Crónica: Automatic Kafka + Sex Museum (Oviedo 11/10/2025)

Nueva visita de los rockeros madrileños de culto Sex Museum a nuestros escenarios, en este caso a la sala de Kuivi Almacenes, en compañía de los locales Automatic Kafka. Una dupla que aseguraba varias horas trufadas de actitud y diversión en la capital asturiana. Con el equipo de Heavy Metal Brigade aún con la resaca y el cansancio de la jornada anterior, la cosa vino a darse más o menos como sigue.

Faltan alrededor de veinte para las diez cuando Automatic Kafka, una noche más en formato sexteto, toma el Kuivi. Y lo hace con esa “Audio Garden” de su más reciente obra de estudio “Immortal”. El sonido apuntaba a que iba a ser el de las grandes ocasiones, fino y conciso, casi tanto como ese primer despliegue solista que tramaron Broonko y Jota. Sería el propio Broonko Lee quien recordaría cómo él y Sex Museum cruzaron sus caminos hace unos dieciocho años. El tiempo vuela que ni te lo crees. Y el set también. “Burn”, siempre en recuerdo del gran Jimi Hendrix, parece concitar una mayor atención por parte de la audiencia. Eran unos Kafka mostrando algo más de músculo. Pero éramos “Aliens”, después de todo, y por ahí cupo un recordatorio al debut de 2020. Vimos bien a Dolfo en voces. Su habitual figura con el chaleco vaquero mostró una noche más haber encajado bien en la particular idiosincrasia de la banda asturiana.

Y mientras Broonko bromea con que no compremos CD’s en su puesto de merchan, Leo Duarte comanda con pulso firme desde baterías. Su labor viene a otorgar una mayor dimensión a la nutrida formación asturiana. Dolfo explicaría la conexión entre “Alguien Voló Sobre El Nido Del Cuco”, el clásico del ya desaparecido director checoestadounidense Milos Forman, y “Resistance”. Buenos coros de Rebor y Margo para unos Kafka a buen nivel. “Wanted Fame”, compuesta por Broonko en Las Vegas, no quedó claro si en Corvera o Nevada, confirma el buen estado de salud de la banda, amén de dejar por el camino uno de mis riffs favoritos de todo su catálogo. Aún hubo tiempo de recordar cómo “The Taster”, su particular homenaje a la figura de Bon Scott, les llevará por primera vez a tierras escocesas. Sería el último corte de Dolfo con su característico chaleco, que abandona para una “Doc” donde ellos disponen una de sus mejores secciones solistas.

Sin implicar que no disfrute de la descarga, es cierto que aún me cuesta disociar “Streets Of Universe” del característico registro de Fab Martorano. El reproche, si es que se le puede llamar así, es puramente subjetivo. Porque la banda está redonda en cualquier caso. Sigue siendo uno de sus cortes con más gancho. Y Dolfo sabe llevarla a su terreno de todas formas. El vocalista se pondría entonces la chaqueta amarilla para “Immortal (Kiddo)”, un corte que siempre amplifica el discurso sonoro de la formación astur. Broonko pediría entonces un aplauso para Sex Museum. Y comentaría que, en realidad, todo lo que tocan son “versiones… ¡de Automatic Kafka!”. Turno aquí para volver al tema que daba nombre al debut, “Metamorphosis”, con Dolfo sacando adelante una línea de voz no poco exigente. Jesús Rebor se animó a juntarse con él al frente del escenario y Broonko aprovechó las virtudes del inalámbrico para perderse entre la gente. Quedaba “Crazy Horse”, donde la banda de nuevo contó con las habilidades de Pablo Canalís y, en general, nos pareció ver otro buen set por su parte. A seguir dando pasos en la dirección correcta.

Le llegaba el turno a una de las grandes instituciones de nuestro rock and roll, los madrileños Sex Museum, que vendrían a dejar claro su estatus de banda de culto con otro set rayano en lo memorable. Puede que tengan los pelos más blancos, las frentes más arrugadas, pero la actitud que muestran y la pasión que desbordan siguen siendo las mismas de siempre.

Es algo que queda patente toda vez la introducción da paso a “Breaking The Robot”, con un muy activo Miguel Pardo tras el micrófono. Potentes, bailables, infecciosos y sin dejarse nada dentro. Enlazan con “Two Sisters”, en la que el hermano de Miguel, Fernando, entrega ya uno de sus mejores solos de la jornada. Que Marta tras teclas tiene una importancia capital en el sonido de la banda es algo que nos queda claro en “I’ve Lost My Faith (In You)”. Con Diego Reyes a los mandos sonidazo tremendo el que entregaban, sin trampa ni cartón, y un público que se divertía de lo lindo con los de la capital.

Una audiencia que se vendría aún más arriba con su ya habitual colisión entre el riff de “Smoke On The Water” de Deep Purple y la letra de “Fight For Your Right” de los Beastie Boys. Rock flamígero y festivo aquí. Pegadizo y disfrutón. Con ese inequívoco patrón bombo – caja – bombo de la batería de Loza invitando al movimiento de melenas, caderas y lo que se terciara. “Microdosis”, ahora en nuestro idioma, persiste en esa encarnación tan hedonista, que viene a contrastar con un puente que divaga entre lo elegante y lo alucinado. No faltaron los pequeños speeches de Fernando. Como ese que comenta, a grandes rasgos, los ya lejanos orígenes de la banda. Fue antes de entregar “Lucky Man”, de su más reciente obra de estudio, el de todas formas lejano “Musseexum” de 2018. Marta se magnificó aquí. Mucho el carisma que atesora y aún más la clase que despliega sobre las teclas. Sería la propia Marta quien introdujera la que, a la larga, sería una de las mejor recibidas por el público, no otra que esa “I Enjoy The Forbidden” donde, no creo que fuera el único que lo pensara, nos sobrevoló el espíritu del legendario Phil Lynott. Sea como fuere, el mejor Miguel de toda la noche.

Fernando tuvo tuvo tiempo de mandar un saludo a la buena gente de Automatic Kafka. Y de afirmar que les gustaba la comunidad. Que había que estar unidos. Le había llegado el turno, claro, a su habitual revisión del “Unidos” de una de nuestras grandes bandas de culto, Parálisis Permanente. Muy celebrada y bailada aún más si cabe por un Kuivi rendido a los madrileños. “Menos mal que tenemos una con cencerro”, bromearon. “Junto con el opio, lo mejor para sobrellevar la vida”. “Horizons” son unos Sex Museum tremendamente vacilones. De hecho en “Breakout”, y como ya sucediera en 2024 (crónica) mi cabeza no podía hacer otra cosa que no fuera que recordar el paso por la capital de otros ilustres, los japoneses Acid Mothers Temple, allá por 2016.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, el final de set es flamígero. Loza impulsa a los suyos y el Kuivi, sediento de fiesta, responde con manos al viento y la mayor de las algarabías. Llama la atención la vitalidad que muestran en todo momento. Si es verdad aquello de que el rock le mantiene joven a uno, en pocos casos resultará más cierto el tópico que en el de estos Sex Museum. Pero aun entre toda la fiesta y el jolgorio, me gustó que tuvieran un detalle para con el bueno de Jorge Ilegal. Sobra decir que nuestros pensamientos están también con él. El cierre de tamaña fiesta, a modo de pequeño bis, correspondió a “Flying High”, que colmó las ansias de muchos y dejó satisfechos, quiero creer, a todos los presentes. A tenor de lo visto, y espero no gafar a nadie, queda museo del sexo para rato.

