Reseña: Balsa De Piedra «Vanitas» (The Fish Factory 2026)

Gótico sureño el que hoy nos llega de la mano de The Fish Factory. El quinteto sevillano Balsa de Piedra concita hoy nuestra atención con un segundo largo al que otorgan el nombre de “Vanitas”. La banda se compone de la dupla Moisés Hidalgo & Ángel M. Ramírez en guitarras, la base rítmica del bajista Raúl Schilperoort y el batería Manuel Juscar (al mando también de los sintes) y la voz de Juan Ríos (quien también corre con la maquetación y el arte). Esta segunda obra vino al mundo de la mano de Leo Peña en el Jotun Studio y cuenta con las colaboraciones de Cristina Serrano (voces en “Ad Astra”) y Miguel Palou (violín en “Finis Gloriae Mundis”).

Me gusta todo cuanto tiene de orgánico la introducción “Omnia Vanitas”. Breve, concisa incluso, apoyada en unas guitarras que, de inmediato, nos sumergen en el tono general de la grabación. “Soma” arranca después, y lo hace con una cierta calma. Es el corte más largo de los diez, procurando una escritura que parte desde ese quejumbroso bajo del prólogo hacia una composición de lo más diversa. Aquí me engancha el riff, con ese inequívoco deje a lo Black Sabbath, amén de un aspecto vocal adherido a esas fuertes influencias góticas del quinteto. Una mayor grandilocuencia acoge a los estribillos. Asimismo, me agrada el solo que sigue por cuanto éste tiene de atmosférico dentro de la grabación. Un corte lleno de contrastes, tejido sin prisas, bien armado. El aspecto lírico puede despistar a más de uno. En mi caso, y no descarto vaya a ser el único, me recuerda al segundo largo de mis paisanos Narwhale, salvando cuantas diferencias hay en lo musical entre unos y otros. El buen solo que antecede al epílogo apuntala la que, pienso, es una más que llamativa dupla inicial.

In Vino Veritas” toma entonces un rumbo más vivaracho, recogiendo un sonido algo más Type O Negative y mostrando por el camino una construcción más tradicional. Un corte con corpus de single, donde la banda transita un camino más acomodado, de mayor enganche con el común de los mortales, apoyado en una producción diáfana, bien equilibrada y con un Juan Ríos ahora en tonos más altos. Quizá no alcance a desprender aquella sensualidad arrebatada (a veces humorística, a otras totalmente autoconsciente) del tristemente desaparecido Peter Steele pero un corte que me engancha en cualquier caso.

La caverna” me engancha ya desde el mismo prólogo. Es un arranque pleno de atmósfera, tenso, que destapará luego, como ya hiciera “Soma”, la cara más doom de los sevillanos. De nuevo creo que el riff en que apoyan este metal más pesado tiene enjundia suficiente. Quizá no encuentre el mismo peso en aquél que conforma los estribillos. En cualquier caso, me agrada mucho su aspecto lírico aquí…

Arde la piedra por la tiranía de la gravedad. Carne y cadenas es la geografía de la soledad

… así como unos arreglos que le otorgan una personalidad muy especial a esta cuarta entrega. Hay ideas aquí que bien podrían tener cabida en álbumes de gente como Paradise Lost o My Dying Bride, convenientemente tamizadas por la particular personalidad de la banda. En el tramo final, por contra, todo parece recoger un aire más cercano a unos Héroes del Silencio, con ese ritmo más vivaracho y, muy especialmente, esa interpretación de Juan Ríos, no muy lejana del ínclito Enrique Bunbury. El broche final, por contra, llevará a Balsa de Piedra hacia su vertiente más nerviosa y trotona. Ni que decir tiene que otra de mis favoritas.

El prólogo de “Estatua de Sal” busca ahora un tiento más melódico en guitarras. De nuevo un corte vivaracho, con un pie dentro del gótico y otro en el doom más casual. Me gustan mucho estas primeras estrofas. La desnudez inicial, los buenos riffs que enseñan después. Por ahí vuelve a sobrevolar esa influencia tan Héroes. El estribillo creo puede ser uno de los más efectivos de todos cuantos la banda introduce en “Vanitas”. Después de todo, ha sido otra de las cartas de presentación de este segundo largo. Engancha sin tampoco resultar manido. Con eso y con todo, echo en falta un solo que termine de apuntillar ese paso al epílogo. O tal vez no. Y es que al fin y al cabo: “… no hay nada tan bello como una ruina”.

Alter Ego” es otro de esos cortes que vienen a amplificar el rango sonoro del álbum. Tiene un arranque taimado, casi lindante con el post-punk más al uso, que más adelante dará paso a unos estribillos con Juan Ríos muy seguro en los tonos más altos. Brilla en todo momento el bajo de Raúl Schilperoort. Tanto en la pura demostración técnica como a la hora de acompañar las partes más calmadas. También mientras ofrece apoyo a la estupenda sección solista del tramo final. Entre medias una letra intimista (“vagabundo dentro de las fronteras de la piel”) y uno de los cortes que más llama mi atención en lo que a producción se refiere. Para nada un single al uso y, sin embargo y en un gesto que, creo, dice mucho de ellos, fue una de las cartas de presentación de este segundo largo.

Un segundo esfuerzo al que da nombre esta “Vanitas”, que amenaza con una mayor oscuridad durante el prólogo, procurando que supure la cara más doom del quinteto. Apenas un pequeño guiño antes de que aparezcan los Balsa de Piedra más vivarachos. En esas partes más vivas, el de Candlemass puede ser un nombre recurrente. Pero el corte aún acogerá después un mayor nervio, con un esforzado Manuel Juscar tras baterías. Una de las canciones más diversas en cuanto a escritura se refiere, que rima con el doom más casual sin que ello signifique perder colmillo. Aún cuando me agrada, sí siento que alguna que otra idea que irrumpe aquí bien merecía algo más de desarrollo.

“Ad Astra”, con colaboración de Cristina Serrano en voces, vuelve a fluctuar entre el gothic y un cierto aire post-punk para conformar un corte sobrado de gancho. Armado con buenos estribillos, Juan Ríos está de lo más elegante aquí, la banda no teme irse a una duración mayor, algo que permite a la composición desperezarse y respirar. Por contra, sigo pensando que los coros del puente, algo atenuados en la mezcla final, merecían algo más de punch. Por contra, me agrada en buena medida el solo que surge a continuación. No me desagrada en ningún caso pero bien es cierto que congenio en mayor medida con otros cortes dentro del disco.

Años de Dolor” es un interesante juego entre la balada y el medio tiempo, de construcción clásica, muy funcional, donde lo mismo uno encuentra ecos (lejanos) de Sôber que a Juan Ríos en una de sus interpretaciones más efervescentes. En contraste surgen guitarras leves, con Raúl Schilperoort brillando una vez más desde el bajo. Puede que queden “años de dolor hasta alcanzar el reino que se nos prometió”, pero qué duda cabe que ese vagar por el “desierto de la desolación” se hace más llevadero con cortes como este. Ojo al cambio de tono final.

El cierre es para “Finis Gloriae Mundis”. Un corte de inicio tenso, destacado por el violín de Miguel Palou, y donde la banda juega ahora sobre una batería electrónica (si mis oídos no me engañan) para construir, finalmente una última entrega profundamente llamativa. Oscura a su manera, de voces que a veces son poco más que un susurro, mientras Juan Ríos ofrece su interpretación más flamenca (de nuevo, salvando las distancias) de todo “Vanitas”. El solo de su tramo final, y que a ciertos rasgos me recuerda al inalcanzable Guthrie Govan, no podría funcionar mejor. Estupendo cierre, si me preguntan.

Un buen segundo disco el de los sevillanos. No son muchos los álbumes de gothic rock/metal que nos llegan pero, siempre que lo hacen, parecen albergar no poca calidad. Balsa de Piedra han ofrecido un segundo largo repleto de buenas composiciones, grabado (aparentemente) con no poco mimo y donde el leit motiv principal parece el de construir buenas canciones por encima de cualquier otra consideración. El solo hecho de que algo como “Alter Ego” fuese elegido como uno de los adelantos creo que habla y no precisamente mal acerca de esto. Cabe destacar además el libreto tan elegante que acompaña al CD, en esto no acostumbra a fallar la buena gente de The Fish Factory, remate perfecto al ramillete de buenas canciones que el quinteto ha sacado adelante.

Texto: David Naves

Reseña: Oshira «Vorágine»

Solo dos miembros, configuración esta cada vez más habitual en el ecosistema rockero, son los que integran la formación post-hardcore/metal mexicana Oshira: Manuel Espinoza en baterías y Ashel en guitarra y voces. Estrenado el 24 de abril, el Ep “Vorágine” supone la primera referencia para ellos. Consta de seis temas que ellos mismos se encargarían de grabar y mezclar para que, posteriormente Brad Boatright se encargara de la consecuente masterización. Todo ello viene adornado por el arte de Ethan Lee McCarthy.

El “Umbral” que uno cruza al comienzo del Ep redunda en una pequeña introducción de desarrollo tranquilo, cierto poso atmosférico y un pequeño build-up final que desemboca en la ruidosa “Saber Desaparecer”. Las propias guitarras de Ashel se llevan por delante sus propias voces aquí. Todo está construido entre alternancias rítmicas y tonales, conjugando el mayor de los desgarros con pausas que atenazan primero y riffs que enganchan después. Un grito desesperado, inmisericorde, que camina a pachas entre screamo lacerante y post-metal atmosférico para una interesante dupla inicial.

Luego “Punto Ciego”, tras apostar en su arranque por una calma muy bien traída, transciende hacia los Oshira más lindantes con el post-metal. Los que, quizá, mejor encaje tienen con el tipo de música que acostumbro a escuchar. Me agrada la gama riffera por la que Ashel ha optado aquí. También el nervio que ofrece Espinoza tras baterías y un sonido global ahora más redondo y compacto. Algo que no hace sino mejorar el empacado final de un corte menos hiriente, más introspectivo, trazado con sumo cuidado y que, pienso, da la mejor cara del dúo como intérpretes.

Sigilo” entonces nos retorna a los Oshira más ruidosos e hirientes. Pero lo hacen alternando con alguno de los riffs más redondos de todo el Ep. También con furibundas andanadas, doble bombo mediante, donde Espinoza proyecta al dúo hacia las lindes del metal extremo. Del hardcore más furibundo. Todo sin que los riffs de su compañero de fatigas pierdan nunca el foco. El puente le sirve al dúo para descender en busca del desgarro más hiriente, caminando pesado ya hasta el epílogo. Una cascada de sentimientos, con Ashel desgarrando su garganta hasta las últimas consecuencias. Al fin y al cabo “No hay más camino que un último brillo”.

Y no es que “Vorágine” sea un corte alegre. En ningún caso y menos aún si uno se atiene a su aspecto lírico. Pero sí es cierto que en su cuidado prólogo uno vislumbra una mayor luz. Luego la composición se arrima, de nuevo, a su cara más atmosférica. Sobre un paso casi marcial de Espinoza, la composición abrazará el caos controlado en una maraña de sentimientos y riffs nada indolentes. Es este otro de los cortes que más llama mi atención en lo que a guitarras se refiere. La cabra tira al monte, supongo. De igual modo me agrada esa estructura clásica, ese puente bien acomodado en su tramo central y la marcada melancolía que todo desprende camino del epílogo. Estupenda.

Finalmente “Fisura” viene para alternar riffs con nervio y violentas sacudidas de post-hardcore rabioso y desatado. Con un Ashel sonando más desesperado que nunca mientras procura riffs fronterizos y caóticos, el cierre del Ep no podría resonar más negativo por desesperanzado. El caos de su tronco central, la rabia con la que se siente cada golpe de Espinoza a la (sufrida) caja, se agiganta toda vez la composición se encamina hacia sonidos más oscuros, más caóticos. Un epílogo que bien parece el ocaso final de una vida toda vez las esperanzas y motivaciones han quedado extintas.

Mucha rabia y muy poca luz en el debut del dúo. Post-metal/hardcore rabioso, hiriente, a ratos descosido, cargado de sentimientos negativos, rabia, desasosiego… El sonido que desarrollan sorprende de primeras. Esa voz tan hundida en la mezcla en cortes como “Saber Desaparecer”. Pero cuando todo se iguala, “Punto Ciego” y “Sigilo” me parecen buenos cortes. Bien planteados y ejecutados sin ningún tipo de cortapisa, sin que el nervio o ese poso más atmosférico vaya en detrimento de los buenos riffs de Ashel, los firmes golpes de Espinoza. Un Ep echado en manos de la desesperanza. Acérquense a él con cuidado.

Texto: David Naves

Crónica: The Rumjacks (Oviedo 23/5/2026)

Nueva visita de la banda de celtic punk The Rumjacks a la península, presentando los temas de su último trabajo discográfico «Dead Anthems«, con parada en la ovetense sala Gong que, pese a estar en las lindes de los estilos musicales cubiertos por esta casa, no nos quisimos perder.

Formados en Sídney (Australia), en 2008, The Rumjacks se han consolidado como una formación puramente internacional en la que militan músicos australianos, italianos o estadounidenses. Sus enérgicos directos, caracterizados por fusionar ska, punk y folk con música tradicional irlandesa, folclore australiano e himnos de taberna, los han llevado a recorrer Europa con frecuencia. De hecho, apenas ha transcurrido un año desde su última visita en este mismo escenario, y ya han pasado casi diez años desde que pisaron por primera vez la capital del Principado, actuando en aquella ocasión en La Lata De Zinc.

Con algo de retraso sobre la hora prevista, a las 21:15 horas suena la intro mientras la banda asaltaba las tablas. Ante un imponente telón de fondo con el logotipo del grupo, tomaron posiciones: Mike Rivkees (voz, tin whistle, guitarra acústica), Gabriel Whitborne (guitarra, coros), Pietro Della Sala (batería), Adam Kenny (mandolina, bouzouki, banjo, coros), Johnny McKelvey (bajo, coros) y Kyle Goyette (acordeón, coros), respaldados por su propio técnico de sonido desde el lateral. Mi primera inquietud fue cómo lograrían desplegar semejante arsenal humano e instrumental en el reducido espacio de la sala Gong. Sin embargo, cualquier duda se disipó tras los primeros acordes: el sexteto funcionó como una maquinaria perfectamente engrasada, donde cada músico defendía su espacio y permutaba posiciones con dinamismo.

El arranque fue demoledor con “Come Hell Or High Water”, guiada por un riff veloz y un ritmo casi marcial dictado por la batería de Pietro. Acto seguido enlazaron con “Kirkintilloch”, cuyo estribillo comenzó a calentar las gargantas del respetable; ambas cartas de presentación de su nuevo disco. Tras estos primeros envites quedó claro que, al margen del calor ambiental, la velada exigiría sudor: los primeros y tímidos pogos no tardaron en estallar en el centro de la pista. Al frente, Mike Rivkees derrochaba actitud y magnetismo, alternando su labor vocal con el uso de diversos instrumentos de viento de forma ágil y contundente.

