Nueva parada en casa paraMystereo tras la celebración de su 20º aniversario en el mes de enero (crónica). En esta ocasión la cita tendrá lugar en la Sala Buddha acompañados por unos hiperactivos Automatic Kafka, inmersos de lleno en la presentación en vivo de su nuevo disco “Immortal” (reseña).
Concierto organizado por la plataforma Tono Joven, comunidad nacida el pasado 2024 para dar visibilidad a artistas emergentes de habla hispana y que actualmente engloba más de 130 artistas en España y países como México y Colombia.
Entrada anticipada 10€ a través de Woutick, en taquilla 12’50€ incluida consumición mínima (agua, cerveza o refresco).
Veinte más una edición del Vidiago Rock con nutrida representación Brigadier. Es una hora por carretera la que nos separa pero mucha la cercanía que nos une con un evento como este. El trato que siempre nos dispensan y el modo en que la localidad llanisca acoge a gentes venidas de diversos puntos de la geografía siempre invitan a regresar. El cartel del viernes, además, se presentaba de lo más jugoso con las descargas de Malverde, The Lizards, Niña Coyote eta Chico Tornado y Totengott. Una macedonia sónica en la más pura tradición del festival.
Como viene siendo habitual en esta casa, llegamos con el tiempo sobrado para socializar y hacer algo de eso que ahora llaman turisteo. Aunque fuese del coche al bar. Pero nos acercamos al recinto a recoger las correspondientes acreditaciones y el festival es el de siempre. Su carpa, su barra, el coqueto puesto de merch y un escenario lo suficientemente amplio para que las bandas se desenvolvieran sin mayores ataduras.
Ataduras que no tuvieron los chicos de Malverde a la hora de romper el hielo. Menos cuando suenan los primeros acordes de “The End Is Nigh” y el sonido, aún en primeras filas, es tirando a sobresaliente. Muy cómoda la banda y muy frio el público, peajes que apareja el abrir un evento de estas características, pero desde luego volví a disfrutar con los buenos solos de Tamo. También el modo en que plantearon el setlist, llevando su rock de aires stoner desde la pura calma a un mayor nervio camino del final. En esa escalada funciona como un reloj suizo “Golem”, de aquél Ep “II” (reseña) de 2024.
Laria ejerció una vez más de maestro de ceremonias. Y aunque Malverde no pasen por ser la banda más activa de nuestros escenarios, hay una sensación de aplomo y seguridad en sus gestos que no creo nadie les pueda negar. La voz de Malverde tuvo además el detalle de dedicarle el show al tristemente desaparecido Charlie Günner, a la sazón ex compañero del propio bajista Hermes en los siempre reivindicables hard rockeros asturianos The Punishers. “Santa Muerte” viene a afianzar la línea ascendente del show y el Vidiago Rock fue entrando en calor. Ellos no obstante no se olvidan del rock más alucinado y hay un puente en “Mexica” que sirve perfectamente a este propósito, dejando volar su lado más próximo a la psicodelia.
Laria aprovechó para saludar a su vástago desde el escenario y la banda aún tuvo tiempo de presentar un tema nuevo, “Believe” si no me engaña el setlist, que vino a destapar a los Malverde más intensos y vibrantes. Se animó la parroquia con “Now I Know”, buenos coros del batería Bronco aquí, casi en la misma medida en que se sorprendió con su versión del inmortal “21st Century Schizoid Man” de King Crimson. Despedirían con la adrenalina de “Sisyphus” el que, pensamos, fue otro buen show para ellos.
Pasaban doce de las diez cuando suena la intro de The Lizards. El trío, siempre infatigable, arrancan desde “Burning City” el que vendría a ser, fácilmente, uno de los mejores shows del fin de semana. Por lo activas que estuvieron Carla Santacreu (voz, guitarra) y Judith Jordan (bajo) delante, también por la pegada de Edgar Beltri (batería) detrás. Pero sobre todo porque el sonido, con la buena gente de la Casa Furia a cargo, que dese luego estuvo a la altura. “Somos The Lizards, venimos de Barcelona y estamos muy contentas de volver por aquí” aseguró entonces Santacreu. Después arremetieron con “Beware” y ya aquí se pudo ver cierta algarabía y movimiento en primeras filas.
Y sí, se habían hecho ochocientos kilómetros. “Pero en avión”, ironizó Beltri. The Lizards, y puede sonar a tópico, es una de esas bandas que sabe transmitir su buen ambiente al público que tiene delante. Y la cita en Vidiago no sería la excepción, si bien el set iría encadenando una serie de percances que amenazaron con quebrar el buen desarrollo del mismo. Nada que no solventaran con tablas e incluso ciertas ironía y retranca. Lo primero en dar problemas sería la batería del propio Beltri. Solucionado ya digo a la mayor brevedad, tocó enfrentar una vez más “Dead City”. Santacreu comentó lo difícil que se está volviendo para bandas como esta tocar en su ciudad natal. Recuerdo de hecho que cuando pasaron por el (a día de hoy) difunto Rock Nalón ya comentó algo similar. La situación parece no haber cambiado por la ciudad condal.
Hay un cierto aura en el Rickenbaker que porta Jordan. Su compañera exprime un gran riff en “Give Me All You Got” y, pese a los pequeños percances, parece estamos viendo una más que óptima versión del trío. En lo personal quizá son estas las Lizards con las que más conecté a lo largo del set. Y fíjate que Beltri está fantástico en “I Told You So”. Se sucedían los cortes casi sin descanso. Ese hard rock de alma punk. O viceversa. “Fake Reality”, que comentaron nació en pandemia, muestra sin embargo un mayor músculo, obviando esa vena más punk para insuflar algo de aire al set. El trío aún tuvo tiempo de rendir tributo a Johnny Cash (“Folson Prison Blues”) o de inundar Vidiago de pura adrenalina sin cortar (“Freak Show”), demostrando estar en un gran momento de forma.
Santacreu dedicó “Everybody Sucks” al ingrato que hackeó su perfil de Instagram, llevándose por delante un buen montón de fotos y recuerdos. Encarando ya la parte final del set y siendo esta la segunda vez que las veía, lo cierto es que quedó la sensación de que, en este preciso momento de su trayectoria son un engranaje prácticamente perfecto. Si las ninguneas aún cuando nunca las has visto en vivo, pues allá tú.
No me duelen prendas en reconocer que iba un poco a la expectativa con Niña Coyote Eta Chico Tornado. El dúo donostiarra que forman Úrsula Strong (bateria) y Koldo Soret (guitarra y voz) llegaba a Vidiago con las pilas cargadas y la intención de poner al festival patas arriba. Ángel Cueli, al igual que haría con todas y cada una de las formaciones del cartel, introduce al dúo y pronto queda claro que la expectación es máxima. La batería, ladeada ahora al borde del escenario, iguala en importancia ambos músicos y promete un show un tanto fuera de lo habitual.
Así es que ya para la inicial “Atea” es mucha la gente que se agolpa en primeras filas. Y que baila al son del dúo casi desde los primeros acordes. Los riffs infecciosos de Koldo, las sencillas y sin embargo juguetonas líneas de batería de Úrsula. Era apenas el segundo concierto de la gira, en palabras del vocalista, pero en honor a la verdad hay que decir que aparentaron estar ya perfectamente engrasados. Y por más que sus líricas en orgulloso euskera planteen barreras en lo tocante al entendimiento, o más allá de los gustos de cada cual, para nosotros siempre supone un gozo contemplar derroches de adrenalina semejantes.
Porque se suceden los temas y Koldo apenas tiene tiempo para unos escuetos agradecimientos, afinar su guitarra y continuar con esos pildorazos de rock pegadizo y bailable. El suyo es un rock que alterna cortes con lírica con otros en formato puramente instrumental. En ellos, Koldo quita razones a quienes piensen que es poco más que un mero surtidor de riffs. La banda se permite pequeños escarceos de una técnica más depurada que ayudan a lustrar, también a oxigenar, el que a la sazón sería otro de los sets más atractivos del fin de semana.
Tuvieron tiempo de dedicarle un tema a unos amigos que habían hecho antes del concierto, con los que estuvieron hablando de la historia de Motörhead, contó Koldo. Hubo ocasión igualmente de revisitar el “I Wanna Be Your Dog” de The Stooges. Y mientras que en los momentos más abiertamente punk estuve cerca de desconectar, lo cierto es que Vidiago se rindió ante el dúo. Máxime cuando ambos se sitúan al frente del escenario y retan a la audiencia para luego encarar los bises. Agradaron a los suyos y de seguro se llevaron algún incondicional más en la buchaca.
Se cernía la oscuridad en Vidiago y no porque los relojes pasaran de la una de la madrugada. El trío arribaba a la localidad llanisca con intención de seguir presentando su última obra de estudio. Un “Beyond The Veil” (reseña) que viera la luz vía Hammerheart Records allá por julio del pasado año y que, pienso, viene a confirmar la trayectoria ascendente de la banda. Un par de telones adornan los laterales del escenario y todo parece listo para cerrar la primera jornada del Vidiago Rock a lo grande.
Ellos irrumpen bañados en luz roja y, tras la debida intro, acometen la vibrante “Inner Flame” con todos sus cilindros en funcionamiento. En especial un José Mora muy aplicado tras el kit de batería. Delante suyo, Chou Saavedra parecía tener algún pequeño percance con el monitor. En cualquier caso, deja ya aquí un buen primer solo y pienso, de pronto, que mucho ha mejorado el frontman de la banda en este sentido. Su aspecto, la ya ineludible capa tras la que se esconde, estuvo rodeado de su hieratismo habitual.
Marija Krstevska, espigada efigie envuelta en un manto azabache, irrumpe para “Sons Of The Serpent” y Totengott, eventual cuarteto con ella en el centro, ofrecen ahora su cara más rocosa y arrastrada. Nacho, en otra imagen ya clásica, da con sus rodillas en el suelo durante el puente. En él abrazan una encarnación más alucinada y doom. A día de hoy son ya muchos los registros que manejan y uno puede argüir en su contra que su sonido, a ratos, tiene algo de inasible. Pero cuando de nuevo vuelven los Totengott más trotones de “Marrow Of The Soul”, queda claro que se manejan igual de bien sea cual sea el registro. De hecho Chou Saavedra deja aquí otro de los solos más redondos del set.
Regresa entonces Marija para la más enigmática “The Architect” y entre sus voces y su gama gestual es esta una encarnación nunca vista de la banda. Místicos, oscuros y con Nacho dejándose el alma en coros. Coincidimos con él cuando volvíamos a por el coche y nos reconoció estar atravesando por un proceso gripal. Sorprende tras lo antes visto arriba del escenario. Se suceden entonces las dos partes de “Beyond The Veil”, siendo la primera esa “Mirrors Of Doom” donde Marija Krstevska pone su presencia y su voz a la cara más ocultista de Totengott…
… y la segunda esa “Necromancer” siempre fulgurante y descosida, de nuevo con Mora firme en el doble bombo y el particular registro de Saavedra retumbando en Vidiago. Con Marija de vuelta, Totengott encaran “The Golden Crest”, finiquitando así el repaso íntegro a su tercer obra de estudio. El set sería de este modo un testimonio en firme sobre lo mucho que confían en un disco como este. De los salmos del prólogo a la pura pesadez. Del éxtasis al desasosiego y la intranquilidad. Y aunque a lo largo de la noche se dejaran sentir algunas pistas pregrabadas aquí y allá, lo cierto es que la banda sonó tan orgánica como acostumbra.
Pudiera parecer para entonces que ya estaba todo el pescado vendido. Que, si acaso, echarían mano de algún tema rápido y se irían a descansar. Pero entonces José Mora preguntó que si queríamos un tema largo, respondimos que sí y ellos volvieron a su anterior álbum de estudio para recuperar el extenso cierre “Doppelgänger II: The Abyss”. ¿No queríais caldo? El corte puede ser en cierto modo un compendio de todo lo que el trío, mutado a ratos en cuarteto, tiene para ofrecer. Dedicada a la buena gente de Noche de Lobos, con Juanjo presente por allí, fue el perfecto broche a una estupenda primera jornada.
Nuevo disco para los hard rockeros clásicos de Vigo Zålomon Grass, viejos conocidos de esta casa y que, salvo catástrofe, estarán el próximo nueve de mayo en el Tizón gijonés. Ellos son Gabriel Mckenzie (guitarras eléctricas y acústicas, voz solista, coros), David Rodd (bajo eléctrico, guitarra acústica, coros) y Mauro Comesaña (batería, percusión, coros). “Trouble In Time”, para el que han contado con las colaboraciones de Iñigo Bregel, Ramón Figueira “Figui” y Alfonso García “Eski” se grabó a caballo entre los estudios Guitartown Recording Studios (Muriedas, Cantabria) y Rodd Studios (Vigo). Con Hendrik Röver y el propio Rodd como ingenieros, encargado este último de la mezcla y Röver de la masterización. María Llauger creó la portada sobre un concepto de trío gallego y todo el conjunto vio la luz el pasado diez de marzo.
“A Thing Of The Youth”, con Iñigo Bregel metiendo un Hammond por ahí, pone de relieve a los Zålomon Grass más vibrantes e incendiarios. Un hard trotón que llega a lindar con el heavy metal más iniciático y donde Comesaña entrega una imparable línea de batería. Cabe destacar la estupenda producción y mezcla de la que goza el álbum. El hábil juego entre canales es buena muestra. Este acelerado hard no quita para que Rodd brille desde las cuatro cuerdas. Tanto a lo largo de las estrofas más fulgurantes como en ese puente en el que las teclas de Bregel consiguen que la rima con Deep Purple sea casi inmediata. Un eficaz arranque con el fade out previo al epílogo como única pega.
El prólogo y las primeras estrofas de “Ruins Of The Modern Past” moderan ese hard tan vibrante del tema apertura y se conducen por otro de esos medios tiempos en los que tan bien se maneja el trío. Un avanzar más comedido que procura no olvidarse de mostrar el buen nivel técnico que atesoran. Los engarces entre las distintas estrofas son estupendos. Tienen clase y feeling. Mckenzie traza un solo que la mezcla llevará de un canal a otro, provocando una sensación curiosa si estás con auriculares. El puente que construyen a continuación y por el que habrán de colarse los Zålomon Grass más tranquilos y alucinados, viene acompañado de uno de los solos más interesantes por curiosos de todo el álbum. El trío se acerca tímidamente al blues para después recuperar aquella intensidad inicial y terminar con Mckenzie soleando a placer. Una de mis favoritas con el correr de las distintas escuchas.
“Bad Combination” sorprende con ese inicio tranquilo y reposado. También con la forma en que coloca la voz en un canal y el resto de líneas en el contrario. Esa calma inicial se quiebra para que el trío introduzca uno de los riffs con más gancho de todo “Trouble In Time”. Ruge además el bajo de un siempre inspirado Rodd y por ahí la banda compone un rock pegadizo (que no pegajoso) por otro lado no exento de esos dejes espaciales y alucinados en ellos tan característicos. La nota de color, no obstante, la pondrá Ramón Figueira con su armónica, decorando un vistoso y atractivo tramo final.
Tras la narración del prólogo, “Twelve Labors” desata ahora a unos Zålomon Grass algo más sureños. Mckenzie ha llevado a cabo aquí uno de los trabajos más interesantes en cuanto a riffs y melodías se refiere. Los primeros tienen gancho, a las segundas no les falta clase y, por si fuera poco, los solos con que engarza las distintas estrofas son fantásticos. Un corte que baila entre aromas zeppelinianos y en el que siento en todo momento que la banda vuela altísimo. Y el oyente con ella. En especial por cómo saben hacer gala de su buen nivel técnico sin llegar nunca a una mayor autocomplacencia. En otras palabras: es un temazo.
Escrita originalmente por Bobby Womack & JJ Johnson y re arreglada por la propia banda, “Across 110th Street” puede no resultar tan ambiciosa. Al menos en lo tocante al reloj. Pero es jueguetona, vivaracha y las congas de Alfonso García “Eski” no dejan de aportarle un aire muy particular, recordándome en cierto modo a aquella “Hechicera” de los ahora (tristemente) desaparecidos psicodélicos asturianos Acid Mess. Uno de esos cortes que he terminado disfrutando más con el corazón que con la cabeza.
Conecto en gran medida con ese transcurrir apaciguado de “Trouble In Time (suite)”. Estos son los Zålomon Grass más tendidos y elegantes. En esa calma que proponen sus primeras estrofas Gabriel Mckenzie traza una muy cuidada línea de voz. Todo el primer tercio de la composición le sirve al trío gallego para traer al frente su cara más experimental. Sin alardes y en su punto justo con la introducción de esos aires más blueseros que nos conducen hasta el puente. La calma de éste, rota por un vibrante Mauro Comesaña tras los parches, sirve en bandeja su cara más abiertamente gozosa y hard rockera. Hay líneas de voz en este tramo final que llevan días anidando en mi subconsciente. Mckenzie las saca adelante en su registro más alto y la banda termina por trazar un corte que apunta desde ya a fijo a perpetuidad en sus directos.
El de “I’m Feelin’ Lonely” es uno de esos riffs capaces de llevar en volandas a cualquiera. Tanto o más que esa infecciosa línea de bajo de David Rodd. Con la guitarra de Mckenzie aportando un mayor grosor ahora, si algo me gusta aquí es cómo la banda ha trazado toda una suerte de altos y bajos, idas y venidas, sin que el tema en su conjunto pierda un ápice de eficacia. Más bien al contrario. Pensar en los Queen más clásicos toda vez irrumpen los coros del tranquilo puente supongo que resulta casi inevitable. Los arreglos, la pegadiza y casi bailable base rítmica, los guitarrazos de Mckenzie. Todo el tramo final es magnífico.
A estas alturas del álbum puede que el riff que acompaña a las estrofas de “Contradictions” no capte tanto mi atención. Y da igual porque Gabriel Mckenzie vuelve a estar finísimo a la hora de componer y ejecutar sus líneas de voz. Un rock ahora más tendido ofrece a los Zålomon Grass más amables y apaciguados. Ahí me gusta la forma en que introducen el solo de guitarra. Un solo que puede pasar por el más ambicioso de todo el álbum. Y aunque quizá todo el tramo final y en lo que a mí respecta pase algo más inadvertido, lo cierto es que en resumidas cuentas me parece una más que honesta, cuidada y eficaz adición al catálogo Zålomon Grass.
Apenas dos años han transcurrido desde aquél estupendo “Space Opera” y pareciera que los chicos no tienen un solo segundo que perder. Un álbum que no llega a los cuarenta minutos pero en el que la banda vuelve a brillar como acostumbra. Sabiendo como sabemos además lo mucho que gana en directo una banda como esta, no podemos por mas que congratularnos del buen nivel que el trío muestra a lo largo y ancho de este “Trouble In Time”. Su rock “vintage” supone todo un soplo de aire fresco y orgánico como contrapunto a una realidad cada vez más líquida y artificial. Que nunca nos falte.
Novena edición del Perversiones y el invento volvió a demostrar ser una de las cosas más divertidas que uno puede hacer vestido. Otro de esos eventos que empiezan a ser tradición para nosotros y una excusa perfecta para una jornada entre diversión y buenos amigos. Contraprogramando a toda una Copa del Rey con Barça y Madrid disputándose su enésimo entorchado, la organización hasta dispuso una televisión fuera de la carpa desde la que los más futboleros no perdieron ripio de los Vinicius, Yamal y compañía. Era una pequeña novedad. El resto lo conocéis de anteriores ocasiones: la mencionada carpa, food truck, barra, puestos de merch y de la propia asociación…
Somos gente previsora y nos gusta llegar con tiempo, aun cuando nos separa un buen trecho desde casa. Pero una vez alcanzamos Puerto de Vega y recogemos nuestras acreditaciones, el ambiente parece ser el de siempre. Mucha cara conocida, no solo músicos y una jornada que se presumía de lo más agradable.
Eran las nueve de la noche Carmen Omar, emblema ya de este certamen, tomó el micrófono para acometer las debidas presentaciones al tiempo que hacía algo de historia para los novatos. Presentaría además a todas y cada una de las bandas participantes. ¿Los primeros en liza? Unos Down Of Decay (variación de World Of Decay) reventando a placer el “Blinding Lights” de The Weeknd. Ocurrió un par de veces o tres a lo largo de la velada que no conocía al original y por ahí puedo decir que se me hizo (evidentemente) extraña. Se va quedando uno atrás, para qué mentir. Sea como fuere, Flo aprovechó el inalámbrico para perderse entre la pasmada audiencia y, por ahí, fueron el mejor de los rompehielos.
Sküld vinieron entonces a desubicar a su gusto el “Fireworks” de la cantante (y momentánea seudo-astronauta) norteamericana Katy Perry. Jugaban en casa y se notó. Insertaron un pequeño guiño al “Can I Play With Madness” de unos tales Iron Maiden y finalmente hicieron honor a las muchas tablas que acumulan.
Metalversión, que ya de por sí parece una banda construida a la medida de un evento como este, dieron lo mejor de sí para el “Ven, Devórame Otra Vez” de Lalo Rodríguez. Desde primeras filas se dejó notar que pronto sería una de las favoritas, si bien quedaba muchísima noche por delante.
Cabe decir que los cambios entre banda y banda, con EnekoRamos y el propio José CarlosPeláez echando un cable, fueron raudos y ágiles. Tremendo curro se pegaron. Le llegó el turno entonces al “antivacunismo”, esto es, Invulnerables reventando a conciencia el “Amante Bandido” del ínclito Miguel Bosé. También con guiño a Iron Maiden pero con algún problema técnico al final. Puede ser por ello que me pasaran algo más inadvertidos. Los concursos, aún uno donde se respira tan buen ambiente como este, tampoco son ajenos a los puñeteros duendes del directo.
Cubo de Kubrick, banda íntegramente femenina, creo entendieron perfectamente el espíritu del Perversiones. Se llevaron a su rinconcito particular el “Aserejé” de Las Ketchup (qué ganas de encontrármelas un día y preguntarles si alguna vez han pagado royaltie alguno a The Sugarhill Gang por el atraco). Desde el momento en que sonó el último de los acordes, una de mis favoritas a la victoria final.
Cöver Crush, a buen seguro una de las imágenes más llamativas de esta edición, fueron libres y a la vez correctos con el clásico popular “La Llorona”. Trágica como es, ¿puede que no casara al dedillo con el espíritu del evento? Sí. ¿La disfruté? Pues bastante. Y el público también.
Volvían entonces Metalversión. Esta vez para dejar una “Bailar Pegados” del sabadellense Sergio Dalma, de nuevo dejando la sensación de que le tienen muy bien cogida la medida al Perversiones.
Llegaba entonces el turno a la formación ferrolana Host, presencia cada vez más habitual en nuestros escenarios. Acudían esta vez sin el PerpetualBorja García y (por lo tanto) en formación cuarteto. Suya una de las mayores de-construcciones de la noche, una por momentos irreconocible y crujiente “Everybody (Backstreet’s Back)” de una de la boybands por excelencia: Backstreet Boys.
Pese a no conocer “La Mi Mozuca” de Melendi que vinieron a re-interpretar, Leitmotiv me ganaron ya con solo salir a escena con la gaita y las monteras piconas. Que además me agradaran pese a no conocer la original del (para mí insufrible, inaguantable, insoportable y podría seguir) cantautor asturiano creo que dice solo cosas buenas de ellos.
A Donnadie les salvó la elección del tema: «La Vida Es Un Carnaval» de la siempre dicharachera Celia Cruz. Trasladada a su particular idiosincrasia, vendría finalmente a ser otra de las que no cayó en saco roto.
Desde Pola de Lena le llegaba entonces el turno a unos debutantes, los chicos de Dominus Tempus, que se atrevieron con todo un “Sexy And I Know It” de LMFAO, performer inclusive, le guiñaron el ojo al “Seven Nation Army” de The White Stripes (la “vieja confiable” que me dijo una vez el bueno de Felipe SM) y fueron casi desde el primer instante otro de mis favoritos a la victoria final. Como se verá más adelante, sigo siendo igual de terrible con los pronósticos.
Habría turno para dedicarle un sentido y merecido aplauso a la infatigable Carmen Omar. Y para recibir a unos Plasma y su particular revisión del “Me Enamoré De Ti, y Qué” de Alejandro Vezzani. Otra que, en lo personal, quizá me pasó algo desapercibida.
Por motivos que algunos conoceréis, “Embrujada” de Tino Casal me toca bien de cerca. Valvulinahicieron bien en despiezarla a placer y llevársela a su propio terreno. Confío en que el legendario cantante asturiano, allá donde esté, supiera perdonarles tamaño atrevimiento.
No conecté del todo con Ovejas Negras, que pervirtieron el “Voy A Mil” de aquellos Olé Olé aún con Vicky Larraz al frente.
Pero fuera por la estética marinera o por el contrabajo eléctrico de Manu, los que sí llamaron mi atención serían Los Repuntos. Y es que al final, qué mejor entorno para algo como “Tra Ka Trá” que Puerto de Vega.
Otros debutantes fueron Broken Lights. Con una puesta en escena esmerada, performer inclusive, se adueñaron de “La Barbacoa” (Georgie Dann) e hicieron las delicias del respetable, que diría un clásico.
No Zone, de quienes podría decirse son una evolución de los fugaces Mortal Coil, despiezaron a placer el “Dragostea Din Tei” de los inenarrables moldavos O-Zone. Fácilmente los mejores solos del Perversiones y a buen seguro el doble bombo más festivo que hayamos visto desde los incalificables portugueses Serrabulho.
Conocimos a White Noize en el pasado Monorock, es lo que tiene estar de chigre en chigre cada fin de semana, y creo poder decir que, tras el “I Will Survive” de la inmortal Gloria Gaynor, mostraron un nerviosismo mayor que en la cita corverana. Nada que no cure el paso del tiempo, también te digo.
Volvían para cerrar las buenas gentes de Sküld, caracterizados a lo Kurt Cobain para un curiosísimo mash up entre “Smells Like Teen Spirit” (Nirvana) y “Yo Quiero Bailar” de Sonia y Selena. Agregaron “El Xiringüelu” en su parte final, de nuevo entendieron muy bien el espíritu de un certamen como este y se ganaron el favor del público, creo sinceramente que no solo por el hecho de jugar en casa.
Llegaba el turno entonces para las habituales deliberaciones. También para que los ganadores de la pasada edición, no otros que la buena gente de Ofensivos, trajeran a Puerto de Vega su siempre ácida visión de la línea temporal que nos ha caído en gracia. A base de punk con trazas de rap y metal, amén de un estupendo “Calvos, Egos y Likes” bajo el brazo, pues sí que había ganas de verles.
Lo primero en saltar a la vista, como siempre, es su llamativa puesta en escena. De pronto Viti es un trasunto del merluzo intragable de Llados. López parece serlo de Iker Jiménez. Nada queda al azar si has escuchado su cuarto álbum. Pero lo mejor es que desde que arrancan con “República Capilar del Turkistan” suenan tan sólidos y redondos como, de hecho, viene a evidenciar su último álbum. Porque arremeten con la mayor pesadez de “Mis Pecados Capilares” y uno se pregunta si, alguna vez, habrán alcanzado semejante grosor en su propuesta. Del mismo modo tuvieron tiempo igualmente de virar al pasado y recordar la inefable “Susana Grisú”, que incluso provocó un (tímido) circle pit. A nosotros nos llegaría el turno para reponer fuerzas, así que nos fuimos un rato al backstage.
Y fue desde uno de los laterales del escenario que uno pudo observar no tanto las evoluciones de la banda, que también, como la reacción de la gente a ellas. Así las cosas, en “Sexo, Autotune y Reguetón” queda la sensación de que están la mar de cómodos sobre el escenario. Vista desde bambalinas, la reacción del público cuando Kike emerge caracterizado cual ninja para, claro, “Ninja Gafapasta”, es todo lo hilarante que uno espera.
Aguerridos, divertidos, ácidos, irónicos, Ofensivos. Pero López se guardaría un momento para agradecer a la organización por todo el trabajo llevado a cabo a lo largo de la jornada. Él más que nadie que vea los toros desde la barrera puede dar fe del tremendo esfuerzo físico y mental que trae aparejado una cita como esta. “Mal, Muy Mal” hace poco honor a su nombre y ya apunta a que se quedará en sus setlists durante largo tiempo.
Nosotros nos quedamos también. Había que conocer a los ganadores. Horas antes de sentarme a redactar esta humilde crónica, la propia organización del evento había compartido en sus redes el trío vencedor. Le refresco la memoria a los más despistados:
—Banda elegida por el público: Cubo de Kubrick
—Banda creada para el evento: Down of Decay
—Banda consolidada: Sküld
Destacar, para evitar posibles suspicacias, que el último de los premios, y que conlleva la presentación en vivo en la edición de 2026, fue la votada por los propios músicos participantes, como bien se encargó en señalar el bueno de José Carlos. Quedaba, pues, volver a disfrutar de los tres cortes en cuestión. Pero añado que es un gusto ver representación de la alcaldía en la correspondiente entrega de premios. Uno entiende que esta es una manera como cualquier otra de señalar la resonancia (y no solo en cuanto a decibelios) que tiene en la localidad una asociación como es Unirock. Cruzamos los dedos para que dure.
So riesgo de resultar repetitivo, gran trato recibido un año más. Puerto de Vega nos acogió como a hijos pródigos, procuró en todo momento nuestro confort y de su parte puso todas las facilidades para la redacción de esta crónica. Un gusto, pero eso ya lo saben. Así que por esta parte nada más que mandar un gran abrazo a toda la asociación, saludar a las muchas gentes con las que departimos a lo largo de la jornada y ya saben: salvo catástrofe nos vemos allí el 23 de agosto.
El viernes 19 y el sábado 20 de diciembre el Palacio de Deportes de La Guía en Gijón será testigo del retorno a los escenario asturianos de Fito Cabrales y sus inseparables Fitipaldis en la que será la doble parada de la gira «Aullidos Tour«, presentación de su nuevo álbum de estudio «El Monte De Los Aullidos«.
Su 8º disco como solista veía la luz el pasado 24 de octubre vía Warner Music. Dos años y medio después Fito ha regresado a la carretera en una extensa gira que recorrerá 28 ciudades hasta mayo de 2026. Fechas destacadas serán los 4 conciertos que ofrecerá en Bilbao y Madrid, además de los dobletes de Sevilla, Barcelona y Gijón.
Estará acompañado por una formación de lujo compuesta por Carlos Raya (guitarra eléctrica), Javier Alzola (saxo, percusión y coros), Alejandro Climent “Boli” (bajo y coros), Eduardo Giménez “Coki” (batería), Diego Galaz (guitarra, vibráfono y coros) y Jorge Arribas (piano y hammond). Entradas agotadas para los conciertos en Asturias, para el resto de fechas disponibles la venta continúa a través de los siguientes puntos de venta oficiales: Livenation.es Fitoyfitipaldis.com Ticketmaster.es
La Asociación Cultural Vidiago Rock desvela los horarios de la XXI edición del festival Vidiago Rock. El evento que tendrá lugar los próximos 2 y 3 de mayo en la localidad llanisca de Vidiago reparte así el tiempo entre las bandas participantes:
Punk rock, metal y stoner serán los sonidos de referencia que harán vibrar Vidiago durante dos jornadas espectaculares. Abono aun disponible a través del siguiente enlace a Entradium: https://entradium.com/es/events/vidiago-rock-festival-vidiago
«Luna Negra«, el cuarto álbum de estudio para Alto Volto ya tiene fecha de presentación en directo. El trio compuesto por Borja García (voz y guitarra), Diego Motta al bajo y Juan Villamil a la batería arrancarán la promoción en vivo del nuevo álbum el viernes 6 de junio el el ovetense Gong Galaxy Club.
«Luna Negra» se grabó en Tutu Estudios con Sergio Tutu (The Electric Buffalo, Deltonos) en labores de producción. Cuenta con la colaboración de Sam Rodríguez a los teclados y coros de Sandra Álvarez. Masterizado por Dani Sevillano en Ovni Estudio contiene 11 temas por primera vez en castellano. Lo que repiten es su querencia por el hard rock de los 70.