Reseña: November «The Long Way Home» (Skyfall Records 2025)

Es cierto que el término “superbanda” se usa a la ligera no pocas veces. Lo cierto es que tiempo hacía que el ecosistema rockero asturiano no entregaba un debut respaldado por tanto nombre ilustre. A saber:  Dani G. ( Nörthwind, Eden, Darksun, Last Days Of Eden) en voces,  Fer Espina (The Riders, Fran Juesas, Blister) al bajo, Alex Tilles (Soundwave, El Hombre Más Tonto Del Mundo) y Diego Riesgo (Drunken Buddha, Nymerians)  en guitarras y  Adrian López  (Versión Original, Belo y Los Susodichos)  tras baterías. Entre todos han dado a luz a una docena de temas, producidos por el propio Dani G. y adornados por el arte de Ride The Dragon Films (al mando también de los videoclips), configurando un álbum de puro hard rock al que han dado en llamar “The Long Way Home” y que tendrá su flamante presentación en una nueva edición del Rockvera.

Este es un álbum que te lo pone fácil desde el primer acorde. Ese prólogo tan elegante de “Tear Down The Kings”. La producción tan equilibrada de la que gozan estas canciones, lleva a November en volandas. Aquí encontramos unas voces de Dani G. bien acomodadas sobre el vistoso colchón de riffs. Coros grandilocuentes, que serán una constante de aquí al final del álbum, y un solo que de esos que disfruto como niño con juguetes nuevos. Un arranque que puede recordar desde bandas de los ochenta como Bon Jovi a continuadores de la vieja tradición hard como puedan ser H.E.A.T, Eclipse, Nestor

Never Lose Your Hopes”, con todo un Bumblefoot (ex Sons Of Apollo, ex Guns N’ Roses, Whom Gods Destroy) a bordo, apacigua el vigor inicial para construir un hard rock en el que Dani G. se despacha con alguna de mis líneas de voz favoritas de todo el álbum. Se pega este estribillo como pocos dentro de “The Long Way Home”, siempre con ese tono alegre y optimista, santo y seña del género, y unas composición y ejecución en su punto justo de porte y elegancia. Hay tonos muy altos de la que fuera voz de Darksun. Y un solo, antecediendo al puente, para el que no se me ocurren peros. El epílogo, que funde esa faceta solista con el estribillo (y que bien me podría recordar a Gotthard) es estupendo.

Así las cosas, “Skyfall” pone la calma tras el ímpetu de las dos entregas iniciales. Curiosamente, el corte más extenso de este debut, y que la banda apoya con unos pequeños arreglos de piano sobre una clásica estructura en crescendo hacia estribillos. Dani G., pura elegancia ahora, estira su registro como nos tiene acostumbrados. Me gustan esos engarces entre estrofas. Los buenos guitarrazos que se dejan sentir. Balada de las de siempre. Te la sabes casi sin escucharla, pero aún ahí, la banda parece dar muestras de lo mucho que ha cuidado cada detalle. Desde los mencionados arreglos pasando por los coros y acabando en ese solo previo al epílogo. Estupenda.

One Of A Kind” subvierte esa calma y se entrega al hard más alegre y disfrutón. Tiene uno de esos estribillos fáciles y directos que entran a la primera y luego tarareas durante horas. Y es que ya sabéis lo que dicen: “es solo rock and roll, pero me gusta”. El riff tampoco va sobrado de gancho. De igual forma, me agrada el juego que se produce entre ambas guitarras durante las estrofas. November mostrando su lado más hedonista, más (valga la redundancia) rockero, dejando un poco de lado el hard más elegante del comienzo del álbum en pos de un sonido más cercano a Guns N’ Roses o Mötley Crue pero en el que parecen igualmente cómodos.

When The Door Is Closed” opta ahora por un hard sensiblemente más musculoso. Parte de un prólogo que, inevitablemente, me lleva a pensar en Zakk Wylde, y en donde luego se dan cita alguna de las estrofas más llamativas de todo el álbum. Todo tamizado de manera que el corte se integre de manera natural en el tracklist, es en cualquier caso uno de esos temas que ganan una barbaridad con las escuchas. Por todos los detalles que se esconden bajo los estribillos, por el buen solo de este tramo final, por los destellos desde el bajo de Espina. Atrevida elección para su traslación al formato videoclip:

Don’t Pray For Me” parte desde un riff del todo juguetón y construye, cencerro mediante, otro rock and roll pegadizo, sobrado de gancho y clase. La buena construcción de sus estrofas, la cuidada línea vocal de Dani G. aquí, así como el buen trabajo en cuanto a coros y ese estribillo (que parece) pensado y repensado de cara al directo. De nuevo los buenos detalles melódicos en los engarces entre las distintas estrofas y esa firme base rítmica aupando este ritmo más vivo y directo. Desde luego, “living ain’t easy”, pero con estribillos así, resulta algo más llevadero. No voy a mentir. El solo es lo suficientemente bueno como para encontrarme a mí mismo dándole hacia atrás al reproductor (una, y dos y hasta tres veces) para poder apreciarlo como se merece. De mis favoritas.

El bajo de Fer Espina abre la homónima y rotunda “The Long Way Home”, donde resuenan alguno de los riffs más graves de todo el trabajo. Me gusta el tono hacia el que deriva su registro Dani G. aquí, así como, ya digo, esos riffs más contundentes y pesados. De nuevo, y al igual que sucediera en “When The Door Is Closed”, siempre dentro de las marcadas lindes del género (esos coros…) pero ampliando una vez más el rango de acción del quinteto. Asimismo, me llama la atención esa desnudez que acoge inicialmente al solo de guitarra. Y cómo torna después en puro fuego, solidario a esos November más potentes y descarnados.

Egomaniac” parece más enraizada en el espíritu puramente hard rock del álbum. Lo que no quita para que se trate de otro corte llamativo por construcción y arreglos. Por el cuidado trabajo de guitarras bajo cada estrofa, verdadero santo y seña de este debut, el equilibrio que muestra la mezcla, aún cuando los coros hacen acto de presencia, arrastrando consigo no poca cuota de protagonismo. Elegancia y contundencia se darán cita en su tronco central. Una la pone el solo de guitarra, la otra, la cierta pesadez que emana de los riffs. El corte resulta, finalmente, una intersección entre los November más elegantes de “Never Lose Your Hopes” y los más pesados de “When The Door Is Closed”. De ahí, tal vez, que me agrade en la manera en que lo hace.

Y no es que me disguste “All I Need Is You”, pero sí siento que está algo por debajo de las otras baladas del debut. Y lo digo aún cuando aprecio las buenas voces que el Last Days Of Eden ha vertido aquí, o lo cuidado del trazo y los arreglos. El de Bryan Adams es un nombre que me suele venir a la mente con el paso de las escuchas. Sin que tampoco me resulte fallida, sí siento que merecía un desarrollo algo mayor.

Regresa el cowbell para una “Vegas Queen” que recupera a los November más chulescos y disfrutones. Aquí me agradan esos omnipresentes detalles con el slide sobre el mástil de la guitarra. También el sencillo pero pegadizo estribillo y la forma en que regresan los riffs más graves, otorgando un mayor fuste al solo. Por lo demás un rock directo y sencillo, de los que invitan a bailar, pero que no sacrifica una buena producción. Más bien al contrario.

Última balada del álbum, “Never Said Farewell”, da inicio con Dani G. apenas acompañado de unos arreglos de piano. Clásico crescendo de camino a estribillos y otro de los cortes que más y mejor uso hace de una buena producción. Se siente en cada nota, en cada golpe de Adrián López al kit de batería, en el cuidado bajo de Espina. Clásica y de lo más funcional. Asida con orgullo al libro de estilo del género.

Shot From Your Heart” con Gus G (Firewind, ex Mystic Prophecy, ex Ozzy Osbourne) parece hecha para cerrar el disco allí donde comenzó: en un hard rock enérgico aunque pegadizo, donde quizá no se den cita los riffs más lúcidos del álbum pero que confluye hacia un estribillo triunfal. De nuevo el de los infalibles hard rockeros suecos H.E.A.T es un nombre que sobrevuela mi subconsciente aquí. Eficacísimo cierre.

No voy a mentir si digo que he necesitado de cierta re programación mental para enfrentarme al debut de los asturianos. Tiene uno tan asimilada la voz de Dani G. a Darksun (a Last Days Of Eden incluso, aunque su labor vocal ahí sea más restringida) que al comienzo me costó hacerme a estas canciones. Pero en cuanto el disco hizo ‘clic’ en mi cabeza, ya no hubo vuelta atrás. Son muchas las cosas que me agradan y, aquellas que no, lo hacen más por manías personales que por algún déficit del proyecto. La producción es de auténtico lujo, siento que hay grandes temas y todo el trabajo en cuanto a guitarras apunta a que estas composiciones se han cocinado a fuego muy lento. De resultas de ello, y pese a tratarse ya digo de un debut, no negaré que “The Long Way Home” pueda mirar a cualquier álbum (de aquí o de fuera) sin absolutamente ninguna mueca de inferioridad. Más bien al contrario.

Texto: David Naves

Crónica: Leather Boys «Concierto XX Aniversario» (Avilés 23/8/2025)

Y es que veinte años no se cumplen todos los días. Teníamos una agenda de lo más apretada para la jornada del sábado pero el aniversario de Leather Boys estaba marcado a fuego en nuestra agenda. Rumbo pues a Avilés (Rock City) prestos a vivir una sesión vermú de lo más especial.

Bajo un sol de justicia y rodeados de buenos amigos, qué mejor que algo como “Decade Of Decadence” para dar el pistoletazo de salida. A lo largo de la jornada habría multitud de invitados arriba de las tablas. Pero mientras llegaba, y aunque ellos adujeran en más de una ocasión ciertos problemas con el sonido, lo cierto es que frente al coqueto escenario móvil veíamos una buena versión del combo asturiano. Enlazando temas (“Don’t Cheat On Me”) o pidiendo cuernos al cielo por Ozzy Osbourne antes de “Aphrodisiac Grape”, se podría decir que el show fue pura idiosincrasia Leather.

Y como muestra, un botón: “vamos a llevar a los nazis al bordillo”, exclama Leather Sex a modo de presentación de “The Curb”, con el Luismi más agrio de la mañana. En “Haircutt & Attitude”, Txema Bustillo y Mr. Salvation se aúpan a hacer coros. El corte, que estará en su próximo álbum de estudio, bien podría resumir la particular idiosincrasia Leather en forma de hard afilado pero disfrutón. Fue un set extenso. Cerca de dos horas si mis notas no me engañan. Y aunque hubo que hacer frente a un sol radiante, y a un viento no menos plomizo, temas como “Fairy Tales From The Underground” se superponían a cualquier inconveniente. El sonido, en manos de un siempre aplicado y eficaz Nefta Vázquez, ya digo que era todo lo bueno que cabría esperar.

Leather Bluesman se auparía entonces al escenario para sumar su bajo a “Lord Of The Whores”, que Leather Rose dedicaría a Eladio y que ofreció una cara aún más vacilona, si cabe, de los chicos. En “Fly Free (Blacksmith)” se sucederían las dedicatorias. Ozzy, Brent Hinds. Contarían aquí con Ricardo Herrero, hermano del propio Leather Sex, y el set transitó así hacia uno de los momentos más sentidos e intimistas de la jornada. Ellos harían entonces labor de prospección para recuperar el tema que estuvo a punto de llevarles a Eurovision, no otro que “We’re Livin’ In A Bar”, recuperando por ahí esa cara más golfa y hedonista que tanto y tan bien les define. Así las cosas, quién mejor que Leather Fucker para tomar el puesto de Leather Skelter en baterías y enfrentar “Valley Of Broken Dicks”. Leather Latin Lover, inalámbrico mediante, no perdió la ocasión de perderse entre el público aquí. Y es que hay costumbres que hay que mantener sí o sí.

No paraban ni el rock and roll ni los habituales speeches de Leather Sex. Pero cuando Leather Father (padre de Leather Rose) suma su garganta a “Sexagenary Sex” estamos viendo uno de los momentos más especiales del día. Medio Rock & Rockets se sumaría luego para “Pandemic Messiah”. De ahí al final, y si no lo era ya, aquello fue una fiesta. Leather Boys se guardaron varias de sus perlas mejor cultivadas y su XX aniversario estuvo a la altura, pensamos desde este humilde medio, de tan indicada onomástica. La celebración bullía a ritmo de “Saint Mary’s Dance” o “Leather Gunner”, con Flichy Hickock (Graveroad St.) sumando enteros junto a ellos. Hubo invasión de escenario aquí y los rigores de la calurosa jornada importaron poco en unos bises marca de la casa. Leather Rose incluso bajaría a mezclarse con propios y extraños durante “R’N’R’ Blowjob”, ofreciendo su micro a la gente para tan sencillo y directo estribillo. Fue una gran fiesta, rematada por el “Ace Of Spades” de unos tales Motörhead, cuando el sol más apretaba en Avilés.

Huelga decir que nos alegramos de haber sido partícipes, aunque sea a título informativo con esta crónica, de este XX aniversario. La comida barra pincheo que tuvo lugar a continuación y lo que ocurrió en ella tal vez ilustre algún episodio primerizo de una futura biografía, una hipotética continuación de “Fairy Tales From The Underground”. Y aunque me las vi y me las deseé con el teléfono a la hora de tomar notas, no siempre todo sale a pedir de Milhouse, ojalá y como dijera el propio Leather Rose, de hoy en diez años estemos celebrando sus treinta años como banda. Por nosotros que no quede. Un saludo a la agradable y fiel concurrencia, ánimo con la semana y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Eklíptika «Made In El Coto» (Autoproducción 2025)

Ocurre a veces que ciertas historias terminan nada más comenzar. Tal cual parece ser el caso de los rockeros asturianos Ekliptika, quienes decían adiós poco después de este debut, quien sabe si también epitafio, “Made In El Coto”. Ellos son Anteo Pende (guitarra y coros), Iker Garciargüelles (guitarra y voz), Iyán Varillas (batería y coros) y Samuel Fernández (bajo y coros). Los seis temas que componen este trabajo fueron grabados por Sergio Firu, Santi Ordax y Andrés Fomchenko, mientras que de la mezcla se encargaría Pablo Senator. Las fotos de David Rodríguez y el diseño de Enaya Fernández completan el obligado repaso a los créditos.

El modo en que arranca “El Coto” no podría recordarme más al rock americano de los noventa. La manera en que ese bajo inicial va marcando la pauta. Luego ellos adoptan tesituras a caballo entre el rock urbano, ciertos coqueteos con el pop más guitarrero y, siempre, un cuidado tratamiento de las líneas de voz. No es rock nervioso, ni apurado, pero tiene clase y sabe llegar a buen puerto. Más sentimental que rabioso, sentido canto a su patria chica, no exento de crítica afilada y nada panfletaria. Siendo como es el corte más extenso del trabajo, bien merecía un solo algo más ambicioso. Con eso y con todo, un buen arranque.

El Santi” añade una pizca más de nervio a su propuesta. Y lo que en principio podría derivar hacia el punk más seminal, vira sin embargo por medio de un riff de los de la vieja, vieja escuela, que me recuerda a la re interpretación del “Deltoya” de Extremoduro que llevaron a cabo Fito & Fitipaldis. Por ahí surge un contraste (creo que inteligente) entre lo apunkarrado de sus líricas (“Santi roba, y miente, mata, corrompe y engaña, y limpia la sangre con la bandera de España”) y ese aire tan rockabilly. Rematan, ahora sí, con un bien tirado solo de guitarra. Un corte con todos los visos de haber funcionado muy bien en directo.

