La primera edición del festival Lion Rock Festque se celebrará el sábado 4 de noviembre en el Palacio de Congresos y Exposiciones de León sorprende como la suma del combo sleazy sueco Crazy Lixx a un cartel en teoría cerrado tras los anuncios de Eclipse, Gotthard, H.E.A.T., los murcianos 91 Suite y la formación local Be For You.
La formación sueca Siena Root regresará a los escenarios asturianos en el mes de diciembre de la mano de Factoria Sound dentro del ciclo de conciertos de primavera.
El cuarteto afincado en Estocolmo es una de las bandas de referencia del vintage rock, gracias a su apuesta por volver a los sonidos analógicos y setenteros más puros para reivindicar la psicodelia, experimentar con el hard rock y el rock progresivo con el objetivo de sonar lo más «retro» posible.
Y finalmente cayó en nuestras manos el largamente esperado debut de los heavy metaleros clásicos asturianos Bestia Negra, la banda que forman Nacho al bajo, Rafa en baterías, José en la guitarra rítmica, Román en la solista y Gil en voces. “Animal Domination”, que así han dado en llamar a este primer álbum, se grabó, mezcló y masterizó en los Breakdown Studios de la mano del Sound Of SilenceNefta Vázquez (Beast Inside, Actvs Mortis, Brutalfly…). El trabajo viene en un cuidado digipack diseñado por Alejandro Blasi (Blast Open, Lépoka, Arenia, Scars of Oblivion…) y cuenta con fotos de Aladino Herraiz.
La banda obvia toda pompa para comenzar con una “Winds Of War” que viene a fusionar a unos Judas Priest con unos Iron Maiden previos al zafarrancho de sintetizadores que ambos abrazaron en la segunda mitad de la década de los ochenta. Es un corte, sí, muy clásico, de sonido redondo, afinaciones que suman y buen espacio en mezclas para cada una de las líneas. Entrega que ya dice algo de la forma en que construyen sus temas, pues yéndose por encima de los cinco minutos, pasa sin embargo como uno de los cortes más rácanos en este sentido de todo el trackist.
Y es que la banda disfruta tejiendo largas introducciones como la que adorna el prólogo de una “Angel Of Death” que muchos ya conocíamos. Varios de estos cortes llevan años cociéndose a fuego lento y por ahí pueden acusar cierta falta de frescura. En cualquier caso, ciñéndome a lo que suena aquí, engancha ese riff a lo viejos Accept, también los buenos detalles melódicos con los que habrán de engarzar cada estrofa. Y es que Román está más que sólido a lo largo y ancho de esta andanada clásica y pasional.
Alberto Sorribas y Romina Cavaglione aportarían su granito de arena para sacar adelante “Faster Than A Bullet”, a la sazón corte más escueto de “Animal Domination”. Cuenta no obstante con uno de los riffs más pegadizos de todo el trabajo. Y aunque haya momentos puntuales en que me chirríe el inglés de Gil, difícilmente encontrarás al frontman falto de la entrega y la pasión necesarias. Especialmente en el epílogo, ahí donde se adivina un crescendo que no llegará a materializarse del todo. ¿En futuras interpretaciones en vivo quizá?
La banda ennegrece su clásico heavy metal en una “Hell Over Me” de poso oscuro y arrastrado. Una oscuridad que vendrá a ampliar los horizontes tonales del disco, al tiempo que permitirá a Gil ofrecer lo más profundo y menos amable de su registro. Bien está por tanto el buen cambio tanto de tono como de ritmo que el quinteto injerta aquí, que deriva sin miedo hacia un metal de mayor brío, con un Román francamente inspirado.
“The Harbinger”, corte más largo de “Animal Domination”, arranca desde un prólogo (replicado en el epílogo) tranquilo y reposado, en la más pura tradición de los Iron Maiden más elegantes y señoriales. Distintas líneas de guitarra que se armonizan y entrecruzan bajo un manto de teclado. Prólogo que se esfumará para dar paso a un riff de nuevo con sabor a unos Accept de principios de los ochenta, que José sazona con tímidos pero clásicos cabalgueos. Los buenos acentos melódicos de Román en estribillos, la dualidad que exhibe Gil aquí y ese pequeño puente a lo “Rime Of The Ancient Mariner”. No esconden sus influencias, a criterio de cada oyente quedará decidir si para bien o para mal.
“Hate” es agria y malencarada. Sin descabalgar de los grandes términos en que se desarrolla el álbum, cierto es que entrega a unos Bestia Negra mucho más encabronados. En especial un Gil encolerizado al que de ningún modo quisiera uno contrariar. Por ahí el corte aprovecha para introducir un pequeño pasaje de tono más calmo, anticipo de unos Bestia Negra por momentos disociados del resto del trabajo. En líneas generales no es el corte que más me enamora del debut pero no es menos cierto que le aporta un toque más personal al mismo.
Romina Cavaglione pondría de nuevo su granito de arena en “Fear”, el ataque de la banda contra la lacra de las violencias machistas. Un corte que vuelve a partir desde otra de esas introducciones marca de la casa, protagonismo de Nacho aquí, y que pronto dará pie al directo y lacónico estribillo de Gil. Sencilla y sin complicaciones, una clásica ya de sus directos.
Cierra “Gift From Gods (In Memory Of Randy Rhoads)”, cuyo título no deja lugar a dudas, ahorrándome explicaciones en el proceso. Un heavy metal brioso y desvergonzado, atravesado sin embargo por un aspecto lírico, claro, lleno de añoranza. Esa dualidad representa en gran medida su mayor atractivo. También la decisión de optar por construir un corte desde cero en lugar de reinterpretar / versionar algo ya existente. Bien está, por tanto, lo que bien acaba.
Reseña con truco pues varios de los temas que integran este primer álbum de los asturianos me eran de sobra conocidos antes ya de la primera escucha. Por ahí puede que las versiones de estudio hayan perdido parte de la frescura que pueden tener en directo, con mucho el hábitat favorito de la banda que nos ocupa. No obstante me gusta cómo la producción de Nefta ha sabido buscar el tono que mejor case con la clásica y añeja propuesta de Bestia Negra. Es una propuesta más pasional que cerebral, imperfecta pero disfrutona, que bebe sin disimulo de sus fuentes pero dejando aquí y allá determinados posos que buscan construir una identidad propia. Fans del metal de corte más clásico, ésta es la vuestra.
La nueva entrega del festival avilesino La Mar De Ruido contará con la participación de los veteranos Ñu y la musa del proto punk estatal Ana Curra. La que será 19ª edición del festival tendrá lugar el segundo fin de semana de agosto.
La banda de rock medieval liderada por el cantante y flautistaJosé Carlos Molina presentará su 18º disco de estudio «Yo Estoy Vivo» editado recientemente alcanzando en las listas generales de ventas en el puesto 43 y el 7º en las de venta en formato físico. Llegará a tierras asturianas con una renovada formación que cuenta en sus filas con la violinista Sara Ember (Last Days Of Eden) y Manolo Arias (Niagara, Atlas) a la guitarra Por su parte Ana Curra, pianista y compositora, formó parte de la primera formación de Alaska y los Pegamoides antes de integrarse en Parálisis Permanente y Los Seres Vacíos. Parte de ese repertorio conforma sus conciertos en la actualidad.
Nueva parada en casa para Brutalfly en la presentación en vivo de su último trabajo de estudio «I Was An Experiment«. El próximo viernes 9 de junio regresa a la gijonesa Sala Ángeles y Demonios para compartir escenario con el combo metalcore Brutaly los también gallegos Northslave.
Los de Pontevedra regresan a Gijón tras su paso el pasado año por la Casa’l Pueblu junto a los vigueses Zona Zero. Por su parte Northslave presentarán sus primeras composiciones, mezcla de influencias thrash y death. Entadas disponibles únicamente en paquilla al precio de 10€.
Pues ya tenemos de vuelta a los chicos de Reylobo. Los murcianos, que ya pasaran por estas páginas con su debut de 2021 “El Octavo Pecado”, regresan ahora con “Infinito”. Leo Jiménez o Miguel Ángel Franco acompañan a Miguel Torralba (teclados), Guillermo Barranco “Momo” (batería), Wenceslao “Wen” Miralles (bajo), Pedro Gallego (guitarra, coros) y Nacho Fernández (voz). El álbum, compuesto por once cortes de su habitual heavy de tintes melódicos, fue producido por Alberto Rionda y grabado por el líder de Avalanch junto a Pedro Gallego de Judas Records. Con mezcla y master del mencionado músico asturiano, diseño de Ricky Torre y fotos de Eva Ambroa, esta segunda obra de la banda vio la luz el pasado 1 de marzo. Voy con algo de retraso, soy consciente. La actualidad nos atropella y los días siguen teniendo solo 24 horas. Sepan disculparme.
En cualquier caso y ciñéndonos a lo verdaderamente importante, el trabajo arranca con una “Lux Aeterna” (no, nada que ver) a la que introduce la elegante guitarra de Pedro Gallego. Buenas melodías y un sonido que pronto revela una voz, la de Nacho Fernández, altísima en la mezcla. Y es que en general echo en falta un mayor equilibrio entre todas las partes, amén de unos coros más solidarios al corte al que acompañan. Es un trazo de marcada raíz clásica, bien ejecutado, al que finalmente merman pequeños detalles.
Obligadamente espacial la intro a puro sinte que da pie a “Hijo De Las Estrellas”, que destapa a unos Reylobo más heavies y rotundos. Y aunque sigo sin conectar del todo con la producción que portan los temas, no es menos cierto que la banda emerge más compacta aquí. Y pese a la rácana duración del corte, cierto también que algo más virguera. En especial la dupla Torralba y Gallego, revistiendo de buenos acentos técnicos casi cada rincón de este segundo corte.
“Hidalgo”, con colaboración del SauromMiguel Ángel Franco, vive de converger entre los Reylobo más enérgicos y los más melódicos. A lomos de una producción que ha ganado en equilibrio, y si bien con un solo algo predecible de Gallego, los murcianos trazan aquí un corte sobrado de gancho, ortodoxo, con pinta de darles buenos réditos sobre las tablas.
En “El Hambre”, que descabalga de ese pulso más heavy para derivar hacia un medio tiempo más acomodaticio, encuentro una interpretación un tanto desapasionada por parte de Leo Jiménez. También ciertos borrones en la mezcla impropios a estas alturas del cuento. Y es que dicho sea con todo el cariño, por momentos llega a bordear lo desagradable la forma en que las distintas voces van y vienen, a veces muy en primer plano, otras perdidas bajo la maraña de líneas. Entre unas cosas y otras deslucen un corte por lo demás bien armado y que, sobre el papel, saca lo mejor de Reylobo.
“Duelo”, introducida de manera elegante por el certero violín de Valentín Miralles, nos devuelve a los Reylobo más musculosos. Una vena más metálica que se aprovecha de un mayor equilibrado en lo que a mezcla se refiere. Redondea la buena labora de Nacho Fernández al micro, construyendo una línea de voz que, por extraño que parezca, me recuerda a los castellonenses Dry River. Bandas que no podrían ser más diferentes en forma y fondo. Destacan en cualquier caso los omnipresentes teclados de Torralba y lo a gusto que el quinteto parece estar en este quinto corte.
“En Las Fauces Del Lobo” ahonda en esa senda más fibrosa, pasando de un prólogo a lo Symphony X para después trazar un corte que recuerda a los Avalanch más nervudos de la era Ramón Lage. Buenos riffs adornan las estrofas. Todo confluye, cierto es, en uno de los estribillos un tanto desangelados. Y da igual porque la buena labor de Gallego previo al puente, y la construcción de este, vendrán a acaparar en gran medida todo el protagonismo.
Así las cosas, “Valeria” nos devuelve a aquellos Reylobo de comienzos de álbum. Más ligeros y melódicos, de teclados realzados y voces amables. Demasiado incluso. Y es que por alguna razón no termino de encontrar cómodo a Fernández aquí. Especialmente a la hora de encarar sus tesituras más leves. En cualquier caso más protagónico el bajo de “Wen” Miralles, dando un mayor empaque a una composición sencilla y sin sorpresas ni alardes.
“Un Reflejo De Mí”, balada de trazo sencillo, dejará primero un solo que por alguna razón me recuerda al propio Rionda; para después ofrecer a un Nacho Fernández que borra de un plumazo sinsabores precedentes. Y lo hace gracias a una interpretación más cuidada. Sentida incluso. Y aunque la eclosión final vuelva a destapar pasados desequilibrios en cuanto a sonido, bien está lo que bien acaba.
“Universo” nos devolverá el anterior nervio, no obstante confrontado a una escritura más diversa que la media del álbum, donde se hará dueño de las operaciones el firme y constante doble bombo de Momo. Todo el corte resulta atravesado por buenos acentos melódicos por parte de Gallego. Empaña, sin embargo, la forma en que la línea de voz reproduce los déficits que ya comenté a principios de álbum.
