Reseña: Valkyria «Indómito» (Maldito Records 2024)

Tercera entrega de los bilbaínos Valkyria, esto es, Borja Aguirre en guitarras, Roberto Estrada Castañeda al bajo, Jon Romero en baterías y Yeray Hernández en guitarra y voces. Para este “Indómito” han contado con la colaboración del Dünedain Nano en “Cenizas De Sangre”. Grabado, mezclado y masterizado en Chromaticity Studios como viene siendo habitual por el Vhäldemar Pedro J. Monge (Evil Seeds, Rise to Fall, In Thousand Lakes…) y adornado por el arte del Hex Drake (Incursed, Oxido, Tomb…) ha visto la luz a través de Maldito Records en formatos CD y digital.

Curiosamente, “La Cuna Del Silencio” irrumpe del todo menos silenciosa. Un prólogo de fuerza evidente, de esos que casi puedes sentir y hasta palpar, que desoye cualquier introducción mojigata y artificial para entrar pronto en harina y entregarnos un primer riff tan sencillo como pegadizo. No quisiera decir pegajoso. Puede no destapar el tarro de las esencias en lo que a estructuras se refiere. Pero su estribillo, al igual que el riff en que se apoya, se sostiene gracias a su no poco gancho. Y es que Yeray parece muy cómodo en esta línea de voz. No hay esfuerzos fuera de lugar, ni florituras de cara a la galería. Solo metal sincero y directo. Sin abusar en lo que a producción se refiere y lo suficientemente ágil como para abrir el álbum con buen pie.

Ave Inmortal” vira de inmediato hacia un power más acomodado, que por momentos me recuerda a los propios Vhäldemar (ese cabalgar previo a la irrupción de la primera estrofa es 100 % Monge) y a través de la cual Borja y Yeray dibujan una más que interesante paleta riffera. Buenos cambios de ritmo para una composición que entreteje trazas clásicas, por ahí puede ser Saratoga otro nombre que acuda al subconsciente, y en todo caso la sensación de que el cuarteto está más cómodo y centrado que nunca. El obligado rodaje que trae consigo todo el tiempo transcurrido desde aquél “Principio y Fin” con el que iniciaran su andadura en 2016. Su letra, con la terrible lacra de la violencia de género como trasfondo, si bien puede no ser la más redonda de cuantas han alcanzado estas líneas referidas a dicha temática, no me resulta desdeñable de todos modos.

Siempre Fuertes” suena a pura auto-reivindicación ya desde la primera estrofa. Algo más adornada, esos omnipresentes colchones de teclado, parece como si Valkyria hubieran tirado la casa por la ventana de cara a la construcción de este tercer corte. Y es que sus cambios de ritmo funcionan, el trabajo en cuanto a guitarras vuelve a brillar y la base rítmica de Estrada y Romero empasta mejor que nunca. Tanto la banda como el propio Monge se conocen de sobra, no obstante es su tercer trabajo juntos, y de alguna manera todo parece fraguar para bien aquí. Aquí y allá oigo ecos de los primeros WarCry que, a buen seguro, serán bien recibidos por los fans del género. Ayuda en ello, claro, el registro áspero de Yeray, pleno de carisma y fuerza aquí.

Más sobria y revestida de un mayor peso sinfónico, “Contracorriente” descubre a unos Valkyria en una clave más europeizada en lo musical, así como un aspecto lírico más asimilabe al metal de factura peninsular. Uno de esos cortes a los que les puede pesar una cierta autoconsciencia, ejemplificado en la sencillez de sus riffs o lo motivador de sus letras pero que la banda defiende con la firmeza de siempre. Borja Aguirre despliega un buen solo antes del epílogo y la preciosa localización donde grabaron el videoclip termina por redondear la oferta:

Espíritu Indómito” profundizará en las pulsiones más abiertamente power del cuarteto, apoyando ahora la composición en una mayor amalgama de cambios de ritmo, de tono incluso, que dan pie a un estribillo que sorprenderá por su marcada dualidad. Muy firme Jon Romero aquí, desplegando un nervio, también una diversidad, que echo en falta en determinados momentos del disco. El solo, apoyado en esa misma bicefalia, puede ser fácilmente uno de mis favoritos del álbum. Yeray parece muy centrado aquí y, con el correr de las escuchas, acude a mi mente el nombre de Dragonslayer, particularmente el álbum “Sed De Mal” de 2005. Casi veinte años ya, chico, como pasa el tiempo.

Parte De Ti” arranca en una versión más friendly y alegre del género, esa en la que Freedom Call siempre resulta una rima recurrente, para después virar hacia una balada de entornos tiernos y sosegados. A caballo pues entre la balada clásica y el medio tiempo, se introducirá en un crescendo del mismo modo clásico, aportándole algo más de color al disco y cumpliendo el expediente sin grandes alardes ni tampoco mayores errores.

Vive Imaginación” rompe la calma previa para derivar hacia un power de ritmos vivos y baterías galopantes que desaparecerá toda vez irrumpan las primeras estrofas y regresará sólo como engarce de estas con los distintos estribillos. En la línea de voz de Yeray encuentro detalles que me recuerdan a Symphony X, no es mala señal esta, y en la composición en su conjunto la sensación de que la banda busca nuevos horizontes a los que llevar su bien conocido heavy de tintes europeos. Muy ágil Jon Romero a los parches, trazando una línea de batería no limitada de manera exclusiva a marcar el ritmo de la banda. Estupenda

Cenizas De Sangre” es puro power a la europea, de largo allí donde más destaca la producción de Pedro J. Monge. También la colaboración del Dünedain Nano, mostrando una vez más su ya bien conocida destreza vocal, irrumpiendo aquí tan torrencial como acostumbra. De largo uno de los mejores frontman del género dentro de eso que ya solo los más rancios llaman “la piel de toro”. Suele suceder en cortes con invitado que la banda opta por construir trazos sencillos y predecibles. No es el caso. Si bien Valkyria se mantienen fieles y orgullosos dentro de las (a veces) férreas fronteras y barreras del género, el corte resulta lo suficientemente efervescente en lo gramático, también en lo técnico, como para reducir todos sus méritos a la voz invitada. Baste como ejemplo la estupenda construcción del puente que alberga los distintos solos de guitarra. Más allá de que conecto solo a ratos con su aspecto lírico, me parece otra de las grandes ofertas dentro de este “Indómito”.

Zyklon B”, como ya sabréis si habéis gozado de una enseñanza escolar básica, fue entre otras cosas el gas utilizado por el régimen nacionalsocialista para asesinar por miles a prisioneros de sus infames campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, que no última, al paso que van las cosas. En cualquier caso, cierra este “Indómito” dejando la sensación de que se trata de un corte más interesante por lo temático que por la forma en que Valkyria lo han llevado adelante, que a ratos se me antoja algo naif. Un cierre algo descafeinado…

… pero un disco que en la suma de todas sus partes muestra a una banda en gran forma. Pasaron por aquí a comienzos del pasado año junto a Monasthyr y Arenia dejando buenas sensaciones y han vuelto, “Indómito” mediante, a demostrar que se mueven como pez en el agua entre nuestro heavy de toda la vida y el power metal de poso más europeo. Ahí cobra vital importancia la buena labor de Monge a los controles. Realmente sientes que la conexión entre banda y su productor de toda la vida tiene mucho de simbiosis. Peo también hay una buena labor en lo que a composición se refiere y un Yeray Hernández cuyo registro desborda carisma casi en cada nota. Puede que no su confirmación definitiva como banda pero desde luego un paso más en su trayectoria ascendente.

Texto: David Naves

Reseña: Montaraz «Defendiendo Tu Voz» (Demons Records 2024)

Es el tercer trabajo discográfico para Montaraz, quinteto de Narón (Galicia), a la sazón ganadores del Perversiones 2023. Ellos son Simón Pereira en baterías, Juan Muiños y Ger García en guitarras, Diego Pena al bajo y José Santos en voces. “Defendiendo Tu Voz”, que así se llama este nuevo álbum, contó con producción, mezcla y master del Adventus o Delalma Manuel Ramil (Eco, Death & Legacy, Edén, Infamia…) y arte de José Antonio Vives (Ankhara, Saedín, Deimler, Herética…) para siete temas que han visto la luz bajo el paraguas de Demons Records.

