Tras debutar en 2018 con un primer largo de nombre “A Reason To Exist” y continuar con aquél “Under Control” del que diéramos buena cuenta allá por 2020, por fin tenemos de vuelta a los chicos de Apotropaico: Manuel Guerra (batería), Iván Tamarit (guitarra), Teo Mochen (bajo) y Pablo Kiaro (voz). “Reborning” se grabó en Ibiza a lo largo del verano de 2023 por el propio Tamarit, a excepción hecha del par de bonus que cierran el Ep, grabados en el Antiestudiopro en 2022. Con mezcla y master de Artem Efimov en el Red Ghost Studio de Kiev (Ucrania) a excepción hecha de “Scars”, el cual sería mezclado y masterizado por Omar Gisbert en los Magrana Studios, se encuentra en la calle vía Demons Records desde el pasado dieciséis de noviembre.
“Anger Slice” engancha desde el retorcido prólogo hasta el brío de las primeras estrofas con un metal orgánico y funcional. De producción crujiente pero que no desestima en pegada mientras se arrima a unas líneas de voz muy a la americana. Metal con un pie en las escuelas más clásicas y otro, más disimulado, en las más contemporáneas, que transgrede expectativas gracias a un buen trabajo tanto de escritura como de ejecuciones. Buen síntoma que Apotropaico parezcan seguir donde lo dejaran con aquél interesante “Under Control”. La sección solista primero y el epílogo después arrastran un pulso casi cercano al thrash para que todo confluya en un corte inicial competente y con gancho.
“Beer ´N´ Mosh” parece recoger ese guante thrash de su predecesora para reconducir hacia un metal que, si bien mantiene ese nervio más marcado, reduce tiempos y comprime estructuras cara a desplegar la cara más inquieta de los ibicencos. Fugaz como promesa de político, poco más de dos minutos y medio, pero coronada igualmente por un buen solo en su parte final dueña de no pocas razones para darles más que buenos réditos en directo. La disfruto más con el corazón que con la cabeza.
Me gusta la forma en que “My Name” va transformando los ritmos vivos del prólogo en un metal rugoso y pesado, tan deudor de Pantera como de Exodus o Testament. Y si bien a ratos echo en falta a un Kiaro más encabronado, que deslice algo más de mala baba, en cualquier caso me agrada este metal a ratos vibrante y descosido. Atractivo, sugerente incluso, el solo con el que Tamarit adorna el tronco central y eficaz esa mayor pesadez que implementan durante el epílogo. Que sin llegar a ser puro breakdown, sí arrastra cierta querencia por el crujir de cuello con pie a tierra. Solvente.
Kiaro canta altísimo en ciertos momentos de una “The Trucker” que viene en parte a recuperar aquél trazo más retorcido y laberíntico que impulsaba al tema apertura. Hay otra gran labor de Tamarit aquí. Quizá no tanto en solos pero desde luego sí en riffs. Me funciona esa base rítmica por cómo gana en presencia, acertando a la hora de coser primero y dar empaque después a las líneas de voz, como digo, más peculiares de todo “Reborning”. Fácilmente mi favorita de las siete.
“Premium Vivere” da inicio arrimándose con descaro hacia posiciones más lentas y arrastradas, con un cierto deje a los Slayer del “Seasons In The Abyss”. Por ahí me agrada la forma en que se las arreglan para sonar más personales. Si bien abren un paraguas que a ratos me recuerda a lo más granado del thrash alemán, Kiaro despliega aquí el mal café que eché en falta allá por “My Name”. Tamarit aprovecha el paso tan marcado del puente para situar un solo más que correcto y, al final, el corte da cierta sensación de corrección. Sin dobleces, tampoco sin sorpresas, coronado eso sí por un estribillo nada vulgar.
Para el final quedan el par de bonus: “Trapped” es, no obstante, el corte más ambicioso de los siete. Al menos en cuanto a duración se refiere. Aquí me engancha ese bajo tan alto en la mezcla y tan crujiente en afinación. También ese trotar que parece querer rimar con los Metallica más vibrantes, si bien los distintos registros que Kiaro despliega aquí en poco o en nada te recordarán al bueno de James Hetfield.
