Crónica: Karolina Reaper + Söax (Langreo 22/2/2025)

Cuesta renunciar a planes que se plantean a tiro de piedra de casa. La Sala Telva congregaba en La Felguera a Karolina Reaper y Söax, con los que además teníamos una cuenta pendiente, y así la cita tornó en ineludible.

De irónico título para un tema apertura, “Me Voy De Aquí” inaugura la descarga de Karolina Reaper cuando faltan quince para las nueve. Poca gente de inicio, aunque la sala iría recibiendo correligionarios de manera paulatina, ávidos del rock and roll clásico del cuarteto. Un rock que parece ganar enteros en su encarnación en vivo con respecto a sus grabaciones de estudio. Sensación que se certifica conforme José Morán, voz de la banda, se cuelga la Telecaster para “Lado Oscuro”. “Postureo” viene alimentada por un riff del que cuesta despegarse. Además Mike Rodríguez, SG roja mediante, dejaba un buen solo de guitarra aquí. Lo cierto es que se veía a una formación muy cómoda sobre las tablas, jugando en casa como lo estaban haciendo, y por ahí supieron ganarse su espacio.

La Chica De La Curva” me recordó a lo mejor del rock español de los ochenta. La nota de color aquí la pondría Morán con su armónica. También el bajista Guillermo Díaz, ayudando en coros. Un medio tiempo de corte algo más melancólico pero que deja un cuidado cambio de ritmo en su parte final. “Noche De Verano” enganchó con la Telva, que se puso de pronto a dar palmas mientras que, riff mediante, me dejaba una vibración un tanto más sureña. Sutil, pero suficiente para diferenciar a este corte del resto. Como algunos ya sabréis si seguís a la banda en redes, este iba a ser el último show con ellos de su batería Chencho Glenniac, por lo que esta era una noche un tanto especial. Como especial es el arranque y todo lo demás en “Walden”, composición reposada y a la vez distinta al resto de temas que nos brindaron.

Por ahí la banda fue construyendo un set diverso, cayendo a veces en una calma sin mojigaterías y, ya digo, adquiriendo un mayor peso en su traslación al directo. “Clase Obrera” de hecho nos devuelve a los Karolina Reaper más vibrantes. El riff aquí ni podría ser más elemental ni tampoco tener más gancho. Mike, pie al wah, dejó otro buen solo de guitarra. Entonces y de boca de José Morán, supimos que llegaba “la hora del recreo”, que se tradujo un pequeño set de versiones, adaptadas al particular sonido Reaper, siempre con Guillermo llevando la voz cantante, y por el que transitan porciones de “Iron Man” (Black Sabbath), “Whole Lotta Love” (Led Zeppelin), “Blitzkrieg Bop” (Ramones) y “Killing In The Name(R.A.T.M.). Casualidades de la vida, Fer Espina & The Riders ya interpretaron esta última cuando pisaron esta misma sala con el equipo de Heavy Metal Brigade dando fe allá por 2023 (crónica).

Pero volviendo a lo que nos ocupa, “Adrenalina” puede ser uno de lo temas más redondos de todo el set. Pertenece a su primer disco y da un poco la medida de la banda que pueden llegar a ser. Feeling y sentimiento amalgaman el que podría ser mi corte favorito por su parte. Y mientras que la armónica vuelve para “Colegas”, con la banda de nuevo derrochando sentimiento, Chencho se atreve con un pequeño speech en una noche desde luego especial para él, permitiéndose incluso el detalle de felicitar el cumpleaños a su pareja. Para el final solo quedaba ya disfrutar de “Karma”, con Karolina Reaper en una encarnación vivaracha y disfrutona. Nos gustaron.

Llevábamos tiempo persiguiendo a la buena gente de Söax pero la agenda impone sus rigores y no fue hasta el pasado sábado que se dieron todas las circunstancias posibles para darnos de bruces con su rock contemporáneo y ecléctico.

Bailongo incluso, si se me permite la patada al diccionario. Y fíjate que el inicio del set con “Histeria” no puede ser más tranquilo y tendido. Un corte engañoso, que va mutando esa calma inicial en un rock con una marcada vocación de himno. Puede que a Adrián Muñiz le costara entrar al set. Todo lo contrario que un Juan Bertrand al que vimos disfrutar de lo lindo ya desde los primeros compases, subiéndose incluso al subwoofer para ejecutar desde allí el primero de los sus solos de guitarra. “When Light Is Put Away”, por rimar con otra banda del Principado, me recordó a la buena gente de Testaferros. Sin abandonar esa cualidad hasta cierto punto bailable de su rock alternativo, la banda desde luego sabe cómo armar cortes atractivos por diversos.

Ramón Prada, bajista de la banda, es en cierto modo el héroe en la sombra de Söax. Junto con el batería Ignacio «Witu» Cadenaba trama infecciosas bases rítmicas, amén de ocuparse de las programaciones e incluso de pequeñas líneas de teclado. Corazón de la particular propuesta del cuarteto. Cada vez más en su salsa, Adrián Muñiz entrega una estupenda línea de voz en “43 Sunsets”. Bertrand no quiso ser menos que su compañero aquí y dibujó otro buen solo desde su SG roja. Era la noche de mi favorita de la familia Gibson. Me agradó “Béla Tar”, de tanto en cuanto entrega una versión ahora más oscura, misteriosa incluso, del ecléctico cuarteto asturiano. “Come Together”, versión de The Beatles, puede ser lo más cerca que Söax están de sus compañeros de cartel (“telonero” me parece una palabra cada vez más fea).

Agradecidos”, que según nos contaron nació como un homenaje al rock patrio, a quien me recordó sin embargo fue a Muse. En las partes más limpias de Bertrand a ciertos momentos de U2 incluso. “Bueno ahora vamos a hacer un poco el payasete” anunció Muñiz. Y lo que ocurrió fue que comenzó a sonar “Gasolina”, el tema de Daddy Yankee que vino a propiciar el desembargo del reggaetón en nuestro país hace ahora más de veinte años. Toda vez sucede la pequeña broma inicial, lo cierto es que la banda ofrece su versión más bailable aquí. Tirando de tópicos, realmente dieron la sensación de estar disfrutando de lo lindo a estas alturas del set. “Frente A Frente”, composición original de Manuel Alejandro y que ya interpretaran Jeanette, Rocío Jurado o incluso Bunbury, ofrece una versión más apaciguada de la banda. Más seria incluso.

Pequeño respiro antes de entregarnos “Atalaya”, quizá uno de sus cortes más efervescentes, montado sobre otro de esos armazones híbridos tan idiosincráticos en ellos. “Bubbles”, original de una de mis grandes cuentas pendientes (Biffy Clyro) acaba con Adrián Muñiz bailando entre el público. Aún hubo tiempo de un doble recuerdo a los AMAS. Primero con “Mentís”, ganadora en 2023, que dejó las estrofas más pesadas de la noche. Segundo con “Cuento”, nominada para la edición de este año, y que llegó no sin que antes cupiera una petición de aplauso para los chicos de Karolina Reaper. Me atrevería a decir tiene uno de los estribillos más llamativos del set. Al final volvió a sonar Daddy Yankee y de nuevo pensé si no se nos estará yendo de las manos lo de disparar una canción (más o menos) chorra al final de los conciertos.

En cualquier caso dos opciones bien distintas para una noche de sábado de lo más agradable. El clasicismo de Karolina Reaper frente a la visión más contemporánea de Söax. Un público que disfrutó de lo lindo y una sala que supo extraer un sonido más que óptimo de ambas formaciones. Darles las gracias por las muchas facilidades dispuestas en favor de esta crónica y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Nukore «The Blackout» (Revolution Records 2024)

The Blackout” es el nombre con el que los metaleros vitorianos Nukore han bautizado a su más reciente obra de estudio. Un total de ocho temas grabados en los SilverStar Studios de Iker Bengoa, viejo conocido de la banda. Ellos son Rafa Bataglia (batería), Ander Martínez-Olaskoaga (guitarra y coros), Álvaro Foronda (bajo y coros) y Aitor Asso (voz). El álbum vio la luz vía Revolution Records el quince de noviembre del pasado año.

Hunger Games” ofrece un inicio más enrevesado y atrevido de lo que uno podría esperarse. Un hardcore / metal de pulso tenso, diversidad en líneas de voz y un riff, pesado y arenoso, con un gancho de mil demonios. La de Biohazard podría ser una rima recurrente aquí. La banda aprovecha para contraponer su cara más atmosférica y uno va poco a poco atisbando la fortísima personalidad que desprenden estas composiciones.

Hate Is A Burden” prosigue esa senda de hardcore metal pesado y groovie, destacando otro buen riff aquí a cargo de Martínez-Olaskoaga. Desgarro y mucha variedad vocal para alimentar ahora una faceta un tanto más alternativa en estribillos. Efectos varios acuden a las guitarras de Ander y el coro, repetido de forma incesante, acaba por instalarse en el subconsciente sin mayores esfuerzos. El puente viene finalmente a alimentar a esos Nukore aún más oscos y pesados del epílogo. Otro buen corte de metal retorcido y fronterizo.

Tendrá que ser “Pay & Obey” la que venga a añadir algo más de nervio y picante a la mezcla, con una banda ahora en una encarnación más cercana al crossover thrash. Suicidal Tendencies, S.O.D. o ciertos momentos de Anthrax podrían ser rimas recurrentes aquí. El corte de todos modos ve rebajado ese brío inicial para acometer un pulso algo más sureño (ese riff no engaña) y Nukore van así alimentando la amplia gama de registros que manejan para este nuevo trabajo.

Planet B” viene soportada por dos grandes pilares. Uno es el estupendo riff de las estrofas. De nuevo sin escatimar en gancho ni pegada. El otro es la hábil línea de batería y la forma en que se amolda a los muchos registros que la banda maneja aquí. Tantos, que uno siente la composición algo encorsetada dentro de sus tres minutos y medio (no llega). Sea como fuere y cuando las revoluciones suben, el cuarteto acierta a hibridar thrash y hardcore sin mayores esfuerzos. A buen seguro una que será ineludible en sus directos.

Lost”, que pasa por ser el corte más extenso de este “The Blackout”, retorna a aquellos Nukore más atmosféricos del comienzo para traer al frente un metal de voces casi rapeadas, atravesadas por un tono ahora más apagado y melancólico. Medio tiempo tejido con todo el cuidado, que no obstante procura no obviar las fuertes señas de identidad del cuarteto vitoriano. Me gustan estos estribillos. También esas voces más rotas y desesperanzadas que irrumpen en el puente. Junto a “This Light Of Mine” el corte más diferente de los ocho y testimonio clave de lo versátil de su propia versatilidad como banda.

Con “Ward Dog” regresan unos Nukore más elementales. Puede que el riff que Martínez-Olaskoaga introduce aquí no me atraiga tanto como otros dentro del disco. Todo lo contrario que unas voces limpias para estribillos que no me podrían recordar más al mejor Christian Olde Wolbers (Vio-Lence, ex-Fear Factory). Del mismo modo pienso que el puente central bien merecía algo más de brillo en lo que a técnica se refiere. Un solo que terminase de rematar lo atractivo de su trazo. Por ahí un corte al que encuentro algo desigual.

De las ocho puede ser “This Light Of Mine” la que más brilla en cuanto a sonido y producción se refiere. Desde su caminar apaciguado, en cierta rima con la anterior “Lost”, se deshace no obstante del tono melancólico de aquella, dejando en el aire un cierto aire de revancha. Hay buenos cambios de ritmo, comandados con pulso firme por Bataglia, cara a construir alguna de las estrofas más redondas de todo el largo, con Martínez-Olaskoaga, ahora sí, entregando una interesantísima gama riffera. ¿Lo peor? Esos poco más de tres minutos que marca en el reloj.

Claro que si hablamos de duraciones rácanas, qué decir de la final “Don’t Do It!”. Si parpadeas te la pierdes, que decía aquél. Y no obstante Nukore se las arreglan para componer un corte atractivo por diverso. Bien arreglado y rebosante de personalidad. Un final tan fugaz como el álbum mismo.

… que por duración casi parece un Ep, pero que en cualquier caso entrega ocho temas de fuerte personalidad, bien producidos y en los que cabe casi de todo. La banda parece querer obviar cualquier tipo de relleno y por ahí el disco transita sin grandes errores, si bien pienso que alguno de los temas bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. Si llegados a este punto os pica la curiosidad, la banda estará junto con el combo hardcore asturiano Jeremías El Babuino en el Tizón gijonés este próximo viernes 28 de febrero.

Texto: David Naves

Crónica: Susan Santos (Avilés 14/2/2025)

Parada asturiana del tour de Susan Santos en defensa de “Sonora”, último álbum de la guitarra y voz de origen extremeño. Acompañada de José Vera al bajo y Javi Planelles en baterías y con el cartel de todo vendido en la puerta, nos acercamos a La Factoría con intención de comprobar, de primera mano, cuanto hay de verdad en el título de “la mejor blueswoman de España” que muchos le otorgan.

Pasan siete de las nueve cuando el trío irrumpe en el escenario de La Factoría. Su puesta en escena se resume a lo elemental, más allá del diminuto peluche que adorna el bombo de Planelles o el pequeño cactus que ilumina el ampli de Santos. De hecho el arranque mismo del set no podría ser más tendido, con el trío tomándole el pulso al público astur. El suyo sería el ya clásico concierto de menos a más, pero con Santos sentando cátedra con su Telecaster verde ya desde los primeros compases. Muy segura en sus evoluciones al tiempo que atacaba, sin púa, buenos solos como el que dibuja en “Have Mercy”. Vera y Planelles llevaban el peso de la base rítmica y ayudaban con los coros, si bien en esta primera parte del set costaba oír sus voces con claridad.

No así a Susan Santos. La extremeña demostró un más que óptimo estado de forma en lo que a voz se refiere. La banda se permitió el lujo incluso de enlazar temas en un comienzo que pintaba a fulgurante. De resultas de ello, el público demostró estar ya muy por la labor en un corte como “What I Want”, arranque de clase por parte del trío, no falto tampoco de gancho. Para “Rattlesnake” abandona su Telecaster verde y echa mano del slide. Blues rock seminal y pegadizo. Bailable incluso, con Vera disfrutando y de qué manera desde su bajo de cinco cuerdas. Del mismo modo, riffs como el de “In Trouble” son capaces de llevar en volandas a cualquiera, mientras que la banda acierta a conjugar el mayor brío de “Hot Rod Lady”, uno de los cortes con más gancho de ese estupendo “Sonora” del pasado año.

Pero si tuviera que elegir una favorita dentro de su última obra de estudio, esa podría ser “So Long”, un prodigio de feeling, atravesada en su versión en vivo por una de las mejores interpretaciones de Susan Santos en lo que a voz se refiere. Una gran versión del trío en esta parte central del set, que rematan con “Call Me Tonight”. Aquí la pacense había preguntado cómo estábamos de palmas. Lo remarcable de todos modos es cómo el trío sabe conjugar el blues rock de toda la vida, entregando cortes a rezumar de clase pero también de gancho e incluso carisma.

Santos regresaría a su Telecaster verde para enfrentar el mayor brío de “Voodoo Wheels”, uno de los cortes más vivarachos de todo el set. Brilló aquí la pacense en el solo de guitarra. También Vera desde su cinco cuerdas en apoyo de este. La banda se permitiría incluso su particular baño de masas, bajando a interpretar entre la gente, rodillas en tierra, una pequeña jam. Amplias sonrisas en banda y público aquí. Llegarían después los habituales agradecimientos por parte de Santos y un bis, que no fue otro que “Let It Ride”, el corte que cierra ese “Sonora” de 2024.

Alrededor de hora y veinte del mejor blues rock. Un trío en gran forma y si bien un sonido que no fue del todo redondo, una verdadera avalancha de feeling y buen gusto. Hay quien ya otorga a Susan Santos el título de “mejor blueswoman de España” y, a tenor de lo visto el viernes, no seré yo quien les quite razones. Un gusto como siempre ver el cartel de todo vendido y un placer la buena compañía de la que se disfrutó antes, durante y después del show. Esos habituales que nunca fallan. Mandar por tanto un abrazo a todos ellos, también un agradecimiento a la buena gente de La Factoría por todas las facilidades y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Aneuma + S.O.C.S. (Ribadeo 15/2/2025)

En Heavy Metal Brigade abogamos siempre por poner tierra de por medio con la rutina. Echarnos a la carretera. Y atestiguar qué dan de sí las bandas que nos gustan. Juntaba la Asociación Catro Caños a State Of Crime & Science con  Aneuma y la del sábado, de pronto, se nos antojó una de esas citas de lo más apetecibles. Así las cosas, carretera y manta que diría un clásico, para ver qué se contaban ambas formaciones en tierras lucenses, dentro del ciclo musical del Vendaval Fest.

Y es que cine teatro, sí, pero la organización se pegó la paliza de remover parte de los asientos, por lo que aquello, por suerte piensa uno, no tuvo nada que ver con aquellos shows post confinamiento con las nalgas soldadas a la butaca. Un enorme telón de fondo dominaba el escenario. State of Crime & Science, o S.O.C.S., lo hacen suyo cuando son alrededor de las 22:38 de la noche. Y lo hacen mediante una de sus composiciones más postreras, aquella que viene a darles nombre, y en la que su elegante forma de entender el rock, en especial el rock alternativo, conjuga con el primer solo de un muy seguro Marc Segond.

Teníamos muy reciente al combo gijonés, si bien aquella noche servidor estaba a otros menesteres. Dichosos solapes. Pero “Lost”, con una línea de bajo por parte de José R. Ibáñez que es puro gancho, entregó esa cara algo más vivaracha del quinteto. Osana K., verdadero punto focal de la formación asturiana, mostró un óptimo estado de forma. Rara vez falla la vocalista y la cita ribadense vino a confirmar las habituales buenas sensaciones.

“Somos State of Crime & Science y venimos de Gijón” anuncia previa a dejarnos con “Last Days”, composición nacida al albur de la pandemia, “cuando creíamos que el mundo se iba a acabar”, y que destapa ahora a unos S.O.C.S. más cercanos si cabe al rock alternativo. Algún coro pregrabado acompaña a Osana K. durante estribillos y, en líneas generales, la banda arremete sólida y compacta. Al igual que sus compañeros de cartel la noche del sábado, esta es una de esas formaciones que prácticamente hemos visto nacer y muy pocas veces fallar. Y no lo hacen porque tienen cortes como “Cursed Gift”, capaces de alimentar la cara más melancólica, también más desgarrada, del combo gijonés. Y es que el tipo de rock que realizan podrá gustar más o menos, pero su versatilidad es indiscutible.

Agradecimientos mediante, “Through The Mirror” vuelve a dejar destellos de esos S.O.C.S. elegantes y terriblemente gancheros. Osana K. brillando al micro aquí e Iván Fernández dando una lección de cómo amoldar sus baterías a los distintos registros de la banda. A menudo en la sombra pero siempre fundamental a la hora de cargar con el peso del quinteto. “Release”, con esa construcción tan ambivalente, resulta idiosincrática de la banda. El quinteto sonando muy bien aquí, de hecho. Con Gus Bocanegra a los mandos desde luego no esperábamos menos. S.O.C.S. tuvieron tiempo de dejarnos una primicia, “Self-Delusion”, que abrazó un cierto groove algo desconocido para ellos al tiempo que Osana K. se mostraba más torrencial que nunca. “Under” dibuja uno de sus mejores estribillos, puro derroche de cadencia y elegancia, y un poco al alimón con la más rotunda “The Hole” pueden suponer sus temas con más gancho a día de hoy.

Vortex” vira ahora al idioma de Cervantes y “Losing My Religion” reinterpreta al modo S.O.C.S. el gran clásico de los próceres alternativos de Athens (Estados Unidos) R.E.M.. Versiones así, sí. La final “Should I” llega no sin que antes Osana K. mandase un pequeño recuerdo al “Venom” de Aneuma, del cual dijo la vocalista que era el “disco del año” del pasado 2024. Fue el primer tema que interpretaron en vivo, nos dijo, y el sábado fue también el último. Buenos solos de Víctor Torres primero y Marc Segond después para cerrar otra buena noche para ellos. Siguen a la suya, amalgamando un ramillete de canciones con un toque personal y distinguible. Muy atentos a sus próximos pasos. Huelga decirlo.

Tirando otro de mis habituales latiguillos, qué duda cabe que Aneuma son un animal muy diferente. Su metal extremo, o en cierto modo su metal clásico junto con la característica voz rota de Laura Alfonso, pronto pondría a prueba los firmes cimientos del cine teatro. Y es que “Your Doom”, con esos coros ineludibles de Abel, pone sobre alerta a cualquiera. Arranque descosido con Jorge Rodríguez comandando las operaciones tras baterías. Sonando muy bien ya desde el comienzo, sí es cierto que vimos a la propia Laura algo más justa que otras veces en este comienzo. Se llevaba constantemente la mano a la petaca y uno pronto intuye que sería algo pasajero.

O que de hecho la frontwoman iría entrando en calor conforme transcurría el set. En lo gestual no cambia, desde luego, mostrándose una noche más tan indómita e impetuosa como acostumbra. Lo mismo que un Borja, leyenda viva del metal astur, que volvió a dar una lección solista del más alto nivel en “Fall Apart”. Para “Castaway Of Chance” es el bajo de Pau el que aporta el debido gordor a este trazo ahora más intrincado. Su compañero en base rítmica, el imparable Jorge Rodríguez, se mostró muy firme con el doble bombo en “Never Again”. Y si bien el público recibió al quinteto con una mayor frialdad que en pasadas ocasiones, me viene a la cabeza aquella arrolladora presentación de “Venom” en la Gong Galaxy Club (crónica), lo cierto es que pocas dudas caben al respecto de la propia banda.

Creatures” siempre sorprende de tanto en cuanto ofrece la cara más elegante de estos Aneuma, que conjuga con la más briosa que ofrece en su segunda mitad, con la banda moviéndose más que hábil en ambos registros. Tablas y galones desde luego les sobran. Vimos algún tímido circle pit aquí, si bien poca cosa para cómo Abel se desgañitaba acompañando a Laura en voces. “Breakout From Hell” es puro groove entendido a la manera clásica, mientras que “Yell To The Sky” inunda de luces estroboscópicas el cine teatro ribadense. Brilló de nuevo Borja bajo el parpadeo cegador. Siempre da la sensación de disfrutar con lo que hace y se nota.

Otro que siempre parece pasárselo en grande es Javier de Coupaud, bajista de Mad Rovers, que tomaría el puesto de Pau para “Guide Them To The Light”, que deja quizá uno de los solos de guitarra con más gancho de todo el set. Un gancho del que no va precisamente falto “Chain Reaction”, uno de esos temas que, pienso, podría ser capaz de propulsar a esta formación al siguiente escalón. Volvió Pau al bajo y quien cedió su puesto esta vez fue Abel para lo que iba poco a poco confirmándose como un show especial para el quinteto. Desde luego no uno más de todos cuantos les hemos visto. De vueltas ya a la formación estándar, “Circles Of Fire” detona otro de los riffs con más gancho del set. Un corte sin el nervio de otros pero lo suficientemente hábil como para llevar en volandas a cualquiera con un mínimo de sangre en las venas.

Stand Tall”, me permiten otro tópico, exhibe ese tono tan habitual en las guitarras de Borja. Ya sea con Legacy Of Brutality o con estos Aneuma, sus riffs y solos siempre resultan reconocibles, verdadera seña de identidad del guitarra asturiano. La banda se tomaría un breve descanso aquí. El justo para que Laura cambiase de atuendo y emergiera, punta en blanco, hasta una pequeña plataforma situada en el epicentro mismo del cine teatro. Desde allí, y bañada en sangre, afrontó “Frozen” para aportar una nueva nota de distinción al set. Con Pau delegando de nuevo el bajo, en esta ocasión a Sandra (Rise Of Fury) la banda acertó a sorprender aquí. Benditos inalámbricos.

El cierre vino a ser el habitual, con sendas versiones de Carcass y Death, incluida colaboración, esta vez a la guitarra con otro gran amigo de la formación como es Carlos C. Gavilán (Exkalibur) así como la certeza absoluta de que están en un momento más que dulce. Si además se rodean de buenos amigos, arriba y abajo del escenario, qué mejor forma de pasar una noche de sábado. A nosotros nos quedaba un largo camino de vuelta, así como la certeza de que el esfuerzo mereció la pena.

Por nuestra parte nada más que mandar un saludo a los habituales de siempre, ni siquiera en Ribadeo nos libramos de vosotros, así como enviar un agradecimiento a la buena gente de la Asociación Catro Caños por todas las facilidades dispuestas de cara a la confección de esta crónica. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Soundcrush «The Hunt» (Autoproducción 2025)

Nueva autoproducción para los chicos de Soundcrush, la banda que lidera en guitarra y voces Ales Sánchez, a quien rodean esta vez Luis Sánchez al bajo, Iván García en baterías y Víctor Diedena a la otra guitarra. “The Hunt” se grabó en los estudios EGM y se adorna con un arte nacido en el seno de la propia formación asturiana.

Llama la atención esta “Consequences PT2” y esa sensación a llamada a las armas que entrega. Y que dura lo que tardan en irrumpir las primeras líneas de voz y guitarra. Desprende cierto aire misterioso con esas voces en susurro. Curiosa introducción a un álbum al que da nombre esta “The Hunt” en la que Soundcrush juegan, pienso que de forma hábil, a conjugar su cara más trotona, con la más técnica y groovie. Hay una estupenda línea de batería soportando y enlazando los distintos ritmos. Buenos detalles en los engarces entre estrofas. “The Hunt” tiene gancho en un estribillo al que no cuesta esfuerzo adherirse. El puente, que echa mano de una pequeña narración, acomoda igualmente un vistoso y agradable solo de guitarra. La composición regresa después a la pesadez inicial y por ahí el disco arranca con un dúo más que interesante.

Exemplary Punishment” acentúa la pesadez del cuarteto, basando ahora su avance en un riff que bien podría parecer heredado de los seminales metaleros franceses Gojira. Soundcrush suenan más rocosos aquí. Más desesperados incluso. Pero me gusta la forma en que han construido estas estrofas. Las voces que sitúa Ales sobre ellas. Caben coqueteos con el metal sureño. También feroces y rabiosos blast beats, cercenados sin descanso por Iván García. El solo, que llegará camino del epílogo, podría pasar por mi favorito de todo el largo. Por sí mismo pero también por el cuidado riff en que se apoya. Cuidada es también la escritura de su tramo final, que lo mismo acoge trazos casi marciales, que se inunda de doble bombo o recupera aquellos blast beats más violentos. Una coctelera de apenas cuatro minutos en la que caben muchas de las caras de la banda.

I, The Beyonder” vuelve a dar ejemplo de la buena técnica que manejan. Si bien ahora el cuarteto se permite el lujo de entregar un metal más atmosférico y espacial, así como un mayor juego entre registros vocales. En las partes más vivarachas surge un riff pleno de gancho y efectividad. Es en las partes más groovies que el nombre de Caedis, a quienes vimos por aquí a finales del pasado año (crónica), sobrevuela con cierto peso. Bandas, asumo, con más de un par de referentes comunes. Composición poliédrica, como lo son muchas del cuarteto, y que en cierto modo viene a poner la nota de distinción dentro de este “The Hunt”.

Me cuesta más conectar con “Unprocessed”. Quizá porque el riff en que apoyan estas primeras estrofas no tenga el brillo que sí ofrecen otros tantos dentro del álbum. Son unos Soundcrush ahora más pétreos y marciales, más directos y por ahí casi refractarios al discurso más ambicioso (por diverso) que suele alimentar a sus composiciones. Con eso y con todo, aprecio de igual forma el buen solo de su tronco central o ese metal más trotón que irrumpe a continuación. Pero en suma me agrada menos que otras ofertas dentro de este nuevo álbum.

La pequeña “Of Pain And Fear” viene para poner la nota de color con ritmos apaciguados y un fuerte poso melancólico en sus melodías. Un pequeño y elegante oasis en mitad del desierto que bien merecía un desarrollo un tanto más ambicioso. Sea como fuere conduce hasta una “Hands Of The Emperor” de inicio igualmente tranquilo, donde creo distinguir cierto gusto por los Machine Head más elegantes, pero que viene a mudar en un medio tiempo de fuerte poso atmosférico y aires cercanos al post-grunge más casual. Hay grandes voces limpias aquí, rodeadas de eficaces solos de guitarra y, sobre todo, la sensación de que la banda ha querido mimar con sumo cuidado una composición tan diferente como esta. Se dejará notar en la forma en que todo confluye en el solo de guitarra final y el desgarro mismo del epílogo. Estupenda doble entrega.

Ascending” retorna a cauces más habituales para ellos. Pesadez y desgarro, intensidad y técnica. Tal vez eche en falta un bajo con más peso aquí, en particular allí donde los riffs manifiestan esa vena más pesada y rocosa. Pero de nuevo me agrada la forma en que la banda conjuga esa mayor pesadez con ramalazos más abiertamente atmosféricos. Que si bien algo esporádicos, suponen un contrapunto, de nuevo muy Gojira, de lo más eficaz. Fácilmente otra de mis favoritas dentro de este nuevo trabajo.

Así las cosas, la final “No Mercy” vuelve a traer a esos Soundcrush más monolíticos y pesados. Algo que se evidencia además en el uso de voces realmente oscuras y agrias en estrofas, que vienen a contrastar con las más limpias (que no del todo amables) que se dejan oír en estribillos. Un riff de esos que invita a agitar cuello se acompasa sobre una más que eficaz línea de batería. Groove metal quintaesencial que no olvida ni acentos más atmosféricos ni tampoco el buen nivel técnico inherente al cuarteto. Inteligente cierre.

Es un álbum breve, sí. Apenas dos minutos por encima de la media hora. Rigores de la auto producción, supone uno. Un tanto a la contra en un tiempo donde los álbumes kilométricos parecen estar a la orden del día. Soundcrush han echado mano del libro de estilo para construir nueve temas donde cabe casi de todo. Pesadez, atmósfera, buena técnica y una diversidad más amplia de la que intuí en un primer momento. Disco de género como es, resulta apreciable cómo la banda se atreve con una dupla central, la que forma “Of Pain And Fear” en comandita con “Hands Of The Emperor”, que viene a dejar clara la medida de sus ambiciones. Otro dúo, el que forman los dos primeros temas del álbum, así como la estupenda “Ascending”, suponen a mi modo de ver motivos más que de sobra para acercarse a lo nuevo de los asturianos. Razones más que de sobra para seguir confiando.

Texto: David Naves

Reseña: Nurcry «Renacer» (Art Gates Records 2024)

Tercera entrega del proyecto que lidera el músico Ángel Gutiérrez y al que acompañan esta vez Kike Fuentes al micro, Manu Acilu y Juanjo Alcaraz en guitarras, Pedro Díaz “Peri” al bajo y Jason Simmons en baterías. “Renacer” fue grabado, mezclado y masterizado en los V3STUDIOS por el compañero de Kike en Nocturnia Manuel García de Acilu Ojanguren y está en la calle desde el pasado noviembre vía Art Gates Records.

Indómito” ahorra en todo tipo de artificios para atacar ya desde el primer instante con un heavy / power de raíz clásica, trufado de melodía. Un trabajo en cuanto a guitarras que llama la atención cuando el reloj ni siquiera alcanza el minuto y que da muestras de por dónde pueden ir los tiros en este “Renacer”. Fuentes parece más que cómodo en estas estrofas. Clásicas y acomodadas, en la más pura tradición del rock estatal. Hay inflexiones, versos incluso, que me traen el recuerdo de los Ñu más potentes. Remata un buen estribillo, esas voces dobladas que lo conforman no podrían estar mejor rematadas, si bien echo en falta unos coros con algo más de presencia. El solo, apoyado por el doble bombo que dibuja ahora Simmons, dista del conformismo sin rozar lo ególatra y termina de poner el lacito a un buen arranque.

Niño Invisible” rebaja en parte la intensidad para deslizarse hacia el hard rock y, sobre un riff no falto de gancho, tramar uno de los cortes más extensos del trabajo. Me agradan los adornos que lucen estas primeras estrofas. Como decía antes, el trabajo que lleva el disco en lo referente a guitarras da signos de haber sido cuidada con esmero. Quizá el disco no disponga ante el oyente una producción estelar. Sea como fuere, Fuentes dibuja un buen estribillo aquí. Pegado a ese hard lleno de clase y feeling, que no desentonaría en un álbum de 91 Suite. Puede que al solo, más en un tema que se va más allá de los cinco minutos, le viniera bien algo más de recorrido. Aún así, aprecio la forma en que transforma en calma su vigor inicial. A buen seguro uno de los más curiosos y llamativos de todo “Renacer”.

De letra protestona y hasta cierto punto irreverente, ataque directo a comportamientos superficiales tan presentes y habituales en redes sociales, “Megalomanía” traza sobre un riff a lo Judas Priest un corte que, a ratos, me recuerda a mis paisanos de Monasthyr. Aporta, solidario a ese espíritu algo más transgresor y gamberro, uno de los solos más vitriólicos de todo el largo. Atractivo y bien trazado para completar esta composición chulesca y pegadiza. Vibrante incluso. No descarto que tanto al insufrible de Llados como a sus pobres acólitos les piten los oídos.

Bella Luna” es puro heavy metal a la antigua usanza. La producción apoya ese clasicismo con una presencia sinfónica un tanto tibia. Todo lo contrario que una base rítmica que gana peso y comanda con pulso firme esta cuarta entrega. Muy elegante Fuentes aquí y cierto deje a los bilbaínos Valkyria esparcido por las distintas estrofas. Rápida, ni tan siquiera tres minutos y medio, pero dueña de efectivo solo doblado en su parte final.

Salto Al Vacío” recupera en parte aquél aire más macarra de “Niño Invisible”, lo reformula con un heavy metal que me recuerda a los primerísimos Mägo de Oz y lo cierra con un solo a la Iron Maiden. Uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y que, desde luego, suena mucho más pasional que cerebral. De resultas de todo esto, este salto al vacío se ha convertido en uno de los cortes que más fuerte han arraigado tras las sucesivas escuchas del álbum. Ni inventa nada ni lo pretende pero vaya si funciona.

Salvajes”, ahora sí corte más rácano de todo el largo, tiene un deje más urbano, a medio camino entre el hard de toda la vida, ciertos momentos bien podrían recordar a los (siempre) infravalorados Leize. Fuentes entrega otro estribillo pegadizo y con gancho, mientras que las buenas guitarras de Gutiérrez y el Lethargus Juanjo Alcaraz dejan dibujos rebosantes de clase. Llaman la atención esas voces filtradas del epílogo. Al final otra de esas en las que Nurcry parecen haber dado con la tecla, entregando así la mejor versión del proyecto.

Fénix” regresa a su lado más heavy, linda con el power con esos coros del inicio, también en esa desnudez de las primeras estrofas, con Fuentes cantando ahora en tonos más graves. El nombre de mis paisanos WarCry sobrevuela a ratos. También el de Dünedain o incluso el de Tierra Santa durante ciertos versos. El solo que ocupa buena parte del puente central me resulta uno de los más redondos y acertados de todo el trabajo. Nurcry en una clave muy orgánica aquí, sin efectos ni trucos de salón, trazando heavy metal del de toda la vida sin excesos ni dobleces.

Grita Al Cielo” pone la nota de color al ofrecer ahora un medio tiempo que me agrada más por sus intenciones que por la factura y los resultados que ofrece. Quizá, y esto es algo puramente subjetivo, porque no llego a conectar del todo con su aspecto lírico. Sea como fuere, Fuentes está fantástico, en especial a la hora de alcanzar los tonos más altos, y el solo que irrumpe camino del epílogo no abusa en ningún caso de florituras innecesarias, redundantes o ególatras. Pero es cierto que echo en falta una producción algo más ambiciosa que termine de apuntalar ese tramo final.

Ciego Errante” sorprende con un prólogo algo más oscuro y que no desentonaría en según qué disco de post-grunge. Fuentes, de hecho, traza inicialmente una línea de voz en cierto modo disociada del resto del álbum mientras el corte se afana por lindar con el rock alternativo en no pocos momentos. Hay riffs que me recuerdan, sí, a aquellos The Cranberries de la tristemente desaparecida Dolores O’Riordan. Aquí lo interesante viene de la forma en que Nurcry trasladan esa raíz más alternativa hacia un terreno más afín a la raíz del disco a través de un más que interesante crescendo. No dudo será uno de los cortes más divisores de todo “Renacer” pero, pienso, la banda sale más que airosa del envite.

Galileo”, que ya pudimos disfrutar en la primera edición del Luarca Metal Days (crónica aquí), me recuerda ahora a aquella “Wheels Of Fire” del álbum que retornaba a Rob Halford a su banda de toda la vida. Llamativas esas guitarras más broncas que acompañan a las estrofas para uno de los cortes más rácanos, también más directos, de todo el tracklist. En cualquier caso sobresalen esas armonías de Fuentes en estribillos, las más graves que irrumpen a término de los mismos o los solos doblados previos al epílogo. Curiosa cuanto menos.

7 Brujas” sí que trae consigo esa producción más ambiciosa que eché en falta anteriormente. Sirve ésta para acomodar la cara más épica de Nurcry, que a su vez es también la más heavy, con Simmons entregando una potente pero también diversa línea de batería. Me agradan las melodías con las que engarzan estribillos y estrofas. La forma en que Fuentes ensucia su registro para acompañar ese tono más vibrante de la composición y, enlazando con lo que dije al principio, el cuidado trabajo en cuanto a guitarras que ofrecen Manu y Juanjo aquí. Aún cuando su aspecto lírico no me conquista del todo, otra de mis favoritas.

Eterna Oscuridad” de nuevo rebaja esas altas pulsaciones para ofrecer un medio tiempo que me agrada menos por trazo, algo recurrente, y más por las diversas ejecuciones que entregan los chicos. De nuevo muy orgánicos Nurcry aquí mientras Fuentes alcanza a ratos tonos realmente agudos aquí y vibrante ese solo del puente. Correcta, ni me desagrada ni me engancha.

Para el final queda el bonus “Cuestión de Rock ‘n’ Roll” de inicio tendido pero cuyo desarrollo habrá de ofrecer a los Nurcry más heavies y enfebrecidos. Sorprende ese bajo tan alto en la mezcla, en contraste con su presencia más discreta a lo largo de todo el álbum. Un corte desenfadado como más que agradable broche a este nuevo álbum.

Notable tercer disco de los madrileños. Mucho más orgánico de lo que preveía antes de las primeras escuchas, a ratos la producción es casi invisible, lo que no obstante permite a la banda entregar su mejor cara como intérpretes. Las influencias, con la excepción que supone “Ciego Errante”, son en gran medida clásicas y, por ahí, la banda parece más que cómoda. “Salto Al Vacío” no me podría resultar más pegadiza, “Indómito” me resulta el mejor de los arranques y luego cortes como “7 Brujas” o el bonus final entregan una cara más descarada y heavy de Nurcry con la que conecto en cierta medida. Notable trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: Adrift «Dry Soil» (Monolito Records 2025)

Bajo la denominación “Dry Soil” se esconde el cuarto trabajo de los madrileños Adrift. Un total de seis temas producidos al alimón entre la propia banda y Santi García, quien se encargó de grabar y mezclar estas pistas en el Ultramarinos Costa Brava entre enero y febrero del pasado 2024. La formación actual se compone de Jaime García en baterías, Daniel Chavero al bajo, David López en guitarras y Jorge García en guitarra y voces. Con masterización de Víctor García (Aathma, Toundra, Ikarie, Bloodhunter…) y diseño y fotos de Jorge García (Ból! Estudio), el disco vio la luz vía Monolito Records el pasado 31 de enero.

Irrumpe denso “Overload” para sentar así las bases (o algunas de ellas) sobre las que se desarrollará el álbum. Hay cierta tensión en esos primeros riffs, en el juego que proponen ambas guitarras durante el prólogo. También una cuidada línea de batería de Jaime García. Me agrada la construcción de las estrofas, que vienen a contrastar con el desgarrado, indómito y definitivamente árido registro de Jorge García. Etiquetados a veces como “death metal experimental”, es esta una formación que no se doblega al blast beat incesante, que surca caminos más próximos al sludge más atmosférico. La producción, o cómo la mezcla acierta a equilibrar todos los elementos presentes, pone a estos Adrift, perdonen el tópico, a la altura de cualquier banda foránea. Sirva el poso más espacial que precede al epílogo como muestra.

Todo resulta de lo más orgánico. Sin maniqueos trucos de salón capaces de pervertir su manera de entender el metal extremo. Y “Concrete” es la mejor prueba de ello. Adrift arremeten más vivarachos ahora, con un bajo que percute con insistencia en ambos canales. Jaime García vuelve a dejar otra inquieta línea de batería, que acompaña a unas guitarras que ganan peso y crudeza aquí. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de todo el álbum, lo que no quita para que la banda lo recubra de buenos cambios de ritmo, apostados siempre en ese post metal crudo y arenoso. Lo mejor es el modo en que la banda parece terriblemente cómoda en este registro algo más vivaracho, entregando por igual atmósfera, músculo y desgarro.

Edge” toma el testigo a base de reincidir en esos biorritmos más altos. En un riff que, tras cada escucha, no deja de recordarme a los (tristemente) desaparecidos Moho, Adrift proponen un viaje inclemente en el que cruzan guitarras de un poso casi psicodélico con riffs heredados directamente del black metal. Contorsionando géneros, tejiendo cuidados cambios de ritmo sin olvidar su cara más descosida y visceral. Sorprende, aún en un álbum como este, la tensa calma de su extenso tronco central, con Adrift transitando por un páramo inhóspito y desolado. Desesperado festín riffero, que Jorge García recorre en su habitual registro ominoso y descosido. Toda esa amalgama sónica viene a contrastar con la más acusada calma que irrumpe más adelante, con el bajo de Chavero superpuesto ahora a ambas guitarras. Guitarras algo efectistas aquí, que toman en este tramo final sonoridades más próximas al stoner, sin que ello venga a traicionar el espíritu mismo del tema que las acoge. Que pese al amplio abanico de influencias que manejan sean capaces de mantener un nexo común entre todas ellas creo que habla muy bien tanto de la producción de la que gozan estos seis temas como de su buen hacer como compositores.

Restart” puede ser la que inicia de forma más amable de todo el tracklist. Es metal algo trotón, que despliega un nivel técnico sin florituras ni excesos. Operante siempre en favor de la propia composición que las aloja. Lo que sorprende aquí sin embargo son esas voces limpias, de aire casi ritualista, y la forma en que conjugan con el siempre árido y roto registro de Jorge García. Un corte que viene a romper con muchas de las ideas preconcebidas del álbum a estas alturas, siendo lo suficientemente hábil para mantenerse dentro de las propias fronteras del género. Hay riffs que tranquilamente pueden recordar a King Crimson, engarzados por unas baterías de Jaime García ahora un tanto más lineales. El tramo final se empecina en devolvernos a esos Adrift más atrevidos y atmosféricos sobre unas baterías casi marciales, desembocando finalmente en un curioso epílogo. Estupenda.

Agradecida calma la que propone el prólogo de “Blood Kills The Soil” con esas guitarras ahora algo tímidas, que vendrán de nuevo a contrastar con el iracundo registro de Jorge. Un penúltimo corte que afianza la cara más atmosférica de los madrileños, apoyada en una producción que parece entender a la perfección el material que tiene entre manos. Hay un poso algo más psicodélico aquí, que imbuye unas estrofas por momentos atrevidas e incluso desafiantes. Hay una mayor linealidad aquí y sin embargo puede que se trate del corte más excéntrico y diferente de los seis.

La final “Bonfire” parte desde un prólogo de fuerte poso atmosférico, aupado por una serie de arreglos de un cariz casi cinemático. Adrift se toman su tiempo ahora, de hecho composición más ambiciosa del álbum, y pronto dibuja guitarras que, sin ir más lejos, podrían recordar a los Tool más recientes. La voz de Jorge aparece ahora algo más hundida en la mezcla, generando una cierta extrañeza conforme transcurren las primeras estrofas. Las baterías de Jaime García recuperan aquél brillo de comienzos del álbum, ayudando a que la banda teja pequeños pero hábiles crescendos. Todo confluye en un puente central cercano a la ensoñación onírica. No diré que me recuerda a Alcest pero sí que intuyo un lejano guiño al shoegaze en estas atmósferas ahora apaciguadas. El cuarteto trama un largo epílogo en el que brillan sobremanera los riffs de Jorge y David, que terminarán por confluir en el cierre más abrupto que recuerdo en mucho tiempo. Un final estupendo en cualquier caso.

Uno de esos discos que solo entrará a una primera escucha a los muy duchos en el metal más desesperado y sofocante. Un viaje atmosférico por contornos a veces nada amables, que desafía al oyente casi a cada paso pero que, aún ahí, sabe tejer pequeños remansos de calma y sosiego. Con una gama riffera capaz de tender puentes entre el progresivo más clásico, el death a veces aberrante y el black más avezado, (casi) siempre bajo la angustiosa voz de Jorge García, Adrift han trazado un álbum que les debería confirmar como punta de lanza del post metal dentro de nuestras fronteras. Si tanto “Dry Soil” como estas palabras os llaman la atención, el próximo jueves día 6 de febrero tenéis una cita con ellos en el chigre cultural ovetense La Lata de Zinc.

Texto: David Naves

Reseña: Xeria «Fuego» (CD Music 2024)

Acompañando a la buena gente de Celtian en el Gong Galaxy Club de Oviedo este próximo 31 de enero estarán los chicos de Xeria, lo que nos parecía una razón tan buena como cualquier otra para detenernos un momento en su segundo largo “Fuego”, editado en marzo del año pasado a través de CD Music. Participaron en la grabación de este trabajo el teclista Víctor Herrera, el guitarra Carlos Z, el bajista Félix Gacho, el batería César Manjarrés y la voz Marina Sweet. Nueve temas grabados en Estudios Dynamita con el Last Days Of Eden Dani G. (Arenia, Rage, Monica Naranjo…) encargado igualmente de las distintas labores de mezcla y masterización.

Esta “Fuego” que dará nombre al disco abre con toda la pompa y boato propios del mejor metal sinfónico actual. Marca de la casa en la factoría Dani G., el combo vallisoletano se adentra en una composición atractiva por diversa. Resulta llamativa ya la construcción de las propias estrofas. Esos crescendos delicados y bien cuidados. Arrimados al metal melódico más cadencioso con medido equilibrio en la mezcla. Es cierto que en estribillos las guitarras pierden algo de presencia bajo esos coros tan predominantes. Por contra, me agrada cómo Marina parece en todo momento ser consciente tanto de sus virtudes como de sus flaquezas, trazando líneas interesantes durante estribillos. Como interesante es ese solo previo al epílogo. Un comienzo elegante y con gancho.

Siempre Amanecer”, que pasa por ser el corte más rácano en cuanto a duración se refiere, inicia de nuevo tenue, adoptando no obstante un cariz casi cinemático, que la producción quiebra de cara a la irrupción de la faceta más puramente metálica de la banda. Por ahí emerge un riff no muy lejano de los que el propio Dani G. implementa en sus Last Days Of Eden. Pero quien brilla en ese inicio es Manjarrés tramando una atractiva línea de batería. Un protagonismo que desvanece en estribillos para que sea Marina Sweet quien brille con luz propia. Estos tienen gancho y aunque haya quien eche en falta algo más de picante, lo cierto es que la banda equilibra con algunas guitarras realmente rotundas aquí. Y aunque el solo que Carlos Z puede pecar de escueto, bien está un corte que parece mostrar a unos Xeria cómodos y en plena forma.

Una Lágrima Más” prosigue en mostrar sin asomo ninguno de disimulo el fuerte poso sinfónico de la banda. Originales estrofas las que dibujan los vallisoletanos aquí para un corte donde el combo realmente da la sensación de disfrutar con lo que hace. Bajo la voz de Marina durante estrofas surgen del mismo modo llamativos arreglos y cuidados detalles de Carlos Z a las seis cuerdas. Entregando uno de esos estribillos que entran ya desde la primera escucha, no sorprende que éste fuera finalmente uno de los elegidos para su traslación al terreno del videoclip. El disfrutón solo que irrumpe en ese tramo final redondea una de las ofertas más equilibradas, certeras y eficaces de todo el largo.

Sangre Fría”, corte más ambicioso en cuanto a duración de los nueve, parte desde la más absoluta bruma para después deslizarse hacia la cara más melódica de los pucelanos. Medio tiempo de cadencia amable, con una Marina Sweet muy cómoda en esas primeras estrofas. La producción multiplica su voz más adelante y el corte, en líneas generales, parece discurrir por la vertiente más elegante de la banda. Sin excesos, con el bajo de Gacho dibujando buenos detalles bajo todo el andamiaje puramente sinfónico que le rodea. Pero si algo eleva a esta cuarta entrega es un puente central que vendrá a abrazar tanto una buena gama riffera como un inteligente uso de los arreglos. El propio solo de guitarra, el uso de sintes retrofuturistas y la forma en que la composición retorna a estribillos. De los nueve, el que más hace valer el buen ojo compositivo que, a día de hoy, anida en el seno de Xeria. Estupenda.

Sintes asoman también en el prólogo de “Contra Las Estrellas”, que después cabalga a lomos de una sencilla pero eficaz línea de piano. Los primerísimos Within Temptation sobrevolando mi subconsciente tras cada escucha. El caso es que la banda adopta después un metal melódico que viene a recordar a trabajos más recientes de la propia banda neerlandesa. Sea como fuere, Marina Sweet vuelve a moverse como pez en el agua durante estas estrofas. Algo más exigida en estribillos, pueden no ser estos los más redondos de todo el largo. Y da igual porque Xeria derivan luego hacia una versión más iracunda y, pienso, salen más que airosos del envite. Hay un buen solo de guitarra de Carlos Z aquí. Quizá porque tiene detalles que me recuerdan al mejor Alberto Rionda. También un cierre cuyo trazo me resulta de lo más atractivo. Otra a contar entre mis favoritas.

Al Pasar De Largo” rebaja las revoluciones, deriva sin excusas al terreno de la balada distinguida y elegante, implementa tímidos arreglos de cuerda y, claro, muestra a una Marina Sweet en su encarnación más amable. Mucha pompa en estribillos, tan cuidados como grandilocuentes. Carlos Z se descuelga con un solo torrencial, en una vena puramente clásica, que antecede a los Xeria más sinfónicos y recargados del final. Dani G. maneja con precisión de orfebre el encaje entre todas las líneas que se dan cita en el epílogo, constituyendo uno de los puntos álgidos del álbum en este sentido. A la altura de la mejor producción foránea, francamente.

Tras la calma, bien está el mayor brío de “La Luna Siempre Brilla”. Un corte donde la banda cuenta con la colaboración al micro de Kenzy (Megara) para, entre ambas voces, construir un metal sinfónico eficaz en estrofas, ganchero en estribillos, y finalmente hábil en el despliegue puramente técnico. Fantástico solo de Carlos Z aquí. Impecable en lo que a producción se refiere, no obstante un corte con ciertos altibajos.

Sin salirse un ápice de los férreos límites del género, me agrada la forma en que “Cerraste El Show” acierta a ofrecer un mayor nervio durante estrofas. No diré que la banda suena marcial aquí, pero sí que se dejan sentir esas gotas más de picante. Se agradecen incluso. Por contra, cierto es que su aspecto lírico no me entusiasma, particularmente en estribillos, pero la banda vuelve a mostrarse cómoda y concentrada en lo puramente musical. Hay buenos riffs de Carlos Z bajo estrofas, llamativos arreglos y voces rotas bajo el registro más amable de Marina. A pesar de todo, el corte con el que más me ha costado conectar de los nueve.

Edén”, con Rafa Blas (Mägo De Oz) a bordo, entrega un consistente duelo vocal sobre un metal sinfónico enraizado en la versión más leal posible al género. Me poderosamente la atención los riffs con los que Carlos Z va engarzando las estrofas. También los distintos arreglos y adornos que acompañan a estas. La propia Marina está más que hábil a la hora de construir sus líneas vocales. Delicada a un tiempo, torrencial al otro, confronta (es un decir) al albaceteño con clase y saber hacer. Echo en falta un solo de guitarra más ambicioso en este tramo final y, de paso, asumo mi culpa por ser tan insistente al respecto a lo largo de las diferentes reseñas. En cualquier caso, un más que eficaz cierre a este “Fuego”.

Este es uno de esos álbumes que, reza el tópico, gana peso con cada nueva escucha. Cierto que en su tramo final, el correspondiente a los cortes “La Luna Siempre Brilla” y “Cerraste El Show” estoy cerca de desconectar del mismo. Pero es que antes, temas como “Una Lágrima Más” o “Sangre Fría” habían dejado las expectativas por las nubes. Una gran producción, que no sorprende viendo la figura que se encuentra detrás de la misma, y una Marina Sweet que (me da la impresión) ha crecido una barbaridad desde aquél “Tierra” de 2019. Carlos Z está muy fino a la hora de elaborar buenos riffs de guitarra. Y aunque ya digo que a ratos eche de menos un aporte solista algo más ambicioso y efervescente, poca duda más cabe al respecto de su desempeño. Así pues, solo queda ver qué tal luce en directo este segundo trabajo el próximo viernes junto a Celtian.

Texto: David Naves

Crónica: Diañu Blues + Secta (Gijón 25/1/2025)

Noche de contrastes la que propuso la sala Tizón Sound para el pasado sábado con las descargas de Diañu Blues y Secta. Dos maneras bien diferentes de entender la música para una jornada que dejaría una más que notable venta de entradas y la sensación de que ambas formaciones atraviesan un momento más que dulce.

Y si bien la música de Diañu Blues, que el trío inaugura a eso de las nueve de la noche, puede quedar algo fuera de nuestros márgenes, ese blues casi siempre brioso y atractivo supo enganchar con el público del Tizón. Con el zurdo Bronco en baterías, a quien conocemos de sus andanzas con Malverde o The Magus, el combo dispone letras en asturianu para una de esas vetas que quedaban por abrir. Después de todo, quién le dice que no a una Gibson SG de color rojo.

Riada de versiones de, entre otros, gente como John Mayall (“Messin’ With The Kid”) y la mutación en cuarteto con la entrada del “mejor bluesman del delta del Navia, Javi Silva” al saxo. Su irrupción, obvio, otorga una mayor dimensión a la banda. Y siempre y cuando el sonido acompañó, que a ratos no sería el caso, pudimos disfrutar de una más que agradable y atractiva propuesta. “Mery Had A Little Lamb”, original de un tal Stevie Ray Vaughan, deja un gran solo de Pablo Nogueiro con el pie al wah. Y mientras que “Problemes”, versión “en élfico” de Muddy Waters, nos devuelve el formato trío, Diañu Blues hicieron evidente que estaban disfrutando de lo lindo.

En la segunda turné de Silva por el escenario del Tizón lo cierto es que, como digo, costaba oír su saxo con claridad, lo que no impidió que la gente en las primeras filas jalease al momentáneo cuarteto. Por ahí quedó una “Un Puquñín” (“Just A Little Bit”) que se revelaría como uno de los cortes con más gancho de todo el set. “El Pelu”, ahora sin Silva, resultó en uno de sus temas más briosos. Ya digo que el tipo de música que hacen bordea la que os solemos traer a estas líneas pero mentiríamos si dijéramos que no los disfrutamos. “Viaxeru”, que entrega una versión más arrastrada y, claro, bluesera de los Diañu Blues, acabaría siendo una de mis favoritas de la noche. “Don’t Lie To Me”, original del guitarrista y cantante estadounidense Albert King, muta en “Nun Me Mientas” y dispara palmas entre la gente. La banda encarrila el final en formato trío y entrega, ahora sí en su idioma original, “Hound Dog” de aquél al que vinieron en llamar “el rey del rock”. Divertidos.

Secta siguen imparables desde la edición de su segundo álbum “Panzer” (reseña) en 2024. El quinteto convenció a su paso por Tizón Sound con la fuerza arrolladora a la que nos tienen acostumbrados. Y eso que el inicio del set no puede ser más tranquilo. “Caliente”, de ese último trabajo, procura una apaciguada (pero con gancho) entrada al set. Su puesta en escena, como viene siendo habitual, se reduce a lo básico, al punto de que lo que más nos sorprendió fue la camiseta de Pantera de Ger Gilsanz, guitarra solista del quinteto.

En la más vivaracha “El Herrero” ya vemos que a Michael Arthur Long, volcánico frontman del quinteto, se le queda muy pequeño un escenario como este. Subido a la pequeña barandilla y agarrado al techo, busca con ímpetu la respuesta del público mientras Ger deja ya muestras de su pericia con la SG. “Fuera De Control” haría honor a su nombre. Y es que, en lo que sería una de las constantes durante toda la descarga, Secta se transformaron en una versión mucho más trepidante que su encarnación de estudio. El público coreó estribillos aquí y la banda enlazó con una “Todo o Nada” que procuró un hard rock quizá más liviano pero a buen seguro más vacilón.

El Tizón disfrutaba ya de lo lindo cuando Secta ataca “C’mon”, rebautizada por nuestro compañero Miguel Rubio como “Ramón, Ramón”. “Harto De Ti” da con el vocalista de rodillas en el suelo. El quinteto se aclimató como pudo al coqueto escenario del Tizón y sonó tan seguro como siempre, con esos imprescindibles coros de Juan Pablo Cotera (guitarra), Pablo Pravia (batería) y Pelayo Vázquez (bajo). “Oveja Negra”, encuadrada en el mismo corazón del set, rebaja pulsaciones y procura algo de resuello a la banda.

Oxígeno bien aprovechado, pues “Dame Tu Miel” casi multiplica en intensidad a su encarnación original, con un Pravia desatado tras los parches. Mucho movimiento en las primeras filas, lo que acaba derivando en que sea el propio Michael Arthur Long quien se dé su primer baño de masas de la noche. Disfruté en gran medida de “La Casa Del Blues”, una de mis favoritas del par de álbumes que han alcanzado a editar, y que ofrece al Ger más efervescente de la jornada. La también voz de Drunken Buddha arranca “No Quiero Llorar” a puro desgarro, levantando la ovación de la gente. Uno de los cortes más distintivos del set que vendría a contrastar con la más desvergonzada “Plan B”, con Gilsanz y Arthur Long perdidos entre el público. Sin inalámbricos que valgan. Es solo rock and roll pero me gusta, que decía aquél.

Pravia propulsa a la banda con no poco brío en “Dulce Dinamita”, una de las más celebradas en la noche del sábado, mientras que “Panzer” se inicia no sin que el frontman mande un recuerdo al recientemente desaparecido Charlie Günner, quien fuera voz de los inolvidables The Punishers. Nos esperaba un final de aúpa. Primero por el solazo que Ger Gilsanz, rodillas a tierra, dibuja para “Electroshock” y segundo por ese “Nada Nos Va A Parar” que tanto y tan bien resume su propia idiosincrasia como banda. Arthur Long subido en la barra, Gilsanz entre el público y ambos integrantes fundiéndose durante la catarsis final. De nuevo una de las cosas más divertidas que uno puede hacer vestido. Y es que a fin de cuentas, el tipo de música que hacen podrá gustar más o menos pero estos chicos, y hasta que se demuestre lo contrario, siempre cumplen. Su techo no sabemos donde está, pero de que saben bajar al barro y divertirse en él no nos cabe la menor duda.

Así pues otra agradable sesión doble con dos propuestas tan diferentes como complementarias. Qué mejor plan para una noche de sábado. Confiemos en que algunos sepan darse cuenta de lo que tenemos delante de nuestras propias narices antes de que sea demasiado tarde. En cualquier caso mandar un saludo a ambas formaciones, un gran abrazo a la más que afable compañía y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz