El guitarrista Jack Moore recalará en las instalaciones de la Asociación Músico Cultural Bocanegra el sábado 1 de agosto inmerso en una extensa gira estatal denominada «Moore Plays Moore» en la que el hijo del legendario Gary Moore interpretará temas clásicos de blues y rock del malogrado músico irlandés acompañado por el vocalista Quentin Kovalsky.
La gira que contará con paradas en Zaragoza, Madrid, Burlada, Sarón y Barcelona rememorará el legado de uno de los más grandes guitarristas de la historia a través de temas imprescindibles como «Still Got The Blues«, «Midnight Blues«, «Parisienne Walkways«, «Texas Strut» o «Walking by Myself«.
El pasado viernes 5 de junio acudí a la final del segundo Concurso Pop-Rock Villa de Gijón «Rock Gijón«, rebautizado como «Premio Alberto Toyos» (en recuerdo del mítico locutor de radio asturiano, fallecido el año pasado), en la antigua plaza de toros, a su vez rebautizada como Gijón Arena. Organizado por Rafa Caballero, Christian Carrio, Divertia y Nómadas en Acción Multiproducciones, para apoyar y dar visibilidad a nuevos proyectos musicales, y tras tres semifinales previas, llegábamos a la gran final, en la que los rockeros Ribanos y los algo más poperos Milana Bonita rivalizarían de forma amistosa para ganar los generosos premios de la noche: aparte de llevarse cada uno un buen premio en metálico, los vencedores (que luego desvelaré) tendrán el privilegio de participar en los populares conciertos de la programación del «Verano de Gijón/Xixón». Al atractivo de presenciar esta final se añadía la actuación final de un grupo histórico del rock nacional, los madrileños Burning, celebrando sus más de 50 años de carrera.
La entrada era gratuita en la plaza de toros reconvertida en sala de conciertos, con una moderna y elegante decoración, y con algunos puestos para poder cenar y refrescar la garganta. Bajo la carpa transparente, un gran escenario profusamente decorado recibía a Begoña Natal, locutora de Cadena SER Asturias, la maestra de ceremonias de esta noche. La informadora asturiana recordó enseguida a Toyos, detalló la lista de organizadores y participantes, y los premios a repartir.
Solo 5 minutos después, aún a pleno sol, salían los luarqueses Ribanos, envueltos en una intro que dio paso a una tremenda descarga de energía y electricidad. Los hermanos José (guitarra) y Roberto Ribano (voz y bajo), y Rubén Mol a la batería, comenzaron dando una lección maestra de rock n’ roll en estado puro, con temas como «Poderosa Canción«, y se inclinaron más hacia el blues con «Trae Contigo Tu Amor«, una curiosa versión traducida del legendario tema «Bring It On Home To Me» de Sam Cooke. Cayeron después algunos temas de su disco homónimo, como su single «Doble O nada«, la áspera «No Lo Soporto«, o el tema de su videoclip «Vamos a Cuba«, por citar algunas.
En mitad del intenso «Dos Estrellas» se presentaron, empezando por Rubén «la ametralladora», que había solventado algunos problemas en su batería. Y, tras 40 minutos de gran entrega, finalizaron con mucha fuerza, con «La Soga«, agradeciendo a todo el equipo organizador y técnico. Fue una actuación muy interesante, con muchas partes instrumentales, demostrando que son músicos de alta calidad, mucha actitud y mucha potencia en la batería y en el bajo, y con extensos solos de guitarra afilados e intensos, además de letras inteligentes y actuales. Parecían posibles ganadores, pero aún faltaba ver a la segunda banda.
Milana Bonita sacó a su amplia formación y todo su arsenal para competir por la victoria. Todos demostraron también una gran actitud, destacando Ana Belén León en la voz principal, Diego Fernández en la guitarra e Isaac Alonso en los teclados. Tras una intro atmosférica, empezó la acción con la rítmica “Ave Tropical”, mostrando ya ganas de pasarlo y hacer pasarlo bien. Y ya con un gran protagonismo del teclado, por encima de otros instrumentos.
