Resumen gráfico del paso por el ovetense Gong Galaxy Club de los piratas australianos The Rumjacks.









Fotos: Miguel Rubio
Resumen gráfico del paso por el ovetense Gong Galaxy Club de los piratas australianos The Rumjacks.









Fotos: Miguel Rubio
Desaparecer, renovarse, regresar, trascender. “Ecos” promete nuevos rumbos en la trayectoria de los salmantinos El Altar Del Holocausto, la formación que integran Reaper Model en batería y percusión, Sky Bite al bajo, sintetizadores y efectos más la dupla Weasel Joe y Reverb Myles en guitarras. Este nuevo trabajo lo integran seis cortes grabados y masterizados en los Metropol Estudios (Madrid). Todo el aspecto artístico del álbum ha sido trazado por el propio Reaper Model.

“Volta” envuelve al oyente en uno de esos inicios clásicos en el cuarteto. Aquí se manifiesta, y lo hace pronto, esa faceta melódica en la que tan bien se han manejado siempre. Ruido y melodía, una marcada melancolía y un prólogo, en líneas generales, que parece continuar donde lo dejara aquél “T R I N I D A D” de 2021. ¿O no? La composición, pienso que de un modo muy natural y nada mecánico, va acogiendo una mayor gravedad. Conduciendo hacia terrenos más oscuros, profundos, a los que impregnarán de una cierta luz más adelante. La calma de su tronco central alude directamente al centro de nuestras emociones. Cálido, tendido, reposando en su encarnación más pura antes de eclosionar camino del epílogo. Puede no ser, en lo que a estructura se refiere, el corte más avanzado de los seis. En cualquier caso me agrada como apertura, máxime con esos solos tan cuidados del tramo último.
Luego “Ecos”, que fuera carta de presentación de esta nueva andadura, creo concita todo lo que les ha llevado a ser nombre de referencia del género en nuestro país: la elegancia desbordada del prólogo, con esa intersección entre líneas tan idiosincrática. Un corte donde los cambios de intensidad se suceden cual directos a la mandíbula. Ni son sutiles ni lo pretenden. Profundizan en la cara más atmosférica del cuarteto, teñidos siempre de esa cierta melancolía sin resultar (pienso ahora) nada melosos o engolados. Me agrada la levedad que impregna todo el puente central, pero sobre todo, el modo en que este contrasta con el solo que nos llevará hasta el cierre, y que en esa cierta contención con la que se conduce, puede pasar por uno de mis favoritos de todo el largo.
“Shídài” provoca entonces el gran punto de ruptura. Un Altar del Holocausto de una gravedad casi desconocida, intenso y vibrante, con Reaper Model marcando ritmo con firmeza desde baterías. Pese a todo, un corte que no elude el habitual compromiso de la banda con esas tonalidades más nostálgicas, más leves, pero que aquí no obstante se conducen enmarañadas en un pequeño caos controlado. Un corte que supura una mayor oscuridad, que se verá luego contrapuesta a uno de esos engarces tranquilos en los que tan bien se manejan. Y es que donde todo arrancó con ruido, ahora surgen parajes tranquilos, guitarras prístinas. Rock casi traslúcido. Un cierto descanso antes de que otro buen solo vuelva a quebrar ese descanso. Furia controlada, conducida hasta el epílogo en un hábil ejercicio de equilibrio entre luz y oscuridad. Estupenda.
El Reaper Model más enérgico insufla un mayor colmillo a esta “Sterna”. Aquí los chicos regresan a esa cara más vibrante y aguerrida, concitando un acercamiento al metal más ruidoso, que deriva aquí sin remisión hacia terrenos más alternativos (si cabe), convirtiendo a esta cuarta entrega en la más llamativa de las seis. Y tampoco es que oculten sus habituales señas de identidad. Esos parajes remansados, apaciguados incluso. Pero cuando la furia regresa, esta lo hace desatada y sin cadenas, llevando el al oyente hacia su versión más encorajinada del cuarteto. Me agradan los riffs de esas partes más iracundas, siento que podrían funcionar como un tiro en directo. Las partes más calmas, así como esas guitarras del epílogo, sirven para apreciar el buen sonido que los Metropol Estudios han extraído de los chicos. Me parece un temazo, francamente.
Con “Vórtice” estamos ante el corte más extenso del nuevo álbum. Otro que, de nuevo, vuelve a acoger durante el prólogo sonoridades algo desconocidas en la carrera del cuarteto. Diría que tienen incluso un cierto aire grunge de no estar, como están, contrapuestas a sus guitarras limpias de siempre. Luego desatan un groove llevado por riffs graves, rocosos, donde irrumpirá un cierto caos en melodías, lo que les propulsa hacia nuevos horizontes sin, por ello, perder su característico sonido. Una vez más, y son unas cuantas a lo largo de “Ecos”, un fino ejercicio de equilibrio entre intensidad, ruido y melancolía. El tronco central se entrega a un post-rock liviano, de nuevo casi cristalino, que se conducirá entre parajes tranquilos, casi oníricos, de una belleza incontestable. De nuevo surge la buena producción de la que gozan estos temas. En esa calma de ensueño pero también en el músculo con el que despiden esta penúltima entrega. Huelga decirlo pero una de esas composiciones que, particularmente con unos buenos auriculares y la atención puesta en cada detalle, en cada guiño, ganan una barbaridad con el paso de las escuchas. Palabra.
“Recuerdo”, la calma después de la tormenta, explora entonces su cara más nostálgica. Una última entrega en la que todo resulta, en cierto modo, acomodado, tranquilo, luminoso incluso, donde hasta la batería de Reaper Model no deja de desprender una cierta levedad. Una despedida desde la calma y el sosiego, no exenta de introspección, y aunque no venga al caso (de aquí a unos meses), ideal para sobrellevar estos rigores veraniegos que nos asolan.
Han cambiado las túnicas por el traje pero la propuesta sigue igual de firme que siempre. Huérfanos de todo su anterior imaginario religioso, el post-rock (o post-metal, tanto da) del cuarteto sigue gozando de buena salud. En lo compositivo y también en lo emocional, con momentos en los que, ya digo que a pesar de las altas temperaturas de los últimos días, son capaces de erizarme la piel. El sonido que han extraído de ellos los Metropol Estudios tiene gran parte de culpa, pero también la forma en que conjugan intensidad y nostalgia, luz y oscuridad, en unas señas de identidad muy propias tanto del género como de la banda que nos ocupa. Una música que, un disco más, vuelve a transmitir toda una riada de sensaciones sin hacer uso de una sola palabra. Finalmente, tan extrañamente magnéticos como nos tenían acostumbrados. Qué bueno que volvisteis.
Texto: David Naves
Los barceloneses Saturna serán los encargados de cerrar el segundo ciclo de conciertos en este 2026 para Factoría Sound. El viernes 5 de junio tomarán posesión del escenario de la Factoría Cultural avilesina para presentar en primicia algunos de los temas de su próximo álbum de estudio «Light and Shadow» que verá la luz en el mes de septiembre.

