La cuarta edición del lucense Vendaval Fest que tendrá lugar en Ribadeo los días 24 y 25 de julio presenta su programación completa y el reparto de bandas por día.
Arranca la preventa para la edición más ambiciosa del festival Z! Live Rock que tendrá lugar en Zamora del 17 al 19 de junio de 2027. A partir de las 10 horas del lunes 29 de junio y solamante durante 24 horas se podrán adquirir los primeros 1.000 abonos para el festival.
Esta preventa exclusiva estará dirigida a quien haya formado parte del festival en ediciones anteriores, es decir, todos aquellos que hayan adquirido alguna vez una entrada para el festival recibirán en el correo electrónico utilizado en su compra una contraseña con la que podrán acceder a la venta anticipada del abono al precio especial de 120 € + gastos de gestión.
Además de las tres jornadas principales de conciertos, la programación volverá a extenderse más allá del recinto con iniciativas como los Showcases Z! Pro, previstos para el 16 de junio, y una nueva edición de Metal Town, que del 17 al 20 de junio llenará Zamora y Salamanca de conciertos y actividades paralelas.
Para esta próxima edición se impulsarán los packs de alojamiento + abono, una propuesta pensada para facilitar la planificación del viaje a quienes llegan desde fuera de Zamora.
Enmarcada dentro de su gira mundial «Rise Of The Roach«, la formación californiana llegará acompañada por los franceses Landmvrks y sus compatriotas Sleep Theory. Celebrando los 25 años transcurridos desde la su legendario álbum «Infest«, interpretarán himnos de ese disco, sus éxitos de siempre y prometen alguna sorpresa.
El punk no es una cuestión de juventud, sino de pura supervivencia. Ver a Sonny Vincentsubirse a un escenario a sus casi 74 años es la prueba viviente de que la energía arrolladora de los pioneros de la escena punk rock neoyorkina de los 70 sigue corriendo por sus venas de forma salvaje y se mantiene intacta al paso del tiempo. Después de varios conciertos en Alemania en febrero, el legendario artista decretó que mayo de 2026 sería el momento del regreso definitivo: dieciocho fechas por toda España bajo un nombre que no dejaba lugar a dudas, The Return of Sonny Vincent – Iberian Tour 2026.
Para comprender el peso emocional de este regreso, es obligatorio mirar hacia atrás, al abismo de una década de silencio absoluto que lo precedió. En 2016, un trágico incendio en su hogar de Carolina del Norte devastó su vida. Su hijo, su nuera y su nieto sufrieron quemaduras de extrema gravedad. Sonny abandonó la música y los escenarios para convertirse en el pilar de su familia. Su nuera no logró sobrevivir a las heridas, pero tras años de una durísima batalla, su hijo y su nieto han conseguido ir recuperándose paulatinamente. En esa lenta y dolorosa reconstrucción familiar, Sonny volvió a encontrar la chispa necesaria para colgarse la guitarra y retomar los escenarios.
El pasado sábado 30 de mayo, esta desgarradora historia de resistencia hizo una parada en Valles, una diminuta aldea de menos de 80 habitantes, escondida entre las imponentes montañas del concejo de Piloña. El milagro de llevar a un mito de la «Gran Manzana» a un paraje de cuento fue obra de la Asociación Bocanegra, un colectivo que celebra ya 18 años de trabajo y aportaciones culturales en esta zona rural asturiana.
Y para acompañar al legendario vocalista, compositor y guitarrista estadounidense, con una carrera musical que abarca más de 3 décadas y 28 discos, se rodeó de los músicos barceloneses Alex “Carmonkey”, batería de Cachemira, Martí “Cleve” Carter a la guitarra y Oscar “Jawa” al bajo, éstos dos últimos miembros de la banda The Capaces, quienes ya habían acompañado al artista neoyorquino en su último tour por la costa este de los EE.UU.
Pasados apenas cinco minutos de las once y cuarto, la hora prevista para el inicio del concierto, Sonny Vincent se subió al escenario vestido completamente de negro y con muy buen aspecto, escoltado por los músicos catalanes. No acusaron ningún signo de cansancio, a pesar de hacer doblete, ya que Sonny y sus músicos venían en furgoneta desde Reinosa, donde por la mañana habían ofrecido un concierto en sesión vermut. Sin discursos ni ceremonias, abrieron fuego con “My Guitar”, un misil de menos de dos minutos extraído de su álbum «The Good, The Bad & The Ugly« (2003) que caldeó el ambiente de forma instantánea.
Durante 45 minutos no hubo tregua. Canciones cortas, frenéticas, muchas por debajo de los dos minutos, como si cada una fuera un puñetazo bien dirigido. Entre las más “largas”, si es que tres minutos pueden considerarse largos en el universo punk de Sonny Vincent, sonaron «Hey You», «Juicy Lucy» y «Jockers And Clowns». La más extensa de la noche fue «Always A Catch«, con sus 4 minutos y 31 segundos que parecieron un pequeño maratón dentro del set.
El bloque más salvaje llegó con una ráfaga de temas velocísimos, cuya energía invadió toda la sala: “Bad Attitude”, “Part 2 Screw You”, “Madras Prison”… apenas tiempo para respirar entre uno y otro. Acto seguido, la banda asaltó “The End Of Light”, corte de su disco en solitario «Snake Pit Therapy« (2021), y que comparte título con su libro autobiográfico, disponible esa noche en el puesto de merchandising.
Uno de los puntos álgidos de la velada llegó con la electrizante “Aw Maw”, clásico editado originalmente como sencillo por su banda Liquid Diamonds, que hizo vibrar los cimientos de la sala. Sin levantar el pie del acelerador, continuaron con la más reciente “Silver”, incluida en la edición estadounidense de «Spiteful«, donde colaboraron figuras como Glen Matlock (Sex Pistols) y Rat Scabies (The Damned), seguido de cerca por la cortísima «Come For You«, de ritmo frenético y el ambiente terminó de incendiarse con “Let’s Get Zooed Out” y “Mk Ultra”, dos misiles de su época en Testors.
El cierre oficial llegó con “Shameless Face”, también de «Spiteful«, tras la cual la banda abandonó el escenario. Pero el público, entregado, no estaba dispuesto a dejar marchar a Sonny Vincent y sus músicos tan fácilmente. Entre gritos de “¡otres tres!”, a los pocos minutos regresaron para un bis improvisado con temas fuera del setlist, pertenecientes a la época de su mítica formación de los setenta, Testors. Sonaron entonces los demoledores «Motor Drive» y «I See». Sobre el escenario, el batería Carmonkey y los músicos de The Capaces demostraron una compenetración salvaje, imprimiendo toda la fuerza, rabia y contundencia de la música original de Testors. Un broche de oro de puro punk neoyorquino que dejó la sala vibrando.
Al encenderse las luces, el puesto de merch se convirtió en el punto de encuentro idóneo para asimilar la descarga. Allí tuvimos la oportunidad de adquirir algún recuerdo, hacernos unas fotos y charlar con Alex, Martí y Oscar. Los músicos catalanes, clave indispensable para confeccionar esta crónica, compartieron con nosotros un puñado de impagables anécdotas de carretera y recuerdos vividos junto al propio Sonny Vincent. Algunas de esas historias —las confesables— sirven también para dar color a esta crónica. Porque lo que ocurrió en Valles no fue solo un concierto: fue un acto de resistencia, un recordatorio de que el punk no es una estética ni una pose, sino una forma de seguir adelante cuando todo lo demás se derrumba. Y Sonny Vincent, a sus casi 74 años, lo encarna mejor que nadie.
Por mi parte, solo queda agradecer como siempre a los compañeros y amigos de Heavy Metal Brigade por el apoyo, a las pequeñas asociaciones como la Bocanegra por sus 18 años de supervivencia y enriquecimiento cultural en el entorno de Valles (Piloña), a Carmonkey y a los músicos de The Capaces por su ayuda a la hora de dar forma a esta crónica y a todos los que nos seguís y apoyáis la música en vivo. Nos vemos próximamente…hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!!
La novena entrega del festival Zurbarán Rock, del que recordamos su carácter gratuito y que se celebrará los días 9, 10 y 11 de julio en el Espacio El Plantío de la capital burgalesa nos presenta sus horarios oficiales:
Recordamos que la formación asturiana Eden forma parte de la programación del viernes tras ganar su pase en la batalla de bandas organizada por el festival.
Rebrote, banda de reciente creación liderada por el guitarrista y productor Iñaki «Uoho» Antón (Platero y Tu, Extremoduro) y que cuenta en su filas con Jaime Moreno (The Electric Alley) a la voz, Miguel Colino (Extremoduro) al bajo, José Ignacio Cantera (Extremoduro) a la batería, Jaime Tejedor (Indomables) a la guitarra e Íñigo López (Quaoar) a los teclados recalará en las instalaciones del Kuivi Almacenes el sábado 30 de octubre dentro de la gira de presentación de su ópera prima homónima.
Editado el 30 de enero de este año el álbum está compuesto por 7 temas y está acompañado de una propuesta audiovisual completa disponible en su canal de YouTube. En directo el combo interpreta tanto su propio repertorio como clásicos de Extremoduro y Platero y Tú.
Muy pronto toda la información sobre precio y horario.
Parada en Gijón paraCaballo Moldavo en la presentación de su nueva obra de estudio «Marcados» (reseña). La cita tendrá lugar el sábado 27 de junio en el Lucy Club con el veterano combo hardcore local Strangis Guajes como compañeros de escenario.
Con apertura de puertas a las 20:30 horas, entrada en taquilla 10€.
Tercera entrega para una de las bandas más en forma del hard rock estatal. Green Desert Water, tras entregar el fenomenal “Black Harvest” en 2021, regresan ahora con un “Eerie Meadows” destinado a llevar un paso más allá a Dani Bárcena (batería, percusión) Juan Arias (bajo) y Kike Sanchís (guitarra, voz). De nuevo bajo el abrigo de Small Stone Records, los ocho cortes que ocupan este nuevo trabajo se grabaron y mezclaron en los Tutu Estudios de Corvera (Asturias) con producción de Sergio Tutu y Diego Martínez. Masterizado posteriormente por Chris Goosman en los Baseline Audio Labs de Ann Arbor (Michigan, Estados Unidos), viene adornado por el arte de Ossobuko Studio y cuenta con coros de Álvaro Bárcena.
Inicio reposado el de esta “Northern Lights”. Una pausada introducción al álbum, de aires stoner y sonido cristalino. Huelga decir, toda vez que las guitarras más graves irrumpen aquí, que el trabajo en los Tutu Estudios ha dado buenos frutos. Muy melódico Sanchís en ese prólogo. Es el corte más extenso de los ocho y realmente da esa sensación de que la banda ha querido mimar cada detalle. Me agrada la forma en que, sin prisas, los chicos van dibujando ese largo crescendo inicial. Sin prisas ni apreturas. Pero también la pegada que la banda consigue toda vez Sanchís engrana los riffs más graves y sus tonos más altos tras el micro. Un primer corte, en definitiva, tan refrescante en ese aire tan alucinado de su primera parte como fiel a la más auténtica tradición G.D.W. en su enrabietada parte final. Gran arranque.
Luego en el álbum irrumpen cortes más sencillos. Uno es este “The Blacksmith”, apoyado en una estupenda línea de batería de Bárcena. El riff sobre el que desarrollan este hard rocos y pesado, tienen ese gancho (inconfundible) que Sanchís ha venido cultivando desde aquél “Solar Plexus” de 2018. Qué buenos esos coros que le acompañan en estribillos. Crepita en todo momento el bajo de Arias. Una presencia la suya que se hará especialmente significativa a través del solo de guitarra de ese tramo final. Corte marca de la casa.
“Eerie Meadows” recoge su herencia más Black Sabbath. Aquella que se dejaba sentir a lo largo y ancho de su anterior largo “Black Harvest”. Sanchís muestra otro de esos riffs directos al cuello. Pesado y con gancho, acompaña al vocalista durante esas estrofas tendidas, dueñas de una cierta tensión, y con el asturiano trazando una de las mejores líneas de voz que le recuerdo. Desde el aspecto puramente guitarrero, puede ser uno de los cortes que más llaman mi atención. Tanto los que adornan estrofas primero como estribillos después, me agradan y me enganchan. Luego llega ese cambio de ritmo del epílogo. Sobre él acomoda Sanchís el solo, en otro rasgo de pura idiosincrasia G.D.W.. Ha dado nombre al disco y, desde luego, puedo entender los motivos.
El prólogo “Woodcutter” tiene algo que siempre me recuerda a aquella “Too Many Wizards” del anterior trabajo. Lo bueno es que esas similitudes desaparecen toda vez el corte transita hacia sus primeras estrofas e irrumpe ese aire más alucinado. Sin bordear la psicodelia pero con Sanchís ahora en tonos más conservadores. Contrastan con con esos solos a modo de engarce entre estrofas Son sucios y a la vez vistosos, Un corte que se irá volviendo más alucinatorio camino del tronco central, para una vez allí desembocar en un estribillo luminoso, casi un contrapunto de ese hard arrastrado y lisérgico. Estupenda labor de Arias y Bárcena durante ese tramo final. No desfallecen.
“Holy Ground” procede con una calma muy bien trazada. Entre sonidos que me recuerdan al rock alternativo de los 90 y el inequívoco modo de componer del trío, todo el largo prólogo es un baño en guitarras cristalinas y pasajes tranquilos. Luego irrumpe una mayor gravedad. Otro riff marca de la casa Sanchís, y esta quinta entrega ofrece la mejor cara de los chicos. Y un poco más de brío en un cambio de ritmo de lo más natural. Me gusta el peso que se le otorga a los coros durante estas estrofas. También la estupenda labor de Arias y Bárcena con la base rítmica. Luego Sanchís se desquita con uno de los solos más cuidados y ambiciosos de todo el álbum. Otra de mis favoritas.
“Wolfhound” recupera parte del brío perdido y lo confronta con esos dejes más tranquilos y alucinados. Estrofas sumamente cuidadas estas, que contrastan con ese estribillo de aires casi grungeros. Un corte que, a grandes rasgos, me suele recordar a los barceloneses Saturna, oxigena el álbum en cierto modo y que, si bien llega a buen término, puede ser el que más inadvertido ha pasado de los ocho.
Y también es que “Bos Primigenius” puede no ser la más ambiciosa de esta nueva colección de canciones. Pero tiene uno de esos riffs que entran a la primera y estás tarareando durante horas. Es la receta clásica de la banda: un corte rápido y efectivo, que parece tener el directo entre ceja y ceja, pero que no por ello deja de hacer gala del buen nivel técnico que manejan.
El cierre es para “Meteora”, con la banda hilvanando esa faceta más técnica sin olvidar sus dejes más oscuros y alucinados. De resultas de toda esa colisión sonora surge otro de los cortes mejor trazados de este tercer largo. Todo me funciona: desde la fina línea de batería de Bárcena hasta esas cuidadas voces de Sanchís. Acaricia en la misma medida en que ruge y se eleva. Perpetra otra de sus grandes interpretaciones aquí, sin olvidar los buenos riffs u otro estupendo solo final. Un broche de oro a este “Eeerie Meadows”.
Tal y como esperábamos es un disco de una pureza absoluta. En esto no iban a fallar y no lo han hecho. El que es, para unos pocos, el secreto mejor guardado de nuestra escena, confirma su status de culto con un tercer largo fantástico. Con sus recetas de siempre pero equilibrado como nunca. Dueño de buenos riffs, mejores solos y una base rítmica de igual brillo y presencia. Entre el hard pesado, guiños stoner, escarceos lisérgicos y un brío muy clásico, “Eerie Meadows” debería suponer el aldabonazo definitivo para el trío asturiano. Cierto que sería de necios omitir que se trata de una de nuestras bandas fetiche. Pero realmente siento que han trazado un muy buen disco. Esperemos que su esfuerzo no venga a caer en saco roto.