Reseña: TodoMal «A Greater Good» (Ardua Music 2023)

Es el segundo disco para el dúo de doom atmosférico castellanomanchego TodoMal, formado por los multiinstrumentistas Mile (Yskelgroth, ex Nahemmah, ex The Heretic…) y Wildman (Dejadeath, Jade, Harmpit…). Los también integrantes de Nexus 6, que debutaran en 2021 con “Ultracrepidarian”, contraatacan ahora con un “A Greater Good” grabado a caballo entre Montseny Studios y Trinitat Studios bajo la tutela del propio Mile. El disco cuenta con las colaboraciones de Darío Garrido (guitarra española), Teodora Gosheva (voces), Fernando Moya (solo de guitarra en “High Time”) y la asistencia en lo relativo al sonido de todo un Greg Chandler, guitarra y voz de los fundamentales doomies ingleses Esoteric. Con artwork de Paloma Pájaro, el álbum salió a la calle vía Ardua Music en digital, CD y vinilo de 12» allá a finales de noviembre del pasado 2023.

Melancólica y grandilocuente, “Silent Mass” arranca abrazada al libro del estilo del doom más elegante y proverbial. Pero sobresale con una mezcla equilibrada y a la vez potente. Donde el fuerte protagonismo de sus arreglos no opaca el crujir de sus guitarras o la pegada de su apaciguada base rítmica. Con nombres como Krux o Candlemass adjuntados como influencia directa en la nota que nos ha hecho llegar el sello, quizá no sorprendan esas voces igualmente elegantes y la forma en que se elevan toda vez alcanzamos estribillos. Todo adquiere un mayor peso conforme transitamos camino del epílogo, con buenas líneas de guitarra y teclas acompañando ese caminar tan clásico como apesadumbrado. El solo final se me antoja la guinda ideal de un buen arranque al que si le tengo que poner alguna pega sería ese último y engorroso fade out.

High Time” se abre paso tras un halo misterioso, comandado por la cierta extrañeza que provocan sus arreglos en un disco de estas características. Posee de hecho un cierto regusto el rock sinfónico de los setenta, tímidamente impregnado sobre una mixtura entre el doom más acostumbrado del corte precedente y un leve post-punk donde destacan la propia diversidad gramática del corte, estupendas esas líneas de voz, y el buen solo de guitarra que dibuja Fernando Moya. Todo el corte resulta una atrevidísima amalgama de distintas influencias y donde me resulta casi fascinante la forma tan natural en que Mile y Wildman juegan a introducirlas sin que nada suene nunca de forma mecánica o forzada. Todo tiene peso, todo respira, nada sobra. Un corte que ha estado dando vueltas por mi cabeza desde la primera escucha de “A Greater Good” y no parece que vaya a huir pronto de ahí. De lo más redondo que he escuchado este año.

Infero Tristi” y sin romper del todo las costuras del género, sí es cierto que transige hacia territorios de mayor calado e intensidad. Se endurecen sus guitarras y dan la bienvenida a una serie de arreglos que me hacen pensar, casi de inmediato, en los ineludibles Candlemass. El tratamiento de las distintas voces y coros vuelve a resultar fantástico, trazando el que puede ser sin mucho esfuerzo el estribillo más memorable de todo este segundo trabajo. De tan directa y clásica que resulta su estructura, por momentos parece rebelarse contra el corte anterior, elevándose orgullosa como una sólida pieza de doom elegante por clásico.

La pequeña “Ultima Lucerna” apenas trasluce una leve línea de piano sobre la voz de una etérea y por momentos casi espectral Teodora Gosheva para dar paso a una “Dust And Nothingness” que pronto recupera las pulsiones más doom del álbum. Aquí pienso en los My Dying Bride menos tensos abrazando un entramado de arreglos que habrá de recordarme a los primerísimos Ghost, aquellos del “Opus Eponymous” que muchos tanto añoran. Apreciable ese cambio de ritmo que conduce al epílogo y la buena línea de bajo que se deja notar en este cierre. Y es que como viene siendo tónica habitual, el sonido del disco no podría ser más redondo ni gozar de mejor equilibrio. Por ponerle un pero, el solo de esa parte final bien merecía algo más de desarrollo.

Antichrist Of Love” persiste en un doom quizá algo monocromático pero tejido con maestría y suma atención al detalle, revestido de cuidados arreglos y donde sobresale con fuerza la cara más atmosférica del dúo. Una carga que ahonda en la grandilocuencia de su cara más dark metal y en la que sobresale otro estribillo por momentos memorable. La forma en que armonizan todos los elementos camino del epílogo no podría resultar más deliciosa ni estar mejor resuelta. A pesar de todo no mi favorito dentro de “A Greater Good” pero a buen seguro un corte nada desdeñable.

A través de “LossTodoMal se adentran en el terreno de la balada. Huelga decir que si bien por estructura sí pudiera serlo, desde luego por tonalidades o ambientes resulta mucho menos obvia de lo que pudiera intuirse. Confluyen aquí la voz de Teodora Gosheva y la guitarra española de Darío Garrido para un corte que juega de forma inteligente con los sintetizadores sin abandonar una cadencia a ratos casi desértica, rota finalmente por ese piano que habrá de tomar el mando en el epílogo.

