Reseña: Yskelgroth «Bleeding Of The Hideous» (Xtreem Music 2023)

Nada menos que trece años ha tardado el trío de black metal madrileñobalear Yskelgroth en entregar la continuación de aquél “Unholy Primitive Nihilism” de 2010. Recordemos que ellos son Dave Rotten (Avulsed, Holycide, Putrevore…) en voces, su compañero en Decrapted Vicente Payá a la guitarra y Nexus 6 (ex-Nahemah, ex-The Heretic, TodoMal) en sintetizadores, guitarra y baterías. Con arte del venezolano John Quevedo Janssens (Paganizer, Ribspreader, Vile Hex, Disrupted…) “Bleeding Of The Hideous” ha visto la luz a través de Xtreem Music en CD y digital.

La inicial “The Morbid Earth” ahorra en introducciones y otras zarandajas para destapar, ya desde el primer instante, el consabido black death del trío. Con Rotten doblando unas voces en las que alternará registros, dibujando así un desempeño que le desliga de sus habituales tonos cavernarios. Es un corte bien armado, diverso pese a lo escaso de su desarrollo, poblado de detalles melódicos extraños y poco recurrentes y en el que la banda apenas dará descanso. Feroz incluso en la extraña y laberíntica ración solista de su tercio final. Ni un segundo que perder.

Prone To Gobble Life” se desliga de esos acentos más death para profundizar en un black de tintes sinfónicos sobre los que Dave descerraja sus tonos más altos con total naturalidad. De construcción alterna, sus estrofas son un ir y venir de ritmos altos, rodeados por pequeñas islas de pura pesadez y maledicencia. La faceta solista resulta ahora más convencional, convergiendo de forma algo extraña con el corte que las integra y otorgándole una más que llamativa dualidad.

Tras la virulenta dupla inicial, “Omnicidal Ends” vendrá para reducir las altas pulsaciones este segundo álbum. Medio tiempo fuertemente sintetizado donde oigo ecos de bandas tan alejadas como Khonsu o incluso Progenie Terrestre Pura. Ello es en gran parte por el peso otorgado aquí a los sintes de Nexus 6 durante toda la grabación. Tema en gran medida pesado, asentado de manera firme sobre una casi casi monocromática gama riffera a la que atraviesan los Yskelgroth más furibundos.

Así las cosas, no sorprende que “Aeons Empty”, uno de los cortes más rácanos en lo que a duración se refiere, nos devuelva al trío en su faceta más agria y trotona. Corte que vendrá a beneficiarse de un bajo más presente en la mezcla final, dando cumplido sustento a una gama de riffs y melodías que me llevan a pensar, aunque sea a lo lejos, en los primeros Dissection. Marcadamente fría, acierta la banda a desprender una melancolía más acusada aquí, siempre con Rotten en su encarnación más aguda. Lo bueno si breve…

Otro corte igualmente fugaz en el reloj es este “Plagueridder” donde no obstante el trío construye una de las ofertas más laberínticas y retorcidas de todo este segundo disco. Como si la banda hubiese pretendido enlatar en menos de tres minutos todo su ideario, la composición irá desde su artificial arranque hasta una serie de caóticas idas y venidas que viven de hibridar, pienso que más bien que mal, black espasmódico con death arrastrado y serpenteante. De resultas de ello surge un trazo en ocasiones algo atropellado, descompensado incluso, pero de alguna manera nunca aburrido.

Spasmic Extinction” elevará el tono mientras muestra una gama riffera que bien podría pasar por la más lograda de todas las presentes en este nuevo álbum. A la contra, una construcción más dinámica, tal vez más predecible, donde se cuelan algunos detalles ornamentales un tanto distraídos. Puente central al margen, corte eficaz a la hora de exhibir a los Yskelgroth más aguerridos y vitriólicos pero al que, tengo la impresión, se le podría haber exprimido algo más de jugo.

Primal Expulsion”, que fuera la carta de presentación allá por el mes de febrero, tampoco ofrece muchas sorpresas. Sea como fuere acierta al recuperar aquél poso un tanto más melódico que la banda ofrecía en cortes como “Aeons Empty” y enfrentarlo al Rotten más bicéfalo de todo el álbum. Dos caras parece tener también el solo que adorna su tronco central. Que fuera el anticipo de este segundo trabajo me resulta una decisión acertada en cualquier caso.

Riddance Of The Graves” parece arrimarse a proposiciones mucho más anquilosadas, secas y descarnadas. Nombres como Endstille, Antaeus o incluso Katharsis acuden a mi subconsciente mientras se suceden las escuchas de un penúltimo corte consagrado, en gran medida, a la cara más enfebrecida del trío, apenas rebajada en su perpendicular epílogo.

Y sin descabalgar de esa encarnación velocípeda y cruda, lo cierto es que la final “Path To Devourment” acierta a la hora de entregar un sonido más personal. En parte por los riffs que conforman sus estrofas pero también por los curiosos arreglos, su tan pesado como curioso tronco central y acabando por esa construcción rica por diversa. Un buen cierre.

Mucha diversidad para un álbum que apenas supera la media hora. Aglutinar influencias que van desde el black más descarnado hasta rozar (sin tocar) el más adornado y espacial, no parece empresa fácil. Que a pesar de ello el disco suene cohesivo, dinámico e incluso llamativo creo que habla muy bien del empeño que el trío ha puesto en estos nueve cortes. Que aunque aquí y allá encuentre ideas o trazos con los que no llegue a conectar del todo, en el fondo resultan anecdóticos dentro de un trabajo más que satisfactorio. Que no haya que esperar otros trece años por el tercero.

Texto: David Naves

Reseña: Judas Priest «InvIncible Shield» (Sony Music 2024)

No había necesidad. Quiero decir. Ni serían la primera ni desde luego la última banda que sale a la carretera sin nuevo material bajo el brazo. A muchos les vale con un alguna chufla de recopilatorio, con un directo extraído de los tiempos de gloria, con alguna reedición chafardera… y listo. Pero no. Halford y los suyos, repiten la fórmula del interesante “Firepower” y vuelven seis años más tarde con un álbum que servidor entiende como sucesor natural de aquél. Comparte de hecho los mismos créditos: la dupla Tom Allon y Andy Sneap en producción y Mark Wilkinson en artwork. Cambia eso sí el sello que edita el trabajo, pasando de Columbia a Sony, que puso este “Invincible Shield” en el mercado allá por el ocho de marzo en una auténtica miríada de ediciones en digital, casete, cd, vinilo…

Panic Attack” ataca, valga la redundancia, muchos de los rudimentos sobre los que Judas Priest han construido su medio siglo en el negocio de la música: riffs con nervio, las clásicas voces dobladas de Halford y estribillos sencillos pero con gancho. Lo que me agrada, además de la equilibrada mezcla de Allom y Sneap, es esa pequeña bola extra que el corte entrega como epílogo. Tan enérgica como sugerente en una primera escucha y de lo más satisfactoria siempre que vuelvo a darle al play.

Siguen con “The Serpent And The King” y una idea empieza a rondar mi mente: Richie Faulkner, quien asumo ha grabado todas las guitarras del álbum, está más inspirado que nunca. Al nivel del anterior “Firepower” y, desde luego y por extraño que parezca, por encima de su desempeño con Elegant Weapons. Tiempo tendrá esa otra banda de desarrollar sus propios méritos. Mientras tanto aquí está Ricardo trazando uno de mis riffs favoritos de “Invincible Shield” bajo un Halford agudísimo en estrofas y más controlado en los lacónicos estribillos. Nunca sabe uno cuanto hay de magia en el estudio y cuanto de realidad en esas voces casi imposibles del vocalista de Birmingham pero desde luego recuerda al de sus mejores años, que para ser setenta y tres los que cumplirá en agosto no está pero que nada mal.

