Reseña: Unchosen Ones «Divine Power Flowing» (Autoproducción 2026)

Segundo largo para los heavies melódicos vigueses Unchosen Ones. “Divine Power Flowing” viene a suceder a aquél “Sorrow Turns To Dust” del que diéramos buena cuenta allá por 2023 (reseña). Ellos son Christian Marco (teclado), José Fernández (batería), Pablo Álvarez (bajo), Fran Romero (guitarra) y Javier Calderón (voz), a quienes hay que sumar la colaboración de Anxo Silva (Iron Hunter) en el corte que da título al disco. Un trabajo para el que de nuevo han contado con el arte de Abigail Fernández y que fue grabado por la propia banda, amén de algunas guitarras adicionales que vinieron al mundo en los estudios SMHQ. Con mezcla y master de José Fernando Tercero en los Estudios JFT Producciones, el disco ha de ver la luz el trece de febrero.

Idols & Kings” va a la carga con un prólogo épico y grandilocuente. Toda vez la composición transita hacia las primeras estrofas, adopta un power metal ligero, muy melódico, donde Fran Romero está creando melodías pegadizas y con gancho. El álbum, desde estos primeros compases, hace gala de un sonido más que digno. Me gusta la línea de voz que Javier Calderón ofrece aquí. También los coros que le acompañan en estribillos. Se puede acusar a este primer corte de recordar a un largo etcétera de discos previos dentro del género, pero no de que las distintas ejecuciones sean más que solventes. Romero recupera protagonismo con el estupendo (y extenso) solo de la parte final y todo se conduce con un marcado orden hasta el cierre. Pienso que un más que correcto arranque de disco.

En “The Void” surge un riff algo más sucio y a la vez clásico. A él se enfrenta toda cuanta parafernalia la producción ha sido capaz de introducir. Es un corte a ratos muy recargado, pero Calderón vuelve a estar más que fino al micro. Sin alardes exhibicionistas pero sin acomodarse tampoco. Siento que su registro resulta agradable en todo momento. Del mismo modo me agradan los cambios de ritmo y el modo en que José Fernández los apuntala tras baterías. Fran Romero vuelve a dejar otro gran solo en el tramo final y todo se conduce hacia un epílogo elegante. Ahí emerge y reina la cara más melódica de la banda. Y aunque a ratos sienta que se trata de un corte al que, desde el papel, se le podría haber sacado algo más de jugo, tampoco puedo decir que me desagrade. Al contrario.

Turno entonces para el corte más extenso de los nueve. “Cursed Without A Cause” apacigua los ánimos, recubre su prólogo de una épica muy acusada y transita después hacia las primeras estrofas con un deje casi progresivo. Un guiño, apenas, pues pronto la composición adopta un power metal asequible, bien construido y mejor ejecutado. El de los estadounidenses Kamelot es un nombre que va y viene con las sucesivas escuchas. Aquí surge uno de los estribillos con más gancho de todo “Divine Power Flowing”. Todo me funciona. Además tengo la sensación de que Christian Marco está de lo más acertado tras las teclas. A destacar su labor, al alimón con Fran Romero, durante el (nuevamente) épico puente del tramo final primero, y durante el duelo solista después. Es un corte que exhibe el músculo que eché en falta en el corte previo y que, huelga decir, deja la mejor cara de los gallegos.

El de “Whirligig Saw” es un riff que bien me podría recordar a muchos momentos de Judas Priest, pero filtrado a la manera Unchosen Ones. Y de todos modos, cualquier parecido con la banda de Birmingham salta por los aires toda vez acometen las primeras estrofas. Ahí los gallegos adoptan un metal colindante con el power, una vez más revestido de una cierta épica, y donde resulta vencedor otro estribillo redondo y con gancho. El solo de Fran Romero, esta vez, tiene algo que me recuerda al bueno de Michael Romeo, lo cual nunca es mala señal. Y si bien todo el andamiaje de la composición puede resultar un tanto recurrente, no niego que la canción funciona.

Caught By The Wind”, que busca inspiración en la legendaria saga de videojuegos “Castlevania” ahonda en esa vena más power. Y lo hace, claro, sobre una base rítmica trotona y directa. La banda pone todos sus argumentos a funcionar: la pegada de José Fernández tras los parches, los escorzos de Christian Marco desde el teclado, el bajo rugiente de Pablo Álvarez. Y por supuesto el buen hacer de Fran Romero en guitarras y Javier Calderón en voces. Me agrada cómo, aún en esas revoluciones altas, la banda nunca abandona los buenos riffs, las buenas melodías. Quizás el solo final merecía algo más de espacio. El dibujado aquí por Romero aquí, si bien no me desagrada, sí que me deja con ganas de más. En todo caso un corte que disfruto.

Inspirada en el manga “El Puño De La Estrella Del Norte”, “Divine Power Flowing” apacigua ese metal trotón y redirige hacia un hard emborrachado de buenas melodías. Cuentan aquí con la colaboración del Iron Hunter Anxo Silva, quien ejerce de bronco contrapunto, con su voz rasgada, al siempre impoluto registro de Javier Calderón. Corte de puro hard rock melódico (unos Be For You podrían firmar un corte como este sin problemas), supone a la larga todo un soplo de aire fresco dentro del tracklist.

Me agrada la manera en que “Synthetic Wave Horizon” juega con las estructuras en contraste con el resto del álbum. Parte de un tranquilo prólogo para que después irrumpa su cara más contundente y Fran Romero despliegue todas sus habilidades a las seis cuerdas. El riff que dispone para las primeras estrofas, de hecho no podría funcionar mejor. Tiene un gancho de mil demonios. Y si bien los que se suceden en estribillos puede que no tengan ese brillo, da igual porque el trabajo melódico tanto suyo como de Javier Calderón es poco menos que excelente. Hay mucha calidad aquí dentro y cortes como este son testimonio de ello. Otra de mis favoritas.

Midnight Mass” le vuelve a cambiar el paso al disco. Es un metal algo más sucio, oscuro incluso, de marcado contraste con el resto del álbum. Y si bien por sus estribillos sí que se cuela algo más de luz, ahí están esas estrofas de una crudeza apenas desconocida en todo el tracklist. Javier Calderón alterna susurros con voces elegantes y armoniosas. La producción se atreve a dejar un par o tres de detalles que otorguen una mayor personalidad y en definitiva todo me funciona. Desde esa escritura que parece querer guiñar al prog más leve hasta la cuidada labor de Christian Marco tras las teclas. Fran Romero remata con otro gran solo de guitarra y, al final, Unchosen Ones trazan otra de las composiciones verdaderamente ganadoras de este “Divine Power Flowing”.

El cierre es para “Death & Deliverance”, que no le anda lejos en cuanto a ambientaciones al corte previo, esos dejes tan Symphony X, recuperando a su vez aquél deje más melódico de temas como el que da título al álbum. Y si bien me cuesta conectar con el estribillo que Javier Calderón dibuja aquí, no puedo negar que los gallegos están, de nuevo, a gran nivel en lo que a despliegue técnico se refiere. En especial un Fran Romero que se desfogará con otro lúcido solo de guitarra en este rush final. Perfecto broche.

Y es que “Sorrow Turns To Dust” ya nos había dejado un buen sabor de boca en su día. Este nuevo trabajo no viene sino a apuntalar las buenas ideas que poseía aquél. Añadiendo algo más de mordiente a la mezcla, dejando que su nivel técnico fluya de forma natural, sin excesos contra natura, otorgando personalidad a cada uno de los temas y, en definitiva, dejando la sensación de que saben muy bien lo que se hacen. Metal melódico de altura, regado con solos de gran mérito, voces que derrochan elegancia, una base rítmica más que firme y todo para un disco que bien merece una escucha o dos. Avisados estáis.