A Greater Good” de inicio parece abrazar esa misma quietud. Abraza el latín para su primera estrofa y por ahí vuelvo a pensar en la ahora gigantesca banda de Tobias Forge. Ídem cuando irrumpe ese Hammond deliciosamente clásico y quizá no tanto por las a ratos omnipotentes líneas de voz y coros. Muy cuidada construcción la que conduce hacia la quietud de su tronco central, contrapunto a los TodoMal más orgullosamente grandilocuentes que habrán de irrumpir camino del cierre. Una buena carta de presentación y a la vez una estupenda forma de cerrar este segundo álbum.

Dicen que lo bueno si breve. Apenas treinta y ocho minutos para la riada de ideas que irrumpen a lo largo del disco se me antoja una cifra algo escasa. Por contra, el disco logra brillar de principio a fin, dejando poco lugar al abatimiento y sí muchos asideros de los que echar mano. Empezando por la a ratos exquisita producción de la que dispone. Siguiendo por el trazo atrevido que exhibe alguno de los cortes, pienso especialmente en la fenomenal “High Time”, así como el descarado clasicismo que muestra orgullosa “Infero Tristi”. Al final un trabajo sin grandes dobleces, a la par atrevido y clásico, arreglado con sumo gusto y donde las colaboraciones redundan más allá de la mera anécdota. Agradabilísima sorpresa.

Texto: David Naves

Crónica: Downfall Of Gaia + Syberia (Oviedo 27/4/2024)

El metal extremo sigue gozando de buena salud en la capital del Principado. Los alemanes Downfall Of Gaia, en gira por territorio peninsular junto con los instrumentales barceloneses Syberia, congregaron a un nutrido número de fans del género extremo en su cita con el Gong Galaxy Club y desde aquí no cabe más que congratularnos por ello.

Y eso que cuando uno llega a la puerta de la sala, el panorama no puede ser más desalentador. Temprano, sí, es lo que tiene el transporte público (en el siguiente ya habría llegado tarde) pero lo cierto es que, para cuando superamos la hora marcada para la apertura de puertas, ya empezaba a ser amplio el número de personas que hacíamos cola para acceder a uno de nuestros puntos de referencia en la ciudad.

Pasan pocos minutos de las nueve cuando los chicos de Syberia toman el escenario de la Gong. Y toda vez superamos la casi obligada introducción, lo cierto es que el sonido que despliegan ya desde los primeros compases de “Stolen Childhood” no puede ser más redondo. Al menos en la parte más próxima al escenario y detrás de los diversos fotógrafos, donde me encontraba, no podría haber sido más nítido ni tener más pegada.

Y es que Syberia son una banda instrumental pero en la versión más vibrante y poderosa del género. Aquella que no ahorra en parajes preciosistas, pasionales incluso, confrontados a tenaces arreones de un metal por momentos casi incandescente. Ahí cobró vital importancia, por tópico que pueda sonar, la fuerza de Manel Woodcvtter a los parches. Tan hábil en los cambios de ritmo como firme en el uso del doble pedal, pareció no querer ser menos que la bestia parda estadounidense a la que telonea en esta turné hispano-portuguesa.

Propuesta instrumental mediante, no son una banda que comunique de viva voz con el público. Algún “gracias” sin amplificar entre temas. Pero sí quiso JordiOnly, guitarrista del cuarteto, echar mano del micro para agradecernos nuestra presencia allí. También para avisar de la que se nos venía encima con Downfall Of Gaia: “preparaos porque lo que se viene os va a destruir el cerebro”, avisó.

El propio JordiOnly juega un papel fundamental en el combo catalán. No fueron pocas las veces en que se arrodilló ante su amplísima gama de pedales en busca de los efectos y distorsiones deseadas. Realmente se vaciaron para confirmarse, una vez más, como una de las propuestas más poderosas y también atrayentes del pujante instrumental patrio.

Downfall Of Gaia, claro, son un animal muy diferente. Pero aún dentro de su black de guiños sludge y sensible poso atmosférico, hay pequeños pasajes calmos que resuenan no muy lejanos a los de sus compañeros de gira. El arranque del show, como diría un clásico, es a puro revientacalderas, con un Michael Kadnar dejándose la piel en cada golpe. Sudaría de lo lindo el americano en soporte de una de las propuestas más pasionales que hayan pisado el Gong Galaxy Club en los últimos tiempos.

… pero el sonido no alcanzó a ser del todo claro. Sí, es cierto, alimentó por ahí la faceta más sucia de su bien conocido black metal. Funcionando y de qué forma en “Existence Of Awe”. Pero a ratos costaba oír al también bajista Anton Lisovoj, por donde cabía conformarse (es un decir) con el incansable riffear de sus compañeros Dominik Goncalves y Peter Wolff.

La alternancia en voces juega un papel fundamental dentro de la banda germana. Y aunque alguna de las intros pregrabadas que disparan pueda sonar algo recargada, pienso ahora en la casi operística “Eyes To Burning Skies”, lo cierto es que la banda apenas descabalga de ese fulgor incendiario y vibrante. Ya empezaba a hacer calor dentro del Gong, con un público algo estático para con los altos ritmos que desplegaban los alemanes, pero que brindaba fuertes gritos y grandes ovaciones al cuarteto entre tema y tema.

Bodies As Driftwood” dejó un fantástico build up en beneficio de su cara más descarnada y, si bien el sonido seguía sin ser del todo nítido, lo cierto es que el agitar de cabezas era ya una constante Incluida la de servidor, que fíjate que me tengo por una persona a la que le cuesta un mundo exteriorizar el más leve movimiento. Pero Downfall Of Gaia te arrastran. Al fin y al cabo es una banda tan despiadada en los momentos más vibrantes como extremadamente meticulosa en los breves remansos de paz que dibujan a través de sus temas.

Pero poco comunicativos con la audiencia. Apenas unos tímidos agradecimientos seguidos de un “gracias”. Se fueron a eso de las 23:18, para volver pocos momentos después y cerrar con un bis de muy apropiado nombre: “Final Vows”. Abrasadores aún a pesar de que el sonido no fuera tan redondo como nos hubiera gustado. Dolía por momentos contemplar los esfuerzos de Lisovoj tras el micro para lo poco que se dejaba oír su voz frente al escenario. Lástima pero ya digo que no tanta como para llegar a deslucir del todo la furibunda descarga que llevaron a cabo. Mención merece de nuevo el bueno de Michael Kadnar, de los mejores machacaparches de metal extremo que hayan pasado por la Gong desde Sebastian Abildsten (Baest). Que continúe la racha…

… porque echando uno la vista atrás, desde los propios Baest pasando por Grima, Azaghal o incluso los locales Aneuma, el metal extremo parece gozar de buena salud en la capital asturiana. No puede uno por más que desear de todo corazón que continúe en el futuro.

Por nuestra parte nada más. Mandar un agradecimiento a la promotora del evento por todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, a Jaime García por los fotones que la dan lustre y saludos a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Jaime García

Reseña: Exodia «Into The Mouth Of Hell» (Autoproducción 2023)

Es el tercer largo para los thrashers valencianos de Exodia, de quienes no teníamos noticias desde allá por dos mil catorce cuando autoeditaran aquél “Hellbringer”. Así pues, la banda disuelta apenas dos años después de aquél segundo trabajo, y formada por Rafa Las Heras y Erik Oliver (guitarras), Toni Camarero (batería), Víctor Tello (bajo) y Armando Milla (voces) regresa al fin con este “Into The Mouth Of Hell”, grabado por el propio quinteto, a excepción hecha de los solos, para los que contaron con la inestimable ayuda de David G. Álvarez (Angelus Apatrida).

Vientos de guerra parecen acechar tras la pequeña intro “Deliverance From Evil”, de la que me gusta su arranque tranquilo casi tanto como su desarrollo clásico y la manera en que da pie, sin grandes artificios más allá de los puramente metálicos, al ya habitual thrash de los valencianos. Un thrash que vendrá a manifestarse en una “Temples Of Lies” donde queda claro que la (casi) década en blanco de Exodia no ha sido en vano. Encolerizados, el libro de estilo manda, pero sabios a la hora de construir un corte agrio en estrofas y más amable en estribillos. Tienen estos últimos un inequívoco apoyo melódico por parte de unas guitarras quizá no del todo redondas pero desde luego elegantes. La habitual ensalada solista traerá aparejada a su vez una mayor agresividad en cuanto a líneas de voz se refiere. Los chicos finalmente trazan un primer corte ágil, atractivo y directo. Crujiente pero con gancho, que da en todo momento la impresión de estar muy pensado para abrir “Into The Mouth Of Hell” de la mejor manera posible.

Amenaza “Buried Alive” con transigir hacia terrenos más sólidos y pesados. Y sin embargo es apenas un guiño durante el prólogo. Ahí, esas guitarras que bien podrían adornar un corte de los Slayer más rocosos y amenazantes, deriva más adelante en un thrash con nervio, riffs en la frontera entre la modernidad y el clasicismo y, de largo, uno de los estribillos más curiosos de todo el largo. Puede que sus estrofas no me enganchen en la medida en que lo hacen alguna de sus compañeras en este nuevo trabajo. Pero la banda parece no obstante más concentrada que nunca en esta andanada casi siempre poderosa y nervuda en lo técnico.

Lo que son las cosas, el prólogo de “Cybersex” bien podría rimar con unos Judas Priest de su (hasta ahora) penúltimo álbum de estudio “Firepower”. Exodia no obstante se conducen hacia un metal con ciertas trazas de groove que viene a alimentar el rango sónico de este tercer trabajo sin, por ello, sacrificar un ápice de su inherente mal café. Hay armonías de guitarra y voz aquí dentro, alternas con un estribillo seco, casi cortante, cara a construir un corte profundamente bipolar en el que, no obstante, nunca el foco parece distraído. El mayor protagonismo que la mezcla otorga al bajo de Tello alimenta dichos estribillos solidario, casi al milímetro, con la voz de Milla. Es aquí, en el tronco mismo de este “Into The Mouth Of Hell” donde los chicos han venido a colocar un trío de cortes extensos que vienen a hablar, y no precisamente para mal, de las miras altas que tiene para ofrecer esta tercera entrega.

De hecho el más extenso es este “You Fight Wicked World”, que ya desde su vistoso prólogo da un poco la medida de las ambiciones de Exodia en su vuela a la actividad. El riff que anticipa primero y acompaña después a las primeras estrofas tiene un gancho de mil demonios. Los valencianos fluctúan aquí entre su habitual thrash y aires más próximos (que no lindantes) con el melodeath nórdico más al uso y el resultado es otro de los cortes más redondos y también ambiciosos que les recuerdo. Algo a lo que contribuye el espléndido trabajo en cuanto a voces que atesora. Una base rítmica sobria pero eficaz y, sobre todo, una mayor duración que logra permear lo mejor del quinteto en lo que a ejecución se refiere.

Apenas he dicho nada tanto de la producción como del sonido que posee esta nueva colección de temas pero lo cierto es que, si bien esta reseña se está componiendo sobre una copia digital del álbum, es el signo de los tiempos, lo cierto es que resulta potente y equilibrada. Sobria incluso. No resta nunca pero, sin desagradarme del todo, siento que a veces tampoco suma. Rozando el notable si lo queréis así.