Después siguieron cayendo los temas de su disco, también homónimo, como “Abril” (muy popero), “Ruido”, “Arder” (donde la guitarra de Diego cobraba algo más de protagonismo), “Y Tú Aquí” y “La Marea” (dedicada a sus fans y amigos más fieles). En “Bailando” Ana recordó que solo tres chicas habían participado en el certamen y reivindicó el papel creciente de la mujer en el mundo del rock, y “Desierto” sonó sensual y atmosférico. Tras presentar a la banda y agradecer a la organización y producción del evento, se despidieron con sus dos singles, “Dardu”, cantado en asturiano, muy tradicional e intenso, y “Humo”. Fue una apuesta muy moderna y actual, el rock se renueva, aunque sea sonando más pop.
Begoña Natal volvió al escenario con Oliver Suárez, concejal y presidente de Divertia Gijón, y tras dar unos minutos más de deliberación al jurado, compuesto por profesionales de la escena musical, y a las bandas para reunirse a su lado, se anunció quién ganaba. La espera se amenizó con un emotivo vídeo homenaje a Alberto Toyos, el gran comunicador y promotor de la escena musical asturiana, fallecido hace un año.
Después, “basándose en criterios de calidad, innovación, creatividad, puesta en escena, proyección dentro del sector y gestión”, Milana Bonita fue la triunfadora de la noche, y recibieron su gran cheque ganador, con aplausos de todos los presentes. Desde aquí les felicitamos por su victoria y les auguramos un brillante futuro. Por ahora, tienen un concierto más garantizado, el que darán en las fiestas del “Verano de Gijón”. Y también felicitamos a Ribanos, por su gran actuación, brillante también.
Y llegó el momento que todos esperábamos. Le tocaba el turno a Burning, que salían con tantas ganas que saludaban ya cuando aún no les habían encendido las luces. Arrancaron su repaso de rock urbano, callejero, macarra y hasta algo descarado, con “Jack Gasolina”, y le siguieron éxitos perdurables como “Algo Está Ardiendo”, “La Bestia Azul” y “Eres Para Mi”. Y Johnny Cifuentes presentó a media banda: Josete Blanco al bajo, Nico Roca en la percusión, Miquel Ferrer en la batería… y dejó a los demás para después, que son muchos.
Siguieron regalando un himno tras otro, con “No Pares De Gritar”, la emocionante “Tú Y Yo”, “Weekend”, “Las Chicas Del Drugstore” (en el que hubo un buen diálogo entre voz y guitarra), “Coge La Onda”, y Johnny siguió presentando: David Pérez al saxo, Dani Álvarez a la guitarra ritmica y, por supuesto, su querido Nico Álvarez en la guitarra solista. “Como Un Huracán” fue un precioso recuerdo al añorado Jorge Martínez (Ilegales) y a quienes ya no están, seguido de “Sé Cómo Vivir, No Cómo Morir”, la versión de The Rolling Stones “Star, Star” en castellano, “Dejarlo Que Sangre”, “Muévete En La Oscuridad”, “Esto Es Un Atraco”, y “Mueve Tus Caderas”, manteniendo a todo el público loco y contento, bailando sin parar.
Como si fueran Cenicientas modernas, justo a medianoche se fueron corriendo, pero volvieron enseguida con la insuperable traca final: “No Es Extraño Que Tú Estés Loca Por Mi”, la pegadiza y popular “¿Qué Hace Una Chica Como Tú En Un Sitio Como Éste?”, “Una Noche Sin Ti”, y se despidieron tras casi dos horas ininterrumpidas, siempre jaleados por un público enfervorecido, en su mayoría sus fans de toda la vida, pero también nuevos seguidores más jóvenes. Es normal, con un Johnny imparable, un frontman con una actitud admirable e inagotable que vivía el concierto y cada canción con la misma ilusión de hace 50 años, que disfrutaba en su teclado e interactuando con sus fans, con gestos cariñosos y hasta pícaramente obscenos, en buen estado físico y vocal, el diablo sabrá por qué. Es normal, si va acompañado de una banda muy cohesionada en una forma, actitud y entrega (calidad y profesionalidad aparte) excepcional, sin divismos ni protagonismos mal entendidos.
