Reseña: Syberia “Quan Tot S’Apagui” (Silent Pendulum Records / Moment Of Collapse Records 2026)

Oscar (guitarra), JordiOnly (guitarra y sintes), Quim (bajo) y Manel Woodcvtter (batería) integran Syberia. Agrupación instrumental con origen en Barcelona y que nos presenta un “Quan Tot S’Apagui” pensado íntegramente en su catalán natal, y donde se acompañan de la colaboración del actor Lluís Soler , recitando unos versos en el epílogo del álbum. Trabajo que verá la luz el próximo 16 de enero vía Silent Pendulum Records (Estados Unidos) y Moment Of Collapse Records (Alemania).

En La Foscor Una Llum Que Brilla” guarda un cierto misterio en su prólogo. Un arranque roto por unas teclas igualmente tensas, casi minimalistas, que a ratos me recuerdan al bueno de Hans Zimmer. Pero cuando las guitarras toman el mando, estos parecen los Syberia que todos conocemos. Si acaso algo más densos, algo más oscuros, pero con el mismo buen nivel técnico de anteriores entregas. Esa construcción por capas, casi inherente al género, esas estructuras en crescendo, están soportadas por riffs hábiles. Con gancho incluso. Vibra aquí, toda vez la batería de Manel adquiere un mayor brío, un cierto acercamiento a territorios más extremos. Perfectamente integrado en el andamiaje de la composición. A principio y a término. Me agrada el grosor que emana de las partes más pesadas. Ahí la producción, tengo la impresión que algo más “sucia” que en trabajos anteriores, casa a la perfección con los nuevos horizontes que buscan. Estupendo primer corte.

Es precisamente la batería de Manel la que marca el inicio de “Llampecs D’Oblit D’Uns Records En Vida”. A él se suma el crepitante bajo de Quim y, solidarias las guitarras, Syberia traman un prólogo directo y ágil. Quizá el impacto global que me produce esta segunda entrega sea menor que aquella que inauguraba el álbum. Aún así, encuentro una buena creación de atmósferas. Campo este que la banda ha ido macerando con el paso del tiempo, llevando a Syberia a contornos mucho más metálicos, arrastrando consigo una cierta melancolía en las melodías y transmitiendo una mayor desesperación cuando irrumpen, casi cual elefante en cacharrería, las partes más angostas y pesadas. Camino del cierre, la composición adquiere un paso más vivo primero, un mayor nervio después, y los chicos le andan cerca al black metal más leve. Detalle este, de hecho, explicitado en la propia nota de prensa, y que uno intuye del todo premeditado.

Puede ser el de “Naixença D’Una Mort Tranquil·La” el prólogo que más me recuerda a los Syberia de álbumes como (el estupendo) “Resiliency”. De primeras es un corte del que, en comparación con predecesores, emana una mayor cantidad de luz. Hay buenos riffs y melodías de Oscar y JordiOnly. También ciertos arreglos que no vienen sino a acentuar esa mayor luminosidad de la composición. Incluso pequeños remansos de paz donde, de nuevo perfectamente integrados y que fluyen con total naturalidad. Toda vez el corte supera su ecuador y las guitarras se vuelven inevitablemente más graves y crudas, un disco como “Requiem From Hell” de los japoneses Mono acude inmediatamente a mi subconsciente. Lo que me agrada de este caminar hacia el tramo final es la cierta épica que brota de repente, ayudada por las guitarras pero también por los sintes, y que otorgan un marcado poso grandilocuente a su conocido post-metal.

Desde luego que si el prólogo de “Naixença D’Una Mort Tranquil·La” era luz, el de “Dins La Meva Ánima La Sang Em Bull…” destila un carácter mucho más tenue y oscuro. Y sin embargo, de entre esa oscuridad va surgiendo un post-rock entre tenue y sombrío, elevado crescendo mediante, con melodías atravesadas por una cierta tristeza. Una encrucijada rota de pronto por guitarras de una melancolía, también de una fuerza, que por pura colisión construyen alguno de mis momentos favoritos de todo el álbum. Ese momento puede que salte en mil pedazos antes de lo que me gustaría. Sea como fuere, todo va redirigiendo hacia un post-metal que, de nuevo, parece jugar a hibridar a los Syberia pasados con los actuales (quien sabe si futuros) con una buena amalgama de riffs hábiles y base rítmica de precisión casi milimétrica. La composición se arquea y contorsiona sin por ello perder un ápice de gancho. Más bien al contrario. Puede que sean los Syberia más orgánicos, más telúricos, pero el recuerdo a bandas como Isis o Amenra se resuelve como (casi) inevitable. En otras palabras: puede que mi favorita de las cinco.

El arranque de “Quan Me’n Vagi No Em Tanqueu Els Ulls” porta un cierto clasicismo. Un post-rock postrado en las raíces mismas del género. Elegante, tendido, bien dibujado y del que se desprenden una delicadeza y (casi diría) un refinamiento roto, de manera abrupta, por una estupenda línea de batería de Manel y una gama riffera de nuevo igualmente clásica. El trazo dibuja un cierto vértigo. Partes más acomodadas que colisionan con otras más violentas, no lejanas de un post-black que a ratos podría llegar a rimar con el shoegaze de gente como An Autumn. En lo que a mí respecta, ha sido el corte que más escuchas ha requerido de cara a la redacción de esta reseña. No quisiera decir que su escritura resulte laberíntica, pero sí que esta resulta estar llena de virajes y recodos ante los que no cabe pérdida de atención. Con todos los sentidos puestos en este último corte, la recompensa son unos Syberia, aparentemente, en un momento más que dulce. Acompañados de esa mayor oscuridad sin perder conexión con sus propios orígenes. Un ejercicio de funambulismo sonoro a la altura de los compositores más avezados. A tres minutos del final se aviene la calma. El cuarteto rebaja los biorritmos para introducir la comentada narración del actor Lluís Soler y tramar su poético final. Estupendo broche.

La nota de prensa que adjuntan avisa y “Quan Tot S’Apagui” lo confirma: estos son los Syberia de siempre pero el poso más oscuro que se deja sentir a lo largo y ancho de muchos cortes otorga una marcada personalidad a este nuevo trabajo. La jugada, pienso, funciona, aunque como siempre, en esto habrá opiniones para todos los gustos. En cuanto a composición le encuentro pocas pegas. Menos aún en lo relativo a ejecución. La producción, como digo algo más “sucia” ahora, casa con ese espíritu más sombrío y Syberia huyen de su pasado sin olvidarse de él. Habiendo comprobado en el pasado lo mucho que esta banda gana cuando traslada sus obras al directo, solo queda, pues, disfrutar de estas nuevas composiciones en vivo lo antes posible. Guiño, guiño.

Texto: David Naves

Crónica: José Rubio + Diego Sanjorge (León 29/11/2025)

El pasado sábado 29 de noviembre fui al acogedor pub Black Bourbon de León a ver el concierto de los virtuosos guitarristas Diego Sanjorge y José Rubio. Siendo sincera, esta crónica la escribo yo, que no soy precisamente una experta en técnicas, tácticas y tecnicismos de guitarras eléctricas, más allá de valorar si lo que escucho me gusta más o menos… Y me gustó, mucho, más de lo que podía imaginar. Claro, que los dos únicos participantes en el evento me lo pusieron muy fácil. Cada uno llevaba su portátil con sus bases pregrabadas, y tocaba en directo su guitarra en variados temas instrumentales. Pero lo hicieron con mucha intensidad, mucha pasión y toda su entrega.

