Reseña: Polemika «Santa Estupidez» (Autoproducción 2023)

Empezar reconociendo que no somos muy de punk rock por estos lares me parecía lo correcto. Quien mucho aprieta, ya saben. Pero hete aquí que la buena gente de Polemika nos ha hecho llegar una copia física de su más reciente Ep, este “Santa Estupidez”, y qué menos que dedicarle unas escuchas primero y unas palabras después. Viene en un elegantísimo digipack de dos cuerpos, blanco nuclear, con un cuidado diseño pero donde echo a faltar algo más de información. La propia formación de la banda, que integra gente de Chabacanos, Inntermezzo o Pripyat, no viene por ningún lado. ¿Despiste o una forma de priorizar el mensaje sobre el mensajero? Grabado en ZL Audio, consta de cinco cortes, entre ellos su primera incursión en asturianu, junto a dos entregas recuperadas de aquél “Fuerzas De Flaqueza” de 2019.

Bailarte El Agua”, corte que recuperan ahora y que a su vez inauguraba el “Fuerzas De Flaqueza”, arranca de nuevo con buen tiento melódico lo que no deja de ser un punk de vibraciones clásicas y pulso ágil. Una composición que me recuerda a aquellos años de juventud en que alternaba a Boikot y La Polla con Metallica, Judas Priest y Koma ejerciendo de puente entre ambos mundos. “A tu edad yo también era punk”, se podría decir. Al final servidor terminó derivando más hacia el cuero y la melena que la cresta y los imperdibles y de ahí que mis referentes, a día de hoy, sigan siendo del todo clásicos. Pero da la impresión que los de Polemika no lo son menos. Ejerciendo la nostalgia sin olvidar el año en que nos encontramos. Un arranque que no me desagrada en absoluto.

El segundo de lo temas recuperados es este “El Sonido De Las Bombas”, no veremos el día en que letras como esta pasen a la irrelevancia, hace por aumentar el rango sonoro de este “Santa estupidez”. De hecho y aunque sea de forma leve, a ratos parecen lindar terrenos más propios del grunge. Lo que sigue a esas primeras estrofas es un punk encolerizado, con quizá la línea de batería más ágil de todo el Ep. Buenos cambios de ritmo, me agrada la forma en que engarzan las distintas estrofas pero quizá eche en falta un poco más de nervio en sus distintas líneas de voz.

Es fácil poner a los pies de los caballos la letra de una “Santa Estupidez” que centra sus miras en las redes sociales. La inevitable crítica contra los comportamientos que estas exacerban frente a la ya imperante obligación, como banda, de estar presente en ellas porque, de lo contrario, no existes. Hemos vendido nuestras almas al algoritmo, como bien apunta la letra, y lo peor es que no parece quedar más alternativa. Es quizá por esa frustrante inevitabilidad que el corte dibuje una cierta sensación de abatimiento. De melancolía incluso.

Por ahí “Repunante” resulta más elemental, más cercana a un punk primario y seminal. Destaca, claro, esa letra en asturianu. En lo personal agradezco el mayor nervio que Polemika desarrollan aquí. También esos coros que acentúan cada estribillo y como la línea de voz despliega aquella mala leche que reclamé para “El Sonido De Las Bombas”.

Buen Suceso” sorprende en su deriva hacia un rock más elegante. Mala Reputación es un nombre que vuelve a mi memoria con cada nueva escucha. Pero también Marea o, en menor medida, Extremoduro. Lo cierto es que empata con “El Sonido De Las Bombas” al revelarse como el corte más diferente de “Santa Estupidez” mientras deja muestras de una mayor ambición en aspecto puramente gramáticos. Desde luego sigue encerrando mucho punk en sus entrañas, esos riffs más acelerados de los estribillos, y cierra el Ep quién sabe si mostrando el camino a seguir por estos remozados Polemika de cara a futuros trabajos.

Insisto en reconocer que no es una banda que facture el tipo de música que más acostumbro a escuchar a día de hoy. Pero por ahí quedan pequeños escarceos fuera de su rango de acción que no hacen sino contribuir a una mejor digestión para el oído mas profano. Los más asiduos al género quizá echen en falta algo más de músculo, así como un sonido algo más redondo, pero a buen seguro encontrarán más de un asidero al que agarrarse.

PD: Aprovechando la ocasión, no quería cerrar esta modesta reseña sin lanzar un llamado a todo buen fan del punk e invitarle a sumarse a la Brigada, pues presumo no será este el último trabajo de punk que nos llegue (como tampoco ha sido el primero) y bien haríamos en hacerlos pasar por oídos mejor entrenados que el de servidor.

Texto: David Naves

Reseña: Omission «Disciples Of Ravens Vengeance» (Xtreem Music 2023)

Es el séptimo trabajo para los thrashers madrileños desde que editaran aquél “Thrash Metal Is Violence” a mediados de 2009, algo que da cuenta de cuán prolífica es la banda que hoy nos ocupa. Formados allá por 2002 en la capital del estado, Omission han venido sembrando el territorio con su thrash inyectado de black y speed metal para regocijo de una parroquia siempre fiel y entregada. “Disciples Of Ravens Vengeance”, que sucede a un “Worship What You Fear” del que dimos buena cuenta aquí a comienzos de 2001, reúne a Miguel A. Hernanz “Patillas” en guitarra y voces, Pizarro al bajo y Nekrosaint en baterías.

Producido por Choco, de los también madrileños Frenzy, el álbum fue mezclado y posteriormente masterizado con la ayuda de Gonzalo Vivero, cuenta con fotografías de José Machado y artwork de José Antonio Vives (Canker, Saedín, Ankhara, Aggression…). Se encuentra en la calle vía Xtreem Music en CD, vinilo de 12″, cassette y digital.

Rabid Aggression” es apenas una pequeña intro, muy a tono con el resto del álbum, que de manera concienzuda remarca el aroma malsano que éste habrá de desprender hasta el cierre. Conduce pues hacia una “Hatred Circles” que ya pone de relieve tanto su habitual gusto por el metal vibrante como una producción sucia, desgastada y nada amable que, lejos de restar, suma a la hora de potenciar lo insano de la propuesta. Me agrada también por construcción, si bien hay ciertos riffs, en particular aquellos que soportan las partes más apaciguadas, que me resultan un tanto recurrentes. Sea como fuere Patillas está tan irredento como siempre, declamando (es un decir) sus líneas de voz con la rabia y el mal café de siempre. Solo faltaba. Convincente dupla inicial.

La más breve “Shrouded Alive” viene sin embargo a aportar un par de puntos más en cuanto a desempeño técnico se refiere. Que se traduce en una gama riffera más hábil en las partes más pesadas así como en otra de lo más feroz allí donde aumentan las revoluciones, con el bajo de Pizarro altísimo ahora en la mezcla, otorgando el debido empaque a la poderosa base rítmica. Infecciosa, constante subibaja que apenas se permitirá un pequeño impás camino del epílogo. Dicen que lo bueno si breve, pero este es un corte que esconde más de lo que enseña.

Sorprende este “Roulette”, versión sí de todo un Bruce Springsteen, que Omission cercenan a base de conducirla hacia un metal muy clásico, revestido eso sí del clásico registro roto de Miguel A. Hernanz. Buenos acentos melódicos aquí y allá pero sobrevuela cierta sensación de que se quedará en mera anécdota. No sería la primera vez que fallo en un pronóstico, también os digo.

Slow And Crooked” envilece el bien conocido thrash de los madrileños, que se conducen con pesadez y cierta épica en un tercio inicial arrastrado y, en cierto modo, casi refractario a los grandes pulsos que dominan este “Disciples Of Ravens Vengeance”. Patillas ha colocado aquí un riff con un gancho de mil demonios, fácilmente el más memorable de todo el tracklist. Muy apreciable esa escritura y la manera tan natural en que conduce hacia el nada complaciente tronco central. Ahí se desatarán los Omission más zapatilleros como hábil contrapunto a un corte que no deja de ser, en gran medida, un gran muestrario de los ritmos más musculosos del trío.

