Reseña: Vulvarine «Fast Line» (Napalm Records 2025)

El llamado universo de las Riot Grrrl se ha visto recientemente sacudido por el segundo largo de las vienesas Vulvarine. Ellas son Bea Heartbeat en baterías, Robin Redbreast al bajo, Sandy Dee en guitarras y Suzy Q en voces. Engel Mayr en el Studio Mäusepalast, Thomas Zwanzger en Stressstudio y Dietmar Baumgartner en Sonar Music Productions fueron los encargados de traer al mundo los once cortes de este “Fast Lane”. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por el propio Engel Mayr en el Studio Mäusepalast y finalmente masterizadas por Lukas Wiltschko de LW Sonics. Con la misma Sandy Dee aportando su arte para la portada del álbum, esta segunda entrega de las austríacas vio la luz vía Napalm Records a finales del pasado mes de marzo. Un trabajo que llevará a la Factoría avilesina el próximo 31 de octubre al ahora renovado cuarteto tras la incorporación de Lauree Blaze como nueva voz.

Un pildorazo de puro rock and roll inaugura el álbum. “The Drugs, The Love And The Pain” pronto da muestras del fino registro de Suzy Q. Hay una apañada colección de riffs, más eficaces que vistosos. También una producción en el punto justo entre pegada y discernimiento. Equilibrada y muy cuidada. Si bien siento que al estribillo no le habría venido mal una pizca más de mal café, pocas pegas caben al respecto del solo que sucede después, así como a la hábil construcción de ese tramo final. En resumidas cuentas un arranque agradable y funcional.

Ancient Soul” añade algo más de empaque por parte de las vienesas. No solo por una construcción algo más estirada sino por unas buenas estrofas y unos aún mejores estribillos. Tienen estos un deje algo más melancólico, que por alguna razón me llevan a pensar en Thin Lizzy. Sobresalen igualmente los buenos engarces entre estrofas. Las baterías que deja ahí Bea Heartbeat merecen toda la atención. También las que dan apoyo al buen solo del tramo final. Uno de esos cortes con toda la pinta de funcionar como un tiro sobre las tablas.

Heads Held High” magnifica aún más ese rock más melancólico y casi apesadumbrado. Sin que salten las alarmas, sin que esto deje de ser un disco de rock and roll con todas las letras, pero donde Sandy Dee está dando una auténtica lección de clase y feeling. Orgullosamente auto reivindicativa en lo lírico, pluscuamperfecta y clásica en cuanto a trazo y estructuras, quizá eche en falta un solo de guitarra más pronunciado durante ese buen tramo final. Con eso y con todo una de las que más ha arraigado en mi subconsciente tras el correr de las escuchas.

Uno de los cortes más extensos de este segundo trabajo es “Demons”, con Bea Heartbeat cabalgando a medio gas y la banda trazando ahora un cuidado medio tiempo. Suzy Q aúpa su registro en estrofas y se acompaña de cuidados coros en estribillos. Y aunque los distintos enganches entre estrofas no brillen como lo hacen en otros cortes dentro del disco, qué finas están las austríacas a lo largo de este rock menos brillante, más sucio, algo decadente incluso. Sandy Dee se reserva otro buen solo como anticipo del epílogo y, al cierre, todo me termina por funcionar. Un corte con una vibración muy especial dentro de este “Fast Lane” y quizá uno de los más redondos.

La base rítmica inaugura esta “Alright Tonight”, un corte que anuncia un rock más oscuro, deudor aunque sea de modo lejano, de unos The Cult de comienzos de los 80, con Suzy Q dibujando otro estribillo lleno de carisma y feeling. A ratos uno puede echar en falta el nervio que entregan otros cortes dentro del álbum. Pero la buena producción así como la muy cuidada construcción de las estrofas, precioso el tono que entrega la guitarra de Sandy Dee, sacan la cara por otra de esas composiciones distintas, marca de la casa. Diferente, que no peor.

Equal, Not The Same” recupera en parte el nervio, mostrando ahora a unas Vulverine más próximas al punk. El nombre de las infatigables The Lizards ha estado yendo y viniendo tras las sucesivas escuchas. El caso es que Dee vuelve a brillar en lo que a melodías se refiere. También en cuanto a riffs. Fue elegida como anticipo en modo de videoclip y toda vez estalla el solo de la propia Dee, cuesta nada y menos entender los motivos. De los once puede no ser el corte que mejor las represente. Pero es una entrega redonda, con gancho y buenos detalles desde el plano técnico. Win win.

Fool” sorprende con ese avanzar algo más marcial de sus estrofas, que contrasta con el más casual y rockero de los estribillos para conformar un corte sencillo, directo y sin mayores florituras. Con las baterías desnudas de Bea Heartbeat uno bien podría pensar de un modo más o menos casual en White Stripes. Con eso y con todo nadie puede negar que esto sigue siendo rock and roll sin concesiones. Con una línea de voz, perfectamente armada, que cabalga amarrada a unos riffs llenos de gancho y brillo. Estupenda.

Vulvarine insertan entonces “Polly The Trucker”, entrega más extensa de “Fast Lane” y la que viene a entregar uno de los riffs más frontales y áridos del disco. Ello sin descabalgar de su habitual rock directo y formal, pero desde luego ofreciendo ahora una mayor enjundia. Ese nervio, quizá esa mala leche, que se puede echar en falta en otras entregas. El típico que te vuela la cabeza en su traslación al directo. Hay buenos coros en estribillos aquí. Sigue brillando la buena producción que tiene el álbum. Pero si algo me agrada es tanto el solo como ese rock más pesado y contundente en que se apoya de inicio. El cambio de ritmo, tan clásico como efectivo, que acometen después. Y su cuidada resolución. Hasta el fugaz guiño a nuestro idioma. Si esto no es rock de altura, no sé qué lo será.

Explota entonces “Dark Red” y el disco, lejos de perder impulso, ofrece aquí unas de sus entregas más redondas. También más potentes. Con una selección riffera que las aproxima (a destellos) hacia los terrenos del heavy metal más casual. Sandy Dee brilla sobremanera aquí. También una base rítmica empastada como en pocos momentos a lo largo del álbum. El corte entrega nervio en estrofas, equilibra con estribillos contundentes y desemboca en un solo disfrutón por desmelenado y atrevido. La cabra tira al monte, claro, pero siento muy cómodas a las austríacas en esta encarnación más nerviosa y potente. Prueba al fin y al cabo de la cintura con la que han enfrentado la escritura de este segundo largo.

Cheri Cheri Lady”, con la colaboración de Filippa Nässil (Thundermother) en guitarras, fusila a placer el original de Modern Talking arrimándose a la cara más punk de Vulvarine. Ruge el bajo de Robin Redbreast en estrofas y vuela el doble bombo de Bea Heartbeat en estribillos para una versión libérrima y disfrutona. El cierre es para la pequeña “She’ll Come Around”, pequeño escorzo acústico, bailando entre las fronteras del grunge y el alternativo para un curiosísimo broche final.

Entre la versión de Modern Talking y el pequeño detalle acústico de “She’ll Come Around” puede que “Fast Lane” desfallezca en su tramo final. Da igual. Antes el disco ha dado razones más que suficientes para confiar. Sea con las buenas hechuras de “Polly The Trucker”, el nervio bien entendido de “Equal, Not The Same” o esa pulsión más metálica de “Dark Red”, amén de los muchos y buenos riffs que Sandy Dee dibuja a lo largo del álbum, Vulvarine han entregado un segundo disco destinado a hacer mucho, mucho ruido en años venideros. Si nada lo impide esperamos ser testigos.

Texto: David Naves

Crónica: Adam Bomb (Avilés 18/10/2025)

Nueva parada en Asturias para el guitarrista estadounidense Adam Bomb. Apenas un año después volvía al avilesino Route 66 para poner punto final a una gira europea compuesta por 42 conciertos repartidos en 10 países, con fecha destacada su paso por el Nokia Arena en Tampere (Finlandia) abriendo la velada para Scorpions en el mes de junio.

Bomb ponía fin a la gira «Fire Blood & Glitter Cabaret Tour, Part II» acompañado por el bajista italiano Paul Del Bello (Dobermann) y el joven baterista francés Léonard Cakolli (The Lady Boys). La cita para Heavy Metal Brigade era especial ya que el excéntrico músico había tenido a bien concedernos unos minutos para realizar una entrevista. Allí nos presentamos para dejar constancia de su peculiar personalidad en una interviú que muy pronto podréis disfrutar en nuestro canal de Youtube gracias a la siempre inestimable ayuda de nuestra colaboradora Tumay Irgas. Ya metidos en harina, también conseguimos intercambiar impresiones con el bueno de Paul Del Bello, así que tendremos ración doble de material audiovisual.

El coqueto escenario del Route 66 cumplió con su misión, si bien no daba pie a grandes desplazamientos de los protagonistas por el mismo, el formato trío ayudó a que Adam y Paul evitaran la rigidez marcada por la situación de sus pies de micro. Si la coreografía apenas hizo aparición en el show salvo contadas ocasiones, no podemos dejar de mentar la pirotecnia «casera» con la que el bueno de Bomb adornó varias veces la batería de Léonard Cakolli. Y es que el alcohol, con sus innatas propiedades inflamables, siempre alegra por dentro y en un show de Adam Bomb también por fuera.

Despachó un concierto crudo y visceral, pleno de actitud a pesar de que su voz por momentos perdía presencia en la mezcla final. Dejó buenos solos, una sorprendente versión en español de «Siete Vidas«, el clásico del malogrado Antonio Flores en un show de lo más orgánico. Sin necesidad de pedaleras ni efectos para su desgastada guitarra, llenaba el pequeño escenario de innumerables sonidos placenteros para gozo de los muchos amantes del rock ochentero que se dieron cita en un abarrotado Route 66. Hubo tiempo para recordar a otro músico desaparecido trágicamente, el tejano Stevie Ray Vaughan a través de una «Crash Boom Bam» que vino a resumir el mantra que define la trayectoria de Adam Bomb, «sexo, droga y rock n’ roll».

Apoyado en coros por Del Bello y la impresionante pegada de Cakolli, dejó para la despedida final el recuerdo a Ace Frehley, fuente confesa de inspiración e influencia, con un trio de temas de Kiss que colocaron al Route a punto de ebullición. «Deuce» , «Detroit Rock City» y «Rock n’ Roll All Nite» con su guitarra escupiendo chispas y fuego pondrían el colofón a una gran noche de sudoroso rock n’ roll. Se despedía Bomb de Europa al día siguiente y aún quedaba partir hacia Alemania, su punto de retorno a los Estados Unidos. Aún así no dudó en posar para fotos, firmar y ejercer de rockstar. A sus 62 años este jornalero de la música sigue apostando por la vida en la carretera acompañado por su fiel perro «Doggy Dogg» y ofreciendo una experiencia musical de las que hay que vivir al menos una vez en la vida.

Como acostumbra a cerrar sus crónicas David Naves, ausente en esta ocasión por motivos de salud, despedimos esta también con los agradecimientos. Primero al Route 66 por todas las facilidades prestadas, al propio Adam Bomb y su crew por la cercanía y el show despachado y como no, a los muchos habituales con los que compartimos mesa, charla y concierto. Nos vemos en el siguiente.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Factoría Rock Fest VII: Bandas Confirmadas

La séptima edición del Factoría Rock Fest que tendrá lugar el próximo el 22 de noviembre en las instalaciones de la Factoría Cultural avilesina contará con la participación de Involución, Sartenazo Cerebral y Lineslick.

Velada caracterizada por los estrenos y la apuesta del punk rock como banda sonora. A partir de las 20 horas Involución presentarán los temas que formarán su nueva maqueta mientras que Sartenazo Cerebral realizarán la presentación oficial en casa de su sexto disco de estudio “… Y Una Mierda” editado el pasado mes de septiembre. Por su parte Linestick, nacidos de las cenizas de Atomic Zeros, harán su estreno en vivo en el festival.

Entrada anticipada 10€ a la venta en el Bar Route 66 de Avilés, el precio en taquilla será de 12€. Los socios de Valliniello Sound City y la Asociación de vecinos la Xunta de la Carriona tendrán descuento de 3€. El festival cuenta con las colaboraciones del Ayuntamiento de Avilés, La Carriona Rock, la Factoría Cultural y la Caja Rural de Asturias.

Entrevista: Manu Roz (Baja California)

Edu Meier continúa con el asalto a desprevenidos componentes de nuestra escena musical. En esta ocasión la inocente víctima es Manu Roz, vocalista de Baja California, quien gentilmente ha respondido a las particulares cuestiones de nuestro infatigable colaborador. Vamos a por ello.

Edu: Bueno, hoy me he venido arriba y voy a hacer una entrevista, o esas cosas que me decís que hago, a un señor, que el pobre tiene varios problemas, como hacerse fotos con el Vieyu Repunante, ¡incluso sacarlo en un vídeo!, y que el mejor cantante de España, Víctor García me debes una entrevista😉😉 le tenga en buena estima. Don Manuel Roz, encantado de poder intercambiar impresiones.

Manu: En serio… ¿El vieyu repunante? 😂😂😂

El Vieyu nos ha visto crecer! Fue de los primeros en escuchar las maquetas, acudió a los primeros bolos (y a todos los que vendrían después). Como padre putativo de esta banda e ilustre miembro de la escena astur no podíamos dejar de contar con él para nuestro elenco de estrellas de videoclips. Que nos siga acompañando muchos años más y a poder ser una vez cumplido su sueño de infancia: jubilarse.

Edu: ¿Cómo empezó la andadura de Baja California y por qué llamasteis así a la banda?