El lanzamiento que llegará al mercado a través de los sellos Spinda Records, Ripple Music y Discos Macarras presentará la evolución de la banda tras 5 discos. Un trabajo que profundiza en su identidad hard psych rock con atmósferas donde conviven riffs monumentales con pasajes más oscuros, hipnóticos y emocionales apuntalando todo lo bueno ofrecido por «The Reset» (2023). Un trabajo que les colocó en infinidad de listas de lo mejor del año, debutando en el #1 de los Doom Charts de USA, y llevándolos a girar intensamente por España, Europa y EEUU además de formar parte de festivales del calibre de Resurrection Fest, Kristonfest o Mount Desert Rock.
Entradas disponibles en la Casa de Cultura de Avilés, en la red de cajeros Unicaja y el siguiente enlace:
https://uniticket.janto.es/palaciovaldes/public/janto/main.php
Repaso gráfico a las actuaciones de Reditus, Trastienda RC y Kinkis Gruñones en la primera edición del Pozaricos Fest, celebrado el pasado sábado 23 de mayo en Barros (Langreo).




















Fotos: José Ángel Muñiz
Ocho años sin nuevo material de los rockeros clásicos vitorianos The Soulbreaker Company. Se dice pronto. Es esta, huelga decirlo, una vuelta de lo más esperada. Once los temas que componen este “Sins” y que vinieron al mundo en los célebres estudios Electrical Audio de la ciudad de Chicago (Estados Unidos), fundados por el tristemente desaparecido ingeniero Steve Albini. Recordemos que la banda está integrada por Illán Arribas (bajo), Ortiz Domingo (batería), Javier Arteaga (teclas, sintetizadores, pianos…), Daniel Triñanes y Asier Fernández (guitarras) y Jony Moreno (guitarra y voces). El álbum habría de ver la luz el próximo 28 de mayo en CD, vinilo y digital vía Discos Macarras Records.