Así las cosas, “Burn The Cross” vuelve a traer al frente ese thrash vigoroso, tan deudor del speed como del black, que tanto y tan bien le funciona a la banda de la capital. No tiene mucha historia más allá de parecer el negativo del corte inmediatamente precedente. Pero Nekrosaint está igual de firme con el doble pedal que a la hora de acentuar los distintos cambios de ritmo. Sin florituras ni tampoco dobleces. Tiene gancho y por ahí uno entiende que fuera una de las encargadas de presentar en sociedad a la nueva criatura de la fatoría Xtreem Music:

Conspiracy From Murks” ofrecerá unas estrofas con cierto aroma a los Motörhead más cerriles, que la banda hará confluir con su habitual metal cazallero y ardiente. No obstante se suceden las escuchas y sigo sin ser capaz de conectar en la medida en que lo hago con otros cortes del álbum. Y no será porque Nekrosaint o el propio Patillas no pongan de su parte. Pero en suma y escuchada al alimón con el resto de cortes, sigue provocando en mí algo cercano a la indiferencia.

El trío nunca rehuye los temas largos. Sin ir más lejos, aquél “Darkness Itself” de su anterior obra de estudio. “It’s Better To Burn Out” viene a poner una muesca más, yéndose hasta casi los once minutos y medio de lo que, inicialmente, casi parece la introducción de algún viejo western de serie B. Guitarras acústicas que sorprenden y de qué manera en un trabajo como este donde la intensidad y la rabia están a la orden del día, dominando cada recoveco de su bien conocido thrash metal. Pero toda vez sorteamos su peculiar (y extensa) introducción, Omission reclaman nuevamente nuestra atención con una acertadísima gama riffera, gran trabajo de Patillas aquí, y que me lleva inmediatamente a pensar en unos Metallica de finales de los ochenta. Fuera esa su intención o no.

Igualmente sorprendente el thrash más atmosférico que irrumpe tras ese influjo más técnico, que vendrá a dar pie a los Omission más iracundos, con una base rítmica tan bien ensamblada como trotona. Un tan fulgurante como breve solo de Patillas reviste la parte previa al tronco central. Y mientras se dejan oír guitarras que fácilmente podría haber firmado el Nocturno Culto (Darkthrone) de discos como “Hate Them” o “Plaguewielder”, al final el corte se eleva como un manifiesto sincero de la habilidad técnica y también compositiva del ya clásico trío madrileño. Estupenda, quién dijo que las instrumentales eran aburridas.

Tras la tormenta, “…Than to Fade Away” cierra el disco imbuída de toda la calma posible. El descanso del guerrero, pensarán algunos. A mí me queda la duda de si cerrar con un par de instrumentales, por elegante que sea ésta última en concreto, es la mejor de las decisiones.

Son Omission y de nuevo demuestran que no están para bromas. Puede entenderse el doble final como experimental, dicho sea con todas las reservas, pero lo cierto es que ya desde el arranque muestran hasta qué punto han vuelto a poner toda la carne en el asador. Intensidad a raudales, nunca falta en ellos, cortes bien construidos, pienso principalmente en la fuerza de “Hatred Circles”, el gancho de “Burn The Cross” o los mil y un caminos que es capaz de transitar la extensa “It’s Better To Burn Out”. Servidor también piensa que sigue siendo mejor quemarse que desvanecerse. Omission, y pese a que el disco contenga cortes o ideas con las que no he llegado a conectar del todo, desde luego están lejos de dar la batalla por perdida. Avisado está el gremio.

Texto: David Naves

Reseña: Alacrán «Luzifer» (Thundersteel Records 2024)

Nuevo Ep y ya van tres para los speed metaleros zaragozanos Alacrán: Christian Oliva “Oli” en guitarras, Diego Lafuente “Petroski” al bajo, Roberto Monforte “RK” en baterías y Sergio Lasmarías “Cachorro” al micro. Formados allá por 2012, debutarían dos años más tarde con un Ep homónimo al que seguiría “Siempre En La Brecha” ya en 2016. Ahora por fin nos traen nuevo material bajo el título “Luzifer” y con los propios Petroski en tareas de producción y master y Oliva en lo tocante a grabación y mezcla. Con arte del Hitten Dani Meseguer, el trabajo se encuentra ya en la calle vía Thundersteel Records.

Luzifer”, que arranca directa y sin contemplaciones, ya muestra la clase de metal tan rugoso como ágil del que gustan los zaragozanos. Baterías de sonido muy años ochenta, voces inundadas de reverb y riffs sacrificados a la propia velocidad de la composición. Speed metal en una onda que bien podría recordar a gente como Agent Steel, primeros Paradox o los Metal Church menos thrash. Pocas fisuras derivan de ese trazo tan elemental. La banda cita a Muro como influencia y algo de la banda de Silver se deja notar en los coros que acompañan a los estribillos. Para nada un mal solo el que ocupa el tronco central, si bien conecto en mayor medida con la parte más melódica del mismo y no tanto con esa segunda parte, algo más rutinaria. Más atinado el que emerge camino al prólogo y que anticipa ese final de corte más épico. Con sus más y sus menos, un más que digno arranque.

El riff de “Halcones De La Noche” tiende más al power primigenio. Aquél de los primeros Helloween, Rage, incluso Grave Digger. RK está firme al doble bombo y Petroski emerge para redondear la buena base rítmica de un interesante segundo corte. Y es que la banda suena ahora más compacta y entera. Ayuda el fondo, pero también la forma, que resulta por un lado menos predecible en escritura y por el otro más atractiva en lo que a puro desempeño técnico se refiere. Equilibrado el solo que Oli desliza aquí, hábil a la hora de conjugar melodía y rapidez. Finiquitan con un epílogo a la Maiden, que si bien algo recurrente, dudo escame a nadie que tenga a bien acercarse a una propuesta como esta. Cierto es también que Cachorro no es un dechado en contención precisamente. Género y estilo obligan, claro.

Alacrán habrán de echar el resto en “Síndrome”, corte más extenso del Ep y gran emblema del mismo. Todo arranca desde un prólogo empeñado en cambiarle el pie a las altas revoluciones que arrastraba hasta ahora el tracklist. Apenas un espejismo pues una vez alcanzamos las primeras estrofas, todo reconduce hacia el nervio habitual en los maños. Hay sin embargo una mayor dedicación en la construcción de estas, ahí donde nombres como el de los propios Hitten acuden rápido a mi subconsciente. Pero es interesante cómo la banda transige aquí hacia un tono algo más melancólico, imbricado no obstante en su habitual heavy metal enfebrecido y trotón. Algo que viene a jugar en favor de un Cachorro, a grandes rasgos, más comedido / menos chillón que en otros cortes más al uso. Puede que ciertos riffs me suenen un tanto manidos. Incluso el solo de Oli me resulta un tanto recurrente. La banda sin embargo suple carencias con actitud, lo cual tampoco parece mal síntoma.

Corre”, versión en directo de los asturianos Antídoto, palidece por el sonido un tanto lejano al tiempo que muestra una reinterpretación marcada por el aumento en las revoluciones. La cabra tira al monte. El sonido, un tanto lejano y hasta encajonado podría ser mejor, sí. Otro tanto se podría decir del otro corte en directo del Ep, este trallazo directo y sin contemplaciones que es “Kamikaze”, con un RK que apenas dará descanso a lo largo de estos tres minutos largos de metal ardiente y trotón.

Ni mucho menos el Ep más original de todos cuantos han pasado por estas líneas en lo que llevamos de año pero sí tal vez aquél que demuestra una mayor pasión por el glorioso heavy/speed metal de los años ochenta. Que si es precisamente lo que uno anda buscando y si se le perdonan las mencionadas carencias en lo que a sonido se refiere, no dudo propicie buenos ratos a más de uno.

Texto: David Naves

Reseña: Korgull The Exterminator «Built To Kill» (Xtreem Music 2023)

El exterminador está de vuelta. La banda de black thrash, que ya pasara por estas líneas con el convenientemente afilado “Sharpen Your Spikes”, regresa ahora con un largo que hace el sexto ya para ellos. Tras varios cambios en el seno del grupo, Körgull The Exterminator lo forman a la hora de escribirse estas líneas Javi Bastard (bajo), Joe Bastard (batería), Mark Wild & Ghorth (guitarras) y Lilith Necrobitch (voces). “Built To Kill” ha visto la luz en formatos físico (CD) y digital a través de Xtreem Music.

The Devil’s Sea” emerge desde profundidades abisales tras el pequeño guiño náutico de su discreta intro para conformar un primer corte pesado en su arranque y trepidante en su desarrollo. Que me agrada por el cuidado crescendo que habrá de conducir hacia las primeras (y fulgurantes) estrofas. Con Lilith a voz en grito sobre una base rítmica tan bastarda como siempre. El riff que adorna éstas, ese clásico subibaja, funciona a pesar de cierta sensación de déjà vu. Buen duelo solista en su tronco central, apoyado (ahora sí) en una serie de riffs que terminan por poner la guinda de una primera oferta en la más pura línea de la banda. Tan sucia y malencarada como cabría esperar.

Sin perder un ápice de fiereza, hay un deje en ciertos riffs de “Existential Risk” que me lleva a pensar, de manera casi inmediata, en los seminales thrashers canadienses Voivod. No es que la banda descabalgue hacia el metal enrevesado tan peculiar de los quebequeses, pero sí resulta lo suficientemente pronunciado como para disociar a este segundo corte del resto. Oferta esta más centrada, más directa, menos discursiva que su predecesora, con un Joe Bastard inasequible al desaliento. El solo sorprende aportando unos aires muy rockeros, resultando casi diría que perpendicular al tema que lo alberga. K.T.E. no parecen temer al juego entre géneros, algo que en mi opinión y siempre que se lleve adelante con pericia, es el caso, suma más que resta.

De “The Nine Circles Of Hell”, aporte más rácano de todo el álbum en lo que a duración se refiere, quizá podría esperarse una andanada de baterías desbocadas y voces agónicas. El quinteto opta sin embargo por introducir aquí su ya bien conocida querencia por las huestes del tristemente desaparecido Lemmy Kilmister, convenientemente aderezadas con una pulsión más cercana al punk que le viene como anillo al dedo. Lilith aprovecha además para deslizar una línea de voz que tiene mucho de aquél thrash primigenio que surgió a raíz del boom de cierta banda con un danés tras los parches. “The Nine Circles Of Hell”, no será el corte más avezado del álbum en lo que a composición y/o estructuras se refiere, por contra sí que resulta uno de los más memorables. Por la comentada labor de Lilith al micro pero también por una serie de riffs sobradísimos de gancho.

El tema título “Built To Kill” reconduce hacia territorios más marcadamente metálicos. Y sorprende con una estructura más ágil, no tan anquilosada, por donde se cuelan riffs que me llevan a pensar en unos Darkthrone post ”Panzerfaust”. El de Toxic Holocaust será otro nombre recurrente aquí. Especialmente en aquellas partes donde la batería de Joe Bastard alcanza velocidades más altas. Un corte hábil a la hora de descubrir las muchas facetas que caben dentro de una banda como esta. Mucho más poliédrica y diversa de lo que sugiere una escucha no lo suficientemente atenta. Por poner un pero, bien merecía algún solo más y mejor desarrollado. No obstante el trabajo melódico que la dupla Wild & Ghorth dibuja aquí y allá bien merece ser tenido en cuenta.

In The Darkest Of Times” sorprende con ese prólogo por momentos casi épico. Pero lo hará aún más al despreciar ese arranque en pos de una andanada ardiente y furibunda. Körgull The Exterminator no se andan con zarandajas ni tonterías. Y aún así, qué interesante resulta el solo que adorna su tronco central, si bien siento que la mezcla opta, erróneamente, por colocarlo demasiado alto en relación al resto de líneas. En cualquier caso tema muy funcional a la hora de enseñar la cara más extrema y firme de los catalanes.

Me resulta casi inevitable pensar en los Sodom de Tom Angelripper siempre que alcanzo una “Exterminator” donde, de nuevo, la labor de Ghorth & Wild me resulta del todo encomiable. Situada en un lugar indeterminado entre la primera ola del thrash y el proto black más incipiente, con unos riffs que lo mismo recuerdan a Kreator que a Motörhead y una serie de solos de lo más llamativo, termina por resultar junto con “The Nine Circles Of Hell” el tema con más gancho de todo el largo.

Night Of The Devil” traerá consigo un pulso más heavy. Pero es un heavy, claro, nada edulcorado. Sucio y rasposo. Aura Noir, primeros Celtic Frost, Venom, MidnightJoe Bastard percute con cadencia casi marcial mientras el corte se desarrolla en base a un riff pétreo, casi anquilosado, al que adorna una faceta melódica de cariz lisérgico y alucinado. Igualmente alucinado, casi caótico el solo que precede al epílogo, y que bien podría haber firmado un ilustre en estas lides como el añorado Jeff Hanneman.

Death To Human Race” recupera aquellas pulsiones más punkeras y proto-thrash de “Exterminator” para otra andanada sin grandes complicaciones ni tampoco mayores dobleces. Un canto a la desaparición de la raza humana destilado en infatigables dobles bombos y quizá la Lilith Necrobitch más descarnada de todo el tracklist. Aprecio cómo la mezcla sitúa el solo en un canal permitiendo que por otro la base rítmica cabalgue a placer. Un solo que ocupará ambos canales más adelante con pequeños detalles de producción que contribuyen a mejorar el envoltorio final de un corte tan escueto como redondo.

Ritual Suicide” acusa ya cierta repetición de patrones e ideas, lo que no quita para que la banda parezca echar el resto en lo que a ejecución se refiere. Extrema y decidida, sienta sus reales sobre una línea de batería si bien no original, sí ágil y diversa. Pero ya sea por lo escaso de su desarrollo, muy poco más de tres minutos, o por cierta reiteración en cuanto a construcción, lo cierto es que sobrevuela la idea de que otros cortes dentro de este “Built To Kill” rallan a mayor altura.

Sea como fuere, la final “Count Estruch” complementa al sexto de los catalanes albergando muchas de las buenas ideas que han ido yendo y viniendo a lo largo y ancho de los nueve cortes previos. Se yergue, eso sí, sobre una de las baterías más rápidas y violentas de todo el álbum, descerrajando blast beats y doble bombo como si los regalasen. Apenas toma aire en un llamativo puente que traerá la cara más atmosférica del quinteto. Pero es una atmósfera sin adornos. Nada de sintes ni trucos de salón. Solo guitarras, bajo y batería. Y sin embargo, qué diferente suena al resto del disco. Fantástico cierre.

Y es que desde que desaparece aquél pequeño guiño marítimo de su prólogo, el disco jamás se deshace del carácter orgánico de lo real. Todo resuena sincero y fiel a unas influencias que la banda y sus seguidores conocen bien. Thrash, algo de black, gotas de speed, pequeñas andanadas rockeras y los devaneos justos por otros territorios para que la escucha de estos apenas cuarenta minutos de metal agresivo y punzante jamás resulte aburrida. Cierto es que aquí y allá hay trazos o ideas con las que me cuesta más conectar. Pero en cualquier caso un álbum del que estar más que orgulloso y satisfecho. Los catalanes lo han vuelto a hacer. Ojalá tenerles por estas tierras más pronto que tarde.

Texto: David Naves

Reseña: Sylvania «Purgatorium» (Art Gates Records 2023)

Pues ya tenemos de vuelta a los chicos de Sylvania. La banda, que pasara por nuestros escenarios el pasado mes de septiembre dentro del marco del Karma Fest, regresa ahora con un cuarto álbum de nombre “Purgatorium” y en el que encontramos a Álvaro Chillarón bajo, Sergio Pinar en baterías, Sergio Garay y Alberto Montoya en guitarras y Alberto Sÿmon en voces, amén de las colaboraciones del Saratoga Tete Novoa y el Opera Magna Nacho Sánchez Soler.

A excepción hecha de las baterías, que vendrían al mundo en los Novo Estudios, serían los Fireworks Estudios quienes registrarían el resto de elementos bajo supervisión y posterior mezcla de Fernando Asensi (Lethargus, Zarpa, Dragonfly…). El material resultante sería masterizado finalmente por el propio Alberto Montoya y adornado por el arte de JM Design (Amadeüs, Dünedain, Daeria…). En la calle desde el pasado veintidós de diciembre vía Art Gates Records.

Pocas sorpresas con la introducción “Entre La Vida y La Muerte” y el tono casi cinemático en el que se desarrolla, con ecos que oscilan entre Danny Elfman y James Newton Howard. Que en cualquier caso me gusta por el crescendo que plantea pero sobre todo por la forma en que se introduce en una “Purgatorium” que terminara por dar nombre al disco. Corte de power metal clásico, casi señorial, con unas más que dignas guitarras dobladas durante el prólogo. Acierta la producción a la hora de mantener el equilibrio entre la cara propiamente metálica de la banda valenciana y todo el aparataje sinfónico con el que lo acompañan. El ex Nocturnia Alberto Sÿmon traza aquí un estribillo que me recuerda, y no poco, a la buena gente de Argion. Sencilla, directa, con gancho y, da la impresión de muy pensada con el directo en mente.

El Río De Los Lamentos” baja las revoluciones para apoyarse ahora en un riff a ratos cabalgante al que acompañan ahora unos arreglos que adquieren un mayor protagonismo con respecto al corte precedente. Colabora aquí Nacho Sánchez Soler al teclado pero si por algo sorprende esta tercera entrega es por el doble juego vocal que plantea durante estrofas. No es nueva esa dualidad en cuanto a voces pero tampoco puedo decir que me parezca mal resuelta. Sylvania ofrecen aquí un tono más oscuro. Sin excesos, siempre dentro de las barreras del género, pero que termina por contribuir a dotar de una mayor versatilidad a este cuarto trabajo. Mayor brío el que entregan durante la extensa ración solista, que termina eso sí de manera un tanto naíf. En cualquier caso bien está esa calma antes del llamativo groove que anticipa al estupendo epílogo. Pequeños detalles al margen, uno de los cortes que más ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Mucho es el gancho que posee la no obstante tímida línea de piano que introduce “Tu Calor Será Mi Voz”. Mejor aún el riff que conduce hacia las estrofas y ese trazo ambivalente en el que se desarrollan. El estribillo hace mucho por encontrar un gancho que unifique a banda y público en los directos. Por ahí surge una cierta autoconsciencia con la que conecto solo a ratos. También un bajo, el de Álvaro Chillarón, que dará vistoso apoyo durante las partes más desnudas. Muy Helloween la ración de solos que despachan aquí y juguetona la manera en que la banda transita hasta el epílogo. No caben sorpresas esta vez. Sÿmon parece de hecho más que cómodo en estos tonos medios y el corte, sin alardes gramáticos de ningún tipo, termina por funcionar.

Corría el mes de mayo del año pasado cuando la banda anticipó este nuevo álbum con el single “Aunque Mi Alma Se Desgarre”. Composición riquísima en cuanto a arreglos, trazada a un tiempo con gusto clásico y al otro con la suficiente inteligencia y agilidad para que su escucha enganche al oyente a la primera. Al menos si este es de los que disfrutan del metal más amable y melódico. Valga la redundancia. Su línea de voz, en particular durante las partes más desnudas de las estrofas, trae a mi mente a los Mägo De Oz más “populistas”, mientras que después hay ideas que me recuerdan a Freedom Call, Edguy, Axxis… Sin parecerme el corte más redondo de los diez, sí que posee una de las secciones solistas más llamativas y vibrantes de todo “Purgatorium”.

El disco encuentra ahora una nueva instrumental. En este caso una muy apaciguada “Canto De Luna” donde las guitarras acústicas toman el mando sobre un tímido colchón ornamental. Discreta por duración, aún más por trazo, donde apenas se divisa un pequeño up tempo sinfónico en su recta final, y que introduce una “Hechizo De Invierno” cuyo arranque siempre me transporta a los Avalanch de “El Ángel Caído” o “Llanto De Un Héroe”. En lo que atañe a las estrofas, diría que son estos los Sylvania más guerreros de todo el disco, trayendo de vuelta incluso aquél contrapunto vocal que ya planteaba “El Río De Los Lamentos”. Sorprende por ahí ese estribillo en tonos mucho más amables y cercanos al tono general de este cuarto disco, componiendo así un corte un tanto bipolar, que no fallido.

Mar De Agosto” es una balada de tranquilo inicio al piano donde Sÿmon, claro, ofrecerá la cara más amable de su registro. Pocas sorpresas en cuanto a trazo con ese muy clásico crescendo que conduce hasta el elegante solo de guitarra. No puede decirse que se hayan liado la manta a la cabeza, baladas así hemos escuchado ya unas cuantas, pero los valencianos al menos parecen haberse preocupado de arreglarla en condiciones. Posee además buenas ejecuciones y a un Sÿmon que ofrecerá su mejor cara en el más elevado tramo final. Lo dicho, de las de toda la vida.

El Juicio De Las Almas”, primero del par de cortes con Tete Novoa a bordo, recupera a aquellos Sylvania más oscuros de “El Río De Los Lamentos”, contrapuestos una vez más a un estribillo, con la actual voz de Saratoga tan torrencial como acostumbra. Luminoso y radiante. Sin que su trazo me resulte en exceso brillante, sí que resulta atravesada por algunos de mis riffs favoritos de todo el álbum. También por una a ratos vibrante sección solista. Desde luego parece haber muy buena química entre ambos músicos. También entre ambos vocalistas, si bien no me parece esta la letra más redonda del álbum. Opinión esta profundamente subjetiva, claro.

Hacia La Eternidad” cierra “Purgatorium” yéndose hasta los doce minutos. Y lo hace planteando de inicio un power metal a la alemana, deudor directo de los Gamma Ray más vivarachos. Ahí se produce un descenso hacia una calma que acogerá a las primeras estrofas. Vistosos arreglos de viento aquí y otra buena línea de bajo de Chillarón. Tete Novoa regresa para enfrascarse en un duelo con Sÿmon y, en cierta manera, recuerdo “Las Ruinas Del Edén” de Avalanch, si bien es más una sensación que un parecido empíricamente demostrable. El puente central, que desciende a una calma sinfónica, de nuevo casi cinemática, puede recordar al power metal de principios de este siglo. Y es que mientras que tras él surgen los Sylvania más amables, me agrada lo diverso del trazo en este tercio final aunque quizá no tanto los riffs en que se apoyan. Pero la producción acierta de nuevo a amalgamar las distintas líneas en un perfecto equilibrio entre lo que es heavy / power metal y lo que no deja de ser puro ornamento. Dejes folkies anticiparán uno de los epílogos mejor resueltos del álbum. La banda nunca ha sido ajena a los cortes largos pero este desde luego puede ser el más redondo que hayan trazado nunca. Gran cierre.

Notable trabajo el de los valencianos. Por lo sólido de muchos temas y lo diverso de otros. Al final el disco parece conversar consigo mismo en lugar de agarrarse a una única carta ganadora. Por ahí surgen composiciones con gancho, la propia “Purgatorium”, junto a cortes más extensos e igualmente eficaces como “El Río De Los Lamentos” o en especial la final “Hacia La Eternidad”. Y puede que la aportación de Nacho Sánchez en la primera peque de discreta. Todo lo contrario puede decirse no obstante de Tete Novoa en la segunda. Al final un álbum que, si bien no me resulta del todo perfecto, ha ido ganando lo suyo con el paso de los días y las escuchas. Ya me contaréis si también ha sido vuestro caso.