Empezó el joven DIEGO SANJORGE, desconocido para mi hasta ese momento. Después, charlando con él amistosamente en el puesto de merchandising, e investigando un poco, supe que había sido alumno precoz del mismo José Rubio (y visto lo visto, alumno aplicado), y miembro de la banda de PACHO BREA, y después de IRON HUNTER y AD LIBITUM. En esta noche lluviosa, este gallego, treintañero pero ya veterano, venía con su proyecto en solitario, y por eso tocó temas de sus discos “Myth” (2017) y “Oneiromancy” (2022). Después de escuchar sus arpegios rapidísimos y sus variaciones melódicas, me cuesta creer que, como dijo, llevaba tres años sin tocar esos temas. Se notó enseguida su virtuosismo, su amplia formación musical, y su extensa experiencia en los escenarios.

En éste de León, él solo con su guitarra Schecter Hellraiser C7 de 7 cuerdas (no soy experta en guitarras, pero investigo) no dudó en saludarnos, presentar sus temas explicando interesantes detalles de cada uno, y se mostró empático y simpático, muy de agradecer. Supo alternar ritmos muy diferentes en cada canción, mezclando escalas más melódicas y alegres con solos más tenebrosos y oscuros, y, para rematar, nos deleitó con alguna balada de aires celtas, con violines y pianos sonando en la base pregrabada que le acompañaba.

Solo estuvo en las tablas una media hora, pero fue suficiente para convencernos de ir al puesto de merchan a comprar sus discos, y de seguirle a partir de ahora mucho más. Nos gustó y nos convenció.

Y sin mucha pausa le tocó al maestro del primero. Ya conocíamos a JOSÉ RUBIO, que a estas alturas ya no necesita presentación (WARCRY, JOSÉ ANDRËA, URÓBOROS, RONNIE ROMERO, NOVA ERA, etc.), y al que ya hemos visto por León en varias ocasiones, incluso en este mismo formato íntimo y en este mismo Black Bourbon. Esta noche nos daba el último concierto en su gira, en la que presenta su último disco instrumental, “Black Rose” (2023). Y de hecho, era su último concierto del año. Y, como es de esos músicos imparables, ya está pensando en entrar a grabar otra vez, lo cual nos alegra.

De nuevo un solo músico en el escenario, en este caso con dos guitarras: su habitual ESP blanca, con la que hizo casi todo el concierto, y una flamante guitarra naranja, según dijo, recién comprada ese mismo día (aquí me falla la investigación, lo siento). Comenzó con aires celtas, con temas de su disco «Celtic Lands» de 2019 (del que, por cierto, una servidora se llevó la última copia disponible en el merchan), llevándonos a Irlanda con «Shamain» y a Escocia con «The Rampages Of Robin Redcap«. Fue muy de agradecer que el cordobés residente en Galicia nos presentara cada tema detalladamente, diciendo de qué disco salía y qué contaba o representaba cada corte. Eso hizo al ofrecernos más adelante sus «Kelpie’s Song» y «Craigh Na Dum«, del ya mencionado disco, los cortes «Lionheart» o la trepidantemente rítmica «Land Of Terror» (la única en la que usó su guitarra recién comprada), ambas del LP «Forbidden Dreams» (2019), y «Releasing The Beast» (de su disco «Sensations» de 2016), a menudo con arranques suaves que remataban en sonidos más rápidos e intensos.

Además de tocar temas propios, nos deleitó con algunas versiones, perfectamente ejecutadas, de grandes guitarristas de fama mundial, como Michael SchenkerInto The Arena«), Joe Satriani Satch Boogie«) y el que, sin duda, es uno de sus guitarristas favoritos (y mío también), Gary Moore, de quien no solo tocó «The Loner«, sino que introdujo su tema propio «The Jacket Over The Grave» (precisamente de su último disco, «Black Rose«, el que motivaba esta interesante gira), contándonos la popular leyenda del hombre que conoce a una joven, la lleva a su casa, después la busca y solo encuentra su vieja tumba, y afirmando que el maestro norirlandés había sido su gran inspiración en este tema. Y sin duda, fue su gran maestro, porque Rubio literalmente la interpretó sin fallar una nota ni perder una pizca de pasión, una maravilla.

Hablando de maestría, nos dejó impresionados con el tremendo solo, ¿a modo de improvisación?, cargado de rapidísimas escalas, vibratos, tappings y demás técnicas de guitarra, casi imposibles de escuchar en directo, salvo que te encuentres con un artista de este calibre. Nos contó otra de sus debilidades, la novela oscura, especialmente la de Edgar Allan Poe, para introducir su tema «The Crow» (también del «Black Rose«). Supuestamente el concierto acababa ahí, pero no íbamos a dejar que se fuera tan rápido. Tras responder a la petición de un fan tarareando el estribillo de «Siempre Estás Allí» de Barón Rojo (el único momento vocal de la noche, sin micrófono), nos deleitó con todo un popurrí de solos de canciones mundialmente conocidas, repasando lo más importante de la historia del rock internacional (perdonadme que no recuerde todos, pero sonaron desde AC/DC hasta el ya inevitable final con el «Parisienne Walkways» de Gary Moore y el «Coast To Coast» de Scorpions, pasando por Iron Maiden, Judas Priest, Deep Purple y varios más). Parecía no tener fin, y nosotros estábamos disfrutando al máximo.

Pero llegó a su fin, y saludar después a ambos maestros virtuosos y compartir unos minutos de camaradería con ellos fue la guinda de este pastel que tanto nos gustó. Por eso, agradezco a ambos artistas que vinieran a León y se entregaran de esa manera, y les pido que vuelvan pronto. Y por supuesto, agradezco al pub Black Bourbon, especialmente a nuestra querida Patry, su acogedor recibimiento y todas las facilidades. Así da gusto.

Texto y Fotos: Mar Fuertes

Reseña: Azrael «Aquelarre» (Demons Records 2025)

Décimo “Aquelarre” para los chicos de Azrael, o lo que es lo mismo: Tino Torres en baterías, Marc Riera a la voz, Oscar Espín y Enrique Rosales en guitarras y Juan Manuel Salas al bajo. Con colaboraciones de Mario G.M. (que fuera miembro de la propia banda, llegando a grabar tres álbumes con ellos) y Zoraida Vidal (Saedín) ofrecen un total de diez temas producidos y grabados en los granaínos Z Studios el propio Rosales junto a Pedro Sillero. El mismo Mario G.M. se hizo cargo posteriormente de las habituales tareas de mezcla y master, Unai Endemaño disparó las fotos y, finalmente, Fernando Nanderas (Ankhara, Centinela, Opera Magna, Ñu…) se encargó del artwork. En la calle vía Demons Records desde finales de octubre.

Mientras Mi Cuerpo Aguante”, que no podría sonar más a pura declaración de intenciones, coloca el estribillo en el mismo prólogo y construye un interesante juego entre ese riff cabalgado de ese inicio y los más rocosos de las primeras estrofas. Éstas vienen bien adornadas, desarrolladas con pericia incluso por Marc Riera al micro. Regresa el trote inicial para estribillos y acomoda buenos detalles desde las seis cuerdas. El corte, uno de los más extensos del trabajo, va conformando esa naturaleza híbrida y a la vez pegadiza. Alza la nota final el gran solo que anticipa el epílogo. Certero primer corte.

Humanidad” lleva una onda que, en ciertos momentos, me recuerda a mis paisanos de WarCry. Azrael vuelven a apoyar su heavy metal sobre un marcado colchón de teclados. Pero la propuesta, en comparación con el tema inicial, se ennegrece aquí. Hay un gran trabajo en lo que a voces se refiere. Clásico y muy funcional. Bien medido con respecto a las estrofas que ocupa. Buenos enganches entre las mencionadas estrofas. Y si bien hecho en falta un bajo con algo más de peso en la mezcla final, uno de esos cortes que va ganando no poco peso con el paso de las escuchas. Ayuda ahí el buen duelo solista de su tramo central. También un epílogo bien trabajado y de lo más resultón. Otra buena oferta.

Pobre Diablo”, con Mario G. M. aportando en guitarras, es un heavy metal trotón y optimista. Deudor de los Helloween más alegres, también de los primeros Edguy, apoyado con firmeza sobre el doble bombo de Tino Torres. Dünedain, líneas de voz mediante, podría ser otra de las rimas de este tercer corte, el segundo más rácano de todo “Aquelarre” en lo que a duración se refiere, acierta a la hora de recuperar a los Azrael más directos y vibrantes. Un buen contraste al par de cortes iniciales, con otro buen solo en su parte central y coronado sin apenas perder esos ritmos alegres y vivarachos. Me agrada.

Noche De Brujas”, si bien en cuanto a la viveza de su heavy metal, parece seguir allí donde lo dejara su predecesora, cierto es que entrega a unos Azrael sensiblemente más oscuros. Algo que se transfiere incluso a las voces que dibujan a través de las primeras estrofas. Aquí y allá encuentro pequeños desequilibrios en cuanto a mezcla. No obstante esa desigualdad no esconde su metal vibrante, potente, de nuevo apoyado por unas teclas casi omnipresentes. Aquí se produce uno de los solos más interesantes de todo el largo, al que darán inicio las hábiles manos de Zoraida Vidal sobre el teclado. Un corte, que anticipó al disco, quizá algo deslucido en lo que a producción se refiere pero que, en cualquier caso, me atrae tanto desde el punto de vista gramático como el técnico.

Tierra Prisionera” se construye sobre uno de mis riffs favoritos de todo el disco. Me agrada la mayor presencia de Juan Manuel Salas en la mezcla de esta quinta apuesta. Un heavy metal clásico, con ciertas trazas de power metal y muy funcional, que de manera acertada (pienso) reserva un mayor nervio para sus estribillos. Hay cuidados engarces entre estrofas, un solo muy de la escuela Weikath / Hansen y un epílogo que, me da la sensación, les funcionará sobre manera en directo. Es cierto que, en lo que a construcción y escritura no llama tanto la atención como otros cortes de este nuevo trabajo. Pero recupera la producción tan equilibrada de comienzos del álbum para un heavy metal pegadizo, enérgico y funcional.

Dolor y Agonía”, entrega más rácana en cuanto a duración de este “Aquelarre”, es un heavy metal de trazo y gusto muy clásicos. Hay un cierto olor a Judas Priest en las estrofas, que contrasta con el poso más tendido de sus estribillos. En estos hay voces realmente agudas. Bien construida sobre otro riff hábil y con gancho, a ratos siento que las ideas aquí dispuestas daban como para un corte algo más ambicioso. En todo caso, bien están ese solo tan virguero de su tronco central o las poderosas voces del epílogo. Me deja con ganas de más.

Duele” resulta en una balada de corte entre épico y elegante, con un gran despliegue vocal y unas teclas, de Zoraida Vidal, realmente hábiles. Se eleva, guitarras y base rítmica mediante, en un crescendo igualmente clásico y muy funcional, hacia territorios más ampulosos y grandilocuentes. Clásica power ballad en la más pura tradición del género. A favor el gran despliegue vocal y la gran producción de la que hace gala. En contra, que pueda resultar algo previsible.

Un Paso Más” recupera a esos Azrael más vibrantes, próximos (cuando no lindantes) con un power metal directo y sin contemplaciones, que de nuevo me recuerda a los chicos de Dünedain, y en donde Riera se maneja en tonos realmente altos. Con un Torres incansable tras baterías, uno no puede hacer otra cosa que disculpar esa construcción algo plana. Porque la producción y mezcla aciertan a la hora de magnificar la pegada, convirtiendo a este penúltimo corte en uno de los más poderosos de este nuevo trabajo. Nervio y garra intactos, que para más de treinta años transcurridos desde aquella iniciática demo de 1993 no está pero que nada mal.

El interesante prólogo de “Ángel Desterrado” tiene algo que me recuerda a unos Avalanch de álbumes como “Muerte y Vida” de 2007. Elegante, bien construida, con Riera volviendo a esos tonos altísimos, pero donde echo en falta un estribillo con algo más de gancho. Sea como fuere, hay en ciertas estrofas un deje que, a ratos, me recuerda a los mejores momentos de Queensrÿche. Una guerra de contrastes para un corte que me atrae solo a ratos, aún cuando le reconozco los buenos detalles de Zoraida Vidal tras las teclas o el hábil solo del epílogo. Desigual, me agrada sin engancharme…

… que podría ser un poco la sensación que me dejan los propios Azrael en sí. Una banda que jamás fue capaz de romper el particular techo de cristal y alcanzar al nivel de reconocimiento que sí lograron según qué contemporáneos suyos. Algunos, de hecho, citados en la propia reseña. Por ahí que encuentre de especial mérito que, a pesar de todo, sigan contra viento y marea, ofreciendo buenos pildorazos de heavy metal a su fiel legión de seguidores. Con cortes que brillan con luz propia, véase la dupla inicial, la cierta oscuridad de “Noche De Brujas”, la grandilocuencia de “Duele” o la pegada de “Un Paso Más”. Siguen en la pelea.

Texto: David Naves

Reseña: Itinerum «Resurgence» (Demons Records 2025)

Las huestes sinfónicas guipuzcoanas Itinerum están de vuelta. Tras debutar en 2022 con “Dream And Fly” y tras la edición de varios singles a modo de anticipos, “Resurgence” devuelve la actualidad al combo formado por Jorge Banobre al bajo, Anne en voces, Fede en guitarras y Ruben Conejo en baterías. A ellos hay que sumar las colaboraciones de Leire Tejada y Unai (ex 13 Left to Die, ex Minerva) en voces. Los nueve temas que hoy nos presentan vinieron al mundo en los Chromaticity Studios de las hábiles manos del Vhäldemar Pedro J. Monge (Incursed, Valkyria, Rise to Fall…) y fueron posteriormente adornados por las fotos de José Luis García y el arte de MG Media Productions. Autoeditado en formato digital y en CD bajo el paraguas de Demons Records allá por el mes de junio.

La mano maestra de Monge se asegura de que todo esté donde debe. “The Nobodies” le procura un elegante inicio al disco. De entre las profundidades surge la voz de Anne y todo transcurre dentro de las leyes del metal sinfónico contemporáneo. Itinerum, no obstante, muestran aquí una cierta alternancia en cuanto a ritmos. Viene esta a enriquecer una escritura hábil aún en su clasicismo. Buenos riffs engarzando estrofas y una mezcla bien medida otorgando equilibrio a esa segunda estrofa. Puedo echar en falta un estribillo con algo más de gancho, lo que no quita para que Anne parezca manejarse con soltura en esos tonos más exigentes. Entre el puente y el epílogo surge un buen contrapunto en modo de voces graves y la banda amplía ahí su conocido espectro sonoro. Un buen arranque rematado con una pizca más de músculo y contundencia.

My Serenity” sí que parece disponer de ese gancho que eché en falta en “The Nobodies”. Corte de esos que requerirá de ciertas ayudas en vivo, pero que se mantiene gracias al buen ojo del cuarteto a la hora de jugar con los distintos ritmos e intensidades. De ahí, tal vez, que fuera una de las elegidas para presentar al disco en sociedad. Anne está realmente hábil en estribillos. Varios nombres acuden a mi subconsciente en cortes como este. Desde mis paisanos de Last Days Of Eden a nombres internacionales como Epica, Edenbridge o, en ciertos momentos, Within Temptation. Posee riffs más útiles que vistosos y a buen seguro echo en falta algún despliegue solista un tanto más ambicioso. Con eso y con todo, acertada elección como single, pienso yo.

Mother Of Chaos”, a la larga composición más extensa de las nueve, ofrece a unos Itinerum más épicos y rotundos. No es que Anne se vaya ahora a tonos más graves, pero sí que las guitarras de Fede destilan ahora una mayor oscuridad. Siempre, como digo, dentro de las fronteras del género y sabiendo salir airosos cuando llega la hora de trazar otro buen estribillo. La banda aprovecha esa mayor duración para ofrecer más detalles en lo melódico, estrofas bien trabajadas y un sensible esmero en cuanto al tratamiento de los respectivos arreglos. Algo que se dejará notar en gran medida durante sus estrofas. De nuevo hay un pequeño contrapunto vocal antecediendo al epílogo. Algo escueto, pero que en cualquier caso desemboca en un buen juego entre el registro limpio de Anne y la guitarra de Fede. Una de mis favoritas del largo.

Con Leire Tejada a bordo, que ya colaborara en el debut de 2022, “Till Dawn Do Us Apart” nos devuelve a esos Itinerum más agrios y rotundos, lo que redunda en una Anne cantando en tonos realmente altos. Siempre segura y sin sobresaltos, todo sea dicho. Por contra, es uno de esos cortes que siento bien merecían algo más de espacio. Ellos engranan su cara más alternativa con la más épica y rotunda y el resultado son algo más de tres minutos de metal sinfónico potente y bien ejecutado, pero que, como digo, quizá merecía un desarrollo algo más ambicioso.

En “Inner War” sorprenden esos aires medio orientales que portan las primeras voces de Anne. Bajo ellas hay alguno de los riffs más llamativos de todo “Resurgence”. Fede parece haber echado el resto aquí en ese aspecto. Aupados por la firme base rítmica, Itinerum pisan el acelerador aquí. Y aún sin que la aguja llegue a zona roja, sí que se deja sentir ese mayor mordiente. Lo que me agrada es cómo todo va de los tonos más alternativos de las estrofas a los más clásicos en estribillos. Todo bajo la atenta mirada de un Pedro J. Monge que no parece haber dejado ningún detalle al azar. Notable.

No diré que “Under Rain” resulta algo más pop, pero sí que parece buscar el adherirse a esa nueva corriente de metal facilón que bien puede ir desde (ciertos momentos de) Nightwish hasta los infecciosos Battle Beast. Anne, claro, parece de lo más cómoda aquí. Plantea buenas estrofas y mejores estribillos. Estos últimos pasan por ser, fácilmente, los más pegadizos (y en cierto modo memorables) de todo “Resurgence”. Buena labor solista de Fede en su tramo final y un corte con visos darles buenos réditos en directo.

Me gusta cómo juegan con el piano y esas guitarras más rotundas en “Symphony Of Rage”. También la (cierta) desnudez que acompaña ciertos versos de la primera estrofa. El crescendo que trazan luego no podría ser más clásico ni tampoco estar mejor resuelto. El bajo de Banobre adquiere un mayor peso en esa desnudez de las estrofas. Y si bien echo en falta una batería con algo más de presencia, poca queja más cabe al respecto de la producción y mezcla de este séptimo corte. Y es que Fede deja un correcto solo como anticipo al epílogo y, al final, todo parece estar donde debería.

Askja” entronca con aquél aire más medio oriental de “Inner War”, mostrando de paso a la Anne más ambiciosa y atrevida de todo el álbum. La facilidad con que se maneja entre los diferentes tonos, las buenas estrofas que ha trazado y cómo su línea de voz aquí parece diferir en cierto modo de otras tantas presentes dentro de este segundo álbum. Como contrapunto surgen voces graves, así como un groove más acentuado. Así todo, la banda no descarrila del sendero. Esto sigue siendo metal sinfónico con todas las de la ley. Pero con eso y con todo, uno agradece la mayor liberad que el cuarteto parece haberse tomado aquí. Sienta bien a estas alturas del álbum, proporcionando cierta frescura incluso.

Unai vendrá a sumar esfuerzos a una “Inequality” que presenta orgullosa al riff más marcial de todo “Resurgence”. Un corte alterno en voces pero de trazo clásico y casi diría habitual, con Anne moviéndose (muy segura) en esos tonos más altos de estribillos y Fede mostrando buena mano a la hora de ejecutar el solo. Itinerum cierran así su segundo trabajo con las que pueden ser las dos composiciones más diferentes (aquella en lo gramático, ésta en lo tonal) de entre esta nueva colección de temas. ¿Simple casualidad o un aviso de por donde pueden ir los tiros en un futuro? Habrá que esperar a un hipotético tercer trabajo para salir de dudas.

Mientras tanto, “Resurgence” es algo más de media hora de buen metal sinfónico en la onda de las bandas mencionadas durante el texto. De producción lustrosa y con ciertos destellos de una mayor extrañeza durante el tramo final. Anne ha realizado un gran trabajo con sus líneas de voz y si bien echo en falta despliegues solistas un tanto más ambiciosos, no es ésta una queja que concierna a Itinerum en particular sino más bien al género casi en su totalidad. En “Mother Of Chaos” creo que rayan a buen nivel y, como digo, tanto “Inner War” como “Inequality” se atreven, aunque sea de forma tímida, a jugar con las expectativas (y no fallan). Desgraciadamente se canceló su paso por Avilés para una nueva edición del Rock In Ria y no quedará otra que buscar otra ocasión para pasar revista a estas nuevas composiciones.

Texto: David Naves

Reseña: Vulvarine «Fast Line» (Napalm Records 2025)

El llamado universo de las Riot Grrrl se ha visto recientemente sacudido por el segundo largo de las vienesas Vulvarine. Ellas son Bea Heartbeat en baterías, Robin Redbreast al bajo, Sandy Dee en guitarras y Suzy Q en voces. Engel Mayr en el Studio Mäusepalast, Thomas Zwanzger en Stressstudio y Dietmar Baumgartner en Sonar Music Productions fueron los encargados de traer al mundo los once cortes de este “Fast Lane”. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por el propio Engel Mayr en el Studio Mäusepalast y finalmente masterizadas por Lukas Wiltschko de LW Sonics. Con la misma Sandy Dee aportando su arte para la portada del álbum, esta segunda entrega de las austríacas vio la luz vía Napalm Records a finales del pasado mes de marzo. Un trabajo que llevará a la Factoría avilesina el próximo 31 de octubre al ahora renovado cuarteto tras la incorporación de Lauree Blaze como nueva voz.

Un pildorazo de puro rock and roll inaugura el álbum. “The Drugs, The Love And The Pain” pronto da muestras del fino registro de Suzy Q. Hay una apañada colección de riffs, más eficaces que vistosos. También una producción en el punto justo entre pegada y discernimiento. Equilibrada y muy cuidada. Si bien siento que al estribillo no le habría venido mal una pizca más de mal café, pocas pegas caben al respecto del solo que sucede después, así como a la hábil construcción de ese tramo final. En resumidas cuentas un arranque agradable y funcional.

Ancient Soul” añade algo más de empaque por parte de las vienesas. No solo por una construcción algo más estirada sino por unas buenas estrofas y unos aún mejores estribillos. Tienen estos un deje algo más melancólico, que por alguna razón me llevan a pensar en Thin Lizzy. Sobresalen igualmente los buenos engarces entre estrofas. Las baterías que deja ahí Bea Heartbeat merecen toda la atención. También las que dan apoyo al buen solo del tramo final. Uno de esos cortes con toda la pinta de funcionar como un tiro sobre las tablas.

Heads Held High” magnifica aún más ese rock más melancólico y casi apesadumbrado. Sin que salten las alarmas, sin que esto deje de ser un disco de rock and roll con todas las letras, pero donde Sandy Dee está dando una auténtica lección de clase y feeling. Orgullosamente auto reivindicativa en lo lírico, pluscuamperfecta y clásica en cuanto a trazo y estructuras, quizá eche en falta un solo de guitarra más pronunciado durante ese buen tramo final. Con eso y con todo una de las que más ha arraigado en mi subconsciente tras el correr de las escuchas.

Uno de los cortes más extensos de este segundo trabajo es “Demons”, con Bea Heartbeat cabalgando a medio gas y la banda trazando ahora un cuidado medio tiempo. Suzy Q aúpa su registro en estrofas y se acompaña de cuidados coros en estribillos. Y aunque los distintos enganches entre estrofas no brillen como lo hacen en otros cortes dentro del disco, qué finas están las austríacas a lo largo de este rock menos brillante, más sucio, algo decadente incluso. Sandy Dee se reserva otro buen solo como anticipo del epílogo y, al cierre, todo me termina por funcionar. Un corte con una vibración muy especial dentro de este “Fast Lane” y quizá uno de los más redondos.

La base rítmica inaugura esta “Alright Tonight”, un corte que anuncia un rock más oscuro, deudor aunque sea de modo lejano, de unos The Cult de comienzos de los 80, con Suzy Q dibujando otro estribillo lleno de carisma y feeling. A ratos uno puede echar en falta el nervio que entregan otros cortes dentro del álbum. Pero la buena producción así como la muy cuidada construcción de las estrofas, precioso el tono que entrega la guitarra de Sandy Dee, sacan la cara por otra de esas composiciones distintas, marca de la casa. Diferente, que no peor.

Equal, Not The Same” recupera en parte el nervio, mostrando ahora a unas Vulverine más próximas al punk. El nombre de las infatigables The Lizards ha estado yendo y viniendo tras las sucesivas escuchas. El caso es que Dee vuelve a brillar en lo que a melodías se refiere. También en cuanto a riffs. Fue elegida como anticipo en modo de videoclip y toda vez estalla el solo de la propia Dee, cuesta nada y menos entender los motivos. De los once puede no ser el corte que mejor las represente. Pero es una entrega redonda, con gancho y buenos detalles desde el plano técnico. Win win.

Fool” sorprende con ese avanzar algo más marcial de sus estrofas, que contrasta con el más casual y rockero de los estribillos para conformar un corte sencillo, directo y sin mayores florituras. Con las baterías desnudas de Bea Heartbeat uno bien podría pensar de un modo más o menos casual en White Stripes. Con eso y con todo nadie puede negar que esto sigue siendo rock and roll sin concesiones. Con una línea de voz, perfectamente armada, que cabalga amarrada a unos riffs llenos de gancho y brillo. Estupenda.

Vulvarine insertan entonces “Polly The Trucker”, entrega más extensa de “Fast Lane” y la que viene a entregar uno de los riffs más frontales y áridos del disco. Ello sin descabalgar de su habitual rock directo y formal, pero desde luego ofreciendo ahora una mayor enjundia. Ese nervio, quizá esa mala leche, que se puede echar en falta en otras entregas. El típico que te vuela la cabeza en su traslación al directo. Hay buenos coros en estribillos aquí. Sigue brillando la buena producción que tiene el álbum. Pero si algo me agrada es tanto el solo como ese rock más pesado y contundente en que se apoya de inicio. El cambio de ritmo, tan clásico como efectivo, que acometen después. Y su cuidada resolución. Hasta el fugaz guiño a nuestro idioma. Si esto no es rock de altura, no sé qué lo será.

Explota entonces “Dark Red” y el disco, lejos de perder impulso, ofrece aquí unas de sus entregas más redondas. También más potentes. Con una selección riffera que las aproxima (a destellos) hacia los terrenos del heavy metal más casual. Sandy Dee brilla sobremanera aquí. También una base rítmica empastada como en pocos momentos a lo largo del álbum. El corte entrega nervio en estrofas, equilibra con estribillos contundentes y desemboca en un solo disfrutón por desmelenado y atrevido. La cabra tira al monte, claro, pero siento muy cómodas a las austríacas en esta encarnación más nerviosa y potente. Prueba al fin y al cabo de la cintura con la que han enfrentado la escritura de este segundo largo.

Cheri Cheri Lady”, con la colaboración de Filippa Nässil (Thundermother) en guitarras, fusila a placer el original de Modern Talking arrimándose a la cara más punk de Vulvarine. Ruge el bajo de Robin Redbreast en estrofas y vuela el doble bombo de Bea Heartbeat en estribillos para una versión libérrima y disfrutona. El cierre es para la pequeña “She’ll Come Around”, pequeño escorzo acústico, bailando entre las fronteras del grunge y el alternativo para un curiosísimo broche final.

Entre la versión de Modern Talking y el pequeño detalle acústico de “She’ll Come Around” puede que “Fast Lane” desfallezca en su tramo final. Da igual. Antes el disco ha dado razones más que suficientes para confiar. Sea con las buenas hechuras de “Polly The Trucker”, el nervio bien entendido de “Equal, Not The Same” o esa pulsión más metálica de “Dark Red”, amén de los muchos y buenos riffs que Sandy Dee dibuja a lo largo del álbum, Vulvarine han entregado un segundo disco destinado a hacer mucho, mucho ruido en años venideros. Si nada lo impide esperamos ser testigos.

Texto: David Naves

Reseña: Onirophagus «Revelations From The Void» (Personal Records 2025)

Tercer largo para los doomies de L’Hospitalet de Llobregat, Onirophagus. Una banda que forman Sir Vellum (guitarra, bajo), Uretra (batería), Moregod y Obzen (guitarras) y Paingrinder (voz). Con ayuda de Kari Kankaanpää (Sepulchral Curse) en voces y Lady Nott (God’s Funeral) en violines, entregan vía Personal Records un “Revelations From The Void” grabado y mezclado por el Balmog Javi Félez (Altarage, Totengott, Graveyard, Teitanblood…). Los cinco temas que lo componen serían posteriormente masterizados por Jaime Gómez Arellano (Oranssi Pazuzu, Angel Witch, Ulver, Skepticism, Cathedral…) y debidamente adornados por el arte de Paolo Girardi (Grima, The Black Dahlia Murder, Officium Triste, Power Trip…), “Revelations From The Void” vio la luz el pasado diecisiete de enero.