Hay algo en la forma en que Santos se desempeña en “Al Final” que me recuerda al mejor Manuel Martínez (Medina Azahara) en lo que constituye un primer corte de lo más castizo. Puro hard / heavy en la mejor tradición del género en nuestro país, vaya. Por ahí se suceden buenos adornos melódicos en apoyo de las estrofas. Aun más pronunciados tras los estribillos. Pero, sobre todo, la sensación de que la banda no pretende otra cosa que divertir. Y divertirse en el proceso. Ha sido la carta de presentación del álbum y por ahí se entiende la cierta simpleza que muestra su trazo. Aún así me resulta de lo más disfrutona conforme alcanza su tramo final y gana en intensidad y pegada. Aunque sea de manera leve. Un buen arranque.

Quiero Vivir” acentúa a esos Montaraz más crudos y viscerales que se intuían en el epílogo del tema previo. Su riff principal suele recordarme a unos Judas Priest del presente siglo, si bien la forma en que la producción filtra la voz de Santos en determinadas estrofas no podría resultar más lejana a la banda de Birmingham. Se suceden aquí hábiles cambios de ritmo, muy firme siempre Pereira a los parches. Y una extensión en la forma de llevar adelanto sus desarrollos que me recuerda sobremanera a mis paisanos de Bestia Negra. Vuelven a irrumpir buenas melodías en apoyo de los cumplidores estribillos para una letra en la más pura (y de nuevo castiza) tradición del género.

Desgarrador grito de Santos para dar la bienvenida en “Vuelve”, que sale adelante sobre uno de los riffs con más gancho del álbum, pero sorprende con la desnudez que muestran sus primeras estrofas. Nombres como Ankhara o Lujuria acuden a mi mente mientras el corte va ganando en intensidad camino de estribillos. Irrumpen ahí los mejores Montaraz, esos que se instalan a medio camino entre el heavy metal más clásico y el hard rock más vibrante. Hay una mayor presencia de la base rítmica aquí, en particular del bajo de Peña, que termina por otorgar el debido empaque a un corte, por momentos, más arrastrado pero también pegadizo. Redondean el buen solo que nos conduce hasta el epílogo y el trazo tan clásico de este.

Pero lo que más me agrada es lo orgánicos que suenan. Habrá trucos de salón propios del estudio como los del prólogo de esta “Fuera Del Rebaño”, pero la banda en ningún caso alcanza a resultar artificial. Ni mucho menos. Hay una letra más punzante y mucho más crítica alimentando esta cuarta entrega. Conjugan, y pienso que de manera hábil, la cara más nervuda con la más tranquila, surgiendo por ahí uno de los cortes más diversos de todo el tracklist. Y aunque no me termina de agradar Santos en esas partes más tranquilas, podría decir justo lo contrario a través de las más nervudas. Es el corte más rácano por duración del álbum pero no siento que ninguna de las ideas propuestas se quede a medias por falta de desarrollo. Al contrario.

Aludía antes a Bestia Negra por aquello de la duración de los temas y es precisamente el nombre que acude de nuevo a mi subconsciente con “Montaraz”. En gran parte por lo extenso del prólogo, trazado sobre alguno de los riffs más curiosos (y cuidados) de todo este segundo trabajo. Y es que la banda, en especial la dupla Muiños & García parece haber puesto todo de su parte cara a construir otro de los cortes principales del álbum. Que para algo es una composición que lleva el propio nombre de la banda. Tiene un sabor muy clásico donde detecto dejes que me recuerdan a gente como Lujuria, Obús, Angeles Del Infierno y, como no, Iron Maiden, por ese puente central calmo y reposado que dará pie a unos Montaraz pesados, casi monocordes, anticipo de la habitual ensalada solista.

Mi Vieja Guitarra” y su calmo prólogo entregan a un Santos en una clave más limpia, que desaparece toda vez irrumpe la faceta más obligadamente metálica del quinteto. Manuel Ramil aporta teclas en este penúltimo corte de cara a acentuar ese lado más melancólico de Montaraz. Un trazo agradable y bien arreglado, por tanto, para lo que no deja de ser otro corte leal a una forma, ya digo muy castiza, de entender el heavy metal. De los siete cortes que componen este segundo trabajo, fácilmente el que más parece pensado con el directo en mente, rematado por un solo, eso sí, de duración algo rácana.

La banda parece exhibir un mayor dramatismo a través del largo prólogo de “A Donde Vas”, cierre de este “Defendiendo Tu Voz” con Montaraz fundiendo su habitual metal de posiciones eminentemente clásicas con el hard más acomodado de los estribillos. Un corte que despide el álbum con otra gran labor de García y Muiños, pero donde Santos construye unas estrofas algo atropelladas. Por ahí un corte que me agrada solo a ratos, desdibujando un final que me resultaba más prometedor sobre el papel. Y es que ahí están los buenos detalles (de nuevo muy Maiden) de Peña introduciendo el epílogo, y los buenos solos de guitarra que se dibujan sobre él. Un cierre algo descafeinado.

Un álbum muy cumplidor, que alude de manera directa y orgullosa a un determinado nicho de oyentes y propone siete cortes construidos con gusto clásico y ejecutados, las más de las veces con acierto y buen gusto. Con un Santos que da en todo momento la sensación de habérselo pasado en grande construyendo sus respectivas líneas de voz y su entonada pareja de guitarristas, el disco podrá hacer las delicias de los fans de los muchos nombres que han surgido a lo largo del texto. El detalle de la participación de Ramil en “Mi Vieja Guitarra” suma sin resultar protagonista y en general resultan siete cortes sin otra pretensión que mantener viva la llama. Bienvenidos sean.

Texto: David Naves

Reseña: Eternal Storm «A Giant Bound To Fall» (Transcending Obscurity Records 2024)

Pues ya tenemos de vuelta a los chicos de Eternal Storm, la banda formada por Daniel Maganto (bajo, guitarras, voces), Daniel R. Flys (bajo, teclados, guitarras, voz principal) y Jaime Torres (bajo, guitarras, teclados, voces). No están solos en este envite pues se han rodeado para la ocasión de gente como Eloi Boucherie (Vidres a la Sang), Gabriel Valcázar (Wormed, Cancer, ex-Aposento), Rober Bustabad (Ovakner, Ruinas…) o un tal Dan Swanö, quien por cierto, carga con las debidas tareas de mezcla y master. Con el Aversio Humanitatis Simón Da Silva y el Terroristars Carlos Santos al mando de las grabaciones, sumado al artwork de Leoncio Harmr (Seth, Ars Moriendi, Lumen ad Mortem…), “A Giant Bound To Fall” fue puesto en circulación por el pujante sello indio Transcending Obscurity Records el pasado dieciséis de febrero.

La primera patada que da el álbum no podría resultar más determinante. “An Abyss Of Unreason”, que emerge de entre las profundidades, con un cierto aura misterioso inundando cada acorde, hasta llegado el momento en que la batería comienza a tomar cartas en el asunto. Es ahí donde nace la cara más melódica de la banda ahora radicada en Edimburgo. Pasan algo más de dos minutos cuando Eternal Storm, por fin, se hacen carne, promulgando su bien conocido melodeath sobre un nítido y potente blast beat. Aquí me agrada cómo la banda plantea las estrofas. La variedad tonal que muestran, la forma en que la producción carga con las distintas líneas incluso. No cuesta nada diferenciar los elementos presentes y equilibrio es la palabra que más acude a mi mente. Los estribillos, más acomodados, exudan melancolía. Y si me agradan las distintas contraposiciones que muestran aquí, no menos esos contornos más técnicos que irrumpen en el corazón mismo de la composición. No le faltará razón a quien piense que el arranque del disco peca de cierta pretenciosidad. Lo cierto es que como reza el tópico, estamos ante un corte de esos que ganan una barbaridad con las distintas escuchas. Repleto de capas, pequeños grandes detalles y decenas de aciertos.

Con todo un Sven de Caluwé (Aborted) colaborando por ahí, “A Dim Illusion”, que fuera una de las cartas de presentación de este nuevo largo, acomete firme un metal a medio gas, discurriendo ahora bajo una fuerte presencia sinfónica, que no hace por más que agigantar el deje más melancólico de este segundo corte. Interesante en cuanto a voces, ese rugir clásico del estilo, pero en las cuales creo adivinar flirteos de trazas más próximas al black más melódico. Aledañas a esas voces más agrias y ásperas surgen, claro, hábiles engarces entre estrofas. También pequeñas islas de calma tensa y que por alguna extraña razón tanto me recuerdan a los germano islandeses Árstíðir Lífsins. Desde luego no nos encontramos ante el clásico corte facilón y “radiable” sino ante una muestra más tanto de su buen nivel técnico como gramático. El fenomenal tronco central que apuntala la composición y el doble juego vocal que preceden al largo epílogo se sueldan al subconsciente con una fuerza y sentimiento inusitados. Estupendo trabajo.