Texto: David Naves

Reseña: Jean Paul’s Dream Vision «Reminiscences» (Demons Records 2025)

Segundo largo vía Demons Records del músico y compositor alicantino Juan Pablo “Jean Paul”, acompañado por una verdadera constelación de músicos para los quince cortes, nada menos, que alcanza este “Reminiscences”. Y es que son más de cincuenta los nombres que se han dado cita en esta nueva obra. Gente como Johnny Gioeli, Isra Ramos, Steve Overland, Paco Ventura, Ángel Belinchón, Danny Vaughn… El trabajo ha sido producido y mezclado por el Hitten Johnny Lorca en los Mole Mother Studios de Murcia. Es el propio Juan Pablo quien carga con las guitarras rítmicas, así como (evidentemente) con toda la composición a excepción hecha de “Vega”, coescrita ésta al alimón con Michael Flexig. Lorca ocupa el bajo y entre Samu Baeza y Willy Medina alternan con las baterías. Hechas las presentaciones, y procurando dejar por el camino el menor número de nombres posible, entremos de una vez en materia.

Las hábiles manos de Henrik Larson (Jaded Heart, Masterplan) sobre el teclado introducen la inicial “Flying Away”. Y lo hacen procurando un inicio bien acomodado, optimista incluso, que conduce hacia un buen riff de guitarra. A él se agarra todo un Steve Overland (FM), trazando no solo una buena línea de voz sino adornándose también con elegantes armonías. Tras estas guitarras se encuentran David Palau y Christian Vidal (Therion). Un primer corte bien producido, trazado muy por la senda del libro de estilo del género. Disciplinado pero también eficaz.

Quien viene a casa en “Come Back Home” es nada menos que Johnny Gioeli (Hardline, Axel Rudi Pell), en comandita con Samu Baeza (Santiago Campillo) en baterías, las teclas de Carlos Álvarez (Dry River), el bajo de Fernando Mainer (Jeff Scott Soto, Jorge Salán) y el solo del Medina Azahara Paco Ventura. Todo se apoya sobre otro hábil riff de Jean Paul. También, claro, en la buena línea de voz de Gioeli, en particular en estribillos, encajando en un registro que le viene ni que pintado. La mezcla equilibra y da color sin olvidarse de la base rítmica. Ahí destaca la labor de Mainer, añadiendo una capa más de distinción y buen gusto. Luego Paco Ventura dispone un solo más que interesante. Extenso, en los tiempos que corren, y en el que da la sensación de habérselo pasado en grande mientras lo grababa. Puede ser uno de los cortes más redondos de este segundo largo.

Vuelve el veterano Steve Overland para una “Walking In The Rain” que, a modo de curiosidad, clava la duración del corte precedente. Y al igual que aquella, dibuja paisajes tranquilos, agradables y, claro, muy melódicos. Johnny Lorca carga ahora con el bajo, también con el solo de guitarra, en un corte amable, que fluctúa entre la balada y el medio tiempo, bellamente revestido por esos teclados de Elena Alonso (Lethargus) y atravesado por una (nada impostada) melancolía. Estupendo epílogo, por cierto.

En “In the Storm” sigue a bordo la voz de FM. Un inicio reposado, muy amable, al que luego acuden guitarras igualmente ligeras, formando contornos calmos, casi prístinos. El actual Ñu Manolo Arias se encarga de la eléctrica, Lorca de los pasajes acústicos, Nilver Pérez (Revlin Project) pone el teclado y Diego Teruel (Amaro, Gürú) el bajo para otra entrega amable, cuidada con sumo detalle y donde Overland, cómo no, brilla con luz propia. Me agradan ambos solos. El acústico de Lorca, el eléctrico de Arias. Dobla este el suyo, que se alzará finalmente como uno de los más efusivos del álbum, contrastando, sin desentonar, con el tono del corte que lo acoge.

Vuelve Gioeli para “This Must Be Heaven”, que viene a recuperar parte del nervio perdido. Ahí, la voz de Hardline se defiende cual gato panza arriba. Es un corte que parece trazado a mayor gloria del vocalista neoyorquino. El estribillo es de esos que entran cual cuchillo en mantequilla. El Tritón Javier Mira pone el primer solo sobre la batería de Samu Baeza y el bajo de Santi Hernández (Lujuria). Y Lorca pone el último de los solos en un epílogo que me agrada tanto por trazo como por ejecución.

Pero el disco vuelve a poner la calma de por medio “Dream Vision”, con teclas de Nilver Pérez y violín de Gianne Mowatt, es una balada tendida y clásica pero tal vez algo previsible. Cuenta no obstante con un Lee Small (Lionheart) que va componiendo una línea vocal llena de feeling y carisma. Él, junto al buen solo de Johnny Lorca, constituyen los mayores asideros del corte que, a fin de cuentas, da nombre al proyecto. Es quizá por ello que tal vez cabía esperar algo más de este sexto corte.

Es Dani Rodríguez quien reviste violines a “My Last Breath”. Aquí está todo un Göran Edman (Brazen Abbot, Talisman, Crossfade…), en un grandísimo estado de forma, trazando una de las mejores líneas de voz de todo el álbum. Lo cual, dada la constelación de cuerdas vocales que se ha dado cita aquí, es todo un logro en sí mismo. Sobre el papel, además, estamos ante uno de los cortes más hábiles de este “Reminiscences”. Arranca en balada para después sufrir un giro dramático y conducir esta visión hacia terrenos mucho más intensos y vibrantes. Hay un solo no poco vistoso de José de Castro “Jopi” como remate. Y si bien todo me funciona aquí, cierto es que habría agradecido una batería con algo más de punch. Con eso y con todo, otra de mis favoritas.

Fire” es hard melódico de muchos quilates. Pero es también un corte con brío, directo y disfrutón. Le pone voz un Danny Vaughn (Tyketto) por el que parece que no pasan los años. Esta casa, y cualquiera que le viera a su paso por el Lion Rock Fest de 2024 (crónica), puede dar fe. El solo es para el sueco Tommy Denander. Lastrada, si acaso, por tratarse de una de las entregas más rácanas en cuanto a duración de todo el disco, bien está ese extra de picante que le otorga al tracklist.

El vocalista de origen sudafricano Mick Devine (Seven) pone su registro al servicio de esta “Because Of You”. El disco regresa al terreno de las baladas y lo hace en su encarnación más clásica. Un corte finamente arreglado, rematado por el buen solo del Acid Rain o Torquemada Guillermo Guerrero, al que hay que sumar el coro de voces blancas del CEIP Río Segura, el violín de Gizane Meowtal, el bajo de José Luis Gallego y los teclados de Pablo Sancha (After Lapse, Against Myself). Estupenda en su crescendo final, otra de las entregas más firmes y redondas de todo el trabajo.

El veterano vocalista de origen alemán Michael Flexig presta sus habilidades tanto vocales como compositivas en esta “Vega”, donde Jean Paul cuenta con Fran Rodríguez (Nexx) en teclas, Willy Medina (Hitten) en baterías, Antonio Muñoz (91 Suite, Sunsët) al bajo y el solo de Fran Alonso (Hackers). Un hard rock sencillo, sin grandes complicaciones, que sabe llegar a término dejando por el camino buenos riffs y una producción de lo más cuidada. Sin tampoco tratarse de una entrega corta como la anterior “Fire”, sí pienso que merecía otro cierre que no ese desangelado fade out final.

