Reseña: Sweet Hole «Ubik» (The Fish Factory 2022)

Rock progresivo con trasfondo literario el que hoy nos proponen los andaluces Sweet Hole. En el álbum encontramos a Francisco Roldán (voces, pandereta, teclados, piano), Javier Martínez (batería), Miguel Durán (guitarra, sintetizador), Charlie Durán (bajo), Antonio Rubio (guitarra rítmica y española) y David Alejo (teclas, flauta travesera y piano) junto con la colaboración de ni más ni menos que Tim Bowness (No-Man). La novela de Philip K. Dick “Ubik” inspira y da nombre a un álbum producido por la propia banda, y grabado, mezclado y masterizado por Jacobo Fernández en Sputnik Records. Con arte de Alejandra Lupión, ha visto la luz a través de The Fish Factory.

Sintes de Miguel Durán para dar la bienvenida a la remansada “Moon” y desplegar ese aire a lo Genesis o Marillion que anticipaba la nota de prensa. Que, dicho sea de paso, también me habrá de recordar al tristemente fallecido compositor Angelo Badalamenti. Sea como fuere, me agrada esta primera composición y la naturalidad, quizá también la parsimonia, con que desarrolla y entrelaza sus buenas estrofas. Hay detalles técnicos relucientes por comedidos. Nada ególatras o redundantes. Quizá la producción peque de cierta ligereza cuando la banda acomete un puente central más enérgico, tampoco al punto de deslucir el resultado global de un estupendo primer corte.

Ubik Beer” es el primero de los tres pequeños interludios que atraviesan el nuevo disco de los sevillanos y que, en la voz de Tim Bowness, habrá de conducirnos hasta una “Secret Hideout” de inicio más oscuro, también más desnudo, que seguramente por una sencilla asociación de ideas y personajes, me lleva a pensar en los primeros discos de Steven Wilson en solitario. “Grace For Drowning” especialmente. Buenos contrapuntos los que la banda superpone aquí y que conducen a uno de los estribillos más cuidados, también más agudos, de todo “Ubik”. Todo el corte está atravesado de un aire más melancólico y tristón pero que la banda resuelve sin alardes ni aspavientos. El solo del puente y la desnudez que plantean aquí parece llevarle la contra a propuestas más impostadas que han acudido a estas líneas en tiempos recientes. Es un solo grácil, de nuevo nada forzado o antinatural, bien ligado al tono imperante. Extenso para el oído poco acostumbrado pero, creo yo, de calidad y gusto innegables.

Con la guitarra española de Antonio Rubio arranca una “Carbon Copy Of The Future”, que no me atrapa en la forma en que lo hacen otros cortes dentro del álbum, si bien sigue siendo ésta una composición mimada con todo detalle. En ella encuentro buenos cambios de ritmo, una estupenda, divertida incluso, línea de bajo y una no menos atractiva melodía vocal.

David Alejo a la flauta travesera introduce esta “Uncertainty”. Instrumental de arranque pausado, tranquilo y remansado, roto más adelante en pos de un crescendo tan poco original como bien tejido. Desarrollos técnicos, de nuevo, desprovistos de todo alarde. Con la naturalidad por bandera, de nuevo nada acentuados ni ególatras. Por ponerle un pero, ese fade out final, pero en líneas generales me funciona.

Ubik Breath” con su repentina carga electrónica vendrá a introducir el corte más extenso del álbum, una “Am I Alive?” de inicio nuevamente liviano, que no desnudo. Muchas capas en este primer tercio aún con la tranquilidad que despliega, con Roldán desplegando ahora una línea vocal algo temblorosa que le sienta como un guante a este transcurrir introspectivo que quebrará de pronto para devolvernos a los Sweet Hole menos contemplativos. Ese giro, bien es cierto, no resultará tan natural como otros que se pueden hallar a lo largo y ancho de este “Ubik”. Detalle que de todas formas no empantana otro corte interesante y atractivo, de buenos desarrollos técnicos y poseedor de un más que interesante manejo de las texturas. Su largo epílogo, más grave y rocoso, contrasta con toda la composición, en lo técnico y también lo tonal, llevando a la banda a sonar algo más contemporánea.

Inertial”, al menos de primeras, resulta mucho más prosaica. Y no es que al riff del comienzo le falten galones. Al contrario. Es ese aire más a lo Deep Purple el que vendrá a alimentar cierta disociación con el disco al que pertenece. Y no pasa nada porque Sweet Hole entregan por contra el que fácilmente sea el corte con más enganche de todos. Dicho de otro modo, el que creo más podría agradar a los lectores habituales de este medio. Con un par de indisimulados guiños a King Crimson durante su tronco central y ese epílogo más enérgico, a buen seguro la oferta más vibrante de todo “Ubik”.

Red Light” vendrá en cierto modo a reconducir hacia territorios más concordantes con los grandes tropos del disco. Si bien no exenta de picante, estribillos mediante, lo cierto es que sus marcados cambios de ritmo y el tono general de la composición vienen a amalgamar la serie de ideas y sensaciones por las cuales aquellos primeros cortes del álbum funcionaban tan bien. La perfecta conjugación de su tranquilo puente central es fácilmente uno de mis momentos favoritos de este nuevo trabajo. Atmosférico a un tiempo y melancólico al otro, de trazo inmaculado y gusto innegable. Antecede, además, a un magnífico solo de guitarra durante el epílogo. De mis favoritas. Cierran con la breve narración “I Am Ubik”.

Un álbum la mar de apañado. Bien es verdad que de poca o ninguna rima con el metal, pequeños guiños en “Am I Alive?” al margen, pero de calidad innegable. En la composición, cuidada hasta el más mínimo detalle, y también en ejecución. Nunca impostada, siempre funcionando a favor de las canciones y nunca al revés. Bien producido en líneas generales y donde, si acaso, se le puede achacar cierta falta de riesgo a la hora de desplegar un ideario progresivo mil y una veces transitado. Sea como fuere y teniendo bien en cuenta el disco de género que es, una adición más que interesante para cualquier buen fan del progresivo que se precie.

Texto: David Naves

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