Así las cosas, “There Was A Wall” arranca en tonos calmos y elegantes, dibujando un pequeño oasis antes de que la tormenta desate toda su furia superados los dos minutos de reloj. Y lo hace derivando hacia el lado más pesado y rocoso del trío antes radicado en la capital. También melódico. Hay voces limpias que bien podrían recordar a Alcest y propuestas adyacentes. Es un corte no tan ambicioso en cuanto a duración se refiere, pero eficaz en cualquier caso a la hora de ampliar el rango influencial de este segundo disco.

Last Refuge”, con el ex-miembro Kheryon echando un cable en voces, contrasta con su inmediata predecesora de tanto en cuanto vuelve a desatar a los Eternal Storm más nerviosos en la que es por lo pronto una de las líneas de batería más decididamente ágiles de todo el largo. Aquí me gustan los contrastes que producen las voces limpias contra los blast beats. Y el negativo de estos, esas voces rocosas y oscuras en contraposición a unas baterías más juguetonas y diversas. Toda la composición parece avanzar a base de contrapuntos, lo que hace por convertir a este en uno de los cortes más peculiares, también interesantes, de este nuevo tracklist. Que abraza el black melódico en mayor medida y lo colisiona con estrofas de un muy marcado tono épico. Todo el trabajo en cuanto a guitarras que los chicos despliegan aquí me resulta más que digno. Tanto en las partes más nervudas como en aquellas donde reina una extraña calma y que por momentos parecen lindar con el post-rock más al uso. El solo que atraviesa el corazón mismo de la composición tiene un gancho de mil demonios. Es cierto que el epílogo se me atraganta a veces, quizá demasiado discursivo, pero en cualquier caso aprecio el juego entre capas que propone cerca ya del final.

La instrumental “Eclipse”, corte más rácano en cuanto a duración de todo el largo, supone otro pequeño oasis entre las largas diatribas que Eternal Storm han propuesto para esta nueva obra. Opera desde unos acomodados sintes a los que se irán sumando guitarras tibias y afinaciones leves que, de nuevo, me llevan a pensar en bandas cercanas al post-rock. La pausa antes de la tormenta, que casi parece invitar a la reflexión sobre el disco mismo. Sobre lo oído antes y lo que resta de aquí al final. Mi mayor pega al respecto es sentir que ese crescendo final bien merecía un mayor desarrollo, si bien teniendo en cuenta que la duración total del álbum supera con creces los sesenta minutos tampoco seré quien eleve a mayores la queja.

Superada la calma, “Lone Tree Domain” vuelve para poner las cosas en su sitio, Eternal Storm retornan aquí a una visión clásica del género, embutida en un medio tiempo que deja traslucir, creo que de forma equilibrada, la fuerte raíz progresiva que emana de algunas de sus composiciones. Con eso y con todo el riff que alimenta alguna de las estrofas aquí no podría ser más simple ni tampoco poseer más gancho. Pero es una vez más en la creación de los distintos contrapuntos donde la banda parece hacerse más fuerte. Se ensanchece* que diría Jebediah Springfield. El calmo tronco central derrocha tanta elegancia como melancolía, estupendos coros de Eloi Boucherie aquí. El viraje hacia una mayor intensidad que propicia el epílogo puede resultar algo brusco, al igual que ese retorno a la calma en el cual creo divisar ecos de los Cynic más recientes. En todo caso otra composición ágil y atrevida, resuelta con pericia desde el plano técnico y que viene a hablar y no precisamente mal del momento creativo en que se encuentran.

* https://www.culturaocio.com/tv/noticia-palabra-inventada-simpson-llega-diccionario-20180306173007.html

The Sleepers” carga con el prólogo más extraño de todo el tracklist. Esas curiosa línea de batería serpenteando entre entornos tranquilos, a los que da pie posteriormente dibujando un metal paciente, de retazos casi shoegaze, que al virar hacia una mayor gravedad, acercan a Eternal Storm a territorios más propios del post-black más atmosférico. Juega un papel crucial aquí la colaboración de Dan Swanö, que termina por convertir a este en otro de los cortes más diferentes de todo el tracklist, con nombres como Heretoir o Ghost Bath acudiendo a mi subconsciente tras cada escucha. Cierto que sobre el papel y en términos puramente gramáticos no llame mi atención en la medida en que lo hacen otras entregas dentro del disco. Cierto también que aún así, su divergencia con el resto de cortes no hace sino aumentar su valor dentro del mismo.

Es entonces cuando llega “The Void” y desata la versión más descarnada, enfebrecida y casi diría furibunda del trío, que transiciona ahora hacia un death melódico cargado de fuerza y nervio. Baterías que vuelan, riffs que sacrifican complejidad en pos de una mayor pegada y voces maledicentes. Es desde luego un corte mucho más autoconsciente que aquella “A Dim Illusion”, lo que no quita para que en su tronco central anide un más que interesante y cuidado contrapunto entre las líneas de guitarra y voz. También un epílogo donde asoman los Eternal Storm más atmosféricos.

El cierre es para el tema título “A Giant Bound To Fall”, que me agrada por esa textura en crescendo desde lo reposado del prólogo hasta un entorno cercano al doom metal, inédito a lo largo de todo el álbum. Eternal Storm parecen fiarlo todo aquí a su propia pericia, trazando hábiles melodías de guitarra a modo de engarces entre estrofas, más asimilables a los grandes tropos que atraviesan este gigante destinado a caer. La pieza final del engranaje, el final de un viaje de casi setenta minutos, se dice pronto, donde sin embargo la atención apenas se distrae un instante…

… lo cual resulta en cierto modo fascinante. A través de las diversas escuchas a los nueve cortes que conforman este nuevo álbum de la tormenta eterna, pocas o muy pocas son las veces que mi atención se ha podido desviar del mismo. El paso que la banda ha dado desde su primer álbum, siento mientras escribo esto con “Last Refuge” sonando de fondo por enésima vez, es gigantesco. Y lo digo a sabiendas de que “Come The Tide” ya fue uno de los trabajos más apreciados de todo dos mil diecinueve. Pero esta nueva obra tiene casi de todo. Desde lo elegante y preciso de la producción pasando por la titánica labor gramática y terminando por la forma en que es capaz de picotear entre géneros sin perder jamás un único tronco común. Fiereza, gancho y elegancia conjugadas con precisión cirujana. Si buscaban su propia confirmación desde luego han dado en el clavo.

Texto: David Naves

Reseña: Ciclón «Magia» (Autoproducción 2023)

Ciclón estarán el próximo primero de junio en la remozada Sala Estilo de Oviedo junto con Ravenblood y Tatami, lo que me parecía una excusa tan buena como cualquier otra para recuperar su “Magia” del pasado año. Un álbum que congrega a Javi Endara al bajo, Pablo Yagüe en guitarras y Kike en guitarra y voces, amén de las baterías de Matías de Vallejo y la colaboración del Hitten Dani Meseguer en “Lágrimas Negras”. Con producción de los Arwen Daniel Melián y José Garrido (Angelus Apatrida, Saratoga, Muro, Obús…), master de Tony Lindgren (Angra, Wolf, Cobra Spell, Blind Guardian, Powerwolf, Paradise Lost…), arte de José Antonio Vives (Ankhara, Saedín, Herética, Omission…) y diseño de Javier Pastor (Frenzy, Iron Curtain, Slowburn…), el álbum vio la luz allá por el mes de octubre.

Intro” dibuja un arranque entre lo tormentoso y lo ochentero, esos sintes tan marcados del comienzo, para desembocar en una “Ave De Fuego” que pronto se adhiere a muchas de las máximas del hard heavy facturado de nuestras fronteras para dentro. Salta al oído ya desde el riff inicial. También en la construcción de las estrofas. Entiende uno rápidamente las diversas referencias de la portada. Hay un sonido de la caja que no me termina de agradar pero en definitiva no deja de ser un arranque óptimo, servicial, donde me agradan los riffs que trazan a lo largo de las estrofas. El estribillo, por contra, me resulta un tanto atropellado. El buen despliegue solista queda para un epílogo en el que saldrán a relucir unos Ciclón más técnicos a la par que intensos…

… trazando una senda que parece seguir la siguiente “Una Vez Más”. La banda gana enteros aquí, acercándose a unos Judas Priest pre “Turbo”, con Kike moviéndose ahora en registros más sucios, que no rotos. De construcción igualmente clásica, me agradan los detalles con que adornan los estribillos, así como esos pequeños riffs a lo Kai Hansen que preceden al tronco central. En él aprecio un buen solo de guitarra, que desemboca en un tramo final tan predecible como eficaz, con Kike atreviéndose con algún tono alto que otro. En su aparente simpleza, huele a fija en sus directos.