Un muro de diez minutos desafía al oyente nada más darle al play. Desde que desata su imponente prólogo, “Revelations From The Hollow Valley” muestra a la banda en su versión más descarnada e hiriente. Puro desgarro emana de la garganta de Paingrinder. Me gusta cómo han trazado estas primeras estrofas, el doble juego vocal y esa cierta épica que de ellas se desprende. No faltan buenas melodías como soporte de esas voces. Y aunque los riffs en este comienzo no alcancen el brillo que veremos más adelante, lo cierto es que Onirophagus saben de sobra ya como trazar grandes piezas de doom death a rezumar de melancolía y también de atmósfera. El cambio de ritmo llega sin sutilezas, entregando ahí un riff no falto de gancho. La banda se arrima al death aquí. Aumenta esa carga atmosférica mediante arreglos, acelera los pulsos y va tramando así un corte apertura atractivo por diverso. El puente tranquilo que anticipa al vibrante epílogo te podrá recordar a según qué momentos de My Dying Bride. Fantástico juego entre canales de una mezcla que exige el uso de unos buenos auriculares para un disfrute óptimo. Un gran arranque.

Desde una perspectiva puramente temporal, pudiera parecer que “Landsickness” no alcanza a las aspiraciones del tema apertura. Sea como fuere la banda cuenta aquí con la ayuda de Kari Kankaanpää para un corte cuyo reposado arranque podría llevar a engaño. Uretra compone aquí una cuidada línea de batería. Tan hábil en las partes más arrastradas como firme en las más vibrantes. Por su carga arreglística, el nombre de mis paisanos de Totengott acude a mi subconsciente tras cada escucha. El puente bordea el death metal sin más miramientos, entregando la cara más trotona de la formación catalana.

The Tome” pone de relieve a los Onirophagus más abiertamente doom para un prólogo tan elegante como pragmático. Paingrinder lo rompe y lo enfanga con las que podrían ser las voces más rotas y oscuras de todo el álbum. Hay un cuidado trabajo de guitarras aquí, especialmente en la faceta melódica, que vendrá a funcionar como perfecto contrapunto a lo negruzco del aspecto vocal. De nuevo me agrada el cambio de ritmo que proponen. Cómo transforman el doom death más iniciático en un metal más vibrante, sin por ello abandonar la oscuridad y el desasosiego propios del género. La sombra de Celtic Frost es alargada en los momentos más trepidantes del puente. Sin embargo el pulso se detiene y las guitarras se adornan en ese final casi aletargado. Pero lo cierto es que se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que esta parte final bien merecía algo más de desarrollo. Otro corte interesante en cualquier caso.

Black Brew” opta ahora por un inicio clásico y bien arreglado. Aquí vuelve a destacar Uretra tras los parches. Un corte que pronto rompe esa calma del comienzo para, doble bombo mediante, adoptar un metal más vibrante y conciso. La composición va a así mostrando su naturaleza híbrida, enraizada en las fuentes mismas del género y donde destaca, una vez más, un gran trabajo en lo que a melodías se refiere. Lo extenso de su metraje, que habrá de superar los ocho minutos, contribuye a que todo fluya con total naturalidad. Sin bruscos cambios de ritmo ni tampoco adornos cara a la galería. La banda incluso se permite el lujo de atravesar un puente, entre lo agónico y lo alucinado, que supone uno de los momentos más atrevidos de todo el largo y que funciona como punto de inflexión de cara a la parte final. Un epílogo que abrazará un metal de nuevo vibrante y de lo más eficaz para uno de los cortes más llamativos del álbum.

Para el final quedan los quince minutos de “Stargazing Into The Void”. Un prólogo tranquilo, donde Lady Nott vendrá a poner la nota de distinción desde el violín, construyendo un arranque que podría contarse como el más elegante de todo “Revelations From The Void”. La voz acude ahora en tonos limpios, alimentando a esos Onirophagus más distinguidos. Se enfangará después, mostrando un doom de fácil rima con el resto del álbum y construcción ágil. Los catalanes toman aquí el camino de la diversidad tonal, amalgamando muchas de sus influencias con total naturalidad. Porque si algo me agrada de este corte final es la forma en que todo parece fluir sin mayores esfuerzos, de manera acomodada incluso, pero que resulta finalmente atractiva por la visión tan amplia de los propios músicos. Hay cierta distinción durante las partes más tranquilas. También auténtico nervio en las más descosidas. Un riff de un gancho tremendo alrededor del minuto siete y un caminar hacia el corazón mismo de la composición donde, de nuevo, todo parece fluir sin imposturas de ningún tipo. La sola construcción del epílogo justifica por sí misma al álbum que la contiene. Todo un ejercicio de finura y buen gusto a la hora de trazar y ejecutar un metal diverso y atractivo sin que ello implique abandonar las líneas maestras sobre las que se ha desarrollado el trabajo. Más bien al contrario: abrazándolas sin medida y exprimiéndolas hasta las últimas consecuencias. Así es como se cierra un disco.

Revelations From The Void” muestra a unos Onirophagus en plena forma. No solo abrazando su habitual doom death sino que atreviéndose además a retorcer las costuras del género cara a construir un sonido al que poder calificar como propio. Hay momentos de una cierta épica, acompañados de su habitual desgarro, y escaladas furibundas hasta el death metal más iniciático. Incluso se permiten el lujo de introducir aquél pasaje alucinado de “Black Brew”. Un compendio de buena escritura y mejor ejecución para el álbum que debería confirmar a los de L’Hospitalet de Llobregat como una realidad del género.

Texto: David Naves

Reseña: Volbeat «God Of Angels Trust» (Vertigo Records 2025)

La maquinaria danesa no se detiene. Instalados desde hace años en el continuo gira-disco-gira, Volbeat vuelven ahora con un “God Of Angels Trust” que hace el número nueve en su trayectoria desde que debutaran hace ahora veinte años con “The Strength / The Sound / The Songs”. Aquí siguen el batería Jon Larsen junto al carismático guitarra y voz Michael Poulsen y el (ya no tan) nuevo bajista Kaspar Boye Larsen, a bordo de la formación nórdica desde 2016. Pero el trío no está sólo en este nuevo envite. Flemming C. Lund (The Arcane Order) ha tomado parte como guitarra solista en un puñado de temas, Mia Maja vuelve para colaborar en coros y Martin Pagaard Wolff realiza pequeños aportes también en guitarras. Con el propio Poulsen ejerciendo como productor junto al Pyramaze Jacob Hansen (Amorphis, Xandria, Temperance, Arch Enemy…), quien de nuevo tomó las riendas de la grabación, mezcla y master de esta nueva entrega. Editado en formatos físico y digital por la gente de Vertigo Records el pasado seis de junio.

Devils Are Awake” va directa al grano. Ni intros ni zarandajas más allá del propio prólogo tan orgánico como fugaz. Michael Poulsen pronto entrega sus primeras estrofas, disponiendo ese timbre tan carismático y reconocible. Con mucho una de las voces de mayor personalidad del actual panorama europeo. Hay buenos riffs, sencillos pero con gancho. Una producción, sí, que coloca la voz del propio Poulsen muy en primer plano. La banda y su productor Jacob Hansen saben bien de las debilidades y también las fortalezas del sonido Volbeat. Por eso me gustan esos riffs más oscuros en que se apoyan los estribillos. También la cierta melancolía que se desprende de ellos. A modo de broche, Flemming C. Lund dispone un buen solo en el tramo final. Un arranque a puro Volbeat. Conciso y con los adornos justos.

By A Monster’s Hand” trae al frente un riff que siempre me recuerda a los Metallica post «St. Anger«. El propio modo en que Poulsen ataca las primeras estrofas tiene algo del mejor James Hetfield. Aún así, Volbeat son lo suficientemente inteligentes para impregnar su aura particular aquí y allá, procurando que, influencias al margen (y la de los cuatro jinetes es alargada a lo largo y ancho de su trayectoria) sea su personalidad y no otra la que termine por configurar sus composiciones. Aquí además hay un buen cambio de ritmo, que C. Lund reviste con solos más funcionales que vistosos.

El bajo al comienzo de “Acid Rain” parece rimar con el de Lemmy Kilmister. Pero este es otro de esos cortes encuadrados en la larga tradición de temas hard rockeros (y algo melosos) del trío nórdico. Poulsen, claro, está fantástico en estas tesituras más amables y el corte se pega que da gusto. Es su fórmula de siempre, ya has escuchado esta canción otras veces. Y, sin embargo, toda vez penetra en tus oídos, no hay vuelta atrás. Toda una trayectoria cimentada en base a cortes como este. Tan sencillo y predecible como irresistible.

Demonic Depression” viene a contrarrestar la cierta pomposidad de “Acid Rain” trayendo de vuelta a los Volbeat más nervudos. Y aunque en cortes así eche en falta a un Poulsen en tesituras algo más graves, bien está el modo en que la producción de Hansen acentúa el registro del de Ringsted. Otro gran estribillo, verdadera especialidad de la casa, pero sobre todo un Jon Larsen firme tanto con el doble bombo como con las baquetas. Manías de oyente, puede ser esta la versión del trío con la que más empatizo, si bien habría dispuesto algo más de espacio al solo de Flemming C. Lund.

Tras “In The Barn Of The Goat Giving Birth To Satan’s Spawn In A Dying World Of Doom”, que casi parece más el título de un tema de Nile, irrumpen ahora unos Volbeat en una onda completamente distinta al resto del álbum. Guitarras acústicas y un marcado aire western inunda prólogo y primeras estrofas. Luego la composición reconduce hacia la versión más rotunda (y habitual) de los daneses, con Poulsen en tonos bastante altos para lo que nos tiene acostumbrados. Hay momentos que me pueden recordar (vagamente) a los Monster Magnet post “Dopes To Infinity” y una cierta sensación de se lo han pasado en grande componiendo y grabando este quinto corte.

Time Will Heal”, que hace semanas fue el primer corte que escuché de este “God Of Angels Trust” nos devuelve a esos Volbeat más melancólicos y apaciguados de “Acid Rain”, rivalizando con aquella por el título de entrega más amable del disco. Siempre sin perder esas guitarras marca de la casa pero, siento, dejando algunos riffs un tanto planos. A veces de hecho, poco más que serviciales. Y da igual porque el carisma de Poulsen arrampla con todo.

Y, de nuevo, el disco vuelve a virar el timón. “Better Be Fueled Than Tamed” aporta altas dosis de nervio, de intensidad incluso. Está en los setlists más recientes del combo danés, algo que puede sonar a pura declaración de intenciones, aunque pienso que le hace falta una duración algo más ambiciosa para terminar de ser del todo redonda. Posee varios de los riffs más llamativos de este nuevo trabajo, de nuevo un cierto aroma a Metallica impregnando el puente. Pero el solo, de nuevo, vuelve a quedarse a medio cocer por el poco espacio del que dispone. Incluso diría que todo el epílogo me resulta algo atropellado. Sin que me desagrade, siento que podría haber sido uno de los cortes más redondos del largo y termina quedando en tierra de nadie.

Esa sensación de tema a medio cocer de “Better Be Fueled Than Tamed” se afianza toda vez el tracklist alcanza “At The End Of The Sirens”, de hecho el corte más extenso de los diez, que entrega alguno de los riffs más redondos de esta nueva entrega. Hay una cierta oscuridad en ellos y quizá por eso que me llamen tanto la atención. El conocido y comentado carisma de Poulsen impregna de clase las estrofas. Pero es el estribillo aquí lo que realmente me funciona. Su construcción tan intuitiva. También esos riffs más pesados que irrumpen después. Caben incluso concisos detalles de Kaspar Boye Larsen al bajo. A día de juntar estas líneas no forma parte de los setlists más recientes que he visto por ahí y me parece fatal.

Lonely Fields” vive de confrontar a esos Volbeat más amables con una serie de riffs casi monolíticos para, por ahí, construir un corte mestizo, lleno de contrastes y donde la producción de Hansen & Poulsen habrá de cobrar un mayor protagonismo. No recuerdo ya en qué red social leí comentarios acerca del parecido de esta penúltima entrega con los irlandeses U2. No lo termino de ver (o escuchar). Lo que sí veo (o escucho) es un indisimulado guiño al tema principal de la banda sonora de “Halloween” que el neoyorquino John Carpenter compusiera para su (seminal) película del mismo nombre. Un corte llamativo por diferente.

El cierre corresponde a “Enlighten The Disorder (By A Monster’s Hand Part 2)”, con Volbeat ahora en su encarnación más heavy, cimentada por riffs de nuevo más funcionales que vistosos, pero una producción inteligente a la hora de jugar con las afinaciones y un trazo más diverso de lo que intuí en primeras escuchas. Sin abandonar el sonido clásico de la banda, ni tampoco forzar los límites como la anterior “Lonely Fields”, lo cierto es que es un corte que me sorprendió en una primera pasada y me enganchó en las sucesivas.

Volbeat cargan con el sambenito de que todas (o buena parte) de sus composiciones se parecen. Un prejuicio contra el que “God Of Angels Trust” parece luchar de forma denodada. El registro de Poulsen impone mucho carácter a Volbeat. Pero la banda, ahora más que nunca, deja un tanto de lado a Metallica para ofrecer un álbum, seguramente no el más redondo de su trayectoria, pero donde parece vislumbrarse el camino que el trío puede tomar de cara a futuras entregas. Mientras ese viraje se confirma (o no), el carisma de “Acid Rain”, el nervio de “Better Be Fueled Than Tamed”, incluso la personalidad de “In The Barn Of The Goat Giving Birth To Satan’s Spawn In A Dying World Of Doom” o el cierto riesgo de “Lonely Fields” bien vendrán para mantener el actual estatus de privilegio del trío. Al tiempo.

Texto: David Naves

Agenda: Ossuary + Sanctuarium en Oviedo

Desde Wisconsin el combo death metal Ossuary descargará su oscuridad, cruda y visceral, en la ovetense Lata De Zinc. De la mano de Northern Blaze Prods. y Burial Records presentarán su álbum debut «Abhorrent Worship» acompañados de los barceloneses Sanctuarium.

Bajo el sobrenombre de «MONOLITHIC INIQUITY» ambas formaciones se encuentran girando por España y Europa con paradas en Portugal, Francia, Belgica y Paises Bajos. Los catalanes Sanctuarum por su parte llegarán a Oviedo para presentar su segundo disco «Melted And Decomposed» editado el pasado año a través de Me Saco Un Ojo Records y BlackSeed Productions. Doom, sludge y death metal tamizados para dar lugar a una mezcla abrasiva y abismal.

