Reseña: Harakiri For The Sky «Scorched Earth» (AOP Records 2025)

Los austriacos Harakiri For The Sky se encuentran en ese momento de su carrera en el que cada nuevo álbum sacude a la escena post-black con inusitada fuerza. Controvertidos por naturaleza, la suya es una obra que acostumbra a no dejar indiferente a nadie. J.J. en voces y M.S. a cargo de toda la parte instrumental, profundizan en este “Scorched Earth” en toda su gama de registros habitual. Con la ayuda de Kerim “Krimh” Lechner (Dååth, Act of Denial, Septicflesh…) en baterías y de Jorge Cisternas (Humanotone), Tim Yatras (Austere, Autumn’s Dawn, Germ) y Serena Cherry (Noctule) pergeñan ocho cortes a los que adorna el arte de Brvno Gonzalez y que ha de ver la luz el próximo dieciséis de enero vía AOP Records.

Heal Me”, con colaboración de todo un Tim Yatras, entronca con la vertiente más elegante del dúo austríaco. Una tímida y simple línea de piano se abre camino por un cuidado prólogo hasta la irrupción de las primeras estrofas. J.J., siempre roto y desgarrado, traza una línea de voz en la más pura tradición harakiriana. Pero por si algo me gusta este primer corte es por los bellos adornos de las guitarras, así como por esos violentos cambios de ritmo por donde se colará su bien conocido post-black metal. Asegura la nota de prensa que nos han hecho llegar desde el sello que esta es una banda que sigue evolucionando con cada disco y el poso más alternativo de este puente central puede ser un ejemplo de ello. Que me agrada por cómo enlaza y funde esa tradición más vibrante de la banda con alguna línea de guitarra que bien podrían haber firmado unos Anathema del “Judgement”. Un más que prometedor arranque de álbum:

Larga introducción de nuevo con el piano como protagonista. “Keep Me Longing” pone de relieve a los HFTS más elegantes para después, y de forma brusca, dar salida a un arrebatado blast beat por parte de Lechner. Aún en esas partes más violentas, nunca desaparece el marcado carácter atmosférico que circunda su modo de entender el black metal. Así, el corte va desarrollándose sobre una maraña de cambios de ritmo, no tanto de tono, donde brilla el gran trabajo de M.S. en todo lo concerniente a guitarras. Buenos riffs y mejores melodías que enlazan estrofas siempre tristes y desesperanzadas. Para satisfacción de sus fans de siempre, el dúo ni mucho menos arriesga aquí. Me agrada el equilibrio que muestra la mezcla cuando la parte final funde voces, base rítmica, piano y arreglos sin que ninguna línea opaque a las demás. Y siento como una punzada en el corazón que el sello no haya tenido a bien comunicarnos quiénes han sido los responsables de grabación, mezcla y demás. Sea como fuere, cuando el piano sí que adquiere un mayor protagonismo durante el epílogo, no han sido pocas las veces que se me ha puesto la piel de gallina. Un clásico ya en lo que a sus discos se refiere, una fuerza emocional que no ha perdido un ápice de fuerza en estos años.

Sorprende la mayor luz que trasmite ”Without You I’m Just A Sad Song” durante su prólogo. No tanto la forma en que este se funde con la voz de J.J. conforme irrumpen las primeras estrofas. El contraste conseguido, de hecho, resulta en uno de mis momentos favoritos de todo el largo. Después, cual pequeño riachuelo, surge el lado más post-rock de la banda. HFTS van trazando así uno de los cortes con mayor personalidad del álbum. Esa misma personalidad que tanto enfrenta a los fans del género, siendo esta siempre una de esas agrupaciones ante las que parecen no caber medias tintas. Pero incluso su detractor más furibundo podrá reconocer la valía de las buenas melodías que M.S. enfrenta a la (siempre) desgarrada voz de su compañero de fatigas. En los marcados cambios de rumbo, cuando las guitarras adquieren una mayor gravedad, vuelve a ponerse de relieve la equilibrada mezcla que porta el disco. Buenos solos emergen además conforme la se acerca el epílogo. Y de nuevo la forma en que estos se funden con la voz no podría ser más acertada. Nada nuevo en su libro de estilo pero ejecutado con la seguridad y la firmeza que acostumbran. El final no solo es elegante sino que, además, porta alguna guitarra de gancho indudable. Quizá mi favorita de las ocho.

No Graves But The Sea” sorprende con un prólogo que acerca a los austríacos a las fronteras del doom de formaciones como los primeros Katatonia. Apenas un guiño antes de que la banda nos devuelva hacia un post-black lleno de baterías vibrantes y al que M.S. adorna con solos ágiles y eficaces. Un corte que me genera opiniones encontradas. Y es que su composición, ese clásico juego entre tonos, no podría ser más clásico. Por ende, tampoco resultar más eficaz. Tiene momentos de calma, también de furia, pero echo en falta algo más de riesgo. Ambos músicos están más que acertados en sus distintas parcelas y el invitado Lechner pergeña una más que interesante línea de batería. Pero se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que pasa algo inadvertida al lado de otros cortes de este “Scorched Earth”.

With Autumn I’ll Surrender”, que estrenaran allá por octubre de 2024, arremete ahora con una versión más contenida de su consabido black atmosférico. Nada de contorsiones ni experimentos con gaseosa. Desconozco si el tema nació ya con visos a anticipar al álbum pero no cuesta trabajo reconocer dónde traman una oferta más conservadora en comparación al mayor riesgo de, sin ir más lejos, “Without You I’m Just A Sad Song”. Lo que no quita para que coexistan buenos cambios de ritmo con melodías eficaces y todas su desesperanza y agonía habituales. Es la producción quien trata, aún de forma tímida, de sacar a la banda de ese cierto conformismo, de ese pequeño aletargamiento, con varios detalles en lo que al sonido de las guitarras rítmicas se refiere. Particularmente en las partes más calmadas. Esas donde, curiosamente, brilla el buen hacer de Lechner a los parches. Un cierto cúmulo de clichés, en definitiva, que no por ello un corte que sobre en ningún caso.

En “I Was Just Another Promise You Couldn’t Keep” sí que aprecio un mayor riesgo, aún cuando el prólogo no podría ser más leal a los postulados sobre los que se ha desarrollado la carrera del dúo. Hay buenos riffs en estos primeros compases. También unas voces que ganan en detalles con respecto al resto de entregas. Las partes más calmas se arriman más que nunca al precipicio del post-rock y HFTS colisionan hábilmente con su desgarro habitual. Buen juego vocal el que se trama aquí. Especialmente en las partes más violentas. En las más acompasadas M.S. pone todo de su parte para que las guitarras aporten todo el color posible a la composición. Podría decirse incluso que este es el corte más brillante de los ocho en lo que a trabajo de guitarras se refiere. Una banda que se aferra a sus tradiciones sin que ello implique anquilosarse en una única manera de entender el black metal.

Too Late For Goodbyes” con Lechner a puro blast beat en un inicio descosido, que pronto atemperan con la irrupción de las primeras estrofas. Es el último corte en varias de las ediciones del álbum, y lejos de condensar en una única composición muchas de las ideas que porta el álbum, HFTS retornan a sus orígenes con otro de esos cortes bifocales en los que tanto y tan bien se manejan. En una de sus habituales y pequeñas islas de tranquilidad surge la cristalina voz de Serena Cherry, verdadero contrapunto al registro desgarrado y melancólico tan habitual en J.J.. Un más que digno y funcional cierre a un (pienso) muy buen disco de los austríacos…

… salvo en las ediciones cuyo honor corresponde a “Street Spirit (Fade Out)”, versión de las luminarias alternativas británicas Radiohead, que la banda transfiere a su terreno con el tino con el que ya remozaran cortes ajenos en el pasado. “Mad World” de Tears For Fears sin ir más lejos. Voces limpias y un (hasta cierto punto) respeto por el original para alivio de los fans de la banda de Thom Yorke.

“Una instantánea del mundo en que vivimos” proclama la nota de prensa. Harakiri For The Sky amplían sus registros para seguir donde lo dejara el interesante “Mære” de 2021. Un compendio de muchas de las ideas que les han hecho cabeza visible de un género y, como apunté por ahí atrás, les han granjeado tantas filias como fobias. No solo por el tipo de propuesta que realizan como por la manera en que han sido capaces de edificar un sonido al que poder llamar propio partiendo de unas premisas básicas tan marcadas. En un género que a veces puede pecar de cierto anquilosamiento, el dúo emerge como ese faro que nos desvía del desastre. Aunque sea en un mundo en ruinas.

Texto: David Naves

Reseña: Eveth «Sellando El Destino» (Maldito Records 2024)

Es el quinto trabajo de los mallorquines Eveth, la banda que forman David Kamstedt en guitarra y voz, Alberto Barrientos en baterías, Biel Recio al bajo, David Dalmau en voces y Rafa Socias en guitarras. “Sellando El Destino” se compone de doce cortes producidos y grabados por Miquel Àngel Riutort “Mega” (Æolian, Angelus Apatrida, Trallery, Perpetual Night…) en el Psychosomatic Recording Studio de Inca y masterizados finalmente por el Pyramaze Jacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Rob Rock, Sinner, Crystal Gates…) en sus propios Hansen Studios de Dinamarca. Adornado por el arte de Fernando Ricciardulli (Chromatic Chaos), se encuentra en la calle desde el tres de abril vía Maldito Records.

Un Nuevo Mundo” ahorra en introducciones artificiales y nos conduce casi de inmediato hacia un power de ritmos medios al que soportan una serie de riffs recurrentes pero muy eficaces. Por contra, hay algo en la forma en que Dalmau afronta estas estrofas que, a ratos, logra sacarme de la composición. Eveth se elevan, no obstante, en unos estribillos directos y con gancho. También por la buena ración solista que proponen y ejecutan Recio y Kamstedt. Un arranque con altibajos. Con luces y sombras que diría aquél.

Despiértame” sí que dispone de un riff de garantías para adornar un prólogo de puro power enaltecido y triunfante. Dalmau parece ahora mucho más cómodo y el empaque de la base rítmica, si bien desprovisto de artificios de ningún tipo, parece acertar a la hora de comandar un corte ágil por escritura y también por ejecución. Me agrada de igual forma el solo que acude en el tronco central y ese pulso más tranquilo que subyace. Quizá porque me recuerda a los chicos de Tálesien. Clase y pegada bien conjugadas en segundo corte algo rácano con el reloj.

Aunque Me Cueste La Piel” sorprende ahora con ese extraño arranque pero más con la oscuridad que muestran ahora sus primeros riffs. El juego que proponen sus estrofas, primero desnudas, luego poderosas, ni es nuevo ni puedo afirmar que esté mal construido o ejecutado. El estribillo acude pronto a la cita para redondear uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y fin. Ciertas armonías vocales podrán recordar a la forma en que Rob Halford construye sus líneas en estudio para Judas Priest, con Dalmau eso sí moviéndose en tesituras mucho más terrenales que las del británico. Ni tan siquiera cuatro minutos de duración pero unos Eveth que parecen la mar de cómodos aquí.

Más minutaje y también más nervio el que ofrece “Hijos De Las Estrellas”, con los baleares derivando ahora hacia un power metal a ratos poderoso, a ratos elegante, apoyado en una suerte de riffs aquí y allá algo manidos, pero que en su mezcla de músculo y sentimiento logra trazar uno de los cortes más atractivos de este quinto álbum. Hay una idiosincrasia muy cañí en la forma en que la banda traza estos estribillos y los conjuga con esa letra optimista y alentadora. El tipo de canción que el power patrio lleva facturando desde hace décadas, lo que no quita para que la banda gane la batalla gracias a un buen trabajo a nivel técnico y también de producción.

Mi Verdad” rompe con la tónica imperante en esta primera mitad del álbum al construir una balada / medio tiempo con no pocos guiños a los Iron Maiden más tranquilos y reposados. La banda vira más adelante hacia un metal más nervudo, que me recuerdan sobremanera a la buena gente de Argion. Noto más cómodo a Dalmau conforme el corte adquiere una mayor intensidad mientras transita hacia su tronco central, donde se dan cita unos solos un tanto discretos. Extraña elección como adelanto, desde luego.

Porque quien sabe si “Dueña Del Amanecer”, con esos ritmos más vivos y ese heavy / power más energizado y vibrante, no engancharía en mayor medida con el público más casual del género. Hay un estupendo trabajo de guitarras aquí, en los riffs que soportan las estrofas, las melodías con que las engarzan y finalmente con la obligada explosión solista del tronco central. Por trazo nada que sorprenda pero un corte que cumple con sus objetivos al fin y al cabo.

Aprendiendo A Partir”, con Marc Riera (Azrael, Dark Elf) a bordo, continúa en esa senda más vibrante, adornada por otra buena labor de Kamstedt y Recio, donde más que a Iron Maiden, a quien encuentro cierto parecido es a los riojanos Tierra Santa. Me agrada el riff más musculoso que anticipa al solo de guitarra, y desde luego le habría otorgado algo más de presencia o desarrollo. Sea como fuere un corte que acabará por sobresalir más por el aire fresco que proporciona la voz invitada que por los propios méritos de la composición en sí.

Lazos Rotos” calma de nuevo las aguas, arranca en balada desnuda y sin artificios para después trascender hacia un medio tiempo de mayor carga emocional en la mejor tradición del género. Un buen Dalmau y el buen trazo que muestra su solo de guitarra no logran, sin embargo, desposeerla de un cierto aire a déjà vu.

Espejo De Luna”, con la producción otorgando ahora gran protagonismo al bajo de Biel Recio, funciona a la hora de ofrecer la cara más chulesca y ochentera del combo balear. Hay un deje muy marcado a los mejores Accept en los riffs en que apoyan las distintas estrofas y, desde luego que Dalmau traza sobre ellas alguna de las mejores líneas de voz de todo el trabajo. Bien es cierto que la sección solista palidece, pienso yo, en relación a muchas otras dentro del CD, pero con eso y con todo una de mis favoritas de “Sellando El Destino”.

Y ejerciendo casi como negativo de esa cara más despreocupada, “El Mandato” opta en cambio por ofrecer a Eveth en su encarnación más veloz y poderosa. Power metal del de toda la vida. Del que ahorra en sutilezas y no necesita de producciones rimbombantes ni arreglos recargados para cumplir sus propósitos. Del mismo modo Dalmau traza unas líneas de voz desprovistas de excesos innecesarios ni alardes imposibles. Firmes y vibrantes.

De nuevo muy Maiden el prólogo de “Versos Al Diablo”, con el bajo de Biel Recio convertido en debido émulo de Steve Harris. Y aunque luego el corte acoge una viveza de heavy metal de toda la vida, todo deriva de nuevo hacia una idiosincrasia más castiza. Aquí me agradan sobremanera las armonías vocales del estribillo y la mayor pesadez sobre la que se desarrolla. Clásica en construcción pero eficaz en cualquier caso.

Viento y Fuego” viene a sellar el álbum desde un prólogo en clave de balada clásica que, más pronto que tarde, deriva hacia el habitual metal vivaracho de los mallorquines. Sita a medio camino entre los primeros Tierra Santa y Avalanch, Vhäldemar… agradará, o más bien debería, que uno nunca sabe, a todo fan del género con su profusión de riffs cabalgantes, sus hábiles cambios de ritmo y la manera en que Dalmau afronta sus diferentes líneas de voz. Un cierre a lo grande.

Casi cincuenta minutos de un heavy metal de guiños power que viene un poco a resumir lo mejor, a veces también lo peor, del metal facturado dentro de nuestras fronteras. Hay muchos riffs aquí que no deberían coger de nuevas al oyente habitual del estilo. La buena noticia es que, de tanto en cuanto, contribuyen a crear buenos temas. Pienso en cosas como “Aunque Me Cueste La Piel” , “Espejo De La Luna”, “Despiértame”, “Hijos De Las Estrellas” o la final y muy resultona “Viento y Fuego”. Orgulloso y a ratos eficaz disco de género.

Texto: David Naves

Reseña: Lándevir «Un Viaje En El Tiempo» (Maldito Records 2024)

Seis años han transcurrido desde que los valencianos de Lándevir editaran aquél “Desde El Silencio” de 2018. Los de Elda vuelven ahora con un nuevo álbum compuesto por nada menos que trece cortes producidos, grabados y editados en su propio estudio y donde encontramos a José F. Amat en baterías, Iván Martínez en bajo y coros, Pablo Guerra Martínez con la flauta, José Mancheño en voces, y la dupla José María Jerez & Francisco Gonzálvez Esteve en guitarra y coros. Les acompañan además Guillermo Mondéjar al piano, Paco Serra en la viola y Miguel Ángel Navarro al violín. Mezclado y masterizado por el Saurom Javier Rondán (Guadaña, Lemuria, Kevlar Skin) en el Audiorama Estudio de Puerto Real (Cádiz), coproducido por el Therion Thomas Vikström y adornado por el artwork del propio Jerez, ha sido puesto en circulación por el sello también valenciano Maldito Records.

Un Viaje En El Tiempo” nos introduce en la nueva obra del sexteto en forma de agradable nana que pronto acoge un pulso sinfónico marcada y gozosamente cinemático. Como de película de piratas con un Johnny Depp pintoresco y amanerado. El caso es que nos conduce hacia “Creencias Del Ayer” no sin que exista una cierta desconexión entre este corte introductorio y los ritmos tranquilos del prólogo que lo suceden. En cualquier caso aquí están producción y mezcla mostrando un agradable equilibrio entre los no pocos arreglos y la faceta más puramente rockera. Es un rock ligero, con ciertos dejes a los tunecinos Myrath, a los israelitas Orphaned Land, con Mancheño en un desempeño igualmente tranquilo y reposado, sin excesos. Jerez dibuja un cuidado solo en su tronco central y la composición fluye sin mayores sorpresas hasta el epílogo. Un arranque algo discreto.

Tu Voz”, primero de los cortes con Anna Murphy entre sus filas, transita ahora sobre unos pulsos más folkies. En especial a la hora de enlazar las distintas estrofas. Composición que irá ganando en peso y presencia conforme transita hacia su tronco central vislumbrando parte de la cara más metálica de la amplia agrupación con base en Elda. Vuelve a destacar la buena producción de la que goza el álbum, en particular cuando las líneas se multiplican sobre el firme doble bombo de Amat. El clásico pero eficaz crescendo que traman aquí terminará convertido en uno de mis momentos favoritos de todo el tracklist.

El Canto De Morrigan” es un pequeño, tranquilo y algo lánguido interludio al piano y flauta que habrá de conducirnos hasta la más hard rockera “Nunca Dejes De Soñar”, donde las capas más folkies del sexteto se funden con un hard rock muy nórdico y elegante, el de bandas como puedan ser Europe, Treat, Eclipse o incluso los mismos H.E.A.T. Composición como digo elegante y con gancho, apoyada en un estupendo Mancheño y donde Jerez dibuja desde su seis cuerdas un epílogo por todo lo alto. Estupenda, sorprende que no haya sido uno de los anticipos de este “Un viaje en el tiempo”…

… en favor de otras como la más festiva “El Mañana Ya Vendrá”. Por letra, construcción de estrofas y diría que hasta por afinación de guitarras, no es otro que el de Mägo de Oz el nombre que más acude a mi subconsciente con el correr de las escuchas. Alegre, risueña e incluso algo naif, goza al menos de un puente central equilibrado y bien planteado. Con eso y con todo no logro evitar pensar que le sobra una cierta autoconsciencia en determinados momentos. Un poco por las propias peculiaridades del género y otro tanto por mis propias rarezas y manías como oyente.

El Conjuro De Belenos”, con el Therion Thomas Vikström ejerciendo como narrador en su sueco natal, consigue conformar uno de los cortes más diferentes, también llamativos, de todo el trabajo. Una andanada de marcado aire celta (Belenos no deja de ser el dios del sol dentro de dicha mitología) y donde vuelve a brillar la estupenda producción de la que gozan estas canciones. Lejos quedan ya aquellos tiempos en que grabar un álbum de un género como este implicaba poco menos que jugar a la ruleta rusa. La libertad que da el grabar en tu propio estudio, supongo.

Muy interesante resulta “Reina Alhama”. Por los aires más orientales que ofrece la banda aquí pero también por la hábil construcción de sus estrofas y finalmente por sus cuidados estribillos, con el Mancheño más agudo y esforzado de todo el álbum. Entremedias cohabitan riffs de mérito enlazando las distintas estrofas, inteligentes cambios de ritmo y un hábil solo en su tronco central. Aquí y allá puedo echar en falta algo más de nervio, de músculo, pero con eso y con todo otro de mis favoritos del tracklist.

La Historia Se Repite”, composición más extensa de “Un Viaje En El Tiempo”, emerge desde su muy calmado prólogo y, por escritura, viene a resultar de lo más llamativa. Y es que porta buenos cambios de ritmo, cuidados crescendos en estrofas y una contención en estribillos digna de mención. Mancheño brilla aquí y, ahora sí, los Lándevir más poderosos se reafirman conforme el corte transita hacia su tronco central. Puede que algunos riffs pequen por su extremada sencillez, pero el gran trabajo que la banda ha hecho tanto en coros como muy especialmente en arreglos termina por decantar la balanza. Otro de sus grandes triunfos.

El Hechizo De Freya”, donde pone voces nada menos que Rosalía Sairem (Therion), es otro interludio que viene a devolver a la banda en su encarnación más cinemática. De hecho creo adivinar cierta rima con determinados momentos de la banda sonora de Howard Shore para la trilogía “El Señor De Los Anillos” de Peter Jackson. En cualquier caso conduce hasta “Ahora”, de igualmente calmo inicio al piano, con Mancheño en sus tesituras más amables. Balada con todas las de la ley, donde sin embargo, observo alguna estrofa de construcción algo torpe por atropellada.

Leyendas Del Medievo”, con Rosalía Sairem, Rocío Arenas, la ex Eluveitie Anna Murphy y el Celtian Diego Palacio a bordo, qué duda cabe nace con la intención de convertirse en el estandarte de este nuevo álbum. Los de Elda han tirado la casa por la ventana en lo que a colaboraciones se refiere para después tramar un corte en la más pura tradición del género. A saber: los contrapuntos entre voz y arreglos, lo pegadizo del riff de Jerez y Gonzálvez, el marcado aire melancólico que desprende y el gancho de sus estribillos. Y si bien hay ofertas dentro del álbum con las que conecto en mayor medida, esas propias rarezas a las que aludía antes, tampoco puedo afirmar que hayan errado con su propósito aquí.

El Fin Del Viaje” es un cierre instrumental, tranquilo y remansado que viene un poco a resumir muchas de las influencias que confluyen a lo largo de este quinto trabajo. Un broche de cierta distinción que cabreará a quienes gusten de finales poderosos y grandilocuentes.

Saurom, Celtiberian, Lépoka, Salduie, los propios Celtian, son nombres que acuden raudos al subconsciente a lo largo de los doce más un cortes que componen este “Un Viaje En El Tiempo”. Trabajo conceptual donde puedo echar en falta algo más de nervio pero nunca de clase. Y es que la banda parece haber pensado y repensado durante largo tiempo esta nueva obra. Hay de todo en cuanto a influencias, abriendo el espectro desde el folk nórdico, el árabe e incluso el celta, como bien apuntaba la nota de prensa. La banda, pues, tiene motivos de sobra para estar satisfecha. Habrá por otro lado quien eche en falta algo más de nervio y punch, no obstante sus fans de siempre tienen sobradas razones para estar más que satisfechos.

Texto: David Naves

Reseña: Hour Of Penance «Devotion» (Agonia Records 2024)

Giulio Moschini en guitarras, Marco Mastrobuono al bajo, Giacomo Torti en baterías y Paolo Pieri en guitarra y voces forman la efigie italiana del death metal Hour Of Penance. Nombre que alcanza su novena entrega con este “Devotion” que hoy nos ocupa. Las baterías de este nuevo trabajo se grabaron en los Bloom Recording Studios (Guidonia Montecelio, Italia), mientras que bajos, guitarras y voces vinieron al mundo en el romano Kick Recording Studio. Mezclado y posteriormente masterizado en el Hertz Studio de Białystok (Polonia), el álbum vio la luz el pasado cinco de abril vía Agonia Records.

La entrada al álbum no me podría agradar menos. Ese uso descarado de la inteligencia artificial para adornar la portada. Atrás quedan las hábiles manos del húngaro Gyula Havancsák plasmado en diseños tan espectaculares como los de “Sedition” o “Paradogma”. Sea como fuere, “Devotion For Tyranny” pronto entrega a unos Hour Of Penance del todo reconocibles. Uno piensa que incluso demasiado. Pocos riesgos toma la banda aquí. Algunos opinarán que para bien. Desde luego que la fidelidad a su propio legado no podría ser más férrea. La mezcla hace un buen trabajo a la hora de equilibrar todos los elementos y la el resultado son unos Hour Of Penance tan centrados como de costumbre.

Pero quizá falte algo de chispa. Algo que “Parasitic Chain Of Command” parece querer enmendar a base de intensidad y blast beats. Su receta de toda la vida, vaya. Es cierto que Torti, primer disco con la banda, ha tramado una estupenda línea de batería aquí. Se advierte ya desde el mismo prólogo ese mimo en trazar con sumo cuidado cada, quiebro, cada golpe. Por el camino quedan riffs de corte clásico engarzando estrofas, enfrentados a esa vertiente más arrastrada y pesada que habrá de ejercer como (casi) obligado contrapunto. Los pequeños arreglos contribuyen a dibujar la cara más atmosférica del cuarteto. Aquí pienso que esa faceta más elegante bien merecía algo más de desarrollo. Lo mismo con el solo que irrumpe más adelante. Lo que me resulta imperdonable es ese fade out final.

Birthright Abolished” puede recordar en ciertos momentos a los death metaleros de Carolina del Sur Nile. Son unos H.O.P. en su vertiente más trotona. Valga la redundancia. Pero emerge aquí una mayor atención a lo técnico, que viene a contrastar con lo reducido de un desarrollo que marca poco más de tres minutos en el reloj. De hecho uno de los cortes más rácanos del trabajo, donde destaca un fenomenal Mastrobuono al bajo. Algún solo de mérito, eficaces cambios de ritmo y un Paolo Pieri tan osco y grave como siempre. Echo en falta algo más de valentía en ese tímido breakdown que irrumpe en el epílogo. La banda ha querido mantenerse dentro de sus márgenes y hace bien. Pero se suceden los temas y sigo echando en falta un poco más de picante.

