Reseña: Itinerum «Resurgence» (Demons Records 2025)

Las huestes sinfónicas guipuzcoanas Itinerum están de vuelta. Tras debutar en 2022 con “Dream And Fly” y tras la edición de varios singles a modo de anticipos, “Resurgence” devuelve la actualidad al combo formado por Jorge Banobre al bajo, Anne en voces, Fede en guitarras y Ruben Conejo en baterías. A ellos hay que sumar las colaboraciones de Leire Tejada y Unai (ex 13 Left to Die, ex Minerva) en voces. Los nueve temas que hoy nos presentan vinieron al mundo en los Chromaticity Studios de las hábiles manos del Vhäldemar Pedro J. Monge (Incursed, Valkyria, Rise to Fall…) y fueron posteriormente adornados por las fotos de José Luis García y el arte de MG Media Productions. Autoeditado en formato digital y en CD bajo el paraguas de Demons Records allá por el mes de junio.

La mano maestra de Monge se asegura de que todo esté donde debe. “The Nobodies” le procura un elegante inicio al disco. De entre las profundidades surge la voz de Anne y todo transcurre dentro de las leyes del metal sinfónico contemporáneo. Itinerum, no obstante, muestran aquí una cierta alternancia en cuanto a ritmos. Viene esta a enriquecer una escritura hábil aún en su clasicismo. Buenos riffs engarzando estrofas y una mezcla bien medida otorgando equilibrio a esa segunda estrofa. Puedo echar en falta un estribillo con algo más de gancho, lo que no quita para que Anne parezca manejarse con soltura en esos tonos más exigentes. Entre el puente y el epílogo surge un buen contrapunto en modo de voces graves y la banda amplía ahí su conocido espectro sonoro. Un buen arranque rematado con una pizca más de músculo y contundencia.

My Serenity” sí que parece disponer de ese gancho que eché en falta en “The Nobodies”. Corte de esos que requerirá de ciertas ayudas en vivo, pero que se mantiene gracias al buen ojo del cuarteto a la hora de jugar con los distintos ritmos e intensidades. De ahí, tal vez, que fuera una de las elegidas para presentar al disco en sociedad. Anne está realmente hábil en estribillos. Varios nombres acuden a mi subconsciente en cortes como este. Desde mis paisanos de Last Days Of Eden a nombres internacionales como Epica, Edenbridge o, en ciertos momentos, Within Temptation. Posee riffs más útiles que vistosos y a buen seguro echo en falta algún despliegue solista un tanto más ambicioso. Con eso y con todo, acertada elección como single, pienso yo.

Mother Of Chaos”, a la larga composición más extensa de las nueve, ofrece a unos Itinerum más épicos y rotundos. No es que Anne se vaya ahora a tonos más graves, pero sí que las guitarras de Fede destilan ahora una mayor oscuridad. Siempre, como digo, dentro de las fronteras del género y sabiendo salir airosos cuando llega la hora de trazar otro buen estribillo. La banda aprovecha esa mayor duración para ofrecer más detalles en lo melódico, estrofas bien trabajadas y un sensible esmero en cuanto al tratamiento de los respectivos arreglos. Algo que se dejará notar en gran medida durante sus estrofas. De nuevo hay un pequeño contrapunto vocal antecediendo al epílogo. Algo escueto, pero que en cualquier caso desemboca en un buen juego entre el registro limpio de Anne y la guitarra de Fede. Una de mis favoritas del largo.

Con Leire Tejada a bordo, que ya colaborara en el debut de 2022, “Till Dawn Do Us Apart” nos devuelve a esos Itinerum más agrios y rotundos, lo que redunda en una Anne cantando en tonos realmente altos. Siempre segura y sin sobresaltos, todo sea dicho. Por contra, es uno de esos cortes que siento bien merecían algo más de espacio. Ellos engranan su cara más alternativa con la más épica y rotunda y el resultado son algo más de tres minutos de metal sinfónico potente y bien ejecutado, pero que, como digo, quizá merecía un desarrollo algo más ambicioso.

En “Inner War” sorprenden esos aires medio orientales que portan las primeras voces de Anne. Bajo ellas hay alguno de los riffs más llamativos de todo “Resurgence”. Fede parece haber echado el resto aquí en ese aspecto. Aupados por la firme base rítmica, Itinerum pisan el acelerador aquí. Y aún sin que la aguja llegue a zona roja, sí que se deja sentir ese mayor mordiente. Lo que me agrada es cómo todo va de los tonos más alternativos de las estrofas a los más clásicos en estribillos. Todo bajo la atenta mirada de un Pedro J. Monge que no parece haber dejado ningún detalle al azar. Notable.

No diré que “Under Rain” resulta algo más pop, pero sí que parece buscar el adherirse a esa nueva corriente de metal facilón que bien puede ir desde (ciertos momentos de) Nightwish hasta los infecciosos Battle Beast. Anne, claro, parece de lo más cómoda aquí. Plantea buenas estrofas y mejores estribillos. Estos últimos pasan por ser, fácilmente, los más pegadizos (y en cierto modo memorables) de todo “Resurgence”. Buena labor solista de Fede en su tramo final y un corte con visos darles buenos réditos en directo.

Me gusta cómo juegan con el piano y esas guitarras más rotundas en “Symphony Of Rage”. También la (cierta) desnudez que acompaña ciertos versos de la primera estrofa. El crescendo que trazan luego no podría ser más clásico ni tampoco estar mejor resuelto. El bajo de Banobre adquiere un mayor peso en esa desnudez de las estrofas. Y si bien echo en falta una batería con algo más de presencia, poca queja más cabe al respecto de la producción y mezcla de este séptimo corte. Y es que Fede deja un correcto solo como anticipo al epílogo y, al final, todo parece estar donde debería.

Askja” entronca con aquél aire más medio oriental de “Inner War”, mostrando de paso a la Anne más ambiciosa y atrevida de todo el álbum. La facilidad con que se maneja entre los diferentes tonos, las buenas estrofas que ha trazado y cómo su línea de voz aquí parece diferir en cierto modo de otras tantas presentes dentro de este segundo álbum. Como contrapunto surgen voces graves, así como un groove más acentuado. Así todo, la banda no descarrila del sendero. Esto sigue siendo metal sinfónico con todas las de la ley. Pero con eso y con todo, uno agradece la mayor liberad que el cuarteto parece haberse tomado aquí. Sienta bien a estas alturas del álbum, proporcionando cierta frescura incluso.

Unai vendrá a sumar esfuerzos a una “Inequality” que presenta orgullosa al riff más marcial de todo “Resurgence”. Un corte alterno en voces pero de trazo clásico y casi diría habitual, con Anne moviéndose (muy segura) en esos tonos más altos de estribillos y Fede mostrando buena mano a la hora de ejecutar el solo. Itinerum cierran así su segundo trabajo con las que pueden ser las dos composiciones más diferentes (aquella en lo gramático, ésta en lo tonal) de entre esta nueva colección de temas. ¿Simple casualidad o un aviso de por donde pueden ir los tiros en un futuro? Habrá que esperar a un hipotético tercer trabajo para salir de dudas.

Mientras tanto, “Resurgence” es algo más de media hora de buen metal sinfónico en la onda de las bandas mencionadas durante el texto. De producción lustrosa y con ciertos destellos de una mayor extrañeza durante el tramo final. Anne ha realizado un gran trabajo con sus líneas de voz y si bien echo en falta despliegues solistas un tanto más ambiciosos, no es ésta una queja que concierna a Itinerum en particular sino más bien al género casi en su totalidad. En “Mother Of Chaos” creo que rayan a buen nivel y, como digo, tanto “Inner War” como “Inequality” se atreven, aunque sea de forma tímida, a jugar con las expectativas (y no fallan). Desgraciadamente se canceló su paso por Avilés para una nueva edición del Rock In Ria y no quedará otra que buscar otra ocasión para pasar revista a estas nuevas composiciones.

Texto: David Naves

Reseña: Blues & Decker «II: Return» (Autoproducción 2025)

Blues & Decker nos presentan su faceta más rockera en formato Ep digital. “II: Return” consta de cinco temas que, a su vez, formarán parte de un vinilo con edición a finales de año vista. Recordemos que ellos son Diego Reyes (batería), Kike Cuetos (bajo), Gustavo Pérez (voz y guitarra) y Guzmán Lanza (guitarra). Las canciones vinieron al mundo bajo la atenta mirada de Daniel Sevillano en “el templo del sonido asturiano Ovni estudio”.

The Omen” ya deja claras las posiciones sobre las que se manejará la banda en este pequeño Ep. Es un blues rock crudo y pesado. A la vez elegante y distinguido. Pergeñado sobre buenos riffs y donde lo orgánico del conjunto supone la base sobre la que se edifica el sonido Blues & Decker. Gustavo está trazando hábiles líneas de voz. Me agradan esos pequeños solos con los que engarzan estrofas. Ovni, desde luego, responde a su bien adquirida fama. El sonido que emana de estas canciones no podría ser más limpio y cristalino. No desentona ni siquiera cuando la voz estalla con esos tonos más agrios del tercio final. Blues desgarrado primero y un cambio de ritmo cosido al fulgurante epílogo. Un gran arranque el de este retorno.

Never Happened To Me” es vivaracha. La que fuera carta de presentación del Ep da la impresión de haber sido pensada y repensada con el directo como fin último. Los riffs que la construyen tienen gancho. Junto a ellos, Gustavo traza una línea de voz a la vez hábil y pegadiza. Los buenos detalles de Reyes tras baterías, especialmente en estrofas, el solo que antecede al puente o ese final de nuevo más vivaracho. Todo me funciona aquí. Y si bien ahora apenas rozen aquella gravedad tan acusada del primer corte, bien está lo que bien acaba.

Entones “Odyssey” juega a combinar a esos Blues & Decker más vivos con los más sucios. De resultas de ese doble juego emerge un corte entre dos aguas, que me agrada por ese juego entre guitarra y voces. También por la de nuevo hábil labor de Reyes a los parches. Y aunque siento que quizá pueda pesarle esos poco más de tres minutos y medio que marca en el reloj, no deja de ser un corte atravesado por buenos solos de guitarra y que parece dejar su mejor cara en cuanto a unas ejecuciones cuidadas con sumo detalle. El solo final, que me atrae por la mayor suciedad que arrastra, puede ser fácilmente mi favorito de todo el Ep.

Su prólogo deja poco lugar dudas. “Back To The Roots” suena inevitablemente clásica. Carga con la responsabilidad de ser el corte más extenso de los cinco. Y Blues & Decker, valga el tópico, realmente parecen haber echado el resto aquí. Quizá de los cinco, el que mejor lustre saca del magno estudio donde estas canciones vinieron al mundo. Emanan toneladas de clase de este blues desnudo y sureño, inundado de sonidos con olor a carretera y desierto. En su corazón mismo anida un solo, que aún cuando me agrada, no me hubiera importado si tuviera una duración aún mayor. Con eso y con todo, otro corte lleno de personalidad, con un cierre por todo lo alto y que puede ser fácilmente aquél con el que más conecto de este “II: Return”.

Where We Belong” sorprende entonces con ese tono algo más alucinado. Algo que ejemplifica esa voz con efectos de Gustavo Pérez en las primeras estrofas. Otro corte bisagra, que mantiene un constante doble juego entre los Blues & Decker más (no sé si decir) psicodélicos con los más graves y rotundos. Un cierre que maneja una más que interesante paleta de tonos y colores, y que viene a dar cumplida cuenta del cuidado con el que la banda ha construido este pequeño trabajo. Ojo si no al despliegue solista final.

Derrochan clase a raudales. Evidentemente, sería de necios negar que a servidor le faltan referentes a la hora de juzgar un trabajo de estas características. Ello no quita para que disfrute, ya lo creo que lo hago, con unas canciones bien construidas, unas ejecuciones sin mácula y un discurso sonoro que, sin abandonar las fronteras del blues rock, sabe ser lo suficientemente diverso como para otorgar a cada composición una personalidad y entidad propias. Me agradaron como cierre del último Unirock (crónica) y lo han vuelto a hacer con este más que interesante regreso.

Texto: David Naves

Reseña: Vulvarine «Fast Line» (Napalm Records 2025)

El llamado universo de las Riot Grrrl se ha visto recientemente sacudido por el segundo largo de las vienesas Vulvarine. Ellas son Bea Heartbeat en baterías, Robin Redbreast al bajo, Sandy Dee en guitarras y Suzy Q en voces. Engel Mayr en el Studio Mäusepalast, Thomas Zwanzger en Stressstudio y Dietmar Baumgartner en Sonar Music Productions fueron los encargados de traer al mundo los once cortes de este “Fast Lane”. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por el propio Engel Mayr en el Studio Mäusepalast y finalmente masterizadas por Lukas Wiltschko de LW Sonics. Con la misma Sandy Dee aportando su arte para la portada del álbum, esta segunda entrega de las austríacas vio la luz vía Napalm Records a finales del pasado mes de marzo. Un trabajo que llevará a la Factoría avilesina el próximo 31 de octubre al ahora renovado cuarteto tras la incorporación de Lauree Blaze como nueva voz.

Un pildorazo de puro rock and roll inaugura el álbum. “The Drugs, The Love And The Pain” pronto da muestras del fino registro de Suzy Q. Hay una apañada colección de riffs, más eficaces que vistosos. También una producción en el punto justo entre pegada y discernimiento. Equilibrada y muy cuidada. Si bien siento que al estribillo no le habría venido mal una pizca más de mal café, pocas pegas caben al respecto del solo que sucede después, así como a la hábil construcción de ese tramo final. En resumidas cuentas un arranque agradable y funcional.

Ancient Soul” añade algo más de empaque por parte de las vienesas. No solo por una construcción algo más estirada sino por unas buenas estrofas y unos aún mejores estribillos. Tienen estos un deje algo más melancólico, que por alguna razón me llevan a pensar en Thin Lizzy. Sobresalen igualmente los buenos engarces entre estrofas. Las baterías que deja ahí Bea Heartbeat merecen toda la atención. También las que dan apoyo al buen solo del tramo final. Uno de esos cortes con toda la pinta de funcionar como un tiro sobre las tablas.

Heads Held High” magnifica aún más ese rock más melancólico y casi apesadumbrado. Sin que salten las alarmas, sin que esto deje de ser un disco de rock and roll con todas las letras, pero donde Sandy Dee está dando una auténtica lección de clase y feeling. Orgullosamente auto reivindicativa en lo lírico, pluscuamperfecta y clásica en cuanto a trazo y estructuras, quizá eche en falta un solo de guitarra más pronunciado durante ese buen tramo final. Con eso y con todo una de las que más ha arraigado en mi subconsciente tras el correr de las escuchas.

Uno de los cortes más extensos de este segundo trabajo es “Demons”, con Bea Heartbeat cabalgando a medio gas y la banda trazando ahora un cuidado medio tiempo. Suzy Q aúpa su registro en estrofas y se acompaña de cuidados coros en estribillos. Y aunque los distintos enganches entre estrofas no brillen como lo hacen en otros cortes dentro del disco, qué finas están las austríacas a lo largo de este rock menos brillante, más sucio, algo decadente incluso. Sandy Dee se reserva otro buen solo como anticipo del epílogo y, al cierre, todo me termina por funcionar. Un corte con una vibración muy especial dentro de este “Fast Lane” y quizá uno de los más redondos.

La base rítmica inaugura esta “Alright Tonight”, un corte que anuncia un rock más oscuro, deudor aunque sea de modo lejano, de unos The Cult de comienzos de los 80, con Suzy Q dibujando otro estribillo lleno de carisma y feeling. A ratos uno puede echar en falta el nervio que entregan otros cortes dentro del álbum. Pero la buena producción así como la muy cuidada construcción de las estrofas, precioso el tono que entrega la guitarra de Sandy Dee, sacan la cara por otra de esas composiciones distintas, marca de la casa. Diferente, que no peor.

Equal, Not The Same” recupera en parte el nervio, mostrando ahora a unas Vulverine más próximas al punk. El nombre de las infatigables The Lizards ha estado yendo y viniendo tras las sucesivas escuchas. El caso es que Dee vuelve a brillar en lo que a melodías se refiere. También en cuanto a riffs. Fue elegida como anticipo en modo de videoclip y toda vez estalla el solo de la propia Dee, cuesta nada y menos entender los motivos. De los once puede no ser el corte que mejor las represente. Pero es una entrega redonda, con gancho y buenos detalles desde el plano técnico. Win win.

Fool” sorprende con ese avanzar algo más marcial de sus estrofas, que contrasta con el más casual y rockero de los estribillos para conformar un corte sencillo, directo y sin mayores florituras. Con las baterías desnudas de Bea Heartbeat uno bien podría pensar de un modo más o menos casual en White Stripes. Con eso y con todo nadie puede negar que esto sigue siendo rock and roll sin concesiones. Con una línea de voz, perfectamente armada, que cabalga amarrada a unos riffs llenos de gancho y brillo. Estupenda.

Vulvarine insertan entonces “Polly The Trucker”, entrega más extensa de “Fast Lane” y la que viene a entregar uno de los riffs más frontales y áridos del disco. Ello sin descabalgar de su habitual rock directo y formal, pero desde luego ofreciendo ahora una mayor enjundia. Ese nervio, quizá esa mala leche, que se puede echar en falta en otras entregas. El típico que te vuela la cabeza en su traslación al directo. Hay buenos coros en estribillos aquí. Sigue brillando la buena producción que tiene el álbum. Pero si algo me agrada es tanto el solo como ese rock más pesado y contundente en que se apoya de inicio. El cambio de ritmo, tan clásico como efectivo, que acometen después. Y su cuidada resolución. Hasta el fugaz guiño a nuestro idioma. Si esto no es rock de altura, no sé qué lo será.

Explota entonces “Dark Red” y el disco, lejos de perder impulso, ofrece aquí unas de sus entregas más redondas. También más potentes. Con una selección riffera que las aproxima (a destellos) hacia los terrenos del heavy metal más casual. Sandy Dee brilla sobremanera aquí. También una base rítmica empastada como en pocos momentos a lo largo del álbum. El corte entrega nervio en estrofas, equilibra con estribillos contundentes y desemboca en un solo disfrutón por desmelenado y atrevido. La cabra tira al monte, claro, pero siento muy cómodas a las austríacas en esta encarnación más nerviosa y potente. Prueba al fin y al cabo de la cintura con la que han enfrentado la escritura de este segundo largo.

Cheri Cheri Lady”, con la colaboración de Filippa Nässil (Thundermother) en guitarras, fusila a placer el original de Modern Talking arrimándose a la cara más punk de Vulvarine. Ruge el bajo de Robin Redbreast en estrofas y vuela el doble bombo de Bea Heartbeat en estribillos para una versión libérrima y disfrutona. El cierre es para la pequeña “She’ll Come Around”, pequeño escorzo acústico, bailando entre las fronteras del grunge y el alternativo para un curiosísimo broche final.

Entre la versión de Modern Talking y el pequeño detalle acústico de “She’ll Come Around” puede que “Fast Lane” desfallezca en su tramo final. Da igual. Antes el disco ha dado razones más que suficientes para confiar. Sea con las buenas hechuras de “Polly The Trucker”, el nervio bien entendido de “Equal, Not The Same” o esa pulsión más metálica de “Dark Red”, amén de los muchos y buenos riffs que Sandy Dee dibuja a lo largo del álbum, Vulvarine han entregado un segundo disco destinado a hacer mucho, mucho ruido en años venideros. Si nada lo impide esperamos ser testigos.

Texto: David Naves

Dünedain: Portada, Tracklist y Fecha de Salida para «Érase»

Seis años después de «Memento Mori«, los avulenses Dünedain ponen fecha de salida a «Érase» su próximo álbum de estudio. Tras 2 adelantos «Fénix» y «La Misma Canción» el 7 de noviembre verá la luz en formato digital, CD y vinilo un trabajo compuesto por 9 canciones.

01 Oh Yeah!
02 La Misma Canción
03 Érase
04 Pandora
05 Silencio
06 Hijo Rojo
07 La Herida
08 Fénix
09 Némesis 

Con portada y diseño de Marcos Rodríguez (Mägo de Oz) el que será su sexto álbum de estudio fue grabado en Sonido XXI (Koma, Marea) con mezcla y arreglos de Dan Díez (Tierra Santa) en Rock Lab y masterizado por Leon Zervos (Aerosmith, Iron Maiden, Muse…). Reserva disponible a través del siguiente enlace:
https://medicinemusic.es/tienda-oficial/escenario-heavy/artistas-heavy/dunedain/

Reseña: Láudano «Sintopía» (The Fish Factory 2025)

Sexto trabajo ya para los góticos de Láudano, proyecto del multi-instrumentista Alberto Díez, y que gentilmente nos envían desde The Fish Factory. “Sintopía” reúne a Héctor Hernáez en bajo, Mónica Camarero a los teclados, y David Mesa y Jorge Sánchez tras baterías. El álbum cuenta a su vez con una sección de cuerdas y clarinete a cargo de “Cuarteto Clásico”: Diego Fernández al mencionado clarinete, Virginia Peciña con el violín, José María Cabezón con la viola y finalmente Cristina Marín al cello. Sería el propio Díez quien grabase estas canciones en el IraeStudio. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por Tim Lewis (Rockfield Studios) en Aeriel y masterizadas por Mario Alberni en Kadifornia. El trabajo viene adornado por el arte de Amaia Antoñanzas y las fotos de Óscar Solorzano.

Hay un pequeño e inusitado “Prólogo” que, en cierto modo, nos introduce con brevedad en los tonos por los cuales transitará el álbum. “Una Poesía Olvidada” tiende sobre el oyente un rock de aires góticos, bellamente arreglado y el que Díez dispone sus tonos limpios más profundos. Ahí me agrada el modo en que su línea de voz va alzando el tono conforme transita por los diferentes versos. Hay hábiles solos de guitarra a modo de engarce entre las estrofas, una producción limpia y equilibrada y cuidado trabajo en lo tocante a arreglos. Esto es algo que salta al oído durante el calmo y reposado puente. La electricidad que emana después, me trae efluvios de unos Anathema de álbumes como “Alternative 4” o “Judgement”. El cuidado prólogo, nada de engorrosos fade outs, habla y no precisamente mal del mimo con que se ha tratado a estas composiciones. Más que interesante dupla inicial.

La acústica mediante la cual se abre paso “Sintopía · Parte 1” tiene algo que me siempre me recuerda a los Opeth más tendidos. Díez, que ni es Åkerfeldt ni lo pretende tampoco, traza un corte liviano, casi onírico, y que por su propia labor al micro, bien podría recordar a ciertos momentos de Enrique Bunbury con Héroes Del Silencio. Luego la composición se introduce en un crescendo hacia posiciones más grandilocuentes, sin que la producción se resienta en exceso, y de un modo tan cuidado y elegante que no queda sino rendirse. Asimismo, el de Lacrimosa puede ser un nombre recurrente a lo largo del epílogo. En especial toda vez irrumpen esas voces femeninas y todo confluye hacia los Láudano más grandilocuentes. El legendario speech del ministro y activista bautista estadounidense Martin Luther King ocupa el cierre. Elegancia a borbotones.

Interludio”, con sus cinco minutos largos, es más que un simple interludio. Parte desde la más absoluta calma para después fundir guitarra y piano en un sencillo escorzo de paz y tranquilidad. El Steven Wilson de un disco como “The Raven That Refused To Sing (And Other Stories)” podría ser una rima fácil cuando entran esos coros de fondo. Las cuerdas que Díez introduce más adelante, añaden un cariz muy especial a esta composición, de nuevo en crescendo, y que divaga entre lo cinemático y un cierto regusto a Anathema prendido en sus guitarras. Camino del prólogo va emergiendo una pulsión más electrónica. Lo que me agrada es el mimo y el cuidado con el que Díez va encadenando cada línea, cada instrumento, cada idea. Todo precisión y elegancia. Y es que tal y como reza la cita final del filósofo italiano Julius Evola: “Cada acto de belleza es una revuelta contra el mundo moderno”.

Así las cosas, la pequeña “Sintopía · Parte 2” puede resultar algo más convencional. Pequeña composición, de nuevo instrumental, con el piano como protagonista, de aires neoclásicos y un tono preciosista, casi naif. Conduce hasta una “Ícaro MMXXV” que trae de vuelta las guitarras eléctricas, las apoya sobre una curiosa base rítmica y, por la propia interpretación de Díez al micro, me vuelve a recordar a aquellos Héroes Del Silencio que tanto escuché de chaval. Delicada y nada estridente, sorprende si acaso por una línea de bajo curiosa por juguetona. Hay un buen solo de guitarra partiendo la composición por la mitad. A término, vuelven las cuerdas y esos Láudano más grandilocuentes y mayestáticos. El trazo en sí mismo puede no resultar revolucionario a estas alturas. Pero el cuidado en cada ejecución, el equilibrio entre sus partes, el modo en que la elegancia desborda casi a cada acorde, hablan muy bien de entregas como esta.

El Vals Invisible” es, efectivamente, un vals. O lo es, al menos, durante su vienés prólogo. Acurrucado en un cello de Cristina Marín de una belleza arrebatada, Díez va pergeñando otra de esas composiciones mimadas hasta el exceso, quizá aquella en la que más y mejor brilla la producción del álbum. Muy liviana y reposada en sus primeras estrofas, con la voz ahora muy en un muy primer plano. La guitarra de Díez en su faceta eléctrica va engarzando las estrofas, al tiempo que la producción arroja una cierta grandilocuencia a la mezcla. Pero en el corazón mismo de este penúltimo corte anida la cara más potente de estos Láudano. Un vigor que se viste de un (leve) acento progresivo. Y que no duda en echar mano de guitarras acústicas e incluso algún pequeño guiño flamenco. Francamente estupenda.

Epílogo” cierra este “Sintopía” echando mano del piano, para conducirse una última vez por aguas tranquilas, rimando con al corte inmediatamente anterior y ofreciendo un manso aunque distinguido broche al disco.