Only A God” porta un riff que bien podría haber compuesto el James Hetfield de los discos más postreros de Metallica. Habrá quien entienda esto como un ataque. Al contrario. El mentado riff puede recordarme a cortes dentro de lo que cabe recientes de la banda estadounidense que disfruto (“Moth Into Flame”, por ejemplo) pero son apenas detalles. Y es que Exodia juegan aquí una carta mucho más leal al género que las contenidas en los últimos trabajos de Ulrich y cía. Por ahí es una composición que me atrae con sus peculiaridades, si bien en términos absolutos y con la mente fría, hay construcciones en este nuevo trabajo con las que empatizo en mucha mayor medida. Me agrada el pulso más calmo y lo épico, casi opulento que suena este estribillo en cualquier caso.

Sí me agrada la mayor gravedad que atraviesa “Corrupt”, puro nervio y energía. A estas alturas el nombre de los albaceteños Angelus Apatrida podría resultar inevitable, si bien aprecio trazas aquí que bien podrían recordar a propuestas más minoritarias como pueden ser los gallegos Strikeback o incluso Trallery. Por otro lado, cierto que en todos lados cuecen habas pero qué duda cabe que Valencia ha sido una de las tierras más azotada por las distintas tramas de corrupción que han asolado el estado hasta sus cimientos. Puede tener o no que ver, pero lo cierto es que Exodia parecen aquí particularmente agresivos y musculosos. En especial esas voces que, a ratos, tanto me recuerdan al bueno de Bobby “Blitz” Ellsworth (Overkill).

Muy juguetón el riff que adorna el prólogo de una “The Alchemist” que, lejos de abandonar esa encarnación más grave y nervuda, viene a ahondar en los Exodia más rugosos y pesados. A ellos sin embargo contrapone la escritura un estribillo que sorprende tanto por su levedad como por el aire casi melancólico que de él se desprende. Inédito dentro del redondo y sorprendente si uno piensa que fue uno de los elegidos como carta de presentación del mismo. El nombre de Mille Petrozza (Kreator) parece casi inevitable en esos estribillos tan apagados (que no fallidos, atención al bajo de Tello) pero en suma es un corte que me conquista solo a veces.

Ars Goetia”, otra de las cartas de presentación del álbum, parece una elección mucho más obvia. Sin tampoco reinventar la rueda, aprovecha para homenajear (pienso yo) al “Seek And Destroy” de unos tales Metallica (y, por extensión, al “Princess Of The Night” de Saxon) durante la obligada demostración solista y, sin destacar, resulta de algún modo tan vibrante como funcional.

Nervio y pegada para una “Because This World” que quizá acuse ya cierta repetición de patrones y esquemas. No considero éste un mal corte por sí mismo y de hecho me agradan en buena medida la mayor extrañeza de sus estribillos, esas voces a lo Mustaine que irrumpen a ratos y lo bien que engarza la base rítmica durante las partes más rápidas. Pero en suma siento que “Into The Mouth Of Hell” posee ofertas más atractivas y redondas.

Cierran con “I Went For A Job And They Ate My Cock”, porque qué sería del thrash sin su punto de irreverencia, poniendo de relieve que también saben manejarse en terrenos más cercanos al crossover más casual. Que no distraiga lo aparentemente tonto de la propuesta, este es un corte ágil por trazo, diverso en cuanto a ritmos y desde luego nada desdeñable en cuanto a riffs. Camarero percute firme el doble bombo y todo termina por confluir en un, cuanto menos curioso estribillo. En definitiva y en lo estrictamente musical un cierre más serio de lo que pueda parecer sobre el papel.

¿Ha merecido la pena la espera? Pienso que sí, aún cuando el álbum creo dista de resultar perfecto. Cabría preguntarse qué disco lo es hoy día. Sea como fuere y aunque existen riesgos, estos nunca llevan a Exodia fuera de las férreas lindes del género. Por ahí y especialmente durante el fenomenal tronco central del tracklist, la banda brilla más que nunca. Han sido muchos años fuera del redil pero da la impresión que queda es la de no haber perdido un ápice de ganas ni tampoco de actitud. Qué bueno que volvisteis.

Texto: David Naves

Reseña: Zålomon Grass «Space Opera» (RockCD Records 2023)

En colaboración con Hendrik Röver (guitarra clásica europea, Fender Rhodes y percusión), David Rodd (bajo eléctrico Fender, sintetizador y coros), Mauro Comesaña (batería, percusión y coros) y G. Mckenzie (voz principal, coros, guitarras eléctricas, guitarra de doce cuerdas y guitarra acústica) están detrás de “Space Opera”, el primer largo de la agrupación psicodélica gallega Zålomon Grass. Un compendio de ocho temas grabados en los Guitartown Recording Studios de Muriedas (Cantabria) por el propio Röver y posteriormente mezclados y masterizados por David Rodd sus Rodd Studios de Vigo (Galicia). Lo adorna un arte de María Llauger y Mauro Comesaña sobre la ilustración de Archibald IngramEl Buque De Su Majestad Real Decapitator En Persecución”. Recordar asimismo que la banda se encuentra actualmente en gira con parada en la avilesina Factoría Cultural el próximo tres de febrero.

Cosmic Relief” ataca desde el primer instante con un riff principal repleto de gancho y ese groove entendido a la manera clásica que tantos y tan buenos resultados acostumbra a dar. El orgullosamente sonido retro de la banda reverbera en un interesante y cuidado juego entre canales y mientras que la voz destila con gusto y clase los estribillos, la producción pone todo de su parte cara a discernir cada línea. Buenos cambios de ritmo aquí y allá, auténtico subibaja en lo que a trazo se refiere, si bien siento que el pequeño escorzo de calma que irrumpe a modo de puente bien merecía algo más de espacio. En cualquier caso por ahí surgen estupendas líneas de bajo, la desgastada producción y un epílogo que se atreve a bordear el funk, como si el resto del corte no fuese, ya de por sí, una verdadera maraña de sonidos. La manera en que tanta ida y venida cabe en apenas tres minutos y medio sin que nada suene forzado ni artificial no deja de tener su mérito.

Por ahí que “The Drill”, carta de presentación de esta peculiar ópera espacial, resulte mucho más acomodada. Que no fallida. Porque si “Cosmic Relief” brillaba en lo que a riffs se refiere, esta lo hará en lo tocante a solos. Concisa, directa, orgullosamente rockera, sin el pulso tan vitriólico ni aquella escritura casi dislocada de su predecesora. Pero hábil sin embargo a la hora de destapar a los Zålomon Grass más crudos y viscerales.

“I know just how you feel but I know that you know the drill”,

All Hands On Deck” emerge de la calma y para conducirse por ella mientras destapa ahora a unos Zålomon Grass a medio gas, calmos y elegantes, abandonando toda gravedad, comandados por la fina línea que marca Comesaña tras los parches. Se elevan después mientras deriva hacia un aire más blues rock que parece les viene como anillo al dedo. Y es que si por algo destaca no ya este corte en concreto sino el álbum en su conjunto es por la propia versatilidad de la banda, que siempre en el terreno del más puro clasicismo, sabe acoger ese amplio abanico de influencias y apostarlo en unas canciones que, sin embargo, nunca suenan ajenas ni forzadas. De las ocho que componen este “Space Opera”, puede pasar “All Hands On Deck” por mi favorita. Por ese trazo tan cuidado, por los buenos detalles que surgen de sus guitarras o por lo certero del estribillo.

Inicio igualmente tranquilo el de “Harder To Rise”, que sin embargo transita más adelante hacia una versión un tanto más épica de su habitual vintage rock. Se hace la calma sin embargo toda vez acuden las primeras estrofas. Aquí me agrada la construcción de estas y la forma en que se van elevando de cara a los distintos estribillos. Clásico, funcional, no es la primera vez que has oído algo así pero los Grass se las arreglan para que el recurso suene, de algún modo, fresco y vibrante. Una melancolía casi palpable recorre el cuidado estribillo. Y mientras que al puente acude aquél deje más épico, casi sinfónico incluso, apenas intuido en el prólogo, el solo que irrumpe después se amolda al corte al que adorna con precisión cirujana. En opinión de este humilde juntaletras, otra de las grandes del redondo.

Sin llegar a aquella versión descarnada de la anterior “The Drill”, lo cierto es que “Heard It On The News” hace por recuperar parte del nervio perdido. Se mantiene por ahí en un curioso equilibrio entre el innegable gancho que ofrece su riff principal y una escritura, esta vez, algo más apaciguada, que no plana. De resultas surge un corte más sencillo, que me afecta en mayor medida al corazón que a la cabeza, y con el que conecto solo a veces. El solo final es de mérito, así como esos coros casi mistéricos que lo acompañan. Pero ya digo que, en líneas generales, encuentro otros cortes aquí presentes mucho más interesantes y atractivos.

Me encanta sin embargo “Too Late Now” y el aire a antro a media luz que de él se desprende. Es esta una versión casi desnuda de Zålomon Grass, por ahí diferente al resto del tracklist, que se roza con el blues más formal mientras teje una cuidada, casi delicada línea de voz, para en la mayor tradición del género, desembocar en un solo en fade out. Disculpo ese final algo abrupto si su encarnación en directo, de haberla, nos lleva a al tan mágico como enigmático terreno de la improvisación.

Con un bajo casi predominante en la mezcla se presenta una “Groove To Prove”, que de nuevo vuelve a poner la aguja de la intensidad en zona roja. Estrofas casi desnudas, estupendos guiños de guitarra aquí y allá pero sobre todo un riff capaz de derribar montañas. Me enganchan los gallegos aquí por construcción y, consecuencia segura de lo mucho que les he estado escuchando los últimos meses, el nombre de los californianos Rival Sons sobrevuela casi a cada golpe de caja. Uno de los cortes que más hace por destapar la buena nota de estos Zålomon Grass como músicos…

… pero de todos los que componen este primer largo, “Don’t Let Me Go Down (Space Opera)” es hasta el momento el que más huella ha dejado de todos. Porta ya de entrada un riff tan simple como efectivo. La entrada de la base rítmica y como la mezcla vuelve a jugar con los canales, fundamental a veces el uso de auriculares a fin de apreciar según qué detalles, suben ya la nota con el corte apenas iniciado. Sucede después que las estrofas acampan en el territorio de la balada, con Mckenzie en su encarnación más dulce, que no sacarina, y los gallegos construyen un crescendo que divaga entre la balada clásica y un psych algo alucinado primero y más vibrante después. Es cierto que todo parece anticipar un final más grave que finalmente no llega. No menos verdad es que la alternancia entre guitarra y coros que precede a su epílogo es estupenda. Riada de buen gusto como poderoso broche final.