En lo que a letras respecta, son las de “La Revolución” las más auto reivindicativas (“Somos de lo que ya no hay”) de este pequeño trabajo. Que opta por otra llamativa selección riffera, en esto los chicos parecen haberse puesto pocas barreras, mientras nos conduce a contornos más melancólicos, captando mi atención por lo que tiene de pasional este ahogado grito por ofrecer algo ajeno a los rigores del mainstream. Aunque no deje de ser rock and roll sencillo (y sentido) del de toda la vida. El contexto importa y de qué manera. Las últimas estrofas les definen.

Sus Ojos” es rock reposado y sencillo, sin grandes complicaciones, vehículo para que emerjan los Ekliptika más equilibrados y brille la buena labor de Garciargüelles tras el micro. Siento que los coros que acompañan a estribillos merecían algo más de peso, pero todo conduce hacia un buen final, no sin que antes se produzca una de las estrofas más socarronas de todo el trabajo.

Peppermint” parece recuperar ese aire más lúdico de “El Santi”. Se desarrolla sin mayores complicaciones mientras nos devuelve a esos Ekliptika más lúdicos y desenfadados. Corte más rácano del trabajo, alberga no obstante un cuidado duelo solista durante el puente central y llega a buen puerto entre letras socarronas y el eficaz crescendo final.

Nada Importa” reconduce hacia un rock alternativo, de nuevo deudor de la escuela noventera, donde llaman la atención esas estrofas desnudas en contraste con los estribillos más guitarreros. Es un corte que has escuchado mil veces, pero Ekliptika parecen pisar terreno seguro. Y aunque no sea el corte que más capta mi atención de los seis, bien está la línea de voz que ha tejido Iker aquí y la buena línea de bajo que lo soporta.

Made In El Coto” son seis temas de rock a caballo entre las escuelas clásica y alternativa, con canciones en general bien construidas y una producción que nunca resta a los propósitos de la banda. Puede que su encaje resulte complicado en un medio como este, pero no negaré que en sus poco más de veinte minutos procura eficaz diversión a quienes busquen compañía a los rigores estivales.

Texto: David Naves

Reseña: Retador «Earëndel» (Xtreem Music 2025)

Nueve son los temas que ocupa “Earëndel”, segundo trabajo de los thrashers malagueños Retador. La banda, que componen JuanJolocaust en baterías, Rolo en guitarras, Migueli al bajo y Jofre en guitarra y voces, entrega un álbum grabado y mezclado por el Balmog Javi Bastard (Altarage, Totengott, Iron Curtain, Körgull the Exterminator…) en los Moontower Studios y masterizado posteriormente por Dan Swanö (Æolian, Wolf, Hail of Bullets, Sear Bliss, Malevolent Creation…) en los Unisound Studios. Vio la luz a través de Xtreem Music el pasado mes de enero.

Retador abren con el tema título “Earëndel”, del que me agrada su elegante y tranquilo prólogo, orgánico y nada artificial. Una calma que habrá de quebrarse camino de las primeras estrofas, con Rolo y Jofre dibujando buenos riffs y mejores melodías. La voz de este último se va hasta tesituras rayanas con el metal extremo, ese tono rugiente y sin concesiones. Letras en nuestro idioma y unos engarces entre las distintas estrofas que dan buena muestra de hasta qué punto han cuidado cada detalle. El solo, constreñido en su parte final, adorna un epílogo quizá un tanto apresurado. Pero es buena señal que la banda me recuerde al “Empyrean” de los suecos Paranorm, con mucho uno de mis discos thrash favoritos de lo que llevamos de década.

Somos Eternos” se imbuye ahora de un espíritu más Slayer. En lo que a riffs se refiere pero también en ese imparable doble bombo de JuanJolocaust. Cómo no pensar en Dave Lombardo. Padre de todos nosotros. Llamativos estribillos y una banda que agrede voraz con thrash incandescente y sin compromisos de ningún tipo. La buena construcción que soporta al solo, atractiva por diversa, y el buen trazo de este elevan la nota media y, de nuevo, ponen en buen lugar su labor como compositores. Sin perder una pizca de nervio, de hecho acelerando los pulsos en ese puente central, y sin dejar nunca de entregar mal café y thrash casi cercano a los mejores Dark Angel. Flamígera, estupenda.

La Sombra De Tu Existir” se descuelga ahora de ese thrash lacerante para virar hacia ritmos más a medio gas. Sorprende el groove que acompaña a los primeros versos casi tanto como contrasta la velocidad que implementan después. Por ahí el trazo de estas estrofas no podría ser más atractivo por diverso. En estribillos es el nombre de mis paisanos Blast Open el que suele acudir a mi subconsciente. El solo, rebosante de clase y feeling, bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. En cualquier caso cabe destacar la estupenda labor de Jofre al micro para otro corte pleno de agresividad y mala baba.

Redes” parte de un prólogo muy Exodus para inmediatamente ceñirse al thrash más lindante con el death metal. Un ataque hacia las redes sociales teñido, una vez más, de un metal violento y lacerante que, no obstante, se acuerda de mantener alto el buen nivel en cuanto a ejecución. Atravesada por un estribillo muy Death Angel, la banda vuelve a brillar en un puente central de trazo diverso y elegantes solos de guitarra. En ese contraste entre agresividad y clase reside uno de los puntos fuertes no ya de esta “Redes” sino del álbum en su conjunto. Un equilibrio que muchos buscan y no tantos son capaces de encontrar.

El hecho de que “Lux Ferre”, corte más extenso del álbum fuera una de las cartas de presentación del mismo creo que tiene bastante de declaración de intenciones. No por nada la banda exhibe aquí un trazo de nuevo vibrante y retorcido. Construida desde unas estrofas en cierto modo inéditas con respecto al resto de cuantas integran “Earëndel”, puede ser de las nueve la composición con más gancho. Bien adornada por fugaces pero hábiles detalles solistas y construida sobre un riff que no podría ser más pegajoso y ganchero. El trazo adopta un groove muy marcado para dar pie a un solo de guitarra en la más pura tradición del desaparecido y añorado Jeff Hanneman. Para el tercio final Retador obvian el camino fácil, abrazan un llamativo groove y construyen otro epílogo retorcido y eficaz. De sus composiciones más solventes.

Asesino” cercena thrash seco y vibrante desde el primer acorde. Me agrada cómo el bajo de Migueli adquiere un mayor peso aquí. También los buenos destellos de guitarra que emergen entre estrofas. El estribillo no obstante viene acompañado de un groove, entendido a la manera clásica, pleno de gancho y pegada. Bruscos cambios de ritmo y tono, un solo muy hábil y de nuevo JuanJolocaust desatado tras los parches de cara a un tercio final sin apenas concesiones. De entre los cortes “largos” del álbum puede ser con el que menos conecto, lo que no quita para esta sea otra de esas composiciones que muestran el buen nivel como músicos que alberga el cuarteto malagueño.

Profanado”, cuya intro no pocas veces me recuerda al “Harvester Of Sorrow” de los cuatro jinetes, viene de primeras a poner un poco de calma entre tanta agresividad. Ni cuarenta segundos dura una calma que salta en pedazos para que Retador retornen a su versión más furibunda y trotona. Una agresividad que se irá difuminando en estribillos para retornar en estrofas. Clásica construcción ambivalente, con la banda dando la sensación de encontrarse más que cómoda. La buena sección solista del puente, también la buena construcción de este, así como ese final desatado, con el nombre de Angelus Apatrida merodeando por mi subconsciente, culminan otra de las ofertas más seguras y certeras de este segundo trabajo.

