Reseña: Destral «Alça La Destral» (Autoproducción 2024)

Es el primer largo para los valencianos Destral. La banda, que ya pasara por estas páginas con sendos Ep’s (“No Hay Vuelta Atrás” de 2020, “Fembres Pecadrius” de 2022) vuelve ahora con un “Alça La Destral” grabado por Adrián Marin Buenache en los RW Studios y posteriormente mezclado y masterizado en Wizard Studios de la mano del Seven Sisters Kyle McNeill. Intervienen en este debut Sigui en baterías, Alberto al bajo, Gero en voces y Carlos en guitarras. Con Eduardo Antón (War Dogs) colaborando en el solo de “Condenado” y arte de Madness, el álbum vio la luz de manera independiente allá por junio del pasado año en formatos físico (CD) y digital.

Fugaz y de aires cinemáticos, pocas sorpresas con una breve introducción al disco que nos conducirá, derrape mediante (¿guiño al arte de su primer Ep) a una “Fantasmas” donde mandan las buenas melodías de guitarra ya desde el primer momento. Ese prólogo maidenesco sobre el que Gero habrá de deslizar un registro áspero, que no crudo, hábil a la hora de bailar entre diferentes tonos. Me gustan esos riffs que trama Carlos aquí. En especial los encargados de empastar las distintas estrofas. La línea vocal me recuerda a unos Saratoga con Tete Novoa al mando. Puede no ser el estribillo con más gancho de este primer largo. Por contra, es un corte que viene a hablar muy bien de su faceta como intérpretes. Ese estupendo (y extenso) solo que domina el tronco central. Un más que correcto arranque.

Sin abandonar su bien conocido heavy metal de trazo clásico, aunque sí el castellano, es verdad que “Allibera’t” enseña ahora unas guitarras más graves y rocosas. La mayor crudeza exhibida en ese prólogo contrasta con unas estrofas más livianas. Ágil la banda a la hora de construir estas con esos pequeños crescendos que conducen hacia los estribillos. Por alguna razón, siento más cómodos a Destral aquí. En los momentos más vibrantes me vienen recuerdos a ciertos momentos del ineludible “Thundersteel” de Riot, lo que no puede ser mala señal. Carlos vuelve a hacer de las suyas en un tronco central que acentúa esa vena tan clásica y todo redunda en uno de los cortes más logrados de este “Alça La Destral”.

Otro de los adelantos de este primer largo fue “Silenci Per Al Malferit”, que parte desde una de las intros más trabajadas de todo el tracklist y donde nuevamente el nombre de Iron Maiden vuelve a sobrevolar mi subconsciente. Las estrofas ahora portan una crudeza más acentuada, más heavy, al tiempo que los riffs que las sustentan pierden en técnica aquello que vienen a ganar en pegada. Gero canta altísimo aquí, en contraste con los tonos algo más sucios del arrebatado estribillo. Aciertan Destral a la hora de encontrar el necesario gancho para uno de esos cortes que huelen desde ya a fijos en sus directos. Siento muy Helloween (o más bien muy Kai Hansen) esta sección solista. Algo efectista y sin embargo hábil a la hora de rematar otra de mis favoritas del álbum.

Condenado” sorprende ahora con ese prólogo de aires marciales. Le sucede sin embargo un heavy metal de aire muy clásico. Un corte cargado de una idiosincrasia muy ibérica, que bien podría recordar en ciertos momentos a Barón Rojo, Santa, ObúsGero vuelve a moverse por tonos altísimos mientras que Carlos entrega melodías hábiles y efectivas. Como uno de los cortes más amplios del disco, rozando los seis minutos, la banda da la impresión de haber sopesado en buena medida esta quinta entrega. No hay apuro en las líneas vocales. Carlos esparce riffs sin apreturas, Eduardo Antón dispone solos con clase y la base rítmica, un tanto hundido el bajo de Alberto eso sí, desarrolla sus respectivas líneas con mimo milimétrico. Me fastidia este epílogo en fade out pero un gran corte en todo caso.

Fembres Pecadrius”, que ya apareciera en aquél Ep de 2022, vuelve ahora amarrada a una intro más cuidada y termina de ganar los debidos enteros gracias al paso adelante que la banda ha dado en cuanto a sonido. Más que evidente si uno escucha ambas versiones una detrás de otra. En esta nueva encarnación gana un pequeño prólogo que, a menudo, me recuerda al “Fade To Black” de unos tales Metallica. La base rítmica y en especial el bajo de Alberto ganan precisamente el peso que eché en falta en su anterior encarnación. Así las cosas, aquél cambio de ritmo que comentaba en su día adquiere ahora un mayor alcance. Carlos solea a placer y todo parece funcionar como debe. Puede que esas melodías al cierre del solo arrastren consigo un cierto déjà vu. Con eso y con todo una re grabación que ha mejorado con creces al original.

Nit Fosca De L’ànima” también aparecía por el mencionado Ep de 2022. Gero traza una de las líneas de voz más altas y poderosas de todo el largo. Si bien por estructuras me resulta un corte algo más recurrente, lo cierto es que la banda desarrolla buenos detalles aquí y allá. La forma en que las distintas líneas de guitarra juegan a encontrarse en el tercio inicial del solo. La propia forma en que éste se despliega sin perder nunca esos efluvios tan clásicos. Por contra, echo en falta una producción que acentúe en mayor grado la apenas intuida carga atmosférica que se intuye. En la zona media dentro del álbum tras las sucesivas escuchas.

Exterminación” sorprende con la sequedad, casi maquinal, del riff que alimenta a las estrofas. Aquí Gero vuelve a recordarme a ciertos momentos de Tete Novoa con Saratoga. Pero el corte, con esos aires casi marciales, queda como una de las ofertas más singulares y diferentes dentro del tracklist. Que me agrada a medida que se enfanga y aprovecha para dejar fluir la cara más áspera de su forma de entender el heavy metal. Ángeles Del Infierno puede ser un nombre a recordar durante estribillos. Interesante por lo que tiene de diferente con respecto al resto de entregas.

Barrejat” es el tercero de los temas que integraban aquél Ep de 2022 y que la banda recupera ahora para mostrar su lado más cercano al speed metal más sucio y ochentero. Destral se sitúan entre la suciedad de unos nacientes Motörhead y el brillo de unos lozanos Helloween pre “Keepers…”. Con el doble juego vocal como mayor aliciente, Destral desarrollan aquí hábiles cambios de ritmo que Sigui ensambla gracias a una más que hábil línea de batería. El solo entrega una cierta épica, en cierto modo desasida del resto del corte, pero funcional en cualquier caso.

Història Sense Final” viene para poner la nota melancólica y abrochar este “Alça La Destral” recuperando aquellos aires tan Maiden que abrían el disco. Hay un riff muy Dave Murray / Adrian Smith aquí sobre el que Gero trama otra estupenda línea de voz. Muy equilibrada la mezcla de este corte final, con el bajo de Alberto adquiriendo el peso que eché en falta en canciones anteriores. Trazada con mimo desde la tibieza inicial hasta la eclosión solista de su tronco central, cierra y abrocha el primer largo de los valencianos dejando una cierta nota de distinción impregnando los seis minutos largos que marca en el reloj. Un magnífico cierre.