“La Escalera De La Creación” se empeña en reproducir la cara más metálica del combo, acentuada aquí por unas guitarras más graves y una base rítmica de mayor presencia y empaque. Por alguna razón Reylobo parecen más cómodos en esta encarnación más fibrosa. Rafael Lázaro de Red Balance entrega aquí un solo enérgico y algo virguero, muy a tono con ese poso más recargado de esta penúltima y eficaz entrega.
“El Adversario”, medio tiempo de construcción agradable, bien arreglado y con un impetuoso Momo tras baterías, es fácilmente el corte que más hace por destapar las propias carencias de Fernández al micro. Pero también las de una producción que, por momentos, llega incluso a saturarse. Uno no da crédito.
He escuchado el álbum por todos los medios posibles. No solo el CD que amablemente nos han hecho llegar desde Duque Producciones sino también las distintas copias digitales presentes en diferentes servicios de streaming, por si de un problema con mi reproductor se tratase, y no he hecho más que encontrar los mismas saturaciones y desequilibrios una vez tras otra.
Y es una pena porque esos detalles lastran no pocos momentos interesantes de un álbum, por otro lado, en el que la banda ha ido ganando enteros tanto en composición como en ejecución. Y aunque la labor de Nacho Fernández siga sin parecerme la más brillante de nuestra “escena”, siento que ha crecido con respecto al debut, que era lo que se le pedía. Así las cosas, solo queda esperar por un hipotético tercer trabajo que termine de confirmar las buenas sensaciones que dejaban tanto este “Infinito” como el debut y destierren de una vez por todas todos sus errores.
A lo largo del año natural siempre hay citas especiales y qué duda cabe que la del pasado viernes lo fue. Nos estamos refiriendo, claro, al Midlife Crisis Fest, evento celebrado con motivo del cuarenta cumpleaños del músico José Mora y que tuvo a bien reunir a sus tres bandas: Mad Rovers, Totengott y Humo. Si además la cita es en un lugar donde siempre nos reciben como en casa, hablamos de la gijonesa Ángeles y Demonios, salvo causa de fuerza mayor no podíamos faltar.
Todo empezó con Mad Rovers, para la ocasión renombrados como Mad Covers, y que tras arrancar con “In The Flesh?” de Pink Floyd, con el propio Mora a la voz, nos dejarían un set nada obvio, que huyó en gran medida de los hits más habituales. Algo que vino a poner de relieve el cariño con el que la banda se preparó tan especial cita.
Da fe de ello el “Stiff Competition” de Cheap Trick con el que continuaron, ya con Miguel Vallinas a cargo de las voces. O ese “The Seeker” de The Who. Sorprendió incluso cómo Carlos hizo suyo al micro un rotundo “If You Want Blood” de AC/DC con Francisco Muradás (Humo) a la segunda guitarra. Y es que al final, donde cualquiera hubiera elegido un “Smoke On The Water”, ellos deslizaron un gran “Mistreated”. Donde esperarías un “Paranoid”, sonó “War Pigs”.
Tampoco faltaron invitados como Marija Krstevska haciendo suyo el “Rainbow In The Dark” del gran Dio. O sendos bajistas y viejos amigos de la banda como DavidAlonso y Jorge Ruiz (Reveal) para “Dazed And Confused” de Led Zeppelin” y el ya mentado cierre con Black Sabbath. Un show como decimos muy especial, a saber si algún día volveremos a ver a la banda en un set sólo de versiones, y que atesoramos ya para siempre.
El set de Totengott no contendría tantas sorpresas, si acaso el hecho de ver a Chou sin su habitual capa negra, pero sí esa cruda oscuridad de la que siempre hacen gala. Clavando el arranque de su segundo álbum, volverían más tarde a aquél “Doppelgänger” de 2017 para una “Delusion Of Negation” con la aguja del cuentarrevoluciones en zona roja. Y a continuación, no podía faltar, el obligado cumpleaños feliz para Mora, auspiciado por el propio Saavedra y bien aprovechado por el trío para coger algo de resuello.
Tuvieron tiempo incluso para anticipar uno de los cortes que integrarán su nuevo álbum de estudio, “Rituals Of Damnation” nos pareció entender, y de cerrar con la despiadada y extensa “The Abyss”, dejando claro que lo especial del evento para nada haría mella en ninguna de sus intenciones. Cincuenta minutos en la más pura tradición del trío. Esperando ya por ese tercer disco.
Para el final quedaba la descarga de Humo, con Mora esta vez ejerciendo de teclado y voz al frente del escenario. Y también aquí habría sorpresas. La primera, el arranque con un inesperadísimo “Psycho Killer” de Talking Heads. Entre medias algún tema nuevo y su maestría técnica habitual. Apretujados en el pequeño escenario de la Ángeles y Demonios, con un gran sonido, no falló Nefta a los mandos de la nave una noche más.
A día de hoy una banda en gran medida instrumental y muy sólida, que bebe de las fuentes de la psicodelia y se maneja un tanto a la contra de la gran ola post-rock que nos asoló hace unos años. Algo que les confiere una personalidad más abierta pero igual de disfrutable.Con lo que no contábamos, ni el equipo de Heavy Metal Brigade ni creemos que nadie que se encontrase en la sala, fue con las sendas versiones de Dead Kennedys y Melvins con las que se despidieron. Que a la vez conservaron el nervio original pero especialmente en el caso de “Holiday In Cambodia”, hicieron suya en cierta manera. Gran e inesperado fin de fiesta si nos preguntan.
La sensación que dejó la primera “¿y última?” celebración del Midlife Crisis Fest fue la de ojalá más músicos de la región celebrando de esta forma sus respectivos aniversarios. El festival vino a hablar también de la versatilidad de uno de esos músicos por los que sentimos un especial cariño en esta casa. Por él y por la buena gente de la que ha sabido rodearse. Por muchos años.
Tampoco queríamos cerrar esta crónica mandando un abrazo grande a todos los músicos implicados en la velada, a Iñaki de la Ángeles y Demonios, y también a Nefta y Gin. Nos vemos en el siguiente.
Pues ya tenemos en nuestras orejas el nuevo trabajo de los post-doomies Ikarie. La banda, que ya pasara por estas líneas con aquél “Cuerpos En Sombra” de 2021 y que forman a día de hoy Luis Albadalejo, Daniel Gil y Paco Porcel (guitarras), María V. Riaño (bajo), Dom Santoro (batería) y Pablo Egido (voces), regresa ahora con un nuevo largo, de título “Arde”, grabado y mezclado por el propio Daniel Gil en el 7Barbas Studio. Las pistas resultantes serían posteriormente masterizadas por Brad Boatright (Altarage, Yob, Bell Witch, Ulcerate, Incantation…) en los Audiosiege Studios de Portland (Estados Unidos). Producido por Gil y Riaño, vio la luz el 17 de marzo vía Avantgarde Music.
“Sacrificio”, donde se deja oír un pequeño extracto del clásico de la ciencia ficción checoslovaca “Ikarie XB-1”, arremete ya desde un primer momento con ese sonido oscuro, a ratos angustioso, que conforma buena parte de las líneas maestras de este segundo trabajo. Mientras inunda su segunda mitad de tonos a medio camino entre el terror y el sci-fi más atmosférico, introducirá una “Santa Sangre” que fuera encargada a su vez de presentar “Arde” en sociedad allá por el mes de febrero. Un corte vibrante y tenso, rodeado de pequeñas islas de tranquilidad donde, de todos modos, la calma nunca deja de poseer cierta extrañeza. Todo el corte arrastra una pulsión oscura, algo extraña. Ecos que reverberan y música que pide a gritos ser degustada auriculares mediante. El crescendo final, doble bombo mediante, es pura agonía y desgarro. El viaje ha comenzado y no parece haber escapatoria posible.
“La Sed” y ese inicio más clásico, afianzan no obstante el tono grandilocuente pero apesadumbrado en el que Ikarie se mueven cual pez en el agua. No desarrolla los riffs más preclaros del disco, ni mucho menos, pero se las arregla, estructuras mediante, para conformar un corte en constante diálogo consigo mismo. Ahí donde ganan los contrapuntos derivados de las diversas líneas melódicas que integran buena parte de su recorrido. La producción, y perdón si sueno tópico, no tiene qué envidiarle a nadie. Casi diría que al contrario. La forma en que se distinguen de forma clara y en todo momento las muchas líneas que integran la mezcla, está a la altura de cualquiera. Así pues, Ikarie nunca pierden el foco. De hecho todo esto resulta aún más evidente toda vez el corte transita hacia su epílogo al tiempo que deja notar la cara más atmosférica de su ideario. Un corte en muchos aspectos fascinante…
… pero uno casi agradece la calma que se apodera del álbum toda vez le llega el turno a la mucho más tranquila y reposada “40 Días”. Pequeño bálsamo en forma de teclas tímidas y guitarras cristalinas, adherido no obstante al obligado tono en penumbra que acostumbran a manejar los ex-Nahemah.
Santoro se apodera del prólogo de una “Surcos (Ciutat Morta)” que vendrá a mostrar a los Ikarie más ennegrecidos y nerviosos primero, los más melancólicos después. Hay melodías de guitarra aquí que, afinaciones al margen, tranquilamente podrían formar parte de algún corte de los Warning de Patrick Walker. Egido vendrá a dejarse la piel al tiempo que su voz transita por el más puro desgarro con toda naturalidad. Angustia febril que te agarra y no te suelta, ni siquiera cuando irrumpen de nuevo esos tonos más atmosféricos que la banda maneja como nadie. El largo epilogo, no obstante, se adueña de sonoridades más extrañas. Divergentes incluso. Y uno vuelve a aquél corte inicial, al sci-fi clásico (cinematográficamente hablando) y a la más pura tensión. Todo para desembocar en ese muy apaciguado epílogo. Epílogo que, en mitad de la tormenta, casi tiene la forma, también la función, de un bote salvavidas.
Kanno Sugako, de la que doña wikipedia nos cuenta que fue “una anarco-feminista japonesa, de profesión periodista” y que “escribió una serie de artículos acerca de opresión de género y fue una defensora de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres”, viene a dar nombre a un corte en gran medida instrumental, huidizo, construido casi a modo de vaivén, y entregado sin reservas a su propia extrañeza. Situado, pienso que con acierto, a medio camino tanto de los Ikarie más leves como de los más graves. Calma tensa, poderosa, de nuevo reverberante y donde la producción vuelve a brillar con mano firme.
“Tomie” amenaza en su prólogo con transigir hacia posiciones más acomodadas. Ikarie, por supuesto, no toman el camino fácil. El corte camina inmediatamente por un largo páramo huérfano de toda rabia para, cual ave fénix, resurgir más adelante a tiempo que destapa la cara más monolítica, pesada y rocosa del combo. Que se olvida aquí de trazos más retorcidos precisamente en busca de facilitar el impacto que, por contraste, ejerce para con la calma que lo precede. No es que la técnica resulte original a estas alturas pero bien es cierto que disfruto con la forma en que está ejecutada.
Da nombre al disco ésta “Arde” donde, efectos mediante, se dejará oír la voz de Andrea Dworking, activista feminista y escritora estadounidense, durante una manifestación acontecida el 19 de abril de 1980. Envuelta en tonos que afianzan a los Ikarie más atmosféricos, casi espaciales, desprovistos de toda base rítmica e incluso guitarras.
“Titane II” viene un poco a desconectar al álbum de sus pretensiones más disruptoras, regresando hacia un doom/death más académico, donde se dejan notar de manera más que notoria muchos de los grandes tics que han identificado al género durante décadas. El gran peso melódico que emerge de las guitarras, el tono melancólico que dibujan. La desgarrada línea de voz de Egido y esa base rítmica acompasada pero poderosa. A grandes rasgos me resulta la menos sorprendente de las diez, lo que no quita para que disfrute con la firmeza y, sobre todo, la convicción con que está ejecutada. Cierran al piano con la curiosa instrumental “Flores En El Asfalto”.
La banda lo define como una llamada a la revolución. El disco no deja nunca de arrimarse a los confines del género. Transgrede formalismos y se caracteriza, a grandes rasgos, por mirar siempre hacia delante, sin preocuparse lo que pueda quedar atrás, quedando “Titane II” como única pica en el terreno del doom/death más fundacional. Firme, disruptor, atrevido. También oscuro, desasosegante y tremendamente diverso. En un panorama donde el riesgo resulta un bien cada vez más preciado, representa todo un lujo toparse con álbumes como éste. Usando un símil literario, podríamos decir que en una escena donde todos quieren ser Juan Gómez-Jurado, Ikarie a quien persiguen es a David Foster Wallace. Benditos sean pues.