Texto: David Naves

Crónica: Zålomon Grass (Factoría Cultural Avilés 3/2/2024)

Llegaban los Zålomon Grass a nuestra querida Factoría Cultural avilesina inmersos aún en la presentación de “Space Opera”, del que os dimos cumplida cuenta hace escasas fechas por aquí, y la cita bien valía sobreponerse al pequeño proceso gripal que me lleva acechando desde mediados de semana. «Sold Out» en la puerta, casi una constante ya en los conciertos que plantea el recinto, y la casi total seguridad de tener un bolo de los buenos ante nosotros.

El arranque cuando pasan pocos minutos de las diez no puede ser más eléctrico, en forma y fondo, vemos a un trío (G. Mckenzie en voz y guitarras, David Rodd en bajo y coros y Mauro Comesaña en batería y coros) decidido a divertirse y divertirnos. Responde una Factoría muy por la labor ya desde los primeros instantes. Público siempre fiel y disfrutón y una banda que si bien arrancó con un sonido algo enmarañado, iría ganando enteros con el correr de los temas.

Temas como “Heard It On The News” de ese estupendo primer largo nos dejan bien a las claras el nivel que atesoran como músicos. Es aquí que Rodd luce sobremanera desde su Fender de cuatro cuerdas para regocijo de los más puristas. La banda, con una puesta en escena de lo más básica y elemental, lo fía todo a sus ganas de comerse el mundo y parecen vencer en el cometido. Aquí G. Mckenzie aprovecha para los obligados agradecimientos y Avilés responde con el calor que en él es habitual.

Es precisamente G. Mckenzie quien abusa de sus seis cuerdas primero en “All Hands On Deck” para después terminar por los suelos al tiempo que despliega solos de feeling casi inabordable. El trío vigués parece tener en él a un frontman de altura, pues no fue menor el nivel de entrega que mostró en tareas vocales. Zålomon Grass vinieron a sonar más poderosos y contundentes que en su encarnación de estudio y uno no puede por más que pensar el cabreo que tendrán a día de hoy quienes se quedaron sin entradas para el concierto.

Esa encarnación más nervuda vino a manifestarse a través de una “Cosmic Relief” con G. Mackenzie haciendo uso y abuso de su CryBaby. Enganchó el trío aquí, pues no fue pequeña la ovación que se llevaron al término de la misma. “Vamos a tocar algo más suave”, anuncia el espigado guitarrista, y la banda brinda un tremendo “Private Show”, no exento de percances, pues el parche del bombo poco más y entrega bandera blanca. Al final nada que no arreglase un poco de cinta americana.

Se sucedían los temas y los vigueses no parecían capaces de desfallecer. No fueron pocas las veces que agradecieron el apoyo de la gente. La importancia de mantener viva la llama de la música en directo. Algo que en la Factoría cuidan con sumo cuidado. A la vista están los resultados. “Too Late Now”, una de mis favoritas del “Space Opera”, llena el recinto de ritmos calmos y tranquilos, amplifica el aire más bluesero de su encarnación de estudio y da cumplida muestra de la cintura que poseen los chicos a la hora de ampliar el rango de influencias que manejan.

Groove To Prove”, huelga decir que con la banda sonando redonda pese a los pequeños percances por otro lado habituales del directo, se convierte en un verdadero pildorazo. Uno se pregunta cómo una banda con apenas cuatro años de vida es capaz de mostrar tantas tablas en vivo. Hay formaciones que parecen nacer con estrella y Zålomon Grass desde luego la mostraron el viernes. El final, como no podía ser de otra forma, correspondió a una “The Drill” a la que, parece, será muy difícil destronar de su privilegiada posición como broche final de sus shows. Si pasan por vuestra ciudad ni lo dudéis e id a verles. Ya nos lo agradeceréis después.

Es verdad que fue uno de esos shows que van de menos a más. Especialmente en lo tocante al sonido. Pero en cuanto encarrilaron y el público conectó con ellos, fue otro bolo para el recuerdo. Uno piensa que si en apenas cuatro años han demostrado ya tal nivel de cohesión, feeling e incluso pegada, inasequible al desaliento Comesaña tras baterías, qué no tendrá el futuro reservado para ellos.

Por nuestra parte nada más. Agradecer una vez más a Omar Fernández por todas las facilidades y mandar saludos a Michael Arthur Long (Drunken Buddha), Oscar Osmow, Carlos Suárez y Javier de Coupaud (Mad Rovers), José Antonio Fernández y a quien mi cabeza, embotamiento mediante, no acierta ahora a recordar. Ahora si me disculpan voy a tomarme un «requemao» caliente como la piel del sol. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Cherokee «III» (Demons Records 2023)

Los hard heavies vigueses Cherokee tienen cita con el público astur el sábado nueve de marzo de 2024, por lo que echarle un vistazo a su más reciente obra “III” resultaba de lo más pertinente. Ellos son Fran Gómez y Gerardo Fernández en guitarras, Fran Vázquez a la voz, Carlos Delgado en baterías y Edu Mateos al bajo. Con José Pineda como productor, el trabajo ha sido grabado en los estudios Área 51 y ha contado con las colaboraciones de Hugo Bistolfi (Galilea, ex-Rata Blanca, ex-Alianza), Javi Oliva y Niko del Hierro (Saratoga). Con portada de F.J., “III” se encuentra en la calle vía Demons Records desde el pasado dieciséis de octubre.

Quimera” ejerció como carta de presentación de este “III”. Y un poco también como piedra de toque del mismo. Porque es un hard / heavy directo y sin ambages, con Fran Vázquez moviéndose en tonos altísimos, revelando un registro a medio camino entre Juan Gallardo (Ángeles del Infierno) y Adrián Barilari (Rata Blanca) con el que conecto solo a ratos. Para más inri, aquí las guitarras revelan un tono que no alcanza tampoco a conquistarme. Otra cosa es el uso que Gómez y Fernández hacen de ellas, que vendrá a revelarse tan clásico como eficaz durante el obligado despliegue solista del puente. Un arranque correcto.

Las Puertas Del Cielo” hace por atemperar el brío de su predecesora. Por retorcer la escritura incluso. Es más chulesca, más pretendidamente sensual. Como unos Whitesnake de finales de los ochenta puestos al día. Todo le sirve a Carlos Delgado para tramar una línea de batería llena de buenos detalles. Pero es Fran Vázquez al micro quien, a fuerza de sonar más natural y no tan excesivo, gana no pocos enteros con respecto a otros desempeños más exigentes dentro de “III”. El crescendo final, clásico hasta la médula, resulta bien resuelto. Adornado incluso. Insisto, no me conquista el tono de estas guitarras pero sí lo que los chicos están haciendo con ellas.

Siéntelo”, que cuenta con todo un Niko del Hierro al bajo, puede ser fácilmente el corte con el que más me cuesta conectar de todo el álbum. Ni con el aspecto lírico, recurrente y con cierta sensación de déjà vu, ni tampoco con los tonos más bajos y aguardentosos de Fran Vázquez en estrofas. Y es una pena porque en su tronco central habita un buen crescendo y pequeños destellos técnicos que hablan, y no precisamente mal, del nivel técnico que poseen Cherokee. Pero un poco por los detalles que comento y otro por la corta duración de la composición en sí, al final no puedo sino situarla en el vagón de cola dentro de las once que componen este “III”.

Trazada con gusto clásico, adornada con sumo cuidado y afrontada por el Fran Vázquez más neutro, centrado y sólido, “Nada Es Para Siempre” funciona a la hora de revelar el lado más elegante y ampuloso de los vigueses. Medio tiempo con la debida carga melancólica, gana enteros en producción, si bien el bajo de Mateos se sobrepone a ratos al resto de elementos. Pero culmina en un buen estribillo y cuenta con grandes detalles toda vez la composición encara su recta final y emerge la obligada sección solista. Lo dicho, clásica y nada original pero resuelta de manera impecable, no le puedo poner pegas más allá de su propia autoconsciencia.

Déjame” transige, y lo hace de manera más que orgullosa, hacia un AOR acomodado y grandilocuente. Valga la redundancia. Con Fran Vázquez más cómodo que nunca y la producción brillando en lo que a equilibrio se refiere, deriva en un estribillo sin sorpresas ni tampoco dobleces. Ni inventa la rueda ni lo pretende, pero funciona, que es lo importante, y entiendo los motivos por los que fue elegida como otro de los adelantos de este “III”. Parece casi el negativo de aquella “Quimera” y por ahí viene a colarse el amplio rango de influencias que manejan.

Quien echase de menos aquellos pulsos más heavies y musculosos, podrá darse un festín con esta “Sí o No”. Pero lejos del nervio de los temas más potentes, Vázquez arrastra un deje chulesco en sus líneas de voz que la convierten en una de las piezas más curiosas de todo “III”. Posee una idiosincrasia muy a la española, donde se traslucen varios de los grandes nombres patrios de los ochenta. Entre Bella Bestia, no obstante el propio Vázquez llegó a ocupar el cargo en la ya desaparecida banda madrileña, hasta los Obús más clásicos, todo funciona para confeccionar el que puede ser fácilmente mi corte favorito de los once. Lo que son las cosas.

No Mires Atrás” funciona mientras trae al frente un hard de finales de los ochenta al que adornan varios de los riffs más redondos y mejor definidos de todo el álbum. Con Vázquez trazando una contenida pero elegante línea de voz y una producción nítida pero potente, parece uno de esas entregas nacidas con el directo como principio y fin. Lo mejor es que ello no quita para que la banda opte por una sección solista primero llamativa y después clásica. Acomodada incluso. Quien sea habitual de mis reseñas sabrá de sobra que no acostumbro a conectar con letras tan descaradamente vitalistas como esta. Pero quién soy yo para negar el buen rendimiento que líricas de este perfil han dado a bandas de todo pelaje a lo largo de la historia de nuestro rock & roll.

Fuiste Mía”, traslación a nuestro idioma del “Angelia” de Richard Marx, continúa en los mismos tonos amables y distinguidos de la original, añadiendo claro guitarras más presentes y una línea de voz más cercana a espectros debidamente rockeros. Culminada con un notable solo de guitarra en su tronco central, conduce hasta otra versión, en este caso “El Guardián De Tu Piel”, de la ya desaparecida banda madrileña Beethoven R., donde Cherokee cuentan con Javi Oliva para el solo de guitarra. Una de esas versiones que lejos de reproducir palmo a palmo al original, sabe aportar su propio granito de arena en búsqueda (y hallazgo) de un tono que aporte la debida savia nueva sin faltar al espíritu de lo que uno está adaptando y reproduciendo.

Pero qué duda cabe que conecto en mayor medida con esta “No Hay Perdón” donde la banda cuenta con la colaboración del ex teclista de Rata Blanca Hugo Bistolfi. Y ciertamente parece un corte con hechuras de ocupar algún viejo disco de los argentinos, con esa distinción tan significativa que aporta el buen hacer del músico bonaerense. Tal vez no disponga del estribillo más lúcido de todo “III”, pero brilla sin aburrir en términos técnicos y funciona a la hora de aportar una mayor intensidad al conjunto durante su parte final.

Para el cierre queda una última versión, esta “Entender El Amor” original de la vocalista figuerense Mónica Naranjo. Difícil, no ya por los habituales tonos altos de la catalana, sino también por los muchos requiebros que tenía aquella línea de voz, amén de lo profano del propio empaque musical, sito a mil millas del conocido hard heavy de los gallegos. Cherokee realizan una aproximación que rezuma heavy metal por los cuatro costados, con el Vázquez más filtrado de todo el disco y un inteligente uso de las armonías. Quizá por el propio riesgo que conlleva la idea, no puedo decir que me desagrade. Al contrario.

En resumidas cuentas y tras las sucesivas escuchas de “III” lo más que acierto a entrever es que se trata, al menos a mis ojos, de un álbum un tanto desigual. Cortes que disfruto en gran medida (“Las Puertas Del Cielo”, “Sí o No”, “Déjame”) junto a ofertas, dicho sea con todo el cariño, que encuentro un tanto prescindibles (“Siéntelo”). Y como ya apunté por ahí atrás, puede que el tono de estas guitarras no alcance a conquistarme pero, insisto, el desempeño de la pareja Gerardo Fernández y Fran Gómez es ordenado las más de las veces, operando siempre en favor de las propias canciones y nunca en favor de sus propios egos como músicos. Luego está la figura de Fran Vázquez. El sevillano es uno de esos vocalistas excesivos, volcánicos incluso, al que disfruto en mayor medida durante sus tonos medios y no tanto cuando su voz registra tonos imposibles, si bien a lo largo y ancho del álbum se suceden varias excepciones a este hecho. En cualquier caso un álbum que debería de hacer las delicias de todo fan del buen hard / heavy estatal.

Texto: David Naves

Reseña: Fan Ray «Cuento Del Mar» (The Fish Factory 2023)

Se hacen llamar Fan Ray, vienen de Zaragoza y la suya es una andadura que se inició allá por el año 2013 aunque no sería hasta dos años más tarde que debutaran con un Ep homónimo. A aquél primer conjunto de temas le siguió su primer largo “Metalzetamol” en 2018 y finalmente este “Cuento Del Mar” que nos han hecho llegar desde The Fish Factory. Ellos son Andrés Fandos y Santi Suárez en guitarras, Álvaro Molinero en baterías, Jorge Apesteguía al bajo y Toño Monzón en voces. Producido, compuesto y grabado en Estudios Producciones Sin/Con Pasiones con Marc Pascual como técnico de sonido y Michel a cargo del diseño gráfico, el álbum vio la luz a finales de septiembre del pasado año.

Preludio En El Mar”, introducción del trabajo que, particularmente en sus primeros instantes y acordes me recuerda, y no poco, al tema principal de la saga “Piratas Del Caribe”, Dios te salve Klaus Badelt, sirve en definitiva de perfecto preludio para “Libérame”, fresca andanada entre el hard y el heavy que, hablando de recuerdos, siempre trae a mi mente a aquellos Mägo de Oz de buenos álbumes como “La Leyenda De La Mancha” o “Jesús De Chamberí”, si bien aquí no hay flautas ni violines que valgan. Solo rock orgánico y pegadizo. Un estribillo que acude pronto en la composición, esa ligera despreocupación en los riffs y una línea de voz que, ya digo, va bien cargada de gancho. Bien desarrollado el solo que sitúan como anticipo del epílogo. Rara avis en estos tiempos que corren. Una buena dupla para abrir este cuento si sabes perdonar sus más que evidentes influencias.

El riff que dibujan en “Área 333” bien podría pertenecer igualmente a unos Judas Priest de discos como “Point Of Entry” o “Killing Machine”. Sin embargo, si hay un nombre que acude a mi subconsciente con cada escucha es el de los vallecanos Obús. De nuevo a caballo entre el hard y el heavy, trufado ahora de unos dejes más chulescos, quizá me resulte algo mecánica en estrofas. Ahí viene al rescate, en todo caso, un estribillo de esos que siempre funcionan. El solo vuelve a disponer de espacio y, en su clasicismo, el corte termina por funcionar mientras abraza las costuras más ochenteras del género.

Almas libres” y por seguir con las influencias, suele evocarme a los ahora desaparecidos hard/heavies madrileños Beethoven R. mientras dibuja una de las ejecuciones más lúcidas por parte del frontman Toño Monzón. Me agradan, ahora sí, sus estrofas, si bien encuentro los riffs que las apoyan un tanto desangeladas. Por ahí se cuelan no obstante buenos detalles por parte de Apesteguía. Un pequeño solo inclusive. Fan Ray siguen sin salirse del libro de estilo pero al menos se permiten pequeños guiños aquí y allá a fin de que el corte adquiera un grado más de personalidad. De ahí que con el correr de las escuchas haya terminado por entrar en mi nómina de favoritas.

Lo mismo podría decir de la más tranquila “¿Dónde estás?”. Medio tiempo elegante, donde es cierto que llega a chirriarme el sonido de la caja durante las partes más desnudas. Entiendo la intención, llenar el hueco que dejan las guitarras en esas estrofas. Pero su sonido llega a parecerme feo incluso. Aún con eso, la forma en que Fan Ray han sabido jugar con las distintas capas, lo bien trazados (y ejecutados) que están sus distintos crescendos, la delicada labor de Monzón y el acelerón final a lo Maiden terminan por inclinar la balanza a su favor.

Allí Estaré”, que me conquista a base de recuperar el brío que mostraba el álbum en su arranque, sorprende con una letra capaz de poner en riesgo a más de un diabético. También con un tratamiento de la voz de Monzón que, particularmente en estrofas, me hace pensar en una banda tan a priori ajena a su manera de entender el hard rock como es Volbeat. Puedo no llegar a conectar con su aspecto lírico. Sí en cambio con sus diferentes ejecuciones. Siempre a favor del corte que las contiene y no de egos individuales. Bien medidas y equilibradas.

No diré que “I.A.” vira ahora hacia el groove, no es el caso, pero sí que el riff que la sostiene pasa por ser el más retorcido, también el más pesado, de todo este “Cuento Del Mar”. Sorprenden estos Fan Ray en una onda no tan lejana, por ejemplo, de aquellos Fight de Rob Halford, si bien sus estribillos resultan del todo solidarios al disco que los alberga. El solo, un tanto plano con respecto a otros dentro de este tracklist, no ayuda a mejorar la nota media. Al final un corte que luce más por cuan diferente resulta al resto que por lo certero de su planteamiento.

Buenos solos sin embargo los que alumbran el inicio de una “Todo Lo Bueno Termina” que vuelve a tesituras, creo, más convenientes para ellos. Aquél aire más hard que tan buenos resultados les dio a comienzos del álbum, mientras Monzón lidia sin mayores problemas con los tonos más altos de los estribillos. Y aunque en términos puramente gramáticos no resulte el corte más original del largo, bien está ese deje algo más melancólico que la atraviesa. A la cola del grupo de mis favoritas.

Cuento Del Mar”, donde cuentan con la colaboración de Mireia Bernal en coros, bien podría recordar a The Cult en su prólogo. Héroes Del Silencio incluso. Todo vira, no obstante hacia territorios más metálicos donde, tanto por riffs como por melodías, la sombra de Iron Maiden resulta más que alargada. Álvaro Molinero traza aquí una más interesante línea de batería. Y mientras que la banda parece más cómoda en esta encarnación más poderosa, si algo me agrada es la forma en que insertan, previo al solo, aquél deje más foráneo del prólogo. El hábil trazo del epílogo y el mayor nervio que posee terminan por darle la razón a quien fuera que tomara la decisión de convertirla en el tema título del álbum e incluso en videoclip:

Para el cierre queda el medio tiempo “Recuerdo Soy”, donde en los momentos más calmos siempre acude a mí el nombre de Guns N’ Roses. El corte no obstante se distancia de la banda angelina gracias a un casi torrencial Monzón y una enjundia, qué duda cabe, más cercana al metal. Agrada por trazo y también por ejecuciones, un cierre de buen gusto y clase.

No es un álbum que me enganche en su totalidad pero sí que hay ofertas aquí dentro capaces de alegrar el día más gris. Monzón ha trazado aquí y allá voces más que dignas. Poderosas incluso. Otro tanto podría decirse de la dupla guitarrera de Fandos y Suárez. Aprecia uno el riesgo de cortes como la noventera “I.A.”, si bien pienso que cuando juegan la carta del clasicismo más académico es cuando de verdad brillan los maños. Véase sin ir más lejos “Almas Libres”. Por contra y cuando la banda arriesga y busca nuevos horizontes, siento que la jugada termina por salir del todo redonda solo en la final “Recuerdo Soy”. Agradece uno la asunción de riesgos en todo caso. Intentarlo y fallar siempre me resultará mucho más respetable que conformarse. Bordeando el notable.
Texto: David Naves

Reseña: Mike Stamper «Emerge From Error» (Stampcore Records 2024)

Tercer episodio de la saga del error que el músico asturiano Mike Stamper iniciara allá por 2016 con “Ended By Error” y continuara al año siguiente con “Extended By Error”. El ovetense diserta sobre el error y sus consecuencias. También sobre autosuperación y cómo dejar tras de sí la nostalgia y el dolor. “Emerge From Error” fue producido, grabado y mezclado en los Stampcore Studios IV y contó más tarde con masterización de Dani Sevillano. Cuenta con las colaboraciones de Andrés García (Yuggoth), Nathan Cifuentes (Vendaval, Argion), Dmitry Stalingrado (Soldier, Sound Of Silence) y Cristian Iglesias (Eden, Lakkra, The Feat).

La intro “(E)merge” funde arreglos más propios de la electrónica más casual con guitarras graves para conducir, en hábil y lúcido crescendo, hacia una “Deliria” donde el carbayón cuenta con la colaboración de Cristian Iglesias. Es un corte de arranque sorprendentemente reposado, que parte peras con el tono más arrebatado de la introducción para conducirse después a terrenos más propios y asimilables al disco instrumental que tenemos entre manos. Me agradan esas guitarras y el modo en que se funden riffs y melodías. Solos nunca arbitrarios, en gran medida solidarios al tema que los alberga. Pequeños arreglos sinfónicos enriquecerán la mezcla como anticipo de un comedidos solo de guitarra. Hay ecos aquí que me recuerdan a los Cynic más recientes. La dupla inicial no pervierte ni mucho menos el canon habitual de este tipo de entregas, pero mantiene un equilibrio en forma y fondo realmente exquisito.

Hacker Of Nature”, especialmente durante el prólogo y también durante sus primeros riffs, por alguna razón que se me escapa, me recuerda a Unexpectance, la banda con la que Stamper editara el fenomenal “Vortex” allá por 2022. Este es un corte en cierto sentido más espacial. Algo a lo que ayuda esa mayor carga atmosférica que parecen otorgarle producción y mezcla. Algo más diversa en lo que a ritmos se refiere, le sirve al de la capital del Principado para sacar pecho en lo que a construcción de riffs se refiere, siendo estos algunos de mis favoritos de todo el redondo. El solo sí que ahora tiene algo más de nervio, vibrando en tendencias más puramente solistas, más desligado del tema que soporta si me paro a compararlo con el que ocupaba “Deliria”. En cualquier caso un corte que me agrada por su variedad rítmica y ese deje más espacial e incluso etéreo que emana de su producción.

Ovr Legacy Ov Deprecation”, con Dmitry Stalingrado a bordo, sorprende por los aires orientales que dibuja durante el prólogo. También por unos riffs que, aunque sea de manera leve, me llevan a pensar en bandas como TesseracT, Meshuggah o Vildhjarta sin que ello llegue a disociar a este corte del resto del álbum. Stalingrado deja un solo a ratos flamígero, acentuado por la mayor vibración que emerge de la base rítmica en su parte final. Llamativa la calma que surge después, el piano que la alimentará y el tono parcialmente más épico que porta la composición camino del epílogo. Distintos solos revisten este tramo final, que habrá de teñirse de una cierta melancolía en un último tramo que termina por conformar uno de los cortes más diversos, completos y atrevidos de todo el disco. Por ahí habrá unas ideas que me conquisten más que otras, la cabra tira al monte, pero ha terminado por convertirse en una de mis favoritas tras las sucesivas vueltas al álbum.

Ex Luminix (Dark Mode)” inprime desde un primer momento una mayor gravedad en lo que a riffs se refiere, con unas guitarras gordas como vena de cantaor. Muy presente la base rítmica en un corte que resulta puro retorcimiento, llevando a Stamper a lindar con tropos rayanos en el progresivo más casual y contemporáneo. Como si el álbum acogiera de pronto el ideario de unos Haken, unos Leprous, reinterpretándolo, haciéndolo suyo, confiriendo al tracklist una mayor riqueza en lo que a influencias se refiere, apoyándose en una variedad riffera que primero epata y después engancha. Bien es cierto que el solo, en comparación con otros que pueblan este “Emerge From Error”, no resulta tan llamativo ni redondo, si bien me agrada por cómo Stamper se atreve a situarlo sobre esa base rítmica a puro blast beat. Corte interesante aunque pienso que algo lastrado por esos cuatro minutos de reloj. Mal acostumbrado que está uno a temas cada vez más extensos, parece ser.

Sea como fuere el caso es que “Intercept & Handle” viene para representar la cara más árida por violenta del proyecto. El disco continúa por esa senda de baterías vibrantes del corte anterior, y la reviste de alguno de los riffs más dementes de todo el largo. Una composición de esas que pondrá a prueba la paciencia de los fans más clásicos, que me recuerda a ratos al Ihshan del fantástico “After” y que parece aferrarse a su propia demencia cara a construir uno de los cortes más atrevidos y disonantes de “Emerge From Error”. Intensidad y buen hacer en lo que a ejecución se refiere se dan la mano aquí, trasportándonos hasta rozar los páramos del metal extremo sin que ello signifique renunciar al buen gusto técnico, si bien hay alguna línea que otra demasiado predominante en la mezcla y el corte está por ahí cerca de descabalgar. No creo que sea el caso, pero sin ir más lejos siento que, por ejemplo, las melodías más ligeras del epílogo bien merecían algo más de presencia. Un corte que disfruto de todas formas.

Dominion Of Error”, primer corte que conocimos de este trabajo, ya me agradó entonces con esa reposada introducción y la forma en que Stamper la rompe con guitarras graves y pesadas. Vuelve a emanar aquí ese aire casi espectral, que enfrentado a esas afinaciones tan gordas y revestido por esos finos arreglos sinfónicos termina por dotar de una gran personalidad al que pienso es uno de los cortes emblema del álbum. Por equilibrio, por clase, por abrazar en su medida justa al metal contemporáneo sin renunciar al clasicismo que fluye en cada solo de guitarra. Cynic es de nuevo un nombre que acude a mi subconsciente, curiosamente en las partes más calmas, mientras que las más ennegrecidas y vibrantes el abanico se ampliará de forma casi dramática. He llegado a pensar en Persefone o In Mourning con las distintas escuchas. Tiene que ser buen síntoma.

Winterpark”, a la sazón corte más extenso de este tercer álbum, sorprende igualmente con un prólogo rociado de una cierta ternura, inédita a lo largo de todo “Emerge From Error”, que vira ahora hacia el territorio de la balada, clásica, sin olvidar no obstante que este es un orgulloso disco de metal instrumental. Pero es cierto que aquí Stamper y pese a los muy marcados cambios de ritmo, vibra en frecuencias más cercanas a los guitar hero de antaño. De ahí que me agrade por cómo equilibra ambas escuelas, profundizando en un uso de la técnica que nunca roza lo abusivo ni lo ególatra. Rozando a ratos el post-rock más al uso, We Lost The Sea o Explosions In The Sky son nombres en los que pienso con cada escucha, el corte va circundando las distintas escuelas al tiempo que un largo y bien calculado crescendo la lleva hasta su de nuevo reposado tronco central. De igual forma me agrada su parte final, ese largo epílogo donde vuelve a jugar con los distintos ritmos e influencias que han ido poblando la composición, poniendo sus habilidades en favor de la composición y no al revés, como si del negativo de Vinnie Vincent se tratase, y que el de Bridgeport me perdone por elegir su figura como diana siempre que pasa por mis manos el disco de un guitarrista. Estupenda.

Intro al margen, “Ninja Commit” pasa por ser la propuesta más rácana en cuanto a duración de este tercer corte. Una amalgama de aquellos riffs a la Meshuggah que ya entregase “Ovr Legacy Ov Deprecation” junto con fieras andanadas a puro blast beat que terminan por componer un corte algo desequilibrado. Con eso y con todo aprecio en ella buenos detalles. A saber: lo bien que Stamper ensambla los distintos ritmos, el porte a ratos atmosférico que entregan los arreglos y el acertado aunque tímido solo de guitarra. Con eso y con todo, fácilmente el corte con el que menos conecto tras las sucesivas escuchas del disco.

Song Of Empowerment”, otro de los cortes más estirados en lo cronológico de este “Emerge From Error”, reduce en principio la intensidad mientras transita por un metal instrumental en cierta rima con la anterior “Winterpark”. La melodía de este primer tercio, con mucho una de las más pegadizas de todas cuantas propone el asturiano, ha estado dando vueltas por mi cabeza durante días. Stamper ensambla con ella una serie de solos de lo más elegantes y equilibrados. También ágiles cambios de ritmo. Y si bien a estas alturas el disco puede acusar cierta reiteración de ideas, nada extraño dada la amplia duración del mismo (casi 63 minutos) lo cierto es que vuelve a dibujar la mejor cara de Mike como ejecutor. Estupendo el solo que habita en su tronco central y también la forma en que la composición transita hacia su parte final. Irrumpe ahí un metal del que emana un poderoso sabor clásico, que el bajista de Unexpectance hace saltar por los aires blast beat mediante. Por ponerle un pero, el engorroso fade out final, pero más allá de eso otro de los grandes triunfos de este tercer trabajo.

A Glitched Hero”, con colaboración del ex Vendaval y Argion Nathan Cifuentes, ciertamente vuelve a recordarme a la banda madre de Stamper. En particular al corte que abría “Vortex”, aquella “Guerra Interior” con la que sorprendieran a propios y extraños tres años atrás. El tiempo vuela y esta penúltima composición del álbum opera en gran parte dentro de los registros del metal contemporáneo, consolidándose como una oferta sólida pero a la que quizá le falte algo más de riesgo. Que lo tiene, en particular durante ese epílogo más nervioso y vibrante, pero en menor cantidad que otros cortes del tracklist.

Asynchronous Me”, en la que habrá de sumarse Andrés García, apuesta por la calma en un prólogo reposado y elegante, que Stamper quiebra, huelga decir de modo nada brusco, para introducirnos en el metal más groovie de todo el tracklist. Lejos de parir un corte facilón, el ovetense opta por cerrar su tercer obra introduciendo un trazo retorcido, atrevido incluso, pero dejando claro que pretenciosidad y ambición pueden parecerse pero no son la misma cosa. Aquí me agradará la forma en que se contraponen piano y guitarras. Las partes tranquilas y cómo operan para dotar a la composición de equilibrio. La forma en que estas rozan un rock atmosférico no muy lejos de unos Katatonia, Antimatter, Klone, y como ambos afluentes se funden en el arrebatado y sentido epílogo. Un gran cierre.

Mike Stamper no ha perdido el tiempo. O, viéndolo de otro modo, lo ha perdido para que nosotros podamos disfrutar de un gran disco de metal instrumental. Largo, más de una hora como ya comenté por ahí atrás, pero lo suficientemente diverso, fresco y ágil como para que su escucha, que requiere no obstante de un cierto grado de atención, jamás resulte tediosa ni farragosa. Que por supuesto no sería el primer trabajo de estas características al que le ocurre. “Emerge From Error” da la impresión de ser un trabajo tan largamente meditado como cuidadosamente ejecutado. El de Unexpectance se rodea además de buenos amigos, que dibujan buenos solos aquí y allá, teje dos o tres cortes a mi modo de ver extraordinarios, pienso especialmente en “Winterpark”, y solo pierde mi atención durante una “A Glitched Hero” con la que, ya digo, no termino de conectar. Dada la duración del álbum, perdonad que insista, me parece todo un triunfo.

Texto: David Naves