La intro que traman entre Faulkner y Travis para el tema título “Invincible Shield” puede ser fácilmente la más llamativa desde “Redeemer Of Souls” juntara a ambos músicos hace ahora diez años. Es un corte en la más pura tradición del sacerdote, con ecos muy palpables del “Painkiller” (esos build-up hacia estribillos) y grandes detalles de Faulkner aquí y allá. Deriva de ella además una cierta épica que me recuerda a uno de los cortes más importantes del anterior álbum (“Traitors Gate”) y la certeza de que estamos ante unos Judas Priest, vejez mediante, en su mejor versión. Da nombre al disco no sin motivos.

En una clave mucho más rota y desgastada, “Devil In Disguise” me recuerda mucho al Ozzy Osbourne en solitario en un modo y formas muy parecidos a aquella “March Of The Damned” del digno pero irregular “Redeemer Of Souls”. Halford entrega unos tonos más amables aquí, con los que parece estar mucho más cómodo y todo carbura para trazar una de las ofertas más vacilonas, también pegadizas, de este decimonoveno trabajo (si mis cuentas son exactas). Sensacional Faulkner en el tramo final.

Pero qué duda cabe que “Gates Of Hell” se asemeja más a los vértices sobre los que ha fluctuado la carrera de esta banda. En particular desde comienzos de los ochenta hasta ahora. Las melodías que adornan su arranque tienen un feeling innegable. Me agrada sobremanera la forma en que han construido estas estrofas y el riff, juguetón y con una base en realidad muy rockera, con Halford en tonos medios que confluirán en otra ración de estribillos directos y pegadizos. Si he de poner un pero, quizá el acelerón final merecía algo más de desarrollo, pienso en aquella bola extra del primer tema del disco, pero supongo que bien está lo que bien acaba.

Crown Of Horns” es, en opinión del abajo firmante, uno de los grandes hallazgos de este flamante nuevo álbum. Y lo es desde una simpleza gramática que no hace otra cosa que magnificar las estupendas líneas de voz que Halford, en su clave más emotiva, ha deslizado aquí. Arrimaba el ascua a su sardina Michael Sweet (Stryper) cuando alababa el hecho de que Rob Halford escribiera “una canción sobre Jesucristo”, pero como ya se encargó de comentar el propio Ian Hill*, ellos están muy por encima de eso. De hecho creo que la letra es lo suficientemente abierta como para que cada quien le otorgue el significado que mejor le convenga. Estupendo solo de Faulkner y un epílogo donde queda el mal sabor de boca de este epílogo en fade out. Temazo en cualquier caso.

* https://www.youtube.com/watch?v=25rOBzo-DPI

As God Is My Witness”, por contra, nos devuelve a Judas Priest en la clave más poderosa que una gente que lleva cincuenta años en esto puede ofrecer. Y aunque hay ecos muy marcados del “Painkiller”, especialmente en estrofas, si hay un corte que me viene siempre al subconsciente es “Hellrider” del notable “Angel Of Retribution” que traía de vuelta a Halford allá por dos mil cinco. El Travis más vibrante de todo el disco no da descanso desde el doble bombo y todo confluye en un tronco central que parece echar aún más gasolina al fuego. La forma en que las líneas de guitarra y voz juegan a encontrarse sumado al duelo solista que irrumpe a continuación, suponen verdadero oxígeno para los fans más irredentos del quinteto. Estupenda.

Trial By Fire” reduce ese mayor nervio, qué ya tenemos una edad, y acomete un metal más a medio gas, en gran medida deudor de los mejores momentos del anterior “Firepower” y con Halford de nuevo en esos tonos medios llenos de color, santo y seña de esta etapa postrera (no quisiera decir final) de su carrera. A lomos de esa lírica oscura, con el narrador regodeándose en sus propios errores, surge un corte desde luego no principal dentro del tracklist pero en cierto modo eficaz.

Y eso que “Escape From Reality” aun hace por amplificar esa vena pesada y arrastrada. Que sin llegar a anteriores devaneos con el doom metal (“Death” del “Nostradamus” sin ir más lejos) descubre a Judas Priest en su clave más agria pesada, construyendo un llamativo equilibrio entre sus estrofas cada vez más alucinadas, pequeños efectos de voz mediante, y lo más nervudo de sus estribillos. Subyacen aquí pequeños guiños que, quiero entender, aluden directamente a la etapa primigenia de la banda pero es solo una pequeña percepción. Siendo como son una banda que se ha preocupado no pocas veces por evolucionar casi a cada disco, sin por ello perder su raíz más heavy en el proceso. Con mucho la más diferente de las once.

Y eso a pesar de que “Sons Of Thunder” llega a lindar casi con el power metal más básico. De hecho en una primera escucha creí estar oyendo estribillos dignos de los suecos Hammerfall. Es una composición cuanto menos peculiar. Y breve, a un par de segundos de los tres minutos, que a buen seguro recompensa a quienes afirman que sus temas se han vuelto demasiados discursivos desde dos mil catorce para acá.

Giants In The Sky”, bonus al margen, cierra el decimonoveno trabajo de los británicos engarzando con esa mayor pesadez que manifiesta el tramo final del álbum. Con ecos del Zakk Wylde más sucio y Halford trazando una línea de voz poco menos que correcta. Si algo me agrada de este cierre es ese tronco central más calmo, guitarra acústica mediante, coronado por la línea de voz más amable de todo el trabajo, y la manera en que la composición se eleva en el tramo final, amén del casi desgarrado grito con el que el veterano vocalista echa el cierre. Auténticos pelos de punta cada vez.

En septiembre del presente año se cumple medio siglo de la edición de “Rocka Rolla” y parece mentira que tengamos a Judas Priest aún a este nivel. Enraizando con lo mejor de su obra inmediatamente anterior, guiñando a buenos y viejos amigos en el proceso y entregando un disco por momentos casi definitorio de toda una carrera. Presumiblemente el último, aunque con Rob y compañía uno nunca sabe. Llevan ahí desde antes de que servidor viniera a este mundo y, por momentos, da la sensación de que nos van sobrevivir a todos. Como es evidente, no será el caso. Disfrutemos de ellos pues mientras se pueda.

Texto: David Naves

Reseña: Zarpa «999» (Demons Records 2023)

Si el metal es para quien lo trabaja, desde luego que a los clásicos valencianos Zarpa les corresponde una importante porción del pastel. Formados allá por finales de los setenta en Mislata, la suya ha sido una trayectoria algo a la sombra de los grandes nombres que surgirían en la siguiente década pero siempre fiel a las férreas convicciones del rock duro. Ya con el guitarra y voz Vicente Feijóo como único miembro superviviente de la formación original, completan el line up a día de escribirse estas líneas el bajista Vicente Romero, el batería Miquel Alejandro y el guitarra Marcos Sáez.

El álbum fue grabado a caballo entre los propios estudios de Feijóo y los Fireworks de Masanassa, en Valencia, con Fernado Asénsi y Quique Mompó como técnicos de sonido. Fernando Asénsi correría posteriormente con las obligadas tareas de mezcla y masterización de una decena de temas que han visto la luz, vía Demons Records, adornados por el arte de David Marqués. En la calle desde noviembre del pasado 2023.

Sea algo buscado o no, lo cierto es que “Dioses Del Metal” llama la atención con su sonido deliberadamente sucio y desgastado. Sobre él Zarpa dibujan un heavy metal de la vieja escuela que pronto toma posiciones en torno a una escritura firmemente anclada en una onda muy Judas Priest. El propio aspecto lírico de este primer corte arrambla con un espíritu orgullosamente estatal, que recuerda a lo más granado del rock duro español de los ochenta. Feijóo declama potente mientras plantea una serie de riffs que, ya digo, evidencian una fuerte querencia por la banda de Tipton y Downing. Quizá el solo de guitarra parta peras con el legado de la banda británica. Gustos individuales al margen, tiene mérito parir temas como este tras más de cuarenta años en la carretera. Por más que a ratos me chirríe la letra o se le vean las costuras en cuanto a escritura.

El tema título “999”, entrega curiosamente más rácana de las diez en lo que a duración se refiere, renueva el ideario a fuerza de entregar unas estrofas de marcado aire marcial. Incluso diría que Feijóo se encuentra mucho más cómodo sobre ellas, disponiendo aquí de su registro más rugoso y a la vez aquilatado. Sí, su escaso recorrido temporal redunda en una escritura un tanto predecible a ratos, coronada sin embargo por un solo de guitarra más que notable, protagonista final de este algo desigual segundo corte.

El Ogro” se eleva frente al par de entregas previas a base de inundarse de una atmósfera más recargada, donde cobra especial protagonismo un aspecto ornamental, nunca abusivo, que acompaña al estupendo riff que Feijóo y Sáez han dibujado para este tercer tema. Orgulloso de su raíz clásica, empastado con gusto entre las diferentes estrofas y engrandecido por la mayor presencia del bajo de Romero. Presencia, por cierto, que echo en falta en otros momentos del álbum. Por contra, y siento si soy pesado con esto, otro solo que bien merecía una porción mayor de espacio.

Ese que dibujan durante el prólogo de “A Un Millón De Años” puede ser fácilmente mi riff favorito de todo “999”. Tras él Zarpa dibujan un corte que, sin salirse de las férreas correas que sujetan al tracklist, ofrece una cara más oscura. En ella Feijóo, sesenta y cinco años le contemplan, vuelve a mostrarse ágil. Certero incluso. Sorprende además el estribillo por el que opta aquí. Resulta luminoso al punto de dar la impresión de ser el contrapunto de las diferentes estrofas, que no el acento de estas. Una dualidad sobre la que se construye un corte llamativo, eficaz, agradable.

No sería un disco de Zarpa sin algo como “El Heavy Es Mi Destino”. Corte de pura reafirmación rockera, tantas veces visto y oído dentro del género, pero que a la luz de los acontecimientos, tanto con esta banda como con otras, tanto tirón sigue teniendo dentro de la parroquia. En lo musical funciona mientras traza buenos cambios de ritmo, un nivel técnico más que apreciable, solo de guitarra a la cabeza, y esa sensación de que les dará buenos réditos sobre las tablas.

Pero, qué duda cabe, conecto en mayor medida con algo como “Reinos De Miseria”. En una onda esta vez más cercana al Dio más elegante, valga la redundancia, se aprecia aquí al Feijóo más diverso de todo “999”, elevándose desde esos tonos bajos del comienzo hasta los gorgoritos más altos con toneladas de actitud y también de clase. Medio tiempo de regusto clásico, adornado con gusto y donde se hace fuerte, más que nunca, la buena producción de la que disfruta el álbum, que gana en brillantez sin tampoco abandonar aquella mayor rugosidad que ofreciera “Dioses Del Metal”.

Y si “Reinos De Miseria” destilaba elegancia o “El Heavy Es Mi Destino” era puro heavy metal, “En Pie De Guerra” ofrece ahora a los Zarpa más gruesos y arrastrados. Su riff, por sencillo, tiene un gancho de mil demonios. Y mientras sus voces, que diría pertenecen al bajista Vicente Romero, pueden ser fácilmente las más graves de todo el álbum, no deja de sorprenderme ese solo de puro heavy metal que la banda dispone en su tercio final. Coros poderosos y otra de las entregas más reconocibles y distinguibles del tracklist.

Exterminador” retoma orgullosa el libro de estilo de Judas Priest en general y “Rapid Fire” en particular, lo combina con un estribillo chulesco y lo remata con un aspecto lírico que, diferencia idiomática al margen, sin problemas habría podido firmar el mismísimo Rob Halford. Disfrutona si logras deshacerte de sus más que obvias influencias. Puro heavy metal.

La producción de “999” se anotará otro tanto gracias a “Fieras En La Noche”. No es un corte que me enamore pero aprecio su sonido distinguido del resto de cortes, la forma más apaciguada en que Feijóo afronta según qué estrofas e incluso la cierta extrañeza que habrá de preceder al solo de guitarra. Su corto desarrollo, ni tres minutos y medio, no ayuda en absoluto y hay ideas aquí dentro que bien merecían algo más espacio y presencia.

Engaña la final “Fuego Solar” con el deje sci-fi que porta en su prólogo, pues termina por reconducir hacia un heavy metal sencillo y directo, apoyado sobre el firme doble bombo de Miquel Alejandro y confeccionado sin dar media puntada fuera de los límites del género. A ratos desangelada, su estribillo no resulta ni mucho menos el más lúcido de este tracklist. Un cierre con el que me cuesta horrores conectar.

No seré tan necio de decir que el álbum se desinfla en su tramo final, pero qué duda cabe que los temas que más captan mi atención dentro de “999” se sitúan en la que vendría a ser la cara A del hipotético vinilo. Zarpa, cuarenta y cinco años les contemplan, no están para experimentos. Y sin embargo ahí están el buen riff de “A Un Millón De Años” o la cuidada cadencia de “Reinos De Miseria”. “Exterminador” encandilará a sus fans de toda la vida y “En Pie De Guerra” dará argumentos a quienes piensen que esta banda aún tiene cosas por contar. Cuídate del zarpazo.

Texto: David Naves

Reseña: Testaferros (Autoproducción 2023)

Debut en formato Ep para el dúo asturiano Testaferros. O lo que es lo mismo: Kiki Dee en baterías y percusión y Pablo Jonte en bajo y guitarras. Seis temas compuestos, grabados y producidos por el propio Jonte para un digipack maquetado por Dee y al que adornan las fotos de Ricardo Moreno.

Round 1” y por obvio que pueda sonar, avanza a golpes tras un atropellado prólogo y mantiene viva la llama del rock instrumental más ardiente. La guitarra de Jonte nada en efectos y los cambios de ritmo, se tergiversan hasta entregar la cara más enrevesada del dúo. No hay solo pero sí riffs crujientes en su parte final, con todas las líneas colisionando en una suerte de maremágnum extrañamente bailable.

Round 2” en cambio exuda la vena más punk de nuestros particulares Testaferros. Me gusta el avanzar de la batería de Dee aquí, así como el sonido inconfundible y pegadizo de esa caja. Fugaz amalgama de rock adrenalítico y voraz, encuadernado entre riffs con un gancho de mil demonios y rematado por el nervio más marcado del epílogo. Son cortes breves, si pestañeas te los pierdes que diría Gonzalo Serrano, pero de una eficacia más que probada.

Round 3”, oferta más breve de todo el Ep, trasluce ahora la cara más indie del dúo. A la vez puede que también la más ruidosa. Riffs con aroma clásico, retorcidos en cierta rima con aquellos del tema que inauguraba el Ep y adornados por las percusiones de Dee a modo de arreglos. No puedo decir que me desagrada pero sí que siento que bien merecía algo más de espacio y recorrido, en particular ese pequeño viaje de aire más alucinado que irrumpe en su tronco central.

Si hablamos de ruido, puede ser “The Ring Girls” la que más hace por destapar la cara más estruendosa del dúo. La forma en que esta se contrapone a pequeños insertos de cariz puramente electrónico primero y el modo en que ésta se adueña de la composición después constituye otro de los momentos más llamativos del Ep. Que consigue volver a su encarnación más furibunda, por rockera, en un no poco agrio epílogo. Estupenda.

Y hablando de electrónica, la que se adueña del prólogo de “The After Party”. Toda vez irrumpe la guitarra de Jonte, abundan por aquí sonidos que me recuerdan a los Muse más experimentales. Y, en cierto modo, puede ser este el corte más diferente, también atrevido, de todo el Ep. De nuevo el dúo juega a la pura colisión entre géneros, tirando incluso de baterías programadas y entregándose a la fusión más descarada sin cortapisas de ningún tipo. Atrevida, electrónica, refrescante.

Final Round” cierra el Ep devolviendo al dúo a entornos mucho más clásicos por rockeros. Jonte entrega riffs que parecen escapados de algún viejo álbum de los años setenta y la composición, si bien parece avanzar a tirones, termina por funcionar toda vez supera su tronco central y encarrila esa visión más enérgica y tozuda.

Ni quince minutos abarca la primera oferta discográfica de Testaferros. Por ahí que quede tan poco espacio de cara al aburrimiento, sí, pero también porque la amplia paleta sonora impresa en estos seis temas termina por mantener siempre en lo alto el interés del oyente. Y aunque hay ideas que, pienso, bien merecían algo más de espacio, en general se trata de una colección de pequeños pildorazos que disfruto en gran medida.

Texto: David Naves

Reseña: Elizabeltz «Alabaren» (On Fire Records 2024)

Sorprendieron a propios y extraños a su paso por el Kuivi PopUp allá por el verano de 2022 (crónica) y vuelven ahora con nuevo trabajo bajo el brazo. Vienen del País Vasco, se hacen llamar Elizabeltz y en su seno encontramos a “Anarkangela y los señores de la plaga roja”. Ekaitz Garmendia se encargó de grabar este “Alabaren” en los Blackstormstudios, que contó con Jon Fonda para el apartado fotográfico y ha visto la luz vía On Fire Records.

Levitico 15” emerge desde las profundidades cual criatura abisal mientras recubre su enrevesada estructura de una potente carga sinfónica y atmosférica. Hay riffs muy simples aquí, colisionando con secciones más retorcidas y casi dementes. La peculiaridad que les otorga el cantar en euskera, la colisión entre géneros de la que hacen gala y una serie casi inacabable de influencias se dan cita en un primer corte que he aprendido a apreciar sólo con el correr de las distintas escuchas. Los más clásicos apreciarán la mayor elegancia que dibujan en su tronco central, así como el cuidado solo que lo remata. Un arranque que ya deja pistas de la propia y peculiar idiosincrasia del álbum.

Ghost aparecen citados de manera explícita en el kit de prensa que nos ha hecho llegar la buena gente de On Fire Records y ciertamente “Amaon” carga con influencias fácilmente asimilables a discos como “Opus Eponymous” o “Infestissumam”. Hay una cierta oscuridad, compensada no obstante por una escritura más directa, huérfana de aquél mayor retorcimiento del que hiciera gala el tema apertura, hábil a la hora de descubrir el lado más clásico de Elizabeltz. Blue Öyster Cult podría ser una rima recurrente en ciertos momentos. También Coven, toda vez el corte transita hacia una mayor intensidad en su tronco central. Estupendo el solo que colocan aquí y la forma en que termina imbuido del propio espíritu de la composición y sale, finalmente, victorioso ante la adversidad. Menor riesgo, mayor solidez. Un temazo si me preguntan.

Me gusta “Mantra Berri” con ese avanzar casi marcial que propone y los ágiles dibujos melódicos de su prólogo. Elizabeltz discurren después hacia un metal más nervudo, coronado por alguna de las voces más graves de todo “Alabaren”. Surge ahí un interesante contrapunto con unos estribillos más ligeros, aunque igualmente dramáticos. Pegadizos, no os extrañe que os asalten al subconsciente a lo largo del día. A servidor le ha pasado. En su segunda mitad, Elizabeltz acometen un rock más alucinado, no quisiera decir que rozan la psicodelia, pero que desde luego descubre su cara más lisérgica:

Por eso quizá que sorprenda tanto algo como “Gabriel Ala Deabru”, con la banda derivando sin complejo alguno hacia el hard rock más acomodaticio. Al menos en lo que a su prólogo se refiere. Tras ese arranque que, sin ir más lejos, podría haber firmado un joven y lozano Bon Jovi, surge otro corte marca de la casa: tozudamente diverso, que vuelve a recordar en cierto modo a la banda de Tobias Forge y que guarda en su seno no pocos destellos de calidad. El principal, al menos en lo que a servidor respecta, es el gran trabajo llevado a cabo en lo que a voces se refiere. Tanto en las líneas principales, duales y a la vez solidarias, como en los coros que las acompañan.

Kurtzio Udazkenean” quiebra ahora hacia tesituras más arcanas y misteriosas. Monacales incluso. Baste oír las llamativas estrofas y la levedad en que se apoyan. La mayor tensión de su tronco central, así como el alucinado arreglo de viento, siempre traen a King Crimson a mi subconsciente. Es un corte que se atreve a romper con la tónica del álbum. Si es que en “Alabaren” cabe cosa tal. La manera en que vuelve aquella primera línea de voz, apoyada ahora por tenues líneas de guitarra eléctrica, es magnífica. Un corte alejado de casi cualquier cosa que tenga que ver con el heavy metal pero que confirma a Elizabeltz como un ente despreocupado ante las barreras del género. Diferente, enfadará a unos en la misma medida en que fascine a otros tantos.

Así las cosas, “Zin” nos devuelve a la banda en su encarnación más vibrante y directa. Es el corte más rácano del tracklist, poco más de tres minutos y medio. Un híbrido entre ciertos ambientes que bien podrían recordar a Urge Overkill y el nervio proto-metálico de unos Blue Cheer. Construida, quiero pensar, con el directo en mente, deja entrever una estructura más clásica y acomodada, rota únicamente por lo alucinado, y nuevamente lisérgico, de su tronco central. El solo que disponen en el epílogo, resulta tan sorprendente y llamativo como otros tantos dentro del tracklist.

Algo más contemporánea resulta “Ergastula”, que aún sin abandonar el fuerte influjo clásico que rodea al disco, ofrece ahora un metal nervudo aunque igualmente dramático, donde oigo ecos que me recuerdan a los rockeros de Bergen Major Parkinson. Sin embargo resulta una composición más fácilmente digerible por audiencias como puedan ser la de esta misma página. Hay riffs e incluso estrofas que me recuerdan a los Borknagar más recientes. Pero si por algo destaca esta penúltima entrega es por la ardua labor en cuanto a solos y melodías de guitarra se refiere. Omnipresentes, dotan de un aura extraña tanto a estrofas como a estribillos. Una coctelera donde la banda exuda personalidad, por contradictorio que esto pueda parecer. Incluso cuando el corte supera su tronco central y acometen un mayor dramatismo, personificado en la prominente carga atmosférica, Elizabeltz siguen sonando orgullosos y personales.

Hellend” pega el último giro de timón de “Alabaren” apostando por un prólogo cristalino y tranquilo, en cierta aunque lejana rima con unos Ulver del “Shadows Of The Sun”, para después moverse por unos territorios tenues y misteriosos, en cierto modo solidarios aunque nunca iguales a los que ya dibujaran en la anterior “Kurtzio Udazkenean”. Se produce no obstante aquí un último volantazo. Un último truco, al convertir la curiosa calma inicial en un hard rock acompasado, bellamente arreglado, que vuelve a apostar por un sonido clásico mientras las guitarras dibujan una melodía redonda por pegadiza. La buena dupla vocal del puente pero, sobre todo, la mayor grandiosidad que ofrece el epílogo, termina por rematar un desbordante broche final.

Un álbum muy agradecido de reseñar. Por la diversidad de sus composiciones pero sobre todo por su deslenguada variedad, los muchos nombres que irrumpen como influencia más o menos directa y también el buen sonido que entrega la producción de Ekaitz Garmendia. Justo cuando teníamos a Elizabeltz por una banda de directo, los vascos se destapan con un disco sugerente, ambicioso incluso, que pasa en un suspiro y presenta las huestes de Anarkangela rebosantes de atrevimiento y buenas ideas. Bienvenidos sean.

Texto: David Naves

Reseña: The Electric Buffalo «Patrolman» (Boomerang Discos 2023)

Flamante ganador en la última edición de los AMAS en la categoría de mejor disco rock, iba siendo hora de que posáramos nuestras zarpas sobre “Patrolman”, el más reciente trabajo de The Electric Buffalo. La banda, que forman Álvaro Bárcena en voz y guitarras, Sergio Tutu al bajo, Wilón DeCalle en baterías y Sam “Stone” Rodríguez en teclados, se ha hecho acompañar esta vez de gente como Juan Yagüe con la acústica y el bouzouki, Cristina Gestido con la viola y la dupla Sil Fernández y Sil González en coros. Producido por el propio Tutu y adornado por el precioso diseño de Ossobüko fue puesto en circulación a través de Boomerang Discos.

Editado en formato vinilo, The Electric Buffalo dan la bienvenida a través de la elegante y bien trazada “You Know How”, con esos inequívocos acentos del teclado de Sam Rodríguez revistiendo toda la composición de un aire sureño tan real como arrebatado. La acomodada y a pesar de ello vibrante línea de batería de Wilón o el cuidado solo de guitarra de Bárcena que atraviesa el tronco central. Arranque de clase y buen gusto.

Aún sin abandonar del todo su vena más rockera, el tema título “Patrolman” vendrá a moverse por territorios más apaciguados y melancólicos. Medio tiempo en la más pura tradición del género, acompañado de un cuidadísimo videoclip obra de La Parrocha Estudio:

… y en el que la banda rinde sentido y merecido tributo a la figura del tristemente desaparecido Alejandro Espina, miembro fundador del combo asturiano. La línea “He never liked the farewell’s sound, maybe that’s why his heart got tired and drowned” (“Nunca le gustó el sonido de las despedidas, tal vez por eso su corazón se cansó y se ahogó”) es de una belleza y también una crudeza incontestables. Pelos de punta, lágrima en la mejilla. Llega uno a sentir la pérdida como propia. Haré mío un comentario que he leído en Youtube: “Precioso homenaje a Jandro. Seguro que estaría orgulloso”. No me cabe la menor duda.

Pero la vida sigue y qué mejor compañía que esta “Old Love”, con la banda arrastrando esa vena sureña sin estridencias, apoyando la racional línea de voz de Bárcena, tiñendo la composición de leves cambios de ritmo en lo que no deja de ser una pieza sencilla en fondo pero profundísima en alcance y feeling. De nuevo mucho sentimiento en cada acorde, suena muy a tópico, ya lo sé, pero me engancha la forma en que todo el corte fluye sin manierismos impostados ni artificios de ningún tipo. Todo para alcanzar ese gran solo de guitarra que anticipa el epílogo. Estupenda.

Tendido y muy cuidado el prólogo de esta “Souls With No Name” que vuelve a destapar a The Electric Buffalo en su versión más ligera. Que no acomodada. La composición va trazando un crescendo clásico en la más pura tradición de los mejores hermanos Allman acompañada de cuidados arreglos y apoyada en una cuidadísima línea de bajo, soporte fundamental a las partes más desnudas de distorsión. Los coros de ambas Sil que irrumpen mediado el corte, el omnipresente slide y la puerta a la improvisación que abre su largo cierre la convierten en otra de mis imprescindibles de “Patrolman”.

Así las cosas, “Craven” resulta mucho más terrenal en su acercamiento al blues rock más elemental. O al menos eso parece mientras circula por su prólogo. Lo cierto es que la composición deriva más adelante hacia terrenos más sureños, acompañados de uno de los riffs de más gancho de este nuevo álbum. Prolija en solos, me agrada sobremanera ese que anticipa el tronco central. Aún cuando goza de un estribillo de los que se pegan a la primera, en términos globales no me termina de resultar tan redonda como otros cortes dentro del tracklist.

New Rules” abre la cara B del vinilo a puro rock sureño. Hay grandes coros magnificando estos estribillos, un distinguido trabajo de producción por parte de Tutu y la sensación de que la banda se ha tomado todo el tiempo necesario para la construcción de este sexto corte. Sea ese el caso o no. Brilla aquí Sam tras las teclas, tanto en el solo como a la hora de acompañar las distintas estrofas. Hechuras clásicas para lo que no deja de ser otro derroche de equilibrio y buen gusto.

Love Overdose”, aun sin derivar del todo hacia un nervio más marcado, sí que entrega uno de los riffs más graves del redondo. En primeras escuchas sentía algo artificial ese avanzar a tirones. Lo cierto es que con el paso del tiempo mis sensaciones al respecto han ido cambiando y ahora me encuentro moviendo la cabeza al ritmo de estas estrofas tan cuidadas como eficaces. El tono más melancólico del puente anticipará un solo vibrante, sin alardes pero poderoso, en lo que no deja de ser otro ejercicio de puros equilibrio y balance. Si he de ponerle un pero, refiere este al soso fade out final, pero con eso y con todo uno de los grandes descubrimientos del álbum y otro de esos temas que han sabido ganarme con el correr de las escuchas.

The Raven” ahonda en esas pulsiones rockeras, aun cuando no deja de ser un medio tiempo armonioso y bien trazado. Cowbell mediante, la composición avanza a pequeños zancos, dejando entremedias el solo más alucinado de Sam Rodríguez, en contraste con el más acomodaticio solo que Bárcena sitúa tras él. Arrastra de pura clase el riff que comanda este penúltimo corte, donde de todos modos quizá eche en falta algo más de gancho. Disfrutable en cualquier caso.

La final “Walking Behind”, con Bárcena en su encarnación más amable, resulta todo un regalo. Un cierre adherido sin remilgo alguno al country, que nos devuelve al búfalo eléctrico más melancólico, obedeciendo por ahí a la más pura tradición del género. Tan sencilla como cuidada y agradable, deja en el oyente un poso a ratos amargo, a ratos optimista, y supone, en opinión de este modesto escribiente, otro de los grandes hallazgos dentro de “Patrolman”.