Manu: Pues todo viene de el momento en el que Javi Monge y yo nos conocemos en la facultad. Él estaba buscando miembros para una banda y yo me encontraba haciendo unas prácticas en México. Cuando tiempo después decidimos montar Baja California, aquel lugar vino a la memoria y nos encajaba bien. Sabemos que mucha gente cree que tiene que ver con Uzzhuaïa, lo cual siempre nos gusta porque aunque no sea así, cualquier mención a los valencianos es más que bien recibida!

Edu: A parte de voceras 😉, ¿tienes más responsabilidades dentro de la banda?

Manu: Si, todos tenemos roles y funciones importantes en la banda. Al final hay mucho trabajo más allá del que se ve en el escenario e incluso a pesar de tener un apoyo discográfico detrás tan bueno (El Dromedario Records) y de trabajar con gente del sector que son verdaderos cracks (Dani Sevillano, Titi Muñoz, Alejandro Viña, Álvaro Amieva…) siempre hay muchas cosas por hacer y que llevan muchas horas. En la parte puramente musical sí que me enfoco más en la composición y las letras, aunque he de decir que Javi Monge siempre viene con las palabras perfectas en la línea exacta.

Edu: Si la respuesta anterior es la que imagino… ¿De qué te gusta hablar en las letras?

Manu: La verdad es que hace tiempo entendí que no soy un letrista en tercera persona o de experiencias que no sean mías (admiro mucho a quienes pueden hacerlo). Desde la letra más desenfadada a las más profundas como “Mil Mañanas”, todas parten de una emoción real. Luego la historia puede ser más personal o menos, más fiel a los hechos o con más licencias, pero esa emoción es lo que me posiciona frente al papel y lo que me permite después sentirlo auténtico a la hora de cantarlo.

Edu: ¿Qué crees importante contar y te ayudas de la música para expresar?

Manu: Cualquier cosa que te provoque un sentimiento. Creo que no hay temas mejores ni peores. A todos nos ha pasado que de repente conectas con el mensaje de una canción porque te pilla justo en ese momento en el que necesitabas escuchar eso mismo. Puede que incluso quien la haya escrito esté hablando de otro tema totalmente diferente, pero si la emoción es auténtica se logra esa conexión.

Edu: Normalmente hacéis algo en vuestros conciertos que dejan a la gente con un caray que detalle… ¿Qué os gusta transmitir en vuestras actuaciones?

Manu: Sobre todo queremos que el público se sienta parte importante y esencial del concierto. Desde el primer momento en el que trabajamos las canciones ya lo hacemos con vistas al directo. No hay mejor sensación que la de ver al público enganchado, cantando y viviendo el ahora. Esto se trata de que durante ese rato te olvides de todo lo que traes encima, todo lo que te agobia y formes parte de algo genial desde el primer acorde al último. Para eso trabajamos y damos el 100%.

Edu: Estáis llevando el azul de Asturias a toda España, gracias por no ser el del Real Oviedo solamente 🤣 Siempre que salimos volvemos con la historia de alguien que tenía un primo en Navia… ¿Cuál de esas historias es la que más recuerdas?

Manu: Uff, que se puedan declarar abiertamente pocas…jajajaja. Siempre es un gustazo salir fuera y ver el cariño de la gente hacia nosotros y hacia Asturies. Llevamos a orgullo ser de donde somos. Cuando tocamos “A-66”  siempre hacemos alusión al (infame y antidemocrático) peaje del Huerna, lo cual une bastante porque “en toes partes cuecen fabes” y si hay cualquier parentesco en la sala con Asturies sale a la palestra de inmediato. Destacaré que también llevo el azul del Oviedín de mi alma con orgullo, valor y garra igual que Gus lleva la rojiblanca.

Edu: ¿Cuáles son los planes de Baja California para el futuro próximo?

Manu: Seguimos inmersos en la gira, anunciaremos muchas más fechas próximamente y también continuamos con el trabajo de edición de cosas que veréis muy pronto y que sabemos que os van a volar la cabeza! Vais a tener mucho de Baja California!

Edu: ¿Hay alguna novedad que tengas ganas de compartir?

Manu: Siguiendo con lo anterior, me hace gracia que en la música se ha convertido en meme eso de “se vienen cositas” jajaja. Lo malo es que ahora cuando de verdad tienes muchas cosas en el tintero esperando anunciarse pues ya no sabes como decirlo! Pero de verdad os recomiendo que no perdáis ojo a nuestras redes (@bajacaliforniarock) y a nuestra web (www.bajacaliforniarock.com) para estar al tanto de todo porque va a ser un no parar en los próximos meses.

Edu: Muchas gracias Manu (abrevio con toda la jeta jajajaja), espero sigáis divirtiéndonos y divirtiéndoos en cada concierto que deis. Un abrazu…

Manu: Muchas gracias por hacernos un hueco. ¡Un abrazo! ¡Nos vemos en la próxima!

Reseña: Láudano «Sintopía» (The Fish Factory 2025)

Sexto trabajo ya para los góticos de Láudano, proyecto del multi-instrumentista Alberto Díez, y que gentilmente nos envían desde The Fish Factory. “Sintopía” reúne a Héctor Hernáez en bajo, Mónica Camarero a los teclados, y David Mesa y Jorge Sánchez tras baterías. El álbum cuenta a su vez con una sección de cuerdas y clarinete a cargo de “Cuarteto Clásico”: Diego Fernández al mencionado clarinete, Virginia Peciña con el violín, José María Cabezón con la viola y finalmente Cristina Marín al cello. Sería el propio Díez quien grabase estas canciones en el IraeStudio. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por Tim Lewis (Rockfield Studios) en Aeriel y masterizadas por Mario Alberni en Kadifornia. El trabajo viene adornado por el arte de Amaia Antoñanzas y las fotos de Óscar Solorzano.

Hay un pequeño e inusitado “Prólogo” que, en cierto modo, nos introduce con brevedad en los tonos por los cuales transitará el álbum. “Una Poesía Olvidada” tiende sobre el oyente un rock de aires góticos, bellamente arreglado y el que Díez dispone sus tonos limpios más profundos. Ahí me agrada el modo en que su línea de voz va alzando el tono conforme transita por los diferentes versos. Hay hábiles solos de guitarra a modo de engarce entre las estrofas, una producción limpia y equilibrada y cuidado trabajo en lo tocante a arreglos. Esto es algo que salta al oído durante el calmo y reposado puente. La electricidad que emana después, me trae efluvios de unos Anathema de álbumes como “Alternative 4” o “Judgement”. El cuidado prólogo, nada de engorrosos fade outs, habla y no precisamente mal del mimo con que se ha tratado a estas composiciones. Más que interesante dupla inicial.

La acústica mediante la cual se abre paso “Sintopía · Parte 1” tiene algo que me siempre me recuerda a los Opeth más tendidos. Díez, que ni es Åkerfeldt ni lo pretende tampoco, traza un corte liviano, casi onírico, y que por su propia labor al micro, bien podría recordar a ciertos momentos de Enrique Bunbury con Héroes Del Silencio. Luego la composición se introduce en un crescendo hacia posiciones más grandilocuentes, sin que la producción se resienta en exceso, y de un modo tan cuidado y elegante que no queda sino rendirse. Asimismo, el de Lacrimosa puede ser un nombre recurrente a lo largo del epílogo. En especial toda vez irrumpen esas voces femeninas y todo confluye hacia los Láudano más grandilocuentes. El legendario speech del ministro y activista bautista estadounidense Martin Luther King ocupa el cierre. Elegancia a borbotones.

Interludio”, con sus cinco minutos largos, es más que un simple interludio. Parte desde la más absoluta calma para después fundir guitarra y piano en un sencillo escorzo de paz y tranquilidad. El Steven Wilson de un disco como “The Raven That Refused To Sing (And Other Stories)” podría ser una rima fácil cuando entran esos coros de fondo. Las cuerdas que Díez introduce más adelante, añaden un cariz muy especial a esta composición, de nuevo en crescendo, y que divaga entre lo cinemático y un cierto regusto a Anathema prendido en sus guitarras. Camino del prólogo va emergiendo una pulsión más electrónica. Lo que me agrada es el mimo y el cuidado con el que Díez va encadenando cada línea, cada instrumento, cada idea. Todo precisión y elegancia. Y es que tal y como reza la cita final del filósofo italiano Julius Evola: “Cada acto de belleza es una revuelta contra el mundo moderno”.

Así las cosas, la pequeña “Sintopía · Parte 2” puede resultar algo más convencional. Pequeña composición, de nuevo instrumental, con el piano como protagonista, de aires neoclásicos y un tono preciosista, casi naif. Conduce hasta una “Ícaro MMXXV” que trae de vuelta las guitarras eléctricas, las apoya sobre una curiosa base rítmica y, por la propia interpretación de Díez al micro, me vuelve a recordar a aquellos Héroes Del Silencio que tanto escuché de chaval. Delicada y nada estridente, sorprende si acaso por una línea de bajo curiosa por juguetona. Hay un buen solo de guitarra partiendo la composición por la mitad. A término, vuelven las cuerdas y esos Láudano más grandilocuentes y mayestáticos. El trazo en sí mismo puede no resultar revolucionario a estas alturas. Pero el cuidado en cada ejecución, el equilibrio entre sus partes, el modo en que la elegancia desborda casi a cada acorde, hablan muy bien de entregas como esta.

El Vals Invisible” es, efectivamente, un vals. O lo es, al menos, durante su vienés prólogo. Acurrucado en un cello de Cristina Marín de una belleza arrebatada, Díez va pergeñando otra de esas composiciones mimadas hasta el exceso, quizá aquella en la que más y mejor brilla la producción del álbum. Muy liviana y reposada en sus primeras estrofas, con la voz ahora muy en un muy primer plano. La guitarra de Díez en su faceta eléctrica va engarzando las estrofas, al tiempo que la producción arroja una cierta grandilocuencia a la mezcla. Pero en el corazón mismo de este penúltimo corte anida la cara más potente de estos Láudano. Un vigor que se viste de un (leve) acento progresivo. Y que no duda en echar mano de guitarras acústicas e incluso algún pequeño guiño flamenco. Francamente estupenda.

Epílogo” cierra este “Sintopía” echando mano del piano, para conducirse una última vez por aguas tranquilas, rimando con al corte inmediatamente anterior y ofreciendo un manso aunque distinguido broche al disco.

No, no es el cd más potente que haya pasado por estas líneas últimamente. Láudano acostumbran a moverse entre remansos de paz y los guitarrazos, que los hay, suelen sucumbir ante el empuje, también el embrujo, de pianos y cuerdas. Un álbum trazado con mimo, bellamente arreglado e interpretado con mucha clase, seguramente del gusto de los más sibaritas, pero que de igual modo podría satisfacer también a quienes busquen algo de reposo en estos tiempos tan oscuros. Que falta hace.

Texto: David Naves

SonicBlast Fest 2025: Obrigados y Apretados

Con el corazón lleno de polvo, niebla y dolor, aún recuerdo despertarme cada uno de los días que duró esta edición pensando si todo se sucedería de forma tan especial. Y es que este SonicBlast 2025, nos golpeó fuerte pero bonito dejándonos jornadas que llevaremos siempre en la memoria.

Si el cartel ya prometía y el contexto, entorno y emplazamiento nos enamoran cada año, os puedo garantizar que cerramos esta edición superando por mucho las expectativas. La semana en Vila Praia de Âncora nunca se hizo tan corta como esta. Playa de arena blanca, noches frescas y una vecindad del todo acogedora, hacen que este festival deje uno de los mayores bajones postvacacionales que he sentido en mi vida. Estaréis de acuerdo en esto conmigo, pues el domingo cuesta mucho decir adiós.

Desde que se anunció la traca final del cartel, deseábamos que llegase ese miércoles 6 de agosto para reencontrarnos con la arena y la oscuridad propias de tamaño evento. Aunque fuimos previsores y madrugamos para tener los deberes hechos, acudimos al recinto como si necesitásemos hacer cola, víctimas de lo ansioso. Lo primero que nos encontramos fue un mural en honor a Black Sabbath que nos encogió un poco el pecho, a pocos días del fallecimiento de su eterno líder Ozzy Osbourne. Allí se terminaba el peregrinaje, comenzaban las fotos y la recta final hasta pisar de nuevo el suelo desértico y la duna de piedra donde patinarían, surfearían y descansarían (a ojo) casi cinco mil personas, aunque nos parecieron muchas más.

Miércoles 6 de agosto

En la pre-party, como el pasado año, ya notamos demasiada gente y nos temíamos lo peor para los días que venían. Colas interminables para pulserar, las barras abiertas a la mitad, tapones entre la entrada/salida y los baños… ¡Y solo era la previa al festival!

Se nos hizo prácticamente imposible pasar de la zona de foodtrucks para acercarnos al Stage 3. Aún así, vamos a tratar de comentar lo que podamos de este día. Inauguraban la noche los locales Overcrooks con un punk rock muy divertido. Sonaba a principios de los 2000 y eso siempre nos gusta. Si me dicen que alguna canción salía en el Tony Hawk me lo hubiese creído. Un rollito salido de fusionar a Suicidal Tendencies con Millencolin. La banda encargada de recoger el testigo de las once de la noche era Daily Thompson, aunque más bien Yearly Thompson puesto que repetían en día y escenario del pasado año. Un sonido muy Fu Manchu con esos cencerros y esa voz tan característica de banda que articula cada canción en torno a un par de riffs. Funcionar les funciona. Hicieron que toda persona allí agrupada moviese la cabeza y repitiese cada estribillo. La banda alemana cumplió con lo que se le pedía. Con la noche ya cerrada llegó el turno de Nerve Agent, banda de Birmingham que en disco me recordaba a Biohazard o Terror y en directo se me hicieron mucho más thrashers. Me divirtieron mucho aunque quizás la voz estaba algo alta. No sé si les hubiese beneficiado un poco estar en un escenario más grande para sonar con un poquito más de definición. Por último, al menos para este señor mayor que escribe, pude disfrutar de la propuesta de Castle Rat. No estaba familiarizado con la fantasía medieval más allá de los libros, por lo que me llevé una grata sorpresa con la performance de la banda neoyorquina. Un doom a caballo (y esta vez es de verdad) entre un castillo y un aquelarre. No sé si fue la banda que más me gustó de la noche, pero al menos fue la que más cosas divertidas llevaba en la cabeza.

Jueves 7 de agosto

El jueves y primer día oficial del festival, se presentaba como uno de los principales pilares de esta edición. Contar con Amenra y Fu Manchu en dos slots seguidos era algo complicado de gestionar emocionalmente. Por si fuera poco, la niebla quiso sumarse y cubrió Âncora, generando un clima perfecto, tapando el sol y llenando todo de misterio.

Comenzamos el día con Bøw, banda local que dio el salto del Stage 3 el pasado año a un Main en este. Era muy pronto para que descargásemos la energía que íbamos a necesitar hasta el final de la noche, así que optamos por ver a la banda desde una posición discreta pero con buena línea de visión. Un punk por momentos grunge y por momentos hardcore que consiguió despertar a la gente aletargada y hacer sudar a quien ya venía con unos cuantos cafés en el cuerpo. No mentiré y diré que alguno me tomé dentro del recinto. Mientras Hoover III, comenzaban la sobremesa ofreciéndonos una mezcla de psych y prog. Lo poco que sabía de esta banda es que entró como sustituta de Jjuujjuu y después me enteré de que están como support de The Black Angels. Me gustaron lo justo para ver todo el concierto pero no fue lo que más me llenó de la tarde. Tras la banda angelina, pudimos disfrutar de una de las bandas que mejor cartel traen, y no es que lo haya visto en ningún lado, pero por algún motivo, todas las personas con las que hablé, venían con muchísimas ganas de Slomosa. Una propuesta sin salirse del marco jurídico del stoner, con pocas cosas nuevas pero con un sonido bastante notable. Venían de sacar disco a finales del pasado año y de estar en Âncora en 2022, así que entiendo el hype. Un directo bastante sólido donde se nota la experiencia y las influencias de la fría Noruega. Se hicieron con el trofeo de antes del anochecer para el público más conservador.

Pero para mí, si alguien tiene ese trofeo es Ditz. La banda de Brighton y su estilo irreverente y macarra me dieron lo que necesitaba cuando lo necesitaba. Con una actitud de llevar décadas llenando salas, la joven banda que nos sorprendió en 2022 con The Great Regression, se hizo con la parte más ecléctica del recinto y supo agitar conciencias y vasos, derramó fluidos y no fue cuidadosa con nada. Un post-punk de calle, con la puntualidad británica de no llegar tarde nunca pero tampoco temprano, una mezcla de los primeros Shame y los últimos Idles, un cocktail en The Joker y un vestido veraniego fue lo que pudimos presenciar a las puertas del ocaso. Comenzó a caer el sol, y llegó el turno para Earthless, que si ya nos hemos visto por ahí sabréis que me aburren un poco. No es culpa suya, es mía. Pero os voy a contar un secreto: me fui a casa a merendar y a por una chaqueta para la noche, y cuando volví, seguían tocando la misma canción. Y esa es la magia o el problema de la banda de San Diego. Si te gustan en disco te encantarán en directo, porque van a maximizar la experiencia como buenos artistas y virtuosos que son. Ahora bien, como solo hayas escuchado un par de temas, perdiste, porque las probabilidades de que suenen son muy bajas.

Con la chaqueta ya puesta, no quería perderme a King Woman, que es el proyecto que consolidó Kristina Esfandiari tras abandonar Whirr, una de las grandes potencias del shoegaze. King Woman tiene otro tipo de ingredientes pero conserva mucho de la esencia de la vocalista de Sacramento. Se mueve por un camino de stoner oscuro y por momentos melancólico. La voz oscila de la mesura del shoegaze al scream, pero con muchas paradas entre medias. Las armonías son fúnebres como si pusieses un single de los Misfits a 33 rpm y el maquillaje es parecido. Nos quedaba ahora la parte fuerte de la noche y para eso debíamos estar muy en silencio. Como si de una brisa de verano por la noche en la playa se tratara, desde Bélgica llegó el lamento prolongado de una de las bandas más grandes del post-metal.

Amenra volvió a robarnos el corazón y también el alma en una actuación de proporciones dinosáuricas. Pese a no confiar en el entorno y en las condiciones, pues se nos hace siempre mucho más obligatorio un ambiente íntimo con esta banda, lograron hacerse con todo el público desde los primeros delays de guitarra limpia. Por primera vez en el día supimos lo que era que nos vibrase el pecho de verdad. Me quedo con la interesantísima incorporación de Amy Tung al bajo. Lo importante de manejar las dinámicas en estos géneros, de saber explotar y volver a tocar con mesura, unos coros espectaculares que recordaban a un teclado lanzando ambient. Una de las mejores puestas en escena que le he visto a la banda de Cortrique. Ya con las olas tapándonos los pies, el olor a salitre nos invadió como si un big muff estuviese calentándose poco a poco. Era el turno de Fu Manchu. Los del condado de Orange entraron con una prisa sobre rodamiento quemando dos de sus mejores cartuchos en los primeros veinte minutos. Evil Eye y California Crossing nos dejaron sin aire. Los californianos llegaron presentando The Return Of Tomorrow, un disco que sabe a noventas y que deja claro que los grandes siguen siendo grandes manteniendo su esencia. Temas como Loch Ness Wrecking Machine nos teletransportan de forma instantánea a King Of The Road o The Action Is Go. La ola pasó pero pudimos surfearla. Un placer, Fu Manchu.

Y aquí no acababa la cosa, aún nos faltaba la fiesta de la noche, y que teníamos claro quiénes iban a oficiarla. Los MДQUIИД, se subieron al escenario casi de un salto, pues estuvieron disfrutando del festival como público todo el jueves. Comenzó a sonar la pista de efectos y la línea de bajo infinita sobre la que se articularían los 45 minutos siguientes. Lo que consigue esta banda con guitarra, bajo y batería, y casi sin máquinas, es una absoluta barbaridad. Sonar a electrónica a base de paciencia y perseverancia es una tarea sobradamente difícil. Si tocasen una vez al día todos los años, compraría mi abono vitalicio.

Viernes 8 de agosto

El viernes prometía ser mucho más tranquilo por el cartel, pero con ciertos alicientes que nos dejaban una rendija de la puerta abierta. Empezamos la tarde con Gnome, tratando de tomarnos en serio los cincuenta y siete gorros rojos de gnomo que vimos en el bosque de camino al festival. Os juro que es de las cosas más graciosas que he visto en mi vida en un concierto. Debería ser obligatorio a partir de ahora el gorrito y aspirar helio para acceder a cualquier sitio. No los había escuchado demasiado, y bueno, divertidos. Para empezar el día con un café en la mano, me parecieron bastante adecuados. Lo mejor: las setas.

Ahora sí, me atavié, me cogí los pañuelos y traté de poner mi mejor cara para intentar que Emma Ruth Rundle, a punto de salir al escenario, me viese y se enamorase perdidamente de mí. Fallé estrepitosamente porque a los cuarenta segundos yo ya estaba llorando con la cara hinchada y roja, las lentillas queriendo escapar y la voz como la de un fan de One Direction cuando Harry y Louis se miran a los ojos. Emma salió, sola, con su guitarra acústica y se sentó. Un silencio sepulcral solamente roto por la sexta cuerda de su guitarra dando comienzo a Living With The Black Dog. Nunca he visto una sola cuerda de guitarra llenar tanto un recinto. Ojos cerrados, corazones latiendo al ritmo de sus susurros rasgados y su armonioso llanto. Una tarde mágica que terminó de gestarse cuando Emma, se despidió mientras yo trataba de que no se me cayeran más lágrimas en la cerveza. Aún entre aplausos, volvió a salir porque tenía un poco más de tiempo para seguir rompiéndonos el corazón. No creo que pueda recuperarme jamás. No entendí a la gente que pudo quejarse de que esta reina estuviese en el cartel. Seguro que fue el cuñado de algún fan de Orange Goblin.

Y como me gustan los duendes, pero los de Irlanda, no los malos, estaba muy expectante con la siguiente banda en subirse a la tarima. Ellos eran Chalk, y desde Belfast, prometían hacernos bailar y humedecer conciencias con un post-punk que bebía más de la electrónica que de la Guinness. Vamos a partir de la base de que esta banda jovencísima estaba teloneando a Fontaines DC junto a Kneecap en su tierra natal. Creo que esto ya es indicativo de que pueden interesarle a cualquiera. Una vez más, SonicBlast y el post-punk. What A Time To Be Alive. Con la noche encima, parecía que la electrónica iba a entrar increíble, y así fue. Empezó a sonar el beat de Afraid, empezando el show mucho más arriba de lo que me esperaba. Sin tiempo para pensar en qué vendría después, todo el SonicBlast estaba saltando sin darse cuenta. Miradas de perplejidad, quizás por no saber lo que iba a aparecer tras la cortina en muchos casos, y en otros, porque era lo que prometían los de Belfast pero estaba sonando como si fueran las cinco de la mañana. Lo mejor de la tarde para mí fue encontrarme con esta joya en directo. Lo peor, que compartiesen día con Emma y yo ya no tuviese corazón para repartir.

Después de los irlandeses, llegaba el turno de unos viejos conocidos del festival y de la gente amante del post-rock, psych, space y derivados. My Sleeping Karma volvían al festival portugués intentando superar la pérdida de su anterior bajista. Fue un golpe duro para ellos y no había muchas esperanzas de que volviesen pronto a los escenarios. La música cura y la de esta banda alemana, mucho más. Empezaron con uno de sus temas y de sus riffs más icónicos. Brahama fue la encargada de despertar un coro multitudinario que es lo único que puede despertar a nivel vocal un grupo sin vocalista. Cantando la melodía de su entrada al caos durante dos largos minutos, supe que una vez más estaba delante de una de las mejores bandas del género. El concierto se sintió formando parte de un único discurso. La banda conceptual, ya experta en esto, sonó con una cohesión extrema y generando un clima de seguridad y emotividad que pocas veces notas frente a un escenario. Son paz, son cercanía, son familia. Justo todo lo contrario me pasa con Witchcraft, banda que recogía el testigo de los alemanes para regalarnos más de una hora de la nada más absoluta. De verdad, lo digo sin acritud, pero es que no me dijeron nada. Aburrieron y no hicieron sentir a nadie dentro del concierto. Pareció el grupo de la ruleta de la suerte tocando por obligación entre sketches. Los suecos venían con un cartelón de cabezas de cartel que a priori convenció a mucha gente pero que también generaba dudas. No les hizo ningún favor tocar después de My Sleeping Karma, y la gente no terminó de entrar en el mood ni se enganchó a las canciones. Coros tímidos en Chylde Of Fire, y creo que más bien por su parecido con Black Sabbath que por otra cosa.

Menos mal que quedaba algo muy muy potente después y que sí supo conectar con la gente. Repitiendo en el festival, pero esta vez cambiando de escenario, el dúo afincado en Barcelona Dame Area fue el encargado de prender fuego al SonicBlast. Con la chapita de Humo Internacional ya les llega para llamar la atención de toda aquella persona que no supiese de su existencia. La pasión, la locura, la rabia y la diversión se metieron en los cuerpos de quienes allí nos agolpábamos para bailar a ritmo del industrial más salvaje e irreverente. Es de estos grupos que me prohíbo escuchar en casa porque me resultan tan adictivos en directo. Tras la carrera de fondo más larga y divertida del verano, huimos para estar presentables en lo que sería el último día del festival.

Sábado 9 de agosto

El sábado era uno de los días que más nos apetecía, ya no solo por Molchat Doma como cabezas de cartel, sino porque había mucho mix de estilos y todo apuntaba a variado y entretenido. Tuvimos que madrugar bastante para poder ver a una de las bandas que más hype nos había despertado en los últimos años, y más aún después de su último disco. Messa, era la banda encargada de abrir el portón del último día de festival. La formación italiana se mueve por una cordillera donde el doom es la cima, pero tontea con muchos estilos hasta alcanzarla. He de decir que me dejó un poco tibio el directo, quizás por mi poca predisposición con tanto calor a la hora de la sobremessa. El sonido no me convenció mucho. Demasiado solo de guitarra por encima de lo esperado. Quizás el último disco me había dejado un poso más oscurito y en directo no percibí lo mismo. Aún así, es una banda con mucho futuro y a la que no le quitaré el ojo de encima. De Messa a Monolord, se me hacía un poco cuesta arriba, quizás porque eran bandas que ya había visto sin muchas ganas anteriormente y porque ya solo los nombres me invitan a irme a merendar algo.

Turno para The Atomic Bitchwax, que atesoran seguramente las portadas más feas del stoner. Power trío americano con gente de Monster Magnet que es capaz de hacer una canción sobre un solo de guitarra con mucho wah y humo de tubo de escape. Todo el repertorio moviéndose en pentatónicas y mucho dadbending. No fallaron ni una, eso sí. Súper sólidos en el escenario, todo en su sitio y una performance como se espera. Me faltó fuego y dos Ford Ranger haciendo trompos en el pit. Con un sospechoso olor a gasolina en el ambiente, aún teníamos que enfrentarnos a King Buffalo, que dependiendo de la elección de setlist, pueden tocar 4 temas o catorce. En este caso, los de Rochester comenzaron el concierto con un par de temas de su último álbum, que tiran más al space y a mí personalmente se me hacen más divertidos. En Mercury la batería te conduce durante todo el tema a base de arreglos de platos muy trabajados y termina en una especie de evocación a Elder verdaderamente interesante. El resto del concierto ya fue más cercano al stoner más típico pero con unos timbres diferenciales. Me gusta mucho cómo juegan con los efectos tanto en voz como en instrumento y se les nota totalmente en sintonía.

Después de los neoyorquinos, subieron al escenario Dead Ghosts, que por poco necesitan tocar en los dos main para caber, porque parecían los de la tuna por Salamanca. Qué propuesta más chula de los de Canadá. Los había visto hace más de diez años pero la película era distinta. Ahora, siguen bebiendo del garage pero enarbolan una serie de partes que provienen del surf, el western, el lo-fi, o el folk haciendo que cada canción suene a peli de Tarantino. Su secreto está en saber cuándo apretar el botón. Van muy prudentes y no pecan de introducir todos sus elementos a la vez, sino que saben añadir los ingredientes a la receta para gustar sin empalagar.

Después de esta actuación tan satisfactoriamente inesperada, venía una de mis no-puedo-faltar-a-esta-cita. Monolord volvían a cruzarse otra vez en mi camino desde 2021. Uno de los mejores directos que recuerdo ver en sala post-pandemia. Hacía mucho que no les seguía la pista en foto/vídeo y me enteré de que el line-up contaba con un miembro más como guitarra de apoyo. Supongo que será más un tema de directos que algo definitivo. El caso es que me sonó todo igual de bien que siempre. Comenzaron con mi favorita y eso ya me dejó tranquilo. I’ll Be Damned abriendo para toda Âncora, uno de los atardeceres más lentos y bonitos que recuerdo. Una Empress Rising coreada al unísono sirvió como cierre el perfecto de un concierto perfecto, no sin antes regalarnos un bis a la carta, que gritado desde el público, fue The Last Leaf. Monolord se llevaron el aplauso de la tarde y se fueron igual de cercanos que siempre, transmitiendo el 100% de lo que tienen dentro. Estoy convencido de que pronto podremos volver a disfrutar de esta banda en próximas ediciones.

Sin casi poder darnos cuenta, venía otro de los platos fuertes del sábado en el Main Stage 2. La electrónica volvía a apoderarse de nuevo del recinto, esta vez gracias a Patriarchy, la banda que nace de la artista multidisciplinar Actually Huizenga. No es casualidad que este proyecto venga de la mano de alguien que escribe, produce y dirige para cine. Su discurso y performance son puramente cinematográficos, sabiendo caminar por cada canción construyendo inicio, nudo y desenlace, llegando a este de forma muy climática. Lo que propone la banda de Los Angeles, se acerca mucho al dark wave más claro y tranquilito en la onda Boy Harsher o Poliça. Sus canciones podrían ser banda sonora de cualquier película de Winding Refn tranquilamente. Después de dejarnos en un profundo trance, tuvimos que preparar rápidamente el cuerpo para el slot más legendario que íbamos a ver en esta edición. Circle Jerks, la mítica superbanda procedente de Hermosa Beach, California, con Keith Morris de Black Flag, Greg Hetson de Redd Kross y Joey Castillo, el batería que grabó Era Vulgaris y Lullabies To Paralyze para QOTSA venía para entregarnos una hora y media de pura adrenalina que solo pudieron soportar ellos mismos, porque mi cuerpo ya no daba para mucho más. La gente vivió con mucho entusiasmo el circle pit que se desencadenó y se vació hasta más no poder, pues para muchas personas ya era el último grande del día.

Personalmente, yo tuve que aprovisionarme un poco, porque lo bueno bueno, venía justo después. Una de mis bandas favoritas, y desde muy lejos, había llegado para presentar uno de los mejores discos del pasado año. Molchat Doma y su Belaya Polosa, irrumpieron en el escenario para regalarnos un largo repertorio donde no faltó nada. Tocaron sus grandes nuevos y viejos éxitos con una actitud memorable. En la gélida Minsk no se entiende de frío, y todo lo que hicieron fue transmitir calidez y cercanía a través de sus pasos endiabladamente prohibidos. El power trío, ataviado con sus dos puestos de teclados donde lanzan toda la fantasía ochentera, se colgó la guitarra y el bajo para deslizarse por las tablas y convertir el SonicBlast en una pista de baile brutalistamente soviética. Con las caras llenas de purpurina y el rubor típico de no dejar de bailar, sin silencio entre canciones, sabíamos que estábamos cerrando una edición para la historia. Los pies hechos polvo y la espalda pidiendo un relevo, fueron clara consecuencia de lo bien que disfrutamos durante este broche épico.

Tras la banda bielorrusa, aún pudimos disfrutar de otros dos slots golfos ya metidos en puro domingo. Primero fueron Castle Rat, banda que ya habíamos escuchado el miércoles en la pre-party y que les benefició mucho subirse al escenario grande. Aunque solo fuera para que la gente pudiese ver su puesta en escena y lo divertido de su propuesta. Y por último nos acercamos a Dopethrone, por llenar expediente y ver a otra banda mítica de nicho que tanto hemos escuchado en disco. Pude mover el cuello lo justo para que no se desprendiese de mi cuerpo y espero que nadie tenga vídeos míos a esas alturas de la noche. La banda de Montreal hizo lo que se esperaba que hiciera. Sonar muy alto y con mucha distorsión. Un 10. Experimentados en tocar tarde y reventarlo. Estoy seguro de que merecían más atención de la que pude darles de forma consciente pero en mi cabeza ya se había echado el pestillo.

Terminábamos así, como antes decía, una edición para la historia, para el recuerdo. Una edición que demuestra que la diversidad sigue siendo el camino, y que cerrarse en banda, funciona solo un rato. A medida que vamos creciendo nos damos cuenta de todo eso, tanto en privado, como en público. Se gana mucho más de lo que se pierde.

Ahora bien, llega el momento de meter palos, no todo puede ser bueno y siempre hay ejes de mejora. Algo que no me gustó ni este año ni el anterior es que el recinto se queda muy corto. No es normal que haya tanta gente en tan poco espacio. Es casi imposible cenar algo y poder sentarte. No hablo ya de ver algo en el Stage 3, que mejor se podía eliminar y montar ahí otra zona de baños. Casi imposible no entrar al festival sin hacer una hora de cola para recoger la pulsera. Este año había menos baños, más mesas (pocas), pero que hacían el paso a los escenarios más estrecho y se hacía bola en la entrada. Y ya por último, montar una caseta de tokens con una cola en perpendicular con el paso a los escenarios y frente al merchandising, no me pareció la mejor idea, pues todavía se congestionaba todo mucho más.

Es el momento de darse cuenta que un festival de esta envergadura necesita soluciones de envergadura. Quizás el recinto no está preparado para tanta gente, pero comienza a ser incómodo y esto me da mucho miedo por todo el cariño que le tengo a un festival tan perfecto.

Por todo lo demás, las bandas, el ambiente, el trato recibido, el entorno, el pueblo, la niebla, el bosque, la playa… SonicBlast, eres un must. No te vayas nunca.

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime Photo Live

Blues & Decker: Primer Adelanto Del EP “II: Return”

Blues & Decker estrenan videoclip para «Never Happened To Me«, tema que forma parte su próximo EP «II: Return«.

La formación compuesta por Gustavo Pérez (voz y guitarra), Guzmán Lanza (guitarra), Kike Cuetos (bajo) y Diego Reyes (batería) da otro paso adelante en una evolución artística marcada por la coherencia y confección de su personal sonido. Por derecho propio son banda de referencia en el blues rock astur y estatal gracias a un potente directo y su inconfundible mezcla de blues, rock y energía, fruto de una dilatada trayectoria sobre los escenarios.

Para la grabación del videoclip han contado con las aportaciones gráficas de Jorge Carbajales, Leire Álvarez y Carlos de las Heras. La edición es obra de Diego Reyes y el paso a formato digital y edición final ha corrido a cargo del multipremiado realizador asturiano Titi Muñoz.

«Never Happened To Me» será el primer y único single de adelanto del próximo lanzamiento del cuarteto, el mentado anteriormente EP en formato digital y un LP en vinilo que verá la luz en 2026.

Reseña: Marasme «Fel» (Discos Macarras / Eternal Juggernaut / Nafra / Quebranta – 2025)

Fel” es el cuarto disco para los post-metaleros baleares Marasme, la banda que integran David Álvarez “Dubi” (batería), Timothy Llompart (bajo), Tomeu Canyelles y Jordi Carrasco (guitarras) y Joan Rigo (voces). El disco, que vio la luz el pasado julio de manera conjunta entre los sellos Discos Macarras, Eternal Juggernaut Records, Nafra Records y Quebranta Records, fue producido por Toni Salvà (Diorama Sound) y posteriormente masterizado en Suecia por el Cult Of Luna Magnus Lindberg (Dvne, Wode, Obsidian Kingdom, Tribulation…). Los seis cortes que componen el disco vienen acompañados por el diseño de los propios Llompart y Rigo, así como por las fotos del batería Dubi. El trabajo en su conjunto está dedicado a la memoria de Pere-James Llompart Collins.

Hay cierta tensión en el prólogo de “Espurna”. Una tensión que Marasme rompen poco después, abrazando así la cólera y el desgarro. Joan Rigo se desgañita a placer durante estas primeras estrofas. Incluso cuando la batería de Dubi atempera las revoluciones y la composición divaga entre el post-metal más incendiario y un black metal cercano (que no limítrofe) al shoegaze. Buena mezcla la que ofrece este primer corte, equilibrada pero con pegada, discerniendo entre líneas y ofreciendo la debida importancia a cada elemento presente en las misma. Es algo palpable conforme nos encaminamos al epílogo y surge la cara más atmosférica de los baleares. Un buen arranque.

Urpa” funciona a base de confrontar a los Marasme más enrabietados con pequeñas islas de metal sosegado y paciente. De ese contrapunto surge inevitablemente una composición híbrida, que se arrastra entre el nervio y la pesadez. Subyace ahí una cierta desesperanza, una rabia heredada del sludge más cerril, en especial si uno atiende al modo en que Rigo “declama” muchos de sus versos. Aún cuando el puente se permite una cierta calma, “Urpa” sigue sonando tensa y desafiante. El de los durangueses Ikarass, banda que nos sorprendiera gratamente en el último StoneFest (crónica) es un nombre que me viene al subconsciente tras varias escuchas.

Metzina” proporciona algo de resuello con ese prólogo calmo y sosegado. El propio corte transita hacia postulados más cercanos al doom en sus primeras estrofas. Amplifica el discurso de este disco, mostrando a los Marasme más atmosféricos, pertrechados ahora sobre posiciones más tranquilas, menos perturbadoras, aunque igualmente tensas. Esa calma, personificada en un puente cuidado y tranquilo, salta de pronto por los aires y el quinteto ofrece ahí su vena más feroz. Atruena la batería de Dubi mientras Marasme aluden a postulados propios de bandas como Ghost Bath, An Autumn o unos Sólstafir en sus momentos más crudos. Elegancia pero también nervio y contundencia para uno de los cortes, en mi opinión, más redondos del disco. Por lo amplio del discurso pero también por lo interesante de sus riffs. En la rabia pero también en la calma. Estupenda.

Quimera”, a la sazón corte más rácano de este “Fel”, desciende entonces de nuevo hacia las procelosas aguas del sludge, echa mano de una vena muy Cult Of Luna y la confronta con violentas arrancadas de metal rotundo y lacerante. Trazas de Isis o incluso Pelican en las partes más relajadas un trazo cargado de atmósfera después, y que (pienso) saca a relucir la mejor cara de la banda, cosido a otro cierre con el tacómetro en zona roja. Aun cuando lo disfruto, quizá un corte que bien merecía algo más de desarrollo.

Boira” es en principio un medio tiempo rotundo y compacto, de riffs a caballo entre un post-metal al uso y el black más leve. Por ahí la desesperanza parece ganarle terreno a la pura rabia. Más adelante, la banda arrima sus contornos a un black desesperado, casi agónico, mientras posa su mirada, aunque sea en lejanía, en los Xasthur, Harakiri For The Sky, Karg… Otra composición atractiva por lo híbrido de la misma, haciendo fuerte el amplio discurso que manejan los baleares a base de buenos riffs, una base rítmica compacta y una voz cuya rabia parece no cesar nunca.

Larva” coge el testigo de ese post-black metal a lo H.F.T.S. mientras Marasme producen el corte más extenso de todo el álbum. Arrimado a ese metal más vibrante, surge ahora la cara más grandilocuente (no quisiera decir “pomposa”) para amplificar aún más el rango de acción del disco. Por ahí surge otro de los cortes que más captan mi atención en lo que a riffs se refiere. Incluso cuando la composición se apacigua y emergen los Marasme más atrevidos y enigmáticos, Tomeu Canyelles y Jordi Carrasco no pierden oportunidad de plasmar su buen gusto sobre este último corte. Y aunque no me desagrade ese descenso hacia el vacío que propician en su parte final, sí siento que se le podría haber sacado algo más de jugo a este epílogo.

Sea como fuere, el post-metal estatal sigue entregando buenas obras. Una de las escenas que goza de mejor salud ahora mismo, y a la que Marasme vienen a añadir un cuarto álbum corto en duración, no llega a treinta y cinco minutos, pero donde composiciones muy personales se dan la mano con buenos riffs para crear una serie de atmósferas de lo más diversas. Sobre ellas, Joan Rigo despliega por igual rabia y desesperanza. El resultado es un álbum que, aún cuando adherido de forma orgullosa a una corriente puramente post-metal, sabe buscarse las cosquillas para labrarse una personalidad a la que poder llamar propia. Algo que no abunda en estos tiempos que corren y que, pienso una vez más, debería cuanto menos celebrarse.

Texto: David Naves