Un año más, el rock llenó kiosko del avilesino Parque del Muelle. La Mar De Ruido electrizó la tarde del pasado viernes con las descargas de Zernías, Ritual (tributo a Ghost) y los riojanos Tierra Santa. Tres propuestas bien diferentes que atrajeron a un público no menos heterogéneo. Al lado, conforme se sucedían los distintos cambios entre banda, el más modesto Menéndez Stage iba a contar con la presencia de The Hazers. Así pues, todo dispuesto para disfrutar de una buena jornada de rock and roll.
Zernías, nacidos a raíz de la banda Wolffather, tributo a Wolfmother que ya viéramos en este mismo escenario allá por 2023, prometían un rock con base en los setenta y letras en nuestro idioma. Al frente y con las manos en el teclado, Paula Lozano comandó en voces al cuarteto. Y lo cierto es que me sorprendieron. De una banda con tales credenciales claro que uno esperaba un sonido clásico. Pero que se presentaran el viernes cargados de repertorio propio, en lo que es (hoy en día) poco menos que un salto de fe, y además lo hicieran sonando tan redondos creo que habla a las claras de cuan sólidos son sus cimientos como banda.

Aún sin material editado, salvo despiste del abajo firmante, deslizaron un sinfín de influencias. Había riffs y pasajes que me recordaban a Triana. Alejandro Vega se hizo grande, con su impoluta Gibson, dibujando solos expansivos y sin complejos. Algo que, en los aciagos tiempos que corren para la demostración solista resulta de lo más refrescante. Después de que Paula presentara la formación, anunció “Donde Los Árboles Cantan” primero y dobló el solo con su compañero. Más adelante, virtudes del inalámbrico, se atrevió a pasear junto a la valla que separaba al público del escenario.

Puede ser un proyecto en su etapa más incipiente pero se vio alguna que otra camiseta de la banda entre la audiencia. Zernías, o con esa sensación nos fuimos, estuvo de lo más arropada el pasado viernes. Del tramo final del set llama mi atención “Espirales”. Alejandro, en palabras de la propia Paula, no quería tocar el tema en cuestión, pero lo cierto es que creo que les funcionó. A ratos mostraron algo más de nervio, llevándose a término una de las mayores ovaciones de todo el set. Entre composiciones elegantes, grandes destellos solistas y una voz bien cuidada, a buen seguro grabaron su nombre en el subconsciente de más de uno. Es el camino a seguir. Otras bandas, pensaba en los más extremos Totengott, también empezaron su andadura como banda tributo, en este caso a Celtic Frost, y producción propia mediante, en su género son hoy por hoy una de nuestras bandas más importantes. Los cimientos de Zernías están puestos, ahora toca edificar sobre ellos. Estaremos atentos.

En lo que Tobias Forge y sus Ghost se toman un pequeño descanso, han sido algo más de quince años con el acelerador a fondo, Ritual vendrían a rendir tributo a la formación sueca para gozo de una audiencia, en buena parte, bastante joven. Bromeábamos en los minutos previos a su concierto sobre el hecho de que, entre la gente, parecía haber más camisetas de los nórdicos que de la banda cabeza de cartel…
En cuanto a puesta en escena se refiere, la banda sigue con el mismo aspecto que en anteriores encuentros con ellos. Y en lo musical, desde que calcan el arranque del álbum “Infestissumam”, ya da la impresión de que la gente se lo va a pasar en grande. Tanto más si el sonido acompaña, como fue el caso. Tras el saludo a los fieles, iba a llegar “Cirice”, no sólo uno de mis riffs favoritos de la banda tributada sino, además, una de sus letras (los muy habituales dobles sentidos en las líricas de Forge) más lúcidas. La formación esconde un buen nivel técnico, que salta a la vista en el solo doblado de “Absolution”.

En esas estaba cuando una de las guitarras vino a incordiar el apacible desarrollo del set. La banda improvisó en lo que se solucionaba el entuerto, para finalmente encarar “Rats”, tremendamente coreada. Cuesta nada y menos subirse a tan lacónico estribillo, desde luego. Frente al escenario tuve la sensación de que cortes como “Elizabeth”, de aquél debut de 2010 “Opus Eponymous”, o “Zenit”, tal como dijo nuestro particular Papa “café para muy cafeteros”, pasaron algo más desapercibidas.

Y dio igual porque aquí la banda encaró un entretenidísimo tramo final, ese que arranca con una concesión al último álbum, “Lachryma”, y sigue con la siempre disfrutona “Dance Macabre”, la más oscura “Ritual” o la gozosamente herética “Year Zero”. Y aunque siento que la voz aguantó bien el tipo a pesar de máscara y abalorios diversos, bajando incluso a mezclarse con la gente en alguna ocasión, sí que tengo la impresión de que emular los distintos tonos que el propio Forge ha ido empleando con el correr de los discos (y los papas) pinta a tarea nada sencilla. En especial porque, y se ha cansado de repetirlo, ni siquiera el propio músico sueco se planteó nunca ser la voz de la banda, más bien no le quedó más remedio, tras ofrecerle el puesto a gente como Mats Levén o Messiah Marcolin o JB Christoffersson entre otros, y todos y cada uno rechazaran el ofrecimiento. Al final supo hacer de la necesidad virtud y a la vista están los resultados.

Pero volviendo a Ritual, el cierre (en el que eché de menos “Monstrance Clock”) divierte de lo lindo con “Mary On A Cross” primero y “Square Hammer” después. Más allá de pequeños inconvenientes y con las reservas que nos siguen produciendo las bandas tributo, lo cierto es que hicieron lo necesario para que pasáramos un rato de lo más ameno en La Mar De Ruido.
Llegaba el turno de recibir a los heavy metaleros legendarios Tierra Santa. La banda dispuso un amplio setlist que desarrolló sin grandes alardes en lo escénico. Ni tan siquiera una intro que generase un mínimo de expectación entre sus fans. Que los había y en buen número. No. Ellos atacan directamente con “Indomable” y dejan que sean sus canciones quienes hablen. Sin aditamentos de ningún tipo. Verdadera vieja escuela.

Y es que muy parco en palabras, viene siendo habitual en él, Ángel San Juan acometió el set con ese carisma tan especial. La banda, el año que viene cumple treinta años, paseó un repertorio de altura por tierras avilesinas. Y la gente lo gozó a lo grande con cortes como “Apocalipsis”. Fue el propio vocalista quien afrontó muchos de los solos de esta parte inicial del set. Servidor, situado cerca de las primeras filas, pudo comprobar de primera mano cómo la gente coreaba todos y cada uno de los estribillos, muchas estrofas y alguna de las melodías incluso. Una banda y a la vista está, muy querida por estas latitudes.
En “Sangre De Reyes”, Roberto Gonzalo (bajo) y Dan Díez (guitarra) tuvieron oportunidad de bajar a la valla y darse su particular baño de masas. Nos alegró ver con tan buen aspecto a Gonzalo, a quien la vida dio un susto de los gordos allá por el año 2022. Fuera por la canción en sí, o por el acercamiento de los músicos al público, lo cierto es que fue ésta una de las mejor recibidas de esta parte inicial del set. En “Tierras De Leyenda” Ismael se hace grande tras las teclas, procurando un colchón que lustra el conjunto en su punto justo.

En este punto de la noche agradecí la pequeña introducción de “La Sombra De La Bestia”, con ese aire más épico, para una composición con un inequívoco corazón Maidenesco. Avilés puso voz en grito en estribillos y la banda dio la sensación de estar perfectamente engrasada, muy segura del terreno que pisaba. Siempre ese heavy metal trotón, de corte muy clásico, con un gancho que, a la vista está, resiste el paso del tiempo, de las modas, de los vaivenes del negocio. En “Pegaso” Dan Díez está dibujando uno de sus mejores solos de la jornada. Tan gesticulante y cercano como siempre, supo meterse en el bolsillo a muchos de los presentes en La Mar De Ruido.
A Ángel le vimos algo más justo en esta parte central del set. Sin que ello andase cerca del desastre, ni mucho menos, pero supliendo cualesquiera fueran las carencias con ganas y entrega. En este punto me agradó cómo “El Canto De Las Sirenas” le cambió el paso al set. Más elegante, con más cuerpo en ese avanzar más tendido. Aquí Ismael tuvo un pequeño percance con el soporte del teclado, que solucionó cargando con él como si de un instrumento portátil se tratase. A la contra, “Drácula” concitó todos sus tics habituales. Un clásico de entre los clásicos para ellos y que fue muy bien recibida el pasado viernes.

El doble bombo de “Un Viaje Épico”, el solazo de Dan Díez en “La Leyenda Del Holandés Errante”, con el público coreando la melodía final, fueron dos de los buenos detalles que dejó esta parte central del set. Aquí, y toda vez Tierra Santa afronta “Alas De Fuego”, todo fue sobre raíles en lo que a selección de temas y no tanto en cuanto a sonido, que se iría enfangando precisamente en este tramo final. Sea como fuere, sus seguidores lo pasaron en grande igualmente.
Pero es verdad que sentí que buenos cortes de este tercio final como “El Laberinto Del Minotauro” resultaron algo deslucidos. Aquí hubo vítores hacia los riojanos, prueba de que los percances no eran tanto como me figuraba o que a la gente le dio igual. Sobre todo cuando dejan uno de sus grandes himnos, uno de los cortes que mejor les define, “Legendario”, y la comunión entre músicos y fans es total.

Ángel San Juan, muy parco en palabras durante toda la noche, toma entonces el micrófono para anunciar “una canción que habla de libertad. Eso que nacemos con ello y nos quitan nada más nacer”, que resultó ser “El Bastón Del Diablo”, y que el vocalista afrontó en alguno de los tonos más graves y vehementes que le recuerdo. Ni que decir tiene que el final correspondió a “La Canción Del Pirata”, aquella que musicaba el célebre poema de José de Espronceda, y que con el correr de los tiempos ha terminado convertida en santo y seña del quinteto riojano. Un final no por previsible menos celebrado. Al contrario. Y aunque sea verdad que siempre contemplo los conciertos de Tierra Santa un poco desde la barrera, de perfil, que es una banda que nunca me enganchó del todo, de justos es reconocer que estuvieron a la altura y sus fieles lo disfrutaron en consecuencia.
A muy grandes rasgos, esto es todo cuanto dio de sí la jornada del viernes de La Mar De Ruido en su edición de 2026. Para el anecdotario privado queda mucho de cuanto ocurrió antes, durante y después de lo aquí relatado. Charlas, bromas, alguna que otra confesión y una jornada que, salvo pequeños incidentes, se desarrolló dentro de los márgenes esperados.

Mandar un sincero agradecimiento a la organización del evento por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, mandar un saludo a la nutrida y agradable concurrencia y un gran abrazo al bueno de Txenry (Piratas De Libertalia). Como siempre ya sabéis: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz