Crónica: StoneFest (Oviedo 6/8/2025)

Segunda jornada del StoneFest, que bajo los mismos rigores climáticos, iba a juntar a las bandas Repugnance, Ikarass, Asagraum, Totengott y Firtan. Vuelta pues a la sala de Kuivi Almacenes prestos a dar cumplida cuenta de tan suculento menú, más focalizado en el metal extremo, diverso y arriesgado, pero que congregó a un buen número de fans en las entrañas del remozado recinto ovetense.

Los legendarios death grinders mierenses Repugnance serían los encargados de calentar el ambiente. Clásicos donde los haya, su primer referencia de la que tengo conocimiento (la demo “Perpetual Penitence”) data nada menos que de 1991. Se dice bien y pronto. Ellos pusieron al frente su pasado más recóndito con una presencia y un buen hacer a la altura de su leyenda.

Pablo Deodato comanda desde baterías y Miguel Distorsión enfrenta los temas con la pasión de un colegial. En un minucioso repaso a su trayectoria, cupieron riffs de un corte más rockero. Puro rot n’ roll mierense para empezar el sábado con el mejor pie, con los propios Wizard Master, que habían tocado el día antes, sin perder ripio desde su puesto de merch. Se conjugaron voces, se tramaron algunos bailes. Y no faltó la de “vamos a tocar una lenta” para después proceder con su cara más distorsionada y violenta. Así sí.

Los durangueses Ikarass serían a la larga los grandes tapados del día. Con solo un disco en su haber, aquél “Relapse Into Desolation” de 2020, trajeron su post-metal a la Amenra para deleite de propios y extraños. Sucede a veces que uno acude al directo dispuesto a dejarse sorprender y la banda cumple con creces esas expectativas. Ya ese arranque atmosférico en crescendo ofrece visos de su clase. Enfrascados siempre en la búsqueda de atmósferas cargadas de post-metal tenso y desgarrado.

De su música emanó una tristeza que, golpe a golpe, les acercaba al doom más atmosférico. No fue poca la gente que se arrimó a verles. Ellos siguieron vagando por territorios inhóspitos, enfrentando pasajes limpios, casi cristalinos, a una aspereza que rayaba en la desesperanza. Ahí tiene gran parte de culpa el particular registro de Imanol M. Aginako al micro. Siempre a puro desgarro, frontman que se dejó la piel y la garganta sobre el escenario del StoneFest. Su música se apoyó en buena medida sobre lo emocional. Por ahí entiendo que a algún profano se les hicieran cuesta arriba. Yo no puedo más que reconocer que disfruté de su descenso hacia los abismos del alma.

Ayudó en buena medida el buen sonido del que gozaron. Una constante durante todo el fin de semana y debe ser puesta en valor. Las luces, o a ratos la ausencia de estas, amplificaba todo cuanto su descarga tuvo de sensorial. Me consta que más de uno y de dos se quedaron con su nombre y bien ganado se lo tienen.

El cartel iba a dar entonces un giro dramático con la venida de las neerlandesas Asagraum. Su black metal al modo clásico incendió la sala de Almacenes Kuivi. Al cuarteto se le puede acusar de cierto hieratismo, roto por la propia Obscura, alma mater de la formación, cuando presentaba los temas con sus cuernos apuntando al cielo.

Corpse paint mediante, su puesta en escena no pudo ser más clásica y elemental. El comienzo de set, feroz y descarnado, me llevó a pensar en bandas como Endstille, primeros 1349, Gorgoroth… Ellas enfrentaron su black metal con total convicción, con A. Morthaemer dejándose la piel tras el kit de batería, ya fuera con blast beats incesantes o un firme uso del doble pedal. Enorme labor la suya.

A ratos resultaba llamativo su black metal a plena luz de los focos. O cómo el calor imperante en la sala peleaba contra el frío que emanaba del escenario. Riff tras riff fueron componiendo un set que, a ratos, pudo pecar de cierta linealidad. Fue ahí donde Obscura conjugó un medio tiempo mientras ofrecía su voz más limpia. Oxigenó la descarga y les dio algo de resuello antes de un epílogo de nuevo violentísimo. Para el cierre quedó un cierto regusto a los Darkthrone del “Hate Them”, uno de mis álbumes favoritos del célebre dúo nórdico, y que disfruté de lo lindo.

Totengott contrapondrían entonces su habitual doom / thrash al avezado black metal de las neerlandesas. El trío, enfrascado aún en la gira presentación de su tercer largo “Beyond The Veil”, ofreció igualmente buenas dosis de intensidad y mal café. Ese que siempre deriva de “Marrow Of The Soul”, aguerrido arranque de set con un José Mora a tumba abierta tras baterías.

The Architect” amplificaba entonces su rango de acción. Son unos Totengott más atmosféricos, pero cuando llega el turno de ofrecer una pizca más de mordiente, estamos viendo una más que óptima versión del trío. Nacho arengó desde el escenario y el público supo responder en consecuencia. Es lo que tiene jugar en casa. Son muchas las veces que les hemos visto, pero no deja de sorprender cómo nunca dudan en enfrentar alguno de sus temas más extensos, en este caso “The Abyss”, que daba título a su segundo largo, y que para quien escribe siempre tendrá un significado muy especial.

Con “Beyond The Veil” dejaban fluir su vena más thrash, con un Chou Saavedra que había cambiado su guitarra, y que enfrentó esta línea vocal con especial vehemencia. Nacho había sacado de backstage sus habituales “trofeos”. Calaveras animales que alguno que otro entre el público hizo suyas. Antes del cierre hubo bromas de Chou con la calefacción. Mucho era el calor que nos atenazaba en la sala. Por supuesto, no se quiso olvidar de los agradecimientos. Pero para cuando arremeten con “The Golden Crest”, estamos viendo al Saavedra más activo que recordamos. Siempre cumplen y el sábado no fue la excepción.

Ni mucho menos contaba con poder ver a una banda como Firtan al lado de casa. Los alemanes, una de las formaciones más prometedoras del nuevo black metal alemán, llegaban al StoneFest con el impulso del fenomenal “Ethos” de 2024. Es algo que, pienso, conviene poner en valor. Citas como esta no abundan dentro de nuestro territorio. Contad con que haremos todo lo que podamos (y un poco más de lo que podamos, si es que eso es posible, que diría el inefable Mariano Rajoy) porque eventos alternativos como este proliferen en la Asturias de los macrofestivales horteras.

De Firtan lo primero que llama la atención es su puesta en escena. Esos ropajes roídos, el make up ennegrecido que portan. Y claro, la presencia de Klara Bachmair al violín. Figura de no poca relevancia en la banda, como se puede ver ya desde la inicial “Hrenga”. Su desempeño amplificaba el carácter un tanto espacial de ese inicio. En “Wermut Hoch Am Firmament”, no obstante, iban a concitar su cara más desenfrenada, caótica incluso, con C.S. dejando alguno de los solos más desquiciados de todo el fin de semana. Phillip Thienger comentó entonces que era su primera vez en España, y al alimón con su banda procedió a enfrentar un black metal de cariz más melódico. Aquí lució de nuevo Klara Bachmair durante un puente tranquilo, que nos condujo hacia terrenos casi oníricos.

Firtan fueron tramando un set atractivo por diverso. Como muestra un botón: de la gravedad inicial de “Arkanum” a la inusitada violencia de “Faðir”, con el Thienger más visceral de la noche. Bañados en luz verde, sonaban intensos, compactos y realmente redondos. Y aunque quizá por el cansancio acumulado de ambas jornadas, disfrutase en mayor medida de sus cara más atmosférica, lo cierto es que cuando pusieron toda la carne en el asador sorprendieron con black metal hiriente y visceral. Por ahí tal vez que se fueran a bambalinas y dejaran a Bachmair y su violín a solas sobre el escenario. Uno de los momentos más especiales de todo el festival. Sin olvidarse de los debidos agradecimientos, se despidieron haciendo gala de su cara más grandilocuente y también desesperada en un final memorable. Bolazo, si me preguntan.

