Reseña: Kubika «Disorders» (Art Gates Records 2026)

Y de las cenizas, renacer. Beka Bioskes al micro y Álex Ménez en guitarras (anteriormente en Eternal Psycho), alumbraban a Kubika allá por 2024. Con ellos están Berni al bajo y Gonzalo en baterías. “Disorders”, que así se llama esta primera obra, fue grabado en Metropol Studios y MadRubik Studios con producción del propio Ménez. Las pistas resultantes de aquellas grabaciones fueron posteriormente mezcladas y masterizadas por Alex Cappa (Astray Valley, Vita Imana, Bloodhunter…), culminando en un álbum puesto en circulación por la gente de Art Gates Records.

Blue Smile” carga con una introducción de corte industrial que bien podría rimar con aquellos Eternal Psycho precedentes. Lo bueno es como reconduce hacia un metal alternativo vibrante primero y pesado después. Mucho groove mientras Beka Bioskes juega entre el registro encolerizado de las estrofas y el más limpio de estribillos. Entre medias surgen riffs diversos, una base rítmica bien empastada y cierta sensación de urgencia. El puente me agrada, las voces limpias que se suceden y los buenos detalles que deja la producción de Ménez. Es precisamente él quien se destapa después con un buen solo de guitarra. Uno de esos que uno no acostumbra a oír en según que bandas de metal alternativo como esta. El cierre trae voces realmente rabiosas, abrochando lo que pienso es un muy buen arranque.

Del mismo modo me agrada “Fight Or Flight” por cómo amalgama ese prólogo tan rotundo y pesado con unos estribillos muy vivarachos, con Beka Bioskes en tonos bastante altos. Es otra construcción de una diversidad casi apabullante, signo inequívoco de lo mucho que la banda ha pensado y repensado estas canciones. Como soporte a esas idas y venidas, Gonzalo ha trazado una consistente línea de batería. Firme en los contornos más veloces y muy medida en los más pesados. Funciona el solo de Álex Ménez. El puente, tranquilo pero con una inspirada Bioskes, puede que irrite a quienes busquen algo más de picante. Con eso y con todo otro pildorazo de metal del todo heterogéneo. Híbrido, rodeado de buenos detalles desde el apartado técnico y donde, si acaso, solo echo en falta un bajo con más presencia allí donde las revoluciones se van hasta la zona roja.

«Personality Disorder” arranca sobre un riff de los que entran a la primera. Quizá en ese sentido uno de los más redondos de todo el álbum. Luego ellos acometen unas estrofas tranquilas, con un punto onírico incluso, y por ahí se irá colando la cara más melancólica de la banda. Sensacional labor de la base rítmica al completo, ahora sí, tanto en esas partes más limpias como en las más rugosas que atacan después. No es el corte más agrio pero sí que puede ser la Beka Bioskes más indómita. Aunque ni mucho menos sea novedad, desde luego resulta digno de mención (y alabanza) el modo en que la frontwoman alterna entre registros. El solo de Ménez, bien acomodado sobre un metal con cierto tono atmosférico, pasa por ser uno de mis favoritos de este debut.

Será solo cosa mía, pero el prólogo de “To The Void” tiene un nosequé que me suele recordar a aquella “The Dark Eternal Night” de Dream Theater. No es que Kubika se calcen el hábito progresivo aquí, pero no deja de ser un corte de una personalidad muy marcada dentro del álbum. Beka está cantando altísimo en estos estribillos, estirando su registro más limpio hasta sus últimas consecuencias. El trazo ofrece ahora una construcción más clásica, más elemental, con el solo apostado en el corazón mismo de la composición. No diré que me desagrada pero sí puede ser la que menos poso me ha dejado de las ocho.

Breathless”, composición más estirada del debut, vuelve a apostar por confrontar estrofas descosidas a estribillos limpios, con Beka Bioskes multiplicándose en voces. En esas partes más limpias vuelve a colarse aquél aire más melancólico de “Personality Disorder”, confrontado ahora a riffs gruesos y baterías acompasadas. De los ocho cortes puede ser este el que más brilla en cuanto a pura ejecución se refiere. En especial un Álex Ménez inspiradísimo en todo momento. Sus riffs primero, su solo después, brillan y enganchan. También el bajo de un Berni ahora más presente en la mezcla. Todo suma para que esta quinta entrega nos deje, en efecto, sin aliento. De lo más redondo y eficaz de todo el disco.

La más pequeña “Outbreak” viene para destapar a los Kubika más furiosos. Ruge Bioskes en el prólogo al tiempo que vuela Gonzalo tras baterías. Hay transiciones hábiles entre esas partes más furibundas y el groove tan acentuado de los estribillos. Un groove que pondrá a prueba el cuello de quienes se adentren en el peculiar metal alternativo del combo madrileño. Composición algo más breve que, no obstante, reserva un pequeño espacio para el solo de Ménez primero, para el retorcido epílogo después. Y aunque no puedo decir que me desagrade, sí siento que lo escueto de su duración no permite que alguna de sus ideas lleguen a desarrollarse por completo. Con eso y con todo, una buena muestra de hasta donde pueden llegar en términos de rabia e intensidad.

A la larga, el que Ménez traza durante el prólogo (y distintas secciones) de “Dark Passenger” puede ser otro de mis riffs favoritos de todo el redondo. Hay algo además en estas estrofas (ahora en limpio) de Beka Bioskes que me llama poderosamente la atención. También el toque más melodeath de los estribillos. Un corte que, obedeciendo a su título, ofrece una cara más oscura de estos Kubika. Siempre sin abandonar su característica forma de construir los temas, nunca exentos de técnica ni tampoco de pegada. Esa cara más técnica alumbra aquí una no poco hábil sección solista. Divida en dos partes, una más extraña y atemperada primero, otra más clásica y vibrante después, me resulta la más llamativa y una de las mejor construidas de de este “Disorders”. Y por amplio margen.

El cierre corresponde a esta “Dementia”, donde Gonzalo está trazando una línea de batería que ha llamado mi atención en cada re escucha. La receta es la habitual. Pero siento que Beka Bioskes está muy inspirada tras el micro. Los riffs de Ménez me funcionan. Y si bien quizá eche en falta una producción algo más ambiciosa, cuesta poco y menos esfuerzo dejarse llevar por estos estribillos limpios y las buenas melodías de guitarra en que se apoyan. El solo, colocado ahora en el mismo corazón del corte, precede a un llamativo juego entre registros de Bioskes. Todo cierra con un pequeño guiño electrónico que viene a rimar, en lejanía, con el propio arranque de este debut. Una última entrega con la que conecto en gran medida.

Me resulta un debut dignísimo. Trabajado desde los planos compositivo y ejecutivo, todo brilla de forma coherente y homogénea, aún cuando casi se podría decir que cada una de las ocho entregas va disponiendo su propia personalidad a lo largo del disco. Hay trazos más directos y otros más retorcidos, pero siempre (o en gran medida) sobre riffs hábiles y una contundente, a la par que diversa base rítmica. Beka Bioskes y aunque no sea novedad, se mueve en mil y un registros. Grita y brama con la misma intensidad con la que arrulla y acompaña, algo que no sorprenderá a quien ya conociera a la frontwoman tras su periplo con Eternal Psycho. Kubika tienen las cosas muy claras. ¿Las tienes tú?

Texto: David Naves

Crónica: Koma (Oviedo 6/3/2026)

Tras un largo parón, Koma decide volver a los escenarios y lo hace en 2024, además, publicando un nuevo trabajo “Una Ligera Mejoría Antes De La Muerte”. Desde entonces, no dejaron de pisar tierras asturianas anualmente. Primero en la presentación de ese reciente disco, en el 2024 en la Acapulco de Gijón (crónica), el pasado año como parte del Luarca Metal Days y este 2026, en la ovetense sala Tribeca.

Los navarros suelen tener una gran capacidad de convocatoria y así se reflejó este viernes, con una sala rozando el aforo completo. Nada nuevo nos ofrecieron, “un repertorio variado”, como señalaba el propio Brigi Duque, compuesto por sus temas más míticos y varios de su último álbum. Más que suficiente para crear un ambiente de fiesta total. Pasados unos minutos de las nueve de la noche, sale al escenario la formación navarra, compuesta por Rafa Redín al bajo, Natxo Zabala a la guitarra, Juan Carlos Aizpún a la batería y el propio Brigi Duque, guitarra y voz.

Sin concesiones, empiezan con “Dinamítalos” (de su último disco), dan las buenas noches y suena “El Catador De Vinagre” y “Protestantes”. Vuelven a saludar al público y comienza “Tio Sam”, en la que canta Rafa. La gente acompaña cantando también ya metida de pleno en el concierto y se siente la energía que emana el grupo. Sin más dilación, continúan con “El Viaje” y “La Máquina Del Tiempo”, con unos riffs que invitan a moverse, y siguen con “Vaya Carrera Que Llevas, Chaval”, Brigi y Natxo moviéndose por el escenario, modo endiablada marcha militar y con Rafa cantando a dúo en el estribillo central.

En el fondo del escenario se van sucediendo distintas proyecciones, que comienzan con el logo de la banda sobre una bandera palestina, aparece también la portada del último disco, y el propio logo de Koma en letras rojas, entre otras. El sonido fue ajustándose conforme fue discurriendo la actuación, ya que, en un principio, no sonaba todo lo fino que debería, pero tras los primeros temas, mejoró y creo que fue bastante bueno, en general.

La gran intensidad con la que Koma van desgranando sus temas, hace que el ambiente del escenario se caldee y el suelo comience a empaparse. Se produce el primer y mínimo parón, donde Juan Carlos introduce a golpe de batería, “Sé Dónde Vives”, con el público coreando el estribillo y, tras este tema, uno de los encargados de velar por el buen transcurso del concierto, sale a secar el suelo, bromea el vocalista diciendo que no se había traído los patines y que bien estaría tener una alfombra debajo de sus pies. Recuerda también Brigi, que hace muchos años que no vienen por Oviedo, que están muy contentos con la respuesta del público y que el tiempo también les afecta físicamente (aunque la sensación que nos dejaron fue de que están en plena forma totalmente).

La descarga continua al mismo ritmo endiablado con “El Pato”. En “Por Los Siglos De Los Siglos”, el ritmo baja un poco, la gente se da un descanso en los pogos. Aprovecha el técnico para asentar los cables al suelo aún muy resbaladizo y termina colocando la solicitada alfombra bajo los pies del sudoroso frontman. “¿Nos vaciamos?”, brindis de la banda con la parroquia tras un muy coreado “Me Vacío”, siguen con “El Muro De Berlín” con aire a milonga, que comienza Natxo con la primera estrofa, como suele ser habitual.

Vuelta a la velocidad con la poderosa intro de “El Pobre” y vuelve el movimiento entre los presentes, que lo están disfrutando de lo lindo, culminando en un clamor con “Imagínatelos Cagando”. Suma y sigue. “La Almohada Cervical”, breve descanso y “El Marqués De Txorrapelada”, seguida de “El Sonajero”, tema del álbum “Sakeo” (2007) donde fusionan son cubano con metal. En la proyección del fondo un simpático monito tocando unas maracas.

Son las 22:30 horas y la banda se retira a escanciar unos culines, como se podía entrever entre las cortinas del camerino. De regreso, suenan los primeros acordes de “Palabras Mágicas”, otro de los temas de su álbum más reciente. De fondo, se proyecta un fabuloso eclipse acorde al aspecto más melódico de esta canción, relajando un poco el ambiente. En “Jack Queen Jack” compartiendo voces de nuevo Brigi y Rafa, la guitarra de Brigi falla y se la cambian casi de forma imperceptible. Siguen con “A Ostia Limpia” para completar la antesala a la parte final del show.

El estribillo de “Sakeo” suena como un clamor, acompañando a Brigi y a Rafa, para seguir con otro de los clásicos: “Aquí Huele Como Que Han Fumao”, en su versión asturiana, aquella que Koma realizó para la recopilación de 1997 “L’ Asturianu Muévese” (a mí me parece mejor que la original). Y con “Bienvenidos A Degüelto” se cierra, por el momento, el espectáculo. Se despide Brigi con un “Bienvenidos Al Tribeca”, modificación que canta en el propio estribillo del tema. La banda abandona un escenario oscuro ya, pero en la proyección del fondo aparece un cementerio, presagio claro del bis que nos espera. Este no puede ser otro que “Mi Jefe”, con el que ya cierran, esta vez sí, una actuación de prácticamente dos horas de pura intensidad.

Con Koma ya se sabe de antemano que no va a haber fallo respecto a lo que vayan a entregar en el directo, no es solo cantar y tocar, sino interpretar, derrochar energía cual jovenzuelos principiantes y eso se transmite. Solo queda enviar un saludo a todos los colegas y conocidos que allí se congregaron. Agradecer a Heavy Metal Brigade y a Miguel Rubio sus aportaciones a esta crónica. Y ya sabéis, ¡¡¡lo nuestro siempre fue (y será) el Heavy Metal!!!

Texto: Erundina Artidiello
Fotos: Miguel Rubio

Crónica: H.E.A.T. + Hitten (Santiago De Compostela 7/3/2026)

Fin de semana de correcaminos. El viernes rumbo a la Factoría Cultural de Avilés a ver a nuestros amigos Montana Stomp, que nos invadieron, dejando un sentimiento muy emotivo de calor y amor, trasmitiendo fielmente la esencia del grupo (crónica). Regreso a casa, para el sábado disfrutar de otro gran bolo. El elegante hard rock con el que nos deleitaron la banda sueca H.E.A.T. a los que acompañaron para dar apertura los murcianos Hitten.

Nos fuimos con tiempo para Santiago de Compostela hacia una Sala Capitol ya que rozaba el “sold out”. El espectáculo comenzó pasadas las ocho de la tarde, con el quinteto murciano y su personal cóctel de heavy metal clásico e influencias hard rock de los años 80. Arrancaron su tiempo con la intro “Prelude To Passion” para continuar con “While Passion Lasts”. Unos Hitten apasionados dispuestos a comerse el escenario. Un poco de sangre hizo presencia sobre las tablas, casual referencia a la canción “Blood From A Stone” incluida en el setlist y es que durante el concierto el guitarrista Johnny Lorca sufrió un pequeño tropiezo con un monitor. Afortunadamente nada grave y mantuvo el tipo para continuar deleitando con sus riffs. El público en su apoyo se volcó, si cabe, mucho más.

Pasión la que desbordó el vocalista Alexx Panza en “Eyes Never Lie” ya en la recta final de su tiempo. Poco más de cuarenta minutos de un breve pero intenso y cálido show que cerraron con “In The Heat Of The Night”, tema incluido en “Twist Of Fate” editado en el ya lejano 2017.

Turno para el calor desbordante de los suecos H.E.A.T., la formación nacida en Estocolmo a finales del 2007 dejaría patente su estatus como banda referencia del hard rock tras el regreso en el año 2020 de su vocalista original Kenny Leckremo.

Escenario customizado con la imagen de su nuevo álbum “Welcome To The Future” en el que destaca una gran bola hinchable y el ojo del futuro a ambos lados, donde se mimetizaban dos de sus componentes. A su derecha, el teclista, Jona Tee y a la izquierda el gran batería Don Crash siempre arropados por Jimmy Jay (bajo) y Dave Dalone (guitarra).

Abren su show con uno de los temas de su nuevo disco, “Disaster”. Kenny grita “Raise Your Voices, Make Them Loud” con un pequeño guiño hacía un público que conectó con los suecos desde primer minuto. La fiesta continúa con un repaso a sus últimos éxitos. Desde el álbum “H.E.A.T II” de 2020 con temas como “Rock Your Body” y “Dangerous Ground” al 2022 y “Force Majeure con “Hollywood”. Un viaje de ida y vuelta con temas como “Rise” y “Nationwide”.

En el ecuador del concierto nos ofrecen las novedades de esta gira. “Losing Game” y su nuevo sencillo “Set Me On Fire”, este último reflejando el fuego que emana el combo sueco. Trascurre el bolo con sendos guiños al inmortal Lemmy Kilmister a través de un pequeño «reprise» del icónico «Ace Of Spades» y a su extensa trayectoria regresando a 2008 y sus inicios con el álbum homónimo.

El disfrute de la banda como del público fue notorio. Una audiencia super entregada, que cantó, tatareó y vitoreó nuestro más famoso grito español “oe..oe..oe” y al que Kenny pondría réplica al más puro estilo Queen. No cejó en buscar interacción con el público y reconocer que aunque nunca habían tocado en Galicia prometía volver pronto agradecido por el recibimiento tan cálido dispensado.

Gracias a las salas que apuestan por la música en directo y sobre todo al público, que sin él esto no sería posible. Un fin de semana completo con amig@s asturian@s y galleg@s. Dar las gracias en especial a la promotora Madness Live y a mis compañeros de Heavy Metal Brigade por ser participes de esta aventura. Nos vemos en el siguiente bolo!! R´N´R´!!

Texto y Fotos: Carmen González

Crónica: Montana Stomp (Avilés 6/3/2026)

Montana Stomp pisaron fuerte a su reciente paso por tierras avilesinas. En la que sería la primera venida a Asturias de la formación radicada en Zaragoza, quedó bien claro el buen momento de forma que atraviesan. En una fecha que habría de vérselas con uno de los grandes nombres de la escena nacional, los navarros Koma, no fue poca la gente que se arrimó a La Factoría en la noche del viernes…

En lo que iba a ser un perfecto maridaje entre southern rock, blues y hard rock 70’s, todo se abre no obstante con “The Lonely Shepherd”, corte que popularizara Quentin Tarantino y sus (hasta el momento, tal y como funciona Hollywood hoy en día quién sabe) dos entregas de “Kill Bill”. Todo para transitar después hasta “Rock And Roll Wheels” y dejar negro sobre blanco que esta iba a ser una de esas noches para el recuerdo. Porque en nuestras retinas quedará ya el fulgurante inicio de set, así como esos solos siempre hábiles y carismáticos de Óscar Díez y los tonos rugientes cual mar embravecido de Susana Colt tras el micro.

Aunque luego “Maybe That Day” es un escorzo bluesero donde Colt muestra su lado más amable. Canción a canción iban mostrando cómo de amplia es su paleta de colores. También que el sonido, rara vez falla la Factoría en esto, iba a ser el de las noches buenas de verdad. En todo caso reseñable me resulta que, a pesar de esa amplia gama de registros, cómo se las apañan para que el set dibuje una coherencia siempre revestida de clasicismo e incluso de verdad. Y es que suenan sinceros, orgánicos, siempre por el libro de estilo más clásico pero sin dejarse nada dentro. Ni siquiera los obligados agradecimientos (Omar Wylde por un lado, la Concejala Delegada de Cultura y Festejos Yolanda Alonso por otro) o esa cara más decididamente sureña que muestran en “High”. Ahí me gustó el modo en que “Big Blind Special” acertó a unir brío y sensualidad, firmemente apoyada en la base rítmica que formaron Adrián Garcés (batería) y Beto Foronda (bajo). En la que sería la primer versión de la jornada recordaron el “One Horse Town” de Blackberry Smoke, banda que en el año 2009 se pasaba por Gijón de la mano del propio Omar, para gozo de un fan que portaba orgulloso una remera de la banda estadounidense.

Colt nos contaría entonces cómo la grabación del debut se topó de bruces con la fatídica pandemia del Covid, mientras que el segundo tuvo que lidiar con la infame Dana valenciana. Sucesos que, a buen seguro, sirvieron para ayudar a fortalecer el carácter de una banda como esta. Y es que, en definitiva, qué cierto aquello de que “al final solo el rock ‘n’ roll nos salva”. “Bad Luck River”, quizá llevada en volandas por ese cierto sentimiento de fatalidad, fue otra de las más redondas de la jornada, redondeada por el pequeño guiño de Díez al “Free Bird” de los inevitables Lynyrd Skynyrd. En lo personal y por aquello tan viejo de que la cabra siempre tira al monte, la muy rocosa “Bad Choices” fue una de mis favoritas. “Unbroken” nos inundó entonces de un sentimiento no muy lejano de los mejores Led Zeppelin para, de paso, cosechar una más que clamorosa ovación mientras Colt recibía el emotivo, reparador y sincero abrazo de una espectadora «cercana».

Bourbon Call” derivó luego hacia el country, ampliando aún más si cabe sus registros en un derroche de versatilidad pero también de gusto por las cosas bien hechas. Díez bailó por el mástil de su guitarra, slide mediante, antes de que el recién llegado Alber Tro sentara cátedra tras las teclas en la introducción de “That Song”. Ambos músicos se enzarzarían después en un duelo flamígero durante “Hey Baby”. Todo mientras Susana Colt era un derroche de gestos, de carantoñas incluso, jugando tanto con la gente frente a ella como con los músicos que le rodeaban. Una frontwoman a la vieja usanza, pero tan firme en la caricia de sus tonos más amables como en el rugido de los más viscerales.

Una banda que, además, gana una barbaridad en la traslación del disco al directo. ¿Qué más hace falta? ¿Suerte?. Canciones, buenas canciones, les sobran. “Troubled Sinner”, enmarcada en la cara más sucia y áspera del quinteto, es una de ellas, con Susana Colt a puro desgarro tras el micro. El rock agradable de “Alice” puede y de hecho resulta mucho más sencillo pero conecta, y de qué modo, con la gente. Tal era el calor recibido que Colt primero y Díez después bajaron a mezclarse con la audiencia en la revisitación del “Mississippi Queen” de Mountain del gran Leslie West. No era poca la energía que habían derrochado durante la velada y, sin embargo, aún les quedaron arrestos para cerrar con su cara más vibrante y anfetamínica, esa que desborda nervio en la final “Mister”. Apabullantes.

El gusto por las cosas bien hechas. Montana Stomp amalgamaron todas sus influencias en hora y media larga de puro buen hacer. Ya fuera en las cercanías del blues, en los entornos más hard rockeros de los 70 o derivando hacia el country, el carisma que derramaron estuvo siempre en su punto. Banda de nivel impepinable, haced el favor de ir a verles si se os ponen a tiro.

Por nuestra parte nada más. Mandar un abrazo a la banda al completo, agradecer una vez más a la buena gente de Factoría Sound el trato y las facilidades, saludar a esa buena gente que no perdona un sarao y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Empire Of Disease «While Everything Collapses» (Xtreem Music 2026)

Tercer largo para los bilbaínos Empire Of Disease, segundo tras su fichaje por el sello Xtreem Music, y que trae de nuevo a la actualidad a la banda formada por Gorka Díez (guitarra y samples), Pintxo Wayewta (voz), Iban Hernando (batería) y Xabier H. Zarraga (bajo). Este “While Everything Collapses” fue producido, grabado, mezclado y masterizado por el Vhäldemar Pedro J. Monge (Ancient Settlers, Rise To Fall, In Thousand Lakes…) en los Chromaticity Studios y viene adornado por el artwork de Miryamad. En la calle a partir del 19 de marzo.

No podría sonar más clásico el prólogo de “The Beast Inside Me”, ese deje entre sinfónico y cinemático. Lo que me agrada es el modo en que va dando paso al envite metálico del combo bilbaíno. Siempre con ese sonido tan orgánico, tan terrenal, en un trazo directo y un avanzar firme y con los alardes justos. Melodeath bien construido, siempre bajo el característico registro de Pintxo Wayewta. Me gustan los buenos detalles melódicos que entrega Gorka Díez a modo de engarces entre estribillos. La banda adopta luego un groove más marcado, antesala de un solo de guitarra a modo de broche final. Considero un buen arranque.

Depravity” apura la cara más death del cuarteto en su prólogo. Todo el corte resulta atravesado por riffs contundentes y con gancho. Hay un bajo de Xabier H. Zarraga conformando al alimón con las baterías de Iban Hernando una base rítmica prolífica en cambios de ritmo. Aquí vuelven esos habituales engarces de Gorka Díez, siempre atinado en la construcción de melodías. Quizá no ofrezca grandes sorpresas en cuanto a estructuras se refiere. Death melódico directo y rabioso, a fin de cuentas. Pero deja tanto un buen sonido, no fallan en esto el Chromaticity Studio, en especial cuando todo se agria camino del epílogo. Muy servicial.

No Risk, No Glory” presentó el álbum en sociedad apostando, de primeras, por la cara más contundente y pesada de los vascos. Muy firme Iban Hernando con el doble bombo en esos primeros compases. Es un corte a rezumar de groove, trufado de breakdowns muy marcados, cuidados cambios de ritmo y unas voces más oscuras y graves de lo habitual. Lo que me agrada es cómo este cambio de discurso se apoya en su sonido orgánico de siempre. Sin guiños ni trucos de salón. Solo metal oscuro, rotundo y sincero.

A esa pesadez habrán de contraponer el mayor brío de “The Art Of Manipulation”. La banda se arrima más que nunca al death metal para un corte que si bien puede adolecer de una selección riffera algo más hábil, nos devuelve a los Empire Of Disease más viscerales, con un Pintxo Wayewta desgañitándose a placer tras el micro. Aquí es Iban Hernando quien capta toda mi atención, habiendo compuesto una base rítmica tan firme en las partes más veloces como pintona en las más pesadas. Y si bien como digo hay riffs que quizá me parezcan algo por debajo de la media del disco, lo que sí me agrada es ese trazo tan retorcido que dibujan aquí. Puede que no sea la favorita de nadie tras una primera escucha pero lo será a la larga. Palabra.

Torture Chamber”, a la sazón corte más extenso del álbum, sí llama mi atención en lo que a riffs se refiere. Recupera el groove y de nuevo lo hace de un modo muy natural. A la pesadez inicial contraponen unas primeras estrofas violentas y muy crudas. Baterías que vuelan, voces que se desgañitan y una producción capaz de cargar con cualquiera que sea el discurso que persiguen. Hay un groove que vira (tímidamente) hacia lo alternativo, al que siguen un metal descosido primero, un curioso y llamativo breakdown después que culmina en un epílogo llamativo por elegante. Sensacional labor de Gorka Díez.

Hamunaptra” bucea en la cara más melodeath del cuarteto. Metal rabioso y contundente, para la que es, en primer término, la entrega más incendiaria de todo el largo. Con la escuela sueca en mente, imagina uno a At The Gates sonando de fondo al tiempo que componían esta sexta entrega, Empire Of Disease han conformado un corte que huele a cañonazo en directo desde el mismo prólogo. Vibrantes y endiablados, intuye uno será del agrado de los más clasicómanos. El resto siempre puede apreciar lo bien que casa la base rítmica de Iban Hernando y Xabier H. Zarraga o gozando de los muchos (y buenos) detalles melódicos que atraviesan la composición.

While Everything Collapses”, corte más raquítico de los ocho, es otro directo a la mandíbula. Metal furibundo, de ritmos vivos y riffs muy clásicos, apuntalando una escritura menos recóndita y más lineal, dispuesta en favor de los Empire Of Disease más descosidos y vibrantes. Un buen solo de Gorka Díez ocupa el puente y esta penúltima entrega, finalmente, ofrece tan pocas sorpresas como distracciones. Directa y a la yugular, con un groove final realmente matador. A veces menos es más.

En contraposición a ese metal más directo, “More Than A Hundred” cierra desde un prólogo retorcido y casi laberíntico, al que suceden unas estrofas pesadas, repletas de un groove muy pesado, donde da la impresión que los chicos se han dejado su metal más arrastrado para este último corte. En corto es un metal arrastrado, de voces agónicas y mucho doble bombo. Un cierre que profundiza en su cara más mísera y desesperada.

While Everything Collapses” recoge el guante del anterior “Shadows In The Abyss” (reseña), reincidiendo en su death melódico directo y orgánico. Un disco breve, sin más florituras que las necesarias, bien escrito y planteado, que si bien no me conquista en su totalidad, creo sigue mostrando a una banda en clara la línea ascendente.

Texto: David Naves

Reseña: Quaoar “Five Friends Floating” (Autoproducción 2026)

Five Friends Floating”. Aitor, Bjorn, Hugo, Iñigo y Josu. Quaoar están de vuelta tras una década en barbecho. En sus propias palabras, este es su trabajo “más personal y elaborado”. Un álbum cuya grabación arrancó allá por 2020 en los estudios Tio Pete & Beardstudios Estudios por Borja Muro, Javier Peña y José Lastra. Unas labores que no finalizaron hasta el pasado 2025. Todo el diseño artístico es obra de Pasquale Mattia Gelorini.

Dreamers. Dreaming” no podría haberse llamado de otro modo. En efecto hay un destilado casi onírico de su habitual rock alternativo. Un brillo cercano a ciertos momentos de los Pain Of Salvation más recientes. Además, como si de una buena película se tratase, prefiere sugerir a mostrar y que sea el oyente quien interprete por sí mismo. Ya va dando pistas, además, de la buena producción de la que hace gala todo “Five Friends Floating”, dejando la impresión de que estas canciones han sido pensadas y repensadas una vez tras otra. Que nada ha sido dejado al azar.

Para cuando emerge “In My Head” apenas hemos hecho un raspón en la superficie del álbum. Iñigo, y en particular sus (privilegiadas) cuerdas vocales, parecen en tanto o mejor estado de forma que cuando registraran aquél “Dreamers. Dreaming” (precisamente) hace ahora más de una década. El filo, esto es, las guitarras, siguen brillando en la conocida colisión entre post grunge y alternativo que les había venido definiendo. Se va más allá de los ocho minutos y, sin embargo, cuando arranca da la impresión de no tener un segundo que perder. Las estrofas riman con el espíritu más leve del primer corte. Por contra, los estribillos nos propulsan hacia la versión más acerada y vibrante de la banda. ¿Lo que más me agrada? La forma en que han construido los diversos engarces entre unas y otros. Hay un vértigo casi progresivo a veces. La labor de Hugo y Josu en guitarras, es estupenda. Las voces de ese puente central. Los riffs tan rotundos de después, así como el modo en que crepita el bajo de Aitor. Un corte de esos que bien merecen una pasada, dos, tres o las que sean hasta poder desentrañar cada uno de sus entresijos. Quizá merecía otro final que no ese agonizante fade out. Temazo de todas formas.

Bjorn marca el paso para una “Irrelevance” donde parece surgir el lado más grunge de los bilbaínos. Menos intrincada, más directa, conecta con un rock muy orgánico, con Iñigo, de nuevo, haciendo lo que quiere, cuando quiere, como quiere y donde le da la gana con su línea de voz. A su lado convive otra buena gama riffera de la pareja Hugo y Josu. Un corte algo más terrenal en estrofas pero con un fluir muy particular en estribillos. Por ahí, casi un negativo de la anterior “In My Head”. Estupendo el solo que habrá de anteceder al epílogo. De esos que uno tanto echa de menos en estos tiempos que corren. Nunca se conducen por el camino recto. Pero es que incluso cuando lo hacen, queda cierta sensación de disconformidad con el estándar pre establecido. Y es esto lo que les hace especiales. Que esa ambición por transgredir no termine por construir cortes contra intuitivos o sin alma. Más bien al contrario.

La más pequeña “Oblivion” podría parecer, a priori, la más elemental de estas seis entregas. Y lo parece hasta que irrumpen las primeras estrofas. Ese tono de nuevo onírico, que arrulla sin adormecer, arrojando al oyente hacia los Quaoar más alternativos. Y de ahí, a la más enfocada hacia el puro derroche técnico. Toda la sección solista de ese tronco central, tanto en lo referente al trabajo de guitarra como a la base rítmica en que se apoya (ojo a la línea de batería de Bjorn) me parecen estupendas. También el epílogo, por escueto que este sea. Menos es más, que decía aquél.

El tema título “Five Friends Floating” puede ser lo más auto referencial que esta banda haya registrado jamás. Salta a la vista con solo echar un ojo al aspecto lírico. En lo musical, particularmente en su largo prólogo, se sitúa en un páramo indeterminado, a medio camino entre los Nirvana más tranquilos y los Porcupine Tree pre “In Absentia”. Desde ahí construyen un corte de una fortísima (e irresistible) personalidad. Dejando bien claro, y no sé cuántas veces van ya si hablamos de ellos, cuán libres se sienten al enfrentarse al temido papel en blanco. Inigo vuela altísimo en esta quinta entrega. Su desgarro en el epílogo pone la piel de gallina. Alrededor suyo, Hugo y Josu dan una lección en versatilidad. La producción y mezcla es de un equilibrio casi total. Nada falta ni sobra. El solo final, quebrado de forma casi dramática, se me antoja la guinda perfecta. Otra de mis favoritas y merecida carta de presentación del álbum al que da nombre.

Para el cierre queda “As Above, So Below (New House, pt. 1)”, construida desde el arranque más timorato, en cuanto a garra, de todo el álbum. Pero que el prólogo sea un pequeño oasis de calma no implica que este último corte le falte colmillo. Al contrario. Llegan en calma los primeros versos de Iñigo, de nuevo en ese tono cristalino y onírico que ha ido yendo y viniendo a lo largo del disco. Después esas primeras estrofas se acompañan de hábiles (y muy pintones) dibujos de guitarra. Ahí me agrada la construcción de esas estrofas primero, el modo en que las guitarras se doblan después. El nombre de Porcupine Tree vuelve a ratos a mi subconsciente. El bajo de Aitor ruge aquí como nunca. Es otra composición laberíntica donde, sin embargo, la banda da la sensación de estar del todo cómoda. Algo que, presumo, no debe de ser nada fácil. El epílogo, ahí donde aflora el feeling con ese deje más melancólico, y el modo en que Iñigo va interpretando esos últimos versos, es sencillamente magnífico. Me parece de lo mejor que hayan registrado los chicos jamás. Esperando ya esa pt. 2…

El disco no llega siquiera a los cuarenta minutos y, sin embargo, cuántas y cuan buenas ideas caben aquí dentro. Lo dejaron cuando pensaba que eran uno de los secretos mejor guardados de nuestro rock and roll y han vuelto dando razones a quienes creíamos en ellos. “Five Friends Floating” parece seguir allí mismo donde lo dejara su anterior obra, dando la impresión de que, para ellos, hay todo un mundo por explorar ahí fuera. El sentimiento bulle y late como nunca. De manera muy marcada, de hecho, en ese último epílogo. Obra desgarrada a la par que onírica, tan arrimada a la cotidianidad del ser humano como a sus sueños y anhelos. Equilibrada y concisa, cocinada a fuego lento y donde queda la sensación de que Quaoar se encuentran en mejor forma que nunca. Qué bueno que volvisteis.

Texto: David Naves

Crónica: The Hives (Madrid 2/11/2025)

Apenas un año y medio después de su anterior paso por Madrid The Hives retornaban a la capital para defender una nueva obra de estudio y su estatus como icono de la resurrección del garaje rock a través de una nueva incendiaria interpretación en vivo. Decibelios, sudor, imagen y buenas canciones volvieron a formar un póquer imbatible en las manos del combo sueco.

No necesitaron grandes alardes en lo ornamental. Apenas cinco globos suspendidos en el escenario formando el nombre de la banda y varias tarimas por las que Pelle Almqvist y los suyos saltaron y posaron para disfrute de la audiencia y los fotógrafos más avezados. Estéticamente más de lo mismo, sus habituales y luminosos trajes de faena, guitarras que parecen llevar una eternidad en sus manos a la vista de su deterioro para volver a colmar todas las expectativas a las 4.000 almas congregadas en el Movistar Arena.

Saben como ganar el favor de su gente. Tampoco requiere mucho esfuerzo ya que el público está muy por la labor además si te diriges en un más que correcto castellano, tienes mucho ganado y más si la bienvenida por parte de Pelle es “madrileñas, madrileños, gatas, gatos, la cerveza caliente no es buena” no queda si no rendirse, imbatible de por sí.

Camino de las tres décadas de trayectoria lejos de acomodarse siguen apostando por factores que controlan perfectamente. Provocación, contundencia y teatralidad como santo y seña, a la vez que suman al repertorio cinco temas de su nuevo disco “The Hives Forever Forever The Hives”. Si hay que resumirlo a una palabra, esa sería sin duda, fiabilidad. No por esperada es menos disfrutona la petrificación de la formación en “Paint A Picture” o el baño de masas de Pelle entre el público. Son parte de una homilía que sigue funcionando a la que muchos se atreven a denominan la mejor banda de directo del mundo.

Pocas sombras arrojó su show madrileño, quizás los diez minutos que alcanzó “Tick Tick Boom” para presentar a la banda fueron algo excesivo o los soliloquios con los que el pequeño de los Almqvist rompía por momentos el ritmo del show que apenas cruzó la frontera de los 90 minutos. Poco importa, se saben ganadores, los reyes del garaje punk moderno como refleja la portada de su nuevo trabajo discográfico.

Tan enérgicos como previsibles, su honesto intento de reinvención es tan divertido como irregular. The Hives tratan de surcar el inevitable choque generacional a base de una característica experiencia visual, actitud y nuevas canciones que aportan frescura a un setlist plagado de himnos. Musicalmente irreprochables, de nuevo se llevaron la aprobación de sus parroquianos.

La fórmula funciona, vaya que si. Tiene tiempo pero no parece tener fecha de caducidad. Han trasladado a los grandes recintos una receta que maravillaba en sala, con un Pelle Almqvist como punto focal y maestro de ceremonias que no ceja en su empeño por conectar, guiar y engatusar a la audiencia a través de la insolencia y la provocación en su justa medida. Hay que vivir la experiencia The Hives al menos una vez para comprender como consiguen rendir a sus pies a distintas generaciones. Jóvenes ávidos de nuevas experiencias y veteranos acomodados con el menú ofertado. Un nuevo concierto para ellos con los estándares de calidad cumplidos para refrendar la bienvenida dispensada a la audiencia al inicio del show. ¡We are The Hives, your new favorite band!

Texto: José Ángel Muñiz
Fotos: The Hives

Reseña: Murmur «Red Hill» (Autoproducción 2025)

Red Hill” es el título del nuevo Ep de los getafenses Murmur, trabajo que viene a continuar donde lo dejara aquél “Pvtrefactio” (reseña) de 2022. Grabado, mezclado y masterizado por Víctor Saiz (Sun Of The Dying, Back To R’lyeh, Sechem…) en California Studios, el trabajo se compone de tres cortes que abarcan veintisiete minutos de música. Cuenta con arte de Azahara G. Martínez, quien toma inspiración de la obra fotográfica de Fred J. Segado. Ellos son Alexis González Lázaro (bajo), Kyle (batería), Fran e Igor Teterycz (guitarras) y Beatriz Benett (voz). El Ep vio la luz el pasado 6 de noviembre.

Desde la más pura calma emerge “Red Hill I – The Dead”. Y aún ahí, en ese tenue arranque, uno percibe el blackgaze que habrá de atravesar todo este primer corte, acentuado aún más si cabe por la irrupción de las primeras guitarras. Si algo tienen las composiciones que conforman este “Red Hill” es la calma, la naturalidad incluso, con la que la banda parece haber afrontado las distintas composiciones. Todo fluye de un modo muy natural. Sin requiebros de cara a la galería. Los cambios de ritmo, que los hay, se suceden de un modo muy formal. Ello no quita para que Benett esté especialmente agresiva a través de las primeras estrofas de este primer corte. Se suceden, como digo, buenos cambios de ritmo. Estos se apoyan en riffs que captan mi atención las más de las veces. Enérgicos algunos, desafiantes otros, adoptando aquí y allá pequeñas disonancias en pos, supone uno, de encontrar un sonido propio que les defina. Del puente que habrá de anteceder al epílogo emana una curiosa calma. Y finalmente uno piensa que parecen haber dado un paso de gigante desde aquél primer largo.

Red Hill II – The Execution”, que “indaga en la relación directa de poder que ejercieron conjuntamente las altas esferas de la Iglesia y la dictadura franquista”, trae consigo riffs pétreos, que bien me podrían recordar a los belgas Amenra, al tiempo que constituye en primer término un acercamiento por parte de Murmur a los terrenos del sludge más atmosférico. Ahí cobra gran protagonismo el buen sonido y la cuidada producción que tiene este “Red Hill”. Composición tensa, por momentos agobiante, sólidamente apoyada en la fina base rítmica de Kyle y Alexis. Ese avanzar arrastrado deja paso a un puente apaciguado, anticipo de un tramo final con los chicos en su encarnación más agónica y desesperada. Estupenda.

Red Hill III – The Calling”, en palabras de la propia banda, se trata del tema “más personal del álbum, una reflexión acerca del dolor y el odio”, y que representa el corte más extenso del Ep. Estupenda construcción del largo prólogo. Tejido, como es habitual, con sumo cuidado, sin prisas, y que a la larga supone el mayor acercamiento del Ep al post doom más contemporáneo. Después la banda recupera su cara más black, aquella que inundaba no pocos recodos de “Pvtrefactio”, y de forma elegante y precisa va construyendo un corte de esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con el paso de las escuchas. Atravesando los distintos cambios de ritmo, los distintos géneros me atrevería a decir, Kyle traza una inteligente línea de batería. Tan precisa y desprovista de alardes como la propia composición en sí. La mano sabia de Víctor Saiz en la mezcla constituye todo un ejercicio de equilibrio aquí. No resta pegada en las partes más angustiosas ni tampoco fuerza en las más descosidas. Y corona con un coro casi angelical, contrapunto a la rabia y desesperación que dominan gran parte de este “Red Hill”. Gran cierre.

Murmur emergieron como nombre a considerar dentro de la escena extrema, hace ahora tres años, y “Red Hill” no es más que la constatación, palpitante y vívida, de aquellas buenas sensaciones. Tres cortes con gran personalidad, tejidos con sumo cuidado, redondeados por unas buenas ejecuciones y una producción, de Víctor Saiz, que ya trabajara con ellos en el álbum debut, que obra muy a favor de estos tres cortes. Un Ep que, da la impresión, ha sido meditado y cuidado hasta el más mínimo detalle. Y, en consecuencia, resulta todo lo efectivo que pretende. Gran trabajo.

Texto: David Naves

Crónica: Fito & Fitipaldis (Gijón 19/12/2025)

La sexta fecha del “Aullidos Tour 25/26” traía consigo el retorno de Fito Cabrales y sus Fitipaldis a tierras asturianas. La capital de la costa verde acogía de nuevo una doble parada del bilbaíno en Gijón, en esta ocasión para degustar la presentación en vivo de su reciente obra de estudio “El Monte De Los Aullidos”.

Acompañado por un sexteto formado por su inseparable Carlos Raya a la guitarra, el bajista Alejandro «Boli» Climent, Javier Alzola al saxo, Jorge Arribas en teclados, Diego Galaz también a la guitarra y el violín y Coki Giménez a la batería logró que el público que abarrotaba el recinto coreara todo el repertorio desde el primer minuto. Ya fueran clásicos como temas de nuevo cuño, la comunidad Fitipaldi demostró su fidelidad, energía y entrega a la extensa formación.

Un amplia representación generacional la que disfrutaría de una gran noche, como calificaría la velada al inicio del show el propio Fito. Si bien arrancaron con “A Contraluz” incluida en su nuevo disco la respuesta del público podría rivalizar con la que recibió cualquiera de sus grandes éxitos. La parroquia había llegado con los deberes al día, canciones aprendidas y dispuesto a dejarse la voz en el envite.

La traslación al directo de la propuesta musical muta del swing tan marcado de la encarnación de los temas en el estudio de grabación al rock elegante y lleno de matices que magnificó la excelente acústica que ofreció el palacio de deportes gijonés. Si bien Fito y Raya hicieron buen uso de su personal arsenal de guitarras, el resto de componentes de la formación no irían a la zaga. El violín, el acordeón o el xilófono tuvieron su cuota de protagonismo en el sello sonoro ofertado por los Fitipaldis en la noche asturiana.

Veinte años juntos como bien nos recordó Fito al mentar a Carlos Raya dan para muchas cosas. El productor de confianza del bilbaíno volvió a sentar cátedra en su desempeño a las seis cuerdas. Como es de recibo mentar la impresionante labor del también baterista de Tarque, Coki Giménez, a los parches. También el detalle de acompañar la interpretación de “Volverá El Espanto” con imágenes del genocedio gazatí por las pantallas de vídeo situadas en el fondo y laterales del escenario.

Antes de las presentaciones desde las tablas Fito solicitaría al público un saludo para los asistentes al día siguiente a la segunda cita gijonesa. Grabado en vídeo los protagonistas del día recibirían el de la anterior parada de la gira, el de los que acudieron a la parada en Zaragoza. “Soldadito Marinero” pondría banda sonora a la primera despedida del combo. Bajo un mar de luces provocadas por los móviles que sinceramente nunca tendrán la magia de los mecheros de antaño. Abrazados al frente del escenario ponían fin al set. Una pequeña pausa antes de unos bises que iniciaban Fito y Raya solos sobre el escenario, acústicas en ristre para arrancar “La Noche Más Perfecta”.

Los decibelios subirían notablemente con la revisión de “Entre Dos Mares”, tema original de aquellos Platero y Tú con los que Fito se daría a conocer y que tan buenas noches de rock n’ roll nos dieron en los 90. En ese momento muchos echamos en falta un recuerdo al tristemente fallecido Jorge Ilegal o Robe Iniesta, tan importante en los inicios de Fito y Fitipaldis, pero ya se sabe que no se puede tener todo en esta vida.

Como bien dijo el señor Cabrales, agradecido por hacernos tan felices, cerraron su actuación con “Siempre Estoy Soñando” dejando patente tras más de 120 minutos de deleite sónico que posiblemente son la “jam band” más grande que ha dado el rock español.

Texto: José Ángel Muñiz