“Light And Shadow” es el sexto álbum de Saturna y, si todo transcurre según lo previsto, habrá de ver la luz el próximo 17 de septiembre. La banda aglutina a los músicos Rod Tirado (bajo), Max Eriksson (guitarras), Enric Verdaguer (batería) y James Vieco (guitarras, percusión, voz y teclados) para conformar trece temas, nada menos, producidos y grabados por la propia formación barcelonesa. Con masterización de Magnus Lindberg, arte de Jondix y diseño de Marta Ramón, todo está listo para que el empacado final vea la luz bajo licencia de Spinda Records y Ripple Music en colaboración con Discos Macarras.

Ocurre de manera inmediata. “Unheard” arranca a sonar y a mi cabeza siempre acuden The Who. Saturna se han procurado un arranque de disco elegante, tendido pero a la vez con nervio, donde la buena escritura y el mimo por los detalles van cogidos de la mano. Vieco ya deja aquí, a ratos, ese registro que tanto puede recordar a Chris Cornell, mientras este tema apertura traslada todo el buen hacer habitual de la banda, siempre con ese gusto marcado por la escuela más setentera. Si bien pienso que al solo se le habría podido sacar algo más de jugo, me agrada sobre manera toda esa construcción del tramo central, la fina línea de batería en que la apoyan, así como el no menos cuidado epílogo. Rompiendo el hielo por todo lo alto.
“Falling Apart”, con Lucas Herrera echando una mano (o las dos) con el Hammond, procura ahora una mayor calma. Por ahí emergerán buenos dibujos de Rod Tirado con el bajo. También una tranquila pero vistosa labor solista. Un corte que mostrará algo más de colmillo conforme alcance las primeras estrofas. Buenos riffs y una escritura clásica, bien trazada, que me engancha en buena medida. Es en estribillos donde se deja sentir la elegante labor de Herrera, solidaria a un buen solo de guitarra. Les funciona, lo pienso así, el doble juego entre guitarra y voz de esa segunda estrofa. Una composición de esas que parecen tener el directo como fin último, con dejes que me recuerdan a la buena gente de The Soulbreaker Company. Estaría del todo menos mal una juntada entre unos y otros.
“Light And Shadow”, con ese avanzar pesado, alucinado incluso, y el registro tan agudo ahora de James Vieco, bien podría recordar a los Black Sabbath más iniciáticos. Más breve y quizá no tan rica en detalles, dibuja en cualquier caso un buen riff durante el prólogo, amplifica el rango sonoro del álbum, dejando en cualquier caso la sensación de que la banda se encuentra igualmente cómoda en este registro. Hay buenas guitarras dobladas a modo de enganche entre coros y estrofas y, de nuevo, una base rítmica de lo más precisa.
“Absence” arranca con cuerpo de balada para, más adelante, y muy apegada a las grandes señas de identidad de Saturna, construir una de mis entregas favoritas de este nuevo trabajo. Poseedora de un feeling muy especial. Recipiente de solos llenos de clase, acompañados de una estupenda línea de voz. James Vieco ha echado el resto aquí con una interpretación sobrada de carisma y sentimiento, a la que rematan esos buenos coros en estribillos. No faltan los detalles solistas, como ese que aparece en el corazón mismo de la composición. O ese otro del epílogo y que irrumpe, cual puñal, para que el corte vuelva a aquella misma calma con la que se inició, abrochando principio y final con un gesto tan clásico como eficaz. Francamente, de lo mejor de este “Light And Shadow”.
“About You” supone luego un pequeño islote de tranquilidad. Fugaz escorzo a voz y acústica para recibir a una «So Long” donde la banda regresa a una posición deliberadamente rockera. Anda que no tiene gancho ese riff en que se apoya esta sexta entrega. Un riff que, quizá sea solo cosa mía, a ratos recuerda a los Kiss de los setenta. Pero esto sigue siendo un disco de Saturna, algo que se deja sentir en el buen tratamiento que la producción otorga a las voces de James Vieco, a lo bien engarzada que resulta su base rítmica, en el trazo tan clásico pero tan funcional. Un corte que, además, deja buenos detalles en lo técnico y donde la banda está brillando pero que muy alto. Otros buenos amigos de esta casa como son los gallegos Zålomon Grass bien podrían ser otra de las rimas aquí. Lo cuento entre los cortes ganadores de este nuevo álbum.
“Self Told Lies” puede ser esa misma receta, pero tamizada por un deje algo más melancólico. Es un corte con un groove brutal, de avanzar más desgastado, con James Vieco volviendo a esas voces que bien podrían recordar al tristemente desaparecido Ozzy Osbourne. Un corte que, aunque me resulte menos ambicioso que otros tantos de este nuevo álbum, sigue dejando aquí y allá buenos guitarrazos, tanto en lo rítmico como en lo solista, y un estribillo marca de la casa.
“No Questions” manda al cuerno esa parsimonia presto a ofrecer un corte más eléctrico y vibrante. James Vieco, a puro desgarro, ofrece aquí su interpretación más visceral. Otra de esas composiciones que parecen destinadas, inevitablemente, al directo, con la banda arrimándose a las puertas del proto heavy metal, de modo salvaje y sin ningún tipo de complejos. Un pildorazo de puro rock and roll. De los que hacen pupa. Frenético y trepidante.
Así las cosas, la pequeña “Opus One” vuelve a poner la calma. Mariano Rupil pone su guitarra clásica al servicio de la banda barcelonesa y todo fluye para que “Up For The Ride” se revele como otro corte juguetón, colorista, hábil por ejecución y donde Saturna, a su manera, vuelven a llevar el pie al fondo. Es cierto que, por trazo, puede resultar algo evidente. Pero la labor de unos y otros le confiere el sabor de las cosas bien hechas. Después de todo, puede ser ésta una de las mejores secciones solistas de todo este sexto trabajo. Los chicos, desde luego, saben lo que se hacen.
“Drifting”, con Lucas Herrera ahora en el Rhodes, es otro baladón con todas las de la ley. Desde un prólogo tendido y muy elegante, cuidado hasta el extremo, la banda va trazando un corte distendido, melancólico que no lacrimógeno (o lastimero), hábil en ese crescendo tan matizado de su tramo final, contrapunto perfecto al mayor nervio que mostraban cortes como “No Questions”. Clásica, casi te la sabes con solo escuchar sus primeros acordes. Pero funciona. Vaya si funciona.
Es “Words Of Doom” la que sorprende con esos tonos más oscuros, no tan diáfanos, y en los que la banda parece igualmente cómoda. En especial cuando aparecen esos riffs más rotundos y todo adquiere un poso más (sí) doom. Es, de hecho, el corte más extenso de los trece. Unos Saturna ya digo más arrastrados, cerca de (la rima es del todo obvia, casi evidente) Black Sabbath, máxime cuando se produce ese cambio de ritmo y encaran ese epílogo más descosido y vibrante. Todo ello con James Vieco en esas tesituras más agudas que, de nuevo, recuerdan al bueno de Ozzy. Muy divertida.
No sabe uno hasta qué punto, aquello que cuenta “A Strange Mix Of Humans” de que “… las bandas realmente grandes solo surgen por casualidad” es cierto o no, pero qué curioso cierre al disco representa este pequeño corte final, apenas esa narración de John Mann sobre la acústica de Mariano Rupil. Mentiría si dijera que no me ha hecho pensar al respecto.
He disfrutado enormemente con el nuevo trabajo de estos barceloneses. Un disco, aún cuando eminentemente clásico, resulta dueño de un discurso musical muy amplio, donde el rock clásico tiende la mano hacia el heavy metal más iniciático y/o a los maestros Black Sabbath sin que ello permee más allá de su propia identidad como banda. Hay nervio y hay calma. Y en ambos registros siento que se manejan igual de bien, con la dupla que conforman “Absence” y “About You” a la cabeza. Algunos llevan todo el presente siglo y parte del anterior tratando de matar y enterrar al viejo rock and roll pero con discos como este “Light And Shadow” tal empresa va a resultar más que titánica.
Texto: David Naves