No, no es el cd más potente que haya pasado por estas líneas últimamente. Láudano acostumbran a moverse entre remansos de paz y los guitarrazos, que los hay, suelen sucumbir ante el empuje, también el embrujo, de pianos y cuerdas. Un álbum trazado con mimo, bellamente arreglado e interpretado con mucha clase, seguramente del gusto de los más sibaritas, pero que de igual modo podría satisfacer también a quienes busquen algo de reposo en estos tiempos tan oscuros. Que falta hace.

Texto: David Naves

Reseña: Marasme «Fel» (Discos Macarras / Eternal Juggernaut / Nafra / Quebranta – 2025)

Fel” es el cuarto disco para los post-metaleros baleares Marasme, la banda que integran David Álvarez “Dubi” (batería), Timothy Llompart (bajo), Tomeu Canyelles y Jordi Carrasco (guitarras) y Joan Rigo (voces). El disco, que vio la luz el pasado julio de manera conjunta entre los sellos Discos Macarras, Eternal Juggernaut Records, Nafra Records y Quebranta Records, fue producido por Toni Salvà (Diorama Sound) y posteriormente masterizado en Suecia por el Cult Of Luna Magnus Lindberg (Dvne, Wode, Obsidian Kingdom, Tribulation…). Los seis cortes que componen el disco vienen acompañados por el diseño de los propios Llompart y Rigo, así como por las fotos del batería Dubi. El trabajo en su conjunto está dedicado a la memoria de Pere-James Llompart Collins.

Hay cierta tensión en el prólogo de “Espurna”. Una tensión que Marasme rompen poco después, abrazando así la cólera y el desgarro. Joan Rigo se desgañita a placer durante estas primeras estrofas. Incluso cuando la batería de Dubi atempera las revoluciones y la composición divaga entre el post-metal más incendiario y un black metal cercano (que no limítrofe) al shoegaze. Buena mezcla la que ofrece este primer corte, equilibrada pero con pegada, discerniendo entre líneas y ofreciendo la debida importancia a cada elemento presente en las misma. Es algo palpable conforme nos encaminamos al epílogo y surge la cara más atmosférica de los baleares. Un buen arranque.

Urpa” funciona a base de confrontar a los Marasme más enrabietados con pequeñas islas de metal sosegado y paciente. De ese contrapunto surge inevitablemente una composición híbrida, que se arrastra entre el nervio y la pesadez. Subyace ahí una cierta desesperanza, una rabia heredada del sludge más cerril, en especial si uno atiende al modo en que Rigo “declama” muchos de sus versos. Aún cuando el puente se permite una cierta calma, “Urpa” sigue sonando tensa y desafiante. El de los durangueses Ikarass, banda que nos sorprendiera gratamente en el último StoneFest (crónica) es un nombre que me viene al subconsciente tras varias escuchas.

Metzina” proporciona algo de resuello con ese prólogo calmo y sosegado. El propio corte transita hacia postulados más cercanos al doom en sus primeras estrofas. Amplifica el discurso de este disco, mostrando a los Marasme más atmosféricos, pertrechados ahora sobre posiciones más tranquilas, menos perturbadoras, aunque igualmente tensas. Esa calma, personificada en un puente cuidado y tranquilo, salta de pronto por los aires y el quinteto ofrece ahí su vena más feroz. Atruena la batería de Dubi mientras Marasme aluden a postulados propios de bandas como Ghost Bath, An Autumn o unos Sólstafir en sus momentos más crudos. Elegancia pero también nervio y contundencia para uno de los cortes, en mi opinión, más redondos del disco. Por lo amplio del discurso pero también por lo interesante de sus riffs. En la rabia pero también en la calma. Estupenda.

Quimera”, a la sazón corte más rácano de este “Fel”, desciende entonces de nuevo hacia las procelosas aguas del sludge, echa mano de una vena muy Cult Of Luna y la confronta con violentas arrancadas de metal rotundo y lacerante. Trazas de Isis o incluso Pelican en las partes más relajadas un trazo cargado de atmósfera después, y que (pienso) saca a relucir la mejor cara de la banda, cosido a otro cierre con el tacómetro en zona roja. Aun cuando lo disfruto, quizá un corte que bien merecía algo más de desarrollo.

Boira” es en principio un medio tiempo rotundo y compacto, de riffs a caballo entre un post-metal al uso y el black más leve. Por ahí la desesperanza parece ganarle terreno a la pura rabia. Más adelante, la banda arrima sus contornos a un black desesperado, casi agónico, mientras posa su mirada, aunque sea en lejanía, en los Xasthur, Harakiri For The Sky, Karg… Otra composición atractiva por lo híbrido de la misma, haciendo fuerte el amplio discurso que manejan los baleares a base de buenos riffs, una base rítmica compacta y una voz cuya rabia parece no cesar nunca.

Larva” coge el testigo de ese post-black metal a lo H.F.T.S. mientras Marasme producen el corte más extenso de todo el álbum. Arrimado a ese metal más vibrante, surge ahora la cara más grandilocuente (no quisiera decir “pomposa”) para amplificar aún más el rango de acción del disco. Por ahí surge otro de los cortes que más captan mi atención en lo que a riffs se refiere. Incluso cuando la composición se apacigua y emergen los Marasme más atrevidos y enigmáticos, Tomeu Canyelles y Jordi Carrasco no pierden oportunidad de plasmar su buen gusto sobre este último corte. Y aunque no me desagrade ese descenso hacia el vacío que propician en su parte final, sí siento que se le podría haber sacado algo más de jugo a este epílogo.

Sea como fuere, el post-metal estatal sigue entregando buenas obras. Una de las escenas que goza de mejor salud ahora mismo, y a la que Marasme vienen a añadir un cuarto álbum corto en duración, no llega a treinta y cinco minutos, pero donde composiciones muy personales se dan la mano con buenos riffs para crear una serie de atmósferas de lo más diversas. Sobre ellas, Joan Rigo despliega por igual rabia y desesperanza. El resultado es un álbum que, aún cuando adherido de forma orgullosa a una corriente puramente post-metal, sabe buscarse las cosquillas para labrarse una personalidad a la que poder llamar propia. Algo que no abunda en estos tiempos que corren y que, pienso una vez más, debería cuanto menos celebrarse.

Texto: David Naves

Reseña: Onirophagus «Revelations From The Void» (Personal Records 2025)

Tercer largo para los doomies de L’Hospitalet de Llobregat, Onirophagus. Una banda que forman Sir Vellum (guitarra, bajo), Uretra (batería), Moregod y Obzen (guitarras) y Paingrinder (voz). Con ayuda de Kari Kankaanpää (Sepulchral Curse) en voces y Lady Nott (God’s Funeral) en violines, entregan vía Personal Records un “Revelations From The Void” grabado y mezclado por el Balmog Javi Félez (Altarage, Totengott, Graveyard, Teitanblood…). Los cinco temas que lo componen serían posteriormente masterizados por Jaime Gómez Arellano (Oranssi Pazuzu, Angel Witch, Ulver, Skepticism, Cathedral…) y debidamente adornados por el arte de Paolo Girardi (Grima, The Black Dahlia Murder, Officium Triste, Power Trip…), “Revelations From The Void” vio la luz el pasado diecisiete de enero.

Un muro de diez minutos desafía al oyente nada más darle al play. Desde que desata su imponente prólogo, “Revelations From The Hollow Valley” muestra a la banda en su versión más descarnada e hiriente. Puro desgarro emana de la garganta de Paingrinder. Me gusta cómo han trazado estas primeras estrofas, el doble juego vocal y esa cierta épica que de ellas se desprende. No faltan buenas melodías como soporte de esas voces. Y aunque los riffs en este comienzo no alcancen el brillo que veremos más adelante, lo cierto es que Onirophagus saben de sobra ya como trazar grandes piezas de doom death a rezumar de melancolía y también de atmósfera. El cambio de ritmo llega sin sutilezas, entregando ahí un riff no falto de gancho. La banda se arrima al death aquí. Aumenta esa carga atmosférica mediante arreglos, acelera los pulsos y va tramando así un corte apertura atractivo por diverso. El puente tranquilo que anticipa al vibrante epílogo te podrá recordar a según qué momentos de My Dying Bride. Fantástico juego entre canales de una mezcla que exige el uso de unos buenos auriculares para un disfrute óptimo. Un gran arranque.

Desde una perspectiva puramente temporal, pudiera parecer que “Landsickness” no alcanza a las aspiraciones del tema apertura. Sea como fuere la banda cuenta aquí con la ayuda de Kari Kankaanpää para un corte cuyo reposado arranque podría llevar a engaño. Uretra compone aquí una cuidada línea de batería. Tan hábil en las partes más arrastradas como firme en las más vibrantes. Por su carga arreglística, el nombre de mis paisanos de Totengott acude a mi subconsciente tras cada escucha. El puente bordea el death metal sin más miramientos, entregando la cara más trotona de la formación catalana.

The Tome” pone de relieve a los Onirophagus más abiertamente doom para un prólogo tan elegante como pragmático. Paingrinder lo rompe y lo enfanga con las que podrían ser las voces más rotas y oscuras de todo el álbum. Hay un cuidado trabajo de guitarras aquí, especialmente en la faceta melódica, que vendrá a funcionar como perfecto contrapunto a lo negruzco del aspecto vocal. De nuevo me agrada el cambio de ritmo que proponen. Cómo transforman el doom death más iniciático en un metal más vibrante, sin por ello abandonar la oscuridad y el desasosiego propios del género. La sombra de Celtic Frost es alargada en los momentos más trepidantes del puente. Sin embargo el pulso se detiene y las guitarras se adornan en ese final casi aletargado. Pero lo cierto es que se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que esta parte final bien merecía algo más de desarrollo. Otro corte interesante en cualquier caso.

Black Brew” opta ahora por un inicio clásico y bien arreglado. Aquí vuelve a destacar Uretra tras los parches. Un corte que pronto rompe esa calma del comienzo para, doble bombo mediante, adoptar un metal más vibrante y conciso. La composición va a así mostrando su naturaleza híbrida, enraizada en las fuentes mismas del género y donde destaca, una vez más, un gran trabajo en lo que a melodías se refiere. Lo extenso de su metraje, que habrá de superar los ocho minutos, contribuye a que todo fluya con total naturalidad. Sin bruscos cambios de ritmo ni tampoco adornos cara a la galería. La banda incluso se permite el lujo de atravesar un puente, entre lo agónico y lo alucinado, que supone uno de los momentos más atrevidos de todo el largo y que funciona como punto de inflexión de cara a la parte final. Un epílogo que abrazará un metal de nuevo vibrante y de lo más eficaz para uno de los cortes más llamativos del álbum.

Para el final quedan los quince minutos de “Stargazing Into The Void”. Un prólogo tranquilo, donde Lady Nott vendrá a poner la nota de distinción desde el violín, construyendo un arranque que podría contarse como el más elegante de todo “Revelations From The Void”. La voz acude ahora en tonos limpios, alimentando a esos Onirophagus más distinguidos. Se enfangará después, mostrando un doom de fácil rima con el resto del álbum y construcción ágil. Los catalanes toman aquí el camino de la diversidad tonal, amalgamando muchas de sus influencias con total naturalidad. Porque si algo me agrada de este corte final es la forma en que todo parece fluir sin mayores esfuerzos, de manera acomodada incluso, pero que resulta finalmente atractiva por la visión tan amplia de los propios músicos. Hay cierta distinción durante las partes más tranquilas. También auténtico nervio en las más descosidas. Un riff de un gancho tremendo alrededor del minuto siete y un caminar hacia el corazón mismo de la composición donde, de nuevo, todo parece fluir sin imposturas de ningún tipo. La sola construcción del epílogo justifica por sí misma al álbum que la contiene. Todo un ejercicio de finura y buen gusto a la hora de trazar y ejecutar un metal diverso y atractivo sin que ello implique abandonar las líneas maestras sobre las que se ha desarrollado el trabajo. Más bien al contrario: abrazándolas sin medida y exprimiéndolas hasta las últimas consecuencias. Así es como se cierra un disco.

Revelations From The Void” muestra a unos Onirophagus en plena forma. No solo abrazando su habitual doom death sino que atreviéndose además a retorcer las costuras del género cara a construir un sonido al que poder calificar como propio. Hay momentos de una cierta épica, acompañados de su habitual desgarro, y escaladas furibundas hasta el death metal más iniciático. Incluso se permiten el lujo de introducir aquél pasaje alucinado de “Black Brew”. Un compendio de buena escritura y mejor ejecución para el álbum que debería confirmar a los de L’Hospitalet de Llobregat como una realidad del género.

Texto: David Naves

Reseña: Volbeat «God Of Angels Trust» (Vertigo Records 2025)

La maquinaria danesa no se detiene. Instalados desde hace años en el continuo gira-disco-gira, Volbeat vuelven ahora con un “God Of Angels Trust” que hace el número nueve en su trayectoria desde que debutaran hace ahora veinte años con “The Strength / The Sound / The Songs”. Aquí siguen el batería Jon Larsen junto al carismático guitarra y voz Michael Poulsen y el (ya no tan) nuevo bajista Kaspar Boye Larsen, a bordo de la formación nórdica desde 2016. Pero el trío no está sólo en este nuevo envite. Flemming C. Lund (The Arcane Order) ha tomado parte como guitarra solista en un puñado de temas, Mia Maja vuelve para colaborar en coros y Martin Pagaard Wolff realiza pequeños aportes también en guitarras. Con el propio Poulsen ejerciendo como productor junto al Pyramaze Jacob Hansen (Amorphis, Xandria, Temperance, Arch Enemy…), quien de nuevo tomó las riendas de la grabación, mezcla y master de esta nueva entrega. Editado en formatos físico y digital por la gente de Vertigo Records el pasado seis de junio.

Devils Are Awake” va directa al grano. Ni intros ni zarandajas más allá del propio prólogo tan orgánico como fugaz. Michael Poulsen pronto entrega sus primeras estrofas, disponiendo ese timbre tan carismático y reconocible. Con mucho una de las voces de mayor personalidad del actual panorama europeo. Hay buenos riffs, sencillos pero con gancho. Una producción, sí, que coloca la voz del propio Poulsen muy en primer plano. La banda y su productor Jacob Hansen saben bien de las debilidades y también las fortalezas del sonido Volbeat. Por eso me gustan esos riffs más oscuros en que se apoyan los estribillos. También la cierta melancolía que se desprende de ellos. A modo de broche, Flemming C. Lund dispone un buen solo en el tramo final. Un arranque a puro Volbeat. Conciso y con los adornos justos.

By A Monster’s Hand” trae al frente un riff que siempre me recuerda a los Metallica post «St. Anger«. El propio modo en que Poulsen ataca las primeras estrofas tiene algo del mejor James Hetfield. Aún así, Volbeat son lo suficientemente inteligentes para impregnar su aura particular aquí y allá, procurando que, influencias al margen (y la de los cuatro jinetes es alargada a lo largo y ancho de su trayectoria) sea su personalidad y no otra la que termine por configurar sus composiciones. Aquí además hay un buen cambio de ritmo, que C. Lund reviste con solos más funcionales que vistosos.

El bajo al comienzo de “Acid Rain” parece rimar con el de Lemmy Kilmister. Pero este es otro de esos cortes encuadrados en la larga tradición de temas hard rockeros (y algo melosos) del trío nórdico. Poulsen, claro, está fantástico en estas tesituras más amables y el corte se pega que da gusto. Es su fórmula de siempre, ya has escuchado esta canción otras veces. Y, sin embargo, toda vez penetra en tus oídos, no hay vuelta atrás. Toda una trayectoria cimentada en base a cortes como este. Tan sencillo y predecible como irresistible.

Demonic Depression” viene a contrarrestar la cierta pomposidad de “Acid Rain” trayendo de vuelta a los Volbeat más nervudos. Y aunque en cortes así eche en falta a un Poulsen en tesituras algo más graves, bien está el modo en que la producción de Hansen acentúa el registro del de Ringsted. Otro gran estribillo, verdadera especialidad de la casa, pero sobre todo un Jon Larsen firme tanto con el doble bombo como con las baquetas. Manías de oyente, puede ser esta la versión del trío con la que más empatizo, si bien habría dispuesto algo más de espacio al solo de Flemming C. Lund.

Tras “In The Barn Of The Goat Giving Birth To Satan’s Spawn In A Dying World Of Doom”, que casi parece más el título de un tema de Nile, irrumpen ahora unos Volbeat en una onda completamente distinta al resto del álbum. Guitarras acústicas y un marcado aire western inunda prólogo y primeras estrofas. Luego la composición reconduce hacia la versión más rotunda (y habitual) de los daneses, con Poulsen en tonos bastante altos para lo que nos tiene acostumbrados. Hay momentos que me pueden recordar (vagamente) a los Monster Magnet post “Dopes To Infinity” y una cierta sensación de se lo han pasado en grande componiendo y grabando este quinto corte.

Time Will Heal”, que hace semanas fue el primer corte que escuché de este “God Of Angels Trust” nos devuelve a esos Volbeat más melancólicos y apaciguados de “Acid Rain”, rivalizando con aquella por el título de entrega más amable del disco. Siempre sin perder esas guitarras marca de la casa pero, siento, dejando algunos riffs un tanto planos. A veces de hecho, poco más que serviciales. Y da igual porque el carisma de Poulsen arrampla con todo.

Y, de nuevo, el disco vuelve a virar el timón. “Better Be Fueled Than Tamed” aporta altas dosis de nervio, de intensidad incluso. Está en los setlists más recientes del combo danés, algo que puede sonar a pura declaración de intenciones, aunque pienso que le hace falta una duración algo más ambiciosa para terminar de ser del todo redonda. Posee varios de los riffs más llamativos de este nuevo trabajo, de nuevo un cierto aroma a Metallica impregnando el puente. Pero el solo, de nuevo, vuelve a quedarse a medio cocer por el poco espacio del que dispone. Incluso diría que todo el epílogo me resulta algo atropellado. Sin que me desagrade, siento que podría haber sido uno de los cortes más redondos del largo y termina quedando en tierra de nadie.

Esa sensación de tema a medio cocer de “Better Be Fueled Than Tamed” se afianza toda vez el tracklist alcanza “At The End Of The Sirens”, de hecho el corte más extenso de los diez, que entrega alguno de los riffs más redondos de esta nueva entrega. Hay una cierta oscuridad en ellos y quizá por eso que me llamen tanto la atención. El conocido y comentado carisma de Poulsen impregna de clase las estrofas. Pero es el estribillo aquí lo que realmente me funciona. Su construcción tan intuitiva. También esos riffs más pesados que irrumpen después. Caben incluso concisos detalles de Kaspar Boye Larsen al bajo. A día de juntar estas líneas no forma parte de los setlists más recientes que he visto por ahí y me parece fatal.

Lonely Fields” vive de confrontar a esos Volbeat más amables con una serie de riffs casi monolíticos para, por ahí, construir un corte mestizo, lleno de contrastes y donde la producción de Hansen & Poulsen habrá de cobrar un mayor protagonismo. No recuerdo ya en qué red social leí comentarios acerca del parecido de esta penúltima entrega con los irlandeses U2. No lo termino de ver (o escuchar). Lo que sí veo (o escucho) es un indisimulado guiño al tema principal de la banda sonora de “Halloween” que el neoyorquino John Carpenter compusiera para su (seminal) película del mismo nombre. Un corte llamativo por diferente.