Hay algo en la línea de piano que traza Elena Alonso en “Lonely Warrior” que siempre me lleva a penar en el ya desaparecido Meat Loaf. Regresa Johnny Gioeli tras el micro en otra balada de esas que rebosan buen gusto por cada poro. Contribuye a ello, y en gran medida, el violín de Sara Ember (Last Days Of Eden, Ñu). Samu Baeza (batería) y Peri (bajo) forman la base rítmica de un corte que trazará un cuidado crescendo camino del epílogo. Siento que, de todos los cortes lentos del álbum, puede ser éste el que tiene mejor factura de todos.

Y ya que estamos con parecidos, que me aspen si los teclados de “Lejos” no me recuerdan al “Maniac” de Michael Sembello. El disco vira hacia nuestro idioma para que Isra Ramos (Avalanch, Amadeüs) le ponga voz. Chema García en teclas, David Mascaró en bajo y, sobre todo, Tommy Denander en solo, contribuyen a revestir otro de los cortes más vibrantes del disco.

Me agrada el tono más oscuro que acompaña a “Bajo Un Disfraz”. Ángel Belinchón, de los muy reivindicables Dry River, lleva la voz cantante en un corte que viene a amplificar el rango sonoro del álbum. Fran Alonso pone las rítmicas y Pablo García (WarCry) el solo en la entrega más extensa de las quince que Jean Paul ha ideado para este “Reminiscences”. Acompañan las teclas de Chris McCop (Tokyo Motor Fist) y el bajo de Maca (Zelion, Tálesien, Eco…) para uno de esos cortes que, como reza el tópico, van ganando peso con el paso de las escuchas. El solo de Pablo García no sorprenderá a quienes sigan la trayectoria del asturiano. Quizá sí esas voces que vuelve a poner el coro del CEIP Río Segura. Eficaz por sí misma y, al mismo tiempo, interesante por el contraste que produce con el resto de cortes.

Sueño o Realidad” ya parte desde un prólogo bien elegante. Desde ahí transita hacia un hard más cercano a los grandes dogmas del hard melódico. En ese registro tan clásico, sobresale la labor de Chema Sales (Lost Wingman) al micro. En estrofas y también en estribillos. El bajo corre a cargo de Santi Hernández (Lujuria). Hay guitarras de Christian Vidal (Therion) y teclas de Fran Rodríguez (Nexx). Y el que brilla con el solo es, de nuevo, un inspirado Tommy Denander. Fácil, te la sabes a la primera, pero funciona.

“Tras El Cristal” es un broche final no poco llamativo. Y lo es por el contraste que se produce entre las distintas voces participantes: Fernando Pleite (Siddharta), Narciso Tenorio (Júpiter), Carlos Pina (Panzer) y Elizabeth Amoedo (Against Myself). Buena labor de Elena Alonso con las teclas, también de Maca al bajo y por supuesto de Johnny Lorca con el solo. Mucha clase para cerrar el álbum con clase. Con cierto optimismo incluso. Al final, tal y como reza la letra: “tras la niebla siempre hay claridad”.

Habiendo reunido semejante pléyade de colaboradores, conseguir que el álbum suene cohesivo a lo largo de más de una hora de música resulta todo un logro- Puede que el paso de las escuchas destapen ciertos desequilibrios en lo que a sonido se refiere, si bien estos son del todo puntuales. El álbum transita siempre dentro de los grandes cánones del género melódico. Dispone buenas ideas y mejores canciones a los Edman, Gioeli, Overland y compañía, se acompaña de grandes ejecutores como Pablo García, Tommy Denander, Christian Vidal o el propio Lorca… y se las arregla para buscarle las cosquillas al género, ahí están “Bajo Un Disfraz” o “Because Of You”, sin que ello signifique traicionar sus mismas esencias. Un trabajo de orfebrería técnica que no esconde la gran labor realizada desde el plano puramente compositivo. Un disco que, desde antes de ayer, debería ocupar lugar de privilegio en la vitrina de cualquier fan del género.

Texto: David Naves

Crónica: Tarja & Marko Hietala «Living The Dream Together Tour» (Gijón 30/1/2026)

El Living The Dream Together Tour 2026 traía a los ex Nightwish Tarja Turunen y Marko Hietala al Gijón Arena. Una buena oportunidad para repasar la amplia trayectoria de uno y otra, amén de reencontrarse con buenos amigos y pasar una, por otro lado, muy desapacible noche de viernes.

En lo que al abajo firmante respecta, aún no conocía el recinto gijonés en esta nueva iteración. Y nada más hacer acto de presencia, lo primero que ven mis ojos es la despedida de la primera banda de la noche, los británicos Serpentyne, con quienes espero saldar mi deuda en un futuro. Por suerte el compañero Miguel Rubio nos cubría las espaldas y aporta la siguiente reflexión:

Media hora tuvieron los londinenses Serpentyne, habituales acompañantes de Tarja por sus giras en Europa para calentar el ambiente. Su estilo, totalmente alineado con el espíritu del evento, se mueve ente el metal sinfónico y el folk metal. Presentaron, no exentos de varios problemas técnicos, temas fundamentalmente de su último trabajo «Tales From The Dark» de 2025.

Al rato nos topamos con los rockeros estadounidenses Rok Ali And The Addiction. Los de Nashville ofrecieron un set de un rock denso, parapetado entre lo clásico y lo alternativo, que tuvo difícil encaje en una noche como esta. Densos a ratos, Chris Nix dejaba algún que otro destello de calidad desde su guitarra mientras Alison Krebs divagaba con su voz por el escenario. Le pusieron empeño y ganas, pero desde luego no era ni el momento ni el lugar.

Marko Hietala y su banda saltan a escena cuando faltan diez para las ocho, procurando con “Frankenstein’s Wife” un apaciguado arranque de set, a la contra de aquello que dicta el libro de estilo. Aún con media entrada, siendo generosos, en el coso gijonés, el finlandés mostró tanto una imagen algo descuidada, esa raída sudadera, como una voz en perfecto estado de revista. Todo carisma y sonrisas, “Rebel Of The North” resulta algo más vacilona. Tuomas Väinölä con la guitarra y Bob Engstrand tras las teclas dejaron buenos solos aquí. Los cambios de instrumento del propio Väinölä serían una constante a lo largo de la noche. Y es que para la más rotunda “Proud Whore” es una Explorer la que cuelga de sus hombros. Con ella dibuja otro gran solo. Ni que decir tiene que el carismático bajista finlandés sabe rodearse bien.

Hablando de guitarras, a pachas entre la acústica y una Telecaster (o eso me pareció desde abajo) es que enfrenta Väinölä una “Isäni Ääni” que pondría la calma, el sosiego y también la elegancia. “Impatient Zero”, a todo esto con Hietala dando un buen nivel en cuanto a voz, recuperó parte del nervio perdido. Aquí la banda brilla también a nivel técnico, con buenos solos de guitarra primero y de teclado después. A término, hubo gritos de “Marko, Marko” desde el público, síntoma inequívoco de lo bien que se lo estaban pasando. Así las cosas, diría que “The Dragon Must Die” fue lo más completo del show. Por ese aire medio oriental pero también por el modo en que ellos acertaron a conjugar técnica y músculo. Fácilmente mi favorita de Hietala el pasado viernes…

… aunque la gente pareció recibir de mucho mejor grado la más festiva “Juoksen Rautateitä”. Amén de un Hietala que ya tenía a la audiencia en el bolsillo, aquí brilló sobremanera Bob Engstrand a las teclas. Estupendo arreón final, por cierto. Las tres voces al frente armonizan al tiempo que ofrecen una pequeña pausa en “Roses From The Deep”, cuando quizá el set pedía algo más de brío. Y da igual porque cuando Marko, en perfecto inglés, anuncia que conoce a una amiga que “canta bien”, el Gijón Arena poco menos que se viene abajo para recibir a la leyenda finlandesa del power sinfónico Tarja Turunen. Juntos entregan “Left On Mars” mientras un mar de móviles buscaban inmortalizar el momento. La química entre ambos, huelga decirlo, era total. Ella se fue, prometiendo volver pronto, y Hietala se despidió con aquella “Stones” de su “Pyre Of The Black Heart” de 2020. Una hora prácticamente clavada de set y la sensación de que éste fue claramente de menos a más.

