Reseña: El Altar Del Holocausto «Ecos» (Autoproducción 2026)

Desaparecer, renovarse, regresar, trascender. “Ecos” promete nuevos rumbos en la trayectoria de los salmantinos El Altar Del Holocausto, la formación que integran Reaper Model en batería y percusión, Sky Bite al bajo, sintetizadores y efectos más la dupla Weasel Joe y Reverb Myles en guitarras. Este nuevo trabajo lo integran seis cortes grabados y masterizados en los Metropol Estudios (Madrid). Todo el aspecto artístico del álbum ha sido trazado por el propio Reaper Model.

Volta” envuelve al oyente en uno de esos inicios clásicos en el cuarteto. Aquí se manifiesta, y lo hace pronto, esa faceta melódica en la que tan bien se han manejado siempre. Ruido y melodía, una marcada melancolía y un prólogo, en líneas generales, que parece continuar donde lo dejara aquél “T R I N I D A D” de 2021. ¿O no? La composición, pienso que de un modo muy natural y nada mecánico, va acogiendo una mayor gravedad. Conduciendo hacia terrenos más oscuros, profundos, a los que impregnarán de una cierta luz más adelante. La calma de su tronco central alude directamente al centro de nuestras emociones. Cálido, tendido, reposando en su encarnación más pura antes de eclosionar camino del epílogo. Puede no ser, en lo que a estructura se refiere, el corte más avanzado de los seis. En cualquier caso me agrada como apertura, máxime con esos solos tan cuidados del tramo último.

Luego “Ecos”, que fuera carta de presentación de esta nueva andadura, creo concita todo lo que les ha llevado a ser nombre de referencia del género en nuestro país: la elegancia desbordada del prólogo, con esa intersección entre líneas tan idiosincrática. Un corte donde los cambios de intensidad se suceden cual directos a la mandíbula. Ni son sutiles ni lo pretenden. Profundizan en la cara más atmosférica del cuarteto, teñidos siempre de esa cierta melancolía sin resultar (pienso ahora) nada melosos o engolados. Me agrada la levedad que impregna todo el puente central, pero sobre todo, el modo en que este contrasta con el solo que nos llevará hasta el cierre, y que en esa cierta contención con la que se conduce, puede pasar por uno de mis favoritos de todo el largo.

Shídài” provoca entonces el gran punto de ruptura. Un Altar del Holocausto de una gravedad casi desconocida, intenso y vibrante, con Reaper Model marcando ritmo con firmeza desde baterías. Pese a todo, un corte que no elude el habitual compromiso de la banda con esas tonalidades más nostálgicas, más leves, pero que aquí no obstante se conducen enmarañadas en un pequeño caos controlado. Un corte que supura una mayor oscuridad, que se verá luego contrapuesta a uno de esos engarces tranquilos en los que tan bien se manejan. Y es que donde todo arrancó con ruido, ahora surgen parajes tranquilos, guitarras prístinas. Rock casi traslúcido. Un cierto descanso antes de que otro buen solo vuelva a quebrar ese descanso. Furia controlada, conducida hasta el epílogo en un hábil ejercicio de equilibrio entre luz y oscuridad. Estupenda.

El Reaper Model más enérgico insufla un mayor colmillo a esta “Sterna”. Aquí los chicos regresan a esa cara más vibrante y aguerrida, concitando un acercamiento al metal más ruidoso, que deriva aquí sin remisión hacia terrenos más alternativos (si cabe), convirtiendo a esta cuarta entrega en la más llamativa de las seis. Y tampoco es que oculten sus habituales señas de identidad. Esos parajes remansados, apaciguados incluso. Pero cuando la furia regresa, esta lo hace desatada y sin cadenas, llevando el al oyente hacia su versión más encorajinada del cuarteto. Me agradan los riffs de esas partes más iracundas, siento que podrían funcionar como un tiro en directo. Las partes más calmas, así como esas guitarras del epílogo, sirven para apreciar el buen sonido que los Metropol Estudios han extraído de los chicos. Me parece un temazo, francamente.

Con “Vórtice” estamos ante el corte más extenso del nuevo álbum. Otro que, de nuevo, vuelve a acoger durante el prólogo sonoridades algo desconocidas en la carrera del cuarteto. Diría que tienen incluso un cierto aire grunge de no estar, como están, contrapuestas a sus guitarras limpias de siempre. Luego desatan un groove llevado por riffs graves, rocosos, donde irrumpirá un cierto caos en melodías, lo que les propulsa hacia nuevos horizontes sin, por ello, perder su característico sonido. Una vez más, y son unas cuantas a lo largo de “Ecos”, un fino ejercicio de equilibrio entre intensidad, ruido y melancolía. El tronco central se entrega a un post-rock liviano, de nuevo casi cristalino, que se conducirá entre parajes tranquilos, casi oníricos, de una belleza incontestable. De nuevo surge la buena producción de la que gozan estos temas. En esa calma de ensueño pero también en el músculo con el que despiden esta penúltima entrega. Huelga decirlo pero una de esas composiciones que, particularmente con unos buenos auriculares y la atención puesta en cada detalle, en cada guiño, ganan una barbaridad con el paso de las escuchas. Palabra.

Recuerdo”, la calma después de la tormenta, explora entonces su cara más nostálgica. Una última entrega en la que todo resulta, en cierto modo, acomodado, tranquilo, luminoso incluso, donde hasta la batería de Reaper Model no deja de desprender una cierta levedad. Una despedida desde la calma y el sosiego, no exenta de introspección, y aunque no venga al caso (de aquí a unos meses), ideal para sobrellevar estos rigores veraniegos que nos asolan.

Han cambiado las túnicas por el traje pero la propuesta sigue igual de firme que siempre. Huérfanos de todo su anterior imaginario religioso, el post-rock (o post-metal, tanto da) del cuarteto sigue gozando de buena salud. En lo compositivo y también en lo emocional, con momentos en los que, ya digo que a pesar de las altas temperaturas de los últimos días, son capaces de erizarme la piel. El sonido que han extraído de ellos los Metropol Estudios tiene gran parte de culpa, pero también la forma en que conjugan intensidad y nostalgia, luz y oscuridad, en unas señas de identidad muy propias tanto del género como de la banda que nos ocupa. Una música que, un disco más, vuelve a transmitir toda una riada de sensaciones sin hacer uso de una sola palabra. Finalmente, tan extrañamente magnéticos como nos tenían acostumbrados. Qué bueno que volvisteis.