Es un buen álbum de heavy metal. A caballo entre dos idiomas, puede que este sea un factor que divida a quienes se acerquen de buena fe a este “Alça La Destral”. Quienes simplemente se dejen llevar por el regusto clásico que impregna buena parte del tracklist, las buenas composiciones que la banda ha dibujado (estupendo ese corte final, también “Allibera’t” o “Condenado”) o el trío que recuperan de aquél Ep de 2022. Un buen medio para acercarse a la clásica y a la vez curiosa propuesta del combo radicado en la llamada Ciudad del Turia.

Texto: David Naves

Reseña: Morgana Vs. Morgana «Kintsugi» (Autoproducción 2025)

Kintsugi” es el noveno trabajo de estudio ya para el proyecto valenciano Morgana vs. Morgana y fue editado, de manera independiente, el pasado 4 de julio. Ellos son Vicente Merodio (batería), Raúl Pagola (bajo), Javier Cortés y Zagg #3 (guitarras) y Carlos Pagola (voz). Los seis cortes que integran el trabajo fueron grabados, mezclados y producidos por Raúl Abellán “The Mixtery”, con asistencia y edición de Edu Nogués. Finalmente, Nacho Galacho se encargó del artwork.

Despacio” pronto transita por las procelosas aguas del rock progresivo. Tiende un curioso manto de guitarras leves y un tanto huidizas. Pero cuando la distorsión se abre paso y surge ese aura más Tool, uno no puede sino pensar en cómo de alargada es la sombra del combo angelino. En las líneas de voz percibo detalles que me recuerdan a otra banda que ha bebido no poco de Maynard James Keenan y cía: Sôber. Me agrada la forma en que tratan los cambios de ritmo. Esa deriva más metálica y visceral. Buena producción la que entrega este primer corte, capaz de cargar con las partes más rabiosas del estribillo, las más calmas del puente o las más recargadas del epílogo sin perder un ápice de sonoridad y equilibrio. Interesante y conciso primer corte.

Hoy Seré Yo”, que arranca desde la más pura calma, representa la cara más elegante de estos Morgana vs. Morgana. Hay un cuidadísimo tratamiento de las guitarras. También del bajo de Raúl Pagola, que dibuja líneas sin florituras pero concisas. Medio tiempo de aires melancólicos, con Carlos cantando en tesituras altas sin mayores problemas. Y aunque aquí y allá quepa alguna rima algo forzada, me agrada de nuevo el sonido que consiguen conforme la composición abraza una mayor gravedad. Todo se cierra con un contundente pero bien adornado crescendo final. El juego entre canales que la mezcla otorga a las guitarras, el desgarro de Carlos al micro. Incluso ese deje algo más atmosférico. Trazo cuidado, buenas ejecuciones y producción impecable.

Así las cosas, el tema título “Kintsugi” abraza una mayor visceralidad. Algunos riffs me recuerdan, lo que son las cosas, al eternamente polémico “St. Anger” de unos tales Metallica. Lo interesante aquí es el modo en que Morgana vs. Morgana conjugan ese mayor nervio con momentos de una mayor melancolía, como queriendo seguir donde lo dejase la anterior “Hoy Seré Yo”. Hay una cuidada línea de batería por parte de Merodio, voces rotas y desgarradas en un puente de puro metal contemporáneo, así como un tramo final de metal musculoso y tajante. En cuanto a duracón corte más rácano de los seis, pero hábil a la hora de descubrir la faceta menos edulcorada de los valencianos.

Por alguna razón, siento a la banda más cómoda en el registro más enrevesado y proggie de “Adornos”. Quizá por lo mucho que me gusta su riff inicial. O por la forma en que este conduce hasta las primeras estrofas. En ellas parecen buscar un groove más marcado. Caben buenos detalles desde el bajo de Raúl Pagola, así como otra interesante línea de voz de Carlos. Pero lo que me agrada es ese trazo retorcido y enrevesado. Ahí la banda parece haber dado rienda suelta a todas sus inquietudes, transitando de la furia a la calma (y viceversa) con total naturalidad. El de Soen es un nombre que acude de forma recurrente siempre que la composición alcanza el puente (pienso en cortes de los suecos como “Antagonist” o “Martyrs”) y aunque los valencianos ni alcancen ni busquen iguales niveles de dramatismo, sí que ofrecen una visceralidad y un nervio de ningún modo desdeñables.

El de “Sait-On Aimer” puede ser el arranque más Tool de todo el álbum. Y, de algún modo, me recuerda también a mis paisanos de Honara. Carlos Pagola está magnético en las primeras estrofas de este rock bitonal y elegante. No obstante la banda se permite aquí un pequeño puente que, en cierto modo, viene a contrastar con el resto de composiciones dentro de este “Kintsugi”. Por ahí, y gracias a ese avanzar más a medio gas, “Sait-On Aimer” acaba siendo un corte de gran personalidad dentro del tracklist. Y si bien las partes más embrutecidas me chirrían algo más ahora y la letra pierde algo de brillo al volverse más abrupta y visceral, lo cierto es que siempre me termina enganchando.

La final “Crisálida” funciona gracias a uno de los riffs más frontales de todo el disco. En un álbum caracterizado por el cuidado que la banda ha puesto en la creación de riffs, sorprende ese muro de sonido planteado de inicio. Pero ellos pronto transitan hacia su habitual metal a medio camino entre el progresivo y lo alternativo. Y de camino a estribillos, de hecho, aparecen líneas de guitarra con un gancho de mil demonios. Pero Morgana vs Morgana casi nunca transitan el camino recto y es de agradecer el modo en que cuidan la escritura en cortes como este. Elegante puente central mediante, esta última oferta de “Kintsugi” funciona a la vez como broche y resumen del propio disco. Especialmente con esos registros más rotos previos al epílogo. Un buen cierre…

… y una buena adición para todo fan del rock / metal progresivo de nuevo cuño. La herencia Tool es clara e innegable pero la banda ha sabido matizarla a través de composiciones (casi) nunca predecibles e interpretaciones, en el mayor de los casos, de buen nivel. La buena producción, la diversidad en cuanto a voces y tonos, me funciona. Aquí y allá hubiese deseado una mayor presencia solista. Por contra, el nivel en cuanto a riffs me parece bastante alto. La base rítmica soporta y remata los temas sin tampoco perderse en florituras innecesarias. Y entre unas cosas y otras, encuentro bastantes asideros en este último trabajo de estos veteranos valencianos. La veteranía es un grado, desde luego.

Texto: David Naves

Crónica: Iron Maiden (Madrid 5/7/2025)

Otra fecha de esas que llevas apuntadas a fuego desde meses atrás, esta vez la Doncella de Hierro, con su gira ”Run For Your lives” con única parada estatal en el coliseo colchonero.

Esta vez el medio de transporte elegido fue el autobús, viaje organizado con salida desde la capital del Principado y con caras conocidas de nuestra escena, como Pirri, de Escuela de Odio, al que mandamos un saludo desde estas líneas al igual que a Nuria. Con paradas varias nos soltaron a eso de las 14.30 horas en el parking del estadio del Atleti y sálvese quien pueda de ese clima subpajariano. Dos fueron los refugios con aire acondicionado que nos buscamos hasta la hora del show, el primero, famosa cadena de hamburguesas cuyo nombre empieza por M y termina en Donald’s y de segundo nuestro oasis particular (había varios) llamado “El Gran Escenario”, pub/restaurante en la parte baja del Metropolitano con el añadido (amén del aire acondicionado) de supuestamente tocar una banda tributo a los propios Iron Maiden, que tocaron de todo excepto un par de temas de los británicos, pero que sirvió para amenizar la espera.