Entrada anticipada 15€ + gastos a través del siguiente enlace:
https://entradium.com/events/ossuary-sanctuarium-en-oviedo

Reseña: Mass Burial «May Darkness Come» (Dealer Records Gamonal/Ruido Noise Records 2025)

Nuevo trabajo y es el quinto ya para las huestes death metaleras burgalesas de Mass Burial, la banda de los Nasty Surgeons Raúl Weaver (guitarra y voz) y Fabíán Hernández (bajo) junto a Jorge Azofra (batería) y Adrián Ojer (guitarra). “May Darkness Come” se compone de un total de once cortes mezclados y masterizados por el propio Weaver en los Undead Studios. Con portada de Juanjo Castellano (Æolian, Unbounded Terror, Avulsed, Barbarian Swords…), el álbum fue lanzado por Dealer Records Gamonal en colaboración con Ruido Noise Records.

De inicio alberga pocas sorpresas. “May Darkness Come” es puro death metal a la manera clásica. Con la batería de Azofra refulgiendo junto a unos simples pero muy eficaces riffs de guitarra. Me enganchan más los que la banda sitúa bajo las primeras estrofas. Ese groove tan bien medido y el no menos elemental ‘tupa tupa’ d-beatero que introduce más adelante. Un primer aporte que, sin inventar nada, ni pretenderlo tampoco, funciona a las mil maravillas.

Más directa aún es una “Dead Mountain” que constriñe la estructura del tema previo para, en poco más de tres minutos, destapar la versión más descarnada de los burgaleses. Se alterna esta con un death metal que gana en pesadez conforme fluyen las estrofas. Hay cambios de ritmo que me agradan por cómo no comprometen el remate final con florituras de cara a la galería. Todo parece fluir de modo más o menos natural y por ahí me agrada esta segunda entrega y el modo en que la remata el buen solo final.

Pequeños arreglos durante el prólogo hacen por aumentar la oscuridad de una “Dreams Of Blood” que muestra ahora a unos Mass Burial más pesados y melódicos. Luego llegan las estrofas y todo vira hacia un death metal que bien podría recordar a los primeros Entombed. Siempre con el hosco registro de Weaver al frente y trazando un death metal clásico y de nuevo muy eficaz. Vuela Azofra tras los parches camino de un epílogo hábil a la hora de aportar un poso más melódico. Ahí y por pura colisión surge uno de los cortes más interesantes de todo el largo.

The Apostate” retorna entonces a lugares comunes en el ideario de los burgaleses. Esto es: death metal rápido sin caer en lo frenético, dotado de una oscuridad sin imposturas. De riffs sencillos pero pegadizos, con Azofra marcando un ritmo casi marcial. Al solo que ocupa su tronco central quizá le falte algo más de desarrollo. De presencia incluso. La producción del álbum es deliberadamente sucia, de nuevo al modo clásico, y por ahí puede que uno encuentre cierta división de opiniones. En cualquier caso la composición echa el freno en un tramo final pesado y rotundo.

The Shadowless” añade algo más de picante a la mezcla. Puede ser de los once el que más me recuerde a la otra banda de Weaver. Ritmos vivos y buenos detalles de un inquieto Azofra tras los parches no descuidan la inclusión de buenos riffs, así como de un solo en su puente central que, en cierto modo, no podría resultar más elegante. Aún cuando me agrada el mayor nervio que adquiere en su tramo final, no puedo evitar pensar que bien merecía una duración algo más ambiciosa.

La igualmente breve “The Slaughter” cuenta no obstante con otro de mis riffs favoritos de todo el largo. Luego de ese prólogo irrumpen unas estrofas que, línea de voz al margen, me retrotraen a los primeros discos de Avulsed. Death metal sin complicaciones, oscuro pero sin imposturas artificiales. Orgánico y dotado de pequeños cambios de ritmo que lustren la propia composición. Ni siquiera echo en falta un mayor brillo en lo técnico, pues la banda dispone un solo final perfectamente enraizado en el propio espíritu de la composición. Ni tan siquiera tres minutos y medio y, sin embargo, una de mis favoritas de todo el tracklist.

El tranquilo prólogo de “House Of Horrors” viene a romper con todo lo establecido hasta ahora dentro de “May Darkness Come”. Y de hecho sus primeras estrofas amagan con conducir a Mass Burial a sonidos más propios del metal gótico. Guiño que se difumina casi de inmediato con la banda transitando feroz hacia su habitual death metal sobrio y sin manierismos. Weaver prosigue con su registro oscuro, casi enfangado, mientras Azofra y Hernández firman una de las bases rítmicas más vivas de todo el largo. La composición conmuta estrofas nerviosas con otras que vuelven a rozar el d-beat y por ahí los de Burgos parecen dar su mejor versión. El reverberante solo final remata una de las entregas más infecciosas de este nuevo álbum. Ni que decir tiene que la que más ha calado en mi subconsciente hasta ahora.

Let The Dead Be Dead” da otro giro de timón para que la banda recupere su versión más galopante y descarnada. Weaver no varía un ápice su registro pero, por alguna razón, encuentro esta línea de voz algo por debajo de otras tantas del disco. Aún cuando alguno de los riffs en que se apoya van sobrados de gancho. La composición acomoda el solo en su tronco central y éste resulta tan vistoso como ágil. Algo descompensada pero igualmente disfrutona.

Otro corte de arranque reposado es este “Inquisition”. Y de hecho Mass Burial levantan el pie del acelerador aquí para que fluya una versión más melódica del cuarteto. Las primeras estrofas acogen una pesadez casi desconocida a lo largo del disco. Un grosor que irá virando, con toda naturalidad, hacia su habitual death de ritmos vivos y riffs nerviosos hasta llegar a los blast beats que anteceden al epilogo. Este se adorna de un apenas correcto solo de guitarra pero, en conjunto, siento que es otra del vagón de ganadoras.

Tras el sugerente título “Vengeance From The Grave” se esconde otro arranque de death metal taimado y rocoso. Apenas un pequeño inciso toda vez las estrofas acojan el trotar ya clásico del cuarteto. Azofra está más pasional que nunca aquí y la composición, aun cuando del todo clásica, arroja igualmente buenos detalles técnicos (esos breves pero furibundos solos de guitarra) y marcados descensos hacia una pesadez y una gravedad perfectamente integradas. Estupenda.

Siento que a la final “Bound To Obscurity” le pesa lo exiguo de su duración. Propone una serie de ideas (estupendo ese arranque lento) que su cierta falta de ambición lleva a no desarrollar del todo. Y es una pena porque le habrían otorgado otro signo diferente a este cierre. Un broche en el que Mass Burial vendrán a conducirse por alguna de las sendas que el disco ha transitado una y otra vez. Esa cierta repetición de patrones puede llevar a un cierto cansancio por reiteración. Ello no quita para que tanto el solo final como la base en que se apoya aguante la comparación con cualquiera del resto del trabajo sin mayor esfuerzo.

En cualquier caso un disco que, acogido a la cara más primigenia del género y dotándose de una cierta oscuridad, entrega once cortes donde encuentro más aciertos que errores. De hecho, me atrevería a decir que estos últimos obedecen más a manías de quien escribe que no a cualquier déficit que pudieran tener como banda. De ahí que a ratos eche en falta una mayor diversidad. No es menos cierto que entonces esto quizás dejaría de ser un disco de death metal propiamente dicho. En cualquier caso, “Vengeance From The Grave”, “The Slaughter” o “House Of Horrors” me parecen razones más que suficientes para detenerse en el nuevo trabajo de Mass Burial. Estáis tardando.

Texto: David Naves