Nico Álvarez, “el Keith Richards español”, brilló tocando y moviéndose a un nivel superior. Y el acompañamiento del resto de instrumentos fue excepcional, incluso con una percusión y un saxo poco habituales en nuestros grupos de rock, pero que hacen que cada canción suene mucho más completa y agradable. Más de cinco décadas de actividad no han frenado al veterano rockero madrileño, que ha sabido renovar su banda para seguir estando en lo más alto, y además dando aún shows magníficos, esperamos que por muchos años más.
Por todo esto, agradecemos a las bandas su gran entrega y participación, felicitando a los ganadores, y a toda la organización del evento, por su maestría y brillantez, no puedo ponerle pegas a nada. Y también agradezco mucho a los técnicos de Tunguska, que me dieron todas las facilidades para poder hacer esta crónica.
Pocas citas van quedando ya en salas pero el fin de gira de Argion llevaba tiempo marcado a fuego en nuestras agendas. A los chicos, que acudieron en compañía de los vallisoletanos Xeria, los recibió una calurosa y abarrotada Sala Gong, recinto que empieza a quedarse pequeño para una banda como esta. Algo estarán haciendo bien.
Algunos minutos antes de la hora prefijada, no había un segundo que perder, un baño de luces led recibe al cuarteto vallisoletano Xeria. Metal sinfónico, cierto que sobre mucha pista pregrabada, pero que supo conectar con la gente en primeras filas. “Una Lágrima Más”, de hecho, deja un buen aporte solista por parte de Carlos Z. Es él quien traza el buen riff en que se apoya “Mi Reina”, al tiempo que Marina Sweet sacó algo más de garra en el epílogo.
Ya digo que implementaron una buena tanda de pistas pregrabadas, pero diría que, en líneas generales su sonido tendió a bueno. No costaba distinguir cada elemento y entendíamos perfectamente a Marina mientras cantaba. Tras asegurar que tenían ganas de volver, ya les vimos aquí mismo acompañando a Celtian en enero del pasado año (crónica), al tiempo que aprovecharon a mandar un agradecimiento a Argion por pensar en ellos para tan especial cita. Lo que me gustó fue el mayor brío que desplegaron en “Edén”, uno de esos temas que se magnificó en su traslación al directo.
Con un último disco de 2024, “Fuego” (reseña), esta es una banda que ya mira al futuro. “Arena Entre Los Dedos”, que confronta su cara más leve con buenos detalles en lo técnico, culmina en otro buen solo de Carlos Z. Era estreno, aseguró Marina Sweet, y lo cierto es que les funcionó. Ella supo recoger esa conexión con el público (de todas las edades, pero con mucha cara joven) y usarlo para aupar una buena interpretación de “Fuego”, llevada por el calor del público, y donde confrontan su cara más heavy con la más melódica. El tipo de metal que hacen puede gustar más o menos, incluso el modo de llevarlo al directo, pero saben muy bien cómo jugar con los contrastes, cómo construir canciones que enganchan al público. Y la del sábado fue una descarga que habló bien en este sentido.