“Ant Row” y la batería de Ortiz Domingo procuran un inicio de álbum entre tenso y elegante. De guitarras que juegan a conjugar ruido y melodía, crudeza teñida de una cierta melancolía. Sentimiento este que se ve acrecentado toda vez Jony Moreno coloca su peculiar registro sobre las primeras estrofas. Es un arranque tendido, breve (no alcanza los tres y medio sobre el reloj) y que más que mostrar las cartas sobre las que se mueve su sonido, hace por guardarse alguno que otro de los vértices sobre los que pivota la propuesta de los vitorianos. Más una toma de contacto que una llamada de atención, puedo echar en falta un mayor despliegue técnico pero toda su elegancia está presente aquí. Y de qué forma.
“In Rome”, desde luego, viene a aportar un poco más de colmillo. De vértigo incluso. Un rock directamente enraizado en los años setenta y que ofrece, ahora sí, algo más de músculo en lo que a técnica se refiere. Siempre de forma ordenada, sin gestos de cara a la galería, equilibrado y en favor más de la composición que no de egos individuales. Estira su registro Jony Moreno al tiempo que alterna con las cuidadas líneas que traza Javier Arteaga desde las teclas. Todo fluye hasta colisionar en un epílogo en el que no hubiera desdeñado un desarrollo un tanto más ambicioso. Con eso y con todo un corte que disfruto en gran medida.
Después llega “Abd Al-Rahman”, que fuera carta de presentación de este “Sins”, y surgen unos The Soulbreaker Company más ligeros, pero igualmente elegantes, distinguidos incluso. Me gusta esa línea de batería que va trazando Ortiz Domingo sobre las (delicadas) estrofas. El modo en que todo va fluyendo de modo tan natural. De nuevo sin prisas, sin estridencias, con un Jony Moreno fantástico al micro. Es el corte más extenso de los once, lo que no obra en favor de requiebros artificiales ni exageradas demostraciones ególatras. Al contrario. Esa construcción más extensa propicia un crecimiento ordenado, tendido, teñido de una cierta melancolía, y que las guitarras rompen (es un decir) en un solo rebosante de feeling. No sabría decir si es mi tema favorito del álbum pero ciertamente agradece uno esa sensación de que la banda ha echado el resto.
“Jump The Fault Line” sorprende con ese inicio alucinado, tendente a la psicodelia, que después nos devuelve a unos The Soulbreaker Company un tanto más vibrantes. Más juguetones. El nombre de unos viejos conocidos de esta casa como son Zålomon Grass es alguno de los que acuden a mi subconsciente aquí. Ciertamente no iguales pero desde luego pareciera como que unos y otros beben de fuentes similares. Es un corte construido sobre riffs eficaces, que busca una mayor grandilocuencia en su tramo final, habiendo dejado entre medias voces más delicadas que gritonas, transiciones muy cuidadas y de nuevo ese aroma retro tan reconocible y disfrutón.
“Beginning Of The End”, oferta menos extensa de todo “Sins”, busca un rock más ruidoso y hace valer una escucha, a poder ser atenta, con unos buenos auriculares pegados a las orejas. Interesante ese juego entre canales que propicia la producción aquí. Un corte de esos que parece dialogar consigo mismo, construido a base contrapuntos en su primer tercio, de una mayor intensidad en su tramo central y que desembocará en un epílogo más ordenado. Todo sobre las curiosas líneas que traza Javier Arteaga sobre las teclas. Me agrada aún con ese desarrollo tan exiguo.
En “Reaching The Dragon” también saben cómo alternar entre tonalidades. Cómo amalgamar esa calma del prólogo con (leves) desgarros que contribuyen a otra de esas construcciones a dos tiempos, casi colisionando su cara más leve con la más ruidosa, dejando para el puente un cierto aire a los King Crimson más leves y conduciéndose hasta el cierre sobre una nube de rock liviano, nada apresurado, de ese que ataca más el corazón que la cabeza. Fácilmente otra de mis favoritas.
Esa cierta calma viene a contrastar con la más ruidosa “On Jupiter”. A medio camino entre Cream o Led Zeppelin, la banda suena más rocosa aquí. Más nerviosa incluso, con Ortiz Domingo marcando el paso sobre otra estupenda línea de batería. Un corte lleno, trufado de contrastes, donde no falta (ni sobra) nada. Desde los tonos más altos de Jony Moreno, el gancho de esas guitarras de Daniel Triñanes y Asier Fernández, la bien engranada base rítmica de Illán Arribas y Ortiz Domingo o todas y cada una de las diabluras de Javier Arteaga sobre las teclas. Que levante la mano el primero que piense en otros viejos conocidos de H.M.B. como Green Desert Water al transitar por este séptimo corte del álbum. Estupenda. Si el destino es propicio y vuelven por la vieja Asturias, ojalá quepa en su setlist.
“The Right To Hush My Sins”, al tiempo que nos introduce en el tramo final del álbum, nos devuelve una cierta calma durante el prólogo. Apenas un suspiro. Un pequeño descanso. Y es que pronto la composición toma derroteros más ruidosos, cargados de una melancolía muy bien traída, (fenomenal Jony Moreno aquí) y en donde la banda vuelve a trazar un corte que me agrada tanto por composición como por las distintas ejecuciones que lo atraviesan. Las guitarras que juegan bajo las voces en el epílogo, por decir uno.
La sorpresa llega con “Ten Thousand Years”. Aquí la banda, y toda vez cruzamos el umbral de su curioso prólogo, está moviéndose en un terreno más cercano en el tiempo. Hay una cierta oscuridad rodeando a esta novena entrega, que en sus primeras estrofas parece bordear el post-punk más iniciático, para después colisionar con su faceta más ruidosa y, por ahí, construir un corte de lo más llamativo. En cualquier caso y pese a lo rupturista del tono, tampoco siento que la banda se traicione aquí. Al contrario. Máxime cuando estalla ese solo del puente. Diferente, que no peor.
Javier Arteaga está brindando un prólogo de lo más delicado en esta “Road And Bread”. The Soulbreaker Company se envuelven en esta balada / medio tiempo en donde cabe toda sensibilidad, todo buen gusto que son capaces de cosechar. Me agrada además por el modo en que el corte va creciendo en intensidad de cara al tronco central. Con Jony Moreno dejando buenos tonos altos y el mencionado teclista dejando píldoras de su buen hacer a las teclas. Habría sido una estupenda despedida a este “Sin”…
… honor que recae, no obstante, en una “Be On The Run”, donde de nuevo un inicio tranquilo vendrá a chocar con el mayor ruido que proponen después. En ese prólogo hay un tono algo desgastado que me agrada en la misma medida en que lo hace la mayor intensidad que sucede a continuación. Como ya lo hicieran otro cortes dentro del disco (“Beginning Of The End” sin ir más lejos) aquí vuelven sobre otra de esas construcciones alternas en las que tan bien se manejan. Sobre las que parecen tan cómodos. Las voces de Jony Moreno primero y la soltura de las guitarras después arman un epílogo estupendo. Un gran cierre, si me preguntan.
Todo tan orgánico como preveía antes de darle un primer repaso al disco. Todo, después, igual de satisfactorio. Si acaso, mi única pega podría ser que algunos cortes se me quedan algo rácanos en lo que a reloj se refiere. Pero todo su buen hacer, su elegancia, ese toque retro (vintage que se dice ahora) vuelve a manifestarse en poco más de cuarenta minutos de unos The Soulbreaker Company en plena forma. Yendo desde la delicadeza al ruido y todo cuanto habita entre medias. Tejiendo temas llenos de detalles, de los que van ganando peso con las escuchas, que anidan en tu subconsciente y nos recuerdan un tiempo quien sabe si mejor. Estupendo trabajo.
Texto: David Naves
Laurie Wright fue el encargado de abrir el pasado 25 de abril el nuevo ciclo de conciertos de Factoría Sound en la Factoría Cultural avilesina. Es uno de los jóvenes artistas emergentes de la música británica que cuenta con numerosos seguidores en su país y tuvimos la fortuna de poder disfrutar de su buen hacer en Avilés, tras una breve gira por el territorio nacional para presentarnos su último trabajo «Power Of 3«, lanzado en septiembre de 2025.

Desde los primeros acordes quedó claro que Wright no venía solo a mostrar novedades. Su directo fue un recorrido vibrante por su trayectoria y raíces musicales vinculadas a las calles de Camdem Town en Londres, mezclando temas recientes con canciones de sus anteriores proyectos. El público pudo sumergirse en ese sonido tan suyo, un amalgama de influencias donde conviven el movimiento punk, el rock & roll, el rhythm & blues británico de los 60, el pub rock, el soul y el britpop, todo bajo una marcada estética y actitud mod.
El cantautor británico arrancó su show acompañado de su banda, integrada en esta ocasión por los músicos Ciaran O’Keeffe (armonía y coros), Leo (bajo y coros) y James R. J. Parker (batería). Iniciaron su descarga con “My Rock & Roll”, tema de riffs enérgicos que abre su tercer álbum de estudio y con el que desde los primeros acordes comenzaron a caldear el ambiente en la Factoría. Sin dejar que el público recuperara el aliento, viajaron a su debut «Get On The End Of It!« (2023) para rescatar “Butter Side Up Boy”, donde Ciaran O’Keeffe tomó el protagonismo con su armónica que marcó el pulso de toda la canción. Este instrumento volvió a cobrar fuerza en “The Lodge”, un tema que habla de superación personal y adicciones, interpretado con una intensidad que atravesó la sala.

El pulso del concierto no aflojó cuando irrumpió “Talk Of The Town”, una de las joyas más vibrantes de su último disco, originalmente lanzada en una versión acústica en 2020 y que interpretada por toda la banda en vivo transmite mucha más fuerza y energía. A partir de ahí, Laurie Wright y su banda nos interpretaron tres temas de «We’re Only Warming Up» (2024). Primero llegó “Who’s Laughing Now?”, tema en el que la voz rasgada del cantautor toma protagonismo y vuelve a poner la superación personal y la resiliencia en el centro del relato. Después, “All Bad?”, donde la batería de James R.J. Parker marcó el terreno con un golpeo firme y protagonista. Y para rematar el bloque, “We’re Only Warming Up”, la canción que da nombre al álbum, arrancó con un solo de guitarra distorsionada y acelerada de Wright, al que pronto se sumó una armónica desatada, auténtica protagonista de la pieza. Lo que siguió fue un torbellino de aires punks y psicodélicos marcado por un ritmo veloz, percusión contundente y la certeza de que el concierto seguía en ascenso, sin intención alguna de levantar el pie del acelerador.
Sin dejar que el pulso bajara continuaron con “I’ve Crakcked It”, de su primer trabajo, con marcadas influencias punk y donde cobra especial importancia la guitarra distorsionada de Laurie Wright. Acto seguido llegó uno de los momentos más celebrados de la noche “It Was All Part Of The Plan” extraída de su segundo álbum «We’re Only Warming Up» (2024), corte optimista y vibrante lanzado originalmente como sencillo en colaboración con la banda británica The Molotovs antes de integrarse en el disco y que desató una descarga de optimismo y buen rollo entre los espectadores. Laurie Wright y su banda mantuvieron el ritmo en lo más alto al encadenar “Could You? Would You Mind?”, más melódica y de ritmo más rápido que las anteriores, de su último álbum «Power Of 3» (2025) y siguieron con “Easy Street”, con fuerte influencia britpop de su primer trabajo de estudio «Get On The End Of It» (2023). La recta final volvió a poner el foco en las composiciones de su último trabajo. Primero llegó el turno de “Picking Up The Pieces Of My Mind”, una canción que aborda sin rodeos la salud mental y el lento proceso de reconstrucción personal y “Bambi Legs”, que cambió por completo el clima de la sala con su mezcla vibrante de influencias ská, reggae y rhythm & blues, un cóctel inesperado que añadió frescura y movimiento a un tramo del concierto que ya avanzaba con paso firme.

En la recta final del show Laurie Wright nos interpretó “The Meaning Of My Life”, de su segundo álbum «We’re Only Warming Up» (2024), con un bajo muy marcado a cargo de Leo y batería acelerada de James R. J. Parker. Sin dejar que la energía decayera, la banda siguió con “Shit Show” de su primer disco «Get On The End of It!» (2023), de ritmo frenético y que el artista interpreta con un fraseo muy rápido, casi rapeando, con el que puso a toda la Factoría a bailar y saltar en un auténtico torbellino de energía. Acto seguido, retomaron su segundo disco con “Bodaloo”, canción de indie británico actual con aires retro. Como broche de oro antes de los bises, el setlist nos condujo hacia “Wendy McKenzie”, tema que no dejó a nadie indiferente por su singularidad, ya que más que cantada parece narrada por el propio Wright de forma apasionada y acelerada; a pesar de superar los siete minutos de duración, su magnetismo hizo que a todos los asistentes se nos pasara volando.
A grito de “otres tres” por parte del público de la Factoría y sin que Laurie Wright supiera el significado de lo que le estaban gritando, ni fuera parte del plan, remató el show precisamente con otras tres canciones. El primer disparo del bis fue “The Promoter”, uno de los temas más celebrados de su último trabajo, que desató una marea de saltos y palmas. Le siguió “On My Tod”, de su segundo álbum “We’re Only Warming Up” (2024) tema acelerado con actitud punk, de guitarreo rápido y directo y batería marcada a cargo de James R. J. Parker, que mantuvo la adrenalina hasta el último momento. Y el colofón de la noche corrió a cargo de “West End Lover”, de su álbum debut, con un pegadizo estribillo y guitarras enérgicas; de manera espontánea Laurie Wright terminó lanzándose entre el público en un desatado “crowd surfing” que dejó a la Factoría vibrando incluso después de que la última nota se desvaneciera.

