Reseña: Zålomon Grass «Space Opera» (RockCD Records 2023)

En colaboración con Hendrik Röver (guitarra clásica europea, Fender Rhodes y percusión), David Rodd (bajo eléctrico Fender, sintetizador y coros), Mauro Comesaña (batería, percusión y coros) y G. Mckenzie (voz principal, coros, guitarras eléctricas, guitarra de doce cuerdas y guitarra acústica) están detrás de “Space Opera”, el primer largo de la agrupación psicodélica gallega Zålomon Grass. Un compendio de ocho temas grabados en los Guitartown Recording Studios de Muriedas (Cantabria) por el propio Röver y posteriormente mezclados y masterizados por David Rodd sus Rodd Studios de Vigo (Galicia). Lo adorna un arte de María Llauger y Mauro Comesaña sobre la ilustración de Archibald IngramEl Buque De Su Majestad Real Decapitator En Persecución”. Recordar asimismo que la banda se encuentra actualmente en gira con parada en la avilesina Factoría Cultural el próximo tres de febrero.

Cosmic Relief” ataca desde el primer instante con un riff principal repleto de gancho y ese groove entendido a la manera clásica que tantos y tan buenos resultados acostumbra a dar. El orgullosamente sonido retro de la banda reverbera en un interesante y cuidado juego entre canales y mientras que la voz destila con gusto y clase los estribillos, la producción pone todo de su parte cara a discernir cada línea. Buenos cambios de ritmo aquí y allá, auténtico subibaja en lo que a trazo se refiere, si bien siento que el pequeño escorzo de calma que irrumpe a modo de puente bien merecía algo más de espacio. En cualquier caso por ahí surgen estupendas líneas de bajo, la desgastada producción y un epílogo que se atreve a bordear el funk, como si el resto del corte no fuese, ya de por sí, una verdadera maraña de sonidos. La manera en que tanta ida y venida cabe en apenas tres minutos y medio sin que nada suene forzado ni artificial no deja de tener su mérito.

Por ahí que “The Drill”, carta de presentación de esta peculiar ópera espacial, resulte mucho más acomodada. Que no fallida. Porque si “Cosmic Relief” brillaba en lo que a riffs se refiere, esta lo hará en lo tocante a solos. Concisa, directa, orgullosamente rockera, sin el pulso tan vitriólico ni aquella escritura casi dislocada de su predecesora. Pero hábil sin embargo a la hora de destapar a los Zålomon Grass más crudos y viscerales.

“I know just how you feel but I know that you know the drill”,

All Hands On Deck” emerge de la calma y para conducirse por ella mientras destapa ahora a unos Zålomon Grass a medio gas, calmos y elegantes, abandonando toda gravedad, comandados por la fina línea que marca Comesaña tras los parches. Se elevan después mientras deriva hacia un aire más blues rock que parece les viene como anillo al dedo. Y es que si por algo destaca no ya este corte en concreto sino el álbum en su conjunto es por la propia versatilidad de la banda, que siempre en el terreno del más puro clasicismo, sabe acoger ese amplio abanico de influencias y apostarlo en unas canciones que, sin embargo, nunca suenan ajenas ni forzadas. De las ocho que componen este “Space Opera”, puede pasar “All Hands On Deck” por mi favorita. Por ese trazo tan cuidado, por los buenos detalles que surgen de sus guitarras o por lo certero del estribillo.

Inicio igualmente tranquilo el de “Harder To Rise”, que sin embargo transita más adelante hacia una versión un tanto más épica de su habitual vintage rock. Se hace la calma sin embargo toda vez acuden las primeras estrofas. Aquí me agrada la construcción de estas y la forma en que se van elevando de cara a los distintos estribillos. Clásico, funcional, no es la primera vez que has oído algo así pero los Grass se las arreglan para que el recurso suene, de algún modo, fresco y vibrante. Una melancolía casi palpable recorre el cuidado estribillo. Y mientras que al puente acude aquél deje más épico, casi sinfónico incluso, apenas intuido en el prólogo, el solo que irrumpe después se amolda al corte al que adorna con precisión cirujana. En opinión de este humilde juntaletras, otra de las grandes del redondo.

Sin llegar a aquella versión descarnada de la anterior “The Drill”, lo cierto es que “Heard It On The News” hace por recuperar parte del nervio perdido. Se mantiene por ahí en un curioso equilibrio entre el innegable gancho que ofrece su riff principal y una escritura, esta vez, algo más apaciguada, que no plana. De resultas surge un corte más sencillo, que me afecta en mayor medida al corazón que a la cabeza, y con el que conecto solo a veces. El solo final es de mérito, así como esos coros casi mistéricos que lo acompañan. Pero ya digo que, en líneas generales, encuentro otros cortes aquí presentes mucho más interesantes y atractivos.

Me encanta sin embargo “Too Late Now” y el aire a antro a media luz que de él se desprende. Es esta una versión casi desnuda de Zålomon Grass, por ahí diferente al resto del tracklist, que se roza con el blues más formal mientras teje una cuidada, casi delicada línea de voz, para en la mayor tradición del género, desembocar en un solo en fade out. Disculpo ese final algo abrupto si su encarnación en directo, de haberla, nos lleva a al tan mágico como enigmático terreno de la improvisación.

Con un bajo casi predominante en la mezcla se presenta una “Groove To Prove”, que de nuevo vuelve a poner la aguja de la intensidad en zona roja. Estrofas casi desnudas, estupendos guiños de guitarra aquí y allá pero sobre todo un riff capaz de derribar montañas. Me enganchan los gallegos aquí por construcción y, consecuencia segura de lo mucho que les he estado escuchando los últimos meses, el nombre de los californianos Rival Sons sobrevuela casi a cada golpe de caja. Uno de los cortes que más hace por destapar la buena nota de estos Zålomon Grass como músicos…

… pero de todos los que componen este primer largo, “Don’t Let Me Go Down (Space Opera)” es hasta el momento el que más huella ha dejado de todos. Porta ya de entrada un riff tan simple como efectivo. La entrada de la base rítmica y como la mezcla vuelve a jugar con los canales, fundamental a veces el uso de auriculares a fin de apreciar según qué detalles, suben ya la nota con el corte apenas iniciado. Sucede después que las estrofas acampan en el territorio de la balada, con Mckenzie en su encarnación más dulce, que no sacarina, y los gallegos construyen un crescendo que divaga entre la balada clásica y un psych algo alucinado primero y más vibrante después. Es cierto que todo parece anticipar un final más grave que finalmente no llega. No menos verdad es que la alternancia entre guitarra y coros que precede a su epílogo es estupenda. Riada de buen gusto como poderoso broche final.

Psicodelia clásica de la que tanto gusta en la querida y apreciada Factoría Cultural de Avilés. Reconozco tenía fuera de mi radar a estos Zålomon Grass y que he disfrutado como un enano con este primer álbum. También con la escritura de una reseña como esta. El suyo es un género algo ajeno a quien escribe, no creo pase nada por reconocer el hecho, y sin embargo encuentro en él bastantes asideros a los que agarrarme. Empezando por el buen nivel técnico que han demostrado aquí, continuando con el abanico de influencias que aglutinan, amén del buen gusto a la hora de implementarlo a lo largo de los ocho cortes. Cierto que entremedias hay trazos e ideas con las que no he llegado a conectar del todo. Pero en suma siento que son muchos más los aciertos que los errores. Queda por tanto nada más que comprobar qué tal los defienden en vivo el tres de febrero. Si nada ni nadie lo impide por allí estaremos.

Texto: David Naves

Reseña: Azaghal «Alttarimme On Luista Tehty» (Immortal Frost Productions 2023)

Décimo segundo trabajo ya para las huestes finesas Azaghal, el trío que a día de hoy forman Thirteen (voz) y los Wyrd Lima (baterías) y Narqath (guitarra, bajo, teclados y voz limpia). Tanto las voces como las baterías de este “Alttarimme On Luista Tehty” se grabaron en 82 Productions bajo las órdenes de J.Pitkänen, mientras que guitarras y bajos se materializaron en DT-Audio. Las pistas resultantes serían finalmente masterizadas en los Wolfthrone Studios. Con artwork del Ars Veneficium Ronarg (Antzaat, Ondfødt, Gurthang…), el disco vio la luz vía Immortal Frost Productions el pasado mes de febrero.

Puede que el sonido tan sucio del tema título “Alttarini On Luista Tehty” pille por sorpresa a más de uno, si bien no es menos verdad que el trío finés parece saber muy bien lo que hace a lo largo de los cuatro minutos que ocupan este black nervioso y cerril, comandado por una base rítmica tan presente como eficaz. Crepita como alma que lleva el diablo ese bajo de Narqath mientras se suceden hábiles cambios de ritmo y licks de batería a lo primeros Mayhem, orgullosamente clásicos. Thirteen se desgañita a placer y el corte termina por dar la razón a quienes lo eligieron como estandarte de este nuevo álbum.

No muy lejos del tema título se sitúa una “Kuolemanmarssi” que arranca con pie firme para después acoger una serie de estrofas de pulso casi d-beat donde, a ratos, emerge la cara más atmosférica de la banda nórdica. Breve, apenas un parpadeo de ni siquiera tres minutos, pero tan feroz y rabiosa cuando se lo propone como distinguida y personal. Lástima que las curiosas disonancias que dan pie al epílogo no gocen de una mayor cuota de espacio.

Aquella presencia más atmosférica que se revelaba en el corte inmediatamente anterior viene a dominar una “Kultti” que pronto emerge como otro de las ofertas más distinguibles de todo el largo. Hay ritmos a ratos casi marciales confrontados a un black que casi parece virar hacia terrenos melódicos. Alguna decisión curiosa en cuanto a arreglos durante estribillos y la sensación de que debería ser una fija en una gira de presentación que tendrá parada en el ovetense Gong Galaxy Club el jueves siete de diciembre junto a los maños Empty.

Paholaisen Musta Kieli” casi parece rebelarse contra la cierta extrañeza de su predecesora a fuerza de percutir con la cara más abiertamente agria y cabrona del trío. Black cerril al que contraponen pulsos lindantes con un black thrash más al uso. Narqath está más que lúcido en la creación de unos riffs que encajan al dedillo con la no poco interesante línea de batería de Lima. Sorprenden, si acaso, la pesadez y la atmósfera que desprende, a chorro, su curioso puente central. Pequeña isla de calma tensa que precederá al breve pero arrebatado epílogo.

Myrkkyä” vuelve a derivar hacia la vertiente más melódica de los fineses, valga la redundancia, al tiempo que hace acopio de alguno de los riffs con más gancho y empaque de todo el disco. Su pulsión más melódica vendrá asimismo a manifestarse durante el puente central en forma de eficaz solo de guitarra pero también a lo largo de un epílogo que, arreglos mediante, parece rimar con la mencionada banda hermana de Lima y Narqath.

Como propuesta más rácana de las nueve y bajo un título como “Kaaos” casi no cabe esperar otra cosa que no sea black ardiente y pocas complicaciones. Azaghal en general y Lima en particular muestran aquí su cara menos amable, si bien el corte resulta finalmente menos predecible de lo que se pudiera intuir. Fugaz aunque poderosa rabia nórdica.

Syöpäläinen”, que inaugura la cara B de las distintas ediciones en vinilo, pasa fácilmente por ser la oferta más hábil de esta parte final del álbum. Acoge su habitual black irredento mientras Thirteen despliega todo el mal café habitual. Hay buenos engarces entre estrofas por parte de Narqath, que transige hacia un riff servicial toda vez regresa el no poco agrio registro del también frontman de los thrash punk Scarecrow. Sólida y muy eficaz.

Me engancha “Syvyydestä Liekkien Takaa” por ese marcado tono melancólico que arrastra casi en la misma medida en que me deja con ganas de más a causa de ese desarrollo tan poco ambicioso en lo que a tiempo se refiere. Bien trabajada a nivel melódico, del todo frontal en cuanto a su línea de batería y absolutamente única dentro del disco. Lástima como digo esos ni siquiera tres minutos que marca en el reloj.

No mucho más allá en términos cronológicos se sitúa “Verivirta”, si bien esta desarrolla una pulsión mucho más genérica. A base de hilvanar black old school y breves andanadas de sucio punk metal a la Motörhead, Azaghal construyen un corte poco sorprendente pero sin dobleces, con Lima atacando el kit con pulso casi marcial y la sucia producción del álbum otorgando el inequívoco aura de autenticidad del más descarnado black finés.

Ei Valoa Tuonelassa” recupera esos dejes más atmosféricos que han ido yendo y viniendo dentro del disco para conformar un black quizá un tanto descompensado, hay riffs que por clásicos no dejan de sonar un tanto convencionales, pero que parece no ahorrar un solo esfuerzo. Ni siquiera desfallece Thirteen dejando para este corte postrero alguno de los gritos más agónicos y desesperados de todo “Alttarini On Luista Tehty”, pero no puedo evitar pensar que dentro del mismo conviven ofertas mucho mejor resueltas.

Seitsemän Ihmisen Irvikuvaa” sin ir más lejos. Entrega más extensa de las nueve, desarrollada desde unos ritmos medios donde se sitúa otro de mis riffs favoritos de este décimo segundo trabajo del combo radicado en Hyvinkää. Me agrada en gran medida la forma en que conjugan blast beats con ese pulso más melódico. O la forma en que luego emerge de nuevo un black de cierto aroma thrash o redirige hacia ritmos más pesados y arenosos. Fluyendo en todo momento de forma natural y sin dar lugar a cualquier tipo de impostura. Azaghal parecen saber muy bien qué se traen entre manos.

Empecé tarde a escuchar a estos Azaghal y ya es raro de tanto en cuanto sí que conocía desde hace ya tiempo a la otra banda de Lima y Narqath, los más folkies Wyrd, culpables de discos tan reivindicables como “Heathen”, “Rota” o “Huldrafolk”. “Alttarini On Luista Tehty” transmite en gran medida un black sucio y enervante, en el buen sentido, donde lo feo de la producción abraza una serie de intenciones que poco tienen que ver con las propuestas más civilizadas y, quizá también, menos comprometidas, de muchas de las bandas que hoy por hoy son enseña del género. Pero y he aquí el gran triunfo del álbum, sin abandonar las exigencias del género, pocas veces estos cortes resultan unidimensionales o siquiera aburridos. Si acaso sí lastrados por desarrollos algo rácanos, pero en ningún caso desangelados o sin vida. Ni mucho menos. Siguen planteando batalla.

Texto: David Naves

Reseña: Angelus Apatrida «Aftermath» (Century Media Records 2023)

Plácidamente instalados a la cabeza del metal facturado aquí a base de talento y mucho curro, Angelus Apatrida contraatacan sin solución de continuidad con un octavo disco al que han venido en llamar “Aftermath” con la sana intención de seguir allá donde lo dejara el estupendo álbum homónimo de 2021. A buen seguro no queda medio afín que, a día de escribirse estas líneas, no haya invertido una determinada porción de tiempo en diseccionar la nueva obra de los albaceteños. Pero los hermanos Izquierdo, José J. (bajo) y Guillermo (guitarra y voz) junto a Víctor Valera (batería) y David G. Álvarez (guitarra) han concertado cita con el público asturiano el sábado dos de diciembre (Sala Acapulco junto a Burnt To Death y Sydius) por lo que he creído conveniente hacer los deberes.

No están solos los de la capital manchega en este envite. Jamey Jasta (Hatebreed, Kingdom of Sorrow), Pablo García (WarCry), Sho-Hai (Violadores Del Verso) y Todd La Torre (Queensrÿche, Crimson Glory) acompañan a los thrashers a lo largo de un álbum donde vuelven a contar con Juan Ángel López para la grabación en los Baboon Records de unas pistas que, más adelante, se encargaría de mezclar y masterizar Christopher “Zeuss” Harris (3 Inches of Blood, Suffocation, Crowbar, Overkill…) en el Planet-Z de Wilbraham, Massachusetts. Con arte de Gyula Havancsák (Accept, Stratovarius, Annihilator, Powerwolf, Holy Moses…) lo edita como siempre la disquera germana Century Media.

Que la banda abra con algo como “Scavenger” tiene mucho de declaración de intenciones. Angelus Apatrida encapsulan aquí no pocas de las señas de identidad que les han situado en la posición de privilegio de la que actualmente gozan. A saber: un arranque de puro thrash vigoroso y directo, estrofas malencaradas y un estribillo sencillo, casi lacónico, pero de mucho gancho. Si va a ser la encargada de iniciar las hostilidades en su nuevo tour, me parece una elección más que digna, si bien es verdad que lo escaso de ese minutaje, por debajo de los cuatro minutos, constriña a su vez al solo que precede al epílogo, reduciendo de manera sensible el impacto de este.

Cold”, una de las tres cartas de presentación del disco, descubre ahora unos pulsos que, sin abandonar ese nervio siempre vibrante e intenso de su acostumbrado thrash metal, en términos gramáticos pronto transige cara a ofrecer una composición más atractiva por diversa. Funciona el toque mas melódico del estribillo casi en la misma medida en que sorprende el tratamiento que aplican en su tronco central y la forma en que deriva hacia un groove orgánico y nada impostado. Los riffs marciales a la Strapping Young Lad funcionan pero vuelvo a echar en falta una presencia solista mucho más marcada.

Snob”, donde la banda cuenta con la participación del vocalista de Connecticut Jamey Jasta, para sorpresa de nadie, destapa la cara más intensa, potente y directa del cuarteto. Thrash incendiario rematado con pulsiones más próximas al hardcore más clásico y eminente. Guillermo trama aquí uno de los estribillos con más gancho de todo el tracklist mientras que buenos solos ocupan su tercio final con la banda ofreciendo apenas fisuras en su conjunto. La producción del álbum y como viene siendo habitual, es estupenda.

De hecho es “Fire Eyes” uno de los cortes que más y mejor uso hace de la buena labor en los Baboon Records de su Albacete natal. El quinto corte ofrece un prólogo que sorprende primero por su mayor carga atmosférica y después por cómo opta por un metal directo y sin dobleces. Habitual construcción bipolar donde la banda se defiende como gato panza arriba. Víctor Valera construye aquí una de las líneas de batería más interesantes del nuevo álbum. Y mientras en las más pura tradición Apatrida se suceden riffs de thrash rabioso y directo, surge un Pablo García algo más comedido de lo que el asturiano nos tiene acostumbrados en sus últimas colaboraciones. Sea como fuere, a buen seguro otra de mis favoritas.

Rats” traerá al frente a unos Angelus Apatrida más nerviosos y de hecho parece tener todos los mimbres para convertirse en una fija dentro del nuevo tour de la banda. Vigorosa, intensa, quizá no disponga del gancho de otras ofertas dentro del álbum pero, por contra, descubre una serie de solos de gran nivel. Aquella que sin ir más lejos eché en falta en cortes como “Scavenger” o “Cold”. Thrash gozoso por vehemente y de lo más eficaz.

Si mis datos son correctos, los albaceteños no trazaban un corte tan extenso como “To Whom It May Concern” desde aquél “Hidden Evolution” del disco homónimo de dos mil quince. Sorprende ya desde el prólogo, que rompe la tónica imperante en “Aftermath” para conducirse hacia una serie de riffs que me hacen pensar, de manera casi inmediata, en los momentos más livianos de los germanos Kreator. Todo para que, tras esa calma, surja un corte de thrash tan directo como retorcido, en la más pura tradición del género. Encomiable la labor de David y Guillermo en lo que a creación de riffs se refiere. Incluso en aquellos que se desarrollarán durante las partes más trotonas, algo que habla y no precisamente mal del cariño que la banda ha puesto en este sexto corte. Camino del tronco central irrumpirá el Guillermo más heavy y agudo, justo para después transigir de nuevo hacia aquella calma inicial. Alargada la sombra de Dimebag Darrell durante el fantástico solo de guitarra y cuidadísima línea de batería en el desbocado tercio final. A buen seguro otra de mis favoritas.

Casi como respuesta al corte más ambicioso del álbum surge “Gernika”, un thrash sencillo y sin miramientos. Tampoco mayores dobleces, si bien encuentro esos riffs cabalgantes un tanto recurrentes. Al final y a pesar del estupendo solo de su tronco central, encuentro ofertas mucho más atractivas dentro de este “Aftermath”. Un corte que me resultará más interesante por lo que cuenta que por la manera de contarlo.

I Am Hatred”, oferta más rácana en cuanto a duración de los diez, ofrece tan pocas sorpresas como correctos ejercicios de thrash clásico y enérgico. Fundamental la labor de Valera y un correcto solo previo al epílogo para un corte que arrastra no pocos déjà vu y con el que me cuesta horrores conectar.

What Kills Us All” hace bastante por recuperar el buen tono en lo que a riffs se refiere. Mantiene el tipo también en lo tocante a melodías vocales. Unas líneas de voz que enseguida me retrotraen a aquél pulso más heavy que arrastraban cortes como “Sharpen The Guillotine”. Aquí la sorpresa viene dada no obstante por la colaboración de Sho-Hai, imposible a priori y que el maño desarrolla finalmente en nuestro idioma. Mucho contraste para un resultado, al menos a mi juicio, bastante irregular.

Cierran con “Vultures And Butterflies” y la ayuda del Queensrÿche Todd La Torre en voces. Sin embargo, el corte anda más cerca de bandas de thrash estadounidense como Nevermore o Sanctuary, con un cuidado tratamiento en lo que a voces se refiere y que resulta en un buen contraste entre ambos caracteres. Rematan con un solo un tanto constreñido durante el tronco central y un epílogo en la más pura tradición del metal norteamericano. La edición digital del álbum se cierra con las versiones en directo de “Indoctrinate”, grabada en Bilbao, y “Give ‘Em War” en Barcelona.

Es otro buen trabajo de los albaceteños, si bien de “Gernika” hasta el final siento que la fluidez de ideas y el buen hacer en lo que a composición está un peldaño por debajo de lo que nos tenían acostumbrados. Porque tanto “Cabaret De La Guillotine” como el álbum homónimo de 2021 me parecen poderosas y redondas ofertas de thrash metal tan firme como incendiario. Pensando en positivo, me agrada la ambición de “To Whom It May Concern”, el nervio más próximo al hardcore de “Snob” o ese clasicismo tan eficaz de “Fire Eyes”. Pero más allá de lo que el álbum me pueda resultar en términos globales, de justos es reconocer que no negocian un esfuerzo. Siguen con el acelerador a fondo y eso les honra. Queda únicamente atestiguar cómo funcionan estos nuevos temas al lado de sus clásicos de siempre. La máquina no para.

Texto: David Naves