Y es que “por muy oscura que sea la vida”, afirma Marina, “La luna siempre brilla”. Pudo ser este el estribillo que mejor les funcionó de todo el set. Ella, sentada en uno de los podios al final, quiso ser partícipe de ese calor. “Que a la música no se le puede poner ninguna mordaza”, exclamó. Y tenía razón. Es una banda de mensajes siempre positivistas, como lo es la letra de “Contra Las Estrellas”, donde quien brilla es un seguro César Manjarrés tras baterías. “Tienes Miedo” echaría finalmente el cierre, con una Marina Sweet de lo más convincente al micro y Carlos Z soleando a puro tapping. Agradaron a un público muy por la labor…
… y que recibe de muy buena gana a los chicos de Argion. El quinteto, ya con Richard de la Uz plenamente integrado dentro de su disciplina, despedía su actual tour con la seguridad que da todo el camino recorrido por Pablo Suárez y compañía desde aquella tarde de 2024 (crónica). Diversos estandartes adornan los pies de micro. Un gran telón adorna el fondo. Y tres podios dominan la parte frontal del escenario. En cada uno de ellos, una palabra: Sois Nuestro Pilar. El arranque de set no podría resumir mejor al tipo de banda que son: power metal muy trotón, con Miguel Pérez volando tras los parches y Pablo ayudando en coros primero, doblando solos con Sergio Bernardo después. “Un Largo Viaje” muestra de entrada unas melodías llenas de gancho. Estaban sonando redondos, ya en estos primeros envites, y la sala supo responder a esa entrega, algo que ejemplifica el grito final que acomete Richard de la Uz. “En Argion contamos historias”, aseguró el vocalista, “como esta de la ciudad eterna”. Aquí alternan su habitual power histórico con dejes más pesados. Un reino de contrastes en el que se hacen fuertes. Un público entregado, Richard brillando en voces y Miguel dejándose la piel al final. El rodaje de todos estos años se nota. Vaya si se nota.
“El Juicio Final”, con esa intro a lo “Torquemada”, propulsa a los asturianos sobre otro buen estribillo y la seguridad de saber que todo estaba saliendo a favor de obra. Estupendo solo de Sergio aquí, por cierto. La vida son etapas, aseguró Richard. Para abrir una, hay que cerrar otra. “Por eso quiero dedicar esta canción a los animales que siempre están junto a mí”. Corte editado allá por noviembre de 2025 pero que, de parte del público, recibe tratamiento de verdadero clásico. Una de esas que parece haber llegado para quedarse.
Fue aquí que llegó el turno para el primer invitado de la noche. Y es que allá que se subió Manu Roz (“grande en todos los sentidos”) de Baja California para ayudar a recuperar “Melina” de Camilo Sesto y, sin abandonar del todo su cara más heavy, insuflarle una mayor melodía al set. El nervio regresaría, clavicordio mediante, con “La Orden”. Un registro este en el que parecen del todo cómodos y que, además, sirve para exhibir algo más de músculo en lo que a técnica se refiere. Como ese pequeño escorzo del bajista Iván Canedo durante el puente. Con “Anne Bonny” le llegaría el turno a Marina Sweet, quien volvió sobre las tablas para uno de esos temas que siempre caen de pie en los shows de Argion. Buen solo de Pablo al tiempo que Richard ondeaba la bandera de su pie de micro sobre nuestras cabezas. Fue antes de mandarnos al suelo, poner a prueba las articulaciones de los más talludos (culpable, señoría) y plantar unas cuantas sonrisas otros tantos rostros.
Luego Pablo tomaría el micro para dedicarle la siguiente a todos cuantos le ayudaron en sus momentos más difíciles. Su banda, los primeros, y una buena ristra de nombres después. A todos, agradecerles que cuidaran de él y así, egoístamente, poder echar un buen rato con su banda como lo echamos el sábado. La sala respondió vitoreando su nombre. Algo tiene el chaval para haber caído de pie en una escena, la asturiana, tantas veces llevada por celos y envidias de todo pelaje. “Prisionero Del Tiempo” sirve, además, para cambiarle el paso al set y darle un pequeño respiro a la banda. El propio Pablo dibujó un buen solo aquí y el público acompañó a palmas en la parte final. Había que estar en la sala el pasado sábado para ver lo mucho que han crecido de la pandemia para acá. Palabra.
Así las cosas, “Soldado Errante” nos devuelve una banda más clásica y funcional, donde Sergio volvería a hacer de las suyas desde su Ibanez roja. Después Iván tomaría el micro para anunciar una sorpresa. Quienes habían apostado a la venida de Víctor García a la Gong resultaron finalmente ganadores. El público vitoreó a la voz de WarCry mientras él, tablas le sobran, pidió que dichos vítores se dirigieran a los propios Argion. Así, a dos voces, enfrentaron “Águila De Sangre”, a estas alturas uno de los cortes definitivos de los asturianos. Para cuando llevamos una hora exacta de set y atacan con “Mi Héroe”, Richard está aguantando más que bien el tipo.
Pero ellos no podían irse sin que fuéramos nosotros quienes cantáramos. Ni sin que oyéramos el violín de otro de los invitados, Txus Borao de Celtian, que acompañó a los chicos en “Sobre El Mar”, quizá una de sus canciones más indiosincráticas. El cierre, no podía ser de otra forma, fue para “Fuerza y Honor”, con Richard de la Uz llevado en volandas, literalmente hablando, por buena parte de la sala Gong, Broche definitorio a la buena noche de metal que nuestras retinas acababan de registrar. Son Argion. Y cuentan historias.
Lo cierto es que se dio bastante bien. Xeria cumplieron perfectamente su papel y Argion dejaron muestras de lo mucho que han crecido en los últimos tiempos. El futuro, a tenor del ambiente que se respiraba el sábado, parece muy dulce para ellos. Que tengan seguros, vallisoletanos y asturianos, que en la medida en que las circunstancias nos lo permitan, estaremos ahí para dar fe de sus andanzas.
Por nuestra parte nada más. Mandar un saludo a sala y bandas por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica y otro tanto a los habituales de siempre. Nos vemos en el jueves en Zamora.
Desde Arizona vía ITP Promotions la mítica formación thrash Flotsam & Jetsam recalará en nuestros escenarios en el mes de noviembre, incluida parada en Asturias.
Jueves 19 de noviembre – RCA Club (Lisboa) Viernes 20 de noviembre – Sala Rebullón (Mos) 21 de noviembre – Stage Four (Avilés) 22 de noviembre – Urban Rock Concept (Vitoria) 23 de noviembre – Sala La Nau (Barcelona) 24 de noviembre – Sala Rock City (Valencia) 25 de noviembre – Sala Revi Live (Madrid)
Con 4 décadas de trayectoria en su haber presentarán su próximo álbum de estudio «Rats In The Temple«, que verá la luz el 28 de agosto a través de Napalm Records. Su parada en Asturias será testigo del retorno a la actividad musical orientada al metal de la sala Space Four, antigua Quattro, epicentro de los conciertos más recordados en la región.
Punto y final al actual ciclo de conciertos de la Factoría Sound con la venida de los barceloneses Saturna, quienes pusieron un broche de orgulloso rock clásico con un set conciso y sin aditamentos. En formato cuarteto, sin más apoyo que la portada de su último álbum “The Reset” proyectada a sus espaldas y muchas, muchas ganas de agradar.
Aunque el arranque de set que proponen, a buen seguro jugó con las expectativas de más de uno. Si alguien esperaba un inicio palpitante, ellos proponen una calmada introducción, con ciertos ecos del “Child in Time” de Deep Purple, bordean luego una cierta psicodelia y se decantan finalmente por un blues de lo más ortodoxo. Diablos, y esto apenas hacía que comenzar. Bullían las guitarras de Max Eriksson (The Mothercrow, Lucifer) y James Vieco en un cuidado ejercicio de estilo. Luego en “Get Over” sí que irrumpe esa faceta más vibrante, me costaba evadirme de unos Judas Priest de la primera mitad de los setenta, demostrando en apenas unos pocos minutos cómo de amplia es su paleta sonora. Todo resulta, huelga decirlo, tremendamente orgánico. Sin trampa ni cartón, sincero y real. Apegado a la más elemental de las esencias.
Sin embargo la voz de Vieco, en ciertos momentos, recordaba al tristemente desaparecido Chris Cornell. Aquella es una pérdida de esas que se dicen irreparables. Saturna, que en “Few Words” tienen uno de los mejores cortes de su último largo, aciertan en la traslación al directo con una inestimable labor de Enric Verdaguer tras baterías. También de Eriksson, quien firmaría otro fino solo aquí. El sonido, además, era el de las grandes citas y, poco a poco, la gente fue entrando en el juego del cuarteto. En “Black Purple” incluso se atreven a exhibir un mayor músculo. Fuertemente armado sobre uno de mis riffs favoritos del set, me pareció estar viendo a una gran versión de la banda. Luego las luces de la Factoría Cultural bañan a los chicos en luz verde al tiempo que ellos emergen con un deje más a la Black Sabbath, fluctuando entre el proto-doom y un rock de tintes desérticos. De nuevo buenos solos de Eriksson & Vieco aquí. Su paleta sónica seguía creciendo.
Pero mentiría si dijera que la Factoría pareció recibir de mejor grado el rock más vivaracho de “Into the Sun”, que me llamó profundamente la atención, lo que son las cosas, por ese puente más lisérgico y alucinado que lo atraviesa. Es una banda cuyas composiciones no siempre parecen seguir el rumbo inicialmente marcado y realmente les aprecio por ello. En lo que Eriksson se colgaba una desvencijada Fender rojiblanca, nos dejan “Your Whimsical Selfishness”, otra de las grandes ofertas de su último álbum, con un Vieco más Cornell que nunca. Sería precisamente él quien nos anunciara que, si todo va como debe, en septiembre deberíamos tener nuevo disco de Saturna. Tras lo visto y oído el viernes, contando los días. Por el momento nos tendríamos que conformar, es un decir, con regresar a “The Reset” para que nos dieran en la cara con “A Way To Reset”. Otro gran riff y una vuelta hacia su cara más cenagosa que les funcionó a los de la Ciudad Condal.
Siguiendo por esa senda más arrastrada, Vieco vaga por el escenario en “Smile”. De lado a lado. De hecho diría que denoté su mirada algo perdida mientras encaraba los primeros versos. Entre él y Eriksson armaron otra de mis secciones solistas favoritas de la noche. Fundamental toda la noche pero especialmente en este rock más telúrico el precioso Rickenbacker de Rod Tirado. Sentía que estaban a un nivel altísimo. Sensación que se acrecentó por el rush final del set, ese que acoge “The Never Ending Star”, tremenda aún perdiendo las teclas que acompañan a la versión de estudio, o cuando se lanzan a por todo un “Whipping Post” de The Allman Brothers Band, desatando una eclosión solista final que la Factoría disfrutó con no poco gozo. Despedirse, como lo hicieron, con un par de nuevas composiciones, creo habla y no mal de la fuerte personalidad que poseen. Irrenunciables. Futuras visitas por su parte quedan marcadas a fuego desde ya en nuestros calendarios. Palabra.
En cualquier caso, un gran cierre al presente ciclo de Factoría Sound. Una sala que presentó una buena entrada (el propio Vieco agradeció que fuésemos más que en su anterior visita asturiana) y un público que vibró con el cuarteto. “Otres diez” pedían algunos. “Son tan buenos que jode”, exclamó alguien a mi espalda. La gente se fue satisfecha, doy fe. Aún con la resaca de la hora y pico de rock que nos regalaron, no puede uno por más que pensar en ese álbum que debería ver la luz tras los rigores estivales. Mientras llega, vaya un saludo a la concurrencia habitual, a la propia banda y a quienes pusieron de su parte de cara a la confección de esta crónica. Nos vemos en el siguiente.
La formación hard rock australiana Wolfmother regresa a nuestros escenarios en el mes de julio para celebrar el 20º aniversario de la publicación de su ópera prima. La banda liderada por Andrew Stockdale ofrecerá 7 conciertos en España repasando sus grandes éxitos y los clásicos del mencionado disco aniversario, en una gira imprescindible para fans de varias generaciones.
Como punto álgido del tour abriendo para ZZ Top en Pamplona, compartirá escenario con el combo stoner punk Mapogos en Barcelona y Ciclonautas en el resto de la gira.
Nueva visita de la banda de celtic punk The Rumjacks a la península, presentando los temas de su último trabajo discográfico «Dead Anthems«, con parada en la ovetense sala Gong que, pese a estar en las lindes de los estilos musicales cubiertos por esta casa, no nos quisimos perder.
Formados en Sídney (Australia), en 2008, The Rumjacks se han consolidado como una formación puramente internacional en la que militan músicos australianos, italianos o estadounidenses. Sus enérgicos directos, caracterizados por fusionar ska, punk y folk con música tradicional irlandesa, folclore australiano e himnos de taberna, los han llevado a recorrer Europa con frecuencia. De hecho, apenas ha transcurrido un año desde su última visita en este mismo escenario, y ya han pasado casi diez años desde que pisaron por primera vez la capital del Principado, actuando en aquella ocasión en La Lata De Zinc.
Con algo de retraso sobre la hora prevista, a las 21:15 horas suena la intro mientras la banda asaltaba las tablas. Ante un imponente telón de fondo con el logotipo del grupo, tomaron posiciones: Mike Rivkees (voz, tin whistle, guitarra acústica), Gabriel Whitborne (guitarra, coros), Pietro Della Sala (batería), Adam Kenny (mandolina, bouzouki, banjo, coros), Johnny McKelvey (bajo, coros) y Kyle Goyette (acordeón, coros), respaldados por su propio técnico de sonido desde el lateral. Mi primera inquietud fue cómo lograrían desplegar semejante arsenal humano e instrumental en el reducido espacio de la sala Gong. Sin embargo, cualquier duda se disipó tras los primeros acordes: el sexteto funcionó como una maquinaria perfectamente engrasada, donde cada músico defendía su espacio y permutaba posiciones con dinamismo.
El arranque fue demoledor con “Come Hell Or High Water”, guiada por un riff veloz y un ritmo casi marcial dictado por la batería de Pietro. Acto seguido enlazaron con “Kirkintilloch”, cuyo estribillo comenzó a calentar las gargantas del respetable; ambas cartas de presentación de su nuevo disco. Tras estos primeros envites quedó claro que, al margen del calor ambiental, la velada exigiría sudor: los primeros y tímidos pogos no tardaron en estallar en el centro de la pista. Al frente, Mike Rivkees derrochaba actitud y magnetismo, alternando su labor vocal con el uso de diversos instrumentos de viento de forma ágil y contundente.
Antes de dar paso a la ya clásica “A Fistful O’ Roses”, Johnny McKelvey espoleó a la concurrencia: «Es sábado por la noche y estamos en una jodida fiesta; ¡quiero veros bailar y correr!». La sugerencia se acató como una orden. La intensidad de los bailes se multiplicó de inmediato y la locura colectiva continuó con “Smash Them Bottles”, corte donde el banjo de Adam Kenny asumió el protagonismo con un ritmo frenético que invitaba al descontrol.
La exaltación era aún más palpable en las primeras filas, con algún espontáneo queriendo abrazar a los músicos e incluso ofreciéndole de fumar a Adam Kenny, quien, con algo de reparo en un primer momento pero agradeciéndolo más tarde, aceptó. Mientras, los pogos y los bailes eran constantes en el centro de la pista. El sonido quiso jugarles alguna mala pasada y, en numerosas ocasiones, sufrían microcortes que silenciaban las PA; aun así, gozaron de una más que notable calidad.
Continuaron con “Bullhead”, “Through These Iron Sights” y “Sainted Millions”, tres piezas clave de «Hestia» (2021), del que darían un buen repaso: hasta ocho temas interpretarían del mencionado disco. Estas composiciones más antiguas competían en igualdad de intensidad con novedades como “Father’s Fight”, momento en el que Mike exigió un «jodido circle pit» que convirtió la pista en un torbellino
Rivkees gobernaba el escenario combinando con destreza vocal e instrumentación, saltando de las flautas a la guitarra acústica en transiciones impecables, secundado por las cuerdas tradicionales de Adam Kenny. Las canciones de taberna se sucedían sin tregua, provocando que el público coreara cada estrofa. El clímax llegó con el que probablemente sea su himno más célebre: “An Irish Pub Song”. El adictivo riff de flauta irlandesa desató los bailes y pogos aún más salvajes.
Sin levantar el pie del acelerador, mantuvieron el ritmo endiablado con otra de sus composiciones recientes, “Lizzie Borden”, una pieza de corte narrativo sobre una joven que asesina a su familia con un hacha. Aquí, el banjo y la mandolina sostienen el peso melódico, dotando al tema de una atmósfera de balada criminal acelerada.
La tregua llegó de la mano de “Rhythm Of Her Name”, el pasaje más templado del setlist. Rivkees aparcó las flautas para empuñar la guitarra acústica y regalarnos una interpretación sumamente emotiva, impulsada de fondo por el latido incesante de la batería de Pietro. Esa línea melancólica pero vigorosa continuó con “An Irish Goodbye On St Valentine’s Day”, un corte que, a pesar de relatar un desamor, mantiene las pulsaciones altas gracias a su vibrante barniz de fiesta folk. En este ecosistema, el acordeón de Kyle Goyette es un pilar fundamental: engalana las canciones con elegancia y refuerza el genuino aroma tabernero.
Johnny volvió a tomar la palabra para evocar aquella primera visita a Oviedo en una pequeña sala a la vuelta de la esquina. Aseguró que la razón por la que siempre regresan es la notable respuesta de su público y agradeció la fidelidad mostrada a lo largo de esta década. Acto seguido, la banda encaró un vibrante medley que arrancó con “Uncle Tommy”, encadenando sin pausa hasta cuatro temas donde las armonías vocales se convirtieron en las absolutas protagonistas.
El tiempo volaba a una velocidad de vértigo. La recta final se divisaba en el horizonte cuando el vocalista presentó a los miembros de la banda y arrancaron los primeros compases de “Across The Water”, impregnada del inconfundible aire marinero que aporta el acordeón. En ese instante, un asistente no quiso dejar pasar la oportunidad de coronar la noche: se subió al escenario para abrazar uno a uno a los músicos y se lanzó de espaldas al público para marcarse un épico crowd surfing por toda la platea.
Mike seguía reclamando circle pits y la audiencia respondió con creces: corriendo, chocando y bailando sin tregua. La descarga continuó con la combativa e imprescindible “Hestia”, donde la mandolina volvió a reclamar su sitio en primera línea. A esas alturas el sudor empapaba el recinto e inundaba las tablas del escenario, provocando algún amago de resbalón que obligó al técnico de sonido a abandonar la mesa unos segundos para secar el suelo.
Johnny preguntó si teníamos ganas de más, consiguiendo una clamorosa respuesta antes de enfilar la muy celebrada “Light In My Shadow”. El público parecía no querer quedarse con una gota de sudor en su cuerpo y los acompañó con pogos cada vez más intensos jaleándolos, cuando se retiraron del escenario, pidiendo más.
The Rumjacks no se hicieron de rogar. Tras un breve respiro, regresaron a las tablas para interpretar “Goodnight & Make Mends” una pieza de tinte nostálgico con sabor a despedida. Fue entonces cuando aconteció uno de esos imprevistos que engrandecen el directo: Gabriel rompió una cuerda de su guitarra. Lejos de detenerse, continuó la ejecución con cinco cuerdas para enlazar con la festiva y tradicional “I’ll Tell Me Ma!”, coreada a pleno pulmón, que sirvió de broche de oro a una actuación breve —poco más de una hora— pero intensa y llena de energía. Se despidieron invitándonos a pasar por el puesto de merch, donde dieron muestras de su cercanía y cariño al público astur.
En definitiva, una gran noche de fiesta en la que perfectamente te sentías transportado a esas tabernas irlandesas donde las pintas de Guinness corren a raudales y la música invita al baile y la celebración. Solo queda agradecer a la promotora HFMN Crew y a la sala Gong por las facilidades brindadas, además de enviar un saludo especial a mis acompañantes que nunca fallan. Que nunca nos falten noches como esta. Nos vemos en la siguiente; hasta entonces, salud y rock and roll.