Psicodelia clásica de la que tanto gusta en la querida y apreciada Factoría Cultural de Avilés. Reconozco tenía fuera de mi radar a estos Zålomon Grass y que he disfrutado como un enano con este primer álbum. También con la escritura de una reseña como esta. El suyo es un género algo ajeno a quien escribe, no creo pase nada por reconocer el hecho, y sin embargo encuentro en él bastantes asideros a los que agarrarme. Empezando por el buen nivel técnico que han demostrado aquí, continuando con el abanico de influencias que aglutinan, amén del buen gusto a la hora de implementarlo a lo largo de los ocho cortes. Cierto que entremedias hay trazos e ideas con las que no he llegado a conectar del todo. Pero en suma siento que son muchos más los aciertos que los errores. Queda por tanto nada más que comprobar qué tal los defienden en vivo el tres de febrero. Si nada ni nadie lo impide por allí estaremos.

Texto: David Naves

Reseña: Azaghal «Alttarimme On Luista Tehty» (Immortal Frost Productions 2023)

Décimo segundo trabajo ya para las huestes finesas Azaghal, el trío que a día de hoy forman Thirteen (voz) y los Wyrd Lima (baterías) y Narqath (guitarra, bajo, teclados y voz limpia). Tanto las voces como las baterías de este “Alttarimme On Luista Tehty” se grabaron en 82 Productions bajo las órdenes de J.Pitkänen, mientras que guitarras y bajos se materializaron en DT-Audio. Las pistas resultantes serían finalmente masterizadas en los Wolfthrone Studios. Con artwork del Ars Veneficium Ronarg (Antzaat, Ondfødt, Gurthang…), el disco vio la luz vía Immortal Frost Productions el pasado mes de febrero.

Puede que el sonido tan sucio del tema título “Alttarini On Luista Tehty” pille por sorpresa a más de uno, si bien no es menos verdad que el trío finés parece saber muy bien lo que hace a lo largo de los cuatro minutos que ocupan este black nervioso y cerril, comandado por una base rítmica tan presente como eficaz. Crepita como alma que lleva el diablo ese bajo de Narqath mientras se suceden hábiles cambios de ritmo y licks de batería a lo primeros Mayhem, orgullosamente clásicos. Thirteen se desgañita a placer y el corte termina por dar la razón a quienes lo eligieron como estandarte de este nuevo álbum.

No muy lejos del tema título se sitúa una “Kuolemanmarssi” que arranca con pie firme para después acoger una serie de estrofas de pulso casi d-beat donde, a ratos, emerge la cara más atmosférica de la banda nórdica. Breve, apenas un parpadeo de ni siquiera tres minutos, pero tan feroz y rabiosa cuando se lo propone como distinguida y personal. Lástima que las curiosas disonancias que dan pie al epílogo no gocen de una mayor cuota de espacio.

Aquella presencia más atmosférica que se revelaba en el corte inmediatamente anterior viene a dominar una “Kultti” que pronto emerge como otro de las ofertas más distinguibles de todo el largo. Hay ritmos a ratos casi marciales confrontados a un black que casi parece virar hacia terrenos melódicos. Alguna decisión curiosa en cuanto a arreglos durante estribillos y la sensación de que debería ser una fija en una gira de presentación que tendrá parada en el ovetense Gong Galaxy Club el jueves siete de diciembre junto a los maños Empty.

Paholaisen Musta Kieli” casi parece rebelarse contra la cierta extrañeza de su predecesora a fuerza de percutir con la cara más abiertamente agria y cabrona del trío. Black cerril al que contraponen pulsos lindantes con un black thrash más al uso. Narqath está más que lúcido en la creación de unos riffs que encajan al dedillo con la no poco interesante línea de batería de Lima. Sorprenden, si acaso, la pesadez y la atmósfera que desprende, a chorro, su curioso puente central. Pequeña isla de calma tensa que precederá al breve pero arrebatado epílogo.

Myrkkyä” vuelve a derivar hacia la vertiente más melódica de los fineses, valga la redundancia, al tiempo que hace acopio de alguno de los riffs con más gancho y empaque de todo el disco. Su pulsión más melódica vendrá asimismo a manifestarse durante el puente central en forma de eficaz solo de guitarra pero también a lo largo de un epílogo que, arreglos mediante, parece rimar con la mencionada banda hermana de Lima y Narqath.

Como propuesta más rácana de las nueve y bajo un título como “Kaaos” casi no cabe esperar otra cosa que no sea black ardiente y pocas complicaciones. Azaghal en general y Lima en particular muestran aquí su cara menos amable, si bien el corte resulta finalmente menos predecible de lo que se pudiera intuir. Fugaz aunque poderosa rabia nórdica.

Syöpäläinen”, que inaugura la cara B de las distintas ediciones en vinilo, pasa fácilmente por ser la oferta más hábil de esta parte final del álbum. Acoge su habitual black irredento mientras Thirteen despliega todo el mal café habitual. Hay buenos engarces entre estrofas por parte de Narqath, que transige hacia un riff servicial toda vez regresa el no poco agrio registro del también frontman de los thrash punk Scarecrow. Sólida y muy eficaz.

Me engancha “Syvyydestä Liekkien Takaa” por ese marcado tono melancólico que arrastra casi en la misma medida en que me deja con ganas de más a causa de ese desarrollo tan poco ambicioso en lo que a tiempo se refiere. Bien trabajada a nivel melódico, del todo frontal en cuanto a su línea de batería y absolutamente única dentro del disco. Lástima como digo esos ni siquiera tres minutos que marca en el reloj.