A grandes rasgos, todo esto dio de sí la jornada del sábado. Una propuesta valiente, un ramillete de bandas nada habituales por la región y una organización de diez. Poco más podemos pedir. Si acaso que el calor no os atenace del mismo modo en futuras ediciones. Por ello queríamos mandar un sentido agradecimiento a la organización del StoneFest, a los técnicos de sonido, a las diferentes bandas y a la mucha gente con la que departimos en algún momento a lo largo del fin de semana. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Crónica: StoneFest (Oviedo 5/8/2025)

Nueva edición, por partida doble, del histórico StoneFest. Regresó uno de nuestros festivales alternativos por antonomasia. Y lo hizo estrenando nueva sede, Kuivi Almacenes, para llenar un viernes de stoner y sludge, más un sábado más centrado en el metal extremo. Un plato bien diverso para gusto de casi todos, y que viene un poco a quitar razones a quienes llevan tiempo quejándose de que a esta región ya solo vengan las cuatro, cinco, seis bandas de siempre. Phoenix Cvlt, Bifäz, Voul, Mars Red Sky y Wizard Master eran los elegidos para la primera jornada y allá que nos fuimos, prestos a dar cumplida cuenta de todo cuanto aconteciera.

Llegamos a tiempo para recoger nuestras acreditaciones, acceder a la sala y ser recibidos por las sonoridades oscuras y la temática religiosa de los asturianos Phoenix Cvlt. El trío, con Aitor Lucena (Narwhale, ALMS) en guitarra y voces, procuró una apertura al festival entre lo vibrante y lo alucinado. Se leyeron versículos, se descerrajó una buena suerte de riffs y se optó por una versatilidad, un atrevimiento en las estructuras, que fue, en definitiva, el mejor anticipo a lo que estaba por venir.

No fue mucho el rato del que dispusieron. Quizá de ahí el modo en que enlazaron un corte tras otro. Y qué llamativo resulta cuando Lucena abandona su guitarra y arremete con la travesera, adoptando así el trío un aire aún si cabe más alucinado, con un bajo distorsionado hasta sus últimas consecuencias. El de los sevillanos Orthodox fue un nombre que acudió a mi subconsciente en varios momentos de la descarga. “Sacrificio”, del pequeño Ep “La Profecía” cerró el breve set dejando, pienso yo, un buen sabor de boca. Muy atentos al material que está por venir de los de La Felguera.

Los cántabros Omar (batería, voces) y Carlos (guitarra, voces), es decir, Bifäz, vendrían entonces a darle una vuelta de tuerca más al cartel. Se presentaban en el StoneFest con apenas un Ep en su haber, aquél “Extinción” de 2024, prestos a inundar la sala de su conocida amalgama de sludge y stoner. Aquí me agradó el arranque tan espacial que propusieron. Hábil escondite de la intensidad que desplegarían más adelante. Y es que si por algo destacó el dúo fue por el modo en que supieron alternar ritmos arrastrados con otros más trotones, siempre sin perder esa cualidad tan riff oriented de su música. Carlos, a veces sentado, otras de pie, hizo buen uso de un buen número de pedales y efectos, amplificando sobremanera el rango sonoro del dúo.

Recayeron las labores de sonido en el Blues&Decker Diego Reyes y Kuivi Almacenes respondió a la altura de lo que se esperaba. Bifäz prosiguieron entregando voces agrias y mucha diversidad en cuanto a texturas, algo que sorprende tratándose de solo dos músicos sobre las tablas. Y ya que estamos con los parecidos, no logro deshacerme de lo mucho que me recordaban a los primeros High On Fire en las partes más veloces. Mucho ruido y mucha mala baba, cerrando un set tampoco demasiado extenso en una vertiente mucho más atmosférica, que en cualquier caso no obvia un cierto nervio. Nos agradaron.

Le iba llegar el turno entonces a Voul: Alberto en guitarras, El Adrift Dani al bajo y Edu, ex de los míticos sludge madrileños Moho, en baterías. Trío sin mayor intención que la de derrumbar Kuivi Almacenes hasta los cimientos. Mucha, muchísima la intensidad que emana del escenario ya desde los primeros compases de “Fear”. Y sí, a ratos me recordaban a los propios Moho. También a Eyehategod, si bien diría que no alcanzaron a sonar tan desesperanzados. Y sí que tendieron ritmos y riffs hacia el hardcore.

Decir que Edu se dejó el alma en cada golpe sería hacer escasa justicia a la vehemencia que empleó a lo largo de todo el set. Sin desfallecer un ápice, arremetió contra su kit de batería como si en el empeño le fuera la vida misma. Según nos dijo, alrededor de dieciocho años llevaba sin tocar en Oviedo. Se dice pronto. En el set hubo momentos de cierta alternancia. Ahí me gustó el equilibrio entre calma y nervio que propusieron, con una muy fina labor de Alberto, inequívoca pose con su Telecaster, en ambos registros.

A lomos de esa batería descosida, acometen un sludge feroz y violento ahora. Puede que el wall of death propuesto por Edu resultase infructuoso (“ha salido regular esto”), pero cuando ellos se concentran en su faceta instrumental, realmente estamos ante una banda de un nivel altísimo. Como altísimas fueron las pulsaciones en la final “Fucked Up System”, minuto y pico de pura agresión sonora. Tremendos.

Así las cosas, el festival iba a virar de la intensidad y la rabia de Voul hacia el tendido stoner de aires psicodélicos de los franceses Mars Red Sky. Los de Burdeos, enfrascados aún en la gira de presentación de aquél “Dawn Of The Dusk” de 2023, vendrían a poner la calma allí donde antes habitó el nervio.

De entrada llama la atención su puesta en escena. Esa batería naranja, situada tan al frente del escenario. El gong tras ella. Su sonido se avino a un stoner clásico, comandado en voces por el casi etéreo registro de Julien Pras. Su aparente fragilidad contrastó con su buen hacer a las seis cuerdas, con especial acento en la creación de riffs a menudo elegantes y siempre eficaces. MatGaz tras la llamativa batería no vino a dejarse la piel del modo en que Edu lo había hecho con anterioridad, pero de justos es decir que trazó, seguramente, muchos de los licks más llamativos de toda la jornada.

A ratos, y particularmente cuando el trío suma sus voces, alcanzaron a sonar más contundentes. Siempre sin perder de vista esa manera tan cuidada y personal de entender el género. A ratos más psicodélicos, sorprende no obstante el uso de algún que otro apoyo externo. Pequeños detalles que quizá resten en lo orgánico pero que vinieron a sumar en lo alucinatorio. Las últimas líneas de voz de Julien Pras, muchas veces impasible, aparentemente algo tímido, vinieron a sumar a ese cariz casi etéreo de finales del set. Curiosos, me agradaron.

Para el cierre quedaba una propuesta más homogénea. Los romanos Wizard Master y su stoner elemental, casi canónico, ofreció quizá sorpresas a su paso por el StoneFest. Lo que no quita para que el agitar de cuellos y melenas en primeras filas fuese prácticamente una constante a lo largo de la descarga. De entrada llaman la atención los chalecos que lucen. “We don’t believe in anything” (“no creemos en nada”) proclama Mano Sinistra, voz y guitarra de los italianos. A tenor de lo oído en la sala de Kuivi Almacenes, sí hay algo en lo que creen.

Y es que el cuarteto ofreció una lección de como facturar stoner rock, con trazas doom, sin abandonar ese regusto a los primerísimos Black Sabbath tantas veces inherente al género. Telúricos, orgánicos, armados con buenas dosis de fuzz, derrochando grosor y siempre bajo ese peculiar registro de Mano Sinistra. Quizá lo extenso de sus temas, también el empacho de riffs que nuestros cuerpos habían acumulado durante la jornada, contribuyeran a que nos resultaran algo lineales. Otros, en relativa proporción, supongo que disfrutarían con tan férrea adhesión a los preceptos del stoner rock.