Ya dentro y posicionados en nuestros sitios tras previo intercambio de saludos con dos ilustres que visitarán en breves semanas el escenario corverano de El Llar, pudimos ver a los suecos Avatar. La elección de Harris con los teloneros daría para vídeo largo en Piratas de Libertalia, en fin, a Johannes Eckerström y los suyos no se les puede negar empeño y actitud junto con una propuesta que les lleva años funcionando gracias a temas como “The Eagle Has Landed” o “Hail The Apocalypse” con el que cumplen a la perfección su cometido de calentar el ambiente.

Tras una espera corta en tiempo y larga en impaciencia suena el “Doctor Doctor” de UFO, sinónimo de comienzo de show, y ya la locura se desata con “The Ides Of March”, instrumental que sirve de antesala para una tarde/noche llena de himnos. Homenaje o no, en esta gira Harris y cía rescatan varios temas de la época de Paul Di’Anno, destacando “Phantom Of The Opera” por encima del resto. El sonido de los primeros cortes no hicieron justicia a un evento de tal magnitud. Un debe, que por crónicas varias se le achaca al recinto rojiblanco y que al estar en la comunidad que están y en el país que estamos, pues no ponen mucho empeño en solucionarlo. Pero eso si, tu entrada a precio de oro y las consumiciones dentro del recinto y del estadio más elevadas que los intereses de un préstamo online, eso que no falte.

Con la cartera más vacía, pero ilusión intacta disfrutamos del icónico intro de “The Number Of The Beast” que hizo rugir a los 55.000 presentes, seguido de “The Clairvoyant” y “Powerslave”. La siempre resultona “2 Minutes To Midnight” dio paso a uno de los grandes momentos de la noche, “Rime Of The Ancient Mariner”, casi 14 minutazos que se vivieron con éxtasis total en las gradas. El sonido ahora si acompañaba, junto a un fondo de pantalla donde nos hacia navegar a la par de los británicos. Brillante Bruce, como brillante la parte instrumental de uno de los mejores temas de la historia de Maiden.

Run To The Hills”, todos a cantar como locos y el que no lo hiciera es que no le riega bien la sangre, para de seguido disfrutar de otra magnánima pieza, “Seventh Son Of A Seventh Son” con otra proyección impresionante, y la dupla Dave Murray/Adrian Smith colosales. Lo digo ya, el día que esta gente pare va a dejar un vacío enorme. “The Trooper” hace que vuelva a rugir el Metropolitano, momento para mencionar a Simon Dawson, novedad tras un kit de batería menos vistoso de lo acostumbrado con Nicko McBrain pero igual de efectivo. Nadie tenia dudas que Harris pondría ahí alguien a la altura, Simon lo está y lo demostró a lo largo del concierto. Durante esta canción exigente, pudimos ver la figura de Eddie vestido de soldado y un Bruce enérgico ondeando la bandera inglesa y un pequeño momento la española.

Otro gran momento de la noche, “Hallowed By Thy Name”, con un Bruce Dickinson encarcelado hasta que “consigue “ escapar y un estadio en pie ante glorioso momento que estábamos viviendo, por lo que no debo ser el único al que este tema le vuelve loco. Son estos momentos que aunque hayan pasado días, los recuerdo y ninguna palabra, ningún trozo de vídeo me ayudan a describir las sensaciones vividas en ese instante. Después de semejante ejecución, cualquier canción queda descafeinada, así fue, la homónima “Iron Maiden”, a pesar que el Eddie de la pantalla estuvo muy guapo, sirvió de tregua y hacer un pequeño parón para encarar el final.

Y vaya final, un pequeño silencio da paso al preludio “Churchill’s Speech” y locura general con “Aces High”, acompañado por Eddie pilotando su avión tras la pantalla, consiguiendo otro momentazo descomunal. Una vez alguien dijo que “Fear Of The Dark” era la peor canción de Maiden o la más sobrevalorada de su discografía. Sin entrar en debates estériles, y si el susodicho estuviera presente, pues 54.999 almas demostraron esta noche que no opinan lo mismo. Cantaron como si no hubiera fin un estribillo tan facilón como efectivo y emotivo y que cada vez que suena en un concierto es un momento mágico de unión entre público y banda. También lo podría conseguir la denostada “Bring Your Daughter To The Slaughter” pero ya son muchos debates por hoy.

Cierre a una velada gloriosa con “Wasted Years” y un pletórico Janick Gers, gloriosa pese al sonido inicial, indigno para un evento de semejante magnitud, que fue de menos a más gracias al buen hacer de los británicos y de un buen puñado de temas que hacen disfrutar al más sosaina, ya que son historia del heavy metal y forman ya parte de nuestras vidas. Esperando ansiosamente la siguiente fecha, porque vuelvo a insistir en otra crónica, poco nos queda ya….

Texto: José Miguel «Lago«
Fotos: Facebook Iron Maiden

Reseña: War Dogs «Only The Stars Are Left» (Fighter Records 2024)

Segundo largo para los heavies ilicitanos de War Dogs, la banda que forman Alberto Rodríguez en guitarra y voces, José V. Aldeguer en batería y teclados, Manuel Molina al bajo y Edu Antón en guitarras. “Only The Stars Are Left” se compone de un total de diez temas grabados durante la primera mitad de 2024 y posteriormente mezclados y masterizados en Wizard Tower Studios por el Seven Sisters Kyle McNeill (Destral, Chantrice, Oath…) y al que adornanel diseño de Ana Skie y la pintura “El Caballero En La Encrucijada” (Knight At The Crossroads) del pintor ruso Víktor Vasnetsov. En la calle vía Fighter Records desde octubre del pasado año.

Fugaz “The Hour Of Fate”, introduce con pulso breve un álbum no precisamente escueto. A la elegancia que portan sus guitarras acústicas, War Dogs contrapondrán una “The Prosecution” donde todos sus cilindros parecerán en funcionamiento. Primero porque el riff que han dibujado para este primer corte tiene un gancho de mil demonios. Segundo porque sorprende ese inicio a medio gas, ese metal apaciguado revestido de una cierta épica en su caminar tímido y casi aletargado. Para cuando llegan las estrofas ya se vislumbra la cara más trotona de los ilicitanos y en el momento que la composición alcanza el estribillo, todo parece en su sitio. Tras el micro, Alberto Rodríguez comanda sin excesos y el bajo de Molina no podría evocar más a Steve Harris. Sí, la sombra de la Doncella sigue siendo alargada en la banda. También los buenos solos y el saberse más que conscientes de sus virtudes y también de sus limitaciones. Estupenda dupla inicial.

Riff mediante, “Riders Of The Storm” ahonda en ese parecido con Iron Maiden. El punto a favor viene a través de un desarrollo que parece empeñado en desligarse de la banda británica a fuerza de insuflar a las distintas ejecuciones un aire más a lo Riot o Brocas Helm. Cirith Ungol incluso en los momentos más pasionales. La banda dibuja entre medias buenos riffs, acompaña con certeros cambios de ritmo y, si algo echo en falta ahora, es una mayor presencia de Molina en la mezcla. Su bajo se diluye en la mezcla y este tercer corte pierde por ahí algo de empaque. Pero cuando emerge la sección solista, con el hábil duelo entre ambas guitarras, War Dogs están mostrando su mejor cara.

