Crónica: Blues & Decker (Gijón 30/4/2026)

El ciclo de conciertos Arte En El Barrio organizado por la Fundación Municipal de Cultura y Educación de Gijón nos proporcionaba la tarde del pasado jueves 30 de abril una nueva oportunidad para disfrutar de Blues & Decker en vivo. No son muchas las oportunidades de coincidir a pesar de editar en octubre del pasado año un gran trabajo como es «II: The Return» así que no quedaba más que aprovecharla.

Ante una sala que presentaba un magnífico aspecto Gustavo Pérez (guitarra y voz), Guzmán Lanza (guitarra solista), Kike Cuetos (bajo) y Diego Reyes a la batería disfrutaron de unos 70 minutos para repasar su trayectoria en un show que apenas dio pausa y en el que predominó la versión más hard de su elegante blues rock. La primera sorpresa de la velada llegaba con el inicio del show y es que arrancar con «Back In The Cadillac«, tema original del zurdo californiano Coco Montoya deja patente desde el primer momento que la formación había preparado una cita especial. En estos primeros compases también rendirían homenaje a Allman Brothers Band y al indispensable B.B. King.

El alma eléctrica de Blues & Decker inundó el recinto, logrando que algunos despegaran sus posaderas de la butaca y arrancaran a bailar por los pasillos laterales. La música y los prejuicios nunca han sido buenos compañeros de viaje. Para mi sorpresa solamente 3 temas de su nueva obra tendrían cabida en el repertorio, «Back To The Roots«, «Never Happened To Me» y «The Omen«, también para decepción del amigo que solicitó en más de una ocasión «Odyssey«. En contraposición pudimos degustar temas de su gran ópera prima como «Stealin’ The Soul» y «Blues Is Dead. Long Live The Blues!» con un Guzmán Lanza derrochando feeling a la guitarra.

La segunda sorpresa del show llegaría tras la confesión por Gustavo Pérez de la admiración de la banda por Morgan dando pie a la colaboración de Sara Cuetos, que aportaría la voz a la revisión de «Attempting«, tema original del combo madrileño. La cita transcurría a una velocidad de vértigo y la única nota discordante la producía un sonido que sin llegar a ser deficiente no hacía justicia al desempeño de Gus y Guzmán a las guitarras. Kike por su parte se mostraba infalible marcando una intachable marcha imperial mientras un infatigable Diego Reyes no daba tregua a su kit de batería despojado ya de la indumentaria superior habitual de la formación.

La banda se mostró en perfecto estado de revista tras 14 temas derrochando energía, ganas de pasarlo bien y elegancia. Como colofón, agradecimientos de rigor a los responsables de la propuesta, al público congregado y desvelar una próxima cita en las instalaciones del Jardín Botánico Atlántico gijonés. Placer culpable para el que escribe, si un malvado cruce de caminos no lo evita, allí estaremos de nuevo.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Saratoga «En Estado Puro» (Maldito Records 2026)

Un nuevo comienzo para la iguana. Jero Ramiro abandonaba la disciplina de la banda el pasado mes de enero, dando pie a que el peruano Charlie Parra del Riego, quien ya girara con el cuarteto por tierras americanas, fuera finalmente quien pasara a ocuparse de las seis cuerdas. Junto al de Lima siguen el bajista de toda la vida Niko del Hierro, la voz de Tete Novoa y la batería de Arnau Martí. El álbum se grabó en los New Life Studios de su Madrid, con los Arwen José Garrido y Daniel Melián a cargo de la producción. Asimismo, éste último corrió también con las tareas de mezcla. Enrique Soriano sería el encargado finalmente de masterizar los diez cortes en Crossfade Mastering (Valencia). En la calle desde el 24 de abril vía Maldito Records.

El caso es que el disco no pierde el tiempo y va directo al grano. “Inteligencia artificial (IA)”, sí, unos Saratoga en estado puro, ofrece una buena muestra de la cara más melódica de la banda. Novoa arremete con su ya clásico registro y completa unas estrofas, pienso, bien pensadas y construidas. Un estribillo marca de la casa, una producción más que correcta y buenos cambios de ritmo en los engarces entre coro y estrofas. Parra despacha un buen primer solo y, en resumen, resulta un primer corte que no creo sorprenda ni tampoco decepcione.

A Toda Velocidad” se arrima sin remedio a la cara más power de la banda. Esa que ha ido y viniendo especialmente en trabajos más recientes con Novoa al frente. Parra exhibe músculo solista ya desde el prólogo mientras Martí y del Hierro aportan la contundencia debida. Firmes, sólidos, sin florituras, más serviciales que vistosos. Un corte para que Novoa deslice sus bien conocidos tonos altos y la banda, en conjunto, facture uno de esos cortes con visos a funcionar como un verdadero tiro en directo. El frenético solo de Parra, a tono con el corte que lo alberga, puede ser fácilmente uno de mis favoritos de todo el largo.

Silencio” pone de relieve entonces a los Saratoga más pesados, casi oscuros, en una onda que me viene recordando al (pienso que) algo infravalorado “El Clan De La Lucha”. Novoa está definitivamente más grave al abordar estas estrofas. Hay riffs de Parra que se ennegrecen en consecuencia. Y, al final, uno solo echa en falta un desarrollo algo mayor que apuntale alguna de las buenas ideas que la banda ofrece aquí. Con eso y con todo, me agradan las melodías que el propio Parra acomoda bajo muchos de los versos. O cómo del Hierro se guarda un pequeño escorzo antes del solo de guitarra, quien sale una vez más que airoso con un buen desarrollo técnico.

Alma De Cristal” viene a entroncar con la larga tradición de baladas / medios tiempos de la banda madrileña. Del arranque elegante, muy hard rockero, a esas primeras estrofas apenas a guitarra acústica y voz. Una voz, la de Tete Novoa, que ofrece aquí una de sus interpretaciones más redondas, realizada sobre un aspecto lírico de lo más reconocible. En primera instancia es un corte más funcional que vistoso. Casi académico en ese crescendo que va dibujando, pero donde me cuesta conectar con el solo que dibuja Parra. Para el cierre quedan pequeños detalles sinfónicos, un piano muy bien metido y esos coros casi gospel del mismo epílogo. No puedo decir que la desprecie en su totalidad. Tampoco que me entusiasme.

Y da igual porque “Vientos De Libertad” vuelve a traer a los Saratoga más clásicos. Una de esas composiciones donde la banda deja la sensación de sentirse más que cómoda. Novoa rasga en estrofas y sube hasta tonos imposibles estribillos. De nuevo clásico pero muy funcional. El bajo de del Hierro gana no poco peso aquí. Junto con Martí ofrece una base rítmica, consistente, y es que gustos de cada cual al margen, rara vez fallan en esto. Tampoco lo hace Parra con otro solo donde vuelve a ofrecer su mejor cara. Una lírica, diría más que ninguna otra de todo el largo, que no podría resultar más auto reivindicativa. Pura idiosincrasia Saratoga, desde luego.

Alma Perdida” ofrece un buen prólogo al que siguen hábiles melodías por parte de Parra. Por eso me sorprende que los riffs que trama después sean serviciales, casi utilitarios, mientras Novoa conjuga esa interpretación algo más oscura a lo “Silencio” para desembocar en un buen estribillo. Y digo bueno por el modo en que el de Pinto no necesita de tonos imposibles, más bien al contrario. Un Novoa más contenido, más terrenal y quizá otro de los cortes que podrían funcionar de cara al directo. Estupendo epílogo con Parra adornando los tonos, ahora sí, más altos de Novoa. Me agrada, me funciona.

Parra se mostrará de nuevo efusivo en el prólogo de “Basta Ya De Horror”. El corte juega a alternar el poso más clásico de las estrofas con el mayor nervio de los estribillos. Todo bajo una letra antibelicista, reivindicativa al modo Saratoga, que si bien no me atrapa, entronca con la más pura tradición del cuarteto. En cualquier caso resulta un corte muy fiel al ya extenso legado de los madrileños. Buenos cambios de ritmo, un Parra más que hábil (estupendo ese solo del tramo central) y Novoa doblando voces aquí y allá. Me convence solo a ratos.

Todo Acabó”, marcada desde el prólogo por una llamativa labor de Martí tras baterías, es otro de los cortes más sorprendentes del álbum. Sin llegar a desprenderse del sonido más clásico de la banda logra sonar algo más oscura al tiempo que desliza un mayor nervio en lo técnico. Y aunque todo esto venga aparejado a un aspecto lírico que no me agrade del todo, no deja de resultar una canción que oxigena y amplifica el rango sonoro del álbum.

Niko del Hierro toma las labores vocales en “Te Vistes De León”, otra de las que viene a entroncar con el espíritu más sucio y a la vez clásico. La más breve de las diez, muestra de nuevo a un Parra más que hábil a las seis cuerdas. Todo se acompaña de un aspecto lírico que, no quisiera yo decir que está dedicado a las cuitas del bajista para con Jero Ramiro, pero desde luego la sensación que ofrece es esa. La más breve de las diez y la que, presumo, hará correr más “ríos de tinta” que diría aquél.

Regresa Novoa al micro para la final “Somos Fuego”, que me resulta un cierre más que hábil. Lo primero porque tiene, a mi juicio, uno de los mejores estribillos del disco. También por lo hábil que está del Hierro a la hora de acompañar a Martí en base rítmica. Parra traza un muy buen solo antes de un puente de corte casi atmosférico, con un gran trabajo de Novoa en voces. Fue el primer corte que escuché perteneciente a este nuevo disco y también el que más ha crecido desde entonces. Tal vez porque, por algún motivo, me recuerda a “Buscando El Perdón”, una de mis favoritísimas dentro del basto catálogo de los madrileños. Gran cierre.

No siento ahora mismo que el disco sea un diez pero desde luego que, tras la traumática salida de Jero Ramiro de la disciplina de la banda, servidor contaba con enfrentar un desastre y, siento ahora mismo, “En Estado Puro” dista mucho de la catástrofe, por mucho que haya ideas y propuestas con las que aún me cueste conectar. Aprecio no obstante esa cierta suciedad que irrumpe a veces, lo integrado que parece ya Charlie Parra del Riego, por ahí quedan unos cuantos solos de mérito, amén del desempeño de un Tete Novoa que sigue a gran nivel. Es un frontman que, me consta, despierta tanto filias como fobias, pero a fuerza de ser justos, aquí vuelve a parecer en su salsa. En el agudo más alto pero también en los tonos más oscuros. Niko del Hierro, puro oficio, deja una gran labor a las cuatro cuerdas, amén de uno de los cortes más llamativos (aunque sea por motivos extra musicales) de todo el largo y, junto con Arnau Martí, construye una más que eficiente base rítmica. Heavy metal de toda la vida, con sus trazas de power & hard de siempre y una banda que, treinta años de carrera, se dice pronto, no piensa levantar el pie del acelerador. Ni tan mal, oiga.

Texto: David Naves

Reseña: Sound Of Silence «A New Level Of Suffering» (Breakdown Productions 2026)

Regreso al largo de los asturianos Sound Of Silence. Y un disco que trae como novedad el salto lírico del español al inglés, con todo lo que ello supone. Es el primer trabajo, además, para Nague (guitarras) y Viti (bajo). Junto a ellos siguen el también Aneuma Jorge Rodríguez (batería), Rubo (guitarras) y Nefta (voz), quien además graba, mezcla y masteriza estas ocho nuevas composiciones en sus Breakdown Studios de Gijón. “A New Level Of Suffering” vio la luz el pasado 21 de abril.

Empty Abyss” emerge lenta y elegante. Un piano que se eleva, uso arreglos que afinan un pulso casi cinemático. Introducción breve, sinfónica, que habrá de dar pie a una inmisericorde y contundente “Life After Magma”. Un pildorazo de apenas dos minutos con Jorge Rodríguez marcando el paso a un death rabioso aunque no exento de una cierto poso melódico. Metal extremo, que reconduce después de que la banda entregara su cara más lindante con el black metal en el anterior Ep “Primvs Capite”.

A New Level Of Suffering” afianza esa vuelta al melodeath, y lo hace con recetas que son bien conocidas entre los fans del quinteto: baterías fulgurantes, riffs con un fuerte poso melódico y un Nefta que, aún en su casi perpetuo desgarro, sabe moverse hábil entre registros. Todo suena potente pero discernible. Los Breakdown Studios siguen creciendo y esta banda con ellos. Es un corte que me agrada por construcción, por la cantidad de requiebros que dibuja, así como por una base rítmica poderosa y bien empastada. Luego llega el puente, con el buen solo primero y ese avanzar más pesado después. Marca de la casa. De ahí al cierre adoptan ese metal incendiario del comienzo, si acaso con una pizca más de melodía pero también de desgarro. Estupenda.

Esa alternancia entre registros de Nefta se amplifica en una “Sorrowful Above The Earth” que, de nuevo, vuelve a poner de relieve a los S.O.S. más feroces. Jorge Rodríguez comanda con pulso firme desde baterías. Alterna ritmos vivos con blast beats incesantes, mientras Nague y Rubo acometen verdaderas diabluras desde las guitarras. Es la receta clásica del combo, lo que no quita para que sorprenda la fuerza con que aún afrontan sus composiciones. De igual manera me agrada la construcción de estribillos, lo diversos que resultan en cuanto a ritmos. Luego hay secciones solistas interesantes a modo de engarces y un trazo que solo se despegará de esos ritmos siempre tan vibrantes camino del epílogo. Siento a la banda en plena forma aquí.

Agonizing Souls” viene para ofrecer la cara más pesada, casi machacona, de estos Sound Of Silence. Un corte un poco a la contra del álbum, que apuesta por un paso, a cierto punto, casi marcial. Nague y Rubo están no poco finos a la hora de construir las distintas melodías, mientras que un Nefta más rotundo que de costumbre, acierta a jugar entre registros camino de estribillos. Me agrada por el modo en que oxigena a este quinto disco, y que se reserva un metal más directo para el puente. Casi el negativo de otros cortes dentro de este nuevo nivel de sufrimiento.

Ritual Massacre”, claro, responde ahora regresando a la cara más salvaje y violenta de los asturianos. Ni tres minutos donde el quinteto se desfoga con una composición directa, sin ambages ni complejos, con Nefta poniendo todo el picante posible. A ratos en voces tan agudas que no resultarían raras comparaciones con gente como Dani Filth (Cradle Of Filth) o Joe Stamps (Ba’al, Hecate Enthroned). Sacrificada en gran medida a esa visión más fulgurante, con un Jorge Rodríguez desbocado tras baterías y muy pocos miramientos en general, apenas se permite un ligero impás previo al epílogo. No deja títere con cabeza que diría un clásico.

Qué elegante el prólogo de “The Cosmos Devourer”. Pueden ser estos los Sound Of Silence que más arraigados parecen en aquél viraje hacia posiciones más black que marcó su anterior Ep “Primvs Capite”. Un corte que, asimismo, me agrada por lo diverso de su composición. Por las libertades que acierta a tomarse con respecto a otros cortes del tracklist. Todo ello sin tampoco hacer concesiones de ningún tipo, pero acertando a diversificar una propuesta, si bien ahora algo moderada, igualmente extrema y nada vacilante. Estupendo el solo que adorna el puente y eficaz esa conducción apesadumbrada que conduce hasta el cierre. Puede ser fácilmente la que más ha ido creciendo con las distintas escuchas.

A medio camino entre los Sound Of Silence más académicos y los más cercanos al black metal se sitúa el cierre “Uncertainty / Path To Hope”, que puede ser fácilmente el corte más elegante de los ocho. Hay un gran trabajo de Nague y Rubo en cuanto a melodías. Especialmente en todo su primer tercio, ahí donde la banda se conduce sin prisas, sin abandonar tampoco su habitual metal conciso y febril, pero conduciéndose ahora con una mayor pausa. Para el puente queda incluso ese poso más melancólico que inunda no pocos cortes a lo largo de su ya dilatada trayectoria, mientras que el cierre acierta a fundir un deje más intimista (si se quiere) con una mayor rabia. Todo engrana finalmente para dejar un ante epílogo redondo, que me agrada en gran medida, y un cierre de aires casi oníricos. Magnífica.

Va a hacer veinte años de su primera referencia como banda, el largo “La Casa De Los Lamentos”, pero el pie sigue en la tabla. Al tiempo que las líricas adoptan ahora el inglés como eje transmisor de las canciones, éstas vuelven hacia unas influencias más cercanas al melodeath del que venían haciendo gala hasta el mencionado Ep de 2022. Cada vez menos metalcore, no esta ya una banda que sienta la necesidad de injertar breakdwons cada dos minutos, Sound Of Silence abrazan más que nunca el metal extremo, con todo cuanto ello supone. Hay buenos riffs, diversidad en lo compositivo, que alterna cortes directos y furibundos con otros más retorcidos, más recargados incluso, dejando siempre un sonido potente pero nítido. Todo está puesto al servicio de apenas media hora de metal rabioso y contundente, pero también elegante y casi hasta distinguido. Véanse los minutos finales. Ni aflojan ni pinta a que vayan a hacerlo de aquí a un tiempo. Y yo que me alegro.

Texto: David Naves

Crónica: Ofensivos (Oviedo 25/4/2026)

Retorno a Oviedo para unos Ofensivos enfrascados en la presentación en directo de su nueva obra de estudio «Calvos, Egos Y Likes«. La cita en los Kuivi Almacenes marcó una muesca más en el revolver de una formación especialista en retratar a muchos de los protagonistas de esta caótica sociedad actual.

El reparto a pie de escenario de banderines de la milagrosa Turquia da la primera pista del que será el tema de apertura del repertorio. Viajamos a la «República Capilar Del Turkistan» a expiar nuestros «Pecados Capilares» y lo primero que nos llama la atención es la alineación de la banda. El protagonismo a las guitarras recae en Viti (Ochobre, Sound Of Silence) y Dani Verdes (Infección) liberando a López, que se explayaría a gusto a la voz. La amplitud del escenario dejó campar a sus anchas a un sexteto que completaban Pablo Viña a la batería, el Padre Eusebio al bajo y Fran a la segunda voz. Septeto si contamos a Java a cargo del sonido.

En la previa a la velada se anunciaba invitado especial, que no tardo en pisar las tablas. Sin la pomposidad de Ghost, Ofensivos contaron con su propio sumo poncífice, el Papa Penedictus, interpretado por su antiguo componente Emi. Momento que me hizo recordar al bueno de Kike Collado, encargado de las performances en nuestro último encuentro con la banda. «Susana Grisú» y «Los Guajes De San Ildefonso» contarían con el trio de voces en escena mientras el público disfrutaba de la sátira e irreverencia del combo afincado en Avilés.

Hubo tiempo hasta para trolear a su propia audiencia. Bajo la promesa del regalo de un CD al primero que lograra hinchar completamente uno de los globos repartidos entre la audiencia, alguno se dejó el aliento en una tarea imposible. «Cosa de Aliexpress» remataría como sentencia el López ante la imposibilidad para llevar a buen puerto el desafío. Camino de mitad del show se constata un gran trabajo a las guitarras el del estreno de la dupla Viti / Dani. Fundamental su aporte al lado metalero de un grupo en el que sobresalió la noche del sábado la demoledora base rítmica que forman el Padre Eusebio y un Pablo Viña espectacular a los parches.

No acabó ahí la interacción con la parroquia. Eucaristia con galletas en forma de dinosaurio de la mano del Padre Eusebio a pie de escenario y turno para «Cuidado Con Paloma«, versión de Emilio Aragón con la que vencerían en las Perversiones del Unriock en el 2024. Buen momento para saludar y agradecer la presencia de la familia Peláez de Sküld que se encontraba entre el público. Nos adentrabamos en el recta final del concierto y habían caido palos para Llados, Albert Rivera, Abascal y una de las redes sociales más exitosas, el inevitable Tik Tok. En la variedad está el gusto.