Hubo algún que otro percance con el bombo de la batería, solucionado al vuelo y sin que la descarga se detuviera en ningún momento. Ni un segundo que perder, no obstante tampoco quisieron olvidarse de los habituales agradecimientos. Para el cierre y mi sorpresa, dejan algún riff de un cariz más sureño, también una cierta calma, justo cuando coincidíamos en que el set corría el riesgo de retorcerse sobre sí mismo más de la cuenta. Fue por tanto un buen final, con una más que aceptable afluencia de público para un viernes de vuelta a la rutina, con los muchos gastos que esta acarrea de modo inevitable. A nosotros ya solo nos quedaba redactar esta crónica y velar armas ante la segunda jornada. Esa, como suele decirse, es otra historia.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Helloween «Giants & Monsters» (Reigning Phoenix Music 2025)

Decimoséptimo largo ya para la calabaza germana, el segundo desde que Helloween debutara esta suerte de formación all star con Michael Kiske (voz) y Kai Hansen (voz y guitarra) retornando a la que fue su casa. Mi compañera Tumay entrevistó a Markus Grosskopf (bajo) hace escasas fechas por lo que era de recibo, ahora, darle un tiento a este flamante “Giants & Monsters”. Michael Weikath y Sascha Gerstner (guitarras), Andi Deris (voz) y Dani Löble (batería) completan la nutrida alineación. Dennis Ward y Charlie Bauerfeind se harían cargo de las distintas tareas de grabación y mezcla, mientras que Sascha Bühren y Emil Pohjalainen harían lo propio con la masterización. Diez cortes para cincuenta minutos de música adornados por el fino arte de Eliran Kantor. En la calle a través del sello Reigning Phoenix Music desde finales de agosto.

Nada de intros cinemáticas ni pompa engolada. “Giants On The Run” ofrece desde el comienzo la mejor cara de esta constelación de músicos. ¿Por qué? Por la construcción de esas estrofas, por cómo después su estribillo reconduce hacia los Helloween más canónicos, con Deris llevando la voz cantante. Sorprende su elección como opener si uno se atiene a lo llamativo de su construcción. Ahí caben desde breakdowns a cierto coqueteo con el metal progresivo, voces graves y una hábil sección solista. El epílogo, tal vez por llevar la voz de Hansen, pero también por el tratamiento de los diferentes coros, no podría recordarme más a Gamma Ray. Por ahí, y sin que la producción me enamore del todo, siento que el álbum no podría empezar con mejor pie.

Savior Of The World” se conduce ahora hacia un power metal mucho más clásico y elemental. Ese donde el siempre cálido timbre de Michael Kiske engarza con total precisión. Es una canción que Helloween han entregado decenas de veces. Quizá por ahí que quepan pocas quejas al respecto, más allá de cierta predecibilidad inherente al género. Además Dani Löble está no solo rápido sino que bastante hábil a la hora de componer su línea de batería y, por ahí, todo deja la impresión de que podría funcionar como un tiro en vivo. La producción juega con los canales durante la primera fase del solo. Justo antes de que éste emprenda el vuelo y deje paso al epílogo. De esas que te las sabes a la primera y no salen de tu cabeza durante días.

Lo mejor que puedo decir de “A Little Is A Little Too Much” es que cumple con creces su papel como single adelanto. Sencilla, valga la redundancia, con una melodía pegadiza y memorable, un buen tratamiento en cuanto a voces se refiere y ese sencillo pero eficaz estribillo, el cual parece construido con el directo como fin último. A día de juntar estas líneas, es el adelanto del álbum con menos reproducciones en Spotify, si bien en lo personal siento que está por encima de “This Is Tokyo”. Más adelante explico por qué.

Me gusta la forma en que “We Can Be Gods” recupera algo más de nervio y mala leche. De clasicismo incluso, con ese inconfundible agudo durante el prólogo. Kiske de nuevo a placer, muy cómodo, en estas estrofas. Y basta escuchar los distintos riffs que la pueblan para darse cuenta de que esta es una composición con el sello personal e intransferible de Kai Hansen. El disco va conformando así el puzzle en el que han de ir encajando las distintas personalidades que integran estos súper poblados Helloween. Quizá el solo me suene algo recurrente a estas alturas de la película. Inequívocamente ágil, especialmente cuando emergen buenos duelos entre ellos, pero que aún con eso me provoca cierto déjà vu.

Into The Sun” echa el freno y pone la calma. Balada / medio tiempo bellamente arreglada, interpretada con todo mimo y que, sin tampoco reinventar la rueda, amplifica el rango sonoro del álbum con cierta finura. Una buena sección solista y un final pomposo pero bien equilibrado en lo que a mezcla se refiere para un corte ni memorable ni fallido.

This Is Tokyo”, lo pensé en las primeras escuchas y me reafirmo ahora, me resulta el más endeble de los tres adelantos. De entrada porque los coros del prólogo, por alguna razón, me suenan torpes. Descuidados incluso. Y si bien pienso que su construcción no es desdeñable, me parece que recoge alguno de los malos vicios que a veces tienen este tipo de cortes pensados para la masa. Pero es que aun con eso, creo que el estribillo adolece de un mayor gancho y trata de buscarlo inundando la mezcla de coros que no van a ningún lado. Si la salvo de la quema es, desde luego, por ese deje tan Accept que acompaña al solo. Y nada más.

Por contra, “Universe (Gravity For Hearts)” y si logro abstraerme del ahogado y extraño sonido de la caja (especialmente en estrofas), me parece uno de los mayores logros de este “Giants & Monsters”. Los Helloween más trotones confrontados a una escritura que me atrapa por diversa y ágil, con un Kiske en su salsa. Sascha Gerstner carga con la composición aquí, pero en muchos de los riffs y melodías uno siente el inequívoco aroma a los Helloween de siempre. Hay cuidados puentes entre estrofas, confrontados a secciones más oscuras, con el bajo de Grosskopf muy en primer plano y, en general, una cualidad de nuevo poco predecible, seguida de buenos desarrollos solistas. Es la banda en su encarnación más coral, produciendo power metal de calidad y con el único pero de la batería que comenté al comienzo1.

Me gusta esa cualidad más atmosférica que emana de “Hand Of God”, no tanto cómo una duración algo rácana opera en contra de las buenas ideas que la integran. De nuevo compuesta por el ex Freedom Call Sascha Gerstner, porta estrofas más que interesantes, amén de un tono algo disociado del resto del disco. Me gustan las melodías que acompañan a estribillos. Tan clásicas, tan funcionales. Por contra, a la sección solista creo que se le podría haber sacado algo más de jugo. Al final es uno de los cortes que me pasa más inadvertido.

Hay que reconocerle a esta calabaza que pocas bandas se manejan tan bien como ellos en cortes de sencillo y directo happy metal. “Under The Moonlight” se adhiere con orgullo a esa larga tradición de hard / heavy maleable y desenfadado, con un Kiske como niño con juguetes nuevos. Muy breve, apenas por encima de los tres minutos, pero de lo más funcional. Habría sido mi elección como single por delante de “This Is Tokyo” sin dudarlo un instante.

De la cabeza de Kai Hansen ha salido el cierre “Majestic”. Composición adherida a la bien conocida tradición de cortes extensos que el Gamma Ray ha entregado durante todos estos años, y donde se dan cita alguno de mis riffs favoritos de todo el álbum. Estupendas esas primeras estrofas, de construcción ágil y diversa, con Michael Kiske enfrentando los distintos versos con una pasión a la altura de su leyenda. Sin llegar a ser una “Heading For Tomorrow”, una “Halloween”, cierra el disco con grandes solos y potentes estribillos, pero también puentes tranquilos y la sensación de que a esta formación le queda aún mucha guerra por dar.

A día de hoy siento que “Helloween” era, en términos absolutos, mejor que este “Giants & Monsters”. Entre buenos momentos de gran power metal, este nuevo largo de la calabza ofrece cortes algo endebles y ejecuciones un pelín predecibles. Pero cuando el disco brilla, véase sin ir más lejos esa final “Majestic”, destierra cualquier duda. Si bien pienso que el disco roza el notable, me queda la sensación de que a semejante constelación de músicos, de leyendas del género, se les debería exigir siempre algo más.

1 y que en un principio achaqué a un mero fallo del formato. Error del que salí toda vez escuché de nuevo la canción en diferentes plataformas de streaming, con el defecto persistiendo en todas ellas. Hay cosas que cuesta comprender y más en una producción como esta.

Texto: David Naves

Reseña: Mass Burial «May Darkness Come» (Dealer Records Gamonal/Ruido Noise Records 2025)

Nuevo trabajo y es el quinto ya para las huestes death metaleras burgalesas de Mass Burial, la banda de los Nasty Surgeons Raúl Weaver (guitarra y voz) y Fabíán Hernández (bajo) junto a Jorge Azofra (batería) y Adrián Ojer (guitarra). “May Darkness Come” se compone de un total de once cortes mezclados y masterizados por el propio Weaver en los Undead Studios. Con portada de Juanjo Castellano (Æolian, Unbounded Terror, Avulsed, Barbarian Swords…), el álbum fue lanzado por Dealer Records Gamonal en colaboración con Ruido Noise Records.