Texto: David Naves

Reseña: Unreal Overflows «Slaves Of The Human Future World» (Great Dane Records)

Casi veinte años han pasado desde aquél “Architecture Of Incomprehension” con el que debutaran los gallegos de Cangas Unreal Overflows. Tiempo en el que la banda ha tres álbumes: “False Welfare” en 2012, “Latent” ya en 2018 y finalmente este “Slaves Of The Inhuman Future World” que hoy nos ocupa en 2025. Ya con Zoilo Santiago Loira (guitarras, voz, bajo, baterías) y Diego Bea Besada (guitarras) como únicos integrantes. El propio dúo se ha encargado de producir, grabar, mezclar y masterizar estos nueve temas a caballo entre Zoilo Unreal Studio y Beabesada Estudios. Great Dane Records puso el disco en circulación en formatos CD (digipack) y digital.

Ni epopeyas sinfónicas ni más artificio que el que emana de las guitarras de Zoilo. “Echoes From The Past” entrega un prólogo elegante para después descoser su propuesta y alternar la cara más flamígera del actual dúo con la más melódico. En el contraste entre ambas intensidades radica gran parte del encanto de este primer corte. Buenos cambios de ritmo, a veces quizá algo bruscos, pero siempre apoyados por las buenas melodías de ambos guitarras. Un puente que desliza hacia su cara más progresiva y un epílogo cuyas voces filtradas me llevan inevitablemente a pensar en los primeros Cynic. Un buen primer corte.

Baterías vibrantes comandan el arranque de “Digital Slavery”. Hay buenos riffs aquí y en general una versión algo más desenfadada de U.F.. Sea como fuere, ellos no olvidan ni los buenos detalles en lo técnico ni tampoco unas estrofas, tan retorcidas como arrastradas, en la más pura tradición de la banda. Más concisa conforme atraviesa su tronco central, emerge ahí su cara más atmosférica. También buenos detalles de Zoilo con el bajo. Se nota esa pulsión por tratar de llevar su música hasta los confines del género. Asirse con fuerza a ellos y exprimir todo cuanto llevan dentro como músicos. Siempre sin imposturas ni artificios y del modo más orgánico posible.

Las melodías que dan inicio a “Tearing The Layers Of Reality” pueden pasar por las que más gancho disponen de todas cuantas encuentro a lo largo del álbum. Aquí vuelve la cara más descosida del dúo para un death metal melódico iniciático y quintaesencial. Un corte de esos que parece aludir más al corazón que a la cabeza, que entra a la primera y que, pese a su naturaleza más rotunda, no se olvida de los buenos detalles, técnicos y melódicos, sin los que esta banda no sería la que es. Muy disfrutona.

Así las cosas, “Beyond The Code” retorna a contornos más técnicos y retorcidos. En un disco que alude al sonido más primigenio de la banda, esta cuarta entrega se echa en brazos de una escritura retorcida y diría que ambiciosa. Por ahí, Zoilo y Diego darán su mejor versión como compositores. Pero es que además, las estrofas vienen soportadas por una serie de melodías tan precisas como gancheras. Y aunque eche en falta un bajo algo más grave durante las partes más pesadas, o una batería con algo más de peso, sigo pensando que pasa por ser uno de los mejores aportes de este nuevo trabajo.

Visage Of Betrayal”, entrega más extensa de las nueve, se construye desde un prólogo arrastrado y rotundo. Zoilo está dejando voces realmente agrias aquí. Y el dúo compone en esta primera parte una estructura menos retorcida y más lineal que en el resto del álbum. Los cambios de ritmo se suceden con naturalidad. Las estrofas de nuevo se apoyan en interesantes melodías de guitarra y el juego entre canales, de manera muy marcada cuando oyes el disco con auriculares, no podría tener mejor equilibrio. Los atemperados cambios de ritmo que ocurren en esta primera parte contrastan con los más rotundos de su parte final. Por ahí un corte que viene a mostrar dos caras muy marcadas del dúo: la más acomodada primero. La más furibunda después. Por ponerle un pero, ese desangelado fade out final. En cualquier caso otra de mis favoritas.

Averse To Creation” es otro prólogo estimulante por retorcido. Hay tensión en ese tech death preciso y a la vez rocoso. Después se suceden estrofas con algo más de brío y una estupenda línea de batería. El puente central, siempre con Zoilo declamando con su gravedad habitual, contrasta con los habituales requiebros santo y seña de Unreal Overflows. Camino del epílogo surgen interesantes juegos vocales, seguidos de las siempre acendradas melodías de ambos guitarras. Se puede acusar al dúo de construir un metal muy de nicho, pero no de no saber llevar su metal técnico hasta las últimas consecuencias.

De prólogo trotón, desenfadado incluso, “Against Our Will” pronto diverge hacia posiciones más cercanas al resto del álbum. Y lo hacen adoptando ahora ritmos más apaciguados y serpenteantes. Si algo me gusta aquí es ese pequeño solo de guitarra, la desnudez que le rodea, así como la violencia con que la composición reacciona a continuación. Puede ser el corte que más escuchas exigió de todo el trabajo. También uno de los que más me engancha a día de hoy. Una clásica estructura en constante diálogo consigo misma, tan sólida como autorreferencial.

El bajo de Zoilo comanda el prólogo de “Consumed By Himself”, corte que puede acusar cierta repetición de patrones a estas alturas del álbum. No sin que quepan buenas melodías y riffs bastante apañados, pero sí que tal vez dejando cierta sensación de déjà vu. Unreal Overflows lucha contra ello alternando la mayor quietud del comienzo con su cara más directa y efervescente. Clásicos cambios de ritmo y unas baterías brillando a la hora de ensamblar los distintos ritmos que se suceden. Con eso y con todo ya digo que un corte que, a día de hoy, me pasa un tanto inadvertido.