“Scars” procede de una mezcla diferente y por ahí entiendo ese poso más rabioso y llameante que pronto exudan sus estrofas. Más groovies que nunca pero tan centrados como siempre, Apotropaico trazan un metal sin grandes alardes ni tampoco mayores concesiones. Kiaro se retuerce a placer en esta línea de voz al tiempo que siento su base rítmica algo más disociada que en los seis cortes precedentes. Sin desagradarme, encuentro proposiciones más atractivas dentro de este más que interesante “Reborning”.
En lo que a bandas patrias se refiere, Endernity podría ser una rima cercana para el ahora cuarteto balear. No sabíamos de ellos desde que reseñamos su “Under Control” de 2020 y parecen haber vuelto donde lo dejaran con aquél, destilando la acostumbrada mezcla de heavy y thrash más o menos contemporáneo, guiñando con igual finura a las escuelas clásica y moderna. Ahí es donde se labran su propio sonido y resultan personales e identificables. En un panorama trufado de propuestas clónicas, resulta un gusto encontrarse con propuestas híbridas como la suya. Siguen en forma.
Repaso gráfico a la actuación del trio thrasher Brutalflyen la pasada edición del festival Rockvera celebrada en el Teatro El Llar de Corvera el sábado 31 de agosto.
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Mucha expectación la que levantó la venida a tierras asturianas de los thrashers estadounidenses de culto Heathen, por lo que tocó hacer un pequeño alto en la temporada de festivales y embutirse en el Gong Galaxy Club cara a disfrutar de una gran noche de heavy metal.
Los cartageneros Ángel Negro acompañan a los californianos en su paso por la península. Practican un heavy metal de tintes melódicos y también power que no parecía casar demasiado con el speed / thrash del cabeza de cartel. Pero le echaron ganas y en Cifre tienen a un vocalista de llamativo registro y carisma. Faltan algo más de diez para las nueve cuando salen a escena y “Mercenario Íbero” ofrece destellos de su particular modo de entender el power metal. Interesantes solos doblados los que dibujaron aquí.
La gente, que aún era poca para entonces, no pareció muy por la labor. Lo cierto es que había fans con camisetas de la banda frente al escenario y por ahí agradecí que la frialdad con que se les recibió fuera solo parcial. Jandro en teclas demostró su buen hacer en “Alteras Mis Sentidos” para confeccionar uno de los cortes más cuidados del set. El micro le daría algunos problemas al bueno de Cifre en un momento dado, sin que tampoco la cosa pasara a mayores. “Alas De Fuego”, original de Tierra Santa y que la banda llevó inteligentemente a su terreno, enarcó alguna que otra ceja en la Gong.
Pero qué duda cabe que Ángel Negro parecen mucho más cómodos en la producción propia como esa “Sin Salida” donde la banda trota a placer. “Rompe El Silencio” pondría la nota reivindicativa del set con la bandera LGTBIQ+ colgando del pie de micro de Cifre y donde la banda mostró un nervio más marcado y heavy, amén de dibujar otro estupendo solo doblado entre Mesi y Rocky. La banda deslizaría entonces la segunda versión de la noche, no otra que “Maldito Corazón” de Saratoga, con la correa de su guitarra jugándole una mala pasada al propio Rocky durante el solo.
“Me habían dicho que en el norte hacía frío”, aseveró Cifre, “me han engañado”. Y es que aún con una sala llenándose a cuentagotas, ya era bastante el calor que hacía en la Gong. “Monstruos En Tu Jardín” extrajo todo el jugo posible del interesante registro del vocalista para una interpretación un tanto más dramática y casi teatral. Pero de todo el set fue sin duda “Donde Habitan Los Sueños” la que mejor acertó a conectar con la dividida audiencia. “No Seré Como Tú” dio pie a las presentaciones y marcó el final de una actuación no exenta de problemas que la banda pareció solventar con ilusión y ganas. En lo que acerté a ver pude detectar buenos mimbres e intentaré estar al tanto de sus futuras evoluciones.
Pasan trece de las diez cuando disparan la intro y Heathen salen a escena dispuestos a adueñarse de nuestros cuellos. Con un gran telón de fondo en el que se dibuja el logo de la banda, David White y los suyos procuran un inicio de set a la altura de la leyenda. Con un sonido estupendo, diáfano y con pegada aún en las partes más alejadas del escenario, “Dying Season” ya da la verdadera medida de una banda como esta.
