Reseña: Grapeshot «Oblivion» (Autoproducción 2024)

Los thrashers madrileños de Grapeshot están de vuelta. La banda, que ya pasara por estas páginas con su último largo “Suckcess”, vuelve ahora con el Ep de cinco temas “Oblivion”. A la hora de juntar estas líneas integran la banda el nuevo bajista Miguel García-Monge, un Borja Cabello que ahora se pasa a la guitarra junto con Jose A. Poveda, Marcos De La Calle en baterías y Esteban Muñoz en voces. Grabado y mezclado en los Estudios 51 de Toledo, los cinco temas serían finalmente masterizados por Andy VanDette (Devin Townsend Project, Rush, Savatage, Bruce Dickinson…) y se puede encontrar en su perfil de bandcamp.

Anuncia el kit de prensa que la banda se ha deslizado ahora hacia terrenos “más suaves y rockeros” pero lo cierto es que “Lost My Way” parece no hacer caso. Grapeshot pisan el acelerador desde el primer momento y la composición resultante acierta a fusionar el doble bombo con esos riffs cortados al milímetro. La firme voz de Muñoz en estrofas contrasta con ese deje más sureño (más alternativo incluso) durante estribillos. Echo en falta unos engarces más trabajados entre las distintas estrofas. Por contra, la banda apenas deja descender la intensidad. Pero cuando lo hace, con ese puente más apaciguado y de corte casi grunge, surge un solo de guitarra directo y funcional, juguetenado entre canales durante el epílogo. Un arranque potente y descarado en la más pura tradición del género.

El prólogo de “Toxic Love” trae consigo alguno de los riffs más pegadizos y resultones de todo “Oblivion”. Me agrada la forma en que Grapeshot construyen sobre ellos un corte donde se pueden intuir efluvios de bandas como Down, sus hermanos de Crowbar o del metal alternativo más casual. El constante martilleo de riffs durante estrofas parece muy pensado de cara al directo. Buenas melodías de guitarra surgen tras la voz de Muñoz y es aquí donde se puede apreciar el giro hacia terrenos más calmos que anunciaba la nota de prensa. Son unos Grapeshot en una clave ahora más melancólica, que si bien no olvidan las partes más trotonas y metálicas, desde luego confluyen hacia influencias un tanto más livianas. Y no para mal.

Hay algo de los Pantera más tranquilos en el prólogo de “I Am Rock ‘N’ Roll”. Muñoz tiñe ese reposado prólogo de voces limpias que, sin ir más lejos, me podrían recordar al bueno de Danzig. Es un contraste que les funciona a los madrileños. El juego entre calma e intensidad que proponen aquí no podría resultar más clásico. A camino entre la balada pura y el medio tiempo, brilla la base rítmica de García-Monge y De La Calle con dibujos hábiles y cuidados. El quinteto se desquita en una segunda parte que se conducirá por terrenos más próximos al thrash más groovie en los que parece más que cómodos. Estupendos solos bajo las voces de Muñoz y una mezcla que acierta a la hora de equilibrar cada instrumento. Fácilmente la que más terreno ha ganado con el correr de las escuchas.

Vortex” sorprende con ese paso casi marcial del prólogo, que no con las buenas guitarras que lo adornan. Muñoz suena más desgarrado ahora. Más desesperado incluso, acorde con la propia letra que interpreta aquí (“Looking for some light in an abyssal pit. Water’s invading my breath”). Por ahí esta cuarta entrega puede ser la más diferente de todo el Ep, si bien no es menos cierto que este es un trabajo donde no abundan los lugares comunes. En solitario primero y acompañando a las voces después, para su parte final queda el solo más ambicioso de todos cuantos atraviesan “Oblivion”. Y un riff que me recuerda (aunque sea de manera vaga) al de “Keine Lust” de unos tales Rammstein.

Vuelven las altas revoluciones para el tema título “Oblivion”. La banda se descuelga en su primera mitad con una andanada de puro thrash noventero y efervescente. Entre ese vigor y sus inevitables influencias sureñas, Grapeshot trazan un monstruo de dos cabezas que entra a la primera y acaba resultando de lo más disfrutable. Estupendo de igual forma ese puente central más reposado y el buen solo que lo adorna. Y si bien al epílogo no le falta atrevimiento, sí que echo en falta algo más de nervio. Un buen final en todo caso.

El problema muchas veces con este tipo de Ep’s es que terminen sabiendo a poco. Grapeshot han luchado contra ello tramando cinco temas de personalidad bien marcada y definida. La raíz es común, ese metal a medio camino entre el southern, el groove y el thrash, pero los chicos se las arreglan para que, entre medias, quepan influencias cercanas al grunge o al alternativo. De resultas de ello, también de un cierto descenso en su bien conocida intensidad, surge ahora una banda que puede haber perdido en contundencia aquello que ha ganado en sonido propio. Agradable entrega para quien escribe, está por ver si también para quienes nos leen.

Texto: David Naves

Crónica: Vio-Lence + Blast Open (Valladolid 27/4/2025)

Segunda visita en el mismo mes a la sala vallisoletana Porta Caeli. La ocasión lo requería. La banda estadounidense Vio-lence hacía parada en tierras castellanas dentro de su gira por la península, conmemorando el 35º aniversario de uno de sus discos más relevantes: “Oppressing The Masses”. Durante esta gira, irían acompañados de los asturianos Blast Open. En Valladolid era su segundo concierto de la gira, que comenzó en Sevilla el 26 de abril.

Se podía presagiar que la presencia del público iba a ser modesta, ya que era domingo y las bandas, una, poco conocida y la otra, de las denominadas, de culto. Sin embargo, al final, dichos presagios no se cumplieron, y la afluencia fue más que aceptable. En verdad, no todos los días nos visitan leyendas del thrash y había que aprovechar la ocasión.

Blast Open hacían su aparición en el pequeño escenario de la Porta Caeli, en torno a las ocho de la tarde/noche. La remodelada banda presentaba un setlist con temas exclusivamente de su último disco del 2022 “Spitting Blood”, entre los que intercalaron los dos últimos singles, recientes adelantos de su próximo disco.

Pese a lo poco que, por desgracia, se han estado prodigando encima de los escenarios, Blast Open me dieron una sensación de consistencia y solidez que supieron transmitir desde los primeros acordes de su fantástico “Riding On A Dead Horse”. Se les veía muy cómodos y solventes. Andrés Álvarez, desde la guitarra, rompiendo la frialdad inicial de un público, un tanto escaso en los inicios del concierto, Nefta, con su voz intensa que sabe transmitir fácilmente la energía de la banda, acompañados de Ton Jerez, frenético al bajo y Marco Álvarez aporreando sin piedad la batería.

Pasan rápidamente a tocar “Fallen Angel”, tras la que Nefta saluda a los congregados allí, señalando la valentía del único que llevaba una camiseta blanca que destacaba entre la uniformidad del atuendo negro de la gente y presenta el primero de los singles de más reciente creación: “Invisible Lines”. Me encantó. Con un tinte muy thrasher, unido a las partes más melódicas que rompen en esa velocidad, la ejecución en directo fue impecable y creo que muy acertada en esa disposición del setlist, puesto que, a partir de ahí, la conexión con el público fue in crescendo. Otro tema del «Spitting Blood«, “Pool Of Blood”, justo antes de interpretar el siguiente novedoso single “Resurrected”, con la invitación previa de Nefta a unirse a la fiesta. Este segundo adelanto también tuvo una buena acogida.

Llegan los redobles que inician “Cross Hate”, donde Andrés se luce con sus riffs. Tras este tema, Nefta agradece a ITP Productions por traer de gira a bandas increíbles, como eran los propios Vio-lence y pide movimiento para “A Light Behind The Darkness”, algo que no se consiguió, aunque sí fue incesante el chocar de puños, dada la facilidad para la interacción que ofrece el escenario de Porta Caeli (como ya comenté en otra ocasión). Tras 44 minutos de actuación, Blast Open se despiden con “Trying to scape”, dejando un muy buen sabor de boca entre los presentes.

Pasaban diez minutos de las nueve de la noche, cuando los músicos que acompañaban al mítico Sean Killian, ocupan su lugar en el escenario. Ira Black a un lado, Claudeous Creamer al otro, los dos grandes guitarristas que giran actualmente con la banda de la Bay Area de San Francisco, en un segundo plano, Jeff Salgado al bajo y Nick Souza (hijo de Steve “Zetro” Souza y batería oficial en Hatriot) a los tambores. Dejan caer los primeros acordes hasta que salta a la palestra el carismático vocalista de Vio-lence, el único miembro que persiste de la formación original.

Era la primera vez que se dejaban ver por salas europeas, en conciertos cercanos, casi íntimos. Si bien, los miembros originales de la banda, que tuvieron su peso en la composición de los dos trabajos más conocidos y emblemáticos de Vio-lence ya no estaban presentes, hemos de decir que los actuales defendieron con precisión la cascada de temas con los que nos deleitaron en esta gira.

Una noche de thrash, con mayúsculas, que comienza con “Liquid Courage”, seguida del maravilloso “Subterfuge”, en el que destacan las líneas de bajo y que cierra con un solo totalmente demoledor a cargo de Ira Black. Ya daban ganas de dejarse el cuello y esto no acababa sino de empezar.

Primera parada en la que Killian se explaya presentando “I Profit (me beneficio), desde una posición muy cercana al público. Toda la banda estuvo muy cercana e interactiva, algo de lo que “nos beneficiamos” los presentes. El tema me parece uno de los más significativos del disco, con sus cambios de tempo constantes, estribillo bien engranado y velocidad punzante en sus riffs de guitarra, con esa dupla que se genera casi al final.

Por supuesto que la peña ya estaba más que metida en harina y se notaba ya el ambiente caldeado para recibir otro de los temas de este “Oppressing The Masses”, previamente presentado por el infatigable vocalista, “Enguilted By Flames”, al que sigue “Officer Nice”, con el que se desata la locura en la sala convertida en un hervidero de cabezas moviéndose al unísono a la señal de “Go” de Mr. Killian y saltando a la par que se corea el estribillo.

Pequeño respiro para dar por concluido, de momento, el repaso al homenajeado «Oppressing…» y empezar a desgranar alguno de los temas más importantes del poderoso álbum que puso a Vio-lence en el listado de bandas exponentes de la corriente denominada “Bay-Area Thrash”, el “Eternal Nightmare”. ¿Alguien recuerda nuestro primer álbum?, pregunta el cantante. “Esta es una canción que habla sobre el miedo. «Photophobia”. Y la respuesta de la gente no fue precisamente una negativa. El movimiento no se hizo esperar y la sala se convierte en un clamor, gritando el nombre de la banda cuando empieza a sonar “Serial Killer”, seguido de “Kill On Command”. Alguno se atrevió a hacer crowdsurfing.

El show continua con “Calling In The Coroner”, previamente presentado, sello de identidad del modo en que los de California entendieron ese thrash primigenio, complejo, técnico, veloz. Una auténtica joya, interpretada con bastante destreza tanto por los distintos músicos como a través de la desgarrada voz de Sean Killian. “Upon their Cross” representó un punto y aparte en la noche. Tema perteneciente a su EP del 2022, “Let The World Burn”, destaca por sus partes más lentas y técnicas.

Casi un minuto de silencio antes de la traca final. La intensidad pasa factura. Aprovechamos para mostrar cómo lo estábamos pasando, animando a la banda y suena “Eternal Nightmare”. Otro de los momentos álgidos para dejar ya la escasa energía que nos quedaba. La batería del joven Souza sonaba con gran contundencia mientras Ira Black volvía a reflejar su habilidad con un enorme solo que pone el broche final al recuerdo del exitoso álbum debut. Y, decía antes, que el repaso al «Opressing The Masses» estaba casi concluido porque la pieza que cierra, esta vez, definitivamente, el concierto fue “World in a World”, perteneciente a dicho trabajo. Una hora y diez minutos de pura gloria para los amantes del thrash.

Quiero destacar que el sonido de ambas bandas fue brutal y no queda más que agradecer, a quien corresponda, que nos haya facilitado el poder disfrutar de bandas, otrora inasequibles, pero que aún arrastran la esencia de aquellos sonidos clásicos que están escritos en el ADN de todo/a metalero/a que se precie. Gracias a Heavy Metal Brigade por aceptar estas líneas para su colección de crónicas y a José Alberto Arija por haber cedido alguna de sus instantáneas. Volveremos a encontrarnos.

Texto: Erundina Artidiello
Fotos: José Alberto Arija

Reseña: Aneuma «Flesh & Bone» (Art Gates Records 2025)

Siempre digo que en este negocio solo se trata de seguir el curso natural de las cosas. Tras un segundo disco que marcó un paso adelante con respecto al debut, después de proclamarse subcampeones de toda una W.O.A. Metal Battle y ver cómo llamaban atención de un sello como Art Gates Records, era por fin el turno de confirmar la progresión ascendente con un tercer trabajo. Y lo han hecho Laura (voz) Borja y Abel (guitarras), Jorge Fernández (batería) y (para esta ocasión) Fernando Pérez (bajo) confiando una vez más en los Breakdown Studios de Nefta Vázquez donde ya trajeran al mundo sus dos primeros álbumes. La presión, intuye uno, no habrá sido pequeña. Veamos qué tal han resuelto la difícil papeleta.

Light The Torch Of Strength” presentó “Flesh & Bone” en sociedad mientras dejaba claras muchas de las líneas maestras de este tercer trabajo. La primera que salta al oído es ese bajo ahora tan predominante en la mezcla. De manera muy marcada en estrofas, de hecho. Otra es la labor de un Jorge Fernández tras parches infligiendo más nervio y pegada, algún blast beat incluso, al que es (a día de hoy) uno de los cortes más vibrantes, por veloces, en la historia del quinteto. El resto de la receta es bien conocida por su creciente fanbase: la voz rota de Laura Alfonso, la profunda carga melódica que proporcionan las guitarras de Abel & Borja, el clasicismo que abrazan casi a cada acorde… Rematan con un estupendo solo en su parte final y aunque siento que, en términos de composición y estructuras no es el corte más avanzado del disco, se las arregla para resultar, más que un arranque, casi que una llamada de atención sobre sus intenciones.

El prólogo de “Tear Down The Walls” parece querer seguir donde lo dejara aquella “Circles Of Fire” del anterior “Venom”. Un riff pleno de gancho que cederá protagonismo a unos Aneuma ahora menos nerviosos pero algo más retorcidos. De nuevo, y en esto no iban a fallar, todo el entramado melódico de la composición brilla a la altura. Me gusta esa línea de batería y la forma en que empasta todas las intensidades de esta segunda entrega. Sin florituras de cara a la galería, precisa, elegante incluso. En el debe no dejo de echar en falta un bajo que crepite del modo en que lo hacía en “Light The Torch Of Strength”. Pero en el haber están el buen solo que adorna el tramo final. Bien construido desde esas melodías iniciales y más hábil de lo que intuí en primeras pasadas al disco. Laura traza una buena línea de voz aquí. Sin salirse de su hosco registro habitual pero logrando sonar realmente amenazante en alguno de lo versos. Aquél riff del prólogo regresará para el epílogo y la sensación que me queda como oyente es la de que estamos ante unos Aneuma cada vez más maduros y seguros de sí mismos.

Return From The Land Of The Dead” enfanga un punto más el sonido de los asturianos. Un tercer corte en el que la banda abraza una pesadez que me recuerda a ciertos momentos de aquél “Climax” con el que debutaran en 2022. Relativamente breve, quizá de modo inconsciente asimile ese avanzar tan a medio gas a cortes de mayor duración, lo que no quita para que todo el entramado guitarrero que ofrecen los dos Suárez aquí me resulte más que notable. Aprecio que el bajo de Fernando Pérez vuelva a crujir como hiciera en el corte inicial. También el modo en que Laura se desgañita a lo largo de los estribillos. Pero cuando llega ese cambio de ritmo de la parte final y Abel contrapone su registro al de Laura, siento que la composición bien merecía un epílogo algo más extenso.

Sea como fuere, el tracklist ofrece ahora “Overcome”, corte más extenso del álbum y, desde ya, uno de las composiciones más libres, retorcidas y me atrevería a decir que ambiciosas en la aún corta trayectoria de Aneuma. Todo parte desde un inicio poco menos que vibrante, con la base rítmica y ambas guitarras jugando a encontrarse sobre un trazo de lo más ambivalente. Luego llegan las estrofas y Jorge Fernández vuelve a brillar mientras empasta este trazo casi laberíntico. Será el corte que más escuchas exija al oyente, como puede deducirse de su mayor duración. Pero entre guiños a la escuela nórdica y ciertos detalles que me recuerdan a los Machine Head de la era Phil Demmel, la banda ha trazado un corte que, no obstante, alcanza su particular clímax abrazando el mayor clasicismo de la muy elegante sección solista. Dentro de “Flesh & Bone” caben entregas con más gancho pero ninguno marca la medida de las ambiciones de la banda del modo en que lo hace “Overcome”.

Con “Hear Me Now” regresa una mayor pesadez. También la que puede ser la interpretación más desgarrada de Laura Alfonso hasta ahora. Abel contrapone su registro y entre ambos construyen unas líneas de voz en la más pura tradición del quinteto. Un funcional ejercicio de equilibrismo entre los Aneuma más pesados y los más melódicos. Sin ni mucho menos alcanzar las fronteras del doom pero, qué duda cabe, dando algún que otro paso en esa dirección. Lo que me sorprende aquí es la construcción de su sección solista. Clásica pero juguetona, contrapuesta a todas cuantas uno encuentra a lo largo de este tercer trabajo.

Así las cosas, los Aneuma de “Under The Spell” resultan mucho más reconocibles, aún cuando puede ser esta la composición más marcadamente melódica de las ocho. El corte pierde la mayor vibración del prólogo para acometer un ligero cambio de ritmo por el que se colará una encarnación más melancólica, me atrevería a decir que inédita en toda su discografía, y que siempre me recuerda a bandas como Sentenced, Lake Of Tears, To/Die/For, etcétera. Los solos se avienen sobre un ritmo más vivo para después desembocar en los Aneuma más clásicos del comienzo. En muchos aspectos otro los cortes con más personalidad del disco y una muestra más del cada vez más amplio imaginario que manejan.

De hecho es que “Flesh & Bone” ofrece un avanzar casi marcial en no pocos momentos. Que sin llegar a contornos que tengan nada que ver con el industrial, sí que en esos engarces entre estrofas se siente un poso casi maquinal. Lo que me agrada en cualquier caso es que la banda los aborda sin por ello dejar de sonar profundamente orgánicos. Aquí no hay aditivos de ningún tipo que disfracen lo que no deja de ser un corte tan leal a su sonido en forma como transgresor en su fondo.

El cierre corresponde al corte más fugaz del álbum, un “Violet” de poso mucho más clásico en el que reside uno de los mejores binomios guitarra y voz de todo “Flesh & Bone”. Lastrada en parte por lo escueto de su duración, esos poco más de tres minutos, no me parece en ningún caso un corte desdeñable. En especial cuando la composición acoge el mayor nervio de su tramo final apoyada con firmeza por el doble bombo de Jorge Fernández. Correcta. Ni me engancha ni me disgusta.

Si bien aún pienso que el mejor disco de la banda está por llegar, este “Flesh & Bone” desde luego confirma la progresión ascendente que en su día marcara “Venom”. A grandes rasgos porque supone una ampliación de su rango de influencias. Es lo primero que llamó mi atención tras las primeras escuchas del disco. “F&B” va desde el puro nervio del tema apertura a vibrar cerca del goth en ”Under The Spell” o atreverse a probar el avanzar casi marcial del tema título. Y lo hace sin abandonar nunca esa organicidad que les ha caracterizado desde el primer disco. La música de Aneuma, hasta que ellos mismos no demuestren lo contrario, se maneja dentro de unos márgenes absolutamente sinceros. Nada resulta artificial en sus álbumes y este primero para Art Gates Records desde luego no es la excepción. Si además entregan algo como “Overcome”, quizá su composición más completa y ambiciosa hasta la fecha, el camino a seguir parece más que despejado para ellos. Seremos testigos.

Texto: David Naves

Reseña: Barbarian Swords «Fetid» (Base Record Production 2024)

Fetid” es el quinto largo para los black doom con base en Barcelona Barbarian Swords: Panzer en bajo, teclados y guitarras, Steamroller también en guitarras y Von Pax en voces. Con el Onirophagus Uretra a cargo de las baterías, fue Javi Bastard el encargado de llevar a buen puerto, Moontower Studios mediante, los seis cortes que componen este nuevo trabajo. Adornado por el arte de Juanjo Castellano (Æolian, VoidCeremony, Obscure Infinity, Paganizer, The Black Dahlia Murder…) lleva en circulación desde abril del pasado año vía Base Record Production.

Inaugura “Cherokee Firestorm”, que fuera además carta de presentación del largo, y pronto Barbarian Swords ofrecen un metal de pulsos lentos para un black doom muy orgánico, con una producción y mezcla que saben de sobra el tipo de material que tienen entre manos. Sorprende el fuerte pulso atmosférico que emana de ciertas melodías y la forma en que se contraponen al sólido riff de las estrofas. Uretra dibuja asimismo una redonda línea de batería a través de esas partes más ligeras. La mayor pesadez del tronco central entrega una fantástica labor en cuanto a construcción de riffs y melodías. Son estos los Barbarian Swords más sinfónicos, trazando un largo epílogo tan fangoso como alucinado para un buen arranque.

Six Feet Of Justice”, que habrá de irse hasta los ocho minutos, continúa inmersa en esos pulsos lentos, por momentos casi aletargados, donde el nombre de Skitliv acude raudo a mi subconsciente. Hay una forma de atacar sus líneas de voz tremendamente visceral por parte de Von Pax en estas estrofas. Su registro declama casi con desesperación y desde luego con crudeza. Las guitarras insisten en esos tonos casi atmosféricos para un contrapunto hábil del que emanan los mejores Barbarian Swords. Esas guitarras casi grandilocuentes habrán de consolidarse en un tronco central donde los catalanes ofrecen su mejor cara. El largo epílogo gana en nervio y, riff mediante, emerge un cierto aire a los Celtic Frost más pesados. Uretra entrega otra buena línea de batería en esta parte final, construyendo uno de mis trazos favoritos de todo el largo.

Sorprende “Tancredus, Smash!!” con la fuerte presencia de teclas en su prólogo. La de My Dying Bride es una de las influencias que vienen citadas de manera explícita en la información que nos adjunta el sello y, desde luego, es un nombre que acude a mi subconsciente con cada nueva escucha. Son estos unos Barbarian Swords, claro, en su versión más doom. Orgullosamente negativistas, emana de este arranque una luz negra que engulle todo aquello que toca. Panzer y Steamroller construyen riffs cual monolitos, firmes, pétreos, casi monocordes, mientras el corte transita hacia la más pura desesperanza. Su tramo final, igualmente desasosegante, parece construido a prueba de pusilánimes. Von Pax entrega una línea de voz de lo más visceral y solo el mayor brillo que irrumpe al final se antepone a la negrura. Pese a que pueda acusar una mayor simpleza que sus compañeras de tracklist, o quizá precisamente por ello, una de las construcciones más sólidas de este último largo.

Genocidal Theogony” arremete ahora con un prólogo elegante, casi distinguido. La banda muta de nuevo en su versión más abiertamente atmosférica y por ahí el corte lucha por encontrar su propia identidad dentro del álbum. Hay arreglos y ambientes en tonos teñidos de una cuidada épica, contrapuestos a estrofas que nada tendrían que envidiar a Skepticism, Shape Of Despair o Evoken. Pero si por algo me atrae esta cuarta entrega es por ese tronco central de ambientes enrarecidos y al que remata un solo de guitarra tan tímido como alucinado. Y huelga decirlo, estupenda mezcla del Balmog Javi Bastard. En especial durante los momentos con mayor presencia de arreglos. El suyo es un nombre que cada vez suena con más fuerza dentro de nuestro underground y no resulta difícil entender los motivos.

Esa mayor carga atmosférica vuelve a darse cita aquí. Alimenta el buen prólogo de una “Even Brave Men Fear Death” que a ratos parece construida en resumen del propio álbum que la alberga. Porque hay presencia de los Barbarian Swords más sinfónicos, teñida de su habitual desesperanza, pero también lugar para un buen trabajo en cuanto a melodías de guitarra. Las que irrumpen aquí tienen un ADN que llega a lindar con el funeral doom. La mayor ligereza de su tronco central no omite al Von Pax más gritón y cerril, construyendo diría que por pura colisión otro de los momentos más llamativos de todo el redondo. El epílogo, con esa fuerte presencia de teclas primero y buenos riffs después, es fantástico.

Tirando de tópicos, puede ser el de “Not Even Light” el riff más rompecuellos de todo el álbum. Al menos el que Panzer y Steamroller trazan durante el prólogo. Como corte más extenso de los seis y haciendo uso de un tópico más: Barbarian Swords parecen haber echado el resto aquí. La construcción de las primeras estrofas es, cuanto menos, llamativa. Enfrenta esos riffs tan marcados a un Von Pax de nuevo cerril e inmisericorde, para terminar por enlazarse en una fusión medida al milímetro. Toda vez el corte supera esas primeras estrofas, emergen buenas melodías de guitarra, solidarias a una cuidada línea de batería. A modo de anticipo del largo epílogo, emerge un desquiciado solo de guitarra. Y durante ese tramo final, igualmente enfermizo, un cierto deje a la pura improvisación rompiendo la propia tónica del álbum y rematando con un halo de extrañeza este “Fetid”.

Monumento al nihilismo y la negatividad. Barbarian Swords, junto con el batería Uretra, trazan seis cortes orgullosamente oscuros y de los que apenas emana luz a tímidos destellos. La producción y mezcla de Javi Bastard remata con sumo cuidado y mejor equilibrio mientras Von Pax se desgañita a placer para gozo de quienes disfrutan con el metal extremo en su encarnación más negativista. Se puede acusar al combo catalán de cierta repetición de esquemas en ciertos momentos pero nunca de que hayan afrontado este envite sin convicción. Al contrario. Bienaventurados pues quienes se enfrenten a este “Fetid” pues así podrán decir que han vislumbrado el universo teñido por un rayo de luz negra.

Texto: David Naves

Reseña: Fran Tejado «Everest» (Autoproducción 2025)

En nuestro empeño por escudriñar todo cuanto la vieja Asturias tiene para ofrecernos, hoy nos iremos un poco por las ramas. “Everest” supone el debut en solitario de Fran Tejado, que fuera integrante de Human o Inntermezzo, y que se ha acompañado para esta ocasión de las percusiones de Imanol Castela (Monasthyr, Rivendel Lords) y las guitarras de Jesús Barreiro. Con producción y mezcla de Álvaro Cocina (Eden, Inntermezzo, Nuevecondiez), seis son los temas que componen este Ep:

Un Día” emerge desde la bruma para después revelar una intro sintetizada que me recuerda (y no poco) a los siempre interesantes doomies ucraniaos Kauan. Un corte sin embargo que parece beber tanto del rock alternativo y atmosférico de unos Klone o el metal de los Sôber más elegantes. Incluso el post-rock a lo Explosions In The Sky. Me gusta la forma en que Tejado amolda su registro a lo largo de la composición. También el modo en que esta se va elevando conforme camina hasta el desatado epílogo. Antes de ese final Barreiro ha dispuesto un brevísimo solo de guitarra, abrochando en cualquier caso un estupendo comienzo de Ep.

Se filtra la voz de Tejado en el prólogo de esta “Aún Respiro”, que ahonda ahora en una vena más desnuda y acústica. Aquí destaca la notable producción de la que goza el Ep. Emerge, junto a la voz de Fran, una más que cuidada línea de bajo. Medio tiempo, balada si así lo queréis, de trazo tan ambivalente como clásico. Interpretada con mimo, si acaso echo en falta un solo de guitarra algo más ambicioso que termine de rematar este epílogo.

Bailemos (Everest Version)” remoza su encarnación original, mejorando la producción y sonido de aquella versión más primaria para así dar la verdadera medida de su propio potencial. Y es que, en muchos sentidos, puede ser esta la entrega más equilibrada del Ep. Un inicio tranquilo, aunque de baterías ágiles, que adquirirá un mayor peso conforme se acerque a estribillos y luzca incluso un buen solo de guitarra en su tronco central. De nuevo muy cuidada en lo que a composición se refiere y dueña de un más que interesante juego tonal. Guiños post-rock inclusive. Estupenda.

¡Que Se Callen!” retrata ahora al Tejado más calmado y acústico, pisando un terreno cercano al del primer cantautor que se os venga a la cabeza. Pero aún ahí, y particularmente por los propios arreglos de la composición, queda impresa la propia personalidad del compositor asturiano. Nada parece superfluo aquí. Por eso cuando se deja oír la voz de Pablo Iglesias, ex secretario general de Podemos, en un fugaz sample, no alcanzo a entender del todo su idoneidad. En cualquier caso, un canto a la libertad llamativo de tanto en cuanto se produce desde la más pura calma.

El Peor Retrato”, composición más breve de las seis, continúa por esa vena más desnuda de distorsión, una vez más acompañada por otra fina línea de bajo. También por leves arreglos y guitarras. Fran aporta un cierto desgarro a su interpretación ahora, que viene a contrastar con la tranquilidad que le rodea. Otro tanto se podría decir del solo de guitarra que emerge en la parte final. De los temas tranquilos del Ep fácilmente mi favorito.

Humo” parece flirtear incluso con el flamenco más leve de un modo que me recuerda, aunque sea de manera vaga, a Manolo García. Quizá sea por esas palmas de las primeras estrofas. Tejado parece muy cómodo a lo largo de esta línea vocal, ayudado en estribillos por una cuidada línea de piano. Hay solos acústicos y eléctricos, una mayor pegada final que me siempre me recuerda a unos Anathema del (fenomenal) “Weather Systems” y un epílogo de lo más cuidado y reposado conformando un buen final.

Un EP que transcurre desde el cierto nervio inicial a la calma y la introspección del final, con “¡Que Se Callen!” ejerciendo de pinza entre ambos espíritus. Muchas son las influencias que me sobrevuelan cada vez que acudo al play. Otras tantas las del propio Tejado que no alcanzo a vislumbrar por falta de referentes. En cualquier caso un viaje de lo más personal para un Ep que ha ido ganando su peso tras el correr de las escuchas, con especial hincapié en temas como “Bailemos” o “Un Día”. Bien merece que le dediquéis un par de escuchas o tres.

Texto: David Naves

Reseña: Frakture «Subyugamentes» (Demons Records 2024)

Desde que el frío y el cansancio se adueñaran de nosotros tras dos maratonianas jornadas en el último Karma Fest que teníamos una deuda con la gente de Frakture. Combo thrash con influencias hardcore radicado en Bilbao y que forman Ieltxu al bajo, Imanol en baterías, Serru y Rubén en guitarras e Iván en voces. Este “Subyugamentes”, su primer larga duración, fue grabado por Haritz Harreguy (Idi Bihotz, Soziedad Alkoholika, Latzen…) en los Harreguy Studios, co-mezclado por la propia banda y posteriormente masterizado por Víctor García (Aathma, Wormed, Toundra, Bloodhunter…) en el barcelonés Estudio Ultramarinos. Con arte de Cosmic Tentacles y colaboraciones del Escuela de Odio Pirri y el S.A. Juan Aceña, el álbum vio la luz en agosto del pasado año en formato vinilo a través de los sellos Demons Records, Romantic Songs Recordings y Four Skulls.

Frakture colocan al principio la pequeña “Narxisista” y esta procura una más que cuidada introducción al álbum. Tras ella, los vascos arremeten con su bien conocida amalgama de thrash trotón y voces cercanas al hardcore en las que Iván parece desenvolverse como gato panza arriba. Es uno de los temas más breves del debut. También uno de los más vibrantes, con una base rítmica bien empastada y que apenas da descanso. Puro nervio.

Un tanto más melódica pero igualmente furibunda, “Antinazis” profundiza en ese recuerdo a los primerísimos Soziedad Alkoholika. Y lo hace con unas voces llenas de cólera, pero también con una más que interesante selección de riffs. Los cambios de ritmo proceden a destapar el lado más técnico de Rubén y Serru, si bien es la rabia quien termina imponiéndose a través de una composición orgullosamente clásica. Hardcore metal rabioso y protestón.

Eleberri Berria” sin embargo les acerca a las lindes del crossover. Una encrucijada entre el nervio de las dos entregas previas, un pulso ahora más pesado y un trazo algo más enrevesado y laberíntico. Incluso partes que coquetean con el groove más casual. Oxigena al disco pero qué duda cabe que Frakture parecen sentirse mucho más cómodos en las partes más veloces y descosidas. Con eso y con todo uno de los cortes con mayor personalidad de todo “Subyugamentes”.

Criminalizados” puede no sorprender tanto en cuanto a construcción. Por contra, se cimenta sobre uno de los riffs con más gancho de todo el tracklist. Tiene un poso casi marcial, sobre el cual la banda va poco a poco acercándose al hardcore. Muy firme Imanol con el doble bombo para un corte que tampoco obvia algún que otro hábil detalle técnico. Lo justo para que la composición respire y sin traicionar el espíritu del disco en ningún caso.

Otro buen riff es el que entregan en “Subyugamentes”, cuyo prólogo deja detalles que me hacen pensar en unos Sepultura del ineludible “Arise” de 1991. Después y toda vez irrumpen las primeras estrofas, todo toma un cariz mucho más cercano al hardcore y ahí, por pura colisión, Frakture construyen otro de los temas más equilibrados y reconocibles de todo el debut. Llamativo también por trazo y adornado por pequeños injertos a lo Andreas Kisser, una de mis favoritas conforme se han ido sucediendo las distintas escuchas del disco.

Zu Zeu”, que fuera una de las cartas de presentación del álbum y en el que la banda retorna al euskera, profundiza en ese thrash sepulturero al que tiñen de un poso más hardcore que bien podría recordar a mis paisanos de Escuela de Odio. En un puente de paso más tranquilo irrumpirá uno de los solos más interesantes del tracklist, pero en líneas generales, Frakture dan poco respiro aquí.

Sorprende el casi elegante prólogo de “Gelchales”. También la forma en que la banda lo conjuga con ese metal de paso casi marcial, desarrollado sobre otro riff ganchero y pegadizo como pocos. Thrash machacón enfrentado a los Frakture más atmosféricos para otra entrega repleta de personalidad, donde la banda juega a expandir el abanico de sus influencias. Lo que no cambia es la agresividad de Iván tras el micro. Otro de esos cortes que elevan la nota final.

Stop Ablación”, con Pirri a bordo, desde luego hace por recuperar la cara más abiertamente hardcore del quinteto. Pocas sorpresas en su trazo, si bien los bizkainos vuelven a apoyarse aquí en una más que interesante gama de riffs. Me agrada también el contraste que se produce aquí entre los blast beats de Imanol primero y ese puente central más pesado y rocoso después. Buenos solos de cara al final, con la banda trazando uno de los epílogos más cuidados de todo “Subyugamentes”. Estupenda.

Antsietatea” es el corte más extenso de los doce. Una poderosa andanada de un thrash que roza (sin tocar) el d-beat, dejando entre medias un trazo hábil y bien equilibrado. El de Su Ta Gar es un nombre que sobrevuela a ratos, sentimiento quizá influido por la letra en euskera que la banda adopta aquí. Eficaz esa calma que desarrollan durante el puente. Uno de los pequeños oasis de tranquilidad dentro de este encolerizado debut, al que remata un buen solo de guitarra en su tramo final. Otra de mis favoritas.

De estribillos en inglés pero estrofas en castellano, “Fucking Bastards” recupera esa onda más Sepultura para otra agresión de thrash incendiario y rutilante, que no obvia ni la voz visceral de Iván ni tampoco los buenos solos de guitarra, con especial atención al que emerge justo antes del epílogo.

Ez Dugu Ahaztuko”, con colaboración de Juan Aceña, representa el corte más fugaz del álbum. Pequeño escorzo thrash core que, huelga decirlo, recuerda y de qué manera a los primeros trabajos del invitado. Por ahí me agrada que la banda no obvie pequeños detalles en el plano técnico pero es verdad que, al menos en mi caso, su pequeña duración no ha jugado precisamente a favor.

Cierra el tema que viene a dar nombre a la banda, un “Frakture” cuya onda bien podría recordar a los brasileños Ratos De Porao, conjugado después con esa vena más técnica que ha ido yendo y viniendo a través de los distintos cortes. Un buen ejercicio de equilibrio con la banda brillando, quizá más que nunca, en ese apartado. Pero un cierre desesperanzado, casi agónico, en lo que a lírica se refiere. Casi una llamada de auxilio y, por ahí, una adición más que interesante para un llamativo final.

El disco vibra casi siempre a buen nivel. Como persona no habitual de este tipo de propuestas, siento que me faltan referentes a la hora de desentrañar las distintas influencias de la banda. Pero la de Sepultura, citada de manera explícita en la nota de prensa, se deja notar y de qué forma a lo largo del tracklist. El de Soziedad Alkoholika es otro nombre fuerte en muchos momentos, por lo que no puedo alcanzar a imaginar lo que habrá supuesto para ellos contar con todo un Juan Aceña para este debut. Aunque sea en la brevísima “Ez Dugu Ahaztuko”. Un interesante debut y una escucha más que obligada para todo fan del thrash core más comprometido y vehemente.

Texto: David Naves

Reseña: Soundcrush «The Hunt» (Autoproducción 2025)

Nueva autoproducción para los chicos de Soundcrush, la banda que lidera en guitarra y voces Ales Sánchez, a quien rodean esta vez Luis Sánchez al bajo, Iván García en baterías y Víctor Diedena a la otra guitarra. “The Hunt” se grabó en los estudios EGM y se adorna con un arte nacido en el seno de la propia formación asturiana.

Llama la atención esta “Consequences PT2” y esa sensación a llamada a las armas que entrega. Y que dura lo que tardan en irrumpir las primeras líneas de voz y guitarra. Desprende cierto aire misterioso con esas voces en susurro. Curiosa introducción a un álbum al que da nombre esta “The Hunt” en la que Soundcrush juegan, pienso que de forma hábil, a conjugar su cara más trotona, con la más técnica y groovie. Hay una estupenda línea de batería soportando y enlazando los distintos ritmos. Buenos detalles en los engarces entre estrofas. “The Hunt” tiene gancho en un estribillo al que no cuesta esfuerzo adherirse. El puente, que echa mano de una pequeña narración, acomoda igualmente un vistoso y agradable solo de guitarra. La composición regresa después a la pesadez inicial y por ahí el disco arranca con un dúo más que interesante.

Exemplary Punishment” acentúa la pesadez del cuarteto, basando ahora su avance en un riff que bien podría parecer heredado de los seminales metaleros franceses Gojira. Soundcrush suenan más rocosos aquí. Más desesperados incluso. Pero me gusta la forma en que han construido estas estrofas. Las voces que sitúa Ales sobre ellas. Caben coqueteos con el metal sureño. También feroces y rabiosos blast beats, cercenados sin descanso por Iván García. El solo, que llegará camino del epílogo, podría pasar por mi favorito de todo el largo. Por sí mismo pero también por el cuidado riff en que se apoya. Cuidada es también la escritura de su tramo final, que lo mismo acoge trazos casi marciales, que se inunda de doble bombo o recupera aquellos blast beats más violentos. Una coctelera de apenas cuatro minutos en la que caben muchas de las caras de la banda.

I, The Beyonder” vuelve a dar ejemplo de la buena técnica que manejan. Si bien ahora el cuarteto se permite el lujo de entregar un metal más atmosférico y espacial, así como un mayor juego entre registros vocales. En las partes más vivarachas surge un riff pleno de gancho y efectividad. Es en las partes más groovies que el nombre de Caedis, a quienes vimos por aquí a finales del pasado año (crónica), sobrevuela con cierto peso. Bandas, asumo, con más de un par de referentes comunes. Composición poliédrica, como lo son muchas del cuarteto, y que en cierto modo viene a poner la nota de distinción dentro de este “The Hunt”.

Me cuesta más conectar con “Unprocessed”. Quizá porque el riff en que apoyan estas primeras estrofas no tenga el brillo que sí ofrecen otros tantos dentro del álbum. Son unos Soundcrush ahora más pétreos y marciales, más directos y por ahí casi refractarios al discurso más ambicioso (por diverso) que suele alimentar a sus composiciones. Con eso y con todo, aprecio de igual forma el buen solo de su tronco central o ese metal más trotón que irrumpe a continuación. Pero en suma me agrada menos que otras ofertas dentro de este nuevo álbum.

La pequeña “Of Pain And Fear” viene para poner la nota de color con ritmos apaciguados y un fuerte poso melancólico en sus melodías. Un pequeño y elegante oasis en mitad del desierto que bien merecía un desarrollo un tanto más ambicioso. Sea como fuere conduce hasta una “Hands Of The Emperor” de inicio igualmente tranquilo, donde creo distinguir cierto gusto por los Machine Head más elegantes, pero que viene a mudar en un medio tiempo de fuerte poso atmosférico y aires cercanos al post-grunge más casual. Hay grandes voces limpias aquí, rodeadas de eficaces solos de guitarra y, sobre todo, la sensación de que la banda ha querido mimar con sumo cuidado una composición tan diferente como esta. Se dejará notar en la forma en que todo confluye en el solo de guitarra final y el desgarro mismo del epílogo. Estupenda doble entrega.

Ascending” retorna a cauces más habituales para ellos. Pesadez y desgarro, intensidad y técnica. Tal vez eche en falta un bajo con más peso aquí, en particular allí donde los riffs manifiestan esa vena más pesada y rocosa. Pero de nuevo me agrada la forma en que la banda conjuga esa mayor pesadez con ramalazos más abiertamente atmosféricos. Que si bien algo esporádicos, suponen un contrapunto, de nuevo muy Gojira, de lo más eficaz. Fácilmente otra de mis favoritas dentro de este nuevo trabajo.

Así las cosas, la final “No Mercy” vuelve a traer a esos Soundcrush más monolíticos y pesados. Algo que se evidencia además en el uso de voces realmente oscuras y agrias en estrofas, que vienen a contrastar con las más limpias (que no del todo amables) que se dejan oír en estribillos. Un riff de esos que invita a agitar cuello se acompasa sobre una más que eficaz línea de batería. Groove metal quintaesencial que no olvida ni acentos más atmosféricos ni tampoco el buen nivel técnico inherente al cuarteto. Inteligente cierre.

Es un álbum breve, sí. Apenas dos minutos por encima de la media hora. Rigores de la auto producción, supone uno. Un tanto a la contra en un tiempo donde los álbumes kilométricos parecen estar a la orden del día. Soundcrush han echado mano del libro de estilo para construir nueve temas donde cabe casi de todo. Pesadez, atmósfera, buena técnica y una diversidad más amplia de la que intuí en un primer momento. Disco de género como es, resulta apreciable cómo la banda se atreve con una dupla central, la que forma “Of Pain And Fear” en comandita con “Hands Of The Emperor”, que viene a dejar clara la medida de sus ambiciones. Otro dúo, el que forman los dos primeros temas del álbum, así como la estupenda “Ascending”, suponen a mi modo de ver motivos más que de sobra para acercarse a lo nuevo de los asturianos. Razones más que de sobra para seguir confiando.

Texto: David Naves

Reseña: Tierra Santa «Un Viaje Épico» (Maldito Records 2024)

Nuevos rumbos para la gente de Tierra Santa apenas un par de años después de su anterior “Destino” de 2022. Aquí siguen Roberto Gonzalo (bajo y voz), Francisco Gonzalo (batería), Juan Antonio San Martín (teclados), Dan Díez (guitarra) y Ángel San Juan (guitarra y voz). Este “Un Viaje Épico” que hoy nos traen, estrenado el pasado mes de noviembre vía Maldito Records, cuenta una vez más con Javi San Martín para las distintas labores de grabación, mezcla y masterización, llevadas a cabo en los Estudios Sonido XXI de Esparza de Galar (Navarra).

Un Viaje Épico” que comienza con un prólogo de corte sinfónico que subvierte el habitual arranque vibrante y nervioso por una primera estrofa calmada y elegante. Muy a medida del registro de Ángel, cada vez más consciente de sus debilidades, también de sus fortalezas. Toda vez la composición supera su larga introducción, tenemos ante nosotros a los Tierra Santa de siempre. Esto es, heavy metal sencillo, con gancho, de cuidadas estrofas y ritmo ágil. Buenas melodías de guitarra bajo estribillos y mejores solos después. La formación riojana rimando aquí con sus primeros discos en contraposición al rumbo más cercano al hard que venían desarrollando en sus anteriores trabajos. Como nota al pie, estupendos esos dibujos del vídeoclip a lo “Take On Me” de A-Ha:

Los riffs en que apoyan “Mañana” pronto remiten a la conocida querencia de la banda por los Iron Maiden de primera mitad de los ochenta. La sensación que queda es la de que será una fija en sus directos. Despreocupada pero con gancho, de nuevo tiende buenos dibujos de guitarra como fiel acompañamiento a Ángel durante estribillos. Pero es que el solo que trazan aquí puede ser fácilmente el más ágil de todo el disco. Sin salirse un centímetro de su libro de estilo pero nuevamente remitiendo a sus primeros trabajos. Por poner una pega, el final bien merecía algo más de desarrollo y no ese entristecido fade out.

Tierra Santa añaden una pizca más de picante en una “Inmortal”, que se beneficia de la buena labor de Francisco Gonzalo a los parches. También de ese bajo tan Harris de Roberto. Y no, Ángel no es Bruce Dickinson. De hecho parece algo exigido en según qué momentos del estribillo. Sea como fuere, brilla la banda aquí en los aspectos técnicos como (quizá) no lo hacía en un par o tres de discos. Funcional.

Tiene nervio ese arranque de “Excalibur”, esas guitarras más broncas y esa batería ágil y sin complicaciones. Pero si algo me agrada aquí es la forma en que han construido las distintas estrofas. También el apoyo que brinda San Martín desde los teclados. Quizá el corte con más gancho de los diez, lastrado si acaso por lo rácano de su duración. La producción de “Un Viaje Épico” no podría ser más natural. Casi invisible de hecho, en el sentido de que no trata de desvirtuar a esta banda ni transformarla en aquello que no es y, por ahí, siento que no podría ser más acertada. Desde luego técnico y músicos se conocen de sobra.

Ícaro” parece nacer con la intención de ser el gran emblema del álbum, con permiso de la propia “Un Viaje Épico”. Al igual que aquella parte desde un arranque tranquilo y calmado, con un esforzado Ángel dejando una buena primera estrofa. El riff y las melodías que surgen después no van faltas de gancho. Tierra Santa trazan de nuevo un heavy metal que viene a recuperar aquél mayor nervio de sus primeros días. Y lo hacen, de nuevo, a través de cuidadas melodías y medidas estrofas. En lo personal puede que le hubiera otorgado algo más de peso a las teclas de San Martín. Por contra, conecto en gran medida con ese pequeño puente previo al epílogo. Desde luego una de las que más han crecido tras las sucesivas escuchas del disco.

Siempre que arranca esta “El Regreso De Un Héroe” no puedo evitar pensar en un pequeño abanico de nombres: Medina Azahara por este colchón de teclas. Judas Priest, particularmente la era Faulkner, por el riff que acompaña a esas primeras estrofas. Y quizá también Freedom Call por ese tono algo más alegre que arrastra la composición. Un tema construido muy a favor del siempre peculiar a la par que reconocible registro de Ángel. La segunda de las estrofas viene acompañada por buenos dibujos de guitarra, también por un (discreto) juego entre canales. Retrotrae a los mejores tiempos de los riojanos con un estribillo marca de la casa. Sin inventar nada, seguramente nunca lo hayan pretendido, puede ser este otro de los cortes donde más alto brilla el quinteto dentro de este épico viaje.

Solo Hay Un Camino” persiste en esa búsqueda de la cara más heavy de la banda. Lindante con el power incluso, aunque sea de forma tímida. De entre todos los riffs que adornan las estrofas de este nuevo trabajo, pueden ser éstas mis favoritas. El disco, ya en su tramo final, va confirmando cierto abandono de aquél hard rock que alimentó trabajos anteriores, echando mano de su bien conocido libro de estilo y dejando, aquí al menos, una interesante sección solista. Composición lastrada, si acaso, por lo rácano de su duración.

Renacer” parte de un riff algo más sucio, lo que termina de dar otro aire a esta octava entrega. Sencilla, directa, se eleva camino de estribillos gracias a esos buenos detalles de guitarras tras las voces de Ángel. Apenas tres minutos y es una pena, pues anidan algunas buenas ideas aquí dentro. De hecho diría que éste es el Ángel más poderoso en tareas vocales de todo el trabajo. Pero ese metraje algo pírrico viene a jugar en contra del solo de guitarra, fugaz y algo encorsetado.

Será finalmente “Abre Tu Corazón” la que venga a entroncar con aquellos aires más hard de discos anteriores. La rima con Van Halen, teclados mediante, resulta casi evidente aquí. Fue uno de los adelantos y, por ahí, uno entiende esa propuesta más amable y optimista, si bien está muy lejos de representar al disco que la contiene. De hecho y junto a la final “Gracias” diría que son las dos grandes excepciones.

Porque si “Abre Tu Corazón” representaba el salto al hard rock, “Gracias” resulta en una balada de trazo clásico y cuidados arreglos donde vuelven a brillar las teclas de San Martín. Muy ochentera, no cabía esperar otra cosa de una banda como esta, para un final cuidado y elegante.

Entiendo “Un Viaje Épico” como una vuelta a sus raíces. Sin lugar excesos ni grandes complicaciones, más heavy en la hipotética cara A y dejando los cortes más diversos para el final, intuyo que tratando por ahí que la escucha resulte lo más agradable posible. “Ícaro” o muy especialmente “El Regreso De Un Héroe” me parecen buenos temas. “Inmortal” tiene detalles interesantes y “Abre Tu Corazón” demuestra una vez más su añoranza por el hard de finales de los ochenta. En definitiva y es de lo que se trata, sus fans estarán más que contentos de que esta banda vaya a seguir unos cuantos más en la carretera.

Texto: David Naves

Retrosprectiva: «El Clan De la Lucha» / «Tierra De Lobos»

La nueva gira de Saratoga, montada por el cuarteto en recuerdo de los álbumes “El Clan De La Lucha” (2004) y “Tierra De Lobos” (2005) parecía una excusa tan buena como cualquier otra para volver sobre dos álbumes clave en la trayectoria de los madrileños. La banda, disfrutando aún del aldabonazo que supuso arrancar el siglo con el tremendo “Agotarás”, echaría mano del productor Big Simon con visos a darle una vuelta de tuerca al sonido que el cuarteto venía desarrollando desde la entrada de Leo Jiménez al micro y Dani Pérez a las baterías.

El resultado de aquellas sesiones de grabación fue la edición vía Avispa de un álbum que, escuchado hoy, parecía querer servir de punto de inflexión para la banda. Partiendo de un artwork de Manuel Manrique, la sensación es la de estar ante una banda más oscura. Más sucia incluso. “San Telmo 1940” se atiene ahora a un sonido sin duda no tan diáfano. Este segundo tema del álbum portaba de hecho uno de los estribillos más llamativos y diferentes de toda su trayectoria hasta entonces.

Las guitarras de Jero ganaban en rotundidad en “Lejos Del Tiempo”, con esas inconfundibles voces dobladas de aquél Leo Jiménez al que dieron en llamar “La Bestia”. Una “bestia” que brillaba en “Maldito Corazón”, fácilmente una de mis composiciones favoritas de Jero Ramiro en toda su extensa trayectoria, que llevaba al cuarteto a lindar con las fronteras del power metal. Impecable Dani Pérez durante todo el álbum. Verdadero “núcleo irradiador” que diría el ahora caído en desgracia Íñigo Errejón.

Y mientras que “Decepción” siempre me recordó a otro de los proyectos de Jímenez, los (pienso) algo infravalorados Stravaganzza, con “Ángel De BarroNiko del Hierro iba a parir otro de los clásicos imborrables de la banda. Las baterías de Pérez aquí pueden contarse dentro de las mejores que llegara a registrar al albur de la iguana. Pero es que las de “No” pueden ser las estrofas más cercanas al thrash de Exodus o Megadeth que hayan firmado nunca.

Si Amaneciera”, obra de Jero Ramiro, es por pleno derecho la gran balada de la banda. Ninguna, que mi atribulada cabeza recuerde mientras escribo esto, ha alcanzado a medrar de la misma manera en el imaginario colectivo. Fuera incluso de los círculos afines al heavy metal, lo que explica que, aún hoy, pase por ser el tema con más reproducciones en Spotify.

Así las cosas, cierto es que escuchados hoy, cortes como el agrio “Quizá El Sol No Saldrá” (Niko) o la más clásica “Blanco y Marfil”, de Jero para su inseparable Stratocaster, palidezcan ante la pujanza de la primera mitad del álbum. Pero “Nuevo Mundo” tenía riffs interesantes y “Tu Nombre Mi Destino” proponía un interesante juego entre el tono luminoso de su prólogo y ese desarrollo más oscuro y pesado, rimando en lo lírico con aquella “San Telmo 1940” de comienzos del álbum. Un álbum que se cerraba con el power arrebatado de “Buscando El Perdón”. La pequeña colaboración del Mägo de Oz Mohamed es casi tan emblemática como esos pequeños guiños (pienso) del riff al “Detox” de Strapping Young Lad. Uno de los mejores cierres de su ya larga trayectoria.

Pero “Tierra De Lobos” era otra historia. La banda parecía querer recuperar un sonido más cercano al de “Vientos De Guerra” o “Agotarás”, lo que puede explicar que Niko regresase a la producción, con Big Simon relegado únicamente a tareas de mezcla y master.

En cualquier caso el disco se abre con “Barcos De Cristal”, ataque frontal de Leo Jiménez a los trolls de internet que, ya entonces, la tenían tomada con el madrileño. El sonido que despliega el álbum, desde luego, resulta un tanto más luminoso, lo que viene a contrastar con los tonos más rasgados que el vocalista de Fuenlabrada desarrolló en alguna de estas estrofas. “Necrophagus” ampliaba esa senda tan metálica, lindando con los momentos más thrash del disco anterior sobre una poderosa base rítmica de Niko y Dani.

Contigo, Sin Ti” rimaba sin embargo con los Saratoga más clásicos, afianzada por esa producción más “limpia” que poseía el álbum. ¿Puede ser este uno de los estribillos más curiosos de su carrera?. ”Ave Fénix”, composición del propio Leo, reincidía en esos Saratoga más pesados y agrios, guiñando a Pantera incluso, desembocando finalmente en uno de los estribillos más memorables del tracklist, con Leo entregando tonos verdaderamente rasgados y Jero enfrascado en uno de los mejores solos del álbum.

Del propio Jero era una “Quinto Infierno” que, un poco al alimón con aquella “Blanco y Marfil” del disco anterior, sonaba a pura auto reivindicación. Una de tantas líricas sobre lo que supone la vida en la carretera para una banda como esta. “Fe”, firmada por Niko, suponía el primer momento de calma del álbum, situado hábilmente en el corazón mismo del mismo (y con la dichosa rima “camino, destino” a cuestas, sí). Leo primero y Jero después brillando aquí en sus respectivas facetas.

Fuerza De Choque”, obra de Jero y que entroncaba a su vez con aquél espíritu de la anterior “Quinto Infierno”, suponía un heavy metal vibrante en la más pura tradición de la iguana. Igualmente trotona, “Prisión En Vida” nos introducía en la segunda mitad del álbum dejando en su prólogo unos llamativos detalles técnicos por parte de un siempre vibrante Dani Pérez a los parches, pieza fundamental e indisociable del sonido de Saratoga durante aquellos años.

El Jardín De La Niebla”, que se apoyaba en un más que interesante riff de Jero, puede pasar por ser uno de los cortes más infravalorados de los dos álbumes. Aunque, por la propia construcción de alguna de sus estrofas, de difícil traslación al directo. “Siento Que No Estás” viene un poco a ser la “Si Amaneciera” de este álbum. Obra de Leo Jiménez, siempre he pensado que pasa por ser una de las mejores baladas que jamás salieran de su bolígrafo.

Firmada por Jero, “Tierra De Lobos” daba nombre al disco a fuerza de poner todos los cilindros en funcionamiento. Esa pesadez de las estrofas en directo contraste con el metal más desbocado que acompaña a los estribillos. Dani brillando con el doble bombo y, doy fe, uno de los grandes pepinazos en vivo durante aquellos tiempos ahora lejanos. Una efervescencia que quizá venga a jugar en contra de otra composición del guitarrista, esta “Pura Sangre” en una clave un tanto más clásica que cerraba el CD.

Es de perogrullo pero dos álbumes fundamentales en la trayectoria de los madrileños. En lo personal reconozco que, tras tanto tiempo transcurrido, he vuelto en mayor medida a “El Clan…” y no tanto a su continuación. El añorado productor Big Simon dejó una huella imborrable ya en el seno de Saratoga, acompañando al cuarteto en uno de sus momentos de mayor efervescencia creativa. “Tierra De Lobos”, que no obstante deja (en mi opinión) buenos momentos, sería la última creación de un line up que, gustos al margen, resulta imprescindible a la hora de conocer, explicar y entender el heavy metal de nuestro país. Si nada se tuerce, un buen puñado de estos temas que hoy revisitamos volverán a la vida este próximo sábado en la Sala Tribeca Live. No quepa duda de que allí estará Heavy Metal Brigade.

Texto: David Naves