El cierre es para “Longing For Silence”, que enfrenta el clasicismo de algunos de sus riffs con un metal trotón y eficaz. En sus partes más técnicas, todo parece entregarse a la buena labor de ambos guitarristas. Procurando mantener el interés a base de alternar buenos riffs con mejores melodías. Nada que no hayamos escuchado a lo largo y ancho del álbum, pero con una concisión y una seguridad, pienso, por encima de la media del disco. La banda culmina así este “Slaves Of The Inhuman Future World” inmersa en su metal retorcido pero orgánico de siempre. Sin más artificios que los que emanan de sus guitarras.

… y que en estos tiempos de inteligencias artificiales, discos sobreproducidos (dentro incluso de las fronteras del género) tiene algo de declaración de intenciones. Fijar la mirada en el pasado para asegurar el futuro. Muchos y muy buenos riffs, aún mejores melodías y su clásico juego con las estructuras. Pienso que el álbum se hace fuerte en su tronco central. “Visage Of Betrayal” o “Averse To Creation” pueden contarse entre las mejores composiciones que hayan hecho nunca. Y aunque aquí y allá haya ideas con las que no conecto en igual medida, difícilmente mi nota descendería de un notable. Mientras que el futuro que tenemos a las puertas nos aterra, el presente ha entregado un más que conciso y eficaz álbum de buen technical melodic death metal. Bienvenido sea.

Texto: David Naves

Reseña: Stolen Soul «Seek Revenge» (Demons Records 2025)

Debut en formato Ep para los metaleros vizcaínos de nuevo cuño Stolen Soul. O lo que es lo mismo: Argo en baterías, Andima con la guitarra solista, Aritza con la rítmica, Iker al bajo y Ángel a las voces. “Seek Revenge” fue estrenado a finales de octubre del pasado 2025.

Y se trata de un Ep donde los chicos no pierden el tiempo. “Alive” arremete, sin introducciones ni zarandajas de ningún tipo, con un metal directo y sin concesiones. Alterna brío y groove, compone estribillos lacónicos y entre las estrofas uno puede seguir el rastro de gente como Hamlet o System of a Down. Lo bueno es que la banda parece haberse tomado el tiempo suficiente a la hora de componer. Es algo que parece latente en esa escritura intrincada. En la buena gama de riffs que la soporta. Hay una producción muy equilibrada. Desde el bajo al solo de Andima, todo adquiere su debida cuota de protagonismo. El solo de éste último, por cierto, no va falto ni de extensión ni tampoco de clase. Un buen arranque, con las posiciones firmes y gancho más que funcional.

Rise Above” porta un aire más melódico. Casi cercano a bandas como Sinaia o A Day to Remember. Las voces adquieren un mayor color, disfruto de esa mayor alternancia que muestran. También de la línea de batería de Argo y la buena base rítmica que compone al alimón con Iker. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de los cinco, pero fue el que más arraigó ya desde las primeras escuchas. Y si bien como digo es una entrega atravesada por una mayor melodía, la banda tampoco abandona el nervio aquí. De resultas de todo ello “Rise Above” se erige ágil, eficaz y muy disfrutona.

Restless”, por su parte, arranca desde posiciones algo más heavies. Dan fe de ello esas guitarras dobladas del prólogo. También ese riff pesado, muy clásico, que conduce hacia las primeras estrofas. Ahí me agrada el modo en que dichas estrofas han sido construidas. El modo en que van transitando hacia posiciones más contemporáneas. Puede que estas sean las mejores voces de Ángel en todo el Ep. Desgarradas, que no inteligibles. El puente central acoge una mayor pesadez, un groove muy marcado y bien medido, con el bajo de Iker restallando a placer. Luego Andima coloca otro buen solo y “Restless”, retorcido epílogo mediante, consigue llegar a buen puerto. Un corte de fuerte personalidad dentro del Ep…

… que, “Whispers” mediante, vira de nuevo hacia el metal más pesado y groovie. Entrega más extensa de este “Seek Revenge”, da desde luego la impresión de que la banda ha querido echar el resto en lo que a composición se refiere. Avanza con pesadez en sus primeras estrofas. Después ofrece unos llamativos coros, a voz limpia, para de nuevo confluir en ese metal rocoso y casi monolítico. En su tronco central y para acomodar el solo, la banda opta por ritmos más vivos primero y más pesados después. Ahí donde emerge de nuevo el Ángel más vociferante. También otra buena ensalada de riffs crudos y pesados. A fin de cuentas, un corte de esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con las escuchas. Doy fe.

El cierre corresponde a “Bellow”, donde sobresale el modo en que la banda acierta a alternar ritmos en las que pueden ser algunas de las estrofas más redondas del Ep. De nuevo esa alternancia en voces tan bien resuelta. De lo prístino de sus estribillos al puro desgarro posterior. De nuevo muy bien Ángel aquí. Sin tampoco inventar nada, Stolen Soul se las arreglan para componer un último corte, cuanto menos, atractivo en cuanto a técnica y ejecución se refiere.

Metal contemporáneo entre nervio, pesadez y melodía. Son cinco temas en los que (casi) cada uno parece adherirse a una corriente en particular. Que lo mismo vibra cerca de los Machine Head más thrash que alberga guiños más melódicos o se funde hacia el groove más rocoso y pesado. Lo mejor, en todo caso y amén de la buena producción del Ep, es que todas esas influencias confluyen hacia un nexo común. Hay buenos detalles en el plano técnico, Ángel compone buenas líneas de voz y la base rítmica empasta esa variedad estilística sin grandes apuros. Nada mal tratándose de un primer trabajo. El punto de partida de Stolen Soul no podría haber pintado mejor.

Texto: David Naves

Crónica: Montana Stomp (Avilés 6/3/2026)

Montana Stomp pisaron fuerte a su reciente paso por tierras avilesinas. En la que sería la primera venida a Asturias de la formación radicada en Zaragoza, quedó bien claro el buen momento de forma que atraviesan. En una fecha que habría de vérselas con uno de los grandes nombres de la escena nacional, los navarros Koma, no fue poca la gente que se arrimó a La Factoría en la noche del viernes…

En lo que iba a ser un perfecto maridaje entre southern rock, blues y hard rock 70’s, todo se abre no obstante con “The Lonely Shepherd”, corte que popularizara Quentin Tarantino y sus (hasta el momento, tal y como funciona Hollywood hoy en día quién sabe) dos entregas de “Kill Bill”. Todo para transitar después hasta “Rock And Roll Wheels” y dejar negro sobre blanco que esta iba a ser una de esas noches para el recuerdo. Porque en nuestras retinas quedará ya el fulgurante inicio de set, así como esos solos siempre hábiles y carismáticos de Óscar Díez y los tonos rugientes cual mar embravecido de Susana Colt tras el micro.

Aunque luego “Maybe That Day” es un escorzo bluesero donde Colt muestra su lado más amable. Canción a canción iban mostrando cómo de amplia es su paleta de colores. También que el sonido, rara vez falla la Factoría en esto, iba a ser el de las noches buenas de verdad. En todo caso reseñable me resulta que, a pesar de esa amplia gama de registros, cómo se las apañan para que el set dibuje una coherencia siempre revestida de clasicismo e incluso de verdad. Y es que suenan sinceros, orgánicos, siempre por el libro de estilo más clásico pero sin dejarse nada dentro. Ni siquiera los obligados agradecimientos (Omar Wylde por un lado, la Concejala Delegada de Cultura y Festejos Yolanda Alonso por otro) o esa cara más decididamente sureña que muestran en “High”. Ahí me gustó el modo en que “Big Blind Special” acertó a unir brío y sensualidad, firmemente apoyada en la base rítmica que formaron Adrián Garcés (batería) y Beto Foronda (bajo). En la que sería la primer versión de la jornada recordaron el “One Horse Town” de Blackberry Smoke, banda que en el año 2009 se pasaba por Gijón de la mano del propio Omar, para gozo de un fan que portaba orgulloso una remera de la banda estadounidense.

Colt nos contaría entonces cómo la grabación del debut se topó de bruces con la fatídica pandemia del Covid, mientras que el segundo tuvo que lidiar con la infame Dana valenciana. Sucesos que, a buen seguro, sirvieron para ayudar a fortalecer el carácter de una banda como esta. Y es que, en definitiva, qué cierto aquello de que “al final solo el rock ‘n’ roll nos salva”. “Bad Luck River”, quizá llevada en volandas por ese cierto sentimiento de fatalidad, fue otra de las más redondas de la jornada, redondeada por el pequeño guiño de Díez al “Free Bird” de los inevitables Lynyrd Skynyrd. En lo personal y por aquello tan viejo de que la cabra siempre tira al monte, la muy rocosa “Bad Choices” fue una de mis favoritas. “Unbroken” nos inundó entonces de un sentimiento no muy lejano de los mejores Led Zeppelin para, de paso, cosechar una más que clamorosa ovación mientras Colt recibía el emotivo, reparador y sincero abrazo de una espectadora «cercana».

Bourbon Call” derivó luego hacia el country, ampliando aún más si cabe sus registros en un derroche de versatilidad pero también de gusto por las cosas bien hechas. Díez bailó por el mástil de su guitarra, slide mediante, antes de que el recién llegado Alber Tro sentara cátedra tras las teclas en la introducción de “That Song”. Ambos músicos se enzarzarían después en un duelo flamígero durante “Hey Baby”. Todo mientras Susana Colt era un derroche de gestos, de carantoñas incluso, jugando tanto con la gente frente a ella como con los músicos que le rodeaban. Una frontwoman a la vieja usanza, pero tan firme en la caricia de sus tonos más amables como en el rugido de los más viscerales.

Una banda que, además, gana una barbaridad en la traslación del disco al directo. ¿Qué más hace falta? ¿Suerte?. Canciones, buenas canciones, les sobran. “Troubled Sinner”, enmarcada en la cara más sucia y áspera del quinteto, es una de ellas, con Susana Colt a puro desgarro tras el micro. El rock agradable de “Alice” puede y de hecho resulta mucho más sencillo pero conecta, y de qué modo, con la gente. Tal era el calor recibido que Colt primero y Díez después bajaron a mezclarse con la audiencia en la revisitación del “Mississippi Queen” de Mountain del gran Leslie West. No era poca la energía que habían derrochado durante la velada y, sin embargo, aún les quedaron arrestos para cerrar con su cara más vibrante y anfetamínica, esa que desborda nervio en la final “Mister”. Apabullantes.

El gusto por las cosas bien hechas. Montana Stomp amalgamaron todas sus influencias en hora y media larga de puro buen hacer. Ya fuera en las cercanías del blues, en los entornos más hard rockeros de los 70 o derivando hacia el country, el carisma que derramaron estuvo siempre en su punto. Banda de nivel impepinable, haced el favor de ir a verles si se os ponen a tiro.

Por nuestra parte nada más. Mandar un abrazo a la banda al completo, agradecer una vez más a la buena gente de Factoría Sound el trato y las facilidades, saludar a esa buena gente que no perdona un sarao y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Burnt To Death «Black Dragon» (Autoproducción 2025)

Nuevo Ep para el trío extremo asturiano Burnt To Death: Javi Pity (Legacy Of Brutality) en baterías, Kai al bajo y Solarfall en guitarra y voces. Cinco temas en total grabados, mezclados y finalmente masterizados en Kollapse Studio por Iván Ferro y adornados por el arte de Ikosidio. La banda cuenta además con las colaboraciones de Richard Shaw (ex Cradle Of Filth) y David G. Álvarez “Davish” (Angelus Apatrida).

Confined” pronto busca establecer el tono imperante dentro del Ep. Un inicio arrastrado y crudo, que rápido dará paso al black / death orgánico y nervioso del trío. Pienso en los Morbid Angel más musculosos durante ese prólogo. Luego la banda transfiere toda su rabia y fiereza a través de una llamativa labor de Pity tras los parches. Me agradan esos riffs que adornan las estrofas, ese mayor brillo que portan. Para el epílogo, y sobre un avanzar de nuevo rocoso, casi monolítico, irrumpe un buen solo de guitarra. Marca de la casa Solarfall, donde creo oír ecos de los mejores Slayer, sin olvidar el deje más melódico que muestra al cierre.

The Devil’s Blood” es de inicio la cara más abiertamente black de los asturianos. Belphegor podría ser uno de los nombres que acuden a mi subconsciente. Javi Pity trota como si en el empeño le fuera la vida, tanto con los blast beats primero, como con el doble bombo después y esas partes más acompasadas que siguen. Vibraciones altas para un corte directo, muy funcional, roto por esas islas de metal arrastrado y rocoso. Un trazo bien construido y mejor ejecutado. Es cierto que algunos riffs en las partes más a medio gas me pueden resultar algo recurrentes. En cualquier caso Solarfall dispone un solo falto de cualquier tipo de complejos y Burnt To Death construyen otro corte cuanto menos llamativo.

Inhuman”, con el Plague Of Angels y ex Cradle of Filth Richard Shaw a bordo, es otra buena andanada de metal hiriente y descosido. La banda en pulsos muy altos, con una base rítmica de Pity y Kai propulsando un trazo directo y sin muchas florituras. Me engancha ese riff de las estrofas, también el cariz más abiertamente black que la composición adquiere después, así como ese solo del mencionado Shaw que atraviesa el corazón mismo de esta tercera entrega. Toda vez sucede éste, “Inhuman” muta para transitar por un metal más tendido, siempre bajo esa característica voz de Solarfall. Quizá eche en falta una mayor presencia del bajo en este cierre más apaciguado (es un decir) pero en cualquier caso, un corte ágil a la hora de navegar entre dos aguas.

En “Against YouBurnt To Death ofrecen un corte más juguetón, atreviéndose a colisionar tanto voces como ritmos para la que me resulta la composición más llamativa de las cinco. La más en cierto modo caótica, donde el Angelus Apatrida Davish deja un solo auténtica marca registrada del albaceteño. Tras el solo de mi tocayo irrumpe un metal de nuevo frontal y monolítico, y el eventual cuarteto abrocha ese trazo menos obvio y más atrevido de esta cuarta entrega.

Para el cierre queda “Black Dragon”, tema más extenso del Ep, y donde los asturianos parecen haber echado el resto. Hay un gran trabajo riffero ya en el mismo prólogo. Después sucede un violento cambio de ritmo e irrumpen los BTD más feroces y despiadados. Un black que tiende a recordarme a la escuela nórdica, con Solarfall ejecutando unas voces que no me podrían recordar más a ciertos álbumes de los noruegos Mayhem, firmemente apoyado por el conciso avanzar de Pity tras baterías. La composición juega entonces a hibridar ese black tan reconocible con momentos más cercanos al death metal más clásico. Es justo ahí donde cabe un más que correcto solo de guitarra, antes de que encaremos un largo cierre que sorprenderá por el toque más pesado y a la vez grandilocuente que propone. Y que me agrada de tanto en cuanto está conseguido de una manera puramente orgánica, sin trucos de salón, directo a las mismas tripas. Estupendo epílogo.

Porque si una cosa tienen estos Burnt To Death es la cualidad tan pura y real que emerge de su metal extremo. En unos tiempos en que nadie parece escapar de adornos y triquiñuelas diversas, el trío propone un viaje a las mismas esencias del género para extraer de él cinco cortes brutales por sinceros. Sus influencias, que las hay y se filtran a lo largo de todo el Ep, pienso que están dispuestas con inteligencia sobre las canciones. Algo a lo que ayuda, como digo, esa cualidad a veces tan híbrida de sus composiciones. Metal extremo sin ningún tipo de excusas ni complejos.

Texto: David Naves

Reseña: Reveal «The Age Of Knowledge» (FC Metal 2025)

Nuevo esfuerzo discográfico para la buena gente de Reveal, en esta ocasión en formato Ep y bajo el título “The Age Of Knowledge”. Ellos son el fundador, principal compositor, productor y guitarrista Tino Hevia, el vocalista de origen sueco Rob Lundgren, David Figueiras también en guitarras, Helena Pinto a las teclas, Jorge Ruiz al bajo y finalmente Dani Cabal en baterías.

Directa al grano y sin complicaciones, la pequeña “Am I The Evil” confiere un heavy / power metal sencillo y de fácil digestión. Con un notable trabajo de Lundgren en voces y unas buenas guitarras dobladas engarzando las distintas estrofas. La mezcla acierta a equilibrar cada elemento, si bien no es menos cierto que la voz del estocolmés gana un protagonismo algo excesivo en ciertos momentos. Que el corte apenas alcance los tres minutos de duración revierte, finalmente, en unos solos un tanto contenidos. Por ahí quedan no obstante buenos acentos de Cabal antes del citado solo o buenos detalles de Pinto a los teclados. También una serie de riffs más serviciales que brillantes.

Heaven And Hell” vuelve a descargar todo su brillo en las melodías, tanto de guitarra como de teclas, amén de en la siempre equilibrada y elegante voz de Lundgren. Siendo como es el corte más extenso de este Ep, uno realmente siente que la composición respira en todo momento. Que nada está puesto ni al azar ni restringido a los dictados del reloj. Me gusta el tratamiento de las estrofas, primero desnudas, luego recargadas, y el trabajo en cuanto a voces que encaminan hacia estribillos. Puede ser, y de hecho lo es, power metal del de siempre, pero no deja éste de ser uno de esos temas que van ganando peso con el paso de las escuchas y donde la banda se atreve, incluso, con un pequeño breakdown. El solo, ahora sí, respira como no lo hizo el de “Am I The Evil” y esta segunda entrega, en general, dibuja la sensación de que esta es la mejor cara del combo.

Amén de por las llamativas ambientaciones que la atraviesan, “It’s My Time” agrada por cómo la banda se atreve a un mayor juego con los ritmos y las texturas aquí. Una composición que funde la cara más power de Reveal con la más sinfónica, construyendo así un corte que funciona en buena medida gracias a esos contrapuntos, adquiriendo una personalidad muy marcada en el proceso. En una emtrega de esta duración, sorprende el alargado solo que entregan. Es vistoso por sí mismo, pero también por los distintos ritmos sobre los que se apoya. Y sí, puede que su final resulte un poco abrupto. Un corte que capta mi atención en cualquier caso.

Living With The Pain” son unos Reveal más potentes ahora. Cabal marca el ritmo, Lundgren oscurece su registro y la banda suena, de pronto, más voluminosa y contundente. Un testimonio claro de las diversas encarnaciones que manejan, aún cuando lo suyo no deja de ser power metal del de toda la vida. Es una composición de mayor pegada, pero que dispone cierto gancho, con el vocalista nórdico dejando alguna de las voces más agudas que se le recuerdan, seguidas de una vibrante y atractiva sección solista. Tan poderosa como fugaz.

En esa misma onda de power vigoroso y directo, el tema título “The Age Of Knowledge” ofrece ahora los apoyos de teclado más llamativos de todo el Ep. Un corte que especialmente en estrofas y sin olvidarse del género al que pertenece, posee la personalidad suficiente como para disociarse del resto de composiciones. Es algo que resulta aún más evidente que si cabe toda vez uno oye los solos que porta esta última entrega. De nuevo muy firme Cabal tras baterías y un Lundgren más juguetón que nunca con sus líneas de voz. Siento que tiene gancho, que llega a buen término, y que finalmente remata con unos solos más que correctos. También que porta ideas que bien daban para una composición algo más ambiciosa.

Me agrada esta nueva oferta de Reveal, pero a ratos siento que unos desarrollos algo mayores bien podrían haber revertido en unas composiciones más redondas. ¿Me he malacostumbrado al trazo largo y el tema extenso? Puede ser. Pero más allá de consideraciones meramente subjetivas, existen buenos detalles a lo largo de los cinco cortes. Esforzadas líneas de voz, una batería que pasa por una buena serie de ritmos, dejando buenos detalles en el proceso, y unas guitarras que, aquí y allá, aciertan a solear con brío. Hay buenas ambientaciones, capaces por sí mismas de otorgarle una mayor personalidad a varios de los cortes. Y entre unas cosas y otras el resultado final, si bien no me entusiasma, capta mi atención lo suficiente como para seguir atento a futuras evoluciones por su parte.

Texto: David Naves

Crónica: Hellfest (19-22/6/2025)

Una vez más el pequeño pueblo vinícola de Clisson, en el oeste de Francia, volvió a transformarse en el epicentro mundial del metal con la celebración de la 18ª edición del Hellfest Open Air. Del 19 al 22 de junio, lo que comenzó en 2006 como una continuación del Fury Fest y que se ha consolidado como uno de los festivales más importantes del circuito global volvió a dejar patente su poder de convocatoria al colgar de nuevo el cartel de “entradas agotadas” meses antes de su inicio.

Más de 180.000 asistentes acudieron a una cita donde la diversidad del público fue mas que notable. Desde veteranos del metal hasta nuevas generaciones que acudían por primera vez, atraídos por un cartel que conjugaba leyendas consagradas con propuestas emergentes. Temperaturas que superaron los 30 grados, convirtiendo el recinto en un auténtico infierno metálico. Las fuentes de agua se convirtieron en puntos neurálgicos, con largas colas de metalheads buscando un alivio que la organización supo aportar gracias a medidas adicionales de hidratación y zonas de sombra, demostrando un verdadero compromiso con su público.

En lo estrictamente musical el cartel de esta entrega apostaba por una mezcla explosiva de estilos y generaciones en sus seis escenarios y más de 180 bandas. Una oferta musical tan vasta como intensa en la que destacaron el retorno a los escenarios de Linkin Park con una actuación cargada de emoción y nostalgia. Su repertorio no dejó atrás clásicos como «In The End» y «Numb«, rescatando temas más recientes que marcaron su evolución sonora.

Judas Priest, en plena gira de despedida, ofreció un show épico que repasó sus cinco décadas de trayectoria con un Rob Halford, de imponente presencia, que demostró que aun es verdadero “metal god”. Muse, apuesta arriesgada que resultó ser todo un acierto, sorprendió con una puesta en escena futurista y un sonido impecable, fusionando rock alternativo con elementos electrónicos. En su su primera participación en Hellfest ofrecieron un set cargado de clásicos como «Plug In Baby«, «Supermassive Black Hole« o «Knights Of Cydonia«. Por su parte bandas como Scorpions, Pentagram, Cypress Hill y Korn reafirmaron su legado con unas actuaciones más que solventes.

Como comentamos anteriormente Hellfest no vive solo de grandes nombres. Alcest, Knocked Loose, Chat Pile o Gutalax ofrecieron actuaciones memorables en los escenarios secundarios, demostrando que el festival también apuesta por la vanguardia y la diversidad sonora. Una de las novedades más celebradas fue la programación del Mainstage 2 del viernes, dedicado exclusivamente a bandas lideradas por mujeres o compuestas íntegramente por ellas. Más de 40 grupos femeninos participaron en esta edición, reivindicando su espacio en un género históricamente dominado por hombres a través de las actuaciones destacadas como las de Jinjer, Brutus, Venus Syndrome que fueron recibidas con entusiasmo y grandes ovaciones. Por ejemplo, la banda canadiense Spiritbox, liderada por Courtney LaPlante, presentó su nuevo trabajo «Tsunami Sea«, que fue recibido como una revelación. Su mezcla de metalcore atmosférico y voces etéreas les posiciona como una de las bandas del futuro. Su actuación fue uno de los momentos más intensos del festival.

Hellfest 2025 no solo mantuvo el nivel de ediciones precedentes, sino que lo expandió hacia nuevas fronteras. A través de la diversidad sonora, que abarcó desde el black metal más crudo hasta el death-pop industrial, pasando por el garage disco y el metal sinfónico, esta edición rompió barreras estilísticas. Una entrega que abordó la inclusión real con una programación femenina que no fue simbólica, sino protagonista, con un escenario completo dedicado a ellas. Ofreció momentos inesperados como el dueto entre VOWWS y Gary Numan o la presencia de Cypress Hill en un festival de metal además de conmemorar el legado de bandas como Judas Priest y Scorpions a través de actuaciones cargadas de historia. Una celebración del pasado, el abrazo al presente y la proyección de lo que será el futuro del metal. Si el infierno tiene banda sonora, sin duda sonó en Clisson este pasado mes de junio.

Texto y Fotos: Jaime García Pérez

Reseña: Helloween «Giants & Monsters» (Reigning Phoenix Music 2025)

Decimoséptimo largo ya para la calabaza germana, el segundo desde que Helloween debutara esta suerte de formación all star con Michael Kiske (voz) y Kai Hansen (voz y guitarra) retornando a la que fue su casa. Mi compañera Tumay entrevistó a Markus Grosskopf (bajo) hace escasas fechas por lo que era de recibo, ahora, darle un tiento a este flamante “Giants & Monsters”. Michael Weikath y Sascha Gerstner (guitarras), Andi Deris (voz) y Dani Löble (batería) completan la nutrida alineación. Dennis Ward y Charlie Bauerfeind se harían cargo de las distintas tareas de grabación y mezcla, mientras que Sascha Bühren y Emil Pohjalainen harían lo propio con la masterización. Diez cortes para cincuenta minutos de música adornados por el fino arte de Eliran Kantor. En la calle a través del sello Reigning Phoenix Music desde finales de agosto.

Nada de intros cinemáticas ni pompa engolada. “Giants On The Run” ofrece desde el comienzo la mejor cara de esta constelación de músicos. ¿Por qué? Por la construcción de esas estrofas, por cómo después su estribillo reconduce hacia los Helloween más canónicos, con Deris llevando la voz cantante. Sorprende su elección como opener si uno se atiene a lo llamativo de su construcción. Ahí caben desde breakdowns a cierto coqueteo con el metal progresivo, voces graves y una hábil sección solista. El epílogo, tal vez por llevar la voz de Hansen, pero también por el tratamiento de los diferentes coros, no podría recordarme más a Gamma Ray. Por ahí, y sin que la producción me enamore del todo, siento que el álbum no podría empezar con mejor pie.

Savior Of The World” se conduce ahora hacia un power metal mucho más clásico y elemental. Ese donde el siempre cálido timbre de Michael Kiske engarza con total precisión. Es una canción que Helloween han entregado decenas de veces. Quizá por ahí que quepan pocas quejas al respecto, más allá de cierta predecibilidad inherente al género. Además Dani Löble está no solo rápido sino que bastante hábil a la hora de componer su línea de batería y, por ahí, todo deja la impresión de que podría funcionar como un tiro en vivo. La producción juega con los canales durante la primera fase del solo. Justo antes de que éste emprenda el vuelo y deje paso al epílogo. De esas que te las sabes a la primera y no salen de tu cabeza durante días.

Lo mejor que puedo decir de “A Little Is A Little Too Much” es que cumple con creces su papel como single adelanto. Sencilla, valga la redundancia, con una melodía pegadiza y memorable, un buen tratamiento en cuanto a voces se refiere y ese sencillo pero eficaz estribillo, el cual parece construido con el directo como fin último. A día de juntar estas líneas, es el adelanto del álbum con menos reproducciones en Spotify, si bien en lo personal siento que está por encima de “This Is Tokyo”. Más adelante explico por qué.

Me gusta la forma en que “We Can Be Gods” recupera algo más de nervio y mala leche. De clasicismo incluso, con ese inconfundible agudo durante el prólogo. Kiske de nuevo a placer, muy cómodo, en estas estrofas. Y basta escuchar los distintos riffs que la pueblan para darse cuenta de que esta es una composición con el sello personal e intransferible de Kai Hansen. El disco va conformando así el puzzle en el que han de ir encajando las distintas personalidades que integran estos súper poblados Helloween. Quizá el solo me suene algo recurrente a estas alturas de la película. Inequívocamente ágil, especialmente cuando emergen buenos duelos entre ellos, pero que aún con eso me provoca cierto déjà vu.

Into The Sun” echa el freno y pone la calma. Balada / medio tiempo bellamente arreglada, interpretada con todo mimo y que, sin tampoco reinventar la rueda, amplifica el rango sonoro del álbum con cierta finura. Una buena sección solista y un final pomposo pero bien equilibrado en lo que a mezcla se refiere para un corte ni memorable ni fallido.

This Is Tokyo”, lo pensé en las primeras escuchas y me reafirmo ahora, me resulta el más endeble de los tres adelantos. De entrada porque los coros del prólogo, por alguna razón, me suenan torpes. Descuidados incluso. Y si bien pienso que su construcción no es desdeñable, me parece que recoge alguno de los malos vicios que a veces tienen este tipo de cortes pensados para la masa. Pero es que aun con eso, creo que el estribillo adolece de un mayor gancho y trata de buscarlo inundando la mezcla de coros que no van a ningún lado. Si la salvo de la quema es, desde luego, por ese deje tan Accept que acompaña al solo. Y nada más.

Por contra, “Universe (Gravity For Hearts)” y si logro abstraerme del ahogado y extraño sonido de la caja (especialmente en estrofas), me parece uno de los mayores logros de este “Giants & Monsters”. Los Helloween más trotones confrontados a una escritura que me atrapa por diversa y ágil, con un Kiske en su salsa. Sascha Gerstner carga con la composición aquí, pero en muchos de los riffs y melodías uno siente el inequívoco aroma a los Helloween de siempre. Hay cuidados puentes entre estrofas, confrontados a secciones más oscuras, con el bajo de Grosskopf muy en primer plano y, en general, una cualidad de nuevo poco predecible, seguida de buenos desarrollos solistas. Es la banda en su encarnación más coral, produciendo power metal de calidad y con el único pero de la batería que comenté al comienzo1.

Me gusta esa cualidad más atmosférica que emana de “Hand Of God”, no tanto cómo una duración algo rácana opera en contra de las buenas ideas que la integran. De nuevo compuesta por el ex Freedom Call Sascha Gerstner, porta estrofas más que interesantes, amén de un tono algo disociado del resto del disco. Me gustan las melodías que acompañan a estribillos. Tan clásicas, tan funcionales. Por contra, a la sección solista creo que se le podría haber sacado algo más de jugo. Al final es uno de los cortes que me pasa más inadvertido.

Hay que reconocerle a esta calabaza que pocas bandas se manejan tan bien como ellos en cortes de sencillo y directo happy metal. “Under The Moonlight” se adhiere con orgullo a esa larga tradición de hard / heavy maleable y desenfadado, con un Kiske como niño con juguetes nuevos. Muy breve, apenas por encima de los tres minutos, pero de lo más funcional. Habría sido mi elección como single por delante de “This Is Tokyo” sin dudarlo un instante.

De la cabeza de Kai Hansen ha salido el cierre “Majestic”. Composición adherida a la bien conocida tradición de cortes extensos que el Gamma Ray ha entregado durante todos estos años, y donde se dan cita alguno de mis riffs favoritos de todo el álbum. Estupendas esas primeras estrofas, de construcción ágil y diversa, con Michael Kiske enfrentando los distintos versos con una pasión a la altura de su leyenda. Sin llegar a ser una “Heading For Tomorrow”, una “Halloween”, cierra el disco con grandes solos y potentes estribillos, pero también puentes tranquilos y la sensación de que a esta formación le queda aún mucha guerra por dar.

A día de hoy siento que “Helloween” era, en términos absolutos, mejor que este “Giants & Monsters”. Entre buenos momentos de gran power metal, este nuevo largo de la calabza ofrece cortes algo endebles y ejecuciones un pelín predecibles. Pero cuando el disco brilla, véase sin ir más lejos esa final “Majestic”, destierra cualquier duda. Si bien pienso que el disco roza el notable, me queda la sensación de que a semejante constelación de músicos, de leyendas del género, se les debería exigir siempre algo más.

1 y que en un principio achaqué a un mero fallo del formato. Error del que salí toda vez escuché de nuevo la canción en diferentes plataformas de streaming, con el defecto persistiendo en todas ellas. Hay cosas que cuesta comprender y más en una producción como esta.

Texto: David Naves

Reseña: Grapeshot «Oblivion» (Autoproducción 2024)

Los thrashers madrileños de Grapeshot están de vuelta. La banda, que ya pasara por estas páginas con su último largo “Suckcess”, vuelve ahora con el Ep de cinco temas “Oblivion”. A la hora de juntar estas líneas integran la banda el nuevo bajista Miguel García-Monge, un Borja Cabello que ahora se pasa a la guitarra junto con Jose A. Poveda, Marcos De La Calle en baterías y Esteban Muñoz en voces. Grabado y mezclado en los Estudios 51 de Toledo, los cinco temas serían finalmente masterizados por Andy VanDette (Devin Townsend Project, Rush, Savatage, Bruce Dickinson…) y se puede encontrar en su perfil de bandcamp.

Anuncia el kit de prensa que la banda se ha deslizado ahora hacia terrenos “más suaves y rockeros” pero lo cierto es que “Lost My Way” parece no hacer caso. Grapeshot pisan el acelerador desde el primer momento y la composición resultante acierta a fusionar el doble bombo con esos riffs cortados al milímetro. La firme voz de Muñoz en estrofas contrasta con ese deje más sureño (más alternativo incluso) durante estribillos. Echo en falta unos engarces más trabajados entre las distintas estrofas. Por contra, la banda apenas deja descender la intensidad. Pero cuando lo hace, con ese puente más apaciguado y de corte casi grunge, surge un solo de guitarra directo y funcional, juguetenado entre canales durante el epílogo. Un arranque potente y descarado en la más pura tradición del género.

El prólogo de “Toxic Love” trae consigo alguno de los riffs más pegadizos y resultones de todo “Oblivion”. Me agrada la forma en que Grapeshot construyen sobre ellos un corte donde se pueden intuir efluvios de bandas como Down, sus hermanos de Crowbar o del metal alternativo más casual. El constante martilleo de riffs durante estrofas parece muy pensado de cara al directo. Buenas melodías de guitarra surgen tras la voz de Muñoz y es aquí donde se puede apreciar el giro hacia terrenos más calmos que anunciaba la nota de prensa. Son unos Grapeshot en una clave ahora más melancólica, que si bien no olvidan las partes más trotonas y metálicas, desde luego confluyen hacia influencias un tanto más livianas. Y no para mal.

Hay algo de los Pantera más tranquilos en el prólogo de “I Am Rock ‘N’ Roll”. Muñoz tiñe ese reposado prólogo de voces limpias que, sin ir más lejos, me podrían recordar al bueno de Danzig. Es un contraste que les funciona a los madrileños. El juego entre calma e intensidad que proponen aquí no podría resultar más clásico. A camino entre la balada pura y el medio tiempo, brilla la base rítmica de García-Monge y De La Calle con dibujos hábiles y cuidados. El quinteto se desquita en una segunda parte que se conducirá por terrenos más próximos al thrash más groovie en los que parece más que cómodos. Estupendos solos bajo las voces de Muñoz y una mezcla que acierta a la hora de equilibrar cada instrumento. Fácilmente la que más terreno ha ganado con el correr de las escuchas.

Vortex” sorprende con ese paso casi marcial del prólogo, que no con las buenas guitarras que lo adornan. Muñoz suena más desgarrado ahora. Más desesperado incluso, acorde con la propia letra que interpreta aquí (“Looking for some light in an abyssal pit. Water’s invading my breath”). Por ahí esta cuarta entrega puede ser la más diferente de todo el Ep, si bien no es menos cierto que este es un trabajo donde no abundan los lugares comunes. En solitario primero y acompañando a las voces después, para su parte final queda el solo más ambicioso de todos cuantos atraviesan “Oblivion”. Y un riff que me recuerda (aunque sea de manera vaga) al de “Keine Lust” de unos tales Rammstein.

Vuelven las altas revoluciones para el tema título “Oblivion”. La banda se descuelga en su primera mitad con una andanada de puro thrash noventero y efervescente. Entre ese vigor y sus inevitables influencias sureñas, Grapeshot trazan un monstruo de dos cabezas que entra a la primera y acaba resultando de lo más disfrutable. Estupendo de igual forma ese puente central más reposado y el buen solo que lo adorna. Y si bien al epílogo no le falta atrevimiento, sí que echo en falta algo más de nervio. Un buen final en todo caso.

El problema muchas veces con este tipo de Ep’s es que terminen sabiendo a poco. Grapeshot han luchado contra ello tramando cinco temas de personalidad bien marcada y definida. La raíz es común, ese metal a medio camino entre el southern, el groove y el thrash, pero los chicos se las arreglan para que, entre medias, quepan influencias cercanas al grunge o al alternativo. De resultas de ello, también de un cierto descenso en su bien conocida intensidad, surge ahora una banda que puede haber perdido en contundencia aquello que ha ganado en sonido propio. Agradable entrega para quien escribe, está por ver si también para quienes nos leen.

Texto: David Naves