Por mi parte, solo queda agradecer en estas líneas a los buenos amigos que me acompañaron y aconsejaron ir a ver en vivo a Laurie Wright, a Heavy Metal Brigade por su apoyo incondicional a la escena, a Factoría Sound con sus siempre interesantes propuestas musicales y al propio Laurie Wright, que aunque no lea estas líneas, me facilitó enormemente la labor para poder escribir esta crónica y por ser un ejemplo de superación, capaz de transformar las sombras en canciones luminosas. Nos vemos próximamente… hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!!
Texto y Fotos: Aurora Menéndez
A veces la vida es cuestión de pequeños pasos. Mala Reputación, seis años después de su anterior Ep “La Belleza”, regresan con otro “mini” buscando mantener viva la llama a la par que abrazan nuevos rumbos. Kiko Martínez en batería y coros, Michi Candás en bajo, coros, y la pareja Daviz Rodríguez & Juan Santamaría en guitarras y coros vuelven con un “Queda Entre Nosotros” compuesto de cinco temas cocinados entre Pablo Senator y Daniel Sevillano en el OVNI Estudio de Bonielles.

“Mírame” propicia un arranque vitalista, vibrante incluso, con buenas melodías de guitarra y el OVNI dejando patente, un trabajo más, que pocos estudios de este nivel en nuestra región (¿en nuestro país?) en lo que a rock se refiere. Todo sazonado por las ya clásicas letras intimistas, nada panfletarias, que vienen siendo santo y seña de la banda desde hace ya tiempo. Y es que “hasta las sombras más oscuras tiemblan con rayos de luz”. Pausan con un bien traído puente y rematan después con un epílogo con visos de himno. Si ellos así lo quieren, me parece un opener fantástico.
“El Hilo” fue la encargada de adelantar al Ep y, muy especialmente en lo sentimental me parece la más redonda de las cinco. Un prólogo tranquilo, que bien podría recordar al de “Fuego”, quizá uno de los cortes más definitorios de su trayectoria. Aquí me agrada esa construcción tan natural, sin prisas, sin apreturas. El buen trabajo tras esas primeras estrofas, apoyadas en esa fina línea de bajo. Luego llega ese estribillo. Redondo, con gancho, con pegada, estupendo. Un corte que me agrada tanto en lo gramático como en lo puramente sensorial. No por nada el verso “y aunque todo el mundo tiemble decidimos no caer” lleva soldado a mi subconsciente desde hace semanas. Realmente fantástica.
Luego “Accidente” pone en primera línea a los Mala Reputación más directos, más abiertamente rockeros, no por nada se trata del corte más rácano de todo el Ep. Con eso y con todo, alberga un juego entre voces de lo más hábil, ese tono entre vitalista y melancólico en el que tan bien se manejan y algún solo, engarzando estrofas, de lo más pintón. Lo que sorprende aquí es ese nervio más alternativo que surge camino del epílogo, soldado a la cara más ruidosa de los asturianos. Entra a la primera y la disfruto como el que más.
“Mi Capitán” parece recoger el testigo de su predecesora. Siguen aquí el testigo de ese rock más ruidoso, especialmente en su prólogo, y un tanto más liviano en sus primeras estrofas. Es un corte, no obstante, de pura idiosincrasia Mala Reputación. El más extenso de los cinco y, desde luego, aquí da toda la sensación de que se han tomado su tiempo a la hora de componer y trazar cada línea de guitarra, cada giro, cada recodo. Aún sin abandonar esa cualidad tan rockera, tan ruidosa incluso, el puente aquí vuelve sobre señas de identidad habituales. Esa cierta ligereza, la inconfundible voz de Daviz Rodríguez y esas guitarras tan cuidadas. Me enganchó ya de primeras y aún ha ido creciendo con el correr de las escuchas.
Y es verdad que con “Lluvia y Barro” no conecto en la misma manera en que lo hago con el resto del Ep. Pero aún así me agrada de nuevo esa construcción tan orgánica, tan tranquila, sin prisas ni compromisos. Es rock amable, de un sonido cristalino, con cuya letra eso sí conecto en menor medida que con el resto de presentes en el Ep. Claro que lo mismo me ocurrió en su día con un corte como “Océano y Lluvia” y, sin embargo, a día de hoy podría decir que pasa por ser uno de mis favoritos de entre la producción más reciente de la banda.
Y es que el de Mala Reputación es un rock de maceración lenta. Fiado en gran parte a lo sentimental pero sin caer tampoco en la lágrima fácil. Un rock a veces tan tendido y delicado como ruidoso y vibrante. Apenas (no llega) veinte minutos que vuelven a demostrar, pienso yo, que hoy por hoy son una de las formaciones más elegantes, distinguidas incluso, dentro de nuestro infatigable rock and roll. Sin panfletos, sin maniqueísmos, pero teniendo muy claro qué y cómo quieren contar las cosas. Su visión crítica del mundo que nos rodea, su modo también para, desde lo interior, hablarnos de lo universal. Si las cosas siguen el cauce previsto, será un placer verles en el próximo Unirock.
Texto: David Naves
Si tuviera que definir a Moon Cresta en dos palabras serían actitud y originalidad. De la primera, actitud, pueden presumir muchas bandas de nuestro país, y en la mayoría de los casos son bandas que, como le ocurre a Moon Cresta, despliegan esa actitud tanto en recintos llenos como en las salas menos concurridas. El «miedo a lo desconocido» (o algo así) se lo sigue poniendo difícil a algunas bandas menos populares, pero siempre entregadas al máximo. En la segunda palabra que les define, originalidad, pocas formaciones les igualan, y en esta crónica se verá por qué.

El pasado jueves 14 de mayo pude ir, gracias a un repentino cambio de planes personal, a disfrutar de su concierto en la sala El Gran Café de León, invitada por la propia banda. Este concierto se inscribía dentro del ciclo de conciertos organizado por Famoleon, el Festival Abierto de Música de Órgano de Léon. Y los vigueses aprovecharon bien la ocasión. Por razones de horario no pude llegar a la primera parte del evento, la presentación de «Zadym«. Comienzo a detallar la originalidad de esta banda. «Zadym» no es un disco, es lo que han bautizado como un «discómic«. El artista Raúl Maya “El Flako” se ha encargado de ilustrar las ocho canciones de su último lanzamiento en forma de historietas gráficas con el guion del contenido de sus letras, en un relato lineal cuya lectura y visionado acompaña a la escucha del álbum. Por eso, Moon Cresta presentaba un pack que incluye un CD, el cómic, el “making of” y otros contenidos extra. Toda una experiencia inmersiva gráfica, literaria y musical.
A lo que sí llegué con tiempo y con ganas fue al propio concierto, que comenzó poco antes de las 10 y media de la noche. Y sigo con detalles de originalidad: tras tener la oportunidad de saludar a Antón F. Piru (bajista también en el grupo Stoned At Pompeii) y al cantante y teclista David «Mr.D.» Vázquez, nos sorprendieron entrando al escenario con la intro y melodía pregrabada de la añorada serie de televisión «El Equipo A«, que ellos mismos siguieron tocando en sus instrumentos, una presentación muy original.

Todo seguido, la originalidad se centraba en ellos mismos y en su sonido peculiar, imposible de etiquetar. Pues sí, es posible fusionar los sonidos más funkies, incluso con toques de hip-hop o rap, con el rock clásico, rebelde y agresivo, y además hacerlo bien. Yo no conozco a muchos grupos que hagan algo así. Desde el minuto uno, salieron al escenario con muchas ganas y mucha energía, inundando el reducido espacio con toda la actitud y entrega imaginables. Dejaron ver enseguida las influencias de las que han bebido, con acordes en los dos teclados combinados de David a lo Cream o a lo Deep Purple, y riffs de guitarra de Manu “Doble L” que recordaban a Santana, por citar a alguien. Todo ello acompañado de la potente base rítmica de Antón en el bajo, que me recordaba a ratos a Flea de Red Hot Chilli Peppers, y del maestro Manuel Ares en la batería, con claras influencias de jazz y blues, sin perder nada de potencia. Tengo que felicitar a la sala El Gran Café por el perfecto sonido de la noche, los cuatro instrumentos (incluso la pandereta de David) sonaron de lujo.

Repasaron sus más de 20 años de trayectoria mezclando bien los temas de sus primeros cuatro álbumes con este último publicado el año pasado vía The Fish Factory. Al sonido funk y rockero se le fue añadiendo por momentos una colorida psicodelia sonora y lumínica, desde el arranque con las veteranas “T.N.T. Buzzer” y “Poisoned Whisper Blues”. De esos primeros discos de la banda sonaron también “Funkatronik” y “Betrayer”, y a continuación, el motivo de la noche, presentar su último álbum con temas como “Never Surrender” (con mucho protagonismo de los cuatro instrumentos, algo constante en toda la actuación) y “Slaughtering All Around” (todo un manifiesto contra los poderosos depredadores, enmarcada en una oportuna luz roja), siempre con sonidos muy funkies, y con David ya sin chaqueta y desenfrenado, alternando sus dos teclados con constantes saltos, bailoteos y gestos al público. Y también del último disco sonó “Un Día Mais”, según ellos “cantada en asturleonés”, algo más rítmica. Volvieron a repasar sus himnos anteriores, como “Watch Out”, que sonó más rockera y agresiva.

Presentaron “Be Real” como “el temazo”, muy extendido con mucha parte instrumental, en la que tuvo algo más de protagonismo la guitarra de Manu “Doble L”, y que invitaba a bailar como ellos mismos lo hacían. Tras dar gracias a la organización del ciclo de conciertos Famoleon, al técnico que esta noche les hacía sonar de forma brillante y al público (con alguna mención especial), nos pusieron a corear “be yourself” con ganas. Y todo seguido volvieron a mostrar sus influencias, remezclando de forma muy divertida “Come Together” de The Beatles con “Give It Away” de Red Hot Chilli Peppers. ¿Son o no son originales?

Comenzó la despedida con “The Rocket”, muy funky, con un David imparable saltando y sudando, a ratos acompañado de los saltos y sudores de sus compañeros, y “Epilogue”, elevando el tono psicodélico. Presentaron “Here We Are” como “funky poderoso macarroide” y sí, sonó de nuevo agresivo, sobre todo cuando Manu “Doble L” soltó su guitarra y se puso a rapear como hacía ya David. No tuvimos que insistir mucho para que nos dieran los bises de la animada noche: “Sailor, Sea, Sail & Wind”, con coros muy sonoros de Antón (de hecho, los coros de Antón y de los dos Manu habían sonado fuertes y efectivos durante todo el concierto), tras lo cual los “músicos de a pie” dejaron solo en el escenario a un desatado Manuel Ares, que nos regaló un larguísimo y variado solo en su batería.

Tras casi una hora y media de descarga frenética, el inevitable final llegó con “Reef Place Your Hands”, otra vez muy funky, recordando a estribillos de RHCP o de Rage Against The Machine, haciéndonos participar incluso más que antes, alargando de nuevo el tema en una gran fiesta final. Cómo se agradece cuando desde abajo se nota que los músicos, siempre sonrientes y bailones, y todo el tiempo mostrando una actitud y una entrega total, se lo están pasando bien y no tienen ganas de acabar. El sonido algo más distorsionado de la guitarra de Manu, que acabó mezclado entre el público, nos llevó al final, de nuevo con la banda sonora de “El Equipo A” como divertida despedida.

Por todo eso, debo dar muchas gracias al cambio de planes de última hora que me permitió asistir, a la organización del ciclo Famoleon por ofrecernos eventos tan interesantes, a la sala El Gran Café por su cálida acogida (como siempre) y por supuesto, a Moon Cresta, por la tremenda entrega de principio a fin y la alta calidad de sus creaciones y de sus sonidos, tan originales. Espero veros pronto otra vez.
Texto y Fotos: Mar Fuertes
La celebración de los 40 años de trayectoria para Los Deltonos llega a Oviedo. El viernes 22 de mayo con la Sala Tribeca como epicentro el trio cántabro repartirá su habitual «grasa saludable» rememorando los cásicos de su extensa discografía y lo más representativo de su nuevo trabajo de estudio «El Futuro«.

El «power trio» liderado por Hendrik Röver despachará su habitual ración de rhythm and blues, rock clásico y de raíces acompañado del asturiano Sergio «Tutu» Rodríguez al bajo y Javi Arias a la batería.
Entrada anticipada online 18€ + gastos a través del siguiente enlace:
https://epticket.com/es/events/los-deltonos-en-oviedo-oviedo