El cierre corresponde a “Enlighten The Disorder (By A Monster’s Hand Part 2)”, con Volbeat ahora en su encarnación más heavy, cimentada por riffs de nuevo más funcionales que vistosos, pero una producción inteligente a la hora de jugar con las afinaciones y un trazo más diverso de lo que intuí en primeras escuchas. Sin abandonar el sonido clásico de la banda, ni tampoco forzar los límites como la anterior “Lonely Fields”, lo cierto es que es un corte que me sorprendió en una primera pasada y me enganchó en las sucesivas.

Volbeat cargan con el sambenito de que todas (o buena parte) de sus composiciones se parecen. Un prejuicio contra el que “God Of Angels Trust” parece luchar de forma denodada. El registro de Poulsen impone mucho carácter a Volbeat. Pero la banda, ahora más que nunca, deja un tanto de lado a Metallica para ofrecer un álbum, seguramente no el más redondo de su trayectoria, pero donde parece vislumbrarse el camino que el trío puede tomar de cara a futuras entregas. Mientras ese viraje se confirma (o no), el carisma de “Acid Rain”, el nervio de “Better Be Fueled Than Tamed”, incluso la personalidad de “In The Barn Of The Goat Giving Birth To Satan’s Spawn In A Dying World Of Doom” o el cierto riesgo de “Lonely Fields” bien vendrán para mantener el actual estatus de privilegio del trío. Al tiempo.

Texto: David Naves

Reseña: Salduie «Dvatir» (Theocide Records 2025)

Dvatir” de los zaragozanos Salduie recopila en formato Ep varios singles que la banda ha venido editando desde su último largo “Ambaxtos”, editado allá por 2021 y que ya pasara por esta página. Ellos son David Serrano (gaitas, flauta, dulzaina…), Daniel Galbán (bajo), Diego Bernia y Nehemías Sebastián (voces), Sergio Serrano (batería) y Victor Felipe (guitarras, bouzouki irlandés, mandolina). Los temas fueron producidos, grabados, mezclados y masterizados en los Theocide Studios de su ciudad natal con Teocida a los mandos. En la calle vía Theocide Records desde el 3 de abril.

Desde un prólogo muy apegado a la tierra, al bosque, a la naturaleza, en “Una Plegaria A Trebaruna” construyen una intro que transita hacia lo cinemático entre cierto regusto épico y coros elegantes. “Dvatir” donde los chicos cuentan con la colaboración de Xana Lavey (Celtian), acrecienta ese nervio épico de la intro, se arma de guitarras potentes y construye estrofas marca de la casa: alternas en voces, pródigas en arreglos y de lo más efectivas. Aquí y allá hay alguna rima que quizá me chirríe más de la cuenta. Pero disquisiciones personales al margen, esto es Salduie mostrando (a ratos) su vertiente más heavy, alternada con el registro más leve de Nehemías Sebastián. Diversa, agradable, junto con la intro una más que interesante puerta de entrada al Ep en particular y al peculiar universo de la banda en general.

El Canto De Las Madres”, con la Against Myself Elizabeth Amoedo ayudando en voces, reincide en la gravedad de esas guitarras, construyendo de nuevo unas estrofas llenas de contrapuntos en lo lírico. Voces rasgadas, agudos y dejes más folkies colisionan aquí. Y lo hacen sin que la producción se resienta lo más mínimo. Teocida, varios trabajos ya registrando a los maños, sabe muy bien de las fortalezas de los chicos. Por ahí me agrada el modo en que power metal, folk e influencias más oscuras se conjugan en completo equilibrio. Ahí cobra especial importancia la labor de Sergio Serrano, tejiendo una línea de batería a la vez firme y diversa, perfecto cimiento del corte al que da sustento. Los juegos entre voces e instrumentos de viento, los arreglos orquestales, incluso esa mayor crudeza previa al puente… todo parece estar donde debe. Una de esas composiciones que bien merece más de una escucha (y de dos y tres) para vislumbrar cada pequeño detalle como se merece. De lo mejor de este pequeño Ep.

Lugnasad” donde encontramos a Estefanía Aledo (Mind Driller), plantea unas primeras estrofas donde las distintas voces limpias se van contraponiendo a la pesadez, la gravedad incluso, que emana de la guitarra de Víctor Felipe. Éstas se enfangarán más adelante mientras acogen un juego de voces aún más amplio si cabe. De nuevo un folk metal que atrae por la libertad que la banda se ha dado a la hora de componer los temas. Hay detalles más contemporáneos, ese breakdown tan marcado, que quizá repelan a los más puristas. Salduie se ponen pocos límites y, por ahí, emergen con una propuesta que acaba por resultar cada vez más personal. El puente previo al epílogo, consagrado a su vertiente más folkie, es estupendo.

El Agua Del Tejo” parte de un prólogo elegante, de una cierta melancolía incluso, para que luego Diego Bernia deje alguna de las voces más graves de todo el Ep. Aquí irrumpe un estribillo, a coro, de esos que amarran a la primera. Los Salduie más rotundos acompañando a los más épicos en un corte profuso tanto en doble bombo, como en voces y arreglos. Verdaderas señas de identidad de los zaragozanos, para una canción de esas que invitan al movimiento cervical, sin que falten pequeños puentes (de nuevo) con un cierto toque cinemático, otro afilado breakdown y un epílogo que vuelve sobre estribillos. Quizá la más memorable, literalmente hablando, de entre las seis.

La Profecía De Clunia”, con la mexicana Anna Fiori poniendo de su parte con un registro ciertamente torrencial, reincide en esos Salduie compactos y aguerridos, mostrando su cara más metálica y contundente. Pero aún así, ellos no olvidan otro de esos trazos atractivos por diversos. Sin alcanzar el caos de propuestas más oscuras, pero sin tampoco caer en escrituras predecibles y/o evidentes. A ello suman arreglos sinfónicos que vienen a aportar una mayor grandilocuencia, amén de gaitas, un amplisimo rango vocal y el que puede ser el breakdown más marcado de todo el trabajo. Estupendo cierre.

Dvatir” viene a dar razones a quienes argumentan que Salduie son, a día de hoy, una de las formaciones más sólidas dentro de nuestro folk metal. Tanto el equilibrio como la contundencia de la mezcla deja entrever la buena conexión que hay entre banda y productor. Y los temas respiran no solo gracias a ese equilibrio sino también a unos trazos atrevidos, muy poco lineales, que ponen en ristre su mejor cara como compositores. Sin olvidar estribillos con gancho, con especial atención a los de “El Agua Del Tejo”, conforman un pequeño trabajo en cuanto a duración pero que, sin embargo, tiene muchas cosas que decir. El próximo 27 de septiembre estarán descargando en la Sala Acapulco de Gijón. Avisados quedáis.

Texto: David Naves