De inicio alberga pocas sorpresas. “May Darkness Come” es puro death metal a la manera clásica. Con la batería de Azofra refulgiendo junto a unos simples pero muy eficaces riffs de guitarra. Me enganchan más los que la banda sitúa bajo las primeras estrofas. Ese groove tan bien medido y el no menos elemental ‘tupa tupa’ d-beatero que introduce más adelante. Un primer aporte que, sin inventar nada, ni pretenderlo tampoco, funciona a las mil maravillas.

Más directa aún es una “Dead Mountain” que constriñe la estructura del tema previo para, en poco más de tres minutos, destapar la versión más descarnada de los burgaleses. Se alterna esta con un death metal que gana en pesadez conforme fluyen las estrofas. Hay cambios de ritmo que me agradan por cómo no comprometen el remate final con florituras de cara a la galería. Todo parece fluir de modo más o menos natural y por ahí me agrada esta segunda entrega y el modo en que la remata el buen solo final.

Pequeños arreglos durante el prólogo hacen por aumentar la oscuridad de una “Dreams Of Blood” que muestra ahora a unos Mass Burial más pesados y melódicos. Luego llegan las estrofas y todo vira hacia un death metal que bien podría recordar a los primeros Entombed. Siempre con el hosco registro de Weaver al frente y trazando un death metal clásico y de nuevo muy eficaz. Vuela Azofra tras los parches camino de un epílogo hábil a la hora de aportar un poso más melódico. Ahí y por pura colisión surge uno de los cortes más interesantes de todo el largo.

The Apostate” retorna entonces a lugares comunes en el ideario de los burgaleses. Esto es: death metal rápido sin caer en lo frenético, dotado de una oscuridad sin imposturas. De riffs sencillos pero pegadizos, con Azofra marcando un ritmo casi marcial. Al solo que ocupa su tronco central quizá le falte algo más de desarrollo. De presencia incluso. La producción del álbum es deliberadamente sucia, de nuevo al modo clásico, y por ahí puede que uno encuentre cierta división de opiniones. En cualquier caso la composición echa el freno en un tramo final pesado y rotundo.

The Shadowless” añade algo más de picante a la mezcla. Puede ser de los once el que más me recuerde a la otra banda de Weaver. Ritmos vivos y buenos detalles de un inquieto Azofra tras los parches no descuidan la inclusión de buenos riffs, así como de un solo en su puente central que, en cierto modo, no podría resultar más elegante. Aún cuando me agrada el mayor nervio que adquiere en su tramo final, no puedo evitar pensar que bien merecía una duración algo más ambiciosa.

La igualmente breve “The Slaughter” cuenta no obstante con otro de mis riffs favoritos de todo el largo. Luego de ese prólogo irrumpen unas estrofas que, línea de voz al margen, me retrotraen a los primeros discos de Avulsed. Death metal sin complicaciones, oscuro pero sin imposturas artificiales. Orgánico y dotado de pequeños cambios de ritmo que lustren la propia composición. Ni siquiera echo en falta un mayor brillo en lo técnico, pues la banda dispone un solo final perfectamente enraizado en el propio espíritu de la composición. Ni tan siquiera tres minutos y medio y, sin embargo, una de mis favoritas de todo el tracklist.

El tranquilo prólogo de “House Of Horrors” viene a romper con todo lo establecido hasta ahora dentro de “May Darkness Come”. Y de hecho sus primeras estrofas amagan con conducir a Mass Burial a sonidos más propios del metal gótico. Guiño que se difumina casi de inmediato con la banda transitando feroz hacia su habitual death metal sobrio y sin manierismos. Weaver prosigue con su registro oscuro, casi enfangado, mientras Azofra y Hernández firman una de las bases rítmicas más vivas de todo el largo. La composición conmuta estrofas nerviosas con otras que vuelven a rozar el d-beat y por ahí los de Burgos parecen dar su mejor versión. El reverberante solo final remata una de las entregas más infecciosas de este nuevo álbum. Ni que decir tiene que la que más ha calado en mi subconsciente hasta ahora.

Let The Dead Be Dead” da otro giro de timón para que la banda recupere su versión más galopante y descarnada. Weaver no varía un ápice su registro pero, por alguna razón, encuentro esta línea de voz algo por debajo de otras tantas del disco. Aún cuando alguno de los riffs en que se apoya van sobrados de gancho. La composición acomoda el solo en su tronco central y éste resulta tan vistoso como ágil. Algo descompensada pero igualmente disfrutona.

Otro corte de arranque reposado es este “Inquisition”. Y de hecho Mass Burial levantan el pie del acelerador aquí para que fluya una versión más melódica del cuarteto. Las primeras estrofas acogen una pesadez casi desconocida a lo largo del disco. Un grosor que irá virando, con toda naturalidad, hacia su habitual death de ritmos vivos y riffs nerviosos hasta llegar a los blast beats que anteceden al epilogo. Este se adorna de un apenas correcto solo de guitarra pero, en conjunto, siento que es otra del vagón de ganadoras.

Tras el sugerente título “Vengeance From The Grave” se esconde otro arranque de death metal taimado y rocoso. Apenas un pequeño inciso toda vez las estrofas acojan el trotar ya clásico del cuarteto. Azofra está más pasional que nunca aquí y la composición, aun cuando del todo clásica, arroja igualmente buenos detalles técnicos (esos breves pero furibundos solos de guitarra) y marcados descensos hacia una pesadez y una gravedad perfectamente integradas. Estupenda.

Siento que a la final “Bound To Obscurity” le pesa lo exiguo de su duración. Propone una serie de ideas (estupendo ese arranque lento) que su cierta falta de ambición lleva a no desarrollar del todo. Y es una pena porque le habrían otorgado otro signo diferente a este cierre. Un broche en el que Mass Burial vendrán a conducirse por alguna de las sendas que el disco ha transitado una y otra vez. Esa cierta repetición de patrones puede llevar a un cierto cansancio por reiteración. Ello no quita para que tanto el solo final como la base en que se apoya aguante la comparación con cualquiera del resto del trabajo sin mayor esfuerzo.

En cualquier caso un disco que, acogido a la cara más primigenia del género y dotándose de una cierta oscuridad, entrega once cortes donde encuentro más aciertos que errores. De hecho, me atrevería a decir que estos últimos obedecen más a manías de quien escribe que no a cualquier déficit que pudieran tener como banda. De ahí que a ratos eche en falta una mayor diversidad. No es menos cierto que entonces esto quizás dejaría de ser un disco de death metal propiamente dicho. En cualquier caso, “Vengeance From The Grave”, “The Slaughter” o “House Of Horrors” me parecen razones más que suficientes para detenerse en el nuevo trabajo de Mass Burial. Estáis tardando.

Texto: David Naves

Reseña: November «The Long Way Home» (Skyfall Records 2025)

Es cierto que el término “superbanda” se usa a la ligera no pocas veces. Lo cierto es que tiempo hacía que el ecosistema rockero asturiano no entregaba un debut respaldado por tanto nombre ilustre. A saber:  Dani G. ( Nörthwind, Eden, Darksun, Last Days Of Eden) en voces,  Fer Espina (The Riders, Fran Juesas, Blister) al bajo, Alex Tilles (Soundwave, El Hombre Más Tonto Del Mundo) y Diego Riesgo (Drunken Buddha, Nymerians)  en guitarras y  Adrian López  (Versión Original, Belo y Los Susodichos)  tras baterías. Entre todos han dado a luz a una docena de temas, producidos por el propio Dani G. y adornados por el arte de Ride The Dragon Films (al mando también de los videoclips), configurando un álbum de puro hard rock al que han dado en llamar “The Long Way Home” y que tendrá su flamante presentación en una nueva edición del Rockvera.

