Crónica: Jack Moore Band (A.M.C. Bocanegra 1/8/2026)

El pasado 1 de agosto, la pequeña aldea de Valles dejó de ser un rincón tranquilo entre las montañas para convertirse, por una noche, en un pequeño santuario del blues y el rock. Jack Moore, guitarrista y compositor irlandés, hijo del inolvidable Gary Moore, llegaba acompañado de su banda, y aquello bastó para que el pueblo, normalmente apacible, se llenara hasta los topes. Aparcar fue casi una odisea, pero esa dificultad solo anunciaba lo que estaba por venir: una velada especial, de esas que se recuerdan con una sonrisa. Valles fue uno de los lugares escogidos por la banda en su gira Jack Plays Gary: Celebrating His Music Legacy, también conocida como Moore Plays Moore, en la que homenajean al legendario Gary Moore, pero también incluyen temas propios del álbum «Electric Neverland» de Jack Moore y Quentin Kovalsky junto con otros temas clásicos de blues rock.

La Asociación Bocanegra, auténtico motor cultural de la zona, fue la responsable de que este encuentro tuviera lugar. Pasados unos minutos de las once y cuarto, una de sus integrantes subió al escenario para presentar el concierto con una frase que ya marcaba el tono de la noche: “Esta banda trae mucho blues, mucho rock y una energía arrolladora. Al frente está Jack Moore, que continúa el legado de su padre aportando su estilo y personalidad.” El público respondió entusiasmado con un cálido aplauso.

La entrada de los músicos al escenario fue casi reverencial. Primero apareció Pancho Campos, que abrió fuego con un solo de batería contundente. Después llegó Rafal Welenc, bajista, grabando con su móvil la sala y al público, capturando ese instante previo en el que todo está a punto de empezar. Acto seguido, el teclista y vocalista Quentin Kovalsky tomó posiciones, saludó a la audiencia y, a pesar de confesar que tenía la garganta tocada, desafió al respetable preguntando si estabamos preparados. El clímax de la introducción llegó cuando Kovalsky presentó al protagonista de la velada. Jack Moore irrumpió en el escenario armado únicamente con su guitarra sin pedales, apostando por la pureza del sonido directo a las venas. Sin mediar palabra, el irlandés desató un solo electrizante que conectó de inmediato con la memoria de su padre, enlazando los acordes para arrancar oficialmente el concierto con «Heavenly Light«, pieza extraída de «Electric Neverland«, último trabajo de Jack Moore & Quentin Kovalsky. Valles, entregada, comenzaba una noche histórica de puro blues rock.

Kovalsky empezó la velada con menos afonía de la que tendría después, aunque ya al final de la primera canción alguna nota se le escapó. Su humor, sin embargo, permaneció intacto. “Muchas gracias”, dijo en español e inglés, antes de anunciar que iba a “matar su garganta” y que necesitaba una cerveza. Al tomarla, brindó con un Saluto, rápidamente corregido por PanchoSalud. Risas en el escenario, risas en el público.

Presentó al batería: Pancho Campos, que viene desde México a tocar con nosotros”. Y añadió, antes del tema próximo que la siguiente canción no trataba sobre él. Pancho replicó en ingles: “Pero soy bello”Kovalsky remató: “desde luego, y la siguiente canción es sobre las mujeres bellas”. Así llegó «Oh Pretty Woman» del magnífico álbum «Still Got The Blues» de Gary Moore, con un estribillo que el público coreó a manos alzadas, gritando al final con entusiasmo desbordado.

La complicidad entre banda y público ya era total cuando Kovalsky preguntó si estabamos listos para la siguiente canción. Pancho se detuvo un momento para ajustar algo en la batería y Kovalsky bromeó con que se había destrozado un dedo. Acto seguido atacaron «All Your Love«también de Gary Moore, donde Jack Moore brilló con una pericia guitarrística que arrancó expresiones de asombro.

Para cuando llegó el momento de abordar la mítica «Empty Rooms«, la voz del cantante flaqueaba seriamente e intentó poner remedio con un chupito, que le dijeron era “medicinal”. El cantante se sincera: «Es una canción muy famosa y no estoy preparado para cantarla, ¿lo están ustedes?». Ante el rotundo «« recibido como respuesta del respetable, el frontman ironizó: «Ok, porque yo no lo estoy y esta es nuestra última canción… supongo que fue divertido». Kovalsky le preguntó al batería mexicano como se traduce lo que acaba de decir y Pancho tradujo con humor: “Lo que mi amigo quiere decir es que va a tomar un poquito más”. El tema se convirtió en uno de los momentos más emotivos de la noche: Kovalsky tuvo que silenciar su voz en varias secciones y el público asumió el micrófono de forma unánime, rescatando la pieza antes de que Jack Moore la coronara con un impresionante y prolongado solo de guitarra. La respuesta en la sala fue una ovación final atronadora.

Lejos de rendirse, la banda continuó con «In My Shoes» y Kovalsky comenta que es una canción original de ellos y añade que cree que ésta la puede cantar. Está inspirada en la relación entre padres e hijos y en cómo sus consejos pueden influir en su trayectoria vital. Pertenece al álbum «Electric Neverland» lanzado en 2025. En este tema Moore volvió a demostrar una impresionante habilidad técnica a la guitarra.

Tras un amago de mejoría del cantante, que bromea con el público, pregunta si tenemos energía para otra más y si estamos preparados para la siguiente canción, así presenta «Walking By Myself«, el clásico de Jimmy Rogers incluido por Gary Moore en «Still Got The Blues«, muy bien acogido por el respetable y sin pausa llegó «City Of Gold«, de BBM, banda que estaba integrada por los músicos Jack Bruce, Ginger Baker y Gary Moore. Es un tema lleno de partes instrumentales con un protagonismo absoluto del bajo de Welenc y las seis cuerdas de Moore.

Sin embargo, el esfuerzo vocal llegó a su límite con la obligada «Still Got The Blues«. Exhausto, Kovalsky imploró la ayuda de los asistentes para cantarla, desatando una ovación de vítores, silbidos y cánticos de «oé, oé» al finalizar. Sorprendido por la respuesta, el vocalista se rindió ante la magia de Valles al expresar que no podía creerse lo que estaba pasando aquí y anunciar “que iban a interpretar una canción más, ¿estáis preparados?” La respuesta del público fue un “sí” unánime.

El tramo final estuvo marcado por la distensión y la camaradería: Jack Moore amagó con los primeros acordes de «Cocaine» de Eric Clapton y Kovalsky lo frenó entre risas: «No, no vamos a hacer una canción de Eric Clapton, Jack. Lo siento». Acto seguido el frontman recibe un chupito a modo de «medicina», lo toma y bromea: “No voy a conducir… o quizá un burro” y le pregunta al mexicano Campos como se traduce al español lo que acaba de decir, dando lugar a una serie de bromas al respecto entre el frontman y el batería, con las que consiguen conectar y hacer reír a toda la audiencia.

Presentó entonces «Don’t Believe A Word«de Thin Lizzy, un blues lento que dio un respiro a la voz del cantante y permitió a Pancho Campos lucirse con un monumental solo de batería. El público coreó el nombre del mexicano, quien respondió con un sentido «Gracias, ¡Viva México! y ¡Viva España mientras el bajista inmortalizaba el momento con su teléfono.

Siguieron con un tema instrumental de libre improvisación y con gran protagonismo de la guitarra de Moore y de los teclados de Kovalsky. En medio del tema, el frontman presentó a la banda: Jack Moore, the one and only; Pancho Campos a la batería; Rafal Welenc al bajo; y yo, Quentin Kovalsky, casi desaparecido y muerto en frente de ustedes”.

En la recta final del concierto, nos regalaron una versión extendida y casi completamente instrumental de «Sweet Home Chicago«, clásico de The Blues Brothers que no figuraba en el setlist original, que tuvieron que modificar para proteger la maltrecha garganta del frontman. En este tema, la batería de Pancho Campos marcó el pulso con autoridad. Al término Kovalsky se despide con un: “Thank you very much. Good night!”, un brindis con un nuevo chupito de «medicina» y las reverencias de rigor inmortalizadas por el móvil del bajista, la banda se retiró. Sin embargo, el público asturiano no quería que se fueran tan pronto y comenzó a atronar el recinto al grito unánime de «¡Otres tres!».

Quentin Kovalsky reapareció en solitario para aplaudir la insistencia de la sala. Con una sonrisa, exclamó un «Ok, ok» que hizo regresar a toda la banda al escenario mientras el público estallaba en el clásico «oe, oe, oe». Pancho Campos tomó el micrófono y ofreció uno de los momentos más emotivos de la noche: “Bueno, queremos decirle a todos muchas gracias. Es nuestra primera vez, al menos es mi primera vez en España y me encantó. Gracias”.

Kovalsky añadió que él había estado en el sur del país, pero Pancho continuó: “Ayer estuvimos en Zaragoza, nos la pasamos increíble, pero hoy… Piloña tiene algo…» confesó el baterista con la mano en el corazón. «Me van a hacer llorar. ¡Salud, viva México, viva Piloña y viva Asturias.

El grito de «¡Puxa Asturies retumbó en las paredes de la sala de la Asociación Bocanegra. Campos continuó ensalzando el esfuerzo de su compañero: «Quentin está un poquito enfermo, aún así trató de dar todo», lo que desató una ovación hacia el cantante. Desde la pista, alguien señaló al guitarrista al grito de «¡Puxa Irlanda, a lo que el baterista respondió: «Irlanda también, ¡arriba Irlanda. Antes de encarar el final, Pancho bromeó sobre la supervivencia del tour: «Faltan más conciertos, no sé cómo lo va a hacer él para seguir cantando. Si hay algún doctor que pueda inyectarle algo de caballo o de burro, no importa… Este lugar me hizo recordar a mi pueblo y me encantó».

Kovalsky retomó el micrófono para sentenciar el final de fiesta con ironía: «Vamos a hacer la última, antes de que me muera». El broche de oro lo puso «Why Does Love (Have To Go Wrong)«, una joya de la banda BBMEl cantante la defendió con una voz rota y desgarradora, pero la verdadera magia radicó en una extensísima sección instrumental final, donde Jack Moore desató una tormenta de riffs rápidos y veloces, rindiendo el tributo definitivo a la técnica de su padre.

Con las últimas notas flotando en el aire, Kovalsky despidió formalmente a la formación por última vez: «Good Night! Jack Moore! Pancho Campos! Rafal Welenc! And me, Quentin Kovalsky! Be good!…»

El concierto, que duró casi dos horas, terminó a la 1:10 de la madrugada. Valles, una vez más, había sido testigo de algo irrepetible: un encuentro donde la música, el humor, la improvisación y la humanidad se mezclaron para crear una noche que quedará grabada en la memoria de todos los presentes.

Por mi parte, solo queda agradecer como siempre a los compañeros de Heavy Metal Brigade, a la Asociación Bocanegra por su apoyo a la cultura, a mis amigos que disfrutaron este concierto tanto como yo, a los simpáticos músicos que componen Jack Moore Band, con los que tuve oportunidad de charlar al término del concierto en la zona de merchandising, en especial al batería Pancho Campos por su ayuda para confeccionar esta crónica y por supuesto a todos los que nos seguís y apoyáis la música en directo. Nos vemos próximamente…hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!! 

Texto: Aurora Menéndez
Fotos: Miguel Rubio

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