Pasan veinte de las nueve cuando Tarja regresa sobre las tablas del Gijón Arena. Lo hace después de una pequeña (y preciosa) introducción para irrumpir con los aires de tango, después de todo su marido es argentino, de “Eye Of The Storm”. Doug Wimbish, músico que ha tocado para gente del calibre de Living Colour, Jeff Beck, Mick Jagger, Madonna o Joe Satriani entre otros muchos, tendría algún problema con el bajo aquí. Resuelto, para agrado de todos, a la mayor brevedad. A término y en perfecto español, Tarja reconocería estar “muy contenta”. También nosotros de verla tan risueña, tan comunicativa. Y lo que es más importante: con su característico registro aparentemente intacto. El escenario, pienso que muy apropiadamente, se inunda de luz roja para “In For A Kill”, a buen seguro uno de los cortes más oscuros (dentro de lo que cabe) del set.

Por contra, “Undertaker” deja un riff principal que es puro gancho. Buena labor a las guitarras de Julian Barrett y Alex Scholpp. La puesta en escena se reducía a poco más que un videowall ofreciendo algún que otro videoclip, como fue el caso aquí. Así las cosas, pienso que lo mejor de esta primera parte. Tarja nos contó entonces que se venían dos cortes que no habían tocado en mucho tiempo (salvo por la noche anterior en Lisboa), siendo el primero de ellos “500 Letters”. Esta, que agigantó la cara más sinfónica de la banda, pudo pasar algo desapercibida. Y es una pena porque Scholpp dejó un estupendo solo de guitarra en su parte final. “Crimson Deep”, en cambio sí que acertó a conectar con la gente. Desde la fina introducción de Wimbish, pasando por ese tono a ratos casi amable y terminando por una Tarja, parapetada tras el pie micro, intachable en desempeño vocal.

En “Demons In You” se iba a dar uno de los momentos especiales de la noche, que se inicia cuando Tarja echa mano de un smartphone de alguien del público y culmina cuando aúpa a un pequeño a las tablas. La gente poco menos que se volvió loca aquí. Pequeños grandes detalles que siempre suman. No hace falta más que recordar la torrencial ovación que se le brindó. “Victim Of Ritual”, de nuevo con un vídeo proyectado al fondo, muestra a una Tarja en constante búsqueda del contacto con el público. También algún que otro problema con la microfonía de la batería, de nuevo solventado sobre la marcha.

Iba a llegar entonces un dramático giro de guión. Marko Hietala volvía a escena para un pequeño impás acústico. De entre otras me pareció reconocer “Feel For You”, de aquél “Century Child” de 2002, “Eagle Eye” del aún más lejano “The Shadow Self” de la propia Tarja y, volviendo a Nightwish, “Higher Than Hope”. Tras la calma, tras haber guiñado el ojo a la anterior banda de ambos, vuelta al eléctrico para “Slaying The Dreamer”, que en cierto modo anticipaba la que estaba por venir. Tarja, no obstante, contraatacó (es un decir) con material propio. La elegante, distinguida y bien rematada “Silent Masquerade” mostró la mejor cara de la banda en lo que a ejecución se refiere.

Digo esto porque quizá el clásico inevitable (uno de tantos) “Wishmaster” no alcanzó a sonar tan redondo como me esperaba, lo que no quita para que el público se volviera loco cantando y bailando. Con Hietala yéndose de nuevo a camerinos, le llegó el turno a la propia frontwoman de agradecer todo el apoyo que se le ha brindado en estos treinta años de carrera. Se dice pronto. El Gijón Arena respondió arrullando con sus voces a la finlandesa. Ella cerró en solitario demostrando cuánto de bien cuidada está esa particular voz suya.

Para los bises quedaron “Dead Promises”, de aquél “In The Raw” de 2019, y con un estupendo (y me quedo corto) Scholpp en coros, con Hietala de vuelta la siempre machacona “Wish I Had An Angel”, que puso a botar a todo el mundo, y el cierre con las presentaciones primero y la muy apropiada “Until My Last Breath” después. Pienso que un gran rush final. En lo personal habría cambiado alguna de las versiones por “Nemo”, pero con eso y con todo, una jornada bien agradable.

Qué bueno por un lado tener un recinto en Asturias capaz de acoger citas como la del viernes y por otro que la gente respondiera del modo en que lo hizo. En lo que a esta región concierne, llevamos años (décadas) añorando y rememorando aquellos inolvidables conciertos en la célebre, mítica (y ahora resurgida) Quattro de Avilés y, de la nada, el Gijón Arena ha venido a acoger la venida de toda una Tarja Turunen, que no es poco, a juzgar por la buena entrada que registró el renovado coso gijonés. Aprovechemos mientras nos dure, pues fue esta una cita de lo más entretenida y agradable. Que (Rok Ali And The Addiction al margen) se desarrolló con un sonido más que óptimo (era mi mayor temor al entrar por la puerta) y que a servidor, optimista recalcitrante, me hace albergar grandes esperanzas de cara al futuro. Veremos lo que tardan los de siempre en echarlas por tierra.

Sin duda que fue una buena jornada. Gracias infinitas a la nutrida compañía por hacerla aún más llevadera si cabe, a la promotora por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Miguel Rubio / José Ángel Muñiz

Reseña: Adventus «De Mi Corazón Y Otras Miserias» (Maldito Records 2025)

Cuarto largo para la agrupación Adventus y primero con Ramón Lage en voces. Junto al ex Avalanch encontramos a Nacho Arriaga (Arwen) en baterías, Dani Arcos (Bloodhunter) en guitarras, Fernando Mainer (Mägo de Oz, ex Ankhara) al bajo y, por supuesto, el alma mater del proyecto, Manuel Ramil (Avalanch, ex WarCry) en producción, grabación, mezcla y masterización. “De Mi Corazón y Otras Miserias” cuenta además con la colaboración de Diego Valdez, quien llevara la voz cantante en el anterior “Lo Que Trajo El Viento” (reseña). Grabado en los Tercera Planta Estudios, de Ares (A Coruña) y puesto en circulación por la gente de Maldito Records.

Bienvenido Sea” envuelve la pequeña narración de Maribel Ribera para dar la bienvenida al álbum con la mayor de las tranquilidades. Un poso tranquilo y relajado que conduce hasta esta “Muerte En Espiral”, cuyo arranque, con ese bajo tan protagonista, me recuerda y no poco a los suecos Soen. Unas primeras estrofas, envueltas aún en esa calma, son (casi) declamadas por el inconfundible registro de Ramón Lage. Lo que me agrada es el buen sonido que emana del conjunto toda vez este adquiere un mayor peso. Siempre con ese tono melancólico tan reconocible en la banda. Lage estira y enfurece luego su registro, trazando una gran primera línea de voz. Y Dani Arcos está dejando, además, riffs con mucho gancho en esas partes más nervudas. Además el solo que dibuja después desprende clase y buen gusto. Nada que sorprenda a todo aquél atento a la trayectoria del coruñés. Un buen arranque.