Buena dupla para un agradable sábado noche. Unos Automatic Kafka que siguen creciendo primero, unos Sex Museum que confirmaron su estatus de culto después. Todo para redondear otro buen fin de semana en Heavy Metal Brigade junto a la escapada del viernes para el show de Gus G y Ronnie Romero. Por eso quería mandar un sincero agradecimiento desde aquí a todos quienes siguen apostando por la música en directo, especialmente en estos tiempos cada vez más oscuros. Una de las pocas luces que brillan bajo una realidad cada vez más sombría. Mandar también un saludo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Gus G & Ronnie Romero (Santander 10/10/2025)

Dos verdaderos ilustres. El griego Gus G. en torno a Ozzy Osbourne y sin menospreciar en ningún caso su trabajo con Firewind y el chileno Ronnie Romero en torno a Rainbow, sin olvidar tampoco sus álbumes junto a Elegant Weapons, The Ferrymen o Lords Of Black. Con ellos, el bajista de origen italiano Andrea Arcangeli (DGM, Sunstorm, Noveria) y el batería belga Jo Nunez (Firewind, Lords Of Black, ex Kamelot). Y el lugar, la sala con capacidad para unas mil personas Escenario Santander. La decisión de escaparnos hasta la comunidad vecina y desbloquear un nuevo escenario, valga la redundancia, era un no brainer que diría un guiri. Heavy Metal Brigade se echó una vez más a la carretera y estas son nuestras impresiones acerca de la jornada.

Sonaba el debut de November antes incluso de acceder a la sala. No por nada, Dani G. iba a ser el encargado de llevar la manija sonora de la velada. Ésta iba a estar adornada apenas por un electrónico de fondo con los respectivos logos de Gus y Romero. Y el set, que arranca cuando los relojes rondan las 21:30, se iba a iniciar, en formato trío, con un par de instrumentales: la primera, esa “Force Majeure” para la que el guitarrista griego contó, en su versión de estudio, con nada menos que Vinnie Moore. Con esta rendición en vivo fuimos siendo conscientes de la que se nos venía encima, con unos bombos de la batería de Nunez de los taladraban el pecho. Suena muy redonda y entera la banda ya desde el comienzo. Aún en las tantas veces problemáticas primeras filas. Quien más, quien menos, esperaba ya la salida del santiaguino, pero ellos aún iban a tener tiempo de entregar otro corte instrumental, ese “Quantum Leap” que daba nombre al álbum que Gus G. editara en 2021. Elegante, sabiendo solear sin florituras innecesarias, exprimiendo con virtuosismo pero sin excesos su preciosa Jackson con detalles dorados.

Sería el de Salónica el encargado de presentar a Romero. Y ya con la formación al completo, entregaron una “Castaway On The Moon” en la que el chileno se muestra pletórico, pareciera que dispuesto a no dejarse nada en el tintero, aún con el largo set que le quedaba por delante. Un set que, amén de un carro de versiones, acertó a repasar la trayectoria de ambos músicos. O por mejor decir, una parte importante de ella. Sabiendo ceder el protagonismo a su compañero durante el solo, el hard heavy parece haber encontrado un Dio para las nuevas generaciones. Palabras mayores, soy consciente, pero de voz, carisma y clase el suramericano va más que sobrado. El frontman, muy parlanchín en todo momento, recordó anteriores visitas a la ciudad. Incluso se atrevió a destripar parte del set, si bien a pequeños rasgos, al tiempo que bromeaba con el público y nos recordaba que este era el primer show del tour junto a Gus. Introdujo finalmente la más pesada y sin embargo tremendamente elegante “Chased By Shadows”, con la sombra del pequeño elfo persiguiendo al chileno, en algún que otro gesto incluso, casi mimético, con la leyenda de Portsmouth. Poderoso Romero aquí, que amén de a Dio, me recordaba también a otro grande de esto como es Johnny Gioeli. La reacción que se produce entre la gente, toda vez la composición alcanza ese eficaz cambio de ritmo, ya dio muestras de que había muchas ganas de disfrutar con el cuarteto.

Tiempo entonces para la que Ronnie reconocería como una de sus “favoritas de Black Sabbath… con Dio”, y que no era otra que “The Mob Rules”. El vocalista aparta aquí el pie de micro, inalámbricos para qué os quiero, y muestra gran sintonía con el guitarra griego. Viéndoles, parece como si llevasen toda la vida tocando juntos. Realmente una de esas conjunciones en las que la química arriba del escenario termina por desbordar hasta el foso. El propio Gus G. se atrevería con algún que otro pinito en nuestro idioma. Y la banda introduciría el primero de los guiños a Rainbow con una “Kill The King” que sonó a gloria. Aquí se vio a un Ronnie Romero algo más exigido, lo que en su caso aún significa cantar a unos niveles con los que algunos solo sueñan. El vocalista anunció después que se iban a salir del repertorio. Y lo hicieron para recuperar “Cold Sweat” de ni más ni menos que Thin Lizzy. Versión que, doy fe, pilló en fuera de juego a más de uno y de dos el pasado viernes en el Escenario Santander. Gus G. brilló con luz propia aquí, desatado y sin frenos, mostrando su lado solista más salvaje y efervescente.

De los propios Gus G. y Ronnie Romero es una “My Premonition” en la que el primero echa una mano en coros y el segundo ofrece toneladas de feeling en un fantástico epílogo. El guitarra recordaría entonces las muchas veces que ha pisado la península, pero cómo ninguna de ellas había sido para presentar su material en solitario. El set iba a entregar entonces “Redemption”, de su álbum de 2014, con el santiaguino en, quizá, sus tonos más altos de la noche. Aunque si hubo un momento que me sorprendió del set, ese fue sin duda “I Am The Fire”. Por la reacción de la gente, por los solos descosidos de Gus G., guitarra sobre la nuca inclusive, y Romero mostrándonos cómo cantar el estribillo con propiedad. Con un profesor así, como para hacerlo mal. Con casi medio Firewind sobre las tablas, recuperar aunque fuera un corte de la banda griega era casi inevitable. La elegida no fue otra que “Destiny is Calling”, con un Jo Nunez realmente desatado tras el sufrido kit de batería.

Gus G. se iba a meter en los zapatos de Ritchie Blackmore por partida doble. Primero con la inmortal “Highway Star” de Deep Purple, con Ronnie dejando un gran agudo inicial y el griego haciendo las veces también del inconmensurable Jon Lord. El público, claro, agradeció sobremanera esta rendición del clásico Purple. Pero en lo personal aún disfruté en mayor medida de una “Stargazer” (Rainbow) que puede ser, fácilmente, una de mis cinco, cuatro tres canciones favoritas de la historia de esto. Romero, muy en el papel de Dio ahora, salió más que airoso y mira que era una papeleta (auto impuesta) más que exigente y difícil. Él había reconocido que se trataba de su canción favorita de la banda. Y la de tantos. Nos ha jodido. Momento de forma envidiable el que atraviesa el chileno.

El set se había cerrado con hora y cuarto de reloj, que no estaba nada mal, pero ellos aún iban a tener tiempo para unos buenos bises. Tal y como había arrancado el set, la banda volvería de backstage en formato trío para que Gus G. le volviera a sacar las telarañas a su Jackson. Ronnie presentaría después a la banda y su compañero tendría tiempo de recordar su paso por la banda del recientemente desaparecido Ozzy Osbourne. Los vítores de la gente aquí, claro, fueron inevitables. Y “Bark At The Moon”, co escrita junto al príncipe de las tinieblas por el nunca del todo reivindicado guitarrista Jake E. Lee, puso a la gente a los pies de la banda. No obstante, que era el primer concierto de la gira es algo que se dejó notar en la pequeña pifia de Nunez durante “Shot In The Dark”. Peccata minuta, fue apenas un detalle y la banda lo resolvió con clase y tablas. Van sobrados. “Esta la cantamos juntos, Santander” dijo Ronnie, y procedieron a dejarnos la última perla de la noche, una “War Pigs” de Black Sabbath más necesaria que nunca. Y sí, cantamos y gritamos estrofas y estribillos, por segunda semana consecutiva (crónica), siendo como eramos conscientes de que el bolazo que estábamos presenciando tocaba a su fin. Y que el legado de Bill, Geezer, Tony, Ozzy, Dio y tantísimos otros no morirá mientras haya músicos de este nivel reivindicando su colosal legado. Gran show.

Lo creemos así. Cuando colisionan dos músicos de este nivel, en semejante estado de forma, y aciertan a transmitir lo mucho que disfrutan sobre un escenario, no queda otra que congratularse porque bien el negocio, bien el destino, bien quizás ambas cosas, haya juntado sus caminos. Sumando ida y vuelta fueron casi cuatro horas de carretera pero, a fe nuestra, merecieron la pena. Nada más queda que agradecer tanto a la banda como al Escenario Santander por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, al propio Ronnie por el detalle y la amabilidad y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Marasme «Fel» (Discos Macarras / Eternal Juggernaut / Nafra / Quebranta – 2025)

Fel” es el cuarto disco para los post-metaleros baleares Marasme, la banda que integran David Álvarez “Dubi” (batería), Timothy Llompart (bajo), Tomeu Canyelles y Jordi Carrasco (guitarras) y Joan Rigo (voces). El disco, que vio la luz el pasado julio de manera conjunta entre los sellos Discos Macarras, Eternal Juggernaut Records, Nafra Records y Quebranta Records, fue producido por Toni Salvà (Diorama Sound) y posteriormente masterizado en Suecia por el Cult Of Luna Magnus Lindberg (Dvne, Wode, Obsidian Kingdom, Tribulation…). Los seis cortes que componen el disco vienen acompañados por el diseño de los propios Llompart y Rigo, así como por las fotos del batería Dubi. El trabajo en su conjunto está dedicado a la memoria de Pere-James Llompart Collins.

Hay cierta tensión en el prólogo de “Espurna”. Una tensión que Marasme rompen poco después, abrazando así la cólera y el desgarro. Joan Rigo se desgañita a placer durante estas primeras estrofas. Incluso cuando la batería de Dubi atempera las revoluciones y la composición divaga entre el post-metal más incendiario y un black metal cercano (que no limítrofe) al shoegaze. Buena mezcla la que ofrece este primer corte, equilibrada pero con pegada, discerniendo entre líneas y ofreciendo la debida importancia a cada elemento presente en las misma. Es algo palpable conforme nos encaminamos al epílogo y surge la cara más atmosférica de los baleares. Un buen arranque.

Urpa” funciona a base de confrontar a los Marasme más enrabietados con pequeñas islas de metal sosegado y paciente. De ese contrapunto surge inevitablemente una composición híbrida, que se arrastra entre el nervio y la pesadez. Subyace ahí una cierta desesperanza, una rabia heredada del sludge más cerril, en especial si uno atiende al modo en que Rigo “declama” muchos de sus versos. Aún cuando el puente se permite una cierta calma, “Urpa” sigue sonando tensa y desafiante. El de los durangueses Ikarass, banda que nos sorprendiera gratamente en el último StoneFest (crónica) es un nombre que me viene al subconsciente tras varias escuchas.

Metzina” proporciona algo de resuello con ese prólogo calmo y sosegado. El propio corte transita hacia postulados más cercanos al doom en sus primeras estrofas. Amplifica el discurso de este disco, mostrando a los Marasme más atmosféricos, pertrechados ahora sobre posiciones más tranquilas, menos perturbadoras, aunque igualmente tensas. Esa calma, personificada en un puente cuidado y tranquilo, salta de pronto por los aires y el quinteto ofrece ahí su vena más feroz. Atruena la batería de Dubi mientras Marasme aluden a postulados propios de bandas como Ghost Bath, An Autumn o unos Sólstafir en sus momentos más crudos. Elegancia pero también nervio y contundencia para uno de los cortes, en mi opinión, más redondos del disco. Por lo amplio del discurso pero también por lo interesante de sus riffs. En la rabia pero también en la calma. Estupenda.

Quimera”, a la sazón corte más rácano de este “Fel”, desciende entonces de nuevo hacia las procelosas aguas del sludge, echa mano de una vena muy Cult Of Luna y la confronta con violentas arrancadas de metal rotundo y lacerante. Trazas de Isis o incluso Pelican en las partes más relajadas un trazo cargado de atmósfera después, y que (pienso) saca a relucir la mejor cara de la banda, cosido a otro cierre con el tacómetro en zona roja. Aun cuando lo disfruto, quizá un corte que bien merecía algo más de desarrollo.

Boira” es en principio un medio tiempo rotundo y compacto, de riffs a caballo entre un post-metal al uso y el black más leve. Por ahí la desesperanza parece ganarle terreno a la pura rabia. Más adelante, la banda arrima sus contornos a un black desesperado, casi agónico, mientras posa su mirada, aunque sea en lejanía, en los Xasthur, Harakiri For The Sky, Karg… Otra composición atractiva por lo híbrido de la misma, haciendo fuerte el amplio discurso que manejan los baleares a base de buenos riffs, una base rítmica compacta y una voz cuya rabia parece no cesar nunca.

Larva” coge el testigo de ese post-black metal a lo H.F.T.S. mientras Marasme producen el corte más extenso de todo el álbum. Arrimado a ese metal más vibrante, surge ahora la cara más grandilocuente (no quisiera decir “pomposa”) para amplificar aún más el rango de acción del disco. Por ahí surge otro de los cortes que más captan mi atención en lo que a riffs se refiere. Incluso cuando la composición se apacigua y emergen los Marasme más atrevidos y enigmáticos, Tomeu Canyelles y Jordi Carrasco no pierden oportunidad de plasmar su buen gusto sobre este último corte. Y aunque no me desagrade ese descenso hacia el vacío que propician en su parte final, sí siento que se le podría haber sacado algo más de jugo a este epílogo.

Sea como fuere, el post-metal estatal sigue entregando buenas obras. Una de las escenas que goza de mejor salud ahora mismo, y a la que Marasme vienen a añadir un cuarto álbum corto en duración, no llega a treinta y cinco minutos, pero donde composiciones muy personales se dan la mano con buenos riffs para crear una serie de atmósferas de lo más diversas. Sobre ellas, Joan Rigo despliega por igual rabia y desesperanza. El resultado es un álbum que, aún cuando adherido de forma orgullosa a una corriente puramente post-metal, sabe buscarse las cosquillas para labrarse una personalidad a la que poder llamar propia. Algo que no abunda en estos tiempos que corren y que, pienso una vez más, debería cuanto menos celebrarse.

Texto: David Naves

Crónica: Tim «Ripper» Owens + Baja California (Gijón 4/10/2025)

Once años hacía que Tim Owens no pisaba Asturias. Quiso la casualidad, de hecho, que lo volviera a hacer en la misma sala que antaño: nuestra querida Acapulco de Gijón. Acompañado para la ocasión de la buena gente de Baja California, la dupla nos prometía una noche más para el recuerdo. Lo suyo sería empezar por la buena entrada que registró la sala. A ojo de buen cubero uno nunca sabe la cifra con exactitud. Si el de Battle Beast fue la mayor venta de tickets de todas cuantas he presenciado allí, la del pasado sábado fue sin duda una de las que más se le acercó. Al menos en lo que a una banda de heavy metal se refiere.