No mucho más allá en términos cronológicos se sitúa “Verivirta”, si bien esta desarrolla una pulsión mucho más genérica. A base de hilvanar black old school y breves andanadas de sucio punk metal a la Motörhead, Azaghal construyen un corte poco sorprendente pero sin dobleces, con Lima atacando el kit con pulso casi marcial y la sucia producción del álbum otorgando el inequívoco aura de autenticidad del más descarnado black finés.

Ei Valoa Tuonelassa” recupera esos dejes más atmosféricos que han ido yendo y viniendo dentro del disco para conformar un black quizá un tanto descompensado, hay riffs que por clásicos no dejan de sonar un tanto convencionales, pero que parece no ahorrar un solo esfuerzo. Ni siquiera desfallece Thirteen dejando para este corte postrero alguno de los gritos más agónicos y desesperados de todo “Alttarini On Luista Tehty”, pero no puedo evitar pensar que dentro del mismo conviven ofertas mucho mejor resueltas.

Seitsemän Ihmisen Irvikuvaa” sin ir más lejos. Entrega más extensa de las nueve, desarrollada desde unos ritmos medios donde se sitúa otro de mis riffs favoritos de este décimo segundo trabajo del combo radicado en Hyvinkää. Me agrada en gran medida la forma en que conjugan blast beats con ese pulso más melódico. O la forma en que luego emerge de nuevo un black de cierto aroma thrash o redirige hacia ritmos más pesados y arenosos. Fluyendo en todo momento de forma natural y sin dar lugar a cualquier tipo de impostura. Azaghal parecen saber muy bien qué se traen entre manos.

Empecé tarde a escuchar a estos Azaghal y ya es raro de tanto en cuanto sí que conocía desde hace ya tiempo a la otra banda de Lima y Narqath, los más folkies Wyrd, culpables de discos tan reivindicables como “Heathen”, “Rota” o “Huldrafolk”. “Alttarini On Luista Tehty” transmite en gran medida un black sucio y enervante, en el buen sentido, donde lo feo de la producción abraza una serie de intenciones que poco tienen que ver con las propuestas más civilizadas y, quizá también, menos comprometidas, de muchas de las bandas que hoy por hoy son enseña del género. Pero y he aquí el gran triunfo del álbum, sin abandonar las exigencias del género, pocas veces estos cortes resultan unidimensionales o siquiera aburridos. Si acaso sí lastrados por desarrollos algo rácanos, pero en ningún caso desangelados o sin vida. Ni mucho menos. Siguen planteando batalla.

Texto: David Naves

Reseña: Angelus Apatrida «Aftermath» (Century Media Records 2023)

Plácidamente instalados a la cabeza del metal facturado aquí a base de talento y mucho curro, Angelus Apatrida contraatacan sin solución de continuidad con un octavo disco al que han venido en llamar “Aftermath” con la sana intención de seguir allá donde lo dejara el estupendo álbum homónimo de 2021. A buen seguro no queda medio afín que, a día de escribirse estas líneas, no haya invertido una determinada porción de tiempo en diseccionar la nueva obra de los albaceteños. Pero los hermanos Izquierdo, José J. (bajo) y Guillermo (guitarra y voz) junto a Víctor Valera (batería) y David G. Álvarez (guitarra) han concertado cita con el público asturiano el sábado dos de diciembre (Sala Acapulco junto a Burnt To Death y Sydius) por lo que he creído conveniente hacer los deberes.

No están solos los de la capital manchega en este envite. Jamey Jasta (Hatebreed, Kingdom of Sorrow), Pablo García (WarCry), Sho-Hai (Violadores Del Verso) y Todd La Torre (Queensrÿche, Crimson Glory) acompañan a los thrashers a lo largo de un álbum donde vuelven a contar con Juan Ángel López para la grabación en los Baboon Records de unas pistas que, más adelante, se encargaría de mezclar y masterizar Christopher “Zeuss” Harris (3 Inches of Blood, Suffocation, Crowbar, Overkill…) en el Planet-Z de Wilbraham, Massachusetts. Con arte de Gyula Havancsák (Accept, Stratovarius, Annihilator, Powerwolf, Holy Moses…) lo edita como siempre la disquera germana Century Media.

Que la banda abra con algo como “Scavenger” tiene mucho de declaración de intenciones. Angelus Apatrida encapsulan aquí no pocas de las señas de identidad que les han situado en la posición de privilegio de la que actualmente gozan. A saber: un arranque de puro thrash vigoroso y directo, estrofas malencaradas y un estribillo sencillo, casi lacónico, pero de mucho gancho. Si va a ser la encargada de iniciar las hostilidades en su nuevo tour, me parece una elección más que digna, si bien es verdad que lo escaso de ese minutaje, por debajo de los cuatro minutos, constriña a su vez al solo que precede al epílogo, reduciendo de manera sensible el impacto de este.

Cold”, una de las tres cartas de presentación del disco, descubre ahora unos pulsos que, sin abandonar ese nervio siempre vibrante e intenso de su acostumbrado thrash metal, en términos gramáticos pronto transige cara a ofrecer una composición más atractiva por diversa. Funciona el toque mas melódico del estribillo casi en la misma medida en que sorprende el tratamiento que aplican en su tronco central y la forma en que deriva hacia un groove orgánico y nada impostado. Los riffs marciales a la Strapping Young Lad funcionan pero vuelvo a echar en falta una presencia solista mucho más marcada.

Snob”, donde la banda cuenta con la participación del vocalista de Connecticut Jamey Jasta, para sorpresa de nadie, destapa la cara más intensa, potente y directa del cuarteto. Thrash incendiario rematado con pulsiones más próximas al hardcore más clásico y eminente. Guillermo trama aquí uno de los estribillos con más gancho de todo el tracklist mientras que buenos solos ocupan su tercio final con la banda ofreciendo apenas fisuras en su conjunto. La producción del álbum y como viene siendo habitual, es estupenda.

De hecho es “Fire Eyes” uno de los cortes que más y mejor uso hace de la buena labor en los Baboon Records de su Albacete natal. El quinto corte ofrece un prólogo que sorprende primero por su mayor carga atmosférica y después por cómo opta por un metal directo y sin dobleces. Habitual construcción bipolar donde la banda se defiende como gato panza arriba. Víctor Valera construye aquí una de las líneas de batería más interesantes del nuevo álbum. Y mientras en las más pura tradición Apatrida se suceden riffs de thrash rabioso y directo, surge un Pablo García algo más comedido de lo que el asturiano nos tiene acostumbrados en sus últimas colaboraciones. Sea como fuere, a buen seguro otra de mis favoritas.

Rats” traerá al frente a unos Angelus Apatrida más nerviosos y de hecho parece tener todos los mimbres para convertirse en una fija dentro del nuevo tour de la banda. Vigorosa, intensa, quizá no disponga del gancho de otras ofertas dentro del álbum pero, por contra, descubre una serie de solos de gran nivel. Aquella que sin ir más lejos eché en falta en cortes como “Scavenger” o “Cold”. Thrash gozoso por vehemente y de lo más eficaz.

Si mis datos son correctos, los albaceteños no trazaban un corte tan extenso como “To Whom It May Concern” desde aquél “Hidden Evolution” del disco homónimo de dos mil quince. Sorprende ya desde el prólogo, que rompe la tónica imperante en “Aftermath” para conducirse hacia una serie de riffs que me hacen pensar, de manera casi inmediata, en los momentos más livianos de los germanos Kreator. Todo para que, tras esa calma, surja un corte de thrash tan directo como retorcido, en la más pura tradición del género. Encomiable la labor de David y Guillermo en lo que a creación de riffs se refiere. Incluso en aquellos que se desarrollarán durante las partes más trotonas, algo que habla y no precisamente mal del cariño que la banda ha puesto en este sexto corte. Camino del tronco central irrumpirá el Guillermo más heavy y agudo, justo para después transigir de nuevo hacia aquella calma inicial. Alargada la sombra de Dimebag Darrell durante el fantástico solo de guitarra y cuidadísima línea de batería en el desbocado tercio final. A buen seguro otra de mis favoritas.

Casi como respuesta al corte más ambicioso del álbum surge “Gernika”, un thrash sencillo y sin miramientos. Tampoco mayores dobleces, si bien encuentro esos riffs cabalgantes un tanto recurrentes. Al final y a pesar del estupendo solo de su tronco central, encuentro ofertas mucho más atractivas dentro de este “Aftermath”. Un corte que me resultará más interesante por lo que cuenta que por la manera de contarlo.

I Am Hatred”, oferta más rácana en cuanto a duración de los diez, ofrece tan pocas sorpresas como correctos ejercicios de thrash clásico y enérgico. Fundamental la labor de Valera y un correcto solo previo al epílogo para un corte que arrastra no pocos déjà vu y con el que me cuesta horrores conectar.

What Kills Us All” hace bastante por recuperar el buen tono en lo que a riffs se refiere. Mantiene el tipo también en lo tocante a melodías vocales. Unas líneas de voz que enseguida me retrotraen a aquél pulso más heavy que arrastraban cortes como “Sharpen The Guillotine”. Aquí la sorpresa viene dada no obstante por la colaboración de Sho-Hai, imposible a priori y que el maño desarrolla finalmente en nuestro idioma. Mucho contraste para un resultado, al menos a mi juicio, bastante irregular.

Cierran con “Vultures And Butterflies” y la ayuda del Queensrÿche Todd La Torre en voces. Sin embargo, el corte anda más cerca de bandas de thrash estadounidense como Nevermore o Sanctuary, con un cuidado tratamiento en lo que a voces se refiere y que resulta en un buen contraste entre ambos caracteres. Rematan con un solo un tanto constreñido durante el tronco central y un epílogo en la más pura tradición del metal norteamericano. La edición digital del álbum se cierra con las versiones en directo de “Indoctrinate”, grabada en Bilbao, y “Give ‘Em War” en Barcelona.

Es otro buen trabajo de los albaceteños, si bien de “Gernika” hasta el final siento que la fluidez de ideas y el buen hacer en lo que a composición está un peldaño por debajo de lo que nos tenían acostumbrados. Porque tanto “Cabaret De La Guillotine” como el álbum homónimo de 2021 me parecen poderosas y redondas ofertas de thrash metal tan firme como incendiario. Pensando en positivo, me agrada la ambición de “To Whom It May Concern”, el nervio más próximo al hardcore de “Snob” o ese clasicismo tan eficaz de “Fire Eyes”. Pero más allá de lo que el álbum me pueda resultar en términos globales, de justos es reconocer que no negocian un esfuerzo. Siguen con el acelerador a fondo y eso les honra. Queda únicamente atestiguar cómo funcionan estos nuevos temas al lado de sus clásicos de siempre. La máquina no para.

Texto: David Naves