En Lo Peor” apuesta de entrada por un metal más pesado, bien adornado en todo caso por las teclas de Manuel Ramil, y que parece buscar inspiración, de nuevo, en loas fronteras del metal progresivo más leve. Hay estrofas bien construidas, tanto en lo referente a voces como en el toque melódico que añade Dani Arcos. Un corte que bien podría recordar a ciertos momentos de Delalma, donde Adventus no temen a revestir su acostumbrado metal melódico de una producción profunda y grandilocuente. Siento que el juego entre esa pompa y el aire más melancólico de la composición está bien trazado. También el protagonismo de unos inspirado Fernando Mainer primero y Manuel Ramil después. Me agrada.

Inspiración” enfanga en parte el sonido de la banda. Parte de un prólogo realmente potente para después construir unas estrofas muy ágiles, con Ramón Lage bailando hábil mientras baila entre registros. Puede no ser el estribillo con más gancho del álbum. Por contra, es un corte que se crece en lo que a ejecución se refiere. Desde la precisa batería de Nacho Arriaga a esos buenos riffs de Dani Arcos y terminando con ese buen solo de Manuel Ramil. Con eso y con todo, un corte con el que me ha costado llegar a conectar.

De Mi Corazón y Otras Miserias”, cuyo videoclip se descubre como un sentido alegato en favor de una sanidad de calidad, pública y universal, consiste en un metal melódico a través del cual se cuela la mejor versión de estos Adventus. Desde la buena producción de la que hace gala, al modo en que Ramón Lage transita por la línea de voz, con esos dejes tan característicos, a los buenos riffs de Dani Arcos y los discretos, y a la vez fundamentales detalles de Ramil tras las teclas. Siento que pasa por ser uno de los cortes verdaderamente ganadores de este nuevo álbum, cerrado por otro gran solo de guitarra.

No muy lejos de ahí camina “Nada A Favor”. De su prólogo brioso transita hacia unas estrofas tranquilas, reposadas, con Diego Valdez y Ramón Lage turnándose al micro, y que son pura esencia Adventus. Me agrada por ese crescendo que va dibujando. Bien planteado y mejor interpretado, todo camina a lomos de un fino Nacho Arriaga tras los parches. Es otro corte triste en lo que cuenta, que sin embargo no se disculpa a la hora de buscar un mensaje más positivo en su tramo final. Dani Arcos, cuyos riffs aquí son más serviciales que brillantes, se destapa con un más que digno solo de guitarra. Un corte con el que conecto solo a veces.

Todo lo contrario que con “Esencia”, quizá por el mayor picante que la banda ha entregado aquí, y que se distribuye desde las voces de Ramón Lage a los ritmos vivos que le confiere Nacho Arriaga tras baterías. Son unos Adventus alternando entre ese mayor brío de los estribillos y caminando sobre un llamativo riff de guitarra durante estrofas. Por ahí una composición que, si bien ofrece un trazo de lo más clásico, posee una marcada personalidad dentro del tracklist, algo a lo que ayuda los detalles que la producción va dejando durante todo el corte. De las que entran a la primera y dan la impresión de que podrían funcionar como un tiro en directo.

¿Cuántas Lágrimas?” recupera una versión más reconocible de los chicos. Es el corte más extenso de los diez, con una gran presencia de teclas en el prólogo. Después llegan unas estrofas prácticamente desnudas, con un Ramón Lage casi en susurros. Derrocha clase ahí el asturiano, conduciendo con acierto este octavo corte. Dani Arcos está dejando buenos detalles melódicos bajo esas voces. Doblando melodías y ejecutando riffs más que funcionales. El puente central, ese que arranca con Manuel Ramil al piano, es estupendo. También el modo en que Ramón Lage despliega su voz aquí. Grandilocuente y muy afín al espíritu de un proyecto como este. Otra de mis favoritas.

Introducción al margen, “Ser Yo” pasa por ser el corte más rácano de todo el álbum. Pero es también el que ofrece otro de los riffs más llamativos de entre todos cuantos Dani Arcos ha introducido en este “De Mi Corazón y Otras Miserias”. Una composición que, sin abandonar el habitual tono melancólico que les caracteriza, hace por buscar una personalidad que le distinga del resto. Ruge el bajo de Fernando Mainer bajo un Ramón Lage que, da la impresión, se encuentra de lo más cómodo en este registro. Me agrada el solo de guitarra final. También el mayor mordiente que abrazan durante el epílogo. Puede ser la que más ha crecido con el paso de las escuchas.

En Paz” es una balada clásica, toda pompa y grandilocuencia, con un fantástico Ramón Lage. Bien construida, adornada por un inspirado Dani Arcos y que supone un cierre no exento de clase y buen gusto. No niego que la letra tiene momentos capaces de ponerme la piel de gallina. Si ese era el propósito de los chicos, desde luego han ganado esta “partida”.

No me termina de conquistar en su totalidad pero sí que encuentro mucho asidero donde agarrarme en esta cuarta entrega de la banda. Producción de lujo mediante, cortes como el que da título al álbum, siguiendo por el gancho de “Esencia” o la atractiva diversidad de “En Lo Peor”, la consistencia de “¿Cuántas Lágrimas?” o el cierto atrevimiento de “Ser Yo”. Luego cierto es que hay ideas, momentos aquí y allá, con los que ya me ha costado más conectar. Con eso y con todo, un álbum que, pienso, agradará a todo fan de la banda.

Texto: David Naves

Reseña: Sun Of The Dying «A Throne Of Ashes» (AOP Records 2025)

Tercer trabajo para los doom death metaleros con base en Madrid Sun Of The Dying, la banda que forman Daniel Fernández Casuso y Roberto Rayo en guitarras, David Muñoz en teclados, Diego Weser en baterías, Jose Yuste al bajo y Eduardo Guilló en voces. Únicos representantes estatales dentro del siempre interesante sello alemán AOP Records, “A Throne Of Ashes” fue grabado por el Aversio Humanitatis Simón Da Silva (At The Altar Of The Horned God, Voidescent, Mara, Defacement…) y posteriormente masterizado por el Teitanblood Javi Félez (Altarage, Vidres a la Sang, Totengott, Avulsed…). A ello hay que sumarle la colaboración de Antinoë, el artwork de Manuel Cantero (Santo Rostro, Ósserp, Zeenon…) y la foto de Sara Juanes. Todo para un disco que vio la luz el pasado 21 de noviembre en digital, CD y vinilo de 12″.

Martyrs” se eleva desde las profundidades para luego arremeter con el habitual doom death ordenado y rebosante de clase que les caracteriza. Un disco como este, en este momento de su trayectoria, no sería el que es sin la buena producción que se intuye ya desde las primeras estrofas. Un sonido bien calculado, equilibrado al milímetro, y que luce igual tanto en las partes más tranquilas y atmosféricas como en las más rotundas y desgarradas. Dice mucho de ellos, en mi opinión, optar por abrir el álbum con el corte más extenso de tracklist. Estas partes calmadas, en particular por las voces limpias que las domina, tienen algo que me recuerda a los Antimatter del gran Mick Moss. Las más graves, portan un sello que me lleva a pensar en gente como Evoken, Saturnus, Officium Triste… nombres todos ellos con los que, intuyo, les compararán a menudo. En definitiva es un opener conciso, diverso, bien construido y mejor arreglado, que confluye en un puente de una violencia no muy lejana a la de algunos de sus compañeros de sello. Este “trono de cenizas” no podría haber dispuesto mejor arranque.

Es tan acusada la majestuosidad de “Martyrs”, que Sun Of The Dying entregan ahora un corte que poco o nada tiene que ver con él. “Black Birds Beneath Your Sky” parte del que puede ser el riff más monocorde y rocoso que les recuerdo. A él confrontan estrofas donde la agónica voz de Guilló resulta casi el único asidero. Ahí me gusta el contraste que ejercen unos estribillos por los cuales, voces limpias mediante, se filtrará algo más de luz. Un corte menos ambicioso en lo que a reloj se refiere, pero que le confiere una gran personalidad a este tercer trabajo.

With Wings Aflame”, con Antinoë colaborando en voces, entrega a unos Sun Of The Dying más reconocibles. De inicio una balada / medio tiempo elegante, distinguido, cuyas partes más desgarradas me recuerdan, fácilmente, a unos Novembers Doom de álbumes como “Aphotic” o “Into Night’s Requiem Infernal”. Me agrada el modo en que empasta y progresa el doble juego vocal. También la carga atmosférica que entrega el Arwen David Muñoz tras las teclas. Hay buenos cambios de ritmo acompañados de cuidadas melodías de guitarra. Y si bien quizá eche en falta una pizca más de nervio en su arreón final, me resulta un corte nada desdeñable en cualquier caso.

The Greatest Of Winters”, que porta la que quizá sea mi letra favorita de todo el álbum, arranca con Weser enseñando un brío que habrá de difuminarse cuando acudan las primeras estrofas. Ahí emerge la banda en su registro más grandilocuente. Buena parte de razón la tienen de nuevo las teclas de Muñoz, pero también esos riffs que proponen Rayo y Casuso. La banda recupera aquí aquella escritura más diversa que alimentaba “Martyrs”, enfrentándola a ese doom death (un tanto) más pomposo para consolidar así otro corte de eficacia más que sobrada. Entre tanta pompa, puede que el bajo de Jose Yuste quede algo enterrado en la mezcla. Sea como fuere, aprecio esa cierta tensión que desprende su puente central. Pero sobre todo el crescendo que introducen después. Guilló se desgañita a fondo aquí y Sun Of The Dying abrazan un registro en el que parecen la mar de cómodos. Estupenda tanto desde el papel como en lo que a ejecución se refiere.

House Of Asterion” arranca desde posiciones muy académicas, muy cercanas a todo lo que dicta el libro de estilo, para después ofrecer una escritura que me agrada por la diversidad que atesora. Porque parece un corte trazado a base de contrastes. De la acusada grandilocuencia del prólogo a la candidez de esas primeras estrofas. Y de ahí a unos estribillos en una clave un tanto más épica, con los colchones de teclas de Muñoz acaparando buena parte del protagonismo. Hay grandes voces limpias, una mezcla dotada de gran equilibrio y un epílogo vibrante y redondo. Otro logro.

Son precisamente las teclas de Muñoz las que dan la bienvenida en la final “Of Absence”. Una cuidada línea de piano que cederá luego el protagonismo a un doom, de nuevo muy académico, en una onda que bien podría rimar con los mejores My Dying Bride. Eduardo Guilló traza aquí otra de mis líneas de voz favoritas de este tercer largo. Todo el corte dispone de una gran labor melódica del dúo Rayo & Casuso. Algo que termina otorgando una cierta distinción a este broche final. Triste, melancólica y desgarrada. Al fin y al cabo doom death metal quintaesencial, tal vez eche en falta ese riesgo que abrazan en cortes anteriores. Con eso y con todo, un cierre más que digno.

La banda, a la que tuvimos el placer de ver sobre los escenarios el pasado año (crónica), parece saber muy bien lo que se hace. Un doom death pensado desde su escritura como un juego entre contrastes, algo que le otorga una frescura muchas veces desconocida en álbumes de género como este. Buenos arreglos, el detalle de la fina colaboración de Antinoë, buenos riffs y melodías, tristeza, melancolía… todo sin perder el característico sello del grupo, pero creo, y esto es lo más importante, que componiendo el álbum más personal de todos cuantos han entregado hasta la fecha. Ese, y no otro, pienso que es el camino a seguir.

Texto: David Naves

Crónica: The 69 Eyes + D-A-D «Cowpunks & Glampires» (Madrid 18/1/2026)

Tengo que confesar que no soy de esas personas que sacan la entrada nada más ponerla a la venta. En el caso de esta gira fue diferente. A las dos bandas ya las había visto en directo y ya sabía qué esperar, así que no dudé ni un segundo en apuntarme. La parte complicada fueron las fechas que tocaron para España: empezando un domingo en Madrid y continuando durante la semana en Barcelona y Bilbao. La gira de los sueños de un currante que tiene que pedir días libres a su jefe si no vive en una de esas ciudades. Pues así comenzó mi primer día de vacaciones de 2026.

Coger el AVE desde Asturias y, poco después de llegar a Madrid, enterarme del trágico accidente que sucedió en Adamuz me dio un golpe de realidad: que los planes no siempre se cumplen y que hay que vivir, y vivir bien.

Cuando vi que The 69 Eyes y D‑A‑D iban de gira juntos, mi primer pensamiento fue: “Pero ¿qué tiene que ver uno con el otro aparte del aire nórdico que llevan y que van a traer?”. Es que el nombre de la gira lo dice todo: Cowpunks And Glampires. A los Glampires (The 69 Eyes) los había visto hace 5–6 años en Alemania y, para sorpresa de nadie, la sala estaba petada de gente que suele llevar mucho encaje, polipiel, pintalabios negro, entre otras cosas. La estética de los Cowpunks (D‑A‑D) la establece el bajista Stig Pedersen. Si no me creéis (y si no lo conocéis), buscad por favor fotos suyas.

D‑A‑D: La potencia de un directo sin artificios

La noche del 18 de enero en la Mon Live empezó con D‑A‑D. Cuando los vi hace unos años en el Barcelona Rock Fest quedé impactada por su control del escenario. Cierto es que llevan muchos años tocando en directo y grabando discos, pero por alguna razón nunca llegaron a ser una de esas bandas “mainstream”.

Abrieron la noche con “Jihad”, una canción que data de 1989, del disco «No Fuel Left For The Pilgrims«, que contiene varios de los temazos más conocidos de los daneses y que también tocaron esa noche para el público madrileño (y alrededores).

Para mí, los momentos más esperados de esta parte de la noche fueron ver los bajos que trajo Stig y cuando tocaron “Grow Or Pay”, que durante un buen tiempo la llevaba escuchando en bucle. El arreglo que hicieron para esta canción en directo consistió en subir el tempo un pelín, algo que creo que sirvió para animar aún más a la gente.

Hablando de los bajos… Stig es famoso por sus peculiares bajos de dos cuerdas. Para esta ocasión llevó varios de su colección de bajos customizados, como el Iron Cross, el Rocket o el Reverse (probablemente el más peculiar de todos). Aunque para el público es un pasatiempo del concierto esperar, después de cada canción, qué bajo escogerá Stig para la siguiente, logísticamente debe de ser una pesadilla transportar esos instrumentos gigantes durante la gira. ¿Tendrá una funda especial cada bajo según su forma? ¿Es un bajo menos un bajo con solo dos cuerdas? ¿Habrá vida en Marte? Son algunas preguntas que ni el mismísimo David Bowie pudo contestar.

Entre los intentos del cantante Jesper por comunicarse en español y los “bailecitos” de Stig con sus pantalones cortos de piel, pudimos escuchar en directo temas como “Laugh ’N’ A ½”, “Sleeping My Day Away” y más hits.

The 69 Eyes: los Glampires toman Madrid

Tras un cambio casi total del equipamiento en el escenario, llegó el turno de los Glampires: The 69 Eyes. El grupo, que lleva con los mismos miembros desde hace más de 30 años, se mostró en plena forma.

Bajo su “cool look” de siempre, el cantante Jyrki mostró su lado casi sentimental diciendo que es más feliz encima de un escenario que en cualquier otro sitio, y estuvo todo el tiempo interactuando con el público de la forma más gótica posible.

Entre los clásicos como “The Chair”, “Betty Blue”, “Brandon Lee” y “Wasting The Dawn”, también tocaron “I Survive”, el single que sacaron hace apenas dos semanas y que también recibió una gran acogida del público. Uno de los secretos del éxito de los finlandeses, en mi humilde opinión, está en las letras y la estructura de sus canciones, tan cantables que después de dos vueltas ya se puede empezar a tararear el disco entero.

Los murciélagos terminaron su show con los hits “Framed In Blood” y, por último “Lost Boys”. Por cierto, la noche anterior en Lisboa fueron acompañados por Fernando Ribeiro de Moonspell en esta canción. Esperaba también una pequeña sorpresa para la parte española de la gira, pensando quizás que invitarían a un músico español… pero tristemente no ocurrió.

Hacia el final del concierto, el cantante Jyrki invitó a todo el público al Bar Lemmy y poco después le avisaron de que estaba cerrado. Entonces nos preguntó: “¿En este caso dónde nos vemos después del concierto? ¡Vamos a tomar algo juntos!”. Al final no sé si realmente salieron a tomar algo con los fans, pero incluso el gesto de mencionarlo fue simpático.

Después del concierto hablé con varias personas preguntando su opinión y, sorprendentemente (para bien), no hubo una opinión unánime: a algunos les encantó D‑A‑D y otros pensaron que The 69 Eyes estuvo mucho mejor. ¿Qué nos dice esto? ¡Que ambas bandas dieron un espectáculo de puta madre!

Texto: Tumay Irgas
Fotos: Tumay Irgas, Archivo H.M.B.

Reseña: Black Bomber «Heading To Hell» (Coedición 2025)

Heading To Hell” es el nuevo álbum de Black Bomber. Fue grabado, mezclado y masterizado a caballo entre mayo y septiembre del ya extinto 2025 en los estudios Infosound (Toral de Merayo, El Bierzo). Con un diseño gráfico de Gabriel Gallego y fotos de Marta Viña, el trabajo fue editado por Demons Records, Discos Macarras, Quebranta Records, Vinilako y Violence In The Veins. Forman la alineación berciana Javi LesPaul y Pedro Megatherion en guitarras, Isi Gallego en baterías, Julio Blackening al bajo y Migui Albatross tras el micro.

El tema título “Heading To Hell” ya deja clara la premisa. Un ritmo casi marcial, un riff sencillo pero con gancho, esa voz aguardentosa de Migui Albatross y mucho mal café. Un primer corte directo, pegadizo, con el bajo de Julio Blackening crepitando en todo momento y un solo hábil y efectivo. Al igual que con muchos cortes aquí presentes, no puedo decir que me sorprenda en lo que a composición se refiere. Tampoco que me desagrade o aburra el resultado. Al contrario.

Además porque la producción que entrega este nuevo trabajo está a la altura de las circunstancias, con la dosis justa de suciedad. Es algo que salta ala vista en esta más pesada “Lords Of War”, con la banda adoptando un avanzar más a medio gas y donde Migui Albatross parece más que cómodo. Sí que llama ahora mi atención la sarta de riffs que entregan Javi LesPaul y Pedro Megatherion. Es un corte, no obstante, algo constreñido por lo rácano de su duración. Sea como fuere, actitud no les falta y, por ahí, a uno no le queda otra que rendirse.

En “Whisky Priest” retornan esos ritmos más vivarachos. El riff, ahora sí, tiene un gancho de mil demonios. Y me gusta el modo en que Migui Albatross ha trazado estos estribillos. También lo altísimo que se encuentra ahora el bajo de Julio Blackening. Hay giros interesantes, también buenos coros o un punch más melódico camino del solo. Atractiva y bien construida, no obstante el corte más extenso de los once, son los Black Bomber más interesantes. Llevando su clásico sonido motörheadiano un par de pasos más allá y, pienso, saliendo airosos del envite.

De la más festiva “Rock´n´roll Today, Hangover Tomorrow” emanan no obstante unas guitarras más gruesas, que vienen a crear un curioso contraste con ese tono más desenfadado que deriva de la composición, en particular de su inequívoco estribillo. Es un corte de esos que entran a la primera y parecen creados con el directo como fin último. Aún pareciendo ese su propósito, aprecio los buenos riffs que dibuja. También el interesante solo que antecede al epílogo. Y aunque no sea esta una banda que destaque por liarse la manta a la hora de jugar con las estructuras, al menos aprecio cuando son capaces de construir cortes de tanto gancho como este. Fue uno de los adelantos y no cuesta entender los motivos.

Pero sin abandonar ese sonido clásico, sí que sorprende el prólogo de “The Hollow Soul” por la cierta épica que emana de él. Más cuando entra el riff de las estrofas, no muy lejano de unos Status Quo pasados por la coctelera Kilmister. Es por ahí que surge otro de los cortes más llamativos del álbum. Siempre entre dos aguas, entretenido y cargado de buenos solos. Donde parece que nada sobra ni tampoco falta. Otra de mis favoritas.

Y “You´re Wrong” no va a la zaga. De nuevo en la versión más trotona de la banda, me agrada la construcción de sus estrofas. También lo sencillo, directo, incluso lacónico de sus estribillos. Apenas tres minutos y medio de un rock bien construido, con el grado justo de mal café y donde anida un solo vistoso, quizá el más cuidado de todo “Heading To Hell”, amén de un epílogo descosido y de lo más juguetón. Puede que tú estés equivocado. Black Bomber desde luego no.

Rot In Jail” puede ser la más orgullosamente Lemmy de las once. Migui Albatross está especialmente grave tras el micro ahora, mientras que las guitarras trazan otro riff de no poco gancho, que parece posar sus miras en los Motörhead más primigenios, pero que se eleva en un tramo central con otro solo a la vez vistoso y lúcido. Un corte atractivo, si bien algo constreñido por los apenas tres minutos que marca en el reloj.

En “Politicians” primero juego a reconocer a los políticos, valga la redundancia, que suenan durante el prólogo. Los Aznar, Rajoy (es el vecino…), Zapatero, Trump… En lo estrictamente musical es otro riff ágil, solidario a una base rítmica bien empastada (atención al mayor brío en estribillos) y que en su crítica acerada y directa no oculta buenos detalles melódicos, amén de una (doble) ración solista de lo más vistosa. Otra de esas entregas directas y a la yugular tan habituales en los bercianos.

From The Ashes” casi parece más cerca del thrash más primigenio con ese avanzar casi marcial que despliega. Corte de revoluciones altas (¿Alguien dijo Rat-zinger?) y que, sin abandonar ese impulso tan Motörhead, ofrece un color algo distinto dentro del álbum. Y aunque no puedo decir que alcance a impresionarme, sí que aprecio de muy buena gana el solo de su tronco central. Mal café marca de la casa en cualquier caso.

Mad Dog” no le anda lejos a su inmediata predecesora. Me gusta la línea de batería que Isi Gallego propone aquí. También el duelo solista, tan Judas Priest, que ocupa su tronco central. Un corte breve, apenas dos minutos y medio, con la banda en un registro en el que parece de lo más cómoda.

Para el cierre queda esta “Debajo Del Bar”, con Migui Albatross virando ahora a la lengua de Cervantes para un último corte apoyado en el que puede ser el riff más diferente de todos cuantos caben en este nuevo trabajo. Un cierre cuya escritura se adhiere casi punto por punto a su canon habitual, con el añadido de su indisimulado guiño bien a Saxon (“Princess Of The Night”), bien a Metallica (“Seek And Destroy”) en la sección solista. Buen broche…

… para un álbum que no hace por esconder sus influencias más directas. Al contrario. Por ahí trabajos como éste no siempre resultarán del gusto de la mayoría. Orgulloso disco de género, me agradan esos (contados) virajes más thrash que asoman en varios cortes. La selección de riffs me resulta interesante, también la solista. Javi LesPaul y Pedro Megatherion brillan con luz propia en muchos momentos a lo largo del tracklist. Hay rock and roll, mala leche y poco lugar al sosiego. Derrochan actitud mientras construyen un discurso con tan pocas concesiones como preciso y directo. Que sea así por muchos años.

Texto: David Naves

Reseña: Ancient Settlers «Autumnus (Revisited)» (Scarlet Records 2025)

Poner pie en el pasado para afrontar el futuro. Ancient Settlers, cambios de formación mediante, fijan la vista en su primer Ep, aquél “Autumnus” con el que los conocimos allá por 2021 (reseña), aprovechando para presentar en sociedad una formación en la que la dupla Noelia Fernández Jiménez y Nia Creak lleva la voz cantante. Junto a ellas encontramos a Enric Juan al bajo, Rex Chiesa y Agustín Martínez en guitarras y finalmente Hermán Riera a los parches. Adornado por el arte de Khalipse, el Ep vio la luz a finales del pasado año vía Scarlet Records.

Al igual que aquél primer trabajo, la banda se ha tomado la molestia de colocar una pequeña “Intro” a modo de preludio. Aumenta ésta, en cierto modo, el impacto de “A Monument Restored”, que luce con nuevos bríos gracias a una producción más lustrosa y el buen apoyo vocal que ahora ofrecen Nia y Noelia. Colecciona riffs interesantes en estrofas, unos arreglos que buscan una cierta grandilocuencia y unos estribillos bien construidos y con gancho. Me sigue llamando la atención la buena sección solista, ese metal vivaracho y directo en que se apoya, y pienso aún hoy que puede pasar por uno de sus temas más redondos.

Die Around Me” resulta en cierto modo más agria y potente. Sin perder nunca el fuerte poso melódico de A.S., pero conduciendo su propuesta por caminos no del todo semejantes. La batería de Riera gana peso, los riffs se recrudecen y, contra ello, surge el buen juego vocal entre Nia y Noelia. Puede que en cuanto a riffs no llame tanto mi atención. Incluso que, a ratos, toda la faceta orquestal le gane la batalla a los componentes puramente metálicos de la mezcla. Pero cuando entran esos llamativos solos del epílogo, solo echo en falta un final que no fuera ese desangelado fade out.

Diamond Eyes” le cambia el paso al Ep. Sigue siendo aquél medio tiempo repleto de buenos detalles en el plano técnico que llamara mi atención hace ahora cinco años. El tiempo vuela, pero este corte se mantiene en ritmos pausados, con buenos riffs engarzando estrofas y unas voces en (casi) constante diálogo la una con la otra. Buenas alternancias surgen precisamente en esas estrofas. Y la banda da la sensación de estar más que cómoda a poco que las revoluciones suben. Si bien, como digo, esto no deja de ser en gran medida un medio tiempo. Bien construido, arreglado con gusto y ejecutado con el brillo técnico habitual de la banda. Despiden con una outro relajada, cadenciosa y no poco elegante.

Siguen en sus trece. Buenos recuerdos traen estas canciones de aquél primigenio Ep de una banda por la que, no voy a mentir, sentimos cierta predilección en esta casa. Siempre hemos seguido de muy cerca sus pasos (crónica) y pasar por este “Autumnus (Revisited)” era poco menos que obligado. Un Ep que reconduce aquellas canciones en lo que casi parece un reinicio para una formación a la que, parece, le cuesta dar con un line up estable. Sea como fuere, bien están pequeños trabajos como este para poner en alerta a los más despistados.

Texto: David Naves

Reseña: Sacavera «Sacavera» (Autoproducción 2026)

Sacavera son Michell Ardura en guitarra y voces, Arturo “Turo” Fernández en baterías y Javier Garrido al bajo. Ahora nos presentan un Ep homónimo, de cinco temas grabados en los Tutu Estudios y al que adornan el logo de Javier Iván Villa Vilches en portada y las fotos de Max Estrella y esta casa. Todo ello maquetado bajo la dirección de Juan Carlos Macías Cienfuegos.

Extinción”, que estrenaron fechas atrás vía videoclip, es un rock and roll ágil y compacto, donde me gusta el tratamiento que la producción da a las voces de Ardura, así como los riffs que éste plantea durante las estrofas. Hay un feeling aquí que me lleva a pensar en gente como Leize, amén de una letra que viene a ahorrar en metáforas. Es rock urbano, de toda la vida, comprometido, directo y sin aspavientos. Al puente lo atraviesa un más que digno solo de guitarra, también una precisa base rítmica (esos buenos dibujos de Garrido durante el solo) y que concluye en un epílogo muy por el libro de estilo. Me agrada.

Invisible” resulta en la oferta más breve de las cinco. También aquella a la que atraviesa un nervio más punk. Quizá por ahí, manías de oyente, el hecho de que me enganche menos. En cualquier caso me gustan esas melodías que acompañan a Ardura durante estrofas. El estribillo resulta finalmente el mejor arma de esta segunda entrega, rematada por el correcto solo del propio Ardura en la parte central. No me desagrada pero reconozco que tampoco me engancha.

La Chica De La Curva” puede ser la que mejor partido saca de los Tutu Estudios. Entroncando con ese rock urbano entre Leize y Barricada, me engancha por el riff que plantea Ardura aquí, también por la certera base rítmica que la propulsa. Alberga un curioso guiño a Black Sabbath en el puente, resultando en cierto modo una curiosa coctelera de géneros. Bien planteada, siento que fluye de manera natural, de nuevo sin excesos ni alardes. De mis favoritas del Ep.

Mentiras”, en cierto modo la más hiriente de las cinco, con un Turo muy firme tras los parches y Garrido, una vez más, dejando buenos dibujos desde las cuatro cuerdas. Un canto apesadumbrado en lo lírico (“la muerte no tiene ojos, ha vencido a la esperanza”), donde quizá eche en falta unos coros con algo más de presencia y punch. En cualquier caso me resulta atractiva por trazo. También por un solo que puede ser fácilmente mi favorito de todos cuantos atraviesan el Ep. Los ¿desaparecidos? rockeros valencianos Transfer pueden ser otra de las rimas aquí. Me agrada.

La final “El Hombre Del Saco” extrae del trío una cara algo más chulesca. Si bien en cuanto a riffs me engancha menos que otros cortes del Ep, me gusta el modo en que Ardura enfrenta sus líneas de voz aquí. También el solo que inserta antes del puente. Creo que les funciona un aspecto lírico, ahora sí, que sabe tirar de metáforas, facilitando que sea el oyente quien haga las cábalas pertinentes. Un buen cierre…

… a un trabajo que sucede en un suspiro. Ni diecinueve minutos para un Ep puede que algo tímido en lo que a sonido propio se refiere, pero que llega a término, al menos, habiendo dibujado un buen compendio de influencias. Mucho rock urbano, algún tinte más punk o aquél guiño a Black Sabbath de “La Chica De La Curva” buscan precisamente esa diversidad en la que, siento, deberían poner el punto de mira. Puede que Sacavera peque de una cierta timidez, pero ya sabéis lo que dicen: todo gran viaje comienza con un pequeño primer paso. Estaremos atentos.

Texto: David Naves