Enésimo encuentro de esta casa con la buena gente de Baja California. Los asturianos, siempre en línea ascendente, y a quienes habíamos visto hace escasas fechas como teloneros de unos tales Europe, acudían a la cita con el Soldier Dani Villamil ocupando el puesto del habitual Javi Monge. Suena esa intro, que tanto me recuerda a The Night Flight Orchestra, mientras la base rítmica de Javi Hernández “Cete” al bajo y Gus Velasco tras baterías acude a tomar posiciones sobre el escenario. Una vez ya con la banda al completo, arremeten con su habitual “Caída Libre”. Un arranque de incendiado hard rock que acostumbra a funcionar para los asturianos. Manu Roz no dejó de animar a la gente, tampoco de jugar con su adornado pie de micro. Y Villamil se mostró bastante hábil en sustitución de Monge. Unos Baja California de circunstancias se podría decir. Nada más lejos. Incluso me atrevería a decir que el sábado se pudo oír una versión algo más contundente del quinteto.

Puede ser algo que salte al oído en una “Tiempo Suicida” que pocas veces habrá sonado tan redonda. Porque la banda sigue creciendo y se nota. Roz se la había dedicado a “todas esas pasiones que no llegaron a ninguna parte”. El frontman de los California se mostró tan activo como de costumbre. Y aunque en algún momento hubo dificultades (al menos en primeras filas) para oírle como merece, por lo general pocas dudas caben sobre su desempeño. El propio vocalista sería quien agradecería a los medios por el apoyo desinteresado que reciben. Había llegado el momento, como dijo Roz de “brindar por el rock and roll”. Aunque si hay un tema que recibe grandes dosis de calor por parte de la gente ese es “Indomable”. La banda supo responder con clase pero sin perder un ápice de contundencia. El habitual Aarón Galindo introduciría en solitario “Reina De Hielo”, otra de esas que parece inamovible en sus setlists. Aún cuando Cete tuvo algún que otro percance con su (ya icónico) bajo, buena versión de la banda la que estábamos viendo.

No iba a ser un set exento de sorpresas. Y es que la banda no iba a perder la oportunidad de subir al escenario al bueno de Javi Monge y, toda vez mutada en sexteto, entregar “Polvos Mágicos” a una entregada Acapulco. En “El Mejor Error”, Roz bajaría a saludar a su progenitor a las primeras filas. Muy emocionado el espigado vocalista aquí y no era para menos. Para el cierre quedaban un par: “Dueños De La Noche”, con petición de aplauso para Monge antes del solo, y esa versión más potente de la banda que siempre ejemplifica “Electricidad”. Su techo no sabemos dónde está, pero siguen dando pasos en la dirección correcta.

Son alrededor de las once cuando arranca a sonar la intro de “Jugulator”, la canción que daba nombre al primer álbum de Tim “Ripper” Owens en la disciplina de Judas Priest. Una de las líneas de voz más exigentes de la carrera del norteamericano y que supone, de inicio, toda una declaración de intenciones por su parte. Cincuenta y ocho años le contemplan, era su noveno show en diez días, pero ello no quitó para que ya desde el inicio mostrase cuánta voz queda aún en su garganta.

Junto al de Akron (Ohio, Estados Unidos) están los andaluces Pulsa Denura, mostrando un nivel mucho más que digno junto al ex Iced Earth. El set siguió con la versión de la que ya fuera una versión (de Fleetwood Mac), no otra que “The Green Manalishi”, con un Owens cogiendo algo de aire tras el violento arranque y Acapulco coreando a gusto. El frontman, que había irrumpido con su inseparable gorra y oculto bajo las gafas de sol, abandonó estas para preguntarnos primero si nos gustaba el heavy metal, y después si sabíamos cuál era su nombre. Era el turno, claro, de “The Ripper”. Llama la atención cómo, dos décadas más tarde, sigue presentando los temas a la manera en que lo hacía a su paso por Judas Priest. Las mismas coletillas, las mismas preguntas, incluso las mismas poses. Como esa con los brazos extendidos con la que da la bienvenida a, claro, “Burn In Hell”, con otro gran desempeño vocal y unos Pulsa Denura en su encarnación más cruda y rotunda. Una sucesión de riffs capaces de detener la rotación de la tierra tanto en este corte en particular como en aquél disco en general. Tan odiado por unos, tan amado por otros entre los que me incluyo. Solazo de José Pineda aquí, quien hacía las veces del legendario Glenn Tipton sobre las tablas de Acapulco.

Owens tendría entonces un par de detalles. El primero para con los chicos de Baja California y el segundo, para la recientemente desaparecida leyenda Ozzy Osbourne. Había llegado el turno de rememorar a Black Sabbath con “Children Of The Grave”. Gracias a “Hellfire Thunderbolt” el set vira momentáneamente hacia KK’S Priest, el proyecto que vuelve a juntar al americano con el que fuera su compañero en Judas Priest, el no menos legendario K.K. Downing. Con la banda sonando realmente potente aquí y un duelo solista entre José Pineda y Miguel Salvatierra de lo mejorcito de la noche. Ripper introdujo entonces (calcando el modo en que lo hiciera en “98 Live Meltdown”) una de mis grandes favoritas del vastísimo repertorio Priest: “Beyond The Realms Of Death”, del magnífico “Stained Class” de 1978. Algunos ni habíamos nacido. Estupenda interpretación de Owens aquí, gran ejecución de la banda y solazo final de Salvatierra para uno de los momento álgidos de la jornada. Lo siento así.

El set volvería entonces al primero de los discos que Ripper grabó con la banda británica para extraer de él el thrash contundente y conciso de “Blood Stained”. Otra gran amalgama de riffs y un Owens como pez en el agua a través del que puede ser el corte más pesado de todo el show (y que gocé lo más grande, para qué mentir). Llegó entonces el momento de volver la vista atrás, concretamente a su paso por los ahora caídos en desgracia Iced Earth, y recuperar “When the Eagle Cries” de aquél “The Glorious Burden” de 2004, con el vocalista llevándose la mano a su hebilla del cinturón con la bandera de su país y la guitarra de Salvatierra muriendo justo en mitad del solo. Peor timing, imposible. Sea como fuere, no niego me sorprende la gran acogida de “One More Shot At Glory”, el guiño de KK’S Priest al “Painkiller”, y que es lo más cerca que está el set de tan icónico álbum. Tremendo Owens al final con una serie de agudos realmente portentosa.

El ex Beyond Fear no quiso olvidarse de otra voz desaparecida recientemente, no otra que la de Paul Di’Anno, aprovechando para recuperar “Wratchild” de Iron Maiden y abrochar así a las tres grandes del heavy metal británico (Sabbath, Priest, Maiden). “You guys are loud”, reconocería un sonriente Owens. Luego volvería entonces a su segundo y último álbum con Priest, “Demolition”, aprovechando para reconocer que se trata de su favorito junto a la banda. Tampoco es que hubiera mucho donde elegir. Pero lo que llama la atención es lo mucho que gana una canción como esta con una afinación en condiciones, y no con la que aquél disco y no digamos ya el subsiguiente álbum en directo “Live In London” salieron al mercado. Aquí se produjo un pequeño solo de batería, con un buen juego con la gente, y donde más de uno se relamió pensando en la legendaria “Painkiller”. No fue el caso, pero raro si la no menos legendaria “Electric Eye” enfurruñó a alguien. Owens, pese al cansancio acumulado del encadenado de fechas previas, aguantó el tipo más consciente que nunca de sus fortalezas pero también de sus debilidades.

“Living After Midnight” pondría la fiesta, con una Acapulco rendida a la banda, y “One On One” supuso un cierre que muchos, seguramente, no se esperaban. Con eso y con todo, la ovación final que la sala dispensa a la formación, los vítores incluso, hicieron pensar en que tal vez cupiera una bola extra. No fue el caso, pero creemos que Owens aprobó con nota en este su segundo paso por la región. Se ha rodeado de buenos músicos y construido un set que abarca no solo su tiempo en Judas Priest sino pequeñas píldoras de algunas de las bandas más grandes de esto. Así cualquiera.

Otra buena jornada en Acapulco. Una buena entrada, dos buenos sets, unas cuantas anécdotas más en el zurrón y el deseo de que no haya que esperar otros once años para tener al destripador en nuestros escenarios. Agradecer una vez más al personal de Acapulco por el trato y las facilidades, mandar un saludo a los muchos habituales con quienes nos cruzamos y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Edén + Apelo (Perchera Fest 3/10/2025)

El Perchera Fest tenía a bien contar con los heavy metaleros Edén como principal reclamo, lo que nos pareció un motivo tan bueno como cualquier otro para tomar el pulso a Javier Díaz y los suyos. Acompañados para la ocasión de los locales Apelo, banda que por cierto, comparte batería con el propio cabeza de cartel, lo cierto es que se quedó una noche de lo más «apañá».

Preparaban sus bártulos los gijoneses de Apelo cuando llegamos a la carpa del evento. Y para cuando arrancan, lo hacen con el “Feo, Fuerte y Formal” de un tal Loquillo, elección que vendría a dar un poco la medida de la selección de cortes que eligieron de cara al evento. “Todo Negro”, aquella revisitación que acometieran Los Salvajes sobre el “Paint It Black” de los Stones, “Princesa” de Sabina, “Dime Que Me Quieres” de Tequila… en resumidas cuentas, un repertorio un tanto ligero para un medio como este, pero una banda que pareció divertir a los presentes.

En lo personal, agradecí el “Buscando En La Basura” de La Fuga, una canción (y un disco) por la que guardo un especial cariño, aunque la gente pareció recibir de mucho mejor grado “Bailaré Sobre Tu Tumba” (“Y bailaré Sobre Two Yupa”, que dijera Nacho Vigalondo en Twitter, X como dicen los tontos) de Siniestro Total. Hubo deseos de pronta recuperación para Jorge Martínez, a los que nos sumamos, y tiempo de interpretar el “Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes” de Ilegales. Un “Soldadito Marinero” conoció a una “sirena” y, en general, la gente pareció divertirse con ellos.

Edén demostraron estar en buen estado de revista y, de hecho, están sonando bastante bien ya desde los primeros compases de “Ave Fénix”. Y aunque huelga decir no era mi primera vez con la banda, sí lo fue con su actual line up, con los fichajes Álvaro Cocina en guitarras y el Decibel Race Dini en voces. El leonés, mimetizado ya con la banda asturiana, mostró un buen estado de forma en todo momento. Así las cosas, en “Nunca Más” está dejando voces agudísimas. Antes había pedido un aplauso para Fernando Argüelles por aquello del doblete. Junto a ambos, Javier Díaz se descolgaría con el que pudo ser uno de sus mejores solos de la jornada. No faltaron agradecimientos a la organización del Perchera Fest por seguir apoyando la música en directo. En “Desde El Aire”, la banda suena más power que nunca. Elegantísimo puente aquí, por cierto.

Es en “Alma De Libertad” donde Dini pide puños en alto. Las pistas pregrabadas puede que resten algo en cuanto a lo orgánico de la descarga. Pero Argüelles está firme y conciso tras baterías aquí. Era una disposición escénica un tanto extraña, con el kit del ex Omenomejodas encajonado a un lado de las tablas. Humo y fuego, amén de una miríada de paneles electrónicos configuraban el escenario. Precisamente el panel del fondo iba a cobrar especial importancia en “Puedes Ser”, con la proyección del correspondiente videoclip. Un corte que Dini dedica a Susana, y que alberga uno de sus cambios de ritmo más hábiles. Buenos coros del bajista Juanjo Díaz aquí y otro buen solo de Javier Díaz para unos Edén en plena forma.

Sería el propio Juanjo quien dedicara “Como Un León” a “toda la gente que sufre” y “al pueblo de Gaza”. Edén muestran aquí su lado más heavy, amén de entregar un más que vistoso juego solista entre Álvaro y Javier. “Vamos ahora con un tema que algunos han bautizado como happy metal”, anuncia Dini, y que resulta no ser otro que “Junto A Ti”, hasta la fecha último single editado por la banda, y que ciertamente deja un heavy metal más, en efecto, feliz, y donde pensar en bandas como Freedom Call (y aledañas) resulta casi inevitable. Esa naturaleza más amable de la composición, en cualquier caso, no empaña otra buena turné solista entre Díaz y Cocina. “Sangre De Metal” nos retrotrajo entonces a su álbum de 2019 “El Despertar De Los Sueños” para que Edén regresaran así a su cara más dura. Aquí Álvaro tuvo un percance con su guitarra, que hubo de cambiar en plena faena, dejando a la banda en cuarteto por unos instantes. El ex Nuevecondiez resolvió el trance con prontitud y todo recondujo finalmente hacia una total normalidad.

Pero iba llegando el final. “Rebel Yell” de Billy Idol volvió a ser la elegida como única versión del set. Volverían al material propio con “Perdido Estoy”, donde se produce el juego de Dini con el público, y cerrarían con “Ella”. Aplauso muy especial para Argüelles por el mencionado doblete, foto finish… y cuando ya todo parecía terminado, ellos aún se animaron con una más. “El Fin”, de su último álbum “Alma De Libertad”, sería efectivamente la que echaría el cierre a un, creemos, buen set por su parte.

Dini se desenvuelve bien sobre las tablas. Por lo que uno ve sobre el escenario, parece haber caído de pie en el seno de la banda asturiana. Son muchas las voces que han pasado por Edén pero, sin menospreciar a nadie, da la sensación de que ha entendido al milímetro las particulares idiosincrasias de una formación como esta. Redondos y en forma, con un buen puñado de buenas canciones y un Argüelles que salió airoso del siempre esforzado doblete. Un gusto, que diría aquél. Por nuestra parte nada más. Mandar un saludo tanto a músicos como a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Onirophagus «Revelations From The Void» (Personal Records 2025)

Tercer largo para los doomies de L’Hospitalet de Llobregat, Onirophagus. Una banda que forman Sir Vellum (guitarra, bajo), Uretra (batería), Moregod y Obzen (guitarras) y Paingrinder (voz). Con ayuda de Kari Kankaanpää (Sepulchral Curse) en voces y Lady Nott (God’s Funeral) en violines, entregan vía Personal Records un “Revelations From The Void” grabado y mezclado por el Balmog Javi Félez (Altarage, Totengott, Graveyard, Teitanblood…). Los cinco temas que lo componen serían posteriormente masterizados por Jaime Gómez Arellano (Oranssi Pazuzu, Angel Witch, Ulver, Skepticism, Cathedral…) y debidamente adornados por el arte de Paolo Girardi (Grima, The Black Dahlia Murder, Officium Triste, Power Trip…), “Revelations From The Void” vio la luz el pasado diecisiete de enero.

Un muro de diez minutos desafía al oyente nada más darle al play. Desde que desata su imponente prólogo, “Revelations From The Hollow Valley” muestra a la banda en su versión más descarnada e hiriente. Puro desgarro emana de la garganta de Paingrinder. Me gusta cómo han trazado estas primeras estrofas, el doble juego vocal y esa cierta épica que de ellas se desprende. No faltan buenas melodías como soporte de esas voces. Y aunque los riffs en este comienzo no alcancen el brillo que veremos más adelante, lo cierto es que Onirophagus saben de sobra ya como trazar grandes piezas de doom death a rezumar de melancolía y también de atmósfera. El cambio de ritmo llega sin sutilezas, entregando ahí un riff no falto de gancho. La banda se arrima al death aquí. Aumenta esa carga atmosférica mediante arreglos, acelera los pulsos y va tramando así un corte apertura atractivo por diverso. El puente tranquilo que anticipa al vibrante epílogo te podrá recordar a según qué momentos de My Dying Bride. Fantástico juego entre canales de una mezcla que exige el uso de unos buenos auriculares para un disfrute óptimo. Un gran arranque.

Desde una perspectiva puramente temporal, pudiera parecer que “Landsickness” no alcanza a las aspiraciones del tema apertura. Sea como fuere la banda cuenta aquí con la ayuda de Kari Kankaanpää para un corte cuyo reposado arranque podría llevar a engaño. Uretra compone aquí una cuidada línea de batería. Tan hábil en las partes más arrastradas como firme en las más vibrantes. Por su carga arreglística, el nombre de mis paisanos de Totengott acude a mi subconsciente tras cada escucha. El puente bordea el death metal sin más miramientos, entregando la cara más trotona de la formación catalana.

The Tome” pone de relieve a los Onirophagus más abiertamente doom para un prólogo tan elegante como pragmático. Paingrinder lo rompe y lo enfanga con las que podrían ser las voces más rotas y oscuras de todo el álbum. Hay un cuidado trabajo de guitarras aquí, especialmente en la faceta melódica, que vendrá a funcionar como perfecto contrapunto a lo negruzco del aspecto vocal. De nuevo me agrada el cambio de ritmo que proponen. Cómo transforman el doom death más iniciático en un metal más vibrante, sin por ello abandonar la oscuridad y el desasosiego propios del género. La sombra de Celtic Frost es alargada en los momentos más trepidantes del puente. Sin embargo el pulso se detiene y las guitarras se adornan en ese final casi aletargado. Pero lo cierto es que se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que esta parte final bien merecía algo más de desarrollo. Otro corte interesante en cualquier caso.

Black Brew” opta ahora por un inicio clásico y bien arreglado. Aquí vuelve a destacar Uretra tras los parches. Un corte que pronto rompe esa calma del comienzo para, doble bombo mediante, adoptar un metal más vibrante y conciso. La composición va a así mostrando su naturaleza híbrida, enraizada en las fuentes mismas del género y donde destaca, una vez más, un gran trabajo en lo que a melodías se refiere. Lo extenso de su metraje, que habrá de superar los ocho minutos, contribuye a que todo fluya con total naturalidad. Sin bruscos cambios de ritmo ni tampoco adornos cara a la galería. La banda incluso se permite el lujo de atravesar un puente, entre lo agónico y lo alucinado, que supone uno de los momentos más atrevidos de todo el largo y que funciona como punto de inflexión de cara a la parte final. Un epílogo que abrazará un metal de nuevo vibrante y de lo más eficaz para uno de los cortes más llamativos del álbum.

Para el final quedan los quince minutos de “Stargazing Into The Void”. Un prólogo tranquilo, donde Lady Nott vendrá a poner la nota de distinción desde el violín, construyendo un arranque que podría contarse como el más elegante de todo “Revelations From The Void”. La voz acude ahora en tonos limpios, alimentando a esos Onirophagus más distinguidos. Se enfangará después, mostrando un doom de fácil rima con el resto del álbum y construcción ágil. Los catalanes toman aquí el camino de la diversidad tonal, amalgamando muchas de sus influencias con total naturalidad. Porque si algo me agrada de este corte final es la forma en que todo parece fluir sin mayores esfuerzos, de manera acomodada incluso, pero que resulta finalmente atractiva por la visión tan amplia de los propios músicos. Hay cierta distinción durante las partes más tranquilas. También auténtico nervio en las más descosidas. Un riff de un gancho tremendo alrededor del minuto siete y un caminar hacia el corazón mismo de la composición donde, de nuevo, todo parece fluir sin imposturas de ningún tipo. La sola construcción del epílogo justifica por sí misma al álbum que la contiene. Todo un ejercicio de finura y buen gusto a la hora de trazar y ejecutar un metal diverso y atractivo sin que ello implique abandonar las líneas maestras sobre las que se ha desarrollado el trabajo. Más bien al contrario: abrazándolas sin medida y exprimiéndolas hasta las últimas consecuencias. Así es como se cierra un disco.

Revelations From The Void” muestra a unos Onirophagus en plena forma. No solo abrazando su habitual doom death sino que atreviéndose además a retorcer las costuras del género cara a construir un sonido al que poder calificar como propio. Hay momentos de una cierta épica, acompañados de su habitual desgarro, y escaladas furibundas hasta el death metal más iniciático. Incluso se permiten el lujo de introducir aquél pasaje alucinado de “Black Brew”. Un compendio de buena escritura y mejor ejecución para el álbum que debería confirmar a los de L’Hospitalet de Llobregat como una realidad del género.

Texto: David Naves

Reseña: Belzebitch «Serpent Moon» (Quebranta Records 2025)

Ep debut para los occult stoner doom de El Bierzo Belzebitch, el dúo que forman Migui Albatross en voces y Pablo Mouzo en guitarras, a quienes hay que sumar las colaboraciones de Isidro Femenía al bajo y Lior Izhaki en baterías. Voces y guitarras de este “Serpent Moon” se grabaron a caballo entre Ponferrada y Santiago de Compostela. De mezcla y master se se encargaría Hans Horn en Tartu (Estonia), mientras que el diseño gráfico recaería en Beatriz Álvarez. En circulación vía Quebranta Records desde el pasado 27 de junio.

Ruidos e imprecaciones de toda naturaleza dan la bienvenida en “My Dear Lucifer”. Mouzo los rompe con un riff directo y sin miramientos. A él añade buenas melodías de guitarra y para cuando llega la voz de Migui Albatross, Electric Wizard es un nombre que se repite, una y otra vez, en mi subconsciente. Lo que me agrada es la producción tan equilibrada que tiene el Ep: sucia y grasienta pero siempre dentro de lo discernible, sin mayores aditamentos más allá del fuzz de las guitarras o el reverb en la voz de Migui. Es el corte más rácano en cuanto a duración del álbum, lo que viene a redundar en un solo algo comprimido durante el puente. En cualquier caso un buen arranque de doom alucinado y rasposo.

Satanic Vision” propone ideas similares, si bien las guitarras de Mouzo adquieren ahora una mayor gravedad ahora. Crepita el bajo de Femenía durante estrofas y la banda persiste en un doom de aires stoner muy marcados. El riff de las estrofas puede no ser el más lúcido de todo el Ep. Pero cuando la composición alcanza estribillos y Migui Albatross sube hasta tonos razonablemente altos, uno tiene la sensación de estar ante los mejores Belzebitch. Crece en duración esta segunda entrega y, en consecuencia, también el solo que antecede al epílogo. En él oigo ecos de la tan alargada como ineludible figura de Tony Iommi. Un deje que se magnifica toda vez irrumpe un riff durante el epílogo que parece escapado del “Masters Of Reality”. Quizá mi favorita de las cuatro.

No se despega de ese aroma tan Sabbath una “The Serpent Whisper” donde Mouzo parece haber echado el resto. El riff que implementa aquí tiene un gancho de mil demonios. Pero lo que más me agrada es una composición que aporta una dimensión mayor a la música de los bercianos. Con un estupendo solo de guitarra durante el puente y donde la banda, siempre a caballo entre el doom y el stoner, parece explorar texturas algo más cercanas a la psicodelia. De resultas puede ser este el corte de mayor personalidad de este “Serpent Moon”.

Se percibe una mayor oscuridad conforme arranca “Black Magic And Weed Bongs”, tema final de este primer Ep del dúo. Es la versión más clásica y seminal de su conocido doom metal, con Mouzo volviendo a rimar con el insigne fundador de Black Sabbath. Ruge Femenía bajo esas guitarras, mientras que Migui Albatross deja buenas líneas de voz, siempre acordes al género. El dúo no especula. Tampoco ofrece nada nuevo. Pero el corte resulta igualmente disfrutable en su parte final. Ahí donde abrazan entornos más alucinados y vuelven a converger, aunque sea de forma tímida, hacia territorios más psych. Un buen cierre.

De una rotundidad innegable, a “Serpent Moon” en particular y Belzebitch en general se les puede achacar la ingente cantidad de formaciones que, a día de hoy, practican un sonido parecido o similar al suyo. Pero en términos absolutos, y entendiendo el orgulloso trabajo de género que es, lo cierto es que he pasado buenos ratos con estos poco más de veinte minutos de doom rocoso y alucinado. El Ep, al final, no deja de ser un debut. Ya habrá tiempo de cargar las tintas más adelante. De momento lo que toca es darle al play y dejarse llevar por el particular ritual sónico de los bercianos.

Texto: David Naves

Crónica: Salduie (Gijón 27/9/2025)

Teníamos relativamente recientes a los chicos de Salduie, aquella soleada tarde del mes de junio en el zamorano Z! Live Rock Fest (crónica), pero su venida en solitario a Gijón y la promesa de un set completo de parte de los maños, bien merecían la pena. La gijonesa sala Acapulco iba a ser la encargada de acogerles en la jornada del sábado, con Heavy Metal Brigade al quite de sus evoluciones.

Dos telones a ambos lados del escenario nos dan la bienvenida. Un mar de leds toman la parte trasera del mismo junto con un par de podios. Delante, una llamativa osamenta adorna el pie (en este caso) de gaita de David Serrano. Todo dispuesto pero la nutrida formación folk se hizo de rogar. Y es que no es hasta apenas pasadas las diez que atruena la intro y emergen desde el backstage, afrontando “Dvatir”, corte que da nombre a su más reciente Ep (reseña). Lo que me llama la atención desde este comienzo es el buen sonido que despliegan. Algo nada fácil, intuye uno, dados los diversos elementos que nutren sus composiciones: gaitas, flautas, guitarra, base rítmica y las voces de Nehemías Sebastián (limpio) y Diego Bernia (rasgado). Otro hecho que vino a marcar la descarga serían los pocos descansos que se permitieron. Apenas unas pequeñas proclamas precedían a cada corte, que sí teníamos “sed de sangre romana” preguntó Sebastián, y ellos se fueron raudos a ofrecer su cara más potente con “Tvrma Sallvitana”, retrotrayendo a aquél “Belos” de 2016.

Ya habían pasado por Asturias anteriormente, aquél Karma Fest de 2023 (crónica), pero era esta la primera vez que pisaban Gijón, como bien se encargó Sebastián de recordarnos. Les iba a llegar el turno entonces para demostrar su lado más versátil en “Caraunios”, del álbum “Ambaxtos” de 2021 (reseña). Sebastián con la flauta, Víctor Felipe con el bouzouki irlandés, David Serrano con las gaitas y esa particular conjunción que nace del choque entre los registros del propio Sebastián y Diego Bernia. Quizá uno esperase una mejor entrada. Cierto no obstante que la propia fisionomía de la sala engaña a veces. En cualquier caso los chicos no se amilanaron, dando lo mejor de sí y sonando de manera más que aceptable pese a lo complicado, por diverso, de la propuesta.

La Profecía De Clunia” nos devolvía entonces a “Dvatir”. Con Sebastián echando mano de la gaita primero y cantando en tonos altísimos después. El frontman de la voz limpia de Salduie no cejó de animar ni moverse de un lado del escenario a lo largo de todo el set. Aguantando el envite con una suficiencia que habla muy bien del estado de forma con el que se presentó en Gijón. Un corte que, en esta traslación al directo, amplificó en gran medida la cara más épica del sexteto. Así las cosas, como todo buen concierto de folk metal que se precie, no iba a faltar la alusión a las bebidas espirituosas (que diría un clásico) que iba a proponer Bernia. “A Brindar” pues, aunque fuese de manera simbólica en el mayor de los casos. Se podría decir que eran los Salduie más desenfadados, también los que buscaron un mayor contacto con la gente.

Acapulco se iría animando, bien con gritos, bien con bailes, mientras se sucedían los temas. En cualquier caso, y contra lo que pueda pensarse de una banda como esta, lo cierto es que su sonido fue bastante orgánico. En “Carus De Sekaiza” dividieron al público en dos facciones, consiguiendo con ello un wall of death al modo Salduie. Tras la pequeña batalla, iba a llegar una cierta calma al set. Felipe cambiaría su preciosa guitarra blanquinegra por el bouzouki y entre “Caelia” y “Ambaxtos”, iluminada esta última por los flashes de nuestros móviles, aprovecharían para ganar un cierto y merecido respiro. La labor de Sergio Serrano (batería) y Daniel Galbán (bajo) puede pasar algo desapercibida. Lo cierto es que suyo fue el pegamento que unió al set en todo momento, seguros y, sobre todo, versátiles. Tras el pequeño impasse regresó la electricidad en una “El Canto De Las Madres” donde Sebastián dejó una de las mejores líneas de voz de la noche.

Diego Bernia, que se había ido a camerinos antes de que sus compañeros arremetieran con “Imbolc”, emergió después con un llamativo atuendo, máscara inclusive, poniendo la nota de color a estas alturas del set. Aún cuando lo suyo es folk metal directo y vibrante, a ratos sorprenden los breakdowns que introducen. Y aunque no sean Lorna Shore (ni falta que hace), el de “Netón” pudo ser fácilmente el más agrio y marcado de la jornada. Pero si hay un corte que quizá destaque de todo el set, ese es “El Agua Del Tejo”. Puede ser una apreciación puramente subjetiva, pero en su versión en vivo sentí que, con él, Salduie han encontrado uno de esos temas destinados a permanecer en sus setlists durante años. Tremenda respuesta de la gente aquí. No faltan una pequeña performance, Sebastián dándole de beber a Bernia, ni siquiera el cuerno de David Serrano. Fácilmente mi momento favorito de la noche.

Para el cierre quedaban tres que nunca fallan: “Descarnatio”, con Felipe llamando al moshpit y Galbán bajando a perderse entre la gente. Sebastián no se quiso olvidar de los habituales agradecimientos y la banda enfrentó otro de sus grandes himnos, “Numancia”, pura idiosincrasia Salduie, para después cerrar con la siempre festiva “Hidromiel”, con Acapulco a sus pies (literalmente hablando) y Bernia dándose su particular baño de masas. Vinieron y convencieron.

Y es que a todos nos gustan los festivales pero la temporada de salas sirve para ver de verdad el estado de forma de una banda. Y Salduie se fueron de Gijón con nota. Un gran sonido, aún en las siempre problemáticas primeras filas, unos cuantos buenos temas, mucha conexión con la gente y hora y media (minuto arriba, minuto abajo) en la que dieron su mejor versión. Ahora mismo, lo sentimos así, una banda que parece llamada a hacer grandes cosas.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Volbeat «God Of Angels Trust» (Vertigo Records 2025)

La maquinaria danesa no se detiene. Instalados desde hace años en el continuo gira-disco-gira, Volbeat vuelven ahora con un “God Of Angels Trust” que hace el número nueve en su trayectoria desde que debutaran hace ahora veinte años con “The Strength / The Sound / The Songs”. Aquí siguen el batería Jon Larsen junto al carismático guitarra y voz Michael Poulsen y el (ya no tan) nuevo bajista Kaspar Boye Larsen, a bordo de la formación nórdica desde 2016. Pero el trío no está sólo en este nuevo envite. Flemming C. Lund (The Arcane Order) ha tomado parte como guitarra solista en un puñado de temas, Mia Maja vuelve para colaborar en coros y Martin Pagaard Wolff realiza pequeños aportes también en guitarras. Con el propio Poulsen ejerciendo como productor junto al Pyramaze Jacob Hansen (Amorphis, Xandria, Temperance, Arch Enemy…), quien de nuevo tomó las riendas de la grabación, mezcla y master de esta nueva entrega. Editado en formatos físico y digital por la gente de Vertigo Records el pasado seis de junio.

Devils Are Awake” va directa al grano. Ni intros ni zarandajas más allá del propio prólogo tan orgánico como fugaz. Michael Poulsen pronto entrega sus primeras estrofas, disponiendo ese timbre tan carismático y reconocible. Con mucho una de las voces de mayor personalidad del actual panorama europeo. Hay buenos riffs, sencillos pero con gancho. Una producción, sí, que coloca la voz del propio Poulsen muy en primer plano. La banda y su productor Jacob Hansen saben bien de las debilidades y también las fortalezas del sonido Volbeat. Por eso me gustan esos riffs más oscuros en que se apoyan los estribillos. También la cierta melancolía que se desprende de ellos. A modo de broche, Flemming C. Lund dispone un buen solo en el tramo final. Un arranque a puro Volbeat. Conciso y con los adornos justos.

By A Monster’s Hand” trae al frente un riff que siempre me recuerda a los Metallica post «St. Anger«. El propio modo en que Poulsen ataca las primeras estrofas tiene algo del mejor James Hetfield. Aún así, Volbeat son lo suficientemente inteligentes para impregnar su aura particular aquí y allá, procurando que, influencias al margen (y la de los cuatro jinetes es alargada a lo largo y ancho de su trayectoria) sea su personalidad y no otra la que termine por configurar sus composiciones. Aquí además hay un buen cambio de ritmo, que C. Lund reviste con solos más funcionales que vistosos.

El bajo al comienzo de “Acid Rain” parece rimar con el de Lemmy Kilmister. Pero este es otro de esos cortes encuadrados en la larga tradición de temas hard rockeros (y algo melosos) del trío nórdico. Poulsen, claro, está fantástico en estas tesituras más amables y el corte se pega que da gusto. Es su fórmula de siempre, ya has escuchado esta canción otras veces. Y, sin embargo, toda vez penetra en tus oídos, no hay vuelta atrás. Toda una trayectoria cimentada en base a cortes como este. Tan sencillo y predecible como irresistible.

Demonic Depression” viene a contrarrestar la cierta pomposidad de “Acid Rain” trayendo de vuelta a los Volbeat más nervudos. Y aunque en cortes así eche en falta a un Poulsen en tesituras algo más graves, bien está el modo en que la producción de Hansen acentúa el registro del de Ringsted. Otro gran estribillo, verdadera especialidad de la casa, pero sobre todo un Jon Larsen firme tanto con el doble bombo como con las baquetas. Manías de oyente, puede ser esta la versión del trío con la que más empatizo, si bien habría dispuesto algo más de espacio al solo de Flemming C. Lund.

Tras “In The Barn Of The Goat Giving Birth To Satan’s Spawn In A Dying World Of Doom”, que casi parece más el título de un tema de Nile, irrumpen ahora unos Volbeat en una onda completamente distinta al resto del álbum. Guitarras acústicas y un marcado aire western inunda prólogo y primeras estrofas. Luego la composición reconduce hacia la versión más rotunda (y habitual) de los daneses, con Poulsen en tonos bastante altos para lo que nos tiene acostumbrados. Hay momentos que me pueden recordar (vagamente) a los Monster Magnet post “Dopes To Infinity” y una cierta sensación de se lo han pasado en grande componiendo y grabando este quinto corte.

Time Will Heal”, que hace semanas fue el primer corte que escuché de este “God Of Angels Trust” nos devuelve a esos Volbeat más melancólicos y apaciguados de “Acid Rain”, rivalizando con aquella por el título de entrega más amable del disco. Siempre sin perder esas guitarras marca de la casa pero, siento, dejando algunos riffs un tanto planos. A veces de hecho, poco más que serviciales. Y da igual porque el carisma de Poulsen arrampla con todo.

Y, de nuevo, el disco vuelve a virar el timón. “Better Be Fueled Than Tamed” aporta altas dosis de nervio, de intensidad incluso. Está en los setlists más recientes del combo danés, algo que puede sonar a pura declaración de intenciones, aunque pienso que le hace falta una duración algo más ambiciosa para terminar de ser del todo redonda. Posee varios de los riffs más llamativos de este nuevo trabajo, de nuevo un cierto aroma a Metallica impregnando el puente. Pero el solo, de nuevo, vuelve a quedarse a medio cocer por el poco espacio del que dispone. Incluso diría que todo el epílogo me resulta algo atropellado. Sin que me desagrade, siento que podría haber sido uno de los cortes más redondos del largo y termina quedando en tierra de nadie.

Esa sensación de tema a medio cocer de “Better Be Fueled Than Tamed” se afianza toda vez el tracklist alcanza “At The End Of The Sirens”, de hecho el corte más extenso de los diez, que entrega alguno de los riffs más redondos de esta nueva entrega. Hay una cierta oscuridad en ellos y quizá por eso que me llamen tanto la atención. El conocido y comentado carisma de Poulsen impregna de clase las estrofas. Pero es el estribillo aquí lo que realmente me funciona. Su construcción tan intuitiva. También esos riffs más pesados que irrumpen después. Caben incluso concisos detalles de Kaspar Boye Larsen al bajo. A día de juntar estas líneas no forma parte de los setlists más recientes que he visto por ahí y me parece fatal.

Lonely Fields” vive de confrontar a esos Volbeat más amables con una serie de riffs casi monolíticos para, por ahí, construir un corte mestizo, lleno de contrastes y donde la producción de Hansen & Poulsen habrá de cobrar un mayor protagonismo. No recuerdo ya en qué red social leí comentarios acerca del parecido de esta penúltima entrega con los irlandeses U2. No lo termino de ver (o escuchar). Lo que sí veo (o escucho) es un indisimulado guiño al tema principal de la banda sonora de “Halloween” que el neoyorquino John Carpenter compusiera para su (seminal) película del mismo nombre. Un corte llamativo por diferente.

El cierre corresponde a “Enlighten The Disorder (By A Monster’s Hand Part 2)”, con Volbeat ahora en su encarnación más heavy, cimentada por riffs de nuevo más funcionales que vistosos, pero una producción inteligente a la hora de jugar con las afinaciones y un trazo más diverso de lo que intuí en primeras escuchas. Sin abandonar el sonido clásico de la banda, ni tampoco forzar los límites como la anterior “Lonely Fields”, lo cierto es que es un corte que me sorprendió en una primera pasada y me enganchó en las sucesivas.

Volbeat cargan con el sambenito de que todas (o buena parte) de sus composiciones se parecen. Un prejuicio contra el que “God Of Angels Trust” parece luchar de forma denodada. El registro de Poulsen impone mucho carácter a Volbeat. Pero la banda, ahora más que nunca, deja un tanto de lado a Metallica para ofrecer un álbum, seguramente no el más redondo de su trayectoria, pero donde parece vislumbrarse el camino que el trío puede tomar de cara a futuras entregas. Mientras ese viraje se confirma (o no), el carisma de “Acid Rain”, el nervio de “Better Be Fueled Than Tamed”, incluso la personalidad de “In The Barn Of The Goat Giving Birth To Satan’s Spawn In A Dying World Of Doom” o el cierto riesgo de “Lonely Fields” bien vendrán para mantener el actual estatus de privilegio del trío. Al tiempo.

Texto: David Naves