Este es un álbum que te lo pone fácil desde el primer acorde. Ese prólogo tan elegante de “Tear Down The Kings”. La producción tan equilibrada de la que gozan estas canciones, lleva a November en volandas. Aquí encontramos unas voces de Dani G. bien acomodadas sobre el vistoso colchón de riffs. Coros grandilocuentes, que serán una constante de aquí al final del álbum, y un solo que de esos que disfruto como niño con juguetes nuevos. Un arranque que puede recordar desde bandas de los ochenta como Bon Jovi a continuadores de la vieja tradición hard como puedan ser H.E.A.T, Eclipse, Nestor

Never Lose Your Hopes”, con todo un Bumblefoot (ex Sons Of Apollo, ex Guns N’ Roses, Whom Gods Destroy) a bordo, apacigua el vigor inicial para construir un hard rock en el que Dani G. se despacha con alguna de mis líneas de voz favoritas de todo el álbum. Se pega este estribillo como pocos dentro de “The Long Way Home”, siempre con ese tono alegre y optimista, santo y seña del género, y unas composición y ejecución en su punto justo de porte y elegancia. Hay tonos muy altos de la que fuera voz de Darksun. Y un solo, antecediendo al puente, para el que no se me ocurren peros. El epílogo, que funde esa faceta solista con el estribillo (y que bien me podría recordar a Gotthard) es estupendo.

Así las cosas, “Skyfall” pone la calma tras el ímpetu de las dos entregas iniciales. Curiosamente, el corte más extenso de este debut, y que la banda apoya con unos pequeños arreglos de piano sobre una clásica estructura en crescendo hacia estribillos. Dani G., pura elegancia ahora, estira su registro como nos tiene acostumbrados. Me gustan esos engarces entre estrofas. Los buenos guitarrazos que se dejan sentir. Balada de las de siempre. Te la sabes casi sin escucharla, pero aún ahí, la banda parece dar muestras de lo mucho que ha cuidado cada detalle. Desde los mencionados arreglos pasando por los coros y acabando en ese solo previo al epílogo. Estupenda.

One Of A Kind” subvierte esa calma y se entrega al hard más alegre y disfrutón. Tiene uno de esos estribillos fáciles y directos que entran a la primera y luego tarareas durante horas. Y es que ya sabéis lo que dicen: “es solo rock and roll, pero me gusta”. El riff tampoco va sobrado de gancho. De igual forma, me agrada el juego que se produce entre ambas guitarras durante las estrofas. November mostrando su lado más hedonista, más (valga la redundancia) rockero, dejando un poco de lado el hard más elegante del comienzo del álbum en pos de un sonido más cercano a Guns N’ Roses o Mötley Crue pero en el que parecen igualmente cómodos.

When The Door Is Closed” opta ahora por un hard sensiblemente más musculoso. Parte de un prólogo que, inevitablemente, me lleva a pensar en Zakk Wylde, y en donde luego se dan cita alguna de las estrofas más llamativas de todo el álbum. Todo tamizado de manera que el corte se integre de manera natural en el tracklist, es en cualquier caso uno de esos temas que ganan una barbaridad con las escuchas. Por todos los detalles que se esconden bajo los estribillos, por el buen solo de este tramo final, por los destellos desde el bajo de Espina. Atrevida elección para su traslación al formato videoclip:

Don’t Pray For Me” parte desde un riff del todo juguetón y construye, cencerro mediante, otro rock and roll pegadizo, sobrado de gancho y clase. La buena construcción de sus estrofas, la cuidada línea vocal de Dani G. aquí, así como el buen trabajo en cuanto a coros y ese estribillo (que parece) pensado y repensado de cara al directo. De nuevo los buenos detalles melódicos en los engarces entre las distintas estrofas y esa firme base rítmica aupando este ritmo más vivo y directo. Desde luego, “living ain’t easy”, pero con estribillos así, resulta algo más llevadero. No voy a mentir. El solo es lo suficientemente bueno como para encontrarme a mí mismo dándole hacia atrás al reproductor (una, y dos y hasta tres veces) para poder apreciarlo como se merece. De mis favoritas.

El bajo de Fer Espina abre la homónima y rotunda “The Long Way Home”, donde resuenan alguno de los riffs más graves de todo el trabajo. Me gusta el tono hacia el que deriva su registro Dani G. aquí, así como, ya digo, esos riffs más contundentes y pesados. De nuevo, y al igual que sucediera en “When The Door Is Closed”, siempre dentro de las marcadas lindes del género (esos coros…) pero ampliando una vez más el rango de acción del quinteto. Asimismo, me llama la atención esa desnudez que acoge inicialmente al solo de guitarra. Y cómo torna después en puro fuego, solidario a esos November más potentes y descarnados.

Egomaniac” parece más enraizada en el espíritu puramente hard rock del álbum. Lo que no quita para que se trate de otro corte llamativo por construcción y arreglos. Por el cuidado trabajo de guitarras bajo cada estrofa, verdadero santo y seña de este debut, el equilibrio que muestra la mezcla, aún cuando los coros hacen acto de presencia, arrastrando consigo no poca cuota de protagonismo. Elegancia y contundencia se darán cita en su tronco central. Una la pone el solo de guitarra, la otra, la cierta pesadez que emana de los riffs. El corte resulta, finalmente, una intersección entre los November más elegantes de “Never Lose Your Hopes” y los más pesados de “When The Door Is Closed”. De ahí, tal vez, que me agrade en la manera en que lo hace.

Y no es que me disguste “All I Need Is You”, pero sí siento que está algo por debajo de las otras baladas del debut. Y lo digo aún cuando aprecio las buenas voces que el Last Days Of Eden ha vertido aquí, o lo cuidado del trazo y los arreglos. El de Bryan Adams es un nombre que me suele venir a la mente con el paso de las escuchas. Sin que tampoco me resulte fallida, sí siento que merecía un desarrollo algo mayor.

Regresa el cowbell para una “Vegas Queen” que recupera a los November más chulescos y disfrutones. Aquí me agradan esos omnipresentes detalles con el slide sobre el mástil de la guitarra. También el sencillo pero pegadizo estribillo y la forma en que regresan los riffs más graves, otorgando un mayor fuste al solo. Por lo demás un rock directo y sencillo, de los que invitan a bailar, pero que no sacrifica una buena producción. Más bien al contrario.

Última balada del álbum, “Never Said Farewell”, da inicio con Dani G. apenas acompañado de unos arreglos de piano. Clásico crescendo de camino a estribillos y otro de los cortes que más y mejor uso hace de una buena producción. Se siente en cada nota, en cada golpe de Adrián López al kit de batería, en el cuidado bajo de Espina. Clásica y de lo más funcional. Asida con orgullo al libro de estilo del género.

Shot From Your Heart” con Gus G (Firewind, ex Mystic Prophecy, ex Ozzy Osbourne) parece hecha para cerrar el disco allí donde comenzó: en un hard rock enérgico aunque pegadizo, donde quizá no se den cita los riffs más lúcidos del álbum pero que confluye hacia un estribillo triunfal. De nuevo el de los infalibles hard rockeros suecos H.E.A.T es un nombre que sobrevuela mi subconsciente aquí. Eficacísimo cierre.

No voy a mentir si digo que he necesitado de cierta re programación mental para enfrentarme al debut de los asturianos. Tiene uno tan asimilada la voz de Dani G. a Darksun (a Last Days Of Eden incluso, aunque su labor vocal ahí sea más restringida) que al comienzo me costó hacerme a estas canciones. Pero en cuanto el disco hizo ‘clic’ en mi cabeza, ya no hubo vuelta atrás. Son muchas las cosas que me agradan y, aquellas que no, lo hacen más por manías personales que por algún déficit del proyecto. La producción es de auténtico lujo, siento que hay grandes temas y todo el trabajo en cuanto a guitarras apunta a que estas composiciones se han cocinado a fuego muy lento. De resultas de ello, y pese a tratarse ya digo de un debut, no negaré que “The Long Way Home” pueda mirar a cualquier álbum (de aquí o de fuera) sin absolutamente ninguna mueca de inferioridad. Más bien al contrario.

Texto: David Naves

Crónica: Leather Boys «Concierto XX Aniversario» (Avilés 23/8/2025)

Y es que veinte años no se cumplen todos los días. Teníamos una agenda de lo más apretada para la jornada del sábado pero el aniversario de Leather Boys estaba marcado a fuego en nuestra agenda. Rumbo pues a Avilés (Rock City) prestos a vivir una sesión vermú de lo más especial.

Bajo un sol de justicia y rodeados de buenos amigos, qué mejor que algo como “Decade Of Decadence” para dar el pistoletazo de salida. A lo largo de la jornada habría multitud de invitados arriba de las tablas. Pero mientras llegaba, y aunque ellos adujeran en más de una ocasión ciertos problemas con el sonido, lo cierto es que frente al coqueto escenario móvil veíamos una buena versión del combo asturiano. Enlazando temas (“Don’t Cheat On Me”) o pidiendo cuernos al cielo por Ozzy Osbourne antes de “Aphrodisiac Grape”, se podría decir que el show fue pura idiosincrasia Leather.

Y como muestra, un botón: “vamos a llevar a los nazis al bordillo”, exclama Leather Sex a modo de presentación de “The Curb”, con el Luismi más agrio de la mañana. En “Haircutt & Attitude”, Txema Bustillo y Mr. Salvation se aúpan a hacer coros. El corte, que estará en su próximo álbum de estudio, bien podría resumir la particular idiosincrasia Leather en forma de hard afilado pero disfrutón. Fue un set extenso. Cerca de dos horas si mis notas no me engañan. Y aunque hubo que hacer frente a un sol radiante, y a un viento no menos plomizo, temas como “Fairy Tales From The Underground” se superponían a cualquier inconveniente. El sonido, en manos de un siempre aplicado y eficaz Nefta Vázquez, ya digo que era todo lo bueno que cabría esperar.

Leather Bluesman se auparía entonces al escenario para sumar su bajo a “Lord Of The Whores”, que Leather Rose dedicaría a Eladio y que ofreció una cara aún más vacilona, si cabe, de los chicos. En “Fly Free (Blacksmith)” se sucederían las dedicatorias. Ozzy, Brent Hinds. Contarían aquí con Ricardo Herrero, hermano del propio Leather Sex, y el set transitó así hacia uno de los momentos más sentidos e intimistas de la jornada. Ellos harían entonces labor de prospección para recuperar el tema que estuvo a punto de llevarles a Eurovision, no otro que “We’re Livin’ In A Bar”, recuperando por ahí esa cara más golfa y hedonista que tanto y tan bien les define. Así las cosas, quién mejor que Leather Fucker para tomar el puesto de Leather Skelter en baterías y enfrentar “Valley Of Broken Dicks”. Leather Latin Lover, inalámbrico mediante, no perdió la ocasión de perderse entre el público aquí. Y es que hay costumbres que hay que mantener sí o sí.

No paraban ni el rock and roll ni los habituales speeches de Leather Sex. Pero cuando Leather Father (padre de Leather Rose) suma su garganta a “Sexagenary Sex” estamos viendo uno de los momentos más especiales del día. Medio Rock & Rockets se sumaría luego para “Pandemic Messiah”. De ahí al final, y si no lo era ya, aquello fue una fiesta. Leather Boys se guardaron varias de sus perlas mejor cultivadas y su XX aniversario estuvo a la altura, pensamos desde este humilde medio, de tan indicada onomástica. La celebración bullía a ritmo de “Saint Mary’s Dance” o “Leather Gunner”, con Flichy Hickock (Graveroad St.) sumando enteros junto a ellos. Hubo invasión de escenario aquí y los rigores de la calurosa jornada importaron poco en unos bises marca de la casa. Leather Rose incluso bajaría a mezclarse con propios y extraños durante “R’N’R’ Blowjob”, ofreciendo su micro a la gente para tan sencillo y directo estribillo. Fue una gran fiesta, rematada por el “Ace Of Spades” de unos tales Motörhead, cuando el sol más apretaba en Avilés.

Huelga decir que nos alegramos de haber sido partícipes, aunque sea a título informativo con esta crónica, de este XX aniversario. La comida barra pincheo que tuvo lugar a continuación y lo que ocurrió en ella tal vez ilustre algún episodio primerizo de una futura biografía, una hipotética continuación de “Fairy Tales From The Underground”. Y aunque me las vi y me las deseé con el teléfono a la hora de tomar notas, no siempre todo sale a pedir de Milhouse, ojalá y como dijera el propio Leather Rose, de hoy en diez años estemos celebrando sus treinta años como banda. Por nosotros que no quede. Un saludo a la agradable y fiel concurrencia, ánimo con la semana y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Eklíptika «Made In El Coto» (Autoproducción 2025)

Ocurre a veces que ciertas historias terminan nada más comenzar. Tal cual parece ser el caso de los rockeros asturianos Ekliptika, quienes decían adiós poco después de este debut, quien sabe si también epitafio, “Made In El Coto”. Ellos son Anteo Pende (guitarra y coros), Iker Garciargüelles (guitarra y voz), Iyán Varillas (batería y coros) y Samuel Fernández (bajo y coros). Los seis temas que componen este trabajo fueron grabados por Sergio Firu, Santi Ordax y Andrés Fomchenko, mientras que de la mezcla se encargaría Pablo Senator. Las fotos de David Rodríguez y el diseño de Enaya Fernández completan el obligado repaso a los créditos.

El modo en que arranca “El Coto” no podría recordarme más al rock americano de los noventa. La manera en que ese bajo inicial va marcando la pauta. Luego ellos adoptan tesituras a caballo entre el rock urbano, ciertos coqueteos con el pop más guitarrero y, siempre, un cuidado tratamiento de las líneas de voz. No es rock nervioso, ni apurado, pero tiene clase y sabe llegar a buen puerto. Más sentimental que rabioso, sentido canto a su patria chica, no exento de crítica afilada y nada panfletaria. Siendo como es el corte más extenso del trabajo, bien merecía un solo algo más ambicioso. Con eso y con todo, un buen arranque.

El Santi” añade una pizca más de nervio a su propuesta. Y lo que en principio podría derivar hacia el punk más seminal, vira sin embargo por medio de un riff de los de la vieja, vieja escuela, que me recuerda a la re interpretación del “Deltoya” de Extremoduro que llevaron a cabo Fito & Fitipaldis. Por ahí surge un contraste (creo que inteligente) entre lo apunkarrado de sus líricas (“Santi roba, y miente, mata, corrompe y engaña, y limpia la sangre con la bandera de España”) y ese aire tan rockabilly. Rematan, ahora sí, con un bien tirado solo de guitarra. Un corte con todos los visos de haber funcionado muy bien en directo.

En lo que a letras respecta, son las de “La Revolución” las más auto reivindicativas (“Somos de lo que ya no hay”) de este pequeño trabajo. Que opta por otra llamativa selección riffera, en esto los chicos parecen haberse puesto pocas barreras, mientras nos conduce a contornos más melancólicos, captando mi atención por lo que tiene de pasional este ahogado grito por ofrecer algo ajeno a los rigores del mainstream. Aunque no deje de ser rock and roll sencillo (y sentido) del de toda la vida. El contexto importa y de qué manera. Las últimas estrofas les definen.

Sus Ojos” es rock reposado y sencillo, sin grandes complicaciones, vehículo para que emerjan los Ekliptika más equilibrados y brille la buena labor de Garciargüelles tras el micro. Siento que los coros que acompañan a estribillos merecían algo más de peso, pero todo conduce hacia un buen final, no sin que antes se produzca una de las estrofas más socarronas de todo el trabajo.

Peppermint” parece recuperar ese aire más lúdico de “El Santi”. Se desarrolla sin mayores complicaciones mientras nos devuelve a esos Ekliptika más lúdicos y desenfadados. Corte más rácano del trabajo, alberga no obstante un cuidado duelo solista durante el puente central y llega a buen puerto entre letras socarronas y el eficaz crescendo final.

Nada Importa” reconduce hacia un rock alternativo, de nuevo deudor de la escuela noventera, donde llaman la atención esas estrofas desnudas en contraste con los estribillos más guitarreros. Es un corte que has escuchado mil veces, pero Ekliptika parecen pisar terreno seguro. Y aunque no sea el corte que más capta mi atención de los seis, bien está la línea de voz que ha tejido Iker aquí y la buena línea de bajo que lo soporta.

Made In El Coto” son seis temas de rock a caballo entre las escuelas clásica y alternativa, con canciones en general bien construidas y una producción que nunca resta a los propósitos de la banda. Puede que su encaje resulte complicado en un medio como este, pero no negaré que en sus poco más de veinte minutos procura eficaz diversión a quienes busquen compañía a los rigores estivales.

Texto: David Naves

Reseña: Retador «Earëndel» (Xtreem Music 2025)

Nueve son los temas que ocupa “Earëndel”, segundo trabajo de los thrashers malagueños Retador. La banda, que componen JuanJolocaust en baterías, Rolo en guitarras, Migueli al bajo y Jofre en guitarra y voces, entrega un álbum grabado y mezclado por el Balmog Javi Bastard (Altarage, Totengott, Iron Curtain, Körgull the Exterminator…) en los Moontower Studios y masterizado posteriormente por Dan Swanö (Æolian, Wolf, Hail of Bullets, Sear Bliss, Malevolent Creation…) en los Unisound Studios. Vio la luz a través de Xtreem Music el pasado mes de enero.

Retador abren con el tema título “Earëndel”, del que me agrada su elegante y tranquilo prólogo, orgánico y nada artificial. Una calma que habrá de quebrarse camino de las primeras estrofas, con Rolo y Jofre dibujando buenos riffs y mejores melodías. La voz de este último se va hasta tesituras rayanas con el metal extremo, ese tono rugiente y sin concesiones. Letras en nuestro idioma y unos engarces entre las distintas estrofas que dan buena muestra de hasta qué punto han cuidado cada detalle. El solo, constreñido en su parte final, adorna un epílogo quizá un tanto apresurado. Pero es buena señal que la banda me recuerde al “Empyrean” de los suecos Paranorm, con mucho uno de mis discos thrash favoritos de lo que llevamos de década.

Somos Eternos” se imbuye ahora de un espíritu más Slayer. En lo que a riffs se refiere pero también en ese imparable doble bombo de JuanJolocaust. Cómo no pensar en Dave Lombardo. Padre de todos nosotros. Llamativos estribillos y una banda que agrede voraz con thrash incandescente y sin compromisos de ningún tipo. La buena construcción que soporta al solo, atractiva por diversa, y el buen trazo de este elevan la nota media y, de nuevo, ponen en buen lugar su labor como compositores. Sin perder una pizca de nervio, de hecho acelerando los pulsos en ese puente central, y sin dejar nunca de entregar mal café y thrash casi cercano a los mejores Dark Angel. Flamígera, estupenda.

La Sombra De Tu Existir” se descuelga ahora de ese thrash lacerante para virar hacia ritmos más a medio gas. Sorprende el groove que acompaña a los primeros versos casi tanto como contrasta la velocidad que implementan después. Por ahí el trazo de estas estrofas no podría ser más atractivo por diverso. En estribillos es el nombre de mis paisanos Blast Open el que suele acudir a mi subconsciente. El solo, rebosante de clase y feeling, bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. En cualquier caso cabe destacar la estupenda labor de Jofre al micro para otro corte pleno de agresividad y mala baba.

Redes” parte de un prólogo muy Exodus para inmediatamente ceñirse al thrash más lindante con el death metal. Un ataque hacia las redes sociales teñido, una vez más, de un metal violento y lacerante que, no obstante, se acuerda de mantener alto el buen nivel en cuanto a ejecución. Atravesada por un estribillo muy Death Angel, la banda vuelve a brillar en un puente central de trazo diverso y elegantes solos de guitarra. En ese contraste entre agresividad y clase reside uno de los puntos fuertes no ya de esta “Redes” sino del álbum en su conjunto. Un equilibrio que muchos buscan y no tantos son capaces de encontrar.

El hecho de que “Lux Ferre”, corte más extenso del álbum fuera una de las cartas de presentación del mismo creo que tiene bastante de declaración de intenciones. No por nada la banda exhibe aquí un trazo de nuevo vibrante y retorcido. Construida desde unas estrofas en cierto modo inéditas con respecto al resto de cuantas integran “Earëndel”, puede ser de las nueve la composición con más gancho. Bien adornada por fugaces pero hábiles detalles solistas y construida sobre un riff que no podría ser más pegajoso y ganchero. El trazo adopta un groove muy marcado para dar pie a un solo de guitarra en la más pura tradición del desaparecido y añorado Jeff Hanneman. Para el tercio final Retador obvian el camino fácil, abrazan un llamativo groove y construyen otro epílogo retorcido y eficaz. De sus composiciones más solventes.

Asesino” cercena thrash seco y vibrante desde el primer acorde. Me agrada cómo el bajo de Migueli adquiere un mayor peso aquí. También los buenos destellos de guitarra que emergen entre estrofas. El estribillo no obstante viene acompañado de un groove, entendido a la manera clásica, pleno de gancho y pegada. Bruscos cambios de ritmo y tono, un solo muy hábil y de nuevo JuanJolocaust desatado tras los parches de cara a un tercio final sin apenas concesiones. De entre los cortes “largos” del álbum puede ser con el que menos conecto, lo que no quita para esta sea otra de esas composiciones que muestran el buen nivel como músicos que alberga el cuarteto malagueño.

Profanado”, cuya intro no pocas veces me recuerda al “Harvester Of Sorrow” de los cuatro jinetes, viene de primeras a poner un poco de calma entre tanta agresividad. Ni cuarenta segundos dura una calma que salta en pedazos para que Retador retornen a su versión más furibunda y trotona. Una agresividad que se irá difuminando en estribillos para retornar en estrofas. Clásica construcción ambivalente, con la banda dando la sensación de encontrarse más que cómoda. La buena sección solista del puente, también la buena construcción de este, así como ese final desatado, con el nombre de Angelus Apatrida merodeando por mi subconsciente, culminan otra de las ofertas más seguras y certeras de este segundo trabajo.

Hay una oscuridad en el prólogo de “Terror En La Noche” que habrá de diluirse después más adelante para que, sin perder una pizca de velocidad y brío, la banda entregue su faceta más melódica. Funciona ese riff que dibujan las guitarras bajo las primeras estrofas. Ágil y con gancho. En la comunión entre el registro rugiente de Jofre y la precisión de esa base rítmica se cuela a veces el nombre de Soziedad Alkoholika, a buen seguro porque muchos de los referentes de unos y otros no dejan de ser los mismos. En cualquier caso la banda vuelve a echar mano de una construcción inteligente y diversa. Y aunque hay líneas de voz a lo largo del álbum con las que conecto en mayor medida, Jofre está aquí tan vitriólico como de costumbre. Para el final queda la calma cargada de atmósfera de la llamativa “Abismo 52”, un colofón verdaderamente abismal que vendrá a poner la nota de color al cierre.

Sin concesiones. Retador vuelven la mirada al pasado, a las mismas esencias del género, para traerlo al siglo XXI envuelto en rabia y mal café. Pero una rabia y una agresividad que no obvian ni una buena escritura ni tampoco un apartado técnico a la altura del thrasher más exigente y pejiguero. La competencia ahí fuera es feroz y el número de bandas dentro del género no deja de crecer. “Earëndel” acierta al buscar su hueco con un thrash primitivo y seminal. Un disco que apenas hace concesiones, con una producción a la altura y que a buen seguro supondrá uno de los lanzamientos clave dentro del género a lo largo del actual 2025.

Texto: David Naves

Crónica: La Mar De Ruido (Viernes 15/8/2025)

El sofocante calor de la jornada no invitaba precisamente a pisar el asfalto, pero La Mar De Ruido volvía a Avilés con Incidencia Acumulada, Baja California, Kiss Experience y Saratoga por lo que tocaba penar con temperaturas nunca vistas por estas latitudes. Así pues, animales de costumbres que somos, hubo que poner rumbo a Avilés en buena compañía prestos a ser testigos del evento primero, y a contároslo después.

La edición de este año contaba con la novedad de un pequeño escenario que vendría a hacer de pinza entre el resto de bandas. Llevó por nombre Menéndez Stage y en él Incidencia Acumulada nos amenizaron la espera hasta Baja California a base de versiones de todo pelaje. Desde “Muérdeme” de Los Romeos hasta “Cuenca Minera” de Siniestro Total para disfrute de impacientes y curiosos. Banda con miembros de Madera Rock en sus filas, no se olvidaron de dedicar “La Calle Del Olvido” de Los Secretos a Béznar Arias, impulsor y responsable del evento.

Si mis cuentas son correctas, más de un año que hemos estado sin cruzarnos con Baja California. Los asturianos, con el viento de cola del estupendo “Electricidad” (reseña) soplando aún en sus cogotes, irrumpían, intro mediante, en el Parque del Muelle cuando apenas pasaban unos minutos de las nueve de la noche. “Caída Libre” es un más que servicial opener para ellos. Manu Roz se mostró vital y conciso en sus líneas de voz. Por eso es una pena que, a ratos, costara escuchar con nitidez al espigado vocalista. Pero me gustó cómo “Tiempo Suicida” exacerbó, en cierto modo, la cara más golfa del quinteto. El propio Roz no perdió ocasión de bajar a la valla y animar a su gente. Tampoco de pedir luego un aplauso para la organización del evento.

