Sexto trabajo para los baleares Golgotha dentro de una trayectoria que arrancara allá por la década de los noventa con el largo “Melancholy”. Activos hasta 1998, reactivados momentáneamente en 2005 y ya de nuevo en 2014, conforman la banda a día de hoy Vicente J. Paya (guitarra y voz), Tomeu Crespí (baterías), Andrew Espinosa (bajo) Dan García (guitarra) y María J. Lladó (voz). La banda cuenta además con el Nexus 6 y TodoMalJavier Fernández a las teclas, encargado además de producir, mezclar y masterizar las grabaciones de los propios Paya y Crespí. En la calle vía Ardua Music desde el pasado mes de junio.
Predomina la parsimonia y la elegancia propias del género en “For Every Tear”. Doom melódico de cuidados arreglos y buenas melodías de guitarra que, duelo vocal al margen, bien podría recordar a muchos momentos de los americanos Novembers Doom. A su vez, el cierto goticismo que emana de las teclas que adornan esos engarces entre estrofas no deja de tener sus semejanzas con los seminales My Dying Bride. Lladó, a quien ya escucháramos en el anterior álbum de la banda, también al frente de otro de los múltiples proyectos de Paya, los stoner Bis•nte, entrega una interpretación contenida, constreñida incluso, amparada en el contraste que su voz produce con el registro roto del también integrante de los thrashers Holycide. Arranque en la más pura tradición del género, en cierto modo orgánico y desde luego de lo más funcional.
“Gilded Cage”, que fuera una de las cartas de presentación de este sexto largo, entrega unas mayores pulsaciones que de inmediato siempre me recuerdan a los temas menos áridos de Saturnus. Conforme se sucede ese animoso prólogo, Golgotha desnudan su habitual doom para que Lladó sitúe su cadencioso registro sobre apenas una tímida batería y un igualmente timorato piano. Por ahí me agrada la forma en que estas reconducen hacia estribillos, así como el brusco contraste que los gruñidos de Paya provocan aquí. Es un corte agradablemente engañoso, que tira del manual del estilo pero se permite una serie de guiños en cuanto a estructuras que la convierten al mismo tiempo en una entrega con gancho y, a la vez, vistosa y ágil. Acertadísima su traslación al terreno del videoclip, aunque fuera en forma de vídeo lírico.
“A Solitary Soul” ofrece en cambio un inicio mucho más pesado. Rotundo incluso. Ese riff inicial, tan sencillo como machacón, ofrece toda una gama de contrastes con la voz de Lladó. La banda ofrece sin embargo tonos más livianos que acompañan con sus habituales voces rotas. Una dualidad que la banda acierta a alimentar con alguno de los arreglos más llamativos de todo el redondo. Siempre de manera más casual que tímida, alimentando por ahí el rango sonoro del disco, convirtiendo a esta tercera entrega en una de las más personales de la banda. Firme Crespí al doble bombo y elegante Javier Fernández en teclas. Pero si algo me engancha sobremanera aquí es el solo de guitarra que precede al potente epílogo, lleno de clase y feeling. Estupenda.
“Hear Their Cries” nos transfiere de pronto a la cara más nervuda de los baleares. Son estos unos Golgotha que, sin salirse de las a veces estrictas lindes del género, se adentran en un juego de intensidades que viene a construir otro de los cortes más llamativos del tracklist. Pequeña porción de blast beats inclusive. Quizá eche en falta algo más de nervio por parte de Lladó, si bien los tonos más altos que despliega aquí no me desagradan en absoluto. Todo se apacigua camino del epílogo, momento en el que irrumpe uno de esos solos de guitarra que siempre me dejan con ganas de más. Un corte finalmente con altos y bajos, interesante por el juego de contrastes pero a ratos irregular.
“Human Vultures” propone de entrada un doom crudo y orquestado que me recuerda a bandas del ramo como Mourning Beloveth o incluso propuestas más funerarias como pudieran ser Mournful Congregation o Evoken. Apenas un pequeño guiño de la banda pues toda vez Lladó irrumpe en las primeras estrofas, Golgotha reconducen hacia un doom melódico mucho más amable y convencional. Sin abandonar en ningún caso el clasicismo, apostando de nuevo por el doble juego vocal y entregando una gama riffera que me engancha solo a ratos. Todo lo contrario que esas estupendas melodías del tronco central, así como el cuidado solo posterior:
“Closed Heart”, corte más rácano del álbum, engancha desde el primer momento gracias al gran trabajo de Paya y García, especialmente inspirados a la hora de construir un prólogo tan elegante y vistoso como clásico. Ejerce este gran contraste con las estrofas que proponen después. Angostas, acompañadas de un riff seco, casi marcial. Golgotha entregan así la que es, con mucho, la composición más diferente de todo el tracklist. Hábil a la hora de proponer una particular relectura del género sin que ello signifique perder del todo su propia identidad. Todo un ejercicio de equilibrio que la banda aprovecha para reconducir en un epílogo que, de nuevo, vuelve a recordarme a la banda de Paul Kuhr.
Sobre parecida raíz construyen una “Spreading The Wings Of Hope” que de nuevo entrega a unos Golgotha en su faceta más melódica, apostándolo todo a otro ejercicio de contrastes donde destacará Crespí tras baterías. Es la suya una labor de lo más eficiente aquí a la hora de amalgamar las distintas intensidades por las que transita la composición. Paya, por su parte, está particularmente oscuro en su interpretación vocal. Y mientras que Fernández viene a aportar las teclas más cinemáticas de todo el álbum, todo termina encajando cara a construir uno de mis cortes favoritos del trabajo al que da nombre.
Es el propio Fernández quien sugiere desde el piano “Hope As Guide”. El cierre del álbum parece querer reconducir de nuevo hacia un doom mucho más canónico, que ejemplifica la crudeza de sus primeras estrofas. Su contraste con Lladó no va a coger por sorpresa a estas alturas del álbum, lo que no quita para que la mallorquina entregue una gran interpretación. El crescendo que conduce hacia el epílogo funciona por sutil, mientras que las voces filtradas de la propia Lladó aquí me llevan de nuevo a pensar en Bis•nte. Interesante broche final.
El doom metal como principio y final. No obstante la banda, formación asentada mediante, se permite ciertos picoteos fuera del género que llenan de matices lo que, a grandes rasgos, no deja de ser un disco de género hecho y derecho. No negaré que siento el registro de Lladó más apropiado para su otra banda, Bis•nte, lo que no quita para que la mallorquina entregue aquí unas cuantas interpretaciones de nivel. Al final un disco ameno, quién dijo que el doom era algo aburrido, y que muestra a una banda, casi treintañera ya, en gran estado de forma. Ya podían aprender algunos.
Ep de cinco temas para el combo ilerdense de death metal Inversus y que forman Javi García en baterías, David Tudela al bajo y coros, Oriol Cornet en guitarra y Hastur también en guitarra y voces. Este “Evil Seeks Evil” que hoy nos presentan se grabó y mezcló en el Nomad Studio de la mano de Xavier Esterri (Cauldron, Ouija, Blindpoint…) para después ser masterizado en Crossfade Mastering. Con artwork de Garage Caos, el trabajo vio la luz en junio del pasado 2023.
Lejos de adherirse al clásico arranque nervioso y furibundo, Inversus dibujan un prólogo de fuerte carácter melódico. “Evil Seeks Evil” se manifiesta como un pulso entre el agrio registro de Hastur y unas guitarras que expelen riffs un tanto casuales, revestidos aquí y allá de buenas melodías. Nada que sorprenda a estas alturas pero que en cualquier caso engancha con un estribillo muy bien medido. La mayor tensión del puente central, con la batería de Javi García ágil a la hora de alternar ritmos, alimenta el fondo de un primer corte al que remata el elegante solo que anticipará el epílogo. Un arranque algo previsible, que no fallido.
“Nazino”, en alusión a la tragedia del mismo nombre bajo el paraguas de la Unión Soviética, y a la que también Avulsed dedicaran un corte en su disco “Nullo (The Pleasure of Self-Mutilation)” de 2009, echa mano de una mayor pesadez en sus guitarras, lo que en contraste a su mayor variedad en ritmos, deriva en un corte bifocal, de nuevo ágil, con rastros de los Sepultura pre “Chaos A.D.” apareciendo aquí y allá. También los Dark Tranquillity más clásicos y canónicos. Y entre medias espacio para que la banda desarrolle una serie de ideas que funcionan con suerte desigual. Se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que la narración que enmarca tronco central resulta un tanto impostada. Todo lo contrario que la buena ración de solos que despachan después o esos riffs tan machacones como pegadizos.
“Bastard Of Lilith”, que se atreve a bordear el doom en un cuidado prólogo, alterna las habituales pulsiones death del combo catalán con pequeñas derivas hacia territorios más propios de bandas como Paradise Lost, Novembers Doom o Daylight Dies para terminar por trazar uno de los cortes más sólidos de todo el Ep. Muy digno en lo que a despliegue técnico se refiere, apoyado en buenos riffs y muy variado en lo que a ritmos se refiere. Pero al contrario que me sucedía en la anterior “Nazino”, siento que aquí todo empasta con mayor firmeza y solidez. Quizá porque su andamiaje, salvo detalles, rezuma clasicismo por todos sus rincones. También porque la producción del Ep sabe cómo jugar con los distintos tonos que la banda incorpora aquí. Un acierto pleno.
Lejos de reconducir hacia un death más canónico, “Dreams Of Blood” prosigue la deriva del tema anterior al tiempo que tiñe la música del cuarteto de un poso más gótico que sorprende primero y engancha después. Aquí vuelve a sobrevolar el nombre de Novembers Doom. También el de Insomnium o, barriendo para casa, el de los valencianos Evadne. De resultas de ese ambiente más tendente hacia el goth surge un corte interesante en lo tonal, que si bien vuelve a mostrar una estructura eminentemente clásica, deja la impresión de que Inversus, a quienes admito no conocía hasta que “Evil Seeks Evil” cayera en mis manos, se sienten más que cómodos en esta suerte de doom death melódico.
“Sons Of Chaos” sí reconduce hacia el lado más death de su música. Aunque con matices. Y es que el corte final resulta una suerte de híbrido entre el par de cortes previos, especialmente en estribillos, y aquellas pulsiones más nerviosas del tema título o “Nazino”. Hastur vocifera como alma que lleva el diablo justo antes de que el corte derive hacia un puente central quasi atmosférico, que anticipa no obstante un epílogo más rayano en el heavy metal más clásico, lustrado por un solo de guitarra que bien merecía algo más de espacio. Otro corte pluriinfluencial pero sólido. Bien armado y sólido. Acertada carta de presentación del Ep.
Se trata de un Ep mucho más diverso de lo que adiviné en una distraída primera escucha y que viene un poco a hablar de las inquietudes y propósitos de una banda, a tenor de lo escuchado, aún intactas. Bien es verdad que la propuesta no resulta siempre todo lo sólida que debiera. Que fruto de la rica paleta de géneros que manejan, haya cortes un tanto descompensados. Pero en definitiva y cuando la banda acierta el tiro, véase “Bastard Of Lilith”, queda la sensación de que se conocen el libro de estilo al dedillo. A rematar con un hipotético tercer largo que acentúe los aciertos y destierre los errores de este meritorio “Evil Seeks Evil”.
A finales del mes de mayo veía la luz el nuevo material de los melodeath / metalcore madrileños Hiranya. La banda, que debutara allá por 2016 con un primer largo “Breathe In” al que seguiría “Breathe Out” tres años más tarde, está formada por Iván Méndez en baterías, Daniel Martínez (Phoenix Rising) y Johnny W (Dawn Of Tears) en guitarras, Jio al bajo y Sara Bowen en voces.
Este trabajo homónimo, que presentarán el próximo sábado en la ovetense Lata de Zinc en compañía de los renovados Unexpectance (más info aquí), cuenta con la colaboración del HiberniaGabriel Jester, fue grabado y mezclado por Carlos Santos (Aathma, Wormed, Toundra, Saor, Barbarian Prophecies, Hamlet….) en los Sadman Studios de Verín (Ourense) y finalmente masterizado por Jens Bogren (Amorphis, The Ocean Collective, Arch Enemy, Borknagar, Haken, Soilwork…) en los Fascination Street Studios de Örebro (Suecia).
“Acherontia” es la pequeña intro tras la cual se abre paso este nuevo trabajo de los madrileños. De su corto desarrollo, a la par que de sus relajados aires electrónicos, uno intuye por dónde pueden ir los tiros en esta nueva obra. Para cuando “Poison” se abre camino, el nombre de Absalem puede ser fácilmente el que primero acude a mi subconsciente. Muy elegante Bowen en estas primeras estrofas, en un tono cálido que, más tarde, habrá de dar paso a su lado más rugiente. Es un primer corte con gancho, apoyado firmemente en riffs tan recurrentes como pegadizos. Y mientras que el puente desata la cara más agria de la formación, todo vuelve a su cauce a través de un cuidado epílogo.
“Bad Dream” parece querer extraer de la banda algo más de contundencia. También de retorcimiento. Sin llevarles a las lindes del progresivo pero, desde luego, entregando riffs más trabajados y diversos. Algo más producida que su predecesora, ofrece a una Sara Bowen al límite de sus posibilidades, alternando entre registros en una línea de voz que en ocasiones me recuerda a la buena gente de Ankor. Me agrada esa rotundidad del puente, también el buen solo que irrumpe a continuación. El epílogo, cuyo deje electrónico viene a lindar con la introducción del álbum, extrae ahora a los Hiranya más amables. Quizá eche en falta algo más de duración. Por contra, uno de los temas que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.
Nombraba antes a Ankor y puede ser “Defeated” el corte que más acerca a estos Hiranya a la banda que lidera Jessie Williams. El quinteto madrileño propone aquí un prólogo de marcado pulso atmosférico, que dará paso a alguna de las estrofas más diferentes y llamativas de todo el trabajo. Equilibrada y con gancho, arrimada en buena medida a su cara más melódica, viene rematada por un solo tan escueto como rebosante de feeling. El crescendo final, con la producción regresando aquél deje más atmosférico del prólogo y fundiéndolo con una cuidada melodía de guitarra, amén de la magnética voz de Sara, pasa por ser otro de los momentos cumbre del álbum.
“Broken Bones” ofrece de primeras a unos Hiranya en una clave más tranquila y sosegada. Medio tiempo de poso melancólico, que no triste, donde sale a relucir una estupenda línea de batería por parte de Méndez. Sin florituras ni excesos pero terriblemente eficaz. Cuidada igualmente en lo que a riffs y melodías se refiere, se eleva finalmente gracias a otra gran labor de Sara Bowen en voces. Buenas armonías las que entrega en estos estribillos y llamativo ese puente casi desnudo y la forma en que trasciende hacia el pop sin temor alguno. Poderoso contraste el que produce éste contra los Hiranya más desgarrados que descubre el epílogo. Redonda, estupenda.
“Paradox” por su parte nos devuelve a los Hiranya más contundentes y vibrantes. También a los más retorcidos, mostrando uno de los trazos más atractivos de todo el tracklist. Con la producción sumando sintes de corte retrofuturista, aportando pequeños destellos alternativos incluso y Méndez dibujando ahora una laberíntica línea de batería, todo casa para entregar a la banda en su mejor versión. Caben desde breakdowns descosidos a flirteos con el melodeath más casual. Armonías que alternan los dos registros de Bowen. Es el corte más extenso de los siete y ciertamente da la sensación de que la banda ha querido echar el resto aquí. Cruzo los dedos para que no falte en su setlist del sábado.
“The Greatest”, versión de la cantante y compositora australiana Sia y donde cuentan con la colaboración de Gabriel Jester, transforma el pop electrónico de la original en un metal de contrastes, con una fuerte alternancia entre registros mientras la banda traza (violentos) crescendos lo suficientemente hábiles como para reverenciar a la fuente sin olvidarse de su propia personalidad como banda.
Más un Ep que un álbum completo si nos atenemos al reloj, apenas veintidós minutos, lo cierto es que sirve a la vez como toma de contacto con el combo madrileño y testimonio de su buen momento de forma. Al menos en lo que a composición se refiere y si bien hay algún corte (“Bad Dream”) que siento merecía un recorrido algo más ambicioso. Sea como fuere encuentro buenos trazos en estos temas. También riffs hábiles y un gran trabajo de Sara Bowen al micro. A la versión de Sia no le falta agilidad y “Paradox” resume por sí sola de qué es capaz una banda como esta. Salvo causa de fuerza mayor este sábado comprobamos qué tal suena Hiranya en vivo.
Es el quinto trabajo de los mallorquines Eveth, la banda que forman David Kamstedt en guitarra y voz, Alberto Barrientos en baterías, Biel Recio al bajo, David Dalmau en voces y RafaSocias en guitarras. “Sellando El Destino” se compone de doce cortes producidos y grabados por Miquel Àngel Riutort “Mega” (Æolian, Angelus Apatrida, Trallery, Perpetual Night…) en el Psychosomatic Recording Studio de Inca y masterizados finalmente por el Pyramaze Jacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Rob Rock, Sinner, Crystal Gates…) en sus propios Hansen Studios de Dinamarca. Adornado por el arte de Fernando Ricciardulli (Chromatic Chaos), se encuentra en la calle desde el tres de abril vía Maldito Records.
“Un Nuevo Mundo” ahorra en introducciones artificiales y nos conduce casi de inmediato hacia un power de ritmos medios al que soportan una serie de riffs recurrentes pero muy eficaces. Por contra, hay algo en la forma en que Dalmau afronta estas estrofas que, a ratos, logra sacarme de la composición. Eveth se elevan, no obstante, en unos estribillos directos y con gancho. También por la buena ración solista que proponen y ejecutan Recio y Kamstedt. Un arranque con altibajos. Con luces y sombras que diría aquél.
“Despiértame” sí que dispone de un riff de garantías para adornar un prólogo de puro power enaltecido y triunfante. Dalmau parece ahora mucho más cómodo y el empaque de la base rítmica, si bien desprovisto de artificios de ningún tipo, parece acertar a la hora de comandar un corte ágil por escritura y también por ejecución. Me agrada de igual forma el solo que acude en el tronco central y ese pulso más tranquilo que subyace. Quizá porque me recuerda a los chicos de Tálesien. Clase y pegada bien conjugadas en segundo corte algo rácano con el reloj.
“Aunque Me Cueste La Piel” sorprende ahora con ese extraño arranque pero más con la oscuridad que muestran ahora sus primeros riffs. El juego que proponen sus estrofas, primero desnudas, luego poderosas, ni es nuevo ni puedo afirmar que esté mal construido o ejecutado. El estribillo acude pronto a la cita para redondear uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y fin. Ciertas armonías vocales podrán recordar a la forma en que Rob Halford construye sus líneas en estudio para Judas Priest, con Dalmau eso sí moviéndose en tesituras mucho más terrenales que las del británico. Ni tan siquiera cuatro minutos de duración pero unos Eveth que parecen la mar de cómodos aquí.
Más minutaje y también más nervio el que ofrece “Hijos De Las Estrellas”, con los baleares derivando ahora hacia un power metal a ratos poderoso, a ratos elegante, apoyado en una suerte de riffs aquí y allá algo manidos, pero que en su mezcla de músculo y sentimiento logra trazar uno de los cortes más atractivos de este quinto álbum. Hay una idiosincrasia muy cañí en la forma en que la banda traza estos estribillos y los conjuga con esa letra optimista y alentadora. El tipo de canción que el power patrio lleva facturando desde hace décadas, lo que no quita para que la banda gane la batalla gracias a un buen trabajo a nivel técnico y también de producción.
“Mi Verdad” rompe con la tónica imperante en esta primera mitad del álbum al construir una balada / medio tiempo con no pocos guiños a los Iron Maiden más tranquilos y reposados. La banda vira más adelante hacia un metal más nervudo, que me recuerdan sobremanera a la buena gente de Argion. Noto más cómodo a Dalmau conforme el corte adquiere una mayor intensidad mientras transita hacia su tronco central, donde se dan cita unos solos un tanto discretos. Extraña elección como adelanto, desde luego.
Porque quien sabe si “Dueña Del Amanecer”, con esos ritmos más vivos y ese heavy / power más energizado y vibrante, no engancharía en mayor medida con el público más casual del género. Hay un estupendo trabajo de guitarras aquí, en los riffs que soportan las estrofas, las melodías con que las engarzan y finalmente con la obligada explosión solista del tronco central. Por trazo nada que sorprenda pero un corte que cumple con sus objetivos al fin y al cabo.
“Aprendiendo A Partir”, con Marc Riera (Azrael, Dark Elf) a bordo, continúa en esa senda más vibrante, adornada por otra buena labor de Kamstedt y Recio, donde más que a Iron Maiden, a quien encuentro cierto parecido es a los riojanos Tierra Santa. Me agrada el riff más musculoso que anticipa al solo de guitarra, y desde luego le habría otorgado algo más de presencia o desarrollo. Sea como fuere un corte que acabará por sobresalir más por el aire fresco que proporciona la voz invitada que por los propios méritos de la composición en sí.
“Lazos Rotos” calma de nuevo las aguas, arranca en balada desnuda y sin artificios para después trascender hacia un medio tiempo de mayor carga emocional en la mejor tradición del género. Un buen Dalmau y el buen trazo que muestra su solo de guitarra no logran, sin embargo, desposeerla de un cierto aire a déjà vu.
“Espejo De Luna”, con la producción otorgando ahora gran protagonismo al bajo de Biel Recio, funciona a la hora de ofrecer la cara más chulesca y ochentera del combo balear. Hay un deje muy marcado a los mejores Accept en los riffs en que apoyan las distintas estrofas y, desde luego que Dalmau traza sobre ellas alguna de las mejores líneas de voz de todo el trabajo. Bien es cierto que la sección solista palidece, pienso yo, en relación a muchas otras dentro del CD, pero con eso y con todo una de mis favoritas de “Sellando El Destino”.
Y ejerciendo casi como negativo de esa cara más despreocupada, “El Mandato” opta en cambio por ofrecer a Eveth en su encarnación más veloz y poderosa. Power metal del de toda la vida. Del que ahorra en sutilezas y no necesita de producciones rimbombantes ni arreglos recargados para cumplir sus propósitos. Del mismo modo Dalmau traza unas líneas de voz desprovistas de excesos innecesarios ni alardes imposibles. Firmes y vibrantes.
De nuevo muy Maiden el prólogo de “Versos Al Diablo”, con el bajo de Biel Recio convertido en debido émulo de Steve Harris. Y aunque luego el corte acoge una viveza de heavy metal de toda la vida, todo deriva de nuevo hacia una idiosincrasia más castiza. Aquí me agradan sobremanera las armonías vocales del estribillo y la mayor pesadez sobre la que se desarrolla. Clásica en construcción pero eficaz en cualquier caso.
“Viento y Fuego” viene a sellar el álbum desde un prólogo en clave de balada clásica que, más pronto que tarde, deriva hacia el habitual metal vivaracho de los mallorquines. Sita a medio camino entre los primeros Tierra Santa y Avalanch, Vhäldemar… agradará, o más bien debería, que uno nunca sabe, a todo fan del género con su profusión de riffs cabalgantes, sus hábiles cambios de ritmo y la manera en que Dalmau afronta sus diferentes líneas de voz. Un cierre a lo grande.
Casi cincuenta minutos de un heavy metal de guiños power que viene un poco a resumir lo mejor, a veces también lo peor, del metal facturado dentro de nuestras fronteras. Hay muchos riffs aquí que no deberían coger de nuevas al oyente habitual del estilo. La buena noticia es que, de tanto en cuanto, contribuyen a crear buenos temas. Pienso en cosas como “Aunque Me Cueste La Piel” , “Espejo De La Luna”, “Despiértame”, “Hijos De Las Estrellas” o la final y muy resultona “Viento y Fuego”. Orgulloso y a ratos eficaz disco de género.
Segunda, exitosa y multitudinaria edición del Lion Rock Fest. El llamado paraíso del hard rock melódico en nuestro país volvió a congregar a una nutrida representación de fans llegados desde los más diversos puntos de nuestra geografía, certificando por segundo año su buena salud. Las buenas sensaciones que había dejado la edición de 2023 sumadas a un cartel de lo más atractivo, Hardline, Jaded Heart, Treat, Hackers, Tyketto, Perfect Plan y The Night Flight Orchestra nos convencieron también a nosotros de echarnos a la carretera. Repetía además el recinto del año pasado, el inmenso Palacio de Exposiciones de León, con sus dos escenarios, León y Mahou, y a todo buen seguidor del género se le agotaban las excusas para faltar a la cita.
Aunque para nosotros, y al igual que sucediera en la edición de 2023, el festival empezaba mucho antes. Y lo hacía con unos viejos conocidos de esta casa como son Leather Boys, que volvían a su enésima sesión vermú, uno pierde la cuenta ya, para regocijo de los más madrugadores. Una cita que daría inicio aún con la batería a medio montar, añadiendo una anécdota más al inagotable caudal de entresijos y percances que rodean al quinteto. Fue poco el rato que les vimos, apenas tres temas, siendo “Rebirth” una vez más el encargado de abrir fuego. Un fugaz calentamiento para una jornada que se preveía tan larga como intensa.
Es algo que salta a la vista nada más Hardline hacen suyo el Escenario Mahou justo cuando faltan quince para las siete. Tras la presentación de rigor por parte de la organización, eso sí. “Fuel To The Fire” ya da muestras de que la emblemática banda americana ha venido a poner León patas arriba. Comandados por un efervescente Johnny Gioeli, los angelinos aparecieron por tierras leonesas en perfecto estado de revista.
A destacar también la gran labor de Alessandro Del Vecchio tras las teclas. También tras el micro. Sus alardes rara vez exceden lo necesario. Pone su saber hacer a favor de la banda y no al revés. El conjunto eleva así sus prestaciones y buenos cortes como “Everything” difícilmente podrían sonar mejor. “Takin’ Me Down” extrajo la vena más macarra de los estadounidenses. También un gran solo de un seguro Luca Princiotta. Mucha gente ya desde primera hora. Acertó la organización al colocar como primera banda a uno de los platos fuertes, si bien nos consta que hubo más de uno que, desplazamientos mediante, llegó con el tiempo muy pelado al recinto.
Pero volviendo a lo que nos ocupa, muy risueña una Anna Portalupi al bajo. En general la química y el buen rollo que parece haber en el actual line up de la banda norteamericana termina por contagiar al la audiencia. Algo que salta a la vista en “Dr. Love”, con todo el Lion Rock a coro con ellos. Gioeli incluso no perdería la ocasión de darse su particular baño de masas bajando a las vallas y afrontando desde ahí un pequeño guiño a “Who Wants To Live Forever” (Queen) que arranca una pequeña isla de calma en mitad del set. Con el único apoyo de Del Vecchio, “my italian brother”, el dúo puso de relieve su cara más amable.
“In The Hands of Time” sería el último apunte de ese tercio más reposado. Pronto “Life’s A Bitch” nos devuelve a Hardline en su máxima expresión. Puede que el frontman de Brooklyn sea el último remanente de la formación original de la banda, pero el americano se desvivió en todo momento por agradar. En un estado de voz formidable, no cejó en darse sus buenas carreras sobre el escenario. Así las cosas, “I’ll Be There” de nuevo nos pone a coro con la banda. No obstante me sorprendió que, en esta recta final de su descarga, Gioeli reservara un pequeño espacio para dejarnos unas pocas estrofas del clásico “In The Air Tonight” de Phil Collins.
Qué duda cabe que era otra versión la que esperábamos de ellos. Esto es, claro, “Hot Cherie”, que la banda interpreta con grandes dosis de energía pero también de finura. Para cuando cierran con “Rhythm From A Red Car”, estupendo Princiotta aquí, y el infatigable Johnny Gioeli hace las debidas presentaciones, la sensación que queda es la de haber visto una gran versión de la banda. Pura nostalgia en forma de hard rock.
La elección de unos clásicos como Jaded Heart parecía a priori de lo más acertada dentro de un cartel como este. Eran, qué duda cabe, la opción más rayana en el heavy metal de toda la noche. Salta a la vista desde ese arranque encorajinado que proponen en “Stand Your Ground”. Johan Fahlberg, que celebra este 2024 veinte años al frente de la banda germana, apareció por León en óptimo estado de forma. Tras baterías se encontraba Johnny Dee, batería de Doro y que repetiría después con Tyketto, pero la banda dio síntomas de estar no del todo engrasada.
A conectar con la audiencia pueden ayudar los pinitos de Fahlberg en nuestro idioma. También los cortes más próximos al hard que deslizaron. Pero la sensación que iba quedando, alguna entrada en falso incluida, es la de que estábamos ante unos Jaded Heart algo desdibujados. “Tomorrow Comes” mejoró algo sus prestaciones, se afanaba Peter Östros en dibujar buenos solos e incluso contaron con voz invitada sobre las tablas para su reconocida revisión del “Paid My Dues” de Anastacia, pero en líneas generales quedó una sensación de lo más fría.
Y dio igual porque si algo tiene el Lion Rock Fest es que apenas da descanso. Tocaba recibir a los suecos Treat en el escenario Mahou y dejarse llevar por la que sería, a la postre, una de las grandes bazas de esta edición. Salta a la vista desde la inicial “Skies Of Mongolia”, con un Robert Ernlund por cuya voz parece no pasar el tiempo. Vimos muy animoso al frontman nórdico. Para cuando suena “Ready For The Taking”, a buen seguro tenemos ante nosotros la mejor versión del combo. El propio Ernlund comentaba que llevaban sin dejarse caer por nuestro país desde 2018. Presentó entonces “Papertiger” y con ella uno de mis riffs favoritos de todo el set. Casi me atrevería a decir que de toda la jornada.
“Home Of The Brave” pondría la calma y la clase (a raudales) primero, y el brío y la conexión con la gente después. De hecho uno de los cortes mejor recibidos de esta parte del set. Con un Anders “Gary” Wikström opositando a mejor seis cuerdas del día, todo parecía de cara cuando la banda afronta uno de sus grandes clásicos, “Sole Survivor” y el león ruge en consecuencia. Se puede argüir en contra de la banda nórdica el uso (y abuso) de coros pregrabados. Pero más allá de ese detalle, lo cierto es que la banda vino a sonar más orgánica que en anteriores visitas. Y de hecho la más reciente “Freudian Slip” extrae su cara más contundente.
Que contrasta con la más clásica y algo acomodada “We Own The Night”, con un fantástico Ernlund. No negaré que en lo personal agradecí la mayor pegada de “Roar”. Al fin y al cabo, qué mejor lugar para rugir que un festival como el Lion Rock Fest. No faltó algo de peloteo por parte de un algo tribunero Ernlund previo a despachar un “Get You On The Run” donde público y banda fuimos casi un ente indivisible. En especial cuando dejan un espacio en blanco para sumarnos a su cuidado y bien moldeado estribillo. Tras las casi obligadas presentaciones llegaría el turno de “World Of Promises”, con el Lion Rock superponiéndose a las dichosas pregrabaciones. Aún con sus pequeñas aristas, una encarnación muy gozosa y disfrutable de la leyenda sueca.
Hackers, únicos representantes estatales de esta edición, no lo iban a tener tan fácil. Y fíjate que el arranque con “El Poder De Una Canción” no podría ser más elegante. Su estilo, que profundiza en el hard melódico más cuidado y elegante, parecía confeccionado a la medida de un festival como este. En este punto cabe defender la decisión de la organización de no relegar a la gente de casa a un mero papel de comparsas. Su situación en el epicentro mismo del cartel les granjeó una audiencia más que respetable a aquellas horas de la noche.
Y ellos respondieron sin alardes innecesarios ni florituras cara a la galería. Con clase y buenas melodías. Por ahí es una lástima los problemas de sonido que sufrieron. En un momento dado del set, dejaron de sonar por PA. El público del Lion Rock Fest, lejos de tomarla con ellos, supo estar a la altura animando y vitoreando a la banda. Gran gesto por parte del público. Ya podían aprender otros. El caso es que para cuando todo vuelve a unos cauces más normales, es el micro de Víctor Guardia quien no deja oír al frontman.
En el momento en que todo vuelve a su lugar y atacan “Respirar Rock & Roll”, vislumbramos a una banda que disfruta con lo que hace. Hay química arriba del escenario y también buenas ejecuciones. Algo que salta a la vista cuando recuperan “Historias Que Contar” de su debut de 2019. Sin embargo y ya en la recta final el escenario León vuelve a dejar colgados a los canarios. Difícil gozar de mayor infortunio. Una despedida al set que, desde luego, no merecían. Queda por ahí la deuda de verles en unas condiciones más favorables. Quién sabe si en la edición de 2025.
No cabe duda de que la devoción que generan Tyketto en un festival como este roza lo inmensurable. La banda de Danny Vaughn, con el batería Johnny Dee haciendo doblete, apareció por el Lion Rock en un grandísimo estado de forma. Da fe de ello lo magnético del arranque con una fenomenal “Nothing But Love”, con el propio Vaughn tirando de armónica. Puños y cuernos al aire ya desde los primeros cortes, con ese infalible “Reach” que pinta gestos risueños en cada uno de los músicos.
Gracias en buena medida al calor del público,“Wings” se agiganta con respecto a su versión de estudio. Pero el calor que recibe el combo norteamericano aún es mayor cuando el vocalista dedica “Tearing Down The Sky”, en un más que aceptable castellano, a las víctimas de la terrible Dana. Gesto que le honra, en especial además porque la banda sonó de lo más rotunda aquí. Para cuando el vocalista se calza la acústica en “Letting Go” por momentos me recuerdan a los Queen más primigenios. Los molinillos de Chris Green anticiparon un gran solo como colofón a uno de los momentos más distinguidos del set.
Tras pedir el aplauso de rigor a la organización, deslizaron una “Rescue Me” donde brillan los coros del teclista Ged Rylands. A gran nivel en cuanto a sonido se refiere, fácilmente el mejor de todas las bandas que pasaron por el escenario principal, la rendición que entregan de “Burning Down Inside” sería a la postre uno de los puntos álgidos de la presente edición del Lion Rock Fest. Con un Vaughn excelso a la voz, su presencia resultó todo lo magnética que de él se esperaba. No sorprende la interacción con la gente en “Lay Your Body Down” pero quizá sí el pequeño solo de bajo que insertó aquí Chris Childs.
Visto lo visto, la final “Forever Young” tiene algo de profecía autocumplida. Tyketto se irían del segundo Lion Rock Fest con la satisfacción del deber cumplido. A buen seguro uno de los grandes triunfadores de la jornada y una banda que parece tener cuerda para rato. Nos alegramos de que así sea.
Turno entonces para disfrutar de los suecos Perfect Plan, a quienes solo cabía desear mejor suerte que a los anteriores huéspedes del escenario Mahou. Los de Örnsköldsvik llegaban a León con los deberes hechos y la confianza de saberse en un entorno más que propicio para su hard melódico.
Pero como quiera que no es una banda a la que tenga muy controlada, que el cansancio de toda la jornada ya hacía mella para entonces y que el inicio del set fue tan tendido, calmado incluso, opté por tomar un pequeño descanso y disfrutar de su desempeño con una cierta distancia. Su propuesta casó en gran medida con la línea editorial del festival. A ratos quizá demasiado. Son una banda muy segura en lo que hacen. Aparentan además disfrutar de su labor arriba de las tablas….
… pero no caben sorpresas. Finos y elegantes, como buena banda sueca que son, pero a ratos algo fríos. En cualquier caso, sería la banda que mejor sonido desplegaría en el escenario “pequeño” y aunque fuera a paso tímido, fui conectando con su propuesta. Ayudaron temas como “Living On The Run”, muy fino y hábil Rolf Nordström aquí, o “Better Walk Alone”.
Entre el público había gente que, al contrario del abajo firmante, parecía haber hecho bien los deberes. Algo que salta a la vista en “Nobody’s Fool”, uno de los puntos cumbres de un set que despiden con mucho buen hacer en “Heaven In Your Eyes”. Finalmente el set resultó más ágil y diverso de lo que intuí en un primer momento, si bien por otro lado me dio la sensación de que muchos se quedaron guardando sitio para no perder ripio de la última banda del cartel.
El show, la tremenda fiesta que se preveía como colofón a esta gran jornada, vino precedida además de la confirmación de que el festival vivirá una tercera edición. Quien más, quien menos ya hacía sus quinielas al respecto de los elegidos. Pero antes cabía disfrutar de la “otra” banda del SoilworkBjörn Strid, The Night Flight Orchestra, con las expectativas por las nubes.
Y fíjate que, al menos en mi caso, seis meses atrás ni siquiera les conocía. No alcanza uno a todas las cosas. Pero en lo que al show concierne y nada más ver aparecer al propio Strid envuelto en su habitual capa brilli brilli, la algarabía no puede ser mayor. Y con cierto aire a pura auto reivindicación entregan “Midnight Flyer”, uno de sus cortes más generosos en lo que a desempeño solista se refiere. La sensación que pretenden imbuirnos ya desde el principio es la de que, más que un proyecto paralelo, son una banda de pleno derecho…
… que puede no se tome muy en serio a sí misma, algo a lo que contribuyen esas melodías tan ochenteras que dibujan cortes como “Sometimes The World Ain’t Enough”, con la pareja de coristas (o de azafatas) llevando sus registros allí donde aún no alcanzaba el bueno de Strid. A buen seguro muchos no se esperaban “Divinyls” tan pronto en el set. Uno de sus cortes más efectivos y pegadizos, que pondría a bailar a una inmensa mayoría. Y no, no estaba Sharlee D’Angelo al bajo, pero su relevo, el AvatariumMats Rydström, se mimetizó con la peculiar propuesta de sus paisanos y desde luego pocas dudas caben de su desempeño.
Al igual que el del propio Strid, que de su comienzo algo tímido desembocó en un derroche de fuerza y carisma que le confirman como el gran frontman que es. “Living for The Nighttime”, “Burn For Me”… pero es finalmente la estupenda “Gemini” la que pone a todo el recinto a dar palmas primero, a bailar después. Como diría cierta criatura amarilla: todo estaba saliendo a pedir de Milhouse. Y mientras que en “Something Mysterious” sobrevuela el nombre de Survivor, Strid abandona su capa para “Paralyzed” pero desde luego no las ganas de agradar y divertir. Que si estábamos vivos, preguntó, como anticipo a los T.N.F.O. más funkies de la noche. Y es que me atrevería a decir que “White Jeans” fue uno de los puntos álgidos no ya de la banda sino del evento en general. Desencadenó una conga entre el público. Detalle este que, pensamos, puede por sí mismo resumir el buen rollo que se respiraba en el recinto. Lo bien que lo estábamos pasando.
Era su último show del año y a buen seguro que la banda lo dio todo para cerrar este Lion Rock Fest por todo lo alto. Alegres y divertidos, habrá a quien se le indigeste tanto azúcar. Ello no quita para que, como demuestran en muchos momentos del set, esta sea una banda con todas las de la ley.
Como nota al pie, nada más despedirse los suecos comenzó a sonar el “Mary On A Cross” de sus paisanos Ghost. ¿Guiño de cara a la edición del año que viene o simple forma de hacer más llevadero el desalojo? Queda algo menos de un año para salir de dudas.
Problemas de sonido del escenario Mahou al margen, fue otra gran edición del Lion Rock Fest. Horarios cumplidos a rajatabla, muy buenos shows, gran ambiente, una organización prácticamente intachable y, ya lo dijimos el año pasado, un recinto de ensueño. Desde luego todos los mimbres necesarios para erigirse en una de esas citas obligadas dentro de nuestra geografía.
Muy mal se nos tiene que dar en Heavy Metal Brigade para que de aquí en doce meses no estemos dando cuenta de la futura tercera edición. Mientras llega no cabe más que agradecer a la organización el trato y todas las facilidades dispuestas de cara a la confección de esta crónica, así como mandar también un saludo a los habituales de siempre, ni siquiera fuera del Principado faltáis a la cita, y ya sabéis: nos vemos en el siguiente.
Tercera fecha para el trio suizo Dirty Sound Magnet en el extenso periplo de 11 conciertos por nuestra geografía. La parada en la ovetense Sala Estilo congregó a casi un centenar de entusiastas de la psicodelia y la experimentación sónica, nada mal para un jueves laborable, ávidos de comprobar de primera mano como se desenvuelven sobre las tablas Stavros Dzodzos (guitarra, voz), Marco Mottolini (bajo, coros) y Maxime Cosandey a la batería.
Vía Lestrato Rock los helvéticos presentaban su cuarto disco «Dreaming In Dystopia» publicado a finales de 2023 a través del sello australiano Wild Thing Records. Un trabajo en el que plasman todas las influencias que transmiten en directo. Guiños a The Doors, Led Zeppelin o Frank Zappa y bandas más cercanas en el tiempo como Queen Of The Stone Age. Casi dos horas las que despacharon en el recinto ovetense que arrancaban tras la intro «Farewell To Cheyenne» de Ennio Morricone y que no dejaron a nadie indiferente.
Largos pasajes instrumentales, quizá desde el paso de Dream Theater por Avilés el pasado año, la banda de carácter más progresivo con la que Heavy Metal Brigade se ha cruzado en los escenarios astures. Resaltar la gran labor de Stavros Dzodzos a las 6 cuerdas que sin grandes alardes en la labor vocal puso en valía el status que la banda atesora actualmente como referencia del género en Europa. Bien arropado por Marco Mottolini, gran trabajo el suyo en coros, y el golpeo firme y preciso de Maxime Cosandey contaron con la colaboración de mademoiselle Kathrin en «Utopia» cuyo fácil estribillo coreó una platea muy por la faena.
Un show con cierto aura de misticismo y energía ácida para hipnotizar al espectador y trasladarlo a una espiral de etapas de gran intensidad musical. También hubo momentos más cercanos a la psicodélica que a lo progresivo como la interpretación de la extensa «Mr. Robert» que sin duda hizo las delicias de un respetable que degustaba con gozo cada minuto del set. Un concierto orgánico, sin ornamentos estéticos, solo el fluir de las notas bajo un concepto puro, onírico, apasionado al minuto siguiente que sin duda agradeció una audiencia totalmente entregada. Gran sonido el que ofrecieron y es que cuando cuentas con Dani Dynamita a los mandos de la nave sin duda todo es más sencillo.
No hay duda que su show en Oviedo fue la sólida confirmación que la banda se encuentra en estado de gracia. Sólidos, magnéticos, capaces de sorprender y emocionar a través de su música, posiblemente pase de puntillas esta parada en Asturias pero que lujo para los que lo pudimos disfrutar. Y tu, amigo si por casualidad lees estas cuatro líneas, predica con el ejemplo y no leas la cartilla a nadie, que el trabajo no está reñido con el placer. Nos vemos en el siguiente concierto.
No todos los días tenemos en Asturias la suerte de poder disfrutar de una de las bandas de referencia del rock. Jethro Tull, con su peculiar forma de entender el rock progresivo, fusionado con elementos del folk británico, blues rock y pinceladas jazzísticas, son uno de los titanes del género, y el hecho de que las entradas se agotaran meses antes de la fecha del concierto evidenciaba las ganas de volver a disfrutar de Ian Anderson y sus chicos en Gijón, tal vez por saber que, con casi total seguridad, sería la última oportunidad de disfrutar de la banda en el Principado, así como por el buen sabor de boca que su concierto en el Jovellanos en el ya lejano año 2000 dejó entre el respetable. Con la fecha anotada en el calendario por muchos, solo quedaba esperar a que llegara el día y ver cómo se defendía en directo el quinteto británico y cómo les había sentado el paso de los años.
Ante un teatro de la universidad laboral a rebosar y cinco minutos después de las 20:30, los de Ian Anderson comenzaban su actuación previo aviso a la audiencia de que no estarían permitidas ni fotos ni videos durante la misma, a excepción de durante el “bis” que cerraría el concierto (petición que, sorprendentemente, fue mayormente respetada por el público). El comienzo con “My Sunday Feeling”, que suponía el primer corte del primer redondo del grupo “This Was”, seguida de “We Used To Know” del segundo disco “Stand Up” (con una “pullita” en forma de dedicación a The Eagles al entender que el mítico “Hotel California” estaba algo más que inspirado en esta canción), nos hacía esperar un ejercicio exclusivamente de nostalgia en cuanto a elección del repertorio, sin embargo quedaron representadas mas o menos todas las épocas del grupo en los 120 minutos de concierto (con un descanso de 15 minutos por medias) que la banda desgranó durante la velada.
Desde los primeros compases del show, se hizo evidente que el sonido durante toda la noche iba a ser excelente. La acústica del teatro de la Laboral, ideal para este tipo de conciertos, demostró haber sido una elección perfecta para recibir a estas leyendas del género, permitiéndonos disfrutar de todos los matices y colores que la música del quinteto ofrece. La formación, aunque buenamente se podría calificar desde hace tiempo de “Ian Anderson & Friends”, suena sólida y acompasada, con mucha clase y fiel a las interpretaciones originales, sin duda a la altura de la marca que defienden sobre las tablas. El bajista David Goodier y el teclista John O’Hara, que acompañan a Anderson desde 2007, mostraron que la química entre ellos sigue intacta. Aunque los seguidores clásicos del grupo no pueden evitar echar de menos el trabajo de Martin Barre a las seis cuerdas, el joven Jack Clark cumple a la perfección y cuenta con varios momentos de lucimiento durante el show que le hacen encajar perfectamente. El batería Scott Hammond, sólido y sin demasiados alardes, aporta el peso y el “groove” que la banda necesita en todo momento.
Sin embargo, es bien cierto que Ian Anderson pone el contrapunto en la parte vocal. Los años no pasan en balde y es innegable que al bueno de Ian le cuesta sobremanera mantener el tipo en ciertos temas. Va muy justo de voz, pero al fin y al cabo tiene 78 años y es “el padre de la criatura”, así que tampoco se puede ser excesivamente crítico con él en este aspecto. Sus limitaciones vocales quedan ampliamente compensadas con su maestría a la flauta (santo y seña del grupo), con su chanza inglesa y con su capacidad de comunicación con un público que, si bien por momentos no entendía todo lo que Anderson comentaba por la barrera lingüística, agradeció en todo momento su buen humor y actitud sobre las tablas.
Como decía anteriormente, el repertorio no dejó indiferente. Pese al comienzo visitando los dos primeros lanzamientos del grupo, la banda no se centra en sus años de “laureles”, si no que no duda en tocar temas de los 80 y 90, así como de los dos últimos lanzamientos del grupo, “The Zealot Gene” (2022) y “RökFlöte” (2024). Así, fueron cayendo clásicos como “Songs From The Wood”, “Too Old To Rock n Roll” o “Weathercock” así como “no tan clásicos” como la oscura “Roots To Branches” que nos retrotrae al disco de mismo nombre de 1995, o “Farm On The Freeway” del ochentero “Crest Of A Knave” que, si bien no eran tan celebradas como el material clásico, no bajaron el pulso del concierto. “Wolf Unchained”, “Mine Is The Mountain” y “The Navigators” representaron a los Jethro Tull más contemporáneos y con los que Ian se siente también más cómodo a nivel vocal.
De hecho, algunos echamos de menos referencias a discos que son clásicos de la banda y referencias absolutas del género como son “Thick As A Brick”, “Minstrel In The Gallery” o “A Passion Play”, pero como digo, la elección de temas dejaba claro que Ian Anderson quiere dar visibilidad a todas las épocas del grupo y por nuestra parte sólo nos queda respetarlo. Las referencias a la música clásica de Bach y Gabriel Fauré, reconvertidas en formato de folk rock tampoco faltaron en la velada. La recta final con una “Aqualung” un tanto rearreglada y adaptada a la formación actual y el bis de la inevitable “Locomotive Breath”, fue jugar a caballo ganador para despedirse por todo lo alto.
Y así concluía la noche que Jethro Tull se despedía de Gijón. La sensación generalizada entre un público que, por desgracia, no suele disfrutar de este tipo de grandes giras en la región, era de satisfacción por haber podido disfrutar una última vez de una de las bandas por excelencia del rock progresivo y que encima demostró que, pese al irremediable paso del tiempo y combinando nostalgia y vigencia, sigue ofreciendo conciertos muy solventes. Ojalá más giras como está hagan parada en Asturias en el futuro.
Repertorio:
Set 1: My Sunday Feeling We Used To Know Songs From The Wood Weathercock Roots To Branches The Donkey And The Drum Wolf Unchained Mine Is The Mountain Bourrée In E Minor (Johann Sebastian Bach cover)
Set 2: Too Old To Rock ‘n’ Roll, Too Young To Die Farm On The Freeway The Navigators Pavane In F-Sharp Minor (Gabriel Fauré cover) The Zealot Gene Dark Ages Aquadiddley Aqualung
Giulio Moschini en guitarras, Marco Mastrobuono al bajo, Giacomo Torti en baterías y Paolo Pieri en guitarra y voces forman la efigie italiana del death metal Hour Of Penance. Nombre que alcanza su novena entrega con este “Devotion” que hoy nos ocupa. Las baterías de este nuevo trabajo se grabaron en los Bloom Recording Studios (Guidonia Montecelio, Italia), mientras que bajos, guitarras y voces vinieron al mundo en el romano Kick Recording Studio. Mezclado y posteriormente masterizado en el Hertz Studio de Białystok (Polonia), el álbum vio la luz el pasado cinco de abril vía Agonia Records.
La entrada al álbum no me podría agradar menos. Ese uso descarado de la inteligencia artificial para adornar la portada. Atrás quedan las hábiles manos del húngaro Gyula Havancsák plasmado en diseños tan espectaculares como los de “Sedition” o “Paradogma”. Sea como fuere, “Devotion For Tyranny” pronto entrega a unos Hour Of Penance del todo reconocibles. Uno piensa que incluso demasiado. Pocos riesgos toma la banda aquí. Algunos opinarán que para bien. Desde luego que la fidelidad a su propio legado no podría ser más férrea. La mezcla hace un buen trabajo a la hora de equilibrar todos los elementos y la el resultado son unos Hour Of Penance tan centrados como de costumbre.
Pero quizá falte algo de chispa. Algo que “Parasitic Chain Of Command” parece querer enmendar a base de intensidad y blast beats. Su receta de toda la vida, vaya. Es cierto que Torti, primer disco con la banda, ha tramado una estupenda línea de batería aquí. Se advierte ya desde el mismo prólogo ese mimo en trazar con sumo cuidado cada, quiebro, cada golpe. Por el camino quedan riffs de corte clásico engarzando estrofas, enfrentados a esa vertiente más arrastrada y pesada que habrá de ejercer como (casi) obligado contrapunto. Los pequeños arreglos contribuyen a dibujar la cara más atmosférica del cuarteto. Aquí pienso que esa faceta más elegante bien merecía algo más de desarrollo. Lo mismo con el solo que irrumpe más adelante. Lo que me resulta imperdonable es ese fade out final.
“Birthright Abolished” puede recordar en ciertos momentos a los death metaleros de Carolina del Sur Nile. Son unos H.O.P. en su vertiente más trotona. Valga la redundancia. Pero emerge aquí una mayor atención a lo técnico, que viene a contrastar con lo reducido de un desarrollo que marca poco más de tres minutos en el reloj. De hecho uno de los cortes más rácanos del trabajo, donde destaca un fenomenal Mastrobuono al bajo. Algún solo de mérito, eficaces cambios de ritmo y un Paolo Pieri tan osco y grave como siempre. Echo en falta algo más de valentía en ese tímido breakdown que irrumpe en el epílogo. La banda ha querido mantenerse dentro de sus márgenes y hace bien. Pero se suceden los temas y sigo echando en falta un poco más de picante.
“Retaliate” mejora esa fórmula. Parte de uno de los inicios más oscuros y envilecidos de este “Devotion”, con la banda en su encarnación más grave y rotunda. Por ahí no deja de darle otro aire al disco. La composición vira luego hacia el habitual death descosido e intenso de los italianos y la fórmula parece que les funciona a los romanos. Especialmente al contrastar con un tronco central que introduce de nuevo su cara más adornada y sinfónica. Sin llegar a los excesos de compatriotas suyos como Fleshgod Apocalypse pero a buen seguro otorgándole cierta personalidad a esta cuarta entrega. El fade out del epílogo desdibuja el solo de guitarra y deja, de nuevo, una sensación de lo más agridulce.
“Breathe The Dust Of Their Dead”, que apenas supera la barrera de los tres minutos, me recuerda a ratos a Hate Eternal. Son estos unos H.O.P. agrios y veloces, encaramados a la vertiente más intensa del género. Me agrada que no se olviden de rematar con algún que otro buen solo de guitarra, si bien pienso que entre la maraña de riffs rápidos que pueblan este “Devotion” corre el riesgo de pasar algo inadvertida.
El diminuto prólogo de “The Morality Of Warfare” porta uno de mis riffs favoritos de todo el largo. Enseña un acento más cercano al melodeath y se difumina a continuación para que la banda transalpina proceda a su habitual cercenar de cuellos. Vuelve a brillar Torti aquí. No tanto en velocidad, que también, como a la hora de introducir toda una serie de cambios de ritmo que, en buena medida, recuerdan a los mejores Hour Of Penance. Los de álbumes como “The Vile Conception” o “Sedition”. El puente central acierta a la hora de inundar de arreglos uno de los momentos más furibundos del álbum. Vuelve a sobrevolar ahí la sombra de Fleshgod Apocalypse, quizá también la de SepticFlesh, y la banda trama finalmente uno de los cortes más redondos de esta nueva decena.
Pero no hay descanso. “Severance” prorrumpe ahora con un death metal debidamente enfebrecido, rematado por riffs hábiles y donde echo en falta, eso sí, una producción algo más limpia. Puede sonar chocante tratándose de un álbum de estas características pero percibo cierta sensación de que la banda ha querido enfangarse más por la vía del estudio que la de la composición en sí y es una lástima. Leve, pero lástima en cualquier caso. Hay ciertos riffs que llegan a bordear los mejores Cannibal Corpse y al desempeño de Pieri al micro se le pueden poner muy pocas pegas. El solo del epílogo, desangelado como ningún otro dentro de “Devotion”, se me antoja su mejor resumen.
“The Ravenous Heralds” sale sin embargo triunfadora. Lo hace desde un prólogo donde de nuevo sobrevuela el nombre de Nile. Sombra cada vez más alargada la de los norteamericanos. Pero lo bueno es que la banda entrega aquí alguno de los riffs más originales y con mayor personalidad de todo el largo. Los alimenta de una certera elección de cambios de ritmo y los remata con un (ahora sí) estupendo solo de guitarra. Cuando irrumpe ese medio tiempo del puente central, cuidadosamente adornado por coros de aire eclesial, la sensación es, por fin, la de estar ante los mejores Hour Of Penance.
Así las cosas, “A Desert Called Peace” puede resultar algo más vulgar, lo que no quita para que esta siga siendo una pieza de puro death metal en la mejor tradición del género. Que me agrada en mayor medida, curiosamente, durante las partes más pesadas y rocosas que dominan su segunda mitad. En aquellas donde Torti exhibe su faceta más velocista, todo me resulta demasiado convencional. Mecánico. Conservador incluso.
De irónico título dadas las circunstancias, “Spiralling Into Decline” despide este “Devotion” con la banda enfrascada en su habitual maraña de blast beats incesantes y riffs indolentes. Por ahí agradezco el mayor tiento que le han dado a su faceta más melódica, si bien resulta en un pequeño oasis antes de que la velocidad y la tensión se adueñen de nuevo de la composición. Un cierre que amalgama toda una serie de ideas constreñidas en una duración poco (o nada) ambiciosa.
… que bien podría ser el resumen del propio disco en sí. Que no se me malinterprete, este sigue siendo un disco de death metal con todas las de la ley. Producido con esmero y donde, salvo pequeños detalles, todo suena como debe. Pero echo en falta algo más de riesgo. Echando la vista atrás, esta era una banda que, a finales de la década de los dos mil, comienzos de la siguiente, parecía destinada a coronarse como el relevo europeo de los grandes nombres del género. Sin embargo, el consenso general parece el de que por el camino han perdido aquella chispa que sí tenían trabajos que menciono a lo largo del texto. Idea que “Devotion”, aún con sus aciertos, no logra contrarrestar.
Ni mucho menos un disco más para la gente de Zenobia. Editado por Maldito Records en un cuidado formato digibook, “Melodías Encantadas” supone una revisión acústica del ya amplio catálogo de la banda riojana. Rodeados de un gran puñado de amigos, el álbum recolecta nada menos que dieciséis cortes convenientemente remozados para disfrute de los más sibaritas. La alineación consta de Jorge Berceo en voces, Marcos Lorente y Mario Suarez en guitarras, Héctor Hernáez al bajo, Ernesto Arranz en teclas y Javi Herrero en baterías. Grabado, mezclado y masterizado por el Tierra SantaDan Díez (Ebony Ark, Ethos, Artaban’s Redemption…) en los Rock Lab Studios de Logroño, vio la luz a finales del mes de mayo.
“Prólogo”, narración mediante, nos introduce en esta curiosa nueva entrega de los riojanos. Amables aires folk que nos conducirán hasta la “Noche de San Juan”, con Elizabeth Amoedo (Against Myself) invitada al micro. Un prólogo que continúa con esos aires folkies del propio prólogo del álbum. La gallega ejerce de contrapunto a un Berceo, como es lógico, de registro más amable que lo acostumbrado. El corte se eleva en su cuidado estribillo en gran parte gracias a la producción y mezcla de Dan Díez. Bellamente arreglada, representa una más que buena primera piedra de toque para este “Melodías Encantadas”.
La elección del Dry RiverÁngel Belinchón no podría resultar más acertada para la ahora casi circense “Sin Perder La Pasión”, que en esta nueva encarnación recuerda y no poco a la propia banda del castellonense. Hay líneas de piano con aroma de swing, cuidadísimas estrofas y una línea de bajo de Hernáez realmente inspirada. Pero si algo me llama la atención aquí es ese gran solo de piano que ocupa el tronco central, también ese saxo de Luis Herrera que irrumpe en el último tercio. ¿Quién dijo que los discos acústicos (o semiacústicos) eran aburridos?
“La Fiebre Del Oro”, original de un “SuperNova” que cumple ahora diez años, cuenta con la participación de todo un Félix Lasa de los emblemáticos Leize. En esta peculiar revisión se construye en gran medida sobre unos arreglos de teclados sobre los que se construye un corte vivaracho, que conserva el gancho de la original al tiempo que la transporta a un universo completamente diferente. Vibrante y vistosa una sección solista donde se citarán el saxo, el piano y unas bonitas cuerdas acústicas. Son cortes como este los que ponen de relieve el mucho cariño que los riojanos han vertido en estas re-interpretaciones. Zenobia no se limitan a desenchufar los temas sino que se atreven a darles una dimensión completamente diferente. La idea, pienso yo, cobra de esta manera un mayor sentido.
El Debler EterniaRubén Kelsen acompaña a la banda en una “Corazón De Hielo” que, violines mediante, recuerda y mucho a los temas más ligeros de Mägo de Oz. Muy en forma Berceo aquí. Pienso que su registro y el de Kelsen no podrían casar mejor. Quizá no me sorprenda en la medida en que lo hacen otros cortes del álbum, tal vez demasiado amable incluso tratándose de un disco como el que nos ocupa, pero tampoco puedo decir que me desagrade. Ni mucho menos.
“Al Pie Del Cañón”, con el carismático Quini Gómez de los rockeros valencianos Benito Kamelas, siempre me recuerda a aquél “Básico” que Revolver grabaran allá por la década de los noventa. De nuevo ligera y amable, con otro cuidado bajo de Hernáez y una esmerada sección coral. Aún entendiendo el tipo de álbum que tengo delante, sí que pienso que el pequeño solo de guitarra que irrumpe en su tronco central bien merecía algo más de recorrido. Con eso y con todo una de las más pegadizas de todo el tracklist.
“Barco De Papel” con todo un Ramón Lage a bordo y que la banda eligió como una de las cartas de presentación del disco, desciende hacia un terreno más melancólico y teatral donde, una vez más, no podría ser más acertada la elección del actual vocalista de Delalma. Muy inspirado el asturiano aquí y muy hábil el crescendo que traza la banda camino del epílogo, que se traduce en otro de mis muchos momentos favoritos de esta peculiar obra. Y es que adoro la forma en que el calmado solo acústico, ahora sí con un recorrido más ambicioso, detiene esos pulsos más intensos. Realmente estupenda.
Del que fuera vocalista de Avalanch al actual titular en el cargo, no otro que el pixuetoJosé Pardial, para una “Sigo Rugiendo” que, en cierta medida, siempre me recuerda a la anterior “Sin Perder La Pasión”. También a los siempre peculiares rockeros noruegos Major Parkinson por la forma en que fusiona rock de ritmos vivos con ese aroma a tasca y burdel que tanto y tan bien engarza y equilibra la producción de Dan Díez. Pardial, en su salsa, confronta a un Berceo que da en todo momento la sensación de habérselo pasado en grande reconstruyendo estas líneas de voz. Contagia buen rollo en todo momento y se nota.
“No Me Dejes Caer”, original del anterior “VI”, resulta en otra de las entregas con más gancho del álbum. Contribuye en voces Marina Oliván, poniendo al servicio de los riojanos uno de los registros más llamativos de todos cuantos aquí se han dado cita. Me agradan en gran medida esos pianos que han metido bajo los estribillos. Los tonos altos de Oliván aquí y esos pequeños insertos más oscuros con que enlazan las distintas estrofas. Su encarnación original ha ido ganando enteros desde la edición del álbum allá por 2020 y esta revisión pienso acentúa los puntos fuertes de aquella. No sale de mi cabeza desde hace días.
De las dieciséis, es la inédita “Tu Ausencia” la única que cuenta con Berceo en solitario. Aires celtas emanan de sus arreglos para una balada de trazo sencillo y tono amable. Con un habitual trazo en crescendo culminando en un cuidado solo de guitarra en su tronco central, lo cierto es que puede pasar algo inadvertida.
Con “Borraré Tu Nombre”, original también de “SuperNova” y en la que colaboran Pablo Merchante, Jezabel Martínez, Jorge Escudero y José Luis Frías de Kinnia, regresa el arreglo cuidado y el ritmo alegre para otro corte trazado con todo el mimo y cuidado posibles. Basta escuchar cómo arreglan las distintas estrofas. El mayor nervio que se desprende de los estribillos. Conservan estos el gancho del original, resignificado ahora hacia una onda evidentemente más amable. Sorprende, además, el exquisito por diverso trazo que ofrece su epílogo. Una de las que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.
“La Danza Del Diablo”, uno de los emblemas del anterior “VI” y donde cuentan con la colaboración de Dani Amatriain, llama la atención con esos coros femeninos que acompañan a estribillos. También con ese deje a vieja y gastada tasca que desprenden las estrofas. El nombre de los propios Dry River sobrevuela a ratos la composición, pero vuelve a faltarme algo más de mano ancha con el solo que habrá de anticipar el epílogo. Con eso y con todo uno de los temas más vitalistas (y auto-reivindicativos) de todo el largo.
“La Bella Quimera”, con Skadi como voz invitada, nos entrega esta vez una balada cargada de un cierto dramatismo, que en la conjunción entre ambas voces llega a adquirir tintes casi teatrales. Y aún a riesgo de incidir una y otra vez en lo mismo, de nuevo muy cuidada en lo tocante a arreglos. Me agrada el sinte que precede al solo de guitarra. El cuidado trazo de este y cómo Alba encara esos tonos altos del epílogo. Fantástica.
“Brindemos Por Una Canción”, con la colaboración de Dani Nogués (Lépoka), sorprende en su propia desnudez. Apenas las voces de Nogués y Berceo sobre un colchón de teclas. Un fuerte contraste aun en un disco como este y, desde luego, una idea que sobre el papel podría resultar descabellada y a la que salva el propio carisma de ambas voces. No mi favorita de todas las melodías encantadas aquí presentes pero un atrevimiento que no puedo más que aplaudir.
“Jamás”, con Itziar Berradre (Víbora), sorprende con esos aires a big band del prólogo. Zenobia los conjuga aquí con esos apuntes swing que han ido yendo y viniendo a lo largo de todo el álbum. Me agrada el modo en que la banda deconstruye para luego reafirmar otro de los temas fuertes del “VI”. Rematan con otro estribillo marca de la casa y aunque no quiera ni mucho menos despreciar el buen trabajo de Berradre aquí, no dejo de pensar en Reichel Machinee de los asturianos La Mørgue con cada sucesiva escucha. Para la próxima.
La también inédita “Siempre Tuyo” despide este “Melodías Encantadas” derivando hacia el flamenco gracias, en gran medida, al registro de Marina Sánchez. Palmas y buenas melodías para una última balada que, quién sabe, quizá ofrezca visos de cara a futuras entregas de la banda, me acuerdo ahora de la fantástica “Hierbas Amargas” de Perpetual Night, y que supone un más que elegante y digno cierre.
Nunca será fácil enfrentarse a un disco como este tan (bien o mal) acostumbrados como estamos a al formato puramente eléctrico, el riff trepidante y el bombo humeante. Como comentaba por ahí atrás, Zenobia se han tomado este “Melodías Encantadas” con todo el mimo que la idea inicial requería y el resultado salta al oído. Desde luego acepto de mucho mejor grado un trabajo como este que no cualquier otro recopilatorio al uso. Un puñado de buenos amigos dando lo mejor de sí para acompañar a los riojanos en la aventura y cortes que adquieren una dimensión que jamás pensamos que tuvieran: “Sin Perder La Pasión”, “Barcos De Papel” o “La Bella Quimera” brillan ahora con más luz si cabe. Un gran trabajo.