Ése Es El Juego” se atreve ahora con un riff más juguetón. Sensiblemente más apaciguada, también más chulesca, despliega una línea de voz, también un aspecto lírico, que me recuerda sobremanera al bueno de José Carlos Molina y sus incombustibles Ñu. Aquí, a falta de flautas y violines, lo que hay son buenos guitarrazos de hard rock del de siempre. También un solo de guitarra al que siento un tanto constreñido. Soy consciente de que cada vez me quejo más de esto, también de que voy camino de parecer un abuelo cebolleta al respecto. Ruego comprensión.

El caso es que el disco alcanza esta “Desertor” a la par que recupera su versión más agitada, cercana al heavy/power metal de unos Tierra Santa del “Indomable” para regocijo de los muchos seguidores de los riojanos. A falta de un riff más redondo durante las estrofas, bien está la forma en que Kike encara estas líneas de voz. También la firmeza del Ankhara Matías De Vallejo tras baterías. El solo, a buen seguro uno de los más llamativos de todo el álbum, redonda una buena entrega de puro, auténtico y castizo heavy metal.

Lo mejor que se puede decir de la pequeña “Ciudad Perdida” es la forma en que rompe la tónica que venía desarrollando este “Magia” hasta la irrupción de esta andanada de puro hard rock amable, vivaracho y sencillo. Toda la composición está impregnada de un aire de lo más vitalista. Kike dibuja para ello una estupenda línea de voz y la banda sacrifica una escritura más intrincada en pos de la búsqueda de ese tono más optimista. Lírica inclusive.

El tema título “Magia” no descabalga de esos tonos más amables. Pero a la contra de su predecesora, ofrece un mayor cuidado en el dibujo de riffs. También en la construcción de melodías en apoyo de Kike durante estrofas. Al final constituye una buena andanada de hard rock igualmente luminosa, que gana en pegada sin olvidar el buen solo de su parte central. Tras él surge un puente tranquilo primero, orgánico después, con la producción y mezcla del álbum ofreciendo su mejor cara. Qué duda cabe una de las entregas más redondas del trabajo al que da nombre.

Vencerás”, amén de un estupendo prólogo, vuelve a dejar un cierto aire a Ñu. También a los primerísimos Mägo de Oz. Kike no es José Andrëa ni falta que le hace. El madrileño traza aquí una estupenda línea de voz. Firme en estrofas y luminoso en esos buenos estribillos. Y ciertamente se desprende de ella una cierta épica, entendida al modo clásico, que bien la podría emparentar con ciertos momentos de los Rainbow con Dio al frente. Otra de las muchas referencias que adornan el propio artwork del álbum, por cierto.

Lágrimas Negras” ofrece otro de mis riffs favoritos de “Magia”. También unas primeras estrofas confeccionadas con gusto. Esos crescendos tan clásicos. Son unos Ciclón que regresan a esa vena más heavy, más poderosa, pero que no olvidan el tono vitalista que el disco parece querer dibujar a lo largo de esta hipotética cara B. La colaboración del Hitten Dani Meseguer deja un explosivo solo camino del epílogo y todo fluye de cara a ofrecer otra de las ofertas más interesantes de este nuevo trabajo.

Un trabajo que cierra la calma del “Último Tren”. Balada de inicio clásico y agradable tránsito, en elegantísimo crescendo, hasta su redondo y emotivo estribillo. Soldada con firmeza al libro de estilo y por ahí tan firme como predecible. En su letra y a lo largo de las distintas escuchas, no dejo de recordar la figura del que fuera líder de Los Suaves Yosi Domínguez. Esa melancolía inherente a las composiciones del orensano. Dicho sea de paso, salvando todas las distancias.

Magia” supone una opción más que interesante para todo el que busque un buen disco de heavy / hard en nuestro idioma. Recipiente de influencias que picotean entre lo más granado de nuestra escena y lo más selecto de allende nuestras fronteras. Basta echar un vistazo a la propia portada. Por ahí, y aunque como dije al comienzo el sonido de la caja no me termina de cuajar, el álbum ofrece una mezcla bien equilibrada entre claridad y pegada. En el debe va una duración algo escasa, apenas treinta y cinco minutos, que revierte en algunos temas un tanto escuetos. Con eso y con todo un álbum más que meritorio. Nos vemos en Estilo.

Texto: David Naves

Reseña: Evil Impulse «Evil Impulse» (Autoproducción 2024)

Quinto y homónimo trabajo para los ciudadrealeños Evil Impulse. La banda que, a la hora de escribirse estas líneas, conforman Rodrigo de Lucas en baterías, Daniel Márquez al bajo, la dupla Jesús San José y Víctor G. Nieto en guitarras y Antonio Ramírez a la voz. Grabado en su Ciudad Real natal entre diciembre de 2023 y enero de este mismo año con producción de Victor G. Nieto y posteriormente mezclado y masterizado por Alb Bandino en los Cut Fire Mixing Studios de Cerdeña. El álbum ha sido puesto en circulación de modo independiente por la propia banda, la edición física corre a cargo de los avilesinos Factoría Del Ruiu y cuenta con el diseño y artwork de Yayo Alonso. Ocho cortes para una duración de treinta y siete minutos aproximadamente.

Arranca “The Culture Of The Ephemeral” y de pronto esa mezcla entre thrash, groove y algún que otro ramalazo sureño me recuerda sobremanera a mis paisanos de Soldier. Evil Impulse parecen cómodos mientras hibridan un metal donde lo mismo se suceden guiños a Down, que a Pantera, que a los Testament más pesados. La producción, sin resultar sobresaliente, distingue las diferentes líneas sin mayores complicaciones y la banda avanza con toda gravedad apoyada en una notable labor guitarrera. Otro tanto se podría decir la variedad de registros que entregan las distintas líneas de voz ya en este primer pelotazo de metal fangoso a la par que vibrante.

Four Walls” se eleva desde ese fango y, blast beat mediante, ataca con un prólogo que es pura gasolina. Me agrada la forma en que mantiene altas las pulsaciones durante estrofas, así como lo casi laberínticas que se vuelven a continuación. Hay riffs hábiles aún en esas altas vibraciones, así como una serie de estribillos, finísimo el trabajo de Rodrigo de Lucas aquí, que contraponen una mayor pausa a un corte llevado por la cara menos edulcorada de la banda. Por trazo y estructura puede resultar un corte más sencillo, menos enrevesado que otros dentro del tracklist. Por contra, cuenta con uno de los solos más equilibrados y unos estribillos nada faltos de gancho.

Pero por alguna razón, siento mucho más cómoda a la banda a través de algo como “Hells´s Kitchen”, que tiene un avance casi marcial donde destaca la firmeza de Rodrigo de Lucas tras baterías. Más adornada que otras entregas, repleta de buenos detalles melódicos y, en general, Evil Impulse entregando un medio tiempo tan sólido como malencarado. El tronco central descubre uno de mis riffs favoritos de todo el trabajo. Y mientras la línea de voz resulta algo más lineal aquí, no dejo de disfrutar ante el buen trazo y la mejor ejecución que la banda ofrece durante el epílogo. Un corte que puede perder en frescura aquello que gana en solidez.

Y hablando de riffs, “The Art Of Death” carga con uno que me recuerda a los mejores Exodus. Y de veras aciertan a la hora de amalgamar un thrash vibrante con una mayor pesadez heredada directamente de lo mejor de la década de los noventa. Es cierto que el riff en que apoyan sus estribillos puede resultar más plano. No es menos cierto que Evil Impulse se reservan para esta cuarta entrega un notable juego tonal que termina por convertirla en otra de mis favoritas de todo el largo. El solo que antecede al tronco central vuelve a rayar a gran nivel. Es la composición más extensa de las ocho y de veras da la sensación de que los ciudadrealeños han echado el resto.

Wasted Life”, que fuese otro de los adelantos, emerge con una calma tensa, anticipo de un corte que deja traslucir la cara más atmosférica de Evil Impulse, desterrada toda vez Toño ataca las primeras estrofas. Es un corte que no alcanza la distinción de otras entregas dentro del álbum, lo que no quita para que ciertos cambios de ritmo resulten agradables y la base rítmica empaste como pocas veces a lo largo de “Evil Impulse”. El primero del par de solos, breve y fugaz, me recuerda al caos ordenado del tristemente desaparecido Jeff Hanneman (Slayer). Un segundo le seguirá más adelante resultando de alguna forma más solidario al resto de homólogos dentro del tracklist. Un corte, finalmente, para destapar la cara más orgullosamente thrash del quinteto.

Esa llama del thrash más trotón y galopante sigue ardiendo en una “Dissecting The Instinct” que destapa unas estrofas vibrantes y muy cabronas. Voces realmente agrias y oscuras aquí para una lírica igualmente cavernaria. Sorprenden estos Evil Impulse en esa clave tan negruzca, construyendo uno de los ataques más violentos de todo el tracklist, apenas rebajado por la mayor ligereza de unos estribillos a voz limpia que parecen querer rozar el grunge más casual. Pero en líneas generales es una composición, como digo, oscura y violenta, con unos cambios de ritmo siempre bien apoyados por la hábil base rítmica de Márquez y de Lucas.

When The Killers (Versión 2024)”, cuya versión original nos remite a aquél Ep debut de dos mil trece “Flames From The Ground”, parece reincidir ahora en ese metal más negruzco y envilecido del corte anterior, entregando de igual forma a unos Evil Impulse especialmente embrutecidos y negruzcos. Pero lo que antes era velocidad y altas vibraciones, aquí es puro fango. Hay voces aquí y allá que me recuerdan a Steve “Zetro” Souza (Exodus) pero si algo sobresale ahora es el estupendo trabajo solista que la banda ejecuta en su tramo central. Extenso y vibrante, clásico y a la vez contemporáneo, perfecto contrapunto del fango que lo rodea.

El tranquilo prólogo de “Manifest” parece redirigir hacia entornos baladísticos pero nada más lejos. Evil Impulse juegan al despiste pues lo que irrumpe a continuación no deja de ser otro corte de thrash/groove agrio y arrastrado, agradable por los contrapuntos que propone y en donde sobresalen una vez más los buenos detalles melódicos con que Nieto y San José engarzan las distintas estrofas. Redondea este cierre el notable gancho de sus estribillos y ese aire a los Machine Head del estupendo “The Blackening” que se adueña del tronco central. Un muy buen cierre.

No practican el tipo de thrash/groove que más acostumbro a escuchar pero, aún por ahí, encuentro asideros suficientes a los que agarrarme. Sus composiciones fluyen de un modo natural, sin resultar en ningún caso artificiales o impostadas. Al sonido puede faltarle algo de punch en determinados momentos pero contiene trazos interesantes y también buenas ejecuciones. La paleta de influencias es amplia, como lo es también la tonal, que abarca desde los toques más clásicos del comienzo hasta la negrura de la nueva encarnación de “When The Killers”. Una banda a tener en cuenta por todo fan del thrash de corte más contemporáneo.

Texto: David Naves

Reseña: The Wizards «The Exit Garden» (High Roller Records 2024)

Tras debutar con un álbum homónimo hace ahora casi diez años, proseguir con “Full Moon In Scorpio” dos años más tarde y lanzar “Rise Of The Serpent” en 2018, ya tenemos aquí lo nuevo de los heavy / doom / stoner vascos The Wizards. La base rítmica de Baraka Boy al bajo y Dave O. Spare en baterías, las guitarras de George Dee y Phil The Pain y la voz de Ian Mason se encuentran detrás de los ocho temas de este “The Exit Garden” publicado por High Roller Records allá por el mes de marzo. Mezclado por Mario Gutiérrez y Alberto Macías en Slippery Studio para posteriormente pasar por las manos de Víctor García (Aathma, Toundra, Wormed…) en Ultramarinos Mastering y recibir el fino arte del Smoke Signals Studio para la portada.

The Exit Garden” cumple con el doble propósito de dar nombre e inaugurar el cuarto de los bilbaínos. Y lo hace sin dejar una sola gota de inspiración en el tintero. Apoyada en un gran riff al que da lustre la fina y equilibrada mezcla de Macías y Gutiérrez, nos traslada inmediatamente a un tiempo donde el rock era la música orgánica por excelencia. No exenta de alardes, las teclas que adornan su prólogo sin ir más lejos, me recuerda a ratos a los mejores Electric Wizard. También a mis queridos Blood Ceremony, aunque sin ese cierto poso tendente a la psicodelia de los canadienses. Un primer corte trufado de largos desarrollos instrumentales, ideales para quienes disfruten del rock and roll en su vertiente más setentera y vibrante. ¿Pero cumple el álbum con las promesas que hace este primer corte?

Porque desde luego parece que la banda ha echado el resto en ese primer corte. Lo que no quita para que “Full Moon In Scorpio” se destape como la versión más negruzca y aguerrida de los vascos. El pesado riff del prólogo impone su ley y la banda acomete ahora un rock más apesadumbrado, que vira hacia el doom sin mayores complejos. El alucinado solo que adorna ese prólogo tiene una pegada innegable. Y mientras que Ian Mason declama ahora en tonos que le asemejan a un Danzig de sus primeros álbumes en solitario, el corte adolece quizá de un estribillo más redondo. De mayor gancho. Pero esta vuelve a ser otra pieza bien calibrada entre composición y puro derroche instrumental. Estupendo el solo que acomodan camino del epílogo. Por tópico que pueda llegar a sonar, la banda demuestra aquí un nivel en cuanto a ejecución que poco o nada tiene que envidiar a cualquier foráneo.

Pero que me aspen si “Oniros” no recuerda a unos Ghost de sus dos primeros álbumes. Es verdad, Mason no canta tan “para dentro” como acostumbraba entonces el bueno de Tobias Forge, pero realmente siente uno cierto influjo, en particular durante el prólogo y las distintas estrofas. En parte porque las influencias son, desde luego, comunes entre uno y otros. The Wizards marcan distancias, y pienso que hacen bien, en unos estribillos más cercanos a su sonido y no tanto a la banda sueca. El corte emerge finalmente para bien con el paso fangoso y marcado de su cuidado epílogo. Ni tan mal para tratarse de un single adelanto.

Lo que son las cosas, ”Holy Mountain Mind” me sigue pareciendo una elección más lógica para tal fin. Atravesada por el estribillo que más ha arraigado en mi subconsciente tras las sucesivas escuchas, representa una vuelta hacia la vertiente más trotona y directa del quinteto radicado en Bilbao. Qué duda cabe, mucho más facilona y previsible que el trío de ases con el que da inicio el disco, lo que no quita para que sea un tema con el que disfruto en buena medida. Con sus buenos cambios de ritmo, su equilibrada producción y algún que otro solo de mérito.

Equinox Of Fire” no difiere en exceso de su inmediata predecesora, pero en cierto modo da la impresión de ser una oferta mucho más cerebral. Que da rienda suelta ya durante el cuidado prólogo a la cara solista más deslenguada del quinteto. De hecho la banda parece sintonizar ondas más chulescas ahora, plantando sus reales a medio camino entre el hard y el doom rock, con Mason en algunos de los tonos más altos de todo el redondo. Crepita el bajo de Baraka Boy durante las metódicas estrofas. Y aunque la banda da con un estribillo al que quizá eche en falta una pizca más de garra, bien está el solo de guitarra que ocupa el tronco central, así como el cambio de ritmo del epílogo.

Questions” dará un pequeño respiro con ese prólogo con anclaje en tonos baladeros que viene a calmar los altos biorritmos en que se había movido el disco hasta ahora. Huelga decir, cuidado hasta el más mínimo detalle, con esas guitarras casi prístinas y el registro más liviano de Mason. Superada la barrera de los dos minutos, el corte redirige hacia un rock en franca rima con los momentos más vibrantes de “The Exit Garden” para, por puro contraste, generar alguno de mis momentos favoritos del disco. Por lo disfrutón que está Dave O. Spare en esas partes más intensas. Por el buen nivel técnico que vuelven a mostrar George & Phil. Y, finalmente, porque la banda encuentra, ahora sí, un estribillo redondo y memorable, con un leve deje melancólico nada impostado, que entra a la primera. El duelo solista previo al descosido epílogo viene a redondean otro de los grandes hallazgos de este cuarto disco. Estupenda.

Crawling Knights” vuelve a poner calma en mitad de la tormenta. Inicio sosegado pero hábil, con esas guitarras en una clave que roza la psicodélica. Es el corte más extenso del álbum y se podría decir que la impresión es la de que la banda echa el resto. La progresión de sus estrofas camino de estribillos no podría estar más cuidada. La nostalgia que emana de su línea vocal, los buenos coros que acompañan a Mason, solidarios a los contrapuntos que emergen de las distintas líneas de guitarra. Y todo para confluir en un tronco central que lleva a The Wizards a ofrecer su cara más ardiente y disfrutona. Quienes se quejan, no sin motivos, de la falta de buenos solos de guitarra en el rock y metal actuales, gozarán del festín acometido aquí por George Dee y Phil The Pain, enfrascados en una serie de duelos de los que ya no se estilan. El epílogo, con vuelta a los sonidos tan tendidos del prólogo, finiquita el particular uróboro de los vascos. Magnífica.

Dawn Of Another Life” y sus contornos tranquilos, apenas la tenue voz de Mason sobre un marcado colchón de teclas, al que más adelante se sumarán, aunque sea de manera tímida, ambas guitarras, finiquita lo nuevo de The Wizards con una cierta sensación de distinción. Elegante calma después de la tormenta. Después de todo, “It´s time for the dawn of another life” (Es la hora del amanecer de otra vida).

Los chicos tienen razones de sobra para estar satisfechos. Y quienes gusten del hard / heavy con trazas doom de inconfundible aroma clásico, motivos para celebrar. En un tiempo donde el metal camina de la mano del puro artificio, “The Exit Garden” propone una vuelta a los orígenes trazada con sumo cuidado pero ejecutada con la mayor de las libertades. Pocas cortapisas parece haberse puesto la banda a la hora de ejecutar los ocho cortes. Líneas de voz sentidas y con gancho y unos cuantos solos para el recuerdo. Riffs de mérito y una base rítmica que crepita y galopa desde el buen gusto, sin excesos ni manierismos. Un disco que me tiene enganchado desde hace semanas y al que bien haríais en pegar un par de escuchas. No salgáis luego con que nadie os avisó.

Texto: David Naves

Reseña: Secta «Panzer» (CD Music 2024)

Segundo round para lo chicos de Secta tras debutar en 2022 con su anterior “Nada Nos Va A Parar”. Apenas dos años después, como queriendo hacer bueno el lema de aquél debut, vuelven ahora con este “PanzerMichael Arthur Long en voces, Juan Pablo Cotera en guitarra rítmica, Ger Gilsanz en la solista, Pelayo Vázquez al bajo y Pablo Pravia en baterías. Nueve temas grabados en directo en Tutu Estudios con producción del propio Sergio Rodríguez “Tutu”, posteriormente masterizados por Dani Sevillano y a los que adorna el arte de BwanaDevilArt.

C’mon” pronto da la impresión de estar hecha con la intención de continuar allí donde lo dejara su debut de hace un par de años. Sencilla, directa, imbuida de ese rock and roll de aroma irresistiblemente clásico. Me agrada lo tendido de las estrofas y la forma tan natural en que derivan en unos estribillos a un tiempo sensuales y al otro directos. Una mezcla que distingue de entre cada línea, sin que la voz acapare excesivo protagonismo ni las guitarras ahoguen al bajo de Vázquez. El buen solo de Gilsanz, sin abandonar esas pulsiones tan clásicas, remata un buen inicio.

Panzer” es, qué duda cabe, el gran emblema de este trabajo. No solo le da nombre sino que además fue además uno de los adelantos en forma de videoclip. Es, de hecho, la única letra presente en el escueto libreto del CD. Y si bien reproduce ese rock tan AC/DC que les define, se atreve con una letra un tanto diferente a todas cuantas hayan escrito hasta la fecha. Todo funciona. Desde el desgarrado grito de Arthur Long en el prólogo hasta la fina construcción de las estrofas. Los pequeños adornos que implementa Gilsanz aquí y, como ya ocurriera en el debut, la sensación de que sin duda les beneficia el hecho de haber dado a luz en puro directo a estas canciones.

Dulce Dinamita” es otro de esos cortes que olvidan cualquier tipo de metáfora y van directamente al grano. Desprovista al igual que “Panzer” o “El Herrero” del factor sorpresa, estos temas ya vieron la luz durante la gira del “Nada Nos Va A Parar”, entrega uno de los riffs que más me enganchan de todo el tracklist. Por ahí también me agrada el buen prólogo y los cuidados contrapuntos entre Cotera y Gilsanz. Arthur Long desliza una línea de voz más vacilona aquí para un estribillo redondo por pegadizo. Memorable incluso. De los que asaltan tu subconsciente en el momento menos pensado. Ger Gilsanz parece igualmente inspirado durante el solo y, al final, el corte emerge como uno de los más y mejor compensados de este segundo álbum.

De todos cuantos transcurren en este “Panzer”, puede ser el prólogo de “Todo o Nada” el que más me recuerda a Winchester, la otra banda del guitarra Ger Gilsanz. Medio tiempo a mayor gloria de la cara más clásica y elemental de Secta. Acomodado en muchos de sus tics habituales, sobresale aquí la buena labor de mezcla de la que goza el álbum. “No hace falta ser un sabio” ni tampoco reinventar la rueda, pero es verdad que tiene unos estribillos con los que me ha costado llegar a conectar. No decepciona el solo de Gilsanz pero, al final, conecto en mayor medida con casi cualquier otro corte del tracklist.

El Herrero”, por ejemplo. Empezando por el riff en que apoyan las estrofas. Ese aire tan desenfadado con que imbuye a otra letra marca de la casa pero, sobre todo, por un estribillo tan sencillo como pegadizo. La forma en que ambas guitarras juegan a encontrarse casi en todo momento, la firme base rítmica de Vázquez y Pravia. Es el corte más extenso del álbum, tiempo bien aprovechado por Gilsanz para deslizar uno otro de mis solos favoritos de este segundo trabajo. El final, sensiblemente más descosido, redondea otro de los grandes cortes de “Panzer”. Al menos en opinión del abajo firmante.

Mucho más sencilla, al menos en apariencia, “Fuera De Control” da un pequeño giro de timón al disco. Apoyada en una cuidada línea de batería de Pablo Pravia, construida con algo más de libertad y más que eficaz a la hora de amplificar el rango de influencias que había manejado la banda hasta el día de hoy. Ironiza la letra con el 4/4 y todo sale adelante tras el ya clásico desgarro de Michael Arthur Long al micro. Tiene ideas que, intuyo, daban quizá para un tema más extenso. En cualquier cosa la banda parece no querer conformarse con lo ya ofrecido en su primer álbum en lo que pienso, sin duda, es el camino a seguir.

Tampoco es que Secta hayan mutado en Royal Blood así de buenas a primeras. Ni mucho menos. Pero si a alguien le cabían dudas, qué mejor que una “Caliente” donde se reproducen todos sus tics más habituales. Desde lo socarrón de la letra al aroma puramente Young que exhalan las partes menos tranquilas y la mayor amplitud que aportan los coros aquí. Muy presentes de hecho en el buen epílogo que la banda ha dibujado aquí.

El Sueño Americano” destapa la que es seguramente su letra más ácida hasta el día de hoy. Y de hecho la interpretación de Arthur Long al micro la disocia en cierto modo del resto del tracklist. “Es el sueño americano, encefalograma plano”. Pravia vuelve a poner de su parte para lustrar a este penúltimo corte y a bordo de ese final más vibrante todo casa para otro corte directo, con mala leche, ágil y bien construido. Sin duda una de las grandes sorpresas de este segundo álbum.

El cierre es para la no menos interesante “La Casa Del Blues”, con alguna de las estrofas más sensuales de todo “Panzer”, solidarias a unos coros tan clásicos como efectivos. Me agrada por trazo. Por ese solo algo tempranero de Gilsanz. También por su letra, que transmite la socarronería habitual del quinteto pero con algo más de inteligencia. Un cierre que, pienso, daba para algo más de recorrido. De hecho las guitarras retornan en solitario una vez finalizado el corte. En cualquier caso una de las ofertas más redondas del tracklist.

Han dado un paso adelante. Se intuye en algunas de las líricas que pueblan el álbum. También en la construcción de alguno de los temas. Lo positivo, además, es que lo han hecho sin sacrificar ni una sola de sus señas de identidad. El fuerte influjo a AC/DC que dominó “Nada Nos Va A Parar” resulta algo más escondido ahora pero sigue igualmente presente. A nadie se le escapará que el disco se beneficia de esa mayor amplitud de miras. Algo que se deja notar igualmente en el apartado lírico por el que apuestan en según qué cortes. Véanse “Panzer” o muy especialmente las dos ofertas finales. No sé muy bien hasta donde llegará la andadura de esta particular Secta pero desde luego van por el camino correcto. Ocurra lo que ocurra, tened claro que seremos testigos.

Texto: David Naves

Crónica: Vidiago Rock Festival (Sábado 4/5/2024)

Y el Vidiago Rock Festival renació de sus cenizas. Dos jornadas, siendo la del viernes más orientada al punk y la del sábado más afín al tipo de música que solemos tratar por aquí, nuestra presencia allí tras cubrir un día antes el Factoría Rock Fest VI era poco menos que ineludible. Un cartel que en su cita sabatina que vino a congregar a las bandas Soulbane, Alto Volto, Drunken Buddha, Black Rainbows, Disaster Jacks y Chamako Wey!. Bandas de aquí y de allá para un plantel lo suficientemente diverso y atractivo como para echarnos una vez más a la carretera.

Con nuestra calma habitual, ya está Fernando Alonso para correr, llegamos a Vidiago con tiempo suficiente de hacer un mínimo de turismo. De tomar algo y socializar. También de hacer grupo y piña. Al final te pegas una hora de carretera y terminas viendo a mucha cara conocida. Rediós, que carajo será del rock and roll el día que faltéis.

Soulbane serían los encargados de dar la salida. Tarea ingrata donde las haya. Lidias a la vez con un público aún escaso, que en gran parte no te conoce y tienes todas las papeletas para comerte todos los errores a subsanar en cuanto a sonido durante la jornada. Ante semejante panorama, los de Torrelavega supieron lidiar con los previsibles inconvenientes a través de unas interpretaciones llenas de carisma y clase, así como un set atractivo por su propia diversidad.

Y es que arrancaron y en primera instancia nos sonaron casi setenteros. En gran parte por el registro del que echó mano en un principio el frontman Iván Valle. Siempre es difícil encarar una crónica de una banda a la que desconoces, pero en honor a la verdad diremos que conforme avanzó el setlist se fueron confirmando como una propuesta de lo más ágil y atrevida a la hora de amalgamar géneros.

Porque ya digo que empezaron con esa raíz fuertemente setentera, para después rozar incluso el soul y, conforme avanzó el set, dibujaron cortes que circulaban ya dentro de las lindes del progresivo. “Firewalker” puede ser un buen ejemplo de ello. Largos desarrollos, hábiles cambios de ritmo. Intentaremos, en la medida de lo posible estar atentos a sus evoluciones.

Pero toca seguir relatando el set de los cántabros. Y es que aún aguardaban sorpresas. Porque para “White Raven” cuentan con un trompetista en escena y, de pronto, su propuesta vuelve a mutar. El registro de Valle vira hacia tesituras a medio camino entre Elvis y Danzig y el corte adhiere fórmulas no demasiado distantes de un tardío Ennio Morricone. Hábiles, en cierto modo impredecibles y, sin embargo, extrañamente homogéneos.

Para otro de los cortes incluso contaron con toda una sección de metales (de la charanga El Compango) en escena. Todo con un muy buen sonido gracias al habitual buen hacer de la gente de la Casa Furia. Ya de nuevo en formato cuarteto atacaron un final de set donde no faltaron los habituales agradecimientos. “Hace diez años de nuestra anterior visita” comentaría Valle. Amenazamos con seguir la pista de los torrelaveguenses.

A quienes seguimos la pista desde hace ya tiempo es a la buena gente de Alto Volto. Y es que la cara de Borja cuando nos vio al pie del escenario en los instantes previos al comienzo de su descarga lo dice todo. Un tío con clase, como demuestra la camiseta verde con el logo de los MC5 que lucía. O ese solo con pie al wah con el que dio la bienvenida en Vidiago. Son una banda que ahora alterna letras en nuestro idioma con otras en la lengua de Shakespeare y en el fondo son la típica banda que, podrá gustar más o menos, pero muy buenos en lo suyo.

“Noches sin dormir… esto es insomnio” comunica el propio Borja. Y el trío, que completan Juan Villamil (batería), Diego Motta (bajo), profundizó en su peculiar mezcolanza de hard, blues y rock and roll del de toda la vida. Pero es “Veneno” la que capta mi atención en esta parte inicial del set. Quizá por ese mayor acercamiento al viejo hard rock. La cabra tira al monte (prometo dejar obsoleto este latiguillo de una vez). “Es un placer para nosotros estar aquí”, asegura el propio Borja, y a juzgar por lo redondos que estaban sonando, no nos cabe la menor duda.

El recuerdo al primer álbum que trae consigo “Before You Came” extrae de hecho la cara más aguardentosa del frontman asturiano. Y por si quedaba alguien aún con legañas a modo de resaca de la jornada anterior, qué mejor que algo como “Wake Up”. Ni grandes excesos ni tampoco mayores complicaciones. De ahí que siempre cumplan en la forma en que lo hacen.

Cambio de Fender a Les Paul mediante, aprovechó entonces Borja para dedicar “Habitaciones Frías” a “Marisol, que nos ha dejado hace pocas horas”, levantando una sentida ovación por parte del público del Vidiago. “Baila”, que estará en su próximo álbum de estudio, desata a los Alto Volto más blueseros. También al mejor Motta en las cuatro cuerdas. Y mientras que “Atontado” centra sus miras en el mal uso de las redes sociales, “Now You Know” entrega, piensa uno, la mejor cara del cuarteto.

Quiso también Borja tener un momento para recordar a Wayne Kramer, guitarrista de MC5 que nos dejara el pasado dos de febrero a la edad de 75 años. También advertirnos de que Drunken Buddha nos iban a poner a “bailar el pericote”. Esta gente tiene más clase que una universidad.

A nadie se le escapa que Drunken Buddha son un animal bien diferente. Y de hecho sería un ejercicio de cinismo por nuestra parte negar el afecto que sentimos por el quinteto radicado en Gijón. Son ya muchas las ocasiones que nuestros caminos se han cruzado y las más de las veces hemos sido testigos de shows muchas veces impepinables. Y es que, tirando una vez más de tópicos, esta es una de esas bandas que rara vez empata, pero que desde luego nunca pierde.

Y no pierde porque ese arranque con la intro “March Of Dementia” encauzando con “Sea Of Madness” pronto pone Vidiago a sus pies. Es así, máxime si logran sonar como lo hicieron en la jornada del sábado. Es cierto que, al menos desde mi posición, a veces costaba oír los solos de Diego Riesgo. Pero no es menos verdad, y perdón por la insistencia, sé que lo hemos dicho ya muchas veces, que la nueva base rítmica de la banda, Kay en baterías y Fran Fidalgo al bajo, les propulsa a otro nivel, sumando por igual precisión y clase.

“¿Empezar a charrar ya?” amenaza el frontman Michael Arthur Long. No hombre, no. Mejor el rock disfrutón de “Devil’s Breath” para dejar sin aliento a quienes todavía no tuvieran el gusto de conocerles. Finísimo como siempre Mario Herrero en teclas. Parte indisoluble de la añeja propuesta de los asturianos. “Can’t Hold Your Gaze” sería a la sazón una de mis favoritas del sábado. Por los coros de Diego y Mario primero y por la forma en que, uno a cada extremo del escenario, jugaron a encontrarse durante sus respectivos solos.

Algún tema nuevo, que integrará un tercer trabajo que nos morimos de ganas por escuchar, y la fiesta a la que ya nos tienen acostumbrados. No se le escapa a nadie que con nosotros tienen perdido ya el factor sorpresa. En cualquier caso puedo dar fe desde aquí de que la gente, conocidos y extraños, se lo estaba pasando en grande. “Concierto corto pero concentrado, como Ron Jeremy”. Me sonaba el chascarrillo, sí. Idiosincrasia Buddha, después de todo.

La frenética “Hang ‘Em High” daría con los huesos de Arthur Long en la valla, aupado por algún que otro sorprendido espectador, y sería anticipo de “un tema más stoner”, no otro que la siempre rocosa y desgarrada “Monster” de su debut de 2018. Solazo de Diego y el vocalista llevado en volandas por la audiencia. La fiesta se desataba en Vidiago. Uno de los cortes que siempre ayuda en el empeño es “Dance Of The Serpent Queen” y su pegadizo (no quisiera decir pegajoso) coro que la gente cantó de muy buena gana ante las exigencias del frontman: “pero cantad, cabrones”.

Ya descamisado, como de hecho viene siendo habitual en él, anunció tener dos noticias. La mala y la buena. Siendo la primera que el set iba tocando a su fin y la buena que tras ellos le llegaba el turno de los italianos Black Rainbows. Pero faltaba, claro, “Medicine Man”, y el despliegue físico/alcohólico que acostumbra a desatar, con el vocalista bajando al césped y bañándose una noche más en champán. “Ye de lo barato del Mercadona”, diría luego mientras se frotaba los ojos de vuelta en las tablas. Todo sea por la fiesta y el rock and roll.

Strangers & Fools” apacigua entonces los ánimos. Apenas un inciso antes de que el propio Arthur Long amenace con vestirse de traje y tornar en crooner en un futuro cercano. Mientras llega ese momento, quedarán en la retina los buenos ratos vividos en Vidiago el pasado sábado. Se despidieron, claro, revisitando una noche más “Highway Star”, con un gran Mario a las teclas y el propio Diego bajando al foso y entregando tan icónico solo al público de las primeras filas. Gran ovación para un tremendo fin de fiesta. Otra plaza conquistada, que diría aquél, por mucho que no estén las cosas ni mucho menos como para andar empleando terminología bélica. Acabaré por comerme las uñas hasta el codo como no llegue pronto ese tercer disco. Triunfales.

Lo bonito de ir a ciertos festivales a dejarte sorprender es que, en ciertas ocasiones, ocurre la magia. Porque no lo tenían nada fácil los italianos Black Rainbows tras el despliegue de los Buddha, pero fue salir con “Evil Snake”, de aquél “Stellar Prophecy” de 2016, y desatar (o continuar) con la mayor de las fiestas.

A puro stoner de riff tan grueso como pegadizo, y aún a pesar de algunos problemas de Gabriele Fiori con el ampli de su guitarra, supieron poner Vidiago a sus pies. Llevaba el italiano una camiseta con el emblema de Heavy Psych Sounds, sello de la banda y auténtica marca de referencia para todo buen fan del género más fumeta. Es cierto que muchos de sus temas pueden pecar de un abuso de la misma estructura. Pero al fin y al cabo esa cierta simpleza en las composiciones revierte en unos temas sólidos cual roca madre.

Mucho bailoteo en las primeras filas y es que su propuesta, con el impulso de esos riffs tan marcados, desde luego da pie a ello. Con la base rítmica de Filippo Ragazzoni (batería) y Edoardo “Mancio” Mancini (bajo) funcionando como un reloj de precisión, todo salía a pedir de Milhouse que decía aquél.

Entrado ya el set, y toda vez su música se inunda en mayor grado de distorsiones y efectos diversos, su propuesta alcanza tintes más espaciales, lindando sin tocar las fronteras de la psicodelia y propulsando a los romanos a cotas hasta ese momento desconocidas en su descarga. En cierto modo no quisieron ser menos que Alto Volto, aprovechando para insertar aquí su particular revisión del “Black To Comm” de los MC5.

Los disfrutamos. Después de todo por algo somos un medio con un tal Ozzy Osbourne como emblema, aunque fuera el de Monster Magnet el nombre que acudiría con más fuerza a mi subconsciente durante determinados momentos del show. “The Hunter” rubricaría un gran final y daría pie a un pequeño bis. “Universal Phase” si mis datos son correctos. Vinieron, descargaron un gran set y, así tal cual, se fueron con la satisfacción del deber cumplido. Banda a tener muy en cuenta. Eh, Factoría, yo no digo nada.

Al grito de “bona nit, Asturies” desencadenaron su descarga los catalanes Disaster Jacks, propuesta más lindante con el punk de toda la jornada del sábado. El trío que forman la guitarra y voz Angi, la batería Marle y el bajista Iggy, vendrían a darle un impulso más a una noche que encaraba ya su recta final y ponía a prueba las ganas de fiesta de los aún presentes. Porque fue sensible la desbandada tras Black Rainbows, lo que de todas formas no arredró al trío radicado en Sabadell.

Punk, claro, tan vivaracho como reivindicativo. Con Angi destapándose como una estupenda frontwoman en cortes como las iniciales “The Mirror” y “Upside Down”. “Faltan mujeres en los escenarios” y es verdad. Después de todo y como bien apuntó la catalana, tanto ella como Marle eran las únicas presencias femeninas de entre todas las bandas del sábado. Agradable la forma en que su punk muta desde entornos casi cercanos al pop a feroces andanadas que rozan el hardcore. Propuesta elástica y disfrutona, es verdad que no hacen el tipo de música que solemos tratar en este medio pero, al menos en lo que a mí respecta, puedo decir que en absoluto me desagradaron.

En “Everlast” quiso la propia Angi tener un detalle con “todas las mujeres, también las trans”, que por algo el verdadero punk será siempre vanguardia en oposición a los más reaccionarios. “¿A quien le gustan las baladas?”, claro, anticipó uno de los cortes más furibundos del set. Y al igual que hicieran antes Drunken Buddha, Angi no quiso perder su oportunidad de perderse entre la gente. Todo lo que el cable de su Les Paul dio de sí y con Macini de Black Rainbows en primera fila y sin perder ripio de sus evoluciones arriba (y abajo) del escenario.

Ya de vuelta a las tablas aún tendría tiempo de intercambiarse los instrumentos con Iggy, y este incluso de dibujar un tímido solo de guitarra. Firmaron un final juguetón y ya digo que para no ser enteramente “mi rollo”, disfruté de su particular punk rock. Fiesta y espíritu reivindicativo. Qué más queréis.

El quinteto con base en Langreo sería el encargado de cerrar esta nueva, y creemos exitosa, edición del Vidiago Rock Festival. Y lo harían con su habitual colisión de thrash y groove para alegría de los pocos supervivientes que aún quedábamos frente a las tablas. Lo cierto es que no era tan tarde. Para lo que nos tienen acostumbrado citas de este estilo, cinco minutos después de las dos es una hora todavía razonable.

En cualquier caso Ángel Cueli, impulsor del evento (y que se había encargado de presentar a todas y cada una de las bandas del cartel) no quiso perder la oportunidad de cantarle el cumpleaños feliz a Dani Larriet, vocalista de la banda, por más que dados los caprichos del reloj, el calendario hubiese corrido ya una fecha más. Sea como fuere suena el celebérrimo tema de Halloween de John Carpenter y Vidiago acoge la propuesta más extrema y bruta de la jornada.

Larriet, experto ya en estas lides, le recordamos cerrando con Unexpectance la multitudinaria vuelta del Unirock en 2022, desató sus registros más oscuros para dar con una “The Butcher” donde ya Adrián “Mostro” entregaría un estupendo solo de guitarra. Y sí. La gente estaba (estábamos) muy parada. Un poco por las horas, otro tanto porque quien más, quien menos, no conocía la agria propuesta de los astures. O no era de su gusto. Quilosá.

Poco han cambiado desde nuestro anterior y encuentro con ellos allá por febrero de este mismo año, por lo que en lo que a nosotros respecta cupieron pocas sorpresas. Pero la banda, técnicos de Casa Furia mediante, sonó todo lo gruesa que debía. Con un Mike Jiménez a los parches ya plenamente integrado en la disciplina del quinteto, alternaron temas propios (“Fariseos”, “Zombie Caníbal”) con otros ajenos como ese “Edgecrusher” de Fear Factory, donde quizá eché en falta los scratches que DJ Zodiac aportara en el original, pero ni mucho menos toda su pegada y rotundidad. Reconocería Larriet que esta era una cita especial para él, no por nada se trataba ya de su cuarta aparición por el festival. Se dice pronto.

Pero sí. La gente estaba ya algo dispersa. Tal es así que el propio Cueli quiso tener el detalle de irrumpir en escena para pedirle a los despistados que se acercaran a las primeras filas y arroparan a la banda. Y la banda respondió en sintonía. “Indomable”, “Pendejos Fronterizos” y su particular revisión del “Take My Scars” de Machine Head vinieron a dar la verdadera medida de la actual encarnación del combo. con “La Migra” de Brujeria, a buen seguro una de sus grandes referencias estilísticas, dirían adiós a su descarga y al propio festival.

Félix, claro, aprovechó para emplazar a la edición del año que viene. En la medida en que las circunstancias (agenda, salud, etcétera) nos lo permitan, desde luego que pueden contar con nosotros. Por lo mucho que disfrutamos allí pero muy especialmente por el cariño con que nos trataron. Da gusto llegar a una cita como esta y sentirse como en casa. Transmiten el amor por el rock and roll con el que la organización saca adelante el evento y la gente acude a disfrutar en total sintonía con ese ambiente casi fraternal. Un espíritu que bien se podría resumir la presencia en las primeras filas de Edoardo Mancini durante la descarga de Disaster Jacks.

Por nuestra parte nada más. Mandar un fuerte abrazo a los habituales de siempre, a la agradable compañía y mandar el deseo sincero de que esta temporada de festivales que ahora comienza se dé lo mejor posible. A nosotros seguro nos encontraréis por ahí. Larga vida al Vidiago Rock.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz