La 22ª edición del festival gratuito avilesino La Mar de Ruido que se celebrará el viernes 14 y sábado 15 de agosto en el icónico Parque del Muelle de la villa del adelantado desvela su cartel.
Para los riojanos Tierra Santa sobran presentaciones a estas alturas, historia del heavy metal en español. Zernías son una banda nacida en Avilés, cuyo sonido abraza el rock progresivo y la psicodelia de los 70. Ritual ofrece una recreación fiel de la atmósfera y el magnetismo de Ghost, gracias a una escenografía, vestuario y cuidada puesta en escena. The Hazers que cuentan en sus filas con el Stormy MondaysJuanjo Zamorano a la voz, ofrecerá un repertorio basado en temas propios y versiones de grandes nombres de los años 90, Nirvana, Smashing Pumpkins, Soundgarden o Rage Against The Machine entre otros.
Por su parte La Frontera son historia del rock en nuestro país con más de 40 años de trayectoria a sus espaldas. Los británicos Nine Below Zero en cambio apuestan por el blues de Chicago como banda sonora influenciados por John Mayall, The Kinks y The Who. Desde Plasencia Pedrá nacían allá por el 2009 con la intención de hacer un tributo digno a Extremoduro, ganandose con el paso del tiempo el respeto y admiración que los seguidores de Robe Iniesta y los suyos. The Refugees es una banda asturiana que rinde pleitesía al músico norteamericano Tom Petty.
Inicio de los conciertos en el Escenario Menéndez Stage a las 20 horas, a las 21 horas en el kiosko del parque del muelle.
Nuevo trabajo y es el quinto ya para las huestes death metaleras burgalesas de Mass Burial, la banda de los Nasty SurgeonsRaúl Weaver (guitarra y voz) y Fabíán Hernández (bajo) junto a Jorge Azofra (batería) y Adrián Ojer (guitarra). “May Darkness Come” se compone de un total de once cortes mezclados y masterizados por el propio Weaver en los Undead Studios. Con portada de Juanjo Castellano (Æolian, Unbounded Terror, Avulsed, Barbarian Swords…), el álbum fue lanzado por Dealer Records Gamonal en colaboración con Ruido Noise Records.
De inicio alberga pocas sorpresas. “May Darkness Come” es puro death metal a la manera clásica. Con la batería de Azofra refulgiendo junto a unos simples pero muy eficaces riffs de guitarra. Me enganchan más los que la banda sitúa bajo las primeras estrofas. Ese groove tan bien medido y el no menos elemental ‘tupa tupa’ d-beatero que introduce más adelante. Un primer aporte que, sin inventar nada, ni pretenderlo tampoco, funciona a las mil maravillas.
Más directa aún es una “Dead Mountain” que constriñe la estructura del tema previo para, en poco más de tres minutos, destapar la versión más descarnada de los burgaleses. Se alterna esta con un death metal que gana en pesadez conforme fluyen las estrofas. Hay cambios de ritmo que me agradan por cómo no comprometen el remate final con florituras de cara a la galería. Todo parece fluir de modo más o menos natural y por ahí me agrada esta segunda entrega y el modo en que la remata el buen solo final.
Pequeños arreglos durante el prólogo hacen por aumentar la oscuridad de una “Dreams Of Blood” que muestra ahora a unos Mass Burial más pesados y melódicos. Luego llegan las estrofas y todo vira hacia un death metal que bien podría recordar a los primeros Entombed. Siempre con el hosco registro de Weaver al frente y trazando un death metal clásico y de nuevo muy eficaz. Vuela Azofra tras los parches camino de un epílogo hábil a la hora de aportar un poso más melódico. Ahí y por pura colisión surge uno de los cortes más interesantes de todo el largo.
“The Apostate” retorna entonces a lugares comunes en el ideario de los burgaleses. Esto es: death metal rápido sin caer en lo frenético, dotado de una oscuridad sin imposturas. De riffs sencillos pero pegadizos, con Azofra marcando un ritmo casi marcial. Al solo que ocupa su tronco central quizá le falte algo más de desarrollo. De presencia incluso. La producción del álbum es deliberadamente sucia, de nuevo al modo clásico, y por ahí puede que uno encuentre cierta división de opiniones. En cualquier caso la composición echa el freno en un tramo final pesado y rotundo.
“The Shadowless” añade algo más de picante a la mezcla. Puede ser de los once el que más me recuerde a la otra banda de Weaver. Ritmos vivos y buenos detalles de un inquieto Azofra tras los parches no descuidan la inclusión de buenos riffs, así como de un solo en su puente central que, en cierto modo, no podría resultar más elegante. Aún cuando me agrada el mayor nervio que adquiere en su tramo final, no puedo evitar pensar que bien merecía una duración algo más ambiciosa.
La igualmente breve “The Slaughter” cuenta no obstante con otro de mis riffs favoritos de todo el largo. Luego de ese prólogo irrumpen unas estrofas que, línea de voz al margen, me retrotraen a los primeros discos de Avulsed. Death metal sin complicaciones, oscuro pero sin imposturas artificiales. Orgánico y dotado de pequeños cambios de ritmo que lustren la propia composición. Ni siquiera echo en falta un mayor brillo en lo técnico, pues la banda dispone un solo final perfectamente enraizado en el propio espíritu de la composición. Ni tan siquiera tres minutos y medio y, sin embargo, una de mis favoritas de todo el tracklist.
El tranquilo prólogo de “House Of Horrors” viene a romper con todo lo establecido hasta ahora dentro de “May Darkness Come”. Y de hecho sus primeras estrofas amagan con conducir a Mass Burial a sonidos más propios del metal gótico. Guiño que se difumina casi de inmediato con la banda transitando feroz hacia su habitual death metal sobrio y sin manierismos. Weaver prosigue con su registro oscuro, casi enfangado, mientras Azofra y Hernández firman una de las bases rítmicas más vivas de todo el largo. La composición conmuta estrofas nerviosas con otras que vuelven a rozar el d-beat y por ahí los de Burgos parecen dar su mejor versión. El reverberante solo final remata una de las entregas más infecciosas de este nuevo álbum. Ni que decir tiene que la que más ha calado en mi subconsciente hasta ahora.
“Let The Dead Be Dead” da otro giro de timón para que la banda recupere su versión más galopante y descarnada. Weaver no varía un ápice su registro pero, por alguna razón, encuentro esta línea de voz algo por debajo de otras tantas del disco. Aún cuando alguno de los riffs en que se apoya van sobrados de gancho. La composición acomoda el solo en su tronco central y éste resulta tan vistoso como ágil. Algo descompensada pero igualmente disfrutona.
Otro corte de arranque reposado es este “Inquisition”. Y de hecho Mass Burial levantan el pie del acelerador aquí para que fluya una versión más melódica del cuarteto. Las primeras estrofas acogen una pesadez casi desconocida a lo largo del disco. Un grosor que irá virando, con toda naturalidad, hacia su habitual death de ritmos vivos y riffs nerviosos hasta llegar a los blast beats que anteceden al epilogo. Este se adorna de un apenas correcto solo de guitarra pero, en conjunto, siento que es otra del vagón de ganadoras.
Tras el sugerente título “Vengeance From The Grave” se esconde otro arranque de death metal taimado y rocoso. Apenas un pequeño inciso toda vez las estrofas acojan el trotar ya clásico del cuarteto. Azofra está más pasional que nunca aquí y la composición, aun cuando del todo clásica, arroja igualmente buenos detalles técnicos (esos breves pero furibundos solos de guitarra) y marcados descensos hacia una pesadez y una gravedad perfectamente integradas. Estupenda.
Siento que a la final “Bound To Obscurity” le pesa lo exiguo de su duración. Propone una serie de ideas (estupendo ese arranque lento) que su cierta falta de ambición lleva a no desarrollar del todo. Y es una pena porque le habrían otorgado otro signo diferente a este cierre. Un broche en el que Mass Burial vendrán a conducirse por alguna de las sendas que el disco ha transitado una y otra vez. Esa cierta repetición de patrones puede llevar a un cierto cansancio por reiteración. Ello no quita para que tanto el solo final como la base en que se apoya aguante la comparación con cualquiera del resto del trabajo sin mayor esfuerzo.
En cualquier caso un disco que, acogido a la cara más primigenia del género y dotándose de una cierta oscuridad, entrega once cortes donde encuentro más aciertos que errores. De hecho, me atrevería a decir que estos últimos obedecen más a manías de quien escribe que no a cualquier déficit que pudieran tener como banda. De ahí que a ratos eche en falta una mayor diversidad. No es menos cierto que entonces esto quizás dejaría de ser un disco de death metal propiamente dicho. En cualquier caso, “Vengeance From The Grave”, “The Slaughter” o “House Of Horrors” me parecen razones más que suficientes para detenerse en el nuevo trabajo de Mass Burial. Estáis tardando.
El sofocante calor de la jornada no invitaba precisamente a pisar el asfalto, pero La Mar De Ruido volvía a Avilés con Incidencia Acumulada, Baja California, Kiss Experience y Saratoga por lo que tocaba penar con temperaturas nunca vistas por estas latitudes. Así pues, animales de costumbres que somos, hubo que poner rumbo a Avilés en buena compañía prestos a ser testigos del evento primero, y a contároslo después.
La edición de este año contaba con la novedad de un pequeño escenario que vendría a hacer de pinza entre el resto de bandas. Llevó por nombre Menéndez Stage y en él Incidencia Acumulada nos amenizaron la espera hasta Baja California a base de versiones de todo pelaje. Desde “Muérdeme” de Los Romeos hasta “Cuenca Minera” de Siniestro Total para disfrute de impacientes y curiosos. Banda con miembros de Madera Rock en sus filas, no se olvidaron de dedicar “La Calle Del Olvido” de Los Secretos a Béznar Arias, impulsor y responsable del evento.
Si mis cuentas son correctas, más de un año que hemos estado sin cruzarnos con Baja California. Los asturianos, con el viento de cola del estupendo “Electricidad” (reseña) soplando aún en sus cogotes, irrumpían, intro mediante, en el Parque del Muelle cuando apenas pasaban unos minutos de las nueve de la noche. “Caída Libre” es un más que servicial opener para ellos. Manu Roz se mostró vital y conciso en sus líneas de voz. Por eso es una pena que, a ratos, costara escuchar con nitidez al espigado vocalista. Pero me gustó cómo “Tiempo Suicida” exacerbó, en cierto modo, la cara más golfa del quinteto. El propio Roz no perdió ocasión de bajar a la valla y animar a su gente. Tampoco de pedir luego un aplauso para la organización del evento.
En “A-66” tiene lugar un buen duelo solista entre Aarón Galindo y Javi Monge. El propio Galindo bajaría a solear frente al público en “El Mago”. Benditos inalámbricos. Si bien puede que el sonido que nos inundaba nunca llegó a ser del todo redondo, al menos en primeras filas, lo cierto es que arriba del escenario ellos parecían estar disfrutando de lo lindo. A pesar del acuciante calor y las complicadas circunstancias. El quinteto recuperó entonces “Reina De Hielo” donde el sonido pareció encarrilar hacia un mejor equilibrio. Como queriendo aprovechar ese impulso, enlazan con una “Indomable” que, a la postre, sería de las mejor recibidas por la audiencia. Roz obró en consecuencia, dejando por el camino un más que notable desempeño vocal. Sería el propio frontman quien pediría un aplauso para Gus Velasco, batería y miembro más reciente de la formación asturiana.
Roz quizá no estuvo tan parlanchín como en ocasiones precedentes. Pero Baja California en su conjunto, especialmente en este tramo final del set, bordaron su mejor hard rock. El propio vocalista no perdió ocasión de darse su particular (y habitual) baño de masas. La reciente y más melancólica “Mil Mañanas” dejó visos de convertirse en un corte capital para ellos. En comandita con la ya clásica (e ineludible) “Años Atrás” supuso el momento más nostálgico del set. El cierre correspondería no obstante a “Dueños De La Noche”, con una Avilés entregada al siempre elegante hard rock de los asturianos. Siguen creciendo.
No paraba el rock and roll en La Mar De Ruido. Terminado el set de Baja California y mientras los técnicos se afanaban en recoger y preparar las tablas para el show de Kiss Experience, Incidencia Acumulada hacían de nuevo suyo el Menéndez Stage para seguir con la ristra de versiones.
Versiones precisamente no iban a faltar de vuelta en el escenario principal. Kiss Experience, en riguroso y mimético homenaje a Gene Simmons y compañía, vendrían a hacer las delicias de un nutrido número de fans y curiosos. “Detroit Rock City” sería el pistoletazo de salida y Avilés se entregó al cuarteto. Que más allá de todas las reservas que nos puedan producir las bandas tributo, tiene al menos el detalle de reproducir, lo más fielmente posible, a la formación a la que homenajean. Desde las vestimentas hasta el maquillaje pasando por los distintos instrumentos e incluso los distintos manierismos de los Paul Stanley, Ace Frehley, Peter Criss y el mencionado Gene Simmons.
Vaya por delante que no soy el mayor fan de los originales. Aún así, disfruté en buena medida de una “God Of Thunder” que puso de relieve la cara más rocosa y rotunda de este agradable, divertido y fiel émulo de las leyendas estadounidenses. Con los escalones de por medio y aquellas plataformas imposibles, ya tiene mérito que el trasunto de Paul Stanley se atreviese a bajar frente al público. “I Was Made For Loving You”, piensa uno, bien merecía el riesgo de un inoportuno traspié. La gente, ya digo, disfrutaba de lo lindo. En especial cuando nuestro particular Simmons ejercía de maestro de ceremonias y realizaba un ensangrentado solo de bajo o se atrevía, literalmente, a jugar con fuego.
Y es que al final todo suma. Desde la pirotecnia que acompañó a algunos temas a clásicos imborrables, ya te guste la banda o no, como ese “Lick It Up”, de aquellos Kiss sin maquillaje de los años ochenta. Propios y ajenos gritaron “Shout It Out Loud” con ellos y todo cerró, no podía ser de otro modo, con “Rock And Roll All Nite”. Lo dicho, las bandas tributo siempre generan controversia pero, en honor a la verdad, cabe decir que la gente se lo pasó en grande.
Veinte faltan para la una cuando la iguana hace suyo el escenario del parque del Muelle de Avilés. Saratoga regresaban una vez más a Asturias y la expectación, como siempre, era máxima. Atruena la intro y luego todo deriva en una potente “A Morir”, con Tete pasando de agudos altísimos a voces rasgadas llenas de nervio. La más pretérita “Mi Ciudad” calmó el furibundo arranque. Y Tete aprovechó para insertar “Avilés” en los últimos estribillos. Niko, sonriente, ejercía de segunda voz como viene siendo habitual. Atrás y bajo la pantalla electrónica, Arnau brillaba en baterías durante “Ángel De Barro”, fácilmente una de mis favoritas de entre su ya larga trayectoria.
Me sorprendió no obstante la inclusión tan temprana de “Vientos De Guerra”. Saratoga emergieron entonces en su encarnación más cruda y heavy, valga la redundancia, y Jero aprovechó para confeccionar uno de los mejores solos de todo el set. El público, qué duda cabe, respondió en consecuencia. Es cierto que el escenario de La Mar De Ruido no da para mucho movimiento. De ahí que Tete Novoa no dudara en bajar y mezclarse con la gente en varios momentos del show. “Contigo, Sin Ti” no sería nada sin los buenos apoyos de Niko en coros. Y mientras que a término Tete enfrenta y juega con el público, en “Maldito Corazón” demuestran cómo de engrasados acudieron a la cita avilesina.
Sorprende de hecho la pesadez que desarrollan en “Morir En El Bien, Vivir En El Mal”, con Arnau muy firme en su desempeño. El corte puede palidecer en cuanto a relevancia con respecto a otros integrantes del tracklist. No obstante sirve para oxigenar y ampliar de paso su conocido rango de influencia. Buena la dupla que formaron frontman y bajista en sus últimas acometidas.
Llegaría entonces un marcado cambio de registro. Novoa pediría que encendiéramos las linternas de nuestros móviles y, bañados por su luz, engarzó “Lejos De Ti” con “Si Amaneciera” y procuró unos ciertos sosiego y calma a la descarga. El piano pregrabado de esta última fue uno de los pocos detalles no orgánicos de la banda a lo largo de la noche. Llegaría entonces el turno de Arnau en solitario, trazando un solo en el que parecía dejarse el aliento en cada golpe. Arrancó buenos aplausos de La Mar De Ruido y se confirmó como un músico a la altura de sus muchos antecedentes en el cargo.
De nuevo con la banda al completo, sería el momento de recordar uno de los cortes más exigentes de “Agotaras”, no otro que “Las Puertas Del Cielo”, para gozo absoluto de (al menos) unas primeras filas que llevaban a Saratoga en volandas. Ellos encararon una recta final, no exenta de los obligados agradecimientos, con otro corte no menos exigente de aquél mismo álbum de 2002: “Resurrección”. Muy bien Jero en el solo aquí y un Tete Novoa que no dudó en bajarse a la valla en el tercio final.
Del clasicismo de “Tras Las Rejas” al vigor de “Mi Venganza”, Arnau azotaba el kit como si le debiese dinero (y una suma importante, al parecer) y Saratoga seguían dando muestras de su versatilidad. Me agradó, además, que no renegaran de composiciones relativamente recientes a la hora de afrontar los bises. Porque ahí se yergue orgullosa “Como El Viento”, aguantando el tipo frente a sus clásicos de siempre. O la más juguetona “No Sufriré Jamás Por Ti”, con Tete y sus cuerdas vocales como si no llevasen a cuestas un set no poco exigente. Aguantó el tipo hasta el final y es de justos reconocérselo. Aunque a lo largo del show, y esto no cambia, alguno que otro todavía se acordase de quien fuera su antecesor en el puesto. Ajeno a estos dimes y diretes, Niko no perdió la ocasión de acercarse a la gente aquí. Ni de afrontar, ahora sí, la final “Perro Traidor”, final tan habitual para ellos como el “TheFinal Countdown” para Europe. Tantas veces discutidos y sin embargo siempre cumplidores. Saratoga, en definitiva.
Cuatro propuestas, no quisiera yo olvidarme de la buena gente de Incidencia Acumulada, como inmejorable acompañamiento a los sofocantes rigores que nos impuso la ola de calor. Mucha cara conocida, varias nuevas amistades y una crónica más en el zurrón. Poco más podemos pedir.
Agradecer a Béznar Arias en particular y La Mar De Ruido en general tanto el compromiso como las facilidades, a Mauro y Tumay (¡bienvenida a la brigada!) el apoyo logístico brindado y a la mucha y concurrida compañía los buenos ratos vividos. Vaya un abrazo grande y ya saben: nos vemos en el siguiente.
La 21ª edición del festival La Mar de Ruido que tendrá lugar el 15 y 16 de agosto en su habitual ubicación, el escenario situado en el Parque del Muelle de Avilés, desvela su cartel.
La jornada de viernes estará protagonizada por el retorno a los escenarios astures de Kiss Experience, Saratoga y los hard rockeros ovetenses Baja California. Este será el reparto de tiempos de la jornada:
Incidencia Acumulada 20:00 horas Baja California 21:00 horas Kiss Experience 22:30 horas Saratoga 00:30 horas
Como novedad esta edición contará con un segundo escenario, el Menéndez Stage, en el que a partir de las 20 horas actuará una banda local. El viernes Incidencia Acumulada, que cuenta con miembros de Madera Rock en sus filas y El Plan el sábado, que serán los encargados de amenizar el inicio de cada velada.