La más tranquila “Heaven’s Judgement” agiganta esos dejes épicos que “Riders Of Storm” entregaba a cuentagotas. Parte de un inicio calmo y reposado donde ya se deja intuir ese carácter tan grandilocuente como añejo. Su cambio de ritmo conduce hacia otro riff repleto de gancho. Clásico corte que irá ganando peso conforme transcurran las escuchas, plantea sobre esa épica desgastada un interesante juego de contrapuntos entre guitarra y voces en alguna de las estrofas más hábiles de todo el largo. El estribillo, y la forma en que se acompaña de los distintos coros, de nuevo trae a mi memoria a los neoyorquinos Riot, mientras que el solo que ocupa el centro mismo de la composición resulta más que notable.

Astral Queen” pone a trotar a los valencianos. Consiste en un heavy metal mucho más evidente y directo. También disfrutón. Alberto Rodríguez de nuevo estira su registro sin excesos innecesarios, manteniéndose en tonos donde se encuentra a gusto y obviando cualquier impostura. La firme batería de Aldeguer acompaña apenas sin pausa a uno de los cortes que, probablemente, no fallará en sus directos. La sección solista, resultona, vistosa incluso, termina por redondear la apetecible oferta.

Fallen Angel” contrarresta ese vigor con su avanzar pesado y arrastrado. Siempre dentro de los finos márgenes del género pero sin que ello signifique perder ni un ápice de identidad ni tampoco de carácter. En parte porque el riff de sus cuidadas estrofas brillará con luz propia. Sobre el papel ofrece un trazo más evidente, lineal incluso, el disco atraviesa por su vertiente más clásica, pero se elevará finalmente gracias al fenomenal solo que precede al epílogo.

Vendetta”, que la banda entregó como adelanto del álbum, recupera el vigor de cortes anteriores para acometer un heavy metal que, en un primer término, derrocha tanto vigor como clasicismo. Alberto Rodríguez entrega sus tonos más épicos aquí y el hecho de que uno de los cortes más extensos del disco fuese elegido para su traslación al terreno del video lyric tiene mucho de declaración de intenciones. Salta a la vista cuando uno oye los buenos solos doblados que han dibujado aquí. También el más neoclásico que irrumpe a continuación y que debería hacer las delicias de todo buen amante de los guitar hero más al uso. El epílogo, que recupera aquél riff del inicio y lo alimenta de ese trotar tan característico, remata una de las ofertas más redondas de este segundo trabajo.

Only The Stars Are Left” sorprende con ese inicio calmado y tranquilo. War Dogs traman inicialmente una balada que pronto transige hacia su vena más clásica. Trotan el riff y Aldeguer con él para proponer otro corte con clase y al que tampoco le falta gancho. Me gustan las melodías que acompañan a Rodríguez durante estribillos. También la forma en que las guitarras se doblan más adelante. Y en estos tiempos de solos fugaces que parecen avergonzarse de sí mismos, qué gran placer produce encontrarse con la vasta sección solista que la banda propone aquí. Extenso, hábil y memorable en toda la extensión de la palabra, apoyado por un firme doble bombo en distintas fases del mismo y desde ya uno de los grandes hallazgos del trabajo al que da nombre.

The Seventh Seal”, cuya narración inicial remite directamente al clásico sueco de culto “Det sjunde inseglet” de Ingmar Bergman, recurre a un heavy metal fogoso y atractivo, trotón en su base rítmica y donde se suceden riffs que ganan en gancho lo que pierden en solidez. Por ahí me engancha el solo que circunda su tronco central, especialmente cuando ambas guitarras juegan a encontrarse en un vistoso juego del gato y el ratón. Tan evidente y clásica como eficaz.

Para el final queda una “The Vengeance Of Ryosuke Taiwara” donde el tópico dirá aquello de que los chicos han puesto aquí todo su empeño. Es la oferta más extensa del álbum y, como tal, resume muchas de las influencias que han alimentado a los cortes precedentes. Vuelven aquellos coros tan Riot de “Heaven’s Judgement”, Alberto Rodríguez sorprende con la que quizá sea la interpretación vocal más ambiciosa de su trayectoria y la banda se permite incluso un pequeño oasis de tranquilidad con cierto regusto a Queensrÿche. Ese puente tranquilo y el crescendo que, solo mediante, la composición va dibujando camino del epílogo, se me antojan el broche perfecto a este segundo trabajo de los ilicitanos.

Orgullosos representantes dentro de nuestras fronteras de eso que algunos han dado en llamar “New Wave of Traditional Heavy Metal”, War Dogs parecen no estar para experimentos. Y sin embargo la sensación que queda es la de que la banda ha dado un paso de gigante desde aquél “Die By My Sword” de 2020 (reseña). Esto sigue siendo metal clásico, de toda la vida, pero los chicos parecen mucho más conjuntados y seguros ahora, evidenciando cómo el obligado rodaje les ha ido convertiendo en mejores músicos y, a tenor de temas como “Vendetta” o “The Prosecution”, también mejores compositores. Atravesado además por solos de gran mérito, (fantásticos los de “Only The Stars Are Left” o “The Vengeance Of Ryosuke Taiwara”) y con un Alberto Rodríguez cada vez más seguro en su desempeño tras el micro, la banda tiene motivos más que suficientes para estar satisfecha.

Texto: David Naves

Reseña: Unbounded Terror» Something Is Rotten In Humanity» (Xtreenm Music 2025)

Bajo el título de “Something Is Rotten In Humanity” se esconde el cuarto trabajo de los legendarios death metaleros baleares Unbounded Terror, la banda del guitarra y voz Vicente Payá (Bis•nte, Golgotha, Holycide…), el bajo y voz Andrew Spinosa (In War, ex Goreinhaled, ex Eveth), el guitarra solista Ancor Ramírez (ex Archantia, ex The Hole) y el batería Engelbert Rodas (Inbreeding Sick, ex Melting Flesh, ex Sickness…) como más reciente fichaje. Con el propio Payá ejerciendo de productor, con mezcla y master del Antropofagus Davide Billia (Avulsed, Putridity, Ural, Vomit the Soul…) y artwork de Juanjo Castellano (Æolian, VoidCeremony, Barbarian Swords, Revel in Flesh, Obscure Infinity…), el álbum vio la luz el pasado primero de abril vía Xtreem Music.

Fear Of Dying” arremete sin introducción ni distracciones de ningún tipo, colisionando la cara más melódica de estos Unbounded Terror con esa más rotunda que conforma las primeras estrofas. Hay cambios de ritmo aquí que me recuerdan a unos viejos Incantation. También un Payá en su acostumbrado registro hosco y mezquino. Puede no ser el corte de los diez que más llame mi atención en cuanto a riffs. Por contra, el trazo y los mencionados cambios de ritmo siento que funcionan.

La producción es deliberadamente sucia, lo que no implica que unos instrumentos alcancen más protagonismo que otros. “Destiny Of Evil”, corte más rácano en cuanto a duración del álbum, representa la cara más nerviosa y a la vez lacerante del cuarteto. Un death metal descosido, entrecortado por estrofas pesadas, a puro doble bombo, y de lo más efectivas. Remata Ramírez con un estupendo solo de guitarra en su tramo final. Lo bueno si breve, a veces, ya saben.

Un corte que brilla con luz propia dentro de este cuarto trabajo es “Demons In Your Mind”. Y lo hace sin abusar de un metraje excesivo. Ni siquiera cuatro minutos para una entrega de arranque marcial, estrofas machaconas y más que notable nivel técnico. Sí que brilla ahora la gama riffera. O al menos esa impresión tengo mientras Engelbert percute incansable desde el doble bombo. Teclados mediante, el tronco central torna de pronto en sinfónico, ofreciendo por ahí una cara más grandilocuente, también más ominosa, del cuarteto con base en Palma. Lo rotundo del solo que sigue, amén de ese final entre lo febril y lo marcial, la han convertido en una de mis favoritas.

Reviving”, que fuera otro de los adelantos, quiebra el ritmo del álbum con su pequeña introducción para después fiar todo a un death metal directo y sin concesiones. De nuevo plagado de ágiles y rotundos cambios de ritmo en los que el registro de Payá parece más oscuro que nunca. Me gustan los riffs que surgen como engarce entre estrofas y el tono más oscuro que la banda está desarrollando aquí. También ese puente más desnudo en que sobresale el bajo de Espinosa y el buen solo que entrega Ramírez. Algo encorsetada, apenas alcanza los tres minutos y medio, pero una entrega ágil y con personalidad dentro del largo.

Me gusta la manera en que “Inside Death” juega a alternar a los Unbounded Terror más violentos con los más marciales y machacones. El riff en que se apoyan esas partes a puro doble bombo puede pecar de cierta simpleza. No así los que irrumpen a continuación conforme la composición abraza entornos más retorcidos y laberínticos. De resultas de ello pudiera dar la impresión de que esta es una entrega algo descompensada. En cualquier caso me agrada la construcción del puente, también el solo que la banda ha introducido ahí. Y si bien de camino al final todo es más o menos predecible, tampoco puedo decir que me desagrade.

The Disappointment” echa mano de un riff de lo más rompecuellos al comienzo. Tan simple como efectivo, casi da la impresión de estar muy pensado de cara al directo. Luego la composición va alternando en ritmos e intensidades, construyendo una de las entregas más diversas de este “Something Is Rotten in Humanity” y, pienso, ofreciendo la mejor cara de la banda, que remata con un ágil juego entre voces previo al primer puente. En él vuelve a surgir un solo bastante pintón. Se podría decir que la banda no decepciona aquí. Tampoco la producción del propio Payá, que continúa en el punto justo de suciedad y crudeza.

Divine Virtue” regresa a esos ritmos casi marciales de cortes como “Demons In Your Mind” para terminar convertida en una de las entregas con más gancho de entre las diez. Cuestión esta que, intuyo, propició que fuera elegida como otro de los adelantos. La composición en cualquier caso no obvia los muchos tics de la banda: los violentos cambios de ritmo, la cuidadosa selección de riffs y esa voz tan oscura de Payá. Pero si hay alguien que siento brilla aquí ese es Engelbert tras los parches. Tanto a la hora de imprimir velocidad a la composición como cuando ha de amalgamar los distintos cambios de ritmo que se van sucediendo. ¡Brilla incluso bajo el solo de Ramírez! Ni que decir tiene que otra de mis favoritas.

Y no es que “Believing Again” me desagrade pero sí que puede que el disco acuse aquí cierta repetición de patrones. Con eso y con todo, los riffs que acompañan a las estrofas van sobrados de gancho, amén de estar apoyados por una más que correcta base rítmica. Pero entre alguna transición algo desangelada y unas partes más veloces que no alcanzan todo el punch que me gustaría, puede que este octavo corte amenace con descarrilar. Que si no lo hace es en parte por el toque más atmosférico que aporta Ramírez durante el solo y ese epílogo fibroso y contundente.

El riff que adorna al prólogo de “The Evil Cause” puede ser el más llamativo de todos cuantos se dan cita en este cuarto trabajo de los baleares. La banda lo irá alternando con dejes más clásicos y, por ahí, irá construyendo un corte que gana en personalidad aquello que pueda perder en gancho y empaque. Instrumental a mayor gloria de las muchas habilidades de Ancor Ramírez, crece de tanto en cuanto abraza un tecnicismo más acusado durante su tramo final.

El bonus track “I’m A Freak”, versión de los psicodélicos de Northampton Wicked Lady, actualiza y embrutece el original de 1972 para pasmo de los fans del trío británico. Ramírez, en consecuencia con aquella, se da un verdadero festín solista aquí. Y mientras que esta desoye el avance más tendido del original en pos de un trote muy a la Motörhead, finalmente procura un curioso divertimento a aquellos que tengan a bien obtener la edición en CD del álbum.

Puede que algo esté podrido en la humanidad pero los terroristas baleares siguen tan en forma como siempre. Es más lo que me agrada que aquello que me decepciona dentro de este cuarto trabajo. Cortes como “Demons In Your Mind”.o “Divine Virtue” tienen madera de clásicos para ellos. Y aunque aquí y allá encuentre riffs un tanto por debajo de la media, o alguna que otra transición me resulte más mecánica de lo que me gustaría, en líneas generales esto sigue siendo old school death metal con todas las de la ley. Que no es poco.

Texto: David Naves

Reseña: Moonloop «Fate In Motion» (Autoproducción 2024)

Es el primer disco en siete años para las huestes progresivas barcelonesas Moonloop y no viene exenta de cambios, siendo este “Fate In Motion” el primero en contar con Nacho Ruiz en guitarras y Marc Contel al bajo. Aquí siguen no obstante el batería Raúl Payán y el voz, guitarra y teclados Eric Baule. Con las colaboraciones de Christian López (Humash) y Pablo Selnik, Eloi Boucherie sería el encargado tanto de mezcla como de masterización en Farm Of Sounds. Con foto de Cody York para la portada y layout de Jose María Baulenas, el álbum vio la luz en agosto del pasado 2024.

Onírica la forma en que nos recibe el tercero de los catalanes. “Cosmic Matter” propicia un arranque tendido y elegante, pausado, donde en un cuidado crescendo se van sumando elementos hasta desembocar en unas primeras estrofas limpias y distinguidas. Hay ecos del progresivo más elemental en esa inicial línea de voz. También una producción que sabe equilibrar los distintos elementos, otorgando el protagonismo adecuado a cada instrumento. En el momento en que todo se enturbia y acuden los Moonloop más crudos, la banda nunca pierde el foco, mostrándose tan tensa como técnica. Hay ramalazos de los mejores Cynic en esa confrontación entre riffs gruesos y voces limpias, así como un elegantísimo solo anticipando el epílogo. Un gran comienzo y, con razón, una de las cartas de presentación de este “Fate In Motion”:

Mask” no descabalga de esos Moonloop más intensos, mostrándose en estas primeras estrofas cierto parecido a los discos más recientes de Ihsahn. Mucho adorno guitarrero en estas estrofas, que culminan en otro estupendo solo de guitarra. La base rítmica brilla después en apoyo de la faceta más espacial de la banda. Si bien esta se trata de una composición un tanto encorsetada, los de la Ciudad Condal nunca descuidan su buen hacer como músicos. Hay mucho a lo que agarrarse en este segundo corte si lo tuyo son los riffs retorcidos y las buenas melodías. Por ahí me gustan los buenos dibujos que deja el bajo de Contel sobre el incansable doble bombo de Payán, amén de ese final a lo Gojira que proponen.

New Dark Reality” arranca casi donde lo dejara su predecesora, mostrando a unos Moonloop retorcidos y pesados. Tras alguna de las estrofas mejor construidas de todo el trabajo, la banda traza un metal progresivo que, de nuevo, se muestra como un prodigio de equilibrio con el agrio registro de Baule. El corte opta luego por un metal más vibrante y descosido. Ahí echo en falta una base rítmica con algo más de presencia. Un bajo que, en las partes más rotundas, tenga tanto peso como en aquellas en que las revoluciones bajan y brillan Ruiz y Baule a las guitarras. Sea como fueren eficaces las melodías que han tramado para este tronco central, también el solo que precede al epílogo. Otro de los cortes que viene a hablar para bien de las ambiciones del cuarteto.

Hay algo en “Awaken” que suele hacerme pensar en Mastodon. Y no es que la banda haya adoptado aquí postulados más cercanos al de sus compañeros estadounidenses, pero ciertamente hay detalles en cuanto a guitarras que a menudo me recuerdan a la dupla Brent Hinds & Bill Kelliher. Moonloop de nuevo se contorsionan a placer, llevando la composición de un lado a otro, fluctuando entre la potencia y esa encarnación más espacial en la que parecen tan cómodos. Hay una estupenda labor de Payán en baterías. Tanto en las partes más tendidas como en aquellas donde las revoluciones se van hasta la zona roja. En las más tranquilas, la mezcla aúpa el bajo de Contel y éste entrega alguno de sus mejores dibujos de todo el largo. Me agrada ese solo doblado del puente central. El poso un tanto alucinado que entrega. La parte final, para gozo de los más puristas, son Moonloop dejando aflorar su vertiente más técnica. Hay guiños ahí que me recuerdan a los tristemente desparecidos progresivos vascos Continuo Renacer. También a gente como Noneuclid o Alakaloid. Ni que decir tiene que otra de mis favoritas.

Arrival”, cuya letra (“From outer space, they have arrived. Now hear their call, they have arrived”) siempre me lleva a pensar en la fantástica película del mismo nombre dirigida por Denis Villeneuve en 2016, parte de hecho desde uno de los prólogos más espaciales de todo “Fate In Motion” para después trazar una de sus ofertas más y mejor equilibradas. Unas primeras estrofas entregan a los Moonloop más tranquilos, que contrastarán con los más brutos y ennegrecidos que emergen después y colisionan finalmente con esa (inevitable) vertiente más técnica. A caballo entre sus muchas variantes, Contel deja una línea de bajo realmente diabólica. El de los Cynic más recientes parece un nombre de mucho peso conforme la composición se arrima a su final, con un Christian López brillando en los solos. Otra gran adición al álbum.

Garghoul”, entrega más rácana en lo que a duración se refiere, ofrece ahora a unos Moonloop más oscuros. Agrios incluso. Un rápido descenso a los infiernos que no olvida su cara más técnica, si bien esta no alcanza aquí los niveles de excelencia que le otorgan otros cortes de este tracklist. Con eso y con todo hay un buen solo en su tronco central, una batería que vuela por momentos y un Contel tan efervescente como de costumbre. Igual no la más memorable de las siete pero igualmente válida y funcional.

Portal”, que supera la barrera de los trece minutos, viene precedida del prólogo más asentado en el prog metal clásico de todos cuantos han propuesto aquí. Luego en sus guitarras hay cierto aroma al Petrucci más reciente, que se desvanece toda vez acuden las abruptas estrofas. Ahí brilla Baule en su registro más oscuro. Me agrada la forma en que la banda mantiene siempre presente esa esa negrura tan pronunciada. También la forma en que han casado la flauta alucinada de Pablo Selnik con el curioso solo de Nacho Ruiz. Para cuando regresa el propio Selnik, lo hará en una línea mucho más clásica, que recuerda (vagamente) a King Crimson, y da paso a un puente reposado y atmosférico. Me agrada el cambio de ritmo que procura la salida de esa calma. También las distintas voces que ha tramado Baule aquí. Para cuando las revoluciones vuelven a bajar y regresa por última vez la flauta de Selnik, no puedo evitar acordarme de los primeros discos de Steven Wilson en solitario. Muy especialmente el fantástico “Grace For Drowning”. Un cierre a la altura de un gran tercer disco.

Lo pienso así. Son siete los años que han transcurrido desde el fenomenal “Devocean” y la sensación que queda es la de que la banda ha pensado y repensado estos siete cortes. Buenas canciones, buena producción y unas ejecuciones a la altura. Atrás quedan aquellas (injustas) comparaciones con los Opeth de Mikael Åkerfeldt. Si tuviera que resumir “Fate In Motion” con una sola palabra, esa sería “equilibrio”. Porque se suceden las escuchas y siento que nada falta ni nada sobra. Que todo está donde debe. Un tercer trabajo que habría de confirmarles de una vez como la banda puntera que realmente son.

Texto: David Naves

Reseña: Scarecröw «I» (Autoproducción 2024)

A finales del concluido 2024 veía la luz nuevo material de los metaleros gallegos Scarecröw, esta vez en formato EP, abarcando cuatro cortes mezclados y masterizados en Arcay Sound–Mix & Mastering. Integran la formación que ha grabado el mini Roberto Pazos en baterías, Diego Freire al bajo, Luis Diz, Ernesto Montero y Ramón Diz en guitarras y Carlos Barreiro en voces.

Crazy Karma” se eleva desde el silencio, lo primero para evidenciar la acomodada producción del álbum. También los pulsos clásicos y el agudísimo registro de Barreiro. Sus estrofas tienen un gusto clásico que bien podría recordar a los murcianos Hitten. Salvando las distancias. Porque puede que al estribillo le falte algo de gancho. Ello no quita para que el trabajo de la triada guitarrera de los gallegos acompañe con buenas melodías allí donde más lo requiere este tema apertura. Servidor, chapado a la antigua para lo bueno y lo malo, habría ejecutado el solo justo después del puente y no detrás de otra repetición del estribillo. Manía o simple cuestión de costumbre.

Red Wine Rain” parte de una intro de sabor muy Iron Maiden para después transitar hacia un medio tiempo elegante y bien trazado. Superado ese prólogo, la banda redirige hacia un power / speed metal que me suele recordar a unos Blind Guardian pre “Nightfall In Middle-Earth”. Metal vibrante, que abraza por igual el power y el heavy metal más clásico, con Barreiro mostrando ahora una mayor versatilidad de registros y la producción acompañando de buenos coros los estribillos. Un corte que brilla por las alternancias que porta su trazo, sabiendo conjugar los distintos ritmos sin que nada suene forzado ni antinatural. Rematan con un buen solo el que puede ser sin mucho esfuerzo el corte más redondo, por diverso, de todo “I”.

Falling In Love”, ahora con Barreiro en tonos algo más rasgados, van ahora en una onda más Accept. Unos Scarecröw más pesados, acompañando su metal clásico con una cierta cercanía a las fronteras del hard rock. El riff, si bien sencillo, no deja de tener su gancho. Y aunque por trazo no sorprenda en la medida en que lo hacen otros cortes dentro del EP, cabe destacar la buena línea de batería que dibuja ahora Roberto Pazos. Da cumplido soporte a la composición al tiempo que impregna de buenos detalles los estribillos. Agradable aunque formal. Siento que echo en falta algo más de picante en esta tercera entrega.

Más metálica, lindando incluso con el thrash, “Fear Glows In The Dark” conduce después sin embargo hacia posiciones mucho más power. Desarrolla entonces el sexteto una cierta épica, seguida de unas estrofas, trotonas y agradables, que lo mismo pueden recordar a Iced Earth que a Primal Fear. Barreiro, claro, está cantando altísimo en estribillos, y el trazo de este último corte vuelve a destacar por ágil y diverso. Hay un buen solo durante el puente, finiquitado por un buen uso de las guitarras dobladas, y que bien merecía algo más de espacio y desarrollo. En cualquier caso, un corte que sirve a Scarecröw para cerrar ofreciendo su cara más contundente.

La paleta de influencias que manejan parece amplia y, por ahí, uno le va encontrando las cosquillas a este “I”. Primer Ep de su carrera, los chicos debutaron en 2022 con el largo “Twenty Years Ago”, supone un ejercicio de metal clásico, producido con gusto y adornado por una más que correcta labor en lo técnico. En apenas diecisiete minutos cuesta hacerse una idea global de la banda, pero “Red Wine Rain” ofrece por sí sola motivos de sobra para confiar en cuanto esté por venir.

Texto: David Naves

Crónica: Judas Priest (Resurrection Fest / Bilbao 25-30/6/2025)

Doble cita con una de las bandas más longevas y legendarias de nuestra escena metalera y que por ley de vida, encara su recta final tras 56 años en activo. No se sabe nada de su futuro, viendo estos dos conciertos da la sensación que todavía quedan Judas Priest para algo más, pero la edad de algunos de ellos invita a pensar que poco nos queda por disfrutar de los sacerdotes de Birmingham. De ahí el desplazamiento el miércoles 25 de junio a Viveiro dentro del Resurrection Fest, y el lunes 30 al Miribilla Arena de Bilbao, donde actuaron junto a Phil Campbell & The Bastard Sons, que cumplieron con su papel manteniendo vivo el espíritu de Lemmy con “Born To Raise Hell” y “Ace Of Spades” entre otras.

Pero lo importante era lo importante, si. Había más alicientes aún para ver a las huestes de un grandísimo Rob Halford, 35 años del legendario disco “Painkiller”, casi nada. Y así empiezan, “All Guns Blazing” y “Hell Patrol” para disfrute de los que consideramos este disco como obra culmen en su carrera. El setlist en ambos shows fue exactamente el mismo y en mismo orden, y si mañana tuviera otra oportunidad de verlo exactamente igual, lo vería sin dudarlo. Porque Halford y compañía están en un gran estado de forma, con un Richie Faulkner protagonista y parte muy importante de que Judas estén todavía en activo. A eso le añades temas emblemáticos como “You’ve Got Another Thing Comin’” o una acelerada “Freewheel Burning”, apoyada por unas imágenes llamativas tras la pantalla de fondo, hacen vibrar a sus fieles. Fieles que en el Resu estaban en inferioridad numérica, se notó en la frialdad del ambiente en contraste con el concierto de Bilbao que pese a ser mucho menos numeroso en asistencia, si hubo ese calor y feeling entre público y banda.

Llamativo que el quinto corte del repertorio sea “Breaking The Law”, solía ser un tema casi siempre de final de show, pero ahí está, ahí te lo espetan y como no, ahí lo disfrutamos. Resaltando que en Viveiro quizás haya sido el momento más eufórico del concierto por parte de los asistentes, con pogo incluido. Que sea uno de los hits repetitivos dentro de la radio de nuestra conferencia de “priest” españoles quizás ayuda algo.

Vuelta al emblemático “Painkiller”, ahora turno de “A Touch Of Evil” y “Night Crawler” y vuelvo a destacar la figura de Faulkner, ejecutando unos solos precisos, fiel a las notas originales y acompañado de un cada vez más protagonista Andy Sneap. Uno de los mayores aciertos de Tipton y Halford, ya que ambos guitarristas mantienen viva la llama de los Judas tanto en directo como en estudio. Recordad, que Sneap es a su vez productor de la banda en los dos últimos discos. Concretamente de estos últimos trabajos, en esta gira rescatan de su más reciente “Invincible Shield”, “Gates Of Hell” con un Richie Faulkner brillante y “The Serpent And The King” donde Ian Hill parece sobresalir dentro de su papel secundario pero imprescindible en la historia de los británicos. Quizás sea también culpa del sonido, que fue casi perfecto en el Resu donde por momentos el bajo sonaba potente y no tanto en el Miribilla donde pasó más desapercibido. Y última bala de este disco, la emotiva “Giants In The Sky” que sirvió de homenaje a los caídos, de fondo se podían ver a Dio, Lemmy, Eddie Van Halen, Freddie Mercury, Chris Cornell o Jill Janus de The Huntress, entre otros y que terminó con gran ovación en ambos lugares.

Intercalado entre estos temas también sonaron “One Shot At Glory” y “Between The Hammer And The Anvil” para llegar al momento de la homónima de las homónimas, momento de otra pieza clave dentro de los Judas. Scott Travis y ese icónico intro de batería que da inicio a unos de los temazos de la historia del heavy metal, “Painkiller”. Y aquí, la respuesta del publico en la capital vizcaína fue de autentica locura, la gente se desgañitó junto a un Halford que estuvo a la altura, si, repito, estuvo a la altura, con casi 74 castañas encima, algunos con bastantes menos años no pueden decir lo mismo, así que un diez para el Metal God por excelencia.

Pequeño parón para el bis que arrancó ni más ni menos con “Electric Eye” y otra vez que temblaron los cimientos del Mirabilla ante tan majestuosa obra y ante un final de concierto, donde ya sabemos que Halford va a sacar la Harley a pasear esté en Viveiro o en Bilbao y deleitarnos con “Hell Bent For Leather”, y dejar como fin de fiesta otro hit facilón como “Living After Midnight” que todos nos sabemos y todos la cantamos.

Despedida rápida en el Resu, normal, es un festival y hay que cumplir horarios y despedida más larga, cercana y emotiva, como no, en su propio show, todo dentro de la lógica. Solo esperar que no sea la última vez, que sea mínimo la penúltima, que a Halford le respete la salud y siga con esas ganas, que como bien dijo en ambos conciertos el heavy metal es su vida, es nuestra vida y los Judas Priest una pieza fundamental.

Texto: José Miguel «Lago»
Fotos: Resurrection Fest / Jaime García

Reseña: Avlak «Blasphemous» (El Horno Producciones 2025)

Un par de años han transcurrido desde que los thrash death metaleros Avlak alcanzaran nuestras páginas con el debut “Portal” (reseña) y ya tenemos de vuelta a los madrileños con su segundo largo “Blasphemous”. Ellos son Caín Sánchez en baterías, Álvaro Idrogo al bajo, Jorge Fernández en guitarras y Aston Wirz a las voces. El trabajo consta de diez cortes grabados, mezclados y masterizados por Pablo Perezagua en El Horno Producciones. Adornado por el arte del ucraniano Daemorph (Avulsed, Vulvodynia, The Black Dahlia Murder, Abominable Putridity…) vio la luz el pasado uno de marzo.

From The Abyss” procura un arranque tendido hacia la vena más thrash del cuarteto, se construye a través de un paso casi marcial y agrada con buenos detalles técnicos. De hecho el riff que acompaña a las primeras estrofas tiene, pienso, gancho de sobra. Luego hay ecos en la línea vocal con los que conecto solo a ratos. Sea como fuere me agrada el juego entre registros que propone el breve puente. Avlak hacen por ocultar aquí su faceta más agresiva, conduciéndose a lo largo de la composición en unos ritmos más apaciguados. Un arranque a la contra del clásico trotar desbocado de tantos otros trabajos.