Antes de dar paso a la ya clásica “A Fistful O’ Roses”, Johnny McKelvey espoleó a la concurrencia: «Es sábado por la noche y estamos en una jodida fiesta; ¡quiero veros bailar y correr!». La sugerencia se acató como una orden. La intensidad de los bailes se multiplicó de inmediato y la locura colectiva continuó con “Smash Them Bottles”, corte donde el banjo de Adam Kenny asumió el protagonismo con un ritmo frenético que invitaba al descontrol.

La exaltación era aún más palpable en las primeras filas, con algún espontáneo queriendo abrazar a los músicos e incluso ofreciéndole de fumar a Adam Kenny, quien, con algo de reparo en un primer momento pero agradeciéndolo más tarde, aceptó. Mientras, los pogos y los bailes eran constantes en el centro de la pista. El sonido quiso jugarles alguna mala pasada y, en numerosas ocasiones, sufrían microcortes que silenciaban las PA; aun así, gozaron de una más que notable calidad.

Continuaron con “Bullhead”, “Through These Iron Sights” y “Sainted Millions”, tres piezas clave de «Hestia» (2021), del que darían un buen repaso: hasta ocho temas interpretarían del mencionado disco. Estas composiciones más antiguas competían en igualdad de intensidad con novedades como “Father’s Fight”, momento en el que Mike exigió un «jodido circle pit» que convirtió la pista en un torbellino

Rivkees gobernaba el escenario combinando con destreza vocal e instrumentación, saltando de las flautas a la guitarra acústica en transiciones impecables, secundado por las cuerdas tradicionales de Adam Kenny. Las canciones de taberna se sucedían sin tregua, provocando que el público coreara cada estrofa. El clímax llegó con el que probablemente sea su himno más célebre: “An Irish Pub Song”. El adictivo riff de flauta irlandesa desató los bailes y pogos aún más salvajes.

Sin levantar el pie del acelerador, mantuvieron el ritmo endiablado con otra de sus composiciones recientes, “Lizzie Borden”, una pieza de corte narrativo sobre una joven que asesina a su familia con un hacha. Aquí, el banjo y la mandolina sostienen el peso melódico, dotando al tema de una atmósfera de balada criminal acelerada.

La tregua llegó de la mano de “Rhythm Of Her Name”, el pasaje más templado del setlist. Rivkees aparcó las flautas para empuñar la guitarra acústica y regalarnos una interpretación sumamente emotiva, impulsada de fondo por el latido incesante de la batería de Pietro. Esa línea melancólica pero vigorosa continuó con “An Irish Goodbye On St Valentine’s Day”, un corte que, a pesar de relatar un desamor, mantiene las pulsaciones altas gracias a su vibrante barniz de fiesta folk. En este ecosistema, el acordeón de Kyle Goyette es un pilar fundamental: engalana las canciones con elegancia y refuerza el genuino aroma tabernero.

Johnny volvió a tomar la palabra para evocar aquella primera visita a Oviedo en una pequeña sala a la vuelta de la esquina. Aseguró que la razón por la que siempre regresan es la notable respuesta de su público y agradeció la fidelidad mostrada a lo largo de esta década. Acto seguido, la banda encaró un vibrante medley que arrancó con “Uncle Tommy”, encadenando sin pausa hasta cuatro temas donde las armonías vocales se convirtieron en las absolutas protagonistas.

El tiempo volaba a una velocidad de vértigo. La recta final se divisaba en el horizonte cuando el vocalista presentó a los miembros de la banda y arrancaron los primeros compases de “Across The Water”, impregnada del inconfundible aire marinero que aporta el acordeón. En ese instante, un asistente no quiso dejar pasar la oportunidad de coronar la noche: se subió al escenario para abrazar uno a uno a los músicos y se lanzó de espaldas al público para marcarse un épico crowd surfing por toda la platea.

Mike seguía reclamando circle pits y la audiencia respondió con creces: corriendo, chocando y bailando sin tregua. La descarga continuó con la combativa e imprescindible “Hestia”, donde la mandolina volvió a reclamar su sitio en primera línea. A esas alturas el sudor empapaba el recinto e inundaba las tablas del escenario, provocando algún amago de resbalón que obligó al técnico de sonido a abandonar la mesa unos segundos para secar el suelo.

Johnny preguntó si teníamos ganas de más, consiguiendo una clamorosa respuesta antes de enfilar la muy celebrada “Light In My Shadow”. El público parecía no querer quedarse con una gota de sudor en su cuerpo y los acompañó con pogos cada vez más intensos jaleándolos, cuando se retiraron del escenario, pidiendo más.

The Rumjacks no se hicieron de rogar. Tras un breve respiro, regresaron a las tablas para interpretar “Goodnight & Make Mends” una pieza de tinte nostálgico con sabor a despedida. Fue entonces cuando aconteció uno de esos imprevistos que engrandecen el directo: Gabriel rompió una cuerda de su guitarra. Lejos de detenerse, continuó la ejecución con cinco cuerdas para enlazar con la festiva y tradicional “I’ll Tell Me Ma!”, coreada a pleno pulmón, que sirvió de broche de oro a una actuación breve —poco más de una hora— pero intensa y llena de energía. Se despidieron invitándonos a pasar por el puesto de merch, donde dieron muestras de su cercanía y cariño al público astur.

En definitiva, una gran noche de fiesta en la que perfectamente te sentías transportado a esas tabernas irlandesas donde las pintas de Guinness corren a raudales y la música invita al baile y la celebración. Solo queda agradecer a la promotora HFMN Crew y a la sala Gong por las facilidades brindadas, además de enviar un saludo especial a mis acompañantes que nunca fallan. Que nunca nos falten noches como esta. Nos vemos en la siguiente; hasta entonces, salud y rock and roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Barroselas Metal Fest 2026

Tres días de comunión, extremos sonoros y espíritu underground. Hay festivales que se miden por el tamaño de sus escenarios, por la cantidad de público o por el impacto mediático de sus carteles. Barroselas juega en otra liga. El veterano festival portugués volvió a demostrar en su edición de 2026 que sigue siendo uno de los últimos refugios auténticos para quienes viven la música extrema como una pasión y no como una moda.

Durante tres jornadas, miles de aficionados llegados de toda Europa transformaron la pequeña localidad portuguesa en un punto de encuentro para amantes del metal en todas sus vertientes. Como cada año, la calidad musical fue sobresaliente, pero el verdadero protagonista volvió a ser ese ambiente difícil de explicar a quien nunca ha estado allí: cercano, respetuoso y profundamente humano.


Miércoles 29 de abril: el reencuentro

Aunque el grueso del cartel arrancaba al día siguiente, los más fieles saben que Barroselas empieza realmente el miércoles. La jornada de bienvenida volvió a reunir a los primeros asistentes en un ambiente relajado y cercano, con la sensación de estar regresando a un lugar familiar después de un año de espera.

Desde primera hora de la tarde comenzaron a llegar los fieles al festival como cada año. Algunos repetían por décima o decimoquinta vez; otros descubrían por primera vez uno de los festivales más queridos de la escena underground europea. Lo que todos compartían era la misma ilusión por volver a vivir unos días donde la música y la convivencia son igual de importantes.

La apertura del festival estuvo reservada para bandas portuguesas. Caos Ritual fueron los encargados de inaugurar oficialmente el escenario, seguidos por Morto, que fueron calentando el ambiente ante un público que iba creciendo poco a poco. Más tarde llegó el turno de Vectis, que aportaron una dosis de oscuridad y contundencia muy bien recibida por los asistentes. El cierre de la noche quedó en manos de Vürmo, que pusieron el broche perfecto a una jornada marcada por los reencuentros, las primeras cervezas compartidas y la sensación de que Barroselas volvía a estar en marcha.

No fue una noche de grandes multitudes ni pretendía serlo. Fue una noche para volver a verse, para recorrer el recinto con calma y para recordar por qué este festival mantiene una personalidad tan especial dentro del circuito europeo.

Jueves 30 de abril: el festival despega

Con el recinto ya a pleno rendimiento y una asistencia notablemente superior a la del día anterior, el jueves marcó el verdadero comienzo del maratón musical.

Desde primera hora se respiraba un ambiente extraordinario. Los puestos de merchandising, las zonas de descanso y los alrededores del recinto se llenaban de aficionados intercambiando recomendaciones, hablando de conciertos pasados y planificando una jornada que prometía emociones fuertes.

Los asturianos Burnt To Death fueron uno de los primeros nombres destacados del día. Su descarga de death metal fue recibida con entusiasmo por un público que respondió desde el primer momento. La cercanía geográfica hizo que muchos seguidores españoles se acercaran al escenario para apoyar a una de las bandas más representativas de la escena extrema asturiana.

Los portugueses Anzv ofrecieron uno de los conciertos más atmosféricos de la jornada. Su combinación de oscuridad, misticismo y agresividad consiguió envolver al público en una atmósfera casi ceremonial que encajó perfectamente con el espíritu del festival.

Desde Estados Unidos llegaban Vastum, una de las bandas más esperadas por los aficionados al death metal contemporáneo. Su actuación fue tan densa como devastadora, demostrando por qué se han convertido en una referencia dentro del género durante los últimos años.

Otro de los momentos más especiales del día llegó con Balmog. Los gallegos son ya unos auténticos veteranos de Barroselas y su conexión con el público del festival volvió a hacerse evidente. La banda ofreció una actuación sólida, intensa y cargada de personalidad, confirmando una vez más el gran estado de forma que atraviesa.

La contundencia sonora continuó con Primitive Man. Los estadounidenses desplegaron una auténtica apisonadora de sludge y doom extremo que convirtió el recinto en un muro de sonido prácticamente físico. Fue una de esas actuaciones que no dejan indiferente a nadie.

La recta final de la noche estuvo reservada para dos pesos pesados del cartel. Primero aparecieron los canadienses Revenge, auténticas leyendas del black/death metal más extremo. Su actuación fue una descarga de violencia controlada, caótica y devastadora, provocando una de las reacciones más intensas de toda la jornada.

El cierre llegó con Gruesome. Los estadounidenses demostraron por qué son una de las bandas más respetadas del death metal actual, ofreciendo un concierto repleto de riffs memorables y ejecutado con una precisión impecable. El público respondió con entusiasmo, poniendo fin a una jornada sobresaliente.

Viernes 1 de mayo: intensidad sin descanso

Si el jueves había sido potente, el viernes elevó todavía más el nivel de exigencia. Desde primeras horas de la tarde el recinto presentaba una gran afluencia de público y el ambiente seguía siendo una de las señas de identidad del festival.

Una de las grandes virtudes de Barroselas es la facilidad con la que conviven bandas históricas, nombres emergentes y aficionados de diferentes generaciones. Todo ocurre de manera natural, sin barreras y sin artificios.

La representación portuguesa tuvo un papel destacado gracias a Ventr y Pestifer. Ambas bandas demostraron el excelente estado de salud de la escena extrema lusa, ofreciendo actuaciones llenas de intensidad y personalidad.

Desde Estados Unidos llegaban Caustic Wound, protagonistas de una de las actuaciones más salvajes de toda la edición. Su mezcla de death metal y grindcore provocó una reacción inmediata entre los asistentes, con los primeros metros frente al escenario convertidos en un auténtico torbellino de actividad.

Los holandeses Pentacle aportaron la dosis de death metal clásico que muchos esperaban. Su concierto fue una auténtica lección de cómo mantener viva la esencia más tradicional del género sin perder contundencia.

Uno de los momentos más particulares del día llegó con los franceses Aluk Todolo. Su propuesta hipnótica, experimental y cargada de atmósferas ofreció un contraste muy interesante respecto al resto del cartel, atrapando a buena parte del público en un viaje sonoro tan extraño como fascinante.

Los italianos Darvaza protagonizaron otro de los conciertos más comentados de la jornada. Su mezcla de black metal atmosférico y oscuridad ritualista creó uno de los ambientes más especiales de todo el festival.

La noche entró en su tramo decisivo con Exhumed. Los estadounidenses demostraron una vez más por qué siguen siendo una referencia absoluta dentro del death metal extremo. Técnica, potencia y una enorme capacidad para conectar con el público se combinaron en una actuación memorable.

El cierre corrió a cargo de 16. Los veteranos norteamericanos descargaron una enorme dosis de sludge y hardcore, poniendo el punto final a una jornada marcada por la intensidad y dejando al público con la sensación de haber vivido uno de los días más sólidos de toda la edición.

Sábado 2 de mayo: el último ritual

La última jornada siempre tiene algo especial en Barroselas. Por un lado, el cansancio acumulado después de varios días de conciertos; por otro, la necesidad de aprovechar cada instante antes de que llegue la despedida.

Los portugueses Vizir fueron los encargados de abrir una jornada que desde el principio se presentaba especialmente intensa. Más tarde, The Ominous Circle confirmaron su condición de una de las propuestas más interesantes del underground portugués actual, ofreciendo una actuación oscura y absorbente.

Desde Holanda llegaban Obstruktion, cuya descarga de death metal primitivo fue recibida con entusiasmo por un público que a esas alturas del festival seguía respondiendo con una energía admirable.

La representación portuguesa continuó con Genocide, que ofrecieron una actuación contundente y muy celebrada por los asistentes locales.

Uno de los grandes nombres nacionales de la jornada fueron los españoles Aversio Humanitatis. Su propuesta extrema y atmosférica encontró el escenario perfecto en Barroselas, firmando uno de los conciertos más intensos de todo el sábado.

Los estadounidenses Mortiferum volvieron a demostrar por qué son uno de los nombres más respetados dentro del death/doom contemporáneo. Su actuación fue pesada, oscura y absolutamente absorbente.

La emoción llegó con Thy Light. Los brasileños protagonizaron uno de los momentos más especiales de toda la edición. Su propuesta cargada de melancolía y sensibilidad emocional consiguió crear una conexión muy particular con el público, dejando imágenes difíciles de olvidar.

El cierre del festival quedó reservado para una auténtica leyenda. Los finlandeses Beherit, uno de los nombres fundamentales en la historia del black metal, fueron los encargados de poner el punto final a Barroselas 2026. Su actuación, cargada de misticismo, oscuridad y simbolismo, sirvió como despedida perfecta para una edición que volvió a demostrar por qué este festival ocupa un lugar tan especial dentro de la escena extrema europea.

Cuando las luces se apagaron definitivamente y comenzaron los últimos abrazos en la zona de acampada, quedó una sensación compartida entre todos los presentes. Más allá de los grandes conciertos y de un cartel sobresaliente, Barroselas volvió a triunfar gracias a algo que no aparece en los horarios ni en los carteles: su ambiente.

Un festival donde bandas, organización y público conviven sin barreras, donde la pasión por la música sigue estando por encima de todo y donde cada año miles de personas vuelven a sentirse parte de una misma familia. Y eso, en los tiempos que corren, sigue siendo algo extraordinario.

Texto y Fotos: Jaime García

Crónica: Megadeth + Angelus Apatrida + Crisix (Bilbao 29/5/2026)

Teníamos apuntada a fuego esta fecha desde que se anunciara esta mini gira estatal, como despedida de una de las bandas más influyentes del heavy metal. Parte importante del denominado Big Four, Megadeth con Dave Mustaine siempre al frente, personaje esencial a la par de especialín, que ha cuñado obras maestras del género y no menos numerosas polémicas a sus espaldas. Si nos parecían pocos los alicientes para cruzarnos parte del cantábrico en pos de despedir al señor Mustaine, estaban escoltados por dos de las bandas más internacionales de nuestra escena. Crisix, que volvían tras un pequeño parón, y los incombustibles Angelus Apatrida, todo ello en en el ya emblemático B.E.C. de Barakaldo.

Puntuales salieron los de Igualada, dejando claro desde el minuto uno que siguen en la misma linea que lo dejaron hace dos años. Intensidad y energía innegociables, reflejados en cortes como “Full HD” y la brutal “Get Out Of My Head”. Como no, tocaron su tema más reciente, la estupenda “Fast Music” para el estupor de los más duros de oreja, abrieron la pista del B.E.C. como si de la fabula de Moisés se tratase para un épico wall of death. Y nos deleitaron como siempre, con ese medley donde se intercambian los instrumentos regalándonos el «Antisocial» de Anthrax. Con “Ultra Thrash” cerraron su show, deseando que hayan vuelto para quedarse, porque son muy necesarios.

Media hora de reloj y los Angelus Apatrida salen al escenario a hacer lo que saben hacer, romper cuellos. Yo personalmente ya no encuentro palabra élfica, ni en lengua «Ent», ni de Mordor, ni humana para buscar un adjetivo a los cuatro jinetes de Albacete. Sonaron poderosos con “Indoctrinate”, “Cold” o “We Stand Alone”… De verdad, que me quedo sin palabras ante ellos, y verlos en un escenario como el del B.E.C. ante más de 10 mil personas es para alegrarse por Guille, José, Davish y Victor. Foto de rigor, “You Are Next” como colofón y mirando el calendario de su gira para volver a verles. Que no se cansen nunca.

Llegamos al momento estelar, en liza Dave Mustaine y sus huestes, con “Tipping Point” de su último disco homónimo, seguido de “Hangar 18” , ovación y mini parada que se daría en varias ocasiones durante la descarga. Gran recibimiento a pesar de que seguro, hemos visto a Mustaine en mejor forma vocal. Nunca fue un portento de voz y evidentemente los años pasan para todos, de ahí supongo y espero esta despedida, ya que otra cosa no, pero el repunante de Dave ha demostrado ser siempre muy exigente en el nivel de directo de Megadeth y si hace un poco de autocritica, blanco y en botella. Digo espero, porque ya nos han colado varias despedidas y uno ya es siempre escéptico en estas cosas.

Como buena despedida que se precie, fueron cayendo temas magnánimos en la carrera de Mr. Dave, “ Skin O´My Teeth”, “Angry Again” o “Sweating Bullets” para disfrute de todos los presentes. También reivindicó su parte de Metallica con su particular visión, “Mechanix” (The Four Horsemen pa los amigos) y la reciente regrabada “Ride The Lightning”. Sin más, habrá gente que le guste más o menos, personalmente, creo que la discografía de Megadeth ha sido lo suficientemente coherente, amplia y buena como para dejar de lado estos temas, pero se nota que el escozor que arrastra el californiano es bastante grande.

Parte final con las imprescindibles, “Tornado Of Souls” con un magistral Teemu Mäntysaari clavando nota a nota ese solo de guitarra legendario. Y esa es otra, Mustaine siempre se ha sabido rodear de grandísimos músicos,y sobre todo guitarristas, luego volvemos a su exigencia vs repunancias, por lo que el baile de piezas es como mínimo llamativo. Supongo que todos nos acordamos de un tal Marty Friedman, que sin menos preciar a Teemu, para una gira despedida de verdad, no hubiese estado mal. “Peace Sells”, “Aguante Megadeth” y “Holy Wars” fueron el broche de oro de una despedida digna aunque mejorable, de uno de los frotman con más ego de la escena metalera. Genio y figura, amado y odiado a partes iguales, pero imprescindible en la historia del heavy metal. Para lo bueno y para lo malo siempre echaremos de menos a Dave Mustaine y sus Megadeth.

P.D. 1: Alguno se imagina a Mustaine en la época de los «Load» con Metallica??? Yo tampoco.
P.D. 2: Saludos a tod@s con los que compartimos velada, los Titos, Novales, Andrés (Angelus Apatrida Club de Fans), al Beast Pedro Pravia, Roberto Skuld y su vástago, Rockxy Sog y familia, Txema Bustillo y los putos Leather Boys.

Texto: José Miguel (LAGO)
Fotos: Archivo Carmen González

Crónica: Balmog + Jade + Nazgash (Oviedo 29/5/2026)

Buena triada extrema la que Northern Blaze Prods propuso para la noche del viernes con los gallegos Balmog, los catalanes Jade y los asturianos Nazgash. Con epicentro en la siempre acogedora Lata De Zinc, público y elementos parecieron ponerse de acuerdo por una vez. Buena entrada la que registró la sala ovetense, a lo que quizá ayudara una jornada algo desapacible. O simplemente el metal extremo sigue gozando de buena salud la capital de la vieja Asturias. Quién sabe.

El caso es que los renovados Nazgash no perdieron oportunidad de mostrar su black metal de corte clásico. Una formación que parece haber crecido una barbaridad desde nuestro primer encuentro con ellos, y que en esta actual alineación como cuarteto, supo poner a prueba los cimientos de la sala. Aún no he tenido oportunidad de escuchar su nuevo disco «Eternal Cycle Of Death«, la actualidad nos atropella y os aseguro que cuesta seguir el ritmo, pero de entrada me sorprende el arranque a medio gas que proponen. Más que irrumpir de forma violenta ante nosotros, se puede decir que fueron poco a poco haciéndonos partícipes de su intenso black metal.

Ataque a dos voces, mucho corpse paint y dos guitarras plenamente engrasadas. Es cuando engranan una mayor velocidad que aciertan a sonar más clásicos, sin por ello dejar de sonar cohesivos. La banda, o tal parecía, se arrimó a la Lata con los deberes bien hechos. Tras la intro de corte pagano “Funeral March Of Empires”, “Twilight Of Tyrants” acierta a hilvanar dejes más melódicos. La banda tiene discurso suficiente con el que construir buenos temas. Y sabe llevarlos al directo con solvencia. “Where Black Flames Rise”, tras su curiosa intro, deja riffs verdaderamente rompecuellos.

Por momentos acertaron incluso a buscar una cierta épica, nada pagada de sí misma, y que por algún motivo me recordaba a aquellos Windir de discos como “Arntor” o “1184”. Para el cierre quedan una cierta búsqueda de un black más atmosférico y, ya con una sola guitarra, esa outro cerril y furibunda. Me agradaron.

Jade venían presentando su largo de 2025 “Mysteries Of A Flowery Dream” y se dejaron la piel en el empeño. Lo que me agradó fue ese inicio acompasado, algo alucinado incluso, calma antes de la tempestad que desatarían después. Dos paneles flanquean la batería de Lord Bud. También son dos los micrófonos que tiene ante sí el bajista Joan Fr y dos son los guitarras a cada lado del escenario. Todo sea por la simetría.

“Buenas noches, Oviedo”, exclama Joan. “Somos Jade” y procede a descerrajar una “Light’s Blood” en la que nervio y atmósfera juegan a encontrarse, al tiempo que los solos de guitarra se reconocen alucinados, algo a contrapié de esos ritmos tan vivos, generando unos contrapuntos de lo más llamativos. Contraste este que se repetiría no pocas veces a lo largo del set. Al cierre hubo agradecimientos para la buena gente de Northern Blaze Prods. Era su primera vez en la región y no iban a perder la oportunidad de agradar. “Shores Of Otherness” añade una pizca más de melodía. Y lo hace sin sacrificar nada de nervio e intensidad. Bailaba Joan Fr entre registros mientras la banda acometía cada riff, cada pasaje, cada cambio de ritmo con total solvencia. A ratos más disonantes, al otro más melódicos pero siempre sin perder el foco. Fantásticos.

Con un nombre como el de Albert Martí involucrado en el proyecto, raro era que, más tarde o más temprano, no sobrevolase el nombre de Vidres a la Sang. Y tuvo que ser “Cascade” la que de pronto me recordase a la banda egarense. Percutía sin cesar Lord Bud tras baterías a tiempo que impulsaba otra de esas creaciones intrincadas, musculosas, oscuras… El sonido era impecable. Algo que denota cómo la batería era capaz de taladrar el pecho sin llevarse por delante al resto de elementos. Fue a lomos de ese gran sonido que Joan Fr anunció que volvían al debut para rescatar “una de las más rápidas”, que resultó ser no otra que “Ghastly Eyes”.

Hubo “compatriotas” que se acercaron hasta la Lata para verles. Puede que no fueran la banda más activa sobre las tablas. Tampoco el (remozado) escenario de la sala da para grandes alegrías. Pero era tal la precisión y el nervio con el que hilvanaban sus intrincadas composiciones que poco importó. Un death metal de fortísimo poso atmosférico que se amplificó aún más (si cabe) en el tramo final. Ese que acoge “Darkness In Movement”, donde a veces merodea una calma de lo más tensa, y la final “A Flowery Dream” con ese poso tan marcial y sus solos casi omnipresentes. Su primera visita a esta tierra, con la buena gente de Totengott sin perder ripio en primera fila (ambas bandas han girado juntas en el pasado) no pudo resultar más propicia. Esperemos que no sea la última.

Entonces Balmog desatarían la mayor de las oscuridades en la Lata. La formación gallega, que llegaba como trío a tierras ovetenses, vino a mostrarse todo lo sólida e hiriente que cabía esperar. Casi harapientos, rostros oscurecidos y una forma de entender el black metal que los sitúa como una de las banda de referencia dentro de nuestras fronteras.

Como no queriendo ser menos que sus compañeros de cartel (¿se pusieron todos de acuerdo?), el arranque del set no puede ser más acompasado ni alucinado. Todo oscuridad, humo y ruido después, resulta llamativa la escandalera que montan para tratarse de solo tres piezas sobre el escenario. Batería, bajo, guitarra y los distintos pedales de distorsión a los pies de Balc. Precisamente haciendo uso de ellos fue que se iría permeando en su sonido esa cara más psicodélica, imbricada en su metal negro y a ratos asfixiante. La banda venía presentando “Laio”, disco particularísimo donde los haya, y la gente se entregó, con cierta moderación eso sí, a su lacerante ritual.

Balc estuvo ágil a la hora de bailar entre registros. Su voz reverberó por toda la Lata con fuerza, penetrando cada poro, hiriendo cada tímpano, acertando a sonar agónico, por momentos casi desesperado, al tiempo que trazaba riffs y solos desde su desgastada SG. El sonido fue sucio pero acorde a la propia idiosincrasia de la banda. La sala, si bien nos lo puso difícil en el apartado fotográfico, ha crecido una barbaridad en este sentido. El trabajo duro y (sobre todo) continuado acaba por dar sus frutos.

Atrás, Virus acometía cada cambio de ritmo con solvencia. Batería de toda la vida de los gallegos, propulsó a los suyos al tiempo que se peleó con un kit no muy por la labor. Disonancias frente a puros blast beats. Voces agónicas y una banda que parece entender a la perfección su papel dentro de nuestra escena extrema. No sé si “la mejor banda de black de España”, como me dijo cierto amiguete durante los últimos compases, pero una de las más relevantes sin ningún género de dudas. Que nos dure.

Creo estar repitiéndome cuando afirmo que el underground sigue gozando de aparente buena salud en la capital ovetense. El viernes, con una entrada más que digna, quedó claro una vez más. Y ya son unas cuantas desde que cubro eventos para esta casa. Nos alegramos por la buena gente de Northern Blaze Prods, a quienes tenemos que agradecer las facilidades que pusieron cara a la realización de esta crónica. Del mismo modo, tampoco quiero cerrar sin mandar un saludo a los habituales de siempre. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Fyres «Like Waves» (LDP Records 2026)

Nuevo Ep para el proyecto madrileño de metal alternativo Fyres, que lidera el multi instrumentista, compositor y productor Bob G. Castro, y que vio la luz el pasado 23 de enero. Cinco temas que vienen a suceder a aquél “Like Horses» de 2020. Una reflexión acerca de “la aceptación personal, el equilibrio interno y la capacidad de fluir con los ciclos de la vida”, y que prosigue allí donde lo dejara el debut. Las baterías fueron interpretadas por Tweety Capmany (Hermana Furia, Avenues & Silhouettes) y registradas por Juan Blas (Nothink, Caboverde), mientras que de producción, mezcla y masterización se encargó Alex Tena (Bonecarver). Finalmente, el artwork fue obra de Paranoidme.

To Float, To Flow, To Brush Your Teeth” es una carta de presentación concisa y eficaz. Es un metal que bebe, cada vez más, de las fuentes de la electrónica, pero de un modo que no tiene nada que ver con, por poner un ejemplo, Electric Callboy. Hay buenas melodías de Castro en estrofas. Y buenos riffs en las transiciones hacia estribillos. Es esta una producción que otorga el debido protagonismo a cada una de las líneas. Y una composición apaciguada y sin prisas. Atmosférica a ratos, habrá quien quizá eche en falta algo más de nervio. De mordiente. Éste llega, en pequeñas dosis, durante el tramo final. Ahí me agrada lo natural y poco artificioso que resulta ese epílogo. Un corte con una manera de fluir muy personal, que me descolocó de primeras y que he sabido apreciar tras el correr de las escuchas.

Accepting The Limits” lleva ese vértigo electrónico un paso más allá. Hay matices curiosos en la voz de Castro. También unas estrofas que podrían pasar por las mejor construidas de este pequeño Ep. El estribillo aporta gancho, también algo más de mordiente, mientras la producción va ganando terreno conforme las guitarras ganan en gravedad. Es un corte directo, con Capmany llevando a cabo una buena labor tras los parches, rematada con un prólogo donde las voces ganan, quizá, demasiado protagonismo. Con eso y con todo un corte que funciona.

Dancing In The Rain”, que coloca su estribillo en el mismo prólogo, juega con un metal muy al uso alternativo, con Castro jugando en tonos altos durante estrofas, apoyándose en pasajes a un tempo atmosféricos, al otro más electrónicos y casi desnudos de guitarras. Estas, cuando llegan, agradan con ese deje tan melódico que dibujan. Un corte cuyo puente, lejos de derivar hacia la calma, adopta un nervio apenas desconocido a lo largo de este “Like Waves”, con un veloz Capmany en baterías. Al final, y pese a lo algo rácano de su duración, una canción hábil a la hora de fundir atmósfera y músculo.

Por contra, “Kings” puede ser el corte con el que menos conecto de todo el Ep. Y es una pena porque Castro dispone buenos riffs aquí. Capmany, de hecho, está trazando una más que interesante línea de batería. Pero hay algo en la ejecución de estas líneas de voz, o en el modo en que la producción las dispone a lo largo de la grabación, con lo que me cuesta empatizar. ¿Lo mejor? Sin duda ese epílogo por el mayor mordiente que ofrece y lo orgánico (dentro de lo que cabe) que resulta.

Así las cosas, la final “The Window” sí que ha logrado captar mi atención. El sonido vuelve un poco a aquél fluir tan particular del primer corte. Castro está muy fino construyendo las primeras estrofas. Tanto en composición como en voces. Siento que todo fluye, de nuevo, de un modo muy natural. Y aunque pueda echar en falta una dosis mayor de picante, de ninguna manera es un corte que me haga sentir aquella cierta lejanía de “Kings”. Del mismo modo, me agrada la construcción del puente central. No busquéis aquí un metal rabioso y desafiante. Todo fluye dentro de las lindes más atmosféricas del género, con Castro ofreciendo un más que digno trabajo en voces durante el epílogo. Es un buen final.

Casi seis años después de su anterior obra puede que cupiera esperar algo más de parte del proyecto madrileño. Sea como fuere, y siendo mi primer contacto con la banda (o la one man band), cierto es que encuentro bastantes asideros a los que agarrarme. Muchos de ellos están en el corte que abre el Ep. En el modo en que está construido e interpretado. En el fluir tan característico en que se apoya. Creo además que precisamente ahí residen las mejores voces de Bob G. Castro. Es el corte que más ha crecido tras las distintas vueltas (aunque a día de hoy, ya no sé si esa sigue siendo la expresión correcta) a este “Like Waves”. En cualquier caso, un trabajo de metal alternativo paciente y bien estructurado. Más apoyado en una personal búsqueda de lo emocional a través de lo atmosférico y no tanto en el nervio o la rabia, aunque de todo hay. Un trabajo un poco a la contra de los álbumes de metal alternativo que nos suelen llegar y, por ahí, cinco temas que bien merecen una oportunidad.

Texto: David Naves

Crónica: Megadeth + Angelus Apatrida + Crisix (A Coruña 27/5/2026)

Megadeth, autopista y amigos, plan imbatible el de la pasada jornada de miércoles. Viaje perfecto desde Asturias para coronar a Dave Mustaine en su despedida de los escenarios patrios. Tres horas de coche y sobrevivir a la sobredosis de «thrash metal» que nos aguardaba en el Coliseum de A Coruña.

Con una puntualidad exquisita, que se extendió durante toda la velada, arrancaron las hostilidades los catalanes Crisix. Un inesperado retorno a la actividad el suyo tanto en vivo como compositiva tras los baches sufridos en los últimos 2 años. El óxido del tiempo fuera de los escenarios quedó mimetizado por la actitud siempre innegociable de los de Igualada. Un show cercano a la hora con todos los clichés propios de la formación como la interpretación quirúrgica, que no se vió correspondida por el mejor de los sonidos, de temas que forman parte por derecho propio del acervo popular de los thrashers nacionales o su clásico intercambio de instrumentos. Hubo tiempo para saludar a la numerosa representación de fieles congregados ya en el recinto y a los amigos de Angelus Apatrida. También para presentar su nueva canción «Fast Music«, recibida no con frialdad pero si con disparidad de sensaciones y es que esa mezcolanza arriesgada de thrash metal, electrónica hardcore y bases rítmicas hakken es de digestión lenta. Aún así, generaron uno de los mosh pits más caóticos de la noche. Buen arranque de velada, sin duda.

La expedición asturiana continuó devorando el mejor producto estatal con la salida al escenario de Angelus Apatrida. Siempre dispuestos a ofrecer una masterclass de thrash metal contemporáneo en una ocasión tan especial como ésta no iban a ser menos. A lomos de un sonido limpio, rítmicamente aplastante y sin fisuras los albaceteños van camino de consagrarse como una formación capaz de competir de tú a tú con cualquiera de las bandas que acechan al Big Four americano. Con la clara misión de dejar marcado su nombre con hierro candente en este tour internacional de despedida, su asalto al Coliseum despachó un colchón calórico a la altura de las circunstancias, textura perfecta, punto exacto de cocción y aceite de primera, que funcionaron como preludio ideal para el inminente maridaje con las huestes lideradas por el «colorado» Mustaine. A diferencia del caos controlado de Crisix, Angelus Apatrida cocinó una ecualización pulcra que adornaron los pogos más masivos de la noche. Casi incontables sus actuaciones en Asturias verlos dominar el pabellón con esa solvencia genera un orgullo casi nostálgico. Hace mucho tiempo que no son una promesa, son una realidad demoledora.

Un haz de luz cenital ilumina la figura el pelirrojo para dar inicio a la despedida de Megadeth de nuestros escenarios. Armado con su inseparable Flying V el californiano ha diseñado una alineación tan solvente como respetuosa con el legado de la formación. La guitarra de Teemu Mäntysaari no buscó la reinterpretación de la partitura sino el respeto absoluto a las canciones originales. Desataron pasiones en A Coruña con una actitud implacable, mutando su despedida en una fiesta de sudor y nostalgia compartida.

Si bien la voz de Mustaine acusa el desgaste lógico del paso del tiempo y sus excesos confesos, inteligentemente adaptó su registro vocal a tonos menos agresivos, digno de mención el magnífico apoyo de un soberbio James LoMenzo en los coros. Si bien podemos hablar de inevitables flaquezas en el apartado oral, su mano derecha sigue siendo un patrimonio de la humanidad del metal con una interpretación nítida, veloz y ajena a cualquier error de tempo. Poco importó que el repertorio incluyera temas de nuevo cuño como «Tipping Point«, «I Don’t Care» o «Let There Be Shred«, su recepción se mostró más que satisfactoria por la audiencia. La histórica noche coruñesa aderezó el sudor compartido entre público y banda, brillando con identidad propia la honestidad de la formación liderada por un referente e influencia declarada para varias generaciones de músicos y una audiencia que se entregó hasta la extenuación para despedir como se merecía a un auténtico icono, haciendo temblar los cimientos del Coliseum.

El sonido se mostró caprichoso en algunas fases del show. En los primeros temas, un exceso de saturación en el bajo de LoMenzo emborronó las intrincadas líneas de guitarra de Mustaine. Afortunadamente este apartado mejoró sustancialmente permitiendo finalmente que el homenaje ofreciera una acústica aplastante, digna de una leyenda. Y es que todo no fueron parabienes en la noche gallega, siendo riguroso en el análisis del repertorio tambien hay que recordar las ausencias. La gran sorpresa, para muchos decepción, en A Coruña fue la de «Mechanix» del setlist. Su exigente interpretación parece haberse convertido para Mustaine en un riesgo innecesario a pesar de no ser una canción cualquiera, si no la piedra angular de su herido orgullo. Menos traumática podemos tomar la omisión de «Ride The Lightning«, cover incluido en su último disco. Detalles que dejaron patente que Megadeth no necesitaba recurrir a fantasmas del pasado para brindar un concierto de despedida colosal.

No podía faltar el paso por el escenario de Vic Rattlehead, punto álgido de una puesta escena orgánica, exenta de ormamentos superfluos. Un telón de fondo con el nombre de la banda es más que suficiente cuando tu entrega y desempeño destila honestidad. Fagocitados en un hervidero de emociones y fundidos en un solo ente, audiencia y banda se abrazaron en los últimos estertores del show con sonrisas en la cara y puños al firmamento de la noche coruñesa. Un solitario Mustaine se despidió del abarrotado recinto con la cabeza alta, la mirada fija en un imaginario punto infinito dejando su guitarra en el centro del escenario como muestra de supremacía y posesión. Una velada histórica y honesta de seguro recordada. En una época en que la mayoría de las despedidas son excusas recaudatorias, Megadeth escribió un capítulo final sincero.

La capital herculina estuvo a la altura de la historia sellando un pacto de honor que arrasó cada rincón de A Coruña. Por nuestra parte viaje de regreso embriagados por la melancolía reconfortante de saber que fuimos testigos de una de las últimas páginas doradas de la historia del thrash metal.

Texto: José Ángel Muñiz
Fotos: Carmen González

Reseña: El Altar Del Holocausto «Ecos» (Autoproducción 2026)

Desaparecer, renovarse, regresar, trascender. “Ecos” promete nuevos rumbos en la trayectoria de los salmantinos El Altar Del Holocausto, la formación que integran Reaper Model en batería y percusión, Sky Bite al bajo, sintetizadores y efectos más la dupla Weasel Joe y Reverb Myles en guitarras. Este nuevo trabajo lo integran seis cortes grabados y masterizados en los Metropol Estudios (Madrid). Todo el aspecto artístico del álbum ha sido trazado por el propio Reaper Model.

Volta” envuelve al oyente en uno de esos inicios clásicos en el cuarteto. Aquí se manifiesta, y lo hace pronto, esa faceta melódica en la que tan bien se han manejado siempre. Ruido y melodía, una marcada melancolía y un prólogo, en líneas generales, que parece continuar donde lo dejara aquél “T R I N I D A D” de 2021. ¿O no? La composición, pienso que de un modo muy natural y nada mecánico, va acogiendo una mayor gravedad. Conduciendo hacia terrenos más oscuros, profundos, a los que impregnarán de una cierta luz más adelante. La calma de su tronco central alude directamente al centro de nuestras emociones. Cálido, tendido, reposando en su encarnación más pura antes de eclosionar camino del epílogo. Puede no ser, en lo que a estructura se refiere, el corte más avanzado de los seis. En cualquier caso me agrada como apertura, máxime con esos solos tan cuidados del tramo último.

Luego “Ecos”, que fuera carta de presentación de esta nueva andadura, creo concita todo lo que les ha llevado a ser nombre de referencia del género en nuestro país: la elegancia desbordada del prólogo, con esa intersección entre líneas tan idiosincrática. Un corte donde los cambios de intensidad se suceden cual directos a la mandíbula. Ni son sutiles ni lo pretenden. Profundizan en la cara más atmosférica del cuarteto, teñidos siempre de esa cierta melancolía sin resultar (pienso ahora) nada melosos o engolados. Me agrada la levedad que impregna todo el puente central, pero sobre todo, el modo en que este contrasta con el solo que nos llevará hasta el cierre, y que en esa cierta contención con la que se conduce, puede pasar por uno de mis favoritos de todo el largo.

Shídài” provoca entonces el gran punto de ruptura. Un Altar del Holocausto de una gravedad casi desconocida, intenso y vibrante, con Reaper Model marcando ritmo con firmeza desde baterías. Pese a todo, un corte que no elude el habitual compromiso de la banda con esas tonalidades más nostálgicas, más leves, pero que aquí no obstante se conducen enmarañadas en un pequeño caos controlado. Un corte que supura una mayor oscuridad, que se verá luego contrapuesta a uno de esos engarces tranquilos en los que tan bien se manejan. Y es que donde todo arrancó con ruido, ahora surgen parajes tranquilos, guitarras prístinas. Rock casi traslúcido. Un cierto descanso antes de que otro buen solo vuelva a quebrar ese descanso. Furia controlada, conducida hasta el epílogo en un hábil ejercicio de equilibrio entre luz y oscuridad. Estupenda.

El Reaper Model más enérgico insufla un mayor colmillo a esta “Sterna”. Aquí los chicos regresan a esa cara más vibrante y aguerrida, concitando un acercamiento al metal más ruidoso, que deriva aquí sin remisión hacia terrenos más alternativos (si cabe), convirtiendo a esta cuarta entrega en la más llamativa de las seis. Y tampoco es que oculten sus habituales señas de identidad. Esos parajes remansados, apaciguados incluso. Pero cuando la furia regresa, esta lo hace desatada y sin cadenas, llevando el al oyente hacia su versión más encorajinada del cuarteto. Me agradan los riffs de esas partes más iracundas, siento que podrían funcionar como un tiro en directo. Las partes más calmas, así como esas guitarras del epílogo, sirven para apreciar el buen sonido que los Metropol Estudios han extraído de los chicos. Me parece un temazo, francamente.

Con “Vórtice” estamos ante el corte más extenso del nuevo álbum. Otro que, de nuevo, vuelve a acoger durante el prólogo sonoridades algo desconocidas en la carrera del cuarteto. Diría que tienen incluso un cierto aire grunge de no estar, como están, contrapuestas a sus guitarras limpias de siempre. Luego desatan un groove llevado por riffs graves, rocosos, donde irrumpirá un cierto caos en melodías, lo que les propulsa hacia nuevos horizontes sin, por ello, perder su característico sonido. Una vez más, y son unas cuantas a lo largo de “Ecos”, un fino ejercicio de equilibrio entre intensidad, ruido y melancolía. El tronco central se entrega a un post-rock liviano, de nuevo casi cristalino, que se conducirá entre parajes tranquilos, casi oníricos, de una belleza incontestable. De nuevo surge la buena producción de la que gozan estos temas. En esa calma de ensueño pero también en el músculo con el que despiden esta penúltima entrega. Huelga decirlo pero una de esas composiciones que, particularmente con unos buenos auriculares y la atención puesta en cada detalle, en cada guiño, ganan una barbaridad con el paso de las escuchas. Palabra.

Recuerdo”, la calma después de la tormenta, explora entonces su cara más nostálgica. Una última entrega en la que todo resulta, en cierto modo, acomodado, tranquilo, luminoso incluso, donde hasta la batería de Reaper Model no deja de desprender una cierta levedad. Una despedida desde la calma y el sosiego, no exenta de introspección, y aunque no venga al caso (de aquí a unos meses), ideal para sobrellevar estos rigores veraniegos que nos asolan.

Han cambiado las túnicas por el traje pero la propuesta sigue igual de firme que siempre. Huérfanos de todo su anterior imaginario religioso, el post-rock (o post-metal, tanto da) del cuarteto sigue gozando de buena salud. En lo compositivo y también en lo emocional, con momentos en los que, ya digo que a pesar de las altas temperaturas de los últimos días, son capaces de erizarme la piel. El sonido que han extraído de ellos los Metropol Estudios tiene gran parte de culpa, pero también la forma en que conjugan intensidad y nostalgia, luz y oscuridad, en unas señas de identidad muy propias tanto del género como de la banda que nos ocupa. Una música que, un disco más, vuelve a transmitir toda una riada de sensaciones sin hacer uso de una sola palabra. Finalmente, tan extrañamente magnéticos como nos tenían acostumbrados. Qué bueno que volvisteis.

Texto: David Naves