Retaliate” mejora esa fórmula. Parte de uno de los inicios más oscuros y envilecidos de este “Devotion”, con la banda en su encarnación más grave y rotunda. Por ahí no deja de darle otro aire al disco. La composición vira luego hacia el habitual death descosido e intenso de los italianos y la fórmula parece que les funciona a los romanos. Especialmente al contrastar con un tronco central que introduce de nuevo su cara más adornada y sinfónica. Sin llegar a los excesos de compatriotas suyos como Fleshgod Apocalypse pero a buen seguro otorgándole cierta personalidad a esta cuarta entrega. El fade out del epílogo desdibuja el solo de guitarra y deja, de nuevo, una sensación de lo más agridulce.

Breathe The Dust Of Their Dead”, que apenas supera la barrera de los tres minutos, me recuerda a ratos a Hate Eternal. Son estos unos H.O.P. agrios y veloces, encaramados a la vertiente más intensa del género. Me agrada que no se olviden de rematar con algún que otro buen solo de guitarra, si bien pienso que entre la maraña de riffs rápidos que pueblan este “Devotion” corre el riesgo de pasar algo inadvertida.

El diminuto prólogo de “The Morality Of Warfare” porta uno de mis riffs favoritos de todo el largo. Enseña un acento más cercano al melodeath y se difumina a continuación para que la banda transalpina proceda a su habitual cercenar de cuellos. Vuelve a brillar Torti aquí. No tanto en velocidad, que también, como a la hora de introducir toda una serie de cambios de ritmo que, en buena medida, recuerdan a los mejores Hour Of Penance. Los de álbumes como “The Vile Conception” o “Sedition”. El puente central acierta a la hora de inundar de arreglos uno de los momentos más furibundos del álbum. Vuelve a sobrevolar ahí la sombra de Fleshgod Apocalypse, quizá también la de SepticFlesh, y la banda trama finalmente uno de los cortes más redondos de esta nueva decena.

Pero no hay descanso. “Severance” prorrumpe ahora con un death metal debidamente enfebrecido, rematado por riffs hábiles y donde echo en falta, eso sí, una producción algo más limpia. Puede sonar chocante tratándose de un álbum de estas características pero percibo cierta sensación de que la banda ha querido enfangarse más por la vía del estudio que la de la composición en sí y es una lástima. Leve, pero lástima en cualquier caso. Hay ciertos riffs que llegan a bordear los mejores Cannibal Corpse y al desempeño de Pieri al micro se le pueden poner muy pocas pegas. El solo del epílogo, desangelado como ningún otro dentro de “Devotion”, se me antoja su mejor resumen.

The Ravenous Heralds” sale sin embargo triunfadora. Lo hace desde un prólogo donde de nuevo sobrevuela el nombre de Nile. Sombra cada vez más alargada la de los norteamericanos. Pero lo bueno es que la banda entrega aquí alguno de los riffs más originales y con mayor personalidad de todo el largo. Los alimenta de una certera elección de cambios de ritmo y los remata con un (ahora sí) estupendo solo de guitarra. Cuando irrumpe ese medio tiempo del puente central, cuidadosamente adornado por coros de aire eclesial, la sensación es, por fin, la de estar ante los mejores Hour Of Penance.

Así las cosas, “A Desert Called Peace” puede resultar algo más vulgar, lo que no quita para que esta siga siendo una pieza de puro death metal en la mejor tradición del género. Que me agrada en mayor medida, curiosamente, durante las partes más pesadas y rocosas que dominan su segunda mitad. En aquellas donde Torti exhibe su faceta más velocista, todo me resulta demasiado convencional. Mecánico. Conservador incluso.

De irónico título dadas las circunstancias, “Spiralling Into Decline” despide este “Devotion” con la banda enfrascada en su habitual maraña de blast beats incesantes y riffs indolentes. Por ahí agradezco el mayor tiento que le han dado a su faceta más melódica, si bien resulta en un pequeño oasis antes de que la velocidad y la tensión se adueñen de nuevo de la composición. Un cierre que amalgama toda una serie de ideas constreñidas en una duración poco (o nada) ambiciosa.

… que bien podría ser el resumen del propio disco en sí. Que no se me malinterprete, este sigue siendo un disco de death metal con todas las de la ley. Producido con esmero y donde, salvo pequeños detalles, todo suena como debe. Pero echo en falta algo más de riesgo. Echando la vista atrás, esta era una banda que, a finales de la década de los dos mil, comienzos de la siguiente, parecía destinada a coronarse como el relevo europeo de los grandes nombres del género. Sin embargo, el consenso general parece el de que por el camino han perdido aquella chispa que sí tenían trabajos que menciono a lo largo del texto. Idea que “Devotion”, aún con sus aciertos, no logra contrarrestar.

Texto: David Naves

Reseña: Zenobia «Melodías Encantadas» (Maldito Records 2024)

Ni mucho menos un disco más para la gente de Zenobia. Editado por Maldito Records en un cuidado formato digibook, “Melodías Encantadas” supone una revisión acústica del ya amplio catálogo de la banda riojana. Rodeados de un gran puñado de amigos, el álbum recolecta nada menos que dieciséis cortes convenientemente remozados para disfrute de los más sibaritas. La alineación consta de Jorge Berceo en voces, Marcos Lorente y Mario Suarez en guitarras, Héctor Hernáez al bajo, Ernesto Arranz en teclas y Javi Herrero en baterías. Grabado, mezclado y masterizado por el Tierra Santa Dan Díez (Ebony Ark, Ethos, Artaban’s Redemption…) en los Rock Lab Studios de Logroño, vio la luz a finales del mes de mayo.

Prólogo”, narración mediante, nos introduce en esta curiosa nueva entrega de los riojanos. Amables aires folk que nos conducirán hasta la “Noche de San Juan”, con Elizabeth Amoedo (Against Myself) invitada al micro. Un prólogo que continúa con esos aires folkies del propio prólogo del álbum. La gallega ejerce de contrapunto a un Berceo, como es lógico, de registro más amable que lo acostumbrado. El corte se eleva en su cuidado estribillo en gran parte gracias a la producción y mezcla de Dan Díez. Bellamente arreglada, representa una más que buena primera piedra de toque para este “Melodías Encantadas”.

La elección del Dry River Ángel Belinchón no podría resultar más acertada para la ahora casi circense “Sin Perder La Pasión”, que en esta nueva encarnación recuerda y no poco a la propia banda del castellonense. Hay líneas de piano con aroma de swing, cuidadísimas estrofas y una línea de bajo de Hernáez realmente inspirada. Pero si algo me llama la atención aquí es ese gran solo de piano que ocupa el tronco central, también ese saxo de Luis Herrera que irrumpe en el último tercio. ¿Quién dijo que los discos acústicos (o semiacústicos) eran aburridos?

La Fiebre Del Oro”, original de un “SuperNova” que cumple ahora diez años, cuenta con la participación de todo un Félix Lasa de los emblemáticos Leize. En esta peculiar revisión se construye en gran medida sobre unos arreglos de teclados sobre los que se construye un corte vivaracho, que conserva el gancho de la original al tiempo que la transporta a un universo completamente diferente. Vibrante y vistosa una sección solista donde se citarán el saxo, el piano y unas bonitas cuerdas acústicas. Son cortes como este los que ponen de relieve el mucho cariño que los riojanos han vertido en estas re-interpretaciones. Zenobia no se limitan a desenchufar los temas sino que se atreven a darles una dimensión completamente diferente. La idea, pienso yo, cobra de esta manera un mayor sentido.

El Debler Eternia Rubén Kelsen acompaña a la banda en una “Corazón De Hielo” que, violines mediante, recuerda y mucho a los temas más ligeros de Mägo de Oz. Muy en forma Berceo aquí. Pienso que su registro y el de Kelsen no podrían casar mejor. Quizá no me sorprenda en la medida en que lo hacen otros cortes del álbum, tal vez demasiado amable incluso tratándose de un disco como el que nos ocupa, pero tampoco puedo decir que me desagrade. Ni mucho menos.

Al Pie Del Cañón”, con el carismático Quini Gómez de los rockeros valencianos Benito Kamelas, siempre me recuerda a aquél “Básico” que Revolver grabaran allá por la década de los noventa. De nuevo ligera y amable, con otro cuidado bajo de Hernáez y una esmerada sección coral. Aún entendiendo el tipo de álbum que tengo delante, sí que pienso que el pequeño solo de guitarra que irrumpe en su tronco central bien merecía algo más de recorrido. Con eso y con todo una de las más pegadizas de todo el tracklist.

Barco De Papel” con todo un Ramón Lage a bordo y que la banda eligió como una de las cartas de presentación del disco, desciende hacia un terreno más melancólico y teatral donde, una vez más, no podría ser más acertada la elección del actual vocalista de Delalma. Muy inspirado el asturiano aquí y muy hábil el crescendo que traza la banda camino del epílogo, que se traduce en otro de mis muchos momentos favoritos de esta peculiar obra. Y es que adoro la forma en que el calmado solo acústico, ahora sí con un recorrido más ambicioso, detiene esos pulsos más intensos. Realmente estupenda.

Del que fuera vocalista de Avalanch al actual titular en el cargo, no otro que el pixueto José Pardial, para una “Sigo Rugiendo” que, en cierta medida, siempre me recuerda a la anterior “Sin Perder La Pasión”. También a los siempre peculiares rockeros noruegos Major Parkinson por la forma en que fusiona rock de ritmos vivos con ese aroma a tasca y burdel que tanto y tan bien engarza y equilibra la producción de Dan Díez. Pardial, en su salsa, confronta a un Berceo que da en todo momento la sensación de habérselo pasado en grande reconstruyendo estas líneas de voz. Contagia buen rollo en todo momento y se nota.

No Me Dejes Caer”, original del anterior “VI”, resulta en otra de las entregas con más gancho del álbum. Contribuye en voces Marina Oliván, poniendo al servicio de los riojanos uno de los registros más llamativos de todos cuantos aquí se han dado cita. Me agradan en gran medida esos pianos que han metido bajo los estribillos. Los tonos altos de Oliván aquí y esos pequeños insertos más oscuros con que enlazan las distintas estrofas. Su encarnación original ha ido ganando enteros desde la edición del álbum allá por 2020 y esta revisión pienso acentúa los puntos fuertes de aquella. No sale de mi cabeza desde hace días.

De las dieciséis, es la inédita “Tu Ausencia” la única que cuenta con Berceo en solitario. Aires celtas emanan de sus arreglos para una balada de trazo sencillo y tono amable. Con un habitual trazo en crescendo culminando en un cuidado solo de guitarra en su tronco central, lo cierto es que puede pasar algo inadvertida.

Con “Borraré Tu Nombre”, original también de “SuperNova” y en la que colaboran Pablo Merchante, Jezabel Martínez, Jorge Escudero y José Luis Frías de Kinnia, regresa el arreglo cuidado y el ritmo alegre para otro corte trazado con todo el mimo y cuidado posibles. Basta escuchar cómo arreglan las distintas estrofas. El mayor nervio que se desprende de los estribillos. Conservan estos el gancho del original, resignificado ahora hacia una onda evidentemente más amable. Sorprende, además, el exquisito por diverso trazo que ofrece su epílogo. Una de las que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

La Danza Del Diablo”, uno de los emblemas del anterior “VI” y donde cuentan con la colaboración de Dani Amatriain, llama la atención con esos coros femeninos que acompañan a estribillos. También con ese deje a vieja y gastada tasca que desprenden las estrofas. El nombre de los propios Dry River sobrevuela a ratos la composición, pero vuelve a faltarme algo más de mano ancha con el solo que habrá de anticipar el epílogo. Con eso y con todo uno de los temas más vitalistas (y auto-reivindicativos) de todo el largo.

La Bella Quimera”, con Skadi como voz invitada, nos entrega esta vez una balada cargada de un cierto dramatismo, que en la conjunción entre ambas voces llega a adquirir tintes casi teatrales. Y aún a riesgo de incidir una y otra vez en lo mismo, de nuevo muy cuidada en lo tocante a arreglos. Me agrada el sinte que precede al solo de guitarra. El cuidado trazo de este y cómo Alba encara esos tonos altos del epílogo. Fantástica.

Brindemos Por Una Canción”, con la colaboración de Dani Nogués (Lépoka), sorprende en su propia desnudez. Apenas las voces de Nogués y Berceo sobre un colchón de teclas. Un fuerte contraste aun en un disco como este y, desde luego, una idea que sobre el papel podría resultar descabellada y a la que salva el propio carisma de ambas voces. No mi favorita de todas las melodías encantadas aquí presentes pero un atrevimiento que no puedo más que aplaudir.

Jamás”, con Itziar Berradre (Víbora), sorprende con esos aires a big band del prólogo. Zenobia los conjuga aquí con esos apuntes swing que han ido yendo y viniendo a lo largo de todo el álbum. Me agrada el modo en que la banda deconstruye para luego reafirmar otro de los temas fuertes del “VI”. Rematan con otro estribillo marca de la casa y aunque no quiera ni mucho menos despreciar el buen trabajo de Berradre aquí, no dejo de pensar en Reichel Machinee de los asturianos La Mørgue con cada sucesiva escucha. Para la próxima.

La también inédita “Siempre Tuyo” despide este “Melodías Encantadas” derivando hacia el flamenco gracias, en gran medida, al registro de Marina Sánchez. Palmas y buenas melodías para una última balada que, quién sabe, quizá ofrezca visos de cara a futuras entregas de la banda, me acuerdo ahora de la fantástica “Hierbas Amargas” de Perpetual Night, y que supone un más que elegante y digno cierre.

Nunca será fácil enfrentarse a un disco como este tan (bien o mal) acostumbrados como estamos a al formato puramente eléctrico, el riff trepidante y el bombo humeante. Como comentaba por ahí atrás, Zenobia se han tomado este “Melodías Encantadas” con todo el mimo que la idea inicial requería y el resultado salta al oído. Desde luego acepto de mucho mejor grado un trabajo como este que no cualquier otro recopilatorio al uso. Un puñado de buenos amigos dando lo mejor de sí para acompañar a los riojanos en la aventura y cortes que adquieren una dimensión que jamás pensamos que tuvieran: “Sin Perder La Pasión”, “Barcos De Papel” o “La Bella Quimera” brillan ahora con más luz si cabe. Un gran trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: In Vain «Back To Nowhere» (Autoproducción 2024)

Estamos ante el sexto trabajo de los madrileños In Vain, la banda que, a día de redactarse estas líneas, componen Mario Arredondo al bajo, Julio Abadía en guitarra solista, Teo Seoane en baterías y Daniel Cordón en guitarra y voces. Este “Back To Nowhere” que hoy nos traen consta de nada menos que once cortes distribuidos en cuarenta y cinco minutos de duración puestos en circulación vía Fighter Records, subsello de Xtreem Music. Del mismo modo aprovechar para recordar que se pasarán por los escenarios asturianos el próximo 25 de octubre acompañando a los valencianos Sylvania.

El inicio entre intimidante y artificioso de “Story Of A Lie” engaña con ese pulso casi marcial para después transitar hacia el bien conocido power de influencia norteamericana del cuarteto. Es uno de los singles presentación del trabajo y por ahí se denota un especial mimo en la creación de melodías. En particular las que adornan el paso hasta las primeras estrofas y después hacia estribillos. Cordón exhibe ya aquí una gama de registros que aún irá a más conforme avance el álbum. Hay riffs aquí, en particular camino del epílogo, que no pueden esconder el gusto de los chicos por Iced Earth, la banda del caído en desgracia Jon Schaffer. A grandes rasgos un buen arranque.

For The Fallen” aumenta los pulsos. Hay una batería más nerviosa aquí. Y si bien el sonido de la caja no me llega a enganchar del todo, tampoco puedo poner mayores pegas al desempeño de Seoane, que arma aquí una de sus líneas más llamativas de todo el largo. Son unos In Vain en una clave como digo más nerviosa y enfebrecida, lastrada en parte por lo rácano del minutaje, esos tres minutos pelados, pero en la que sobresale el buen nivel técnico de los chicos. Y es que el solo que colocan justo antes del epílogo es estupendo.

The Force Of Thunder” se entrega a la seguridad que ofrece siempre un riff trotón de los de toda la vida. Por por ahí me agradan esos tonos más oscuros que irrumpen cual pequeñas islas en la composición. Pero, sobre todo, un Cordón inmenso en tareas vocales. Segurísimo en los tonos más altos y muy firme en los más embravecidos. In Vain evolucionan así hasta un tronco central sinfónico primero y vigoroso después. También técnico, con ese extenso solo de guitarra adornando un estupendo transitar hacia el cierre. Una de las que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas, con la banda saliendo más que airosa de un más que atrevido choque entre influencias. Sobresale aquí la buena producción que porta el disco y, por ahí, no puedo más que lamentar que el sello no nos haya facilitado información alguna al respecto de la misma.

Never Live Again” vuelve a patrones mucho más elementales, con la banda apoyando buenas melodías sobre un riff que no podría resultar más canónico y fundacional. Pero hay estrofas construidas con sumo mimo y cuidado, aunadas a estribillos con gancho, rematados con una producción que acierta a la hora de dotar a la composición de un toque más épico y grandilocuente. Emana a ratos una cierta melancolía que me vuelve a retrotraer a los mejores Iced Earth. A ratos también a otra banda norteamericana que hace escasas fechas tuvo parada en escenarios asturianos, no otros que los thrashers de la bahía de San Francisco, Heathen.

No he mirado setlists de la presente gira pero “The Blind Man” es una fija en mis apuestas. Son de pronto unos In Vain en una clave mucho más power, que deja aquí y allá riffs vibrantes, coros grandilocuentes y voces agudísimas. El doble bombo de Seoane junto a la buena cadencia de los riffs con los que engarzan las distintas estrofas. Todo brilla en buena medida gracias al buen hacer de Cordón y Abadía. También, perdonen la insistencia, por la buena producción que tiene este “Back To Nowhere”. El epílogo, más tendido y en cierto modo épico, me parece la guinda perfecta. Qué duda cabe una de mis favoritas de las once.

El riff de “Metal Enlightenment” te lo firman unos Judas Priest del presente siglo sin grandes problemas. Y no pasa nada, al contrario, porque arrastra un gancho de mil demonios. Todo lo contrario que unos coros que, esta vez, siento no tan redondos como otros que pueblan este sexto trabajo de los madrileños. En cualquier caso me agrada ese doble juego rítmico que proponen aquí. También el hábil solo que encamina hacia la parte final. Al final y aún con sus peros, entiendo las razones por las que fue elegida como otro de los adelantos del álbum.

Otro riff que no va falto de gancho es el que adorna buena parte de una “Days Of Glory” con In Vain de nuevo en su encarnación más trotona y power. Tal vez le pediría a Cordón un registro más limpio en estrofas, pero en cualquier caso entiendo el doble juego que propone toda vez alcanzamos los tonos más limpios de los estribillos. Y es que al fin y al cabo, es la suya una voz con personalidad suficiente para salir airoso en ambos desempeños. Hábil ese juego entre canales que propone la mezcla ahora, con un Seoane infatigable tras los parches. Me gusta cómo no descabalgan de ese metal vibrante y enfebrecido llegado el momento de los solos, si bien estos me resultan algo más planos que otros homólogos dentro del disco. Aún con ello otra de mis favoritas.

Amenaza el tema título “Back To Nowhere” con romper los altos biorritmos que desarrolla el disco a través de un prólogo pesado y hasta ahora desconocido dentro del tracklist. Apenas un destello pues la banda pronto reconduce hacia su habitual metal de guitarras afiladas y estribillos a rebosar de nervio. De ahí lo bien que funcionan sus estribillos más pesados y recargados. Es un corte que no ofrece grandes novedades sobre el papel. In Vain no reinventan nada. De ahí que ofrezcan finalmente tan pocas sorpresas como dobleces.

The Last Breath Of Freedom” parte del arranque más disociado del disco, anclado en los páramos del folk más casual, para quebrar de forma dramática hacia un power sobre el que desarrollan alguna de las melodías más cuidadas de todo el álbum. La producción entrega ahora un sonido más sinfónico como anticipo del estupendo riff sobre el que habrán de apoyar las distintas estrofas. Cordón, desatado al micro, ofrece una línea de voz llena de fuerza y también de versatilidad, en la que me parece una de las interpretaciones vocales más redondas de todo el trabajo. Interesante además por cómo contrapone esas voces a los coros, en un juego que no deja de recordarme a otra banda estadounidense como Riot V (o como quiera que se llamen a día de hoy). De igual modo me sorprende, a la par que me agrada, el tono algo más alegre que se desprende del amplio solo de guitarra. Francamente estupenda.

El honor de corte más extenso del álbum le corresponde a una “Dreaming Awake” donde In Vain parecen mutar en una versión madrileña y muy castiza de los británicos Iron Maiden. Ya desde el tranquilo prólogo, pasando por los primeros riffs, siguiendo con las guitarras que colocan sobre estos y terminando por los habituales cambios de ritmo, todo me recuerda a la ineludible banda del siempre inquieto Steve Harris. Cordón no es Bruce Dickinson, ni falta que le hace, pues su desempeño aquí es el mayor punto de discordancia con la banda británica. Algo de lo que termina por beneficiarse una composición, por otro lado y como digo, muy en gran medida deudora de la banda a la que parece rendir tributo.

Sea como fuere In Vain parecen mucho más en su elemento a través de la furibunda “Sacred Bond”, echando el resto en lo que a altas revoluciones se refiere mientras bombardean un power que, por momentos, llega a bordear las barreras del speed metal. Más que digna desde el aspecto técnico y con un Seoane desbocado en consecuencia. Sencilla, predecible incluso, y aún así de lo más disfrutable.

Back To Nowhere” ofrece a unos In Vain en un gran estado de forma. Es verdad que el disco se adhiere con firmeza a unos patrones muy marcados y que, cuando se atreve a romperlos, lo hace abrazando otros en igual o incluso mayor medida. A “Dreaming Awake” se le ven las costuras, sí, pero a buen seguro los fans de Iron Maiden, en especial los de discos anteriores a “Somewhere In Time”, la agradecerán de muy buena gana. Junto a ella convive lo mejor del power / thrash americano de bandas como Metal Church, Heathen o Riot, empaquetado en canciones siempre hábiles en lo técnico que casi en ningún caso desdeñan estribillos memorables y con gancho. Gran trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: Apotropaico «Reborning» (Demons Records 2023)

Tras debutar en 2018 con un primer largo de nombre “A Reason To Exist” y continuar con aquél “Under Control” del que diéramos buena cuenta allá por 2020, por fin tenemos de vuelta a los chicos de Apotropaico: Manuel Guerra (batería), Iván Tamarit (guitarra), Teo Mochen (bajo) y Pablo Kiaro (voz). “Reborning” se grabó en Ibiza a lo largo del verano de 2023 por el propio Tamarit, a excepción hecha del par de bonus que cierran el Ep, grabados en el Antiestudiopro en 2022. Con mezcla y master de Artem Efimov en el Red Ghost Studio de Kiev (Ucrania) a excepción hecha de “Scars”, el cual sería mezclado y masterizado por Omar Gisbert en los Magrana Studios, se encuentra en la calle vía Demons Records desde el pasado dieciséis de noviembre.

Anger Slice” engancha desde el retorcido prólogo hasta el brío de las primeras estrofas con un metal orgánico y funcional. De producción crujiente pero que no desestima en pegada mientras se arrima a unas líneas de voz muy a la americana. Metal con un pie en las escuelas más clásicas y otro, más disimulado, en las más contemporáneas, que transgrede expectativas gracias a un buen trabajo tanto de escritura como de ejecuciones. Buen síntoma que Apotropaico parezcan seguir donde lo dejaran con aquél interesante “Under Control”. La sección solista primero y el epílogo después arrastran un pulso casi cercano al thrash para que todo confluya en un corte inicial competente y con gancho.

Beer ´N´ Mosh” parece recoger ese guante thrash de su predecesora para reconducir hacia un metal que, si bien mantiene ese nervio más marcado, reduce tiempos y comprime estructuras cara a desplegar la cara más inquieta de los ibicencos. Fugaz como promesa de político, poco más de dos minutos y medio, pero coronada igualmente por un buen solo en su parte final dueña de no pocas razones para darles más que buenos réditos en directo. La disfruto más con el corazón que con la cabeza.

Me gusta la forma en que “My Name” va transformando los ritmos vivos del prólogo en un metal rugoso y pesado, tan deudor de Pantera como de Exodus o Testament. Y si bien a ratos echo en falta a un Kiaro más encabronado, que deslice algo más de mala baba, en cualquier caso me agrada este metal a ratos vibrante y descosido. Atractivo, sugerente incluso, el solo con el que Tamarit adorna el tronco central y eficaz esa mayor pesadez que implementan durante el epílogo. Que sin llegar a ser puro breakdown, sí arrastra cierta querencia por el crujir de cuello con pie a tierra. Solvente.

Kiaro canta altísimo en ciertos momentos de una “The Trucker” que viene en parte a recuperar aquél trazo más retorcido y laberíntico que impulsaba al tema apertura. Hay otra gran labor de Tamarit aquí. Quizá no tanto en solos pero desde luego sí en riffs. Me funciona esa base rítmica por cómo gana en presencia, acertando a la hora de coser primero y dar empaque después a las líneas de voz, como digo, más peculiares de todo “Reborning”. Fácilmente mi favorita de las siete.

Premium Vivere” da inicio arrimándose con descaro hacia posiciones más lentas y arrastradas, con un cierto deje a los Slayer del “Seasons In The Abyss”. Por ahí me agrada la forma en que se las arreglan para sonar más personales. Si bien abren un paraguas que a ratos me recuerda a lo más granado del thrash alemán, Kiaro despliega aquí el mal café que eché en falta allá por “My Name”. Tamarit aprovecha el paso tan marcado del puente para situar un solo más que correcto y, al final, el corte da cierta sensación de corrección. Sin dobleces, tampoco sin sorpresas, coronado eso sí por un estribillo nada vulgar.

Para el final quedan el par de bonus: “Trapped” es, no obstante, el corte más ambicioso de los siete. Al menos en cuanto a duración se refiere. Aquí me engancha ese bajo tan alto en la mezcla y tan crujiente en afinación. También ese trotar que parece querer rimar con los Metallica más vibrantes, si bien los distintos registros que Kiaro despliega aquí en poco o en nada te recordarán al bueno de James Hetfield.

Scars” procede de una mezcla diferente y por ahí entiendo ese poso más rabioso y llameante que pronto exudan sus estrofas. Más groovies que nunca pero tan centrados como siempre, Apotropaico trazan un metal sin grandes alardes ni tampoco mayores concesiones. Kiaro se retuerce a placer en esta línea de voz al tiempo que siento su base rítmica algo más disociada que en los seis cortes precedentes. Sin desagradarme, encuentro proposiciones más atractivas dentro de este más que interesante “Reborning”.

En lo que a bandas patrias se refiere, Endernity podría ser una rima cercana para el ahora cuarteto balear. No sabíamos de ellos desde que reseñamos su “Under Control” de 2020 y parecen haber vuelto donde lo dejaran con aquél, destilando la acostumbrada mezcla de heavy y thrash más o menos contemporáneo, guiñando con igual finura a las escuelas clásica y moderna. Ahí es donde se labran su propio sonido y resultan personales e identificables. En un panorama trufado de propuestas clónicas, resulta un gusto encontrarse con propuestas híbridas como la suya. Siguen en forma.

Texto: David Naves

Reseña: Ancient Settlers «Oblivion’s Legacy» (Scarlet Records 2024)

Segundo largo para la buena gente de Ancient Settlers, la banda que integran a día de hoy Agustín Martínez y Rex Chiesa en guitarras, Miguel Herrera al bajo, Hermán Riera en baterías y Argen Death en voces. La formación, de raíces venezolanas pero afincada en nuestro país, nos ha tenido entretenidos con sendos Ep’s que vinieron a continuar donde lo dejara el debut de 2022 “Our Last Eclipse”, aún con Antony Hämäläinen en voces. Ahora vuelven con un álbum compuesto de diez cortes producidos, mezclados y masterizados en el Studio Fredman (Gotemburgo, Suecia) por el Dream Evil Fredrik Nordström (Arch Enemy, The Haunted, Crystal Eyes, Soilwork, Septicflesh…) a los que adorna el arte de Jon Toussas (Nightrage, Daylight Misery, Drama Noir…). En la calle vía Scarlet Records desde el pasado diecisiete de mayo.

The Contemporary Circle Of Misanthropy” sorprende con ese arranque puramente circense, en una onda que me recuerda inevitablemente al bueno de Devin Townsend, pero también a los noruegos de Major Parkinson. En cualquier caso, toda vez la composición supera el prólogo, lo que nos encontramos es a los Ancient Settlers en su versión más angosta. Argen Death ataca estas líneas de voz con ciertos dejes que me recuerdan a Diva Satanica (Bloodhunter), si bien la venezolana adopta más adelante unos tonos limpios que vendrán finalmente a enriquecer el empaquetado final. La mezcla de Nordström, huelga decirlo, es estupenda. Otorga presencia pero también nitidez a cada una de las líneas existentes y sabe dotar de la personalidad suficiente a ese solo de guitarra, eso sí algo escueto, que anticipa el epílogo. Melodeath más que correcto y funcional.

Oblivion’s Legacy” sigue por esa senda nervuda y encorajinada, atacando con buenos riffs una composición algo más enrevesada que la de su predecesora. Aquí resucitan aquellos tonos casi circenses que introducían al álbum, y que llevan a los Settlers a hibridar su habitual death melódico con trazas casi alternativas. Martínez y Chiesa han llevado a cabo un buen trabajo en cuanto a melodías de guitarra. Las más van en apoyo de alguna de las voces más agrias e hirientes de todo el largo. Un tema lleno de contrastes y en el que la banda parece, por momentos, partir peras con su pasado y mirar al futuro con un grado más de personalidad impregnando su habitual registro. Mención merecen de igual modo los tonos más limpios de una Argen Death que parece haber dado un par de pasos adelante desde su entrada en la banda allá por 2022.

Con el precioso título de “Stardust Odyssey” irrumpen la cara más clásica y nórdica del quinteto. Esa que parece rendir pleitesía a los primeros In Flames y nos transporta, riffs mediante, a una época seminal para el metal extremo europeo. Argen Death, en contraste con el corte anterior, irrumpe aquí con sus tonos más rotos. Sorprende, claro, la repentina calma del tronco central. El buen solo que entregan sobre esa calma y también la buena línea de bajo que ofrece ahí Miguel Herrera. Todo viene a reafirmar su buen gusto como intérpretes. Cierto es que se trata de un corte algo rácano, poco más de tres minutos, cuenta por contra con los matices suficientes como para no resultar simplemente un tema más dentro del tracklist.

Wounded Heart”, que fuera uno de los adelantos del trabajo, trae consigo unos pulsos más heavies. Muy notables sobre todo en estrofas, arregladas con el punto justo de clasicismo, para que Argen Death sitúe su roto registro y la mezcla vuelva una vez más a dar la razón a quien se decantó por volver a trabajar a las órdenes de Nordström. Me agradan los estribillos y la buena labor melódica que esconden. El epílogo destapa la cara más sinfónica del quinteto. Unos Ancient Settlers casi orquestales en fuerte contraste con esa cara más nervuda y clásica que el corte arrastraba desde sus primeros acordes. De esas que han ido ganando peso con el correr de las escuchas.

Otro de los adelantos fue este “Subversive”, que juega al despiste con la tibieza que ofrecen sus guitarras durante el prólogo. Nada más lejos. Las distintas afinaciones pronto redirigen hacia texturas más agrias y la composición camina por sendas si bien algo trilladas, para nada carentes de gancho. Es un single adelanto y, como ocurre tantas veces, puede pesarle cierta autoconsciencia. Y da igual porque el buen hacer en parcelas puramente técnicas termina por salvar de la quema a esta quinta entrega.

Hermán Riera tras baterías marca con firmeza el paso de una “Coven Garden” que nos devuelve a los Settlers en su versión más encorajinada, contrapuesta eso sí a unos estribillos más depurados, también más pesados, con Argen Death una vez más alternando entre registros para una de las líneas de voz más ágiles y llamativas de todo el largo. Pequeños destellos groove preceden a un buen solo y este al acomodado epílogo. Un corte que parece construido a la contra de aquellos que inauguraban el álbum, y que nos entrega a la banda en posiciones mucho más clásicas.

The Mechanical Threats Paradox”, con todo un Linus Klausenitzer (Alkaloid, Noneuclid, ex Obscura) a bordo, ofrece de nuevo esa versión más clásica de su bien conocido death melódico, contrapuesta a unos estribillos comandados por el registro más limpio de Argen Death pero apoyados por la rapidísima batería de Riera para un más que curioso contrapunto. Es finalmente otra composición llena de contrastes y matices, que quizá requiera de más de un par de detenidas escuchas cara a destapar todos y cada uno de sus secretos. A la contra de los temas facilones o predecibles que muchas bandas disponen para el invitado de turno, Ancient Settlers facturan una de las entregas más amplias, musicalmente hablando, de todo el nuevo álbum. Sorprende de hecho esa calma tan melancólica del epílogo. También esa voz desgarrada hasta la agonía que lo adorna. Si hubiera de ponerle algún pero, sería ese fade out final. Con eso y con todo, a buen seguro otra de mis favoritas de este “Oblivion’s Legacy”.

Pero lejos de tirar la toalla, “The Last Battle In The Earth” propone otra de las ofertas más redondas de este nuevo trabajo. Gracias en primera instancia al buen riff que adorna el prólogo, con un groove que no deja de lado el más puro clasicismo. La línea de voz es diversa sin perder un ápice de agresividad. Y es verdad que el riff que adorna alguna de las estrofas puede resultar un tanto recurrente. Pero Riera dibuja una cuidada línea de batería y la banda parece salir airosa en su marcado acercamiento al metalcore más leve. Absalem puede ser una rima no muy desencaminada aquí. Ancient Settlers reconducen en el largo epílogo hacia una encarnación mucho más evidente, sin dejar de lado ese influjo más contemporáneo. Trazo lleno de contrastes, bien adornado y mejor ejecutado.

El tranquilo inicio de “Cosmic Farewell” parece remitir a ciertos momentos de comienzo del álbum. Son las afinaciones más leves de todo el trabajo acudiendo al prólogo como antesala de unos Settlers pesados y rotundos a través de otro de mis riffs favoritos de todo el tracklist. Aquellas guitarras tímidas del comienzo volverán aquí y allá durante la composición. También el registro más limpio (y también más agudo) de Argen Death. A él contraponen Chiesa y Martínez guitarras gruesas primero y livianas después. Sintetizadores incluso. Sin tampoco liarse la manta a la cabeza, no es el caso, la banda traza un corte plagado de contrapuntos y, al mismo tiempo, extrañamente heterogéneo.

Para el cierre queda esta “Redemption”, que partiendo de un prólogo de marcado carácter atmosférico, traza unas líneas que en absoluto divergen del álbum al que finiquita. Es ese riff de las estrofas uno de los mayores aciertos de este final. También el toque melódico que aportan las guitarras durante estrofas. Y aunque después encuentro una mezcla no tan equilibrada, que entierra en parte el agrio declamar de Argen Death, bien está esa cara más técnica y retorcida que surge camino del tronco central. Buen cierre para un buen álbum…

… que pienso, sinceramente, lo es. Sin salirse en exceso del guión ni dejar que su buen nivel técnico opere en favor de egos individuales. Aquello de ponerte tú en favor de las canciones y no al revés. Por ahí la banda ha venido a ahondar en su habitual death melódico, sin olvidarse de teñir de metalcore algunas de sus composiciones (“The Last Battle in the Earth”). En el que es su primer largo con la banda, Argen Death ha puesto todo de su parte para enriquecer estas canciones. Hay voces realmente agrias aquí dentro. También tonos limpios que, muy especialmente en “Cosmic Farewell”, hablan de lo mucho que ha crecido como vocalista. Quien más, quien menos no las tenía todas consigo tras la salida de Hämäläinen y la caraqueña ha disipado dudas con una labor estupenda tras el micro. Al final me queda la sensación de que la banda está ofreciendo su mejor cara pero, como siempre, estoy abierto a debates (y aquí debajo tenéis una sección de comentarios la mar de maja). Recomendado.

Texto: David Naves

Reseña: Reino De Hades «Siete Runas» (Maldito Records 2023)

Vía Maldito Records llega el tercer largo de los jienenses de Reino de Hades. O lo que es lo mismo: Fabio Romero (batería), Antonio Pérez (bajo), Javier Ferrón y Francisco J. Roa (guitarras), David López (teclados), Sergio Jiménez (violín), Juan Valderas (flauta) y José Fernández (voces). Un álbum grabado y masterizado en los estudios Bom Track de Úbeda (Jaén) de la mano de David F. Castro al que adorna el diseño gráfico del Daeria Joel Marco (Amadeüs, Sylvania, Dünedain, Argion, Lépoka…)

La Reina Oscura” arranca en pura pompa sinfónica para pronto transigir hacia un hard / heavy de aires contemporáneos, de guitarras muy en primer plano, esgrimiendo hábiles melodías en el proceso, y donde las primeras estrofas no podrían estar más ni mejor cuidadas. Es un corte apertura algo engañoso. Directo, cánones mandan, pero bien cuidado en lo que a escritura se refiere. Reino de Hades hacen uso, que no abuso, de elementos externos y el solo explota en su tronco central con buenas dosis de clase, si bien pienso languidece por un desarrollo un tanto comedido. Todo lo contrario que el ídem de violín que irrumpe más adelante. Por ahí uno percibe un cierto desequilibrio que, no obstante, está lejos de emborronar el empaquetado final. Las guitarras habrán de desquitarse doblándose en su cuidado epílogo. Un buen arranque en cualquier caso.

“A Través De Ti” confronta un riff exageradamente plano en estrofas, que contrasta no obstante con la cuidada línea de bajo que la soporta. Es un corte donde el violín hace suyo casi cada recoveco, aportando un aire más melancólico a una mezcla que, cabe decirlo, es un ejemplo de pegada y equilibrio. Y aunque ya digo que los riffs en que se apoya esta segunda entrega no podrían ser más sencillos, bien está el desempeño de José Fernández al micro o los buenos solos que la banda incorpora aquí. Un corte que guiña al power metal europeo, a Mägo de Oz (nos ha jodido), o al heavy más clásico sin abandonar su tronco común ni salirse de los férreos patrones gramaticales en que la banda acostumbra a manejarse.

Siete Runas”, que fuera uno de los adelantos del álbum, profundiza en la vena más folk y también festiva de la numerosa formación jienense. Y si bien a ratos le pueda pesar su propia condición de single, no es menos cierto que las guitarras exhiben riffs con gancho, ahora sí, y que Fernández vuelve a estar firme y certero al micro. Buenos desarrollos camino del tronco central, con guitarras y violines jugando a encontrarse. Se sumará a continuación Valderas y la banda terminará por sacar músculo en lo que a ejecución se refiere en un meritorio tronco central. Facilona y algo predecible pero con todos los visos de funcionar como un tiro sobre las tablas a nada que el sonido acompañe.

Si hay en este álbum un riff con el que siempre conecto a la primera es el que alimenta una “El Gran Khan” donde, a menudo, asaltan mi subconsciente mis paisanos de Argion. La banda exhibe una mayor épica aquí. También una mayor gravedad mientras Fernández declama, dramático, esa lírica de corte histórico. El trabajo de Sergio Jiménez aquí es encomiable. Por sí mismo y también por cómo armoniza con la flauta de Valderas. La eclosión solista resulta igualmente ágil y vistosa. Usando terminología boxística, libra por libra uno de mis cortes favoritos de todo el tracklist.

Árido Edén”, segundo de los adelantos del trabajo, sorprende con un tono algo alejado de los grandes tropos que acostumbra a manejar el combo andaluz. Hay melodías aquí que podrían recordar a los primeros Masterplan, mientras que las estrofas, desnudas pero elegantes, bien trazadas, me recuerdan a los primeros trabajos de los gallegos Tálesien. A ratos casi el negativo del otro single de este “Siete Runas” pero igualmente hábil y eficaz. Brilla la acostumbrada exhibición solista y el corte termina por convertirse en una de las piezas más memorables del tracklist a base de conjugar buenas ideas con mejores interpretaciones y una cierta pizca de atrevimiento. Así sí.

El propio José Fernández introduce una “No Mires Atrás” que pronto opta por destapar la cara más heavy del septeto sureño. Es una letra abiertamente optimista, en la más pura tradición del heavy estatal en general, que sin ir más lejos podrá hacer las delicias de todo buen fan de WarCry. Y aunque encuentre algo naif alguna de sus partes, no deja de ser un corte con ese “algo” que consigue anidar en tu subconsciente durante días. Apoyado en una cuidada base rítmica, resulta orgullosamente idiosincrático de un disco como este. El solo de guitarra no podría ser más clásico, ni tener más feeling, ni gustarme más.

Mucho gancho también el que tienen las muchas melodías de esta “De Tabernas y Tesoros”. También los coros más pronunciados y orgullosos de todo el álbum. Otro de esos cortes que, aun a pesar de parecer construidos con el directo en mente, se las arregla para exhibir una escritura nada lineal, trufada de ágiles cambios de ritmo e incluso de tono. Al final una amalgama agradable de folk metal despreocupado, buenos desarrollos solistas y una base rítmica de esas a la que conviene prestar toda atención.

La Isla De Los Benditos” se desnuda de toda gravedad para acercarse a las pulsiones más puramente folkies del combo andaluz. Instrumental de tonos leves, agradable, orgullosa, sencilla, un pequeño oasis en el que Valderas y Sergio Jiménez parecen en su salsa y que, no dudo, se le atragantará a más de uno. Que de todo hay.

Contrasta en gran medida con el final que proponen en “Cerbero”. No ya por la mayor duración de esta, de hecho el corte más extenso de los nueve, sino por esos tonos más graves que exhiben aquí y que, salvando las debidas distancias, tanto me recuerdan a un corte como “Astaroth” de Mägo de Oz. Los tonos más oscurecidos en que se maneja José Fernández aquí, los aires medio orientales que la banda dispone a lo largo y ancho del trazo, la desaforada pero certera gama solista, todo carbura cara a construir un corte en cierto modo ambicioso, que se atreve a ampliar el rango de influencias que maneja la banda.

Un álbum que ha ido ganando una barbaridad con las escuchas. Que puede no ser perfecto, hay cortes con los que no llego a conectar del todo. No obstante, rodeados de otros como “Árido Edén” o “El Gran Khan” donde la banda brilla a gran nivel. Por no hablar de ese magnífico cierre que supone “Cerbero”, con Reino de Hades moviéndose en unos tonos más oscuros que les sientan como anillo al dedo. Las ejecuciones que lo atraviesan siento que están dispuestas en favor de las canciones correspondientes y no de egos individuales. El disco me resulta, finalmente, una amplia suma de aciertos frente a pequeños y contados errores. Buen trabajo.

Texto: David Naves