Waves Of Malevolence” sigue cosida a ese thrash pesado y machacón. Pierde el toque marcial del corte anterior al tiempo que constriñe su duración para entregar un corte ahora más diverso en ritmos e incluso diría que influencias. Buena línea de bajo la que perpetra Idrogo, quien en compañía de Sánchez trama una más que ágil base rítmica. Hay riffs, particularmente camino del epílogo, que fácilmente me pueden recordar a los Exodus más recientes. También un curioso juego entre canales y, en resumidas cuentas, un corte más retorcido de lo que uno puede llegar a intuir en una primera escucha. Más que digna carta de presentación de este segundo álbum.

Eradicate”, cuyas guitarras conducen ahora hacia territorios más melódicos, empastan al milímetro con la rugosa voz de Wirz en estrofas. Es otro corte con un gancho de mil demonios, que ataca directamente a las cervicales e, intuyo, invita a levantar el puño en los directos con su lacónico estribillo. Jorge Fernández parece haber echado el resto aquí. Tanto en la construcción de riffs como a la hora de aportar buenos detalles en lo melódico. Cabalga además sobre el firme doble bombo de Sánchez y, si algo echo en falta, es un solo algo más ambicioso. Ante el vicio de pedir, ya se sabe. Un corte que esos que se pegan sin remedio al subconsciente.

Adrenochrome” oscurece el conocido thrash death de los madrileños. Tras su ennegrecido prólogo acechan unas primeras estrofas que, sin embargo, conducen al cuarteto hacia sonidos algo más heavies. Siempre sin que la producción pierda pie en cuanto a agresividad ni Wirz contenga en absoluto su habitual forma de encarar las distintas líneas de voz. Pero ciertamente puede ser este el tema que más hace por separarse del resto. Cuando las revoluciones suben y la composición abraza un mayor nervio, Avlak parecen más que cómodos en ese trotar clásico pero efectivo. Bien es cierto que el solo de Jorge Fernández aquí me deja un tanto indiferente. En cualquier caso otra de las que apunta a fija en sus directos.

Trota “Hellbreaker” para recuperar a los Avlak más coléricos, que mezclan ahora un mayor músculo con una línea de voz que no esconde su amor por unos Sodom de principios de los noventa. Vuelve a brillar Jorge Fernández en la construcción de riffs. Y si bien el bajo de Álvaro Idrogo queda ahora algo hundido en la mezcla, desluciendo en parte la pegada de esta base rítmica, cuesta poco esfuerzo subirse a otro estribillo marca de la casa. El cierto groove con el que empastan alguna de las estrofas puede no ser del gusto de todos. No obstante la banda cierra abrazada a su encarnación más vibrante y trotona, con Fernández, ahora sí, dejando uno de los solos más vistosos de todo el álbum. Otra de las que ha ido ganando un cierto peso con el correr de las escuchas.

La pseudo instrumental “Terror Máximo” viene para alimentar la cara más técnica del cuarteto. Y me agrada por la forma en que lo hace. Sin excesos ni florituras de cara a la galería. Dejando que todo fluya con una cierta naturalidad a lo largo de sus (casi) tres minutos y medio de duración. Breve, concisa y rematada con un pintón solo de guitarra en su tercio final.

El tracklist contrapone esa brevedad a la mayor ambición de “Beyond The Damnation”. Composición que habrá de irse hasta los seis minutos y en la que la banda se arrima, sin tocar, sonidos y ambientes algo más progresivos. Como si unos Metallica de finales de los ochenta se tratase, el paso por las estrofas es más tendido ahora. Me agradan éstas por construcción. También unos estribillos en los que parecen haber puesto no poco cuidado. Hay buenos riffs por parte de Jorge Fernández además de una línea de voz que, sin perder un ápice de su habitual rugosidad, abraza un mayor rango ahora. La nota de color la deja el tranquilo y reposado puente, con la producción acertando a la hora de extraer a los Avlak más amables e introspectivos. Pablo Perezagua ya trabajó con ellos en el debut y desde luego da la sensación de banda y técnico que se conocen más que de sobra. Ese puente se rompe previo paso por un eficaz solo de guitarra y este séptimo corte echa el cierre convertido en uno de los grandes hallazgos de este segundo trabajo.

De todos cuantos aparecen a lo largo y ancho del álbum, el de “Hostile Resolution” puede ser fácilmente el riff más curioso de todos. Alimenta otro corte breve, poco más de tres y medio en el reloj, donde la banda funde a la perfección death & thrash para otro aporte directo y sin grandes complicaciones. Un trazo más directo y menos recóndito que los chicos excusan con otro estribillo pegadizo y con gancho.

Soul Ablation” es puro thrash machacón y a la vez enrabietado. Como si la banda hubiese encapsulado todo el mal café de la década de los noventa y nos lo sirviera orgullosa en forma de metal rocoso y a ratos casi monolítico. Ahí emergen los buenos detalles de Jorge Fernández en guitarras. Tanto en la construcción de riffs como a la hora de dibujar hábiles detalles melódicos. Wirz está rabioso y especialmente iracundo aquí, contribuyendo a este descenso al thrash más oscuro y maledicente. Me gusta la desnudez del solo, que éste no venga apoyado por una segunda guitarra, quizá porque me recuerda al bueno de Dimebag Darrell. Poderosa.

Mi subconsciente no puede pensar en otra cosa que no sea Slayer durante el prólogo de “Blasphemia”. Avlak se pierden en los efluvios del “Seasons In The Abyss” para dar comienzo desde la más pura oscuridad. Luego el corte, el más extenso de los diez, caminará por derroteros que poco o nada tienen que ver con la banda de Kerry King y compañía. Las estrofas, a estas alturas del álbum, pueden no resultar tan atractivas como otras que han ido poblando las distintas composiciones. Pero la diversa y rabiosa línea de voz, los buenos riffs que apoyan cada verso o el solo que irrumpe en el puente central muestran a una banda en la plenitud de sus facultades. Avlak despiden finalmente el álbum mostrando su cara más vitriólica y desgarrada para un cierre poco menos que incendiario.

Poca broma con el segundo de los madrileños. Con el thrash ganando terreno frente a sus influencias más extremas, “Blasphemous” construye buenos riffs en apoyo de una decena de temas de lo más diversos. Lo mejor es la forma en que la fusión entre sus muchas influencias, que van desde el thrash más trotón a páramos más oscuros e incluso a rozar una cierta agonía, véase el epílogo mismo del álbum, da la impresión de estar construida con total naturalidad. Poco o nada a lo largo de este segundo trabajo me resulta forzado o antinatural. Y esto es algo que, pienso, habla muy bien del cuidado con el que han tratado a estas nuevas diez canciones. En el viaje desde el vitriolo hasta la más pura calma casi todo me funciona. Es verdad que alguno de los solos podía ser algo más ambicioso o que la base rítmica no está siempre tan bien empastada como me gustaría. Con eso y con todo un más que digno segundo álbum camino de un tercero que termine por rematar las buenas sensaciones que ya dejaron en el debut y que ahora amplía este “Blasphemous”. Permaneceremos a la escucha.

Texto: David Naves