«Mal Muy Mal» y «Violencia Infantil» ponen el cierre a su paso por el Kuivi. Una velada diferente en lo lírico a lo que acostumbramos por estos lares y siempre satisfactoria en lo gestual. El regreso a casa con una sonrisa mientras recuerdas las chanzas del carnicero vegano nunca viene mal.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Secta (Oviedo 24/4/2026)

Tercera parada en directo para la nueva encarnación de los hard rockeros  Secta con Fernando González (La Dieta de WormsCoverage) a cargo de la voz. Tras su paso por León y Gijón cerraban la presentación de su última obra de estudio “Panzer” en las instalaciones del Kuivi ovetense antes de centrarse en rematar un nuevo disco que parece muy próximo.

La cita con acceso libre atrajo la noche del pasado viernes al segundo escenario del Kuivi, ahora dentro del recinto que alberga el escenario principal, tanto a caras nuevas como algunos incondicionales de la banda. Público de número razonable que no ahorró en ganas de pasar un buen rato con el hard rock de indisimulada influencia por la banda en otros tiempos de los hermanos Young. Los de siempre, Ger Gilsanz y Juan Pablo en guitarras, Pelayo Vázquez al bajo y Pablo Pravia a la batería con Fer como nuevo punto focal de la formación disfrutarían de un buen sonido durante la la velada y es que tener al Blues&Decker Diego Reyes a los mandos siempre es garantía en ese aspecto. La puesta en escena totalmente orgánica, apenas una tenue iluminación y un amplio escenario limpio de monitores y ornamentos, bienvenida la era de los in-ear al viejo rock n’ roll.

Apenas 75 minutos de show para desgranar temas de sus primeros trabajos «Nada Nos Va A Parar» y «Panzer» a los que Fer trata de dar su toque personal. Toda transición lleva su tiempo y se nota el trabajo que va desarrollando el vocalista de origen argentino en ese sentido. La sombra precedente es alargada y cuando más se distancie de ella para abrazar un estilo propio mayor recompensa reportará el esfuerzo. Sin duda la llegada del nuevo disco, que parece ser llevará por título «Ave Fénix«, toda una declaración de intenciones, ayudará mucho en ese sentido.

Temas como «La Casa Del Blues«, «No Quiero Llorar» o «Nada Nos Va A Parar» sacan a relucir la raíz metalera de un vocalista al que la memoria jugó alguna mala pasada con las letras. Tampoco se libraría del mal fario la guitarra de Ger Gilsanz, que se volvería muda en varios momentos de la velada. Nada que el grupo no pudiera solventar con prontitud y tablas, proporcionando un show ágil y divertido que el público disfrutó con verdaderos momentos de pasión.

Una actuación que aunque dejó poso de brevedad sirvió para quemar una etapa de rodaje imprescindible en estos nuevos Secta. También para presentar un tema nuevo, el que dará título al nuevo trabajo discográfico. Atentos estaremos a las novedades que se vayan presentando para dar cumplido informe de la imprescindible evolución que debe marcar el futuro de la formación.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Obús + Barón Rojo (León 18/4/2026)

León se está conviertiendo poco a poco en nuestra segunda casa. A nuestra habitual salida para disfrutar de cada edición del Lion Rock Fest se van sumando eventos que todo amante del rock no debería dejar escapar, hace apenas unos meses la gira de despedida de Medina Azahara es un buen ejemplo. En esta ocasión el reclamo era comprobar el estado actual de dos auténticas leyendas del metal patrio como Obús y Barón Rojo. Con las huestes lideradas por Fortu Sánchez tocaba reencontarse, lejano estaba su paso por el festival avilesino La Mar De Ruido en el verano del 2024. Más fresco en la memoría habita la convincente actuación de los hermanos De Castro en el último Festival Unirock celebrado en agosto del pasado año en Puerto de Vega.

Llama la atención la escasa convocatoria de público a pocos minutos de la apertura de puertas. Posiblemente la amplitud del recinto amplificara en el subconsciente la sensación de vacío, una percepción que afortunadamente con el transcurrir de la velada mejoró gracias a una afluencia cercana al millar de nostágicos, dato que manejo por intuición y no por conocimiento oficial. Poco rostro juvenil entre los espectadores, no así de veteranos incondicionales, melómanos que disfrutaron en su adolescencia de un doble póker de discos que se grabarían a fuego en nuestra memoria colectiva. «Larga Vida Al Rock n’ Roll«, «Volumen Brutal«, «Metalmorfósis«, «En Un Lugar De La Marcha» o «Prepárate«, «Poderoso Como El Trueno«, «El Que Más» y «Pega Con Fuerza» contienen alegatos que aún siguen vigentes más de 40 años después.

Bajo una interminable luz roja da inicio el tiempo para Barón Rojo. Armando De Castro ejecuta el inolvidable riff del tema homónimo en una guitarra Steinberger inspirado en aquel modelo de minúsculo cuerpo y carente de clavijero que popularizara Paul Stanley a finales de los años 80. Rafa Díaz parapetado tras una pantalla de metacrilato me produce una triste sensación de ausencia, nunca podré digerir con esa opción estética para el directo. Compensa con creces esa falta de conexión con el magnifíco baterista José Luis Morán al bajo, que no dejó de moverse y animar a la parroquia durante todo el concierto.

La quietud de Carlos De Castro está lejos de sorprender a estas alturas, tampoco sus limitaciones a la voz, Armando por su parte aguanta el tipo con relativa suficiencia. Poco importa a una audiencia que en su mayoría abandona la faceta crítica en la puerta del recinto y solo desea rememorar una vez más esos himnos atemporales que llevaron a la banda a rivalizar con grandes nombres del rock universal, pues no son pocos los que aún recuerdan su asalto al Festival Reading en el verano de 1982. Con la retirada como un péndulo ejecutor sobre la cabeza Barón Rojo navega cada concierto sobre una ejecución pulcra. Su calidad técnica es aval suficiente en la mayoría de ocasiones y su legado minimiza la quietud sobre el escenario y la dependencia de la nostalgia.

«Yo nunca podría vivir sin tus cuerdas de acero tocar…» deja bien claro que con un mínimo de salud para subir a un escenario hay Barón Rojo para rato. No es necesario el esfuerzo cuando soportas más de 70 años en los huesos, posiblemente, pero cuando la respuesta del público es corear al unísono tus canciones y dibujar sonrisas en el rostro, todo compensa. Si vuelven a los escenarios Eric Clapton que convive con una neuropatía periférica, Nicko Mcbrain con las secuelas de un ictus o Bono diagnosticado de glaucoma hace dos décadas, el mensaje está claro, la música alimenta el espíritu y combate los malos momentos. Con los últimos acordes de «Hijos de Caín» el Barón sobrevoló León esquivando seguro y elegante la tormenta que se acercaba y el aparato eléctrico que iluminaba la noche del pasado sábado. Una despedida poetica para una banda de leyenda.

Turno para Fortu y los suyos. Acompañado en esta ocasión por su inseparable «hermano» Paco Laguna a la guitarra, Carlos Mirat a la batería y el infatigable Guillermo Montesinos al bajo, el burgalés criado en Vallecas volvío a ejercer de maestro de ceremonias en la velada leonesa. Propuesta en la antítesis de sus predecesores, de la elegancia y la pulcritud pasamos a la energía y actitud característica del cuarteto madrileño. «Necesito Más» marca el pistoletazo de salida de un show que iría perdiendo fuelle con el transcurrir de los minutos, algo comprensible cuando los grandes protagonistas podrían ser nuestros propios abuelos. Dato fácil de entender y por el que reciben la mayor de las admiraciones de un servidor.

El sonido en líneas generales estuvo correcto aunque ambas bandas tardaron un par de temas en conseguir una buena interacción con los técnicos de la mesa. La puesta en escena, minimalista por no decir ausente la de Barón, y más elaborada la de Obús gracias a un corporativo telón de fondo y un par de paneles laterales con la imagen de una calavera. Fortu empieza a desplegar su arsenal escénico y la temperatura empieza a subir en el Pabellón de Exposiciones. Cada pieza de artillería logra mantener a raya la tormenta mientras el público, ajeno a la climatología exterior, continuaba disfrutando de la poderosa guitarra de Paco Laguna y la vitalidad de un hiperactivo Montesinos.

La anecdota de la noche llegaría de manos de Nirvana, nieta de Fortu, que adelantaría unos días la celebración del cumpleaños de su abuelo con la entrega en el mismo escenario de una tarta al protagonista de la efeméride. Con todo el cariño hacia su abuelo invirtió la cifras que coronaban el presente aunque el número 27 no aporta buenos recuerdos a la  música. Bromas aparte, momento muy divertido y todo un placer para la vista que los peques abracen el rock en estos tiempos donde predomina la música de fácil digestión y mejor evacuación.

Pasado el ecuador de su actuación, el ritmo frenético que logran temas como «El Que Más» «Pesadilla Nuclear» o «Te Visitará La Muerte» se tornó pausado gracias a varios soliloquios y agradecimientos de Fortu, probablemente para tomar resuello y afrontar con solvencia la parte final del set. Previsible también el habitual número circense de persusión protagonizado por Mirat, ya sea con una escalera o en este caso una valla de obra, despliega toda su habilidad en el centro del escenario mientras Fortu tomaba el testigo a la batería. Tampoco sorprende la bajada del carismático vocalista al foso para darse un baño de masas con el público. La maquinaria está engrasada, perfectamente sincronizada y en buen estado de revista.

«Vamos Muy Bien» anticipa un fin de fiesta protagonizado por «Autopista» y «Solo Lo Hago En Mi Moto«. Despedida y agradecimientos en una velada de contrastes. Sin ganadores ni perdedores, solamante diferentes maneras de ofrecer un producto al que los paladares más exigentes encontraran matices ácidos. Casi 50 años en la brecha manteniendo una audiencia fiel no está al alcance de cualquiera, el estado de forma de Fortu anticipa muchas noches de nostalgia y deleite sonoro. Dos leyendas con cuerda para rato  y trazas de agrandar su legado, tiempo al tiempo.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Adgar «Máscaras Y Demonios» (Maldito Records 2026)

Son nada menos que dieciocho años los trascurridos desde su anterior largo “Tiempos De Cambio”, que viera la luz allá por 2008, y que por fin encuentra su continuación en este “Máscaras y Demonios”. Javi Ochoantesana y Tuko (guitarras), Diego Saiz (bajo) y los más recientes fichajes Javier Murga (batería) y la colaboración de Dani G. (voces) integran a día de hoy la alineación del quinteto. Este cuarto largo consta de diez cortes producidos, grabados, mezclados y finalmente masterizados por el propio Dani G. en sus Estudios Dynamita. Vio la luz el pasado quince de abril vía Maldito Records.

La “Obertura Del Mesías” pone todo el peso sinfónico para revestir esas guitarras del prólogo. Es una intro mayestática, grandilocuente, acomodado anticipo de esta “30 Monedas De Plata” donde los cántabros vendrán a poner toda la carne en el asador. Power metal avasallador, de incesantes dobles bombos y fuerte carga sinfónica. Y un Dani G. que, claro, recuerda sobremanera al que grabara buenos álbumes con Darksun. Al margen del registro del también frontman de November, hay algo en esta dupla inicial que me recuerda a la buena gente de Vhäldemar. En especial toda vez irrumpe la frenética y muy cuidada sección solista. “30 Monedas De Plata”, finalmente, puede no ofrecer grandes sorpresas en lo que a estructura y composición se refiere pero muestra a una banda en plena forma.

Tan Cerca Tan Lejos”, a su vez, recuerda a los Stratovarius más vibrantes. Siempre con el buen sonido de los Estudios Dynamita y con Dani G. componiendo una más que interesante línea de voz. No cesa Murga en percutir desde el doble bombo mientras Tuko y Ochoantesana trazan riffs más serviciales que distinguidos. Me agradan esos engarces entre estrofas, dinámicos, vistosos. Es power metal incesante, en vibraciones altas, que nos retrotrae a principios / mediados de la primera década de los 2000, orgulloso en el despliegue técnico y sin complejos. Que no teme dibujar solos bien apostados, extensos y cuidados. Y que, a pesar de toda esa carga sinfónica que despliegan, acierta a sonar orgánico, potente.

Barco De Papel”, que pasa por ser otro de los cortes más rácanos de todo el álbum, se desliza ahora hacia una senda más heavy, más clásica, que a ratos bien podría recordar a ciertos momentos de los gallegos Ankhara. A grandes rasgos queda la sensación de que “Máscaras y Demonios” se toma un pequeño descanso aquí. Todo ello sin que Murga afloje con el doble bombo ni Ochoantesana con los solos de guitarra, ahora de un marcado corte neoclásico. Funcional. Al fin y al cabo ofrece todos los rigores y alguna de las habituales faltas de los singles adelanto.

Algún Día”, y el tan inequívoco como inevitable deje a Helloween que ofrece ya desde el prólogo, tal vez sean los Adgar más redondos de todo el CD. Afilados, directos, de buenas estrofas y mejores estribillos. Power metal quintaesencial, auto referencial en cuanto a líricas, y donde mayor peso adquiere la buena producción de la que gozan estas canciones. De la decena, quizá la que más me recuerda a los Adgar de siempre. Orgulloso power metal, guerrero y vigoroso, entre las calabazas ya mentadas y un aspecto lírico que parece salido de los Avalanch del “Llanto De Un Héroe”. No hubiera despreciado una sección solista algo más amplia. Con eso y con todo, fácilmente una de las entregas más firmes de este nuevo trabajo.

La Huida”, por fin, se atreve a cambiarle el paso al disco. Ofrece, ya de entrada, un aire más hard / heavy, pasando por ser, pienso ahora mismo, el corte con más gancho de todos los aquí reunidos. Desde los riffs que traman Tuko y Ochoantesana a esa línea de voz al más puro estilo Dünedain, pienso en un corte como “A Un Paso Del Cielo”, todo casa para ofrecer a los Adgar más accesibles y también pegadizos.

Así las cosas, “Puños De Acero” vuelve al power más clásico y académico. A bordo de otras de esas líricas auto referenciales, reivindicativos al modo tan habitual dentro del género, Adgar componen un corte agradable, distendido incluso, con Murga marcando firme el ritmo tras baterías y Tuko & Ochoantesana dibujando otra buena sección solista antes del epílogo. No es la que más me ha calado en las distintas escuchas al disco pero agradará a quienes busquen power metal bien construido y ejecutado.

Ahondando aún más si cabe en esa vigorosa forma de entender el power metal, aquí por momentos casi fulgurante, “Las Oscuras Golondrinas” propone a los Adgar más zapatilleros. Velocidad, doble bombo y voces, agudísimas ahora, del bueno de Dani G.. Sin muchas sorpresas en cuanto a estructura, apostando por una escritura tan clásica como funcional. Válida más por el extra de picante que le aporta al disco que por cualquier otra cosa.

Pero sin salirse de esos preceptos firmes, casi férreos, es cierto que “Entre La Espada y La Pared” entrega un (leve) deje más chulesco que le sienta pero que muy bien a esta parte final del álbum. Con todo el aire de ser un tema que podría dar buenos réditos en vivo, Dani G. vuelve a ofrecer aquí su no poco amplia gama de registros. Un corte con pegada, bien adornado desde las guitarras de Tuko y Ochoantesana. Tanto en riffs como en esos duelos solistas previos al epílogo. Metal conciso y batallador, otra de las que siento mejor logradas de entre las diez (aún cuando me chirríe alguna de las (no) rimas).

El cierre es para la pequeña “Punto y Final”, junto con “La Huida” lo más diferente de todo el álbum. Unos Adgar en una clave algo más oscura, dentro de lo que cabe, y una serie de ideas que bien daban para algo más que esos escasos 3:24 que marca en el reloj. A ratos veloz, a otros más machacona y finalmente grandilocuente en esos estribillos, ampulosos y recargados, marca de la casa. No la desprecio pero tampoco puedo decir que me enganche.

No voy a negar que, “Entre La Espada y La Pared” al margen, el disco se me desinfla en su parte final. Y es una pena porque en lo que sería su hipotética cara A ofrece píldoras de fino y potente power metal. Tan orgullosamente clásico como despreocupadamente vigoroso y contundente. Dejando traslucir sus influencias, ejecutando buenos riffs y mejores solos. Con un Dani G. desbocado en voces y Murga infatigable tras baterías. Power elemental para devolver al primer plano de la actualidad a los cántabros de la mejor manera posible.

Texto: David Naves

Crónica: Unexpectance + After Salem (Oviedo 18/4/2026)

Dos de dos. El pasado viernes acudíamos a la presentación del nuevo álbum de Beast Inside y, antes casi de darnos cuenta, nos volvíamos ver las caras con nuestra querida Gong para ver cómo Unexpectance hacían lo propio con el estupendo “Solus Ipse” (reseña). Por suerte para ellos, no estaban solos ante el envite. La buena gente de After Salem, banda que continúa donde lo dejaran Absalem, acudían prestos en apoyo de los ovetenses.

No solo el nombre ha cambiado en el seno de After Salem. La banda estrena nombre, sí, pero también logo (obra de Belén Lobeto) y batería, siendo ahora Marco Valera (Dumange, The Black Panthys Party, Nicotine Bubblegum…) el encargado de marcar el ritmo del cuarteto. El resto sigue inalterado en las figuras de Mike Gómez (guitarra), Carolina García (bajo) y Gina Barberia (voz). Pero tras el casi lleno de la jornada anterior, el sábado tocó enfrentarse a la cruda realidad. Muchos los bolos coincidentes en diferentes puntos de la geografía y poca gente con que llenarlos. Ello no es óbice para que estos renovados After Salem salgan a cuchillo, como por otro lado viene siendo costumbre en la banda. El mencionado nuevo logo ocupa el fondo del escenario. Y “Charcoal Heart” supone un arranque donde Mike Gómez pone de su parte en el fuerte pulso melódico de la composición. Buen sonido, además, del que disfrutan ya desde el comienzo. No terminaba de tenerlas todas conmigo, dado lo vivido en la jornada anterior, pero al final salió cara.

Gina, como siempre, hizo gala de su habitual dualidad vocal. Delicada en el limpio, desgarrada en el roto, su baile entre registros es santo y seña de la banda. Y “Lord of the Flies” deja tanto un buen puente, con ese breakdown tan bien cortado, como un buen solo por parte de Mike. Todo funciona porque la remozada base rítmica aportó toda la contundencia que se esperaba. “Sad Since 1995” es fácilmente uno de los cortes más idiosincráticos de esta banda. Gin se la dedicó a quienes hubieron de lidiar con “una madre tóxica, un padre ausente…” y todo entregó un poso más atmosférico, también más melancólico, que no hizo sino aumentar la paleta sonora del cuarteto.

Para o más bien sobre la familia que sí elegimos, “Loyal to the Bone” le sirve a Gina para brillar desde su registro más limpio, en fuerte contraste con ese epílogo descarnado y contundente. Siempre con un ya muy seguro Marco Valera en baterías. Y al final, si bien la entrada ni se acercó a lo visto la jornada anterior, si que, menos mal, dejó de ser el solar que nos encontramos al llegar. Fue la propia vocalista la que no quiso olvidarse de Belén Lobeto, a quien agradeció la creación del nuevo logo. Del rabioso presente saltaron curiosamente a los lejanos inicios, esa “The Forest” que siempre recuerdan, el primer corte que compusieron y que, en contraste con la dirección actual de la banda, permite contemplar de un plumazo cómo de grande ha sido su evolución. Una de las que más y mejor acertó a conectar con la gente.

Y vuelta de nuevo al presente para el debut en vivo de su última creación, una “Cherry Blossom” que debutara en vídeo hace escasa fechas y portadora de un riff que, pienso, gana una barbaridad en su traslación al directo. Y casi como resorte a ese poso algo más delicado, colocan “Heads Will Roll”, de seguro uno de sus cortes más juguetones. Imprescindibles esos coros de Carolina aquí y una banda que acertó a sonar más grave y rotunda. Para el cierre quedó “Haunted”, que Gina introdujo asegurando que versa sobre “una tía que se enamora de un fantasma”, algo que “le pasa a muchas”, apostilló Carolina, con ironía y también con razón. Para qué engañarnos. Lo mejor es que quedó claro el buen nivel que poseen. También que si había nervios derivados del cambio de formación, estos no traslucieron al resultado final. A afianzar esta nueva etapa. Esperamos ser testigos.

El fenomenal “Solus Ipse” bien merecía una entrada de relumbrón. No fue el caso y es un fastidio siempre que coincide tanta oferta en una única fecha. Sea como fuere, Unexpectance no iban a perder la oportunidad de darle a su tercer largo el tratamiento que se merece. Con un sonido tan contundente y redondo como nos tienen acostumbrados, todo se dispuso en pos de un bolo de los buenos.

Sobre todo porque Vaan resultó mucho más asentado que en mi anterior encuentro con la banda, aquél show en compañía de Hiranya en 2024 (crónica). Es algo que salta a la vista y sobre todo al oído nada más arrancan con “Noesis”, una de las propuestas más firmes de ese tercer largo, con el frontman alternando entre graves y rasgados sin dejar de moverse por todo el escenario. Buenos detalles de Aitor G. Stamper en el puente y en líneas generales una banda sonando tan comprometida como compacta. Muy segura de sí misma.

Y es que dio toda la impresión de que alcanzaban la Gong con los deberes más que bien hechos. Que quería movimiento, exclamaba la voz de Unexpectance. Y para ello dispusieron el vigor y la fuerza de “Sophrosyne”, donde vivieron a fuerza de colisionar furibundos blast beats de Luis Barrientos con su cara más atmosférica. Miki Méndez, puede que algo discreto en lo gestual, dibujó no obstante un estupendo solo aquí. Para “Momiji” son abundantes los detalles melódicos que dibuja ahora Nacho Peña. La diversidad con que se desempeñan, el modo en que Barrientos hilvana todos y cada uno de ellos. Y, al frente, un Vaan dejándose la piel por implicar a la gente. Un público, cabe decir, que si bien menos numeroso que la cita previa, sí que mucho más animoso.

Fue el propio vocalista quien introdujo el que fuera segundo single del nuevo álbum apostillando que “nos iba a dar con él en toda la cara”. Y es que “Ataraxia” destapó, aún si cabe, la cara más violenta del quinteto. También los tonos más desgarrados del frontman. Una celebración del metal más contemporáneo que Miki López cierra con otro gran solo de guitarra. De verdad, y sin querer leer cartillas de ningún tipo, que empecé a sentir lástima por quienes no pudieron (o no quisieron) acercarse a verles. Luis Barrientos marcó la brutal entrada de “Ethos”, propulsando al quinteto hacia su cara más furibunda y devastadora. El movimiento entre el público se magnificó. Unexpectance no aflojaban y el público, al que se sumó Vaan en el tramo final, tampoco. Gustos individuales al margen, a estas alturas del set empezaba a pensar que, hoy por hoy, son la formación más solida y contundente de nuestra (tan denostada) escena. Lo escribo como lo siento.

Pero como no solo de “Solus Ipse” vive uno, llegó el turno de volver la mirada hacia el anterior “Vortex” y rescatar aquél tema apertura “Guerra Interior”, donde brillaron los buenos detalles de Nacho Peña justo en las partes más violentas del corte. Y tras otro buen solo de Miki Méndez, la llamada de Vaan al wall of death. Que si bien no fue el más numeroso que hayamos visto allí dentro, dejó claro que el público del sábado sí que estaba por la labor. La voz del quinteto agradeció de hecho ese movimiento por parte de la gente. Y arremetió con una “Nematomorpha” que nos devolvía la cara más salvaje del quinteto, con un doble bombo verdaderamente lacerante por parte de de Luis Barrientos.

Antes de “EmpíreoVaan anuncia que se van tomar un descanso, momento que aprovecha Barrientos para un pequeño e improvisado solo de batería. Fue, en efecto, una de las pocas pausas que se permitió una banda muy segura y convencida en todo momento de sus posibilidades. Y ya fuera por el pequeño break que se tomaron o por otra serie de motivos, lo cierto es que sentí que su gama riffera se recrudecía de manera notable en su paso al directo. Al cierre quedó un breakdown de los que invitan a romper suelo y cercenar cervicales. Lástima que uno no esté ya para según qué trotes. No faltó el debido agradecimiento a la buena gente de After Salem. También a nosotros por ser “un público de puta madre”. “Hybris” se alimentó entonces de una mayor brutalidad (si cabe) pero también de una cierta carga atmosférica. Nacho Peña ayudó haciendo tapping aquí y, entre todos, acertaron a enfrentar su cara más elegante con la más violenta.

Para “Gnosis” ya me fue quedando la impresión de que Vaan había aguantado mejor el tipo que en mi anterior cita con ellos. El rodaje, los ensayos etcétera desde luego han ido dando sus frutos. El vocalista hace muy suya “Hipersomnia”, una de las ofertas más redondas del anterior álbum. Para el cierre quedó “Samsara”, con la banda vaciándose hasta su último aliento y Vaan perdido entre la gente. Benditos inalámbricos.

Soy más partidario de contar lo que sucede y no tanto de hacer quinielas, pero desde luego Unexpectance tienen ante sí un futuro que debería brindarles no pocas alegrías. Ellos han hecho sus deberes, está por ver si la gente hará los suyos. También lucen los renovados After Salem, quienes se mostraron tan elegantes y a la vez metálicos como acostumbraban bajo su anterior apelativo. Un placer siempre ver a unos y otros y contarlo por aquí. Vaya pues un abrazo así como un agradecimiento por todas las facilidades y mis sinceras disculpas por lo raudo de mi huida. Tened por seguro que nos volveremos a encontrar. De momento ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Erundina Artidiello

Reseña: Crimsom Glory «Chasing The Hydra» (Bravewords Records 2026)

Surgidos a comienzos de la década de los ochenta, “Chasing The Hydra” es apenas el quinto largo de los prog / power de Florida (Estados Unidos) Crimson Glory, primero tras la resurrección del proyecto allá por 2023. Con los debuts de Travis Wills al micro y Mark Borgmeyer como guitarra solista más la presencia de los históricos Jeff Lords al bajo, Ben Jackson a la segunda guitarra y Dana Burnell en baterías. El disco ve la luz en CD y digital vía BraveWords Records mientras que No Remorse Records será la encargada de editar el vinilo.

Ni intros ni historias raras. Directa y al pie, “Redden The Sun” es un arranque a la vez clásico y vigoroso. Travis Willis echa mano ya aquí de ese registro tan teatral en sus tonos más altos. Percibo un cierto regusto a los Riot V más vibrantes en esos engarces entre estrofas. Y mientras que la producción juega a otorgar a cada elemento el peso debido a cada paso, los pequeños guiños progresivos son apenas una anécdota Que ya habrá tiempo de eso más adelante. Sea como fuere, buen solo de guitarra el que dibuja Borgmeyer, por mucho que repose sobre un riff un tanto recurrente. Un buen arranque de álbum.

Chasing The Hydra”, que fuera uno de los anticipos del álbum, recorta en tiempo aquello que gana en adrenalina. Unos Crimson Glory desobedientes de la edad que muestran sus carnets de identidad, procurando un power a la americana: conciso y directo. Willis parece ahora un émulo del mejor Geoff Tate, especialmente en estrofas, mostrando colmillo incluso en las partes más crudas, componiendo por ahí una más que interesante línea de voz. Las comparaciones con el tristemente desaparecido Midnight, siendo como serán inevitables, no empañan la buena labor del vocalista texano. Otra ración solista, ahora en formato duelo, ocupa el interesante puente. El disco sigue en vibras altas, mostrando una escritura bien equilibrada entre lo clásico y lo hábil.

Broken Together” hace por mostrar esas hechuras más progresivas. Lo primero en brillar es el notable trabajo de la dupla Borgmeyer & Jackson. Un corte, sí, que me recuerda a los mejores Queensrÿche (y no solo por el timbre de Willis, que también) y donde la producción, así como la mezcla, aciertan a la hora de amalgamar este metal a medio tiempo, a veces teatral, casi escénico, a otras más grandilocuente, cuando no directamente sinfónico. Natural en la forma en que introduce los distintos cambios tonales y que culmina en un puente de puro músculo técnico. Sin llegar al desbarre (amado y odiado) de unos Dream Theater pero confirmando que Crimson Glory han vuelto a lo grande.

Angel In My Nightmare”, a la sazón corte más extenso del álbum, arranca en balada acústica, elegante, distinguida; para después recorrer y mostrar lo mejor de una banda como esta. Esas teclas que acompañan al prólogo bien me podrían recordar a las que encuentro en un álbum como “Brave New World” de Iron Maiden. De nuevo la banda muestra una escritura clásica, preñada de giros inteligentes así como riffs precisos y con gancho. Todo es a ratos algo teatral. Más que a Geoff Tate, Willis casi recuerda a King Diamond aquí. Bien está en cualquier caso la labor de Borgmeyer y Jackson en guitarras. De esas que, reza el tópico, ganan una barbaridad con el paso de las escuchas.

Indelible Ashes” engaña con ese prólogo tranquilo, al que sigue uno de mis riffs favoritos de este quinto trabajo. En una onda que bien podría recordar a Symphony X, acompañada de ciertos dejes medio orientales, esta resulta en una entrega de gran personalidad dentro de “Chasing The Hydra”. De ahí que apunte, lo pienso así, a crear cierta división entre los fans de la banda. Con eso y con todo, otro corte bien trabajado desde el aspecto técnico, que si bien no ofrece grandes novedades en lo que a escritura se refiere, me resulta en esto un corte algo más plano y sencillo de lo normal, sirve al menos para aumentar la paleta sonora de este nuevo trabajo.

Así las cosas, “Beyond The Unknown” se moverá por terrenos mucho más heavies. Con el bajo de Jeff Lords altísimo ahora en la mezcla, Crimson Glory van componiendo un corte sobrado de gancho tanto en voces como en riffs. Bien trazado entre hábiles cambios de ritmo y eficaces adornos técnicos aquí y allá, tengo siempre la impresión de que la banda está mucho más que cómoda aquí. Idea esta que el solo doblado previo al epílogo no hace sino reforzar.

Encaramos entonces la recta final con una “Armor Against Fate” que de nuevo vuelve a circular en ritmos vivos mientras Willis reincide en esos tonos tan teatrales. Un vocalista que, pienso ahora mismo, no podría encajar mejor en la (actual) propuesta de la banda de Sarasota. Buenos riffs de la dupla Borgmeyer & Jackson, un trazo ágil pero congruente y otro puente a la Queensrÿche resuelto con el que puede ser el solo más ambicioso de todo el largo. Huérfana tal vez del gancho que sí tienen otros cortes de este “Chasing The Hydra”, resulta finalmente uno de esos cortes que disfruto más con la cabeza y no tanto con el corazón.

Pearls Of Dust” compone un curioso juego entre la pesadez del prólogo y el metal vivaracho, tan a la americana, que ofrecen las primeras estrofas. Hay un cierto protagonismo de un Dana Burnell quien compone ahora una más que llamativa línea de batería. Riffs que animan a mover el cuello, vistosas melodías en los engarces entre estrofa y estrofa y un Willis, aparentemente, más que cómodo tras el micrófono. No la más aventurada en lo que a escritura se refiere, pero un corte que ni mucho menos consideraría fallido. Siempre con ese buen gusto a la hora de desplegar un arsenal técnico sin abusos de cara a la galería. Operando siempre en favor de la canción y no al revés.

El final es para esta “Triskaideka”, que la banda estrenara como single allá por 2023, y que de nuevo camina por la senda más prog del quinteto. Un avanzar a medio gas, cuidado en lo que a producción se refiere, con Travis Willis ofreciendo una más que amplia gama de registros, componiendo otra poderosa, colorista incluso, línea vocal. En una onda que, a ratos, me recuerda a los Fates Warning de (buenos) álbumes como “Darkness In A Different Light” o “Theories Of Flight”, el disco se cierra con un buen gusto innegable.

Sin ínfulas, sin pretender ser algo que no son, sonando a muchas cosas pero, sobre todo, componiendo cortes atractivos, bien acabados y mejor ejecutados. Travis Willis es un vocalista capaz, que se mueve entre lo agudo y lo teatral, componiendo líneas de voz más que interesantes, si bien no sé hasta qué punto muchos aceptarán esos tonos tan teatrales (tan King Diamond en algún momento puntual) que dibuja.

El otro fichaje, Mark Borgmeyer, ha entregado solos más que interesantes. Y aunque habrá quien eche en falta algo más de vértigo gramático o de mordiente rítmico, lo cierto es que servidor disfruta de lo lindo con cortes como “Broken Together”, “Angel In My Nightmare” o el cierre “Triskaideka”. Hay algún riff que puede pecar de recurrente, pero son los menos. Un álbum que, en definitiva, trae de vuelta a unos más que dignos Crimson Glory veintisiete años después (¡!) del irregular “Astronomica”.

Texto: David Naves