Se aleja, sí, del groso de discos que os salemos traer por aquí. Viene bien de vez en cuando hacer excepciones, oxigenar un poco el cerebro y abrir la mente a otros sonidos. Ya sea la sirvengonzonería de Ofensivos, el punk de Polemika, el rock urbano de Mala Reputación o esta amalgama de rock sureño, country y blues que The Electric Buffalo proponen para su nuevo álbum. “Más clase que una universidad” escribí como cierre de la crónica de su concierto con Mad Rovers hace ahora justo un año y diría que la frase sigue vigente en lo que a esta banda refiere. Destacan el muy sentido homenaje al compañero caído con la que titulan el álbum, la mecha larga de “Love Overdose” o la llamativa mezcla de pasión y orden que supone “Old Love”. Un muy buen disco si me preguntan.

Texto: David Naves

Reseña: Hitten «While Passion Lasts» (High Roller Records 2023)

While Passion Lasts” es el quinto trabajo ya para las huestes hard rockeras murcianas Hitten. La banda continúa así aquél magnífico “Triumph & Tragedy” de hace tres años con una formación que integra al italiano Alexx Panza en voces, Dani Meseguer y Johnny Lorca en guitarras y la base rítmica del bajista Satan y el batería Willy Medina. El quinteto, que tan buen sabor de boca dejara a su paso por el Rock Nalón de dos mil veintidós, ofrece esta vez nueve cortes más una introducción grabados en los Terror Twins Studios (bajos y guitarras por Marco Panzanaro), el Nebula Studio (voces) y finalmente los Aenima Studios (baterías por Pepe Marsilla). Las pistas resultantes serían posteriormente mezcladas en los Moontower Studios por el Balmog Javier Félez y masterizadas por el Eclipse Erik Mårtensson en los Mass Destruction Studios de su Suecia natal. Con arte de Marc Schoenbach y diseño de Monica Torasso y Dani Meseguer, el álbum vio la luz vía High Roller Records el pasado mes de noviembre.

Puede que la intro “Prelude To Passion” suene algo ajena a una banda como esta. Un tanto artificiosa y engolada. No obstante su pulso, literalmente hablando en este caso, nos conduce con prontitud y acecho al acostumbrado hard / heavy de los murcianos con renovadas energías. Es en el crescendo final cuando asoman las primeras guitarras y, al fin, se materializa una “While Passion Lasts” de inicio calmo, con Panza en tesituras amables que pronto tornarán a los tonos altos a los que nos tiene acostumbrados el turinés. Me agrada la construcción de estas estrofas. Ese crescendo tan clásico como bien resuelto, y la forma en que el bajo hace suyas las partes más calmas. Llegado el estribillo, el gancho de siempre parece seguir prendiendo con el ardor de antaño. La sección solista, primero heróica y después elegante, me resulta de lo más certera. También ese final más acendrado y metálico. Un arranque en la más pura tradición de la banda en particular y el hard en general.

Pero por si alguien echaba en falta algo más de nervio, “Blood From A Stone” viene para destapar a los Hitten más lindantes con el heavy metal de sus inicios. Una batería que gana peso y unas guitarras de una mayor gravedad colisionan en unas estrofas sencillas pero con un gancho de mil demonios. Composición directa y sin cortapisas. Firme Willy Medina con el doble bombo y otra melodía de voz, cortesía de Panza, con el buen gusto de siempre. Las buenas guitarras dobladas en el solo, el clásico riff en que se apoyan y ese patrón bombo caja tan recurrente y a la vez pegadizo. Corte además que pondrá de relieve el buen sonido que, en líneas generales, atraviesa a este nuevo trabajo. Particularmente llegada la hora de los distintos desarrollos solistas. Equilibrada, con gancho, gana una barbaridad con las sucesivas escuchas y desde luego da la razón a quien pensó en ella como anticipo de este nuevo álbum.

Y aunque en líneas generales “Mr. Know It All” no me funciona en la forma en que lo hacen sus dos predecesoras, sigue siendo una oferta en la que encuentro asideros suficientes a los que agarrarme. Empezando por el tono tan deslenguado y chulesco que le aporta la despreocupada línea de voz de Panza. También en lo bien que empasta la base rítmica aquí y lo sencillo pero ¿jovial? del estribillo. Pero en líneas generales observo una construcción más lineal y quizá al tema en su conjunto le pese su condición de single adelanto.

Más rocosa, rotunda y pesada, “Unholy Games” parece guiñar al bueno de Zakk Wylde con el inconfundible grosor del riff inicial. Acude raudo el estribillo a la cita y si bien este no me termina de enganchar del todo, sí que lo hace la mayor personalidad que exhibe ahora la banda. Apostados en las fronteras de su acostumbrado hard rock de raíces orgullosamente ochenteras pero a la vez caminando por una senda más apaciguada que termina por separar a este quinto corte del resto del tracklist. Medio tiempo construido con sumo cuidado y adornado con no poco gusto. Aquí la producción juega un papel importante, que no principal. Equilibrio es la palabra clave. Ahí, los arreglos suman sin opacar. De igual forma estupendo el solo (asumo que) de Lorca y la manera tan hábil en que pasa de la elegancia inicial a al pura floritura final. Estupenda no solo por lo diferente que resulta sino también por lo acertado de sus distintas ejecuciones.

Dark Stalker” parece haber nacido con la intención de convertirse en abanderada de este nuevo “While Passion Lasts”. Ya no es su mayor duración, que también. Es la forma en que parte peras con ese tranquilo prólogo al piano para devolvernos a los Hitten más metálicos e intensos. Por ahí sorprende la tranquila línea de voz de Panza y la forma en que se contrapone al mayor nervio que transmiten tanto guitarras como base rítmica. Que conduce a un estribillo donde las tornas cambian y la menor intensidad contrasta con una línea de voz ahora poderosa por elevada. El juego de contrastes que proponen aquí funciona cual reloj suizo. También una sección solista que, a ratos, me recuerda a unos Iron Maiden de finales de los ochenta. Con mucho una de mis favoritas tanto por composición como por ejecuciones. Hábil, reconocible, potente y con gancho. Deseando desde ya que sea una fija en futuros setlists.

Así las cosas, “Truthful Lies” resulta mucho más acomodada. Tanto por composición como parece que también por intenciones. Llega incluso a bordear el AOR en estribillos. Siempre con un inspirado Panza al micro, y ejerciendo un gran contraste con su inmediata predecesora. Así la banda pone de relieve la cintura que posee aún manejándose siempre dentro de la férrea linde del hard heavy de corte melódico. Se eleva gracias a una certera sección solista pero es cierto que ha habido según qué escuchas al disco en que me ha costado llegar a conectar. El final en fade out, con el prometedor acelerón del epílogo perdiéndose finalmente entre la bruma, no ayuda precisamente a mejorar su nota final.

Un arranque como el de “Hold Up The Night” te lo firma la pareja Matthias Jabs & Rudolf Schenker en cualquier día tonto. No es que el corte asuma por completo el ideario del escorpión germano pero uno no puede por menos que palpar y sentir la inevitable comparación entre unos y otros. Los chicos no parecen querer esconder sus influencias aquí y, de resultas de ello surge un corte tan agradable como previsible. El más escueto, de hecho, de todo el tracklist. Introducción al margen. Coros agradables y algún que otro riff de innegable peso y carisma salvan la fiesta en cualquier caso.

El riff en que apoyan “Where It All Begins” puede resultar algo recurrente. Ese clásico cabalgar a medio gas. Pero este es un medio tiempo orgulloso. De nuevo construido con cuidado y adornado por una vistosa y muy presente línea de bajo. Ni que decir tiene que Panza, acompañado en tareas vocales por Rox Robles, se encuentra como pez en el agua en estas aguas más remansadas, entregando una interpretación en la que vuelve a rebosar carisma y clase. El solo que sitúan en el mismo tronco central de la composición eleva igualmente a esta penúltima entrega funcionando en favor del corte al que adorna y no en virtud de un ego específico. El pequeño impulso que adquiere camino del epílogo culmina un corte que funciona en la más pura tradición del género.

Crimetime” cierra “While Passion Lasts” mientras nos devuelve a los Hitten más heavies y trotones. Despreocupada pero sin perder de todo el foco, intensa sin llegar a lo amenazante. De solos tan nerviosos como electrizantes. En definitiva sencilla sobre el papel pero lo suficientemente bien resuelta como para sobreponerse a su trazo tan recurrente.

Es un álbum que pierde duración con respecto al estupendo “Triumph & Tragedy” y por ahí habrá quien piense que la banda ha estado desaprovechando el tiempo transcurrido desde noviembre de dos mil veintiuno. Nada más lejos. “While Passion Lasts” puede no ser aún el disco definitivo de Hitten, el que les transporte al reconocimiento del que ya gozan otras bandas de su misma generación, pero desde luego cortes como “Unholy Games”, “Blood From A Stone” o la que viene a dar título al álbum no deberían ser para nada desdeñadas. También la más diferente “Dark Stalker”, que abre un horizonte quien sabe si nuevo para ellos. Deseando verles de nuevo por estas frías tierras del norte.

Texto: David Naves

Reseña: Aneuma «Venom» (Autoproducción 2024)

Mucho ha acontecido alrededor de los de Puerto de Vega desde la publicación de “Climax” allá por octubre de 2022. Vencedores en la W.O.A. Metal Battle Spain 2023, segundos en la final en tierras alemanas, premio al artista revelación en la última edición de los Premios Amas y a buen seguro que la lista seguirá en el futuro. Mientras llega, tenemos en nuestras manos y oídos un “Venom” con el que intentarán refrendar las buenas sensaciones que ya nos dejó el debut. Laura Alfonso (voces), Abel y Borja Suárez (guitarras), Jorge Rodríguez (baterías) y Pau (bajo) vuelven a entregar un álbum de ocho temas, grabado en los Breakdown Studios con el Escuela De Odio, Sound Of Silence o Blast Open Nefta Vázquez (Beast Inside, Brutalfly, Burnt To Death…) a los controles. Gin Barbería (Absalem) hace coros, de Noelia Amieva las fotos y el propio Abel se ha encargado del diseño.

Los más impacientes ya conocíamos esta “Yell To The Sky”, estrenada a finales del pasado año, y que viene a ejercer de obligado puente entre el debut y este nuevo trabajo. Vuelven a darse cita las buenas melodías de guitarra que ya se adueñaran de “Climax” bajo el registro roto, más iracundo que nunca, de una Laura a la que la experiencia adquirida parece haberle proporcionado nuevas cotas de fuerza y gravedad. El corte se eleva en el puente central, comandado por unos riffs tan sencillos como funcionales, a los que revisten ese buen tino melódico que comentaba. El mismo brillo que alimenta, sin ir más lejos, al mismo “Travellers To Nowhere” de Legacy Of Brutality.

La labor de Nefta no podría ser más correcta de tanto en cuanto extrae lo mejor del quinteto sin querer erigirse en protagonista. Algo que salta a la vista, o mejor dicho al oído, a través de esta “Never Again”, donde de nuevo el buen gusto melódico de Borja y Abel se hará patente. Hay un solo, o más bien una serie de solos, adornando todo el tronco central. También un buen trabajo en lo que a construcción de coros se refiere. Laura más acompañada que nunca aquí, si bien siento que la letra se me queda algo rácana y, por tanto, repetitiva. Sea como fuere por ahí aprecio igualmente buenos cambios de ritmo y a unos Pau y Jorge del todo compactos y precisos.

Pero qué duda cabe que es un tema como “Your Doom” el que verdaderamente da la medida de una banda como esta. Partiendo de su elegante intro y apostando por la vena más melódica de la banda, quiebra de manera brusca hacia un metal nervudo, a puro doble bombo, donde las voces se multiplican y adivino a escuchar los registros de Gin y Abel acompañando a Laura en tareas vocales. Algo que amplifica, y de qué forma, el alcance de este tercer corte. También la repentina pesadez que precede a la inevitable ración solista. Muy elegante esta, en cierta rima con aquél prólogo, y que dará pie a un epílogo con Aneuma en su encarnación más nervuda. De mis favoritas de este “Venom”.

Bastan unos pocos acordes dentro de “Guide Them To The Light” para reconocer a la banda que está detrás de esta cuarta entrega, y que me recuerda a muchos momentos de “Castaway Of Chance” o “Fall Apart” del debut. La banda avanza aquí a medio gas, con un groove más marcado y una construcción clásica, edificada sobre los habituales contrapuntos entre estrofas y estribillos. El corte no obstante dará un giro en su tronco central, para acoger la ensalada solista sobre un heavy metal de formas muy clásicas. Ni mucho menos me desagrada pero a ratos siento que merecía algo más de desarrollo.

Aneuma nunca habían sonado tan pesados ni tampoco tan atmosféricos como lo hacen en esta “Frozen”, otra de las composiciones capitales de este nuevo trabajo. Por lo diferente que resulta a todo cuanto hayan hecho antes, por ese poso más melancólico que a ratos la atraviesa y finalmente por ese bien trenzado crescendo que la recorre. Esos riffs más pesados dejan la sensación de que funcionarán como un reloj en directo, los solos puede que se encuentren entre los mejores que hayan grabado nunca y, si he de ponerle un pero, al epílogo se le podría haber añadido alguna pulsación más. Con eso y con todo otra de mis favoritas.

Chain Reaction” ofrece una versión más sencilla desde el plano gramático, que compensan con un estribillo repleto de gancho, de los que entran a la primera, y que lleva todas las de ganar de cara a un nuevo e hipotético videoclip. Es su fórmula de siempre, contraponer el agrio registro de Laura a las buenas melodías de Borja y Abel, y de ahí que la cosa funcione así de bien. Habrá quien eche en falta algo más de riesgo, sí, pero cabe recordar que el disco venía precisamente del corte más diferente de todo el tracklist.

Hablando de contrastes, los que salen a relucir a través de “Circles Of Fire”. Un corte a ratos pesado pero cuya estructura no podría estar más ligada al metal de los ochenta. Su riff es pegadizo como pocos dentro de “Venom”. Asimismo sus estrofas, más desnudas ahora, vienen no obstante acentuadas por el bajo de Pau. Siento que es un corte más llamativo en lo tonal que en lo gramático, pero aún así disfruto del ambiente más diferente en el que la banda se instala aquí. Junto con “Frozen” lo más diferente de este segundo álbum.

Cierran con el tema título “Venom”, una pieza de heavy metal clásico y voz rota donde aprecio un interesante juego entre canales y docenas de solos y melodías que deberían hacer las delicias de todo buen fan del género. Pero más allá de pequeños trucos de producción, la encuentro una composición compacta y diversa, con su habitual buen pulso melódico, la gravedad de registros y, en definitiva, todas las aristas que a día de hoy definen a una banda como esta.

Recuerdo que “Climax” me gustó en su día a pesar de que se me desinflaba conforme transcurría por lo que vendría a ser su cara B, que es algo que no sucede en este “Venom”. La banda parece ahora más seria y decidida, afianzando la propuesta inicial pero sin miedo a explorar nuevos territorios, pienso especialmente en “Frozen” pero también en “Circles Of Fire”, sin que estos alcancen a distraer del todo el foco. Porque cuando juegan a ser los Aneuma que ya conocíamos salen igualmente triunfadores, véase la riqueza de “Your Doom”, otro de los grandes aciertos de este nuevo trabajo. Puede que a “Never Again” le pese su condición de single, no obstante el resultado global viene a situarse, pienso yo, un par de escalones por encima del debut. Era lo que muchos les pedían y es lo que han hecho.
Texto: David Naves

Reseña: Lépoka «Dios Está Borracho» (Autoproducción 2024)

Quinto y autoproducido álbum de los castellonenses Lèpoka, que muy gentilmente nos han hecho llegar en un precioso digipack de dos cuerpos, cuidadosamente diseñado y al que remata un no menos detallista libreto. Integran la banda a día de redactarse estas líneas Jaume en baterías, Carlos Zaph en bajo y bouzouki, Dionis y Popez en guitarras, Dani Nogués en voz y coros y Zarach en gaita y flautas. Con programación, teclados y guitarras adicionales de Tato Latorre, “Dios Está Borracho” se grabó durante doce meses en La Sucursal con Sinuhé Roldán ejerciendo como asistente de producción. La ilustración, diseño y maquetación corresponden al Daeria Joel Marco (Argion, Sylvania, Dünedain, Reino de Hades…) y la fotografía a Javier Bragado. En la calle desde el pasado 23 de febrero.

Dios Está Borracho” supone un arranque jovial en forma pero comprometido en fondo. Se podría decir que divertida en lo musical y consciente en lo lírico. También breve, ni siquiera tres minutos de un hard heavy metal de fuerte poso folk. Buena producción, capaz de amalgamar las distintas líneas sin mayores desequilibrios ni idas de tono, véase el breve pero cuidado puente central, para una primera piedra de toque sencilla, directa y al pie.

Más cerca del medio tiempo, “Brindo Por Verte” alimentará las comparaciones, supone uno que inevitables, con los Mägo de Oz más ligeros. Ha sido otra de las cartas de presentación del álbum y por ahí presume uno nace quizá ese tono más liviano. Vuelve a destacar la buena producción de la meticulosa grabación, llevada a cabo en La Sucursal y que abarcó doce meses nada menos. Destaca el solo de violín del puente, en especial por las cuidadas armonías que lo apoyan. Sencilla, elemental incluso desde el plano puramente gramático, intuyo habrá hecho las delicias de sus correligionarios. Servidor, según el día, echa en falta algo más de nervio.

Un nervio que sí tiene “Dónde Vas” toda vez alcanza estribillos. La letra, que centra sus miras en esa nueva tribu urbana empecinada en llamar “generación de cristal” a todo aquél que se atreva a discrepar con su reaccionaria forma de entender los tiempos que corren, me resulta una de las más acertadas de todo el nuevo álbum. Pero más allá de estas consideraciones y teniendo en cuenta el material que tengo entre manos, me parece el corte perfecto para ellos. Diversa tanto en lo rítmico como en lo tonal sin dejar de resultar pegadiza, dibujando siempre la sensación de que les dará buenos réditos sobre las tablas.

¿Dónde vas? No te molesta el sol de cara al caminar.

Para quienes vengan a “Dios Está Borracho” con ánimo de parranda, “Antes Del Amanecer” por sí sola podrá colmar sus ansias. Sin perder el foco lírico, imbrica su habitual heavy metal de melodías y arreglos más propios del lejano oeste, el inevitable banjo, eficaces a la hora de darle una personalidad muy especial a esta cuarta entrega, disociándola en cierto modo del resto del tracklist. Festiva y con un fuerte poso optimista soldado a cada acorde. Cien por cien Lèpoka.

A Las Calles” viene para dejar constancia de la faceta más nervuda de los castellonenses. Las guitarras ganan en gravedad, la base rítmica en presencia, apoyando una de las líricas más comprometidas de “Dios Está Borracho”. Pequeños guiños ska, Jaume percutiendo con firmeza, buenas melodías y arreglos, Dani Nogués en su versión más agria y un estupendo solo de guitarra como perfecto colofón. De mis favoritas, la cabra siempre tira al monte.

La Nit És Nostra”, donde cuentan con la inestimable ayuda de Adriá Salas (La Pegatina) y Artur Martínez (La Fúmiga), abandona el idioma de Cervantes para abrazar el catalá y mostrar, de nuevo, a unos Lèpoka en hábil equilibrio entre la rabia más acendrada de “A Las Calles” y su acostumbrado folk metal. Y he de decir que, barreras idiomáticas al margen, resulta una de las entregas más abiertamente pegadizas y por ahí memorables de todo el álbum. De esas que entran a la primera y anidan en tu subconsciente durante días.

Contando Al Andar”, con todo un José Andrea colaborando por ahí, entrega una letra regada de puro orgullo:

Donde hubo polvo, construiré montañas. No voy a echarme atrás

… y en efecto a ratos parece construida a medida del ex frontman de Mägo de Oz, que vuelve a exhibir aquí su característico registro, aquél que le llevó por escenarios de medio mundo. Es un medio tiempo al uso típico de Lèpoka. Cuidadoso en lo formal, en ningún modo sorprendente en lo que a construcción se refiere y donde echo en falta, quizá, un desarrollo algo más ambicioso. Como nota al pie, preciosa la localización donde se llevó a cabo la grabación del videoclip:

Me agrada la forma en que encaran “Un Año Más”. La diversidad que dibujan sus estrofas, amén de la manera en que engarzan los distintos estribillos. Y por ahí, la ágil línea de batería que traza Jaume tras los parches. Tejida con gusto, si bien desposeída quizá del gancho que poseen otras entregas de este quinto trabajo. Hábil en cualquier caso a la hora de jugar entre fiesta, nervio y candidez.

Claro que si la medida es la diversidad, puede ser “El Dorado” la que posea más cartas en este asunto. Conjuga, pienso que con pericia, a los Mägo de Oz más épicos, picotea más adelante con el reggae y fluye, esa es la palabra, hacia un estribillo que si bien un tanto atropellado, no podría ser más definitorio de la banda que lo ha parido. Construcción ágil, rodeada de buenos detalles en cuanto a producción y a buen seguro la que más peso ha adquirido con el correr de las escuchas, si bien vuelvo a sentir que al epílogo se le podría haber sacado algo mas de jugo.

La Misma Habitación” despide este “Dios Está Borracho” en tonos tranquilos, imbuida de una letra a ratos un tanto naif (después de todo, qué balada no lo es) pero donde caben igualmente pequeños gritos de corte antibelicista. No inventa la rueda el crescendo que acomete en su parte final, pero funciona. Eficaz para despedir este quinto álbum con un toque diferencial.

Ni mucho menos el disco más ambicioso que haya entrado por mis orejas últimamente y, sin embargo (o quizá por ello) una obra por la que siento un mayor apego que por aquél “El Baile De Los Caídos” de 2020. Breve, sí, poco más de media hora de música, pero ágil a la hora de amalgamar influencias diversas y teñir con ellas su habitual folk metal. Guiños ska, reggae, un banjo incluso y una banda que parece haber nacido tanto para divertir como para divertirse. Por ahí agradezco el compromiso de alguna de sus líricas primero y el buen trazo que exhiben cortes como “El Dorado” o el mayor nervio de “A Las Calles”. Por contra, siento que algunas canciones bien merecían desarrollos algo más ambiciosos. Con eso y con todo ¿agradará a los suyos? Quiero pensar que sí.

Texto: David Naves