La de Oviedo era la cuarta noche consecutiva de las seis que la banda tenía programadas en la península. Y si sus cuerpos estaban cansados por el trajín, puedo asegurar que apenas sí se notó. David White exhibió de hecho un gran estado de voz, también de forma, a través de una “Opiate Of The Masses” en la que el canadiense Ryan Idris (Agression) percutió el kit de batería como si en el empeño le fuera la vida misma. El fulgurante solo con el que el ex ExodusKragen Lum remató aquí fue fácilmente uno de mis favoritos de la jornada.
Para “Empire Of The Blind” ya éramos uno con la banda de San Francisco. Vital aquí el apoyo en coros de los guitarras Lum y Edissy, que rematan con un epílogo que acertó a fusionar técnica y actitud. “Are you ready for a night of heavy metal?” preguntó entonces White. Para arremeter después nada menos que con “Breaking The Silence”, de su primer álbum, y que el público disfrutó de lo lindo. Las Jackson de los mentados guitarristas no podrían estar sonando mejor.
Y es que la banda llegaba al Gong con su propio técnico y se notó. De hecho se le pudo ver en más de una ocasión (y de dos y de tres) caminando por distintos puntos de la sala en busca del mejor sonido posible. Tarea con recompensa la suya pues como digo y en líneas generales, Heathen sonaron todo lo bien que de ellos se esperaba. Mucho ha mejorado también la sala en este aspecto desde nuestros primeros pasos por allí. Pero volviendo a Heathen, a su último álbum de estudio, el notable “Empire Of The Blind”, se le pueden achacar sus muchas semejanzas con Exodus, la otra banda de Lee Altus, lo que no quita para que “Blood To Be Let” fuera a la postre uno de los mayores cañonazos de tan calurosa jornada.
David White, chaleco de cuero mediante, sudaba de lo lindo a estas alturas del set. Animó y supo enganchar con su público sin que su interpretación se resintiera apenas lo más mínimo. El de Oakland, sesenta y un años le contemplan, se mostró risueño pero decidido. Concentrado sin resultar frío. Regulando como el mejor de los ciclistas para ser capaz de encarar un tramo final en el que nos las prometíamos muy felices. Precisamente aquí algunos pequeños acoples intentaron aguarnos la fiesta y fíjate si lo estábamos pasando bien. Por fortuna, la cosa no iría a mayores.
“This is history in the making” aseguraba White dentro de un pequeño speech que vino bien a banda y público para coger algo de aliento. No era poco el calor que hacía ya en el Gong. Rigores de los shows en sala en pleno agosto aun sean en la templada Asturias. Sea como fuere la alta temperatura en ningún modo arredró al quinteto. Los norteamericanos descerrajaron aquí una “Mercy Is No Virtue” capaz de poner en evidencia a unas cuantas bandas de su misma quinta. Pura zapatilla californiana para uno de los momentos más encolerizados de la velada.
Así las cosas, “Sun In My Hand” apaciguó los altos biorritmos sobre los que se estaba desarrollando la descarga y sirvió a White y los suyos para volver a coger algo de aire antes de la catarsis final. El final, así como la propia situación dentro del set de un corte tan reciente como este evidencia la mucha fe que los chicos tienen en el ya digo notable “Empire Of The Blind”. David White, no sin cierta ceremonia, introduce entonces otro de los grandes clásicos de la banda, no otro que “Death By Hanging”, para regocijo de sus fans más leales. Que los había, ya lo creo que sí. Idris se vació aquí. Suelo y paredes de la Gong temblaban con cada arremetida contra los dos bombos de su batería. El juego de White con su público durante estribillos dibujó unas cuantas sonrisas y alzó unos cuantos puños el pasado jueves. Punto álgido antes de los bises.
“Hypnotized” pone a prueba el aguante de Idris tras baterías. Mucho fue su desgaste, más si tenemos en cuenta que, como dije antes, era su cuarta noche consecutiva, con todo lo que ello implica. Su entrega y dedicación bien merece el reconocimiento aunque venga de este modesto cronista. Igualmente nerviosa, “The Blight” aguanta el tipo entre sus grandes clásicos y pone de relieve la mucha cera que Heathen aún tienen por dar. Pero claro, el final tenía que ser para “Goblin’s Blade”, no sin que antes White, ya sin el chaleco, hubiera preguntado si teníamos fuerzas para una más. Una y puede que hasta tres a tenor de los cánticos que inundaron la sala. Tremendos.