Hay una oscuridad en el prólogo de “Terror En La Noche” que habrá de diluirse después más adelante para que, sin perder una pizca de velocidad y brío, la banda entregue su faceta más melódica. Funciona ese riff que dibujan las guitarras bajo las primeras estrofas. Ágil y con gancho. En la comunión entre el registro rugiente de Jofre y la precisión de esa base rítmica se cuela a veces el nombre de Soziedad Alkoholika, a buen seguro porque muchos de los referentes de unos y otros no dejan de ser los mismos. En cualquier caso la banda vuelve a echar mano de una construcción inteligente y diversa. Y aunque hay líneas de voz a lo largo del álbum con las que conecto en mayor medida, Jofre está aquí tan vitriólico como de costumbre. Para el final queda la calma cargada de atmósfera de la llamativa “Abismo 52”, un colofón verdaderamente abismal que vendrá a poner la nota de color al cierre.

Sin concesiones. Retador vuelven la mirada al pasado, a las mismas esencias del género, para traerlo al siglo XXI envuelto en rabia y mal café. Pero una rabia y una agresividad que no obvian ni una buena escritura ni tampoco un apartado técnico a la altura del thrasher más exigente y pejiguero. La competencia ahí fuera es feroz y el número de bandas dentro del género no deja de crecer. “Earëndel” acierta al buscar su hueco con un thrash primitivo y seminal. Un disco que apenas hace concesiones, con una producción a la altura y que a buen seguro supondrá uno de los lanzamientos clave dentro del género a lo largo del actual 2025.

Texto: David Naves

Crónica: La Mar De Ruido (Viernes 15/8/2025)

El sofocante calor de la jornada no invitaba precisamente a pisar el asfalto, pero La Mar De Ruido volvía a Avilés con Incidencia Acumulada, Baja California, Kiss Experience y Saratoga por lo que tocaba penar con temperaturas nunca vistas por estas latitudes. Así pues, animales de costumbres que somos, hubo que poner rumbo a Avilés en buena compañía prestos a ser testigos del evento primero, y a contároslo después.

La edición de este año contaba con la novedad de un pequeño escenario que vendría a hacer de pinza entre el resto de bandas. Llevó por nombre Menéndez Stage y en él Incidencia Acumulada nos amenizaron la espera hasta Baja California a base de versiones de todo pelaje. Desde “Muérdeme” de Los Romeos hasta “Cuenca Minera” de Siniestro Total para disfrute de impacientes y curiosos. Banda con miembros de Madera Rock en sus filas, no se olvidaron de dedicar “La Calle Del Olvido” de Los Secretos a Béznar Arias, impulsor y responsable del evento.

Si mis cuentas son correctas, más de un año que hemos estado sin cruzarnos con Baja California. Los asturianos, con el viento de cola del estupendo “Electricidad” (reseña) soplando aún en sus cogotes, irrumpían, intro mediante, en el Parque del Muelle cuando apenas pasaban unos minutos de las nueve de la noche. “Caída Libre” es un más que servicial opener para ellos. Manu Roz se mostró vital y conciso en sus líneas de voz. Por eso es una pena que, a ratos, costara escuchar con nitidez al espigado vocalista. Pero me gustó cómo “Tiempo Suicida” exacerbó, en cierto modo, la cara más golfa del quinteto. El propio Roz no perdió ocasión de bajar a la valla y animar a su gente. Tampoco de pedir luego un aplauso para la organización del evento.

En “A-66” tiene lugar un buen duelo solista entre Aarón Galindo y Javi Monge. El propio Galindo bajaría a solear frente al público en “El Mago”. Benditos inalámbricos. Si bien puede que el sonido que nos inundaba nunca llegó a ser del todo redondo, al menos en primeras filas, lo cierto es que arriba del escenario ellos parecían estar disfrutando de lo lindo. A pesar del acuciante calor y las complicadas circunstancias. El quinteto recuperó entonces “Reina De Hielo” donde el sonido pareció encarrilar hacia un mejor equilibrio. Como queriendo aprovechar ese impulso, enlazan con una “Indomable” que, a la postre, sería de las mejor recibidas por la audiencia. Roz obró en consecuencia, dejando por el camino un más que notable desempeño vocal. Sería el propio frontman quien pediría un aplauso para Gus Velasco, batería y miembro más reciente de la formación asturiana.

Roz quizá no estuvo tan parlanchín como en ocasiones precedentes. Pero Baja California en su conjunto, especialmente en este tramo final del set, bordaron su mejor hard rock. El propio vocalista no perdió ocasión de darse su particular (y habitual) baño de masas. La reciente y más melancólica “Mil Mañanas” dejó visos de convertirse en un corte capital para ellos. En comandita con la ya clásica (e ineludible) “Años Atrás” supuso el momento más nostálgico del set. El cierre correspondería no obstante a “Dueños De La Noche”, con una Avilés entregada al siempre elegante hard rock de los asturianos. Siguen creciendo.

No paraba el rock and roll en La Mar De Ruido. Terminado el set de Baja California y mientras los técnicos se afanaban en recoger y preparar las tablas para el show de Kiss Experience, Incidencia Acumulada hacían de nuevo suyo el Menéndez Stage para seguir con la ristra de versiones.

Versiones precisamente no iban a faltar de vuelta en el escenario principal. Kiss Experience, en riguroso y mimético homenaje a Gene Simmons y compañía, vendrían a hacer las delicias de un nutrido número de fans y curiosos. “Detroit Rock City” sería el pistoletazo de salida y Avilés se entregó al cuarteto. Que más allá de todas las reservas que nos puedan producir las bandas tributo, tiene al menos el detalle de reproducir, lo más fielmente posible, a la formación a la que homenajean. Desde las vestimentas hasta el maquillaje pasando por los distintos instrumentos e incluso los distintos manierismos de los Paul Stanley, Ace Frehley, Peter Criss y el mencionado Gene Simmons.

Vaya por delante que no soy el mayor fan de los originales. Aún así, disfruté en buena medida de una “God Of Thunder” que puso de relieve la cara más rocosa y rotunda de este agradable, divertido y fiel émulo de las leyendas estadounidenses. Con los escalones de por medio y aquellas plataformas imposibles, ya tiene mérito que el trasunto de Paul Stanley se atreviese a bajar frente al público. “I Was Made For Loving You”, piensa uno, bien merecía el riesgo de un inoportuno traspié. La gente, ya digo, disfrutaba de lo lindo. En especial cuando nuestro particular Simmons ejercía de maestro de ceremonias y realizaba un ensangrentado solo de bajo o se atrevía, literalmente, a jugar con fuego.

Y es que al final todo suma. Desde la pirotecnia que acompañó a algunos temas a clásicos imborrables, ya te guste la banda o no, como ese “Lick It Up”, de aquellos Kiss sin maquillaje de los años ochenta. Propios y ajenos gritaron “Shout It Out Loud” con ellos y todo cerró, no podía ser de otro modo, con “Rock And Roll All Nite”. Lo dicho, las bandas tributo siempre generan controversia pero, en honor a la verdad, cabe decir que la gente se lo pasó en grande.

Veinte faltan para la una cuando la iguana hace suyo el escenario del parque del Muelle de Avilés. Saratoga regresaban una vez más a Asturias y la expectación, como siempre, era máxima. Atruena la intro y luego todo deriva en una potente “A Morir”, con Tete pasando de agudos altísimos a voces rasgadas llenas de nervio. La más pretérita “Mi Ciudad” calmó el furibundo arranque. Y Tete aprovechó para insertar “Avilés” en los últimos estribillos. Niko, sonriente, ejercía de segunda voz como viene siendo habitual. Atrás y bajo la pantalla electrónica, Arnau brillaba en baterías durante “Ángel De Barro”, fácilmente una de mis favoritas de entre su ya larga trayectoria.

Me sorprendió no obstante la inclusión tan temprana de “Vientos De Guerra”. Saratoga emergieron entonces en su encarnación más cruda y heavy, valga la redundancia, y Jero aprovechó para confeccionar uno de los mejores solos de todo el set. El público, qué duda cabe, respondió en consecuencia. Es cierto que el escenario de La Mar De Ruido no da para mucho movimiento. De ahí que Tete Novoa no dudara en bajar y mezclarse con la gente en varios momentos del show. “Contigo, Sin Ti” no sería nada sin los buenos apoyos de Niko en coros. Y mientras que a término Tete enfrenta y juega con el público, en “Maldito Corazón” demuestran cómo de engrasados acudieron a la cita avilesina.

Sorprende de hecho la pesadez que desarrollan en “Morir En El Bien, Vivir En El Mal”, con Arnau muy firme en su desempeño. El corte puede palidecer en cuanto a relevancia con respecto a otros integrantes del tracklist. No obstante sirve para oxigenar y ampliar de paso su conocido rango de influencia. Buena la dupla que formaron frontman y bajista en sus últimas acometidas.

Llegaría entonces un marcado cambio de registro. Novoa pediría que encendiéramos las linternas de nuestros móviles y, bañados por su luz, engarzó “Lejos De Ti” con “Si Amaneciera” y procuró unos ciertos sosiego y calma a la descarga. El piano pregrabado de esta última fue uno de los pocos detalles no orgánicos de la banda a lo largo de la noche. Llegaría entonces el turno de Arnau en solitario, trazando un solo en el que parecía dejarse el aliento en cada golpe. Arrancó buenos aplausos de La Mar De Ruido y se confirmó como un músico a la altura de sus muchos antecedentes en el cargo.

De nuevo con la banda al completo, sería el momento de recordar uno de los cortes más exigentes de “Agotaras”, no otro que “Las Puertas Del Cielo”, para gozo absoluto de (al menos) unas primeras filas que llevaban a Saratoga en volandas. Ellos encararon una recta final, no exenta de los obligados agradecimientos, con otro corte no menos exigente de aquél mismo álbum de 2002: “Resurrección”. Muy bien Jero en el solo aquí y un Tete Novoa que no dudó en bajarse a la valla en el tercio final.

Del clasicismo de “Tras Las Rejas” al vigor de “Mi Venganza”, Arnau azotaba el kit como si le debiese dinero (y una suma importante, al parecer) y Saratoga seguían dando muestras de su versatilidad. Me agradó, además, que no renegaran de composiciones relativamente recientes a la hora de afrontar los bises. Porque ahí se yergue orgullosa “Como El Viento”, aguantando el tipo frente a sus clásicos de siempre. O la más juguetona “No Sufriré Jamás Por Ti”, con Tete y sus cuerdas vocales como si no llevasen a cuestas un set no poco exigente. Aguantó el tipo hasta el final y es de justos reconocérselo. Aunque a lo largo del show, y esto no cambia, alguno que otro todavía se acordase de quien fuera su antecesor en el puesto. Ajeno a estos dimes y diretes, Niko no perdió la ocasión de acercarse a la gente aquí. Ni de afrontar, ahora sí, la final “Perro Traidor”, final tan habitual para ellos como el “The Final Countdown” para Europe. Tantas veces discutidos y sin embargo siempre cumplidores. Saratoga, en definitiva.

Cuatro propuestas, no quisiera yo olvidarme de la buena gente de Incidencia Acumulada, como inmejorable acompañamiento a los sofocantes rigores que nos impuso la ola de calor. Mucha cara conocida, varias nuevas amistades y una crónica más en el zurrón. Poco más podemos pedir.

Agradecer a Béznar Arias en particular y La Mar De Ruido en general tanto el compromiso como las facilidades, a Mauro y Tumay (¡bienvenida a la brigada!) el apoyo logístico brindado y a la mucha y concurrida compañía los buenos ratos vividos. Vaya un abrazo grande y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Destral «Alça La Destral» (Autoproducción 2024)

Es el primer largo para los valencianos Destral. La banda, que ya pasara por estas páginas con sendos Ep’s (“No Hay Vuelta Atrás” de 2020, “Fembres Pecadrius” de 2022) vuelve ahora con un “Alça La Destral” grabado por Adrián Marin Buenache en los RW Studios y posteriormente mezclado y masterizado en Wizard Studios de la mano del Seven Sisters Kyle McNeill. Intervienen en este debut Sigui en baterías, Alberto al bajo, Gero en voces y Carlos en guitarras. Con Eduardo Antón (War Dogs) colaborando en el solo de “Condenado” y arte de Madness, el álbum vio la luz de manera independiente allá por junio del pasado año en formatos físico (CD) y digital.

Fugaz y de aires cinemáticos, pocas sorpresas con una breve introducción al disco que nos conducirá, derrape mediante (¿guiño al arte de su primer Ep) a una “Fantasmas” donde mandan las buenas melodías de guitarra ya desde el primer momento. Ese prólogo maidenesco sobre el que Gero habrá de deslizar un registro áspero, que no crudo, hábil a la hora de bailar entre diferentes tonos. Me gustan esos riffs que trama Carlos aquí. En especial los encargados de empastar las distintas estrofas. La línea vocal me recuerda a unos Saratoga con Tete Novoa al mando. Puede no ser el estribillo con más gancho de este primer largo. Por contra, es un corte que viene a hablar muy bien de su faceta como intérpretes. Ese estupendo (y extenso) solo que domina el tronco central. Un más que correcto arranque.

Sin abandonar su bien conocido heavy metal de trazo clásico, aunque sí el castellano, es verdad que “Allibera’t” enseña ahora unas guitarras más graves y rocosas. La mayor crudeza exhibida en ese prólogo contrasta con unas estrofas más livianas. Ágil la banda a la hora de construir estas con esos pequeños crescendos que conducen hacia los estribillos. Por alguna razón, siento más cómodos a Destral aquí. En los momentos más vibrantes me vienen recuerdos a ciertos momentos del ineludible “Thundersteel” de Riot, lo que no puede ser mala señal. Carlos vuelve a hacer de las suyas en un tronco central que acentúa esa vena tan clásica y todo redunda en uno de los cortes más logrados de este “Alça La Destral”.

Otro de los adelantos de este primer largo fue “Silenci Per Al Malferit”, que parte desde una de las intros más trabajadas de todo el tracklist y donde nuevamente el nombre de Iron Maiden vuelve a sobrevolar mi subconsciente. Las estrofas ahora portan una crudeza más acentuada, más heavy, al tiempo que los riffs que las sustentan pierden en técnica aquello que vienen a ganar en pegada. Gero canta altísimo aquí, en contraste con los tonos algo más sucios del arrebatado estribillo. Aciertan Destral a la hora de encontrar el necesario gancho para uno de esos cortes que huelen desde ya a fijos en sus directos. Siento muy Helloween (o más bien muy Kai Hansen) esta sección solista. Algo efectista y sin embargo hábil a la hora de rematar otra de mis favoritas del álbum.

Condenado” sorprende ahora con ese prólogo de aires marciales. Le sucede sin embargo un heavy metal de aire muy clásico. Un corte cargado de una idiosincrasia muy ibérica, que bien podría recordar en ciertos momentos a Barón Rojo, Santa, ObúsGero vuelve a moverse por tonos altísimos mientras que Carlos entrega melodías hábiles y efectivas. Como uno de los cortes más amplios del disco, rozando los seis minutos, la banda da la impresión de haber sopesado en buena medida esta quinta entrega. No hay apuro en las líneas vocales. Carlos esparce riffs sin apreturas, Eduardo Antón dispone solos con clase y la base rítmica, un tanto hundido el bajo de Alberto eso sí, desarrolla sus respectivas líneas con mimo milimétrico. Me fastidia este epílogo en fade out pero un gran corte en todo caso.

Fembres Pecadrius”, que ya apareciera en aquél Ep de 2022, vuelve ahora amarrada a una intro más cuidada y termina de ganar los debidos enteros gracias al paso adelante que la banda ha dado en cuanto a sonido. Más que evidente si uno escucha ambas versiones una detrás de otra. En esta nueva encarnación gana un pequeño prólogo que, a menudo, me recuerda al “Fade To Black” de unos tales Metallica. La base rítmica y en especial el bajo de Alberto ganan precisamente el peso que eché en falta en su anterior encarnación. Así las cosas, aquél cambio de ritmo que comentaba en su día adquiere ahora un mayor alcance. Carlos solea a placer y todo parece funcionar como debe. Puede que esas melodías al cierre del solo arrastren consigo un cierto déjà vu. Con eso y con todo una re grabación que ha mejorado con creces al original.

Nit Fosca De L’ànima” también aparecía por el mencionado Ep de 2022. Gero traza una de las líneas de voz más altas y poderosas de todo el largo. Si bien por estructuras me resulta un corte algo más recurrente, lo cierto es que la banda desarrolla buenos detalles aquí y allá. La forma en que las distintas líneas de guitarra juegan a encontrarse en el tercio inicial del solo. La propia forma en que éste se despliega sin perder nunca esos efluvios tan clásicos. Por contra, echo en falta una producción que acentúe en mayor grado la apenas intuida carga atmosférica que se intuye. En la zona media dentro del álbum tras las sucesivas escuchas.

Exterminación” sorprende con la sequedad, casi maquinal, del riff que alimenta a las estrofas. Aquí Gero vuelve a recordarme a ciertos momentos de Tete Novoa con Saratoga. Pero el corte, con esos aires casi marciales, queda como una de las ofertas más singulares y diferentes dentro del tracklist. Que me agrada a medida que se enfanga y aprovecha para dejar fluir la cara más áspera de su forma de entender el heavy metal. Ángeles Del Infierno puede ser un nombre a recordar durante estribillos. Interesante por lo que tiene de diferente con respecto al resto de entregas.

Barrejat” es el tercero de los temas que integraban aquél Ep de 2022 y que la banda recupera ahora para mostrar su lado más cercano al speed metal más sucio y ochentero. Destral se sitúan entre la suciedad de unos nacientes Motörhead y el brillo de unos lozanos Helloween pre “Keepers…”. Con el doble juego vocal como mayor aliciente, Destral desarrollan aquí hábiles cambios de ritmo que Sigui ensambla gracias a una más que hábil línea de batería. El solo entrega una cierta épica, en cierto modo desasida del resto del corte, pero funcional en cualquier caso.

Història Sense Final” viene para poner la nota melancólica y abrochar este “Alça La Destral” recuperando aquellos aires tan Maiden que abrían el disco. Hay un riff muy Dave Murray / Adrian Smith aquí sobre el que Gero trama otra estupenda línea de voz. Muy equilibrada la mezcla de este corte final, con el bajo de Alberto adquiriendo el peso que eché en falta en canciones anteriores. Trazada con mimo desde la tibieza inicial hasta la eclosión solista de su tronco central, cierra y abrocha el primer largo de los valencianos dejando una cierta nota de distinción impregnando los seis minutos largos que marca en el reloj. Un magnífico cierre.

Es un buen álbum de heavy metal. A caballo entre dos idiomas, puede que este sea un factor que divida a quienes se acerquen de buena fe a este “Alça La Destral”. Quienes simplemente se dejen llevar por el regusto clásico que impregna buena parte del tracklist, las buenas composiciones que la banda ha dibujado (estupendo ese corte final, también “Allibera’t” o “Condenado”) o el trío que recuperan de aquél Ep de 2022. Un buen medio para acercarse a la clásica y a la vez curiosa propuesta del combo radicado en la llamada Ciudad del Turia.

Texto: David Naves

Reseña: Morgana Vs. Morgana «Kintsugi» (Autoproducción 2025)

Kintsugi” es el noveno trabajo de estudio ya para el proyecto valenciano Morgana vs. Morgana y fue editado, de manera independiente, el pasado 4 de julio. Ellos son Vicente Merodio (batería), Raúl Pagola (bajo), Javier Cortés y Zagg #3 (guitarras) y Carlos Pagola (voz). Los seis cortes que integran el trabajo fueron grabados, mezclados y producidos por Raúl Abellán “The Mixtery”, con asistencia y edición de Edu Nogués. Finalmente, Nacho Galacho se encargó del artwork.

Despacio” pronto transita por las procelosas aguas del rock progresivo. Tiende un curioso manto de guitarras leves y un tanto huidizas. Pero cuando la distorsión se abre paso y surge ese aura más Tool, uno no puede sino pensar en cómo de alargada es la sombra del combo angelino. En las líneas de voz percibo detalles que me recuerdan a otra banda que ha bebido no poco de Maynard James Keenan y cía: Sôber. Me agrada la forma en que tratan los cambios de ritmo. Esa deriva más metálica y visceral. Buena producción la que entrega este primer corte, capaz de cargar con las partes más rabiosas del estribillo, las más calmas del puente o las más recargadas del epílogo sin perder un ápice de sonoridad y equilibrio. Interesante y conciso primer corte.

Hoy Seré Yo”, que arranca desde la más pura calma, representa la cara más elegante de estos Morgana vs. Morgana. Hay un cuidadísimo tratamiento de las guitarras. También del bajo de Raúl Pagola, que dibuja líneas sin florituras pero concisas. Medio tiempo de aires melancólicos, con Carlos cantando en tesituras altas sin mayores problemas. Y aunque aquí y allá quepa alguna rima algo forzada, me agrada de nuevo el sonido que consiguen conforme la composición abraza una mayor gravedad. Todo se cierra con un contundente pero bien adornado crescendo final. El juego entre canales que la mezcla otorga a las guitarras, el desgarro de Carlos al micro. Incluso ese deje algo más atmosférico. Trazo cuidado, buenas ejecuciones y producción impecable.

Así las cosas, el tema título “Kintsugi” abraza una mayor visceralidad. Algunos riffs me recuerdan, lo que son las cosas, al eternamente polémico “St. Anger” de unos tales Metallica. Lo interesante aquí es el modo en que Morgana vs. Morgana conjugan ese mayor nervio con momentos de una mayor melancolía, como queriendo seguir donde lo dejase la anterior “Hoy Seré Yo”. Hay una cuidada línea de batería por parte de Merodio, voces rotas y desgarradas en un puente de puro metal contemporáneo, así como un tramo final de metal musculoso y tajante. En cuanto a duracón corte más rácano de los seis, pero hábil a la hora de descubrir la faceta menos edulcorada de los valencianos.

Por alguna razón, siento a la banda más cómoda en el registro más enrevesado y proggie de “Adornos”. Quizá por lo mucho que me gusta su riff inicial. O por la forma en que este conduce hasta las primeras estrofas. En ellas parecen buscar un groove más marcado. Caben buenos detalles desde el bajo de Raúl Pagola, así como otra interesante línea de voz de Carlos. Pero lo que me agrada es ese trazo retorcido y enrevesado. Ahí la banda parece haber dado rienda suelta a todas sus inquietudes, transitando de la furia a la calma (y viceversa) con total naturalidad. El de Soen es un nombre que acude de forma recurrente siempre que la composición alcanza el puente (pienso en cortes de los suecos como “Antagonist” o “Martyrs”) y aunque los valencianos ni alcancen ni busquen iguales niveles de dramatismo, sí que ofrecen una visceralidad y un nervio de ningún modo desdeñables.

El de “Sait-On Aimer” puede ser el arranque más Tool de todo el álbum. Y, de algún modo, me recuerda también a mis paisanos de Honara. Carlos Pagola está magnético en las primeras estrofas de este rock bitonal y elegante. No obstante la banda se permite aquí un pequeño puente que, en cierto modo, viene a contrastar con el resto de composiciones dentro de este “Kintsugi”. Por ahí, y gracias a ese avanzar más a medio gas, “Sait-On Aimer” acaba siendo un corte de gran personalidad dentro del tracklist. Y si bien las partes más embrutecidas me chirrían algo más ahora y la letra pierde algo de brillo al volverse más abrupta y visceral, lo cierto es que siempre me termina enganchando.

La final “Crisálida” funciona gracias a uno de los riffs más frontales de todo el disco. En un álbum caracterizado por el cuidado que la banda ha puesto en la creación de riffs, sorprende ese muro de sonido planteado de inicio. Pero ellos pronto transitan hacia su habitual metal a medio camino entre el progresivo y lo alternativo. Y de camino a estribillos, de hecho, aparecen líneas de guitarra con un gancho de mil demonios. Pero Morgana vs Morgana casi nunca transitan el camino recto y es de agradecer el modo en que cuidan la escritura en cortes como este. Elegante puente central mediante, esta última oferta de “Kintsugi” funciona a la vez como broche y resumen del propio disco. Especialmente con esos registros más rotos previos al epílogo. Un buen cierre…

… y una buena adición para todo fan del rock / metal progresivo de nuevo cuño. La herencia Tool es clara e innegable pero la banda ha sabido matizarla a través de composiciones (casi) nunca predecibles e interpretaciones, en el mayor de los casos, de buen nivel. La buena producción, la diversidad en cuanto a voces y tonos, me funciona. Aquí y allá hubiese deseado una mayor presencia solista. Por contra, el nivel en cuanto a riffs me parece bastante alto. La base rítmica soporta y remata los temas sin tampoco perderse en florituras innecesarias. Y entre unas cosas y otras, encuentro bastantes asideros en este último trabajo de estos veteranos valencianos. La veteranía es un grado, desde luego.

Texto: David Naves

Crónica: Iron Maiden (Madrid 5/7/2025)

Otra fecha de esas que llevas apuntadas a fuego desde meses atrás, esta vez la Doncella de Hierro, con su gira ”Run For Your lives” con única parada estatal en el coliseo colchonero.

Esta vez el medio de transporte elegido fue el autobús, viaje organizado con salida desde la capital del Principado y con caras conocidas de nuestra escena, como Pirri, de Escuela de Odio, al que mandamos un saludo desde estas líneas al igual que a Nuria. Con paradas varias nos soltaron a eso de las 14.30 horas en el parking del estadio del Atleti y sálvese quien pueda de ese clima subpajariano. Dos fueron los refugios con aire acondicionado que nos buscamos hasta la hora del show, el primero, famosa cadena de hamburguesas cuyo nombre empieza por M y termina en Donald’s y de segundo nuestro oasis particular (había varios) llamado “El Gran Escenario”, pub/restaurante en la parte baja del Metropolitano con el añadido (amén del aire acondicionado) de supuestamente tocar una banda tributo a los propios Iron Maiden, que tocaron de todo excepto un par de temas de los británicos, pero que sirvió para amenizar la espera.

Ya dentro y posicionados en nuestros sitios tras previo intercambio de saludos con dos ilustres que visitarán en breves semanas el escenario corverano de El Llar, pudimos ver a los suecos Avatar. La elección de Harris con los teloneros daría para vídeo largo en Piratas de Libertalia, en fin, a Johannes Eckerström y los suyos no se les puede negar empeño y actitud junto con una propuesta que les lleva años funcionando gracias a temas como “The Eagle Has Landed” o “Hail The Apocalypse” con el que cumplen a la perfección su cometido de calentar el ambiente.

Tras una espera corta en tiempo y larga en impaciencia suena el “Doctor Doctor” de UFO, sinónimo de comienzo de show, y ya la locura se desata con “The Ides Of March”, instrumental que sirve de antesala para una tarde/noche llena de himnos. Homenaje o no, en esta gira Harris y cía rescatan varios temas de la época de Paul Di’Anno, destacando “Phantom Of The Opera” por encima del resto. El sonido de los primeros cortes no hicieron justicia a un evento de tal magnitud. Un debe, que por crónicas varias se le achaca al recinto rojiblanco y que al estar en la comunidad que están y en el país que estamos, pues no ponen mucho empeño en solucionarlo. Pero eso si, tu entrada a precio de oro y las consumiciones dentro del recinto y del estadio más elevadas que los intereses de un préstamo online, eso que no falte.

Con la cartera más vacía, pero ilusión intacta disfrutamos del icónico intro de “The Number Of The Beast” que hizo rugir a los 55.000 presentes, seguido de “The Clairvoyant” y “Powerslave”. La siempre resultona “2 Minutes To Midnight” dio paso a uno de los grandes momentos de la noche, “Rime Of The Ancient Mariner”, casi 14 minutazos que se vivieron con éxtasis total en las gradas. El sonido ahora si acompañaba, junto a un fondo de pantalla donde nos hacia navegar a la par de los británicos. Brillante Bruce, como brillante la parte instrumental de uno de los mejores temas de la historia de Maiden.

Run To The Hills”, todos a cantar como locos y el que no lo hiciera es que no le riega bien la sangre, para de seguido disfrutar de otra magnánima pieza, “Seventh Son Of A Seventh Son” con otra proyección impresionante, y la dupla Dave Murray/Adrian Smith colosales. Lo digo ya, el día que esta gente pare va a dejar un vacío enorme. “The Trooper” hace que vuelva a rugir el Metropolitano, momento para mencionar a Simon Dawson, novedad tras un kit de batería menos vistoso de lo acostumbrado con Nicko McBrain pero igual de efectivo. Nadie tenia dudas que Harris pondría ahí alguien a la altura, Simon lo está y lo demostró a lo largo del concierto. Durante esta canción exigente, pudimos ver la figura de Eddie vestido de soldado y un Bruce enérgico ondeando la bandera inglesa y un pequeño momento la española.

Otro gran momento de la noche, “Hallowed By Thy Name”, con un Bruce Dickinson encarcelado hasta que “consigue “ escapar y un estadio en pie ante glorioso momento que estábamos viviendo, por lo que no debo ser el único al que este tema le vuelve loco. Son estos momentos que aunque hayan pasado días, los recuerdo y ninguna palabra, ningún trozo de vídeo me ayudan a describir las sensaciones vividas en ese instante. Después de semejante ejecución, cualquier canción queda descafeinada, así fue, la homónima “Iron Maiden”, a pesar que el Eddie de la pantalla estuvo muy guapo, sirvió de tregua y hacer un pequeño parón para encarar el final.

Y vaya final, un pequeño silencio da paso al preludio “Churchill’s Speech” y locura general con “Aces High”, acompañado por Eddie pilotando su avión tras la pantalla, consiguiendo otro momentazo descomunal. Una vez alguien dijo que “Fear Of The Dark” era la peor canción de Maiden o la más sobrevalorada de su discografía. Sin entrar en debates estériles, y si el susodicho estuviera presente, pues 54.999 almas demostraron esta noche que no opinan lo mismo. Cantaron como si no hubiera fin un estribillo tan facilón como efectivo y emotivo y que cada vez que suena en un concierto es un momento mágico de unión entre público y banda. También lo podría conseguir la denostada “Bring Your Daughter To The Slaughter” pero ya son muchos debates por hoy.

Cierre a una velada gloriosa con “Wasted Years” y un pletórico Janick Gers, gloriosa pese al sonido inicial, indigno para un evento de semejante magnitud, que fue de menos a más gracias al buen hacer de los británicos y de un buen puñado de temas que hacen disfrutar al más sosaina, ya que son historia del heavy metal y forman ya parte de nuestras vidas. Esperando ansiosamente la siguiente fecha, porque vuelvo a insistir en otra crónica, poco nos queda ya….

Texto: José Miguel «Lago«
Fotos: Facebook Iron Maiden

Reseña: War Dogs «Only The Stars Are Left» (Fighter Records 2024)

Segundo largo para los heavies ilicitanos de War Dogs, la banda que forman Alberto Rodríguez en guitarra y voces, José V. Aldeguer en batería y teclados, Manuel Molina al bajo y Edu Antón en guitarras. “Only The Stars Are Left” se compone de un total de diez temas grabados durante la primera mitad de 2024 y posteriormente mezclados y masterizados en Wizard Tower Studios por el Seven Sisters Kyle McNeill (Destral, Chantrice, Oath…) y al que adornanel diseño de Ana Skie y la pintura “El Caballero En La Encrucijada” (Knight At The Crossroads) del pintor ruso Víktor Vasnetsov. En la calle vía Fighter Records desde octubre del pasado año.

Fugaz “The Hour Of Fate”, introduce con pulso breve un álbum no precisamente escueto. A la elegancia que portan sus guitarras acústicas, War Dogs contrapondrán una “The Prosecution” donde todos sus cilindros parecerán en funcionamiento. Primero porque el riff que han dibujado para este primer corte tiene un gancho de mil demonios. Segundo porque sorprende ese inicio a medio gas, ese metal apaciguado revestido de una cierta épica en su caminar tímido y casi aletargado. Para cuando llegan las estrofas ya se vislumbra la cara más trotona de los ilicitanos y en el momento que la composición alcanza el estribillo, todo parece en su sitio. Tras el micro, Alberto Rodríguez comanda sin excesos y el bajo de Molina no podría evocar más a Steve Harris. Sí, la sombra de la Doncella sigue siendo alargada en la banda. También los buenos solos y el saberse más que conscientes de sus virtudes y también de sus limitaciones. Estupenda dupla inicial.

Riff mediante, “Riders Of The Storm” ahonda en ese parecido con Iron Maiden. El punto a favor viene a través de un desarrollo que parece empeñado en desligarse de la banda británica a fuerza de insuflar a las distintas ejecuciones un aire más a lo Riot o Brocas Helm. Cirith Ungol incluso en los momentos más pasionales. La banda dibuja entre medias buenos riffs, acompaña con certeros cambios de ritmo y, si algo echo en falta ahora, es una mayor presencia de Molina en la mezcla. Su bajo se diluye en la mezcla y este tercer corte pierde por ahí algo de empaque. Pero cuando emerge la sección solista, con el hábil duelo entre ambas guitarras, War Dogs están mostrando su mejor cara.

La más tranquila “Heaven’s Judgement” agiganta esos dejes épicos que “Riders Of Storm” entregaba a cuentagotas. Parte de un inicio calmo y reposado donde ya se deja intuir ese carácter tan grandilocuente como añejo. Su cambio de ritmo conduce hacia otro riff repleto de gancho. Clásico corte que irá ganando peso conforme transcurran las escuchas, plantea sobre esa épica desgastada un interesante juego de contrapuntos entre guitarra y voces en alguna de las estrofas más hábiles de todo el largo. El estribillo, y la forma en que se acompaña de los distintos coros, de nuevo trae a mi memoria a los neoyorquinos Riot, mientras que el solo que ocupa el centro mismo de la composición resulta más que notable.

Astral Queen” pone a trotar a los valencianos. Consiste en un heavy metal mucho más evidente y directo. También disfrutón. Alberto Rodríguez de nuevo estira su registro sin excesos innecesarios, manteniéndose en tonos donde se encuentra a gusto y obviando cualquier impostura. La firme batería de Aldeguer acompaña apenas sin pausa a uno de los cortes que, probablemente, no fallará en sus directos. La sección solista, resultona, vistosa incluso, termina por redondear la apetecible oferta.

Fallen Angel” contrarresta ese vigor con su avanzar pesado y arrastrado. Siempre dentro de los finos márgenes del género pero sin que ello signifique perder ni un ápice de identidad ni tampoco de carácter. En parte porque el riff de sus cuidadas estrofas brillará con luz propia. Sobre el papel ofrece un trazo más evidente, lineal incluso, el disco atraviesa por su vertiente más clásica, pero se elevará finalmente gracias al fenomenal solo que precede al epílogo.

Vendetta”, que la banda entregó como adelanto del álbum, recupera el vigor de cortes anteriores para acometer un heavy metal que, en un primer término, derrocha tanto vigor como clasicismo. Alberto Rodríguez entrega sus tonos más épicos aquí y el hecho de que uno de los cortes más extensos del disco fuese elegido para su traslación al terreno del video lyric tiene mucho de declaración de intenciones. Salta a la vista cuando uno oye los buenos solos doblados que han dibujado aquí. También el más neoclásico que irrumpe a continuación y que debería hacer las delicias de todo buen amante de los guitar hero más al uso. El epílogo, que recupera aquél riff del inicio y lo alimenta de ese trotar tan característico, remata una de las ofertas más redondas de este segundo trabajo.

Only The Stars Are Left” sorprende con ese inicio calmado y tranquilo. War Dogs traman inicialmente una balada que pronto transige hacia su vena más clásica. Trotan el riff y Aldeguer con él para proponer otro corte con clase y al que tampoco le falta gancho. Me gustan las melodías que acompañan a Rodríguez durante estribillos. También la forma en que las guitarras se doblan más adelante. Y en estos tiempos de solos fugaces que parecen avergonzarse de sí mismos, qué gran placer produce encontrarse con la vasta sección solista que la banda propone aquí. Extenso, hábil y memorable en toda la extensión de la palabra, apoyado por un firme doble bombo en distintas fases del mismo y desde ya uno de los grandes hallazgos del trabajo al que da nombre.

The Seventh Seal”, cuya narración inicial remite directamente al clásico sueco de culto “Det sjunde inseglet” de Ingmar Bergman, recurre a un heavy metal fogoso y atractivo, trotón en su base rítmica y donde se suceden riffs que ganan en gancho lo que pierden en solidez. Por ahí me engancha el solo que circunda su tronco central, especialmente cuando ambas guitarras juegan a encontrarse en un vistoso juego del gato y el ratón. Tan evidente y clásica como eficaz.

Para el final queda una “The Vengeance Of Ryosuke Taiwara” donde el tópico dirá aquello de que los chicos han puesto aquí todo su empeño. Es la oferta más extensa del álbum y, como tal, resume muchas de las influencias que han alimentado a los cortes precedentes. Vuelven aquellos coros tan Riot de “Heaven’s Judgement”, Alberto Rodríguez sorprende con la que quizá sea la interpretación vocal más ambiciosa de su trayectoria y la banda se permite incluso un pequeño oasis de tranquilidad con cierto regusto a Queensrÿche. Ese puente tranquilo y el crescendo que, solo mediante, la composición va dibujando camino del epílogo, se me antojan el broche perfecto a este segundo trabajo de los ilicitanos.

Orgullosos representantes dentro de nuestras fronteras de eso que algunos han dado en llamar “New Wave of Traditional Heavy Metal”, War Dogs parecen no estar para experimentos. Y sin embargo la sensación que queda es la de que la banda ha dado un paso de gigante desde aquél “Die By My Sword” de 2020 (reseña). Esto sigue siendo metal clásico, de toda la vida, pero los chicos parecen mucho más conjuntados y seguros ahora, evidenciando cómo el obligado rodaje les ha ido convertiendo en mejores músicos y, a tenor de temas como “Vendetta” o “The Prosecution”, también mejores compositores. Atravesado además por solos de gran mérito, (fantásticos los de “Only The Stars Are Left” o “The Vengeance Of Ryosuke Taiwara”) y con un Alberto Rodríguez cada vez más seguro en su desempeño tras el micro, la banda tiene motivos más que suficientes para estar satisfecha.

Texto: David Naves