Reseña: The Buzzos «Survival» (Maldito Records 2026)

Vuelta al ruedo para los hard rockeros de Quintana De La Serena (Badajoz) The Buzzos. No sabíamos nada de los extremeños desde aquél “XX” (reseña) con el daban cumplido repaso a su trayectoria anterior, por lo que este “Survival” viene ahora a poner de actualidad a la banda. Sean Swindle en voces, Diego Leone y Diego Iglesias en guitarras, Lander Pulido al bajo y Jesús Putule en baterías se encuentran detrás de estos once temas. Un trabajo grabado y mezclado en Sonak Studios & Live por Luismi García y posteriormente masterizado en Crossfade Mastering por Enrique Soriano, cuyo artwork fue creado por el propio Putule sobre una idea del frontman Sean Swindle y se encuentra ya en la calle vía Maldito Records.

Directa al grano, “Mad City” se mueve hábil tras esa melancolía del prólogo que luego, llegados los primeros versos de la estrofa, viene a adoptar un deje que me recuerda mucho al mejor Billy Idol. Un registro este que le viene como un guante al bueno de Sean Swindle y un primer corte, bien apuntalado en riffs y también en melodías, de los que entran a la primera y canturreas durante todo el día. Porque el estribillo tiene un gancho de mil demonios y la producción es firme, contundente en su punto justo, y la banda parece estar en mejor forma que nunca. El disco no podía empezar con mejor pie.

Storm Inside My Brain” no pierde ni el brío ni la contundencia, pero es cierto que suena un tanto más ligera. Es vivaracha, Iglesias y Leone están muy finos a la hora de arrastrar sus riffs por otra composición sencilla, directa, con mucho feeling, ideada para propulsar ese característico registro de Swindle. Me funcionan estas estrofas, el modo en que la base rítmica opera sin excesos, sin alardes, ocupando su justa porción de protagonismo en la mezcla. Luego llega ese solo del epílogo, que aún en su sencillez, me resulta uno de los más lúcidos del álbum. Puede que no tenga el gancho del tema apertura, que requiera de alguna pasada más atenta que otros cortes dentro de este “Survival”, pero con eso y con todo me agrada.

La sorpresa, si se le puede llamar así, llega con una “Lost In Time” que, casi de inmediato y aún a falta de teclas, me lleva (casi) siempre a pensar en una banda como Sex Museum, especialmente en estribillos. Son estos unos The Buzzos bailables, claro, libidinosos incluso, con el bajo de Lander Pulido ganando peso en la mezcla, ayudando a sujetar ese deje más desenfadado de esta tercera entrega. Estupendo ese puente central por cómo funde melodías de guitarra y ese cuidado registro de Swindle y la llamativa línea de batería, si bien pienso que al solo de Leone se le podría haber sacado algo más de jugo. Te enganchará a la primera, palabra.

En contraste a esa cara más lúdica, “Make Things Right” regresa a la cara más punk de los extremeños. Desde la primera estrofa hasta el gritón estribillo, todo porta mi aire más despreocupado, ganando enteros en pegada y ampliando el rango sonoro del álbum. Es el corte más rácano de los once pero, pienso ahora, llega a buen término de todas formas.

Tonight”, que en cierto modo me recuerda al tema apertura del álbum, sí creo que merecía una duración algo más ambiciosa. Alguna de mis melodías favoritas de todo “Survival” surgen en esta quinta entrega. Me funciona esa construcción alterna de las estrofas y el modo en que Swindle las encara tras el micro. Los coros que suman más adelante, y de nuevo el trabajo de Iglesias y Leone en guitarras es todo lo fino que cabría esperar. Pero siempre llego al epílogo con ganas de más.

Y es curioso porque siento que, después, “Pretty Face” le pesa algo el culo en cuanto a duración. Que no me desagrada, pero que siento que su parte final se alarga en exceso. Sea como fuere, The Buzzos vuelven aquí a esa vena más punk (o proto punk en realidad) sin perder la clase ni tampoco la chulería inherentes al género, con un Jesús Putule estupendo en baterías y, en gustos personales al margen, una banda que sabe interpretar muy bien su papel.

Luego arranca “Hard To Hide” y siempre me atrapa el modo en que propone esas guitarras más graves sin perder un ápice de nervio, al tiempo que irrumpe el Swindle más vacilón de todo el disco. Hay buenas estrofas aquí pero, sobre todo, otro de los estribillos más redondos de todo el largo. Puede ser esta, fácilmente, la entrega más contundente que les recuerdo, con una base rítmica que de nuevo gana peso y una estupenda (de verdad) labor de Iglesias y Leone en guitarras. Rematada, de hecho, por un estupendo solo en su tramo final y, por aquello de que la cabra siempre acaba tirando al monte, fácilmente mi favorita de esta nueva remesa.

Falling Like A Comet” retoma aquella senda más bailable de aquella “Lost In Time” para mostrar al quinteto de nuevo en esa encarnación más juguetona. Es cierto que luego en estribillos todo resulta mucho más canónico, pero anda que no incitan a mover las caderas esas estrofas. Todo enfundado en otra estupenda línea de bajo de Putule, que por momentos (palabras mayores, soy consciente) me recuerda al bueno de John Deacon. Otro de los cortes más característicos y llamativos de todo el álbum, abrochado por un estupendo epílogo.

Summer´s Almost Gone” es un baladón / medio tiempo con todas las de la ley. Cuidadosamente arreglado, preñado de buenas melodías de guitarra y con el Swindle, evidentemente, más sentido y nostálgico de todo el largo. De construcción clásica, ese trazo en crescendo, acompañada de buenos detalles desde el piano, y donde todo resulta tan profundamente clásico como terriblemente funcional. Estupendo el solo y el modo en que se funde con la voz del propio Swindle primero y con los detalles desde las teclas después. Realmente estupenda.

Fool’s Luck” recupera la cara más vibrante de la banda con un hard rock vibrante, directo, pegadizo y descarado solidario al Swindle más agudo de todo el álbum. Uno de esos cortes que parece pensado, creado y ejecutado con el directo como fin último, que a ratos me recuerda al último trabajo de mis paisanos Leather Boys, y donde la banda, pienso, vuelve a dar lo mejor de sí. Llena de buenos guitarrazos, otro estribillo con gancho y un nervio, en definitiva, pocas veces oído a lo largo de todo “Survival”. Y es que como dijo aquél: “es solo rock ‘n’ roll pero me gusta”.

El cierre es para “Dirty Halo”, que regresa a la cara más vacilona de la banda para un cierre sensual, algo arrastrado, apoyado en buenos riffs y en ese Sean Swindle hedonista y lascivo. Puro hard aguardentoso, bien construido sobre otro estupendo riff de Iglesias y Leone. Como estupendo es ese solo que antecede al epílogo, así como el trazo de este, y que corona el que, pienso, es otro más que notable trabajo de los quintanenses.

Deformación profesional, cierto es que me engancho en mayor medida a la cara más hard de la banda y no tanto cuando se atreven a derivar hacia un punk más primario. Con eso y con todo una estupenda colección de nuevas canciones. Por lo general bien armadas, interpretadas con buen gusto (si bien hay momentos en que el cuerpo me pide solos algo más ambiciosos) y con un Sean Swindle que, sin abandonar su característico registro, sabe moverse con toda la diversidad que exigen estas nuevas once canciones. Todo centrifuga en favor de una banda que vuelve a la actualidad por todo lo alto. Francamente, no esperábamos menos.

Texto: David Naves

Reseña: Crystal Tears «Athanato» (Sliptrick Records 2025)

Estamos ante el quinto trabajo de los power / speed metaleros griegos Crystal Tears, que cumplan sus veinte años como banda. Ellos son el batería y miembro original Chrisafis Tantanozis, el bajista Alex Hamalidis, el guitarra Kostas Sotos y el vocalista Antony Hämäläinen. “Athanato” cuenta con colaboraciones de Mike Wead (King Diamond, Mercyful Fate, ex Candlemass), Helena Josefsson y Jay Walsh (Xentrix). Producido por el propio Tantanozis, las pistas resultantes de la grabación serían debidamente mezcladas y masterizadas por Matt Hyde (Hamlet, Kreator, Machine Head, Trivium…) y el álbum puesto en circulación a través de Sliptrick Records.

El prólogo de “Athanato” no podría ser más tranquilo, ni tampoco más orgánico. Crystal Tears huyen de todo aditamento artificial y proponen un metal sincero y directo ya desde el mismo comienzo. Lo que sigue es un heavy metal pesado, marcado a fuego por el característico registro de Antony Hämäläinen. El ex Ancient Settlers otorga una dimensión a la propuesta que les aleja de gran parte de sus coetáneos. Sotos está fino a la hora de hilvanar los distintos riffs y melodías. El corte resulta diverso en lo rítmico, muy melódico en lo musical y finalmente atractivo por esa amalgama de capas e intensidades.

Así las cosas, “Bloodstorm” toma un camino mucho más melódico. Menos sorprendente. Es un heavy / power elegante, de pequeños acentos épicos, con Hämäläinen alternando entre lo tranquilo de sus estrofas y lo más rocoso de los estribillos. Un corte funcional en su propia alternancia y donde Mike Wead viene a aportar un solo más que correcto. Más que correcta. No siento que me desagrade, pero sí deja cierto poso a que, con una duración un tanto mayor, habría podido ser un corte realmente redondo.

“Naked”, a la que suma su registro la vocalista Helena Josefsson, propone un metal tranquilo y apaciguado, que lejos de buscar rimas fáciles con bandas como Epica o Nightwish, parece más cerca del característico metal de los italianos Lacuna Coil. Sotos vuelve a estar más que hábil en la creación de riffs, si bien algo más discreto ahora en lo que a melodías se refiere. Hay un buen cambio de ritmo en el corazón mismo de la composición. Y es ahí donde emerge Tantanozis en apoyo del mayor músculo que muestra la banda. Habrá quien eche en falta un doble juego vocal. Crystal Tears, desde luego, no se conducen aquí conforme a las expectativas. Para bien o para mal, eso ya dependerá de cada uno.

All Sins Remembered” recupera no obstante el vértigo perdido. Corte de power metal potente pero también rocoso, con Hämäläinen tomando de nuevo el micro y vociferando en su clásico estilo a lo Tomas Lindberg, la recientemente desaparecida leyenda del melodeath sueco. Sotos vuelve a dar lo mejor de sí en apoyo de unos buenos estribillos. Estos podría contarlos entre los más atractivos de todos cuantos propone este nuevo álbum. El solo, que en ningún caso desentona, termina por configurar una entrega breve pero concisa. Eficaz y pegadiza. Unos Crystal Tears en perfecto equilibrio entre su pasado y su futuro.

Crawl Into Your Grave” no se desliga en demasía de esa línea, con Sotos de nuevo explotando su faceta más melódica. El también integrante de los góticos Til The End deja aquí varias de las líneas con más gancho de todo el álbum. Después, y en comandita con las rotundas voces de Hämäläinen, atina a construir otro corte ágil, diverso y lleno de contrastes. Caben estribillos directos, pero también alguna que otra estrofa llamativa por su propia desnudez. Me agrada, además, toda la construcción que conduce hacia el solo de Sotos, amén del propio solo en sí. Otro corte de mi vagón de favoritos.

Hay un gran trabajo de Tantanozis en esta “Ghostdance”, quizá aquella que más me recuerda a la anterior banda de Hämäläinen, Ancient Settlers. Sotos la saca adelante con otra gran labor desde el punto de vista melódico. En estribillos pero también en estrofas. El vocalista finés parece muy cómodo aquí, avanzando sobre cada verso con total seguridad. Incluso cierta clase. Desde luego la banda sale airosa del juego entre contrastes, si bien habrá quien eche en falta un mayor clasicismo. Una mayor adhesión a los preceptos del género. Nunca llueve a gusto de todos, supongo. Estupendo solo final en cualquier caso.

Ov Flesh And Pain”, cuánto daño han hecho Behemoth, alterna a los Crystal Tears más rocosos con los más melódicos. Es algo que salta al oído con la desnudez de las primeras estrofas, precedidas estas por un prólogo de lo más rotundo. Los riffs de Sotos en esas partes más nervudas resultan mecánicos, casi marciales. Contrastan con el fuerte influjo melódico que otorga luego a las estrofas. Y de ese doble juego vuelve a surgir otro corte llamativo por alterno. Pero si algo sobresale aquí es el extenso y bien planteado solo de Sotos, amén de su buena labor durante el epílogo. Sin florituras forzadas y operando siempre en favor del conjunto. Fenomenal.

Nosi Balasi” añade algo más de picante a la mezcla. Y si bien me parece un corte bienintencionado, bien construido incluso, lo cierto es que lo siento algo falto de gancho con respecto a otros tantos dentro del tracklist. Hämäläinen está todo lo rotundo y grave que de él cabe esperar. Tantanozis no escatima en el uso del doble bombo y Sotos deja un solo más que suficiente a lo largo del puente central. Con eso y con todo no negaré que hay cortes aquí dentro con los que he conectado en mayor medida.

Eros And Psyche”, corte más rácano del álbum en lo que a duración se refiere, es una instrumental a mayor gloria de las habilidades de Sotos con su guitarra. Clásico y calmado al comienzo, efervescente y casi frenético después, me agrada en su tercio final pero logra que vaya desconectando camino del final.

Y no pasa nada porque “Chaos Thy Name” de nuevo capta mi atención, a fuerza de insuflar una mayor mala baba al conjunto. Metal poderoso y vibrante, con Tantanozis volando desde el kit de batería en sustento del Hämäläinen más agrio y vociferante. Dado ese mayor nervio pueden disculparse (tal vez) unos riffs de Sotos más efectivos que vistosos. El corte sufre, si acaso, por una duración un tanto pírrica, que revierte en un puente un tanto fugaz y, a consecuencia de ello, un solo algo constreñido. Sea como fuere un corte que no me desagrada en ningún caso.

Para el cierre queda la revisión del clásico de Guns N’ RosesYou Could Be Mine”, con la banda siendo lo suficientemente hábil para situarse entre el homenaje y la lógica desviación hacia su propio sonido. Por ahí Jay Walsh deja voces más graves que agudas y la banda solventa la papeleta con crudeza, sin adornos excesivos, con un bajo de Hamalidis que crepita junto a las guitarras y un solo a la altura. Un cierre ideal para todo arqueólogo de versiones que se precie.

Quienes lleguen a este “Athanato” buscando un disco más de power / speed metal, a buen seguro se llevarán un chasco de los grandes. Lo que no quita para que el disco salga más que airoso de su llamativa colisión entre estilos. Especialmente a lo largo de su primera mitad. Esa que alberga la curiosa “Naked”, la llamada de atención que supone el tema título o el cuidado equilibrio de “All Sins Remembered”. Un disco que, salvando las gigantescas distancias, podría decirse que representa para Crystal Tears lo que “Jugulator” vino a significar para Judas Priest, si bien “Decadence Deluxe” (2018) ya había dado algún que otro paso en esta dirección. Avisados quedáis.

Texto: David Naves

Reseña: Timeless Rage «My Kingdom Come» (Metalapolis Records 2026)

Que venga a nosotros lo nuevo de Timeless Rage. Los sinfónicos germanos, aka Klaus Buchfink (baterías), Michael Benk (guitarra, coros), Anna Keil (teclados, coros), Christian Pirch (guitarra, coros) y las recientes incorporaciones Daniel Wengle (bajo, coros) y Nicolaj Ruhnow (voz), nos entregan un segundo largo mezclado y masterizado por Markus Teske (Mob Rules, Vanden Plas, Threshold, Symphony X…) en el Bazement Studio y que ha visto la luz vía Metalapolis Records.

Por las manos de Markus Teske han pasado bandas de no poco renombre. Es algo que notas nada más arranca la inicial “My Kingdom Come”, tirada más hacia la vertiente power que la sinfónica (aunque algo hay) del combo alemán. Es un corte directo, ya digo que sin mucha pompa, que ni reinventa la rueda ni pierde ocasión de tramar buenas estrofas y estribillos. Me gusta ese paso más lento que va y viene, un ambiente que bien me podría recordar a los propios Symphony X, sin llegar al (a veces) torrencial derroche técnico de aquellos. El solo me devuelve esa sensación, especialmente en el arranque. La banda construye una buena sección solista. Acomodada, elegante, eficaz. Es un primer corte ordenado, quizá a ratos un tanto previsible, pero finiquitado tras un estupendo epílogo. Esto no pinta nada mal.

Nicolaj Ruhnow, que pasó por los británicos Tokyo Blade, llegando a grabar un álbum con ellos (“Thousand Men Strong” de 2011), plantea tonos altos en contraste con el tono más oscuro que la banda desarrolla en esta “The Seed Of Fear”. Por ahí ciertas comparaciones con Kamelot, Avantasia, incluso Edguy parecen inevitables. Es una composición que viene a extraer algo más de músculo en lo que a técnica se refiere, tamizada por esos aires más medio orientales (¿Alguien dijo Orphaned Land?) y rodeada ahora de un mayor punch sinfónico. Me agrada ese doble juego entre voces. La más limpia, la más rasgada, que si bien ya hace tiempo dejó de resultar novedosa, sí pienso que está bastante bien integrada en el (ágil) corpus de esta segunda entrega.

La más breve “The Devil’s Masquerade” se adhiere a un power metal clásico, sencillo y directo. Bien adornado en cuanto a producción y donde Ruhnow está dejando versos en una onda que no me podría recordar más a ese tal Michael Kiske. Hay un puente que desata, de nuevo, a esos Timeless Rage más graves y oscuros, bien cuadrado en términos de producción y al que sigue, de nuevo, ese power trotón y elemental del tercio inicial. Nada nuevo ni sorprendente, clásico single adelanto, pero funcional cuanto menos.

Conquistadores”, no busquen semejanza alguna con los orgullosos piratas alemanes Running Wild, alterna un heavy de nuevo algo más oscuro con andanadas de puro metal sinfónico, elegante y bien arreglado, para un corte al que tampoco le falta mordiente. Hay aquí una deriva hacia pasajes casi progresivos, siempre sin salirse del redil del género pero que, desde luego, otorgan otro aire a esta cuarta propuesta. En contraste, el puente central vendrá a desatar un tono entre lo épico y lo teatral. Es un corte entretenido por diverso, de esos que ganan peso específico con cada escucha y, a fe mía, uno de los más divertidos de este “My Kingdom Come”.

Moonbite Serenade” le sirve a estos alemanes para mostrar algo más de colmillo. De intensidad. Composición más extensa del álbum, ahonda en ese power tan teatral que ya mostraran en “Conquistadores” para, por ahí, construir un heavy / power metal que, de nuevo, parece no querer conformarse con abrazar un único discurso. Lo mejor es lo bien que está Ruhnow en la creación de estrofas. Elegante, hábil, sabiendo moverse en tonos altos pero sin abusar de agudos sin sentido ni perderse tampoco en voces melosas e impostadas. En una era de producciones sencillas, predecibles, profusas en bombo / caja y estribillos más cerca del pop que de Accept o Iron Maiden, refresca (al menos) encontrarse composiciones como esta. Y aunque pienso que aún se le podría exigir algo más (hay cierta alergia al solo de guitarra en estos chicos), bien están esos detalles, otra vez, entre épicos y teatrales que anteceden al epílogo.

Cuenta la nota de prensa que “A Vampire’s Legacy” fluctúa en influencias entre Paradise Lost y Stratovarius. Puede ser. El caso es que Ruhnow de nuevo está brillando en estribillos pero el corte, en líneas generales, creo que palidece frente a otros dentro de este segundo largo. Todo su habitual discurso está presente y de qué forma aquí. Pero encuentro predecibles ciertos riffs en que se apoyan las estrofas y ese tono gótico, apesadumbrado por el que la nota refiere a la susodicha banda británica no siento que llegue a materializarse del todo. No es que me aburra pero desde luego tampoco me engancha.

Regrets” supone entonces un pequeño descanso dentro del fuerte flujo sinfónico del disco. Breve en duración y pequeña en ambición, que no exenta de cierta distinción y con un Ruhnow ahora sí algo engolado, supone un pequeño impás que sirve como puente hacia “The Enemy Is You”. Aquí la banda recupera la forma, echa toda la carne en el asador en lo que a peso sinfónico se refiere y adopta un power vivaracho y clásico, con un gancho de mil demonios. Brilla (por fin) Klaus Buchfink tras baterías mientras la producción juega a enfrentar el aspecto puramente metálico, esas guitarras ahora más afiladas, con todo el aparato sinfónico. De nuevo esos interesantes duelos vocales, contornos algo más nervudos y un cierre por donde se colará, incluso, un aire más circense. Una dupla de lo más atractiva.

We All Shall Fall” parte de un prólogo que me recuerda a unos Iron Maiden del “Brave New World”. Sentimiento este que se desvanece toda vez sucede ese arranque e irrumpen los Timeless Rage más metálicos de todo el largo. En consecuencia, hay voces más encorajinadas, pero también una presencia sinfónica que, a ratos, me chirría como lo hacen muchos recodos del (por otro lado) algo infravalorado “S&M” de unos tales Metallica. Con eso y con todo tampoco es un corte que desprecie.

The Pale Death” echa por tierra ese deje casi misterioso del prólogo para conducir hacia un power sinfónico que, seamos francos, tampoco aporta gran cosa al discurso previo. Funciona, si acaso, para que Ruhnow disponga tonos más propios de un Tobias Sammet y el disco supere, al menos, los tres cuartos de hora. Y no niego que Anna Keil haya trazado buenos detalles desde el piano o que el doble juego vocal les vuelva a funcionar. Pero en resumidas cuentas siempre me deja una sensación un tanto agridulce…

… que de todos modos tampoco empaña, al menos en mi caso, todo cuanto la banda ha hecho bien previamente. Primero por lo equilibrado de su sonido, segundo porque parecen ser más que conscientes de sus puntos fuertes tanto como de sus debilidades y finalmente porque entre los diez cortes cabe un discurso lo suficientemente rico como para agradar a cualquier fan del sinfónico que se precie, en especial si quiere huir (sin mirar atrás) de bandas como Beast In Black, Battle Beast, incluso Sabaton, y abrazar un metal más clásico, no tan pagado de sí mismo, pero que salvo algún momento concreto entrega todo aquello que promete. Que no es poco.

Texto: David Naves

Reseña: Crom «III» (Demons Records 2026)

Cuando el pasado mes de abril comenzaron a llegarme, vía redes sociales, las primeras noticias de la reunión de Crom, no pude menos que congratularme. Fue una noticia no exenta de nostalgia. Sigo a la banda desde aquel lejano 1987 en el que publicaron su primer LP, «Steel For An Age» (todavía lo conservo en vinilo). Producido por Julio Castejón (Asfalto) y publicado por Sniff, tenía un sonido… vamos a decir que mejorable, pero las composiciones de estos pucelanos nos ponían en el rumbo de eso que estaba llegando: el speed y el thrash metal, pero con unos tintes épicos que le daban una visión muy particular. Además, cantando en inglés, un atrevimiento para el heavy metal patrio de aquellos 80’s. El potencial de la banda era enorme y esto llama la atención de la prensa especializada. Ficharán por la discográfica Claxon Records y un año después llegaría «Wasteland» (1988). Lo graban en La Meca del momento, los Estudios Mediterráneo de Ibiza, bajo la producción del gurú del momento, Dennis Herman. Y en 1989, mientras preparaban nuevo material, llega la disolución de la banda… y el silencio. Este silencio sólo lo romperá la inclusión del tema “Covered By Glory” en el recopilatorio impulsado por Juan Pablo Ordúñez “El Pirata”, llamado genéricamente «Destrozando El Olvido» (Desobediencia Records 2002), y alguna reedición de su material antiguo ya bien entrado el siglo XXI.

Y treinta y siete años después reaparecen con este EP, «III». Por lo que cuenta la propia banda, el germen de esta nueva obra es un viejo cassette TDK recuperado más de treinta años después, grabado en el local de ensayo de Valladolid y que debía haber dado como resultado el tercer LP de Crom. Por lo visto, dos temas no llegaron a grabarse, y de ahí que la propuesta actual se haya reducido al formato EP.

Sobre este punto de partida, los cuatro miembros originales de la banda (Luis Gadea – voz y bajo, Gabriel Navarrete – batería y coros, Miguel A. Sotorrios – guitarras y coros y Denis Escuredo – guitarras y coros) trabajaron los últimos años con la dificultad añadida de la separación geográfica para cerrar esa cuanta pendiente, con ellos mismos y, por qué no decirlo, con los seguidores de la formación. Mención aparte merece el coproductor del trabajo, Suko Sánchez, que en muchos momentos sirvió como pegamento para el empeño.

Hasta aquí la historia, pero vamos a ponernos con lo mollar. El EP está concebido como una obra conceptual (algo que tampoco es un terreno desconocido para Crom) basado en el conflicto de la Gran Guerra (o I Guerra Mundial, como prefiráis). En lo musical, cuatro temas ligados por dos interfaces instrumentales.

El EP se abre con «Off To War”. Introducción ambiental perfecta para ponernos en situación, pero a partir del minuto uno el desarrollo va in crescendo. Sonidos que nos trasladan a la NWOBHM. Las melodías literalmente cabalgan y culminan en un estribillo coreable. Transiciones que recuerdan a movimientos sinfónicos y excelentes guitarras dobladas rematadas con un solo de altura. El pasaje instrumental “Dreaded» hace que la transición al segundo tema casi ni se note.

«Trench» comienza con la voz de Luis en estado de gracia. Me llega a recordar al malogrado Midnight de Crimson Glory y a su vez le da a la composición ese poso de heavy metal progresivo que siempre estuvo latente en los discos de Crom. La propia banda cuenta que «Es probablemente la composición más oscura del disco, con una atmósfera opresiva y sombría. La influencia de referentes fundamentales para la banda, como Black Sabbath o Angel Witch, se percibe en el tema». ¡Y vaya si se nota!; riff pasado sobre una demoledora base rítmica que contrasta con un exquisito y melódico solo.

The Last Charge” salió como single de adelanto. El tercer corte es tal vez el más enérgico del trabajo. Ritmos quebrados, contundencia… Un tema que seguro puede brillar en directo. Rápido, intenso… Crom se hacen reconocibles, pero sin embargo el sonido es tremendamente actual. Una versión 2.0 que te hace pensar en los Metallica del álbum negro o en los Megadeth del “Rust In Peace”. Eso sí; nunca sabremos qué habría pasado si ellos lo hubiesen sacado en 1989-90.

Buried Souls” vuelve a funcionar como elemento transicional, arpegiado, casi acústico… Y llega “Gallipoli”, la culminación thrashera del EP. La batería de Gabi carga poderosamente arrastrando al resto del combo, rematando con un solo pleno de técnica. Tal vez un final demasiado abrupto, aunque puede que premeditado al estar la obra «incompleta».

En definitiva, algo más de veintitrés minutos que saben a muy poco después de tantos años de espera. Sin duda, uno de esos lanzamientos de los que me acordaré a final de año a la hora de hacer mi lista de favoritos. Como dicen en su nota de prensa «No es heavy metal clásico. No es thrash metal. No es power metal ni metal progresivo. Es un poco de todo ello y, al mismo tiempo, algo diferente. Es el sonido de CROM».

Cuando se publique esta reseña, ya habrá sido presentado en el Bar Mordor de Valladolid. Sólo espero que Luis, Gabi, Mimi y Deni le den continuidad a este renacer, tanto en una gira como en futuros trabajos fonográficos.

Texto: Tômi Röckdríguez

Reseña: Green Desert Water «Eerie Meadows» (Small Stone Records 2026)

Tercera entrega para una de las bandas más en forma del hard rock estatal. Green Desert Water, tras entregar el fenomenal “Black Harvest” en 2021, regresan ahora con un “Eerie Meadows” destinado a llevar un paso más allá a Dani Bárcena (batería, percusión) Juan Arias (bajo) y Kike Sanchís (guitarra, voz). De nuevo bajo el abrigo de Small Stone Records, los ocho cortes que ocupan este nuevo trabajo se grabaron y mezclaron en los Tutu Estudios de Corvera (Asturias) con producción de Sergio Tutu y Diego Martínez. Masterizado posteriormente por Chris Goosman en los Baseline Audio Labs de Ann Arbor (Michigan, Estados Unidos), viene adornado por el arte de Ossobuko Studio y cuenta con coros de Álvaro Bárcena.

Inicio reposado el de esta “Northern Lights”. Una pausada introducción al álbum, de aires stoner y sonido cristalino. Huelga decir, toda vez que las guitarras más graves irrumpen aquí, que el trabajo en los Tutu Estudios ha dado buenos frutos. Muy melódico Sanchís en ese prólogo. Es el corte más extenso de los ocho y realmente da esa sensación de que la banda ha querido mimar cada detalle. Me agrada la forma en que, sin prisas, los chicos van dibujando ese largo crescendo inicial. Sin prisas ni apreturas. Pero también la pegada que la banda consigue toda vez Sanchís engrana los riffs más graves y sus tonos más altos tras el micro. Un primer corte, en definitiva, tan refrescante en ese aire tan alucinado de su primera parte como fiel a la más auténtica tradición G.D.W. en su enrabietada parte final. Gran arranque.

Luego en el álbum irrumpen cortes más sencillos. Uno es este “The Blacksmith”, apoyado en una estupenda línea de batería de Bárcena. El riff sobre el que desarrollan este hard rocos y pesado, tienen ese gancho (inconfundible) que Sanchís ha venido cultivando desde aquél “Solar Plexus” de 2018. Qué buenos esos coros que le acompañan en estribillos. Crepita en todo momento el bajo de Arias. Una presencia la suya que se hará especialmente significativa a través del solo de guitarra de ese tramo final. Corte marca de la casa.

Eerie Meadows” recoge su herencia más Black Sabbath. Aquella que se dejaba sentir a lo largo y ancho de su anterior largo “Black Harvest”. Sanchís muestra otro de esos riffs directos al cuello. Pesado y con gancho, acompaña al vocalista durante esas estrofas tendidas, dueñas de una cierta tensión, y con el asturiano trazando una de las mejores líneas de voz que le recuerdo. Desde el aspecto puramente guitarrero, puede ser uno de los cortes que más llaman mi atención. Tanto los que adornan estrofas primero como estribillos después, me agradan y me enganchan. Luego llega ese cambio de ritmo del epílogo. Sobre él acomoda Sanchís el solo, en otro rasgo de pura idiosincrasia G.D.W.. Ha dado nombre al disco y, desde luego, puedo entender los motivos.

El prólogo “Woodcutter” tiene algo que siempre me recuerda a aquella “Too Many Wizards” del anterior trabajo. Lo bueno es que esas similitudes desaparecen toda vez el corte transita hacia sus primeras estrofas e irrumpe ese aire más alucinado. Sin bordear la psicodelia pero con Sanchís ahora en tonos más conservadores. Contrastan con con esos solos a modo de engarce entre estrofas Son sucios y a la vez vistosos, Un corte que se irá volviendo más alucinatorio camino del tronco central, para una vez allí desembocar en un estribillo luminoso, casi un contrapunto de ese hard arrastrado y lisérgico. Estupenda labor de Arias y Bárcena durante ese tramo final. No desfallecen.

Holy Ground” procede con una calma muy bien trazada. Entre sonidos que me recuerdan al rock alternativo de los 90 y el inequívoco modo de componer del trío, todo el largo prólogo es un baño en guitarras cristalinas y pasajes tranquilos. Luego irrumpe una mayor gravedad. Otro riff marca de la casa Sanchís, y esta quinta entrega ofrece la mejor cara de los chicos. Y un poco más de brío en un cambio de ritmo de lo más natural. Me gusta el peso que se le otorga a los coros durante estas estrofas. También la estupenda labor de Arias y Bárcena con la base rítmica. Luego Sanchís se desquita con uno de los solos más cuidados y ambiciosos de todo el álbum. Otra de mis favoritas.

Wolfhound” recupera parte del brío perdido y lo confronta con esos dejes más tranquilos y alucinados. Estrofas sumamente cuidadas estas, que contrastan con ese estribillo de aires casi grungeros. Un corte que, a grandes rasgos, me suele recordar a los barceloneses Saturna, oxigena el álbum en cierto modo y que, si bien llega a buen término, puede ser el que más inadvertido ha pasado de los ocho.

Y también es que “Bos Primigenius” puede no ser la más ambiciosa de esta nueva colección de canciones. Pero tiene uno de esos riffs que entran a la primera y estás tarareando durante horas. Es la receta clásica de la banda: un corte rápido y efectivo, que parece tener el directo entre ceja y ceja, pero que no por ello deja de hacer gala del buen nivel técnico que manejan.

El cierre es para “Meteora”, con la banda hilvanando esa faceta más técnica sin olvidar sus dejes más oscuros y alucinados. De resultas de toda esa colisión sonora surge otro de los cortes mejor trazados de este tercer largo. Todo me funciona: desde la fina línea de batería de Bárcena hasta esas cuidadas voces de Sanchís. Acaricia en la misma medida en que ruge y se eleva. Perpetra otra de sus grandes interpretaciones aquí, sin olvidar los buenos riffs u otro estupendo solo final. Un broche de oro a este “Eeerie Meadows”.

Tal y como esperábamos es un disco de una pureza absoluta. En esto no iban a fallar y no lo han hecho. El que es, para unos pocos, el secreto mejor guardado de nuestra escena, confirma su status de culto con un tercer largo fantástico. Con sus recetas de siempre pero equilibrado como nunca. Dueño de buenos riffs, mejores solos y una base rítmica de igual brillo y presencia. Entre el hard pesado, guiños stoner, escarceos lisérgicos y un brío muy clásico, “Eerie Meadows” debería suponer el aldabonazo definitivo para el trío asturiano. Cierto que sería de necios omitir que se trata de una de nuestras bandas fetiche. Pero realmente siento que han trazado un muy buen disco. Esperemos que su esfuerzo no venga a caer en saco roto.

Texto: David Naves

Reseña: Balsa De Piedra «Vanitas» (The Fish Factory 2026)

Gótico sureño el que hoy nos llega de la mano de The Fish Factory. El quinteto sevillano Balsa de Piedra concita hoy nuestra atención con un segundo largo al que otorgan el nombre de “Vanitas”. La banda se compone de la dupla Moisés Hidalgo & Ángel M. Ramírez en guitarras, la base rítmica del bajista Raúl Schilperoort y el batería Manuel Juscar (al mando también de los sintes) y la voz de Juan Ríos (quien también corre con la maquetación y el arte). Esta segunda obra vino al mundo de la mano de Leo Peña en el Jotun Studio y cuenta con las colaboraciones de Cristina Serrano (voces en “Ad Astra”) y Miguel Palou (violín en “Finis Gloriae Mundis”).

Me gusta todo cuanto tiene de orgánico la introducción “Omnia Vanitas”. Breve, concisa incluso, apoyada en unas guitarras que, de inmediato, nos sumergen en el tono general de la grabación. “Soma” arranca después, y lo hace con una cierta calma. Es el corte más largo de los diez, procurando una escritura que parte desde ese quejumbroso bajo del prólogo hacia una composición de lo más diversa. Aquí me engancha el riff, con ese inequívoco deje a lo Black Sabbath, amén de un aspecto vocal adherido a esas fuertes influencias góticas del quinteto. Una mayor grandilocuencia acoge a los estribillos. Asimismo, me agrada el solo que sigue por cuanto éste tiene de atmosférico dentro de la grabación. Un corte lleno de contrastes, tejido sin prisas, bien armado. El aspecto lírico puede despistar a más de uno. En mi caso, y no descarto vaya a ser el único, me recuerda al segundo largo de mis paisanos Narwhale, salvando cuantas diferencias hay en lo musical entre unos y otros. El buen solo que antecede al epílogo apuntala la que, pienso, es una más que llamativa dupla inicial.

In Vino Veritas” toma entonces un rumbo más vivaracho, recogiendo un sonido algo más Type O Negative y mostrando por el camino una construcción más tradicional. Un corte con corpus de single, donde la banda transita un camino más acomodado, de mayor enganche con el común de los mortales, apoyado en una producción diáfana, bien equilibrada y con un Juan Ríos ahora en tonos más altos. Quizá no alcance a desprender aquella sensualidad arrebatada (a veces humorística, a otras totalmente autoconsciente) del tristemente desaparecido Peter Steele pero un corte que me engancha en cualquier caso.

La caverna” me engancha ya desde el mismo prólogo. Es un arranque pleno de atmósfera, tenso, que destapará luego, como ya hiciera “Soma”, la cara más doom de los sevillanos. De nuevo creo que el riff en que apoyan este metal más pesado tiene enjundia suficiente. Quizá no encuentre el mismo peso en aquél que conforma los estribillos. En cualquier caso, me agrada mucho su aspecto lírico aquí…

Arde la piedra por la tiranía de la gravedad. Carne y cadenas es la geografía de la soledad

… así como unos arreglos que le otorgan una personalidad muy especial a esta cuarta entrega. Hay ideas aquí que bien podrían tener cabida en álbumes de gente como Paradise Lost o My Dying Bride, convenientemente tamizadas por la particular personalidad de la banda. En el tramo final, por contra, todo parece recoger un aire más cercano a unos Héroes del Silencio, con ese ritmo más vivaracho y, muy especialmente, esa interpretación de Juan Ríos, no muy lejana del ínclito Enrique Bunbury. El broche final, por contra, llevará a Balsa de Piedra hacia su vertiente más nerviosa y trotona. Ni que decir tiene que otra de mis favoritas.

El prólogo de “Estatua de Sal” busca ahora un tiento más melódico en guitarras. De nuevo un corte vivaracho, con un pie dentro del gótico y otro en el doom más casual. Me gustan mucho estas primeras estrofas. La desnudez inicial, los buenos riffs que enseñan después. Por ahí vuelve a sobrevolar esa influencia tan Héroes. El estribillo creo puede ser uno de los más efectivos de todos cuantos la banda introduce en “Vanitas”. Después de todo, ha sido otra de las cartas de presentación de este segundo largo. Engancha sin tampoco resultar manido. Con eso y con todo, echo en falta un solo que termine de apuntillar ese paso al epílogo. O tal vez no. Y es que al fin y al cabo: “… no hay nada tan bello como una ruina”.

Alter Ego” es otro de esos cortes que vienen a amplificar el rango sonoro del álbum. Tiene un arranque taimado, casi lindante con el post-punk más al uso, que más adelante dará paso a unos estribillos con Juan Ríos muy seguro en los tonos más altos. Brilla en todo momento el bajo de Raúl Schilperoort. Tanto en la pura demostración técnica como a la hora de acompañar las partes más calmadas. También mientras ofrece apoyo a la estupenda sección solista del tramo final. Entre medias una letra intimista (“vagabundo dentro de las fronteras de la piel”) y uno de los cortes que más llama mi atención en lo que a producción se refiere. Para nada un single al uso y, sin embargo y en un gesto que, creo, dice mucho de ellos, fue una de las cartas de presentación de este segundo largo.

Un segundo esfuerzo al que da nombre esta “Vanitas”, que amenaza con una mayor oscuridad durante el prólogo, procurando que supure la cara más doom del quinteto. Apenas un pequeño guiño antes de que aparezcan los Balsa de Piedra más vivarachos. En esas partes más vivas, el de Candlemass puede ser un nombre recurrente. Pero el corte aún acogerá después un mayor nervio, con un esforzado Manuel Juscar tras baterías. Una de las canciones más diversas en cuanto a escritura se refiere, que rima con el doom más casual sin que ello signifique perder colmillo. Aún cuando me agrada, sí siento que alguna que otra idea que irrumpe aquí bien merecía algo más de desarrollo.

“Ad Astra”, con colaboración de Cristina Serrano en voces, vuelve a fluctuar entre el gothic y un cierto aire post-punk para conformar un corte sobrado de gancho. Armado con buenos estribillos, Juan Ríos está de lo más elegante aquí, la banda no teme irse a una duración mayor, algo que permite a la composición desperezarse y respirar. Por contra, sigo pensando que los coros del puente, algo atenuados en la mezcla final, merecían algo más de punch. Por contra, me agrada en buena medida el solo que surge a continuación. No me desagrada en ningún caso pero bien es cierto que congenio en mayor medida con otros cortes dentro del disco.

Años de Dolor” es un interesante juego entre la balada y el medio tiempo, de construcción clásica, muy funcional, donde lo mismo uno encuentra ecos (lejanos) de Sôber que a Juan Ríos en una de sus interpretaciones más efervescentes. En contraste surgen guitarras leves, con Raúl Schilperoort brillando una vez más desde el bajo. Puede que queden “años de dolor hasta alcanzar el reino que se nos prometió”, pero qué duda cabe que ese vagar por el “desierto de la desolación” se hace más llevadero con cortes como este. Ojo al cambio de tono final.

El cierre es para “Finis Gloriae Mundis”. Un corte de inicio tenso, destacado por el violín de Miguel Palou, y donde la banda juega ahora sobre una batería electrónica (si mis oídos no me engañan) para construir, finalmente una última entrega profundamente llamativa. Oscura a su manera, de voces que a veces son poco más que un susurro, mientras Juan Ríos ofrece su interpretación más flamenca (de nuevo, salvando las distancias) de todo “Vanitas”. El solo de su tramo final, y que a ciertos rasgos me recuerda al inalcanzable Guthrie Govan, no podría funcionar mejor. Estupendo cierre, si me preguntan.

Un buen segundo disco el de los sevillanos. No son muchos los álbumes de gothic rock/metal que nos llegan pero, siempre que lo hacen, parecen albergar no poca calidad. Balsa de Piedra han ofrecido un segundo largo repleto de buenas composiciones, grabado (aparentemente) con no poco mimo y donde el leit motiv principal parece el de construir buenas canciones por encima de cualquier otra consideración. El solo hecho de que algo como “Alter Ego” fuese elegido como uno de los adelantos creo que habla y no precisamente mal acerca de esto. Cabe destacar además el libreto tan elegante que acompaña al CD, en esto no acostumbra a fallar la buena gente de The Fish Factory, remate perfecto al ramillete de buenas canciones que el quinteto ha sacado adelante.

Texto: David Naves

Reseña: Fyres «Like Waves» (LDP Records 2026)

Nuevo Ep para el proyecto madrileño de metal alternativo Fyres, que lidera el multi instrumentista, compositor y productor Bob G. Castro, y que vio la luz el pasado 23 de enero. Cinco temas que vienen a suceder a aquél “Like Horses» de 2020. Una reflexión acerca de “la aceptación personal, el equilibrio interno y la capacidad de fluir con los ciclos de la vida”, y que prosigue allí donde lo dejara el debut. Las baterías fueron interpretadas por Tweety Capmany (Hermana Furia, Avenues & Silhouettes) y registradas por Juan Blas (Nothink, Caboverde), mientras que de producción, mezcla y masterización se encargó Alex Tena (Bonecarver). Finalmente, el artwork fue obra de Paranoidme.

To Float, To Flow, To Brush Your Teeth” es una carta de presentación concisa y eficaz. Es un metal que bebe, cada vez más, de las fuentes de la electrónica, pero de un modo que no tiene nada que ver con, por poner un ejemplo, Electric Callboy. Hay buenas melodías de Castro en estrofas. Y buenos riffs en las transiciones hacia estribillos. Es esta una producción que otorga el debido protagonismo a cada una de las líneas. Y una composición apaciguada y sin prisas. Atmosférica a ratos, habrá quien quizá eche en falta algo más de nervio. De mordiente. Éste llega, en pequeñas dosis, durante el tramo final. Ahí me agrada lo natural y poco artificioso que resulta ese epílogo. Un corte con una manera de fluir muy personal, que me descolocó de primeras y que he sabido apreciar tras el correr de las escuchas.

Accepting The Limits” lleva ese vértigo electrónico un paso más allá. Hay matices curiosos en la voz de Castro. También unas estrofas que podrían pasar por las mejor construidas de este pequeño Ep. El estribillo aporta gancho, también algo más de mordiente, mientras la producción va ganando terreno conforme las guitarras ganan en gravedad. Es un corte directo, con Capmany llevando a cabo una buena labor tras los parches, rematada con un prólogo donde las voces ganan, quizá, demasiado protagonismo. Con eso y con todo un corte que funciona.

Dancing In The Rain”, que coloca su estribillo en el mismo prólogo, juega con un metal muy al uso alternativo, con Castro jugando en tonos altos durante estrofas, apoyándose en pasajes a un tempo atmosféricos, al otro más electrónicos y casi desnudos de guitarras. Estas, cuando llegan, agradan con ese deje tan melódico que dibujan. Un corte cuyo puente, lejos de derivar hacia la calma, adopta un nervio apenas desconocido a lo largo de este “Like Waves”, con un veloz Capmany en baterías. Al final, y pese a lo algo rácano de su duración, una canción hábil a la hora de fundir atmósfera y músculo.

Por contra, “Kings” puede ser el corte con el que menos conecto de todo el Ep. Y es una pena porque Castro dispone buenos riffs aquí. Capmany, de hecho, está trazando una más que interesante línea de batería. Pero hay algo en la ejecución de estas líneas de voz, o en el modo en que la producción las dispone a lo largo de la grabación, con lo que me cuesta empatizar. ¿Lo mejor? Sin duda ese epílogo por el mayor mordiente que ofrece y lo orgánico (dentro de lo que cabe) que resulta.

Así las cosas, la final “The Window” sí que ha logrado captar mi atención. El sonido vuelve un poco a aquél fluir tan particular del primer corte. Castro está muy fino construyendo las primeras estrofas. Tanto en composición como en voces. Siento que todo fluye, de nuevo, de un modo muy natural. Y aunque pueda echar en falta una dosis mayor de picante, de ninguna manera es un corte que me haga sentir aquella cierta lejanía de “Kings”. Del mismo modo, me agrada la construcción del puente central. No busquéis aquí un metal rabioso y desafiante. Todo fluye dentro de las lindes más atmosféricas del género, con Castro ofreciendo un más que digno trabajo en voces durante el epílogo. Es un buen final.

Casi seis años después de su anterior obra puede que cupiera esperar algo más de parte del proyecto madrileño. Sea como fuere, y siendo mi primer contacto con la banda (o la one man band), cierto es que encuentro bastantes asideros a los que agarrarme. Muchos de ellos están en el corte que abre el Ep. En el modo en que está construido e interpretado. En el fluir tan característico en que se apoya. Creo además que precisamente ahí residen las mejores voces de Bob G. Castro. Es el corte que más ha crecido tras las distintas vueltas (aunque a día de hoy, ya no sé si esa sigue siendo la expresión correcta) a este “Like Waves”. En cualquier caso, un trabajo de metal alternativo paciente y bien estructurado. Más apoyado en una personal búsqueda de lo emocional a través de lo atmosférico y no tanto en el nervio o la rabia, aunque de todo hay. Un trabajo un poco a la contra de los álbumes de metal alternativo que nos suelen llegar y, por ahí, cinco temas que bien merecen una oportunidad.

Texto: David Naves

Reseña: Unreal Overflows «Slaves Of The Human Future World» (Great Dane Records)

Casi veinte años han pasado desde aquél “Architecture Of Incomprehension” con el que debutaran los gallegos de Cangas Unreal Overflows. Tiempo en el que la banda ha tres álbumes: “False Welfare” en 2012, “Latent” ya en 2018 y finalmente este “Slaves Of The Inhuman Future World” que hoy nos ocupa en 2025. Ya con Zoilo Santiago Loira (guitarras, voz, bajo, baterías) y Diego Bea Besada (guitarras) como únicos integrantes. El propio dúo se ha encargado de producir, grabar, mezclar y masterizar estos nueve temas a caballo entre Zoilo Unreal Studio y Beabesada Estudios. Great Dane Records puso el disco en circulación en formatos CD (digipack) y digital.

Ni epopeyas sinfónicas ni más artificio que el que emana de las guitarras de Zoilo. “Echoes From The Past” entrega un prólogo elegante para después descoser su propuesta y alternar la cara más flamígera del actual dúo con la más melódico. En el contraste entre ambas intensidades radica gran parte del encanto de este primer corte. Buenos cambios de ritmo, a veces quizá algo bruscos, pero siempre apoyados por las buenas melodías de ambos guitarras. Un puente que desliza hacia su cara más progresiva y un epílogo cuyas voces filtradas me llevan inevitablemente a pensar en los primeros Cynic. Un buen primer corte.

Baterías vibrantes comandan el arranque de “Digital Slavery”. Hay buenos riffs aquí y en general una versión algo más desenfadada de U.F.. Sea como fuere, ellos no olvidan ni los buenos detalles en lo técnico ni tampoco unas estrofas, tan retorcidas como arrastradas, en la más pura tradición de la banda. Más concisa conforme atraviesa su tronco central, emerge ahí su cara más atmosférica. También buenos detalles de Zoilo con el bajo. Se nota esa pulsión por tratar de llevar su música hasta los confines del género. Asirse con fuerza a ellos y exprimir todo cuanto llevan dentro como músicos. Siempre sin imposturas ni artificios y del modo más orgánico posible.

Las melodías que dan inicio a “Tearing The Layers Of Reality” pueden pasar por las que más gancho disponen de todas cuantas encuentro a lo largo del álbum. Aquí vuelve la cara más descosida del dúo para un death metal melódico iniciático y quintaesencial. Un corte de esos que parece aludir más al corazón que a la cabeza, que entra a la primera y que, pese a su naturaleza más rotunda, no se olvida de los buenos detalles, técnicos y melódicos, sin los que esta banda no sería la que es. Muy disfrutona.

Así las cosas, “Beyond The Code” retorna a contornos más técnicos y retorcidos. En un disco que alude al sonido más primigenio de la banda, esta cuarta entrega se echa en brazos de una escritura retorcida y diría que ambiciosa. Por ahí, Zoilo y Diego darán su mejor versión como compositores. Pero es que además, las estrofas vienen soportadas por una serie de melodías tan precisas como gancheras. Y aunque eche en falta un bajo algo más grave durante las partes más pesadas, o una batería con algo más de peso, sigo pensando que pasa por ser uno de los mejores aportes de este nuevo trabajo.

Visage Of Betrayal”, entrega más extensa de las nueve, se construye desde un prólogo arrastrado y rotundo. Zoilo está dejando voces realmente agrias aquí. Y el dúo compone en esta primera parte una estructura menos retorcida y más lineal que en el resto del álbum. Los cambios de ritmo se suceden con naturalidad. Las estrofas de nuevo se apoyan en interesantes melodías de guitarra y el juego entre canales, de manera muy marcada cuando oyes el disco con auriculares, no podría tener mejor equilibrio. Los atemperados cambios de ritmo que ocurren en esta primera parte contrastan con los más rotundos de su parte final. Por ahí un corte que viene a mostrar dos caras muy marcadas del dúo: la más acomodada primero. La más furibunda después. Por ponerle un pero, ese desangelado fade out final. En cualquier caso otra de mis favoritas.

Averse To Creation” es otro prólogo estimulante por retorcido. Hay tensión en ese tech death preciso y a la vez rocoso. Después se suceden estrofas con algo más de brío y una estupenda línea de batería. El puente central, siempre con Zoilo declamando con su gravedad habitual, contrasta con los habituales requiebros santo y seña de Unreal Overflows. Camino del epílogo surgen interesantes juegos vocales, seguidos de las siempre acendradas melodías de ambos guitarras. Se puede acusar al dúo de construir un metal muy de nicho, pero no de no saber llevar su metal técnico hasta las últimas consecuencias.

De prólogo trotón, desenfadado incluso, “Against Our Will” pronto diverge hacia posiciones más cercanas al resto del álbum. Y lo hacen adoptando ahora ritmos más apaciguados y serpenteantes. Si algo me gusta aquí es ese pequeño solo de guitarra, la desnudez que le rodea, así como la violencia con que la composición reacciona a continuación. Puede ser el corte que más escuchas exigió de todo el trabajo. También uno de los que más me engancha a día de hoy. Una clásica estructura en constante diálogo consigo misma, tan sólida como autorreferencial.

El bajo de Zoilo comanda el prólogo de “Consumed By Himself”, corte que puede acusar cierta repetición de patrones a estas alturas del álbum. No sin que quepan buenas melodías y riffs bastante apañados, pero sí que tal vez dejando cierta sensación de déjà vu. Unreal Overflows lucha contra ello alternando la mayor quietud del comienzo con su cara más directa y efervescente. Clásicos cambios de ritmo y unas baterías brillando a la hora de ensamblar los distintos ritmos que se suceden. Con eso y con todo ya digo que un corte que, a día de hoy, me pasa un tanto inadvertido.

El cierre es para “Longing For Silence”, que enfrenta el clasicismo de algunos de sus riffs con un metal trotón y eficaz. En sus partes más técnicas, todo parece entregarse a la buena labor de ambos guitarristas. Procurando mantener el interés a base de alternar buenos riffs con mejores melodías. Nada que no hayamos escuchado a lo largo y ancho del álbum, pero con una concisión y una seguridad, pienso, por encima de la media del disco. La banda culmina así este “Slaves Of The Inhuman Future World” inmersa en su metal retorcido pero orgánico de siempre. Sin más artificios que los que emanan de sus guitarras.

… y que en estos tiempos de inteligencias artificiales, discos sobreproducidos (dentro incluso de las fronteras del género) tiene algo de declaración de intenciones. Fijar la mirada en el pasado para asegurar el futuro. Muchos y muy buenos riffs, aún mejores melodías y su clásico juego con las estructuras. Pienso que el álbum se hace fuerte en su tronco central. “Visage Of Betrayal” o “Averse To Creation” pueden contarse entre las mejores composiciones que hayan hecho nunca. Y aunque aquí y allá haya ideas con las que no conecto en igual medida, difícilmente mi nota descendería de un notable. Mientras que el futuro que tenemos a las puertas nos aterra, el presente ha entregado un más que conciso y eficaz álbum de buen technical melodic death metal. Bienvenido sea.

Texto: David Naves

Reseña: Stolen Soul «Seek Revenge» (Demons Records 2025)

Debut en formato Ep para los metaleros vizcaínos de nuevo cuño Stolen Soul. O lo que es lo mismo: Argo en baterías, Andima con la guitarra solista, Aritza con la rítmica, Iker al bajo y Ángel a las voces. “Seek Revenge” fue estrenado a finales de octubre del pasado 2025.

Y se trata de un Ep donde los chicos no pierden el tiempo. “Alive” arremete, sin introducciones ni zarandajas de ningún tipo, con un metal directo y sin concesiones. Alterna brío y groove, compone estribillos lacónicos y entre las estrofas uno puede seguir el rastro de gente como Hamlet o System of a Down. Lo bueno es que la banda parece haberse tomado el tiempo suficiente a la hora de componer. Es algo que parece latente en esa escritura intrincada. En la buena gama de riffs que la soporta. Hay una producción muy equilibrada. Desde el bajo al solo de Andima, todo adquiere su debida cuota de protagonismo. El solo de éste último, por cierto, no va falto ni de extensión ni tampoco de clase. Un buen arranque, con las posiciones firmes y gancho más que funcional.

Rise Above” porta un aire más melódico. Casi cercano a bandas como Sinaia o A Day to Remember. Las voces adquieren un mayor color, disfruto de esa mayor alternancia que muestran. También de la línea de batería de Argo y la buena base rítmica que compone al alimón con Iker. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de los cinco, pero fue el que más arraigó ya desde las primeras escuchas. Y si bien como digo es una entrega atravesada por una mayor melodía, la banda tampoco abandona el nervio aquí. De resultas de todo ello “Rise Above” se erige ágil, eficaz y muy disfrutona.

Restless”, por su parte, arranca desde posiciones algo más heavies. Dan fe de ello esas guitarras dobladas del prólogo. También ese riff pesado, muy clásico, que conduce hacia las primeras estrofas. Ahí me agrada el modo en que dichas estrofas han sido construidas. El modo en que van transitando hacia posiciones más contemporáneas. Puede que estas sean las mejores voces de Ángel en todo el Ep. Desgarradas, que no inteligibles. El puente central acoge una mayor pesadez, un groove muy marcado y bien medido, con el bajo de Iker restallando a placer. Luego Andima coloca otro buen solo y “Restless”, retorcido epílogo mediante, consigue llegar a buen puerto. Un corte de fuerte personalidad dentro del Ep…

… que, “Whispers” mediante, vira de nuevo hacia el metal más pesado y groovie. Entrega más extensa de este “Seek Revenge”, da desde luego la impresión de que la banda ha querido echar el resto en lo que a composición se refiere. Avanza con pesadez en sus primeras estrofas. Después ofrece unos llamativos coros, a voz limpia, para de nuevo confluir en ese metal rocoso y casi monolítico. En su tronco central y para acomodar el solo, la banda opta por ritmos más vivos primero y más pesados después. Ahí donde emerge de nuevo el Ángel más vociferante. También otra buena ensalada de riffs crudos y pesados. A fin de cuentas, un corte de esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con las escuchas. Doy fe.

El cierre corresponde a “Bellow”, donde sobresale el modo en que la banda acierta a alternar ritmos en las que pueden ser algunas de las estrofas más redondas del Ep. De nuevo esa alternancia en voces tan bien resuelta. De lo prístino de sus estribillos al puro desgarro posterior. De nuevo muy bien Ángel aquí. Sin tampoco inventar nada, Stolen Soul se las arreglan para componer un último corte, cuanto menos, atractivo en cuanto a técnica y ejecución se refiere.

Metal contemporáneo entre nervio, pesadez y melodía. Son cinco temas en los que (casi) cada uno parece adherirse a una corriente en particular. Que lo mismo vibra cerca de los Machine Head más thrash que alberga guiños más melódicos o se funde hacia el groove más rocoso y pesado. Lo mejor, en todo caso y amén de la buena producción del Ep, es que todas esas influencias confluyen hacia un nexo común. Hay buenos detalles en el plano técnico, Ángel compone buenas líneas de voz y la base rítmica empasta esa variedad estilística sin grandes apuros. Nada mal tratándose de un primer trabajo. El punto de partida de Stolen Soul no podría haber pintado mejor.

Texto: David Naves