Triunfal paso de Heathen por tierras asturianas. Estamos muy felices además de ver la sala tan repleta nada menos que un jueves de agosto, por lo que no cabe otra que seguir confiando. Nosotros, en la medida de nuestras (pequeñas) posibilidades, seguiremos aportando nuestro granito de arena. Vaya por tanto nuestro agradecimiento a la buena gente de Kivents por todas las facilidades, así como un saludo a los muchos y buenos amigos por la afable compañía. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Noche de contrastes la propuesta para la noche del 25 de mayo en Avilés con las descargas de Sküld, Bestia Negra, Soundcrush y Grave Noise. Una de las últimas citas en salas que nos quedan, la temporada de festivales aguarda a la vuelta de la esquina, y la oportunidad de reencontrarnos con algunos de esos buenos amigos que hemos ido haciendo en el camino.
Pero una cita en la que no nos íbamos a librar de los retrasos. Y es que el turno de Sküld estaba anunciado para las ocho y media pero no fue hasta pasadas las nueve que irrumpieron sobre las tablas del Malecón. Y lo hicieron, intro mediante, con “Odin” y ese deje a los viejos Iron Maiden culminando en el primer buen duelo solista de la jornada. El sonido no era el mejor. Cabe decirlo, uno de tantos aspectos a mejorar por el recinto avilesino.
Un Malecón que no presentaba la mejor de las entradas, cabe decirlo. Pero quienes sí acudimos a este particular asalto nos topamos con una Lorena que, a pesar de problemas en su garganta, supo lidiar con los tonos a menudo exigentes que reclama la banda. Alternando idiomas, también temas propios y versiones, deslizaron un más que decente “Flight Of Icarus”. No terminan de ser fáciles las versiones de una banda con la personalidad tan acentuada y sobre todo el bagaje y la importancia de Iron Maiden, por mucho que hayamos escuchado decenas, cientos de ellas.
“Esta es una canción que habla sobre la mierda de mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos” comentan como antesala de “Dear Son”, que a buen seguro extrajo a los Sküld más oscuros de la cita. La banda le ponía empeño y ganas. Tuvieron a bien incluso adelantarnos que participarán en la próxima edición del “Perversiones” ¿Con qué canción? ¿Qué tal si os pasáis el ocho de junio por Puerto Vega y lo comprobáis in situ? Nosotros, salvo causa de fuerza mayor, ya sabéis donde estaremos.
Tras algunos pequeños inconvenientes dando al traste con el buen desarrollo del set, desembocaríamos en “Long Distance Reader”, ofreciendo la cara más power del quinteto. A la chita callando, concierto a concierto, la banda parece ir ganando enteros. Y no le teme a nada. Lorena aprovecha las virtudes del inalámbrico para bajar al foso en “The Rumor” y el público, en especial el más joven, parece agradecer de muy buena gana el gesto. Ya de vuelta sobre las tablas anunciaría “las dos últimas”, no otras que “Blood Eagle” y su particular revisión del “Toxicity” de System Of A Down, especialmente dedicada a Txeffy (Kraken A Feira, Actvs Mortis), quien se encontraba a los mandos de la nave en la jornada del sábado. Lo que hacen podrá gustar más, podrá gustar menos, pero siempre dan la sensación que disfrutan con lo que hacen y se nota.
Otro tanto se podría decir de la buena gente de Bestia Negra. Defensores del metal más clásico, arribaban al Malecón Asssault con un ramillete de canciones que, a estas alturas, conocemos más que de sobra. Por ahí que el objetivo de la velada fuese tratar de captar a quienes aún no hubieran tenido el gusto de encontrárselos.
Son alrededor de las diez y veinticinco cuando suena la introducción previa a la descarga de Bestia Negra y se masca cierta expectación en el Malecón. Banda incansable en los últimos tiempos y a la que ya hemos visto en escenarios de todo pelaje. Por ahí que, al menos en nuestro caso, no disfrutemos de aquello tan agradable que es el factor sorpresa. Pero “Winds Of War” ya pone las cosas claras. Sus riffs marca de la casa, el hosco registro de Gil al frente y un muy seguro Carlos Reboredo en baterías, Bestia Negra resultaron tan divertidos como acostumbran.
Al fin y al cabo, pocos riffs más eficaces que el de “Angel Of Death”, así como el peculiar modo en que Gil encara los distintos versos. Y es que pasa el tiempo y su voz parece no haber perdido ni un ápice de gravedad. Una banda que gusta siempre de recuperar “Faster Than A Bullet”, como ya bien sabréis alguno, el primer tema que parieron en comandita. Algún que otro acople quiso su particular cuota de protagonismo. No al punto de aguar del todo la descarga pero sin duda tan molesto como incómodo.
En cualquier caso, muy fino Román en los solos. Prácticamente escondido en uno de los laterales del escenario, resguardado tras ese rictus casi siempre tan serio, parece ir a más en cada descarga. Gil, siempre maestro de ceremonias que diría un clásico, anuncia “una canción a la que le tengo especial cariño, aunque mi favorita es otra que viene luego”. Era el turno, claro, de la extensa (y de nuevo muy Maiden) “The Harbinger”. Jose antes del puente y Román después dibujaron buenos solos aquí. Bestia Negra en su mejor versión.
“Gift From Gods” sirvió para recordar la figura del legendario Randy Rhoads, también para que Gil cumpliera con las debidas presentaciones y finalmente para que el micro dejara de funcionar, teniendo el frontman que echar mano del ídem del bajista Nacho para los dos temas finales: “Fear”, con el equipo de la sala petardeando cosa mala, y la final “Hate” con Bestia Negra encabronados en consecuencia. Ni hubo versión de Motörhead como tantas otras noches ni fue la cita más fácil, ni tampoco más concurrida para ellos, pero supieron pelear frente a los inconvenientes y salir airosos una noche más con su particular modo de entender el heavy metal. Por muchos años.
La de Soundcrush era, claro, una propuesta casi contrapuesta a la de Bestia Negra. Su thrash bebe de las fuentes del groove, del metal más técnico incluso, hasta de Gojira. Enfermedad de Luis Sánchez mediante, acudían a la cita en formato trío. No iba a ser, por tanto, una noche fácil para ellos. Pero desde luego tienen tablas y buenos temas, como demuestra ese “Primal Flame” con el que dieron inicio al set.
La calidad técnica que atesoran pronto sale a relucir. Es cierto que al sonido le falta algo de punch en los primeros compases. La falta del bajo pero también una batería que atropellaba las guitarras de Ales Sánchez y David Vega. Fino aquí a los mandos Txeffy, reconduciendo la situación y permitiendo al eventual trío ofrecer su mejor cara. “Unleashed” da una versión casi marcial de su habitual thrash metal. Iván García se desvivía tras su kit de batería y desde luego no dejaron a nadie indiferente. Precisión y pegada a partes iguales, su desarrollo propulsó más que nunca a la banda.
“Una más tranquila, que os vemos muy apagaos, para que os apaguéis más todavía” comenta con cierta sorna Ales a modo de introducción a “Manifest”. Y es verdad que estábamos algo parados. Cuesta lanzarse a veces cuando el público escasea. Soundcrush suenan aquí ya realmente potentes y equilibrados, más teniendo en cuenta las circunstancias, con unos David y Ales derrochando clase y rabia por igual. “No vemos a nadie movese, vamos a ver si lo conseguimos” con otro de los recuerdos a aquél “Screams Of The Voiceless” de 2018, del que extrajeron “Sudden Evil” para que, por fin, viéramos algo de agitación en las primeras filas.
“Alpha”, del Ep homónimo del año pasado destapó estupendos solos de Ales y David. Provocó también un acople de lo más molesto. Un zumbido rozando lo incognoscible inundó nuestros oídos, poniendo a prueba los nervios y también la paciencia de más de uno. Solucionado el percance, tercer recuerdo a su largo de seis años atrás gracias a “Among Humans And Their Balance”, con un tímido moshpit del que aún hoy conservo un vívido recuerdo (es lo que tienen los pisotones).
Con “Vacuity” recordarían una noche más a los cada vez más fundamentales Gojira, tremendo Sánchez a los parches aquí, y con “Beyond Olympus Pt. I” terminarían de vaciarse para otro set corto, algo más de cuarenta minutos, pero tan intenso como nos tienen acostumbrados.
Grave Noise son, qué duda cabe, un animal muy diferente. Tal y como sucede con Soundcrush, su punto de partida es el thrash metal. Pero los burgaleses lo entienden de un modo mucho más clásico. A mis oídos, muy en la onda estadounidense de bandas como Exodus o Testament. Una banda a la que, no vamos a negar, tenemos especial cariño y a la que no veíamos desde la pasada edición del Atalaya Rock.
Tal y como entonces, venían presentando aquél meritorio “Roots Of Damnation” de 2022 y sobre las tablas de la Malecón vinieron a demostrar por qué son una de las más firmes promesas del género dentro de nuestro territorio. Fueron, de hecho, los que mejor sonido disfrutaron de todo el Malecón Assault. Algo que se hace patente ya desde la inicial “Rotten System”, cuando apenas faltan diez para la una.
A puras Jackson blancas, Iker y Edu la emprendieron a riffazos «old school» para regocijo de los fans más clásicos que ocupaban el recinto. Vimos y sobre todo oímos muy bien a Iker Sanz, guitarra y sobre todo voz del cuarteto, afianzándose como un líder de garantías para una banda como esta. “Mutant Goat”, perteneciente a aquél “From The Cradle To The Grave” de 2018, extrajo coros verdaderamente graves y rotos del bajista Toño. Y es que ya digo que el sonido, sin ser el de los grandes escenarios, desde luego daba espacio a cada elemento sin por ello escatimar un ápice en pegada. Estaba claro ya para entonces pero vino a reafirmarse con la estupenda turné solista que montaron entre los dos Sanz aquí.
Tras los agradecimientos a Soundcrush por haberles invitado y puesto que, en palabras de Iker “hablar no se nos da muy bien, pues vamos a tocar”. Era el turno de “Disorder”, que en su encarnación en vivo y por el propio registro vocal, me recordó sobremanera a unos Testament de álbumes relativamente recientes como el fenomenal “Dark Roots Of Earth”. Aquí la tuerca de uno de los platos de la batería de Fer Mediavilla se iría de excursión. Era mucha la fuerza que desarrollaba el ex-Sarkástika, sirva la pequeña anécdota como el mejor resumen.
No faltó “The Ghost Plague”, single de ese último largo. Un largo que, por lo que pudimos conocer de primera mano, pronto tendrá sucesor. Aquí, como de costumbre, somos todo orejas. Pero volviendo al set de la banda nacida a caballo entre Soria y Burgos, quienes mejores que ellos para confeccionar y descargar una “No One Higher” sobre eso que han venido en llamar la “España vaciada”. Nos sumamos a las palabras Iker: “nadie es más que nadie”.
El antifascismo de la tan directa como nada metafórica “Fuckcism” destapa a los Grave Noise más agrios. Todo con, ya digo, el mejor sonido de la noche, y la banda sin ahorrar un solo esfuerzo. Qué les depara el futuro, no lo sabemos, pero desde luego así es cómo se cimentan las buenas trayectorias. Ejemplos a pares. Toda vez hechas las debidas presentaciones, llegó el tuno de otro de los grandes hallazgos del álbum de hace un par de años: “Broken Land”. Anunció entonces Iker que quedaban solo tres temas, “habrá que gastar algo de zapatilla”. Y eso hicimos con la pegadiza “In God We Trash”.
Sólidos como cimiento de rascacielos, a buen seguro vimos la mejor versión de Grave Noise. Finos técnicamente hablando, potentes e incluso pasionales. Fue una pena el escaso público que el evento logró convocar pero, desde luego, quienes sí acudimos a la llamada lo disfrutamos en buena medida. Máxime cuando “Terror” entrega de pronto su thrash más vitriólico y nervioso. Penúltima andanada de un set que cerrarían con esos detalles tan Gojira de la estupenda “Perpetual Anxiety”. Un placer tenerles de nuevo por estas latitudes. Si la próxima ya es con nuevo álbum bajo el brazo, mejor que mejor.
Denodada lucha de cuatro bandas contra los elementos. También contra una entrada menor de lo que nos habría gustado. Parecerá que me cebo con una sala que está acogiendo no pocos eventos relacionados con el rock y el metal pero lo cierto es que mientras otros recintos parece han ido aprendiendo de sus errores, el Malecón se está quedando atrás de una manera muy notable. ¿Explica este hecho por sí solo la pobre entrada del pasado sábado? No lo sabemos con total certeza pero a nadie se le escapa que puede ser una de las múltiples aristas del problema.
Sea como fuere, ya dije por ahí atrás que lo disfrutamos. Cuatro bandas con idiosincrasias muy marcadas pero un nexo común con las raíces mismas del mejor heavy metal. Fue un placer disfrutar de ellas, también de la mejor de las compañías así como de las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica. Vaya desde aquí nuestro más sincero agradecimiento y, como siempre, nos vemos en el siguiente.
Quinto y homónimo trabajo para los ciudadrealeños Evil Impulse. La banda que, a la hora de escribirse estas líneas, conforman Rodrigo de Lucas en baterías, Daniel Márquez al bajo, la dupla Jesús San José y Víctor G. Nieto en guitarras y Antonio Ramírez a la voz. Grabado en su Ciudad Real natal entre diciembre de 2023 y enero de este mismo año con producción de Victor G. Nieto y posteriormente mezclado y masterizado por Alb Bandino en los Cut Fire Mixing Studios de Cerdeña. El álbum ha sido puesto en circulación de modo independiente por la propia banda, la edición física corre a cargo de los avilesinos Factoría Del Ruiu y cuenta con el diseño y artwork de Yayo Alonso. Ocho cortes para una duración de treinta y siete minutos aproximadamente.
Arranca “The Culture Of The Ephemeral” y de pronto esa mezcla entre thrash, groove y algún que otro ramalazo sureño me recuerda sobremanera a mis paisanos de Soldier. Evil Impulse parecen cómodos mientras hibridan un metal donde lo mismo se suceden guiños a Down, que a Pantera, que a los Testament más pesados. La producción, sin resultar sobresaliente, distingue las diferentes líneas sin mayores complicaciones y la banda avanza con toda gravedad apoyada en una notable labor guitarrera. Otro tanto se podría decir la variedad de registros que entregan las distintas líneas de voz ya en este primer pelotazo de metal fangoso a la par que vibrante.
“Four Walls” se eleva desde ese fango y, blast beat mediante, ataca con un prólogo que es pura gasolina. Me agrada la forma en que mantiene altas las pulsaciones durante estrofas, así como lo casi laberínticas que se vuelven a continuación. Hay riffs hábiles aún en esas altas vibraciones, así como una serie de estribillos, finísimo el trabajo de Rodrigo de Lucas aquí, que contraponen una mayor pausa a un corte llevado por la cara menos edulcorada de la banda. Por trazo y estructura puede resultar un corte más sencillo, menos enrevesado que otros dentro del tracklist. Por contra, cuenta con uno de los solos más equilibrados y unos estribillos nada faltos de gancho.
Pero por alguna razón, siento mucho más cómoda a la banda a través de algo como “Hells´s Kitchen”, que tiene un avance casi marcial donde destaca la firmeza de Rodrigo de Lucas tras baterías. Más adornada que otras entregas, repleta de buenos detalles melódicos y, en general, Evil Impulse entregando un medio tiempo tan sólido como malencarado. El tronco central descubre uno de mis riffs favoritos de todo el trabajo. Y mientras la línea de voz resulta algo más lineal aquí, no dejo de disfrutar ante el buen trazo y la mejor ejecución que la banda ofrece durante el epílogo. Un corte que puede perder en frescura aquello que gana en solidez.
Y hablando de riffs, “The Art Of Death” carga con uno que me recuerda a los mejores Exodus. Y de veras aciertan a la hora de amalgamar un thrash vibrante con una mayor pesadez heredada directamente de lo mejor de la década de los noventa. Es cierto que el riff en que apoyan sus estribillos puede resultar más plano. No es menos cierto que Evil Impulse se reservan para esta cuarta entrega un notable juego tonal que termina por convertirla en otra de mis favoritas de todo el largo. El solo que antecede al tronco central vuelve a rayar a gran nivel. Es la composición más extensa de las ocho y de veras da la sensación de que los ciudadrealeños han echado el resto.
“Wasted Life”, que fuese otro de los adelantos, emerge con una calma tensa, anticipo de un corte que deja traslucir la cara más atmosférica de Evil Impulse, desterrada toda vez Toño ataca las primeras estrofas. Es un corte que no alcanza la distinción de otras entregas dentro del álbum, lo que no quita para que ciertos cambios de ritmo resulten agradables y la base rítmica empaste como pocas veces a lo largo de “Evil Impulse”. El primero del par de solos, breve y fugaz, me recuerda al caos ordenado del tristemente desaparecido Jeff Hanneman (Slayer). Un segundo le seguirá más adelante resultando de alguna forma más solidario al resto de homólogos dentro del tracklist. Un corte, finalmente, para destapar la cara más orgullosamente thrash del quinteto.
Esa llama del thrash más trotón y galopante sigue ardiendo en una “Dissecting The Instinct” que destapa unas estrofas vibrantes y muy cabronas. Voces realmente agrias y oscuras aquí para una lírica igualmente cavernaria. Sorprenden estos Evil Impulse en esa clave tan negruzca, construyendo uno de los ataques más violentos de todo el tracklist, apenas rebajado por la mayor ligereza de unos estribillos a voz limpia que parecen querer rozar el grunge más casual. Pero en líneas generales es una composición, como digo, oscura y violenta, con unos cambios de ritmo siempre bien apoyados por la hábil base rítmica de Márquez y de Lucas.
“When The Killers (Versión 2024)”, cuya versión original nos remite a aquél Ep debut de dos mil trece “Flames From The Ground”, parece reincidir ahora en ese metal más negruzco y envilecido del corte anterior, entregando de igual forma a unos Evil Impulse especialmente embrutecidos y negruzcos. Pero lo que antes era velocidad y altas vibraciones, aquí es puro fango. Hay voces aquí y allá que me recuerdan a Steve “Zetro” Souza (Exodus) pero si algo sobresale ahora es el estupendo trabajo solista que la banda ejecuta en su tramo central. Extenso y vibrante, clásico y a la vez contemporáneo, perfecto contrapunto del fango que lo rodea.
El tranquilo prólogo de “Manifest” parece redirigir hacia entornos baladísticos pero nada más lejos. Evil Impulse juegan al despiste pues lo que irrumpe a continuación no deja de ser otro corte de thrash/groove agrio y arrastrado, agradable por los contrapuntos que propone y en donde sobresalen una vez más los buenos detalles melódicos con que Nieto y San José engarzan las distintas estrofas. Redondea este cierre el notable gancho de sus estribillos y ese aire a los Machine Head del estupendo “The Blackening” que se adueña del tronco central. Un muy buen cierre.
No practican el tipo de thrash/groove que más acostumbro a escuchar pero, aún por ahí, encuentro asideros suficientes a los que agarrarme. Sus composiciones fluyen de un modo natural, sin resultar en ningún caso artificiales o impostadas. Al sonido puede faltarle algo de punch en determinados momentos pero contiene trazos interesantes y también buenas ejecuciones. La paleta de influencias es amplia, como lo es también la tonal, que abarca desde los toques más clásicos del comienzo hasta la negrura de la nueva encarnación de “When The Killers”. Una banda a tener en cuenta por todo fan del thrash de corte más contemporáneo.
Tras superar los inevitables trámites burocráticos el centro social autogestionado La Kuadra, sito en Barros (Langreo) arranca su programación de música en directo por todo lo alto. El próximo sábado 25 de mayo acogerán el concierto que ofrecerá el combo francés E-FORCE capitaneado por Erik Forrest al que muchos recordarán tras su paso por los legendarios VOIVOD. Como nota digna de mención Erik ha colaborado en «Beyond The Veil«, próximo trabajo de estudio de Totengott.
Compartirán tablas con los thrashers catalanes Terminal Violence que llegarán a Asturias tras varias fechas abriendo para Angelus Apatrida y preparando su próximo paso por el Barcelona Rock Fest y el infatigable trio Brutalfly que hará una pausa en la confección de su próxima obra de estudio para retomar la actividad en directo.
Apertura de puertas 17:30 horas e inicio de los conciertos a las 19:30 horas. La recaudación será íntegramente para las bandas.
A partir de las 20 horas el metal tomará posesión del escenario gracias al thrash / groove de Soundcrush y el retorno a nuestros escenarios de los castellanos Grave Noise. El heavy de corte más clásico correrá a cargo de Bestia Negra y Sküld en lo que será una noche de camaradería y decibelios. Entrada anticipada online 10€ disponible a través del siguiente enlace: https://lc.cx/3jFXK0