larsen firme tanto con el doble bombo como con las baquetas. Manías de oyente, puede ser esta la versión del trío con la que más empatizo, si bien habría dispuesto algo más de espacio al solo de Flemming C. Lund.

Tras “In The Barn Of The Goat Giving Birth To Satan’s Spawn In A Dying World Of Doom”, que casi parece más el título de un tema de Nile, irrumpen ahora unos Volbeat en una onda completamente distinta al resto del álbum. Guitarras acústicas y un marcado aire western inunda prólogo y primeras estrofas. Luego la composición reconduce hacia la versión más rotunda (y habitual) de los daneses, con Poulsen en tonos bastante altos para lo que nos tiene acostumbrados. Hay momentos que me pueden recordar (vagamente) a los Monster Magnet post “Dopes To Infinity” y una cierta sensación de se lo han pasado en grande componiendo y grabando este quinto corte.

Time Will Heal”, que hace semanas fue el primer corte que escuché de este “God Of Angels Trust” nos devuelve a esos Volbeat más melancólicos y apaciguados de “Acid Rain”, rivalizando con aquella por el título de entrega más amable del disco. Siempre sin perder esas guitarras marca de la casa pero, siento, dejando algunos riffs un tanto planos. A veces de hecho, poco más que serviciales. Y da igual porque el carisma de Poulsen arrampla con todo.

Y, de nuevo, el disco vuelve a virar el timón. “Better Be Fueled Than Tamed” aporta altas dosis de nervio, de intensidad incluso. Está en los setlists más recientes del combo danés, algo que puede sonar a pura declaración de intenciones, aunque pienso que le hace falta una duración algo más ambiciosa para terminar de ser del todo redonda. Posee varios de los riffs más llamativos de este nuevo trabajo, de nuevo un cierto aroma a Metallica impregnando el puente. Pero el solo, de nuevo, vuelve a quedarse a medio cocer por el poco espacio del que dispone. Incluso diría que todo el epílogo me resulta algo atropellado. Sin que me desagrade, siento que podría haber sido uno de los cortes más redondos del largo y termina quedando en tierra de nadie.

Esa sensación de tema a medio cocer de “Better Be Fueled Than Tamed” se afianza toda vez el tracklist alcanza “At The End Of The Sirens”, de hecho el corte más extenso de los diez, que entrega alguno de los riffs más redondos de esta nueva entrega. Hay una cierta oscuridad en ellos y quizá por eso que me llamen tanto la atención. El conocido y comentado carisma de Poulsen impregna de clase las estrofas. Pero es el estribillo aquí lo que realmente me funciona. Su construcción tan intuitiva. También esos riffs más pesados que irrumpen después. Caben incluso concisos detalles de Kaspar Boye Larsen al bajo. A día de juntar estas líneas no forma parte de los setlists más recientes que he visto por ahí y me parece fatal.

Lonely Fields” vive de confrontar a esos Volbeat más amables con una serie de riffs casi monolíticos para, por ahí, construir un corte mestizo, lleno de contrastes y donde la producción de Hansen & Poulsen habrá de cobrar un mayor protagonismo. No recuerdo ya en qué red social leí comentarios acerca del parecido de esta penúltima entrega con los irlandeses U2. No lo termino de ver (o escuchar). Lo que sí veo (o escucho) es un indisimulado guiño al tema principal de la banda sonora de “Halloween” que el neoyorquino John Carpenter compusiera para su (seminal) película del mismo nombre. Un corte llamativo por diferente.

El cierre corresponde a “Enlighten The Disorder (By A Monster’s Hand Part 2)”, con Volbeat ahora en su encarnación más heavy, cimentada por riffs de nuevo más funcionales que vistosos, pero una producción inteligente a la hora de jugar con las afinaciones y un trazo más diverso de lo que intuí en primeras escuchas. Sin abandonar el sonido clásico de la banda, ni tampoco forzar los límites como la anterior “Lonely Fields”, lo cierto es que es un corte que me sorprendió en una primera pasada y me enganchó en las sucesivas.

Volbeat cargan con el sambenito de que todas (o buena parte) de sus composiciones se parecen. Un prejuicio contra el que “God Of Angels Trust” parece luchar de forma denodada. El registro de Poulsen impone mucho carácter a Volbeat. Pero la banda, ahora más que nunca, deja un tanto de lado a Metallica para ofrecer un álbum, seguramente no el más redondo de su trayectoria, pero donde parece vislumbrarse el camino que el trío puede tomar de cara a futuras entregas. Mientras ese viraje se confirma (o no), el carisma de “Acid Rain”, el nervio de “Better Be Fueled Than Tamed”, incluso la personalidad de “In The Barn Of The Goat Giving Birth To Satan’s Spawn In A Dying World Of Doom” o el cierto riesgo de “Lonely Fields” bien vendrán para mantener el actual estatus de privilegio del trío. Al tiempo.

Texto: David Naves

Agenda: Ossuary + Sanctuarium en Oviedo

Desde Wisconsin el combo death metal Ossuary descargará su oscuridad, cruda y visceral, en la ovetense Lata De Zinc. De la mano de Northern Blaze Prods. y Burial Records presentarán su álbum debut «Abhorrent Worship» acompañados de los barceloneses Sanctuarium.

Bajo el sobrenombre de «MONOLITHIC INIQUITY» ambas formaciones se encuentran girando por España y Europa con paradas en Portugal, Francia, Belgica y Paises Bajos. Los catalanes Sanctuarum por su parte llegarán a Oviedo para presentar su segundo disco «Melted And Decomposed» editado el pasado año a través de Me Saco Un Ojo Records y BlackSeed Productions. Doom, sludge y death metal tamizados para dar lugar a una mezcla abrasiva y abismal.

Entrada anticipada 15€ + gastos a través del siguiente enlace:
https://entradium.com/events/ossuary-sanctuarium-en-oviedo

Reseña: Mass Burial «May Darkness Come» (Dealer Records Gamonal/Ruido Noise Records 2025)

Nuevo trabajo y es el quinto ya para las huestes death metaleras burgalesas de Mass Burial, la banda de los Nasty Surgeons Raúl Weaver (guitarra y voz) y Fabíán Hernández (bajo) junto a Jorge Azofra (batería) y Adrián Ojer (guitarra). “May Darkness Come” se compone de un total de once cortes mezclados y masterizados por el propio Weaver en los Undead Studios. Con portada de Juanjo Castellano (Æolian, Unbounded Terror, Avulsed, Barbarian Swords…), el álbum fue lanzado por Dealer Records Gamonal en colaboración con Ruido Noise Records.

De inicio alberga pocas sorpresas. “May Darkness Come” es puro death metal a la manera clásica. Con la batería de Azofra refulgiendo junto a unos simples pero muy eficaces riffs de guitarra. Me enganchan más los que la banda sitúa bajo las primeras estrofas. Ese groove tan bien medido y el no menos elemental ‘tupa tupa’ d-beatero que introduce más adelante. Un primer aporte que, sin inventar nada, ni pretenderlo tampoco, funciona a las mil maravillas.

Más directa aún es una “Dead Mountain” que constriñe la estructura del tema previo para, en poco más de tres minutos, destapar la versión más descarnada de los burgaleses. Se alterna esta con un death metal que gana en pesadez conforme fluyen las estrofas. Hay cambios de ritmo que me agradan por cómo no comprometen el remate final con florituras de cara a la galería. Todo parece fluir de modo más o menos natural y por ahí me agrada esta segunda entrega y el modo en que la remata el buen solo final.

Pequeños arreglos durante el prólogo hacen por aumentar la oscuridad de una “Dreams Of Blood” que muestra ahora a unos Mass Burial más pesados y melódicos. Luego llegan las estrofas y todo vira hacia un death metal que bien podría recordar a los primeros Entombed. Siempre con el hosco registro de Weaver al frente y trazando un death metal clásico y de nuevo muy eficaz. Vuela Azofra tras los parches camino de un epílogo hábil a la hora de aportar un poso más melódico. Ahí y por pura colisión surge uno de los cortes más interesantes de todo el largo.

The Apostate” retorna entonces a lugares comunes en el ideario de los burgaleses. Esto es: death metal rápido sin caer en lo frenético, dotado de una oscuridad sin imposturas. De riffs sencillos pero pegadizos, con Azofra marcando un ritmo casi marcial. Al solo que ocupa su tronco central quizá le falte algo más de desarrollo. De presencia incluso. La producción del álbum es deliberadamente sucia, de nuevo al modo clásico, y por ahí puede que uno encuentre cierta división de opiniones. En cualquier caso la composición echa el freno en un tramo final pesado y rotundo.

The Shadowless” añade algo más de picante a la mezcla. Puede ser de los once el que más me recuerde a la otra banda de Weaver. Ritmos vivos y buenos detalles de un inquieto Azofra tras los parches no descuidan la inclusión de buenos riffs, así como de un solo en su puente central que, en cierto modo, no podría resultar más elegante. Aún cuando me agrada el mayor nervio que adquiere en su tramo final, no puedo evitar pensar que bien merecía una duración algo más ambiciosa.

La igualmente breve “The Slaughter” cuenta no obstante con otro de mis riffs favoritos de todo el largo. Luego de ese prólogo irrumpen unas estrofas que, línea de voz al margen, me retrotraen a los primeros discos de Avulsed. Death metal sin complicaciones, oscuro pero sin imposturas artificiales. Orgánico y dotado de pequeños cambios de ritmo que lustren la propia composición. Ni siquiera echo en falta un mayor brillo en lo técnico, pues la banda dispone un solo final perfectamente enraizado en el propio espíritu de la composición. Ni tan siquiera tres minutos y medio y, sin embargo, una de mis favoritas de todo el tracklist.

El tranquilo prólogo de “House Of Horrors” viene a romper con todo lo establecido hasta ahora dentro de “May Darkness Come”. Y de hecho sus primeras estrofas amagan con conducir a Mass Burial a sonidos más propios del metal gótico. Guiño que se difumina casi de inmediato con la banda transitando feroz hacia su habitual death metal sobrio y sin manierismos. Weaver prosigue con su registro oscuro, casi enfangado, mientras Azofra y Hernández firman una de las bases rítmicas más vivas de todo el largo. La composición conmuta estrofas nerviosas con otras que vuelven a rozar el d-beat y por ahí los de Burgos parecen dar su mejor versión. El reverberante solo final remata una de las entregas más infecciosas de este nuevo álbum. Ni que decir tiene que la que más ha calado en mi subconsciente hasta ahora.

Let The Dead Be Dead” da otro giro de timón para que la banda recupere su versión más galopante y descarnada. Weaver no varía un ápice su registro pero, por alguna razón, encuentro esta línea de voz algo por debajo de otras tantas del disco. Aún cuando alguno de los riffs en que se apoya van sobrados de gancho. La composición acomoda el solo en su tronco central y éste resulta tan vistoso como ágil. Algo descompensada pero igualmente disfrutona.

Otro corte de arranque reposado es este “Inquisition”. Y de hecho Mass Burial levantan el pie del acelerador aquí para que fluya una versión más melódica del cuarteto. Las primeras estrofas acogen una pesadez casi desconocida a lo largo del disco. Un grosor que irá virando, con toda naturalidad, hacia su habitual death de ritmos vivos y riffs nerviosos hasta llegar a los blast beats que anteceden al epilogo. Este se adorna de un apenas correcto solo de guitarra pero, en conjunto, siento que es otra del vagón de ganadoras.

Tras el sugerente título “Vengeance From The Grave” se esconde otro arranque de death metal taimado y rocoso. Apenas un pequeño inciso toda vez las estrofas acojan el trotar ya clásico del cuarteto. Azofra está más pasional que nunca aquí y la composición, aun cuando del todo clásica, arroja igualmente buenos detalles técnicos (esos breves pero furibundos solos de guitarra) y marcados descensos hacia una pesadez y una gravedad perfectamente integradas. Estupenda.

Siento que a la final “Bound To Obscurity” le pesa lo exiguo de su duración. Propone una serie de ideas (estupendo ese arranque lento) que su cierta falta de ambición lleva a no desarrollar del todo. Y es una pena porque le habrían otorgado otro signo diferente a este cierre. Un broche en el que Mass Burial vendrán a conducirse por alguna de las sendas que el disco ha transitado una y otra vez. Esa cierta repetición de patrones puede llevar a un cierto cansancio por reiteración. Ello no quita para que tanto el solo final como la base en que se apoya aguante la comparación con cualquiera del resto del trabajo sin mayor esfuerzo.

En cualquier caso un disco que, acogido a la cara más primigenia del género y dotándose de una cierta oscuridad, entrega once cortes donde encuentro más aciertos que errores. De hecho, me atrevería a decir que estos últimos obedecen más a manías de quien escribe que no a cualquier déficit que pudieran tener como banda. De ahí que a ratos eche en falta una mayor diversidad. No es menos cierto que entonces esto quizás dejaría de ser un disco de death metal propiamente dicho. En cualquier caso, “Vengeance From The Grave”, “The Slaughter” o “House Of Horrors” me parecen razones más que suficientes para detenerse en el nuevo trabajo de Mass Burial. Estáis tardando.

Texto: David Naves

Reseña: War Dogs «Only The Stars Are Left» (Fighter Records 2024)

Segundo largo para los heavies ilicitanos de War Dogs, la banda que forman Alberto Rodríguez en guitarra y voces, José V. Aldeguer en batería y teclados, Manuel Molina al bajo y Edu Antón en guitarras. “Only The Stars Are Left” se compone de un total de diez temas grabados durante la primera mitad de 2024 y posteriormente mezclados y masterizados en Wizard Tower Studios por el Seven Sisters Kyle McNeill (Destral, Chantrice, Oath…) y al que adornanel diseño de Ana Skie y la pintura “El Caballero En La Encrucijada” (Knight At The Crossroads) del pintor ruso Víktor Vasnetsov. En la calle vía Fighter Records desde octubre del pasado año.

Fugaz “The Hour Of Fate”, introduce con pulso breve un álbum no precisamente escueto. A la elegancia que portan sus guitarras acústicas, War Dogs contrapondrán una “The Prosecution” donde todos sus cilindros parecerán en funcionamiento. Primero porque el riff que han dibujado para este primer corte tiene un gancho de mil demonios. Segundo porque sorprende ese inicio a medio gas, ese metal apaciguado revestido de una cierta épica en su caminar tímido y casi aletargado. Para cuando llegan las estrofas ya se vislumbra la cara más trotona de los ilicitanos y en el momento que la composición alcanza el estribillo, todo parece en su sitio. Tras el micro, Alberto Rodríguez comanda sin excesos y el bajo de Molina no podría evocar más a Steve Harris. Sí, la sombra de la Doncella sigue siendo alargada en la banda. También los buenos solos y el saberse más que conscientes de sus virtudes y también de sus limitaciones. Estupenda dupla inicial.

Riff mediante, “Riders Of The Storm” ahonda en ese parecido con Iron Maiden. El punto a favor viene a través de un desarrollo que parece empeñado en desligarse de la banda británica a fuerza de insuflar a las distintas ejecuciones un aire más a lo Riot o Brocas Helm. Cirith Ungol incluso en los momentos más pasionales. La banda dibuja entre medias buenos riffs, acompaña con certeros cambios de ritmo y, si algo echo en falta ahora, es una mayor presencia de Molina en la mezcla. Su bajo se diluye en la mezcla y este tercer corte pierde por ahí algo de empaque. Pero cuando emerge la sección solista, con el hábil duelo entre ambas guitarras, War Dogs están mostrando su mejor cara.

La más tranquila “Heaven’s Judgement” agiganta esos dejes épicos que “Riders Of Storm” entregaba a cuentagotas. Parte de un inicio calmo y reposado donde ya se deja intuir ese carácter tan grandilocuente como añejo. Su cambio de ritmo conduce hacia otro riff repleto de gancho. Clásico corte que irá ganando peso conforme transcurran las escuchas, plantea sobre esa épica desgastada un interesante juego de contrapuntos entre guitarra y voces en alguna de las estrofas más hábiles de todo el largo. El estribillo, y la forma en que se acompaña de los distintos coros, de nuevo trae a mi memoria a los neoyorquinos Riot, mientras que el solo que ocupa el centro mismo de la composición resulta más que notable.

Astral Queen” pone a trotar a los valencianos. Consiste en un heavy metal mucho más evidente y directo. También disfrutón. Alberto Rodríguez de nuevo estira su registro sin excesos innecesarios, manteniéndose en tonos donde se encuentra a gusto y obviando cualquier impostura. La firme batería de Aldeguer acompaña apenas sin pausa a uno de los cortes que, probablemente, no fallará en sus directos. La sección solista, resultona, vistosa incluso, termina por redondear la apetecible oferta.

Fallen Angel” contrarresta ese vigor con su avanzar pesado y arrastrado. Siempre dentro de los finos márgenes del género pero sin que ello signifique perder ni un ápice de identidad ni tampoco de carácter. En parte porque el riff de sus cuidadas estrofas brillará con luz propia. Sobre el papel ofrece un trazo más evidente, lineal incluso, el disco atraviesa por su vertiente más clásica, pero se elevará finalmente gracias al fenomenal solo que precede al epílogo.

Vendetta”, que la banda entregó como adelanto del álbum, recupera el vigor de cortes anteriores para acometer un heavy metal que, en un primer término, derrocha tanto vigor como clasicismo. Alberto Rodríguez entrega sus tonos más épicos aquí y el hecho de que uno de los cortes más extensos del disco fuese elegido para su traslación al terreno del video lyric tiene mucho de declaración de intenciones. Salta a la vista cuando uno oye los buenos solos doblados que han dibujado aquí. También el más neoclásico que irrumpe a continuación y que debería hacer las delicias de todo buen amante de los guitar hero más al uso. El epílogo, que recupera aquél riff del inicio y lo alimenta de ese trotar tan característico, remata una de las ofertas más redondas de este segundo trabajo.

Only The Stars Are Left” sorprende con ese inicio calmado y tranquilo. War Dogs traman inicialmente una balada que pronto transige hacia su vena más clásica. Trotan el riff y Aldeguer con él para proponer otro corte con clase y al que tampoco le falta gancho. Me gustan las melodías que acompañan a Rodríguez durante estribillos. También la forma en que las guitarras se doblan más adelante. Y en estos tiempos de solos fugaces que parecen avergonzarse de sí mismos, qué gran placer produce encontrarse con la vasta sección solista que la banda propone aquí. Extenso, hábil y memorable en toda la extensión de la palabra, apoyado por un firme doble bombo en distintas fases del mismo y desde ya uno de los grandes hallazgos del trabajo al que da nombre.

The Seventh Seal”, cuya narración inicial remite directamente al clásico sueco de culto “Det sjunde inseglet” de Ingmar Bergman, recurre a un heavy metal fogoso y atractivo, trotón en su base rítmica y donde se suceden riffs que ganan en gancho lo que pierden en solidez. Por ahí me engancha el solo que circunda su tronco central, especialmente cuando ambas guitarras juegan a encontrarse en un vistoso juego del gato y el ratón. Tan evidente y clásica como eficaz.

Para el final queda una “The Vengeance Of Ryosuke Taiwara” donde el tópico dirá aquello de que los chicos han puesto aquí todo su empeño. Es la oferta más extensa del álbum y, como tal, resume muchas de las influencias que han alimentado a los cortes precedentes. Vuelven aquellos coros tan Riot de “Heaven’s Judgement”, Alberto Rodríguez sorprende con la que quizá sea la interpretación vocal más ambiciosa de su trayectoria y la banda se permite incluso un pequeño oasis de tranquilidad con cierto regusto a Queensrÿche. Ese puente tranquilo y el crescendo que, solo mediante, la composición va dibujando camino del epílogo, se me antojan el broche perfecto a este segundo trabajo de los ilicitanos.

Orgullosos representantes dentro de nuestras fronteras de eso que algunos han dado en llamar “New Wave of Traditional Heavy Metal”, War Dogs parecen no estar para experimentos. Y sin embargo la sensación que queda es la de que la banda ha dado un paso de gigante desde aquél “Die By My Sword” de 2020 (reseña). Esto sigue siendo metal clásico, de toda la vida, pero los chicos parecen mucho más conjuntados y seguros ahora, evidenciando cómo el obligado rodaje les ha ido convertiendo en mejores músicos y, a tenor de temas como “Vendetta” o “The Prosecution”, también mejores compositores. Atravesado además por solos de gran mérito, (fantásticos los de “Only The Stars Are Left” o “The Vengeance Of Ryosuke Taiwara”) y con un Alberto Rodríguez cada vez más seguro en su desempeño tras el micro, la banda tiene motivos más que suficientes para estar satisfecha.

Texto: David Naves

Reseña: Helevorn «Espectres» (Meuse Music Records 2024)

Espectres” supone el quinto trabajo en la trayectoria de los doomies baleares Helevorn, la banda que forman Pedro S. Bonnín (piano, teclados), J.M. Rubio (bajo), Álex Correa y Sandro Vizcaíno (guitarras) y Josep Brunet (voz). Con Sebastià Barceló como batería de sesión, el álbum fue producido, grabado y mezclado en los mallorquines Psychosomatic Studios por Miquel Àngel Riutort “Mega” (Golgotha, Perpetual Night, Æolian, Angelus Apatrida) y posteriormente masterizado por Jens Bogren (Aathma, Amorphis, Swallow the Sun, Septicflesh, Enslaved…).

El disco cuenta además con las colaboraciones de Thomas A.G. Jensen (Saturnus), Inés González, Biel Gayà (Trallery) y Jovan Milosevski. Con foto de Tuco Martin y artwork de Irene Serrano Espejo, el disco vio la luz en septiembre del pasado 2024 vía Meuse Music Records.

La entrada al álbum que entrega el prólogo de “Inherit The Stars” no podría haber resultado más elegante. Piano sobre un fino colchón de teclados que acabará transigiendo frente a la pegada de las primeras guitarras. Helevorn entregan buenas melodías previas a la entrada de un registro, el de Josep Brunet, que a ratos recuerda a los mejores del género. Roto pero discernible. Melancólico y triste pero aún en pie. El corte avanza fusionando esas estrofas más rotas con voces más limpias y acomodadas. Les funciona a los baleares este doble juego. La mezcla equilibra y refuerza sus intenciones. Cada línea tiene una presencia justa en la misma. Y cobra especial relevancia durante un tronco central de cariz más grandilocuente. De una tensión más acentuada y profunda. Ahí donde emerge un tan tranquilo como efectivo solo de guitarra. Muy a tono con el resto de la composición. Uno de los cortes más equilibrados de este nuevo trabajo y con razón la carta de presentación del mismo:

A lomos de un riff ciertamente desafiante, “The Defiant God” da un pequeño giro al álbum al ofrecer ahora a unos Helevorn más rotos y descarnados. Las buenas voces de Brunet vienen ahora apoyadas por unas cuidadas melodías de guitarra. Lo quebradizo de sus estrofas contrastará con la mayor luminosidad de sus estribillos. La banda se mantiene firme igualmente camino de un tronco central eminentemente atmosférico. Un pequeño remanso de paz donde vuelven a dejarse notar las teclas de Bonnín, anticipando una voz narrada que me recuerda sobremanera a bandas como Mourning Beloveth. No la que más me sorprenda por escritura de las ocho. Por contra, una de las que más gancho arrastra en su transitar tembloroso y oscuro.

Signals” ofrece ahora la cara más vivaracha de los baleares. Un doom que, de primeras, siempre me recuerda al clásico corte no tan agrio que Saturnus acostumbran a incluir en sus álbumes. “A Father’s Providence” podría ser una buena rima. Helevorn proponen así un pequeño asidero en forma de un prólogo de ritmos vivos que habrá de contrastar con la habitual melancolía que se adueñará de la composición más adelante. Destaca aquí la fina línea de batería del Trallery Sebastià Barceló soldando a la perfección ambos registros. Me agrada la forma en que todo va transitando desde esos tonos más ligeros a los más descarnados y espesos, con la banda regresando después a esa cierta ligereza que alimentaba el prólogo. Por ahí uno de los cortes más ágiles de todo el largo, rematado por el estupendo solo de Biel Gayà que antecede al epílogo.

When Nothing Shudders” viene para confirmarse como la gran balada del álbum. Quizá como la gran balada de Helevorn. Brunet pone su registro más prístino al servicio de un prólogo elegante, por momentos casi distinguido, y la banda va tramando un juego de intensidades en el que parece realmente cómoda. Ayuda una vez más la equilibrada mezcla que ofrecen las canciones. También los cuidados arreglos. De especial gusto me resultan los que acompañan a la segunda estrofa. Delicada sin siquiera rozar lo ñoño, transita hacia un tronco central de inusitada fuerza, sin por ello abandonar los (a veces) férreos márgenes del género. Fantástica, siente uno en todo momento el cariño con que la banda ha trazado una canción que excede en gran medida las expectativas que me generó una primera escucha (algo distraída) de este “Espectres”.

Unbreakable Silence”, corte más ambicioso del álbum, al menos en cuanto a duración se refiere, arranca de nuevo desde el piano. Deja ahí un cierto aire a los italianos Novembre. También quizá a unos Anathema de discos como “A Fine Day To Exit” o incluso “A Natural Disaster”. Extenso prólogo de guitarras graves y casi monocordes. Brunet en su encarnación más liviana declama con no poca clase estas primeras estrofas. Es un trazo de pulsos lentos, la banda se ha tomado sus buenas pausas aquí, lo que viene a amplificar el impacto de alguna de las voces más rotas de todo “Espectres”. A ellas se contraponen las teclas de Bonnín, solidarias a unos arreglos entre lo elegante y lo onírico. El largo epílogo, que desata a los Helevorn más rotundos, es sensacional en toda la extensión de la palabra. Si el doom death es ante todo sentimiento, desde luego que los mallorquines salen victoriosos aquí. Por trazo, arreglos, ejecución y feeling.

L’endemà”, con Inés González colaborando en voces, abraza ahora el catalán mientras ofrece un riff que, de primeras, puede parecer algo fuera de lugar en un disco como este. No importa porque Helevorn aprovechan para volver a aquél doom intenso de comienzos del álbum, Inés brilla y de qué forma al micro y su propuesta se magnifica camino de un tronco central entre lo desgarrado y lo ostentoso. Y aunque siento que el pequeño y remansado puente que antecede al epílogo bien merecía algo más de espacio y desarrollo, al final un corte de fuerte personalidad dentro del tracklist y que da un poco la medida de la banda que podrían ser con el doble juego vocal siempre a bordo.

Por ahí tal vez que “The Lost Futures” entregue ahora a unos Helevorn más reconocibles. No es que a esta penúltima entrega le falten argumentos pero acusa, aunque sea a ratos, una cierta repetición de patrones. Nace desde las tímidas guitarras de su prólogo, transita por estrofas realmente rotas y culmina en un tronco central que abrocha aquellos acordes del comienzo y nos conduce a un más que curioso cierre. Nada que me aburra aquí, tampoco que me sorprenda. En cierto modo uno de los cortes más regulares (o menos excepcionales) de este nuevo trabajo.

Children Of The Sunrise”, con todo un Thomas A.G. Jensen de Saturnus como invitado de excepción, ofrece el prólogo más tendido de todo el álbum. Un remanso de paz y melancolía donde lo cristalino de las voces acompaña a unos arreglos tímidos y muy bien medidos. Son los Helevorn más sinfónicos, abrazando una desnudez que sorprende y acongoja. Jovan Milosevski pone la guitarra clásica, también la luz, a un tema que parece abrazar sin medida la desesperanza. Cuando Jensen descompone una vez más su garganta y Helevorn irrumpe al unísono, todo cuaja para ofrecer la mejor cara de los baleares. Puede que ese epílogo pidiera un desarrollo algo más ambicioso, pero con eso y con todo un fantástico broche a este gran “Espectres”.

A los habituales de bandas como Evadne, October Tide, Daylight Dies o los propios Saturnus pocas cosas habrá dentro de este “Espectres” que les vayan a pillar de nuevas. Si acaso ciertos momentos de “L’endemà”. Lo que no quita para que estemos ante un álbum de doom death metal que tiene poco o nada que envidiarle a cualquier otro de cuantos han visto la luz a lo largo del año. A ratos grandiosos, Helevorn son más que conscientes del terreno que pisan, obrando en favor de unas canciones, inspiradas según la nota de prensa por el libro “Ghosts Of My Life” del escritor, filósofo, profesor y crítico Mark Fisher, que lo tienen todo para satisfacer a los fans más exigentes de las bandas antes nombradas. Grandes composiciones, una estupenda producción y la percepción de que sin duda cotizó alto en los habituales tops del pasado 2024.

Texto: David Naves

Reseña: Ethiva «Beaten Track» (Clostridium Records 2025)

Se hacen llamar Ethiva, vienen de Asturias y son Javi Lorenzo en guitarras, Camil Cinnamon en voces, Ramón Fernández en baterías e Iván Muñoz al bajo. La música de este “Beaten Track” que hoy nos presentan vino al mundo los OVNI Estudio con Sergio Díaz (Firu) a los mandos, mientras que las voces serían registradas por Sergio Rodríguez, quien se encargó igualmente de mezcla y master, en los Tutu Estudios. El arte de la portada recayó en el Ossobüko Studio y todo el conjunto sería editado por Clostridium Records el pasado 13 de mayo.

El prólogo de “Rolling Freeze” pone de relieve a los Ethiva más entusiastas. Y, desde ahí, construye un ida y vuelta entre ese mayor vigor y una tensión más apaciguada y psicodélica. El trabajo en cuanto a mezcla y producción es excelente, algo que se deja notar aún con auriculares y cuando esta reseña se está realizando a través del propio bandcamp de la banda y no sobre una copia física del álbum. Todo llegará. Camil traza estrofas precisas, bien apoyadas en su registro hábil y juguetón. Luego hay ecos floydianos en los solos de guitarra y siempre un bajo en constante movimiento, trazando siempre líneas interesantes y pegadizas. Un corte extenso, por apenas un segundo el que más de entre los seis, y que ya da muestras de por dónde van los tiros en esta nueva obra de los asturianos.

Camil Cinnamon comanda tras el micrófono una “Cut The Top” que sirvió como anticipo de este “Beaten Track”. Aquí las guitarras recorren contornos más ligeros, envueltos siempre en esa bruma casi onírica que propician las afinaciones por un lado, la propia producción por el otro. Me agrada cómo se conducen a lo largo de las estrofas. Cómo todo desemboca en inteligentes escorzos técnicos. Estos van medidos con suma precisión. Engrasados con el propio tono de la composición, dispuestos en favor de ésta y no del ego de cada cual. Me gusta la pesadez más alucinada del puente central, así como el solo que desarrolla Javi Lorenzo. A caballo siempre entre el prog y la psicodelia, Camil Cinnamon mediante, la banda deriva entonces hacia su vertiente más amable y soñadora. Ecos de la Grace Slick de Jefferson Airplane antes del epílogo. Algo que considero es siempre buena señal. Para el cierre queda esa encarnación más ruidosa y directa. Con un gancho de mil demonios, por cierto. Estupenda, y fíjate que en primeras escuchas me parecía algo enrevesada de más. Ahora y en cambio, no puedo dejar de escucharla. Cuestión de darle a las cosas la importancia y el tiempo que realmente merecen.

Run Far Away” parece acogerse a esa vertiente más ruidosa y vivaracha. Ramón Fernández está trazando una cuidadísima línea de batería en estos primeros compases. Para cuando irrumpen las primeras estrofas y regresa la calma, Kayo Dot (y alguno que otro de los proyectos de Toby Driver) no tardan en acudir a mi subconsciente. Es un corte más comprimido en cuanto a tiempo. Algo que se deja notar en una construcción que, aún con sus idas y venidas, resulta un tanto menos ambiciosa en comparación con sus compañeras de disco. Pero Camil Cinnamon está fantástica al micro. Derrochando por igual rango y carisma. Pese al mordisco en cuanto a duración no pienso que caiga en saco roto. Al contrario.

De una belleza profunda y arrebatada, el tranquilo prólogo de “Mountain Claim” es todo lo que está bien. Ethiva lo rompen en bloque para que, un poco a trompicones, Camil Cinnamon vuelva a ejercer de maestra de ceremonias. Su registro se dobla con la guitarra de Javi Lorenzo y, por pura colisión, surge uno de mis momentos favoritos de todo el largo. De guitarras reverberantes en el solo primero, y de tonos más misteriosos después, la composición va atravesando recodos y contornos siempre llamativos y atractivos. Y es que Ethiva vuelven a otra de esas escrituras diversas por retorcidas, que confluyen ahora en un tronco central descosido y ruidoso. Y no quisiera decir que todo el largo epílogo podría caber bajo el paraguas del rock experimental, pero ciertamente se deja sentir un leve aire a jam improvisada que le sienta como anillo al dedo. El juego entre Cinnamon y Lorenzo aquí es, sin pensarlo mucho, otro de mis (varios) momentos favoritos de este “Beaten Track”.

Red Lights” propone ya de entrada un prólogo atrevido y lleno de personalidad. En él, Cinnamon está desarrollando notas realmente altas. Los riffs que entrega después Lorenzo pueden no resultar tan atrevidos, pero vienen apoyados por una base rítmica tan desatada como concisa, por contradictorio que ésto pueda sonar. Brilla Iván Muñoz al bajo en el brío pero también en la calma. Que la hay. Otra escritura en montaña rusa, plagada de cambios de ritmo y donde el juego entre las distintas intensidades que proponen nunca suena artificial o deslabazado. Muchas líneas confluyen aquí. Y, sin embargo, la mezcla no se resiente ni lo más mínimo. Prueba una vez más del cuidado con el que la banda y técnicos han tratado a estas canciones. Estupendo ese epílogo y los tonos, de nuevo altísimos, que Cinnamon imprime en ese tramo final. Estupenda.

Libre y de nuevo entusiasta Lorenzo durante el prólogo de esta “Summertime”. Aquí surgen unos Ethiva un tanto más bailables y pegadizos. Siempre sin perder la conexión con su habitual rock psicodélico pero aportando una pizca más de personalidad a este corte final. Hay cambios de ritmo que me recuerdan a ciertos momentos de King Crimson. También a los ahora desaparecidos Acid Mess, quizá la banda de la región con la que más puntos tengan en común. Largos solos de guitarra primero y una Cinnamon erigida en total protagonista después. La mezcla introduce luego un curioso juego entre canales, desplazando la voz a izquierda y la guitarra a derecha, integrando la base rítmica con toda precisión y procurando todo el espacio posible al buen desarrollo técnico de los asturianos. Oníricos y elegantes. Un cierre de disco de una marcada espacialidad, a caballo entre lo alucinatorio y lo improvisado, para un curioso y personal abroche final.

No es el tipo de música que más acostumbramos a tratar por aquí y, sin embargo, qué agradable sorpresa la vuelta de Ethiva. Rock psicodélico de primero orden, acompañado de una voz llena de fuerza y carisma, unos trazos cuidados con todo cariño y unas producción y mezcla a la altura de cualquier banda foránea. Que es lo que tiene fundir dos de los mejores estudios de la región en un solo álbum. El resultado salta al oído. Un disco más que adecuado para sobrellevar los rigores del verano en ciernes. De esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con las escuchas, cocinado en el punto justo entre la ambición y la elegancia. Sin sobresalir del género ni romper fronteras pero mimado cada detalle hasta las últimas consecuencias. Agradable y estupenda sorpresa.

Texto: David Naves