En “A-66” tiene lugar un buen duelo solista entre Aarón Galindo y Javi Monge. El propio Galindo bajaría a solear frente al público en “El Mago”. Benditos inalámbricos. Si bien puede que el sonido que nos inundaba nunca llegó a ser del todo redondo, al menos en primeras filas, lo cierto es que arriba del escenario ellos parecían estar disfrutando de lo lindo. A pesar del acuciante calor y las complicadas circunstancias. El quinteto recuperó entonces “Reina De Hielo” donde el sonido pareció encarrilar hacia un mejor equilibrio. Como queriendo aprovechar ese impulso, enlazan con una “Indomable” que, a la postre, sería de las mejor recibidas por la audiencia. Roz obró en consecuencia, dejando por el camino un más que notable desempeño vocal. Sería el propio frontman quien pediría un aplauso para Gus Velasco, batería y miembro más reciente de la formación asturiana.

Roz quizá no estuvo tan parlanchín como en ocasiones precedentes. Pero Baja California en su conjunto, especialmente en este tramo final del set, bordaron su mejor hard rock. El propio vocalista no perdió ocasión de darse su particular (y habitual) baño de masas. La reciente y más melancólica “Mil Mañanas” dejó visos de convertirse en un corte capital para ellos. En comandita con la ya clásica (e ineludible) “Años Atrás” supuso el momento más nostálgico del set. El cierre correspondería no obstante a “Dueños De La Noche”, con una Avilés entregada al siempre elegante hard rock de los asturianos. Siguen creciendo.

No paraba el rock and roll en La Mar De Ruido. Terminado el set de Baja California y mientras los técnicos se afanaban en recoger y preparar las tablas para el show de Kiss Experience, Incidencia Acumulada hacían de nuevo suyo el Menéndez Stage para seguir con la ristra de versiones.

Versiones precisamente no iban a faltar de vuelta en el escenario principal. Kiss Experience, en riguroso y mimético homenaje a Gene Simmons y compañía, vendrían a hacer las delicias de un nutrido número de fans y curiosos. “Detroit Rock City” sería el pistoletazo de salida y Avilés se entregó al cuarteto. Que más allá de todas las reservas que nos puedan producir las bandas tributo, tiene al menos el detalle de reproducir, lo más fielmente posible, a la formación a la que homenajean. Desde las vestimentas hasta el maquillaje pasando por los distintos instrumentos e incluso los distintos manierismos de los Paul Stanley, Ace Frehley, Peter Criss y el mencionado Gene Simmons.

Vaya por delante que no soy el mayor fan de los originales. Aún así, disfruté en buena medida de una “God Of Thunder” que puso de relieve la cara más rocosa y rotunda de este agradable, divertido y fiel émulo de las leyendas estadounidenses. Con los escalones de por medio y aquellas plataformas imposibles, ya tiene mérito que el trasunto de Paul Stanley se atreviese a bajar frente al público. “I Was Made For Loving You”, piensa uno, bien merecía el riesgo de un inoportuno traspié. La gente, ya digo, disfrutaba de lo lindo. En especial cuando nuestro particular Simmons ejercía de maestro de ceremonias y realizaba un ensangrentado solo de bajo o se atrevía, literalmente, a jugar con fuego.

Y es que al final todo suma. Desde la pirotecnia que acompañó a algunos temas a clásicos imborrables, ya te guste la banda o no, como ese “Lick It Up”, de aquellos Kiss sin maquillaje de los años ochenta. Propios y ajenos gritaron “Shout It Out Loud” con ellos y todo cerró, no podía ser de otro modo, con “Rock And Roll All Nite”. Lo dicho, las bandas tributo siempre generan controversia pero, en honor a la verdad, cabe decir que la gente se lo pasó en grande.

Veinte faltan para la una cuando la iguana hace suyo el escenario del parque del Muelle de Avilés. Saratoga regresaban una vez más a Asturias y la expectación, como siempre, era máxima. Atruena la intro y luego todo deriva en una potente “A Morir”, con Tete pasando de agudos altísimos a voces rasgadas llenas de nervio. La más pretérita “Mi Ciudad” calmó el furibundo arranque. Y Tete aprovechó para insertar “Avilés” en los últimos estribillos. Niko, sonriente, ejercía de segunda voz como viene siendo habitual. Atrás y bajo la pantalla electrónica, Arnau brillaba en baterías durante “Ángel De Barro”, fácilmente una de mis favoritas de entre su ya larga trayectoria.

Me sorprendió no obstante la inclusión tan temprana de “Vientos De Guerra”. Saratoga emergieron entonces en su encarnación más cruda y heavy, valga la redundancia, y Jero aprovechó para confeccionar uno de los mejores solos de todo el set. El público, qué duda cabe, respondió en consecuencia. Es cierto que el escenario de La Mar De Ruido no da para mucho movimiento. De ahí que Tete Novoa no dudara en bajar y mezclarse con la gente en varios momentos del show. “Contigo, Sin Ti” no sería nada sin los buenos apoyos de Niko en coros. Y mientras que a término Tete enfrenta y juega con el público, en “Maldito Corazón” demuestran cómo de engrasados acudieron a la cita avilesina.

Sorprende de hecho la pesadez que desarrollan en “Morir En El Bien, Vivir En El Mal”, con Arnau muy firme en su desempeño. El corte puede palidecer en cuanto a relevancia con respecto a otros integrantes del tracklist. No obstante sirve para oxigenar y ampliar de paso su conocido rango de influencia. Buena la dupla que formaron frontman y bajista en sus últimas acometidas.

Llegaría entonces un marcado cambio de registro. Novoa pediría que encendiéramos las linternas de nuestros móviles y, bañados por su luz, engarzó “Lejos De Ti” con “Si Amaneciera” y procuró unos ciertos sosiego y calma a la descarga. El piano pregrabado de esta última fue uno de los pocos detalles no orgánicos de la banda a lo largo de la noche. Llegaría entonces el turno de Arnau en solitario, trazando un solo en el que parecía dejarse el aliento en cada golpe. Arrancó buenos aplausos de La Mar De Ruido y se confirmó como un músico a la altura de sus muchos antecedentes en el cargo.

De nuevo con la banda al completo, sería el momento de recordar uno de los cortes más exigentes de “Agotaras”, no otro que “Las Puertas Del Cielo”, para gozo absoluto de (al menos) unas primeras filas que llevaban a Saratoga en volandas. Ellos encararon una recta final, no exenta de los obligados agradecimientos, con otro corte no menos exigente de aquél mismo álbum de 2002: “Resurrección”. Muy bien Jero en el solo aquí y un Tete Novoa que no dudó en bajarse a la valla en el tercio final.

Del clasicismo de “Tras Las Rejas” al vigor de “Mi Venganza”, Arnau azotaba el kit como si le debiese dinero (y una suma importante, al parecer) y Saratoga seguían dando muestras de su versatilidad. Me agradó, además, que no renegaran de composiciones relativamente recientes a la hora de afrontar los bises. Porque ahí se yergue orgullosa “Como El Viento”, aguantando el tipo frente a sus clásicos de siempre. O la más juguetona “No Sufriré Jamás Por Ti”, con Tete y sus cuerdas vocales como si no llevasen a cuestas un set no poco exigente. Aguantó el tipo hasta el final y es de justos reconocérselo. Aunque a lo largo del show, y esto no cambia, alguno que otro todavía se acordase de quien fuera su antecesor en el puesto. Ajeno a estos dimes y diretes, Niko no perdió la ocasión de acercarse a la gente aquí. Ni de afrontar, ahora sí, la final “Perro Traidor”, final tan habitual para ellos como el “The Final Countdown” para Europe. Tantas veces discutidos y sin embargo siempre cumplidores. Saratoga, en definitiva.

Cuatro propuestas, no quisiera yo olvidarme de la buena gente de Incidencia Acumulada, como inmejorable acompañamiento a los sofocantes rigores que nos impuso la ola de calor. Mucha cara conocida, varias nuevas amistades y una crónica más en el zurrón. Poco más podemos pedir.

Agradecer a Béznar Arias en particular y La Mar De Ruido en general tanto el compromiso como las facilidades, a Mauro y Tumay (¡bienvenida a la brigada!) el apoyo logístico brindado y a la mucha y concurrida compañía los buenos ratos vividos. Vaya un abrazo grande y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz